Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 10 DE Junio 2 Crónicas 32,33

Senaquerib invade a Judá

(2 R. 18.13–37; Is. 36.1–22)

32

1Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas. 2Viendo, pues, Ezequías la venida de Senaquerib, y su intención de combatir a Jerusalén, 3tuvo consejo con sus príncipes y con sus hombres valientes, para cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. 4Entonces se reunió mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan? 5Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos. 6Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, y los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y habló al corazón de ellos, diciendo: 7Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. 8Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá.

9Después de esto, Senaquerib rey de los asirios, mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén? 11¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? 12¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso? 13¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? 14¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? 15Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?

16Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová Dios, y contra su siervo Ezequías. 17Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. 18Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad. 19Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres.

 Jehová libra a Ezequías

(2 R. 19.1–37; Is. 37.1–38)

20Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. 21Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos. 22Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados. 23Y muchos trajeron a Jerusalén ofrenda a Jehová, y ricos presentes a Ezequías rey de Judá; y fue muy engrandecido delante de todas las naciones después de esto.

 Enfermedad de Ezequías

(2 R. 20.1–11; Is. 38.1–22)

24En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oró a Jehová, quien le respondió, y le dio una señal. 25Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén. 26Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías.

 Ezequías recibe a los enviados de Babilonia

(2 R. 20.12–19; Is. 39.1–8)

27Y tuvo Ezequías riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables. 28Asimismo hizo depósitos para las rentas del grano, del vino y del aceite, establos para toda clase de bestias, y apriscos para los ganados. 29Adquirió también ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran abundancia; porque Dios le había dado muchas riquezas. 30Este Ezequías cubrió los manantiales de Gihón la de arriba, y condujo el agua hacia el occidente de la ciudad de David. Y fue prosperado Ezequías en todo lo que hizo. 31Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

 Muerte de Ezequías

(2 R. 20.20–21)

32Los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias, he aquí todos están escritos en la profecía del profeta Isaías hijo de Amoz, en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 33Y durmió Ezequías con sus padres, y lo sepultaron en el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y toda Jerusalén; y reinó en su lugar Manasés su hijo.

 Reinado de Manasés

(2 R. 21.1–18)

33

1De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén. 2Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto. 4Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente. 5Edificó asimismo altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. 6Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira. 7Además de esto puso una imagen fundida que hizo, en la casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta casa y en Jerusalén, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre; 8y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros padres, a condición de que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, los estatutos y los preceptos, por medio de Moisés. 9Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.

10Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; 11por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. 12Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. 13Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios.

14Después de esto edificó el muro exterior de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del Pescado, y amuralló Ofel, y elevó el muro muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. 15Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad. 16Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel. 17Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque lo hacía para Jehová su Dios.

18Los demás hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehová el Dios de Israel, he aquí todo está escrito en las actas de los reyes de Israel. 19Su oración también, y cómo fue oído, todos sus pecados, y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió imágenes de Asera e ídolos, antes que se humillase, he aquí estas cosas están escritas en las palabras de los videntes. 20Y durmió Manasés con sus padres, y lo sepultaron en su casa; y reinó en su lugar Amón su hijo.

 Reinado de Amón

(2 R. 21.19–26)

21De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y dos años reinó en Jerusalén. 22E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre; porque ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho. 23Pero nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manasés su padre; antes bien aumentó el pecado. 24Y conspiraron contra él sus siervos, y lo mataron en su casa. 25Mas el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y el pueblo de la tierra puso por rey en su lugar a Josías su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 10 DE Junio, Juan 18: 25 - 40.

Pedro niega a Jesús

(Mt. 26.71–75; Mr. 14.69–72; Lc. 22.58–62)

25Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy. 26Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.

 Jesús ante Pilato

(Mt. 27.1–2, 11–31; Mr. 15.1–20; Mt. 27.1–2, 11–31, Lc. 23.1–5, 13–25)

28Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. 29Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; 32para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.

33Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?

Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

32.1ss Cuando el rey Ezequías fue confrontado con el alarmante prospecto de la invasión asiria, tomó dos decisiones importantes. Hizo todo lo que pudo para manejar la situación, y confió a Dios los resultados. Eso es exactamente lo que tenemos que hacer cuando nos enfrentemos a situaciones difíciles o alarmantes. Haga todo lo que le sea posible para resolver el problema o mejorar la situación. Pero también encomiende la situación a Dios en oración y confíe a Él la solución

32.7, 8 Ezequías pudo ver con los «ojos de la fe». El número de sus oponentes no significaba algo mientras él estuviera del lado de Dios. La victoria se logra «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos» (Zacarías 4.6). Ezequías pudo alentar con seguridad a sus hombres porque no tenía duda alguna de su posición con Dios. ¿Está usted del lado de Dios? Puede ser que nunca tenga que enfrentarse a un ejército enemigo, pero las batallas que tiene que enfrentar diariamente pueden ganarse con la fuerza de Dios.

33.12,13 En una lista de reyes corruptos, Manasés estaría cerca de la cima. Su vida es un catálogo de hechos malvados que incluyeron la idolatría, el sacrificio de sus propios hijos, y la profanación del templo. A la larga, sin embargo, se dio cuenta de sus pecados y clamó por perdón a Dios. Y Dios lo escuchó. Si Dios pudo perdonar a Manasés, con seguridad puede perdonar a cualquiera. ¿Se encuentra agobiado por una culpabilidad abrumadora? ¿Duda que alguien pueda perdonar lo que ha hecho? Anímese, hasta la hora de la muerte, nadie está fuera del alcance del perdón de Dios.

MAS

32.1 Asiria era un gran imperio en los tiempos de Ezequías, controlaba la mayor parte del Medio Este. Desde una pequeña franja de tierra localizada en lo que hoy en día es Irán e Irak, comenzó a establecer su poder bajo el gobierno de Asurnasirpal II (883–859 a.C.) y su hijo Salmanasar III (859–824). Bajo el reino de Tiglat-pileser III (745–727). Las fronteras asirias se extendieron a las fronteras de Israel, haciendo de este uno de los más grandes imperios de la historia antigua. Salmanasar V destruyó el reino del norte en 722, y su nieto, Senaquerib (705–681), trató de someter a Judá, el reino del sur, bajo su control. Menos de un siglo después, Asiria yacería en ruinas (612). Senaquerib tenía la intención de conquistar las ciudades fortificadas de Judá, para luego forzarlas a pagarle tributo. El forzar a las naciones a pagar tributo era una forma excelente para que aquellos reyes extranjeros construyeran la base de su ingreso. A menudo el rey asirio obtenía un juramento de lealtad de una ciudad a la que le demandaba el pago de impuestos en forma de ganado, vino, equipo de guerra (caballos, carros, armas), oro, plata y cualquier cosa que agradara al rey invasor. Los cautivos le representaban un gasto al rey, por lo tanto sólo se tomaban en caso de rebelión extrema o para repoblar las ciudades que habían sido destruidas. Cuando el rey Ezequías fue confrontado con el alarmante prospecto de la invasión asiria, tomó dos decisiones importantes. Hizo todo lo que pudo para manejar la situación, y confió a Dios los resultados. Eso es exactamente lo que tenemos que hacer cuando nos enfrentemos a situaciones difíciles o alarmantes. Haga todo lo que le sea posible para resolver el problema o mejorar la situación. Pero también encomiende la situación a Dios en oración y confíe a Él la solución.

32.31 Una prueba puede revelar el verdadero carácter de la persona. Dios probó a Ezequías para ver cómo era él en realidad y para mostrarle sus propios defectos y la actitud de su corazón. Dios no abandonó totalmente a Ezequías, no lo tentó a pecar ni le tendió una trampa. La razón de la prueba era para fortalecer a Ezequías, desarrollar su carácter y prepararlo para las tareas que tenía por delante. En momentos de éxito, la mayoría de nosotros podemos vivir correctamente. Pero la presión, los problemas o el dolor retiran rápidamente nuestro recubrimiento de bondad a menos que nuestra fortaleza venga de Dios. ¿Cómo es usted bajo presión o cuando todo va mal? ¿Se da por vencido o se vuelve a Dios? Aquellos que poseen una relación constante con Dios, no tienen de que preocuparse.

Después de que Ezequías fue sanado de su enfermedad, aparentemente desarrolló una actitud soberbia. Cuando llegaron los embajadores para preguntar acerca de su curación milagrosa, Ezequías reveló su soberbia. Señaló sus propias hazañas y no las de Dios (véase 2 Reyes 20.12–19). El orgullo es una actitud que eleva nuestro propio esfuerzo por encima de las de Dios, nos provoca felicitarnos a nosotros mismos por nuestro éxito y a menospreciar a otras personas. Dios no se opone a la autoconfianza, a la autoestima saludable o a las satisfacciones por nuestros logros. Se opone a la actitud necia de acreditarnos lo que Él ha hecho en nosotros.

33.12, 13 Manasés estaría cerca de la cima, en una lista de reyes corruptos,. Su vida está llena de hechos malvados que incluyeron la idolatría, el sacrificio de sus propios hijos, y la profanación del templo. Al pasar el tiempo, se dio cuenta de sus pecados y clamó por perdón a Dios. Y Dios lo escuchó y lo perdonó. Si Dios pudo perdonar a Manasés, con seguridad puede perdonarte y a cualquiera, que le pida perdón a Dios el es misericordioso y perdona como lo dice el Salmista en el Salmo 51. ¿Se encuentra agobiado por una culpabilidad abrumadora? ¿Duda que Dios pueda perdonar lo que ha hecho? Anímese, usted esta alcance del perdón de Dios y de su amado hijo Jesucristo. Repita conmigo: Señor Jesucristo te reconozco como mi salvador personal, en este momento reconozco que soy pecador y vengo a ti para que perdones todos mis pecados y escribas mi nombre en el libro de la vida, amen. Si hiciste esta oración te pido te acerques a una Iglesia Cristiana Evangélica cerca al lugar de tu residencia y sigas a Jesucristo.


COMENTARIO NUEVO TESTAMENTO.

18.25–27 Imagínese que usted está parado afuera mientras interrogan a Jesús, su Señor y Maestro. Imagínese también mirando a ese hombre, el cual ha llegado a creer que es el Mesías tan esperado, mientras abusan de Él y lo golpean. Naturalmente, Pedro estaba confundido y asustado. Es un pecado serio negar a Cristo, pero Jesús perdonó a Pedro (21.15–17). Ningún pecado es demasiado grande para que Jesús lo perdone si usted está en verdad arrepentido. Él perdonará incluso su peor pecado si deja de cometerlo y pide perdón.

18.31ss Pilato intentó cuatro veces llegar a una solución con Jesús: (1) trató de hacer que otro cargase con la responsabilidad (18.31); (2) trató de encontrar una vía de escape para liberar a Jesús (18.39); (3) trató de llegar a un arreglo haciendo que azotasen a Jesús en lugar de entregarlo a la muerte (19.1–3); y (4) trató de apelar directamente a la simpatía de los acusadores (19.15). Todos deben decidir qué hacer con Cristo. Pilato intentó dejar que los demás decidiesen por él y al final salió perdiendo. Comentarios de la Biblia del diario vivir. Rv 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Junio 2 Crónicas 29, 30, 31

Reinado de Ezequías

(2 R. 18.1–3)

29

1Comenzó a reinar Ezequías siendo de veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Abías, hija de Zacarías. 2E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.

 Ezequías restablece el culto del templo

3En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó. 4E hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió en la plaza oriental. 5Y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia. 6Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo ante los ojos de Jehová nuestro Dios; porque le dejaron, y apartaron sus rostros del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas. 7Y aun cerraron las puertas del pórtico, y apagaron las lámparas; no quemaron incienso, ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel. 8Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado a turbación, a execración y a escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos. 9Y he aquí nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos por esto. 10Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira. 11Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis incienso.

12Entonces se levantaron los levitas Mahat hijo de Amasai y Joel hijo de Azarías, de los hijos de Coat; de los hijos de Merari, Cis hijo de Abdi y Azarías hijo de Jehalelel; de los hijos de Gersón, Joa hijo de Zima y Edén hijo de Joa; 13de los hijos de Elizafán, Simri y Jeiel; de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías; 14de los hijos de Hemán, Jehiel y Simei; y de los hijos de Jedutún, Semaías y Uziel. 15Estos reunieron a sus hermanos, y se santificaron, y entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehová, para limpiar la casa de Jehová. 16Y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo de Jehová, al atrio de la casa de Jehová; y de allí los levitas la llevaron fuera al torrente de Cedrón. 17Comenzaron a santificarse el día primero del mes primero, y a los ocho del mismo mes vinieron al pórtico de Jehová; y santificaron la casa de Jehová en ocho días, y en el día dieciséis del mes primero terminaron. 18Entonces vinieron al rey Ezequías y le dijeron: Ya hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios. 19Asimismo hemos preparado y santificado todos los utensilios que en su infidelidad había desechado el rey Acaz, cuando reinaba; y he aquí están delante del altar de Jehová.

20Y levantándose de mañana, el rey Ezequías reunió los principales de la ciudad, y subió a la casa de Jehová. 21Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos para expiación por el reino, por el santuario y por Judá. Y dijo a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen sobre el altar de Jehová. 22Mataron, pues, los novillos, y los sacerdotes recibieron la sangre, y la esparcieron sobre el altar; mataron luego los carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los corderos, y esparcieron la sangre sobre el altar. 23Después hicieron acercar delante del rey y de la multitud los machos cabríos para la expiación, y pusieron sobre ellos sus manos; 24y los sacerdotes los mataron, e hicieron ofrenda de expiación con la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo Israel; porque por todo Israel mandó el rey hacer el holocausto y la expiación.

25Puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas. 26Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas. 27Entonces mandó Ezequías sacrificar el holocausto en el altar; y cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová, con las trompetas y los instrumentos de David rey de Israel. 28Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompeteros sonaban las trompetas; todo esto duró hasta consumirse el holocausto. 29Y cuando acabaron de ofrecer, se inclinó el rey, y todos los que con él estaban, y adoraron. 30Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente; y ellos alabaron con gran alegría, y se inclinaron y adoraron.

31Y respondiendo Ezequías, dijo: Vosotros os habéis consagrado ahora a Jehová; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todos los generosos de corazón trajeron holocaustos. 32Y fue el número de los holocaustos que trajo la congregación, setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos, todo para el holocausto de Jehová. 33Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes y tres mil ovejas. 34Mas los sacerdotes eran pocos, y no bastaban para desollar los holocaustos; y así sus hermanos los levitas les ayudaron hasta que acabaron la obra, y hasta que los demás sacerdotes se santificaron; porque los levitas fueron más rectos de corazón para santificarse que los sacerdotes. 35Así, pues, hubo abundancia de holocaustos, con grosura de las ofrendas de paz, y libaciones para cada holocausto. Y quedó restablecido el servicio de la casa de Jehová. 36Y se alegró Ezequías con todo el pueblo, de que Dios hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fue hecha rápidamente.

 Ezequías celebra la pascua

30

1Envió después Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que viniesen a Jerusalén a la casa de Jehová para celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel. 2Y el rey había tomado consejo con sus príncipes, y con toda la congregación en Jerusalén, para celebrar la pascua en el mes segundo; 3porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se había reunido en Jerusalén. 4Esto agradó al rey y a toda la multitud. 5Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel, en Jerusalén; porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito. 6Fueron, pues, correos con cartas de mano del rey y de sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían: Hijos de Israel, volveos a Jehová el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al remanente que ha quedado de la mano de los reyes de Asiria. 7No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehová el Dios de sus padres, y él los entregó a desolación, como vosotros veis. 8No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros. 9Porque si os volviereis a Jehová, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que los tienen cautivos, y volverán a esta tierra; porque Jehová vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si vosotros os volviereis a él.

10Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos. 11Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén. 12En Judá también estuvo la mano de Dios para darles un solo corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra de Jehová.

13Y se reunió en Jerusalén mucha gente para celebrar la fiesta solemne de los panes sin levadura en el mes segundo, una vasta reunión. 14Y levantándose, quitaron los altares que había en Jerusalén; quitaron también todos los altares de incienso, y los echaron al torrente de Cedrón. 15Entonces sacrificaron la pascua, a los catorce días del mes segundo; y los sacerdotes y los levitas llenos de vergüenza se santificaron, y trajeron los holocaustos a la casa de Jehová. 16Y tomaron su lugar en los turnos de costumbre, conforme a la ley de Moisés varón de Dios; y los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de manos de los levitas. 17Porque había muchos en la congregación que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían purificado, para santificarlos a Jehová. 18Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, 19a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. 20Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo. 21Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban a Jehová todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehová. 22Y habló Ezequías al corazón de todos los levitas que tenían buena inteligencia en el servicio de Jehová. Y comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne por siete días, ofreciendo sacrificios de paz, y dando gracias a Jehová el Dios de sus padres.

23Y toda aquella asamblea determinó que celebrasen la fiesta por otros siete días; y la celebraron otros siete días con alegría. 24Porque Ezequías rey de Judá había dado a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas; y también los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas; y muchos sacerdotes ya se habían santificado. 25Se alegró, pues, toda la congregación de Judá, como también los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que había venido de Israel; asimismo los forasteros que habían venido de la tierra de Israel, y los que habitaban en Judá. 26Hubo entonces gran regocijo en Jerusalén; porque desde los días de Salomón hijo de David rey de Israel, no había habido cosa semejante en Jerusalén. 27Después los sacerdotes y levitas, puestos en pie, bendijeron al pueblo; y la voz de ellos fue oída, y su oración llegó a la habitación de su santuario, al cielo.

31

1Hechas todas estas cosas, todos los de Israel que habían estado allí salieron por las ciudades de Judá, y quebraron las estatuas y destruyeron las imágenes de Asera, y derribaron los lugares altos y los altares por todo Judá y Benjamín, y también en Efraín y Manasés, hasta acabarlo todo. Después se volvieron todos los hijos de Israel a sus ciudades, cada uno a su posesión.

 Ezequías reorganiza el servicio de los sacerdotes y levitas

2Y arregló Ezequías la distribución de los sacerdotes y de los levitas conforme a sus turnos, cada uno según su oficio; los sacerdotes y los levitas para ofrecer el holocausto y las ofrendas de paz, para que ministrasen, para que diesen gracias y alabasen dentro de las puertas de los atrios de Jehová. 3El rey contribuyó de su propia hacienda para los holocaustos a mañana y tarde, y para los holocaustos de los días de reposo,* nuevas lunas y fiestas solemnes, como está escrito en la ley de Jehová. 4Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén, que diese la porción correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicasen a la ley de Jehová. 5Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas. 6También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones. 7En el mes tercero comenzaron a formar aquellos montones, y terminaron en el mes séptimo. 8Cuando Ezequías y los príncipes vinieron y vieron los montones, bendijeron a Jehová, y a su pueblo Israel. 9Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones. 10Y el sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoc, le contestó: Desde que comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehová, hemos comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehová ha bendecido a su pueblo; y ha quedado esta abundancia de provisiones.

11Entonces mandó Ezequías que preparasen cámaras en la casa de Jehová; y las prepararon. 12Y en ellas depositaron las primicias y los diezmos y las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello al levita Conanías, el principal, y Simei su hermano fue el segundo. 13Y Jehiel, Azazías, Nahat, Asael, Jerimot, Jozabad, Eliel, Ismaquías, Mahat y Benaía, fueron los mayordomos al servicio de Conanías y de Simei su hermano, por mandamiento del rey Ezequías y de Azarías, príncipe de la casa de Dios. 14Y el levita Coré hijo de Imna, guarda de la puerta oriental, tenía cargo de las ofrendas voluntarias para Dios, y de la distribución de las ofrendas dedicadas a Jehová, y de las cosas santísimas. 15Y a su servicio estaban Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías, Amarías y Secanías, en las ciudades de los sacerdotes, para dar con fidelidad a sus hermanos sus porciones conforme a sus grupos, así al mayor como al menor; 16a los varones anotados por sus linajes, de tres años arriba, a todos los que entraban en la casa de Jehová para desempeñar su ministerio según sus oficios y grupos. 17También a los que eran contados entre los sacerdotes según sus casas paternas; y a los levitas de edad de veinte años arriba, conforme a sus oficios y grupos. 18Eran inscritos con todos sus niños, sus mujeres, sus hijos e hijas, toda la multitud; porque con fidelidad se consagraban a las cosas santas. 19Del mismo modo para los hijos de Aarón, sacerdotes, que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los varones nombrados tenían cargo de dar sus porciones a todos los varones de entre los sacerdotes, y a todo el linaje de los levitas.

20De esta manera hizo Ezequías en todo Judá; y ejecutó lo bueno, recto y verdadero delante de Jehová su Dios. 21En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Junio, Juan 18: 1 - 24.

Arresto de Jesús

(Mt. 26.47–56; Mr. 14.43–50; Lc. 22.47–53)

18

1Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. 2Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. 3Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. 4Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. 6Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. 7Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. 8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; 9para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno. 10Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?

 Jesús ante el sumo sacerdote

(Mt. 26.57–58; Mr. 14.53–54; Lc. 22.54)

12Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, 13y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. 14Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.

 Pedro en el patio de Anás

(Mt. 26.69–70; Mr. 14.66–68; Lc. 22.55–57)

15Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; 16mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro. 17Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. 18Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.

 Anás interroga a Jesús

(Mt. 26.59–66; Mr. 14.55–64; Lc. 22.66–71)

19Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. 21¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. 22Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? 24Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO.

DIOS HOY TE DICE:

29.11 Los levitas elegidos por Dios para servir en el templo no habían podido cumplir sus deberes por la maldad de Acaz (28.24). Pero Ezequías los llamó otra vez al servicio, recordándoles que el Señor los había escogido para ministrar. Hoy no tenemos que enfrentar un rey malvado. Pero las presiones o las responsabilidades pueden volvernos inactivos e ineficaces. Cuando se le ha dado la responsabilidad de un Ministerio, no descuide su deber. Si su servicio cristiano se ha vuelto inactivo, ya sea por decisión o por las circunstancias, busque las oportunidades (y escuche a los «Ezequías») que Dios le enviará para ayudarlo a reasumir sus responsabilidades. Entonces, como los levitas, prepárese para actuar (29.12–15).

Capítulo 30

30.1 La celebración de la Pascua conmemoraba el momento en el que Dios salvó la vida de los primogénitos de Israel en Egipto. Dios había prometido que mandaría una plaga para matar a todos los primogénitos a excepción de aquellos que tuvieran en sus casas la sangre de un cordero muerto pintada en el dintel y los dos postes de las puertas. Los israelitas obedecieron, y cuando el destructor vio la sangre, él «pasó sobre» la casa y no hirió a nadie que estuviera en ella (Éxodo 12.23). Después de esta plaga, Faraón liberó a los israelitas de la esclavitud. Esta celebración tenía que ser un recordatorio anual de cómo Dios había liberado a su pueblo. Los cuidadosos preparativos, tanto en el templo como para la fiesta, muestran que este no era un avivamiento temporal o impulsivo, sino un cambio, de origen interno, de corazón y de vida.

30.6-9 Ezequías fue un rey dedicado a Dios y a la vida espiritual de la nación. Envió cartas a lo largo de Judá e Israel exhortando a que todos regresaran a Dios. Les dijo que no fueran testarudos, sino que se rindieran a Dios. Rendirse significa obedecer a Dios en primer lugar, dándole cabida en nuestros cuerpos, mente, voluntad y emociones. El Espíritu Santo puede guiar y renovar cada parte de nosotros. Sólo entonces seremos capaces de apartar el  egoísmo obstinado de nuestras vidas.

30.11 La mayoría de la gente que fue invitada a la Pascua por los mensajeros de Ezequías despreciaron la invitación, pero algunos la aceptaron. Nuestros esfuerzos para hablar de Dios a otras personas a menudo se enfrentan a reacciones similares. Pensamos que muchas personas se reirán de la invitación para aceptar a Cristo. Pero esto no debe detenernos en nuestro intento por alcanzar a otros para el reino de Dios. Si usted sabe y comprende que el rechazo al evangelio es común, puede ayudar a evitar que tenga sentimientos de rechazo personal. Recuerde que el Espíritu Santo redarguye, condena y convence. Nuestra tarea es invitar a otros a considerar las acciones de Dios, sus demandas y sus promesas. Lo mejor es hablarles de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Repite. Señor Jesucristo en esta ahora te recibo como mi señor y salvador de mi alma, perdona todos mis pecados y escribe mi nombre en el libro de la vida y has de mi la persona que tu quieres que yo sea, amen. Querido lector si usted hizo esta oración, por favor busque una Iglesia Cristiana Evangelica cerca de su residencia. Feliz dia.

31.1ss ¿Por qué era, es y será tan mala la idolatría? Los israelitas tenían acceso al único Dios verdadero, pero constantemente caían en la adoración de ídolos sin vida hechos de madera o piedra. Hicieron a un lado la adoración a nuestro Padre Celestial, para poder adorar su creación. También nosotros somos igualmente culpables cuando Dios ya no ocupa el primer lugar en nuestra vida. Cuando pensamos más en la riqueza, el placer, el prestigio, o las posesiones materiales que en Dios, realmente estamos adorándolos como ídolos. Debido a la idolatría, el pueblo de Judá fue enviado en cautiverio a tierras lejanas (36.14–17). Podemos no ser enviados en cautiverio, pero nos espera la disciplina a todos aquellos que pongamos los deseos terrenales por encima de las prioridades espirituales. Asi que mi querido hermano o amigo lo invita a que estudie el Libro de Exodo capitulo 20 del 1 al 17 y pongas en practica lo que hay el señor nos manda.


COMENTARIO EN EL NUEVO TESTAMENTO

18.10,11 Tratando de proteger a Jesús, Pedro desenvainó una espada e hirió al siervo del sumo sacerdote. Pero Jesús dijo a Pedro que metiera su espada en la vaina y permitiera el despliegue del plan de Dios. A veces resulta tentador encargarnos de los asuntos, forzar la situación. La mayoría de las veces esas actitudes nos conducen al pecado. En lugar de eso debemos confiar que Dios llevará a cabo su plan. Considérelo: si Pedro lo hubiese hecho a su manera, Jesús no habría ido a la cruz, y el plan de redención de Dios se habría obstaculizado.

18.13 Anás y Caifás fueron sumos sacerdotes. Anás fue el sumo sacerdote de Israel desde 6 a 15 d.C., cuando los gobernadores romanos lo depusieron. A Caifás, yerno de Anás, lo nombraron sumo sacerdote y permaneció en el cargo desde 18 a 36/37 d.C. De acuerdo con la ley judía, esta posición era vitalicia. Por lo tanto, muchos judíos seguían considerando a Anás como sumo sacerdote y lo seguían llamando por ese título. Pero, aunque Anás seguía teniendo mucha autoridad entre los judíos, Caifás tomaba las decisiónes finales. Tanto Caifás como Anás se interesaban más por sus ambiciones políticas que por su responsabilidad de guiar al pueblo hacia Dios. A pesar de ser líderes religiosos, se volvieron malvados. En su condición de líderes espirituales, debieran haber sido sensibles a la revelación de Dios. Debieran haber sabido que Jesús era el Mesías del cual hablaban las Escrituras y debieron haber conducido al pueblo hacia Él. Pero cuando hombres y mujeres engañosos buscan hacer el mal y buscar lo suyo propio, desean eliminar toda oposición. En lugar de hacer una evaluación sincera de las declaraciones de Jesús basándose en su conocimiento de las Escrituras, estos líderes religiosos procuraron satisfacer sus propias ambiciones egoístas e incluso estuvieron dispuestos a matar al Hijo de Dios, si era eso lo que hacía falta para lograrlas. Comentarios de la biblia mi anadar diario rv 1960.