Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 7 DE Marzo. Deuteronomio 3, 4.

Israel derrota a Og rey de Basán

(Nm. 21.31–35)

3

1Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. 2Y me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo, que habitaba en Hesbón. 3Y Jehová nuestro Dios entregó también en nuestra mano a Og rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual derrotamos hasta acabar con todos. 4Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos; sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basán. 5Todas estas eran ciudades fortificadas con muros altos, con puertas y barras, sin contar otras muchas ciudades sin muro. 6Y las destruimos, como hicimos a Sehón rey de Hesbón, matando en toda ciudad a hombres, mujeres y niños. 7Y tomamos para nosotros todo el ganado, y los despojos de las ciudades. 8También tomamos en aquel tiempo la tierra desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón, de manos de los dos reyes amorreos que estaban a este lado del Jordán. 9(Los sidonios llaman a Hermón, Sirión; y los amorreos, Senir.) 10Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. 11Porque únicamente Og rey de Basán había quedado del resto de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? La longitud de ella es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre.

 Rubén, Gad y la media tribu de Manasés se establecen al oriente del Jordán

(Nm. 32.1–42)

12Y esta tierra que heredamos en aquel tiempo, desde Aroer, que está junto al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades, la di a los rubenitas y a los gaditas; 13y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, toda la tierra de Argob, que se llamaba la tierra de los gigantes, lo di a la media tribu de Manasés. 14Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el límite con Gesur y Maaca, y la llamó por su nombre, Basán-havot-jair, hasta hoy. 15Y Galaad se lo di a Maquir. 16Y a los rubenitas y gaditas les di de Galaad hasta el arroyo de Arnón, teniendo por límite el medio del valle, hasta el arroyo de Jaboc, el cual es límite de los hijos de Amón; 17también el Arabá, con el Jordán como límite desde Cineret hasta el mar del Arabá, el Mar Salado, al pie de las laderas del Pisga al oriente.

18Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra por heredad; pero iréis armados todos los valientes delante de vuestros hermanos los hijos de Israel. 19Solamente vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados(yo sé que tenéis mucho ganado), quedarán en las ciudades que os he dado, 20hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden ellos también la tierra que Jehová vuestro Dios les da al otro lado del Jordán; entonces os volveréis cada uno a la heredad que yo os he dado. 21Ordené también a Josué en aquel tiempo, diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho a aquellos dos reyes; así hará Jehová a todos los reinos a los cuales pasarás tú. 22No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.

 No se le permite a Moisés entrar a Canaán

23Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo: 24Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? 25Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. 26Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto. 27Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán. 28Y manda a Josué, y anímalo, y fortalécelo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás. 29Y paramos en el valle delante de Bet-peor.

 Moisés exhorta a la obediencia

4

1Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da. 2No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno. 3Vuestros ojos vieron lo que hizo Jehová con motivo de Baal-peor; que a todo hombre que fue en pos de Baal-peor destruyó Jehová tu Dios de en medio de ti. 4Mas vosotros que seguisteis a Jehová vuestro Dios, todos estáis vivos hoy. 5Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. 6Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. 7Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? 8Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?

 La experiencia de Israel en Horeb

9Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. 10El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos; 11y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube y oscuridad; 12y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis. 13Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. 14A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella.

 Advertencia contra la idolatría

15Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; 16para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra, 17figura de animal alguno que está en la tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire, 18figura de ningún animal que se arrastre sobre la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra. 19No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. 20Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día. 21Y Jehová se enojó contra mí por causa de vosotros, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra que Jehová tu Dios te da por heredad. 22Así que yo voy a morir en esta tierra, y no pasaré el Jordán; mas vosotros pasaréis, y poseeréis aquella buena tierra. 23Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y no os hagáis escultura o imagen de ninguna cosa que Jehová tu Dios te ha prohibido. 24Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.

25Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis envejecido en la tierra, si os corrompiereis e hiciereis escultura o imagen de cualquier cosa, e hiciereis lo malo ante los ojos de Jehová vuestro Dios, para enojarlo; 26yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que pronto pereceréis totalmente de la tierra hacia la cual pasáis el Jordán para tomar posesión de ella; no estaréis en ella largos días sin que seáis destruidos. 27Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará Jehová. 28Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. 29Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. 30Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; 31porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres.

32Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella. 33¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, sin perecer? 34¿O ha intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto ante tus ojos? 35A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él. 36Desde los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte; y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y has oído sus palabras de en medio del fuego. 37Y por cuanto él amó a tus padres, escogió a su descendencia después de ellos, y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder, 38para echar de delante de tu presencia naciones grandes y más fuertes que tú, y para introducirte y darte su tierra por heredad, como hoy. 39Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. 40Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da para siempre.

 Las ciudades de refugio al oriente del Jordán

41Entonces apartó Moisés tres ciudades a este lado del Jordán al nacimiento del sol, 42para que huyese allí el homicida que matase a su prójimo sin intención, sin haber tenido enemistad con él nunca antes; y que huyendo a una de estas ciudades salvase su vida: 43Beser en el desierto, en tierra de la llanura, para los rubenitas; Ramot en Galaad para los gaditas, y Golán en Basán para los de Manasés.

 Moisés recapitula la promulgación de la ley

44Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel. 45Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos que habló Moisés a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto; 46a este lado del Jordán, en el valle delante de Bet-peor, en la tierra de Sehón rey de los amorreos que habitaba en Hesbón, al cual derrotó Moisés con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto; 47y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán; dos reyes de los amorreos que estaban de este lado del Jordán, al oriente. 48Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, hasta el monte de Sion, que es Hermón; 49y todo el Arabá de este lado del Jordán, al oriente, hasta el mar del Arabá, al pie de las laderas del Pisga. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 7 DE Marzo. Marcos 11: 20 – 33

La higuera maldecida se seca

(Mt. 21.19–22)

20Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. 21Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. 22Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. 23Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 24Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. 26Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

 La autoridad de Jesús

(Mt. 21.23–27; Lc. 20.1–8)

27Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? 29Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. 30El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. 31Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 32¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. 33Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. Amen.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 7 DE Marzo. Deuteronomio 3, 4

Capítulo 3

3.1-3 Los israelitas enfrentaban un gran problema: el bien entrenado ejército de Og, rey de Basán. Los israelitas casi no tenían posibilidades, pero ganaron porque Dios peleó por ellos. Dios puede ayudar a su pueblo no importa los problemas que enfrente. A pesar de lo infranqueables que puedan parecer los obstáculos, recuerde que Dios es soberano y cumplirá sus promesas.

3.21, 22 ¡Qué noticia más alentadora para Josué, que tendría que guiar a sus hombres contra las fuerzas persistentes del mal que ocupaban la tierra prometida! Ya que Dios le prometió hacerlo victorioso en cada batalla, no tenía nada que temer. Quizá nuestras batallas no sean contra ejércitos impíos, pero son tan reales como las de Josué. Ya sea que estemos tratando de resistir la tentación o luchando contra el temor, Dios nos ha prometido que luchará por nosotros y con nosotros si le obedecemos.

3.26–28 Dios hizo claro que Moisés no entraría en la tierra prometida (Números 20.12). Le ordenó que comisionara a Josué como nuevo líder y lo alentara en su nuevo cargo. Este es un buen ejemplo para las iglesias y organizaciones que de tanto en tanto deben reemplazar a su líderes. Los buenos líderes preparan a su gente para que funcione sin ellos al descubrir a los que tienen un potencial de liderazgo, proveyéndoles el entrenamiento necesario y buscando formas de estimularlos.

Capítulo 4

4.2 ¿Qué se quiere decir con añadir o disminuir a los mandamientos de Dios? Estas leyes eran la Palabra de Dios y por lo tanto estaban completas. ¿Cómo podría cualquier ser humano, con una visión y un conocimiento limitados, alterar las leyes perfectas de Dios? Añadir algo a las leyes las convertiría en una carga, disminuirlas las dejaría incompletas. Así que las leyes debían permanecer inalterables. Pretender hacer cambios a la ley de Dios es asumir una posición de autoridad sobre Dios, que dio las leyes (Mateo 5.17–19; 15.3–9; Apocalipsis 22.18, 19). Los líderes religiosos en los tiempos de Cristo hicieron exactamente eso; elevaron sus propias leyes al mismo nivel de las de Dios. Jesús los reprendió por ello (Mateo 23.1–4).

4.8 ¿Serán todavía aplicables a los cristianos de hoy las leyes que Dios dio a los israelitas? Las leyes de Dios están diseñadas para guiar a cualquier persona a una vida saludable, recta y dedicada a Dios. Su propósito era señalar el pecado (o pecado potencial) y señalar la forma adecuada de enfrentarlo. Los Diez Mandamientos, lo fundamental de la ley de Dios, son tan aplicables hoy como lo fueron tres mil años atrás porque proclaman un estilo de vida que Dios respalda. Son la expresión perfecta de quién es Dios y cómo quiere Él que la gente viva.

Pero Dios dio otras leyes además de los Diez Mandamientos. ¿Son estas igual de importantes? Dios nunca dictó una ley que no tuviera un propósito. Sin embargo, muchas de las leyes que leemos en el Pentateuco estaban dirigidas especialmente a la gente de esa época y de esa cultura. Aunque una ley en particular puede no ser aplicable a nosotros, sí lo es la verdad eterna y el principio que la respalda.

Por ejemplo, los cristianos no practican sacrificios de animales en la adoración. Sin embargo, los principios que los fundamentaban —perdón del pecado y gratitud a Dios— se aplican todavía. Los sacrificios apuntan al sacrificio supremo que Jesucristo hizo por nosotros. El Nuevo Testamento dice que con la muerte y la resurrección de Jesucristo se cumplieron las leyes del Antiguo Testamento. Esto significa que mientras las leyes del Antiguo Testamento nos ayudan a reconocer nuestros pecados y a corregir nuestra maldad, es Jesucristo quien quita nuestros pecados. Jesús es ahora nuestro ejemplo máximo porque obedeció perfectamente la ley y modeló su intención verdadera.

4.9 Moisés quería asegurarse de que el pueblo no olvidaría todo lo que había visto hacer a Dios, así que instó a los padres a que enseñaran a su hijos los grandes milagros de Dios. Esto ayudaba a los padres a recordar la fidelidad de Dios y servía para transmitir de una generación a otra las historias que narraban los grandes hechos de Dios. Es fácil olvidar las formas maravillosas en que Dios ha trabajado en la vida de su pueblo. Pero usted puede recordar los grandes hechos de la fidelidad de Dios al contar a sus hijos, amigos y colegas lo que le ha visto hacer.

4.19 Dios no estaba disculpando la idolatría de las demás naciones. Simplemente estaba diciendo que mientras el juicio se retardaría para aquellas otras naciones, sería rápido y completo para Israel porque Israel conocía las leyes de Dios. Debemos recordar que la idolatría no era tan sólo tener estatuas en la casa: montones inofensivos de arcilla, madera y hierro. Era el compromiso con otras cualidades, creencias y prácticas malignas que estaban representadas por los ídolos (tales como asesinato, prostitución, crueldad en la guerra, egocentrismo) o a las fuerzas y atributos de la humanidad, del reino animal, del orden de las estrellas que eran reverenciadas sin hacer referencia a Dios que los había creado. Debido a que Dios se había revelado a sí mismo tan claramente en la historia de Israel, los israelitas no tenían excusa para adorar a nadie más que al Dios verdadero.

4.24 Dios es fuego consumidor. Ya que es moralmente perfecto, aborrece el pecado y no puede aceptar a los que lo practican. El pecado de Moisés le impidió entrar en la tierra prometida, y ningún sacrificio pudo evitar ese dictamen. El pecado nos impide entrar a la presencia de Dios, pero Jesucristo pagó la multa por nuestro pecado y con su muerte nos liberó para siempre del juicio de Dios. Confiar en Jesucristo nos salva de la ira de Dios y nos permite comenzar una relación personal con Él.

4.24 Los celos demandan afecto y lealtad exclusivos. Algunos celos son malos. Es destructivo que un hombre se moleste cuando su mujer habla placenteramente con otro hombre. Pero hay celos que son buenos. Es correcto que un hombre exija que su mujer lo trate a él, y sólo a él, como esposo. Por lo común, utilizamos la palabra celos con su connotación negativa. Pero el celo de Dios es adecuado y bueno. Él está defendiendo su Palabra y su alto honor. Él nos hace una exigencia fuerte: solo al Señor, y a nadie más en todo el universo, debemos tratarlo como Dios.

4.29 ¿Quiere conocer a Dios? Dios prometió a los israelitas que lo encontrarían cuando lo buscaran con toda su alma y con todo su corazón. A Dios se le puede conocer y, Él quiere que lo conozcan, pero tenemos que querer conocerlo. Los actos de servicio y adoración deben estar acompañados de una devoción sincera que salga del corazón. Como dice Hebreos 11.6, «es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan». Dios premiará a los que buscan una relación con Él.

4.32 ¡Cuán tentados nos sentimos de mirar a todas partes menos a Dios en cuanto a guía y conducción! Confiamos en los médicos, en los consejeros financieros y en los comentaristas de noticias, pero ¿confiamos en Dios? Busque primeramente el consejo de Dios (4.39, 40), y reconozca su autoridad sobre cada dimensión de la vida.

4.40 ¿Tenía Israel la garantía de prosperidad si obedecía las leyes de Dios? Sí, pero tenemos que ver cuidadosamente qué significaba eso. Las leyes de Dios se diseñaron para hacer de esa nación escogida una nación saludable, justa y misericordiosa. Cuando el pueblo seguía esas leyes, prosperaba. Sin embargo, esto no quiere decir que no había enfermedades, ni tristezas ni incomprensiones entre ellos. En lugar de eso, significa que prosperaron como nación, y que los problemas individuales los manejaron de la manera más justa posible. Actualmente la promesa de Dios de prosperidad —su presencia constante, su consuelo y los recursos para vivir como debemos— se extiende a todos los creyentes. Enfrentaremos pruebas, Jesús nos lo aseguró. Pero evadiremos la calamidad que es resultado directo del pecado intencional y sabremos que en el cielo nos espera un gran tesoro.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 7 DE Marzo.. Marcos 11: 20 – 33

11.11-21 Hay dos partes en este inusual incidente: La maldición de la higuera y la limpieza del templo. La maldición de la higuera fue una parábola escenificada relacionada con la limpieza del templo. El templo era un lugar de adoración, pero la verdadera adoración había desaparecido. La higuera prometía frutos, pero no producía nada. Jesús manifestó su enojo por las vidas religiosas sin fruto. Si andamos mostrando religiosidad pero no la ponemos en acción en nuestras vidas, seremos como la higuera que se secó y murió. La fe genuina tiene un gran poder. Pídale a Dios que le ayude a producir frutos para su Reino.

11.13-26 La higuera, una fuente económica y popular de alimentación en Israel, demoraba tres años en dar fruto luego de plantarse. Cada árbol produce una gran cantidad de fruto, el cual se cosecha dos veces al año: a finales de la primavera y a comienzos del otoño. Este incidente ocurrió cerca de la primavera, cuando las hojas empezaban a brotar. Los higos casi siempre crecen junto con las hojas, pero este árbol en particular, aunque estaba lleno de hojas, no tenía higos, lo que significa que ese año no daría fruto. El árbol se veía prometedor, pero no tenía fruto. Las palabras duras de Jesús connotaban que la nación de Israel era como esta higuera. Debía dar fruto, pero era espiritualmente estéril.

11.15-17 Jesús se enojó, pero no pecó. Hay lugar para una justa indignación. Los cristianos deberíamos oponernos al pecado y la injusticia tomando una posición activa en su contra. Es lamentable, pero a menudo los creyentes somos pasivos respecto a estos asuntos tan importantes o nos enojamos en lugar de superar cualquier insulto personal u ofensas insignificantes. Asegurémonos que nuestra indignación esté bien dirigida.

11.15–17 Los cambistas de dinero y los comerciantes hacían grandes negocios durante la Fiesta de la Pascua. Los que venían de países extranjeros tenían que cambiar su dinero por la moneda judía, que era la única aceptada en el templo para cuestiones de impuestos y para comprar animales para el sacrificio. A menudo, las especulativas tasas en el cambio enriquecían a los cambistas y los exorbitantes precios de los animales enriquecían a los comerciantes. Instalaban sus puestos en el atrio de los gentiles en el templo, con lo que frustraban las intenciones de los gentiles que iban a adorar a Dios (Isaías 56.6, 7). Jesús se enojó porque la casa de adoración de Dios llegó a ser un lugar de extorsión y una barrera para que los gentiles ofrecieran su adoración.

11.22, 23 El tipo de oración de la que hablaba Jesús es la oración por la fecundidad del Reino de Dios. Orar que una montaña sea echada en el mar no tiene nada que ver con la voluntad de Dios, pero Jesús usó esa figura para enseñar que para Dios es posible hacer lo imposible. Dios contesta las oraciones, pero no debido a una actitud mental positiva. Deben reunirse otras condiciones como: (1) ser creyentes; (2) no tener nada en contra de otros; (3) no orar por motivos egoístas; (4) que sea para el bien del Reino de Dios. Para orar con eficacia tenemos que tener fe en Dios, no en el objeto de nuestra petición. Si ponemos nuestra fe en el objeto de nuestra petición, no tendremos nada cuando se nos niegue lo pedido.

11.24 Jesús, nuestro ejemplo en la oración, oró una vez diciendo: «Todas las cosas son posibles para ti[...] mas no lo que yo quiero, sino lo que tú» (Marcos 14.36). A menudo oramos motivados por nuestros intereses y deseos. Nos gusta oír que podemos tener cualquier cosa. Pero cuando Jesús oró, lo hizo con los intereses de Dios en mente. Cuando oramos, podemos expresar nuestros deseos, pero que la voluntad de Dios esté sobre la nuestra. Examínese para ver si sus oraciones se centran en sus intereses o en los de Dios.

11.27ss Los líderes religiosos preguntaron a Jesús quién le dio la autoridad para echar a los mercaderes y cambistas. Esta pregunta, sin embargo, escondía una trampa. Si Jesús decía que la autoridad la recibió de Dios, lo acusarían de blasfemia; si decía que lo hizo con su propia autoridad, lo desacreditarían y lo echarían por fanático. Para descubrir sus verdaderos propósitos, Jesús atacó la pregunta con otra acerca de Juan el Bautista. El silencio de los fariseos probó que no les interesaba en lo más mínimo la verdad. Lo que querían simplemente era librarse de Jesús porque les socavaba su autoridad.

11.30 Si desea más información, véase el perfil de Juan el Bautista en Juan 1. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.