Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE NOVIEMBRE. Jeremías 38,39, 

Jeremías en la cisterna

38

1Oyeron Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur, Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo: 2Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá. 3Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en manos del ejército del rey de Babilonia, y la tomará. 4Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal. 5Y dijo el rey Sedequías: He aquí que él está en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. 6Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.

7Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín, 8Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey, diciendo: 9Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. 10Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera. 11Y tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la casa del rey debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, y los echó a Jeremías con sogas en la cisterna. 12Y dijo el etíope Ebed-melec a Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los sobacos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías. 13De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y lo subieron de la cisterna; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

 Sedequías consulta secretamente a Jeremías

14Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. 15Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás. 16Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.

17Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa. 18Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos. 19Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan. 20Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás. 21Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová: 22He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies, se volvieron atrás. 23Sacarán, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a fuego.

24Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás. 25Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey; 26les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a casa de Jonatán para que no me muriese allí. 27Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no se había oído. 28Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue tomada.

 Caída de Jerusalén

39

1En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron. 2Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad. 3Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a la puerta de en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los demás príncipes del rey de Babilonia. 4Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá. 5Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y le tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. 6Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia. 8Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén. 9Y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que se habían adherido a él, con todo el resto del pueblo que había quedado, Nabuzaradán capitán de la guardia los transportó a Babilonia. 10Pero Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio viñas y heredades.

 Nabucodonosor cuida de Jeremías

11Y Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán capitán de la guardia acerca de Jeremías, diciendo: 12Tómale y vela por él, y no le hagas mal alguno, sino que harás con él como él te dijere. 13Envió, por tanto, Nabuzaradán capitán de la guardia, y Nabusazbán el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los príncipes del rey de Babilonia; 14enviaron entonces y tomaron a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa; y vivió entre el pueblo.

 Dios promete librar a Ebed-melec

15Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo; 16Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya. 17Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE NOVIEMBRER. Hebreos 1

LA EPÍSTOLA A LOS
HEBREOS

 Dios ha hablado por su Hijo

1

1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

 El Hijo, superior a los ángeles

5Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:

Mi Hijo eres tú,

Yo te he engendrado hoy,

y otra vez:

Yo seré a él Padre,

Y él me será a mí hijo?

 6Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:

Adórenle todos los ángeles de Dios.

 7Ciertamente de los ángeles dice:

El que hace a sus ángeles espíritus,

Y a sus ministros llama de fuego.

 8Mas del Hijo dice:

Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;

Cetro de equidad es el cetro de tu reino.

9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,

Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

 10Y:

Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,

Y los cielos son obra de tus manos.

11 Ellos perecerán, mas tú permaneces;

Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,

12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;

Pero tú eres el mismo,

Y tus años no acabarán.

 13Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

 14¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE NOVIEMBRE. Jeremías 38, 39.

Capítulo 38

38.4, 5 No sorprende que Judá estaba revuelta: el rey estaba de acuerdo con todos. Escuchó a Jeremías (37.21); luego estuvo de acuerdo en matar a Jeremías (38.5); y finalmente lo rescató (38.10). Jeremías no era popular, sus palabras socavaron la moral del ejército y del pueblo. Sedequías no pudo decidirse entre la opinión pública y la Palabra de Dios. ¿Qué influye más en su vida: lo que otros dicen y piensan o lo que Dios quiere?

38.6 Los funcionarios pusieron a Jeremías en una cisterna para matarlo. Una cisterna era un gran hoyo en la tierra revestido de piedras para recolectar el agua de lluvia. El fondo debe haber sido oscuro, húmedo y, en este caso, lleno de lodo. Jeremías pudo haberse ahogado, morir por abandono o de hambre dentro de ella.

38.6 Los líderes de Judá persiguieron a Jeremías en repetidas ocasiones por proclamar fielmente los mensajes de Dios. Durante cuarenta años de ministerio fiel, no recibió aclamación alguna, ni amor, ni el pueblo lo siguió. Lo golpearon, encarcelaron, amenazaron y hasta forzaron a dejar su pueblo natal. Solo los babilonios paganos le mostraron algo de respeto (39.11, 12). Dios no garantiza que sus siervos escapen de la persecución, incluso cuando son fieles. Pero Él sí promete estar con ellos y darles la fortaleza para soportar (2 Corintios 1.3–7). Cuando ministre a otros, reconozca que su servicio es para Dios y no solo para la aprobación humana. Las recompensas de Dios son fieles, pero no siempre durante nuestro transitar en esta tierra.


38.7,8 La puerta de Benjamín era una de las entradas de la ciudad de Jerusalén donde se trataban los asuntos legales. Un funcionario del palacio, Ebed-melec, tuvo acceso al rey. Cuando escuchó de la situación de Jeremías, fue inmediatamente a lidiar con esta injusticia.

38.9–13 Ebed-melec temía más a Dios que al hombre. De entre todos los funcionarios del palacio fue el único que se levantó en contra de esta confabulación para asesinar a Jeremías. Su obediencia le pudo haber costado la vida. Debido a que obedeció, sin embargo, le perdonaron la vida cuando Jerusalén cayó (39.15–18). Usted puede ir junto con la multitud o hablar a favor de Dios. Por ejemplo, cuando traten a alguien con desdén o injusticia, acérquese a esa persona con el amor de Dios. Quizás sea el único que lo haga. Y, cuando a usted mismo lo traten con injusticia, asegúrese de agradecer a Dios cuando envíe a un «Ebed-melec» en su camino.

38.27 Los funcionarios querían información precisa, pero no la verdad de Dios. Querían utilizar esta información en contra de Dios, de su profeta y del rey. Sin embargo, Jeremías dijo a los príncipes solo lo que el rey le ordenó que dijera. No debemos callar la verdad de Dios a los demás, pero debemos ocultar la que se usará para dañar al pueblo de Dios.


Capítulo 39

39.1ss Sedequías, hijo del rey Josías y último rey de Judá, gobernó once años, desde el año 597 hasta 586 a.C. Los dos hermanos mayores de Sedequías, Joacaz y Joacim, y su sobrino Joaquín gobernaron antes que él. Cuando llevaron a Joaquín al cautiverio en Babilonia, Nabucodonosor puso a Matanías, de veintiún años de edad, como rey, cambiando su nombre a Sedequías. Este se rebeló en contra de Nabucodonosor, quien lo capturó, mató a sus hijos delante de él y luego lo dejó ciego y lo llevó de regreso a Babilonia donde más tarde murió (véanse 2 Reyes 24; 2 Crónicas 36; Jeremías 52).

39.5 Ribla estaba a 320 km al norte de Jerusalén. Era el centro de operaciones babilónico para gobernar la región.

39.10 Babilonia tenía una astuta política externa hacia las tierras conquistadas. Deportaba a los ricos y poderosos, dejando solo a los muy pobres al mando, por lo que estaban agradecidos con sus conquistadores. Este método aseguraba que las poblaciones conquistadas fueran demasiado leales y débiles para rebelarse.

39.11, 12 Dios prometió librar a Jeremías de este problema (1.8). Los supersticiosos babilonios, que respetaban en gran manera a los magos y a los que adivinaban la suerte, trataron a Jeremías como un vidente. Debido a que su mismo pueblo lo encarceló, creyeron que era un traidor y que estaba de su parte. Sin duda alguna sabían que aconsejó a Judá que cooperara con Babilonia y predijo la victoria babilónica. Por lo tanto, los babilonios liberaron a Jeremías y lo protegieron.

39.13,14 ¡Qué diferencia hubo entre el destino de Jeremías y el de Sedequías! A Jeremías lo liberaron, a Sedequías lo encarcelaron. A Jeremías lo salvó su fe, a Sedequías lo destruyó su temor. A Jeremías lo trataron con respeto, a Sedequías lo trataron con desprecio. Jeremías se preocupaba por su pueblo, Sedequías se preocupaba por él mismo.

39.17, 18 Ebed-melec arriesgó su vida para salvar a Jeremías, el profeta de Dios (38.7–13). Cuando Babilonia conquistó a Jerusalén, Dios protegió a Ebed-melec de los babilonios. Dios tiene recompensas especiales para su gente fiel, pero no todos las recibirán en esta vida 


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 31 DE OCTUBRE. Hebreos 1

Capítulo 1

1.1 La Epístola a los Hebreos describe en detalle cómo Jesucristo no solo cumple las promesas y las profecías del Antiguo Testamento, sino también cómo Jesucristo es mejor que todo el sistema de pensamiento judío. Los judíos aceptaron el Antiguo Testamento, pero muchos de ellos rechazaron a Jesús como el Mesías por tanto tiempo anhelado. Los destinatarios de esta carta dan la impresión de haber sido judíos cristianos. Tenían un buen conocimiento de las Escrituras y habían profesado su fe en Cristo. Ya sea debido a la duda, a la persecución o a la falsa enseñanza, pudieron haber estado en peligro de abandonar su fe cristiana y regresar al judaísmo.
Se desconoce la paternidad literaria de este libro. Se han sugerido varios nombres, como Lucas, Bernabé, Apolos, Priscila y Pablo. La mayoría de los estudiosos no creen que Pablo haya sido el autor, ya que el estilo de redacción empleado en Hebreos es algo diferente del de las epístolas de Pablo. Además, Pablo se identifica en sus cartas y apela a su autoridad como apóstol, mientras que el escritor de Hebreos nunca da su nombre y, en busca de autoridad, apela a los testigos presenciales del ministerio de Jesús. Sin embargo, el autor de Hebreos evidentemente conocía bien a Pablo. Es probable que Hebreos fuera escrito por uno de los colaboradores de Pablo, que con frecuencia oyó su prédica.

1.1, 2 Dios usó muchos medios para enviar sus mensajes a las personas de la época del Antiguo Testamento. Le habló a Isaías en visiones (Isaías 6) a Jacob en un sueño (Génesis 28.10–22) y a Abraham y a Moisés personalmente (Génesis 18; Éxodo 31.18). Los judíos familiarizados con esas historias no tenían dificultad para creer que Dios todavía seguía revelando su voluntad, pero les resultó asombroso pensar que Dios se había revelado por medio de su Hijo, Jesucristo. Él es el cumplimiento y la culminación de las revelaciones de Dios a través de los siglos. Cuando lo conocemos, tenemos todo lo que necesitamos para ser salvos de nuestro pecado y tener una perfecta comunión con Dios.

1.2, 3 No solo Jesucristo es la imagen misma de Dios, sino también es Dios mismo; el Dios que habló en la época del Antiguo Testamento. Es eterno; tuvo parte con el Padre en la creación del mundo (Juan 1.3; Colosenses 1.16). Es la plena revelación de Dios. No es posible tener una visión clara de Dios sin mirar a Cristo. Él es la manifestación perfecta de Dios en un cuerpo humano.

1.3 El libro de Hebreos relaciona el poder salvador de Dios con su poder creador. En otras palabras, el poder que le dio existencia al universo e hizo que se mantuviera funcionando es el mismo poder que quita (provee purificación para) nuestros pecados. Cuán erróneo es pensar que Dios no pueda perdonarnos. No hay pecado demasiado grande que el Rey del universo no pueda quitar. Dios puede perdonar y nos perdonará cuando nos acercamos a Él por medio de su Hijo. La frase se sentó significa que se terminó la obra. El sacrificio de Cristo fue terminante.

1.4 El nombre más excelente que heredó Jesucristo es «Hijo de Dios». Ese nombre otorgado por el Padre es superior a los nombres y títulos de los ángeles.

1.4ss Los falsos maestros en muchas de las primeras iglesias enseñaban que solo era posible comunicarse con Dios por medio de los ángeles. En lugar de adorar a Dios directamente, los seguidores de esas herejías reverenciaban a los ángeles. Hebreos denuncia con claridad tales enseñanzas como falsas. Algunos enseñaban que Jesucristo era el ángel de mayor rango de Dios. Pero Jesucristo no es un ángel superior; y de todos modos, no se debe adorar a los ángeles (véanse Colosenses 2.18, Apocalipsis 19.1–10). Jesucristo es Dios. Solo Él es digno de nuestra adoración.

1.5,6 Jesucristo es el primogénito de Dios. En las familias judías el hijo primogénito mantenía el lugar de más alto privilegio como también de responsabilidad. Los cristianos judíos al leer este pasaje comprendían que, como primogénito de Dios, Jesucristo era superior a cualquier ser creado.

1.10–12 El autor de Hebreos cita el Salmo 102.25–27. Allí considera a Dios como el que habla y aplica sus palabras al Hijo Jesucristo. El que los cielos y la tierra «perecerán» revela que la tierra no es permanente ni indestructible (una opinión de muchas filosofías griegas y romanas). La autoridad de Cristo se establece sobre toda la creación, de modo que no nos atrevamos a considerar ningún objeto o recurso terrenal más importante de lo que Él es.

1.11,12 Como los lectores de Hebreos experimentaron el rechazo de sus hermanos judíos, con frecuencia se sintieron aislados. Muchos se sintieron tentados a cambiar al inmutable Cristo por su conocida y antigua fe. El escritor de Hebreos les exhorta a no hacerlo; Cristo es la única seguridad en un mundo cambiante. Sin que importe lo que pueda suceder en este mundo, Cristo jamás cambia. Si confiamos en Él estaremos absolutamente seguros, porque nos hallamos sobre el fundamento más firme que hay en el universo: Jesucristo. Un himno famoso resume esta verdad: «Jesús será mi protección, la roca de mi salvación».

1.12 ¿Qué significa que Cristo es inmutable («tú eres el mismo»)? Quiere decir que jamás cambiará su carácter. Él es invariable en su amor a nosotros, dedicado a la equidad y a la justicia y absolutamente decidido a ser misericordioso con nosotros a pesar de que no lo merecemos. Regocíjese de que Cristo es invariable. Él siempre lo ayudará cuando usted lo requiera y le ofrece perdón cuando cae.

1.14 Los ángeles, seres espirituales creados por Dios, son mensajeros de Dios y están bajo su autoridad (Colosenses 1.16). Cumplen varias funciones: sirven a los creyentes (1.14), protegen a los débiles (Mateo 18.10), proclaman el mensaje de Dios (Apocalipsis 14.6–12) y ejecutan el juicio de Dios (Hechos 12.1–23; Apocalipsis 20.1–3). Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO PARA HOY. 3 DE NOVIEMBRE. Jeremías 36,37,   

El rey quema el rollo

36

1Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 2Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. 3Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.

4Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado. 5Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: A mí se me ha prohibido entrar en la casa de Jehová. 6Entra tú, pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades. 7Quizá llegue la oración de ellos a la presencia de Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo. 8Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.

9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalén. 10Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del pueblo.

11Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová, 12descendió a la casa del rey, al aposento del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, esto es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes. 13Y les contó Micaías todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a ellos. 15Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc. 16Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras. 17Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. 18Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro. 19Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve y escóndete, tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.

20Y entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo depositado el rollo en el aposento de Elisama secretario; y contaron a oídos del rey todas estas palabras. 21Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó del aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban. 22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él. 23Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había. 24Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras. 25Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír. 26También mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraías hijo de Azriel y a Selemías hijo de Abdeel, para que prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías; pero Jehová los escondió.

27Y vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías, diciendo: 28Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim rey de Judá. 29Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni animales? 30Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. 31Y castigaré su maldad en él, y en su descendencia y en sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he anunciado y no escucharon.

32Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.

 Encarcelamiento de Jeremías

37

1En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey en la tierra de Judá. 2Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías.

3Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios. 4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. 5Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.

6Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo: 7Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto. 8Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego. 9Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán. 10Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.

11Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón, 12salía Jeremías de Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de en medio del pueblo. 13Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú te pasas a los caldeos. 14Y Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó delante de los príncipes. 15Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel.

16Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado. 18Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la cárcel? 19¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra? 20Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán, para que no muera allí. 21Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

 

LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. FILEMON

LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A
FILEMÓN

 Salutación

1

1Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, 2y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: 3Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

 El amor y la fe de Filemón

4Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, 5porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; 6para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. 7Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.

 Pablo intercede por Onésimo

8Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, 9más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10te ruego por mi hijo Onésimo,  a quien engendré en mis prisiones, 11el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. 13Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; 14pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.

15Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; 16no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. 17Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. 18Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. 19Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. 20Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.

21Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo. 22Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.

 Salutaciones y bendición final

23Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, 24Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.

25La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén. Rv. 


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. Jeremías 36,37,   

Capítulo 36

36.1ss Esto sucedió en el verano del año 605 a.C., poco después de la victoria de Nabucodonosor sobre el ejército egipcio en Carquemis, antes de los sucesos narrados en los capítulos 34 y 35.

36.2-4 Antiguamente, muchos no podían leer ni escribir, por lo tanto, los que podían hacerlo eran muy valiosos. Estos escribas ocupaban puestos de gran importancia y se respetaban mucho por su conocimiento. Baruc era el escriba de Jeremías. La escritura se realizaba a menudo sobre pergamino o en hojas de papiro que se cosían o pegaban entre sí y se guardaban en los llamados rollos de pergamino. Después del cautiverio, los escribas se volvieron maestros de la Ley. En la época del Nuevo Testamento, los escribas formaban un partido político poderoso.

36.9 Cuando había alguna emergencia nacional, a menudo se hacía un llamado a días de ayuno (donde la gente se abstenía de comer para mostrar humildad y arrepentimiento). Babilonia iba destruyendo ciudad tras ciudad y cercaba a Jerusalén. Cuando el pueblo llegó al templo, Baruc les dijo cómo podían prevenir la tragedia inminente. Pero se negaron a escuchar.

36.10–32 Dios dijo a Jeremías que escribiera sus palabras en un rollo de libro. Debido a que no se le permitía entrar al templo, Jeremías pidió a su escriba, Baruc, a quien le dictó el rollo, que lo leyera al pueblo que se reunía allí. Baruc entonces lo leyó a los príncipes y por último Jehudí se lo leyó al mismo rey. A pesar de que el rey quemó el rollo, no pudo destruir la Palabra de Dios. En la actualidad mucha gente trata de echar a un lado la Palabra de Dios o dice que contiene muchos errores y que por lo tanto no es confiable. La gente puede rechazar la Palabra de Dios, pero no puede destruirla. Esta permanecerá para siempre (Salmo 119.89).

36.22 Un bracero es una vasija de metal donde se colocan los carbones ardientes, usado para calentar un ambiente.

36.25 Solo tres líderes protestaron por esta acción perversa de quemar el rollo que contenía la Palabra de Dios. Esto muestra cuán complaciente e insensible se volvió el pueblo hacia Dios.

36.30 Joaquín, el hijo de Joacim, fue rey por tres meses antes de que lo llevaran en cautiverio, pero esto no lo califica como para «ocupar el trono de David», una expresión que implicaba permanencia. Joacim no aseguró una dinastía. Sedequías, el siguiente gobernante, era el tío de Joaquín. Por lo tanto, terminó la línea de reyes humanos descendientes de David, pero en menos de seiscientos años vendría a través de los descendientes de Natán, el hermano de Salomón, el Rey eterno (véase también la nota a 22.30).


Capítulo 37

37.1ss El rey Joacim murió camino a Babilonia (2 Crónicas 36.6) y designaron rey a su hijo Joaquín, pero tres meses después lo llevaron cautivo a Babilonia. Nabucodonosor entonces designó a Sedequías como su vasallo en Judá.

37.2,3 El rey Sedequías y sus funcionarios no querían escuchar las palabras de Jeremías, pero querían las bendiciones de sus oraciones. Querían una religión superficial que no les costara nada. Pero a Dios no le agradan los que vienen a Él solo por lo que pueden obtener en vez de buscar establecer o profundizar una relación con Él. Nosotros no aceptaríamos esa clase de relación con alguna otra persona y no debemos esperar que Dios la acepte de nosotros.

37.5 Cuando Nabucodonosor sitió Jerusalén en 589 a.C., el Faraón Hofra marchó en contra de él por invitación de Sedequías. Jerusalén volvió la mirada a Egipto para pedirle ayuda a pesar de las advertencias de Jeremías. Pero los egipcios no fueron ninguna ayuda, ya que en cuanto los babilonios se volvieron en su contra, se retiraron. Las advertencias de Jeremías fueron ciertas.

37.17 Sedequías titubeaba entre la rendición y la resistencia. Demasiado asustado y débil para ejercer autoridad, pidió a Jeremías que fuera en secreto al palacio, esperando quizás que llegaran algunas buenas noticias de Dios. Sedequías estaba desesperado, quería escuchar la Palabra de Dios, pero temía que surgieran problemas políticos si descubrían que hablaba con Jeremías.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 3 DE NOVIEMBRE. FILEMON

Capítulo 1

1 Pablo escribió esta carta desde Roma alrededor del 60 d.C., cuando se hallaba bajo arresto domiciliario (véase Hechos 28.30, 31). Onésimo era un esclavo doméstico que pertenecía a Filemón, un hombre rico, miembro de la iglesia en Colosas. Onésimo había huido de Filemón y se había dirigido a Roma, donde se encontró con Pablo, que parece que fue el que lo guió a Cristo (v. 10). Pablo lo convenció de que huir de sus problemas no los resolvería y lo persuadió a regresar a su amo. Pablo escribió esta carta a Filemón para pedirle que se reconciliara con su esclavo fugitivo.

1 Filemón fue un hacendado griego residente en Colosas. Se convirtió bajo el ministerio de Pablo, y la iglesia de Colosas se reunía en su casa. Onésimo era uno de los esclavos de Filemón.

2 Apia pudo haber sido la esposa de Filemón. Arquipo pudo haber sido el hijo de Filemón o posiblemente un anciano de la iglesia en Colosas. Sea como sea, Pablo lo incluyó como a un receptor de la carta, posiblemente Arquipo pudo leer la carta con Filemón y lo animó a seguir el consejo de Pablo.

2 La iglesia primitiva con frecuencia solía reunirse en diferentes hogares. Debido a la persecución esporádica y el gran costo que significaba, los templos no se construyeron en esta época.

4-7 Pablo destacó el amor y la bondad de Filemón. Había abierto su corazón y su hogar a la iglesia. Debiéramos imitarlo, abriéndoles nuestro corazón y nuestros hogares a otros, y ofrecer compañerismo cristiano para refrescar los corazones de otros.

8,9 Debido a que Pablo fue un anciano y un apóstol, pudo haber usado su autoridad con Filemón, ordenándole tratar con bondad a su esclavo fugitivo. Pero Pablo no basó su pedido en su autoridad sino en la entrega de Filemón como cristiano. Pablo quiso que la obediencia de Filemón fuera sincera y no de mala gana. Cuando usted sabe que algo es correcto y tiene el poder de demandarlo ¿apela usted a su autoridad o a la dedicación de la otra persona? Aquí Pablo nos da un buen ejemplo de cómo tratar un posible conflicto entre amigos cristianos.

10 Un amo tenía el derecho legal de matar a un esclavo fugitivo, por eso Onésimo temía por su vida. De manera que Pablo escribió esta carta a Filemón para ayudarlo a comprender su nueva relación con Onésimo. Este era ahora un hermano cristiano, no una mera posesión. «A quien engendré en mis prisiones» significa que Onésimo se había hecho cristiano.

10ss Pablo pidió a Filemón que perdonara a su esclavo fugitivo, el que había llegado a ser cristiano, pero no solo que lo perdonara, sino que lo aceptara como a un hermano. Como cristianos, deberíamos perdonar así como hemos sido perdonados (Mateo 6.12; Efesios 4.31, 32). El verdadero perdón significa que tratamos al que ha sido perdonado en la forma que quisiéramos ser tratados. ¿Hay alguien a quien usted dice haber perdonado pero que todavía necesita su afecto?

11-15 Onésimo significa «útil». Pablo usó un juego de palabras, al decir que Onésimo no había sido de mucha utilidad en el pasado, pero que había sido muy útil tanto para Filemón como para Pablo. A pesar de que Pablo quería permanecer con Onésimo, lo envió de regreso, esperando que Filemón lo aceptara no como un esclavo fugitivo perdonado, sino también como un hermano en Cristo.

15, 16 La esclavitud estaba esparcida por todo el Imperio Romano. En estos días, los cristianos no tenían poder político para cambiar el sistema de la esclavitud. Pablo no condena o condona la esclavitud pero se empeña en que las relaciones se transformen. El evangelio empieza a cambiar las estructuras sociales por medio del cambio que opera en la gente que se halla dentro de esas estructuras. (Véanse también 1 Corintios 7.20–24; Efesios 6.5–9; Colosenses 3.22–4.1 para más sobre la relación amo/siervo.)

16 ¡Qué diferencia hizo la condición social de Onésimo, como un cristiano, para con Filemón! Dejó de ser un simple esclavo, un sirviente, llegó a ser también un hermano. Ambos, tanto Onésimo como Filemón, llegaron a ser miembros de la familia de Dios, iguales en Cristo. La condición social de un cristiano, como miembro de la familia de Dios, va más allá de todas las demás distinciones entre los creyentes. ¿Usted menosprecia a algún cristiano? Recuerde, ellos son sus iguales delante de Cristo (Gálatas 3.28). La forma en que usted trata a sus hermanos y hermanas en la familia cristiana refleja su verdadero compromiso cristiano.

17-19 Pablo amaba en forma genuina a Onésimo. Pablo demostró su amor al servir de garantía personal por el pago de cualquier cosa robada o por cualquier daño causado que convirtiera a Onésimo en culpable. La inversión de Pablo en la vida de este nuevo creyente ciertamente animó y fortaleció la fe de Onésimo. ¿Hay nuevos creyentes que necesitan de su parte esta demostración que encierra el autosacrificio? Dé gracias cuando se presente la oportunidad de invertir en la vida de otros, al ayudarles en el estudio de la Biblia, las oraciones, el ánimo, el sostén económico y al brindarles su amistad.

19 Cuando Pablo dice «tú mismo te me debes también», le recuerda a Filemón que él lo había guiado a Cristo. Al ser Pablo el padre espiritual de Filemón, esperaba que este sintiera una deuda de gratitud que estaría dispuesto a pagar al aceptar a Onésimo con un espíritu perdonador.

22 Pablo dejó la prisión poco tiempo después de que esta carta fuera escrita, pero la Biblia no nos dice si llegó a regresar a Colosas.

23 Epafras era muy conocido entre los colosenses, ya que él había fundado la iglesia allí (Colosenses 1.7). Era como un héroe para esta iglesia, luchó para que se mantuviera unida a pesar de la persecución creciente y las dificultades con las falsas doctrinas. La información acerca de los problemas que afrontaban los hermanos de Colosas motivó a Pablo a escribir su epístola a los Colosenses. Las oraciones fervorosas de Epafras por los cristianos en Colosas muestra su amor profundo por ellos (Colosenses 4.12, 13). Probablemente, se hallaba en prisión con Pablo por predicar el evangelio.

24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas también son mencionados en Colosenses 4.10, 14. Marcos había acompañado a Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero (Hechos 12.25ss). Juan Marcos también escribió el Evangelio de Marcos. Lucas acompañó a Pablo en su tercer viaje misionero y fue el escritor del Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos. Demas fue fiel a Pablo por un tiempo pero luego desertó (véase 2 Timoteo 4.10).

25 Pablo anima a Filemón para que se reconcilie con su esclavo, recibiéndolo como a un hermano y miembro de la familia de Dios. Reconciliación significa restaurar relaciones. Cristo nos reconcilió con Dios y con otros. Hay muchas barreras levantadas entre la gente: raza, nivel social, sexo, diferencias de personalidad; pero Cristo puede derribar dichas barreras. Jesucristo cambió la relación de Onésimo con Filemón, de esclavo a hermano. Solo en Cristo nuestras relaciones irremediables pueden ser transformadas en una amistad profunda. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.