Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 4 DE Julio. Job 29, 30

Job recuerda su felicidad anterior

29

1Volvió Job a reanudar su discurso, y dijo:

2 ¡Quién me volviese como en los meses pasados,

Como en los días en que Dios me guardaba,

3 Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara,

A cuya luz yo caminaba en la oscuridad;

4 Como fui en los días de mi juventud,

Cuando el favor de Dios velaba sobre mi tienda;

5 Cuando aún estaba conmigo el Omnipotente,

Y mis hijos alrededor de mí;

6 Cuando lavaba yo mis pasos con leche,

Y la piedra me derramaba ríos de aceite!

7 Cuando yo salía a la puerta a juicio,

Y en la plaza hacía preparar mi asiento,

8 Los jóvenes me veían, y se escondían;

Y los ancianos se levantaban, y estaban de pie.

9 Los príncipes detenían sus palabras;

Ponían la mano sobre su boca.

10 La voz de los principales se apagaba,

Y su lengua se pegaba a su paladar.

11 Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado,

Y los ojos que me veían me daban testimonio,

12 Porque yo libraba al pobre que clamaba,

Y al huérfano que carecía de ayudador.

13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí,

Y al corazón de la viuda yo daba alegría.

14 Me vestía de justicia, y ella me cubría;

Como manto y diadema era mi rectitud.

15 Yo era ojos al ciego,

Y pies al cojo.

16 A los menesterosos era padre,

Y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia;

17 Y quebrantaba los colmillos del inicuo,

Y de sus dientes hacía soltar la presa.

18 Decía yo: En mi nido moriré,

Y como arena multiplicaré mis días.

19 Mi raíz estaba abierta junto a las aguas,

Y en mis ramas permanecía el rocío.

20 Mi honra se renovaba en mí,

Y mi arco se fortalecía en mi mano.

21 Me oían, y esperaban,

Y callaban a mi consejo.

22 Tras mi palabra no replicaban,

Y mi razón destilaba sobre ellos.

23 Me esperaban como a la lluvia,

Y abrían su boca como a la lluvia tardía.

24 Si me reía con ellos, no lo creían;

Y no abatían la luz de mi rostro.

25 Calificaba yo el camino de ellos, y me sentaba entre ellos como el jefe;

Y moraba como rey en el ejército,

Como el que consuela a los que lloran.

 Job lamenta su desdicha actual

30

1 Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo,

A cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado.

2 ¿Y de qué me serviría ni aun la fuerza de sus manos?

No tienen fuerza alguna.

3 Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos;

Huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto.

4 Recogían malvas entre los arbustos,

Y raíces de enebro para calentarse.

5 Eran arrojados de entre las gentes,

Y todos les daban grita como tras el ladrón.

6 Habitaban en las barrancas de los arroyos,

En las cavernas de la tierra, y en las rocas.

7 Bramaban entre las matas,

Y se reunían debajo de los espinos.

8 Hijos de viles, y hombres sin nombre,

Más bajos que la misma tierra.

9 Y ahora yo soy objeto de su burla,

Y les sirvo de refrán.

10 Me abominan, se alejan de mí,

Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.

11 Porque Dios desató su cuerda, y me afligió,

Por eso se desenfrenaron delante de mi rostro.

12 A la mano derecha se levantó el populacho;

Empujaron mis pies,

Y prepararon contra mí caminos de perdición.

13 Mi senda desbarataron,

Se aprovecharon de mi quebrantamiento,

Y contra ellos no hubo ayudador.

14 Vinieron como por portillo ancho,

Se revolvieron sobre mi calamidad.

15 Se han revuelto turbaciones sobre mí;

Combatieron como viento mi honor,

Y mi prosperidad pasó como nube.

16 Y ahora mi alma está derramada en mí;

Días de aflicción se apoderan de mí.

17 La noche taladra mis huesos,

Y los dolores que me roen no reposan.

18 La violencia deforma mi vestidura; me ciñe como el cuello de mi túnica.

19 El me derribó en el lodo,

Y soy semejante al polvo y a la ceniza.

20 Clamo a ti, y no me oyes;

Me presento, y no me atiendes.

21 Te has vuelto cruel para mí;

Con el poder de tu mano me persigues.

22 Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él,

Y disolviste mi sustancia.

23 Porque yo sé que me conduces a la muerte,

Y a la casa determinada a todo viviente.

24 Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro;

¿Clamarán los sepultados cuando él los quebrantare?

25 ¿No lloré yo al afligido?

Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso?

26 Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal;

Y cuando esperaba luz, vino la oscuridad.

27 Mis entrañas se agitan, y no reposan;

Días de aflicción me han sobrecogido.

28 Ando ennegrecido, y no por el sol;

Me he levantado en la congregación, y clamado.

29 He venido a ser hermano de chacales,

Y compañero de avestruces.

30 Mi piel se ha ennegrecido y se me cae,

Y mis huesos arden de calor.

31 Se ha cambiado mi arpa en luto,

Y mi flauta en voz de lamentadores.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 4 DE Julio. Hechos 12

Jacobo, muerto; Pedro, encarcelado

12

1En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. 2Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 3Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. 4Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. 5Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.

 Pedro es librado de la cárcel

6Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. 9Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. 10Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. 11Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.

12Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. 13Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, 14la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. 15Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! 16Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. 17Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar.

18Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro. 19Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí.

Muerte de Herodes

20Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey. 21Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. 22Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! 23Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.

24Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.

25Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos. Amen. Rv 1960.


COMENTARIO A.T.

29.1–31.40 Al concluir su defensa, Job repite que sus sufrimientos no se deben a que haya pecado, sino a una razón más profunda, que solamente Dios conoce. Job recuerda su anterior prosperidad (29.1–10); declara que ésta era una consecuencia directa de su vida piadosa y benevolente (29.11–17); su esperanza era que esta prosperidad durara hasta su muerte (29.18–25). Job dirige su atención hacia el desdén de que ahora es objeto por parte de la gente, en contraste con los grandes honores que antes se le tributaban (30.1–15). Reconoce su miserable estado presente y considera que todas sus esperanzas se han perdido.

Manteniendo su voto de inocencia, Job declara que no se ha entregado a la concupiscencia (31.1–4) y que ha actuado siempre con justicia y benevolencia hacia todas las personas (31.5–23). Job cierra su discurso diciendo de nuevo que no es culpable de hipocresía, tanto en sus palabras como en lo íntimo de su corazón (31.24–40). Este es su más firme voto de inocencia. Ahora, más ecuánime, busca las respuestas en Dios.


COMENTARIO N.T.


Capítulo 12


12.1 Este rey fue Herodes Agripa I, hijo de Aristóbulo y nieto de Herodes el Grande. Su hermana fue Herodías, la responsable de la muerte de Juan el Bautista (véase Marcos 6.17–28). Herodes Agripa I era en parte judío. Los romanos lo eligieron para que gobernara gran parte de Palestina, incluyendo los territorios de Galilea, Perea, Judea y Samaria. Se puso en contra de los cristianos a fin de complacer a los líderes judíos, los que se oponían a ellos, esperando que esto afianzara su posición. Agripa I murió de repente en 44 d.C. (véase 12.20–23). Su muerte también la recuerda el historiador Josefo.


12.2 Jacobo y Juan fueron dos de los doce discípulos originales que siguieron a Jesús. Le pidieron a Jesús que en su reino los reconociera en forma especial (Marcos 10.35–40). Jesús les dijo que el reconocimiento en su Reino a menudo significaba sufrimiento para la persona (beber de la misma copa; Marcos 10.38, 39). Jacobo y Juan sufrieron realmente, Herodes ejecutó a Jacobo y Juan más tarde fue al exilio (véase Apocalipsis 1.9).


12.2–12 ¿Por qué Dios permitió que Jacobo muriera y salvó milagrosamente a Pedro? La vida está llena de preguntas difíciles como esta. ¿Por qué un niño tiene impedimentos físicos mientras otro es atléticamente dotado? ¿Por qué la gente muere antes de usar su potencial? Estas son preguntas que quizás no podamos responder en esta vida porque no vemos todo lo que Dios ve. Él ha decidido permitir el mal en este mundo por un tiempo, pero confiemos en su dirección porque ha prometido que un día destruirá todo el mal. Mientras tanto, sabemos que Dios va a ayudarnos a usar el sufrimiento de una manera que nos fortalezca y le glorifique. Si desea más información acerca de esta pregunta, véanse las notas a Job 1.1ss; 2.10; 3.23–26.


12.3 Durante la Fiesta de los Panes sin Levadura, la fiesta de una semana que seguía a la Pascua, arrestaron a Pedro. Este fue un movimiento estratégico porque había más judíos en la ciudad que lo usual y Herodes podía impresionar a más personas.


12.5 El plan de Herodes era ejecutar a Pedro, pero los creyentes oraron por la seguridad de Pedro. La oración fervorosa de la iglesia influyó significativamente en el éxito de estos acontecimientos. La oración cambia actitudes y sucesos. De manera que ore a menudo y hágalo con confianza.


12.7 Dios envió a un ángel para que rescatara a Pedro. Los ángeles son mensajeros de Dios. Son seres divinos creados con poderes sobrenaturales y algunas veces toman apariencia humana de manera que puedan hablarle a la gente. Los ángeles no deben adorarse porque no son divinos. Al igual que nosotros, son siervos de Dios.


12.12 Juan Marcos escribió el Evangelio de Marcos. La casa de su mamá era lo bastante amplia como para acomodar a muchos creyentes. Y una habitación superior en esta casa quizás fue la que usó Jesús en la Última Cena con sus discípulos (Lucas 22.8ss).


12.13-15 Dios respondió las oraciones del pequeño grupo de creyentes mientras aún oraban. Pero cuando la respuesta llegó a la puerta, no la creyeron. Nosotros debemos ser gente de fe y creer que Dios responde las oraciones de los que buscan su voluntad. Cuando usted ora, crea que va a recibir una respuesta, y cuando la respuesta venga, no se sorprenda, sea agradecido.


12.17 Este Jacobo era hermano de Jesús, el que llegó a ser líder en la iglesia de Jerusalén (15.13; Gálatas 1.19). El Jacobo que mataron (12.2) era el hermano de Juan, uno de los doce discípulos originales.


12.19 Bajo la ley romana, si los guardas permitían la huida de un prisionero, los sometían al mismo castigo del prisionero. A estos dieciséis guardas los sentenciaron a muerte.


12.19 Los judíos consideraban a Jerusalén como su capital, pero los romanos eligieron a Cesárea como su centro de operaciones en Palestina. Es aquí donde vivió Herodes Agripa I.


12.20 Las ciudades costeras de Tiro y Sidón eran independientes y se autogobernaban, pero económicamente dependían de Judea (para su localización véase el mapa en la introducción a Hechos). No sabemos por qué Herodes discutió con ellos, pero ahora delegados de esas ciudades trataban de apaciguarlo a través de sus servidores personales.


12.23 Herodes tuvo una muerte horrible, con intenso dolor; literalmente lo comieron vivo, desde adentro hacia afuera, por gusanos. El orgullo es un pecado muy serio y, en este caso, Dios decidió castigarlo de inmediato. Dios no siempre juzga así todo pecado, pero juzgará a todos (Hebreos 9.27). Acepte hoy el ofrecimiento de perdón de Cristo. Nadie tiene que esperar.


12.25 Juan Marcos era sobrino de Bernabé (Colosenses 4.10). María su madre, a menudo recibía en su hogar a los apóstoles (12.12), de modo que Juan Marcos quizás estaba en contacto con la mayoría de los grandes hombres y enseñanzas de la iglesia primitiva. Posteriormente se une a Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero, pero por razones desconocidas, los abandonó en medio del viaje. Juan Marcos recibió críticas por abandonar la misión (15.37–39), pero escribió el Evangelio de Marcos y más tarde Pablo lo reclamó como ayuda vital en el crecimiento de la iglesia primitiva (2 Timoteo 4.11). Comentarios de la Biblia del diario vivir.