Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 7 DE Octubre, Isaías 37,38,    

Judá es librado de Senaquerib

(2 R. 19.1–37; 2 Cr. 32.20–23)


37

1Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová. 2Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz. 3Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia es este día; porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. 4Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová tu Dios; eleva, pues, oración tú por el remanente que aún ha quedado.

5Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías. 6Y les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. 7He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada.

8Vuelto, pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que combatía contra Libna; porque ya había oído que se había apartado de Laquis. 9Mas oyendo decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra; al oírlo, envió embajadores a Ezequías, diciendo: 10Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. 11He aquí que tú oíste lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú? 12¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que moraban en Telasar? 13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?

14Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. 15Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: 16Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. 17Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. 18Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, 19y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. 20Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.

21Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib rey de Asiria, 22estas son las palabras que Jehová habló contra él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén.

23¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel. 24Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste: Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres, al bosque de sus feraces campos. 25Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto.

26¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice, que desde los días de la antig:uedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros. 27Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los terrados, que antes de sazón se seca.

28He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. 29Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.

30Y esto te será por señal: Comeréis este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto. 31Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto arriba. 32Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

33Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. 34Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 35Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor de David mi siervo.

36Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. 37Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive. 38Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.


 Enfermedad de Ezequías

(2 R. 20.1–11; 2 Cr. 32.24–26)


38

1En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. 6Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé.

7Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho: 8He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.

9Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad: 10Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años. 11Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes; ya no veré más hombre con los moradores del mundo. 12Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la enfermedad; me consumirás entre el día y la noche. 13Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás.

14Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco; fortaléceme. 15¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma.

16Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva. 17He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados. 18Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. 19El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos. 20Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.

21Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará. 22Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de que subiré a la casa de Jehová? Amen.


LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 7 DE Octubre, Filipenses 3

Prosigo al blanco

3

1Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.

2Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. 3Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. 4Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 5circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 7Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

12No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.

17Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su verg:uenza; que sólo piensan en lo terrenal. 20Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 7 DE Octubre, Isaías 37,38

Capítulo 37

37.3 A Judá se le compara con una mujer que trata de dar a luz a un hijo, pero es demasiado débil para hacer algo por ella misma. Cuando la situación parecía desesperada, Ezequías no se rindió. En vez de eso, pidió al profeta Isaías que orara por la ayuda de Dios. Por difíciles que sean sus circunstancias, no se desespere. Busque a Dios.

37.4 Ezequías hizo exactamente lo que Isaías le recomendó al pueblo (capítulos 1–35). Se volvió a Dios y observó como Él venía a brindar ayuda a Judá. Volverse a Dios significa creer que Él está a nuestro lado y puede ayudarnos.

37.8–10 Si bien la respuesta a la oración de Ezequías estaba en marcha debido a que Etiopía ya estaba lista para atacar, Ezequías no lo sabía. Persistió en su oración y en la fe aun cuando no veía que la respuesta ya estaba en camino. Cuando oremos, debemos tener fe en que Dios ya ha preparado la mejor respuesta. Nuestra tarea es pedir con fe y esperar en humildad.

37.16 Los querubines son ángeles poderosos. «Moras entre los querubines» se refiere al propiciatorio del arca del pacto en el templo de Jerusalén. Esta es una descripción de la santidad, el poder y la soberanía de Dios.

37.29 Esta era una tortura común que los asirios usaban con sus cautivos. A menudo los arrastraban con garfios en las narices y frenos en los labios como muestras de humillación.

37.35 Dios defendería a Jerusalén por amor a su honor y en memoria de su promesa a David. Asiria insultó a Dios. No sería su instrumento para castigar a Jerusalén. Lo que Jerusalén no tenía posibilidades de hacer, Dios lo haría por ellos. Dios está preparado para hacer lo imposible si confiamos en Él lo suficiente para pedírselo.

37.38 Isaías profetizó la muerte de Senaquerib en 10.12, 33, 34 y en 37.7. Su muerte se narra en 2 Reyes 19.


Capítulo 38

38.1ss Los hechos de los capítulos 38 y 39 ocurrieron antes de los narrados en los capítulos 36 y 37.

38.1-5 Cuando Isaías fue a Ezequías, quien estaba muy enfermo, y le habló acerca de su muerte inminente, Ezequías se volvió de inmediato a Dios. Él contestó su oración, permitiendo que viviera otros quince años. En respuesta a una oración ferviente Dios puede cambiar el curso de nuestras vidas también. Nunca dude en pedirle cambios radicales si lo va a honrar con esos cambios.

38.1–6 De acuerdo con 2 Crónicas 32.24–26, Ezequías tenía un problema con su soberbia aun después de este doble milagro de sanidad y liberación. A la larga, él y sus súbditos se humillaron y el juicio de Dios se pospuso durante varias generaciones más.

38.16–18 Ezequías se dio cuenta de que su oración les dio liberación y perdón. Sus palabras «el Seol no te exaltará» quizás revelen que no estaba consciente de la bienaventuranza de la vida futura para los que confían en Dios (57.1, 2), o a lo mejor solo significan que los cuerpos muertos no pueden alabar a Dios. En cualquier caso, Ezequías sabía que Dios le salvó la vida y sus palabras lo alaban. Ezequías reconoció el bien que surgió de su amarga experiencia. La próxima vez que pase por una amarga experiencia, ore que Dios produzca lo mejor de ella.

38.19 Ezequías habla del significado de trasmitir el gozo del Señor de padre a hijo, de generación en generación. La herencia de fe nos ha llegado debido a los fieles que han llevado el mensaje de Dios a lo largo de los siglos. ¿Trasmite usted a sus hijos o a otra gente joven el gozo de su relación con Dios?


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 7 DE Octubre, Filipenses 3

Capítulo 3

3.1 Como protector, Pablo hace una revisión de lo básico con estos creyentes. La Biblia es nuestra salvaguardia tanto en lo moral como en lo teológico. Cuando la leemos en forma particular y pública en la iglesia, ella corrige lo que necesitan nuestros pensamientos, actitudes y acciones.

3.2,3 Estos «perros» y «malos obreros» eran como los judaizantes cristianos judíos, que creían erróneamente que era esencial para los gentiles cumplir con todas las leyes judías del Antiguo Testamento, especialmente lo relacionado con el rito de la circuncisión, para poder obtener la salvación. Muchos judaizantes estaban motivados por el orgullo espiritual. Como habían invertido mucho tiempo y esfuerzo en cumplir sus leyes, no podían aceptar que todos sus esfuerzos no les ayudaban a acercarse, ni un paso, a la salvación.

Pablo los criticó porque miraban el cristianismo al revés, pensando que lo que ellos hacían (la circuncisión, cortar o mutilar la carne) los hacía más creyentes que el regalo de gracia dado por Cristo. Lo que los creyentes hacen es el resultado de la fe, no un prerrequisito para la fe. Esto fue confirmado por los líderes de la iglesia primitiva en el concilio de Jerusalén once años antes (Hechos 15). ¿Quiénes son los judaizantes en nuestros días? Son aquellos que dicen que debe agregarse algo a la fe. Ninguna persona debe intentar agregar algo al ofrecimiento de salvación de Cristo, que es por gracia por medio de la fe.

3.2,3 Es fácil enfatizar más en los esfuerzos religiosos («confianza en la carne») que en la fe interna, pero Dios da valor a la actitud de nuestros corazones por encima de todo. No juzgue a las personas y su espiritualidad por el cumplimiento de ritos o el nivel de actividad humana. Y no piense que logrará satisfacer a Dios por el fervor con que hace su trabajo. Dios se da cuenta de lo que usted hace para Él y lo premiará por eso, pero solo si primero acepta en amor su regalo de salvación.

3.4–6 A primera vista, parece que Pablo alardeaba con sus logros. Pero es todo lo contrario, muestra que los logros humanos, pese a lo significativos que sean, no permiten obtener la salvación personal y la vida eterna con Dios. Pablo tenía cartas de presentación impresionantes: formación, nacionalidad, trasfondo familiar, herencia, ortodoxia, actividad y moralidad. (Si desea más información sobre las credenciales, véanse 2 Corintios 11; Gálatas 1.13, 24.) Sin embargo, su conversión a la fe en Cristo (Hechos 9), no se basó en sus credenciales, sino en la gracia de Dios. Pablo no dependía de sus obras para agradar a Dios, porque aun las credenciales más impresionantes no son suficientes ante las normas de un Dios santo. ¿Está usted dependiendo de sus padres cristianos, su afiliación a una iglesia, o simplemente de lo bueno que es, para quedar bien con Dios? Cartas credenciales, logros o reputación no nos sirven para obtener la salvación. Esta viene solo a través de la fe en Cristo.

3.5 Pablo pertenecía a la tribu de Benjamín, una herencia muy estimada entre los judíos. De esta tribu vino el primer rey de Israel, Saúl (1 Samuel 10.20–24). Las tribus de Benjamín y Judá fueron las únicas que regresaron a Israel después del cautiverio (Esdras 4.1). Pablo también era fariseo, miembro de una secta judía muy devota, que guardaba escrupulosamente sus numerosas reglas en adición a las leyes de Moisés. Los oyentes judíos debieron sentirse impresionados por todas esas credenciales.

3.6 ¿Por qué Pablo, un líder judío devoto, persiguió a la iglesia? En armonía con los líderes del sistema religioso, Pablo pensó que el cristianismo era herético y blasfemo. Como Jesús no satisfizo sus expectativas de cómo sería el Mesías, Pablo creyó que las declaraciones de Él eran falsas, y por lo tanto perversas. Además, vio al cristianismo como una política amenazadora porque pretendía trastornar la frágil armonía entre los judíos y el gobierno romano.

3.7 Cuando Pablo habló de su «ganancia», se refería a sus credenciales, estudios y éxitos. Después de mostrar que podía superar a los judaizantes en su propio juego (por el orgullo de lo que era y de lo que había conseguido), les indica que están en el juego equivocado. Tenga cuidado al considerar sus logros del pasado tan importantes que lo aparten de su relación con Cristo.

3.8 Después que Pablo consideró todo lo que había logrado en la vida, manifiesta que nada de eso tenía valor, cuando se comparaba con el conocimiento de Cristo. Esta es una declaración profunda acerca de los valores: la relación de una persona con Cristo es más importante que cualquier otra cosa. Conocer a Cristo debe ser nuestra meta final. Considere sus valores. ¿Hay algo más importante que su relación con Cristo? Si sus prioridades están equivocadas, ¿cómo puede reordenarlas?

3.9 Ni guardar la ley, ni el mejoramiento personal, la disciplina ni ninguna cantidad de esfuerzos religiosos pueden hacernos perfectos delante de Dios. La justificación viene solo de Él. Somos hechos justos (recibir la justicia al permanecer con Él) al confiar en Cristo. Él cambia nuestros pecado y nuestras faltas por su completa justicia. Véase 2 Corintios 5.21 para más detalles sobre el regalo de la justificación en Cristo.

3.9,10 Pablo entrega todo, familia, amistades y libertad, a fin de conocer a Cristo y el poder que lo resucitó. También nosotros tenemos acceso a ese conocimiento y a ese poder, pero es necesario hacer algunos sacrificios para disfrutarlos. ¿Qué está dispuesto a dar a fin de conocer a Cristo? ¿Una agenda repleta a fin de dedicar unos pocos minutos cada día para orar y estudiar la Biblia? ¿La aprobación de sus amigos? ¿Algunos de sus planes o placeres? Sea lo que sea, conocer a Cristo es más valioso que el sacrificio.

3.10 Cuando nos unimos a Cristo confiando en Él, experimentamos el poder que lo resucitó de la muerte. Ese mismo poder maravilloso nos ayudará a vivir moralmente, renovará y regenerará nuestras vidas. Pero antes de que caminemos en nueva vida debemos morir al pecado. Así como la resurrección de Cristo nos da el poder de Cristo para vivir para Él, su crucifixión señala la muerte de nuestra vieja naturaleza pecadora. No podemos conocer la victoria de la resurrección sin usar personalmente la crucifixión.

3.11 Cuando Pablo escribió: «Si en alguna manera llegase a la resurrección» no estaba sugiriendo alguna duda o incertidumbre. Él no sabía el camino que lo llevaría a la presencia de Dios: ejecución o muerte natural. Pablo no dudó que resucitaría, pero si sabía que esto se lograría por el poder de Dios y no por el suyo.

3.11 Así como Cristo fue exaltado después de su resurrección, un día compartiremos la gloria de Él (Apocalipsis 22.1–7). Pablo sabía que podría morir pronto, pero tenía fe en que resucitaría a la vida otra vez.

3.12-14 Pablo dice que su meta era conocer a Cristo, ser como Él, y ser todo lo que Cristo pensaba en cuanto a él. Esta meta absorbió todas sus energías. Esto es un ejemplo valioso para nosotros. No debiéramos permitir que nada aparte la meta de nuestros ojos: conocer a Cristo. Con la concentración de un atleta en entrenamiento, debemos poner a un lado todo lo que es perjudicial y olvidarnos aun de las cosas buenas que podrían distraernos e impedir que seamos cristianos efectivos. ¿Qué lo retiene?

3.13, 14 Pablo tenía razón para olvidar lo que estaba atrás: él cuidó la ropa de los que apedrearon a Esteban, el primer mártir cristiano (Hechos 7.57, 58; aquí Pablo es llamado Saulo). Todos hemos hecho cosas de las que nos avergonzamos y vivimos en la tensión de lo que hemos sido y de lo que queremos ser. Como nuestra esperanza está en Cristo, sin embargo, podemos olvidar la culpa pasada y proyectarnos a lo que Él nos ayudará a ser. No se estanque en su pasado. Más bien, crezca en el conocimiento de Dios, concentrándose en su relación con Él ahora. Sepa que ha sido perdonado, y muévase en dirección a una vida de fe y obediencia. Proyéctese hacia una vida plena y de mayor significado gracias a su esperanza en Cristo.

3.15, 16 Algunas veces tratar de vivir una perfecta vida cristiana puede ser tan dificultoso que nos puede agotar y desanimar. Podemos sentirnos tan lejos de lo perfecto, que nunca agradaremos a Dios con nuestras vidas. Pablo usó el término perfecto (3.12), para significar maduro o completo, no intachable en cada detalle. Aquellos que son maduros deberían perseverar en el poder del Espíritu Santo, sabiendo que Cristo revelará y llenará cualquier discrepancia entre lo que somos y lo que deberíamos ser. Esta provisión de Cristo no es una excusa para una devoción pobre, pero provee alivio y confianza para aquellos que se sienten apremiados.

3.16 La madurez cristiana implica actuar en base a la guía que usted ya ha recibido. Siempre podemos excusarnos diciendo que todavía tenemos mucho por aprender. La instrucción para nosotros es vivir de acuerdo con lo que ya conocemos y dejar aquello que ya aprendimos que no debemos hacer. No nos conviene distraernos con una búsqueda interminable de la verdad.

3.17 Pablo desafió a los filipenses a buscar la semejanza a Cristo, invitándolos a que siguieran su ejemplo. Esto no significaba, naturalmente, que debían copiar cada cosa que él hacía; él ya había establecido que no era perfecto (3.12). Quiso darles a entender que así como su vida estaba centrada en Cristo, la de ellos también debería estarlo. Da la impresión de que ninguno de los evangelios había sido aún escrito, de manera que Pablo no podía decirles que leyeran la Biblia para ver cómo era Cristo. Por tanto, los exhorta a que lo imiten. Que Pablo pudiera decir a la gente que siguieran su ejemplo es un testimonio de su carácter. ¿Puede usted hacer lo mismo? ¿Qué clase de seguidor sería un cristiano nuevo si lo imitara a usted?

3.17 Pablo desafió a los filipenses a buscar la semejanza a Cristo, invitándolos a que siguieran su ejemplo. Esto no significaba, naturalmente, que debían copiar cada cosa que él hacía; él ya había establecido que no era perfecto (3.12). Quiso darles a entender que así como su vida estaba centrada en Cristo, la de ellos también debería estarlo. Da la impresión de que ninguno de los evangelios había sido aún escrito, de manera que Pablo no podía decirles que leyeran la Biblia para ver cómo era Cristo. Por tanto, los exhorta a que lo imiten. Que Pablo pudiera decir a la gente que siguieran su ejemplo es un testimonio de su carácter. ¿Puede usted hacer lo mismo? ¿Qué clase de seguidor sería un cristiano nuevo si lo imitara a usted?

3.17–21 Pablo criticó no solo a los judaizantes (véase la primera nota a 3.2, 3), sino también a los cristianos autoindulgentes. Estas son personas que afirman ser cristianos pero no viven de acuerdo al modelo de Cristo, en cuanto a su servicio y sacrificio. Satisfacen sus propios deseos, aun pensando en las necesidades de otros. La libertad en Cristo no significa libertad para ser egoísta. Significa oportunidad para servir y llegar a ser la mejor persona que usted puede ser.

3.20 Los ciudadanos de Filipos tenían los mismos derechos y privilegios que los de Roma porque Filipos era una colonia romana. De igual manera los cristianos experimentaremos un día todos los privilegios especiales de nuestra ciudadanía celestial porque pertenecemos a Cristo. No nos apeguemos tanto a esta vida que lleguemos a lamentar el regreso de Cristo.

3.21 El «cuerpo de la humillación» no representa una actitud negativa hacia el cuerpo humano. Sin embargo, el cuerpo que recibiremos cuando resucitemos será similar al cuerpo resucitado de Cristo. Aquellos que lucharon contra el dolor, las limitaciones físicas o la incapacidad pueden tener una maravillosa esperanza en la resurrección. Para ampliar esta información véanse 1 Corintios 15.35ss y 2 Corintios 5.1–10. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir.


 LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE Octubre, Isaías 34, 35, 36,   

La ira de Jehová contra las naciones


34

1 Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce. 2 Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero. 3 Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor; y los montes se disolverán por la sangre de ellos. 4 Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.

5 Porque en los cielos se embriagará mi espada; he aquí que descenderá sobre Edom en juicio, y sobre el pueblo de mi anatema. 6Llena está de sangre la espada de Jehová, engrasada está de grosura, de sangre de corderos y de machos cabríos, de grosura de riñones de carneros; porque Jehová tiene sacrificios en Bosra, y grande matanza en tierra de Edom. 7Y con ellos caerán búfalos, y toros con becerros; y su tierra se embriagará de sangre, y su polvo se engrasará de grosura.

8Porque es día de venganza de Jehová, año de retribuciones en el pleito de Sion. 9Y sus arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente. 10No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo; de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella. 11Se adueñarán de ella el pelícano y el erizo, la lechuza y el cuervo morarán en ella; y se extenderá sobre ella cordel de destrucción, y niveles de asolamiento. 12Llamarán a sus príncipes, príncipes sin reino; y todos sus grandes serán nada.

13En sus alcázares crecerán espinos, y ortigas y cardos en sus fortalezas; y serán morada de chacales, y patio para los pollos de los avestruces. 14Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas, y la cabra salvaje gritará a su compañero; la lechuza también tendrá allí morada, y hallará para sí reposo.

15Allí anidará el búho, pondrá sus huevos, y sacará sus pollos, y los juntará debajo de sus alas; también se juntarán allí buitres, cada uno con su compañera. 16Inquirid en el libro de Jehová, y leed si faltó alguno de ellos; ninguno faltó con su compañera; porque su boca mandó, y los reunió su mismo Espíritu. 17Y él les echó suertes, y su mano les repartió con cordel; para siempre la tendrán por heredad; de generación en generación morarán allí.


 Futuro glorioso de Sion


35

1Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. 2Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. 3Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. 4Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.

5Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. 6Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. 7El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.

8Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará. 9No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos. 10Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.


 La invasión de Senaquerib

(2 R. 18.13–37; 2 Cr. 32.1–19)


36

1Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 2Y el rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías; y acampó junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 3Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, 4a los cuales dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 5Yo digo que el consejo y poderío para la guerra, de que tú hablas, no son más que palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién confías para que te rebeles contra mí? 6He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían. 7Y si me decís: En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis? 8Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que cabalguen sobre ellos. 9¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? 10¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela.

11Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no hables con nosotros en lengua de Judá, porque lo oye el pueblo que está sobre el muro. 12Y dijo el Rabsaces: ¿Acaso me envió mi señor a que dijese estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su estiércol y beber su orina con vosotros?

13Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz en lengua de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, el rey de Asiria. 14El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar. 15Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos librará; no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria. 16No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de su pozo, 17hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas. 18Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso libraron los dioses de las naciones cada uno su tierra de la mano del rey de Asiria? 19¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano? 20¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?

21Pero ellos callaron, y no le respondieron palabra; porque el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis. 22Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE Octubre, Filipenses 2

                    Humillación y exaltación de Cristo

2

1Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

 Luminares en el mundo

12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

14Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado. 17Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. 18Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo.

 Timoteo y Epafrodito

19Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; 20pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. 21Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. 22Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos; 24y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros.

25Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades; 26porque él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado. 27Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza. 28Así que le envío con mayor solicitud, para que al verle de nuevo, os gocéis, y yo esté con menos tristeza. 29Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; 30porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE Octubre, Isaías 34,35,36,   

Capítulo 34

34.5 Los edomitas tenían un antepasado en común con Israel. Los israelitas descendían de Jacob. Los edomitas descendían del hermano gemelo de Jacob, Esaú. Edom siempre fue el enemigo acérrimo de Israel. La destrucción de Edom mencionada aquí es una descripción del final que tendrán todos los que se oponen a Dios y a su pueblo.


34.16 Isaías se refirió a las profecías que Dios le mandó a escribir como «el libro de Jehová». Quienquiera haya vivido para ver la destrucción de Edom, debería echar solo una mirada a estas profecías para encontrar un acuerdo entre lo que sucedió y lo que se predijo. Las profecías predicen y la historia revela lo que ha estado siempre en la mente de Dios.


35.1ss En los capítulos 1–34, Isaías dio un mensaje de juicio hacia todas las naciones, incluyendo a Israel y Judá, por rechazar a Dios. Aunque hubo destellos de consuelo y restauración para el remanente de creyentes fieles, prevaleció el ambiente de ira, furia, juicio y destrucción. Ahora Isaías se abre paso con una visión bella y alentadora. Dios es tan completo en su misericordia como severo en su juicio. Toda su perfección moral se revela por su odio hacia cada pecado y esto acarrea juicio. Esta misma perfección moral se revela en su amor por todo lo que ha creado. Esto implica misericordia para los que han pecado pero que lo han amado con sinceridad y han puesto su confianza en Él.

35.1ss Este capítulo es una bella descripción del Reino final en el que Dios establecerá su justicia y destruirá toda maldad. Este es el mundo que los fieles pueden esperar después del juicio, cuando la propia creación se regocije en Dios. El capítulo 34 habla acerca de la tribulación, un tiempo en el que Dios juzgará a todas las personas por sus acciones. El capítulo 35 describe los días cuando al fin la vida estará llena de paz y todo estará bien. Carmelo y Sarón eran regiones de densa vegetación y tierra fértil. Simbolizaban productividad y abundancia.


Capítulo 35


35.8-10 El «Camino de Santidad» es el que parte del desierto de sufrimiento a Sion (Jerusalén). Solo se encuentra al seguir a Dios. Únicamente los redimidos viajarán por el «Camino de Santidad» de Dios. Los protegerán de viajeros malvados y animales peligrosos. Dios está preparando un camino para que su pueblo viaje a su casa y Él caminará con nosotros. Dios no solo nos señala el camino a seguir, sino que siempre marcha a nuestro lado.


Capítulo 36


36.4–6 El capítulo 19 describe la profecía de juicio de Isaías sobre Egipto, mientras que los capítulos 30 y 31 pronuncian las aflicciones de los que de Judá se aliaron con Egipto ante el inminente ataque de Asiria. Senaquerib de Asiria se burló de Judá por confiar en Egipto. Incluso los asirios sabían que Egipto no podría ayudar a Judá.


36.5 Ezequías depositó gran confianza en la promesa del Faraón de ayudar a Israel en contra de los asirios, pero las promesas son solo tan buenas como la credibilidad de la persona que las hace. Era la palabra de Faraón contra la de Dios. Cuán pronto organizamos la vida alrededor de los consejos humanos mientras que rechazamos las promesas eternas de Dios. Cuando tenga que decidir entre la Palabra de Dios y la de alguien más, ¿a quién creerá?


36.7 El Rabsaces de Asiria declaró que Ezequías insultó a Dios al destruir sus altares de los lugares altos y al hacer que el pueblo adorara únicamente en Jerusalén. Pero la reforma de Ezequías procuraba eliminar la idolatría (que ocurría sobre todo en los lugares altos) para que así el pueblo adorara solo al Dios verdadero. O bien los asirios no conocían la religión del Dios verdadero o querían engañar al pueblo al hacerlos pensar que habían provocado la ira de un dios poderoso.

Asimismo, Satanás trata de confundirnos y engañarnos. Las personas no necesitan precisamente ser pecadoras para ser inútiles para Dios. Solo necesitan estar confundidas acerca de lo que Él quiere. Si quiere evitar el engaño de Satanás, estudie la Palabra de Dios con cuidado y regularidad. Cuando sepa lo que Dios dice, no caerá en las mentiras de Satanás.

36.10 Senaquerib continuó su campaña desmoralizadora al enviar al Rabsaces para tratar de convencer al pueblo de Judá de que Dios se había vuelto en contra de ellos. Los asirios esperaban convencerlos para que se rindieran sin pelear. Sin embargo, Isaías ya les había dicho que los asirios no destruirían Jerusalén, por lo tanto, el pueblo no tenía que temerles (10.24–27; 29.5–8).


36.11 El arameo era un idioma internacional en ese tiempo. Véase también 22.15–25 para las profecías de Isaías concernientes a Eliaquim y Sebna.

36.17 Senaquerib intentó otra conspiración más para desmoralizar al pueblo. Apeló a la ciudad hambrienta que estaba bajo sitio al ofrecerles que si se rendían los trasladaría a una tierra donde abundaba la comida. Los métodos asirios respecto al trato que se les daba a las naciones conquistadas era de reubicar a sus habitantes y luego trasladar a otros pueblos sometidos a la tierra recién conquistada. Esto proporcionaba efectivos militares para sus ejércitos y evitaba revueltas en los territorios conquistados.

36.19, 20 El Rabsaces dijo que los dioses de otras ciudades que conquistó, no fueron capaces de salvar a sus pueblos, por lo tanto, ¿cómo podía salvarlos el Dios de Jerusalén? Se suponía que Jehová era el Dios de Samaria (reino del norte) y esta cayó. Sin embargo, Jehová era el Dios de Samaria solo de nombre, ya que el pueblo no lo adoraba. Por esto los profetas predijeron la caída de Samaria. Sin embargo, por amor a su nombre y por amor de David, el Señor rescataría a Judá del ejército asirio (37.35)


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE Octubre, Filipenses 2

Capítulo 2

2.1-5 Muchas personas, incluso cristianos, viven solo para dar una buena impresión a los demás o para satisfacerse a sí mismas. Pero la «contienda o vanagloria» trae discordias. Pablo, sin embargo, enfatiza la unidad espiritual, pidiendo a los filipenses amarse unos a otros y trabajar juntos con un corazón y un propósito. Cuando trabajamos juntos, soportando los problemas de otros como si fueran nuestros, demostramos el ejemplo de Cristo que pone primero a los demás y experimentamos la unidad. No se concentre en dejar una buena impresión o en satisfacerse a sí mismo de modo que afecte su relación con otros en la familia de Dios.

2.3 La ambición puede arruinar una iglesia, pero la humildad genuina puede edificarla. Ser humilde significa tener una clara perspectiva de nosotros mismo (véase Romanos 12.3). Esto no significa que debamos derrumbarnos. Ante Dios somos pecadores, salvos solo por la gracia de Dios; pero somos salvos y por lo tanto, tenemos gran valor en el reino de Dios. Debemos apartar el egoísmo y tratar a los demás con respeto y cortesía. Considerar los intereses de los otros como más importantes que los nuestros nos une a Cristo, que fue el verdadero ejemplo de humildad.

2.4 Filipos era una ciudad cosmopolita. La composición de la iglesia reflejaba gran diversidad, con una variedad de personas, con trasfondo y formas de vida diferentes. Hechos 16 nos da algunas indicaciones de este diverso conjunto de la iglesia. Esta incluía a Lidia, una convertida judía de Asia y próspera mujer de negocios (Hechos 16.14), la muchacha esclava (Hechos 16.16, 17), probablemente nativa de Grecia; y el carcelero que servía en esta colonia del imperio, tal vez romano (Hechos 16.25–36). Con tantos diferentes trasfondos entre sus miembros, debió haber sido difícil mantener la unidad. Aunque no hay evidencias de una división notable en la iglesia, la unidad fue protegida (3.2; 4.2). Pablo nos anima a estar alertas contra cualquier egoísmo, prejuicio o celo que pueda conducir a una disensión. Mostrar interés genuino en otros es una manera positiva de mantener la unidad entre los creyentes.

2.5 Jesucristo era humilde, dispuesto a negar sus derechos, a fin de obedecer a Dios y servir a la gente. Como Cristo, debemos tener una actitud de siervo y servir por amor a Dios y a los demás, no por temor o sentimientos de culpa. Recuerde, usted puede elegir su actitud. Puede acercarse esperando ser servido o puede buscar la oportunidad de servir a otros. Véase Marcos 10.45 para profundizar más en la actitud cristiana de siervo.

2.5–7 La encarnación fue el acto de preexistencia del Hijo de Dios, que voluntariamente adoptó un cuerpo y una naturaleza humanos. Sin dejar de ser Dios, se convirtió en un ser humano, el hombre llamado Jesús. No renunció a su deidad para convertirse en humano, sino que dejó a un lado el derecho a su gloria y su poder. En sumisión a la voluntad del Padre, limitó su poder y su conocimiento. Jesús de Nazaret estaba sujeto a lugar, tiempo y a muchas otras limitaciones humanas. Lo que hizo única su humanidad fue su libertad del pecado. En su completa humanidad, Jesús nos mostró todo lo que puede expresarse, en términos humanos, relacionado al carácter de Dios. La encarnación es explicada con amplitud en estos pasajes: Juan 1.1–14; Romanos 1.2–5; 2 Corintios 8.9; 1 Timoteo 3.16, Hebreos 2.14 y 1 Juan 1.1–3.

2.5–11 Estos versículos son quizás de un himno que se cantaba en la iglesia primitiva. El pasaje presenta varios paralelos con la profecía del siervo sufriente en Isaías 53. Como himno, no significa que fuera una declaración completa de la naturaleza y obra de Cristo. Sin embargo, varias características clave de Jesucristo se deducen de este pasaje: (1) existió siempre con Dios; (2) es igual a Dios porque es Dios (Juan 1.1ss; Colosenses 1.15–19); (3) aunque es Dios, se convirtió en hombre para cumplir el plan divino de salvación para la gente; (4) no solo tenía apariencia de hombre, en realidad se convirtió en hombre para identificarse con nuestros pecados; (5) voluntariamente se despojó de sus derechos divinos, privilegios y posición, más allá del amor de su Padre; (6) murió en la cruz por nuestros pecados, para que no tuviéramos que enfrentar la muerte eterna; (7) Dios lo glorificó por su obediencia; (8) Dios lo levantó a su posición original a la diestra del Padre, desde donde reinará por siempre como nuestro Señor y Juez. ¿Qué podemos hacer menos que adorarle y consagrar nuestras vidas a su servicio?

2.5-11 Con frecuencia la gente excusa su egoísmo, orgullo o maldad, reclamando sus «derechos». Piensan: «Puedo hacer trampa en este examen, después de todo merezco pasar de grado» o «Puedo gastar todo este dinero, para eso trabajo», o «Puedo abortar, tengo derecho a controlar mi propio cuerpo». Pero como creyentes debemos tener una actitud diferente, que nos permita poner a un lado nuestros derechos por el bien de los demás, a fin de servirles. Si decimos que seguimos a Cristo, también debemos decir que queremos vivir como Él vivió. Debemos desarrollar su actitud humilde, aunque no recibamos reconocimiento por nuestro esfuerzo. ¿Se aferra usted a sus derechos en forma egoísta o está dispuesto a servir?

2.8 La muerte en la cruz (crucifixión) era la forma de castigo capital que los romanos usaban contra los criminales notorios. Era sumamente dolorosa, humillante. Los prisioneros eran clavados o atados a la cruz y abandonados hasta morir. La muerte podía prolongarse por varios días y por lo general venía por sofocación, cuando el peso del cuerpo debilitado hacía cada vez más y más dificultosa la respiración. Jesús murió como un maldito (Gálatas 3.13). ¡Qué admirable es pensar que el hombre perfecto debió morir en la forma más vergonzosa, para que no tengamos que enfrentar el castigo eterno!

2.9-11 En el juicio final, aun aquellos que sean condenados reconocerán la autoridad de Jesús y su derecho a gobernar. La gente puede escoger ahora a Jesús como Señor como un paso de amor y compromiso voluntario, o ser forzados a reconocerlo como Señor cuando regrese. Cristo puede regresar en cualquier momento. ¿Está preparado para recibirlo?

2.12 «Por tanto» une este versículo a la sección anterior. «Ocupaos en vuestra salvación», a la luz de la exhortación precedente sobre la unidad, puede significar que toda la iglesia trabajó unida para deshacerse de las divisiones y las discordias. Los cristianos filipenses necesitaban ser cuidadosos en su obediencia a Cristo, ahora que Pablo ya no estaba con ellos para recordarles continuamente lo que era correcto. Nosotros también debemos tener cuidado con lo que creemos y con nuestra manera de vivir, sobre todo cuando estamos por nuestra propia cuenta. En ausencia de líderes protectores, debemos poner nuestra atención y devoción, mucho más, en Cristo, de manera que no nos apartemos.

2.13 ¿Qué debemos hacer cuando no sentimos obedecer? Dios no nos ha dejado solos en nuestros conflictos para hacer su voluntad. Él quiere venir a nuestro lado y estar con nosotros para ayudarnos. Él nos ayuda a querer obedecerle y luego nos da el poder para hacerlo. El secreto para cambiar nuestras vidas es someternos a su control y dejarle actuar en nosotros. La próxima vez pídale a Dios que le ayude a querer hacer su voluntad.

2.13 Para ser como Cristo, debemos condicionarnos a pensar como Él. Para cambiar nuestros deseos, a fin de que sean como los de Cristo, necesitamos el poder de la presencia del Espíritu (1.19), la influencia de cristianos fieles, la obediencia a la Palabra de Dios (no solo estar expuesta a ella) y el servicio sacrificial. Con frecuencia, es en el hacer la voluntad de Dios que ganaremos el desear hacerla (véase 4.8, 9). Haga lo que Él desea y confíe en que cambiará sus deseos.

2.14-16 ¿Por qué es tan dañino lamentarse y discutir? Si la gente se entera de que los miembros de una iglesia siempre discuten, se lamentan y murmuran, obtendrán una impresión falsa de Cristo y del evangelio. La creencia en Cristo debiera unir a todos aquellos que confían en Él. Si su iglesia casi siempre está discutiendo y lamentándose, pierde el poder unificador de Jesucristo. Deje de discutir o de lamentarse dentro de la iglesia en cuanto a personas y condiciones y permita que el mundo vea a Cristo.

2.14-16 Nuestras vidas debieran caracterizarse por su pureza, su paciencia y su pacificación, de manera que resplandezcamos como «luminares» en un mundo de tinieblas y depravación. Una vida transformada es un testimonio efectivo del poder de la Palabra de Dios. ¿Brilla su luz o está opacada por la discusión y el lamento? Resplandezca para Dios.

2.17 La libación era una parte importante del sistema de sacrificios de los judíos (para una explicación, véase Números 28.7). Debido a que la iglesia tenía un pequeño trasfondo judío, la libación puede referirse al vino derramado a las deidades paganas en acontecimientos públicos importantes. Pablo considera su vida como un sacrificio.

2.17 Aunque Pablo tuviera que morir, estaba contento, sabiendo que había sido de ayuda a los filipenses para que vivieran por Cristo. Cuando usted está totalmente consagrado al servicio de Cristo, el sacrificio de edificar la fe de otros es una recompensa que le llena de regocijo.

2.19 Cuando Pablo escribió esta carta, Timoteo se hallaba con él en Roma. También lo estuvo en su segundo viaje misionero, cuando se estableció la iglesia de Filipos. Para mayor información sobre Timoteo, véase su perfil en 1 Timoteo.

2.21 Pablo observó que muchos cristianos estaban demasiado preocupados en sus necesidades como para invertir tiempo en trabajar por Cristo. No permita que su agenda y sus preocupaciones no dejen espacio para su servicio cristiano y su amor por otros.

2.22 Así como un obrero habilidoso entrena a un aprendiz, Pablo preparó a Timoteo para que continuara el ministerio en su ausencia. ¿De quién está usted aprendiendo para hacer la obra de Dios? Para más información véase el perfil de Timoteo en 1 Timoteo.

2.23 Pablo estaba en prisión (esperando su juicio o su veredicto) por predicar a Cristo. Les decía a los filipenses que tan pronto supiera la decisión de la corte, enviaría a Timoteo con las noticias, pero que estaba dispuesto a aceptar lo que viniera (1.21–26).

2.25 Epafrodito entregó el dinero de la iglesia en Filipos a Pablo, luego regresó con una carta de agradecimiento. Epafrodito pudo haber sido un anciano en Filipos (2.25–30; 4.18), quien, mientras estuvo con Pablo, se enfermó (2.27, 30). Después de recuperarse, regresó a su hogar. Solo se menciona en Filipenses.

2.29,30 El mundo honra a aquellos que son inteligentes, hermosos, ricos y poderosos. ¿Qué clase de personas debería honrar la iglesia? Pablo indica que debería honrarse a aquellos que dan su vida por la causa de Cristo, yendo a donde no podemos ir nosotros mismos. Nuestros misioneros hacen esto al ir a ministrar donde no somos capaces de ir. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.