Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 16 DE Junio. Nehemías 1, 2, 3

NEHEMÍAS

 Oración de Nehemías sobre Jerusalén

1

1Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

4Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. 5Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; 6esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. 8Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; 9pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.

 Artajerjes envía a Nehemías a Jerusalén

2

1Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, 2me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. 3Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? 4Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, 5y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. 6Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. 7Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; 8y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.

9Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. 10Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.

 Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros

11Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, 12me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. 13Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. 16Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.

17Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 18Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. 19Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? 20Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.

Reparto del trabajo de reedificación

3

1Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel. 2Junto a ella edificaron los varones de Jericó, y luego edificó Zacur hijo de Imri.

3Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. 4Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana. 5E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor. 6La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodías; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y cerrojos. 7Junto a ellos restauró Melatías gabaonita, y Jadón meronotita, varones de Gabaón y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador del otro lado del río. 8Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho. 9Junto a ellos restauró también Refaías hijo de Hur, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén. 10Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías. 11Malquías hijo de Harim y Hasub hijo de Pahat-moab restauraron otro tramo, y la torre de los Hornos. 12Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas.

13La puerta del Valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa; ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos del muro, hasta la puerta del Muladar. 14Reedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem; él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos. 15Salum hijo de Colhoze, gobernador de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente; él la reedificó, la enmaderó y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos, y el muro del estanque de Siloé hacia el huerto del rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad de David. 16Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, gobernador de la mitad de la región de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los Valientes. 17Tras él restauraron los levitas; Rehum hijo de Bani, y junto a él restauró Hasabías, gobernador de la mitad de la región de Keila, por su región. 18Después de él restauraron sus hermanos, Bavai hijo de Henadad, gobernador de la mitad de la región de Keila. 19Junto a él restauró Ezer hijo de Jesúa, gobernador de Mizpa, otro tramo frente a la subida de la armería de la esquina. 20Después de él Baruc hijo de Zabai con todo fervor restauró otro tramo, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib sumo sacerdote. 21Tras él restauró Meremot hijo de Urías hijo de Cos otro tramo, desde la entrada de la casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib. 22Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la llanura. 23Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa; y después de éstos restauró Azarías hijo de Maasías, hijo de Ananías, cerca de su casa. 24Después de él restauró Binúi hijo de Henadad otro tramo, desde la casa de Azarías hasta el ángulo entrante del muro, y hasta la esquina. 25Palal hijo de Uzai, enfrente de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel. Después de él, Pedaías hijo de Faros. 26Y los sirvientes del templo que habitaban en Ofel restauraron hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía. 27Después de ellos restauraron los tecoítas otro tramo, enfrente de la gran torre que sobresale, hasta el muro de Ofel.

28Desde la puerta de los Caballos restauraron los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa. 29Después de ellos restauró Sadoc hijo de Imer, enfrente de su casa; y después de él restauró Semaías hijo de Secanías, guarda de la puerta Oriental. 30Tras él, Hananías hijo de Selemías y Hanún hijo sexto de Salaf restauraron otro tramo. Después de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, enfrente de su cámara. 31Después de él restauró Malquías hijo del platero, hasta la casa de los sirvientes del templo y de los comerciantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina. 32Y entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los comerciantes. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 16 DE Junio, Hechos 2: 1 - 13

La venida del Espíritu Santo

2

1Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

5Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO A.T.

1.1 Nehemías no fue el primer cautivo que regresó a Jerusalén. Zorobabel había guiado al primer grupo de regreso en 538 a.C., más de noventa años antes (Esdras 1, 2). Esdras siguió con un segundo grupo en 458 a.C. (Esdras 7), y Nehemías estaba listo para guiar al tercer y más grande grupo de regreso a Jerusalén (445 a.C). Cuando llegó después de un viaje de tres meses, vio el templo terminado y conoció a otros que habían regresado a su tierra natal. Pero Nehemías encontró también un grupo desorganizado de personas y una ciudad indefensa que no tenía muros que la protegieran. Antes del cautiverio, Israel tenía su propio idioma, su propio rey, su ejército, su identidad. Ya no tenía nada de eso. Lo que más falta les hacía era tener un líder; Y no había quién les enseñara por dónde comenzar ni qué dirección tomar cuando intentaron reconstruir la ciudad. Nehemías, comenzó un programa elemental. Ayudó a satisfacer las necesidades físicas del pueblo al establecer un sistema de gobierno justo y al reconstruir los muros de Jerusalén. También se preocupó por las necesidades espirituales al reconstruir las vidas destruidas. Nehemías es un modelo de liderazgo comprometido que honra a Dios, y el libro de Nehemias contiene muchas lecciones valiosas para nuestros días.

2.7,8 Después de su oración, Nehemías pidió permiso al rey para ir a Judá. Tan pronto obtuvo una respuesta positiva, comenzó por pedir una ayuda adicional. Algunas veces, cuando tenemos necesidades hay que pedir ayuda a las personas adecuadas. ¡Este no era el caso de Nehemías! Fue directamente a la persona que más lo podía ayudar, que es Dios. No tema preguntar a los que pueden ayudarlo más. Quizá estén más interesados y más accesibles de lo que usted piensa. Las respuestas de Dios a la oración pueden llegar cuando pedimos por otros.  Nehemías tenía condiciones, poder y muchas habilidades excelentes para la organización, pero reconoció que la mano misericordiosa de Dios estaba sobre él. Sabía que sin la fortaleza de Dios sus esfuerzos serían en vano. ¿Reconoce usted a Dios como su fuente de poder y el dador de sus dones?

3.1ss Todos los ciudadanos de Jerusalén hicieron su parte en la enorme obra de reconstrucción del muro de la ciudad. De manera similar, el trabajo de la iglesia requiere del esfuerzo de cada miembro para que el cuerpo de Cristo funcione con eficacia (1 Corintios 12.12–27). ¡El cuerpo lo necesita! ¿Está usted haciendo su parte? Busque un lugar para servir a Dios y comience a contribuir con cualquier cosa que se requiera (tiempo, talento, dinero, etc.).

Jerusalén era una ciudad grande, y debido a que muchos caminos convergían allí, se requerían muchas puertas. Los muros que estaban a cada lado de estas pesadas puertas de madera eran más altos y más gruesos para que los soldados pudieran hacer guardia y defenderlas en contra de cualquier ataque. Algunas veces, había dos torres de piedra para vigilar una puerta. En tiempos de paz, las puertas de la ciudad eran centro de actividad: el consejo de la ciudad se llevaba a cabo ahí, y los vendedores colocaban sus mercancías a lo largo de la entrada. Construir los muros de la ciudad y sus puertas no solo era una prioridad militar, sino además un refuerzo para el comercio.

COMENTARIO DEL N.T.

2.3, 4 Este fue el cumplimiento de las palabras de Juan el Bautista acerca del bautismo del Espíritu Santo con fuego (Lucas 3.16) y también el cumplimiento de Joel 2.28, 29 acerca del derramamiento del Espíritu Santo.

¿Por qué lenguas de fuego? Las lenguas simbolizan el mensaje y la comunicación del evangelio. El fuego denota la presencia purificadora de Dios, que consume los elementos indeseables de nuestras vidas, encendiendo en nuestros corazones la llama que inflame la vida de otros. En el monte Sinaí Dios confirmó la validez de las leyes del Antiguo Testamento con fuego del cielo (Éxodo 19.16–18). En el Pentecostés Dios confirmó la validez del ministerio del Espíritu Santo enviando fuego. En el Sinaí el fuego descendió en un solo lugar; en el Pentecostés el fuego vino sobre muchos creyentes, simbolizando que la presencia de Dios está al alcance de todos los que creen en Él.

2.3, 4 Dios manifestó su presencia de una forma espectacular: viento recio, fuego y el Espíritu Santo. ¿Le gustaría que Dios se le revelara mediante formas conocidas? Él podría, pero sea cauto procurando no forzar sus expectativas en Dios. En 1 Reyes 19.11, 12 Elías también necesitó un mensaje de Dios. Hubo un fuerte viento, luego un terremoto y por último fuego. Pero el mensaje de Dios vino en un silbo apacible. Dios podría usar métodos dramáticos para obrar en su vida o podría hablar a través de un silbo apacible. Espere con paciencia y escuche siempre.

2.3, 4 Dios manifestó su presencia de una forma espectacular: viento recio, fuego y el Espíritu Santo. ¿Le gustaría que Dios se le revelara mediante formas conocidas? Él podría, pero sea cauto procurando no forzar sus expectativas en Dios. En 1 Reyes 19.11, 12 Elías también necesitó un mensaje de Dios. Hubo un fuerte viento, luego un terremoto y por último fuego. Pero el mensaje de Dios vino en un silbo apacible. Dios podría usar métodos dramáticos para obrar en su vida o podría hablar a través de un silbo apacible. Espere con paciencia y escuche siempre. Comentario del diario vivir. Rv 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 15 DE Junio. Esdras 9, 10

Oración de confesión de Esdras

9

1Acabadas estas cosas, los príncipes vinieron a mí, diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones. 2Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado. 3Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. 4Y se me juntaron todos los que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde. 5Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios, 6y dije:

Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo. 7Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día. 8Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre. 9Porque siervos somos; mas en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén.

10Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos, 11que prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro extremo con su inmundicia. 12Ahora, pues, no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis jamás su paz ni su prosperidad; para que seáis fuertes y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre. 13Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este, 14¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape? 15Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto.

 Expulsión de las mujeres extranjeras

10

1Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente. 2Entonces respondió Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Esdras: Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra; mas a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel. 3Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que despediremos a todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios; y hágase conforme a la ley. 4Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo; esfuérzate, y pon mano a la obra. 5Entonces se levantó Esdras y juramentó a los príncipes de los sacerdotes y de los levitas, y a todo Israel, que harían conforme a esto; y ellos juraron.

6Se levantó luego Esdras de delante de la casa de Dios, y se fue a la cámara de Johanán hijo de Eliasib; e ido allá, no comió pan ni bebió agua, porque se entristeció a causa del pecado de los del cautiverio. 7E hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén que todos los hijos del cautiverio se reuniesen en Jerusalén; 8y que el que no viniera dentro de tres días, conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, perdiese toda su hacienda, y el tal fuese excluido de la congregación de los del cautiverio.

9Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los tres días, a los veinte días del mes, que era el mes noveno; y se sentó todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel asunto, y a causa de la lluvia. 10Y se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, añadiendo así sobre el pecado de Israel. 11Ahora, pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras. 12Y respondió toda la asamblea, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme a tu palabra. 13Pero el pueblo es mucho, y el tiempo lluvioso, y no podemos estar en la calle; ni la obra es de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos pecado en esto. 14Sean nuestros príncipes los que se queden en lugar de toda la congregación, y todos aquellos que en nuestras ciudades hayan tomado mujeres extranjeras, vengan en tiempos determinados, y con ellos los ancianos de cada ciudad, y los jueces de ellas, hasta que apartemos de nosotros el ardor de la ira de nuestro Dios sobre esto. 15Solamente Jonatán hijo de Asael y Jahazías hijo de Ticva se opusieron a esto, y los levitas Mesulam y Sabetai les ayudaron.

16Así hicieron los hijos del cautiverio. Y fueron apartados el sacerdote Esdras, y ciertos varones jefes de casas paternas según sus casas paternas; todos ellos por sus nombres se sentaron el primer día del mes décimo para inquirir sobre el asunto. 17Y terminaron el juicio de todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras, el primer día del mes primero.

18De los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras, fueron hallados estos: De los hijos de Jesúa hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Gedalías. 19Y dieron su mano en promesa de que despedirían sus mujeres, y ofrecieron como ofrenda por su pecado un carnero de los rebaños por su delito. 20De los hijos de Imer: Hanani y Zebadías. 21De los hijos de Harim: Maasías, Elías, Semaías, Jehiel y Uzías. 22De los hijos de Pasur: Elioenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa.

23De los hijos de los levitas: Jozabad, Simei, Kelaía (éste es Kelita), Petaías, Judá y Eliezer. 24De los cantores: Eliasib; y de los porteros: Salum, Telem y Uri.

25Asimismo de Israel: De los hijos de Paros: Ramía, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaía. 26De los hijos de Elam: Matanías, Zacarías, Jehiel, Abdi, Jeremot y Elías. 27De los hijos de Zatu: Elioenai, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza. 28De los hijos de Bebai: Johanán, Hananías, Zabai y Atlai. 29De los hijos de Bani: Mesulam, Maluc, Adaía, Jasub, Seal y Ramot. 30De los hijos de Pahat-moab: Adna, Quelal, Benaía, Maasías, Matanías, Bezaleel, Binúi y Manasés. 31De los hijos de Harim: Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, 32Benjamín, Maluc y Semarías. 33De los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés y Simei. 34De los hijos de Bani: Madai, Amram, Uel, 35Benaía, Bedías, Quelúhi, 36Vanías, Meremot, Eliasib, 37Matanías, Matenai, Jaasai, 38Bani, Binúi, Simei, 39Selemías, Natán, Adaía, 40Macnadebai, Sasai, Sarai, 41Azareel, Selemías, Semarías, 42Salum, Amarías y José. 43Y de los hijos de Nebo: Jeiel, Matatías, Zabad, Zebina, Jadau, Joel y Benaía. 44Todos estos habían tomado mujeres extranjeras; y había mujeres de ellos que habían dado a luz hijos. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 15 DE Junio, Hechos 1

HECHOS

 La promesa del Espíritu Santo

1

1En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. 4Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

 La ascensión

6Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

 Elección del sucesor de Judas

12Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.* 13Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

15En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos(y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: 16Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, 17y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. 18Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. 19Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. 20Porque está escrito en el libro de los Salmos:

Sea hecha desierta su habitación,

Y no haya quien more en ella;

y:

Tome otro su oficio.

 21Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, 22comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. 23Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. 26Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO ANTIGUO TESTAMENTO.


Esdras 9

9.1, 2 Desde el tiempo de los jueces, los varones israelitas se habían casado con mujeres paganas, adoptando sus prácticas religiosas (Jdg 3:5-7). Aun Salomón, el gran rey de Israel, cayó en este pecado (1Ki 11:1-8). A pesar de que esta práctica estaba prohibida por la Ley de Dios (Exo 34:11-16; Deu 7:1-4), se repitió en los días de Esdras y una vez más sólo una generación después de él (Neh 13:23-27). La oposición a los matrimonios mixtos no era un prejuicio racial, ya que los judíos y los no judíos de esta área tenían el mismo trasfondo semítico. Las razones eran estrictamente espirituales. El que se casara con un pagano se veía inclinado a adoptar las creencias y prácticas paganas de esa persona. Si los israelitas fueron tan insensibles para desobedecer a Dios en algo tan importante como el matrimonio, no podían ser lo suficientemente fuertes para permanecer firmes ante la idolatría de sus cónyuges. Hasta que los israelitas finalmente abandonaron esta práctica, la idolatría continuó siendo un problema constante. 

9.2 Algunos israelitas se habían casado con cónyuges paganos y habían perdido la visión del propósito que Dios tenía para ellos. El Nuevo Testamento dice a los creyentes "no os unáis en yugo desigual con los incrédulos" (2Co 6:14). Tales matrimonios no pueden tener unidad en el asunto más importante de la vida: el compromiso y la obediencia a Dios. Debido a que el matrimonio consiste en la unión de dos personas en una sola, la fe puede llegar a ser un asunto crucial, y un cónyuge probablemente tendrá que comprometer sus creencias para el bienestar de la unidad. Mucha gente no presta atención a este problema, sólo para lamentarse después. No permita que la emoción o la pasión lo cieguen ante la máxima importancia de casarse con alguien con quien no pueda estar unido espiritualmente. 

9.3-5 Rasgar las ropas o arrancar pelo de la cabeza o de la barba eran señal de autodegradación o humillación. Expresaban tristeza por el pecado. 9.5-15 Después de conocer los pecados de su pueblo, Esdras cayó de rodillas y oró. Su oración sincera nos proporciona una buena perspectiva sobre el pecado. Reconoció: (1) que el pecado era grave (9.6), (2) que nadie peca sin afectar a otros (9.7), (3) que él también había pecado, a pesar de que no tenía esposa pagana (9.10ss), (4) que el amor de Dios y su misericordia habían salvado a la nación cuando esta no había hecho nada para merecerlo (9.8, 9, 15). Es fácil ver el pecado ligeramente en un mundo que no le da mayor trascendencia; sin embargo, debemos ver al pecado con la misma seriedad con que lo vio Esdras. 

9.5-15 La oración de Esdras confesó los pecados de su pueblo. Aunque él no había pecado en la forma que lo había hecho su pueblo, se identificó con sus pecados. Con llanto expresó su vergüenza por el pecado, temor por las consecuencias, y deseo de que el pueblo lo entendiera y se arrepintiera. Su oración conmovió al pueblo hasta las lágrimas (10.1). Esdras demostró la necesidad de una comunidad santa que rodeara al templo reconstruido. También necesitamos en nuestras iglesias locales una comunidad santa. Aun en medio de nuestros peores pecados, podemos volvernos a Dios con oraciones de arrepentimiento. 9.9 Construir murallas no era solo asunto de orgullo cívico o belleza arquitectónica. Era esencial para la seguridad contra ladrones y merodeadores (véase 9.7). Dios en su bondad les había dado nueva vida y protección. 9.15 Esdras reconoció que si Dios daba al pueblo la justicia que se merecía, no podrían mantenerse en pie delante de El. A menudo pedimos justicia cuando nos sentimos tratados injustamente y maltratados. En esos momentos nos olvidamos de la realidad de nuestro propio pecado y del justo juicio que merecemos. ¡Cuán afortunados somos de que Dios nos dé su misericordia y gracia y no solo su justicia! La próxima vez que le pida a Dios un trato justo, deténgase a pensar qué pasaría si Dios le da lo que merece en realidad. En lugar de eso, clame por misericordia.

9.5–15 Después de conocer los pecados de su pueblo, Esdras cayó de rodillas y oró. Su oración sincera nos proporciona una buena perspectiva sobre el pecado. Reconoció: Primero, que el pecado era grave (9.6), Segundo, que nadie peca sin afectar a otros (9.7), Tercero, que él también había pecado, a pesar que no tenía esposa pagana (9.10ss), Cuarto, que el amor de Dios y su misericordia habían salvado a la Nación cuando esta no había hecho nada para merecerlo (9: 8, 9, 15). Es fácil ver el pecado ligeramente en un mundo que no le da mayor trascendencia; sin embargo, debemos ver al pecado con la misma seriedad con que lo vio Esdras.

La oración de Esdras confesó los pecados de su pueblo. Aunque él no había pecado en la forma que lo había hecho su pueblo, se identificó con sus pecados. Con llanto expresó su vergüenza por el pecado, temor por las consecuencias, y deseo de que el pueblo lo entendiera y se arrepintiera. Su oración conmovió al pueblo hasta las lágrimas (10.1). Esdras demostró la necesidad de una comunidad santa que rodeara al templo reconstruido. También necesitamos en nuestras iglesias locales una comunidad santa. Aun en medio de nuestros peores pecados, podemos volvernos a Dios con oraciones de arrepentimiento.

Esdras reconoció que si Dios daba al pueblo la justicia que se merecía, no podrían mantenerse en pie delante de Él. A menudo pedimos justicia cuando nos sentimos tratados injustamente y maltratados. En esos momentos nos olvidamos de la realidad de nuestro propio pecado y del justo juicio que merecemos. ¡Cuán afortunados somos que Dios nos dé su misericordia y gracia y no solo su justicia! La próxima vez que le pida a Dios un trato justo, deténgase a pensar qué pasaría si Dios le da lo que merece en realidad. En lugar de eso, clame por misericordia. ¿Por qué se les ordenó a los hombres que despidieran a sus esposas e hijos? Aun cuando la medida era extrema, el matrimonio mixto con paganos estaba estrictamente prohibido (Deuteronomio 7: 3, 4) y aun los sacerdotes y levitas habían cometido este pecado. Esto puede compararse en la actualidad con un cristiano que se casa con alguien que adora al diablo. La medida drástica de Esdras, aunque fue muy difícil para muchos, era necesaria para preservar a Israel como nación comprometida con Dios. Algunos de los cautivos del reino del norte de Israel habían perdido tanto su identidad espiritual como física por medio del matrimonio mixto. Sus cónyuges paganos habían ocasionado que el pueblo cayera en la idolatría. Esdras no quería que esto sucediera a los cautivos del reino del sur de Judá.

Luego de la intensa oración de Esdras, el pueblo confesó su pecado ante Dios, y pidió dirección para restaurar su relación con Él. El verdadero arrepentimiento no termina con palabras de confesión (las cuales pueden ser no más que palabras), sino que además debe llevar a una conducta correcta y a un cambio de actitud. Cuando peque y esté plenamente arrepentido, confiéselo a Dios, pida su perdón y acepte su gracia y misericordia. Dices. Señor Jesucristo gracias por morir en la cruz por mí para reconciliarnos con Dios, hoy abro las puertas de mi corazón y te recibo como mi señor y salvador de mi Alma, Perdóname todos mis pecados y escribe mi nombre en el libro de la vida y haz de mi la persona que tu quieres que yo será.


Esdras 10

10.3 ¿Por qué se les ordenó a los hombres que despidieran a sus esposas e hijos? Aun cuando la medida era extrema, el matrimonio mixto con paganos estaba estrictamente prohibido (Deu 7:3-4) y aun los sacerdotes y levitas habían incurrido en este pecado. Esto puede compararse en la actualidad con un cristiano que se casa con alguien que adora al diablo. Aunque era una solución drástica, sólo involucraba a ciento trece de las aproximadamente veintinueve mil familias. La medida drástica de Esdras, aunque fue muy difícil para muchos, era necesaria para preservar a Israel como nación comprometida con Dios. Algunos de los cautivos del reino del norte de Israel habían perdido tanto su identidad espiritual como física por medio del matrimonio mixto. Sus cónyuges paganos habían ocasionado que el pueblo cayera en la idolatría. Esdras no quería que esto sucediera a los cautivos del reino del sur de Judá. 

10.3, 4, 11 Luego de la intensa oración de Esdras, el pueblo confesó su pecado ante Dios, y pidió dirección para restaurar su relación con El. El verdadero arrepentimiento no termina con palabras de confesión (las cuales pueden ser no más que palabras), sino que además debe llevar a una conducta correcta y a un cambio de actitud. Cuando peque y esté plenamente arrepentido, confiéselo a Dios, pida su perdón y acepte su gracia y misericordia. Luego, como un acto de gratitud por su perdón que condice con la justicia de Dios, haga las correcciones necesarias. 10.8 Perder la hacienda significaba ser desheredado, es decir, ser despojado del derecho legal de poseer la tierra. Esto aseguraba que ningún hijo de pagano heredara la tierra de Israel. Además, la persona que rehusaba venir a Jerusalén sería excluida de la asamblea de los cautivos y no se le permitiría adorar en el templo. Los judíos consideraban esto un castigo horrible. 

10.11 Como creyentes en Cristo, todos nuestros pecados son perdonados. Su muerte nos limpió de todo pecado. ¿Por qué entonces todavía tenemos que confesarlos? La confesión es más que apropiarnos del perdón de Cristo por lo que hemos hecho mal, y tenemos que confesar pecados que ya han sido confesados previamente. Confesar es estar de acuerdo con Dios que nuestros pensamientos, palabras y acciones están equivocadas y contrarias a su voluntad. Es volver a comprometernos a hacer su voluntad y renunciar a cualquier acto de desobediencia. Confesar es apartarnos del pecado y pedirle a Dios un poder fresco para vivir para El. EL IMPERIO MEDO-PERSA : Los acontecimientos en los libros de Esdras, Nehemías y Ester, tuvieron lugar durante el gobierno de los medos y los persas. Estos dos reinos provenían del noreste de Mesopotamia (lo que hoy es Irán) y aunaron sus fuerzas para derrotar a los babilonios (Dan 5:30-31). Los persas gobernaron hasta que surgió el Imperio Griego bajo Alejandro el Grande. Los persas tenían un sistema más flexible con respecto a sus cautivos, permitiéndoles tener propiedades, poseer tierras y casas. El rey Ciro de Persia fue un paso más allá, permitiendo a muchos grupos de cautivos, incluyendo los judíos, regresar a su tierra natal. En los libros de Esdras y Nehemías se relata cómo a grupos de judíos cautivos se les permitió volver a Palestina a reconstruir su ciudad capital y templo. El primer grupo que volvió fue liderado por Zorobabel y arribó en el 538 a.C. El segundo grupo volvió con Esdras en el 458 a.C. Nehemías lo hizo en el 455 a.C. para animar a los que estaban reconstruyendo el muro de Jerusalén. Ester se convirtió en reina del imperio en el 479 a.C., entre el primer y segundo regresos. 

10.44 El libro de Esdras comienza con el templo de Dios en ruinas y el pueblo de Judá cautivo en Babilonia. Esdras relata el regreso del pueblo de Dios, la reconstrucción del templo y la restauración del sistema de adoración sacrificial. De manera similar, Dios puede restaurar y reconstruir hoy las vidas de las personas. Nadie se encuentra tan lejos de Dios que no pueda ser restaurado. Todo lo que se requiere es arrepentimiento. No importa cuán lejos nos hayamos separado, o cuánto tiempo haya pasado desde que adorábamos a Dios, El puede restaurar nuestra relación con El y reconstruir nuestras vidas.


COMENTARIOS EN N.T. Hechos de los Apóstoles 1.

Hechos 1

1.1 El libro de Hechos continúa la historia que Lucas empezó en su Evangelio; abarcando los treinta años posteriores a la ascensión de Jesús. En este corto período, la iglesia se estableció y el evangelio de salvación se llevó por el mundo, inclusive a la capital del Imperio Romano. Los predicadores, gente común con debilidades y limitaciones, fueron revestidos de poder por el Espíritu Santo para difundir las buenas noticias al "mundo entero" (17.6). Por Hechos aprendemos sobre la naturaleza de la Iglesia y también a cómo revertir el mundo. 

1.1 El primer libro de Lucas fue su Evangelio. Lo dedicó también a Teófilo, nombre que significa "uno que ama a Dios". (Véase nota a Luk 1:3.) 

1.1ss Los versículos 1 al 11 son el nexo entre los hechos narrados en los Evangelios y los que marcan el comienzo de la iglesia primitiva. Jesús pasó cuarenta días enseñando a sus discípulos, los que experimentaron un cambio total. Antes de esto discutieron unos con otros, abandonaron a su Señor y uno de ellos (Pedro) incluso negó que le conocía. Después de una serie de reuniones con el Cristo resucitado, los discípulos hallaron la respuesta a muchas de sus preguntas; llegaron a convencerse en relación con la resurrección, aprendieron del Reino de Dios y la fuente de su poder: el Espíritu Santo. A través de la lectura de la Biblia podemos sentarnos junto al Cristo resucitado en su escuela de discipulado. Creyendo en El recibimos el poder del Espíritu Santo y nos convertimos en personas renovadas. Al reunirnos con otros cristianos en su Iglesia podemos tomar parte en su obra aquí en la tierra. 

1.1-3 Lucas dice que los discípulos fueron testigos presenciales de todo lo sucedido a Jesucristo, su vida antes de la crucifixión y los cuarenta días posteriores donde les enseñó más acerca del Reino de Dios. Todavía en la actualidad hay personas que dudan de la resurrección de Jesús. Pero El se apareció a sus discípulos en muchas ocasiones luego de su resurrección, probando que estaba vivo. Note el cambio que la resurrección hizo en la vida de los discípulos. Durante el momento de su muerte estaban temerosos, desilusionados e incluso temían por sus vidas. Luego de la resurrección dejaron de temer y arriesgaron todo por esparcir alrededor del mundo las buenas noticias acerca de El. Enfrentaron prisiones, castigo físico, rechazo y martirio, pero nunca comprometieron su misión. Estos hombres no hubieran arriesgado su vida por algo que fuera un fraude. Sabían que Jesús resucitó de la muerte y la iglesia primitiva se encendió con su entusiasmo para proclamar la noticia a otros. Es importante saber que podemos confiar en su testimonio. Veinte siglos después, todavía podemos tener la certeza de que nuestra fe se basa en hechos. 

1.3 Jesús explicó que con su venida se inauguró el Reino de Dios. Al ascender a los cielos, el Reino de Dios permanecería en los corazones de todos los creyentes mediante la presencia del Espíritu Santo. Pero el Reino de Dios no se desarrollará por completo hasta que Jesús venga de nuevo a juzgar a todas las personas y a quitar todo lo malo del mundo. Antes de que esto suceda, los creyentes deben ocuparse en proclamar el Reino de Dios alrededor del mundo. El libro de Hechos narra cómo empezó esto. Nosotros debemos continuar el trabajo que la iglesia primitiva comenzó. 

1.4 La Trinidad es una descripción de la relación única del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si Jesús hubiera permanecido en la tierra, su presencia física habría limitado la difusión del evangelio, ya que físicamente solo podría estar en un solo lugar al mismo tiempo. Después de su ascensión podría estar presente espiritualmente en todo lugar a través del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se envió de manera que Dios estuviera con sus seguidores y en ellos después que Jesús ascendió al cielo. Su Espíritu los reconfortaría y guiaría a la verdad, permaneciendo en ellos las palabras de Jesús, dándoles las palabras oportunas y llenándolos con poder (véase Juan 14-16). 

1.5 En Pentecostés (2.1-4) el Espíritu Santo estuvo a la disposición de todos los que creyeran en Jesús. Nosotros recibimos el Espíritu Santo cuando recibimos a Jesucristo. El bautismo del Espíritu Santo debe entenderse a la luz de su obra total en los cristianos. (1) El Espíritu Santo marca el comienzo de la experiencia cristiana. No podemos pertenecer a Cristo sin su Espíritu (Rom 8:9); no podemos estar unidos a Cristo sin su Espíritu (1Co 6:17); no podemos ser adoptados como sus hijos sin su Espíritu (Rom 8:14-17; Gal 4:6-7); no podemos estar en el cuerpo de Cristo excepto por el Espíritu (1Co 12:13). (2) El Espíritu es el poder de nuestra nueva vida. Empieza el largo proceso de una vida de cambios para asemejarnos más a Cristo (Gal 3:3; Phi 1:6). Cuando recibimos a Cristo por la fe, empezamos una relación personal e inmediata con Dios. El Espíritu Santo obra en nosotros para ayudarnos a ser como Cristo. (3) El Espíritu une comunidades cristianas en Cristo (Eph 2:19-22). Todos pueden experimentar el Espíritu Santo y El obrar a través de todos (1Co 12:11; Eph 4:4). 

1.6 Durante los años de ministerio de Jesús sobre la tierra, los discípulos se preguntaban continuamente sobre su Reino. ¿Cuándo vendrá? ¿Cuál sería su papel? Desde el punto de vista tradicional, el Mesías sería un conquistador terrenal, que libraría a Israel de Roma. Pero el reino al que se refería Jesús era uno espiritual, establecido en los corazones y vidas de los creyentes (Luk 17:21). La presencia y el poder de Dios permanecen en los creyentes en la persona del Espíritu Santo. 

1.6, 7 Como otros judíos, los discípulos vivían disgustados al verse sometidos al Imperio Romano. Querían que Jesús liberara a Israel del poder romano y que luego llegara a ser Rey. Jesús explicó que Dios el Padre establece el tiempo en que deben ocurrir los hechos a nivel personal, nacional o mundial. Si usted quiere cambios y ve que Dios no los hace de inmediato, no se impaciente. Confíe en el tiempo de Dios. 

1.8 El poder del Espíritu Santo no lo limita la energía ordinaria, involucra valor, entrega, confianza, conocimiento, habilidad y autoridad. Los discípulos necesitarían de todo esto para cumplir con su misión. Si usted cree en Jesucristo, puede experimentar el poder del Espíritu Santo en su vida. 1.8 Jesucristo prometió a los apóstoles que recibirían el poder para ser testigos después que recibieran el Espíritu Santo. Note el proceso: (1) recibieron el Espíritu Santo; (2) les dio poder; y (3) fueron testigos con resultados extraordinarios. Nosotros a menudo tratamos de invertir el orden y testificamos dependiendo de nuestro propio poder y autoridad. Testificar no es mostrar lo que podemos hacer por Dios, sino mostrar y decir lo que Dios ha hecho por nosotros. 

1.8 Jesús instruyó a sus discípulos para que fueran testigos a las personas de todas las naciones acerca de El (Mat 28:19-20). Pero se les dijo que debían esperar antes la venida del Espíritu Santo (Luk 24:49). Dios tiene una labor importante que quiere que usted haga en su nombre, pero debe desarrollarla por el poder del Espíritu Santo. A menudo nos gusta cumplir con la tarea, aunque esto signifique ir delante de Dios. Pero algunas veces la espera es parte del plan de Dios. ¿Está esperando y escuchando las instrucciones completas de Dios o se antepone a sus planes? Necesitamos el tiempo y el poder de Dios para ser en verdad eficaces. 

1.8 Este versículo describe una serie de círculos concéntricos. El evangelio se esparce, geográficamente, desde Jerusalén hasta Judea y Samaria, y por último se ofrecería a los gentiles en otras partes de la tierra. El evangelio de Dios no ha llegado a su destino final si alguien en su familia, en su centro de trabajo, su colegio o su comunidad no ha oído acerca de Jesucristo. Asegúrese de contribuir, de alguna manera, al círculo de esparcimiento del mensaje de amor de Dios. 

1.9 Fue importante para los discípulos ver ascender a Jesús. Luego no tendrían ninguna duda de que El era Dios y que su morada está en el cielo. 

1.9-11 Luego de su resurrección, después de estar cuarenta días con sus discípulos (1.3), Jesús ascendió al cielo. Dos ángeles anunciaron a los discípulos que un día Jesús volvería de la misma forma en que se fue: corporal y visiblemente. La historia no es casual ni cíclica, está en movimiento hacia un punto específico: la venida de Jesús para juzgar y ejercer autoridad sobre la tierra. Nosotros debemos estar listos para esta venida sorpresiva (1Th 5:2), no parados "contemplando los cielos", sino trabajando con ardor en difundir el evangelio de manera que otros sean capaces de recibir las grandes bendiciones de Dios. 1.12, 13 Después de la ascensión de Cristo al cielo, los apóstoles regresaron de inmediato a Jerusalén y se reunieron para orar. Jesús les dijo que el Espíritu Santo vendría sobre ellos dentro de no muchos días, de manera que tenían que esperar en oración. Cuando usted enfrente una tarea difícil, una decisión importante, un dilema confuso, su primer paso debe ser orar por el poder y la dirección del Espíritu Santo. No se apresure en el trabajo ni espere que salga como debe. De todos modos, su primer paso debe ser orar a fin de que el poder del Espíritu Santo le guíe. 

1.13 Un "zelote" quizás signifique cualquier celoso de la Ley judía. Tal vez los zelotes eran los de un partido político radical que trabajó para derrocar al gobernador romano de Israel a través de la violencia. 

1.14 Los hermanos de Jesús están ahora con los discípulos. Durante la vida de Jesús, no creyeron que El era el Mesías (Joh 7:5), pero su resurrección debió convencerlos. La aparición especial a Jacobo, uno de sus hermanos, debió haber tenido un significado especial que influyó en su conversión (véase 1Co 15:7). 

1.15-26 Esta fue la primera reunión de negocios de la iglesia. El pequeño grupo de once creció hasta convertirse en más de ciento veinte. El tema principal fue nombrar a un nuevo discípulo o apóstol, como les llamaron a los doce. Mientras los apóstoles esperaban, hacían lo que podían: oraban, buscaban la dirección de Dios y se organizaban. Esperar a Dios para trabajar no significa sentarse sin hacer nada. Debemos hacer lo que podamos, mientras podamos, teniendo cuidado de no adelantarnos a Dios. 

1.16, 17 ¿Cómo pudo alguien estar a diario con Jesús y traicionarlo? Judas recibió el mismo llamado y enseñanzas como todos los demás. Pero decidió rechazar las advertencias de Cristo así como también sus ofrecimientos de misericordia. Endureció su corazón y se unió a los enemigos de Jesús en un complot para traicionarlo. Hasta el final no se arrepintió y, por último, se suicidó. A pesar de que Jesús predijo que esto sucedería, esa fue la decisión de Judas. Los privilegiados que están cerca de la verdad, no están necesariamente comprometidos a ella. Si desea más información acerca de Judas, véase su perfil en Marcos 14. 

1.18 Mateo dice que se ahorcó (Mat 27:5), Hechos dice que se cayó. La explicación tradicional es que cuando Judas se ahorcó la rama se rompió, Judas se precipitó en tierra y su cuerpo se reventó. 

1.21, 22 Fueron muchos los que siguieron a Jesús en forma constante durante su ministerio en la tierra. Los doce apóstoles formaron parte de su círculo íntimo, pero otros tuvieron igual nivel de amor y entrega. 

1.21-25 Los apóstoles tuvieron que buscar a un creyente que ocupara el puesto vacante de Judas Iscariote. Bosquejaron un criterio específico para hacer la elección. Cuando se eligieron los "finalistas", los apóstoles oraron pidiendo a Dios que los guiara en este proceso de selección. Esto nos da un buen ejemplo de cómo actuar cuando debemos tomar decisiones importantes. Determine un criterio lógico basado en la Biblia, examine las alternativas y ore pidiendo sabiduría y guía en busca de una decisión sabia. 

1.26 Los discípulos llegaron a ser apóstoles. Discípulo significa seguidor o aprendiz, y apóstol significa mensajero o enviado. Estos hombres tienen ahora una designación especial para esparcir las buenas nuevas de la muerte y resurrección de Jesús. UN VIAJE A TRAVES DEL LIBRO DE HECHOS 

Empezando con un breve resumen de los últimos días de Jesús en la tierra con sus discípulos, su ascensión y Matías, el que ocupó el lugar que dejó Judas Iscariote, Lucas aborda enseguida su tema: la difusión del evangelio y el crecimiento de la iglesia. El Pentecostés, célebre por el derramamiento del Espíritu Santo (2.1-13) y el discurso poderoso de Pedro (2.14-42), fue el inicio. Luego la iglesia de Jerusalén comenzó a crecer cada día mediante el testimonio audaz de Pedro y Juan y el amor de los creyentes (2.43-4.37). La iglesia naciente no estaba exenta de problemas, sufrió oposición externa (resultando en prisión, castigo y muerte), engaño y quejas internas. A los creyentes judíos de habla griega los eligieron para ayudar en la administración de la iglesia a fin de liberar a los apóstoles para la predicación. Los primeros diáconos elegidos fueron Esteban y Felipe, de ellos Esteban fue el primer mártir de la Iglesia (5.1-8.3). En lugar de frenar al cristianismo, la oposición y la persecución sirvieron como catalizadores para su difusión. Los creyentes llevaron el mensaje por donde huían (8.4). Muy pronto hubo convertidos en toda Samaria e incluso en Etiopía (8.5-40). En este momento, Lucas nos presenta a un joven judío, celoso defensor de la Ley, que intenta liberar al judaísmo de la herejía de Jesús. Pero en el camino a Damasco, al tratar de capturar a los creyentes, Saulo se convierte, confrontado personalmente por el Cristo resucitado (9.1-9). Mediante el ministerio de Ananías y la recomendación de Bernabé, Saulo (Pablo) fue bien recibido en el compañerismo y enviado a Tarso para su seguridad (9.10-30). Mientras tanto, la iglesia continuaba prosperando en toda Judea, Galilea y Samaria. Lucas se refiere a su predicación y a cómo sanó a Eneas en Lida y a Dorcas en Jope (9.31-43). Mientras estuvo en Jope, Pedro entendió a través de una visión que él podía llevar el evangelio a los "inmundos" gentiles. Pedro así lo entendió y fielmente le predicó a Cornelio que se convirtió, junto a su familia, en creyente (capítulo 10). Esta fue una noticia estremecedora para la iglesia en Jerusalén, pero cuando Pedro narró los hechos, alabaron a Dios por su plan de que todas las personas escucharan las buenas nuevas (11.1-18). Esto impulsó a la iglesia a un círculo mayor, el mensaje se predicó a los griegos en Antioquía, donde Bernabé fue para animar a los creyentes y halló a Pablo (11.20-26). Para complacer a los líderes judíos, Herodes se unió en la persecución de la iglesia en Jerusalén, dio muerte a Jacobo (hermano de Juan) y puso en prisión a Pedro. Sin embargo, Dios liberó a Pedro que caminó desde su prisión hasta una reunión de oración en la casa de Juan Marcos donde se intercedía por él (capítulo 12). Aquí Lucas traslada su enfoque al ministerio de Pablo. Enviado por la iglesia de Antioquía para un viaje misionero (13.1-3), Pablo y Bernabé llevaron el evangelio a Chipre y al sur de Galacia con gran éxito (13.4-14.28). Debido a que la controversia judío-gentil todavía ardía con lentitud y con no pocos gentiles respondiendo a Cristo, amenazó con dividir la iglesia. De manera que se convocó un concilio en Jerusalén para establecer normas con relación a los cristianos gentiles a la luz del Antiguo Testamento y sus leyes. Luego de oír a ambas partes, Jacobo (hermano de Jesús y líder de la iglesia en Jerusalén) resolvió el problema y envió mensajeros a las iglesias para informar la decisión (15.1-31). Después del concilio, Pablo y Silas predicaron en Antioquía. Luego salieron con rumbo a Siria y Cilicia, mientras que Bernabé y Marcos navegaron hacia Chipre (15.36-41). En este segundo viaje misionero, Pablo y Silas pasaron por Macedonia y Acaya, estableciendo iglesias en Filipos, Tesalónica, Berea, Corinto y Efeso, antes de regresar a Antioquía (16.1-18.21). Lucas también se refiere al ministerio de Apolos (18.24-28). En el tercer viaje misionero Pablo y sus compañeros arribaron a Galacia, Frigia, Macedonia y Acaya, animando y enseñando a Mientras estuvo en Jerusalén, una turba furiosa acosó a Pablo en el templo y lo pusieron bajo custodia y protección del tribuno romano (21.17-22.29). Ahora vemos a Pablo como prisionero y en proceso ante el concilio judío (23.1-9), el gobernador Félix (23.23-24.27), Festo y Agripa (25.1-26.32). En cada caso, Pablo testifica con firmeza y claridad de su fe en el Señor. Debido a que apeló a César, lo enviaron a Roma para el proceso final de su caso. Pero en el camino, una tormenta destruyó la nave y los tripulantes y prisioneros debieron nadar para llegar a la orilla. Aun en estas circunstancias, Pablo predicó de su fe (27.1-28.11). Al final, el viaje continuó y Pablo llegó a Roma donde vivió en una casa alquilada y bajo custodia, mientras aguardaba el juicio (28.11-31). Lucas finaliza Hechos en forma abrupta, con las estimulantes palabras de que Pablo tenía la libertad en su cautiverio de hablar tanto a visitantes como a su guardia "predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento" (28.31). Comentario de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.