Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 11 DE Junio 2 Crónicas 34,35,36

Reinado de Josías

(2 R. 22.1–2)

34

1De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. 2Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.

 Reformas de Josías

(2 R. 23.4–20)

3A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas, e imágenes fundidas. 4Y derribaron delante de él los altares de los baales, e hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, y las desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. 5Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalén. 6Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta Neftalí, y en los lugares asolados alrededor. 7Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes de Asera, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén.

 Hallazgo del libro de la ley

(2 R. 22.3—23.3)

8A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y la casa, envió a Safán hijo de Azalía, a Maasías gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, canciller, para que reparasen la casa de Jehová su Dios. 9Vinieron éstos al sumo sacerdote Hilcías, y dieron el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de mano de Manasés y de Efraín y de todo el remanente de Israel, de todo Judá y Benjamín, y de los habitantes de Jerusalén. 10Y lo entregaron en mano de los que hacían la obra, que eran mayordomos en la casa de Jehová, los cuales lo daban a los que hacían la obra y trabajaban en la casa de Jehová, para reparar y restaurar el templo. 11Daban asimismo a los carpinteros y canteros para que comprasen piedra de cantería, y madera para los armazones y para la entabladura de los edificios que habían destruido los reyes de Judá. 12Y estos hombres procedían con fidelidad en la obra; y eran sus mayordomos Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam de los hijos de Coat, para que activasen la obra; y de los levitas, todos los entendidos en instrumentos de música. 13También velaban sobre los cargadores, y eran mayordomos de los que se ocupaban en cualquier clase de obra; y de los levitas había escribas, gobernadores y porteros.

14Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés. 15Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dio Hilcías el libro a Safán. 16Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado. 17Han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que hacen la obra. 18Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey.

19Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos; 20y mandó a Hilcías y a Ahicam hijo de Safán, y a Abdón hijo de Micaía, y a Safán escriba, y a Asaías siervo del rey, diciendo: 21Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel y de Judá acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro.

22Entonces Hilcías y los del rey fueron a Hulda profetisa, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en el segundo barrio, y le dijeron las palabras antes dichas. 23Y ella respondió: Jehová Dios de Israel ha dicho así: Decid al varón que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehová: 24He aquí yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los moradores de él, todas las maldiciones que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá; 25por cuanto me han dejado, y han ofrecido sacrificios a dioses ajenos, provocándome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto, se derramará mi ira sobre este lugar, y no se apagará. 26Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Jehová el Dios de Israel ha dicho así: Por cuanto oíste las palabras del libro, 27y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová. 28He aquí que yo te recogeré con tus padres, y serás recogido en tu sepulcro en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar y sobre los moradores de él. Y ellos refirieron al rey la respuesta.

29Entonces el rey envió y reunió a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 30Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. 31Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. 32E hizo que se obligaran a ello todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín; y los moradores de Jerusalén hicieron conforme al pacto de Dios, del Dios de sus padres. 33Y quitó Josías todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirviesen a Jehová su Dios. No se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus padres, todo el tiempo que él vivió.

 Josías celebra la pascua

(2 R. 23.21–23)

35

1Josías celebró la pascua a Jehová en Jerusalén, y sacrificaron la pascua a los catorce días del mes primero. 2Puso también a los sacerdotes en sus oficios, y los confirmó en el ministerio de la casa de Jehová. 3Y dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel, y que estaban dedicados a Jehová: Poned el arca santa en la casa que edificó Salomón hijo de David, rey de Israel, para que no la carguéis más sobre los hombros. Ahora servid a Jehová vuestro Dios, y a su pueblo Israel. 4Preparaos según las familias de vuestros padres, por vuestros turnos, como lo ordenaron David rey de Israel y Salomón su hijo. 5Estad en el santuario según la distribución de las familias de vuestros hermanos los hijos del pueblo, y según la distribución de la familia de los levitas. 6Sacrificad luego la pascua; y después de santificaros, preparad a vuestros hermanos para que hagan conforme a la palabra de Jehová dada por medio de Moisés.

7Y dio el rey Josías a los del pueblo ovejas, corderos y cabritos de los rebaños, en número de treinta mil, y tres mil bueyes, todo para la pascua, para todos los que se hallaron presentes; esto de la hacienda del rey. 8También sus príncipes dieron con liberalidad al pueblo y a los sacerdotes y levitas. Hilcías, Zacarías y Jehiel, oficiales de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes, para celebrar la pascua, dos mil seiscientas ovejas y trescientos bueyes. 9Asimismo Conanías, y Semaías y Natanael sus hermanos, y Hasabías, Jeiel y Josabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas, para los sacrificios de la pascua, cinco mil ovejas y quinientos bueyes.

10Preparado así el servicio, los sacerdotes se colocaron en sus puestos, y asimismo los levitas en sus turnos, conforme al mandamiento del rey. 11Y sacrificaron la pascua; y esparcían los sacerdotes la sangre recibida de mano de los levitas, y los levitas desollaban las víctimas. 12Tomaron luego del holocausto, para dar conforme a los repartimientos de las familias del pueblo, a fin de que ofreciesen a Jehová según está escrito en el libro de Moisés; y asimismo tomaron de los bueyes. 13Y asaron la pascua al fuego conforme a la ordenanza; mas lo que había sido santificado lo cocieron en ollas, en calderos y sartenes, y lo repartieron rápidamente a todo el pueblo. 14Después prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron ocupados hasta la noche en el sacrificio de los holocaustos y de las grosuras; por tanto, los levitas prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes hijos de Aarón. 15Asimismo los cantores hijos de Asaf estaban en su puesto, conforme al mandamiento de David, de Asaf y de Hemán, y de Jedutún vidente del rey; también los porteros estaban a cada puerta; y no era necesario que se apartasen de su ministerio, porque sus hermanos los levitas preparaban para ellos.

16Así fue preparado todo el servicio de Jehová en aquel día, para celebrar la pascua y para sacrificar los holocaustos sobre el altar de Jehová, conforme al mandamiento del rey Josías. 17Y los hijos de Israel que estaban allí celebraron la pascua en aquel tiempo, y la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días. 18Nunca fue celebrada una pascua como esta en Israel desde los días de Samuel el profeta; ni ningún rey de Israel celebró pascua tal como la que celebró el rey Josías, con los sacerdotes y levitas, y todo Judá e Israel, los que se hallaron allí, juntamente con los moradores de Jerusalén. 19Esta pascua fue celebrada en el año dieciocho del rey Josías.

 Muerte de Josías

(2 R. 23.28–30)

20Después de todas estas cosas, luego de haber reparado Josías la casa de Jehová, Necao rey de Egipto subió para hacer guerra en Carquemis junto al Eufrates; y salió Josías contra él. 21Y Necao le envió mensajeros, diciendo: ¿Qué tengo yo contigo, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me hace guerra; y Dios me ha dicho que me apresure. Deja de oponerte a Dios, quien está conmigo, no sea que él te destruya. 22Mas Josías no se retiró, sino que se disfrazó para darle batalla, y no atendió a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios; y vino a darle batalla en el campo de Meguido. 23Y los flecheros tiraron contra el rey Josías. Entonces dijo el rey a sus siervos: Quitadme de aquí, porque estoy gravemente herido. 24Entonces sus siervos lo sacaron de aquel carro, y lo pusieron en un segundo carro que tenía, y lo llevaron a Jerusalén, donde murió; y lo sepultaron en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías. 25Y Jeremías endechó en memoria de Josías. Todos los cantores y cantoras recitan esas lamentaciones sobre Josías hasta hoy; y las tomaron por norma para endechar en Israel, las cuales están escritas en el libro de Lamentos. 26Los demás hechos de Josías, y sus obras piadosas conforme a lo que está escrito en la ley de Jehová, 27y sus hechos, primeros y postreros, he aquí están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá.

 Reinado y destronamiento de Joacaz

(2 R. 23.31–35)

36

1Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y lo hizo rey en lugar de su padre en Jerusalén. 2De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar, y tres meses reinó en Jerusalén. 3Y el rey de Egipto lo quitó de Jerusalén, y condenó la tierra a pagar cien talentos de plata y uno de oro. 4Y estableció el rey de Egipto a Eliaquim hermano de Joacaz por rey sobre Judá y Jerusalén, y le mudó el nombre en Joacim; y a Joacaz su hermano tomó Necao, y lo llevó a Egipto.

 Reinado de Joacim

(2 R. 23.36—24.7)

5Cuando comenzó a reinar Joacim era de veinticinco años, y reinó once años en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios. 6Y subió contra él Nabucodonosor rey de Babilonia, y lo llevó a Babilonia atado con cadenas. 7También llevó Nabucodonosor a Babilonia de los utensilios de la casa de Jehová, y los puso en su templo en Babilonia. 8Los demás hechos de Joacim, y las abominaciones que hizo, y lo que en él se halló, está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá; y reinó en su lugar Joaquín su hijo.

 Joaquín es llevado cautivo a Babilonia

(2 R. 24.8–17)

9De ocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová. 10A la vuelta del año el rey Nabucodonosor envió y lo hizo llevar a Babilonia, juntamente con los objetos preciosos de la casa de Jehová, y constituyó a Sedequías su hermano por rey sobre Judá y Jerusalén.

 Reinado de Sedequías

(2 R. 24.18–20; Jer. 52.1–3)

11De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalén. 12E hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante del profeta Jeremías, que le hablaba de parte de Jehová. 13Se rebeló asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón para no volverse a Jehová el Dios de Israel. 14También todos los principales sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalén.

15Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. 16Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.

 Cautividad de Judá

(2 R. 25.8–21; Jer. 39.8–10; 52.12–30)

17 Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven ni doncella, anciano ni decrépito; todos los entregó en sus manos. 18 Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia. 19 Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalén, y consumieron a fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus objetos deseables.

20 Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas; 21 para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.

El decreto de Ciro

(Esd. 1.1–4)

22Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: 23Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 11 DE Junio, Juan 19: 1 - 30.

19

1Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; 3y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas. 4Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! 6Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. 7Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. 9Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

12Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. 13Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. 14Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! 15Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. 16Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.

 Crucifixión y muerte de Jesús

(Mt. 27.32–50; Mr. 15.21–37; Lc. 23.26–49)

17Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. 21Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

23Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:

Repartieron entre sí mis vestidos,

Y sobre mi ropa echaron suertes.

Y así lo hicieron los soldados. 25Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

28Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO ANTIGUO TESTAMENTO.

34.31 Cuando Josías leyó el libro que encontró Hilcías (34.14), respondió con arrepentimiento y humildad y prometió seguir los mandamientos de Dios como estaban escritos en el libro, (Exodo 20: 1 – 17). La Biblia es la Palabra de Dios para nosotros, «es viva y eficaz» (Hebreos 4.12), pero no podemos saber lo que Dios quiere que hagamos si no la leemos. Incluso, no basta con leer la Palabra de Dios, debemos estar dispuestos a hacer lo que ella dice, poner en práctica lo que en ella esta escrito. No hay gran diferencia entre el escrito escondido en el templo y la Biblia escondida en un librero. Por eso debes de leer todos los días la palabra de Dios en…. http://jehovarestaurandocorazones.blogspot.com/.

35.21–24 Josías ignoró el mensaje de Necao debido a que este era rey de una nación pagana. Esta conjetura equivocada, de que Necao no podía ser parte del plan  de Dios, y por eso le costó la vida a Josías. No todos los que afirman tener una palabra de parte de Dios la tienen en realidad. Sin embargo, Dios puede hablar en formas inesperadas. Dios había hablado a reyes paganos en el pasado (Génesis 12.17–20; 20.3–7; véamos también Daniel 4.1–3). No permita que el prejuicio o suposiciones falsas lo cieguen al mensaje de Dios.

36.21 Levítico 26.27–45 predice de modo impresionante el cautiverio, y dice cómo el pueblo de Dios sería arrancado de su tierra por desobedecerlo. Una de las leyes que ignoraron establecía que, uno de cada siete años, la tierra debía permanecer inactiva y descansar de producir cosechas (Éxodo 23.10, 11). Los setenta años de cautiverio permitieron que la tierra descansara, compensando así todos los años que los israelitas no observaron esta ley. Sabemos que Dios cumple todas sus promesas, no sólo sus promesas de bendición, sino también sus promesas de juicio. Asi que querido lector hoy es un dia especial para pedirle a Jehova Dios de la gloria que le perdone todos sus pecados y le entregue su corazón. y Dios  es misericordioso y perdona todos nuestros pecados. como lo dice el Salmista en el Salmo 51. ¿Se encuentra usted agobiado por una culpabilidad abrumadora? ¿Duda que Dios pueda perdonar lo que ha hecho? Anímese, usted esta alcance del perdón de Dios y de su amado hijo Jesucristo. Repita conmigo: Señor Jesucristo, te reconozco como mi salvador personal, en este momento reconozco que soy pecador y vengo a ti para que perdones todos mis pecados y escribas mi nombre en el libro de la vida, amen. Si hiciste esta oración te pido te acerques a una Iglesia Cristiana Evangélica cerca al lugar de tu residencia y sigas a Jesucristo.


COMENTARIOS EN EL N.T. Juan 19: 1 – 30.

19.1ss A fin de captar todo el cuadro de la crucifixión de Jesús, léase la perspectiva de Juan junto a los otros tres relatos en Mateo 27, Marcos 15 y Lucas 23. Cada escritor agrega detalles significativos, pero cada uno trasmite el mismo mensaje: Jesús murió en la cruz en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, para que pudiésemos ser salvos de nuestros pecados y recibir vida eterna. 

19.1-3 El azote pudo haber matado a Jesús. El procedimiento acostumbrado era desnudar la parte superior del cuerpo de la víctima y atar sus manos a un pilar antes de azotarlo con un látigo de tres puntas. La cantidad de latigazos se determinaba por la severidad del delito; bajo la Ley se permitían hasta cuarenta (Deu 25:3). Después de azotarlo, Jesús también debió soportar otras agonías que se narran aquí y en los otros Evangelios. 

19.2-5 Los soldados fueron más allá de la orden de azotar a Jesús; también se burlaron de su pretensión de realeza colocando una corona sobre su cabeza y un manto real sobre sus hombros. 

19.7 Finalmente la verdad salió a la luz: los líderes religiosos no llevaron a Jesús ante Pilato por causar una rebelión contra Roma, sino porque pensaban que había quebrantado sus leyes religiosas. La blasfemia, uno de los delitos más serios en la Ley judía, merecía la pena de muerte. Acusar a Jesús de blasfemia daría credibilidad a su caso ante los ojos de los judíos; acusar a Jesús de traición daría credibilidad a su caso ante los ojos de los romanos. A ellos les daba igual que Pilato escuchase una acusación u otra, con tal que cooperase con ellos en matar a Jesús. 19.10 Durante el juicio vemos que Jesús fue el que mantuvo el control, no Pilato ni los líderes religiosos. Pilato vaciló, los líderes religiosos reaccionaron movidos por odio y enojo, pero Jesús mantuvo su compostura. Sabía la verdad, conocía el plan de Dios y el motivo de su juicio. A pesar de la presión y la persecución, Jesús permaneció impasible. En realidad eran Pilato y los líderes religiosos los que se estaban juzgando, no Jesús. Cuando a usted lo cuestionen o ridiculicen debido a su fe, recuerde que aunque esté en juicio ante sus acusadores, ellos están en juicio ante Dios. 

19.11 Cuando Jesús dijo que el hombre que lo entregó era más culpable que Pilato, no disculpaba a Pilato por reaccionar ante la presión política que se ejercía sobre él. Pilato era responsable de su decisión con respecto a Jesús. Caifás y los otros líderes religiosos eran culpables de un pecado mayor porque premeditaron el homicidio de Jesús. 

19.12, 13 Estas palabras obligaron a Pilato a permitir la crucifixión de Jesús. Como gobernador romano de la región, se esperaba que Pilato mantuviera la paz. Debido a que Roma no podía proporcionar tropas numerosas a las regiones distantes, mantenía el control aplastando cualquier rebelión en forma inmediata y con fuerza brutal. Pilato temía que si al César llegaban informes de insurrección en su región le costara el puesto e incluso la vida. Cuando enfrentamos una decisión difícil, podemos tomar el camino más fácil o defender lo que es bueno, sin importar el costo. "Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Jam 4:17). 

19.13 El Enlosado era el lugar contiguo a la Torre Antonia, fortaleza en la esquina noroeste del complejo del templo. 

19.15 Los líderes judíos buscaban con desesperación librarse de Jesús al punto que, a pesar de su intenso odio por Roma, gritaban: "No tenemos más rey que César". ¡Qué ironía aparentar alianza con Roma mientras rechazaban su Mesías! Sus palabras los condenaron porque Dios tenía que ser único y verdadero Rey, y ellos abandonaron todo rasgo de lealtad hacia El. Los sacerdotes en realidad perdieron su razón de ser: en lugar de volver a la gente hacia Dios, clamaban apoyar a Roma a fin de dar muerte a su Mesías. 

19.17 Este lugar llamado de la "Calavera" o Gólgota era una colina que se hallaba en las afueras de Jerusalén, junto a una vía principal muy transitada. Muchas ejecuciones se realizaban allí de modo que todos lo vieran y sirviera como escarmiento a la gente. 

19.18 La crucifixión era una forma romana de castigar. A la víctima sentenciada a este tipo de ejecución la obligaban a llevar su cruz por la vía principal hasta el lugar de la ejecución, como una advertencia a todo observador. Las cruces y los métodos de crucifixión variaban. A Jesús lo clavaron en la cruz, a otros simplemente lo amarraban con sogas. La muerte llegaba por sofocación, debido a que el peso del cuerpo impedía la respiración normal a medida que la víctima perdía energías. La crucifixión era una muerte terriblemente lenta y dolorosa. 

19.19 Este letrero intentaba ser irónico. Un rey, desnudado y ejecutado en público, obviamente tenía que haber perdido su reino para siempre. Pero Jesús, que invierte la sabiduría del mundo, iniciaba así su reino. Su muerte y resurrección darían un golpe mortal al gobierno de Satanás y establecería su autoridad eterna sobre la tierra. Muy pocas personas entenderían aquella tarde sombría el verdadero significado de ese letrero, que no hacía otra cosa sino expresar la verdad. No estaba todo perdido. Jesús era el Rey de los judíos, de los gentiles y de todo el universo. 19.20 El título estaba escrito en tres idiomas: arameo para los judíos nativos, latín para las fuerzas de ocupación romanas y griego para los extranjeros y judíos visitantes de otros lugares. 

19.23, 24 Los soldados romanos encargados de la crucifixión acostumbraban apropiarse de las vestimentas de los condenados. Se repartieron sus vestidos, pero les costó mucho determinar quién se llevaba su túnica, pieza valiosa de su vestimenta. De esta manera se cumplía la profecía del Psa 22:18. MARIA MAGDALENA La falta de mujeres entre los doce discípulos ha incomodado a algunas personas. Pero es obvio que hubo muchas mujeres entre los seguidores de Jesús. También es bueno notar que Jesús no trató a las mujeres como lo hacía su cultura; las trató con dignidad, como personas valiosas. María de Magdala fue una de los primeros seguidores de Jesús y por cierto merece llamarse discípula. Una mujer enérgica, impulsiva y cariñosa, que no solo viajó con Jesús, sino que también contribuyó a las necesidades del grupo. Presenció la crucifixión y fue a ungir el cuerpo de Jesús la mañana del domingo cuando descubrió la tumba vacía. María fue la primera en ver a Jesús luego de resucitado. María Magdalena es un ejemplo de corazón ardiente que vivió agradecido. Jesús la liberó milagrosamente cuando echó fuera de ella siete demonios. En todo cuanto se nos dice de ella, notamos su agradecimiento por la libertad que Cristo le concedió. Esa libertad la llevó a estar al pie de la cruz cuando todos los discípulos, excepto Juan, estaban ocultos por temor. Se mantuvo cerca de su Señor. Después de la muerte de Jesús, su intención fue ofrecerle todo el respeto posible. Como todos los seguidores de Jesús, nunca esperó una resurrección corporal, pero se regocijó en gran manera al descubrir que había resucitado. María no tenía una fe complicada. Fue directa y genuina. Le interesaba más creer y obedecer que comprenderlo todo. Jesús honró su fe casi infantil, concediéndole el privilegio de ser la primera en verlo resucitado y confiándole el primer mensaje de su resurrección. Puntos fuertes y logros : -- Contribuyó a las necesidades de Jesús y sus discípulos -- Una de las pocas seguidoras fieles que estuvo al pie de la cruz -- Primera en ver al Cristo resucitado Debilidades y errores : -- Jesús tuvo que echar de ella siete demonios Lecciones de su vida : -- Los obedientes crecen en entendimiento -- Las mujeres son vitales en el ministerio de Jesús -- Jesús se relaciona con las mujeres de acuerdo a cómo las creó: reflejando de igual a igual la imagen de Dios Datos generales : -- Dónde: Magdala -- Ocupación: No se nos dice, pero al parecer era adinerada -- Contemporáneos: Jesús, los doce discípulos, María, Marta, Lázaro, la madre de Jesús, María Versículo clave : "Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios" (Mar 16:9). La historia de María Magdalena aparece en Mateo 27-28; Marcos 15-16; Lucas 23-24 y 

Juan 19-20. También se menciona en Luk 8:2. Tomás, a menudo recordado como el "incrédulo", merece respeto por su fe. Fue un incrédulo, pero su incredulidad tuvo un propósito: quería saber la verdad. Tomás no se aferró a sus dudas. Creyó de buena gana cuando le dieron razones para hacerlo. Expresó todas sus dudas y esperó la explicación de las mismas. Sus dudas eran solo una forma de reaccionar, no una costumbre. A pesar de que nuestra visión de Tomás es breve, su carácter se manifiesta con firmeza. Procuró ser fiel a lo que conocía, a pesar de lo que sentía. En un momento, cuando para todos era evidente que la vida de Jesús peligraba, solo Tomás expresó con palabras lo que la mayoría sentía. "Vamos también nosotros, para que muramos con El" (Juan 11:16). No dudó en seguir a Jesús. No sabemos por qué Tomás estaba ausente la primera vez en que Jesús apareció a los discípulos después de la resurrección, pero fue renuente en aceptar el testimonio de ellos acerca de este hecho. ¡Ni siquiera sus diez amigos lograrían cambiar su forma de pensar! Podemos dudar sin tener que vivir en incredulidad toda la vida. Las dudas motivan una reconsideración. Su propósito se relaciona más con agudizar la mente que con cambiar de manera de pensar. La duda puede usarse para plantear la pregunta, lograr una respuesta e impulsar a una decisión. Pero la duda nunca debe ser una condición permanente. La duda es un pie en alto, listo para ponerlo delante o detrás. No hay acción hasta que el pie baja. Cuando titubee, anímese a pensar en Tomás. No se plantó en sus dudas, sino que permitió que Jesús lo encaminara a creer. Anímese pensando en que un sinnúmero de seguidores de Jesús tuvieron problemas con las dudas. Las respuestas que Cristo les dio le pueden ser de gran ayuda. No se detenga en las dudas, siga hasta tomar una decisión y creer. Busque a otro creyente con el que pueda expresar sus vacilaciones. Las dudas silentes rara vez hallan respuestas. Puntos fuertes y logros : -- Uno de los doce discípulos -- Efusivo en dudas o creencias -- Fue un hombre leal y sincero Debilidades y errores : -- Junto con los otros, abandonó a Jesús en su arresto -- Rehusó creer las afirmaciones de otros que vieron a Jesús y demandó pruebas -- Manifestó una actitud algo pesimista Lecciones de su vida : -- Jesús no rechaza las dudas sinceras y dirigidas a creer -- Es mejor creer en voz alta que ser incrédulo en silencio Datos generales : -- Dónde: Galilea, Judea, Samaria -- Ocupación: Discípulo de Jesús -- Contemporáneos: Jesús, otros discípulos, Herodes, Pilato Versículos clave : "Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás le respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!" (Juan 20:27-28). La historia de Tomás se narra en los Evangelios. También se menciona en Apocalipsis 1:13. 

19.25-27 Aun mientras agonizaba en la cruz, Jesús seguía ocupándose de su familia. Pidió a Juan que se hiciera cargo de María, su madre. Nuestra familia es un regalo precioso de Dios y debiéramos valorarla y cuidarla bajo todo tipo de circunstancias. Ninguna labor cristiana ni responsabilidad en cualquier trabajo o posición nos exime de la obligación de cuidar de nuestra familia. ¿Qué puede hacer hoy para demostrar amor a su familia? 

19.27 Jesús pidió a su amigo cercano Juan, escritor de este Evangelio, que cuidara a su madre, María, cuyo esposo, José, quizás ya había fallecido. ¿Por qué no asignó Jesús esta tarea a sus hermanos? Como hijo mayor, confió su madre a una persona que estaba con El junto a la cruz y esa persona era Juan. 

19.29 Esta vasija de vinagre era un vino barato que los soldados romanos bebían mientras esperaban que muriera el crucificado. 

19.30 Hasta ese momento, un sistema complicado de sacrificios se ofrecía por los pecados. El pecado separa al hombre de Dios y solo mediante el sacrificio de un animal, un sustituto, la gente podía recibir perdón de su pecado y llegar a obtener limpieza delante de Dios. Pero la gente peca continuamente, de modo que eran necesarios sacrificios frecuentes. Jesús, sin embargo, fue el sacrificio final por el pecado. La palabra consumado es la misma que se traduce "cancelado". Jesús vino a consumar la salvación de Dios (4.34; 17.4), a pagar la deuda total de nuestros pecados. Con su muerte, el complejo sistema sacrificial terminaba porque Jesús cargó con todos nuestros pecados. Ahora podemos acercarnos con libertad a Dios por lo que hizo a nuestro favor. Los que creen en la muerte y resurrección de Jesús pueden vivir por la eternidad con Dios y escapar de la muerte que lleva consigo el pecado. Comentario de la Bíblia del diario vivir. Rv.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 10 DE Junio 2 Crónicas 32,33

Senaquerib invade a Judá

(2 R. 18.13–37; Is. 36.1–22)

32

1Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas. 2Viendo, pues, Ezequías la venida de Senaquerib, y su intención de combatir a Jerusalén, 3tuvo consejo con sus príncipes y con sus hombres valientes, para cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. 4Entonces se reunió mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan? 5Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos. 6Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, y los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y habló al corazón de ellos, diciendo: 7Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. 8Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá.

9Después de esto, Senaquerib rey de los asirios, mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén? 11¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? 12¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso? 13¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? 14¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? 15Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?

16Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová Dios, y contra su siervo Ezequías. 17Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. 18Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad. 19Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres.

 Jehová libra a Ezequías

(2 R. 19.1–37; Is. 37.1–38)

20Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. 21Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos. 22Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados. 23Y muchos trajeron a Jerusalén ofrenda a Jehová, y ricos presentes a Ezequías rey de Judá; y fue muy engrandecido delante de todas las naciones después de esto.

 Enfermedad de Ezequías

(2 R. 20.1–11; Is. 38.1–22)

24En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oró a Jehová, quien le respondió, y le dio una señal. 25Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén. 26Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías.

 Ezequías recibe a los enviados de Babilonia

(2 R. 20.12–19; Is. 39.1–8)

27Y tuvo Ezequías riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables. 28Asimismo hizo depósitos para las rentas del grano, del vino y del aceite, establos para toda clase de bestias, y apriscos para los ganados. 29Adquirió también ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran abundancia; porque Dios le había dado muchas riquezas. 30Este Ezequías cubrió los manantiales de Gihón la de arriba, y condujo el agua hacia el occidente de la ciudad de David. Y fue prosperado Ezequías en todo lo que hizo. 31Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

 Muerte de Ezequías

(2 R. 20.20–21)

32Los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias, he aquí todos están escritos en la profecía del profeta Isaías hijo de Amoz, en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 33Y durmió Ezequías con sus padres, y lo sepultaron en el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y toda Jerusalén; y reinó en su lugar Manasés su hijo.

 Reinado de Manasés

(2 R. 21.1–18)

33

1De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén. 2Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto. 4Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente. 5Edificó asimismo altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. 6Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira. 7Además de esto puso una imagen fundida que hizo, en la casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta casa y en Jerusalén, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre; 8y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros padres, a condición de que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, los estatutos y los preceptos, por medio de Moisés. 9Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.

10Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; 11por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. 12Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. 13Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios.

14Después de esto edificó el muro exterior de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del Pescado, y amuralló Ofel, y elevó el muro muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. 15Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad. 16Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel. 17Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque lo hacía para Jehová su Dios.

18Los demás hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehová el Dios de Israel, he aquí todo está escrito en las actas de los reyes de Israel. 19Su oración también, y cómo fue oído, todos sus pecados, y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió imágenes de Asera e ídolos, antes que se humillase, he aquí estas cosas están escritas en las palabras de los videntes. 20Y durmió Manasés con sus padres, y lo sepultaron en su casa; y reinó en su lugar Amón su hijo.

 Reinado de Amón

(2 R. 21.19–26)

21De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y dos años reinó en Jerusalén. 22E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre; porque ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho. 23Pero nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manasés su padre; antes bien aumentó el pecado. 24Y conspiraron contra él sus siervos, y lo mataron en su casa. 25Mas el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y el pueblo de la tierra puso por rey en su lugar a Josías su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 10 DE Junio, Juan 18: 25 - 40.

Pedro niega a Jesús

(Mt. 26.71–75; Mr. 14.69–72; Lc. 22.58–62)

25Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy. 26Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.

 Jesús ante Pilato

(Mt. 27.1–2, 11–31; Mr. 15.1–20; Mt. 27.1–2, 11–31, Lc. 23.1–5, 13–25)

28Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. 29Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; 32para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.

33Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?

Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

32.1ss Cuando el rey Ezequías fue confrontado con el alarmante prospecto de la invasión asiria, tomó dos decisiones importantes. Hizo todo lo que pudo para manejar la situación, y confió a Dios los resultados. Eso es exactamente lo que tenemos que hacer cuando nos enfrentemos a situaciones difíciles o alarmantes. Haga todo lo que le sea posible para resolver el problema o mejorar la situación. Pero también encomiende la situación a Dios en oración y confíe a Él la solución

32.7, 8 Ezequías pudo ver con los «ojos de la fe». El número de sus oponentes no significaba algo mientras él estuviera del lado de Dios. La victoria se logra «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos» (Zacarías 4.6). Ezequías pudo alentar con seguridad a sus hombres porque no tenía duda alguna de su posición con Dios. ¿Está usted del lado de Dios? Puede ser que nunca tenga que enfrentarse a un ejército enemigo, pero las batallas que tiene que enfrentar diariamente pueden ganarse con la fuerza de Dios.

33.12,13 En una lista de reyes corruptos, Manasés estaría cerca de la cima. Su vida es un catálogo de hechos malvados que incluyeron la idolatría, el sacrificio de sus propios hijos, y la profanación del templo. A la larga, sin embargo, se dio cuenta de sus pecados y clamó por perdón a Dios. Y Dios lo escuchó. Si Dios pudo perdonar a Manasés, con seguridad puede perdonar a cualquiera. ¿Se encuentra agobiado por una culpabilidad abrumadora? ¿Duda que alguien pueda perdonar lo que ha hecho? Anímese, hasta la hora de la muerte, nadie está fuera del alcance del perdón de Dios.

MAS

32.1 Asiria era un gran imperio en los tiempos de Ezequías, controlaba la mayor parte del Medio Este. Desde una pequeña franja de tierra localizada en lo que hoy en día es Irán e Irak, comenzó a establecer su poder bajo el gobierno de Asurnasirpal II (883–859 a.C.) y su hijo Salmanasar III (859–824). Bajo el reino de Tiglat-pileser III (745–727). Las fronteras asirias se extendieron a las fronteras de Israel, haciendo de este uno de los más grandes imperios de la historia antigua. Salmanasar V destruyó el reino del norte en 722, y su nieto, Senaquerib (705–681), trató de someter a Judá, el reino del sur, bajo su control. Menos de un siglo después, Asiria yacería en ruinas (612). Senaquerib tenía la intención de conquistar las ciudades fortificadas de Judá, para luego forzarlas a pagarle tributo. El forzar a las naciones a pagar tributo era una forma excelente para que aquellos reyes extranjeros construyeran la base de su ingreso. A menudo el rey asirio obtenía un juramento de lealtad de una ciudad a la que le demandaba el pago de impuestos en forma de ganado, vino, equipo de guerra (caballos, carros, armas), oro, plata y cualquier cosa que agradara al rey invasor. Los cautivos le representaban un gasto al rey, por lo tanto sólo se tomaban en caso de rebelión extrema o para repoblar las ciudades que habían sido destruidas. Cuando el rey Ezequías fue confrontado con el alarmante prospecto de la invasión asiria, tomó dos decisiones importantes. Hizo todo lo que pudo para manejar la situación, y confió a Dios los resultados. Eso es exactamente lo que tenemos que hacer cuando nos enfrentemos a situaciones difíciles o alarmantes. Haga todo lo que le sea posible para resolver el problema o mejorar la situación. Pero también encomiende la situación a Dios en oración y confíe a Él la solución.

32.31 Una prueba puede revelar el verdadero carácter de la persona. Dios probó a Ezequías para ver cómo era él en realidad y para mostrarle sus propios defectos y la actitud de su corazón. Dios no abandonó totalmente a Ezequías, no lo tentó a pecar ni le tendió una trampa. La razón de la prueba era para fortalecer a Ezequías, desarrollar su carácter y prepararlo para las tareas que tenía por delante. En momentos de éxito, la mayoría de nosotros podemos vivir correctamente. Pero la presión, los problemas o el dolor retiran rápidamente nuestro recubrimiento de bondad a menos que nuestra fortaleza venga de Dios. ¿Cómo es usted bajo presión o cuando todo va mal? ¿Se da por vencido o se vuelve a Dios? Aquellos que poseen una relación constante con Dios, no tienen de que preocuparse.

Después de que Ezequías fue sanado de su enfermedad, aparentemente desarrolló una actitud soberbia. Cuando llegaron los embajadores para preguntar acerca de su curación milagrosa, Ezequías reveló su soberbia. Señaló sus propias hazañas y no las de Dios (véase 2 Reyes 20.12–19). El orgullo es una actitud que eleva nuestro propio esfuerzo por encima de las de Dios, nos provoca felicitarnos a nosotros mismos por nuestro éxito y a menospreciar a otras personas. Dios no se opone a la autoconfianza, a la autoestima saludable o a las satisfacciones por nuestros logros. Se opone a la actitud necia de acreditarnos lo que Él ha hecho en nosotros.

33.12, 13 Manasés estaría cerca de la cima, en una lista de reyes corruptos,. Su vida está llena de hechos malvados que incluyeron la idolatría, el sacrificio de sus propios hijos, y la profanación del templo. Al pasar el tiempo, se dio cuenta de sus pecados y clamó por perdón a Dios. Y Dios lo escuchó y lo perdonó. Si Dios pudo perdonar a Manasés, con seguridad puede perdonarte y a cualquiera, que le pida perdón a Dios el es misericordioso y perdona como lo dice el Salmista en el Salmo 51. ¿Se encuentra agobiado por una culpabilidad abrumadora? ¿Duda que Dios pueda perdonar lo que ha hecho? Anímese, usted esta alcance del perdón de Dios y de su amado hijo Jesucristo. Repita conmigo: Señor Jesucristo te reconozco como mi salvador personal, en este momento reconozco que soy pecador y vengo a ti para que perdones todos mis pecados y escribas mi nombre en el libro de la vida, amen. Si hiciste esta oración te pido te acerques a una Iglesia Cristiana Evangélica cerca al lugar de tu residencia y sigas a Jesucristo.


COMENTARIO NUEVO TESTAMENTO.

18.25–27 Imagínese que usted está parado afuera mientras interrogan a Jesús, su Señor y Maestro. Imagínese también mirando a ese hombre, el cual ha llegado a creer que es el Mesías tan esperado, mientras abusan de Él y lo golpean. Naturalmente, Pedro estaba confundido y asustado. Es un pecado serio negar a Cristo, pero Jesús perdonó a Pedro (21.15–17). Ningún pecado es demasiado grande para que Jesús lo perdone si usted está en verdad arrepentido. Él perdonará incluso su peor pecado si deja de cometerlo y pide perdón.

18.31ss Pilato intentó cuatro veces llegar a una solución con Jesús: (1) trató de hacer que otro cargase con la responsabilidad (18.31); (2) trató de encontrar una vía de escape para liberar a Jesús (18.39); (3) trató de llegar a un arreglo haciendo que azotasen a Jesús en lugar de entregarlo a la muerte (19.1–3); y (4) trató de apelar directamente a la simpatía de los acusadores (19.15). Todos deben decidir qué hacer con Cristo. Pilato intentó dejar que los demás decidiesen por él y al final salió perdiendo. Comentarios de la Biblia del diario vivir. Rv 1960.