Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 24 DE Marzo. Josué 11,12, 13 

Derrota de la alianza de Jabín

11

1Cuando oyó esto Jabín rey de Hazor, envió mensaje a Jobab rey de Madón, al rey de Simrón, al rey de Acsaf, 2y a los reyes que estaban en la región del norte en las montañas, y en el Arabá al sur de Cineret, en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente; 3y al cananeo que estaba al oriente y al occidente, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al jebuseo en las montañas, y al heveo al pie de Hermón en tierra de Mizpa. 4Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, mucha gente, como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra. 5Todos estos reyes se unieron, y vinieron y acamparon unidos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel.

6Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel; desjarretarás sus caballos, y sus carros quemarás a fuego. 7Y Josué, y toda la gente de guerra con él, vino de repente contra ellos junto a las aguas de Merom. 8Y los entregó Jehová en manos de Israel, y los hirieron y los siguieron hasta Sidón la grande y hasta Misrefotmaim, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno. 9Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros quemó a fuego.

10Y volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos reinos. 11Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor pusieron fuego. 12Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado. 13Pero a todas las ciudades que estaban sobre colinas, no las quemó Israel; únicamente a Hazor quemó Josué. 14Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. 15De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.

 Josué se apodera de toda la tierra

16Tomó, pues, Josué toda aquella tierra, las montañas, todo el Neguev, toda la tierra de Gosén, los llanos, el Arabá, las montañas de Israel y sus valles. 17Desde el monte Halac, que sube hacia Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, a la falda del monte Hermón; tomó asimismo a todos sus reyes, y los hirió y mató. 18Por mucho tiempo tuvo guerra Josué con estos reyes. 19No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, salvo los heveos que moraban en Gabaón; todo lo tomaron en guerra. 20Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés.

21También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los anaceos de los montes de Hebrón, de Debir, de Anab, de todos los montes de Judá y de todos los montes de Israel; Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. 22Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod. 23Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra.

 Reyes derrotados por Moisés

12

1Estos son los reyes de la tierra que los hijos de Israel derrotaron y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán hacia donde nace el sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá al oriente: 2Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y señoreaba desde Aroer, que está a la ribera del arroyo de Arnón, y desde en medio del valle, y la mitad de Galaad, hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de Amón; 3y el Arabá hasta el mar de Cineret, al oriente; y hasta el mar del Arabá, el Mar Salado, al oriente, por el camino de Bet-jesimot, y desde el sur al pie de las laderas del Pisga. 4Y el territorio de Og rey de Basán, que había quedado de los refaítas, el cual habitaba en Astarot y en Edrei, 5y dominaba en el monte Hermón, en Salca, en todo Basán hasta los límites de Gesur y de Maaca, y la mitad de Galaad, territorio de Sehón rey de Hesbón. 6A éstos derrotaron Moisés siervo de Jehová y los hijos de Israel; y Moisés siervo de Jehová dio aquella tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés.

 Reyes derrotados por Josué

7Y estos son los reyes de la tierra que derrotaron Josué y los hijos de Israel, a este lado del Jordán hacia el occidente, desde Baal-gad en el llano del Líbano hasta el monte de Halac que sube hacia Seir; y Josué dio la tierra en posesión a las tribus de Israel, conforme a su distribución; 8en las montañas, en los valles, en el Arabá, en las laderas, en el desierto y en el Neguev; el heteo, el amorreo, el cananeo, el ferezeo, el heveo y el jebuseo. 9El rey de Jericó, uno; el rey de Hai, que está al lado de Bet-el, otro; 10el rey de Jerusalén, otro; el rey de Hebrón, otro; 11el rey de Jarmut, otro; el rey de Laquis, otro; 12el rey de Eglón, otro; el rey de Gezer, otro; 13el rey de Debir, otro; el rey de Geder, otro; 14el rey de Horma, otro; el rey de Arad, otro; 15el rey de Libna, otro; el rey de Adulam, otro; 16el rey de Maceda, otro; el rey de Bet-el, otro; 17el rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro; 18el rey de Afec, otro; el rey de Sarón, otro; 19el rey de Madón, otro; el rey de Hazor, otro; 20el rey de Simron-merón, otro; el rey de Acsaf, otro; 21el rey de Taanac, otro; el rey de Meguido, otro; 22el rey de Cedes, otro; el rey de Jocneam del Carmelo, otro; 23el rey de Dor, de la provincia de Dor, otro; el rey de Goim en Gilgal, otro; 24el rey de Tirsa, otro; treinta y un reyes por todos.

 Tierra aún sin conquistar

13

1Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer. 2Esta es la tierra que queda: todos los territorios de los filisteos, y todos los de los gesureos; 3desde Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta el límite de Ecrón al norte, que se considera de los cananeos; de los cinco príncipes de los filisteos, el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo y el ecroneo; también los aveos; 4al sur toda la tierra de los cananeos, y Mehara, que es de los sidonios, hasta Afec, hasta los límites del amorreo; 5la tierra de los giblitas, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat; 6todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta Misrefotmaim, todos los sidonios; yo los exterminaré delante de los hijos de Israel; solamente repartirás tú por suerte el país a los israelitas por heredad, como te he mandado. 7Reparte, pues, ahora esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés.

8Porque los rubenitas y gaditas y la otra mitad de Manasés recibieron ya su heredad, la cual les dio Moisés al otro lado del Jordán al oriente, según se la dio Moisés siervo de Jehová; 9desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura de Medeba, hasta Dibón; 10todas las ciudades de Sehón rey de los amorreos, el cual reinó en Hesbón, hasta los límites de los hijos de Amón; 11y Galaad, y los territorios de los gesureos y de los maacateos, y todo el monte Hermón, y toda la tierra de Basán hasta Salca; 12todo el reino de Og en Basán, el cual reinó en Astarot y en Edrei, el cual había quedado del resto de los refaítas; pues Moisés los derrotó, y los echó. 13Mas a los gesureos y a los maacateos no los echaron los hijos de Israel, sino que Gesur y Maaca habitaron entre los israelitas hasta hoy.

 El territorio que distribuyó Moisés

14Pero a la tribu de Leví no dio heredad; los sacrificios de Jehová Dios de Israel son su heredad, como él les había dicho.

15Dio, pues, Moisés a la tribu de los hijos de Rubén conforme a sus familias. 16Y fue el territorio de ellos desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura hasta Medeba; 17Hesbón, con todas sus ciudades que están en la llanura; Dibón, Bamot-baal, Bet-baal-meón, 18Jahaza, Cademot, Mefaat, 19Quiriataim, Sibma, Zaret-sahar en el monte del valle, 20Bet-peor, las laderas de Pisga, Bet-jesimot, 21todas las ciudades de la llanura, y todo el reino de Sehón rey de los amorreos, que reinó en Hesbón, al cual derrotó Moisés, y a los príncipes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, príncipes de Sehón que habitaban en aquella tierra. 22También mataron a espada los hijos de Israel a Balaam el adivino, hijo de Beor, entre los demás que mataron. 23Y el Jordán fue el límite del territorio de los hijos de Rubén. Esta fue la heredad de los hijos de Rubén conforme a sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

24Dio asimismo Moisés a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias. 25El territorio de ellos fue Jazer, y todas las ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Amón hasta Aroer, que está enfrente de Rabá. 26Y desde Hesbón hasta Ramat-mizpa, y Betonim; y desde Mahanaim hasta el límite de Debir; 27y en el valle, Bet-aram, Bet-nimra, Sucot y Zafón, resto del reino de Sehón rey de Hesbón; el Jordán y su límite hasta el extremo del mar de Cineret al otro lado del Jordán, al oriente. 28Esta es la heredad de los hijos de Gad por sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

29También dio Moisés heredad a la media tribu de Manasés; y fue para la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias. 30El territorio de ellos fue desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og rey de Basán, y todas las aldeas de Jair que están en Basán, sesenta poblaciones, 31y la mitad de Galaad, y Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, para los hijos de Maquir hijo de Manasés, para la mitad de los hijos de Maquir conforme a sus familias.

32Esto es lo que Moisés repartió en heredad en los llanos de Moab, al otro lado del Jordán de Jericó, al oriente. 33Mas a la tribu de Leví no dio Moisés heredad; Jehová Dios de Israel es la heredad de ellos, como él les había dicho. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 24 DE Marzo. Lucas 4:1 - 37.

Tentación de Jesús

(Mt. 4.1–11; Mr. 1.12–13)

4

1Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto 2por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. 3Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. 4Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. 5Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 6Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. 7Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. 8Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. 9Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; 10porque escrito está:

A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;

 11y,

En las manos te sostendrán,

Para que no tropieces con tu pie en piedra.

 12Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. 13Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.

 Jesús principia su ministerio

(Mt. 4.12–17; Mr. 1.14–15)

14Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. 15Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

 Jesús en Nazaret

(Mt. 13.53–58; Mr. 6.1–6)

16Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo* entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

19 A predicar el año agradable del Señor.

 20Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 22Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? 23Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. 24Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. 25Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. 27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. 28Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; 29y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. 30Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue.

 Un hombre que tenía un espíritu inmundo

(Mr. 1.21–28)

31Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo.* 32Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. 33Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, 34diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. 35Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno. 36Y estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen? 37Y su fama se difundía por todos los lugares de los contornos. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 24 DE Marzo. Josué 11,12,13 

Capítulo 11

11.1–5 Había dos reyes de Hazor con el mismo nombre de Jabín. El otro, aparentemente un gobernante débil, se menciona en Jueces 4.2, 3. El rey Jabín de esta historia fue muy poderoso, ya que pudo efectuar una alianza con docenas de reyes. Al parecer, Jabín llevaba una ventaja clara y sus fuerzas superaban en número a las de Josué. Pero los que honran a Dios pueden ser victoriosos a pesar de la desigualdad de condiciones.

11.10–13 Los invasores victoriosos regularmente dejaban intactas las ciudades capturadas, mudándose a ellas y convirtiéndolas en centros de comercio y defensa. Por ejemplo, Moisés profetizó en Deuteronomio 6.10–12 que Israel ocuparía ciudades que ellos no habían construido. Sin embargo, quemaron la ciudad de Hazor. Como capital anterior de esa tierra, simbolizaba la cultura impía que Israel había llegado a destruir. Además, su captura y destrucción rompió la columna vertebral de la federación y debilitó la capacidad del pueblo para resistir.

11.15 Josué obedeció cuidadosamente las instrucciones dadas por Dios. Este tema de la obediencia se repite frecuentemente en el libro de Josué, en parte porque la obediencia es un aspecto de la vida que todos los creyentes pueden controlar. No siempre podemos controlar la comprensión porque es posible que no tengamos toda la información. No podemos controlar lo que hacen las demás personas o la manera en que nos tratan. Sin embargo, podemos controlar la decisión de obedecer a Dios. Sean cuales sean los nuevos retos que enfrentamos, la Biblia contiene instrucciones pertinentes que podemos decidir pasar por alto o seguir.

11.18 La conquista de la mayor parte de la tierra de Canaán parece haber sucedido rápidamente (podemos leer toda la historia en un rato), pero en realidad tomó siete años. Muchas veces esperamos cambios veloces en nuestras vidas y victorias rápidas sobre el pecado. Pero nuestro camino con Dios es un proceso de toda la vida, y es posible que tomen tiempo los cambios y las victorias. Es fácil volvernos impacientes con Dios y perder la esperanza porque las cosas van demasiado lentas. Cuando estamos muy cerca de una situación, es difícil ver los avances. Pero cuando miramos hacia atrás, podemos ver que Dios nunca dejó de obrar.

11.21, 22 Estas fueron las mismas tribus de gigantes que los espías israelitas describieron cuando dieron su informe negativo de la tierra prometida (Números 13, 14). Esta vez la gente no permitió que su temor de los gigantes evitara que salieran a la batalla y poseyeran la tierra que Dios les había prometido.

Capítulo 12

12.1ss El capítulo 12 es un resumen de la primera mitad del libro de Josué. Da una lista de los reyes y naciones conquistados por Josué al este y al oeste del Jordán. Mientras el pueblo confiara en Dios y le obedeciera, caería derrotada una nación malvada tras otra

Capítulo 13

13–19 Los siguientes capítulos describen la manera en que se repartió la tierra prometida entre las doce tribus. Primero, la tribu de Leví no debía recibir ninguna tierra porque debían dedicar todas sus energías a servir a la gente, no a sus propios intereses (13.14; 21). Segundo, las tribus de Rubén y Gad y la media tribu de Manasés ya habían recibido tierras al este del Jordán, que Moisés les había dado (Números 32). Tercero, las tribus de Judá y José (Efraín y la otra media tribu de Manasés) recibieron tierras que su ancestro Jacob les había prometido cuatrocientos cincuenta años antes (Génesis 48.22; Josué 15–17). Las demás tribus se repartieron las tierras restantes echando suertes (capítulo 18).

Por medio de la bendición original de Jacob a sus hijos (Génesis 49) y las bendiciones de Moisés a las doce tribus (Deuteronomio 33) ya se conocía la clase de territorio que cada tribu recibiría. Las dos bendiciones fueron proféticas porque, aunque Josué echó suertes para determinar las tierras que recibirían las tribus restantes, todo salió como Jacob y Moisés lo habían profetizado.

13.1 Josué estaba envejeciendo. Tenía entre ochenta y cinco y cien años de edad en ese momento. Pero Dios, todavía tenía trabajo para él. Nuestra cultura muchas veces glorifica a los jóvenes y fuertes, y deja de lado a los ancianos. Sin embargo, la gente mayor está llena de la sabiduría que resulta de la experiencia. Son muy capaces de servir si se les da la oportunidad y se les debe animar a hacerlo. No se les permite a los creyentes jubilarse del servicio de Dios. Y los que han pasado la edad de jubilación no deben suponer que el simple hecho de ser mayores los descalifica o excusa de servir en la obra de Dios.

13.7 Gran parte de la tierra quedó sin conquistar en ese momento, pero el plan de Dios fue seguir adelante e incluir esa tierra en la distribución entre las tribus. El deseo de Dios era que con el tiempo los israelitas la conquistaran. Dios conoce el futuro y, al mismo tiempo que nos va guiando, ya sabe de las victorias que nos esperan en el futuro. Pero así como los israelitas aún les quedaban batallas por pelear, nosotros debemos enfrentar los problemas y librar las batallas de nuestra tierra no conquistada. ¿Cuáles son nuestras tierras no conquistadas hoy? Pueden ser territorios misioneros en el extranjero, la traducción de la Biblia en nuevos idiomas, nuevas regiones misioneras a nuestro propio alrededor, grupos de interés o instituciones que necesitan una obra redentora, problemas sociales o éticos que hay que enfrentar, pecados no confesados, o talentos y recursos no desarrollados. ¿Cuál es el territorio que Dios le ha dado para conquistar? Ese territorio es nuestra «tierra prometida». Nuestra herencia será un nuevo cielo y una nueva tierra (Apocalipsis 21.1), si nosotros, como Israel, cumplimos la misión que Dios nos ha encomendado

13.13 Los israelitas se encontraron con tantos problemas porque no cumplieron de manera completa el mandato de conquistar la tierra y echar fuera todos sus habitantes. La presencia cancerosa de los pueblos restantes de Canaán causaron un sinfín de dificultades a los israelitas, según narra el libro de Jueces. Así como ellos no eliminaron totalmente el pecado de en medio de la tierra, los creyentes muchas veces no acaban de eliminar el pecado de sus vidas, con resultados igualmente desastrosos. A modo de prueba para usted mismo, reléase los Diez Mandamientos de Éxodo 20.1–17 y pregúntese: ¿Soy tolerante con prácticas o pensamientos pecaminosos? ¿He aceptado la mitad de la medida como suficiente? ¿Condeno la falta de los demás, pero condono las mías?

13.15–23 Muchas veces hay una relación interesante entre la tierra que recibe una tribu y el carácter del fundador de la tribu. Por ejemplo, a causa del carácter piadoso de José (Génesis 49.22–26), las tribus que fueron descendientes de él, Efraín y Manasés, recibieron las tierras más ricas y fértiles de toda Canaán. Judá, que se ofreció a sí mismo a cambio de la seguridad de la vida de su hermano Benjamín (Génesis 44.18–34), recibió la porción más grande, la cual con el tiempo se convirtió en el reino del sur y la sede de la dinastía del rey David. Rubén, que tuvo relaciones con una de las esposas de su padre (Génesis 49.4), recibió una tierra desértica, la región que se describe aquí.

13.29 La tribu de Manasés se dividió en dos medias tribus. Esto ocurrió cuando muchas personas de la tribu desearon establecerse al este del Jordán, en una región que convenía de manera especial a su ganado (Números 32.33). El resto de la tribu prefirió quedarse al oeste del Jordán, en la tierra de Canaán.

13.33 Los levitas se dedicaban a servir a Dios. Necesitaban más tiempo y movilidad de lo que podía disponer un propietario de tierras. Haberles dado tierras hubiera significado cargarles de responsabilidades y lealtades que hubieran impedido su servicio a Dios. En vez de eso, Dios arregló las cosas para que las demás tribus suplieran las necesidades de los levitas por medio de donaciones. (Véase Números 35.2–4 para saber cómo los levitas debían recibir ciudades dentro del territorio de todas las tribus.)


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 24 DE Marzo. Lucas 4:1 – 37.

Capítulo 4

4.1 Algunas veces sentimos que si el Espíritu Santo nos guía, siempre será «junto a aguas de reposo» (Salmo 23.2). Pero esto no es del todo cierto; el Espíritu condujo a Jesús al desierto para una larga y difícil época de prueba y puede también llevarnos a situaciones difíciles. Al enfrentar pruebas, primero asegúrese de que no vienen debido al pecado ni por decisiones insensatas. Si no descubre pecado inconfesado ni comportamiento negligente que cambiar, pida a Dios que le dé energías para enfrentar la prueba. Por último, tenga cuidado en seguir fielmente hacia donde el Espíritu le guía.

4.1 La tentación a menudo viene después de un buen momento en nuestra vida espiritual o en nuestro ministerio (véase 1 Reyes 18 y 19 que relatan la historia de Elías, donde luego de su gran victoria, le sigue la desesperación). Recuerde que Satanás elige el momento preciso para sus ataques. Necesitamos estar en guardia en tiempos de victoria y en tiempos de desaliento. Véase la nota tercera a Mateo 4.1ss de cómo Satanás nos tienta cuando estamos vulnerables.

4.1,2 Satanás tentó a Eva en el huerto y tentó también a Jesús en el desierto. Satanás es un ser real, no un símbolo ni una idea. Constantemente lucha en contra de Dios y en contra de los que le siguen y obedecen. Jesús fue el blanco original de su tentación. Satanás triunfó con Eva y Adán, y pretendía hacer lo mismo con Jesús.

4.1–13 Conocer y obedecer la Palabra de Dios es arma eficaz contra la tentación, la única ofensiva provista en la «armadura» de Dios (Efesios 6.17). Jesús usó la Escritura para enfrentar los ataques de Satanás y usted puede hacerlo también. Pero, a fin de usarla con eficacia, debe tener fe en las promesas de Dios porque Satanás también sabe las Escrituras y es experto en torcerlas para que se ajusten a sus propósitos. Obedecer las Escrituras es más importante que tener un simple versículo que mencionar, de manera que léalos a diario y aplíquelos a su vida. Así su «espada» tendrá siempre filo.

4.2 ¿Por qué fue necesaria la tentación de Jesús? Primero, la tentación es parte de la experiencia humana. Para que Jesús fuera netamente humano y pudiera entendernos del todo, tuvo que enfrentar la tentación. (Véase Hebreos 4.15.) Segundo, Jesús tuvo que deshacer la obra de Adán. Este, aunque se creó perfecto, cayó en la tentación y su pecado se trasmitió a todo el género humano. Jesús, en contraste, resistió a Satanás. Su victoria ofrece salvación a todos los descendientes de Adán (véase Romanos 5.12–19).

 4.3 Satanás a menudo plantea interrogantes acerca de lo que Dios ha dicho. Sabe que una vez que empecemos a cuestionar a Dios, será mucho más fácil conseguir que hagamos lo que él quiere. Quizás plantear preguntas nos ayude a formar creencias y fortalecer la fe, pero también puede ser peligroso. Si enfrenta dudas en su vida, tenga en cuenta que puede ser vulnerable a las tentaciones. Aun si busca respuestas, protéjase mediante la meditación en las verdades inamovibles de la Palabra de Dios.

4.3 Algunas veces lo que nos sentimos tentados a hacer no es malo en sí. Transformar piedras en pan no es necesariamente dañino. El hecho no era pecado, sino el motivo. Satanás trató de que Jesús se desviara a expensas de sus metas a largo plazo. Satanás a menudo obra así, persuadiéndonos a realizar cosas, aun buenas, pero por razones erróneas o en el momento indebido. El hecho de que algo no sea malo no significa que sea bueno para usted en un determinado momento. Muchos pecan por atender a sus legítimos deseos fuera de la voluntad de Dios o fuera de su tiempo. La primera pregunta que debe hacerse es: «¿Es el Espíritu Santo el que me guía a hacer esto? O: ¿Es Satanás el que me induce a hacerlo para desviarme del camino?»

4.3ss A menudo no solo nos tientan nuestras debilidades, sino también nuestros lados fuertes. Satanás tentó a Jesús por donde Él estaba firme. Jesús tuvo poder sobre las piedras, los reinos del mundo y aun sobre los ángeles y por eso Satanás quiso que ese poder lo usara sin considerar su misión. Cuando damos lugar al diablo y usamos erróneamente nuestras fuerzas, nos volvemos soberbios y autodependientes. Al confiar en nuestros poderes necesitamos muy poco de la ayuda de Dios. Para no caer en esta trampa, debemos llegar al convencimiento de que todas nuestras energías son un don de Dios y que las debemos dedicar a su servicio.

4.6,7 Con arrogancia, Satanás esperó salir airoso en su rebelión contra Dios al tratar de desviar a Jesús de su misión y lograr adoración. «Este mundo es mío, no de Dios», decía, «y si esperas hacer algo importante aquí, mejor que lo tengas en cuenta». Jesús no discutió con Satanás acerca de quién era el dueño de este mundo, en cambio refutó la validez de la declaración. Sabía que redimiría al mundo al dar su vida en la cruz, no a través de una alianza con un ángel corrupto.

4.9–11 Aquí Satanás tergiversa las Escrituras. La intención del Salmo 91 es mostrar la protección de Dios hacia su pueblo, no incitarlo a usar el poder de Dios en demostraciones sensacionales o tontas.

4.13 La derrota de Satanás fue decisiva, mas no final. A través de su ministerio, Jesús enfrentaría al diablo en muchas formas. Es común ver la tentación como algo que viene y va. En realidad, debemos mantenernos siempre alertas contra los reiterados ataques del diablo. ¿Dónde es más susceptible a la tentación en este momento? ¿Está preparado para enfrentarla?

4.16 Las sinagogas eran muy importantes en la vida religiosa de los judíos. Durante el exilio, cuando los judíos no gozaban del templo, se establecieron las sinagogas como lugares para la adoración durante el sábado y como escuelas para los niños durante la semana. Continuaron en uso aun después de la reconstrucción del templo. Una sinagoga se podía abrir en cualquier pueblo donde vivieran al menos diez familias judías. La dirigía una persona y su ayudante. En la sinagoga, muchas veces el líder invitaba a un rabino visitante para que leyera las Escrituras y enseñara.

4.16 Jesús fue a la sinagoga «conforme a su costumbre». A pesar de que era perfecto como Hijo de Dios y su sinagoga local dejaba mucho que desear, asistía a las reuniones cada semana. Su ejemplo convierte en débiles y egoístas muchas de las excusas que se usan para no asistir. Haga que la asistencia al culto de adoración forme parte de su vida.

4.17–21 Jesús citó Isaías 61.1, 2. Este pasaje describe la liberación de Israel del cautiverio babilónico como un año de jubileo en el que se cancelaban todas las deudas, se liberaban los esclavos y se devolvían las propiedades a sus dueños originales (Levítico 25). Pero la liberación del cautiverio no trajo lo que el pueblo esperaba; todavía era un pueblo conquistado y oprimido. De ahí que Isaías quizás se refería a una era mesiánica futura. Jesús con audacia anunció: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros». Jesús se proclamó como aquel que haría que estas buenas nuevas sucedieran, pero de una manera que la gente era incapaz de entender.

4.24 Ni siquiera aceptaron al mismo Jesús como profeta en su pueblo. Mucha gente tiene la misma actitud. Todo aquel que lleva un maletín y que viene de lejos es un experto. No se sorprenda cuando su vida y fe cristianas no las comprendan con facilidad ni las acepten quienes lo conocen bien.

4.28 Estos comentarios enfurecieron a los de Nazaret, porque Jesús decía que a veces Dios decidía alcanzar a los gentiles antes que a los judíos. Jesús los acusó de ser tan incrédulos como los ciudadanos del reino del norte de Israel en los días de Elías y Eliseo, una época notoria por su gran maldad.

4.31 Hacía poco que Jesús se había marchado hacia Capernaum desde Nazaret (Mateo 4.13). Capernaum era una ciudad próspera, con gran riqueza, así como también grande en pecado y decadencia. Ya que allí estaba el cuartel general de gran parte de las tropas romanas, los comentarios acerca de Jesús podían correr a través de todo el Imperio Romano.
4.31 ¿Por qué dejaban que Jesús enseñara en las sinagogas? Jesús aprovechó la costumbre de permitir a los visitantes enseñar. Rabinos itinerantes eran siempre bienvenidos para hablar a los que se reunían cada día de reposo en la sinagoga. El apóstol Pablo también se benefició con esta costumbre (véanse Hechos 13.5; 14.1).

4.33 En la sinagoga donde Jesús enseñaba había un hombre poseído por el demonio. Se abrió paso hasta el lugar de adoración y lanzó improperios a Jesús. Es ingenuo pensar que en la iglesia estamos protegidos de maldad. Satanás se goza al invadir nuestra presencia siempre y dondequiera que pueda. Pero la autoridad de Jesús es mayor que la de él; y donde está Jesús, los demonios no pueden permanecer por mucho tiempo.

4.34-36 La gente se maravillaba al ver la autoridad de Jesús para echar fuera demonios, los espíritus malignos que Satanás gobierna y envía para acosar a la gente y tentarla a pecar. Como su líder, quizás sean ángeles caídos que se le unieron en rebelión contra Dios. Los demonios pueden lograr que una persona enmudezca, sea sorda, ciega o pierda la razón. Jesús enfrentó a muchos demonios durante su estancia en la tierra y siempre impuso su autoridad sobre ellos. Según nos relata Lucas, no solo el demonio salió de este hombre, sino que lo hizo sin siquiera dañarlo.

4.36 La maldad penetra nuestro mundo y no debe sorprender que a menudo la gente vive temerosa. Pero el poder de Jesús es mucho más grande que el de Satanás. El primer paso para dominar el temor al maligno es reconocer la autoridad de Jesús. Él ha vencido lo malo, incluyendo a Satanás. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.