LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 7 DE Julio. Job 35, 36,37
35
1Prosiguió Eliú en su razonamiento, y dijo:
2 ¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho:
Más justo soy yo que Dios?
3 Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacaré de ello?
¿O qué provecho tendré de no haber pecado?
4 Yo te responderé razones,
Y a tus compañeros contigo.
5 Mira a los cielos, y ve,
Y considera que las nubes son más altas que tú.
6 Si pecares, ¿qué habrás logrado contra él?
Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?
7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él?
¿O qué recibirá de tu mano?
8 Al hombre como tú dañará tu impiedad,
Y al hijo de hombre aprovechará tu justicia.
9 A causa de la multitud de las violencias claman,
Y se lamentan por el poderío de los grandes.
10 Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor,
Que da cánticos en la noche,
11 Que nos enseña más que a las bestias de la tierra,
Y nos hace sabios más que a las aves del cielo?
12 Allí clamarán, y él no oirá,
Por la soberbia de los malos.
13 Ciertamente Dios no oirá la vanidad,
Ni la mirará el Omnipotente.
14 ¿Cuánto menos cuando dices que no haces caso de él?
La causa está delante de él; por tanto, aguárdale.
15 Mas ahora, porque en su ira no castiga,
Ni inquiere con rigor,
16 Por eso Job abre su boca vanamente,
Y multiplica palabras sin sabiduría.
Eliú exalta la grandeza de Dios
36
1Añadió Eliú y dijo:
2 Espérame un poco, y te enseñaré;
Porque todavía tengo razones en defensa de Dios.
3 Tomaré mi saber desde lejos,
Y atribuiré justicia a mi Hacedor.
4 Porque de cierto no son mentira mis palabras;
Contigo está el que es íntegro en sus conceptos.
5 He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie;
Es poderoso en fuerza de sabiduría.
6 No otorgará vida al impío,
Pero a los afligidos dará su derecho.
7 No apartará de los justos sus ojos;
Antes bien con los reyes los pondrá en trono para siempre,
Y serán exaltados.
8 Y si estuvieren prendidos en grillos,
Y aprisionados en las cuerdas de aflicción,
9 El les dará a conocer la obra de ellos,
Y que prevalecieron sus rebeliones.
10 Despierta además el oído de ellos para la corrección,
Y les dice que se conviertan de la iniquidad.
11 Si oyeren, y le sirvieren,
Acabarán sus días en bienestar,
Y sus años en dicha.
12 Pero si no oyeren, serán pasados a espada,
Y perecerán sin sabiduría.
13 Mas los hipócritas de corazón atesoran para sí la ira,
Y no clamarán cuando él los atare.
14 Fallecerá el alma de ellos en su juventud,
Y su vida entre los sodomitas.
15 Al pobre librará de su pobreza,
Y en la aflicción despertará su oído.
16 Asimismo te apartará de la boca de la angustia
A lugar espacioso, libre de todo apuro,
Y te preparará mesa llena de grosura.
17 Mas tú has llenado el juicio del impío,
En vez de sustentar el juicio y la justicia.
18 Por lo cual teme, no sea que en su ira te quite con golpe,
El cual no puedas apartar de ti con gran rescate.
19 ¿Hará él estima de tus riquezas, del oro,
O de todas las fuerzas del poder?
20 No anheles la noche,
En que los pueblos desaparecen de su lugar.
21 Guárdate, no te vuelvas a la iniquidad;
Pues ésta escogiste más bien que la aflicción.
22 He aquí que Dios es excelso en su poder;
¿Qué enseñador semejante a él?
23 ¿Quién le ha prescrito su camino?
¿Y quién le dirá: Has hecho mal?
24 Acuérdate de engrandecer su obra,
La cual contemplan los hombres.
25 Los hombres todos la ven;
La mira el hombre de lejos.
26 He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos,
Ni se puede seguir la huella de sus años.
27 El atrae las gotas de las aguas,
Al transformarse el vapor en lluvia,
28 La cual destilan las nubes,
Goteando en abundancia sobre los hombres.
29 ¿Quién podrá comprender la extensión de las nubes,
Y el sonido estrepitoso de su morada?
30 He aquí que sobre él extiende su luz,
Y cobija con ella las profundidades del mar.
31 Bien que por esos medios castiga a los pueblos,
A la multitud él da sustento.
32 Con las nubes encubre la luz,
Y le manda no brillar, interponiendo aquéllas.
33 El trueno declara su indignación,
Y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad.
37
1 Por eso también se estremece mi corazón,
Y salta de su lugar.
2 Oíd atentamente el estrépito de su voz,
Y el sonido que sale de su boca.
3 Debajo de todos los cielos lo dirige,
Y su luz hasta los fines de la tierra.
4 Después de ella brama el sonido,
Truena él con voz majestuosa;
Y aunque sea oída su voz, no los detiene.
5 Truena Dios maravillosamente con su voz;
El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra;
También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.
7 Así hace retirarse a todo hombre,
Para que los hombres todos reconozcan su obra.
8 Las bestias entran en su escondrijo,
Y se están en sus moradas.
9 Del sur viene el torbellino,
Y el frío de los vientos del norte.
10 Por el soplo de Dios se da el hielo,
Y las anchas aguas se congelan.
11 Regando también llega a disipar la densa nube,
Y con su luz esparce la niebla.
12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor,
Para hacer sobre la faz del mundo,
En la tierra, lo que él les mande.
13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra,
Otras por misericordia las hará venir.
14 Escucha esto, Job;
Detente, y considera las maravillas de Dios.
15 ¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto,
Y hace resplandecer la luz de su nube?
16 ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes,
Las maravillas del Perfecto en sabiduría?
17 ¿Por qué están calientes tus vestidos
Cuando él sosiega la tierra con el viento del sur?
18 ¿Extendiste tú con él los cielos,
Firmes como un espejo fundido?
19 Muéstranos qué le hemos de decir;
Porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas.
20 ¿Será preciso contarle cuando yo hablare?
Por más que el hombre razone, quedará como abismado.
21 Mas ahora ya no se puede mirar la luz esplendente en los cielos,
Luego que pasa el viento y los limpia,
22 Viniendo de la parte del norte la dorada claridad.
En Dios hay una majestad terrible.
23 El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder;
Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.
24 Lo temerán por tanto los hombres;
El no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 7 DE Julio. Hechos 14.
Pablo y Bernabé en Iconio
14
1Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. 2Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos. 3Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios. 4Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles. 5Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos, 6habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, 7y allí predicaban el evangelio.
Pablo es apedreado en Listra
8Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. 9Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, 10dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. 11Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. 12Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. 13Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. 14Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces 15y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. 16En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; 17si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. 18Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
19Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. 20Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe. 21Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, 22confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
El regreso a Antioquía de Siria
24Pasando luego por Pisidia, vinieron a Panfilia. 25Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron a Atalia. 26De allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido. 27Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles. 28Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos. Amen. Rv 1960.
COMENTARIO. A.T.
35.1ss En ocasiones nos preguntamos si la fidelidad a nuestras convicciones realmente nos hace algún bien. Eliú habló acerca de esto. Su conclusión era que Dios sigue interesado aun cuando no interviene inmediatamente en cada situación. Dios ejecuta la justicia. Tenemos su promesa de que lo hace. No pierda la esperanza. Espere en Dios. Él sabe de su manera recta de vivir y de su fe.
36.26 Un tema en la literatura poética de la Biblia es que Dios es incomprensible; no podemos conocerlo completamente. Podemos tener algún conocimiento de Él porque la Biblia está llena de detalles acerca de quién es Dios, cómo podemos conocerlo y cómo podemos tener una relación eterna con Él. Pero nunca podremos saber lo suficiente como para contestar todas las preguntas de la vida (Eclesiastés 3.11), predecir nuestro propio futuro o manipular a Dios para nuestros propios fines. La vida siempre tiene más preguntas que respuestas, y debemos ir constantemente a Dios para obtener algunas pistas frescas acerca de los dilemas de la vida (véase 37.19–24).
37.2 Nada se puede comparar con Dios. Su poder y su presencia son imponentes, y cuando Él habla, debemos escuchar. Muy a menudo presumimos hablar por Dios (como lo hicieron los amigos de Job), ponemos palabras en su boca, lo tomamos a la ligera o interpretamos que su silencio significa que está ausente, o desinteresado. Pero a Dios sí le interesa. Él tiene el control y hablará. Esté listo para escuchar su mensaje: en la Biblia, en su vida a través del Espíritu Santo, y en las circunstancias y relaciones.
COMENTARIO. N.T.
14.3,4 Podríamos desear llevar a cabo un acto milagroso que convenciera a todos, de una vez y para siempre, que Jesús es el Señor. Pero aquí vemos que aunque sucediera un milagro, no convencería a nadie. Dios capacitó a estos hombres para hacer grandes milagros en confirmación de su mensaje de gracia, pero la gente permaneció a distancia. No pierda su tiempo y energías esperando milagros. Siembre la semilla de las buenas nuevas en el mejor terreno que encuentre y de la mejor forma posible y deje que el Espíritu Santo convenza
14.6 Iconio (14.1), Listra y Derbe fueron tres ciudades que Pablo visitó al sur de la región de Galacia. Tal vez Pablo escribió una carta a estas iglesias, la de los Gálatas, porque muchos judíos cristianos decían que los gentiles cristianos no podían ser salvos a menos que siguieran las leyes y costumbres judías. La carta de Pablo refutó este argumento y llevó a los creyentes a la verdadera comprensión de la fe en Jesús (véase Gálatas 3.3, 5). Pablo quizás escribió esta carta en cuanto dejó la región (véase la nota a 14.28).
14.11 «Lengua licaónica» era un dialecto local.
14.11,12 Zeus y Hermes (también conocidos como Júpiter y Mercurio) eran dos dioses populares en el mundo romano. Personas de Listra afirmaban que estos dioses visitaron su ciudad una vez. De acuerdo a la leyenda, nadie con excepción de una pareja de ancianos, les ofreció hospitalidad, de manera que Zeus y Hermes mataron al resto de las personas y premiaron a la pareja de ancianos. Cuando los ciudadanos de Listra vieron los milagros de Pablo y Bernabé, pensaron que los dioses los visitaban. Tomando en cuenta lo sucedido antes, de inmediato honraron a Pablo y Bernabé y les trajeron presentes.
14.15–18 En respuesta a la gente de Listra, Pablo y Bernabé les recordó que Dios nunca «se dejó a sí mismo sin testimonio». La lluvia y la cosecha, por ejemplo, muestran su bondad. Más tarde Pablo escribió que esta señal en la naturaleza deja al hombre sin excusa para su incredulidad (Romanos 1.20). Cuando dude acerca de Dios, mire a su alrededor y verá evidencias abundantes de que Él sigue actuando en el mundo.
14.18, 19 Pocos días después los de Listra pensaron que Pablo y Bernabé eran dioses y desearon ofrecerle sacrificios; luego apedrearon a Pablo y lo abandonaron para que muriera. Así es la naturaleza humana. Jesús entendió cuán inconstante puede ser la multitud (Juan 2.24, 25). Nos sentimos bien cuando la gente nos aprueba, pero esto nunca debería afectar nuestros pensamientos ni afectos. No debemos vivir para agradar a las multitudes, sobre todo en nuestra vida espiritual. Sea como Jesús. Conozca la naturaleza de las multitudes y no ponga su confianza en ella. Deposite su confianza solo en Dios.
14.18–20 Pablo y Bernabé persistieron en la predicación de las buenas nuevas. Consideraban que el costo no era nada en comparación con la obediencia a Cristo. Acababan de escapar de ser apedreados en Iconio (14.1–7). Sin embargo, los judíos de Antioquía e Iconio seguían buscando la oportunidad para apedrear a Pablo. Lo siguieron hasta Listra y lo hicieron. Pensaron que estaba muerto. Pablo se levantó y volvió a la ciudad para predicar las buenas nuevas. ¡Esto es verdadera entrega! Somos discípulos de Cristo llamados para una total rendición. Como cristianos ya no nos pertenecemos más a nosotros mismos, sino a nuestro Señor, por quien hemos sido llamados a sufrir.
14.21,22 Pablo y Bernabé volvieron a visitar a los creyentes en todas las ciudades en las que poco antes los amenazaron y atacaron físicamente. Sabían los peligros que enfrentaban, sin embargo creían que tenían la responsabilidad de animar a los nuevos creyentes. No importa cuán inconveniente e incómoda resulte la tarea, no debemos descuidar el apoyo que necesitan los nuevos creyentes, a quienes les hace falta nuestra ayuda y nuestro estímulo. ¡Para Jesús no fue conveniente ni cómodo ir a la cruz en nuestro lugar!
14.23 Parte de la razón por la que Pablo y Bernabé arriesgaron sus vidas para volver a estas ciudades fue para organizar el liderazgo de las iglesias. No cuidaban a un grupo unido de negligentes; procuraban que se llegaran a organizar con líderes guiados por el Espíritu, que les ayudaran a crecer. Las iglesias crecen cuando tienen líderes, laicos y pastores dirigidos por el Espíritu. Ore por los pastores o líderes de su iglesia y cúbralos. Y si Dios lo llama, acepte con humildad la responsabilidad de un papel de liderazgo en su iglesia.
14.28 Pablo quizás escribió su carta a los Gálatas mientras se hallaba en Antioquía (48 ó 49 d.C.) después de finalizar su primer viaje misionero. Hay varias teorías en cuanto a qué región de Galacia Pablo dirigió su carta, la mayoría está de acuerdo en que Iconio, Listra y Derbe formaban parte de dicha región. Es probable que Gálatas se escribiera antes del concilio de Jerusalén (Hechos 15), porque en la carta el asunto de si los gentiles creyentes debían someterse a la Ley judía todavía no estaba resuelto. El concilio se reunió para dilucidar dicho problema. Comentarios de la Biblia del diario vivir. Rv 1960.
