LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 3 DE Abril. Jueces 10, 11
Tola y Jair juzgan a Israel
10
1Después de Abimelec, se levantó para librar a Israel Tola hijo de Fúa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en Samir en el monte de Efraín. 2Y juzgó a Israel veintitrés años; y murió, y fue sepultado en Samir.
3Tras él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a Israel veintidós años. 4Este tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta asnos; y tenían treinta ciudades, que se llaman las ciudades de Jair hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad. 5Y murió Jair, y fue sepultado en Camón.
Jefté liberta a Israel de los amonitas
6Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales y a Astarot, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos; y dejaron a Jehová, y no le sirvieron. 7Y se encendió la ira de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de los filisteos, y en mano de los hijos de Amón; 8los cuales oprimieron y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo dieciocho años, a todos los hijos de Israel que estaban al otro lado del Jordán en la tierra del amorreo, que está en Galaad. 9Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá y contra Benjamín y la casa de Efraín, y fue afligido Israel en gran manera.
10Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro Dios, y servido a los baales. 11Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos, 12de los de Sidón, de Amalec y de Maón, y clamando a mí no os libré de sus manos? 13Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos; por tanto, yo no os libraré más. 14Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido; que os libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción. 15Y los hijos de Israel respondieron a Jehová: Hemos pecado; haz tú con nosotros como bien te parezca; sólo te rogamos que nos libres en este día. 16Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a Jehová; y él fue angustiado a causa de la aflicción de Israel.
17Entonces se juntaron los hijos de Amón, y acamparon en Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel, y acamparon en Mizpa. 18Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién comenzará la batalla contra los hijos de Amón? Será caudillo sobre todos los que habitan en Galaad.
11
1Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad. 2Pero la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer. 3Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en tierra de Tob; y se juntaron con él hombres ociosos, los cuales salían con él.
4Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel. 5Y cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob; 6y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para que peleemos contra los hijos de Amón. 7Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me aborrecisteis vosotros, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción? 8Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros y pelees contra los hijos de Amón, y seas caudillo de todos los que moramos en Galaad. 9Jefté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestro caudillo? 10Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Jehová sea testigo entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices. 11Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su caudillo y jefe; y Jefté habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa.
12Y envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas, diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo, que has venido a mí para hacer guerra contra mi tierra? 13El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; ahora, pues, devuélvela en paz. 14Y Jefté volvió a enviar otros mensajeros al rey de los amonitas, 15para decirle: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Amón. 16Porque cuando Israel subió de Egipto, anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, y llegó a Cades. 17Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab, el cual tampoco quiso; se quedó, por tanto, Israel en Cades. 18Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acampó al otro lado de Arnón, y no entró en territorio de Moab; porque Arnón es territorio de Moab. 19Y envió Israel mensajeros a Sehón rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar. 20Mas Sehón no se fio de Israel para darle paso por su territorio, sino que reuniendo Sehón toda su gente, acampó en Jahaza, y peleó contra Israel. 21Pero Jehová Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel, y los derrotó; y se apoderó Israel de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel país. 22Se apoderaron también de todo el territorio del amorreo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23Así que, lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al amorreo delante de su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de él? 24Lo que te hiciere poseer Quemos tu dios, ¿no lo poseerías tú? Así, todo lo que desposeyó Jehová nuestro Dios delante de nosotros, nosotros lo poseeremos. 25¿Eres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Tuvo él cuestión contra Israel, o hizo guerra contra ellos? 26Cuando Israel ha estado habitando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades que están en el territorio de Arnón, ¿por qué no las habéis recobrado en ese tiempo? 27Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal conmigo peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón. 28Mas el rey de los hijos de Amón no atendió a las razones que Jefté le envió.
29Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón. 30Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, 31cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto. 32Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano. 33Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.
34Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija. 35Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme. 36Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón. 37Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. 38El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. 39Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón. 40Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 3 DE Abril. Lucas 9: 1- 36
Misión de los doce discípulos
(Mt. 10.5–15; Mr. 6.7–13)
9
1Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 2Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. 3Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. 4Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 5Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. 6Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
Muerte de Juan el Bautista
(Mt. 14.1–12; Mr. 6.14–29)
7Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; 8otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. 9Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13–21; Mr. 6.30–44; Jn. 6.1–14)
10Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida. 11Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. 12Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto. 13Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. 14Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. 15Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. 17Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos.
La confesión de Pedro
(Mt. 16.13–20; Mr. 8.27–30)
18Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? 19Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
Jesús anuncia su muerte
(Mt. 16.21–28; Mr. 8.31—9.1)
21Pero él les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente, 22y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
23Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 24Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. 25Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? 26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles. 27Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.
La transfiguración
(Mt. 17.1–8; Mr. 9.2–8)
28Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 30Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; 31quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. 32Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él. 33Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. 34Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 35Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. 36Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 3 DE Abril. Jueces 10, 11
Capítulo 10
10.1-5 En cinco versículos leemos sobre dos hombres que juzgaron a Israel por un total de cuarenta y cinco años, aunque todo lo que conocemos de ellos, aparte de la extensión de su gobierno, es que uno tuvo treinta hijos, los que cabalgaban en treinta asnos. ¿Qué está usted haciendo para Dios que sea digno de ser señalado? Cuando su vida termine, ¿recordará la gente algo más que su cuenta en el banco o el números de años que vivió?
10.6 Baal y Astarot se explican en las notas a 2.11–15 y 3.7. Los dioses de Aram y Sidón son muy similares. Los dioses de Moab y Amón eran Quemos y Moloc. Los dioses filisteos eran Dagón, Astarot, Asera y Baal-zebub.
10.9, 10 Una vez más, los israelitas sufrieron durante muchos años antes de que dejaran sus caminos pecaminosos y clamaran a Dios pidiendo ayuda (véanse 4.1–3; 6.1–7). Observe que cuando los israelitas estuvieron al final de la cuerda no buscaron la ayuda de sus dioses paganos, sino la del único Dios que realmente podía ayudarlos.
¿Es Dios nuestro último recurso? Tanto sufrimiento innecesario se debe a que no clamamos a Dios sino hasta que hemos agotado todos los demás recursos. En lugar de esperar a que la situación se vuelva desesperada, vuelva sus ojos a Dios en primer lugar. Él tiene los recursos necesarios para resolver cualquier tipo de problema.
10.11–16 Estos versículos muestran cuán difícil puede ser seguir a Dios hasta el final. Siempre parecía que cuando todo iba bien, los israelitas se olvidaban de Dios. Pero a pesar de ser rechazado por su propio pueblo, Dios nunca dejó de rescatarlos cuando clamaban a Él con arrepentimiento. Dios tampoco deja de rescatarnos a nosotros. Actuamos tal como los israelitas cuando ponemos a Dios fuera de nuestros sucesos cotidianos, en lugar de en el centro de ellos. De la misma manera que un padre amoroso se siente rechazado cuando un hijo se rebela, así también Dios siente un gran rechazo cuando lo ignoramos o lo abandonamos (1 Samuel 8.4–9; 10.17–19; Juan 12.44–50). Debemos luchar para mantenernos cerca de Dios en lugar de ver cuán lejos podemos llegar antes de que venga el juicio.
10.17, 18 El poder de la nación amonita estaba en su punto más alto durante el período de los jueces. Los amonitas eran descendientes de Amón, concebido cuando la hija de Lot durmió con su padre ebrio (Génesis 19.30–38). La tierra de Amón estaba localizada justo al este del río Jordán, frente a Jerusalén. Al sur de Amón se encuentra la tierra de Moab, la nación concebida cuando la otra hija de Lot durmió con su padre. Moab y Amón eran generalmente aliados. Era una tarea formidable derrotar a esas naciones.
Capítulo 11
11.1, 2 Jefté, un hijo ilegítimo de Galaad, fue perseguido fuera de la ciudad por sus medios hermanos. Sufrió por la decisión de otra persona y no por algún mal que él hubiera hecho. A pesar del rechazo de sus hermanos, Dios lo usó. Si usted sufre un rechazo injusto, no culpe a los demás ni se desaliente. Recuerde cómo Dios utilizó a Jefté a pesar de las circunstancias injustas y crea que Él puede utilizarlo a usted también, aun cuando se sienta rechazado por algunos.
11.3 Circunstancias más allá de su control forzaron a Jefté a separarse de su pueblo y a vivir como paria. Hoy día, tanto creyentes como incrédulos puedan excluir a quienes no encajen en las normas dictadas por nuestra sociedad, vecindarios o iglesias. A menudo, como en el caso de Jefté, se desperdicia un gran potencial debido al prejuicio, un rechazo a mirar más allá de los estereotipos mal concebidos. Mire alrededor de usted y vea si existen Jeftés potenciales que hayan sido mantenidos fuera por factores más allá de su control. Como cristiano usted sabe que todos pueden tener un lugar en la familia de Dios. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar a esta gente a ganarse la aceptación por su carácter y por sus habilidades?
11.11 ¿Qué significa que Jefté haya repetido todas esas palabras ante el Señor? En los tiempos antiguos, los que hacían pactos a menudo los hacían delante de altares de modo que tuviesen como testigos a las deidades. A menudo se depositaba también una copia escrita en el altar. Para Jefté, esta ceremonia parecía más una coronación.
11.14ss Jefté envió mensajeros al rey de Amón para saber por qué los israelitas en la tierra de Galaad estaban siendo atacados (11.12). El rey contestó que Israel le había robado su tierra y que quería recuperarla (11.13).
Jefté envió otro mensaje al rey (11.14–27). En él daba tres argumentos contra el reclamo del rey: (1) En primer lugar, Galaad nunca fue la tierra del rey porque Israel la había tomado de los amorreos, no de los amonitas (11.16–22); (2) Los israelitas debían poseer la tierra que les había dado el Dios de Israel, y los amonitas deberían poseer la tierra que les había dado el dios de Amón; (3) nadie había disputado la posesión de la tierra a Israel desde su conquista trescientos años antes (11.25, 26).
Para mérito de Jefté, este trató de resolver el problema sin derramamiento de sangre. Pero el rey de Amón ignoró su mensaje y preparó sus tropas para la batalla.
11.27 Al paso de los años, Israel tuvo muchos jueces que lo guiaron. Pero Jefté reconoció a Dios como el único Juez verdadero del pueblo, el Único que realmente los guiaría y ayudaría a conquistar a los enemigos invasores.
11.30, 31 En la ley de Dios, un voto era una promesa hecha a Dios que no debía romperse (Números 30.1, 2; Deuteronomio 23.21–23). Tenía tanta fuerza como un contrato escrito. Muchas personas hicieron votos en tiempos bíblicos. Algunos, como el de Jefté, fueron bastante tontos.
11.30, 31 Cuando Jefté hizo su voto, ¿se detuvo a considerar que en lugar de una oveja o cabra saldría a recibirlo una persona? Los eruditos están divididos sobre este asunto. Aquellos que creen que Jefté tenía en mente un sacrificio humano emplean los siguientes argumentos: (1) Él era de un área donde la religión pagana y el sacrificio humano eran comunes. A sus ojos, pudo no haberle parecido un pecado. (2) Quizá Jefté no estaba familiarizado con la ley religiosa. Quizá ignoraba el mandamiento de Dios acerca de los sacrificios humanos.
Los que creen que Jefté no hablaba de un sacrificio humano apuntan hacia otra evidencia: (1) Como líder del pueblo, Jefté debió estar familiarizado con la ley de Dios; el sacrificio humano estaba absolutamente prohibido (Levítico 18.21; 20.1–5). (2) Ningún sacerdote legítimo hubiera ayudado a Jefté a cumplir su voto si el sacrificio era humano.
Sea lo que fuere que Jefté haya tenido en mente cuando hizo el voto, ¿sacrificó o no sacrificó a su hija? Algunos piensan que lo hizo, porque su voto fue hacer un holocausto. Otros piensan que no lo hizo, y ofrecen varias razones: (1) Si la niña tenía que morir, no hubiera pasado sus últimos dos meses en las montañas. (2) Dios no hubiera honrado un voto basado en una práctica malvada. (3) El versículo 39 dice que ella nunca se casó, no que ella haya muerto, dando a entender que fue apartada para el servicio de Dios, y no que fue sacrificada.
11.34, 35 El voto irreflexivo de Jefté le trajo un dolor inenarrable. En el calor de la emoción o de la agitación personal es muy fácil hacer promesas necias a Dios. Estas promesas pueden sonar muy espirituales cuando las hacemos, pero pueden producir sólo frustración y culpabilidad cuando nos vemos forzados a cumplirlas. El hacer «tratos» espirituales sólo nos trae desilusión. Dios no quiere promesas para el futuro, sino obediencia para el día de hoy.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 3 DE Abril. Lucas 9: 1- 36
Capítulo 9
9.1–10 Note los métodos de Jesús. Les dio poder (9.1), les dio instrucciones específicas de modo que sabían qué hacer (9.3, 4), les dio instrucciones específicas para que supieran qué hacer (9.5) y exigió responsabilidad por sus acciones (9.10). Cuando guíe a otros, estudie el modelo de liderazgo del Maestro. ¿Cuál de estos elementos necesita incorporar al suyo?
9.2 Jesús anunció su Reino mediante la predicación y la sanidad. Si solamente hubiera predicado, la gente podría haber visto su Reino solo como espiritual. Por otro lado, si solo hubiera sanado sin predicar, la gente no habría comprendido la importancia espiritual de su misión. La mayoría de sus oyentes esperaban un Mesías que traería prosperidad y poder a su nación; preferían bendiciones materiales antes que discernimiento espiritual. La verdad es que Jesús es Dios y hombre, espíritu y carne, y la salvación que ofrece es para el alma y el cuerpo. Cualquier enseñanza que enfatice el alma a expensas del cuerpo o a este a expensas del alma, está en peligro de distorsionar las buenas nuevas de Jesús.
9.3, 4 ¿Por qué se les instruyó a los discípulos a depender de otros mientras iban de ciudad en ciudad anunciando las buenas nuevas? Su propósito era abarcar a Judea con el mensaje de Jesús y al viajar sin equipaje se moverían con rapidez. Depender de otros tendría además algunos efectos positivos: (1) Mostraría con claridad que el Mesías no vino para ofrecer prosperidad a sus seguidores (2) Forzaría a los discípulos a confiara depender del poder de Dios y no de su propia provisión. (3) Enrolaría a los habitantes del pueblo y los convertiría en personas con ansias de oír el mensaje. Esta fue una forma excelente de abordar su misión a corto plazo; sin embargo, no era la intención de que fuera una forma de vida permanente para ellos.
9.4 En cada lugar, los discípulos debían quedarse en una sola casa porque así no ofenderían a sus anfitriones al trasladarse a otra que fuera más cómoda o socialmente más prominente. Quedarse en una casa no sería una carga para el hospedador porque su permanencia en cada comunidad sería breve.
9.5 Sacudir el polvo de los pies en las ciudades donde no los aceptaran tenía una honda implicación cultural. Los judíos piadosos sacudían el polvo de sus pies después de pasar por ciudades gentiles, para mostrar su separación de las prácticas de ellos. Si los discípulos se sacudían el polvo de una ciudad judía, mostrarían su separación de los judíos que rechazaron al Mesías. Esta acción también señalaba que los discípulos no eran responsables de cómo la gente respondía a su mensaje. Tampoco nosotros si presentamos a Cristo con esmero y veracidad y rechazan el mensaje. Como los discípulos, seguiremos hacia otros que desean alcanzar a Dios.
9.7 Si desea más información sobre Herodes, también conocido como Herodes Antipas, véase su perfil en Marcos 6.
9.7, 8 Fue muy difícil para las personas aceptar a Jesús por lo que Él era, de manera que trataron de presentar otras soluciones que parecían increíbles. Muchos pensaban que Él era alguien que resucitó, tal vez Juan el Bautista u otro profeta. Algunos sugirieron que era Elías, el gran profeta que no murió sino que fue llevado en un carro de fuego (2 Reyes 2.1–11). Muy pocos hallaron la respuesta correcta, como fue el caso de Pedro (9.20). Para muchos hoy, quizás no les sea fácil aceptar a Jesús como totalmente humano y totalmente divino Hijo de Dios, por lo que siguen intentando hallar explicaciones: un gran profeta, un líder político radical, un mentiroso alborotador. Ninguna de estas descripciones consideran los milagros de Jesús ni, sobre todo, su gloriosa resurrección. De modo que estas realidades también deben explicarse. En fin, los intentos para explicar a Jesús son mucho más complicados que creer la verdad misma.
9.9 Si desea más información acerca de cómo Herodes decapitó a Juan, véase Marcos 6.14–29.
9.10,11 Jesús trató de pasar inadvertido, pero pronto descubrieron dónde estaba y lo siguieron. En lugar de molestarse por esta interrupción, Jesús les recibió y suplió sus necesidades. ¿Cómo ve a quienes le interrumpen sus planes, como un estorbo o como la razón de su vida y ministerio?
9.11 El Reino de Dios fue un punto focal en la enseñanza de Jesús. Explicó que no era solo un reino futuro; estaba entre ellos, materializado en Él, el Mesías. Sin embargo, aunque el Reino no se consumará hasta la venida de Jesús en gloria, no debemos esperar para probarlo. El Reino de Dios empieza en los corazones de los que creen en Jesús (17.21). Está tan presente con nosotros, como lo estuvo con los judíos hace dos mil años.
9.13,14 Cuando los discípulos expresaron su preocupación por dónde la multitud de miles iba a comer, Jesús ofreció una solución: «Dadles vosotros de comer». Ellos protestaron, enfocando su atención en lo que no tenían (alimentos y dinero).
¿Cree que Dios le pediría que hiciera algo que usted y Él no pudieran juntos realizar? No permita que su fuente de recursos lo ciegue para ver el poder de Dios.
9.16,17 ¿Por qué Jesús se molestó en dar de comer a esta gente? Fácilmente pudo pedir que se fueran. Pero Jesús no pasa por alto las necesidades. Le interesa cada aspecto de nuestra vida, tanto físico como espiritual. En la medida que procuramos trabajar en la vida de las personas de manera integral, nunca debemos obviar que todos tenemos necesidades físicas y espirituales. Es imposible ministrar con eficacia a un tipo de necesidad sin considerar la otra.
9.18-20 La fe cristiana va más allá del conocimiento de lo que otros creen. Demanda que creamos. Cuando Jesús pregunta: «¿Y vosotros, quién decís que soy?», espera que sepamos responder. ¿Quién dice usted que es Jesús?
9.21 Jesús dijo a sus discípulos que no debían decir que era el Cristo porque en ese momento no entendían del todo el significado de esta declaración, ninguno lo entendía. Todos seguían esperando al Mesías que vendría como un Rey conquistador. Pero Jesús, como el Mesías, tendría aún que sufrir, lo rechazarían los líderes, moriría y resucitaría. Cuando los discípulos vieran suceder todas estas cosas en Jesús, comprenderían el porqué de la venida del Mesías. Solo entonces estarían preparados para predicar las buenas nuevas alrededor del mundo.
9.22 Este es un punto sobresaliente en la enseñanza de Jesús a sus discípulos. Ahora, empieza a enseñar de manera clara y específica acerca de lo que iba a ocurrir y de lo que debían esperar, a fin de que no se sorprendieran cuando esto sucediera. Explicó que ahora no sería el Mesías conquistador, porque antes tendría que sufrir, morir y resucitar. Pero que un día regresaría en gran gloria para establecer su Reino eterno.
9.23 El cristiano que sigue a su Señor imita su vida y obedece sus mandamientos. Tomar la cruz significa llevarla hasta el lugar donde nos van a matar. Muchos galileos murieron a manos de los romanos. Aplicado a los discípulos, esto denota identificarse por completo con el mensaje de Cristo, incluso si significa la muerte. Debemos negar nuestros deseos egoístas, usar tiempo y dinero y elegir el camino tomando en cuenta a Cristo. Hoy en día esta forma de vida es costosa, pero a la larga vale la pena el dolor y el esfuerzo.
9.23–26 La gente está dispuesta a pagar un alto precio por algo que valora. ¿Sorprende que Jesús demandara este tipo de entrega de quienes decidieran seguirlo? Hay, al menos, tres condiciones que debe cumplir el que quiera seguir a Jesús: Estar dispuesto a negarse a sí mismo, llevar su cruz y dar su vida. Todo lo demás es un servicio superficial, solo de palabras.
9.24,25 Si esta vida es lo más importante para usted, hará cualquier cosa para protegerla. No hará nada que ponga en peligro su seguridad, salud o comodidad. En cambio, si para usted seguir a Jesús es lo más importante, quizás se halle en lugares inseguros, insanos e incómodos. Enfrentará la muerte, pero no temerá porque sabe que Jesús lo resucitará a la vida eterna. Ninguna cosa material compensa la pérdida de la vida eterna. Los discípulos de Jesús no deben usar su vida terrenal para su propio placer, sino que deben gastarla sirviendo a Dios y a los demás.
9.26 A la audiencia griega de Lucas le sería difícil comprender a un Dios que puede morir, asimismo la judía de Jesús se mostraría perpleja ante un Mesías que permitiría su captura. A ambos los avergonzarían si no miraran su muerte, su gloriosa resurrección y su Segunda Venida. Entonces verían a Jesús, no como un perdedor, sino como el Señor del universo que, a través de su muerte, logrará la salvación en favor de todos.
9.27 Cuando Jesús manifestó que algunos no morirían sin ver su Reino, se refería a: (1) Pedro, Jacobo y Juan que serían testigos de la transfiguración ocho días después, o en un sentido más amplio, (2) a todos los que serían testigos de su resurrección y ascensión, o (3) todos los que tomarían parte en la extensión de la Iglesia después del Pentecostés. Los oyentes de Jesús no tendrían que esperar por otro futuro Mesías, el Reino estaba entre ellos y muy pronto vendría en poder.
9.29 Jesús llevó a Pedro, Jacobo y Juan a la cumbre del monte para mostrarles quién era en realidad, no solo un gran profeta, sino el mismo Hijo de Dios. Moisés representa la Ley y Elías representa a los profetas. Ambos aparecieron con Jesús y la voz de Dios distinguió al Señor como el tan esperado Mesías con autoridad divina. Jesús cumpliría ambos, la Ley y los Profetas (Mateo 5.17).
9.33 Cuando Pedro sugirió hacer tres enramadas, tal vez estaba pensando en la Fiesta de los Tabernáculos, en la que se levantaban enramadas para conmemorar el éxodo, la liberación de Dios de la esclavitud de Egipto. Quería que Moisés y Elías se quedaran con ellos. Pero Dios no quería esto. El deseo de Pedro de hacer tres enramadas para Jesús, Moisés y Elías, quizás denotaba también su creencia de que la verdadera fe se construye sobre tres piedras angulares: la Ley, los Profetas y Jesús. Sin embargo, la comprensión de Pedro creció y, al final, pudo escribir que Jesús es «la principal piedra del ángulo, escogida y preciosa» (1 Pedro 2.6).
9.33 Pedro, Jacobo y Juan experimentaron un momento maravilloso en la cima del monte y no quisieron dejarlo. Algunas veces nosotros también al tener una experiencia emocionante queremos permanecer donde estamos, alejados de la realidad y de los problemas de la vida diaria. Las dificultades que nos esperan en el valle nos motivan a desear quedarnos en la cima de la montaña. Sin embargo, cuando estamos en la cima del monte no podemos ministrar a otros. En lugar de llegar a ser gigantes espirituales, muy pronto nos convertiríamos en enanos por el egoísmo. Necesitamos tiempos de retiro y renovación para luego volver y ministrar al mundo. Nuestra fe debe tener sentido en el monte y fuera de él.
9.35 Como Hijo de Dios, Jesús tiene el poder y la autoridad de Dios, por lo que sus palabras deben ser nuestra verdadera autoridad. Si las enseñanzas de alguno son ciertas, estarán de acuerdo con las enseñanzas de Jesús. Evalúe todo lo que oye a la luz de las palabras de Jesús y no le guiarán por falsos caminos. No se apresure en buscar consejo y dirección de fuentes humanas, echando a un lado el mensaje de Cristo.
9.35 Dios identifica con claridad a Jesús como su Hijo antes de decirle a Pedro y los demás que deben oírle a Él y no a sus ideas ni deseos. El poder para seguir a Jesús viene de la seguridad de saber quién es. Si creemos que es el Hijo de Dios, sin duda desearemos hacer lo que Él dice. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.
