Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 13 DE Mayo 2 Reyes 6,7,8,

Eliseo hace flotar el hacha

6

1Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho. 2Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagamos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad. 3Y dijo uno: Te rogamos que vengas con tus siervos. Y él respondió: Yo iré. 4Se fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron la madera. 5Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah, señor mío, era prestada! 6El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro. 7Y dijo: Tómalo. Y él extendió la mano, y lo tomó.

 Eliseo y los sirios

8Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento. 9Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los sirios van allí. 10Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón de Dios había dicho; y así lo hizo una y otra vez con el fin de cuidarse.

11Y el corazón del rey de Siria se turbó por esto; y llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel? 12Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío, sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu cámara más secreta. 13Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a prenderlo. Y le fue dicho: He aquí que él está en Dotán. 14Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la ciudad.

15Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? 16El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. 17Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo. 18Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo. 19Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y los guió a Samaria.

20Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y se hallaban en medio de Samaria. 21Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los mataré, padre mío? 22El le respondió: No los mates. ¿Matarías tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus señores. 23Entonces se les preparó una gran comida; y cuando habían comido y bebido, los envió, y ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel.

 Eliseo y el sitio de Samaria

24Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. 25Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. 26Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. 27Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar? 28Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. 29Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo. 30Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que traía interiormente sobre su cuerpo. 31Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy.

32Y Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos; y el rey envió a él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo de homicida envía a cortarme la cabeza? Mirad, pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el ruido de los pasos de su amo? 33Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué he de esperar más a Jehová?

7

1Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. 2Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.

3Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? 4Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos. 5Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie. 6Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. 7Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas. 8Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.

9Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey. 10Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto. 11Los porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey. 12Y se levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, y han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, diciendo: Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad. 13Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan acá también perecerán como toda la multitud de Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay. 14Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: Id y ved. 15Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.

16Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. 17Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey descendió a él. 18Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria. 19A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. 20Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.

 Los bienes de la sunamita devueltos

8

1Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años. 2Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años. 3Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos; después salió para implorar al rey por su casa y por sus tierras. 4Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo. 5Y mientras él estaba contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir. 6Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.

 Hazael reina en Siria

7Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí. 8Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad? 9Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad? 10Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente. 11Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios. 12Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que estén encintas. 13Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú serás rey de Siria. 14Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás. 15El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar.

 Reinado de Joram de Judá

(2 Cr. 21.1–20)

16En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Judá. 17De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalén. 18Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová. 19Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por amor a David su siervo, porque había prometido darle lámpara a él y a sus hijos perpetuamente.

20En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellos. 21Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él; y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo huyó a sus tiendas. 22No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo. 23Los demás hechos de Joram, y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 24Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.

 Reinado de Ocozías de Judá

(2 Cr. 22.1–6)

25En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá. 26De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel. 27Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab.

28Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram. 29Y el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 13 DE Mayo, Juan 4: 31 - 54.

31Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. 32El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. 36Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. 37Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. 38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

39Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. 40Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. 41Y creyeron muchos más por la palabra de él, 42y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

Jesús sana al hijo de un noble

43Dos días después, salió de allí y fue a Galilea. 44Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra. 45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.

46Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 13 DE Mayo 2 Reyes 6,7,8,

Capítulo 6

6.1-7 El incidente del hacha que flotó se registra para demostrar el cuidado y la provisión de Dios para aquellos que confían en Él, aun en los sucesos insignificantes de la vida diaria. Dios siempre está presente. Colocado entre la curación de un general sirio y la liberación del ejército israelita, este milagro muestra el contacto personal de Eliseo con los estudiantes que estaban aprendiendo a ser profetas. A pesar de que tenía el respeto de los reyes, Eliseo nunca se olvidó del cuidado de los fieles. No permita que la importancia de su trabajo lo desvíe de su preocupación por la necesidad humana.

6.16,17 El siervo de Eliseo ya no tuvo más miedo cuando vio el poderoso ejército celestial de Dios. La fe revela que Dios está haciendo más por su pueblo de lo que nos podemos dar cuenta por medio de la vista. Cuando se enfrente a dificultades que parecen infranqueables, recuerde que los recursos espirituales están ahí aun cuando no pueda verlos. Vea a través de los ojos de la fe y permita que Dios le muestre sus recursos. Si usted no ve a Dios obrando en su vida, probablemente haya un problema con su visión espiritual, y no con el poder de Dios.

6.21, 22 Eliseo dijo al rey que no masacrara a los sirios. El rey no debía acreditarse la gloria por algo que solo Dios había hecho. Al colocar comida y agua delante de ellos, él estaba amontonando «ascuas de fuego» sobre sus cabezas (Proverbios 25.21, 22).

6.23 No se sabe cuánto tiempo permanecieron los sirios alejados de Israel, pero probablemente pasaron algunos años antes de la invasión registrada en 6.24. Los sirios debieron haberse olvidado del tiempo en que su ejército entero fue cegado en forma sobrenatural y enviado a casa.

6.24 Este fue probablemente Ben-adad II, cuyo padre gobernó Siria en los días del rey Baasa (1 Reyes 15.18). Eliseo frustró constantemente los intentos de Ben-adad por tomar control de Israel.

6.25 Cuando una ciudad como Samaria se enfrentó a la hambruna, no fue un asunto insignificante. A pesar de que levantaron suficiente comida para alimentar al pueblo durante una temporada específica, no tuvieron suficiente para mantenerlo en tiempos prolongados de emergencia cuando todos los suministros fueron cortados. Esta hambruna fue tan severa que las madres comenzaron a comerse a sus hijos (6.26–30). Deuteronomio 28.49–57 predice que esto sucedería cuando el pueblo de Israel rechazara el liderazgo de Dios.

6.31–33 ¿Por qué culpó el rey a Eliseo de la hambruna y de los problemas del bloqueo? Aquí tenemos algunas de las respuestas posibles. (1) Algunos comentaristas dicen que Eliseo debió haber dicho al rey que confiara en Dios para la liberación. El rey hizo esto y hasta estaba vestido de cilicio (6.30), pero ahora la situación parecía sin esperanza. Aparentemente el rey pensó que Eliseo le había dado un mal consejo y ni siquiera Dios podría ayudarlo. (2) Durante años existió un conflicto entre los reyes de Israel y los profetas de Dios. Los profetas a menudo predecían cosas sombrías debido a la maldad de los reyes, así que los reyes los veían como los causantes de los problemas. Por lo tanto, el rey de Israel estaba tremendamente frustrado y enojado con Eliseo. (3) El rey debió haber recordado cuando Elías ayudó a detener la hambruna (1 Reyes 18.41–46). Al saber que Eliseo era un hombre de Dios, quizá pensó que Eliseo podía hacer cualquier milagro que quisiera y estaba enojado porque no había venido al rescate de Israel.

Capítulo 7

7.1, 2 Cuando Eliseo profetizó la liberación por parte de Dios, los oficiales del rey dijeron que no podía suceder. La fe y la esperanza de los oficiales se había ido, ¡pero las palabras de Dios se hicieron realidad de todos modos! (7.14–16). Algunas veces nos preocupamos por problemas cuando debemos estar buscando oportunidades. En vez de enfocarse en lo negativo, desarrolle una actitud de expectativa. El decir que Dios no puede rescatar a alguien o que una situación es imposible demuestra falta de fe.

7.3 De acuerdo a la ley, no se permitía que los leprosos estuvieran dentro de la ciudad, pero dependían de la caridad en las puertas de la ciudad (Levítico 13.45, 46; Números 5.1–4). Debido a la hambruna y a la presencia del ejército sirio, su situación era desesperante.

7.3-10 Los leprosos descubrieron el campamento desierto y se dieron cuenta que sus vidas habían sido salvadas. Al principio mantuvieron las buenas noticias para ellos, olvidando que sus conciudadanos estaban muriéndose de hambre en la ciudad. Las buenas nuevas acerca de Jesucristo deben ser anunciadas también, ya que ninguna noticia es tan importante. No debemos olvidarnos de aquellos que se están muriendo sin ellas. No debemos preocuparnos tanto por nuestra propia fe que rechacemos anunciarla a aquellos que nos rodean. Nuestras «buenas noticias» como la de los leprosos, no «esperarán hasta mañana».

7.19,20 Es Dios, no los indignos ídolos, el que provee nuestro sustento diario. A pesar de que nuestra fe puede estar débil o sea muy insignificante, debemos rechazar el escepticismo acerca de la provisión de Dios para nosotros. Cuando nuestros recursos se están acabando y nuestras dudas están creciendo, recuerde que Dios puede abrir las ventanas de los cielos.

Capítulo 8

8.1–6 Esta historia aparentemente sucedió antes que los hechos registrados en el capítulo 5, porque los siete años de hambruna supuestamente terminaron antes de que Giezi fuera castigado con lepra. Esto muestra la preocupación a largo plazo de Elías por esta viuda y hace un contraste entre su ministerio público milagroso y su ministerio privado con su familia. La vida de Eliseo ejemplifica la clase de interés que debemos tener por los demás.

8.12,13 Cuando Eliseo le dijo a Hazael que este pecaría grandemente. Hazael protestó asegurando que jamás haría algo semejante. No reconoció su potencial personal hacia el mal. En nuestra sociedad ilustrada, es fácil pensar que estamos por encima del pecado grosero y que podemos controlar nuestras acciones. Pensamos que nunca caeremos tan bajo. Por el contrario, debemos echar un vistazo más bíblico y realista, y admitir nuestro potencial hacia el mal. Entonces, pediremos a Dios fortaleza para resistir tal maldad.

8.12–15 Las palabras de Eliseo acerca del trato de Hazael hacia Israel se cumplieron parcialmente en 10.32, 33. Aparentemente Hazael tenía conocimiento de que sería rey porque Elías lo había ungido (1 Reyes 19.15). Pero fue impaciente y, en vez de esperar el tiempo de Dios, tomó los asuntos en sus manos, matando a Ben-adad. Dios utilizó a Ben-adad como un instrumento de juicio en contra de los israelitas desobedientes.

8.18 El rey Josafat arregló el matrimonio entre Jora, su hijo, y Atalía, la hija de los malvados Acab y Jezabel. Atalía siguió los caminos idólatras del reino del norte trayendo la adoración de Baal a Judá, y dando inicio a la decadencia del reino del sur. Cuando Joram murió, su hijo Ocozías llegó a ser rey. Luego, cuando Ocozías fue muerto en batalla, Atalía asesinó a todos sus nietos, con excepción de Joás, y se hizo a sí misma reina (11.1–3). El matrimonio de Joram pudo haber tenido una ventaja política, pero espiritualmente implicó la muerte.

8.20–22 A pesar de que Judá y Edom compartían una frontera común y tenían un antepasado común (Isaac), las dos naciones peleaban continuamente. Edom había sido un tributario del reino unido de Israel y luego del reino del sur de Judá desde los días de David (2 Samuel 8.13, 14). En esos momentos Edom se rebeló en contra de Joram y declaró su independencia. Joram marchó inmediatamente para atacar Edom, pero falló su emboscada. Por lo tanto Joram perdió algunas de sus fronteras como castigo por no haber honrado a Dios.

8.26 Ocozías era el único hijo que quedaba de Joram de Judá. A pesar de que era el hijo más joven, tomó el trono porque el resto de sus hermanos habían sido llevados en cautiverio cuando los filisteos y los árabes los atacaron sorpresivamente (2 Crónicas 21.16, 17).

8.26,27 La madre de Ocozías era Atalía, hija de Acab y Jezabel (anteriores reyes de Israel), nieta de Omri (padre y antecesor de Acab). La maldad de Acab y de Jezabel se extendió en Judá por medio de Atalía.

8.29 Jezreel era el lugar en donde se encontraba el palacio de verano de los reyes de Israel.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 13 DE Mayo. Juan 4: 31 - 54.

4.34 La «comida» a que Jesús se refiere es el alimento espiritual. Incluye más que estudio bíblico, oración o asistencia a la iglesia. También nos alimentamos haciendo la voluntad de Dios y ayudando a que la obra de salvación se complete. No solo nos alimentamos con lo que ingerimos, sino también con lo que damos en nombre de Dios. En 17.4, Jesús se refiere a acabar el trabajo de Dios en la tierra.

4.35 Algunas veces los cristianos se excusan para no testificar a familiares o amigos diciendo que estos no están listos para creer. Jesús, sin embargo, aclara que alrededor de nosotros hay una cosecha continua que espera la siega. No espere que Jesús lo encuentre excusándose. Mire a su alrededor. Hallará gente lista a oír la Palabra de Dios.

4.36–38 Las recompensas que Jesús ofrece son la alegría de trabajar para Él y ver la cosecha de creyentes. Por lo general, el sembrador no ve sino la semilla, mientras que el segador ve los grandes resultados de la siembra. Pero en la obra de Jesús, ambos serán recompensados al ver nuevos creyentes entrar al Reino de Dios. La frase «otros labraron» (4.38) quizás se refiera al Antiguo Testamento y a Juan el Bautista, el que preparó la senda para el evangelio.

4.39 La mujer samaritana contó de inmediato su experiencia a otros. Sin importarles su reputación, muchos aceptaron su invitación y fueron al encuentro de Jesús. Tal vez haya pecado en nuestro pasado del que estamos avergonzados, pero Cristo nos cambia. Cuando la gente ve estos cambios, la mueve la curiosidad. Use estas oportunidades para presentarle a Cristo.

4.46-49 Este oficial del rey era quizás un oficial al servicio de Herodes. Caminó unos treinta y dos kilómetros para ver a Jesús y se refirió a Él como «Señor», poniéndose bajo su mando aunque tenía autoridad legal sobre Él.

4.48 Este milagro era más que un favor a aquel oficial: era una señal para todo el mundo. El Evangelio de Juan está dirigido a toda la humanidad para que crean en el Señor Jesucristo. Aquel funcionario del gobierno tenía la certeza de que lo que Jesús dijera podía realizarse. Creyó, y vio una señal maravillosa.

4.50 El oficial no solo creyó que Jesús podía sanar, sino que le obedeció cuando le dijo que se fuera a su casa, demostrando así su fe. No es suficiente decir que creemos que Jesús puede hacerse cargo de nuestros problemas. Necesitamos actuar en consecuencia. Cuando ore por una necesidad o problema, crea que Jesús puede hacer lo prometido.

4.51 Los milagros de Jesús no fueron simples ilusiones productos del optimismo. A pesar de que el oficial tenía a su hijo a treinta y dos kilómetros de distancia, sanó cuando Jesús lo dijo. La distancia no era un problema porque Cristo domina el espacio. Nunca podremos poner demasiada distancia entre nosotros y Cristo al grado que no pueda ayudarnos.

4.53 Note cómo se desarrolló la fe del oficial. Primero, creyó lo suficiente para ir a pedirle ayuda al Señor. Segundo, creyó en la seguridad de las palabras de Jesús de que su hijo sanaría y actuó en correspondencia. Tercero, él y toda su casa creyeron en Jesús. La fe es un regalo que se desarrolla en la medida que lo usamos. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE Mayo 2 Reyes 4, 5

El aceite de la viuda

4

1Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. 2Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. 3El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. 4Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. 5Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. 6Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. 7Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

 Eliseo y la sunamita

8Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. 9Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. 10Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.

11Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. 12Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. 13Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. 14Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo. 15Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. 16Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. 17Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

18Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores; 19y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. 20Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió. 21Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió. 22Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese. 23El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo.* Y ella respondió: Paz. 24Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere. 25Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo.

Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. 26Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. 27Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado. 28Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí? 29Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. 30Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. 31El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no despierta.

32Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. 33Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. 34Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. 35Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. 36Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. 37Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.

 Milagros en beneficio de los profetas

38Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos de los profetas. 39Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo que era. 40Después sirvió para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo: ¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer. 41El entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.

42Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma. 43Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará. 44Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová.

Eliseo y Naamán

5

1Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. 2Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán. 3Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. 4Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel. 5Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.

Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. 6Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra. 7Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.

8Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. 9Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. 10Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. 11Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. 12Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado. 13Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? 14El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

15Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. 16Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso. 17Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. 18En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo. 19Y él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra.

20Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa. 21Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien? 22Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos. 23Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él. 24Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen. 25Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. 26El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? 27Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE Mayo, Juan 4: 1 -  30.

Jesús y la mujer samaritana

4

1Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. 4Y le era necesario pasar por Samaria. 5Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.

7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

27En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? 28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? 30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE Mayo 2 Reyes 4, 5

Capítulo 4

4.1 A la gente pobre o a los deudores se les permitía pagar sus deudas vendiéndose a sí mismos o a sus hijos como esclavos. Dios ordenó a los ricos y a los acreedores que no se aprovecharan de esta gente en sus momentos de necesidad extrema (véase Deuteronomio 15.1–18 para una explicación de estas prácticas). El acreedor de esta mujer no estaba actuando en el espíritu de la ley de Dios. El acto bondadoso de Eliseo demuestra que la compasión va más allá del simple cumplimiento de una ley. Nosotros también debemos mostrar compasión.

4.1ss Este capítulo registra los cuatro milagros de Eliseo: suministró dinero para una pobre viuda (4.1–7); resucitó a un niño (4.32–37); purificó un alimento envenenado (4.38–41); y proveyó comida para cien hombres (4.42–44). Estos milagros muestran la ternura de Dios y el cuidado sobre aquellos que son fieles.

Cuando leemos el Antiguo Testamento, es fácil centrar nuestra atención en el juicio severo de Dios sobre los rebeldes y minimizar su cuidado amoroso para aquellos que lo aman y lo sirven. El verlo obrando, proveyendo provisiones diarias para sus seguidores nos ayuda a mantener en una perspectiva adecuada su juicio severo para el que no se arrepiente.

4.6 La mujer y sus hijos recogieron vasijas de sus vecinos y comenzaron a llenarlos con el aceite de una única vasija que poseían. El aceite probablemente era de oliva. Se usaba para cocinar, y como combustible para las lámparas. El aceite dejó de salir sólo cuando ya no tuvieron más recipientes. El número de vasijas que reunieron fue un indicio de su fe. La provisión de Dios fue tan grande como su fe y disposición a obedecer. Tenga cuidado de no limitar las bendiciones de Dios por falta de fe y de obediencia. Dios es capaz de dar mucho más abundantemente de lo que pedimos o imaginamos (Efesios 3.20).

4.9 La mujer sunamita se dio cuenta de que Eliseo era un hombre de Dios, de modo que preparó una habitación para que él utilizara cada vez que estuviera en la ciudad. Ella hizo esto por su bondad y porque sintió que había una necesidad, no por motivos egoístas. Pronto, sin embargo, su generosidad sería recompensada mucho más allá de sus sueños más remotos. ¿Cuán sensible es usted a aquellos que pasan por su hogar y fluyen a través de su vida, especialmente aquellos que enseñan y predican la Palabra de Dios? ¿Qué necesidades especiales tienen ellos que podría satisfacer? Busque formas en que pueda servir y ayudar.

4.32-36 La oración de Eliseo y su método para resucitar al muchacho muerto muestra el cuidado personal de Dios para la gente que sufre. Debemos expresar nuestra preocupación genuina por los demás cuando les llevamos el mensaje de Dios. Sólo entonces representaremos fielmente a nuestro compasivo Padre celestial.

4.40 «Muerte en esa olla» significa que la comida era venenosa. Quizás verduras o hierbas silvestres venenosas habían sido mezcladas con plantas comestibles.

Capítulo 5

5.1 La lepra, muy similar al SIDA de hoy, era una de las enfermedades más temidas de la época. Algunas formas eran extremadamente contagiosas y, en muchos casos, incurables. En su peor forma, la lepra llevaba a la muerte. Muchos leprosos eran forzados a salir de las ciudades a campos de cuarentena. Ya que Naamán todavía conservaba su puesto, probablemente tenía una forma leve de la enfermedad, o quizá estaba aún en las primeras etapas. En cualquier caso, su vida se vería trágicamente acortada por su enfermedad. (Para mayor información acerca de la lepra en tiempos bíblicos, véase la nota a Levítico 13.1ss.)

5.2 Siria era el vecino de Israel al noroeste, pero las dos naciones rara vez estuvieron en términos amigables. Bajo el gobierno del rey David, Siria pagó tributo a Israel. En los días de Eliseo, Siria estaba creciendo en poder y condujo incursiones frecuentes en Israel, tratando de frustrar al pueblo y traer confusión política. Los israelitas a menudo eran llevados cautivos a Siria luego de las incursiones exitosas de estos. La sierva de Naamán era una israelita, secuestrada de su casa y de su familia. Irónicamente, la única esperanza para Naamán de ser curado venía de Israel.

5.3, 4 La fe de la pequeña y la petición de Naamán contrastan con la terquedad del rey de Israel (5.7). Un líder de la poderosa Siria buscó al Dios de Israel. El propio rey de Israel no lo hizo. No conocemos el nombre de la niña ni mucho acerca de ella, pero sus breves palabras a su señora trajeron sanidad y fe en Dios a un poderoso capitán sirio. Dios la había colocado allí con un propósito, y ella fue fiel. ¿Dónde lo ha puesto Dios a usted? No importa cuán humilde o pequeña sea su posición, Dios puede utilizarlo para difundir su Palabra. Busque las oportunidades para decirle a otro lo que Dios puede hacer. Nunca se sabe quién puede prestar atención a su mensaje.

5.9-15 Naamán, un gran héroe, estaba acostumbrado a recibir respeto y se sintió agraviado cuando Eliseo lo trató como a una persona común. Como hombre de orgullo, esperaba un trato preferencial. El bañarse en un gran río era una cosa, pero el Jordán era pequeño y sucio. Lavarse en el Jordán, pensó Naamán, era indigno de un hombre de su jerarquía. Pero tuvo que humillarse y obedecer los mandatos de Eliseo para poder sanarse.

La obediencia a Dios comienza con la humildad. Debemos creer que su camino es mejor que el nuestro. Quizá no entendamos su manera de trabajar, pero al obedecerlo humildemente, recibiremos sus bendiciones. Debemos recordar que (1): Los caminos de Dios son mejores; (2) Dios quiere más nuestra obediencia que cualquier otra cosa; y (3) Dios puede utilizar cualquier cosa para alcanzar sus propósitos.

5.12 Naamán se fue enfurecido debido a que la cura de su enfermedad parecía demasiado simple. Él era un héroe y esperaba una cura heroica. Lleno de soberbia y de egocentrismo no pudo aceptar la simple cura por la fe. En algunas ocasiones la gente reacciona de la misma manera al ofrecimiento de perdón de parte de Dios. Sólo creer en Jesucristo de alguna manera no parece ser lo suficientemente significativo para alcanzar la vida eterna. Seguir el consejo de Dios no parece heroico. Lo que Naamán tuvo que hacer para limpiarse de su lepra es similar a lo que tenemos que hacer para que nuestro pecado sea limpiado: aceptar con humildad la misericordia de Dios. No permita que su reacción ante el camino de la fe le evite curarse de lo que más necesite.

5.16 Eliseo rechazó el dinero de Naamán para mostrar que el favor de Dios no podía comprarse. Nuestro dinero, como el de Naamán, es inútil cuando nos enfrentamos a la muerte. No importa cuánta riqueza acumulemos en esta vida, se evaporará cuando estemos de pie delante de Dios, nuestro Creador. Será nuestra fe en Jesucristo la que nos salvará y no nuestras cuentas bancarias.

5.18,19 ¿Cómo podía ser perdonado Naamán al inclinarse ante un ídolo pagano? Naamán no estaba pidiendo permiso de adorar al dios Rimón, sino de hacer su deber civil, ayudar al rey a agacharse y a enderezarse cuando se inclinara. Conocido además como Hadad-Rimón el dios de Damasco era considerado el dios de la lluvia y los truenos. Naamán, a diferencia de sus contemporáneos, mostró una aguda conciencia del poder de Dios. En vez de añadir a Dios a la colección de ídolos de su nación, reconoció que sólo había un único Dios verdadero. No intentó adorar otros dioses. El pedir perdón en esta área muestra el contraste marcado entre Naamán y los israelitas, los que constantemente adoraban muchos ídolos.

5.20–27 Giezi vio una oportunidad perfecta para enriquecerse al pedir egoístamente la recompensa que Eliseo había rechazado. Desafortunadamente, había tres problemas en este plan: (1) gustosamente aceptó el dinero por algo que él no había hecho; (2) dejó entender erróneamente que el dinero podía ser cambiado por el regalo de Dios de sanidad y misericordia; (3) mintió y trató de encubrir sus motivos para aceptar el dinero. A pesar de que Giezi había sido un siervo útil, el beneficio personal había llegado a ser más importante para él que el servir a Dios.

Este pasaje no enseña que el dinero sea malo o que los pastores no debieran ser remunerados. Por el contrario, nos advierte contra la avaricia y el engaño. El verdadero servicio es motivado por el amor y la devoción a Dios y no busca un beneficio personal. Cuando sirva a Dios, analice sus motivos: no puede servir a Dios y al dinero (Mateo 6.24).


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE Mayo. Juan 4: 1 - 30.

Capítulo 4

4.1-3 Ya había surgido la oposición en contra de Jesús, en especial de parte de los fariseos. Se sentían molestos con la popularidad y el mensaje de Cristo que contradecía muchas de sus enseñanzas. Como Jesús apenas empezaba su ministerio, no era el momento de enfrentarse abiertamente a aquellos líderes, por lo que dejó Jerusalén y viajó al norte, a Galilea.

4.4 Después que el reino del norte, con su capital Samaria, cayó en mano de los asirios, deportaron muchos judíos a Asiria y trajeron extranjeros para que se estableciesen allí y ayudaran a mantener la paz (2 Reyes 17.24). Del matrimonio entre aquellos extranjeros y los judíos que quedaron surgió una raza mixta, impura en la opinión de los judíos que vivían en Judá, el reino del sur. Los judíos puros odiaban esa raza mixta, que eran los samaritanos, porque sentían que traicionaron a su gente y a su nación. Los samaritanos establecieron un lugar alterno de adoración en el monte Gerizim (4.20) paralelo al templo de Jerusalén, destruido ciento cincuenta años atrás.
Los judíos hacían todo lo posible por no viajar a través de Samaria. Pero Jesús no tenía motivos para vivir con dichas restricciones culturales. La ruta a través de Samaria era más corta y esa fue la que tomó.

4.5–7 El pozo de Jacob estaba situado dentro de la propiedad que había pertenecido a Jacob (Génesis 33.18, 19). No era un pozo de manantial, sino que el agua se acumulaba en el fondo cuando caía la lluvia y el rocío. Los pozos mayormente estaban localizados en las afueras de la ciudad, junto a los caminos principales. Dos veces al día, en la mañana y en la tarde, las mujeres iban a sacar agua. Esta mujer fue al mediodía, quizás para no encontrarse con otras personas debido a su reputación. Aquí Jesús dio a esta mujer un mensaje extraordinario acerca del agua pura y fresca que puede satisfacer la sed espiritual para siempre.

4.7–9 Esta mujer (1) era samaritana, miembro de la odiada raza mixta, (2) tenía una mala reputación, y (3) estaba en un lugar público. Ningún judío respetable le hablaba a una mujer bajo estas circunstancias. Pero Jesús lo hizo. El evangelio es para todos, sin importar raza, posición social ni pecados cometidos. Debemos estar preparados para extender su Reino en todo tiempo y en cualquier lugar. Jesús cruzaba cualquier barrera por predicar las buenas nuevas y, quienes lo seguimos, no podemos hacer menos.

4.10 ¿Qué quiso decir Jesús con «agua viva»? En el Antiguo Testamento muchos versículos se refieren a la sed de Dios como sed de agua (Salmo 42.1; Isaías 55.1; Jeremías 2.13; Zacarías 13.1). A Dios se le llama manantial de la vida (Salmo 36.9) y manantial de aguas vivas (Jeremías 17.13). Al decir que podía dar agua viva que saciaría para siempre la sed, Jesús declaraba ser el Mesías. Solo el Mesías podría dar este regalo que satisface la necesidad del alma.

4.13-15 Muchas cosas espirituales tienen su paralelo en las físicas. Así como nuestro cuerpo padece de hambre y sed, también nuestras almas. Pero nuestras almas necesitan agua y alimento espirituales. La mujer confundió las dos clases de agua porque es muy posible que nadie le hubiera hablado antes del hambre y la sed espirituales. No privamos a nuestros cuerpos de comida y agua cuando los requieren. ¿Por qué lo hacemos con nuestras almas? La Palabra viviente, Jesucristo, y la Palabra escrita, la Biblia, pueden satisfacer el hambre y la sed del alma.

4.15 La mujer creía erróneamente que si recibía el agua que Jesús le ofrecía, no tendría que volver al pozo cada día. Estaba interesada en el mensaje de Jesús porque pensaba que le brindaba una vida fácil. Pero si ese fuera siempre el caso, la gente aceptaría el mensaje de Cristo por razones impropias. Cristo no vino a quitar las dificultades, sino a cambiar nuestro interior y a darnos poder para enfrentarlos desde la perspectiva de Dios.

4.15 La mujer no entendió de pronto lo que Jesús decía. Cuesta aceptar algo que modifica la base fundamental de nuestra vida. Jesús le dio tiempo para que hiciera preguntas y que juntara las piezas ella misma. Predicar el evangelio no siempre significa obtener resultados inmediatos. Cuando invite a la gente a que permita que Jesús cambie su vida, conceda tiempo para que valore el asunto.

4.16-20 Cuando esta mujer se dio cuenta de que Jesús conocía su vida privada, en seguida cambió de tema. A menudo la gente se siente molesta cuando se habla de sus pecados o problemas y procura pasar a otro asunto. Si alguien nos hace eso, debiéramos encauzar de nuevo la conversación hacia Cristo. Su presencia saca a la luz el pecado y molesta a la gente, pero solo Dios puede perdonar pecados y dar vida nueva.

4.20-24 La mujer puso en discusión un tópico teológico popular: el mejor lugar para adorar. Pero su pregunta era una cortina de humo para proteger su profunda necesidad. Jesús condujo la conversación hacia un punto más importante: la ubicación del adorador no es ni remotamente más importante que la actitud del adorador.

4.21–24 «Dios es Espíritu» significa que el espacio físico no lo limita. Está presente en todo lugar y puede adorarse en cualquier lugar, a cualquier hora. No es dónde adoramos lo que cuenta, sino cómo adoramos. ¿Es nuestra adoración en espíritu y en verdad? ¿Tiene la ayuda del Espíritu Santo? ¿Cómo nos ayuda el Espíritu Santo en la adoración? El Espíritu Santo intercede por nosotros (Romanos 8.26), nos enseña las palabras de Cristo (Juan 14.26) y nos ayuda a sentirnos amados (Romanos 5.5).

4.22 Cuando Jesús dijo «la salvación viene de los judíos», manifestaba que solo por medio del Mesías, un judío, el mundo hallaría salvación. Dios prometió que a través de la raza judía todas las naciones serían bendecidas (Génesis 12.3). Los profetas del Antiguo Testamento declararon que los judíos serían luz a las naciones del mundo al llevarles el conocimiento de Dios, y anunciaron la venida del Mesías judío que vendría a salvar a la nación y al mundo. La mujer que estaba junto al pozo sabía estas cosas, por eso esperaba la venida del Mesías. ¡Pero no se le ocurrió que hablaba con Él. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.