Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY  5 DE AGOSTO. Salmo 75,76,77, 

SALMO 75

Dios abate al malo y exalta al justo

Al músico principal; sobre No destruyas. Salmo de Asaf. Cántico.

1 Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos,

Pues cercano está tu nombre;

Los hombres cuentan tus maravillas.

2 Al tiempo que señalaré

Yo juzgaré rectamente.

3 Se arruinaban la tierra y sus moradores;

Yo sostengo sus columnas.  Selah

4 Dije a los insensatos: No os infatuéis;

Y a los impíos: No os enorgullezcáis;

5 No hagáis alarde de vuestro poder;

No habléis con cerviz erguida. 

6 Porque ni de oriente ni de occidente,

Ni del desierto viene el enaltecimiento.

7 Más Dios es el juez;

A éste humilla, y a aquél enaltece.

8 Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado,

Lleno de mistura; y él derrama del mismo;

Hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra. 

9 Pero yo siempre anunciaré

Y cantaré alabanzas al Dios de Jacob.

10 Quebrantaré todo el poderío de los pecadores,

Pero el poder del justo será exaltado.


SALMO 76


El Dios de la victoria y del juicio

Al músico principal; sobre Neginot. Salmo de Asaf. Cántico. 

1 Dios es conocido en Judá;

En Israel es grande su nombre.

2 En Salem está su tabernáculo,

Y su habitación en Sion.

3 Allí quebró las saetas del arco,

El escudo, la espada y las armas de guerra.  Selah

4 Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza.

5 Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño;

No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes.

6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob,

El carro y el caballo fueron entorpecidos.

7 Tú, temible eres tú;

¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?

8 Desde los cielos hiciste oír juicio;

La tierra tuvo temor y quedó suspensa

9 Cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar,

Para salvar a todos los mansos de la tierra.  Selah

10 Ciertamente la ira del hombre te alabará;

Tú reprimirás el resto de las iras.

11 Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios;

Todos los que están alrededor de él, traigan ofrendas al Temible.

12 Cortará él el espíritu de los príncipes;

Temible es a los reyes de la tierra.


SALMO 77

Meditación sobre los hechos poderosos de Dios

Al músico principal; para Jedutún. Salmo de Asaf.

1 Con mi voz clamé a Dios,

A Dios clamé, y él me escuchará.

2 Al Señor busqué en el día de mi angustia;

Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso;

Mi alma rehusaba consuelo.

3 Me acordaba de Dios, y me conmovía;

Me quejaba, y desmayaba mi espíritu.  Selah

4 No me dejabas pegar los ojos;

Estaba yo quebrantado, y no hablaba.

5 Consideraba los días desde el principio,

Los años de los siglos.

6 Me acordaba de mis cánticos de noche;

Meditaba en mi corazón,

Y mi espíritu inquiría:

7 ¿Desechará el Señor para siempre,

Y no volverá más a sernos propicio?

8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia?

¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?

9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?

¿Ha encerrado con ira sus piedades?  Selah

10 Dije: Enfermedad mía es esta;

Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.

11 Me acordaré de las obras de JAH;

Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.

12 Meditaré en todas tus obras,

Y hablaré de tus hechos.

13 Oh Dios, santo es tu camino;

¿Qué dios es grande como nuestro Dios?

14 Tú eres el Dios que hace maravillas;

Hiciste notorio en los pueblos tu poder.

15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo,

A los hijos de Jacob y de José.  Selah

16 Te vieron las aguas, oh Dios;

Las aguas te vieron, y temieron;

Los abismos también se estremecieron.

17 Las nubes echaron inundaciones de aguas;

Tronaron los cielos,

Y discurrieron tus rayos.

18 La voz de tu trueno estaba en el torbellino;

Tus relámpagos alumbraron el mundo;

Se estremeció y tembló la tierra.

19 En el mar fue tu camino,

Y tus sendas en las muchas aguas;

Y tus pisadas no fueron conocidas.

20 Condujiste a tu pueblo como ovejas

Por mano de Moisés y de Aarón. Amén.


LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 5 DE AGOSTO. Romanos 6

Muertos al pecado

Capítulo 6

1¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

5Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

 Siervos de la justicia

15¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

20Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Amén. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 5 DE AGOSTO.

Capítulo 75

75.2 Dios actuará cuando Él esté listo. Los niños tienen dificultad de comprender el concepto del tiempo. «Todavía no es el tiempo», no es una razón que comprendan con facilidad. Solo razonan el presente. Como seres humanos limitados, no entendemos la perspectiva de Dios sobre el tiempo. Queremos todo al momento, sin reconocer que el tiempo de Dios es mejor para nosotros. Cuando Dios esté listo, hará lo que sea necesario, no lo que nosotros queremos que haga. Quizá seamos tan impacientes como los niños, sin embargo, está claro que el tiempo de Dios es perfecto y así debemos aceptarlo.

75.8 El cáliz (copa) de vino representa el juicio de Dios que vendrá sobre el impío. Dios derramará su furia sobre sus enemigos y los obligará a beberla. Beber del cáliz del juicio de Dios es una ilustración que se usa muy a menudo en las Escrituras (Isaías 51.17, 22; Jeremías 25.15; 49.12; Habacuc 2.16; Apocalipsis 14.10; 16.19; 18.6). Da la impresión de que tomamos una cucharada de nuestra propia medicina. «Hasta el fondo lo apurarán» significa sufrir el castigo total.

Capítulo 76

76.1ss Este salmo alaba a Dios por su poder que inspira temor reverente y es muy probable que se escribiera para celebrar la derrota del ejército de Senaquerib después que invadió Judá (véase 2 Reyes 18.13–19, 37).

76.10 ¿Cómo puede glorificar a Dios la ira de alguien? La hostilidad hacia Dios y su pueblo le da a Dios la oportunidad de hacer grandes cosas. Por ejemplo, el Faraón de Egipto se negó a liberar a los esclavos hebreos (Éxodo 5.1, 2), pero esto permitió que Dios obrara poderosos milagros a favor de su pueblo (Éxodo 11.9). Dios da su recompensa a los malvados y se glorifica a través de la necedad de quienes tratan de negarlo o se revelan en su contra. La ira de Dios expresada en juicio produce alabanza en los que reciben liberación.

Capítulo 77

77.1–12 Asaf imploró a Dios que le diera valor durante momentos de mucha aflicción. La causa de su angustia (77.4) era su duda (77.7–9). Él dice: «Con mi voz clamé a Dios». Pero en 77.13–20, se olvida de sí mismo. Cuando Asaf hizo sus peticiones a Dios, su centro de atención cambió. Antes pensaba en él, ahora adora a Dios y dice: «Tú eres el Dios que hace maravillas» (77.14). Solo después de echar a un lado las dudas acerca de la santidad y el cuidado de Dios (77.13, 14), logró eliminar la angustia (77.20). Cuando oramos, Dios nos levanta para que lo miremos a Él y no a nosotros mismos.

77.11,12 Los recuerdos de la bondad y la fidelidad de Dios sustentaron a Israel a través de sus dificultades. Sabían que Dios era capaz y digno de confianza. Cuando se enfrente a nuevas pruebas, repase las cosas buenas que Dios ha hecho en su vida y esto lo fortalecerá en su fe.

77.16 Esta afirmación se refiere a la división milagrosa del Mar Rojo. Este gran hecho se menciona muchas veces en el Antiguo Testamento (Éxodo 14.21, 22; Josué 24.6; Nehemías 9.9; Salmos 74.13; 106.9; 136.13–15). La historia de este increíble milagro se trasmitió de generación en generación, recordando a los israelitas el poder, la protección y el amor de Dios. 


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 5 DE AGOSTO. Romano 6

Capítulo 6

6.1–8.39 Esta sección analiza la santificación: el cambio que Dios hace en nuestras vidas cuando crecemos en fe. El capítulo 6 explica que los creyentes son libres del control del pecado. El capítulo 7 se ocupa de las dificultades continuas que los cristianos enfrentan con el pecado. El capítulo 8 describe la forma en que podemos obtener victoria sobre el pecado.

6.1,2 Si a Dios le encanta perdonar, ¿por qué no darle más para perdonar? Si el perdón está garantizado, ¿podemos pecar tanto como queramos? ¡La respuesta categórica de Pablo es: ¡En ninguna manera! Tal actitud, planear de antemano aprovecharse de Dios, es no entender la seriedad del pecado. El perdón de Dios no convierte en menos serio el pecado. Por el contrario, la muerte de su Hijo por el pecado muestra cuán serio es. Jesús pagó con su vida nuestro perdón. La misericordia de Dios no debe convertirse en excusa para un estilo de vida negligente con laxitud moral.

6.1–4 En la iglesia de la época de Pablo, la inmersión era la forma usual de bautismo. Los nuevos cristianos se «sepultaban» por completo en el agua. Comprendían que esta forma de bautismo simbolizaba la muerte y sepultura de la vieja manera de vivir, seguida por una resurrección a la vida con Cristo. Si pensamos que nuestra antigua vida pecaminosa está muerta y sepultada, tenemos un motivo poderoso para resistir al pecado. Podemos decidir conscientemente tratarla como si estuviera muerta. Luego podemos continuar disfrutando nuestra nueva vida con Cristo. (Si desea más información acerca de este concepto, véanse Gálatas 3.27 y Colosenses 2.12 y 3.1–4.).

6.5ss Podemos gozar de nuestra nueva vida en Cristo porque estamos unidos a Él en su muerte y resurrección. Nuestros malos deseos, nuestra esclavitud al pecado y nuestro amor al pecado murieron con Él. Ahora, unidos con Él por fe en su resurrección, tenemos comunión inquebrantable con Dios y libertad para resistir el pecado. Si desea más información acerca de la diferencia entre la nueva vida en Cristo y la naturaleza pecadora, léase Efesios 4.21–24 y Colosenses 3.3–15.

6.6 El castigo del pecado y el poder que tenía sobre nuestras vidas murió con Cristo en la cruz. Nuestro «viejo hombre», lleno de pecado, murió de una vez por todas y ahora estamos libres de su poder. El «cuerpo del pecado» no es el humano, sino nuestra naturaleza rebelde amante del pecado heredada de Adán. A pesar de que nuestro cuerpo coopera voluntariamente con nuestra naturaleza pecaminosa, no debemos por ello considerarlo malvado. Lo que es malo es el pecado en nosotros. Y lo que se derrota es ese poder del pecado en acción en nuestros cuerpos. Pablo acaba de establecer que la fe en Cristo nos declara absueltos, «inocentes» ante Dios. Aquí Pablo enfatiza que ya no necesitamos una vida bajo el poder del pecado. Dios no nos saca del mundo ni nos convierte en robots. A veces sentiremos deseos de pecar y algunas veces lo haremos. La diferencia radica en que antes de ser salvos, éramos esclavos de nuestra naturaleza pecaminosa, pero ahora podemos elegir vivir para Cristo (véase Gálatas 2.20).

6.8 Debido a la muerte y resurrección de Cristo, sus seguidores no tienen por qué temer a la muerte. La seguridad que nos da nos permite disfrutar compañerismo con Él y hacer su voluntad. Esto se reflejará en todas nuestras actividades: trabajo y adoración, distracción, estudio bíblico, meditación y servicio a otros. Cuando comprenda que no teme a la muerte, experimentará un nuevo vigor en la vida.

6.11 «Consideraos muertos al pecado» significa que debemos estimar nuestra vieja naturaleza pecadora como muerta y sorda al pecado. Debido a nuestra unión e identificación con Cristo, ya no estamos atados a esos viejos motivos, deseos y metas. Así que considerémonos según lo que Dios ha hecho en nosotros. Tenemos un nuevo comienzo y el Espíritu Santo nos ayudará a transformarnos cada día en lo que Cristo ha declarado que somos.

6.14,15 Si ya no estamos bajo la Ley, sino la gracia, ¿tenemos libertad para pecar y pasar por alto los Diez Mandamientos? Pablo contesta: «En ninguna manera». Cuando estábamos bajo la Ley, el pecado era nuestro amo. La Ley ni nos justificaba ni nos ayudaba a vencer el pecado. Pero ahora que estamos unidos a Cristo, Él es nuestro Señor y nos da poder para hacer lo bueno y evitar lo malo.

6.16-18 En ciertos oficios, un aprendiz recibe instrucción de un «maestro» que lo prepara, modela y le enseña los secretos de su oficio. Todas las personas eligen un maestro y este lo moldea. Sin Jesús, no tendríamos opción; aprenderíamos a pecar y los resultados serían culpa, sufrimiento y separación de Dios. Gracias a Jesús, sin embargo, podemos ahora escoger a Dios como nuestro Maestro. Siguiéndole, disfrutaremos la nueva vida y aprenderemos los caminos del Reino. ¿Continúa con su primer maestro, el pecado? ¿O es aprendiz de Dios?

6.19-22 Es imposible ser neutral. Cada persona tiene un amo: Dios o el pecado. Un cristiano no es alguien que no puede pecar, sino alguien que ya no es esclavo del pecado. Pertenece a Dios.

6.23 Usted tiene la libertad de escoger entre dos amos, pero no está en condiciones de regular las consecuencias de su elección. Cada uno de estos amos paga con su moneda. La paga del pecado es muerte. Eso es todo lo que se puede esperar de una vida sin Dios. La paga de Cristo es vida eterna: nueva vida con Dios que empieza en la tierra y continúa por siempre con Dios. ¿Qué elección ha hecho? Comentarios de la Biblia del diario vivir. Rv 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY  4 DE AGOSTO. Salmo 73,74, 


LIBRO III

SALMO 73.

El destino de los malos

Salmo de Asaf.

1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel,

Para con los limpios de corazón.

2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;

Por poco resbalaron mis pasos.

3 Porque tuve envidia de los arrogantes,

Viendo la prosperidad de los impíos.

4 Porque no tienen congojas por su muerte,

Pues su vigor está entero.

5 No pasan trabajos como los otros mortales,

Ni son azotados como los demás hombres.

6 Por tanto, la soberbia los corona;

Se cubren de vestido de violencia.

7 Los ojos se les saltan de gordura;

Logran con creces los antojos del corazón.

8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;

Hablan con altanería.

9 Ponen su boca contra el cielo,

Y su lengua pasea la tierra.

10 Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí,

Y aguas en abundancia serán extraídas para ellos.

11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios?

¿Y hay conocimiento en el Altísimo?

12 He aquí estos impíos,

Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.

13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón,

Y lavado mis manos en inocencia;

14 Pues he sido azotado todo el día,

Y castigado todas las mañanas.

15 Si dijera yo: Hablaré como ellos,

He aquí, a la generación de tus hijos engañaría.

16 Cuando pensé para saber esto,

Fue duro trabajo para mí,

17 Hasta que entrando en el santuario de Dios,

Comprendí el fin de ellos.

18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos;

En asolamientos los harás caer.

19 ¡Cómo han sido asolados de repente!

Perecieron, se consumieron de terrores.

20 Como sueño del que despierta,

Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.

21 Se llenó de amargura mi alma,

Y en mi corazón sentía punzadas.

22 Tan torpe era yo, que no entendía;

Era como una bestia delante de ti.

23 Con todo, yo siempre estuve contigo;

Me tomaste de la mano derecha.

24 Me has guiado según tu consejo,

Y después me recibirás en gloria.

25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?

Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

26 Mi carne y mi corazón desfallecen;

Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;

Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.

28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;

He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,

Para contar todas tus obras.


SALMO 74


Apelación a Dios en contra del enemigo

Masquil de Asaf.

1 ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre?

¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?

2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos,

La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia;

Este monte de Sion, donde has habitado.

3 Dirige tus pasos a los asolamientos eternos,

A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario.

4 Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas;

Han puesto sus divisas por señales.

5 Se parecen a los que levantan

El hacha en medio de tupido bosque.

6 Y ahora con hachas y martillos

Han quebrado todas sus entalladuras.

7 Han puesto a fuego tu santuario,

Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra.

8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez;

Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra.

9 No vemos ya nuestras señales;

No hay más profeta,

Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?

¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?

11 ¿Por qué retraes tu mano?

¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?

12 Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;

El que obra salvación en medio de la tierra.

13 Dividiste el mar con tu poder;

Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.

14 Magullaste las cabezas del leviatán,

Y lo diste por comida a los moradores del desierto.

15 Abriste la fuente y el río;

Secaste ríos impetuosos.

16 Tuyo es el día, tuya también es la noche;

Tú estableciste la luna y el sol.

17 Tú fijaste todos los términos de la tierra;

El verano y el invierno tú los formaste.

18 Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová,

Y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.

19 No entregues a las fieras el alma de tu tórtola,

Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.

20 Mira al pacto,

Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia.

21 No vuelva avergonzado el abatido;

El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre.

22 Levántate, oh Dios, aboga tu causa;

Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.

23 No olvides las voces de tus enemigos;

El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente. Amén 


LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE AGOSTO. Romanos 5

Resultados de la justificación

Capitulo 5

1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. 7Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

 Adán y Cristo

12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 13Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 14No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

15Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. 17Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

18Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. 20Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 21para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro. Amén. Rv 


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE AGOSTO.

Capítulo 73

73.1ss Asaf era el líder de uno de los coros levíticos de David. Compiló los Salmos 73–83, pero quizás no los escribió todos. En este salmo Asaf explica que hasta que no entró en el santuario de Dios, no comprendió dónde estaba la justicia al permitir que el malvado prosperara mientras que el recto pasara penurias. Sin embargo, cuando vio que un día se haría justicia, reconoció la sabiduría de Dios.

73.1–20 Dos temas profundos fluyen por estos versículos: (1) la prosperidad de los impíos, dejando a la gente fiel preguntándose por qué tienen que preocuparse por ser buenos, y (2) la riqueza del impío parece ser tan tentadora que quizás los fieles quieran estar en su lugar. No obstante, estos dos temas finalizan de una manera sorprendente ya que la riqueza del impío pierde de repente su poder en el momento de la muerte y las recompensas del bueno sin pensarlo adquieren un valor eterno. Lo que parecía riqueza, ahora es desperdicio, y lo que parecía no valer la pena, ahora perdura para siempre. No desee ocupar el lugar de los impíos para obtener su riqueza. Algún día ellos desearán tener el suyo y poseer su riqueza eterna.

Capítulo 74

74.1,2 La gran ira de Dios en contra de Israel creció durante los muchos años del pecado e idolatría del pueblo. Su paciencia resistió varias generaciones, pero al final se echó a un lado para dar lugar al juicio. Si usted cae en pecado, busque pronto el perdón de Dios. Su misericordia puede venir veloz y su ira puede apartarse de la misma manera. Pero si persiste en pecar, no se sorprenda si su paciencia se acaba y le cede el lugar al furor de Dios.

74.8 Cuando los ejércitos enemigos derrotaron a Israel, saquearon y quemaron Jerusalén tratando de borrar toda huella de Dios. Esta ha sido a menudo la respuesta de la gente que odia a Dios. En la actualidad muchos tratan de borrar todas las huellas de Dios de las tradiciones de la sociedad y de los temas enseñados en las escuelas. Haga lo que esté a su alcance para ayudar a mantener una influencia cristiana, pero no se desaliente cuando aparezcan otros que progresen a pasos agigantados en eliminar las huellas de Dios, ya que no pueden eliminar su presencia entre los creyentes.

74.10-18 Desde nuestra perspectiva, Dios parece que a veces es muy lento para intervenir a nuestro favor. Pero lo que puede parecernos lento es el tiempo adecuado desde la perspectiva de Dios. Es muy fácil impacientarse porque Dios no actúa, sin embargo nunca dejemos de esperar en Él. Cuando Dios permanece en silencio mientras usted atraviesa profundas angustias, siga el método de este salmo. Analice los grandes hechos de Dios en toda la historia bíblica y recuerde lo que Él ha hecho en su vida. Esto le recordará que Dios no solo trabaja en la historia, sino en su vida también.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE AGOSTO. Romanos 5

Capítulo 5

5.1 Ahora tenemos paz con Dios, que no necesariamente equivale a sentimiento de paz como la calma y la tranquilidad. Paz con Dios significa que nos hemos reconciliado con Él. No hay más hostilidad entre nosotros, ningún pecado bloquea la relación con Él. La paz con Dios es posible solo porque Jesús con su muerte en la cruz pagó el precio de nuestros pecados.

5.1-5 Este pasaje es la introducción de una sección que contiene algunos conceptos difíciles. Para comprender los próximos cuatro capítulos, es bueno tener presente la realidad de los dos lados de la vida cristiana. Por un lado, estamos completos en Cristo (que somos aceptos en Él, es seguro); por otro lado, crecemos en Cristo (llegamos a ser cada vez más semejantes a Él). A la vez tenemos categoría de reyes y responsabilidades de esclavos. Sentimos la presencia de Cristo y también la opresión del pecado. Disfrutamos la paz que viene como resultado de estar en buenas relaciones con Dios, pero aún enfrentamos problemas cotidianos que nos ayudan a crecer. Si recordamos estos dos lados de la vida cristiana, no nos desalentaremos al enfrentar las tentaciones y los problemas. En su lugar, aprenderemos a depender del poder de Cristo que está a nuestro alcance, porque Él vive en nosotros en la persona del Espíritu Santo.

5.5, 6 Los tres miembros de la Trinidad participan en la salvación. El Padre nos amó de tal manera que envió a su Hijo para que se convirtiera en puente (Juan 3.16). El Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo para llenar nuestras vidas con amor y permitir que vivamos por su poder (Hechos 1.8). Con todo este cuidado amoroso, ¡cómo podemos hacer menos que servirle completamente!

5.8 Siendo aún pecadores son palabras maravillosas. Dios envió a Jesucristo para que muriera por nosotros, no porque seamos buenos, sino porque nos ama. Cuando no se sienta seguro del amor de Dios, recuerde: si Él lo amó cuando usted aún era rebelde, puede sin duda fortalecerlo ahora que le corresponde.

5.9,10 El amor que motivó a Cristo a morir es el mismo que envió al Espíritu Santo a vivir en nosotros y a guiarnos cada día. El poder que levantó a Cristo de la muerte es el mismo que nos salva y está a nuestro alcance en la vida diaria. Asegúrese de que, habiendo empezado una vida con Cristo, tiene una reserva de poder y amor que puede usar todos los días al enfrentar cada desafío o problema. Puede orar pidiendo el poder de Dios y su amor cada vez que lo necesite.

5.11 Dios es santo y no se asocia con el pecado. Todos los seres humanos son pecadores y por lo tanto están separados de Dios. Además, cada pecado merece castigo. En lugar de castigarnos con la muerte merecida, sin embargo, Cristo cargó nuestros pecados y pagó el castigo muriendo en la cruz. Ahora nos «gloriamos en Dios». Mediante la fe en la obra de Cristo, nos podemos acercar a Dios en vez de ser enemigos y parias.

5.12 ¿Cómo pueden declararnos culpables por algo que Adán hizo miles de años atrás? Muchos piensan que no es justo que Dios nos juzgue por el pecado de Adán. Sin embargo confirmamos nuestra solidaridad con Adán cada vez que pecamos. Estamos hechos del mismo material, con tendencia a rebelarnos, y los pecados que cometemos nos condenan. Debido a que somos pecadores, no necesitamos imparcialidad sino misericordia.

5.13, 14 Pablo nos muestra que guardar la Ley no salva. Aquí añade que quebrantarla no es lo que trae la muerte. La muerte es el resultado del pecado de Adán y de los pecados que ahora cometemos aunque no se parezcan a los de Adán. Recuerda a sus lectores que durante miles de años la gente moría aunque la Ley aún no se había dado explícitamente. La Ley se introdujo, explica en el 5.20, como una ayuda para que la gente viera su pecaminosidad, para que notaran la seriedad de sus ofensas y para guiarlas a Dios en busca de misericordia y perdón. Esto fue así en los días de Moisés y lo es todavía hoy. El pecado constituye una gran discrepancia entre lo que somos y lo que fuimos al ser creados. La Ley pone de manifiesto nuestro pecado y coloca la responsabilidad exactamente sobre nuestros hombros, sin que la ley ofrezca algún remedio. Cuando estemos convencidos de que hemos pecado, debemos buscar a Jesucristo para recibir sanidad.

5.15-19 Todos nacemos como parte de la familia física de Adán, del linaje que conduce a muerte segura. Todos cosechamos los resultados del pecado de Adán. Heredamos su culpa, una naturaleza pecaminosa (la tendencia a pecar) y el castigo de Dios. Sin embargo, por la obra de Cristo, podemos cambiar juicio por perdón. Podemos cambiar nuestro pecado por la justicia de Jesús. Cristo nos ofrece la oportunidad de nacer en su familia espiritual: del linaje que empieza con perdón y conduce a la vida eterna. Si no hacemos algo, nos espera la muerte mediante Adán, pero si acudimos a Dios por la fe, tenemos vida a través de Cristo. ¿A qué linaje pertenece usted?

5.20 Como pecador, separado de Dios, usted ve la Ley desde abajo, similar a una escalera que debe subirse para llegar a Dios. Quizás ha intentado subirla en más de una oportunidad, solo para caer al piso cada vez que alcanzaba uno o dos peldaños. O a lo mejor le parecía tan abrumadora la escarpada escalera que nunca se decidió siquiera a iniciar su ascenso. En cualquier caso, ¡qué alivio debe serle ver a Jesús con los brazos abiertos ofreciéndole pasarle por encima de la escalera de la Ley y llevarlo directamente a Dios! Una vez que Jesús lo eleva hasta la presencia de Dios, usted es libre para obedecer: por amor, no por necesidad, y mediante el poder de Dios, no el suyo. Usted sabe que si se tambalea, no caerá al suelo. Los brazos amorosos de Cristo no lo dejarán caer y lo sostendrán. Comentarios de la Biblia del diario vivir R.v 1960.