Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE Mayo 2 Reyes 18, 19

Reinado de Ezequías

(2 Cr. 29.1–2)

18

1En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años. El nombre de su madre fue Abi hija de Zacarías. 3Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. 4El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. 5En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. 6Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 7Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió. 8Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.

 Caída de Samaria

9En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los asirios contra Samaria, y la sitió, 10y la tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas rey de Israel, fue tomada Samaria. 11Y el rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos; 12por cuanto no habían atendido a la voz de Jehová su Dios, sino que habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, no las habían escuchado, ni puesto por obra.

 Senaquerib invade a Judá

(2 Cr. 32.1–19; Is. 36.1–22)

13A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 14Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de Asiria que estaba en Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y haré todo lo que me impongas. Y el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro. 15Dio, por tanto, Ezequías toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real. 16Entonces Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de los quiciales que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria. 17Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y subieron y vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido, vinieron y acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 18Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller.

19Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 20Dices (pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí? 21He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían. 22Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios, ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis en Jerusalén? 23Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos. 24¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? 25¿Acaso he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela.

26Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro. 27Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros?

28Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. 30Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. 31No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, 32hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. 33¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? 34¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano? 35¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?

36Pero el pueblo calló, y no le respondió palabra; porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. 37Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.

                                                                                                       2 Reyes

 Judá es librado de Senaquerib

(2 Cr. 32.20–23; Is. 37.1–38)

19

1Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. 2Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, 3para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. 4Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda. 5Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías. 6E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. 7He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada.

8Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis. 9Y oyó decir que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a Ezequías, diciendo: 10Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. 11He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 12¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?

14Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. 15Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. 16Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. 17Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; 18y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. 19Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios. 20Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído. 21Esta es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén. 22¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel. 23Por mano de tus mensajeros has vituperado a Jehová, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las alturas de los montes, a lo más inaccesible del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en sus más remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos. 24Yo he cavado y bebido las aguas extrañas, he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de Egipto. 25¿Nunca has oído que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para hacer desolaciones, para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros. 26Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, y como hortaliza verde, como heno de los terrados, marchitado antes de su madurez. 27He conocido tu situación, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. 28Por cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu arrogancia ha subido a mis oídos, yo pondré mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.

29Y esto te daré por señal, oh Ezequías: Este año comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el tercer año sembraréis, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas. 30Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa de Judá, volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba. 31Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

32Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. 33Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 34Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.

35Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. 36Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. 37Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE Mayo, Juan 6: 22 - 44.

La gente busca a Jesús

22El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 23Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

 Jesús, el pan de vida

25Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 28Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

41Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE Mayo 2 Reyes 18, 19

Capítulo 18

18.4 La serpiente de bronce se había hecho para curar a los israelitas de la mordida de serpientes venenosas (Número 21.4–9). Demostraba la presencia y el poder de Dios y era un recordatorio para el pueblo de su misericordia y su perdón. Pero se había convertido en un objeto de adoración en lugar de un recordatorio de a quién tenían que adorar, así que Ezequías se vio forzado a destruirla. Debemos tener cuidado de que las cosas que usamos para ayudarnos a adorar a Dios no se vuelvan objetos de adoración por sí mismos. La mayoría de los objetos no son creados para ser ídolos, se vuelven ídolos por la forma en la que la gente los usa.

18.5 «Ni después ni antes hubo otro como él entre todos los reyes de Judá». En un dramático contraste con su padre Acaz, Ezequías siguió a Dios más de cerca y con mayor sinceridad que cualquier otro rey de Judá o Israel. Esta frase se refiere a los reyes que sucedieron después de la división del reino y por lo tanto no incluye a David, considerado como el rey más devoto a Dios.

18.7 La nación de Judá fue oprimida por dos potencias mundiales, Egipto y Asiria. Ambas naciones querían controlar a Judá y a Israel porque estaban localizadas en el cruce de caminos vitales para todo el comercio del antiguo Cercano Oriente. La nación que controlara a Judá tendría ventajas económicas y militares sobre sus rivales. Cuando Ezequías llegó a ser rey, Asiria controlaba a Judá. Al actuar con gran valor, Ezequías se rebeló en contra del poderoso imperio al que su padre se había sometido. Puso su fe en la fuerza de Dios y no en la suya propia, y obedeció los mandamientos de Dios a pesar de los obstáculos y peligros que, desde un punto de vista puramente humano, parecían insuperables.

18.9–12 Estos versículos se remontan a los días muy cercanos a la destrucción de Israel. Ezequías reinó con su padre Acaz durante catorce años (729–715 a.C.), él solo durante dieciocho años (715–697 a.C.) y con su hijo Manasés durante once años (697–686 a.C), un total de cuarenta y tres años. Los veinte nueve años registrados en 18.2 indican sólo aquellos años en los que Ezequías tuvo el control completo del reino. Mientras Ezequías estaba en el trono, la parte norte de la nación de Israel fue destruida (722 a.C.). El conocer el destino de Israel probablemente hizo que Ezequías reformara su propia nación. (Para mayor información acerca de Ezequías, véanse 2 Crónicas 29–32 e Isaías 36–39).

18.13 Este suceso ocurrió en 701 a.C., cuatro años después de que Senaquerib había llegado a ser rey de Asiria. Senaquerib era el hijo de Sargón II, el rey que había deportado en cautiverio al pueblo de Israel (véase la nota a 17.3). Para evitar que Asiria atacara, el reino del sur pagó tributo anualmente. Pero cuando Senaquerib fue rey, Ezequías dejó de pagar este dinero, esperando que Asiria lo ignorara. Cuando Senaquerib y su ejército tomó represalias, Ezequías se dio cuenta de su error y pagó el dinero del tributo (18.14), pero Senaquerib lo atacó de todas formas (18.19ss). A pesar de ello, no tenía tanta hambre de guerra como los anteriores reyes de Asiria, prefiriendo emplear mucho de su tiempo en la edificación y embellecimiento de su ciudad capital, Nínive. Con menos invasiones frecuentes, Ezequías pudo instituir muchas de sus reformas y fortalecer a la nación.

18.17 El enviar al comandante supremo (Tartar), al oficial en jefe (Rabsaris) y al comandante de batalla (Rabsaces) era como enviar al vicepresidente, al secretario de estado y al general del ejército para hablar al enemigo previo a la batalla. Todos estos hombres fueron enviados en un esfuerzo de impresionar y desalentar a los israelitas.

Capítulo 19

19.1-7 Senaquerib, cuyos ejércitos habían capturado todas las ciudades fortificadas de Judá, envió un mensaje a Ezequías para que se rindiera ya que la resistencia era inútil. Dándose cuenta de que la situación era desesperada, Ezequías fue al templo y oró. Dios contestó la oración de Ezequías y liberó a Judá al enviar un ejército para atacar la capital asiria, forzando así a Senaquerib para que saliera de una vez. La oración debe ser nuestra primera respuesta en cualquier crisis. No espere hasta que se pierda toda esperanza en la situación. Ore diariamente por su dirección. Nuestros problemas son oportunidades para Dios.

19.2 Isaías el profeta había estado trabajando para Dios desde los días de Uzías, cuarenta años (Isaías 6.1). A pesar de que Asiria era una potencia mundial, no pudo conquistar a Judá mientras Isaías fue consejero de los reyes. Isaías profetizó durante los reinados de Uzías (Azarías), Jotam, Acaz y Ezequías. Acaz ignoró a Isaías, pero Ezequías escuchó su consejo. Para leer las profecías, véase el libro de Isaías.

19.15 Los querubines son ángeles poderosos.

19.15-19 A pesar de que Ezequías fue valiente ante Dios, no lo tomó a la ligera ni se acercó a Él imprudentemente. Por el contrario, reconoció la soberanía de Dios y la total dependencia de Judá en Él. La oración de Ezequías nos proporciona un buen modelo. No debemos temer acercarnos a Dios con nuestras oraciones, sino que debemos ir a Él con respeto por lo que Él es y por lo que puede hacer.

19.21–34 Dios contestó a las palabras burlonas de Senaquerib (18.19–25), enjuiciándolo por su arrogancia. Senaquerib creía que su reino había crecido por sus propios esfuerzos y fortaleza. En realidad, dijo Dios, tuvo éxito sólo por lo que Dios permitió y causó. Es arrogante pensar que nosotros solos somos responsables por nuestros logros. Dios, como Creador, gobierna sobre las naciones y las personas.

19.28 Los asirios trataban a los cautivos con crueldad. Los torturaban como entretenimiento al cegarlos, cortarlos o al arrancarles tiras de piel hasta que morían. Si deseaban que un cautivo fuera un esclavo, a menudo ponían una argolla en su nariz. Dios estaba diciendo que los asirios serían tratados como ellos habían tratado a los demás.

19.31 Mientras se mantenga una pequeña chispa, puede volverse a encender un fuego y avivarlo hasta que llegue a ser un incendio colosal. De la misma manera, si tan sólo un pequeño remanente de verdaderos creyentes retiene la chispa de la fe, Dios puede reconstruirla y volverla una nación fuerte. Y si sólo una pizca de fe permanece en un corazón, Dios puede utilizarlo para restaurar una fe abrasadora en ese creyente. Si siente que sólo le queda una chispa de fe, pida a Dios que la use para reavivar un fuego abrasador de compromiso hacia Él.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE Mayo. Juan 6: 22 - 44.

6.26 Jesús criticaba a las personas que lo seguían únicamente por los beneficios físicos y temporales en lugar de hacerlo para saciar su hambre espiritual. Muchas personas utilizan la religión para obtener prestigio, consuelo, incluso votos políticos. Pero esos motivos son egoístas. Los verdaderos creyentes siguen a Jesús porque saben que Él tiene la verdad y que su verdad es camino de vida.
6.28, 29 Muchos que buscan sinceramente a Dios quedan perplejos en cuanto a lo que Él desea que hagan. Las religiones del mundo representan los intentos de la humanidad en responder a esta pregunta. Pero la respuesta de Jesús es breve y sencilla: debemos creer en el que Dios ha enviado. Lo que agrada a Dios no surge del trabajo que hacemos, sino de ver en quién creemos. El primer paso es aceptar que Jesús es el que dice ser. Todo desarrollo espiritual se edifica sobre esta aseveración. Declare a Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16.16), y embárquese en una vida de fe que agrade a su Creador.

6.35 La gente come pan para saciar su hambre física y para mantener su vida física. Podemos saciar el hambre y mantener la vida espirituales únicamente mediante una adecuada relación con Jesucristo. Con razón decía que era el pan de vida. Pero el pan debe comerse para mantener la vida y a Cristo debe invitarse a entrar a nuestro diario andar para mantener la vida espiritual.

6.37,38 Jesús no obraba independientemente de Dios el Padre, sino con Él. Esto debiera darnos mayor seguridad de ser aceptos en la presencia de Dios y protegidos por Él. El propósito de Jesús era hacer la voluntad de Dios, no satisfacer sus deseos humanos. Debiéramos tener el mismo propósito.

6.39 Jesús dijo que no perdería una persona siquiera de las que el Padre le había dado. Así que cualquiera que se comprometa sinceramente a creer en Jesucristo como Salvador está seguro en la promesa de vida eterna que da Dios. Cristo no permitirá que Satanás venza a su pueblo y este pierda la salvación (véanse también 17.12; Filipenses 1.6).

6.40 Los que ponen su fe en Cristo resucitarán de la muerte física a la vida eterna con Dios cuando Cristo vuelva otra vez (véanse 1 Corintios 15.52; 1 Tesalonicenses 4.16).

6.41 Cuando Juan dice judíos, se refiere a los líderes que eran hostiles a Jesús, no a los judíos en general. Juan mismo era judío, y también Jesús.

6.41 Los líderes religiosos murmuraban porque no podían aceptar la declaración de divinidad de Jesús. Solo lo veían como el carpintero de Nazaret. Se negaron a creer que Jesús era el Hijo divino de Dios y no toleraban su mensaje. Muchas personas rechazan a Cristo porque dicen que no creen que sea el Hijo de Dios. En realidad, lo que no pueden aceptar son las exigencias de lealtad y obediencia que les hace Cristo. De modo que para protegerse del mensaje, rechazan al mensajero.

6.44 Dios, no el hombre, juega el papel más activo en la salvación. Cuando alguien decide creer en Jesucristo como Salvador, lo hace únicamente respondiendo al mover del Espíritu Santo de Dios. Él pone en nosotros la inquietud, nosotros decidimos si creer o no. Nadie puede creer en Jesús sin la ayuda de Dios. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 16 DE Mayo 2 Reyes 15, 16, 17 

Reinado de Azarías

(2 Cr. 26.3–5, 16–23)

15

1En el año veintisiete de Jeroboam rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías, rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de dieciséis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue Jecolías, de Jerusalén. 3E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho. 4Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo sacrificaba aún y quemaba incienso en los lugares altos. 5Mas Jehová hirió al rey con lepra, y estuvo leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotam hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo. 6Los demás hechos de Azarías, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 7Y durmió Azarías con sus padres, y lo sepultaron con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar Jotam su hijo.

 Reinado de Zacarías

8En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zacarías hijo de Jeroboam sobre Israel seis meses. 9E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como habían hecho sus padres; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 10Contra él conspiró Salum hijo de Jabes, y lo hirió en presencia de su pueblo, y lo mató, y reinó en su lugar. 11Los demás hechos de Zacarías, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 12Y esta fue la palabra de Jehová que había hablado a Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán en el trono de Israel. Y fue así.

 Reinado de Salum

13Salum hijo de Jabes comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías rey de Judá, y reinó un mes en Samaria; 14porque Manahem hijo de Gadi subió de Tirsa y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en Samaria y lo mató, y reinó en su lugar. 15Los demás hechos de Salum, y la conspiración que tramó, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 16Entonces Manahem saqueó a Tifsa, y a todos los que estaban en ella, y también sus alrededores desde Tirsa; la saqueó porque no le habían abierto las puertas, y abrió el vientre a todas sus mujeres que estaban encintas.

 Reinado de Manahem

17En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manahem hijo de Gadi sobre Israel diez años, en Samaria. 18E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; en todo su tiempo no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 19Y vino Pul rey de Asiria a atacar la tierra; y Manahem dio a Pul mil talentos de plata para que le ayudara a confirmarse en el reino. 20E impuso Manahem este dinero sobre Israel, sobre todos los poderosos y opulentos; de cada uno cincuenta siclos de plata, para dar al rey de Asiria; y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en el país. 21Los demás hechos de Manahem, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 22Y durmió Manahem con sus padres, y reinó en su lugar Pekaía su hijo.

 Reinado de Pekaía

23En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó Pekaía hijo de Manahem sobre Israel en Samaria, dos años. 24E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 25Y conspiró contra él Peka hijo de Remalías, capitán suyo, y lo hirió en Samaria, en el palacio de la casa real, en compañía de Argob y de Arie, y de cincuenta hombres de los hijos de los galaaditas; y lo mató, y reinó en su lugar. 26Los demás hechos de Pekaía, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

 Reinado de Peka

27En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años. 28E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

29En los días de Peka rey de Israel, vino Tiglat-pileser rey de los asirios, y tomó a Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de Neftalí; y los llevó cautivos a Asiria. 30Y Oseas hijo de Ela conspiró contra Peka hijo de Remalías, y lo hirió y lo mató, y reinó en su lugar, a los veinte años de Jotam hijo de Uzías. 31Los demás hechos de Peka, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

 Reinado de Jotam

(2 Cr. 27.1–9)

32En el segundo año de Peka hijo de Remalías rey de Israel, comenzó a reinar Jotam hijo de Uzías rey de Judá. 33Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó dieciséis años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jerusa hija de Sadoc. 34Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová; hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías. 35Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en los lugares altos. Edificó él la puerta más alta de la casa de Jehová. 36Los demás hechos de Jotam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 37En aquel tiempo comenzó Jehová a enviar contra Judá a Rezín rey de Siria, y a Peka hijo de Remalías. 38Y durmió Jotam con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre, y reinó en su lugar Acaz su hijo.

 Reinado de Acaz

(2 Cr. 28.1–27)

16

1En el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de Jotam rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar Acaz era de veinte años, y reinó en Jerusalén dieciséis años; y no hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre. 3Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel. 4Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso.

5Entonces Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para hacer guerra y sitiar a Acaz; mas no pudieron tomarla. 6En aquel tiempo el rey de Edom recobró Elat para Edom, y echó de Elat a los hombres de Judá; y los de Edom vinieron a Elat y habitaron allí hasta hoy. 7Entonces Acaz envió embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí. 8Y tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente. 9Y le atendió el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y la tomó, y llevó cautivos a los moradores a Kir, y mató a Rezín.

10Después fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser rey de Asiria en Damasco; y cuando vio el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. 11Y el sacerdote Urías edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco. 12Y luego que el rey vino de Damasco, y vio el altar, se acercó el rey a él, y ofreció sacrificios en él; 13y encendió su holocausto y su ofrenda, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus sacrificios de paz junto al altar. 14E hizo acercar el altar de bronce que estaba delante de Jehová, en la parte delantera de la casa, entre el altar y el templo de Jehová, y lo puso al lado del altar hacia el norte. 15Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar encenderás el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, y el holocausto del rey y su ofrenda, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su ofrenda y sus libaciones; y esparcirás sobre él toda la sangre del holocausto, y toda la sangre del sacrificio. El altar de bronce será mío para consultar en él. 16E hizo el sacerdote Urías conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mandó.

17Y cortó el rey Acaz los tableros de las basas, y les quitó las fuentes; y quitó también el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él, y lo puso sobre el suelo de piedra. 18Asimismo el pórtico para los días de reposo,* que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera, el del rey, los quitó del templo de Jehová, por causa del rey de Asiria. 19Los demás hechos que puso por obra Acaz, ¿no están todos escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Y durmió el rey Acaz con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar su hijo Ezequías.

 Caída de Samaria y cautiverio de Israel

17

1En el año duodécimo de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años. 2E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que habían sido antes de él. 3Contra éste subió Salmanasar rey de los asirios; y Oseas fue hecho su siervo, y le pagaba tributo. 4Mas el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba; porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como lo hacía cada año; por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel. 5Y el rey de Asiria invadió todo el país, y sitió a Samaria, y estuvo sobre ella tres años. 6En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos.

7Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos, 8y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los estatutos que hicieron los reyes de Israel. 9Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas, 10y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso, 11y quemaron allí incienso en todos los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. 12Y servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto. 13Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. 14Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. 15Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas. 16Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; 17e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira. 18Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá.

19Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios, sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho. 20Y desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, y los afligió, y los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.

21Porque separó a Israel de la casa de David, y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel de en pos de Jehová, y les hizo cometer gran pecado. 22Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos, 23hasta que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy.

 Asiria puebla de nuevo a Samaria

24Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. 25Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová contra ellos leones que los mataban. 26Dijeron, pues, al rey de Asiria: Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria, no conocen la ley del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en medio de ellos, y he aquí que los leones los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra. 27Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vaya y habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país. 28Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová.

29Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba. 30Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima. 31Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim. 32Temían a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. 33Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.

34Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel; 35con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios. 36Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste haréis sacrificio. 37Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos. 38No olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a dioses ajenos; 39mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. 40Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua.

41Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 16 DE Mayo, Juan 6: 1 - 21.

Alimentación de los cinco mil

(Mt. 14.13–21; Mr. 6.30–44; Lc. 9.10–17)

6

1Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. 3Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? 10Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. 11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. 12Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. 13Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. 14Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

15Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

 Jesús anda sobre el mar

(Mt. 14.22–27; Mr. 6.45–52)

16Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 17y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. 19Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 21Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra a donde iban. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 16 DE Mayo 2 Reyes 15, 16, 17

Capítulo 15

15.1 Azarías también era conocido como Uzías. Su historia se relata con todo detalle en 2 Crónicas 26. Además, también se le menciona en Isaías 1.1 y 6.1. Antes del comienzo del reinado de Azarías, Israel destruyó ciento ochenta metros del muro de Jerusalén después de derrotar a Judá y llevarse a su rey, Amasías (14.13; 2 Crónicas 25.23, 24). Pero durante el reinado de cincuenta y dos años de Azarías, Judá reconstruyó el muro, volvió a fortificar la ciudad con armas en contra del bloqueo, y obtuvo su independencia de Israel. La devoción a Dios de Azarías ayudó a Judá a disfrutar de paz y prosperidad como no las había experimentado desde los días de Salomón. Durante este tiempo, sin embargo, Israel decayó drásticamente. Muy pronto sería vencido.

15.4 A pesar de que Azarías tuvo muchos logros, no destruyó los lugares altos, donde se encontraban los santuarios de Judá, de la misma manera que tampoco lo hicieron su padre Amasías y su abuelo Joás. Azarías imitó a los reyes de los cuales había escuchado historias y que había observado mientras crecía. Aun cuando el padre y el abuelo de Azarías fueron básicamente reyes buenos, eran modelos deficientes en ciertas áreas importantes. Para levantarnos por encima de la influencia de modelos deficientes, debemos buscar modelos mejores. Cristo nos provee un modelo perfecto. Sin importar cómo fue criado, ni quién influyó en su vida, usted puede avanzar más allá de esas limitaciones al tomar como ejemplo a Cristo y al tratar conscientemente de vivir como Él lo hizo.

15.5 Durante diez años Jotam cogobernó con su padre, Azarías. Padre e hijo gobernaban juntos por cualquiera de la siguientes razones: (1) el padre era ya muy anciano y necesitaba ayuda; (2) el padre deseaba entrenar al hijo para dirigir la nación; (3) el padre estaba enfermo o en el exilio. Hubo muchos corregentes durante el período de los reyes: Asa/Josafat, Josafat/Joram, Azarías/Jotam, Joacaz/Jeroboam II, Ezequías/Manasés.

15.8 Zacarías fue un rey malvado debido a que alentó a Israel para que pecara al adorar ídolos. El pecado en nuestra vida es algo grave, pero más grave aun que pecar nosotros mismos es el alentar a otros a desobedecer a Dios. Somos responsables por la manera en la que influimos a otros. Tenga cuidado con los pecados dobles: los que no sólo nos hieren a nosotros, sino que también hieren a los demás al alentarlos a pecar.

15.10 Zacarías fue advertido por el profeta Amós de su muerte inminente y el fin subsecuente de la dinastía del rey Jeroboam (Amós 7.9).

15.14 Los documentos históricos antiguos dicen que Manahem fue el comandante en jefe del ejército de Jeroboam (véase 14.23–29 para información sobre el reinado de Jeroboam II). Después de que el hijo de Jeroboam fue asesinado (15.8–10), probablemente Manahem se vio a sí mismo y no a Salum, como el sucesor legítimo al trono de Israel.

15.18 Manahem, al igual que los reyes anteriores a él, guió a su pueblo al pecado: «E hizo lo malo ante los ojos de Jehová». ¡Qué horrible epitafio para un líder! Los líderes afectan profundamente a la gente a la que sirven. Pueden alentar o desalentar la devoción a Dios por medio de sus ejemplos y por las estructuras que dan a sus organizaciones. Los buenos líderes no ponen ningún obstáculo para la fe en Dios ni para una manera correcta de vivir.

15.19, 20 Cuando el rey Pul de Asiria (también llamado Tiglat-pileser en 15.29) tomó el trono, el Imperio Asirio se estaba convirtiendo en una potencia mundial, y las naciones de Siria, Israel y Judá estaban en decadencia. Esta es la primera mención de Asiria en 2 Reyes. La invasión del rey Pul ocurrió en 743 a.C. Asiria hizo vasallo a Israel y Manahem se vio forzado a pagar tributo a Asiria. Esta fue la primera de las tres invasiones de Asiria (15.29 y 17.6 hablan de las otras dos).

15.30 Oseas fue el último rey de Israel.

15.32 Un año después de que Peka se convirtió en rey, Uzías (también llamado Azarías) de Judá murió, e Isaías el profeta tuvo una visión de la santidad de Dios y la futura destrucción de Israel. Véase Isaías 6 para mayores detalles acerca de lo que contempló Isaías.

15.34, 35 Se pueden decir muchas cosas buenas acerca de Jotam y de su reinado como rey de Judá, pero falló en un área muy crítica: no destruyó los santuarios de los dioses falsos, aun cuando el dejarlos así era una violación al primer mandamiento (Éxodo 20.3). Al igual que Jotam, podemos vivir básicamente una buena vida y aun así fallar al no hacer lo que es más importante. Toda una vida de hacer el bien no es suficiente si cometemos el error crucial de no seguir a Dios con todo nuestro corazón. Un verdadero seguidor de Dios debe colocarlo a Él en primer lugar en todas las áreas de la vida.

Capítulo 16

16.5 Tanto Israel como Siria estaban bajo el control de Asiria. Unieron fuerzas contra Judá con la esperanza de forzar al reino del sur a unírseles en su revuelta contra Asiria, y fortalecer así su alianza occidental. Pero el plan se volvió en su contra cuando el rey Acaz de Judá inesperadamente le pidió a Asiria que viniera en su ayuda (16.8, 9).

16.10 Acaz fue a Damasco para expresar su gratitud y lealtad a Tiglat-pileser. Debido a que los asirios habían capturado a Damasco, la capital de Siria (732 a.C.), Acaz tenía miedo de una incursión por el sur. Pero estaba confiando más en el dinero que en Dios para mantener al poderoso rey alejado de su tierra, y su plan fracasó. A pesar de que Tiglat-pileser no conquistó Judá, les causó muchos problemas y Acaz se arrepintió de haberle pedido ayuda (2 Crónicas 28.20, 21).

16.10-16 El malvado rey Acaz copió las costumbres religiosas paganas, cambió los servicios del templo y utilizó el altar del mismo para su beneficio personal. Al hacerlo, demostró una clara falta de respeto por los mandatos de Dios. Condenamos a Acaz por sus acciones, pero nosotros hacemos lo mismo cuando tratamos de adaptar el mensaje de Dios para que encuadre dentro de nuestras preferencias personales. Debemos adorar a Dios por lo que Él es y no por lo que nosotros egoístamente quisiéramos que fuera.

16.14–18 Acaz sustituyó el altar de los holocaustos con una réplica del altar pagano que vio en Damasco. (El altar de bronce original no fue tirado fuera, sino conservado para usarlo en adivinación. Las fuentes eran el lugar donde se lavaban los sacrificios. El mar era un enorme depósito de agua para el uso del templo.) Esto fue sumamente grave ya que Dios había dado instrucciones específicas acerca de cómo debía verse el altar y cómo debía ser usado (Éxodo 27.1–8). El construir este nuevo altar era como instalar un ídolo. Pero debido a que Judá era vasallo de Asiria, Acaz estaba deseoso de complacer al rey asirio. Tristemente, Acaz permitió que el rey asirio reemplazara a Dios como líder de Judá. Nadie, sin importar cuán atractivo o poderoso sea, debe sustituir el liderazgo de Dios en nuestra vida.

16.18 Acaz se convirtió en un rey débil con un sumo sacerdote débil y transigente. El sistema religioso de Judá se hallaba en ruinas. Ahora estaba edificado sobre costumbres paganas y su meta principal era complacer a los que estaban en el poder. Si somos muy rápidos en copiar a otros a fin de poder complacerlos, nos arriesgamos a que se vuelvan más importantes que Dios en nuestra vida.

Capítulo 17

17.3 El rey Salmanasar era probablemente Salmanasar V, el que llegó a ser rey de Asiria después de Tiglat-pileser (727–722 a.C.). Continuó demandando grandes tributos de Israel. Oseas, el rey de Israel, decidió rebelarse en contra de Asiria y unir fuerzas con el rey So de Egipto (17.4). Esto no sólo fue una acción muy tonta, sino que además iba en contra de los mandatos de Dios. Para destruir esta conspiración, Salmanasar atacó y sitió a Samaria durante tres años. Pero antes de que Samaria cayera, Salmanasar murió. Su sucesor, Sargón II, se acreditó el triunfo por la captura de la ciudad, destruyendo la nación de Israel y llevando cautiva a su gente.

17.5, 6 Esta fue la tercera y última invasión de Asiria a Israel. (Las primeras dos invasiones están registradas en 15.19 y 15.29.) La primera oleada fue sólo una advertencia para Israel: para evitar ataques posteriores, paga y no te rebeles. El pueblo debió haber aprendido la lección y vuelto a Dios. Al no hacerlo, Dios permitió que Asiria los invadiera otra vez, esta vez llevándose algunos cautivos de la frontera norte. Pero el pueblo continuó sin tomar conciencia de que ellos habían causado sus propios problemas. Así, Asiria invadió por tercera y última vez, destruyendo a Israel completamente, llevándose a la mayor parte de su gente y repoblando la tierra con extranjeros.

Dios estaba cumpliendo lo que había prometido (Deuteronomio 28). Había advertido a Israel lo suficiente, ellos sabían lo que vendría, pero aun así ignoraron a Dios. Ahora Israel no era mejor que las naciones paganas que había destruido en los días de Josué. La nación se había vuelto amargada y rechazó su propósito original: honrar a Dios y ser una luz para el mundo.

17.7–17 Dios juzgó al pueblo de Israel porque imitó las costumbres malvadas de las naciones vecinas, adoró dioses falsos, adaptó costumbres paganas y siguió sus propios deseos. No es bueno imitar las costumbres del mundo porque la gente que no tiene a Dios tiende a vivir egoístamente. Vivir para uno mismo, como lo aprendió Israel, acarrea graves consecuencias de parte de Dios. En ocasiones es difícil y doloroso seguir a Dios, pero considere la opción. Usted puede vivir para Dios, o morir para usted. Tome la determinación de ser una persona de Dios y de hacer lo que Él dice sin pensar en el costo. Lo que Dios piensa de usted es infinitamente más importante que lo que piensan los de su alrededor. (Véanse Romanos 12.1, 2; 1 Juan 2.15–17.)

17.9 La ruina llegó a Israel tanto por los pecados públicos como por los pecados secretos. No sólo toleraron la maldad y la idolatría en público, sino que cometieron pecados aun peores en privado. Los pecados secretos son aquellos que no queremos que otros conozcan, porque son vergonzosos o incriminatorios. Los pecados que se cometen en privado no son secretos para Dios. Desafiar a Dios en secreto es tan dañino como la rebelión declarada.

17.13-15 El pueblo tomó las características de los ídolos e imitó a las naciones impías que lo rodeaban. Israel había olvidado la importancia de los beneficios de obedecer la Palabra de Dios. El rey y el pueblo estaban atascados en la maldad. Muchas veces, Dios había enviado profetas para advertirles lo lejos que estaban de Él y para llamarlos al arrepentimiento.

La paciencia y la misericordia de Dios están más allá de nuestra habilidad de comprensión. Nos buscará con afán hasta que le respondamos o, por decisión propia y dureza de corazón, nos hagamos inalcanzables. Entonces el juicio de Dios es rápido y firme. El único camino seguro es volvernos a Él antes que nuestra necedad nos ponga fuera de su alcance.

17.16 «Todo el ejército de los cielos» se refiere a la práctica cananea de adorar al sol, la luna y las constelaciones. Estos eran dioses asirios que estaban siendo añadidos a su religión. (Véanse también 21.1–6; 23.4, 5.)

17.17 Adivinación significa brujería y agüeros es consultar a espíritus malvados. Formas de brujería, adivinación del futuro y magia negra estaban prohibidas por Dios (Deuteronomio 18.9–14). Estaban mal porque buscaban poder y guía totalmente apartados de Dios, su ley y su Palabra. Isaías repitió esta ley y profetizó la destrucción completa que esta práctica oculta traería a aquellos que participaran en ellas (Isaías 8.19–22).

17.23 Israel fue llevado al exilio de la manera que los profetas de Dios lo habían advertido. Cualquier cosa que Dios prediga sucederá. Esto, por supuesto, son buenas nuevas para aquellos que confían en Él y lo obedecen ya que pueden estar confiados en sus promesas. Pero son malas noticias para aquellos que ignoran y desobedecen a Dios. Tanto las promesas como las advertencias que Dios nos ha dado en su Palabra con seguridad se harán realidad.

17.24 El sacar a los israelitas e introducir extranjeros era la política de restablecimiento de Asiria para prevenir revueltas. El esparcir a los cautivos a lo largo de Asiria evitaba que se unieran, y al repoblar Israel con cautivos extranjeros hacía difícil que los israelitas restantes se unieran también. A esta mezcla de gente establecida en Israel se la llamó «samaritanos». Fueron despreciados por los judíos, aún durante los días de Jesús (Juan 4.9).

17.27-29 Los nuevos pobladores de Israel adoraban a Dios sin dejar sus costumbres paganas. Adoraban a Dios para apaciguarlo en vez de hacerlo para agradarle, tratándolo como si fuera un amuleto de buena suerte o como otro ídolo para añadir a su colección. Una actitud similar es común en la actualidad. Mucha gente dice creer en Dios mientras que se niega a dejar las actitudes y acciones que Dios denuncia. Dios no puede ser sumado a los valores que ya tenemos. Él debe estar en primer lugar, y su Palabra debe moldear todas nuestras acciones y actitudes.

17.29-31 Israel fue conquistado debido a que perdió la visión del único Dios verdadero y del porqué era importante seguirlo. Cuando conquistaban una tierra, se les había dicho que destruyeran todas las influencias paganas que pudieran alejarlos de Dios. El no haber hecho eso trajo su ruina. Ahora enfrentaban una mayor afluencia de dioses de los muchos pueblos paganos que se habían mudado a la tierra.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 16 DE Mayo. Juan 6: 1 - 21.

Capítulo 6

6.5 De saber alguno dónde conseguir comida, ese hubiese sido Felipe, porque era de Betsaida, una aldea a unos catorce kilómetros y medio de distancia (1.44). Jesús probaba a Felipe a fin de fortalecer su fe. Al pedir una solución humana (sabiendo que no existía tal cosa), destacó el acto poderoso y milagroso que estaba a punto de realizar.

6.5-7 Cuando Jesús preguntó a Felipe dónde comprar una enorme cantidad de pan, este empezó a calcular el costo probable. Jesús quería enseñarle que los recursos financieros no son los más importantes. Es posible que limitemos la obra de Dios en nosotros por suponer de antemano lo que es posible y lo que no. ¿Existe alguna tarea imposible que cree que Dios desea que haga? No permita que su evaluación de lo irrealizable le impida aceptar la tarea. Dios puede hacer algo milagroso; confíe en Él en cuanto a la provisión de recursos.

6.8,9 Se hace un contraste entre los discípulos y el niño que brindó lo que tenía. Contaban con más medios que el niño, pero como sabían que lo que tenían no era suficiente, no dieron nada. El niño entregó lo poco que tenía y eso fue lo que lo cambió todo. Si no ofrecemos nada a Dios, Él no tendrá nada para usar. Pero puede tomar lo poco que tenemos y convertirlo en algo grande.

6.8,9 Al efectuar sus milagros, Jesús por lo general prefería obrar a través de la gente. Aquí tomó lo que le ofrecía un niño y lo usó para llevar a cabo uno de los milagros más espectaculares narrados en los Evangelios. La edad no representa una barrera para Cristo. Nunca piense que es demasiado joven ni demasiado viejo para serle útil.

6.13 Existe una lección en las sobras. Dios da en abundancia. Toma lo que podemos ofrecerle en cuanto a tiempo, habilidad o recursos y multiplica su eficacia más allá de nuestras expectativas más alocadas. Si da el primer paso poniéndose a la disposición de Dios, este le mostrará cuán grandemente puede utilizarlo para extender su reino.

6.14 «El profeta» es aquel que profetizó Moisés (Deuteronomio 18.15).

6.18 El mar de Galilea está 195 m por debajo del nivel del mar, tiene una profundidad de 45 m y está rodeado de colinas. Estas características físicas hacen que quede expuesto a tormentas repentinas con vientos que causan olas muy altas. Tales tormentas se esperaban en este lago, pero también eran atemorizantes. Cuando Jesús fue a sus discípulos durante una tormenta andando sobre el agua (a más de 5 km de la costa), les dijo que no temiesen. A menudo nos enfrentamos a tormentas espirituales y emocionales y nos sentimos sacudidos como un pequeño bote en un gran lago. A pesar de las circunstancias aterradoras, si confiamos nuestras vidas a Cristo para que las proteja, Él nos dará paz en cualquier tormenta.

6.18, 19 Los discípulos, atemorizados, quizás pensaron que veían un fantasma (Marcos 6.49). Pero si hubiesen recordado las cosas que habían visto hacer a Jesús, podrían haber aceptado este milagro. Tuvieron miedo. No esperaban que Jesús se apareciese y no estaban preparados para recibir su ayuda. La fe es una actitud mental que nos hace esperar que Dios actúe. Cuando actuamos de acuerdo con esta expectativa, podemos vencer los temores. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.