LECTURA DE LA PALABRA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO PARA HOY. 3 DE NOVIEMBRE. Jeremías 36,37,
El rey quema el rollo
36
1Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 2Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. 3Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.
4Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado. 5Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: A mí se me ha prohibido entrar en la casa de Jehová. 6Entra tú, pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades. 7Quizá llegue la oración de ellos a la presencia de Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo. 8Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.
9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalén. 10Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del pueblo.
11Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová, 12descendió a la casa del rey, al aposento del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, esto es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes. 13Y les contó Micaías todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a ellos. 15Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc. 16Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras. 17Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. 18Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro. 19Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve y escóndete, tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
20Y entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo depositado el rollo en el aposento de Elisama secretario; y contaron a oídos del rey todas estas palabras. 21Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó del aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban. 22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él. 23Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había. 24Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras. 25Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír. 26También mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraías hijo de Azriel y a Selemías hijo de Abdeel, para que prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías; pero Jehová los escondió.
27Y vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías, diciendo: 28Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim rey de Judá. 29Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni animales? 30Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. 31Y castigaré su maldad en él, y en su descendencia y en sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he anunciado y no escucharon.
32Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.
Encarcelamiento de Jeremías
37
1En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey en la tierra de Judá. 2Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías.
3Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios. 4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. 5Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.
6Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo: 7Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto. 8Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego. 9Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán. 10Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.
11Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón, 12salía Jeremías de Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de en medio del pueblo. 13Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú te pasas a los caldeos. 14Y Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó delante de los príncipes. 15Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel.
16Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado. 18Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la cárcel? 19¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra? 20Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán, para que no muera allí. 21Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. FILEMON
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A
FILEMÓN
Salutación
1
1Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, 2y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: 3Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
El amor y la fe de Filemón
4Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, 5porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; 6para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. 7Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
Pablo intercede por Onésimo
8Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, 9más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, 11el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. 13Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; 14pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.
15Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; 16no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. 17Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. 18Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. 19Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. 20Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.
21Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo. 22Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.
Salutaciones y bendición final
23Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, 24Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
25La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. Jeremías 36,37,
Capítulo 36
36.1ss Esto sucedió en el verano del año 605 a.C., poco después de la victoria de Nabucodonosor sobre el ejército egipcio en Carquemis, antes de los sucesos narrados en los capítulos 34 y 35.
36.2-4 Antiguamente, muchos no podían leer ni escribir, por lo tanto, los que podían hacerlo eran muy valiosos. Estos escribas ocupaban puestos de gran importancia y se respetaban mucho por su conocimiento. Baruc era el escriba de Jeremías. La escritura se realizaba a menudo sobre pergamino o en hojas de papiro que se cosían o pegaban entre sí y se guardaban en los llamados rollos de pergamino. Después del cautiverio, los escribas se volvieron maestros de la Ley. En la época del Nuevo Testamento, los escribas formaban un partido político poderoso.
36.9 Cuando había alguna emergencia nacional, a menudo se hacía un llamado a días de ayuno (donde la gente se abstenía de comer para mostrar humildad y arrepentimiento). Babilonia iba destruyendo ciudad tras ciudad y cercaba a Jerusalén. Cuando el pueblo llegó al templo, Baruc les dijo cómo podían prevenir la tragedia inminente. Pero se negaron a escuchar.
36.10–32 Dios dijo a Jeremías que escribiera sus palabras en un rollo de libro. Debido a que no se le permitía entrar al templo, Jeremías pidió a su escriba, Baruc, a quien le dictó el rollo, que lo leyera al pueblo que se reunía allí. Baruc entonces lo leyó a los príncipes y por último Jehudí se lo leyó al mismo rey. A pesar de que el rey quemó el rollo, no pudo destruir la Palabra de Dios. En la actualidad mucha gente trata de echar a un lado la Palabra de Dios o dice que contiene muchos errores y que por lo tanto no es confiable. La gente puede rechazar la Palabra de Dios, pero no puede destruirla. Esta permanecerá para siempre (Salmo 119.89).
36.22 Un bracero es una vasija de metal donde se colocan los carbones ardientes, usado para calentar un ambiente.
36.25 Solo tres líderes protestaron por esta acción perversa de quemar el rollo que contenía la Palabra de Dios. Esto muestra cuán complaciente e insensible se volvió el pueblo hacia Dios.
36.30 Joaquín, el hijo de Joacim, fue rey por tres meses antes de que lo llevaran en cautiverio, pero esto no lo califica como para «ocupar el trono de David», una expresión que implicaba permanencia. Joacim no aseguró una dinastía. Sedequías, el siguiente gobernante, era el tío de Joaquín. Por lo tanto, terminó la línea de reyes humanos descendientes de David, pero en menos de seiscientos años vendría a través de los descendientes de Natán, el hermano de Salomón, el Rey eterno (véase también la nota a 22.30).
Capítulo 37
37.1ss El rey Joacim murió camino a Babilonia (2 Crónicas 36.6) y designaron rey a su hijo Joaquín, pero tres meses después lo llevaron cautivo a Babilonia. Nabucodonosor entonces designó a Sedequías como su vasallo en Judá.
37.2,3 El rey Sedequías y sus funcionarios no querían escuchar las palabras de Jeremías, pero querían las bendiciones de sus oraciones. Querían una religión superficial que no les costara nada. Pero a Dios no le agradan los que vienen a Él solo por lo que pueden obtener en vez de buscar establecer o profundizar una relación con Él. Nosotros no aceptaríamos esa clase de relación con alguna otra persona y no debemos esperar que Dios la acepte de nosotros.
37.5 Cuando Nabucodonosor sitió Jerusalén en 589 a.C., el Faraón Hofra marchó en contra de él por invitación de Sedequías. Jerusalén volvió la mirada a Egipto para pedirle ayuda a pesar de las advertencias de Jeremías. Pero los egipcios no fueron ninguna ayuda, ya que en cuanto los babilonios se volvieron en su contra, se retiraron. Las advertencias de Jeremías fueron ciertas.
37.17 Sedequías titubeaba entre la rendición y la resistencia. Demasiado asustado y débil para ejercer autoridad, pidió a Jeremías que fuera en secreto al palacio, esperando quizás que llegaran algunas buenas noticias de Dios. Sedequías estaba desesperado, quería escuchar la Palabra de Dios, pero temía que surgieran problemas políticos si descubrían que hablaba con Jeremías.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. FILEMON
Capítulo 1
1 Pablo escribió esta carta desde Roma alrededor del 60 d.C., cuando se hallaba bajo arresto domiciliario (véase Hechos 28.30, 31). Onésimo era un esclavo doméstico que pertenecía a Filemón, un hombre rico, miembro de la iglesia en Colosas. Onésimo había huido de Filemón y se había dirigido a Roma, donde se encontró con Pablo, que parece que fue el que lo guió a Cristo (v. 10). Pablo lo convenció de que huir de sus problemas no los resolvería y lo persuadió a regresar a su amo. Pablo escribió esta carta a Filemón para pedirle que se reconciliara con su esclavo fugitivo.
1 Filemón fue un hacendado griego residente en Colosas. Se convirtió bajo el ministerio de Pablo, y la iglesia de Colosas se reunía en su casa. Onésimo era uno de los esclavos de Filemón.
2 Apia pudo haber sido la esposa de Filemón. Arquipo pudo haber sido el hijo de Filemón o posiblemente un anciano de la iglesia en Colosas. Sea como sea, Pablo lo incluyó como a un receptor de la carta, posiblemente Arquipo pudo leer la carta con Filemón y lo animó a seguir el consejo de Pablo.
2 La iglesia primitiva con frecuencia solía reunirse en diferentes hogares. Debido a la persecución esporádica y el gran costo que significaba, los templos no se construyeron en esta época.
4-7 Pablo destacó el amor y la bondad de Filemón. Había abierto su corazón y su hogar a la iglesia. Debiéramos imitarlo, abriéndoles nuestro corazón y nuestros hogares a otros, y ofrecer compañerismo cristiano para refrescar los corazones de otros.
8,9 Debido a que Pablo fue un anciano y un apóstol, pudo haber usado su autoridad con Filemón, ordenándole tratar con bondad a su esclavo fugitivo. Pero Pablo no basó su pedido en su autoridad sino en la entrega de Filemón como cristiano. Pablo quiso que la obediencia de Filemón fuera sincera y no de mala gana. Cuando usted sabe que algo es correcto y tiene el poder de demandarlo ¿apela usted a su autoridad o a la dedicación de la otra persona? Aquí Pablo nos da un buen ejemplo de cómo tratar un posible conflicto entre amigos cristianos.
10 Un amo tenía el derecho legal de matar a un esclavo fugitivo, por eso Onésimo temía por su vida. De manera que Pablo escribió esta carta a Filemón para ayudarlo a comprender su nueva relación con Onésimo. Este era ahora un hermano cristiano, no una mera posesión. «A quien engendré en mis prisiones» significa que Onésimo se había hecho cristiano.
10ss Pablo pidió a Filemón que perdonara a su esclavo fugitivo, el que había llegado a ser cristiano, pero no solo que lo perdonara, sino que lo aceptara como a un hermano. Como cristianos, deberíamos perdonar así como hemos sido perdonados (Mateo 6.12; Efesios 4.31, 32). El verdadero perdón significa que tratamos al que ha sido perdonado en la forma que quisiéramos ser tratados. ¿Hay alguien a quien usted dice haber perdonado pero que todavía necesita su afecto?
11-15 Onésimo significa «útil». Pablo usó un juego de palabras, al decir que Onésimo no había sido de mucha utilidad en el pasado, pero que había sido muy útil tanto para Filemón como para Pablo. A pesar de que Pablo quería permanecer con Onésimo, lo envió de regreso, esperando que Filemón lo aceptara no como un esclavo fugitivo perdonado, sino también como un hermano en Cristo.
15, 16 La esclavitud estaba esparcida por todo el Imperio Romano. En estos días, los cristianos no tenían poder político para cambiar el sistema de la esclavitud. Pablo no condena o condona la esclavitud pero se empeña en que las relaciones se transformen. El evangelio empieza a cambiar las estructuras sociales por medio del cambio que opera en la gente que se halla dentro de esas estructuras. (Véanse también 1 Corintios 7.20–24; Efesios 6.5–9; Colosenses 3.22–4.1 para más sobre la relación amo/siervo.)
16 ¡Qué diferencia hizo la condición social de Onésimo, como un cristiano, para con Filemón! Dejó de ser un simple esclavo, un sirviente, llegó a ser también un hermano. Ambos, tanto Onésimo como Filemón, llegaron a ser miembros de la familia de Dios, iguales en Cristo. La condición social de un cristiano, como miembro de la familia de Dios, va más allá de todas las demás distinciones entre los creyentes. ¿Usted menosprecia a algún cristiano? Recuerde, ellos son sus iguales delante de Cristo (Gálatas 3.28). La forma en que usted trata a sus hermanos y hermanas en la familia cristiana refleja su verdadero compromiso cristiano.
17-19 Pablo amaba en forma genuina a Onésimo. Pablo demostró su amor al servir de garantía personal por el pago de cualquier cosa robada o por cualquier daño causado que convirtiera a Onésimo en culpable. La inversión de Pablo en la vida de este nuevo creyente ciertamente animó y fortaleció la fe de Onésimo. ¿Hay nuevos creyentes que necesitan de su parte esta demostración que encierra el autosacrificio? Dé gracias cuando se presente la oportunidad de invertir en la vida de otros, al ayudarles en el estudio de la Biblia, las oraciones, el ánimo, el sostén económico y al brindarles su amistad.
19 Cuando Pablo dice «tú mismo te me debes también», le recuerda a Filemón que él lo había guiado a Cristo. Al ser Pablo el padre espiritual de Filemón, esperaba que este sintiera una deuda de gratitud que estaría dispuesto a pagar al aceptar a Onésimo con un espíritu perdonador.
22 Pablo dejó la prisión poco tiempo después de que esta carta fuera escrita, pero la Biblia no nos dice si llegó a regresar a Colosas.
23 Epafras era muy conocido entre los colosenses, ya que él había fundado la iglesia allí (Colosenses 1.7). Era como un héroe para esta iglesia, luchó para que se mantuviera unida a pesar de la persecución creciente y las dificultades con las falsas doctrinas. La información acerca de los problemas que afrontaban los hermanos de Colosas motivó a Pablo a escribir su epístola a los Colosenses. Las oraciones fervorosas de Epafras por los cristianos en Colosas muestra su amor profundo por ellos (Colosenses 4.12, 13). Probablemente, se hallaba en prisión con Pablo por predicar el evangelio.
24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas también son mencionados en Colosenses 4.10, 14. Marcos había acompañado a Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero (Hechos 12.25ss). Juan Marcos también escribió el Evangelio de Marcos. Lucas acompañó a Pablo en su tercer viaje misionero y fue el escritor del Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos. Demas fue fiel a Pablo por un tiempo pero luego desertó (véase 2 Timoteo 4.10).
25 Pablo anima a Filemón para que se reconcilie con su esclavo, recibiéndolo como a un hermano y miembro de la familia de Dios. Reconciliación significa restaurar relaciones. Cristo nos reconcilió con Dios y con otros. Hay muchas barreras levantadas entre la gente: raza, nivel social, sexo, diferencias de personalidad; pero Cristo puede derribar dichas barreras. Jesucristo cambió la relación de Onésimo con Filemón, de esclavo a hermano. Solo en Cristo nuestras relaciones irremediables pueden ser transformadas en una amistad profunda. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.
