LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 15 DE Mayo 2 Reyes 12, 13, 14
Reinado de Joás de Judá
(2 Cr. 24.1–27)
12
1En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba. 2Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada. 3Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de cada persona según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová, 5recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen grietas. 6Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del templo. 7Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo. 8Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de reparar las grietas del templo.
9Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa de Jehová. 10Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban. 11Y daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová, 12y a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las grietas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla. 13Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová; 14porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová. 15Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente. 16El dinero por el pecado, y el dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.
17Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén; 18por lo cual tomó Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.
19Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a Sila; 21pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
Reinado de Joacaz
13
1En el año veintitrés de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó diecisiete años. 2E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y siguió en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos. 3Y se encendió el furor de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo. 4Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía. 5(Y dio Jehová salvador a Israel, y salieron del poder de los sirios; y habitaron los hijos de Israel en sus tiendas, como antes. 6Con todo eso, no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y también la imagen de Asera permaneció en Samaria.) 7Porque no le había quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, diez carros, y diez mil hombres de a pie; pues el rey de Siria los había destruido, y los había puesto como el polvo para hollar. 8El resto de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 9Y durmió Joacaz con sus padres, y lo sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joás su hijos fue escrito. Reinado de Joás de Israel
10El año treinta y siete de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años. 11E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvo. 12Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el esfuerzo con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 13Y durmió Joás con sus padres, y se sentó Jeroboam sobre su trono; y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.
Profecía final y muerte de Eliseo
14Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! 15Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas. 16Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, 17y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. 18Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. 19Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria.
20Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. 21Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies.
22Hazael, pues, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de Joacaz. 23Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y se compadeció de ellos y los miró, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de su presencia hasta hoy.
24Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo. 25Y volvió Joás hijo de Joacaz y tomó de mano de Ben-adad hijo de Hazael las ciudades que éste había tomado en guerra de mano de Joacaz su padre. Tres veces lo derrotó Joás, y restituyó las ciudades a Israel.
Reinado de Amasías
(2 Cr. 25.1–28)
14
1En el año segundo de Joás hijo de Joacaz rey de Israel, comenzó a reinar Amasías hijo de Joás rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y veintinueve años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue Joadán, de Jerusalén. 3Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como David su padre; hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joás su padre. 4Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos. 5Y cuando hubo afirmado en sus manos el reino, mató a los siervos que habían dado muerte al rey su padre. 6Pero no mató a los hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado.
7Este mató asimismo a diez mil edomitas en el Valle de la Sal, y tomó a Sela en batalla, y la llamó Jocteel, hasta hoy.
8Entonces Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, para que nos veamos las caras. 9Y Joás rey de Israel envió a Amasías rey de Judá esta respuesta: El cardo que está en el Líbano envió a decir al cedro que está en el Líbano: Da tu hija por mujer a mi hijo. Y pasaron las fieras que están en el Líbano, y hollaron el cardo. 10Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?
11Pero Amasías no escuchó; por lo cual subió Joás rey de Israel, y se vieron las caras él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que es de Judá. 12Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron, cada uno a su tienda. 13Además Joás rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joás hijo de Ocozías, en Bet-semes; y vino a Jerusalén, y rompió el muro de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos. 14Y tomó todo el oro, y la plata, y todos los utensilios que fueron hallados en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y a los hijos tomó en rehenes, y volvió a Samaria.
15Los demás hechos que ejecutó Joás, y sus hazañas, y cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 16Y durmió Joás con sus padres, y fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su hijo.
17Y Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, quince años. 18Los demás hechos de Amasías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 19Conspiraron contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero le persiguieron hasta Laquis, y allá lo mataron. 20Lo trajeron luego sobre caballos, y lo sepultaron en Jerusalén con sus padres, en la ciudad de David. 21Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de dieciséis años, y lo hicieron rey en lugar de Amasías su padre. 22Reedificó él a Elat, y la restituyó a Judá, después que el rey durmió con sus padres.
Reinado de Jeroboam II
23El año quince de Amasías hijo de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joás sobre Israel en Samaria; y reinó cuarenta y un años. 24E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 25El restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer. 26Porque Jehová miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diese ayuda a Israel; 27y Jehová no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joás.
28Los demás hechos de Jeroboam, y todo lo que hizo, y su valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restituyó al dominio de Israel a Damasco y Hamat, que habían pertenecido a Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 29Y durmió Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zacarías su hijo. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 15 DE Mayo, Juan 5: 30 - 47.
Testigos de Cristo
30No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. 31Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. 33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. 35El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. 36Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. 37También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, 38ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. 39Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40y no queréis venir a mí para que tengáis vida. 41Gloria de los hombres no recibo. 42Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. 43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis. 44¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? 45No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. 46Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras? Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 15 DE Mayo 2 Reyes 12, 13, 14
Capítulo 12
12.2ss Joás no hizo suficiente para quitar el pecado de la nación, pero realizó muchas cosas correctas y buenas. Cuando no estemos seguros de que hayamos hecho lo suficiente para corregir nuestras acciones, podemos preguntarnos: (1) ¿La Biblia prohíbe expresamente esta acción? (2) ¿Esta acción me aleja de amar, adorar o servir a Dios? (3) ¿Me convierte en su esclavo? (4) ¿Hace que salga de mí lo mejor, lógicamente con el propósito de Dios? (5) ¿Beneficia a otros creyentes?
12.3 Los israelitas sólo podían ofrecer sacrificios a Dios en áreas designadas bajo la supervisión de los sacerdotes y no en cualquier parte (Deuteronomio 12.13, 14). El ofrecer sacrificios en los lugares altos era copiar las costumbres paganas y alentar a que otras prácticas paganas entraran en su culto. Al combinar estas prácticas, el pueblo estaba diseñando su propia religión, y esto lo alejaría de Dios. (Para más información acerca de estos santuarios en los lugares altos, véase la nota a 1 Reyes 22.43.)
12.4, 5 El templo necesitaba reparación porque había sido dañado y olvidado por los malvados líderes anteriores, especialmente por la reina Atalía (2 Crónicas 24.7). El templo tenía que ser un lugar santo, apartado para la adoración a Dios. Gracias al programa de recaudación de fondos de Joás, el templo pudo ser restaurado. Se limpió el polvo y la mugre que se habían acumulado dentro del templo a través de los años, las juntas fueron reparadas usando mortero, se retiraron los ídolos paganos y otras huellas de idolatría, y se pulió el oro y el bronce. La condición de abandono en que se encontraba el templo revela cuán lejos se apartó el pueblo de Dios.
12.15 Qué contraste entre los trabajadores del edificio que no necesitaban que se les rindiera cuenta del dinero utilizado, y los sacerdotes a los que no se les podía confiar el dinero para manejar esos fondos lo suficientemente bien como para separar algo para el templo (12.8). Como hombres entrenados de Dios, los levitas debían ser responsables y atentos. Después de todo, el templo era su trabajo y responsabilidad. Aun cuando los sacerdotes no eran deshonestos, no tuvieron el compromiso ni la energía necesarios para terminar la obra. Algunas veces la gente secular devota lleva a cabo mejor la obra de Dios. No permita que su falta de entrenamiento o posición lo detengan para contribuir al Reino de Dios. Se requiere la energía de todos para llevar a cabo la obra de Dios.
12.16 Para leer más acerca de la culpabilidad y de las ofrendas por el pecado,
12.20 Las razones del complot de los oficiales en contra de Joás se enumeran en 2 Crónicas 24.17–26. Joás había comenzado a adorar ídolos, había matado al profeta Zacarías, y había sido conquistado por los sirios. Cuando Joás se alejó de Dios, su vida comenzó a desmoronarse. Los oficiales de Joás no lo mataron porque se habría alejado de Dios, lo mataron porque su reino ahora estaba fuera de control. Al final se convirtió en un hombre malvado y los malvados lo mataron.
Capítulo 13
13.4-6 Dios escuchó la oración de Joacaz en la que le pedía ayuda. Dios pospuso su juicio sobre Israel cuando se volvió a Él para pedirle ayuda, pero no mantuvieron su dependencia en Dios por mucho tiempo. Aun cuando hubo interrupciones periódicas en su idolatría, hubo muy poca evidencia de fe genuina. No basta con decir «no» al pecado, además debemos decir «sí» a una vida de compromiso con Dios. Un pedido ocasional de ayuda no sustituye una vida diaria de confianza en Dios.
13.5 Siria, que estaba ubicada al norte de Israel, siempre fue su enemiga. Esto era en parte causado por el bloqueo de Israel a la mayor parte del comercio de Siria con el sur, y Siria cortó la mayor parte del comercio de Israel con el norte. Si una nación podía conquistar a la otra, todas sus rutas de comercio serían abiertas y florecería su economía. Israel y Siria estaban tan ocupadas peleando entre sí que no notaron el rápido fortalecimiento creciente de los asirios en el lejano norte. Muy pronto ambas naciones serían sorprendidas (16.9; 17.6).
13.9, 10 Joás asumió el trono de Israel en 798 a.C. En aquel tiempo el rey de Judá, Joás, estaba cerca del fin de su reinado. Dos reyes, ambos llamados Joás, uno en el sur y otro en el norte, reinaron casi el mismo tiempo. Si bien Joás de Judá comenzó como un rey bueno, Joás de Israel fue un rey malvado.
13.14 Eliseo era muy respetado por su poder profético y sus milagros en favor de Israel. Joás lo llamaba, «Carro de Israel y su gente de a caballo». Esto recuerda el título que Eliseo le dio a Elías en 2.12. Joás temía la muerte de Eliseo porque le atribuía a él el bienestar de la nación, y no a Dios. El temor de Joás revela su falta de conocimiento espiritual. Al menos habían pasado cuarenta y tres años desde que Eliseo se mencionó por última vez en las Escrituras (9.1), donde ungió a Jehú como rey (841 a.C.). El reinado de Joás comenzó en 798 a.C.
13.15-19 Cuando se le dijo a Eliseo que golpeara el suelo con las flechas, lo hizo a la ligera. Como consecuencia, Eliseo dijo al rey que su victoria sobre Siria no sería completa. Para recibir los plenos beneficios del plan de Dios para nuestras vidas se requiere la plena receptividad y obediencia a los mandatos de Dios. Si no seguimos por completo las instrucciones de Dios, no debemos sorprendernos si no se presentan sus plenos beneficios y bendiciones.
13.20,21 Eliseo estaba muerto, pero permaneció su buena influencia, incluso haciendo milagros. Esto demostró que realmente Eliseo era un profeta de Dios. Además era un testimonio del poder de Dios, ningún ídolo pagano resucitó a nadie de la muerte. Este milagro sirvió como un recordatorio más para Israel de que había rechazado la Palabra de Dios dada a través de Eliseo.
Capítulo 14
14.7 Sela era la antigua fortaleza de Petra, una ciudad edificada en un acantilado. No sólo era una fortaleza para Edom, sino un rico puesto fronterizo para el comercio con India.
14.9,10 En esta parábola, se compara a Judá con un pequeño cardo. El rey Ocozías de Judá llegó a sentirse orgulloso después de derrotar a los edomitas. Pero trataba de ir a la guerra con Israel porque estaba seguro de que su ejército era más fuerte. Joás trató de advertir a Ocozías para que no atacara a Israel. (Ocozías comparaba a su ejército con un cardo y al ejército de Israel con un cedro.) Ocozías sobreestimó su fuerza; su ambición fue mayor que su habilidad. No escuchó a Joás y fue derrotado estrepitosamente.
14.13 La destrucción del muro de una ciudad implicaba una deshonra para sus habitantes y los dejaba indefensos y a merced de futuras invasiones.
14.25 Durante este período de la historia, muchos profetas -tales como Oseas, Amós, Jonás, Miqueas e Isaías—comenzaron a recopilar sus profecías y escribirlas bajo la dirección de Dios. Ellos continuaron predicando acerca de la importancia mundial de la obra de Dios mientras esperaban ansiosos el futuro reino espiritual. Dios utilizaría la decadencia moral y espiritual de Israel para preparar la llegada del Mesías. Ya que el poder militar del reino de Israel estaba desecho, mucha gente estaría lista para volverse a las buenas nuevas que Jesús traería.
14.25 Para una mayor información acerca del profeta Jonás, véase el libro de Jonás
14.28 Jeroboam no tenía ninguna devoción por Dios, aun así, bajo sus políticas guerreras y su hábil administración Israel disfrutó del más grande poder nacional y de una prosperidad material que no se había tenido desde los días de Salomón. Los profetas Amós y Oseas, sin embargo, nos dicen lo que en realidad estaba sucediendo en el reino (Oseas 13.4–8; Amós 6.11–14). La administración de Jeroboam ignoró las políticas de justicia y equidad. Como resultado, el rico se volvió aun más rico y el pobre más pobre. El pueblo se volvió egocéntrico, confiaba más en su poder, seguridad y posesiones que en Dios. Los pobres estaban tan oprimidos que era difícil para ellos poder creer que Dios se daba cuenta de su condición. La prosperidad material no siempre es indicio de la bendición de Dios. También puede ser el resultado del egocentrismo. Si usted está experimentando prosperidad, recuerde que Dios nos hace responsables de la manera en la que obtenemos el éxito y cómo usamos nuestra riqueza. En realidad, todo lo que tenemos le pertenece a Él. Debemos usar los dones de Dios teniendo en mente sus intereses.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 15 DE Mayo. Juan 5: 30 - 47.
5.31ss Jesús declaraba que era igual a Dios (5.18), daba vida eterna (5.24), era la fuente de la vida (5.26) y juzgaba al pecado (5.27). Estas declaraciones demuestran que Jesús decía ser divino; era una afirmación casi increíble, pero la apoyaba el testimonio de otro: Juan el Bautista.
5.39,40 Los líderes religiosos sabían lo que decía la Biblia, pero no aplicaban sus palabras a la vida. Conocían las enseñanzas de las Escrituras, pero no reconocieron al Mesías que las Escrituras señalaban. Conocían las leyes, pero no vieron al Salvador. Atrincherados en su sistema religioso, se negaron a permitir que el Hijo de Dios cambiase sus vidas. No se enrede tanto en la «religión» que se pierda a Cristo.
5.41 ¿De quién busca la alabanza? Los líderes religiosos gozaban de prestigio en Israel, pero su sello de aprobación no tenía significado alguno para Jesús. A Él le interesaba la aprobación de Dios. Este es un buen principio para nosotros. Aun cuando nuestras acciones reciban la aprobación de los más altos dignatarios del mundo, si Dios no las aprueba, debiéramos preocuparnos. Pero si las aprueba, aun cuando otros no lo hagan, debiéramos estar conformes.
5.45 Los fariseos se jactaban de ser los verdaderos seguidores de su antepasado Moisés. Intentaban guardar cada una de sus leyes al pie de la letra, incluso agregaron algunas propias. La advertencia de Jesús de que Moisés los acusaría los enfureció. Moisés escribió acerca de Jesús (Génesis 3.15; Números 21.9; 24.17; Deuteronomio 18.15) y aun así los líderes religiosos no quisieron creer en Jesús cuando vino. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.
