LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 22 DE FEBRERO. Número 7.
Ofrendas para la dedicación del altar
7
1Aconteció que cuando Moisés hubo acabado de levantar el tabernáculo, y lo hubo ungido y santificado, con todos sus utensilios, y asimismo ungido y santificado el altar y todos sus utensilios, 2entonces los príncipes de Israel, los jefes de las casas de sus padres, los cuales eran los príncipes de las tribus, que estaban sobre los contados, ofrecieron; 3y trajeron sus ofrendas delante de Jehová, seis carros cubiertos y doce bueyes; por cada dos príncipes un carro, y cada uno un buey, y los ofrecieron delante del tabernáculo. 4Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 5Tómalos de ellos, y serán para el servicio del tabernáculo de reunión; y los darás a los levitas, a cada uno conforme a su ministerio. 6Entonces Moisés recibió los carros y los bueyes, y los dio a los levitas. 7Dos carros y cuatro bueyes dio a los hijos de Gersón, conforme a su ministerio, 8y a los hijos de Merari dio cuatro carros y ocho bueyes, conforme a su ministerio bajo la mano de Itamar hijo del sacerdote Aarón. 9Pero a los hijos de Coat no les dio, porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario. 10Y los príncipes trajeron ofrendas para la dedicación del altar el día en que fue ungido, ofreciendo los príncipes su ofrenda delante del altar. 11Y Jehová dijo a Moisés: Ofrecerán su ofrenda, un príncipe un día, y otro príncipe otro día, para la dedicación del altar.
12Y el que ofreció su ofrenda el primer día fue Naasón hijo de Aminadab, de la tribu de Judá. 13Su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 14una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 15un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 16un macho cabrío para expiación; 17y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Naasón hijo de Aminadab.
18El segundo día ofreció Natanael hijo de Zuar, príncipe de Isacar. 19Ofreció como su ofrenda un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 20una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 21un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 22un macho cabrío para expiación; 23y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Natanael hijo de Zuar.
24El tercer día, Eliab hijo de Helón, príncipe de los hijos de Zabulón. 25Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 26una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 27un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 28un macho cabrío para expiación; 29y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Eliab hijo de Helón.
30El cuarto día, Elisur hijo de Sedeur, príncipe de los hijos de Rubén. 31Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 32una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 33un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 34un macho cabrío para expiación; 35y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Elisur hijo de Sedeur.
36El quinto día, Selumiel hijo de Zurisadai, príncipe de los hijos de Simeón. 37Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 38una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 39un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 40un macho cabrío para expiación; 41y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Selumiel hijo de Zurisadai.
42El sexto día, Eliasaf hijo de Deuel, príncipe de los hijos de Gad. 43Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 44una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 45un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 46un macho cabrío para expiación; 47y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Eliasaf hijo de Deuel.
48El séptimo día, el príncipe de los hijos de Efraín, Elisama hijo de Amiud. 49Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 50una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 51un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 52un macho cabrío para expiación; 53y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Elisama hijo de Amiud.
54El octavo día, el príncipe de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur. 55Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 56una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 57un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 58un macho cabrío para expiación; 59y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Gamaliel hijo de Pedasur.
60El noveno día, el príncipe de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni. 61Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 62una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 63un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 64un macho cabrío para expiación; 65y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Abidán hijo de Gedeoni.
66El décimo día, el príncipe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai. 67Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 68una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 69un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 70un macho cabrío para expiación; 71y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Ahiezer hijo de Amisadai.
72El undécimo día, el príncipe de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán. 73Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 74una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 75un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 76un macho cabrío para expiación; 77y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Pagiel hijo de Ocrán.
78El duodécimo día, el príncipe de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán. 79Su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 80una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 81un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; 82un macho cabrío para expiación; 83y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Ahira hijo de Enán.
84Esta fue la ofrenda que los príncipes de Israel ofrecieron para la dedicación del altar, el día en que fue ungido: doce platos de plata, doce jarros de plata, doce cucharas de oro. 85Cada plato de ciento treinta siclos, y cada jarro de setenta; toda la plata de la vajilla, dos mil cuatrocientos siclos, al siclo del santuario. 86Las doce cucharas de oro llenas de incienso, de diez siclos cada cuchara, al siclo del santuario; todo el oro de las cucharas, ciento veinte siclos. 87Todos los bueyes para holocausto, doce becerros; doce los carneros, doce los corderos de un año, con su ofrenda, y doce los machos cabríos para expiación. 88Y todos los bueyes de la ofrenda de paz, veinticuatro novillos, sesenta los carneros, sesenta los machos cabríos, y sesenta los corderos de un año. Esta fue la ofrenda para la dedicación del altar, después que fue ungido.
89Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de reunión, para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y hablaba con él. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 22 DE FEBRERO. Marcos 4: 21 – 41.
Nada oculto que no haya de ser manifestado
(Lc. 8.16–18)
21También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? 22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. 23Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 24Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. 25Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Parábola del crecimiento de la semilla
26Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.
Parábola de la semilla de mostaza
(Mt. 13.31–32; Lc. 13.18–19)
30Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.
El uso que Jesús hace de las parábolas
(Mt. 13.34–35)
33Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. 34Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.
Jesús calma la tempestad
(Mt. 8.23–27; Lc. 8.22–25)
35Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen? Amen.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 21 DE FEBRERO. Números 7.
Capítulo 7
7.1ss Después de que se hubiese levantado, ungido y consagrado el tabernáculo, los líderes de las doce tribus trajeron obsequios y ofrendas para su uso y mantenimiento. Todo el pueblo participó: era el tabernáculo de todos.
7.89 ¡Imagínese escuchar la voz de Dios mismo! Moisés debió haberse estremecido al oírlo. Nosotros tenemos las palabras de Dios registradas para nosotros en la Biblia, y no debemos mostrar menos reverencia y respeto por ellas. Antes que se escribiera la Biblia, en ocasiones Dios habló directamente a su pueblo para instruirlo en el estilo adecuado de vida. La Biblia registra estas conversaciones para darnos pautas del carácter de Dios. Qué trágico cuando tomamos estas palabras en forma liviana. Al igual que Moisés, tenemos el privilegio de hablar directamente con Él, pero Dios nos contesta de una manera diferente: por medio de su Palabra escrita y a través de la guía de su Santo Espíritu. Para recibir esta guía, necesitamos querer conocer a Dios como lo hizo Moisés.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 21 DE FEBRERO. Marcos 4: 21 – 41.
4.21 Si una lámpara no ayuda a ver, de nada sirve. ¿Está nuestra vida mostrando a otros cómo es posible encontrar a Dios y vivir para Él? Si no es así, pregúntese qué «almudes», ocultan su luz. La autocomplacencia, el resentimiento, la dureza de corazón o la desobediencia pueden ser «almudes», que impiden que la luz de Dios brille a través de usted para bendición de otros.
4.24, 25 La luz de la verdad de Jesús se nos revela, no se esconde. Pero no estamos en capacidad de ver ni usar toda esa verdad ahora mismo. Solo en la medida que ponemos las enseñanzas de Dios en práctica entenderemos y veremos más de esa verdad. La verdad es clara, pero nuestra capacidad para comprenderla es imperfecta. En la medida que obedezcamos, iremos aguzando nuestra visión y aumentando nuestra comprensión (véase Santiago 1.22–25).
4.25 Esta frase significa simplemente que tenemos el deber de usar bien lo que tenemos. No es cuestión de cuánto tenemos, sino de cómo usamos lo que tenemos.
4.26-29 Esta parábola acerca del Reino de Dios, narrada únicamente por Marcos, revela que el crecimiento espiritual es un proceso continuo y gradual que culmina en una cosecha de madurez espiritual. Podemos entender el proceso de crecimiento espiritual comparándolo con el lento pero seguro crecimiento de una planta.
4.30-32 Jesús usó esta parábola para explicar que aun el cristianismo tenía un comienzo muy pequeño, llegaría a crecer hasta transformarse en una comunidad mundial de creyentes. Cuando se sienta solo en su relación con Dios, acuérdese que Él está construyendo un reino mundial. Tiene fieles seguidores en cada parte del mundo y nuestra fe, no importa cuán pequeña sea, puede juntarse con la de otros para lograr grandes cosas.
4.33,34 Jesús adaptó sus métodos a la capacidad y los deseos de entender de su audiencia. No habló en parábolas para confundir, sino a fin de desafiar a los que sinceramente lo buscaban a descubrir el verdadero sentido de sus palabras. Muchas de las enseñanzas de Jesús fueron en contra de la hipocresía y los motivos impuros, tan comunes en los líderes religiosos. Si hubiera hablado directamente en contra de ellos, su ministerio público se habría visto estorbado. Los que escuchaban de verdad a Jesús podían entenderlo.
4.37,38 El mar de Galilea está a poco más de doscientos metros bajo el nivel del mar y se encuentra rodeado de montañas. Los vientos soplan con bastante intensidad en las regiones cercanas al mar y provocan violentas e inesperadas tormentas. Los discípulos eran pescadores experimentados, toda su vida pescaron en aquel lago, pero en esta tempestad el pánico los dominó.
4.38-40 Los discípulos se asustaron porque la tempestad amenazaba destruirlos y parecía que Jesús no se daba cuenta ni se preocupaba de lo que pasaba. Era una tempestad física, pero hay tormentas que se producen también en otro sentido. Piense en las tormentas de su vida, en las circunstancias que provocan en usted gran ansiedad. Cualquiera que sea su dificultad, tiene dos opciones: preocuparse y suponer que a Jesús no le importa o resistir el miedo y poner toda su confianza en Él. Cuando el pánico quiera hacer presa de usted, confiese su necesidad a Dios y confíe en que Él cuidará de su vida.
4.41 Los discípulos andaban con Jesús, pero lo subestimaban. No comprendían que su poder se aplicaba también a aquella situación. Jesús ha estado con nosotros durante veinte siglos y pese a ello, al igual que los discípulos, subestimamos su poder en cuanto a resolver las crisis de nuestras vidas. Los discípulos todavía no conocían bien a Jesús, pero nosotros no tenemos la misma excusa. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960
