Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 24 DE Abril. 2 Samuel 10, 11, 12

Derrotas de amonitas y sirios

(1 Cr. 19.1–19)

10

1Después de esto, aconteció que murió el rey de los hijos de Amón, y reinó en lugar suyo Hanún su hijo. 2Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanún hijo de Nahas, como su padre la hizo conmigo. Y envió David sus siervos para consolarlo por su padre. Mas llegados los siervos de David a la tierra de los hijos de Amón, 3los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David a tu padre te ha enviado consoladores? ¿No ha enviado David sus siervos a ti para reconocer e inspeccionar la ciudad, para destruirla? 4Entonces Hanún tomó los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió. 5Cuando se le hizo saber esto a David, envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey mandó que les dijeran: Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces volved.

6Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, enviaron los hijos de Amón y tomaron a sueldo a los sirios de Bet-rehob y a los sirios de Soba, veinte mil hombres de a pie, del rey de Maaca mil hombres, y de Is-tob doce mil hombres. 7Cuando David oyó esto, envió a Joab con todo el ejército de los valientes. 8Y saliendo los hijos de Amón, se pusieron en orden de batalla a la entrada de la puerta; pero los sirios de Soba, de Rehob, de Is-tob y de Maaca estaban aparte en el campo.

9Viendo, pues, Joab que se le presentaba la batalla de frente y a la retaguardia, entresacó de todos los escogidos de Israel, y se puso en orden de batalla contra los sirios. 10Entregó luego el resto del ejército en mano de Abisai su hermano, y lo alineó para encontrar a los amonitas. 11Y dijo: Si los sirios pudieren más que yo, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda. 12Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere. 13Y se acercó Joab, y el pueblo que con él estaba, para pelear contra los sirios; mas ellos huyeron delante de él. 14Entonces los hijos de Amón, viendo que los sirios habían huido, huyeron también ellos delante de Abisai, y se refugiaron en la ciudad. Se volvió, pues, Joab de luchar contra los hijos de Amón, y vino a Jerusalén.

15Pero los sirios, viendo que habían sido derrotados por Israel, se volvieron a reunir. 16Y envió Hadad-ezer e hizo salir a los sirios que estaban al otro lado del Eufrates, los cuales vinieron a Helam, llevando por jefe a Sobac, general del ejército de Hadad-ezer. 17Cuando fue dado aviso a David, reunió a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helam; y los sirios se pusieron en orden de batalla contra David y pelearon contra él. 18Mas los sirios huyeron delante de Israel; y David mató de los sirios a la gente de setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo; hirió también a Sobac general del ejército, quien murió allí. 19Viendo, pues, todos los reyes que ayudaban a Hadad-ezer, cómo habían sido derrotados delante de Israel, hicieron paz con Israel y le sirvieron; y de allí en adelante los sirios temieron ayudar más a los hijos de Amón.

 David y Betsabé

11

1Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.

2Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. 3Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. 4Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. 5Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta.

6Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David. 7Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra. 8Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real. 9Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. 10E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? 11Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa. 12Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. 13Y David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa.

14Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías. 15Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera. 16Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. 17Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo. 18Entonces envió Joab e hizo saber a David todos los asuntos de la guerra. 19Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra, 20si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis demasiado a la ciudad para combatir? ¿No sabíais lo que suelen arrojar desde el muro? 21¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis tanto al muro? Entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto.

22Fue el mensajero, y llegando, contó a David todo aquello a que Joab le había enviado. 23Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres que salieron contra nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta; 24pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo. 25Y David dijo al mensajero: Así dirás a Joab: No tengas pesar por esto, porque la espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale.

26Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido. 27Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.

 Natán amonesta a David

12

1Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2El rico tenía numerosas ovejas y vacas; 3pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. 4Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. 5Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. 6Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.

7Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, 8y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. 9¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. 10Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 11Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. 12Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. 13Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. 14Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá. 15Y Natán se volvió a su casa.

Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente. 16Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. 17Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. 18Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? 19Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. 20Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. 21Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. 22Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 23Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

24Y consoló David a Betsabé su mujer, y llegándose a ella durmió con ella; y ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó Jehová, 25y envió un mensaje por medio de Natán profeta; así llamó su nombre Jedidías, a causa de Jehová.

 David captura Rabá

(1 Cr. 20.1–3)

26Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real. 27Entonces envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he puesto sitio a Rabá, y he tomado la ciudad de las aguas. 28Reúne, pues, ahora al pueblo que queda, y acampa contra la ciudad y tómala, no sea que tome yo la ciudad y sea llamada de mi nombre. 29Y juntando David a todo el pueblo, fue contra Rabá, y combatió contra ella, y la tomó. 30Y quitó la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de oro, y tenía piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y sacó muy grande botín de la ciudad. 31Sacó además a la gente que estaba en ella, y los puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y hachas de hierro, y además los hizo trabajar en los hornos de ladrillos; y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Amón. Y volvió David con todo el pueblo a Jerusalén. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 24 DE Abril. Lucas 19: 28 – 48.

La entrada triunfal en Jerusalén

(Mt. 21.1–11; Mr. 11.1–11; Jn. 12.12–19)

28Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. 29Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, 30diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. 31Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. 32Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. 33Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? 34Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. 35Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. 36Y a su paso tendían sus mantos por el camino. 37Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, 38diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, ¡y gloria en las alturas! 39Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

41Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, 42diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. 43Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 44y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

 Purificación del templo

(Mt. 21.12–17; Mr. 11.15–19; Jn. 2.13–22)

45Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, 46diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 47Y enseñaba cada día en el templo; pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle. 48Y no hallaban nada que pudieran hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 24 DE Abril. 2 Samuel 10, 11, 12


Capítulo 9

9.1ss La mayoría de los reyes en los días de David trataban de acabar con las familias de sus rivales para evitar que sus descendientes llegaran al trono. Pero David mostró generosidad con Mefi-boset, cuyo padre fue el príncipe Jonatán y cuyo abuelo fue el rey Saúl. David fue generoso, en parte debido a su lealtad al rey anterior ungido por Dios; en parte por razones políticas, para unificar a Judá e Israel y, principalmente, por su voto de tratar con generosidad a todos los descendientes de Jonatán (1 Samuel 20.14–17).

9.3 La razón del porqué Mefi-boset llegó a estar lisiado está registrado en 4.4. Mefi-boset tenía cinco años cuando Saúl y Jonatán murieron.

9.5, 6 Mefi-boset tenía miedo de visitar al rey, que deseaba tratarlo como a un príncipe. Aunque temía por su vida, y pudo haberse sentido indigno, eso no quería decir que debía rechazar los presentes de David. Cuando Dios nos ofrece misericordiosamente el perdón de nuestros pecados, y un lugar en el cielo, quizá nos sintamos indignos, pero recibiremos esos regalos si tan sólo los aceptamos. Una recepción aún más cálida que la que David dio a Mefi-boset nos espera a todos los que estemos dispuestos a recibir los regalos de Dios al confiar en Jesucristo, no porque lo merezcamos sino porque es la promesa de Dios (Efesios 2.8, 9).

9.7 El trato que le dio a Mefi-boset muestra la integridad de David como líder que aceptó la obligación de brindar amor y misericordia. Su generosa provisión para el hijo de Jonatán va más allá de cualquier beneficio político que pudo haber recibido. ¿Está dispuesto a perdonar a aquellos que le han hecho mal? ¿Puede ser generoso con aquellos menos dignos? Cada vez que mostramos compasión, nuestro carácter se fortalece.

Capítulo 10

10.4, 5 En la cultura israelita todos los hombres usaban barba, esta era señal de madurez. Así que cuando a estos embajadores se les afeitó la mitad de la barba, sufrieron una gran humillación. Cortarles sus vestimentas también los expuso al ridículo.

10.6 Debido a que Hanún siguió un mal consejo, sospechó de los motivos de los embajadores y los humilló. Se dio cuenta de que David estaba enojado e inmediatamente formó sus fuerzas para la batalla. Debió haber pensado más cuidadosamente sobre ese consejo, pero aunque no lo hubiera admitido, debió haber intentado negociar con David. En cambio, se negó a admitir cualquier falta, y se alistó para la guerra. A menudo respondemos con ira, y a la defensiva, en vez de admitir que hemos cometido un error, pedir disculpas y tratar de disipar la ira de la otra persona. En lugar de pelear debemos estar dispuestos a buscar la paz. 

10.12 Debe haber un balance en la vida entre nuestras acciones y nuestra fe en Dios. Aquí David dice: «Esfuérzate y esforcémonos por nuestro pueblo». En otras palabras, hagan lo que puedan. Hagan planes para la estrategia de la batalla, use su mente para encontrar las mejores técnicas, y utilice sus recursos. Pero también dice, «y haga Jehová lo que bien le pareciere». Él sabía que el resultado estaba en las manos de Dios. De la misma manera, debemos usar nuestra mente y nuestros recursos para obedecer a Dios, mientras que al mismo tiempo confiamos a Dios los resultados.

Capítulo 11

11.1 El invierno es una estación de lluvia en Israel, la época cuando se plantan los cultivos. La primavera era un momento adecuado para ir a la guerra debido a que los caminos estaban secos, haciendo más fáciles el traslado de las tropas, los carros de abastecimientos y las carrozas. En Israel, muchas cosechas estaban listas para ser levantadas en la primavera. Estas cosechas eran una fuente importante de alimento para los ejércitos en tránsito.

11.1 Este sitio exitoso (véase 12.26, 27) puso fin al poder de los amonitas. Desde este momento, los amonitas quedaron sujetos a Israel.

11.1ss En el episodio con Betsabé, David se permitió caer hondo y más profundamente en el pecado. (1) David abandonó su propósito al estar en casa para la batalla (11.1). (2) Centró sus pensamientos en sus propios deseos (11.3). (3) Cuando la tentación llegó, la examinó en vez de alejarse de ella (11.4).(4) Pecó deliberadamente (11.4). (5) Trató de cubrir su pecado traicionando a otros (11.6–15). (6) Cometió asesinato para continuar cubriendo su pecado (11.15, 17). Finalmente su pecado fue expuesto (12.9), y fue castigado (12.10–14). (7) Las consecuencias de su pecado afectaron a muchos otros (11.17; 12.11, 14, 15).

David pudo haber decidido detenerse, y volverse del mal en cualquier etapa de su camino. Pero una vez que se inicia la progresión de pecados es difícil detenerse (Santiago 1.14, 15). Mientras más grande es el desastre menos admitimos que nosotros lo causamos. Es mucho más facil dejar de deslizarse por una colina cuando se está cerca de la cima que a mitad del camino. La mejor solución es detener el pecado antes de que comience.

11.3 Véase el perfil de Betsabé en 1 Reyes 1.

11.3, 4 Cuando David miró desde la terraza del palacio, vio a una bella mujer que se estaba bañando, y la lujuria llenó su corazón. Debió haber dejado la terraza y huido de la tentación. En vez de eso, abrigó la tentación al investigar acerca de Betsabé. El resultado fue devastador.

Para huir de la tentación: (1) Ruegue a Dios en oración que lo ayude a alejarse de la gente, lugares y situaciones que representen una tentación. (2) Memorice y medite en porciones de las Escrituras que combatan esas debilidades específicas. En la raíz de la mayoría de las tentaciones se encuentra una necesidad o deseo real que Dios puede llenar. (3) Busque a otro creyente con quien pueda abrirse y contar sobre sus luchas, y pedir ayuda a esta persona cuando la tentación llegue.

11.4 La frase «se purificó de su inmundicia» significaba que Betsabé acababa de completar los ritos de purificación que seguían a la menstruación. Por lo tanto, Betsabé no pudo estar embarazada de su esposo cuando David durmió con ella. Levítico 15.19–30 nos da más información sobre los ritos de purificación que Betsabé tenía que llevar a cabo.

11.15 David puso tanto a Betsabé como a Joab en una situación difícil. Betsabé sabía que era pecado cometer adulterio, pero el rehusarse a la petición del rey podría significar un castigo o la muerte. Joab no sabía por qué Urías tenía que morir, pero era obvio que el rey lo quería muerto. En ocasiones nos enfrentamos a situaciones que nos presentan sólo dos alternativas aparentes, y las dos parecen estar mal. Cuando esto suceda, no debemos perder la visión de lo que Dios quiere. La respuesta sería buscar más alternativas. Al hacer esto, tendremos la posibilidad de buscar una que honre a Dios.

11.25 La respuesta de David ante la muerte de Urías parece petulante e insensible. Mientras que se lamentó profundamente por Saúl y Abner, sus rivales (cap. 1; 3.31–39) no mostró ninguna aflicción por Urías, un buen hombre con un carácter espiritualmente firme. ¿Por qué? David se había hecho insensible a su propio pecado. La única manera en la que pudo cubrir su primer pecado (adulterio) fue pecando otra vez, y muy pronto no sintió más culpabilidad por lo que había hecho. El pecado deliberado y repetido nubló su sensibilidad a las leyes de Dios, y a los derechos de los demás. Mientras más trate de cubrir un pecado, más insensible se hará a él. No se endurezca ante el pecado como hizo David. Confiese de inmediato sus malas acciones a Dios, y a quien corresponda, antes de que se olvide que son pecados.

Capítulo 12

12.1ss Como profeta, Natán era requerido para confrontar el pecado, incluso el pecado de un rey. Se necesitó un gran valor, habilidad y tacto, para hablar con David de forma tal que lo hiciera ver sus malas acciones. Cuando tenga que confrontar a alguien con noticias desagradables, pida en oración valor, habilidad y tacto. Si quiere que esa persona responda de una manera constructiva, piense lo que va a decir. La forma en que usted presenta su mensaje es tan importante como lo que dice. Sazone sus palabras con sabiduría.

12.5, 6 Había pasado un año, para ese entonces David estaba tan insensible a sus propios pecados que no se dio cuenta que él era el villano en la historia de Natán. Las cualidades que condenamos en otros son a menudo nuestros propios defectos de carácter. ¿Qué amigos, socios o miembros de su familia le son difíciles de aceptar y fáciles de criticar? En vez de tratar de cambiarlos pídale a Dios que lo ayude a entender sus sentimientos, y a ver sus propios defectos con mayor claridad. Usted puede descubrir que al condenar a los demás, se ha condenado a sí mismo.

12.10–14 Las predicciones de estos versículos se cumplieron. Debido a que David asesinó a Urías y robó su mujer: (1) El asesinato fue una amenaza constante en su familia (13.26–30; 18.14, 15; 1 Reyes 2.23–25), (2) su propia casa se rebeló en contra de él (15.13), (3) sus esposas fueron dadas a otros a la vista del pueblo (16.20–23), (4) su primer hijo con Betsabé murió (12.18). Si David hubiera sabido las consecuencias dolorosas de su pecado, quizá no se habría dejado llevar por los placeres del momento. 

12.13 Durante este incidente, David escribió el Salmo 51, dándole un discernimiento valioso en su carácter, y ofreciéndonos una esperanza para nosotros también. No importa cuán miserable la culpabilidad lo haga sentirse o cuán terrible sea el pecado que ha cometido, usted puede volcar su corazón en Dios, y buscar su perdón como lo hizo David. Hay perdón para nosotros cuando pecamos. David también escribió el Salmo 32, que expresa el gozo que sintió después de ser perdonado.

12.14 David confesó, y se arrepintió de su pecado (12.13), pero el juicio de Dios fue que su niño muriera. Las consecuencias del pecado de David fueron irreversibles. En ocasiones no basta una disculpa. Cuando Dios nos perdona, y restaura nuestra relación con Él, no elimina las consecuencias de nuestras malas acciones. Quizá nos veamos tentados a decir: «si eso está mal, puedo pedirle perdón a Dios», pero debemos recordar que podemos echar a andar situaciones cuyas consecuencias no podremos revertir.

12.14 ¿Por qué tenía que morir este niño? No fue un juicio sobre el niño por haber nacido fuera del matrimonio, sino un juicio sobre David por su pecado. David y Betsabé merecían morir, pero Dios les perdonó la vida y en su lugar tomó la del niño. Dios todavía tenía trabajo para David. Quería que construyera el reino. Quizá la muerte del niño fue un castigo mayor para David que su propia muerte.

Es posible, que si el niño habría vivido, el nombre de Dios hubiera sido deshonrado entre los vecinos paganos de Israel. ¿Qué habrían pensado de un Dios que recompensa el asesinato y el adulterio dándole un heredero al rey? La muerte de un bebé es trágica, pero el desprecio a Dios acarrea muerte para las naciones enteras. Aun cuando Dios perdonó inmediatamente el pecado de David, Dios no anuló todas sus consecuencias.

12.20–24 David no continuó viviendo en su pecado. Se volvió a Dios, y Él lo perdonó abriendo el camino para que comenzara su vida de nuevo. Hasta el nombre que Dios le dio a Salomón (Jedidías, «Amado de Jehová») era un recordatorio de la gracia de Dios (12.25). Cuando regresamos a Dios, aceptamos su perdón y cambiamos nuestra manera de vivir, Él nos da un fresco comienzo. Para sentirse perdonado como David, reconozca su pecado ante Dios y vuélvase a Él. Luego siga adelante en su vida cristiana, con un nuevo y fresco comienzo.

12.22, 23 Quizá la experiencia más amarga en la vida de uno sea la muerte de algún hijo. Para consolarnos en esas circunstancias tan difíciles, véanse Salmos 16.9–11; 17.15; 139; Isaías 40.11.

12.24 Salomón fue el cuarto hijo de David y Betsabé (1 Crónicas 3.5). Por lo tanto, pasaron varios años entre la muerte de su primer hijo y el nacimiento de Salomón. Probablemente Betsabé aún estaba afligida por la muerte de su hijo.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 24 DE Abril. Lucas 19: 28 – 48.

19.30-35 En este momento Jesús ya era muy conocido. Todo el que venía a Jerusalén para la Pascua había oído de Él y por un tiempo el ánimo popular estaba a su favor. «El Señor lo necesita», fue todo lo que dijeron los discípulos, y los dueños del pollino con agrado lo dieron.

19.35–38 Los cristianos celebran el acontecimiento del Domingo de Ramos. La gente estaba a lo largo del camino, alabando a Dios, agitando ramas de árboles y tendiendo sus mantos delante del pollino a medida que pasaba. «¡Larga vida al Rey!», era el significado de sus gritos de alegría porque sabían que Jesús cumplía con toda intención la profecía de Zacarías 9.9: «Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humildemente, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna». Para anunciar que Él era en realidad el Mesías, Jesús escogió el tiempo cuando todo Israel estaría congregado en Jerusalén, un lugar en el que una gran multitud lo vería, una forma por la cual mostraría que su misión era inconfundible. Las multitudes estaban entusiasmadas. Ahora tenían la seguridad de que su liberación estaba cerca. 

19.38 La multitud que alababa a Dios por darles un Rey tenía un concepto erróneo de Jesús. Estaban seguros de que sería un líder nacional que restauraría la nación a su gloria inicial y esto demostraba que eran sordos a las palabras de los profetas y ciegos a la verdadera misión de Jesús. Cuando llegó a ser evidente que Jesús no cumpliría con sus esperanzas, se volvieron en su contra.

19.39,40 Los fariseos consideraron que las palabras de la multitud eran sacrílegas y blasfemas. No querían a alguien que trastornara su poder y autoridad, y a la vez no querían una sublevación que sofocara el ejército romano. De ahí que pidieron a Jesús que calmara a su gente. Pero Jesús dijo que si la gente callaba, aun las piedras clamarían. ¿Por qué? No porque Jesús instituía un reino político poderoso, sino porque establecía el Reino eterno de Dios, una razón más que suficiente para la gran celebración de todos.

19.41–44 Los líderes judíos rechazaban a su Rey (19.47). Iban demasiado lejos. Rechazaban la oferta de salvación de Dios en Jesucristo cuando Dios mismo los visitaba («el tiempo de tu visitación») y muy pronto su nación sufriría. De todos modos, Dios no le dio las espaldas a los judíos que le obedecieron. Continúa ofreciendo salvación a la gente que ama, sean judíos o gentiles. La paz eterna está a su alcance, acéptela antes que sea demasiado tarde.

19.43, 44 Estas palabras se hicieron realidad cuarenta años después que Jesús las pronunciara. En 66 d.C. los judíos se levantaron en contra de Roma. Tres años más tarde enviaron a Tito, hijo del emperador Vespasiano, para sofocar la rebelión, los soldados romanos atacaron Jerusalén y se abrieron paso a través de los muros del norte, pero aun así no pudieron tomar la ciudad. Finalmente la sitiaron y en 70 d.C. entraron en la ciudad que estaba demasiado debilitada y la incendiaron. Seiscientos mil judíos murieron durante el ataque de Tito.

19.47 ¿Quiénes eran los «principales del pueblo»? Este grupo quizás incluía prósperos líderes en política, comercio y leyes. Tenían muchas razones para deshacerse de Jesús. Les causó daño en el negocio que desarrollaban en el templo al echar fuera a los mercaderes. Además, predicó en contra de la injusticia y muchas veces sus enseñanzas favorecían a los pobres antes que a los ricos. Aún más, su gran popularidad podía atraer la atención de Roma y los líderes de Israel querían relacionarse lo menos posible con esta ciudad, por lo que representaba. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 23 DE Abril. 2 Samuel 7, 8, 9

Pacto de Dios con David

(1 Cr. 17.1–27)

7

1Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, 2dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. 3Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo.

4Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: 5Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? 6Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. 7Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? 8Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; 9y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. 10Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, 11desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. 12Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. 14Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; 15pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. 16Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. 17Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.

18Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? 19Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? 20¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová. 21Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. 22Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. 23¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses. 24Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios. 25Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho. 26Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti. 27Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. 28Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. 29Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.

 David extiende sus dominios

(1 Cr. 18.1–13)

8

1Después de esto, aconteció que David derrotó a los filisteos y los sometió, y tomó David a Meteg-ama de mano de los filisteos.

2Derrotó también a los de Moab, y los midió con cordel, haciéndolos tender por tierra; y midió dos cordeles para hacerlos morir, y un cordel entero para preservarles la vida; y fueron los moabitas siervos de David, y pagaron tributo.

3Asimismo derrotó David a Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, al ir éste a recuperar su territorio al río Eufrates. 4Y tomó David de ellos mil setecientos hombres de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y desjarretó David los caballos de todos los carros, pero dejó suficientes para cien carros. 5Y vinieron los sirios de Damasco para dar ayuda a Hadad-ezer rey de Soba; y David hirió de los sirios a veintidós mil hombres. 6Puso luego David guarnición en Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de David, sujetos a tributo. Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue. 7Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y los llevó a Jerusalén. 8Asimismo de Beta y de Berotai, ciudades de Hadad-ezer, tomó el rey David gran cantidad de bronce.

9Entonces oyendo Toi rey de Hamat, que David había derrotado a todo el ejército de Hadad-ezer, 10envió Toi a Joram su hijo al rey David, para saludarle pacíficamente y para bendecirle, porque había peleado con Hadad-ezer y lo había vencido; porque Toi era enemigo de Hadad-ezer. Y Joram llevaba en su mano utensilios de plata, de oro y de bronce; 11los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había dedicado de todas las naciones que había sometido; 12de los sirios, de los moabitas, de los amonitas, de los filisteos, de los amalecitas, y del botín de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba.

13Así ganó David fama. Cuando regresaba de derrotar a los sirios, destrozó a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal. 14Y puso guarnición en Edom; por todo Edom puso guarnición, y todos los edomitas fueron siervos de David. Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.

 Oficiales de David

(2 S. 20.23–26; 1 Cr. 18.14–17)

15Y reinó David sobre todo Israel; y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo. 16Joab hijo de Sarvia era general de su ejército, y Josafat hijo de Ahilud era cronista; 17Sadoc hijo de Ahitob y Ahimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes; Seraías era escriba; 18Benaía hijo de Joiada estaba sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los príncipes.

 Bondad de David hacia Mefi-boset

9

1Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? 2Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. 3El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. 4Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. 5Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. 6Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. 7Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. 8Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?

9Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. 10Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. 11Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. 12Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset. 13Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 23 DE Abril. Lucas 19: 1 -  27.

Jesús y Zaqueo

19

1Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

 Parábola de las diez minas

11Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. 12Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 23 DE Abril. 2 Samuel 7, 8, 9

Capítulo 7

7.1ss Este capítulo registra el pacto que hizo Dios con David, prometiéndole que continuaría la línea de David para siempre. Esta promesa se vio cumplida en su totalidad con el nacimiento de Cristo Jesús. Si bien la palabra pacto no se establece específicamente aquí, se usa en cualquier otra parte para describir esta ocasión (23.5; Salmo 89.3, 4, 28, 34–37).

7.2 Esta es la primera vez que se menciona al profeta Natán. Dios se aseguró de que durante el reinado de cada uno de los reyes de Israel hubiera un profeta. Las obligaciones principales de un profeta eran las de exhortar al pueblo a seguir a Dios, y comunicar sus leyes y los planes para el rey. La mayoría de los reyes rechazaron a los profetas enviados por Dios. Pero Dios les dio la oportunidad de escuchar y obedecer. En los años anteriores, los jueces y los sacerdotes tenían el papel de profetas. Samuel sirvió como juez, sacerdote y profeta llenando el vacío entre el período de los jueces y la monarquía.

7.5 En este mensaje de Natán, Dios dice que Él no quería que David construyera una «casa» para Él ¿Por qué no quería Dios que David construyera un templo para Él? Dios dijo a David que su trabajo era unificar y guiar a Israel, y destruir a sus enemigos. Esta tarea requeriría que David derramara una gran cantidad de sangre. En 1 Crónicas 28.3 se menciona que Dios no quería que un guerrero construyera su templo. Por lo tanto, David hizo planes y recolectó los materiales para que así su hijo Salomón pudiera comenzar a trabajar en el templo tan pronto como llegara a ser rey (1 Reyes 5–7). David aceptó su papel en el plan de Dios y no trató de ir más allá. Algunas veces Dios le dice no a nuestros planes. Cuando eso ocurra debemos utilizar las otras oportunidades que Él nos da.

7.8–16 La petición de David era buena, pero Dios dijo que no. Esto no quiere decir que Dios rechazó a David. Es más, Dios estaba planeando algo aun mayor en la vida de David que permitirle el prestigio de construir el templo. Aunque Dios rechazó la petición de David prometió que continuaría la casa (o dinastía) de David para siempre. La dinastía terrenal de David terminó cuatro siglos más tarde, pero Jesucristo, un descendiente directo de David, fue el cumplimiento final de esta promesa (Hechos 2.22–36). Cristo reinará por toda la eternidad, ahora en su reino espiritual y en los cielos, y más tarde en la tierra, en la nueva Jerusalén (Lucas 1.30–33; Apocalipsis 21). ¿Ha orado con buenas intenciones, sólo para que Dios le diga que no? Esta es la manera que Dios tiene de dirigir su vida hacia un propósito mayor. Aceptar el no de Dios requiere tanta fe como para cumplir el sí de Dios.

7.18ss Esta sección registra la oración de David en la que expresa su humilde aceptación de la promesa de Dios para extender su dinastía para siempre. David se dio cuenta de que estas bendiciones habían sido conferidas a él y a sus descendientes para que Israel también fuera bendecido. Ayudarían a cumplir el gran propósito de Dios, y sus promesas para toda la nación; y a la larga, para el mundo entero (Génesis 12.1–3).

Capítulo 8

8.1–5 Parte del pacto entre Dios y David incluía la promesa de que los enemigos de Israel serían vencidos y ya no los oprimirían más (7.10, 11). Dios cumplió su promesa al ayudar a David a derrotar las naciones enemigas. En este capítulo se enumeran algunos enemigos: (1) Los moabitas, descendientes de Lot que vivían al este del Mar Muerto. Representaban una constante amenaza tanto militar como religiosa para Israel (Números 25.1–3; Jueces 3.12–30; 1 Samuel 14.47). Parecía que David mantenía una buena relación con los moabitas en ese tiempo. (2) El rey Hadad-ezer de Soba, su derrota en manos de David hizo realidad la promesa de Dios a Abraham de que Israel controlaría la tierra hacia al norte, hacia el río Éufrates (Génesis 15.18). (3) Los edomitas, descendientes de Esaú (Génesis 36.1) que además fueron archienemigos de Israel (véanse 2 Reyes 8.20; Jeremías 49.7–22; Ezequiel 25.12–14).

8.6 Un tributo era una contribución impuesta a las naciones conquistadas. El impuesto ayudaba a mantener el gobierno, y demostraba que la nación conquistada estaba bajo el control de Israel.

8.15 Todo lo que David hacía complacía al pueblo (3.36), no porque quisiera agradarlos a ellos, sino porque trataba de agradar a Dios. A menudo aquellos que más tratan de volverse populares, nunca lo logran. Pero «la alabanza del hombre» no es tan importante. No pase el tiempo investigando formas para agradar a otros y llegar a ser aceptado a los ojos de la gente. Por el contrario, luche por hacer lo correcto y sus convicciones serán respetadas tanto por Dios como por el hombre.

8.15 El reinado de David se caracterizó por «la justicia y la equidad». Justicia significa imparcialidad al interpretar la ley, administrando el castigo con misericordia, respeto por los derechos de las personas y reconocimiento de los deberes de las personas hacia Dios. No es de sorprenderse que casi todos confiaban en él y lo seguían. ¿Por qué era bueno para David buscar justicia? (1) Era el mandamiento de Dios (Deuteronomio 16.18–20) y su carácter (Deuteronomio 32.4). Sus leyes se hicieron para establecer una sociedad justa. (2) Era en beneficio de la nación porque llegarían tiempos en los que cada individuo necesitaría confiar en ella. La justicia debe ser una característica en su relación con los demás. Asegúrese de ser imparcial en su trato con otros.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 23 DE Abril. Lucas 19: 1 -  27

Capítulo 19

19.1-10 Para financiar su gran imperio mundial, los romanos cargaron de impuestos elevados a las naciones que estaban bajo su dominio. Los judíos se oponían a estos impuestos porque servían para apoyar a un gobierno secular y a sus dioses paganos, pero aun así estaban obligados a pagar. Los cobradores de impuestos eran las personas más impopulares en Israel. A los judíos por nacimiento que optaban trabajar para los romanos se les consideraba traidores. Además, era sabido por todos, que los cobradores de impuestos se enriquecieron a expensas de sus compatriotas. No sorprende, por lo tanto, que las multitudes se sintieron molestas cuando Jesús visitó a Zaqueo, un cobrador de impuestos. A pesar de que Zaqueo era deshonesto y traidor, Jesús lo amaba y, en respuesta, el pequeño recaudador de impuestos se convirtió. En toda sociedad ciertos grupos de personas se consideran «intocables» ya sea por su opinión política, conducta inmoral o forma de vivir. No debemos ceder a la presión social y evadir a este tipo de personas. Jesús las ama y estas necesitan oír sus buenas nuevas.

19.8 Por la reacción de la gente se puede juzgar que Zaqueo fue, sin duda, un torcido publicano. Sin embargo, después de su encuentro con Jesús llegó a la conclusión de que su vida necesitaba que la enderezaran. Al dar a los pobres y restituir con intereses generosos a los que defraudó, Zaqueo demostró mediante acciones externas el cambio interno que experimentó. No es suficiente seguir a Cristo de corazón. Debe mostrar su cambio de vida mediante una nueva conducta. ¿Traduce su fe en acciones? ¿Qué cambios necesita hacer?

19.9,10 Cuando Jesús dijo que Zaqueo era un hijo perdido de Abraham, debe haber sorprendido a sus oyentes al menos en dos maneras. No les debe haber gustado reconocer que este cobrador de impuestos tan impopular era un compatriota hijo de Abraham y no deben haber deseado admitir que hijos de Abraham pudieran perderse. Una persona no se salva por un notable linaje, ni se condena por uno malo; la fe es más importante que la estirpe. A Jesús le interesa llevar su Reino a los perdidos, sin importarle sus antecedentes ni estilos de vida anteriores. Mediante la fe, los perdona y hace nuevos.

19.11ss La gente seguía esperando un líder político que llegara a establecer un reino terrenal y que los librara del dominio de Roma. La parábola de Jesús mostró que su Reino no tendría esta característica de inmediato. Primero, se ausentaría por un tiempo y se requería de sus seguidores que fueran fieles y productivos durante su ausencia. Su regreso establecería el Reino más poderoso y justo que jamás hayan imaginado.

19.11ss Esta parábola mostró a sus seguidores lo que tendrían que hacer en el lapso entre su partida y su Segunda Venida. Ya que vivimos en este tiempo, se relaciona directamente con nosotros. Se nos han dado medios excelentes para edificar y extender el Reino de Dios. Jesús espera que usemos estos talentos al grado que puedan multiplicarse y que el Reino se expanda. Él nos pedirá cuenta a cada uno sobre lo que hemos hecho con lo que nos dio. Mientras esperamos la venida del Reino de Dios en gloria, cumplamos la tarea encomendada.

19.20–27 ¿Por qué el rey fue tan duro con el hombre que no incrementó el dinero? Lo castigó porque: (1) no tenía el mismo interés que su amo en el reino; (2) no confió en las intenciones de su amo; (3) su lealtad solo fue para él mismo; y (4) no hizo nada para invertir el dinero. Como el rey en esta historia, Dios nos ha dado dones para usarlos en beneficio de su Reino. ¿Desea que el Reino crezca? ¿Confía en que Dios lo gobierna con justicia? ¿Le interesa el bienestar de los demás así como en el suyo? ¿Está deseoso de usar con fidelidad lo que se le ha confiado?. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.