Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 6 DE Mayo 1 Reyes 12, 13 

Rebelión de Israel

(2 Cr. 10.1—11.4)

12

1Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey. 2Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto, 3enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 4Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos. 5Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.

6Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? 7Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre. 8Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él. 9Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? 10Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre. 11Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.

12Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día. 13Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado; 14y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones. 15Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.

16Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas. 17Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá. 18Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén. 19Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy. 20Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.

21Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón. 22Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo: 23Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo: 24Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.

 El pecado de Jeroboam

25Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel. 26Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, 27si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. 28Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. 29Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. 30Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. 31Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. 32Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. 33Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.

 Un profeta de Judá amonesta a Jeroboam

13

1He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, 2aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. 3Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. 4Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar. 5Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová. 6Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes. 7Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente. 8Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. 9Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres. 10Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.

11Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey. 12Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá. 13Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó. 14Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy. 15Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan. 16Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar. 17Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres. 18Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua. 19Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua.

20Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver. 21Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito, 22sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. 23Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. 24Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo. 25Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.

26Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo. 27Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron. 28Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno. 29Entonces tomó el profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. 30Y puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío! 31Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos. 32Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las casas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria.

33Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos. 34Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 6 DE Mayo Lucas 24: 36 – 53.

Jesús se aparece a los discípulos

(Mt. 28.16–20; Mr. 16.14–18; Jn. 20.19–23)

36Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. 38Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43Y él lo tomó, y comió delante de ellos.

44Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

 La ascensión

(Mr. 16.19–20)

50Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. 51Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. 52Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; 53y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén. Rv. 


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 6 DE Mayo 1 Reyes 12, 13 

Capítulo 12

12.1 La coronación de Roboam se llevó a cabo en Siquem, aproximadamente a 56 km al norte de Jerusalén. Lo normal hubiera sido ungir al nuevo rey en Jerusalén, la ciudad capital. Roboam se dio cuenta de que habría problemas con Jeroboam y fue hacia el norte para tratar de mantener buenas relaciones con las tribus del norte. Probablemente eligió Siquem debido a que era un lugar antiguo donde se llevaban a cabo los pactos (Josué 24.1). Cuando se dividió el reino, Siquem llegó a ser la capital del reino del norte por un breve período (12.25).

12.6-14 Roboam pidió consejo, pero no evaluó cuidadosamente lo que se le dijo. De haberlo hecho, se hubiese dado cuenta de que el consejo ofrecido por los ancianos era más sabio que el de sus amigos. Para evaluar los consejos, pregúntese si el mismo es realista, viable y coherente con los principios bíblicos. Determine si los resultados de seguir el consejo serán justos, harán mejoras y darán una solución o dirección positiva. Busque consejo de aquellos más experimentados y más sabios. El consejo es útil sólo si está de acuerdo a los estándares de Dios.

12.15-19 Tanto Jeroboam como Roboam hicieron lo que era bueno para ellos mismos, no lo que era bueno para el pueblo. Roboam fue duro y no escuchó lo que el pueblo dijo. Jeroboam estableció lugares nuevos de adoración para evitar que su pueblo viajara a Jerusalén, la capital de Roboam. Ambas acciones fueron contraproducentes. La acción de Roboam dividió al reino, y la de Jeroboam alejó al pueblo de Dios. Los buenos líderes ponen los intereses de los seguidores antes que los suyos propios. El tomar decisiones sólo para sí mismo obrará en su contra y causará que pierda más de lo que habría perdido si hubiese tenido en cuenta el bienestar de los demás.


12.20 Esto marca el principio de la división del reino que duraría por siglos. Diez de las doce tribus de Israel siguieron a Jeroboam y llamaron a su nueva nación Israel (el reino del norte). Las otras dos tribus permanecieron leales a Roboam y llamaron a su nación Judá (el reino del sur). El reino no se dividió de la noche a la mañana. Ya se estaba dividiendo desde los primeros días de los jueces debido a los celos de las tribus, especialmente entre Efraín, la tribu más influyente del norte, y Judá, la tribu principal del sur.

Antes de los días de Saúl y de David, el centro religioso de Israel estaba localizado, en su mayor parte, en el territorio de Efraín. Cuando Salomón construyó el templo, trasladó el centro religioso de Israel a Jerusalén. Esto a la larga trajo rivalidades tribales a la crisis. (Para más información acerca de las rivalidades de las tribus y cómo afectaron a Israel, véanse Jueces 12.1ss; 2 Samuel 2.4ss; 19.41–43).


12.28 Se requería que todos los hombres judíos viajaran al templo tres veces al año (Deuteronomio 16.16), pero Jeroboam estableció sus propios centros de adoración y dijo a su pueblo que causaba mucho problema viajar hasta Jerusalén. Aquellos que obedecieron a Jeroboam estaban desobedeciendo a Dios. Algunas ideas, aun cuando son prácticas, pueden contener sugerencias que nos llevan a apartarnos de Dios. No permita que nadie le impida hacer lo que es correcto al decirle que las buenas acciones morales no merecen el esfuerzo. Haga lo que Dios quiera sin importar cuál sea el costo en tiempo, energía, reputación o recursos.

12.28, 29 Se utilizaban los becerros como ídolos para simbolizar fertilidad y fuerza. Los dioses paganos de los cananeos eran con frecuencia descritos como si estuvieran parados sobre becerros o toros. Jeroboam astutamente colocó estos becerros en Bet-el y Dan, lugares estratégicos. Bet-el estaba a tan sólo 16 km al norte de Jerusalén por el camino principal, incitando a los ciudadanos del norte a detenerse allí en lugar de viajar el resto del camino hasta Jerusalén. Dan era la ciudad de Israel que estaba más al norte. Por lo tanto, la gente que vivía en la parte del norte más alejada de Jerusalén era atraída por la conveniencia del lugar. Como líder del reino del norte, Jeroboam quería establecer sus propios centros de adoración, de otra manera su pueblo haría viajes regulares a Jerusalén, y su autoridad se vería minada. Muy pronto esta religión sustituta tuvo muy poco en común con la verdadera fe en Dios.


12.30 Jeroboam y sus consejeros no aprendieron del desastre previo de Israel con el becerro (Éxodo 32). Quizá eran ignorantes respecto de las Escrituras, o quizá conocían el suceso pero decidieron ignorarlo. Estudie la Biblia para tener en mente los hechos de Dios en la historia, y luego aplique las lecciones importantes a su vida. Si aprende del pasado, no repetirá los mismos errores de los demás y no enfrentará el desastre (Isaías 42.23; 1 Corintios 10.11).


12.32, 33 En los días de los fundadores de Israel, la ciudad de Bet-el era un símbolo de compromiso a Dios, porque ahí fue donde Jacob había vuelto a dedicar su vida a Dios (Génesis 28.16–22). Pero Jeroboam convirtió la ciudad en el principal centro religioso de Israel, con la intención de que pudiera competir con Jerusalén. Pero la religión de Bet-el se centró en un ídolo, y esto a la larga llevó a Israel a su caída. Bet-el desarrolló una reputación de ciudad malvada e idólatra. Los profetas Oseas y Amós reconocieron los pecados de Bet-el y condenaron la ciudad por sus caminos inicuos (Oseas 4.15–17; 10.8; Amós 5.4–6).


Capítulo 13


13.2 Trescientos años más tarde, esta profecía se cumplió en todo detalle cuando Josías mató a los sacerdotes paganos en sus propios altares. La historia se encuentra en 2 Reyes 23.1–20.

13.7–32 A este profeta Dios le había dado órdenes estrictas de no comer o beber nada mientras estuviera en su misión (13.9). Murió porque escuchó a un hombre que decía tener un mensaje de Dios, en vez de escuchar a Dios mismo. Este profeta debió haber seguido la Palabra de Dios en vez de los rumores. Confíe en lo que dicen las Escrituras y no en lo que alguien dice que es verdad. Rechace lo que otros digan que son mensajes de Dios si sus palabras contradicen la Biblia.


13.24, 25 Los leones eran mencionados con frecuencia en los tiempos del Antiguo Testamento. Eran lo bastante comunes como para ser una amenaza tanto para la gente como para los rebaños. Sansón (Jueces 14.5, 6), David (1 Samuel 17.34–37), y Benaía (2 Samuel 23.20) todos se enfrentaron a leones salvajes. El hecho de que el león y el asno estaban parados al lado del cuerpo del profeta, mostraba que esto era un juicio divino. Normalmente, el león hubiese atacado al asno y/o devorado al hombre.


13.33, 34 Bajo pena de muerte, Dios había prohibido que alguien fuera sacerdote si no era de la tribu de Leví (Números 3.10). Los levitas tenían asegurado el sustento de por vida por medio de los diezmos, por lo tanto no tenían que pasar tiempo en la agricultura ni preocuparse de los intereses de las tribus ni temer por su futuro financiero. Los nuevos sacerdotes de Jeroboam fueron remunerados por el rey con un salario. Tuvieron que mezclar los deberes seculares y religiosos, y rápidamente cayeron en la política partidista. Debido a que no tenían seguridad en el trabajo, fueron fácilmente corrompidos por los sobornos. La desobediencia de Jeroboam fue la caída de la religión verdadera en el reino del norte.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 6 DE Mayo. Lucas 24: 36 – 53.

24.36–43 El cuerpo de Jesús no fue una simple visión ni un fantasma. Los discípulos lo tocaron y Él comió. Por otro lado, su cuerpo humano no se restauró como el de Lázaro (Juan 11), Él podía aparecer y desaparecer. Su cuerpo resucitado era mucho más real que antes, ahora era inmortal. Esta clase de cuerpo se nos dará en la resurrección de los muertos (véase 1 Corintios 15.42–50).

24.44 Podemos suponer que pasaron muchos días entre los versículos 43 y 44, porque Jesús y sus seguidores viajaron a Galilea y regresaron antes de que Él volviera al cielo (Mateo 28.16; Juan 21). En su segundo libro, Hechos, Lucas deja en claro que Jesús empleó cuarenta días con sus discípulos entre su resurrección y ascensión.

24.44, 46 «La ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» es una manera de referirse al Antiguo Testamento. En otras palabras, todo el Antiguo Testamento señala al Mesías. Por ejemplo, su papel como profeta se predice en Deuteronomio 18.15–20; sus sufrimientos se profetizaron en el Salmo 22 e Isaías 53; su resurrección en el Salmo 16.9–11 e Isaías 53.10, 11.

24.45 Jesús abrió el entendimiento de estas personas para que comprendiesen las Escrituras. El Espíritu Santo tiene hoy esa tarea en nuestras vidas cuando estudiamos la Biblia. ¿Se ha preguntado alguna vez cómo lograr entender un pasaje difícil de la Biblia? Aparte de leer el pasaje en su contexto, consultar a otras personas y obras de referencias, ore que el Espíritu Santo le abra su entendimiento para comprender y le dé el discernimiento necesario para poner en acción la Palabra de Dios en su vida.


24.47 Lucas escribió al mundo de habla griega. Quería que supieran que el mensaje de Cristo de amor y perdón de Dios debía difundirse por todo el mundo. No debemos pasar por alto el alcance del evangelio de Cristo. Dios quiere que todo el mundo oiga las buenas nuevas de salvación.

24.50-53 Mientras los discípulos estaban parados y mirando, Jesús empezó a ascender en el aire y pronto desapareció en el cielo. Ver partir a Jesús debió haber sido terrible, aunque sabían que mantendría su promesa de estar con ellos a través del Espíritu Santo. Este mismo Jesús, que vivió con los discípulos, que murió y resucitó de entre los muertos, nos ama y ha prometido estar con nosotros siempre. Podemos conocerle cada vez más mediante el estudio de las Escrituras, de la oración y por dejar que el Espíritu Santo nos ayude a ser como Él es.

24.51 Cuando Jesús volvió al cielo, su presencia física abandonó a los discípulos (Hechos 1.9), pero el Espíritu Santo llegó muy pronto para consolarles y darles el poder que necesitaban para esparcir las buenas nuevas de salvación (Hechos 2.1–4). Hoy, la obra de salvación de Jesús está consumada y Él está sentado a la diestra de Dios donde posee toda autoridad, en el cielo y en la tierra.

24.53 El Evangelio de Lucas describe a Jesús como el ejemplo perfecto de una vida conforme al plan de Dios: su niñez la vivió en obediencia a sus padres y asombró a los líderes religiosos en el templo, como adulto sirvió a Dios y a otros a través de la predicación y la sanidad, y finalmente sufrió sin quejarse cuando lo condenaron. Este énfasis se ajustaba muy bien a la mentalidad de una audiencia griega que admiraba los altos valores relacionados con el ejemplo y el autodesarrollo, y que a menudo discutía el tema de la perfección. A los griegos, sin embargo, les era difícil entender la importancia espiritual del mundo físico. Para ellos, lo espiritual fue siempre más importante que lo físico. Para ayudarles a comprender al Dios-Hombre, que unía lo físico y lo espiritual, Lucas enfatiza que Jesús no fue un fantasma, sino realmente un ser humano que alimentó y sanó gente porque le preocupaba tanto su salud física como el estado de sus almas.
Como creyentes que vivimos de acuerdo al plan de Dios, también debiéramos obedecer a nuestro Señor en cada detalle, en nuestra preocupación de restaurar el cuerpo de las personas, así como también sus almas, para que tengan la sanidad y la salvación de Dios que les está reservada. Si queremos saber cómo tener una vida perfecta, miremos a Jesús como nuestro ejemplo. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.



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