Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO PARA HOY. 3 DE NOVIEMBRE. Jeremías 36,37,   

El rey quema el rollo

36

1Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 2Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. 3Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.

4Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado. 5Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: A mí se me ha prohibido entrar en la casa de Jehová. 6Entra tú, pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades. 7Quizá llegue la oración de ellos a la presencia de Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo. 8Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.

9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalén. 10Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del pueblo.

11Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová, 12descendió a la casa del rey, al aposento del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, esto es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes. 13Y les contó Micaías todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a ellos. 15Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc. 16Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras. 17Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. 18Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro. 19Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve y escóndete, tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.

20Y entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo depositado el rollo en el aposento de Elisama secretario; y contaron a oídos del rey todas estas palabras. 21Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó del aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban. 22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él. 23Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había. 24Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras. 25Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír. 26También mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraías hijo de Azriel y a Selemías hijo de Abdeel, para que prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías; pero Jehová los escondió.

27Y vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías, diciendo: 28Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim rey de Judá. 29Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni animales? 30Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. 31Y castigaré su maldad en él, y en su descendencia y en sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he anunciado y no escucharon.

32Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.

 Encarcelamiento de Jeremías

37

1En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey en la tierra de Judá. 2Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías.

3Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios. 4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. 5Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.

6Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo: 7Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto. 8Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego. 9Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán. 10Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.

11Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón, 12salía Jeremías de Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de en medio del pueblo. 13Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú te pasas a los caldeos. 14Y Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó delante de los príncipes. 15Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel.

16Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado. 18Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la cárcel? 19¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra? 20Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán, para que no muera allí. 21Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

 

LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. FILEMON

LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A
FILEMÓN

 Salutación

1

1Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, 2y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: 3Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

 El amor y la fe de Filemón

4Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, 5porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; 6para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. 7Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.

 Pablo intercede por Onésimo

8Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, 9más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10te ruego por mi hijo Onésimo,  a quien engendré en mis prisiones, 11el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. 13Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; 14pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.

15Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; 16no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. 17Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. 18Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. 19Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. 20Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.

21Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo. 22Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.

 Salutaciones y bendición final

23Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, 24Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.

25La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén. Rv. 


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. Jeremías 36,37,   

Capítulo 36

36.1ss Esto sucedió en el verano del año 605 a.C., poco después de la victoria de Nabucodonosor sobre el ejército egipcio en Carquemis, antes de los sucesos narrados en los capítulos 34 y 35.

36.2-4 Antiguamente, muchos no podían leer ni escribir, por lo tanto, los que podían hacerlo eran muy valiosos. Estos escribas ocupaban puestos de gran importancia y se respetaban mucho por su conocimiento. Baruc era el escriba de Jeremías. La escritura se realizaba a menudo sobre pergamino o en hojas de papiro que se cosían o pegaban entre sí y se guardaban en los llamados rollos de pergamino. Después del cautiverio, los escribas se volvieron maestros de la Ley. En la época del Nuevo Testamento, los escribas formaban un partido político poderoso.

36.9 Cuando había alguna emergencia nacional, a menudo se hacía un llamado a días de ayuno (donde la gente se abstenía de comer para mostrar humildad y arrepentimiento). Babilonia iba destruyendo ciudad tras ciudad y cercaba a Jerusalén. Cuando el pueblo llegó al templo, Baruc les dijo cómo podían prevenir la tragedia inminente. Pero se negaron a escuchar.

36.10–32 Dios dijo a Jeremías que escribiera sus palabras en un rollo de libro. Debido a que no se le permitía entrar al templo, Jeremías pidió a su escriba, Baruc, a quien le dictó el rollo, que lo leyera al pueblo que se reunía allí. Baruc entonces lo leyó a los príncipes y por último Jehudí se lo leyó al mismo rey. A pesar de que el rey quemó el rollo, no pudo destruir la Palabra de Dios. En la actualidad mucha gente trata de echar a un lado la Palabra de Dios o dice que contiene muchos errores y que por lo tanto no es confiable. La gente puede rechazar la Palabra de Dios, pero no puede destruirla. Esta permanecerá para siempre (Salmo 119.89).

36.22 Un bracero es una vasija de metal donde se colocan los carbones ardientes, usado para calentar un ambiente.

36.25 Solo tres líderes protestaron por esta acción perversa de quemar el rollo que contenía la Palabra de Dios. Esto muestra cuán complaciente e insensible se volvió el pueblo hacia Dios.

36.30 Joaquín, el hijo de Joacim, fue rey por tres meses antes de que lo llevaran en cautiverio, pero esto no lo califica como para «ocupar el trono de David», una expresión que implicaba permanencia. Joacim no aseguró una dinastía. Sedequías, el siguiente gobernante, era el tío de Joaquín. Por lo tanto, terminó la línea de reyes humanos descendientes de David, pero en menos de seiscientos años vendría a través de los descendientes de Natán, el hermano de Salomón, el Rey eterno (véase también la nota a 22.30).


Capítulo 37

37.1ss El rey Joacim murió camino a Babilonia (2 Crónicas 36.6) y designaron rey a su hijo Joaquín, pero tres meses después lo llevaron cautivo a Babilonia. Nabucodonosor entonces designó a Sedequías como su vasallo en Judá.

37.2,3 El rey Sedequías y sus funcionarios no querían escuchar las palabras de Jeremías, pero querían las bendiciones de sus oraciones. Querían una religión superficial que no les costara nada. Pero a Dios no le agradan los que vienen a Él solo por lo que pueden obtener en vez de buscar establecer o profundizar una relación con Él. Nosotros no aceptaríamos esa clase de relación con alguna otra persona y no debemos esperar que Dios la acepte de nosotros.

37.5 Cuando Nabucodonosor sitió Jerusalén en 589 a.C., el Faraón Hofra marchó en contra de él por invitación de Sedequías. Jerusalén volvió la mirada a Egipto para pedirle ayuda a pesar de las advertencias de Jeremías. Pero los egipcios no fueron ninguna ayuda, ya que en cuanto los babilonios se volvieron en su contra, se retiraron. Las advertencias de Jeremías fueron ciertas.

37.17 Sedequías titubeaba entre la rendición y la resistencia. Demasiado asustado y débil para ejercer autoridad, pidió a Jeremías que fuera en secreto al palacio, esperando quizás que llegaran algunas buenas noticias de Dios. Sedequías estaba desesperado, quería escuchar la Palabra de Dios, pero temía que surgieran problemas políticos si descubrían que hablaba con Jeremías.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. FILEMON

Capítulo 1

1 Pablo escribió esta carta desde Roma alrededor del 60 d.C., cuando se hallaba bajo arresto domiciliario (véase Hechos 28.30, 31). Onésimo era un esclavo doméstico que pertenecía a Filemón, un hombre rico, miembro de la iglesia en Colosas. Onésimo había huido de Filemón y se había dirigido a Roma, donde se encontró con Pablo, que parece que fue el que lo guió a Cristo (v. 10). Pablo lo convenció de que huir de sus problemas no los resolvería y lo persuadió a regresar a su amo. Pablo escribió esta carta a Filemón para pedirle que se reconciliara con su esclavo fugitivo.

1 Filemón fue un hacendado griego residente en Colosas. Se convirtió bajo el ministerio de Pablo, y la iglesia de Colosas se reunía en su casa. Onésimo era uno de los esclavos de Filemón.

2 Apia pudo haber sido la esposa de Filemón. Arquipo pudo haber sido el hijo de Filemón o posiblemente un anciano de la iglesia en Colosas. Sea como sea, Pablo lo incluyó como a un receptor de la carta, posiblemente Arquipo pudo leer la carta con Filemón y lo animó a seguir el consejo de Pablo.

2 La iglesia primitiva con frecuencia solía reunirse en diferentes hogares. Debido a la persecución esporádica y el gran costo que significaba, los templos no se construyeron en esta época.

4-7 Pablo destacó el amor y la bondad de Filemón. Había abierto su corazón y su hogar a la iglesia. Debiéramos imitarlo, abriéndoles nuestro corazón y nuestros hogares a otros, y ofrecer compañerismo cristiano para refrescar los corazones de otros.

8,9 Debido a que Pablo fue un anciano y un apóstol, pudo haber usado su autoridad con Filemón, ordenándole tratar con bondad a su esclavo fugitivo. Pero Pablo no basó su pedido en su autoridad sino en la entrega de Filemón como cristiano. Pablo quiso que la obediencia de Filemón fuera sincera y no de mala gana. Cuando usted sabe que algo es correcto y tiene el poder de demandarlo ¿apela usted a su autoridad o a la dedicación de la otra persona? Aquí Pablo nos da un buen ejemplo de cómo tratar un posible conflicto entre amigos cristianos.

10 Un amo tenía el derecho legal de matar a un esclavo fugitivo, por eso Onésimo temía por su vida. De manera que Pablo escribió esta carta a Filemón para ayudarlo a comprender su nueva relación con Onésimo. Este era ahora un hermano cristiano, no una mera posesión. «A quien engendré en mis prisiones» significa que Onésimo se había hecho cristiano.

10ss Pablo pidió a Filemón que perdonara a su esclavo fugitivo, el que había llegado a ser cristiano, pero no solo que lo perdonara, sino que lo aceptara como a un hermano. Como cristianos, deberíamos perdonar así como hemos sido perdonados (Mateo 6.12; Efesios 4.31, 32). El verdadero perdón significa que tratamos al que ha sido perdonado en la forma que quisiéramos ser tratados. ¿Hay alguien a quien usted dice haber perdonado pero que todavía necesita su afecto?

11-15 Onésimo significa «útil». Pablo usó un juego de palabras, al decir que Onésimo no había sido de mucha utilidad en el pasado, pero que había sido muy útil tanto para Filemón como para Pablo. A pesar de que Pablo quería permanecer con Onésimo, lo envió de regreso, esperando que Filemón lo aceptara no como un esclavo fugitivo perdonado, sino también como un hermano en Cristo.

15, 16 La esclavitud estaba esparcida por todo el Imperio Romano. En estos días, los cristianos no tenían poder político para cambiar el sistema de la esclavitud. Pablo no condena o condona la esclavitud pero se empeña en que las relaciones se transformen. El evangelio empieza a cambiar las estructuras sociales por medio del cambio que opera en la gente que se halla dentro de esas estructuras. (Véanse también 1 Corintios 7.20–24; Efesios 6.5–9; Colosenses 3.22–4.1 para más sobre la relación amo/siervo.)

16 ¡Qué diferencia hizo la condición social de Onésimo, como un cristiano, para con Filemón! Dejó de ser un simple esclavo, un sirviente, llegó a ser también un hermano. Ambos, tanto Onésimo como Filemón, llegaron a ser miembros de la familia de Dios, iguales en Cristo. La condición social de un cristiano, como miembro de la familia de Dios, va más allá de todas las demás distinciones entre los creyentes. ¿Usted menosprecia a algún cristiano? Recuerde, ellos son sus iguales delante de Cristo (Gálatas 3.28). La forma en que usted trata a sus hermanos y hermanas en la familia cristiana refleja su verdadero compromiso cristiano.

17-19 Pablo amaba en forma genuina a Onésimo. Pablo demostró su amor al servir de garantía personal por el pago de cualquier cosa robada o por cualquier daño causado que convirtiera a Onésimo en culpable. La inversión de Pablo en la vida de este nuevo creyente ciertamente animó y fortaleció la fe de Onésimo. ¿Hay nuevos creyentes que necesitan de su parte esta demostración que encierra el autosacrificio? Dé gracias cuando se presente la oportunidad de invertir en la vida de otros, al ayudarles en el estudio de la Biblia, las oraciones, el ánimo, el sostén económico y al brindarles su amistad.

19 Cuando Pablo dice «tú mismo te me debes también», le recuerda a Filemón que él lo había guiado a Cristo. Al ser Pablo el padre espiritual de Filemón, esperaba que este sintiera una deuda de gratitud que estaría dispuesto a pagar al aceptar a Onésimo con un espíritu perdonador.

22 Pablo dejó la prisión poco tiempo después de que esta carta fuera escrita, pero la Biblia no nos dice si llegó a regresar a Colosas.

23 Epafras era muy conocido entre los colosenses, ya que él había fundado la iglesia allí (Colosenses 1.7). Era como un héroe para esta iglesia, luchó para que se mantuviera unida a pesar de la persecución creciente y las dificultades con las falsas doctrinas. La información acerca de los problemas que afrontaban los hermanos de Colosas motivó a Pablo a escribir su epístola a los Colosenses. Las oraciones fervorosas de Epafras por los cristianos en Colosas muestra su amor profundo por ellos (Colosenses 4.12, 13). Probablemente, se hallaba en prisión con Pablo por predicar el evangelio.

24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas también son mencionados en Colosenses 4.10, 14. Marcos había acompañado a Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero (Hechos 12.25ss). Juan Marcos también escribió el Evangelio de Marcos. Lucas acompañó a Pablo en su tercer viaje misionero y fue el escritor del Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos. Demas fue fiel a Pablo por un tiempo pero luego desertó (véase 2 Timoteo 4.10).

25 Pablo anima a Filemón para que se reconcilie con su esclavo, recibiéndolo como a un hermano y miembro de la familia de Dios. Reconciliación significa restaurar relaciones. Cristo nos reconcilió con Dios y con otros. Hay muchas barreras levantadas entre la gente: raza, nivel social, sexo, diferencias de personalidad; pero Cristo puede derribar dichas barreras. Jesucristo cambió la relación de Onésimo con Filemón, de esclavo a hermano. Solo en Cristo nuestras relaciones irremediables pueden ser transformadas en una amistad profunda. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Jeremías 33,34,35, 

Restauración de la prosperidad de Jerusalén

33

1Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. 4Porque así ha dicho Jehová Dios de Israel acerca de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas con arietes y con hachas 5(porque vinieron para pelear contra los caldeos, para llenarlas de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo con mi furor y con mi ira, pues escondí mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad): 6He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. 7Y haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio. 8Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron. 9Y me será a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las naciones de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré.

10Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que están asoladas, sin hombre y sin morador y sin animal, 11ha de oírse aún voz de gozo y de alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que traigan ofrendas de acción de gracias a la casa de Jehová. Porque volveré a traer los cautivos de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.

12Así dice Jehová de los ejércitos: En este lugar desierto, sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aún habrá cabañas de pastores que hagan pastar sus ganados. 13En las ciudades de las montañas, en las ciudades de la Sefela, en las ciudades del Neguev, en la tierra de Benjamín, y alrededor de Jerusalén y en las ciudades de Judá, aún pasarán ganados por las manos del que los cuente, ha dicho Jehová.

14He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. 15En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. 16En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra.

17Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. 18Ni a los sacerdotes y levitas faltará varón que delante de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda, y que haga sacrificio todos los días.

19Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 20Así ha dicho Jehová: Si pudiereis invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, 21podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas y sacerdotes, mis ministros. 22Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la arena del mar se puede medir, así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y los levitas que me sirven.

23Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 24¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que Jehová escogiera ha desechado? Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación. 25Así ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, 26también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.

 Jeremías amonesta a Sedequías

34

1Palabra de Jehová que vino a Jeremías cuando Nabucodonosor rey de Babilonia y todo su ejército, y todos los reinos de la tierra bajo el señorío de su mano, y todos los pueblos, peleaban contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, la cual dijo: 2Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Ve y habla a Sedequías rey de Judá, y dile: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entregaré esta ciudad al rey de Babilonia, y la quemará con fuego; 3y no escaparás tú de su mano, sino que ciertamente serás apresado, y en su mano serás entregado; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y en Babilonia entrarás. 4Con todo eso, oye palabra de Jehová, Sedequías rey de Judá: Así ha dicho Jehová acerca de ti: No morirás a espada. 5En paz morirás, y así como quemaron especias por tus padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, las quemarán por ti, y te endecharán, diciendo, ¡Ay, señor! Porque yo he hablado la palabra, dice Jehová.

6Y habló el profeta Jeremías a Sedequías rey de Judá todas estas palabras en Jerusalén. 7Y el ejército del rey de Babilonia peleaba contra Jerusalén, y contra todas las ciudades de Judá que habían quedado, contra Laquis y contra Azeca; porque de las ciudades fortificadas de Judá éstas habían quedado.

 Violación del pacto de libertar a los siervos hebreos

8Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que Sedequías hizo pacto con todo el pueblo en Jerusalén para promulgarles libertad; 9que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo y hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos. 10Y cuando oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que había convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que ninguno los usase más como siervos, obedecieron, y los dejaron. 11Pero después se arrepintieron, e hicieron volver a los siervos y a las siervas que habían dejado libres, y los sujetaron como siervos y siervas. 12Vino, pues, palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 13Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre, diciendo: 14Al cabo de siete años dejará cada uno a su hermano hebreo que le fuere vendido; le servirá seis años, y lo enviará libre; pero vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído. 15Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo; y habíais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la cual es invocado mi nombre. 16Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis vuelto a tomar cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado para que os sean siervos y siervas. 17Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído para promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero; he aquí que yo promulgo libertad, dice Jehová, a la espada y a la pestilencia y al hambre; y os pondré por afrenta ante todos los reinos de la tierra. 18Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia, dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas; 19a los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén, a los oficiales y a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro, 20los entregaré en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su vida; y sus cuerpos muertos serán comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra. 21Y a Sedequías rey de Judá y a sus príncipes los entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se ha ido de vosotros. 22He aquí, mandaré yo, dice Jehová, y los haré volver a esta ciudad, y pelearán contra ella y la tomarán, y la quemarán con fuego; y reduciré a soledad las ciudades de Judá, hasta no quedar morador.

 Obediencia de los recabitas

35

1Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: 2Ve a casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a beber vino. 3Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la familia de los recabitas; 4y los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba junto al aposento de los príncipes, que estaba sobre el aposento de Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta. 5Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino. 6Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos; 7ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros habitáis. 8Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas; 9y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera. 10Moramos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre. 11Sucedió, no obstante, que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió a la tierra, dijimos: Venid, y ocultémonos en Jerusalén, de la presencia del ejército de los caldeos y de la presencia del ejército de los de Siria; y en Jerusalén nos quedamos.

12Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 13Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los varones de Judá, y a los moradores de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? dice Jehová. 14Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído. 15Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis. 16Ciertamente los hijos de Jonadab hijo de Recab tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre; pero este pueblo no me ha obedecido. 17Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalén todo el mal que contra ellos he hablado; porque les hablé, y no oyeron; los llamé, y no han respondido.

18Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; 19por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab un varón que esté en mi presencia todos los días.


LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Tito 3

Justificados por gracia

3

1Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. 2Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. 3Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. 4Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

8Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. 9Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. 10Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, 11sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.

 Instrucciones personales

12Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno. 13A Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con solicitud, de modo que nada les falte. 14Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto.

 Salutaciones y bendición final

15Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe.La gracia sea con todos vosotros. Amén. Rv.



COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Jeremías 33,34,35,   
Capítulo 33


33.1ss Dios restauraría Jerusalén, no porque el pueblo clamara, sino porque era parte de su plan final. El desastre de Babilonia no cambió los propósitos que Dios tenía para su pueblo. Si bien destruirían a Jerusalén, sería restaurada (después de los setenta años de cautiverio y al final de los tiempos cuando el Mesías venga a gobernar). A la justicia de Dios siempre la acompaña su misericordia.
33.15,16 Estos versículos se refieren tanto a la primera venida como a la segunda venida de Cristo. En su primera venida establecería su Reino en los corazones de los creyentes. En la segunda ejecutará justicia y rectitud en toda la tierra. Cristo es «el Renuevo de justicia» que brotará de David, el hombre conforme al corazón de Dios.


33.18 Cuando Cristo cumpla con el rol de Rey, también cumplirá con el rol de Sacerdote, manteniendo una relación constante con Dios e intercediendo por su pueblo. Este versículo no quiere decir que los sacerdotes actuales vayan a realizar sacrificios, debido a que ya no serán necesarios (Hebreos 7.24, 25). Ahora que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, todos los creyentes somos sacerdotes de Dios y podemos ir a Él en forma personal.



Capítulo 34


34.1ss Este capítulo describe el cumplimiento de muchas de las predicciones de Jeremías. En el libro de Jeremías, muchas profecías se dieron y cumplieron rápidamente.
34.8, 9 Babilonia sitió a Jerusalén y la ciudad estaba a punto de caer. Sedequías decidió finalmente escuchar a Jeremías y trató de apaciguar a Dios, por lo tanto, liberó a los esclavos. Pensó que podía ganarse el favor de Dios con un acto bondadoso, pero lo que necesitaba era un cambio de corazón. El pueblo desobedeció las leyes de Dios desde el principio (Éxodo 21.2–11; Levítico 25.39–55; Deuteronomio 15.12–18). Cuando se levantó temporalmente el sitio, el pueblo se volvió descarado y siguió pecando (34.11–17; 37.5, 11).


34.15,16 A Israel le fue difícil mantener sus promesas a Dios. En el templo, le hacían promesas solemnemente, pero al regresar a sus casas y trabajos, no las cumplían. Dios expresó su gran desagrado. Si usted quiere agradarlo, asegúrese de cumplir sus promesas. Dios quiere promesas cumplidas no solo hechas de manera piadosa.
34.18–20 Partir un becerro en dos y caminar entre las dos mitades era una costumbre para ratificar un pacto (Génesis 15.9, 10). Esta acción simbolizaba el juicio sobre cualquiera que quebrantara el pacto. Dios decía: «Han roto el pacto que han hecho conmigo, ¡así que ya saben el juicio que les espera!»
Capítulo 35
35.1ss El código de conducta de los recabitas se parecía al de los nazareos, quienes hacían votos especiales de dedicación a Dios (Números 6). Durante doscientos años, obedecieron el voto de sus antepasados de abstenerse del vino. Mientras que el resto de la nación quebrantaba su pacto con Dios, esta gente permanecía leal a su compromiso. Dios quería que los demás se mantuvieran firmes en el compromiso que hicieron con Él, así como los recabitas se mantuvieron firmes con su voto. Dios le dijo a Jeremías que tentara a los recabitas con vino para mostrar su entrega y consagración. Dios sabía que no romperían su voto.
35.6 Jonadab, hijo de Recab, se unió a Jehú en la erradicación de la adoración de Baal en el reino del norte (2 Reyes 10.15–28).
35.13–17 Existe un contraste vívido entre los recabitas y los demás israelitas: (1) Los recabitas mantuvieron los votos hechos a un líder humano falible. Israel quebrantó su pacto con el Líder divino infalible. (2) Jonadab dijo a su familia en una ocasión que no bebieran y ellos obedecieron. Dios ordenó constantemente a Israel que se volviera de su pecado y ellos se negaron a hacerlo. (3) Los recabitas obedecieron leyes relacionadas con asuntos temporales. Israel se negó a obedecer las leyes de Dios relacionadas con asuntos eternos. (4) Los recabitas obedecieron durante cientos de años. Israel desobedeció durante cientos de años. (5) Los recabitas serían recompensados. Israel sería castigado. A menudo estamos dispuestos a observar costumbres solo en nombre de la tradición, cuánto más debemos obedecer a la Palabra de Dios ya que es eterna.

COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Tito 3
Capítulo 3
3.1, 2 Como cristianos, nuestra primera fidelidad es a Jesús como Señor, pero también debemos obedecer a nuestros gobernantes y líderes. Los cristianos no están sobre la ley, obedecer la ley civil es sólo el comienzo de nuestra responsabilidad cristiana; debemos hacer lo que podamos para ser buenos ciudadanos. En una democracia esto significa participación y voluntad de servicio. (Véanse Hechos 5.29 y Romanos 13.1ss para más sobre la actitud cristiana hacia el gobierno.)
3.3 Seguir una vida de placer y ceder ante cada deseo sensual nos lleva a la esclavitud. Muchos piensan que la libertad consiste en hacer todo lo que deseen. Pero este camino lleva a la adicción servil de gratificación sensual. La persona deja de ser libre si se deja dominar de lo que su cuerpo le pide (2 Pedro 2.19). Cristo nos libera de los deseos y del control del pecado. ¿Ha sido usted liberado?
3.3–8 Pablo resume lo que Cristo hace cuando nos salva. Nos trasladamos de una vida llena de pecado a una que es guiada por el Espíritu Santo. Fuimos lavados de todos nuestros pecados, no sólo de algunos. Lavamiento se refiere a las aguas del bautismo, lo cual es señal de salvación. Al hacerse cristiano, el creyente reconoce a Cristo como el Señor y su obra de salvación. Ganamos la vida eterna con todos sus tesoros. Tenemos la renovación del Espíritu Santo y Él continuamente renueva nuestros corazones. Nada de esto tiene lugar por haberlo ganado o merecido, todo es un regalo de Dios.
3.4-6 Las tres personas de la Trinidad se mencionan en este versículo porque participan en la obra de salvación. Basándose en la obra de redención de su Hijo, el Padre perdona y envía al Espíritu Santo para limpiar y renovarnos continuamente.
3.9 Pablo advierte a Tito, tal como lo hizo con Timoteo, que no se involucre en argumentos necios y sin provecho con preguntas (2 Timoteo 2.14). Esto no significa que debamos rehusar estudiar, discutir y examinar diferentes interpretaciones de pasajes bíblicos que tienen cierta dificultad. Pablo advierte en contra de cuestionamientos sin importancia y no en contra de discusiones honestas que no conducen a la sabiduría. Cuando se desarrollan argumentos necios, lo mejor es reencaminar la discusión en una dirección provechosa o amablemente excusarse para no participar en la polémica.
3.9 Los falsos maestros basaban sus herejías en genealogías y especulaciones acerca de la ley (véase 1 Timoteo 1.3, 4). Similar a los métodos usados por los falsos maestros en Éfeso y Colosas, ellos construían su caso en genealogías de ángeles. Debemos evitar a los falsos maestros, ni siquiera molestarnos a responder a sus posiciones pretenciosas. Reaccionar en exceso puede algunas veces darle más atención a sus puntos de vista.
3.9–11 Una persona debe ser amonestada cuando está causando división que amenaza la unidad de la iglesia. Esta amonestación no debiera ser una acción dura sino que debe tender a corregir la naturaleza divisiva del individuo y buscar su restauración a la comunión. Una persona que rechaza la corrección debería ser apartada de la comunión. Como dice Pablo: ese hombre es «condenado por su propio juicio», está pecando y lo sabe. (Véanse también Mateo 18.15–18 y 2 Tesalonicenses 3.14, 15 para tener una ayuda al enfrentar este tipo de problemas en la iglesia).
3.12 Nicópolis se hallaba en la costa oeste de Grecia. Artemas o Tíquico reemplazarían a Tito en su trabajo en la isla de Creta, para que él pudiera encontrarse con Pablo en Nicópolis. Tíquico era uno de los compañeros de confianza de Pablo (Hechos 20.4; Efesios 6.21; Colosenses 4.7). Tito tendría que salir lo antes posible porque el viaje por mar era peligroso en los meses de invierno.
3.13 Apolos era un predicador cristiano famoso. Un nativo de Alejandría en el Norte de África, llegó a ser cristiano en Éfeso y fue entrenado por Aquila y Priscila (Hechos 18.24–28; 1 Corintios 1.12).

3.15 Las cartas de Pablo a Tito y a Timoteo marcan el final de los escritos de Pablo y el final de su vida y ministerio. Estas cartas son verdaderos tesoros para nosotros hoy porque nos dan información vital para el liderazgo en la iglesia. Proveen un modelo sólido para los ancianos, pastores y para otros líderes cristianos a medida que ellos preparan líderes jóvenes para continuar su labor, siguiendo el ejemplo que Pablo dejó al preparar a Timoteo y Tito para que cumplan su ministerio. Estudie cuidadosamente los principios encontrados en estas cartas para tener una guía práctica del liderazgo de la iglesia y de cómo solucionar problemas. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960