Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE FEBRERO. Levítico 14. 

14

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, 3y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, 4el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo. 5Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. 6Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; 7y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo. 8Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días. 9Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en agua, y será limpio.

10El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. 11Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; 12y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. 13Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada. 14Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 15Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, 16y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová. 17Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa. 18Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová. 19Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto, 20y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio.

21Mas si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para ofrenda, y un log de aceite, 22y dos tórtolas o dos palominos, según pueda; uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto. 23Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová. 24Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de Jehová. 25Luego degollará el cordero de la culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 26Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda; 27y con su dedo derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehová. 28También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa. 29Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehová. 30Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según pueda. 31Uno en sacrificio de expiación por el pecado, y el otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová. 32Esta es la ley para el que hubiere tenido plaga de lepra, y no tuviere más para su purificación.

33Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 34Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, 35vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. 36Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla. 37Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que la superficie de la pared, 38el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días. 39Y al séptimo día volverá el sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes de la casa, 40entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. 41Y hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que rasparen. 42Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa.

43Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta, 44entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda es. 45Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. 46Y cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche. 47Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos.

48Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. 49Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo; 50y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes. 51Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. 52Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana. 53Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.

54Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de tiña, 55y de la lepra del vestido, y de la casa, 56y acerca de la hinchazón, y de la erupción, y de la mancha blanca, 57para enseñar cuándo es inmundo, y cuándo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE FEBRERO. Mateo 26: 55 – 75.

55En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.

 Jesús ante el concilio

(Mr. 14.53–65; Lc. 22.54, 63–71; Lc. 22.54, 63–71, Jn. 18.12–14, 19–24)

57Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 59Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 60y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 62Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! 67Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.

 Pedro niega a Jesús

(Mr. 14.66–72; Lc. 22.55–62; Jn. 18.15–18, 25–27)

69Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 70Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 71Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. 72Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. 74Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. 75Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.

Capítulo 14

14.34, 35 Esta plaga de lepra era podredumbre seca o cristales minerales que afectaban las paredes de piedra. Había procedimientos específicos para la limpieza de ropas y edificios afectados por esta plaga de lepra. La ley lo exigía absolutamente (vv. 44–57). ¿Por qué era tan peligroso este tipo de lepra? Porque este hongo podía extenderse rápidamente y promover enfermedades. Por lo tanto era importante comprobar su crecimiento a la mayor brevedad. En casos extremos, si el hongo había causado suficiente daño, las ropas eran quemadas o la casa destruida.

14.54-57 Dios dijo a los israelitas cómo diagnosticar la lepra y la plaga de la lepra para prevenirla o tratarla. Se dictaron estas leyes para la salud y la protección del pueblo. Y ayudaron a los israelitas a evitar enfermedades que eran serias amenazas en aquellos tiempos y lugar. Aun cuando no comprendían las razones médicas para tales leyes, su obediencia a ellas los hizo más saludables. Muchas de las leyes de Dios pudieron haber parecido extrañas a los israelitas. Sin embargo, los ayudaron no sólo a evitar la contaminación física, sino también la infección moral y espiritual.

La Palabra de Dios nos sigue proporcionando un patrón para vivir una vida física, espiritual y moralmente saludable. Quizá no siempre entendamos la sabiduría de las leyes de Dios, pero si las obedecemos, prosperaremos. ¿Significa esto que tenemos que seguir las restricciones alimenticias y de salud del Antiguo Testamento? En general, los principios básicos de salud y de higiene siguen siendo prácticas saludables, pero sería legalista, si no equivocado, adherir hoy a cada una de estas restricciones específicas. Algunas de estas regulaciones tenían el propósito de diferenciar a los israelitas de la gente mala que los rodeaba. Otras se dieron para evitar que el pueblo de Dios se viera envuelto en prácticas paganas, uno de los problemas más serios de aquellos días. Incluso otras se refieren a las cuarentenas en una cultura donde los diagnósticos médicos exactos eran imposibles. Hoy día, por ejemplo, los médicos pueden diagnosticar las diferentes formas de lepra e identificar las que son contagiosas. Los métodos de tratamiento han mejorado notablemente, y la cuarentena por lepra es raramente necesaria.



COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE FEBRERO. Mateo 26: 55 - 75.

26.55 A pesar de que los líderes religiosos pudieron haber arrestado a Jesús en cualquier momento, fueron de noche porque temían a la gente que le seguía cada día (véase 26.5).

26.56 Pocas horas antes, aquellos hombres habían declarado que preferían morir antes que abandonar a su Señor 

26.57 Al anochecer, Anás (sumo sacerdote anterior y suegro de Caifás) interrogó a Jesús. Luego lo envió al hogar de Caifás para ser interrogado (Juan 18.12–24). Debido a su prisa por completar el juicio y ver a Jesús morir antes del sábado, menos de veinticuatro horas, los líderes religiosos se reunieron de noche en la casa de Caifás, para no esperar la luz del día y reunirse en el templo.

26.59 Este concilio, también llamado Sanedrín, era el cuerpo político y religioso más poderoso del pueblo judío. A pesar de que los romanos gobernaban a Israel, daban poder a la gente para tratar disputas religiosas y civiles, de modo que el Sanedrín tomaba muchas decisiones locales que afectaban la vida diaria. Pero la pena de muerte tenía que ser aprobada por los romanos (Juan 18.31).

26.60, 61 El Sanedrín procuró conseguir testigos que distorsionaran algunas de las enseñanzas de Jesús. Al fin encontraron a dos que lo hicieron en relación a las palabras de Jesús sobre el templo (véase Juan 2.19). Estos afirmaron que Jesús había dicho que destruiría el templo, lo que era una jactancia blasfema. Lo que en realidad Jesús dijo fue: «Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré». Jesús, por supuesto, estaba hablando de su cuerpo, no del edificio. Y lo cierto era que los líderes religiosos estaban a punto de destruir el cuerpo de Jesús tal, como Él lo había manifestado, y que luego de tres días resucitaría. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960,

26.64 Jesús dio a conocer su realeza abiertamente. Al decir que era el Hijo del Hombre, estaba afirmando que era el Mesias, como todos los presentes se dieron cuenta. Él sabía que su declaración sería motivo de conflicto, pero no se atemorizó. Estaba tranquilo, decidido y firme.

26.65, 66 El sumo sacerdote acusó a Jesús de blasfemo: ¡estaba diciendo que era Dios! Para los judíos, era un delito que se pagaba con la vida (Levítico 24.16). Los líderes religiosos ni se detuvieron a pensar que las palabras de Jesús pudieran ser ciertas. Habían decidido oponerse a Jesús, y al hacerlo sellaron su suerte y la de ellos. Al igual que el tribunal judío, usted debe juzgar si las palabras de Jesús son blasfemias o verdad. Las consecuencias del juicio que emita son eternas.

26.69ss Hubo tres etapas en la negación de Pedro. Primero actuó como confuso y trató de desviar el tema. Segundo, negó a Jesús con juramento. Tercero, se puso a maldecir y a jurar. Los creyentes que niegan a Cristo a veces empiezan negándolo sutilmente o fingiendo no conocerle. Cuando se presenta la oportunidad de hablar de religión, se retiran o fingen que no saben lo que preguntan. Si los presionan un poco más, puede que se sientan empujados a negar de plano la relación que tienen con Cristo. Si te sorprendes cambiando de conversación para no hablar de Cristo, cuidado. Puedes estar a punto de negarlo.

26.72-74 Que Pedro haya negado a Cristo con un juramento y maldición no significa que haya empleado palabras injuriosas. Esta era la clase de juramento que uno hacía en el tribunal. Pedro juraba no conocer a Jesús y estaba invocando que se le aplicara un castigo en caso de que sus palabras fueran falsas. En otras palabras estaba diciendo: «Que Dios me mate si no estoy diciendo la verdad». Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.



 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 11 DE FEBRERO. Levítico 13, 

Leyes acerca de la lepra

13

1Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. 3Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo. 4Y si en la piel de su cuerpo hubiere mancha blanca, pero que no pareciere más profunda que la piel, ni el pelo se hubiere vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrará al llagado por siete días. 5Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y si la llaga conserva el mismo aspecto, no habiéndose extendido en la piel, entonces el sacerdote le volverá a encerrar por otros siete días. 6Y al séptimo día el sacerdote le reconocerá de nuevo; y si parece haberse oscurecido la llaga, y que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote lo declarará limpio: era erupción; y lavará sus vestidos, y será limpio. 7Pero si se extendiere la erupción en la piel después que él se mostró al sacerdote para ser limpio, deberá mostrarse otra vez al sacerdote. 8Y si reconociéndolo el sacerdote ve que la erupción se ha extendido en la piel, lo declarará inmundo: es lepra.

9Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traído al sacerdote. 10Y éste lo mirará, y si apareciere tumor blanco en la piel, el cual haya mudado el color del pelo, y se descubre asimismo la carne viva, 11es lepra crónica en la piel de su cuerpo; y le declarará inmundo el sacerdote, y no le encerrará, porque es inmundo. 12Mas si brotare la lepra cundiendo por la piel, de modo que cubriere toda la piel del llagado desde la cabeza hasta sus pies, hasta donde pueda ver el sacerdote, 13entonces éste le reconocerá; y si la lepra hubiere cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio. 14Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo. 15Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra. 16Mas cuando la carne viva cambiare y se volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote, 17y el sacerdote mirará; y si la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote declarará limpio al que tenía la llaga, y será limpio.

18Y cuando en la piel de la carne hubiere divieso, y se sanare, 19y en el lugar del divieso hubiere una hinchazón, o una mancha blanca rojiza, será mostrado al sacerdote. 20Y el sacerdote mirará; y si pareciere estar más profunda que la piel, y su pelo se hubiere vuelto blanco, el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga de lepra que se originó en el divieso. 21Y si el sacerdote la considerare, y no apareciere en ella pelo blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino oscura, entonces el sacerdote le encerrará por siete días; 22y si se fuere extendiendo por la piel, entonces el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga. 23Pero si la mancha blanca se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido, es la cicatriz del divieso, y el sacerdote lo declarará limpio.

24Asimismo cuando hubiere en la piel del cuerpo quemadura de fuego, y hubiere en lo sanado del fuego mancha blanquecina, rojiza o blanca, 25el sacerdote la mirará; y si el pelo se hubiere vuelto blanco en la mancha, y ésta pareciere ser más profunda que la piel, es lepra que salió en la quemadura; y el sacerdote lo declarará inmundo, por ser llaga de lepra. 26Mas si el sacerdote la mirare, y no apareciere en la mancha pelo blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino que estuviere oscura, le encerrará el sacerdote por siete días. 27Y al séptimo día el sacerdote la reconocerá; y si se hubiere ido extendiendo por la piel, el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga de lepra. 28Pero si la mancha se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido en la piel, sino que estuviere oscura, es la cicatriz de la quemadura; el sacerdote lo declarará limpio, porque señal de la quemadura es.

29Y al hombre o mujer que le saliere llaga en la cabeza, o en la barba, 30el sacerdote mirará la llaga; y si pareciere ser más profunda que la piel, y el pelo de ella fuere amarillento y delgado, entonces el sacerdote le declarará inmundo; es tiña, es lepra de la cabeza o de la barba. 31Mas cuando el sacerdote hubiere mirado la llaga de la tiña, y no pareciere ser más profunda que la piel, ni hubiere en ella pelo negro, el sacerdote encerrará por siete días al llagado de la tiña; 32y al séptimo día el sacerdote mirará la llaga; y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo amarillento, ni pareciere la tiña más profunda que la piel, 33entonces le hará que se rasure, pero no rasurará el lugar afectado; y el sacerdote encerrará por otros siete días al que tiene la tiña. 34Y al séptimo día mirará el sacerdote la tiña; y si la tiña no hubiere cundido en la piel, ni pareciere ser más profunda que la piel, el sacerdote lo declarará limpio; y lavará sus vestidos y será limpio. 35Pero si la tiña se hubiere ido extendiendo en la piel después de su purificación, 36entonces el sacerdote la mirará; y si la tiña hubiere cundido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillento; es inmundo. 37Mas si le pareciere que la tiña está detenida, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él está limpio, y limpio lo declarará el sacerdote.

38Asimismo cuando el hombre o la mujer tuviere en la piel de su cuerpo manchas, manchas blancas, 39el sacerdote mirará, y si en la piel de su cuerpo aparecieren manchas blancas algo oscurecidas, es empeine que brotó en la piel; está limpia la persona.

40Y el hombre, cuando se le cayere el cabello, es calvo, pero limpio. 41Y si hacia su frente se le cayere el cabello, es calvo por delante, pero limpio. 42Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva o en su antecalva. 43Entonces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga blanca rojiza en su calva o en su antecalva, como el parecer de la lepra de la piel del cuerpo, 44leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga.

45Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! 46Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.

47Cuando en un vestido hubiere plaga de lepra, ya sea vestido de lana, o de lino, 48o en urdimbre o en trama de lino o de lana, o en cuero, o en cualquiera obra de cuero; 49y la plaga fuere verdosa, o rojiza, en vestido o en cuero, en urdimbre o en trama, o en cualquiera obra de cuero; plaga es de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote. 50Y el sacerdote mirará la plaga, y encerrará la cosa plagada por siete días. 51Y al séptimo día mirará la plaga; y si se hubiere extendido la plaga en el vestido, en la urdimbre o en la trama, en el cuero, o en cualquiera obra que se hace de cuero, lepra maligna es la plaga; inmunda será. 52Será quemado el vestido, la urdimbre o trama de lana o de lino, o cualquiera obra de cuero en que hubiere tal plaga, porque lepra maligna es; al fuego será quemada.

53Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la plaga se haya extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, o en cualquiera obra de cuero, 54entonces el sacerdote mandará que laven donde está la plaga, y lo encerrará otra vez por siete días. 55Y el sacerdote mirará después que la plaga fuere lavada; y si pareciere que la plaga no ha cambiado de aspecto, aunque no se haya extendido la plaga, inmunda es; la quemarás al fuego; es corrosión penetrante, esté lo raído en el derecho o en el revés de aquella cosa.

56Mas si el sacerdote la viere, y pareciere que la plaga se ha oscurecido después que fue lavada, la cortará del vestido, del cuero, de la urdimbre o de la trama. 57Y si apareciere de nuevo en el vestido, la urdimbre o trama, o en cualquiera cosa de cuero, extendiéndose en ellos, quemarás al fuego aquello en que estuviere la plaga. 58Pero el vestido, la urdimbre o la trama, o cualquiera cosa de cuero que lavares, y que se le quitare la plaga, se lavará segunda vez, y entonces será limpia.

59Esta es la ley para la plaga de la lepra del vestido de lana o de lino, o de urdimbre o de trama, o de cualquiera cosa de cuero, para que sea declarada limpia o inmunda. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 11 DE FEBRERO. Mateo 26: 20 – 54.

20Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. 21Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? 23Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. 24A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. 25Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho.

26Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

 Jesús anuncia la negación de Pedro

(Mr. 14.26–31; Lc. 22.31–34; Jn. 13.36–38)

30Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. 31Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 32Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 33Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 34Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

 Jesús ora en Getsemaní

(Mr. 14.32–42; Lc. 22.39–46)

36Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. 39Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

 Arresto de Jesús

(Mr. 14.43–50; Lc. 22.47–53; Jn. 18.2–11)

47Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 50Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 51Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. 52Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. 53¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?  Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. 

Capítulo 13

13.1ss Lepra (llamada aquí «llaga de lepra») es un nombre que se aplica a varias enfermedades de la piel, y en los tiempos bíblicos se le temía grandemente. Algunas de estas enfermedades, a diferencia de la enfermedad que hoy en día llamamos lepra o enfermedad de Hansen, eran sumamente contagiosas. Las peores destruían el cuerpo lentamente y, en la mayoría de los casos, eran fatales. Los leprosos eran separados de su familia y amigos y eran confinados a lugares alejados del campamento. Como los sacerdotes eran responsables de la salud del campamento, era su deber expulsar y readmitir leprosos. Si la lepra de alguno parecía desaparecer, sólo el sacerdote podía decidir si esa persona estaba verdaderamente curada. En la Biblia se usa a menudo la lepra como una ilustración del pecado porque es contagiosa, destructiva y conduce a la separación.

13.45, 46 Un leproso tenía que llevar a cabo este extraño ritual para prevenir que los demás se le acercaran demasiado. Ya que a menudo la lepra descrita en Levítico era una enfermedad contagiosa, era muy importante que la gente permaneciera alejada de aquellos que la padecían.



COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. Mateo 26: 20 – 54

26.26 Cada nombre que damos a este sacramento expresa una dimensión diferente. Es la cena del Señor porque conmemora la cena que tuvo Jesús con sus discípulos; es la eucaristía (acción de gracias) porque en ella agradecemos a Dios por la obra de Cristo realizada a nuestro favor; es Comunión porque por medio de ella comulgamos con Dios y con otros creyentes. Al comer el pan y beber el vino, con toda seriedad recordamos la muerte de Jesús y su promesa de regresar; damos gracias por el maravilloso regalo de Dios, y nos regocijamos al reunirnos con Cristo y su cuerpo de creyentes.

26.28 ¿Cómo sella la sangre de Cristo el nuevo pacto? Las personas que estaban bajo el viejo pacto (los que vivieron antes de Jesús) podían acercarse a Dios sólo a través del sacerdote y un sacrificio animal. Ahora todos pueden venir directamente a Dios por medio de la fe porque la muerte de Jesús nos ha hecho aceptos ante sus ojos (Romanos 3.21–24).
El viejo pacto fue una figura del nuevo (Jeremías 31.31; Hebreos 8.11ss), y apuntaba al día en que Jesús sería el último y final sacrificio por el pecado. En lugar de un cordero sin mancha sobre el altar, el Cordero perfecto fue levantado en la cruz. Como era un sacrificio sin pecado, todos nuestros pecados pueden ser perdonados una vez y para siempre. Todos los que creen en Él reciben ese perdón.

26.29 Una vez más Jesús hablaba a sus discípulos de su victoria sobre la muerte y del futuro de ellos con Él. Las siguientes horas traerían una aparente derrota, pero pronto experimentarían el poder del Espíritu Santo y serían testigos del fantástico esparcimiento del mensaje del evangelio. Y un día, todos estarían juntos otra vez en el nuevo Reino de Dios.

26.30 Es posible que el himno que cantaron los discípulos se tomó de los Salmos 115–118, salmos tradicionales que se cantaban como parte de la cena de Pascua.

26.35 Todos los discípulos manifestaron que estaban dispuestos a morir antes que abandonarlo. Pocas horas más tarde, sin embargo, huyeron. Hablar es fácil. Es sencillo decir que somos seguidores de Cristo pero nuestras declaraciones son solo significativas cuando se prueban en el crisol de la persecución. ¿Cuán sólida es nuestra fe? ¿Tiene suficiente firmeza para resistir una prueba intensa?

26.37, 38 Jesús sufría pensando en el dolor físico que se avecinaba, en que se separaría del Padre y moriría por los pecados del mundo. El curso divino había sido establecido, pero en su naturaleza humana todavía batallaba (Hebreos 5.7–9). Por causa de la angustia que Él sufrió, puede entender nuestro sufrimiento. Su fuerza para obedecer vino de la relación con Dios el Padre, el que es también la fuente de nuestra fortaleza (Juan 17.11, 15, 16, 21, 26).

26.39 Jesús no se rebelaba contra la voluntad de su Padre cuando pidió que, si era posible, lo librara de la copa. Al contrario, reiteró su deseo de que se hiciera la voluntad de Dios al decir: «Pero no sea como yo quiero, sino como tú». Su oración nos revela su terrible sufrimiento. Su agonía fue peor que la muerte ya que tuvo que pagar personalmente por todos los pecados y experimentar la separación de Dios. El Hijo de Dios inmaculado tomó nuestros pecados para salvarnos del sufrimiento y la separación.

26.39 En tiempos de sufrimiento a veces nos gustaría ver el futuro, o entender el porqué de nuestra angustia. Jesús sabía lo que le esperaba, y sabía por qué. Con todo, su batalla fue intensa, más dislocadora que cualquier otra batalla anterior. ¿Qué se necesita para poder decir: «Hágase tu voluntad.» Se necesita confianza en los planes de Dios, oración y obediencia en cada paso del camino.

26.40,41 Jesús usó la somnolencia de Pedro para ponerle al tanto de las tentaciones que muy pronto enfrentaría. La mejor manera de superar las tentaciones es estar alerta y orar. Estar alerta es estar conscientes de las posibilidades de tentación, ser sensibles a las sutilezas y estar equipados para la batalla. Porque la tentación ataca por donde somos más vulnerables, no la podemos resistir solos. La oración es esencial porque nos fortalece para contrarrestar el poder de Satanás.

26.48 Judas había dicho que debían arrestar al hombre a quien él saludara. El arresto no lo hacían soldados romanos bajo la ley romana, sino los líderes religiosos. Judas identificó a Jesús no porque fuera difícil de reconocer, sino porque había aceptado ser el acusador formal en caso de que fuera llamado a juicio. Judas supo conducirlos a uno de los lugares de retiro de Jesús donde no hubiera personas que interfirieran con el arresto.

26.51–53 El hombre que le cortó la oreja al siervo fue Pedro (Juan 18.10). Pedro trató de impedir lo que para él era una derrota. No concebía que Jesús tuviera que morir para obtener la victoria. Pero Jesús demostró que su entrega a la voluntad de Dios era perfecta. Su Reino no sería promovido con espadas sino con fe y obediencia. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.