LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 5 DE Mayo 1 Reyes 10, 11
La reina de Sabá visita a Salomón
(2 Cr. 9.1–12)
10
1Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles. 2Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía. 3Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase. 4Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, 5asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada.
6Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; 7pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído. 8Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. 9Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia. 10Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.
11La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras preciosas. 12Y de la madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores; nunca vino semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.
13Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.
Riquezas y fama de Salomón
(2 Cr. 9.13–24)
14El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro; 15sin lo de los mercaderes, y lo de la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra. 16Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo. 17Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano. 18Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo. 19Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones. 20Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante. 21Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada. 22Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
23Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría. 24Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. 25Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.
Salomón comercia en caballos y en carros
(2 Cr. 1.14–17; 9.25–28)
26Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalén. 27E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser como piedras, y los cedros como cabrahigos de la Sefela en abundancia. 28Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y lienzos. 29Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento cincuenta; y así los adquirían por mano de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.
Apostasía y dificultades de Salomón
11
1Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; 2gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. 3Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. 4Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. 5Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. 6E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. 7Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. 8Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
9Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, 10y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová. 11Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. 12Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo. 13Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.
14Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita, de sangre real, el cual estaba en Edom. 15Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom 16(porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom), 17Hadad huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño. 18Y se levantaron de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les dio tierra. 19Y halló Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes. 20Y la hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón. 21Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra. 22Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? El respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir.
23Dios también levantó por adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba. 24Y había juntado gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron rey en Damasco. 25Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre Siria.
26También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey. 27La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre. 28Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José. 29Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo. 30Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, 31y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus; 32y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel; 33por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre. 34Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos. 35Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus. 36Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre. 37Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel. 38Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel. 39Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre. 40Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
Muerte de Salomón
(2 Cr. 9.29–31)
41Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? 42Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años. 43Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 5 DE Mayo Lucas 24: 1 - 35.
La resurrección
(Mt. 28.1–10; Mr. 16.1–8; Jn. 20.1–10)
24
1El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 2Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 7diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 8Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 12Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.
En el camino a Emaús
(Mr. 16.12–13)
13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. 25Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.
28Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. 30Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, 34que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. 35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 5 DE Mayo 1 Reyes 10, 11
Capítulo 10
10.1–5 La reina de Sabá fue a ver por sí misma si todo lo que había escuchado acerca de Salomón era verdad. A menudo se recurría a concursos usando acertijos y proverbios para probar sabiduría. La reina pudo haber usado algunos de estos cuando cuestionó a Salomón (10.1, 3). Cuando se dio cuenta de la cantidad de riquezas y sabiduría, «se quedó asombrada». En otras palabras, ya no disputó más su poder o su sabiduría. Ya no fue más una rival, sino una admiradora. Muy probablemente, muchos reyes y dignatarios extranjeros repitieron su experiencia y honraron a Salomón (4.34).
10.14ss Cuando Salomón pidió sabiduría, Dios le prometió también riquezas y honor (3.13). Estos versículos muestran cuán grande llegó a ser su riqueza. Israel ya no era una nación de segundo orden, sino a la altura de su poder y riqueza. Las riquezas de Salomón se hicieron legendarias. Grandes hombres vinieron de muchas naciones para escuchar al poderoso rey de Israel. Jesús más tarde se referiría a «Salomón con toda su gloria» (Mateo 6.29).
10.23 ¿Por qué la Biblia hace mucho énfasis en las posesiones materiales de Salomón? En el Antiguo Testamento, las riquezas eran consideradas evidencia tangible de la bendición de Dios. La prosperidad era vista como prueba de una vida correcta. En los libros Eclesiastés y Job se desarrolla este concepto en una perspectiva adecuada. En condiciones ideales, la gente prospera cuando Dios dirige su vida, pero la prosperidad no está garantizada. Las riquezas no demuestran que una persona está viviendo correctamente ante Dios y la pobreza no es indicador del pecado.
Es más, una evidencia mayor de que uno está viviendo para Dios es la presencia de sufrimiento y persecución (Marcos 10.29–31; 13.13). El «tesoro» más importante no es terrenal, sino celestial (Mateo 6.19–21; 19.21; 1 Timoteo 6.17–19). El regalo que tiene más valor no tiene precio, es el regalo de salvación ofrecido por Dios a todos nosotros.
10.26–11.3 Al acumular carros y gente de a caballos, un gran harén e increíbles riquezas, Salomón estaba violando los mandamientos de Dios para el rey (Deuteronomio 17.14–20). ¿Por qué estaban prohibidas esas cosas? Dios sabía cómo esas actividades dañarían a la nación tanto política como espiritualmente (1 Samuel 8.11–18). Mientras más lujosa era la corte de Salomón, más se incrementaban los impuestos para el pueblo. Esta imposición excesiva trajo intranquilidad y pronto maduraron las condiciones para una revolución. Con todo lo que quería, Salomón olvidó a Dios y permitió que influencias paganas entraran en su corte por medio de sus esposas paganas, logrando así acelerar la corrupción espiritual de la nación.
Capítulo 11
11.2 A pesar de que Salomón tenía claras instrucciones de Dios de no casarse con mujeres de naciones extranjeras, decidió no hacer caso de los mandatos de Dios. Se casó no sólo con una, sino con muchas mujeres, que a la larga lo separaron de Dios. Dios conoce nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades, y sus mandatos son siempre para nuestro bien. Cuando las personas ignoran los mandatos de Dios, surgen consecuencias negativas inevitables. No basta con conocer la Palabra de Dios ni aun creerla. Debemos seguirla y aplicarla a las actividades y decisiones de la vida diaria. Tome en serio los mandatos de Dios. Al igual que Salomón, el hombre más sabio que jamás haya existido, no somos tan fuertes como creemos.
11.3 A pesar de toda su sabiduría, Salomón tenía algunos puntos débiles. No lograba negarse a los deseos lujuriosos ni dejaba de transigir con sus esposas paganas. Ya sea que se casara para fortalecer las alianzas políticas o para obtener un placer personal, estas esposas extranjeras lo llevaron a la idolatría. Puede que usted tenga una fe firme, pero también tiene puntos débiles, y es a través de ellos que llega la tentación. Fortalézcase porque una cadena sólo es tan fuerte como lo son sus eslabones más débiles. Si una persona tan fuerte y tan sabia como Salomón cayó, usted también puede caer.
11.4 Salomón manejó grandes presiones al dirigir el gobierno, pero no pudo manejar las presiones de sus esposas que querían que él adorara a sus ídolos. Dentro del matrimonio y de otras relaciones, es difícil resistir la presión a transigir. Nuestro amor nos lleva a identificarnos con los deseos de aquellos que queremos.
Al enfrentarse a tal presión, Salomón al principio lo resistió manteniendo pura su fe. Luego, toleró la práctica más extendida de la idolatría. Finalmente, él mismo se vio envuelto en ella y encontró una explicación racional al peligro potencial que significaba para él y para su reino. Dios nos pide que no nos casemos con personas que no poseen nuestro mismo compromiso con Él, debido a que por naturaleza deseamos agradar e identificarnos con aquellos que amamos.
11.5–8 Astoret era la diosa que simbolizaba el poder reproductivo: una amante del dios Baal. Milcom puede ser otro nombre para Moloc, el dios nacional de los amonitas, llamado «abominable» porque sus ritos de adoración incluían el sacrificio de niños. Quemos era el dios nacional de los moabitas. Los israelitas fueron advertidos en contra de adorar a otros dioses en general y a Moloc en particular (Éxodo 20.1–6; Levítico 18.21; 20.1–5).
11.9, 10 Salomón no se apartó de Dios de una sola vez o en un breve momento. Su frialdad espiritual comenzó con un breve alejamiento de las leyes de Dios (3.1). Al pasar los años, ese pequeño pecado creció hasta que causó la caída de Salomón. Un pecado al parecer insignificante, puede ser el primer paso para alejarse de Dios. No son los pecados que no conocemos, sino los pecados que disculpamos los que causan los mayores problemas. Nunca debemos permitir que un pecado pase sin ser cuestionado. ¿Existe en su vida algún pecado que se extiende como un cáncer mortal? No lo justifique. Confiéselo a Dios y pídale fortaleza para resistir la tentación.
11.11–13 El reino poderoso y glorioso de Salomón, que pudo haber sido bendecido eternamente, por el contrario estaba llegando a su fin. Salomón tenía las promesas de Dios, su guía, y las respuestas a sus oraciones y aún así permitió que el pecado permaneciera alrededor de él. A la larga, ese pecado lo corrompió hasta el punto que ya no estaba interesado en Dios. El Salmo 127, escrito por Salomón, expresa: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican». Salomón había comenzado a poner los cimientos con Dios, pero no continuó haciéndolo en sus últimos años. Como consecuencia, lo perdió todo. No basta con empezar correctamente a construir nuestro matrimonio, carrera o iglesia sobre los principios de Dios, debemos mantenernos fieles a Dios hasta el final (Marcos 13.13). Dios debe tener el control de nuestras vidas desde el principio hasta el fin.
11.14–22 Edom era el reino al sudeste del Mar Muerto. David había añadido esta nación a su imperio (2 Samuel 8.13, 14). Tenía una importancia estratégica porque controlaba la ruta al Mar Rojo. La revuelta de Edom estorbaba la paz del reinado de Salomón.
11.29–39 El profeta Ahías predijo la división del reino de Israel. Después de la muerte de Salomón, diez de las doce tribus de Israel seguirían a Jeroboam. Las otras dos, Judá y Benjamín, permanecerían leales a David. Judá, la tribu más grande, y Benjamín, la más pequeña, fueron a menudo mencionados como una sola tribu ya que compartían la misma frontera. Tanto Jeroboam como Ahías eran de Efraín, la más prominente de las diez tribus rebeldes. (Para más información sobre el reino dividido véase la nota a 12.20).
11.41 No se sabe nada de «el libro de los hechos de Salomón».
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 5 DE Mayo. Lucas 24: 1 – 35.
Capítulo 24
24.1 Las mujeres trajeron ungüentos a la tumba, de la misma manera que acostumbramos llevar flores en muestra de amor y respeto. Las mujeres fueron a sus casas y guardaron el día de reposo como ordenaba la Ley, desde el atardecer del viernes hasta el atardecer del sábado, antes de volver a la tumba para llevar juntas sus especias y perfumes.
24.1-9 Los dos ángeles (en apariencia de «dos varones con vestiduras resplandecientes») preguntaron a las mujeres por qué buscaban en la tumba al que vive. A menudo vemos personas que buscan a Dios entre los muertos. Estudian la Biblia como si fuera un simple documento histórico y van a la iglesia como si asistieran a un servicio fúnebre. Pero Jesús no está entre los muertos, ¡Él vive! Reina en los corazones de los cristianos y es la cabeza de su Iglesia. ¿Busca a Jesús entre los que viven? ¿Considera que está activo en el mundo y en la Iglesia? Examine las pruebas de su poder, abundan a su alrededor.
24.4 Inferimos por la información que nos dan los Evangelios de Mateo y Juan, que estos varones con vestiduras resplandecientes eran ángeles. Cuando los ángeles aparecen a la gente toman semejanza de hombres.
24.6, 7 Los ángeles recordaron a las mujeres que Jesús anunció con detalles todas las cosas que le sucederían (9.22, 44; 18.31–33).
24.6, 7 La resurrección de Jesús de la muerte es el hecho central de la historia cristiana. Sobre ella, la Iglesia está construida; sin ella, no existiría hoy la Iglesia cristiana. La resurrección de Jesús es única. Otras religiones tienen sistemas éticos sólidos, conceptos acerca del paraíso y escrituras sagradas. Solo los cristianos tienen un Dios que se hizo hombre, literalmente murió por su pueblo y resucitó en poder y gloria para gobernar a su Iglesia para siempre.
¿Por qué la resurrección es tan importante? (1) Como Cristo resucitó de la muerte sabemos que el reino de los cielos irrumpió en la historia. Nuestro mundo ahora se dirige a la redención, no a la perdición. El poder de Dios está empeñado en destruir el pecado, al crear vidas nuevas y preparadas para la Segunda Venida de Jesús. (2) Gracias a la resurrección sabemos que la muerte se ha conquistado y que nosotros también resucitaremos para vivir por siempre con Cristo. (3) La resurrección da autoridad al testimonio de la Iglesia en el mundo. Mire la predicación de los primeros evangelistas en Hechos: ¡El mensaje más importante de los apóstoles fue la proclamación de que Jesucristo resucitó de la muerte! (4) La resurrección da sentido a la fiesta cotidiana de la Iglesia, la cena del Señor. Como los discípulos en el camino a Emaús, partimos el pan con nuestro Señor resucitado que viene en poder para salvarnos. (5) La resurrección nos ayuda a encontrar significado aun en medio de la más grande tragedia. No importa qué llegue a sucedernos, a medida que caminamos con el Señor, la resurrección nos da esperanza para el futuro. (6) La resurrección nos asegura que Cristo vive y gobierna su Reino. Él no es una leyenda, realmente vive. (7) El poder de Dios que hizo que Jesús resucitara está a nuestra disposición, al grado que podemos vivir para Él en un mundo malo.
Los cristianos pueden verse unos a otros en forma diferente: defender una gran variedad de creencias en relación con la política, estilo de vida e incluso teología. Pero hay una creencia central que une e inspira a todos los verdaderos cristianos: ¡Jesucristo resucitó de la muerte! (Si desea más información referente a la importancia de la resurrección, véase 1 Corintios 15.12–58.)
24.11, 12 Las personas que oyen acerca de la resurrección por primera vez quizás necesiten tiempo antes de entender del todo esta historia maravillosa. Como los discípulos, pueden atravesar cuatro etapas diferentes de creencia: (1) Pensar que es una historia de hadas, imposible de creer. (2) Como Pedro, analizar los hechos, pero sin llegar a convencerse del todo. (3) Solo cuando tengan un encuentro personal con Cristo aceptarán el hecho de la resurrección. (4) Luego, a medida que se entreguen a Él y le dediquen sus vidas sirviéndole, empezarán a comprender por completo la realidad de su presencia.
24.12 Por Juan 20.3, 4 concluimos que Juan también corrió a la tumba con Pedro. Es casi seguro que «el otro discípulo» fue Juan, el autor del cuarto Evangelio.
24.13ss Los dos discípulos que venían de Emaús erraron en su comprensión de la más grande historia porque se preocupaban demasiado de sus desalientos y problemas. Por eso no se dieron cuenta que la persona que iba con ellos era Jesús. Para colmo, iban en la dirección equivocada, lejos del compañerismo de los creyentes en Jerusalén. Nosotros también estamos a punto de perder a Jesús y propensos a alejarnos de la fortaleza que se halla en otros creyentes, cuando nos preocupan nuestras esperanzas y planes frustrados. Solo cuando reconocemos a Jesús en medio de otros, será posible experimentar el poder y la ayuda que Él puede darnos.
24.18 La noticia de la crucifixión de Jesús se esparció por toda Jerusalén ya que era la semana de Pascua y peregrinos judíos visitaban la ciudad proveniente de todo el Imperio Romano, así se enteraron de su muerte. Este no era un acontecimiento de poca importancia, que afectara solo a los discípulos, toda la nación estaba interesada.
24.21 Los discípulos de Emaús esperaban que Jesús libraría a Israel de sus enemigos. Muchos judíos creían que las profecías del Antiguo Testamento señalaban a un Mesías político o militar; no se dieron cuenta que el Mesías vino para rescatar a la gente de la esclavitud del pecado. Cuando Jesús murió, por lo tanto, perdieron toda ilusión. No entendieron que la muerte de Jesús ofrecía la más grande esperanza.
24.24 Estos hombres sabían que la tumba estaba vacía, pero seguían sin advertir la resurrección de Jesús porque estaban muy tristes. A pesar de las evidencias, del testimonio de las mujeres y de las profecías bíblicas que se ocupaban de este hecho, no creían. Hoy la resurrección sigue sorprendiendo a muchas personas. A pesar de dos mil años de evidencia y testimonio, mucha gente aún se resiste a creer. ¿Qué más hacía falta? Para estos discípulos fue necesario que el Cristo viviente se pusiera en medio de ellos. Para muchas personas hoy se requiere la presencia viva de los cristianos.
24.25 ¿Por qué llamó Jesús insensatos a estos hombres? A pesar de que conocían muy bien las profecías bíblicas, fallaron en entender que el Cristo sufriente era la senda a la gloria. No podían entender por qué Dios no intervino para salvar a Jesús de la cruz. Estaban tan atados a la idea de la admiración de un mundo de poder político y militar, que no estaban preparados para los valores antagónicos del Reino de Dios, donde el último será primero y donde la vida emana de la muerte. El mundo no ha cambiado sus valores: el concepto de un siervo sufriente es tan impopular hoy como lo fue hace dos mil años. Pero no tenemos solamente el testimonio del Antiguo Testamento que los profetas dieron, tenemos además el de los apóstoles en el Nuevo Testamento y el de la historia de la Iglesia cristiana que señalan la victoria de Cristo sobre la muerte. ¿Podemos pasar por alto los valores de nuestra cultura y depositar nuestra fe en Jesús? ¿O seguiremos insensatos y confundidos ante sus buenas nuevas?
24.25-27 Después que los dos discípulos dijeron a Jesús que estaban tristes y confundidos, Él les contestó abriendo las Escrituras y las aplicó a su ministerio. Cuando estamos confundidos con preguntas o problemas, podemos también recurrir a las Escrituras y hallar la ayuda oportuna. Si como estos dos discípulos no entendemos lo que la Biblia dice, podemos buscar a otros creyentes que la conocen y tienen sabiduría para aplicarla a nuestra situación.
24.27 Desde la simiente prometida en el Génesis (3.15), a través del siervo sufriente en Isaías (cap. 53), al que traspasaron en Zacarías (12.10) y el ángel del pacto en Malaquías (3.1), Jesús vuelve a referir a estos discípulos al Antiguo Testamento. Cristo es el hilo que atraviesa todas las Escrituras, el tema central que las enlaza. A continuación incluimos varios pasajes clave que Jesús tal vez mencionó en el camino hacia Emaús: Génesis 3; 12; Salmos 22; 69; 110; Isaías 53; Jeremías 31; Zacarías 9; 13; Malaquías 3.
24.33, 34 Pablo también menciona que Jesús apareció a Pedro solo (1 Corintios 15.5). Este hecho no se incluye en los Evangelios. Jesús mostró interés personal por Pedro porque este se sintió completamente indigno después de negar a su Señor. A pesar de que Pedro se arrepintió, Jesús se acercó a él y lo perdonó. Muy pronto Dios lo usaría en la edificación de su Iglesia (véase la primera mitad del libro de Hechos). Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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