Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 23 DE Junio. Ester 7,8,9,10

Amán es ahorcado

7

1Fue, pues, el rey con Amán al banquete de la reina Ester. 2Y en el segundo día, mientras bebían vino, dijo el rey a Ester: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. 3Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. 4Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable.

5Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? 6Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina. 7Luego el rey se levantó del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio; y se quedó Amán para suplicarle a la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey. 8Después el rey volvió del huerto del palacio al aposento del banquete, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Ester. Entonces dijo el rey: ¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa? Al proferir el rey esta palabra, le cubrieron el rostro a Amán. 9Y dijo Harbona, uno de los eunucos que servían al rey: He aquí en casa de Amán la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado bien por el rey. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella. 10Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey.

 Decreto de Asuero a favor de los judíos

8

1El mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le declaró lo que él era respecto de ella. 2Y se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán.

3Volvió luego Ester a hablar delante del rey, y se echó a sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán agagueo y su designio que había tramado contra los judíos. 4Entonces el rey extendió a Ester el cetro de oro, y Ester se levantó, y se puso en pie delante del rey, 5y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si le parece acertado al rey, y yo soy agradable a sus ojos, que se dé orden escrita para revocar las cartas que autorizan la trama de Amán hijo de Hamedata agagueo, que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey. 6Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré yo ver la destrucción de mi nación?

7Respondió el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. 8Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado. 9Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, a los veintitrés días de ese mes; y se escribió conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los judíos, y a los sátrapas, los capitanes y los príncipes de las provincias que había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias; a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los judíos también conforme a su escritura y lengua. 10Y escribió en nombre del rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió cartas por medio de correos montados en caballos veloces procedentes de los repastos reales; 11que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes, 12en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. 13La copia del edicto que había de darse por decreto en cada provincia, para que fuese conocido por todos los pueblos, decía que los judíos estuviesen preparados para aquel día, para vengarse de sus enemigos. 14Los correos, pues, montados en caballos veloces, salieron a toda prisa por la orden del rey; y el edicto fue dado en Susa capital del reino.

15Y salió Mardoqueo de delante del rey con vestido real de azul y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura. La ciudad de Susa entonces se alegró y regocijó; 16y los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra. 17Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos.

 Los judíos destruyen a sus enemigos

9

1En el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían. 2Los judíos se reunieron en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para descargar su mano sobre los que habían procurado su mal, y nadie los pudo resistir, porque el temor de ellos había caído sobre todos los pueblos. 3Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, capitanes y oficiales del rey, apoyaban a los judíos; porque el temor de Mardoqueo había caído sobre ellos. 4Pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama iba por todas las provincias; Mardoqueo iba engrandeciéndose más y más. 5Y asolaron los judíos a todos sus enemigos a filo de espada, y con mortandad y destrucción, e hicieron con sus enemigos como quisieron. 6En Susa capital del reino mataron y destruyeron los judíos a quinientos hombres. 7Mataron entonces a Parsandata, Dalfón, Aspata, 8Porata, Adalía, Aridata, 9Parmasta, Arisai, Aridai y Vaizata, 10diez hijos de Amán hijo de Hamedata, enemigo de los judíos; pero no tocaron sus bienes. 11El mismo día se le dio cuenta al rey acerca del número de los muertos en Susa, residencia real.

12Y dijo el rey a la reina Ester: En Susa capital del reino los judíos han matado a quinientos hombres, y a diez hijos de Amán. ¿Qué habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál, pues, es tu petición? y te será concedida; ¿o qué más es tu demanda? y será hecha. 13Y respondió Ester: Si place al rey, concédase también mañana a los judíos en Susa, que hagan conforme a la ley de hoy; y que cuelguen en la horca a los diez hijos de Amán. 14Y mandó el rey que se hiciese así. Se dio la orden en Susa, y colgaron a los diez hijos de Amán. 15Y los judíos que estaban en Susa se juntaron también el catorce del mes de Adar, y mataron en Susa a trescientos hombres; pero no tocaron sus bienes.

 La fiesta de Purim

16En cuanto a los otros judíos que estaban en las provincias del rey, también se juntaron y se pusieron en defensa de su vida, y descansaron de sus enemigos, y mataron de sus contrarios a setenta y cinco mil; pero no tocaron sus bienes. 17Esto fue en el día trece del mes de Adar, y reposaron en el día catorce del mismo, y lo hicieron día de banquete y de alegría. 18Pero los judíos que estaban en Susa se juntaron el día trece y el catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo. 19Por tanto, los judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, un día de regocijo, y para enviar porciones cada uno a su vecino.

20Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes, 21ordenándoles que celebrasen el día decimocuarto del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo, cada año, 22como días en que los judíos tuvieron paz de sus enemigos, y como el mes que de tristeza se les cambió en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres. 23Y los judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardoqueo. 24Porque Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos un plan para destruirlos, y había echado Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos. 25Mas cuando Ester vino a la presencia del rey, él ordenó por carta que el perverso designio que aquél trazó contra los judíos recayera sobre su cabeza; y que colgaran a él y a sus hijos en la horca. 26Por esto llamaron a estos días Purim, por el nombre Pur. Y debido a las palabras de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llevó a su conocimiento, 27los judíos establecieron y tomaron sobre sí, sobre su descendencia y sobre todos los allegados a ellos, que no dejarían de celebrar estos dos días según está escrito tocante a ellos, conforme a su tiempo cada año; 28y que estos días serían recordados y celebrados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; que estos días de Purim no dejarían de ser guardados por los judíos, y que su descendencia jamás dejaría de recordarlos. 29Y la reina Ester hija de Abihail, y Mardoqueo el judío, suscribieron con plena autoridad esta segunda carta referente a Purim. 30Y fueron enviadas cartas a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad, 31para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había ordenado Mardoqueo el judío y la reina Ester, y según ellos habían tomado sobre sí y sobre su descendencia, para conmemorar el fin de los ayunos y de su clamor. 32Y el mandamiento de Ester confirmó estas celebraciones acerca de Purim, y esto fue registrado en un libro.

 Grandeza de Mardoqueo

10

1El rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y hasta las costas del mar. 2Y todos los hechos de su poder y autoridad, y el relato sobre la grandeza de Mardoqueo, con que el rey le engrandeció, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Media y de Persia? 3Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje. Amen. 


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 23 DE Junio, Hechos 6

Elección de siete diáconos

6

1En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. 2Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. 3Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. 4Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. 5Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; 6a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.

7Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

 Arresto de Esteban

8Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. 9Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. 10Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. 12Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; 14pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés. 15Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel. RVR 1960.


COMENTARIO A.T.

7.6–10 El odio de Amán y sus planes malévolos se volvieron en contra de él cuando el rey descubrió sus verdaderas intenciones. Fue colgado en la horca que él mismo había construido para otro. Proverbios 26.27 dice que el hombre que arma una trampa para su prójimo caerá en ella. Lo que le sucedió a Amán muestra los resultados violentos que a menudo surgen cuando se tiende una trampa para otra persona.

8.1-7 Si bien no debemos esperar recompensas terrenales por ser fieles a Dios, a menudo llegan. Ester y Mardoqueo fueron fieles, hasta el punto de arriesgar sus propias vidas para salvar a otros. Cuando tuvieron la disposición de dejarlo todo, Dios los recompensó en proporción de su compromiso extremo.

AMÁN

La gente más arrogante es a menudo la que debe medir el valor que tiene por el poder o la influencia que cree tener sobre los demás. Amán era un líder extremadamente arrogante. Reconocía al rey como su superior, pero no aceptaba que nadie fuera su igual. Cuando un hombre, Mardoqueo, rehusó inclinarse en sumisión a él, Amán quiso destruirlo. Se llenó de odio contra Mardoqueo. Ya estaba lleno de odio racial contra todo el pueblo judío debido a la larga tradición de odio entre los judíos y los antepasados suyos, los amalecitas. La dedicación a Dios de Mardoqueo y su rechazo a honrar a cualquier ser humano, representó un reto para la religión de Amán que se centraba en él mismo. Amán vio a los judíos como una amenaza a su poder, y decidió matarlos a todos. 

Dios había venido preparando la caída de Amán y la protección de su pueblo mucho antes de que Amán tuviera autoridad bajo el gobierno del rey Asuero. Ester, una judía, llegó a ser reina, y el papel de Mardoqueo al descubrir el complot de asesinato hizo que el rey estuviera en deuda con él. No sólo se le impidió a Amán que matara a Mardoqueo, sino que tuvo que sufrir la humillación de honrarlo públicamente. En pocas horas, Amán murió en la misma horca que había construido para colgar a Mardoqueo. Se frustró su plan de eliminar a los judíos. En contraste con Ester, quien lo arriesgó todo por Dios y ganó, Amán arriesgó todo por un propósito perverso y perdió. 

Nuestra respuesta inicial a la historia de Amán es decir que obtuvo lo que se merecía. Pero la Biblia nos lleva a hacernos preguntas más profundas: «¿Cuánto hay de Amán en mí?», «¿Deseo controlar a otros?», «¿Me siento amenazado cuando los demás no me aprecian como yo creo que debieran hacerlo?», «¿Busco venganza cuando mi orgullo es atacado?» Confiese estas actitudes a Dios y pídale que las reemplace con una actitud de perdón. De otra manera, la justicia de Dios se encargará de resolver el problema.

9.5–16 Amán había decretado que el día 13 del mes 12 cualquiera persona podía matar a los judíos y tomar sus propiedades. El decreto de Mardoqueo no anulaba el de Amán ya que no podía ser apelada ninguna ley firmada por el rey. En cambio, Mardoqueo hizo que el rey firmara una nueva ley dando a los judíos el derecho de defenderse. Cuando llegó el día temido, hubo una gran lucha, sin embargo, los judíos mataron sólo a aquellos que quisieron matarlos, y no tomaron las posesiones de sus enemigos aun cuando podían (8.11; 9.10, 16). No se registraron disturbios adicionales después de los dos días de matanza, por lo que fue obvio que el egoísmo y la venganza no fueron los motivos principales de los judíos. Simplemente querían defenderse ellos y a sus familias de quienes los odiaban.

Mardoqueo disfrutaba de buena reputación entre los judíos debido a que continuó siendo su amigo cuando subió a una posición de poder. Los que están en el poder a menudo se caracterizan por ser corruptos y abusar de su autoridad. No obstante, el poder utilizado para levantar a los caídos y aligerar las cargas de los oprimidos es un poder bien utilizado. Las personas que Dios coloca en posiciones de poder o de influencia política, no deben dar la espalda a aquellos que tienen necesidad.

No hay registros arqueológicos que indiquen que Mardoqueo fue el segundo a cargo del gobierno, sin embargo durante este tiempo hay una brecha extraña en los antiguos registros persas. Estos indican que otro hombre ocupó esa posición en el 465 a.C., aproximadamente siete años después que Mardoqueo fuera designado por primera vez. Se ha descubierto una tableta en donde se nombra a Mardukaya como un funcionario en los primeros años del reinado de Asuero. Algunos creen que este era Mardoqueo.

En el libro de Ester, vemos claramente a Dios obrando en la vida de los individuos y en los asuntos de una nación. Aunque parezca que el mundo está en manos de hombres malvados, Dios sigue teniendo el control, protegiendo a los que son suyos. Aun cuando no comprendamos todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor, debemos confiar en la protección de Dios y conservar nuestra integridad al hacer lo que sabemos que es correcto. Ester, quien arriesgó su vida al presentarse ante el rey, llegó a ser una heroína. Mardoqueo, quien estaba condenado a muerte, subió para convertirse en el segundo funcionario de mayor autoridad en la nación. No importa cuán agobiante sea nuestra condición, o a cuánto queramos renunciar, no debemos desesperar. Dios tiene el control de nuestro mundo.


COMENTARIO N.T.

6.1 Cuando leemos las descripciones de la iglesia primitiva, los milagros, su forma de compartir, la generosidad y el compañerismo, quizás deseamos haber sido parte de esta iglesia «perfecta». Pero en realidad, la iglesia primitiva tuvo problemas como los que tenemos hoy. Ninguna iglesia ha sido ni será perfecta hasta que Cristo y su Iglesia se unan en su Segunda Venida. Todas las iglesias tienen problemas. Si los inconvenientes de su iglesia lo desaniman, pregúntese: «¿Me permitirá una iglesia perfecta ser su miembro?» Luego haga lo que esté a su alcance para que su iglesia sea mejor. Una iglesia no tiene que ser perfecta para ser fiel.

Otro problema interno se presentó en la iglesia primitiva. Los judíos hebreos, judeocristianos nativos, hablaban arameo, un idioma semita. Los cristianos de habla griega tal vez eran judíos de otras tierras que se convirtieron en Pentecostés. Los cristianos de habla griega murmuraban sobre el trato injusto hacia sus viudas. Quizás este favoritismo no fue intencional, pero se originó por la barrera del idioma. Para resolver el problema, los apóstoles buscaron siete hombres respetados de habla griega que se encargaran del plan de distribución de alimentos. Esto puso punto final al problema y permitió a los apóstoles concentrarse en su ministerio de la enseñanza y predicar las buenas nuevas acerca de Jesús. COMENTARIO BIBLIA DEL DIARIO VIVIR. RV 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 22 DE Junio. Ester 4, 5, 6

Ester promete interceder por su pueblo

4

1Luego que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad clamando con grande y amargo clamor. 2Y vino hasta delante de la puerta del rey; pues no era lícito pasar adentro de la puerta del rey con vestido de cilicio. 3Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos.

4Y vinieron las doncellas de Ester, y sus eunucos, y se lo dijeron. Entonces la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer vestir a Mardoqueo, y hacerle quitar el cilicio; mas él no los aceptó. 5Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey, que él había puesto al servicio de ella, y lo mandó a Mardoqueo, con orden de saber qué sucedía, y por qué estaba así. 6Salió, pues, Hatac a ver a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad, que estaba delante de la puerta del rey. 7Y Mardoqueo le declaró todo lo que le había acontecido, y le dio noticia de la plata que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey a cambio de la destrucción de los judíos. 8Le dio también la copia del decreto que había sido dado en Susa para que fuesen destruidos, a fin de que la mostrase a Ester y se lo declarase, y le encargara que fuese ante el rey a suplicarle y a interceder delante de él por su pueblo. 9Vino Hatac y contó a Ester las palabras de Mardoqueo.

10Entonces Ester dijo a Hatac que le dijese a Mardoqueo: 11Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días. 12Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. 13Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. 14Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?

15Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: 16Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. 17Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester.

 Ester invita al rey y a Amán a un banquete

5

1Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. 2Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro. 3Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará. 4Y Ester dijo: Si place al rey, vengan hoy el rey y Amán al banquete que he preparado para el rey. 5Respondió el rey: Daos prisa, llamad a Amán, para hacer lo que Ester ha dicho. Vino, pues, el rey con Amán al banquete que Ester dispuso.

6Y dijo el rey a Ester en el banquete, mientras bebían vino: ¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida. 7Entonces respondió Ester y dijo: Mi petición y mi demanda es esta: 8Si he hallado gracia ante los ojos del rey, y si place al rey otorgar mi petición y conceder mi demanda, que venga el rey con Amán a otro banquete que les prepararé; y mañana haré conforme a lo que el rey ha mandado.

9Y salió Amán aquel día contento y alegre de corazón; pero cuando vio a Mardoqueo a la puerta del palacio del rey, que no se levantaba ni se movía de su lugar, se llenó de ira contra Mardoqueo. 10Pero se refrenó Amán y vino a su casa, y mandó llamar a sus amigos y a Zeres su mujer, 11y les refirió Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido, y con que le había honrado sobre los príncipes y siervos del rey. 12Y añadió Amán: También la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a mí; y también para mañana estoy convidado por ella con el rey. 13Pero todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey. 14Y le dijo Zeres su mujer y todos sus amigos: Hagan una horca de cincuenta codos de altura, y mañana di al rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra alegre con el rey al banquete. Y agradó esto a los ojos de Amán, e hizo preparar la horca.

 Amán se ve obligado a honrar a Mardoqueo

6

1Aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias y crónicas, y que las leyeran en su presencia. 2Entonces hallaron escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, que habían procurado poner mano en el rey Asuero. 3Y dijo el rey: ¿Qué honra o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.

4Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán había venido al patio exterior de la casa real, para hablarle al rey para que hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que él le tenía preparada. 5Y los servidores del rey le respondieron: He aquí Amán está en el patio. Y el rey dijo: Que entre. 6Entró, pues, Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey honrar más que a mí? 7Y respondió Amán al rey: Para el varón cuya honra desea el rey, 8traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza; 9y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. 10Entonces el rey dijo a Amán: Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho. 11Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.

12Después de esto Mardoqueo volvió a la puerta real, y Amán se dio prisa para irse a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza. 13Contó luego Amán a Zeres su mujer y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido. Entonces le dijeron sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la descendencia de los judíos es ese Mardoqueo delante de quien has comenzado a caer, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él. 14Aún estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para llevar a Amán al banquete que Ester había dispuesto. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 22 DE Junio, Hechos 5: 17 - 42

Pedro y Juan son perseguidos

17Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban.

Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, 23diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. 24Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. 25Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. 26Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.

27Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, 28diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. 29Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. 30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

33Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. 34Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. 36Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. 37Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.

40Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. 41Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO A.T.

4.17–5.1 Dios tenía el control, aun así Mardoqueo y Ester tuvieron que decidirse a actuar. No podemos comprender cómo ambas cosas puedan ser reales al mismo tiempo, y aun así lo son. Dios decide obrar por medio de aquellos que están deseosos de actuar para Él. Debemos orar como si todo dependiera de Dios y actuar como si todo dependiera de nosotros. Debemos evitar los dos extremos: no hacer nada y sentir que debemos hacerlo todo.

¿Por qué se omitió el nombre de Dios en el libro de Ester? En el Medio Oriente y en el Imperio Persa había muchos dioses. Por lo general, sus nombres eran mencionados en documentos oficiales para poder controlar a las personas que adoraban a esos dioses en particular. Los judíos eran los únicos que adoraban a un solo Dios. Una historia acerca de ellos era naturalmente una historia acerca de Dios, ya que hasta el nombre «judío» tenía la connotación de alguien que adoraba a Jehová.

5.9 El odio y la amargura son como una cizaña de grandes raíces que crece en nuestro corazón y corrompe toda la vida. Amán estaba tan consumido por el odio hacia Mardoqueo que ni siquiera pudo disfrutar del honor de ser invitado al banquete de Ester. Hebreos 12.15 nos advierte que «no sea[...] que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe y por ella muchos sean contaminados». No permita que el odio y su consecuente amargura se alojen en su corazón. Al igual que Amán, descubrirá que se vuelven en contra suya (véanse 6.13; 7.9, 10). Si la mención del nombre de alguna persona provoca ira en usted, confiese su amargura como pecado. No basta con ignorar la amargura, esconderla de los demás, o hacer cambios superficiales en el comportamiento. Si no se quita completamente la amargura, crecerá, empeorando la situación.


ESTER


Atesoramos seguridad, aun cuando sabemos que la seguridad en esta vida no tiene garantías. Las posesiones las podemos perder, la belleza desaparece, las relaciones se pueden romper, la muerte es inevitable. La verdadera seguridad, entonces, debe encontrarse más allá de esta vida. Sólo cuando nuestra seguridad descansa en Dios y en su inalterable naturaleza podremos enfrentarnos los desafíos que la vida sin duda nos traerá. 

La belleza de Ester y su carácter ganaron el corazón del rey Asuero y la hizo su reina. Aun en esa posición de privilegio, sin embargo, arriesgaría su vida al intentar ver al rey cuando no había sido requerida su presencia. No había garantía de que siquiera el rey aceptara verla. Aunque era reina, todavía no estaba segura. Pero, con precaución y con valor, decidió arriesgar su vida al acercarse al rey en nombre de su pueblo. 

Trazó sus planes con cuidado. Les pidió a los judíos que ayunaran y oraran con ella antes de ir a ver al rey. Luego, en el día escogido fue ante él, y el rey le pidió que se acercara y hablara. Pero en lugar de emitir su petición directamente, lo invitó a él y a Amán a un banquete. Asuero fue lo suficientemente astuto como para darse cuenta que ella tenía algo en mente. Sin embargo, ella sugirió la importancia del asunto al insistir que asistieran a un segundo banquete. 

Mientras tanto, Dios estaba trabajando detrás del escenario. Hizo que una noche, ya tarde, Asuero leyera los registros históricos del reino y descubriera que Mardoqueo había salvado su vida con anterioridad. No perdió tiempo en honrar a Mardoqueo por ese hecho. Durante el segundo banquete, Ester le contó al rey acerca del complot de Amán en contra de los judíos, y Amán fue condenado. Hay una justicia inflexible en la muerte de Amán en la misma horca que este había construido para Mardoqueo, y no deja de llamar la atención que el día en el cual los judíos iban a ser muertos llegara a ser el día cuando los enemigos murieron. El riesgo que corrió Ester confirmó que Dios era la fuente de su seguridad. 

¿Cuánta de su seguridad yace en sus posesiones, posición o reputación? Dios no lo ha colocado en su posición presente para su propio beneficio. Lo colocó ahí para que lo sirva. Como en el caso de Ester, puede que esto involucre arriesgar su seguridad. ¿Está dispuesto a permitir que Dios sea su seguridad máxima?

¿Ya ayunasteis, orasteis a Dios? Pues hazlo para que quebrantes yugos y ataduras, gloria a Dios. Amen. Comentarios de la Biblia del diario vivir.