Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 4 DE Mayo 1 Reyes 8,9 

Salomón traslada el arca al templo

(2 Cr. 5.2–14)

8

1Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus, y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es Sion. 2Y se reunieron con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de la fiesta solemne. 3Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca. 4Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas. 5Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar. 6Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines. 7Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima. 8Y sacaron las varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el lugar santo, que está delante del lugar santísimo, pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron hasta hoy. 9En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto. 10Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová. 11Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.

 Dedicación del templo

(2 Cr. 6.1—7.10)

12Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad. 13Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que tú habites para siempre. 14Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie. 15Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo: 16Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel. 17Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. 18Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo. 19Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre. 20Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel. 21Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.

22Luego se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo, 23dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón; 24que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día. 25Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí. 26Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.

27Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado? 28Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; 29que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. 30Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona.

31Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa; 32tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.

33Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa, 34tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres.

35Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres, 36tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.

37Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey deación y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa, 39tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres); 40para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.

41Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre 42(pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa, 43tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.

44Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre, 45tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.

46Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca, 47y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad; 48y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, 49tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia. 50Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos; 51porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. 52Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren; 53porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.

54Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo; 55y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta: 56Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado. 57Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje. 58Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres. 59Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo; 60a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro. 61Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.

62Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante de Jehová. 63Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció a Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová. 64Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz.

65En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y aun por otros siete días, esto es, por catorce días. 66Y al octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a su pueblo Israel.

 Pacto de Dios con Salomón

(2 Cr. 7.11–22)

9

1Cuando Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer, 2Jehová apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón. 3Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. 4Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, 5yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel. 6Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; 7yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; 8y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? 9Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal.

 Otras actividades de Salomón

(2 Cr. 8.1–18)

10Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya había edificado las dos casas, la casa de Jehová y la casa real, 11para las cuales Hiram rey de Tiro había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea. 12Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le gustaron. 13Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y les puso por nombre, la tierra de Cabul, nombre que tiene hasta hoy. 14E Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro.

15Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer: 16Faraón el rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dio en dote a su hija la mujer de Salomón. 17Restauró, pues, Salomón a Gezer y a la baja Bet-horón, 18a Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto; 19asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía provisiones, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío. 20A todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de los hijos de Israel; 21a sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy. 22Mas a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de guerra, o sus criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de sus carros, o su gente de a caballo.

23Y los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre las obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.

24Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su casa que Salomón le había edificado; entonces edificó él a Milo.

25Y ofrecía Salomón tres veces cada año holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a Jehová, y quemaba incienso sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fue terminada.

26Hizo también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom. 27Y envió Hiram en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomón, 28los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomón.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 4 DE Mayo Lucas 23: 39 - 56.

39Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

44Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. 47Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

Jesús es sepultado

(Mt. 27.57–61; Mr. 15.42–47; Jn. 19.38–42)

50Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, 52fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.* 55Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 4 DE Mayo 1 Reyes 8,9 

Capítulo 8

8.1ss Salomón reunió al pueblo no sólo para dedicar el templo sino para que ellos confirmaran su entrega a Dios. Bien podría Salomón dirigir estas palabras a nosotros hoy día: «Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy» (8.61).

8.1ss ¿Cuál era la diferencia entre el templo y el tabernáculo, y por qué los israelitas cambiaron de uno a otro? El tabernáculo era un lugar móvil de adoración diseñado para el pueblo cuando viajaban hacia la tierra prometida. El templo era un lugar permanente de adoración a Dios después de que los israelitas estaban en paz en su tierra. Traer el arca del pacto al templo significó la presencia actual de Dios en ese lugar.

8.6 Los querubines son ángeles poderosos.

8.15-21 Durante cuatrocientos ochenta años después de que Israel escapó de Egipto, Dios no pidió que se le construyera un templo. En vez de ello, enfatizó la importancia de su presencia entre ellos y la necesidad que tenía el pueblo de líderes espirituales. Es fácil pensar en un edificio como el centro de la presencia y el poder de Dios, pero Dios elige y utiliza personas para hacer su obra. Puede usarlo más a usted que a un edificio de madera y piedra. El construir o agrandar nuestro lugar de adoración puede ser necesario, pero nunca debe tener mayor prioridad que el desarrollo de líderes espirituales.

8.24 Salomón se refería a la promesa que Dios hizo a David en 2 Samuel 7.12–15 de que uno de sus hijos construiría el templo.

8.27 En esta oración de dedicación, Salomón declaró que ni siquiera los cielos de los cielos podrían contener a Dios. ¿No es sorprendente que, a pesar de que los cielos no lo pueden contener, está dispuesto a vivir en los corazones de aquellos que lo aman? El Dios del universo habita en su pueblo.

8.33,34 Después del reinado de Salomón, el pueblo se fue alejando de Dios. El resto de la era del reino es un ejemplo vívido de lo que Salomón describió en estos versículos. Como consecuencia del pecado del pueblo, Dios permitió que fueran derrotados por sus enemigos en varias ocasiones. Luego, desesperados, clamaron por el perdón a Dios y Él los restauró.

8.41–43 Dios eligió a Israel para que fuera bendición para el mundo entero (Génesis 12.1–3). Esta bendición se cumplió en Jesús, un descendiente de Abraham y de David (Gálatas 3.8, 9), quien llegó a ser el Mesías para toda la gente, judía o no judía. Cuando los israelitas entraron por primera vez en la tierra prometida, se les ordenó que erradicaran a las naciones malvadas, por eso leemos acerca de muchas guerras en el Antiguo Testamento. Pero no debemos concluir que la guerra era el primer deber de Israel. Después de someter a los pueblos malvados, Israel tenía que convertirse en una luz para las naciones circundantes. Pero el propio pecado de Israel y su ceguera espiritual impidieron que pudieran alcanzar al resto del mundo con el amor de Dios. Jesús vino a hacer lo que la nación de Israel no pudo.

8.46–53 Salomón, quien parecía que tenía visiones proféticas respecto al futuro cautiverio de su pueblo (2 Reyes 17; 25), pidió a Dios que fuera misericordioso con ellos cuando clamaran a Él para poder recuperar su tierra. La referencia de su regreso se encuentra en Esdras 1; 2; Nehemías 1; 2.

8.56–60 Salomón alabó a Jehová y oró por el pueblo. Su oración puede ser un patrón para nuestras oraciones. Hizo cinco peticiones básicas: (1) por la presencia de Dios (8.57); (2) por el deseo de hacer la voluntad de Dios en todo («incline nuestro corazón hacia Él», 8.58); (3) por ayuda en las necesidades diarias (8.59); (4) por la habilidad de obedecer las leyes de Dios y sus mandamientos (8.58); (5) por difundir el Reino de Dios al mundo entero (8.60). Estas peticiones son igualmente aplicables en la actualidad como lo fueron en los días de Salomón. Cuando ore por su iglesia o su familia, podría realizar las mismas peticiones.

8.65 Otras versiones traducen «río de Egipto» como «arroyo de Egipto». Pudo haberse tratado del lecho de un río seco.

Capítulo 9

9.4–9 Dios se apareció a Salomón por segunda vez. La primera, fue en Gabaón (3.4–15). Para más información acerca de las condiciones de la gran promesa que Dios le hizo a David y a sus descendientes véase la nota a 2.3, 4.

9.11–14 ¿Acaso estaba siendo injusto Salomón con Hiram? No está claro en estos versículos si Salomón dio estas ciudades a Hiram, o si fueron colaterales hasta que pudo volver a pagar a Hiram por el oro que este le había prestado. En 2 Crónicas 8.1, 2 se menciona que las ciudades fueron regresadas a Salomón. En cualquiera de los casos, Hiram probablemente prefirió un pedazo de tierra en la costa que era más adecuado para el comercio (el nombre que le dio a esta ciudad, Cabul, suena como la palabra hebrea que se traduce «bueno para nada»). Pero al final, se le pagó mucho más por medio de sus asociaciones comerciales con Salomón (2 Crónicas 9.10, 21). Debido a que Fenicia estaba en términos amigables con Israel y dependía de esta nación para el grano y el aceite, la relación de Hiram con Salomón era más importante que un feudo sobre algunas ciudades.

9.16 En este momento, Israel y Egipto eran las potencias mundiales en el Cercano Oriente. Durante mucho tiempo Egipto había conservado el control de Gezer, aun cuando este se encontraba en territorio israelita. El Faraón de Egipto le dio la ciudad a su hija. Salomón se casó con ella, poniendo a la ciudad de Gezer bajo control israelita. El casamiento entre familias reales era común, pero no estaba aprobado por Dios (Deuteronomio 17.17).


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 4 DE Mayo. Lucas 23: 39 - 56.

 23.39-43 Este hombre a punto de morir, se volvió hacia Jesús en busca de perdón y Él lo aceptó. Esto nos muestra que nuestras obras no nos salvan, pero nuestra fe en Cristo sí. Nunca es demasiado tarde para volvernos a Él. Aun en su miseria, Jesús tuvo misericordia de este malhechor que decidió creer en Él. Nuestras vidas son mucho más útiles y plenas si nos volvemos a Dios a temprana edad, pero incluso los que se arrepienten casi al final estarán con Dios en su paraíso.

23.42, 43 El malhechor moribundo tuvo más fe que los demás seguidores de Jesús juntos. Aunque los discípulos seguían amando a Jesús, sus esperanzas por el Reino comenzaron a desvanecerse. Muchos se apartaron. Como uno de sus seguidores dijo con tristeza dos días más tarde: «Pero nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir a Israel» (24.21). El ladrón, por el contrario, miró al hombre que agonizaba junto a Él y dijo: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Al parecer, el Reino había llegado a su fin. ¡Qué inspiradora es la fe de este hombre que vio la gloria venidera más allá de la ignominia presente!

23.44 Al mediodía, la oscuridad cubrió toda la tierra cerca de tres horas. Parecía que la naturaleza se condolía por la trágica muerte del Hijo de Dios.

23.45 Este hecho tan importante simboliza la obra de Cristo en la cruz. El templo tenía tres partes: los atrios, para toda la gente; el Lugar Santo, donde solo los sacerdotes podían entrar; el Lugar Santísimo donde el sumo sacerdote entraba una sola vez al año para ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo. En el Lugar Santísimo se hallaba el arca del pacto y la presencia de Dios en él. El velo que se rasgó era lo que impedía que el Lugar Santísimo estuviera a la vista. Al morir Cristo, desapareció la barrera entre Dios y el hombre. Ahora cada persona puede llegar a Dios directamente mediante Cristo (Hebreos 9.1–14; 10.19–22)

23.50–52 José de Arimatea fue un miembro honorable y rico del concilio judío. También era un discípulo secreto de Jesús (Juan 19.38). Los discípulos que siguieron públicamente a Jesús huyeron, pero José de manera audaz tomó una decisión que pudo haberle costado caro. Estimaba mucho a Jesús, por eso pidió su cuerpo para darle sepultura.

23.53 Esta tumba era como una cueva hecha por mano de hombres, cavada en la ladera de una de las muchas colinas de piedra caliza que se hallaban alrededor de Jerusalén. Era lo bastante espaciosa como para caminar en su interior. Después del sepelio, se puso una piedra de gran tamaño para tapar la entrada (Juan 20.1).

23.55 Las mujeres galileas siguieron a José a la tumba, de manera que sabían con exactitud dónde encontrar el cuerpo de Jesús cuando volvieran con sus especias y ungüentos una vez pasado el día de reposo. Estas mujeres no pudieron hacer «grandes» obras por Jesús, no se les permitía presentarse ante el concilio judío ni ante el gobernador romano y testificar en su favor; pero hicieron lo que pudieron. Permanecieron junto a la cruz cuando la mayoría de los discípulos huyeron y estuvieron listas para ungir el cuerpo de su Señor. Debido a su devoción, fueron las primeras en enterarse de la resurrección. Como cristianos quizás sintamos que no podemos hacer mucho por Jesús. Pero tenemos el llamamiento a valernos de las oportunidades que se nos conceden, haciendo lo que podemos y no lamentándonos por lo que no podemos hacer. Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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