Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 30 DE Junio. Job 19, 20 

Job confía en que Dios lo justificará

19

1Respondió entonces Job, y dijo:

2 ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma,

Y me moleréis con palabras?

3 Ya me habéis vituperado diez veces;

¿No os avergonzáis de injuriarme?

4 Aun siendo verdad que yo haya errado,

Sobre mí recaería mi error.

5 Pero si vosotros os engrandecéis contra mí,

Y contra mí alegáis mi oprobio,

6 Sabed ahora que Dios me ha derribado,

Y me ha envuelto en su red.

7 He aquí, yo clamaré agravio, y no seré oído;

Daré voces, y no habrá juicio.

8 Cercó de vallado mi camino, y no pasaré;

Y sobre mis veredas puso tinieblas.

9 Me ha despojado de mi gloria,

Y quitado la corona de mi cabeza.

10 Me arruinó por todos lados, y perezco;

Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado.

11 Hizo arder contra mí su furor,

Y me contó para sí entre sus enemigos.

12 Vinieron sus ejércitos a una, y se atrincheraron en mí,

Y acamparon en derredor de mi tienda.

13 Hizo alejar de mí a mis hermanos,

Y mis conocidos como extraños se apartaron de mí.

14 Mis parientes se detuvieron,

Y mis conocidos se olvidaron de mí.

15 Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño;

Forastero fui yo a sus ojos.

16 Llamé a mi siervo, y no respondió;

De mi propia boca le suplicaba.

17 Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer,

Aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba.

18 Aun los muchachos me menospreciaron;

Al levantarme, hablaban contra mí.

19 Todos mis íntimos amigos me aborrecieron,

Y los que yo amaba se volvieron contra mí.

20 Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos,

Y he escapado con sólo la piel de mis dientes.

21 ¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí!

Porque la mano de Dios me ha tocado.

22 ¿Por qué me perseguís como Dios,

Y ni aun de mi carne os saciáis?

23 ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas!

¡Quién diese que se escribiesen en un libro;

24 Que con cincel de hierro y con plomo

Fuesen esculpidas en piedra para siempre!

25 Yo sé que mi Redentor vive,

Y al fin se levantará sobre el polvo;

26 Y después de deshecha esta mi piel,

En mi carne he de ver a Dios;

27 Al cual veré por mí mismo,

Y mis ojos lo verán, y no otro,

Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.

28 Mas debierais decir: ¿Por qué le perseguimos?

Ya que la raíz del asunto se halla en mí.

29 Temed vosotros delante de la espada;

Porque sobreviene el furor de la espada a causa de las injusticias,

Para que sepáis que hay un juicio.

 Zofar describe las calamidades de los malos

20

1Respondió Zofar naamatita, y dijo:

2 Por cierto mis pensamientos me hacen responder,

Y por tanto me apresuro.

3 La reprensión de mi censura he oído,

Y me hace responder el espíritu de mi inteligencia.

4 ¿No sabes esto, que así fue siempre,

Desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra,

5 Que la alegría de los malos es breve,

Y el gozo del impío por un momento?

6 Aunque subiere su altivez hasta el cielo,

Y su cabeza tocare en las nubes,

7 Como su estiércol, perecerá para siempre;

Los que le hubieren visto dirán: ¿Qué hay de él?

8 Como sueño volará, y no será hallado,

Y se disipará como visión nocturna.

9 El ojo que le veía, nunca más le verá,

Ni su lugar le conocerá más.

10 Sus hijos solicitarán el favor de los pobres,

Y sus manos devolverán lo que él robó.

11 Sus huesos están llenos de su juventud,

Mas con él en el polvo yacerán.

12 Si el mal se endulzó en su boca,

Si lo ocultaba debajo de su lengua,

13 Si le parecía bien, y no lo dejaba,

Sino que lo detenía en su paladar;

14 Su comida se mudará en sus entrañas;

Hiel de áspides será dentro de él.

15 Devoró riquezas, pero las vomitará;

De su vientre las sacará Dios.

16 Veneno de áspides chupará;

Lo matará lengua de víbora.

17 No verá los arroyos, los ríos,

Los torrentes de miel y de leche.

18 Restituirá el trabajo conforme a los bienes que tomó,

Y no los tragará ni gozará.

19 Por cuanto quebrantó y desamparó a los pobres,

Robó casas, y no las edificó;

20 Por tanto, no tendrá sosiego en su vientre,

Ni salvará nada de lo que codiciaba.

21 No quedó nada que no comiese;

Por tanto, su bienestar no será duradero.

22 En el colmo de su abundancia padecerá estrechez;

La mano de todos los malvados vendrá sobre él.

23 Cuando se pusiere a llenar su vientre,

Dios enviará sobre él el ardor de su ira,

Y la hará llover sobre él y sobre su comida.

24 Huirá de las armas de hierro,

Y el arco de bronce le atravesará.

25 La saeta le traspasará y saldrá de su cuerpo,

Y la punta relumbrante saldrá por su hiel;

Sobre él vendrán terrores.

26 Todas las tinieblas están reservadas para sus tesoros;

Fuego no atizado los consumirá;

Devorará lo que quede en su tienda.

27 Los cielos descubrirán su iniquidad,

Y la tierra se levantará contra él.

28 Los renuevos de su casa serán transportados;

Serán esparcidos en el día de su furor.

29 Esta es la porción que Dios prepara al hombre impío,

Y la heredad que Dios le señala por su palabra. Amen


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 30 DE Junio, Hechos 9: 23 – 43

Saulo escapa de los judíos

23Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; 24pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. 25Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.

 Saulo en Jerusalén

26Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. 27Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. 28Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, 29y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. 30Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.

31Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.

 Curación de Eneas

32Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. 33Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. 35Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.

 Dorcas es resucitada

36Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 38Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. 39Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 42Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor. 43Y aconteció que se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor. Ame. RVR 1960.


COMENTARIO EN EL.  A.T

19.1–29 En su quinta respuesta, Job ruega piedad a sus amigos, quienes se han convertido en sus más crueles verdugos (vv. 1–6). Aunque las esperanzas de recuperación parecen desvanecerse, y todavía se queja amargamente de la forma brutal en que Dios lo ha tratado (vv. 7–20), Job expresa su firme convicción de que al final será reivindicado por Dios su redentor (vv. 25–27). Concluye con una advertencia dirigida a sus amigos (vv. 28, 29).

20.1–29 Zofar habla otra vez, ahora sobre el terrible fin de los impíos e hipócritas, incluyendo a Job en esas categorías (vv. 4–29). Zofar tiene una mentalidad estrecha y legalista, que no siente piedad alguna por Job. No sabe cómo contestar las preguntas de Job y se indigna de sus acusaciones contra sus amigos (vv. 1–3)


COMENTARIOS EN EL N.T.

9.36–42 Dorcas causaba tremendo impacto en su comunidad porque «abundaba en buenas obras y en limosnas», y hacía túnicas y vestidos (9.39). Cuando murió, la sala se llenó de gente dolorida, personas a las que ayudó. Y cuando resucitó, la noticia se esparció por el pueblo. Dios usa grandes predicadores como Pedro y Pablo, pero también usa personas que tienen dones de humanidad como Dorcas. Antes de desear tener otros dones, haga buen uso de los que Dios le ha dado.


FELIPE

Las últimas palabras de Jesús a sus seguidores fueron una orden para que llevaran el evangelio a todo el mundo, pero al parecer no les gustaba la idea de dejar Jerusalén. Fue necesaria una persecución intensa para esparcir a los creyentes, de Jerusalén, a Judea y Samaria, lugares a los que Jesús les ordenó ir. Felipe, uno de los diáconos encargados de la distribución de alimentos, abandonó Jerusalén y, tal como lo hizo la mayoría de los cristianos judíos, difundió el evangelio por donde iba, pero como casi todos, no limitó su audiencia a otros judíos. Fue directamente a Samaria, el último lugar al que escogería ir un judío, debido a un prejuicio muy antiguo.

Los samaritanos respondieron masivamente. Cuando las noticias llegaron a Jerusalén, enviaron a Pedro y Juan para evaluar el ministerio de Felipe. Pronto, se involucraron también, viendo de primera mano la aceptación de Dios por los que antes se consideraron inaceptables.

En medio de todo este éxito y entusiasmo, Dios guió a Felipe para que fuera al desierto para tener una cita con un eunuco etíope, otro extranjero que visitó Jerusalén. Felipe fue de inmediato. Su eficiencia en predicar el evangelio a este hombre colocó a un cristiano en una posición significativa en un país distante y pudo haber tenido su efecto en toda la nación. Felipe terminó en Cesarea, donde los acontecimientos le permitieron ser anfitrión de Pablo muchos años después. Pablo, como líder perseguidor de los cristianos, fue usado como instrumento para sacar a Felipe y a otros de Jerusalén, llegando a ser después un creyente eficiente. La conversión de los gentiles que Felipe comenzó, Pablo la continuó a través de todo el Imperio Romano.

Si usted es o no un seguidor de Cristo, la vida de Felipe representa un desafío. Para quienes todavía están fuera del evangelio, es un recordatorio que el evangelio es para usted también. Para los que han aceptado a Cristo, les recuerda que no tenemos la libertad de quitarle el privilegio a alguien de oír acerca de Jesús. ¿Qué tan parecido a Felipe dirían sus vecinos que es usted? Comentarios de la Biblia del diario vivir  Rv 1960.