Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Junio 2 Crónicas 29, 30, 31

Reinado de Ezequías

(2 R. 18.1–3)

29

1Comenzó a reinar Ezequías siendo de veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Abías, hija de Zacarías. 2E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.

 Ezequías restablece el culto del templo

3En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó. 4E hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió en la plaza oriental. 5Y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia. 6Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo ante los ojos de Jehová nuestro Dios; porque le dejaron, y apartaron sus rostros del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas. 7Y aun cerraron las puertas del pórtico, y apagaron las lámparas; no quemaron incienso, ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel. 8Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado a turbación, a execración y a escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos. 9Y he aquí nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos por esto. 10Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira. 11Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis incienso.

12Entonces se levantaron los levitas Mahat hijo de Amasai y Joel hijo de Azarías, de los hijos de Coat; de los hijos de Merari, Cis hijo de Abdi y Azarías hijo de Jehalelel; de los hijos de Gersón, Joa hijo de Zima y Edén hijo de Joa; 13de los hijos de Elizafán, Simri y Jeiel; de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías; 14de los hijos de Hemán, Jehiel y Simei; y de los hijos de Jedutún, Semaías y Uziel. 15Estos reunieron a sus hermanos, y se santificaron, y entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehová, para limpiar la casa de Jehová. 16Y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo de Jehová, al atrio de la casa de Jehová; y de allí los levitas la llevaron fuera al torrente de Cedrón. 17Comenzaron a santificarse el día primero del mes primero, y a los ocho del mismo mes vinieron al pórtico de Jehová; y santificaron la casa de Jehová en ocho días, y en el día dieciséis del mes primero terminaron. 18Entonces vinieron al rey Ezequías y le dijeron: Ya hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios. 19Asimismo hemos preparado y santificado todos los utensilios que en su infidelidad había desechado el rey Acaz, cuando reinaba; y he aquí están delante del altar de Jehová.

20Y levantándose de mañana, el rey Ezequías reunió los principales de la ciudad, y subió a la casa de Jehová. 21Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos para expiación por el reino, por el santuario y por Judá. Y dijo a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen sobre el altar de Jehová. 22Mataron, pues, los novillos, y los sacerdotes recibieron la sangre, y la esparcieron sobre el altar; mataron luego los carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los corderos, y esparcieron la sangre sobre el altar. 23Después hicieron acercar delante del rey y de la multitud los machos cabríos para la expiación, y pusieron sobre ellos sus manos; 24y los sacerdotes los mataron, e hicieron ofrenda de expiación con la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo Israel; porque por todo Israel mandó el rey hacer el holocausto y la expiación.

25Puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas. 26Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas. 27Entonces mandó Ezequías sacrificar el holocausto en el altar; y cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová, con las trompetas y los instrumentos de David rey de Israel. 28Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompeteros sonaban las trompetas; todo esto duró hasta consumirse el holocausto. 29Y cuando acabaron de ofrecer, se inclinó el rey, y todos los que con él estaban, y adoraron. 30Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente; y ellos alabaron con gran alegría, y se inclinaron y adoraron.

31Y respondiendo Ezequías, dijo: Vosotros os habéis consagrado ahora a Jehová; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todos los generosos de corazón trajeron holocaustos. 32Y fue el número de los holocaustos que trajo la congregación, setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos, todo para el holocausto de Jehová. 33Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes y tres mil ovejas. 34Mas los sacerdotes eran pocos, y no bastaban para desollar los holocaustos; y así sus hermanos los levitas les ayudaron hasta que acabaron la obra, y hasta que los demás sacerdotes se santificaron; porque los levitas fueron más rectos de corazón para santificarse que los sacerdotes. 35Así, pues, hubo abundancia de holocaustos, con grosura de las ofrendas de paz, y libaciones para cada holocausto. Y quedó restablecido el servicio de la casa de Jehová. 36Y se alegró Ezequías con todo el pueblo, de que Dios hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fue hecha rápidamente.

 Ezequías celebra la pascua

30

1Envió después Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que viniesen a Jerusalén a la casa de Jehová para celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel. 2Y el rey había tomado consejo con sus príncipes, y con toda la congregación en Jerusalén, para celebrar la pascua en el mes segundo; 3porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se había reunido en Jerusalén. 4Esto agradó al rey y a toda la multitud. 5Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel, en Jerusalén; porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito. 6Fueron, pues, correos con cartas de mano del rey y de sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían: Hijos de Israel, volveos a Jehová el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al remanente que ha quedado de la mano de los reyes de Asiria. 7No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehová el Dios de sus padres, y él los entregó a desolación, como vosotros veis. 8No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros. 9Porque si os volviereis a Jehová, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que los tienen cautivos, y volverán a esta tierra; porque Jehová vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si vosotros os volviereis a él.

10Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos. 11Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén. 12En Judá también estuvo la mano de Dios para darles un solo corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra de Jehová.

13Y se reunió en Jerusalén mucha gente para celebrar la fiesta solemne de los panes sin levadura en el mes segundo, una vasta reunión. 14Y levantándose, quitaron los altares que había en Jerusalén; quitaron también todos los altares de incienso, y los echaron al torrente de Cedrón. 15Entonces sacrificaron la pascua, a los catorce días del mes segundo; y los sacerdotes y los levitas llenos de vergüenza se santificaron, y trajeron los holocaustos a la casa de Jehová. 16Y tomaron su lugar en los turnos de costumbre, conforme a la ley de Moisés varón de Dios; y los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de manos de los levitas. 17Porque había muchos en la congregación que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían purificado, para santificarlos a Jehová. 18Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, 19a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. 20Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo. 21Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban a Jehová todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehová. 22Y habló Ezequías al corazón de todos los levitas que tenían buena inteligencia en el servicio de Jehová. Y comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne por siete días, ofreciendo sacrificios de paz, y dando gracias a Jehová el Dios de sus padres.

23Y toda aquella asamblea determinó que celebrasen la fiesta por otros siete días; y la celebraron otros siete días con alegría. 24Porque Ezequías rey de Judá había dado a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas; y también los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas; y muchos sacerdotes ya se habían santificado. 25Se alegró, pues, toda la congregación de Judá, como también los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que había venido de Israel; asimismo los forasteros que habían venido de la tierra de Israel, y los que habitaban en Judá. 26Hubo entonces gran regocijo en Jerusalén; porque desde los días de Salomón hijo de David rey de Israel, no había habido cosa semejante en Jerusalén. 27Después los sacerdotes y levitas, puestos en pie, bendijeron al pueblo; y la voz de ellos fue oída, y su oración llegó a la habitación de su santuario, al cielo.

31

1Hechas todas estas cosas, todos los de Israel que habían estado allí salieron por las ciudades de Judá, y quebraron las estatuas y destruyeron las imágenes de Asera, y derribaron los lugares altos y los altares por todo Judá y Benjamín, y también en Efraín y Manasés, hasta acabarlo todo. Después se volvieron todos los hijos de Israel a sus ciudades, cada uno a su posesión.

 Ezequías reorganiza el servicio de los sacerdotes y levitas

2Y arregló Ezequías la distribución de los sacerdotes y de los levitas conforme a sus turnos, cada uno según su oficio; los sacerdotes y los levitas para ofrecer el holocausto y las ofrendas de paz, para que ministrasen, para que diesen gracias y alabasen dentro de las puertas de los atrios de Jehová. 3El rey contribuyó de su propia hacienda para los holocaustos a mañana y tarde, y para los holocaustos de los días de reposo,* nuevas lunas y fiestas solemnes, como está escrito en la ley de Jehová. 4Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén, que diese la porción correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicasen a la ley de Jehová. 5Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas. 6También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones. 7En el mes tercero comenzaron a formar aquellos montones, y terminaron en el mes séptimo. 8Cuando Ezequías y los príncipes vinieron y vieron los montones, bendijeron a Jehová, y a su pueblo Israel. 9Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones. 10Y el sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoc, le contestó: Desde que comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehová, hemos comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehová ha bendecido a su pueblo; y ha quedado esta abundancia de provisiones.

11Entonces mandó Ezequías que preparasen cámaras en la casa de Jehová; y las prepararon. 12Y en ellas depositaron las primicias y los diezmos y las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello al levita Conanías, el principal, y Simei su hermano fue el segundo. 13Y Jehiel, Azazías, Nahat, Asael, Jerimot, Jozabad, Eliel, Ismaquías, Mahat y Benaía, fueron los mayordomos al servicio de Conanías y de Simei su hermano, por mandamiento del rey Ezequías y de Azarías, príncipe de la casa de Dios. 14Y el levita Coré hijo de Imna, guarda de la puerta oriental, tenía cargo de las ofrendas voluntarias para Dios, y de la distribución de las ofrendas dedicadas a Jehová, y de las cosas santísimas. 15Y a su servicio estaban Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías, Amarías y Secanías, en las ciudades de los sacerdotes, para dar con fidelidad a sus hermanos sus porciones conforme a sus grupos, así al mayor como al menor; 16a los varones anotados por sus linajes, de tres años arriba, a todos los que entraban en la casa de Jehová para desempeñar su ministerio según sus oficios y grupos. 17También a los que eran contados entre los sacerdotes según sus casas paternas; y a los levitas de edad de veinte años arriba, conforme a sus oficios y grupos. 18Eran inscritos con todos sus niños, sus mujeres, sus hijos e hijas, toda la multitud; porque con fidelidad se consagraban a las cosas santas. 19Del mismo modo para los hijos de Aarón, sacerdotes, que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los varones nombrados tenían cargo de dar sus porciones a todos los varones de entre los sacerdotes, y a todo el linaje de los levitas.

20De esta manera hizo Ezequías en todo Judá; y ejecutó lo bueno, recto y verdadero delante de Jehová su Dios. 21En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Junio, Juan 18: 1 - 24.

Arresto de Jesús

(Mt. 26.47–56; Mr. 14.43–50; Lc. 22.47–53)

18

1Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. 2Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. 3Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. 4Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. 6Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. 7Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. 8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; 9para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno. 10Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?

 Jesús ante el sumo sacerdote

(Mt. 26.57–58; Mr. 14.53–54; Lc. 22.54)

12Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, 13y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. 14Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.

 Pedro en el patio de Anás

(Mt. 26.69–70; Mr. 14.66–68; Lc. 22.55–57)

15Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; 16mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro. 17Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. 18Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.

 Anás interroga a Jesús

(Mt. 26.59–66; Mr. 14.55–64; Lc. 22.66–71)

19Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. 21¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. 22Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? 24Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO.

DIOS HOY TE DICE:

29.11 Los levitas elegidos por Dios para servir en el templo no habían podido cumplir sus deberes por la maldad de Acaz (28.24). Pero Ezequías los llamó otra vez al servicio, recordándoles que el Señor los había escogido para ministrar. Hoy no tenemos que enfrentar un rey malvado. Pero las presiones o las responsabilidades pueden volvernos inactivos e ineficaces. Cuando se le ha dado la responsabilidad de un Ministerio, no descuide su deber. Si su servicio cristiano se ha vuelto inactivo, ya sea por decisión o por las circunstancias, busque las oportunidades (y escuche a los «Ezequías») que Dios le enviará para ayudarlo a reasumir sus responsabilidades. Entonces, como los levitas, prepárese para actuar (29.12–15).

Capítulo 30

30.1 La celebración de la Pascua conmemoraba el momento en el que Dios salvó la vida de los primogénitos de Israel en Egipto. Dios había prometido que mandaría una plaga para matar a todos los primogénitos a excepción de aquellos que tuvieran en sus casas la sangre de un cordero muerto pintada en el dintel y los dos postes de las puertas. Los israelitas obedecieron, y cuando el destructor vio la sangre, él «pasó sobre» la casa y no hirió a nadie que estuviera en ella (Éxodo 12.23). Después de esta plaga, Faraón liberó a los israelitas de la esclavitud. Esta celebración tenía que ser un recordatorio anual de cómo Dios había liberado a su pueblo. Los cuidadosos preparativos, tanto en el templo como para la fiesta, muestran que este no era un avivamiento temporal o impulsivo, sino un cambio, de origen interno, de corazón y de vida.

30.6-9 Ezequías fue un rey dedicado a Dios y a la vida espiritual de la nación. Envió cartas a lo largo de Judá e Israel exhortando a que todos regresaran a Dios. Les dijo que no fueran testarudos, sino que se rindieran a Dios. Rendirse significa obedecer a Dios en primer lugar, dándole cabida en nuestros cuerpos, mente, voluntad y emociones. El Espíritu Santo puede guiar y renovar cada parte de nosotros. Sólo entonces seremos capaces de apartar el  egoísmo obstinado de nuestras vidas.

30.11 La mayoría de la gente que fue invitada a la Pascua por los mensajeros de Ezequías despreciaron la invitación, pero algunos la aceptaron. Nuestros esfuerzos para hablar de Dios a otras personas a menudo se enfrentan a reacciones similares. Pensamos que muchas personas se reirán de la invitación para aceptar a Cristo. Pero esto no debe detenernos en nuestro intento por alcanzar a otros para el reino de Dios. Si usted sabe y comprende que el rechazo al evangelio es común, puede ayudar a evitar que tenga sentimientos de rechazo personal. Recuerde que el Espíritu Santo redarguye, condena y convence. Nuestra tarea es invitar a otros a considerar las acciones de Dios, sus demandas y sus promesas. Lo mejor es hablarles de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Repite. Señor Jesucristo en esta ahora te recibo como mi señor y salvador de mi alma, perdona todos mis pecados y escribe mi nombre en el libro de la vida y has de mi la persona que tu quieres que yo sea, amen. Querido lector si usted hizo esta oración, por favor busque una Iglesia Cristiana Evangelica cerca de su residencia. Feliz dia.

31.1ss ¿Por qué era, es y será tan mala la idolatría? Los israelitas tenían acceso al único Dios verdadero, pero constantemente caían en la adoración de ídolos sin vida hechos de madera o piedra. Hicieron a un lado la adoración a nuestro Padre Celestial, para poder adorar su creación. También nosotros somos igualmente culpables cuando Dios ya no ocupa el primer lugar en nuestra vida. Cuando pensamos más en la riqueza, el placer, el prestigio, o las posesiones materiales que en Dios, realmente estamos adorándolos como ídolos. Debido a la idolatría, el pueblo de Judá fue enviado en cautiverio a tierras lejanas (36.14–17). Podemos no ser enviados en cautiverio, pero nos espera la disciplina a todos aquellos que pongamos los deseos terrenales por encima de las prioridades espirituales. Asi que mi querido hermano o amigo lo invita a que estudie el Libro de Exodo capitulo 20 del 1 al 17 y pongas en practica lo que hay el señor nos manda.


COMENTARIO EN EL NUEVO TESTAMENTO

18.10,11 Tratando de proteger a Jesús, Pedro desenvainó una espada e hirió al siervo del sumo sacerdote. Pero Jesús dijo a Pedro que metiera su espada en la vaina y permitiera el despliegue del plan de Dios. A veces resulta tentador encargarnos de los asuntos, forzar la situación. La mayoría de las veces esas actitudes nos conducen al pecado. En lugar de eso debemos confiar que Dios llevará a cabo su plan. Considérelo: si Pedro lo hubiese hecho a su manera, Jesús no habría ido a la cruz, y el plan de redención de Dios se habría obstaculizado.

18.13 Anás y Caifás fueron sumos sacerdotes. Anás fue el sumo sacerdote de Israel desde 6 a 15 d.C., cuando los gobernadores romanos lo depusieron. A Caifás, yerno de Anás, lo nombraron sumo sacerdote y permaneció en el cargo desde 18 a 36/37 d.C. De acuerdo con la ley judía, esta posición era vitalicia. Por lo tanto, muchos judíos seguían considerando a Anás como sumo sacerdote y lo seguían llamando por ese título. Pero, aunque Anás seguía teniendo mucha autoridad entre los judíos, Caifás tomaba las decisiónes finales. Tanto Caifás como Anás se interesaban más por sus ambiciones políticas que por su responsabilidad de guiar al pueblo hacia Dios. A pesar de ser líderes religiosos, se volvieron malvados. En su condición de líderes espirituales, debieran haber sido sensibles a la revelación de Dios. Debieran haber sabido que Jesús era el Mesías del cual hablaban las Escrituras y debieron haber conducido al pueblo hacia Él. Pero cuando hombres y mujeres engañosos buscan hacer el mal y buscar lo suyo propio, desean eliminar toda oposición. En lugar de hacer una evaluación sincera de las declaraciones de Jesús basándose en su conocimiento de las Escrituras, estos líderes religiosos procuraron satisfacer sus propias ambiciones egoístas e incluso estuvieron dispuestos a matar al Hijo de Dios, si era eso lo que hacía falta para lograrlas. Comentarios de la biblia mi anadar diario rv 1960.

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 8 DE Junio 2 Crónicas 26,27,28

Reinado de Uzías

(2 R. 15.1–7)

26

1Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Uzías, el cual tenía dieciséis años de edad, y lo pusieron por rey en lugar de Amasías su padre. 2Uzías edificó a Elot, y la restituyó a Judá después que el rey Amasías durmió con sus padres. 3De dieciséis años era Uzías cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jecolías, de Jerusalén. 4E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Amasías su padre. 5Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó.

6Y salió y peleó contra los filisteos, y rompió el muro de Gat, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciudades en Asdod, y en la tierra de los filisteos. 7Dios le dio ayuda contra los filisteos, y contra los árabes que habitaban en Gur-baal, y contra los amonitas. 8Y dieron los amonitas presentes a Uzías, y se divulgó su fama hasta la frontera de Egipto; porque se había hecho altamente poderoso. 9Edificó también Uzías torres en Jerusalén, junto a la puerta del ángulo, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas; y las fortificó. 10Asimismo edificó torres en el desierto, y abrió muchas cisternas; porque tuvo muchos ganados, así en la Sefela como en las vegas, y viñas y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era amigo de la agricultura. 11Tuvo también Uzías un ejército de guerreros, los cuales salían a la guerra en divisiones, de acuerdo con la lista hecha por mano de Jeiel escriba, y de Maasías gobernador, y de Hananías, uno de los jefes del rey. 12Todo el número de los jefes de familia, valientes y esforzados, era dos mil seiscientos. 13Y bajo la mano de éstos estaba el ejército de guerra, de trescientos siete mil quinientos guerreros poderosos y fuertes, para ayudar al rey contra los enemigos. 14Y Uzías preparó para todo el ejército escudos, lanzas, yelmos, coseletes, arcos, y hondas para tirar piedras. 15E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso.

16Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. 17Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. 18Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios. 19Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. 20Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido. 21Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová; y Jotam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra.

22Los demás hechos de Uzías, primeros y postreros, fueron escritos por el profeta Isaías, hijo de Amoz. 23Y durmió Uzías con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: Leproso es. Y reinó Jotam su hijo en lugar suyo.

 Reinado de Jotam

(2 R. 15.32–38)

27

1De veinticinco años era Jotam cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jerusa, hija de Sadoc. 2E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Uzías su padre, salvo que no entró en el santuario de Jehová. Pero el pueblo continuaba corrompiéndose. 3Edificó él la puerta mayor de la casa de Jehová, y sobre el muro de la fortaleza edificó mucho. 4Además edificó ciudades en las montañas de Judá, y construyó fortalezas y torres en los bosques. 5También tuvo él guerra con el rey de los hijos de Amón, a los cuales venció; y le dieron los hijos de Amón en aquel año cien talentos de plata, diez mil coros de trigo, y diez mil de cebada. Esto le dieron los hijos de Amón, y lo mismo en el segundo año y en el tercero. 6Así que Jotam se hizo fuerte, porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios. 7Los demás hechos de Jotam, y todas sus guerras, y sus caminos, he aquí están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá. 8Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y dieciséis reinó en Jerusalén. 9Y durmió Jotam con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de David; y reinó en su lugar Acaz su hijo.

  Reinado de Acaz

(2 R. 16.1–20)

28

1De veinte años era Acaz cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalén; mas no hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre. 2Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes fundidas a los baales. 3Quemó también incienso en el valle de los hijos de Hinom, e hizo pasar a sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había arrojado de la presencia de los hijos de Israel. 4Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, en los collados, y debajo de todo árbol frondoso.

5Por lo cual Jehová su Dios lo entregó en manos del rey de los sirios, los cuales lo derrotaron, y le tomaron gran número de prisioneros que llevaron a Damasco. Fue también entregado en manos del rey de Israel, el cual lo batió con gran mortandad. 6Porque Peka hijo de Remalías mató en Judá en un día ciento veinte mil hombres valientes, por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. 7Asimismo Zicri, hombre poderoso de Efraín, mató a Maasías hijo del rey, a Azricam su mayordomo, y a Elcana, segundo después del rey.

8También los hijos de Israel tomaron cautivos de sus hermanos a doscientos mil, mujeres, muchachos y muchachas, además de haber tomado de ellos mucho botín que llevaron a Samaria. 9Había entonces allí un profeta de Jehová que se llamaba Obed, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y les dijo: He aquí, Jehová el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habéis matado con ira que ha llegado hasta el cielo. 10Y ahora habéis determinado sujetar a vosotros a Judá y a Jerusalén como siervos y siervas; mas ¿no habéis pecado vosotros contra Jehová vuestro Dios? 11Oídme, pues, ahora, y devolved a los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos; porque Jehová está airado contra vosotros. 12Entonces se levantaron algunos varones de los principales de los hijos de Efraín, Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de Mesilemot, Ezequías hijo de Salum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venían de la guerra. 13Y les dijeron: No traigáis aquí a los cautivos, porque el pecado contra Jehová estará sobre nosotros. Vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo muy grande nuestro delito, y el ardor de la ira contra Israel. 14Entonces el ejército dejó los cautivos y el botín delante de los príncipes y de toda la multitud. 15Y se levantaron los varones nombrados, y tomaron a los cautivos, y del despojo vistieron a los que de ellos estaban desnudos; los vistieron, los calzaron, y les dieron de comer y de beber, los ungieron, y condujeron en asnos a todos los débiles, y los llevaron hasta Jericó, ciudad de las palmeras, cerca de sus hermanos; y ellos volvieron a Samaria.

16En aquel tiempo envió a pedir el rey Acaz a los reyes de Asiria que le ayudasen. 17Porque también los edomitas habían venido y atacado a los de Judá, y habían llevado cautivos. 18Asimismo los filisteos se habían extendido por las ciudades de la Sefela y del Neguev de Judá, y habían tomado Bet-semes, Ajalón, Gederot, Soco con sus aldeas, Timna también con sus aldeas, y Gimzo con sus aldeas; y habitaban en ellas. 19Porque Jehová había humillado a Judá por causa de Acaz rey de Israel, por cuanto él había actuado desenfrenadamente en Judá, y había prevaricado gravemente contra Jehová. 20También vino contra él Tiglat-pileser rey de los asirios, quien lo redujo a estrechez, y no lo fortaleció. 21No obstante que despojó Acaz la casa de Jehová, y la casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los asirios, éste no le ayudó.

22Además el rey Acaz en el tiempo que aquél le apuraba, añadió mayor pecado contra Jehová; 23porque ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también ofreceré sacrificios a ellos para que me ayuden; bien que fueron éstos su ruina, y la de todo Israel. 24Además de eso recogió Acaz los utensilios de la casa de Dios, y los quebró, y cerró las puertas de la casa de Jehová, y se hizo altares en Jerusalén en todos los rincones. 25Hizo también lugares altos en todas las ciudades de Judá, para quemar incienso a los dioses ajenos, provocando así a ira a Jehová el Dios de sus padres. 26Los demás de sus hechos, y todos sus caminos, primeros y postreros, he aquí están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27Y durmió Acaz con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de Jerusalén, pero no lo metieron en los sepulcros de los reyes de Israel; y reinó en su lugar Ezequías su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 8 DE Junio, Juan 17.

Jesús ora por sus discípulos

17

1Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

6He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

20Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. 24Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO.

2 Crónicas 26

26.15 Estas máquinas eran similares a las catapultas usadas más tarde por los romanos y eran capaces de lanzar piedras o flechas a grandes distancias. 

26.16 Después de que Dios dio a Uzías gran prosperidad y poder, se volvió soberbio y corrupto. Es verdad que "antes del quebrantamiento es la soberbia" (Pro 16:18). Si Dios le ha dado riquezas, influencia, popularidad y poder, sea agradecido, pero tenga cuidado. Dios aborrece la soberbia. Mientras que es normal sentir regocijo cuando logramos algo, es equivocado despreciar a Dios o menospreciar a otros. Analice sus actitudes y recuerde dar a Dios el mérito por lo que posee. Utilice sus dones para agradarlo. 

26.17-21 Cuando la gente tiene poder, a menudo piensa que puede vivir por encima de la ley. Pero hasta los gobernantes están sujetos a Dios, como lo descubrió Uzías. No importa cuál sea su posición en la sociedad, Dios espera que usted lo honre, adore y obedezca. 26.21 Durante la mayor parte de su vida, Uzías "hizo lo recto ante los ojos de Jehová" (26.4). Sin embargo, Uzías se apartó de Dios y fue herido con lepra, manteniéndose leproso hasta su muerte. Se le recuerda más por su acto arrogante y su consiguiente castigo que por sus grandes reformas. Dios quiere obediencia durante toda la vida. No son suficientes los arranques de obediencia. Sólo aquellos que "perseveren hasta el fin" (Mar 13:13) serán recompensados. Busque ser recordado por su fe constante, de otra manera también puede llegar a ser más famoso por su caída que por su éxito. 

26.23 Este fue el año que Dios llamó a Isaías para ser profeta (Isa 6:1).


27.2 Jotam fue por lo general un buen rey (27.6), sin embargo su pueblo se corrompió. Pastor. No siempre aquellos a quienes guíe seguirán su ejemplo, sin embargo eso no debe afectar la forma en la que viva para Dios. Esta maldad del reino de Jotam se ilustra vívidamente en Isaías 1–5. El tributo que recibió alcanzó a tres mil trescientos kilos de plata y dos millones doscientos mil litros de trigo y otros tantos de cebada.

NO AL ABORTO

28.3 Imagínese la monstruosa maldad de una religión que ofrece a niños como sacrificios….. Dios permitió que la nación fuera conquistada como respuesta a las malvadas prácticas de Acaz. Incluso en la actualidad, esta práctica no ha sido eliminada. El sacrificio de niños a los dioses crueles de la conveniencia, la economía y el capricho, aun hoy continúa en instalaciones médicas esterilizadas, en números que te asombrarían. Si debemos permitir que los niños nazcan y vayan a los pies de Cristo (Mateo 19.14), Pero primero debemos permitirles que vengan al mundo.

28.22 Las dificultades y las luchas pueden devastar a las personas, o pueden estimular el crecimiento y la madurez espiritual. Para el rey Acaz, las grandes pruebas lo llevaron a un colapso espiritual. Cuando nos enfrentemos a problemas o a una tragedia, debemos recordar que los tiempos difíciles nos dan la oportunidad de crecer y madurar espiritualmente como lo dice  (Santiago 1.2–4). Cuando enfrentemos pruebas, no se aparten de Dios; vuélvase a Él. Contemple esos momentos como oportunidad para clamar a Dios por socorro y misericordia.


COMENTARIO EN EL N.T. Juan 17.

Juan 17

17.1ss Todo este capítulo es la oración de Jesús. A partir de ella, aprendemos que el mundo es un tremendo campo de batalla donde las fuerzas bajo el mando de Satanás y las que están bajo la autoridad de Dios están en guerra. A Satanás y sus fuerzas los motiva un amargo odio hacia Cristo y sus fuerzas. Jesús oró por sus discípulos, incluyendo a quienes lo seguimos hoy en día. Pidió a Dios que guardase del poder de Satanás a sus creyentes escogidos, apartándolos y haciéndolos puros y santos, uniéndolos mediante su verdad. 

17.3 ¿Cómo obtenemos la vida eterna? Jesús nos lo dice aquí con claridad: conociendo a Dios el Padre a través de su Hijo, Jesucristo. La vida eterna requiere que los creyentes entremos a una relación personal con Dios en Jesucristo nuestro Señor. Cuando confesamos nuestro pecado y nos apartamos de él, el amor de Cristo vive en nosotros por medio del Espíritu Santo. 

17.5 Antes de que Jesús viniese a la tierra, era uno con Dios. En este momento, cuando su misión sobre la tierra casi ha acabado, Jesús pide a su Padre que lo restaurase a su lugar original de honor y autoridad. La resurrección y ascensión de Jesús, y la exclamación que hace Esteban al morir (Act 7:56), atestiguan que Jesús sí volvió a su posición exaltada a la diestra de Dios. 

17.10 ¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo: "he sido glorificado en ellos"? La gloria de Dios es la revelación de su carácter y su presencia. La vida de los discípulos de Jesús revelan su carácter y El está presente en el mundo a través de ellos. ¿Revela su vida el carácter y la presencia de Cristo? 

17.11 Jesús pedía que los discípulos estuvieran unidos en armonía y amor así como lo están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la unión más fuerte de todas. (Véanse las notas a 17.21-23.) 

17.12 Judas fue "el hijo de perdición", que se perdió porque traicionó a Jesús (véase Psa 41:9). 17.13 El gozo es un tema común en las enseñanzas de Cristo. El quiere que estemos gozosos (véanse 15.11; 16.24, 33). La clave del gozo sin medida es vivir en contacto íntimo con Cristo, la fuente de todo gozo. Al hacerlo, experimentaremos el especial cuidado y la protección de Dios y veremos la victoria que da Dios aun cuando la derrota parece cierta. 

17.14 El mundo odia a los cristianos porque los valores de estos difieren de los del mundo. Como los seguidores de Cristo no colaboran con el mundo uniéndose a su pecado, se convierten en acusaciones vivientes contra la inmoralidad del mundo. El plan que sigue el mundo es el de Satanás, y este es el enemigo declarado de Jesús y de su pueblo. 

17.17 Un seguidor de Cristo se santifica (apartado para uso sagrado, lavado y hecho santo) al creer y obedecer la Palabra de Dios (Heb 4:12). Ya ha aceptado el perdón mediante la muerte sacrificial de Cristo (Heb 7:26-27). Sin embargo, la aplicación diaria de la Palabra de Dios tiene un efecto purificador sobre nuestros corazones. Las Escrituras señalan el pecado, nos mueven a confesar, renuevan nuestra relación con Cristo y nos guían de regreso al buen camino. 

17.18 Jesús no pidió que Dios quitara a los creyentes del mundo, sino que los usara en el mundo. Como Jesús nos envía al mundo, no tenemos que tratar de escaparnos de él. Tampoco debemos evitar toda relación con inconversos. Tenemos el llamado a ser sal y luz (Mat 5:13-16), y debemos hacer la obra que Dios nos envió a hacer. 

17.20 Jesús oró por los que le seguirían, incluyéndolo a usted y a otros que conoce. Oró pidiendo unidad (17.11), protección del mal (17.15) y santidad (17.17). Saber que Jesús oró por nosotros nos debe dar confianza al hacer la obra para el Reino de Dios. 

17.21-23 El gran deseo de Jesús era que sus discípulos llegasen a ser uno. Quería que se uniesen para ser un poderoso testimonio de la realidad del amor de Dios. ¿Ayuda a la unidad del cuerpo de Cristo que es la Iglesia? Usted puede orar por otros cristianos, evitar el chisme, edificar a otros, trabajar juntos en humildad, dar de su tiempo y dinero, exaltar a Cristo y rehusar desviarse con discusiones sobre asuntos que provoquen división. 

17.21-23 Jesús oró pidiendo unidad entre los creyentes basándose en la unidad de los creyentes con El y el Padre. Los cristianos pueden conocer la unidad entre ellos si viven unidos a Dios. Por ejemplo, cada pámpano que vive unido a la vid lo está también con todos los otros pámpanos que hacen lo mismo. Comentario la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.