Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 28 DE Junio. Job 13, 14, 15

Capítulo 13

13:1 He aquí que todas estas cosas han visto mis ojos, 

Y oído y entendido mis oídos. 

13:2 Como vosotros lo sabéis, lo sé yo; 

No soy menos que vosotros. 

13:3 Más yo hablaría con el Todopoderoso, 

Y querría razonar con Dios. 

13:4 Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; 

Sois todos vosotros médicos nulos. 

13:5 Ojalá callarais por completo, 

Porque esto os fuera sabiduría. 

13:6 Oíd ahora mi razonamiento, 

Y estad atentos a los argumentos de mis labios.

13:7 ¿Hablaréis iniquidad por Dios? 

¿Hablaréis por él engaño? 

13:8 ¿Haréis acepción de personas a su favor? 

¿Contenderéis vosotros por Dios? 

13:9 ¿Sería bueno que él os escudriñase? 

¿Os burlaréis de él como quien se burla de algún hombre? 

13:10 El os reprochará de seguro, 

Si solapadamente hacéis acepción de personas. 

13:11 De cierto su alteza os habría de espantar, 

Y su pavor habría de caer sobre vosotros. 

13:12 Vuestras máximas son refranes de ceniza, 

Y vuestros baluartes son baluartes de lodo. 

13:13 Escuchadme, y hablaré yo, 

Y que me venga después lo que viniere. 

13:14 ¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes, 

Y tomaré mi vida en mi mano? 

13:15 He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; 

No obstante, defenderé delante de él mis caminos, 

13:16 Y él mismo será mi salvación, 

Porque no entrará en su presencia el impío. 

13:17 Oíd con atención mi razonamiento, 

Y mi declaración entre en vuestros oídos. 

13:18 He aquí ahora, si yo expusiere mi causa, 

Sé que seré justificado. 

13:19 ¿Quién es el que contenderá conmigo? 

Porque si ahora yo callara, moriría. 

13:20 A lo menos dos cosas no hagas conmigo; 

Entonces no me esconderé de tu rostro: 

13:21 Aparta de mí tu mano, 

Y no me asombre tu terror. 

13:22 Llama luego, y yo responderé; 

O yo hablaré, y respóndeme tú. 

13:23 ¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? 

Hazme entender mi transgresión y mi pecado. 

13:24 ¿Por qué escondes tu rostro, 

Y me cuentas por tu enemigo? 

13:25 ¿A la hoja arrebatada has de quebrantar, 

Y a una paja seca has de perseguir? 

13:26 ¿Por qué escribes contra mí amarguras, 

Y me haces cargo de los pecados de mi juventud? 

13:27 Pones además mis pies en el cepo, y observas todos mis caminos, 

Trazando un límite para las plantas de mis pies.

13:28 Y mi cuerpo se va gastando como de carcoma, 

Como vestido que roe la polilla.

Capítulo 14

14:1 El hombre nacido de mujer, 

Corto de días, y hastiado de sinsabores, 

14:2 Sale como una flor y es cortado, 

Y huye como la sombra y no permanece. 

14:3 ¿Sobre éste abres tus ojos, 

Y me traes a juicio contigo? 

14:4 ¿Quién hará limpio a lo inmundo? 

Nadie. 

14:5 Ciertamente sus días están determinados, 

Y el número de sus meses está cerca de ti; 

Le pusiste límites, de los cuales no pasará. 

14:6 Si tú lo abandonares, él dejará de ser; 

Entre tanto deseará, como el jornalero, su día. 

14:7 Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; 

Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. 

14:8 Si se envejeciere en la tierra su raíz, 

Y su tronco fuere muerto en el polvo, 

14:9 Al percibir el agua reverdecerá, 

Y hará copa como planta nueva. 

14:10 Mas el hombre morirá, y será cortado; 

Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él? 

14:11 Como las aguas se van del mar, 

Y el río se agota y se seca, 

14:12 Así el hombre yace y no vuelve a levantarse; 

Hasta que no haya cielo, no despertarán, 

Ni se levantarán de su sueño. 

14:13 ¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, 

Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, 

Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! 

14:14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? 

Todos los días de mi edad esperaré, 

Hasta que venga mi liberación. 

14:15 Entonces llamarás, y yo te responderé; 

Tendrás afecto a la hechura de tus manos. 

14:16 Pero ahora me cuentas los pasos, 

Y no das tregua a mi pecado; 

14:17 Tienes sellada en saco mi prevaricación, 

Y tienes cosida mi iniquidad. 

14:18 Ciertamente el monte que cae se deshace, 

Y las peñas son removidas de su lugar; 

14:19 Las piedras se desgastan con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la tierra; 

De igual manera haces tú perecer la esperanza del hombre. 

14:20 Para siempre serás más fuerte que él, y él se va; 

Demudarás su rostro, y le despedirás.

14:21 Sus hijos tendrán honores, pero él no lo sabrá; 

O serán humillados, y no entenderá de ello. 

14:22 Mas su carne sobre él se dolerá, 

Y se entristecerá en él su alma.

Capítulo 15

15:1 Respondió Elifaz temanita, y dijo: 

15:2 ¿Proferirá el sabio vana sabiduría, 

Y llenará su vientre de viento solano? 

15:3 ¿Disputará con palabras inútiles, 

Y con razones sin provecho? 

15:4 Tú también disipas el temor, 

Y menoscabas la oración delante de Dios. 

15:5 Porque tu boca declaró tu iniquidad, 

Pues has escogido el hablar de los astutos. 

15:6 Tu boca te condenará, y no yo; 

Y tus labios testificarán contra ti. 

15:7 ¿Naciste tú primero que Adán? 

¿O fuiste formado antes que los collados? 

15:8 ¿Oíste tú el secreto de Dios, 

Y está limitada a ti la sabiduría? 

15:9 ¿Qué sabes tú que no sepamos? 

¿Qué entiendes tú que no se halle en nosotros?

15:10 Cabezas canas y hombres muy ancianos hay entre nosotros, 

Mucho más avanzados en días que tu padre. 

15:11 ¿En tan poco tienes las consolaciones de Dios, 

Y las palabras que con dulzura se te dicen? 

15:12 ¿Por qué tu corazón te aleja, 

Y por qué guiñan tus ojos, 

15:13 Para que contra Dios vuelvas tu espíritu, 

Y saques tales palabras de tu boca? 

15:14 ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, 

Y para que se justifique el nacido de mujer? 

15:15 He aquí, en sus santos no confía, 

Y ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos; 

15:16 ¿Cuánto menos el hombre abominable y vil, 

Que bebe la iniquidad como agua? 

15:17 Escúchame; yo te mostraré, 

Y te contaré lo que he visto; 

15:18 Lo que los sabios nos contaron 

De sus padres, y no lo encubrieron; 

15:19 A quienes únicamente fue dada la tierra, 

Y no pasó extraño por en medio de ellos. 

15:20 Todos sus días, el impío es atormentado de dolor, 

Y el número de sus años está escondido para el violento.

15:21 Estruendos espantosos hay en sus oídos; 

En la prosperidad el asolador vendrá sobre él. 

15:22 El no cree que volverá de las tinieblas, 

Y descubierto está para la espada. 

15:23 Vaga alrededor tras el pan, diciendo: ¿En dónde está? 

Sabe que le está preparado día de tinieblas. 

15:24 Tribulación y angustia le turbarán, 

Y se esforzarán contra él como un rey dispuesto para la batalla, 

15:25 Por cuanto él extendió su mano contra Dios, 

Y se portó con soberbia contra el Todopoderoso. 

15:26 Corrió contra él con cuello erguido,

Con la espesa barrera de sus escudos. 

15:27 Porque la gordura cubrió su rostro, 

E hizo pliegues sobre sus ijares; 

15:28 Y habitó las ciudades asoladas, 

Las casas inhabitadas, 

Que estaban en ruinas. 

15:29 No prosperará, ni durarán sus riquezas, 

Ni extenderá por la tierra su hermosura. 

15:30 No escapará de las tinieblas; 

La llama secará sus ramas, 

Y con el aliento de su boca perecerá. 

15:31 No confíe el iluso en la vanidad, 

Porque ella será su recompensa. 

15:32 El será cortado antes de su tiempo, 

Y sus renuevos no reverdecerán. 

15:33 Perderá su agraz como la vid, 

Y derramará su flor como el olivo. 

15:34 Porque la congregación de los impíos será asolada, 

Y fuego consumirá las tiendas de soborno. 

15:35 Concibieron dolor, dieron a luz iniquidad, 

Y en sus entrañas traman engaño.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 28 DE Junio, Hechos 8: 26 - 40

8:26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. 

8:27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, 

8:28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. 

8:29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. 

8:30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? 

8:31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. 

8:32 El pasaje de la Escritura que leía era este:

Como oveja a la muerte fue llevado; 

Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, 

Así no abrió su boca. 

8:33   En su humillación no se le hizo justicia; 

Mas su generación, ¿quién la contará? 

Porque fue quitada de la tierra su vida.

8:34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? 

8:35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 

8:36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 

8:37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 

8:38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 

8:39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. 

8:40 Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO DEL A.T.

13.4 Job comparó a sus tres amigos con doctores que no sabían lo que estaban haciendo. Eran como cirujanos del ojo que pretendían llevar a cabo una operación de corazón abierto. Muchas de las ideas acerca de Dios eran ciertas, pero no se aplicaban a la situación de Job. Tenían razón al decir que Dios es justo. Tenían razón al decir que Dios castiga el pecado. Pero estaban equivocados al suponer que el sufrimiento de Job era un castigo justo por su pecado. Tomaron un principio verdadero y lo aplicaron incorrectamente, ignorando las grandes diferencias de las circunstancias humanas. Debemos ser cuidadosos y compasivos en cómo aplicamos la condenación bíblica en la vida de los demás. Debemos ser lentos para juzgar.

14.7–22 El Antiguo Testamento no nos dice mucho acerca de la resurrección de los muertos. Esto no debe sorprendernos, ya que Jesús aun no había conquistado la muerte. El pesimismo de Job acerca de la muerte es comprensible. Lo que es notorio es su esperanza floreciente (14.14). ¡Si Dios lo escondiera con los muertos y luego lo volviera a sacar a la vida! ¡Si pudiera morir y volver a vivir! Cuando tenemos que soportar el sufrimiento, tenemos una ventaja sobre Job, sabemos que los muertos resucitarán. Tenemos esperanza que se basa en la promesa de Cristo en Juan 14.19.

15.1ss Una vez concluida la primera ronda de discusión, cada uno de los amigos de Job, en el mismo orden, insistió en sus argumentos. De nuevo Job replicó a cada uno de ellos (capítulos 15–31). Esta vez, Elifaz fue más rudo, más vehemente y más amenazador, pero no dijo nada nuevo. (Véase su primer discurso en capítulos 4, 5.) Comenzó diciendo que las palabras de Job eran vacías e inútiles. Luego reafirmó su opinión de que Job debía ser un gran pecador. De acuerdo con Elifaz, la experiencia y la sabiduría de sus antepasados tenían más valor que los pensamientos individuales de Job. Elifaz creyó que sus palabras eran tan ciertas como las de Dios. No es difícil descubrir su arrogancia.


COMENTARIO EN EL N.T.

8.39, 40 ¿Por qué el Espíritu transportó de repente a Felipe a una ciudad diferente? Esta señal milagrosa mostró la urgencia de llevar a los gentiles a creer en Cristo. Azoto era una de las antiguas capitales de Filistea. Tal vez Felipe vivió en Cesarea los siguientes veinte años (21.8). Comentarios de la Biblia del diario vivir 1960


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 27 DE Junio. Job 10, 11, 12.

Job lamenta su condición

10

1 Está mi alma hastiada de mi vida;

Daré libre curso a mi queja,

Hablaré con amargura de mi alma.

2 Diré a Dios: No me condenes;

Hazme entender por qué contiendes conmigo.

3 ¿Te parece bien que oprimas,

Que deseches la obra de tus manos,

Y que favorezcas los designios de los impíos?

4 ¿Tienes tú acaso ojos de carne?

¿Ves tú como ve el hombre?

5 ¿Son tus días como los días del hombre,

O tus años como los tiempos humanos,

6 Para que inquieras mi iniquidad,

Y busques mi pecado,

7 Aunque tú sabes que no soy impío,

Y que no hay quien de tu mano me libre?

8 Tus manos me hicieron y me formaron;

¿Y luego te vuelves y me deshaces?

9 Acuérdate que como a barro me diste forma;

¿Y en polvo me has de volver?

10 ¿No me vaciaste como leche,

Y como queso me cuajaste?

11 Me vestiste de piel y carne,

Y me tejiste con huesos y nervios.

12 Vida y misericordia me concediste,

Y tu cuidado guardó mi espíritu.

13 Estas cosas tienes guardadas en tu corazón;

Yo sé que están cerca de ti.

14 Si pequé, tú me has observado,

Y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.

15 Si fuere malo, ¡ay de mí!

Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza,

Estando hastiado de deshonra, y de verme afligido.

16 Si mi cabeza se alzare, cual león tú me cazas;

Y vuelves a hacer en mí maravillas.

17 Renuevas contra mí tus pruebas,

Y aumentas conmigo tu furor como tropas de relevo.

18 ¿Por qué me sacaste de la matriz?

Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto.

19 Fuera como si nunca hubiera existido,

Llevado del vientre a la sepultura.

20 ¿No son pocos mis días?

Cesa, pues, y déjame, para que me consuele un poco,

21 Antes que vaya para no volver,

A la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;

22 Tierra de oscuridad, lóbrega,

Como sombra de muerte y sin orden,

Y cuya luz es como densas tinieblas.

 Zofar acusa de maldad a Job

11

1Respondió Zofar naamatita, y dijo:

2 ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta?

¿Y el hombre que habla mucho será justificado?

3 ¿Harán tus falacias callar a los hombres?

¿Harás escarnio y no habrá quien te avergüence?

4 Tú dices: Mi doctrina es pura,

Y yo soy limpio delante de tus ojos.

5 Mas ¡oh, quién diera que Dios hablara,

Y abriera sus labios contigo,

6 Y te declarara los secretos de la sabiduría,

Que son de doble valor que las riquezas!

Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece.

7 ¿Descubrirás tú los secretos de Dios?

¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?

8 Es más alta que los cielos; ¿qué harás?

Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?

9 Su dimensión es más extensa que la tierra,

Y más ancha que el mar.

10 Si él pasa, y aprisiona, y llama a juicio,

¿Quién podrá contrarrestarle?

11 Porque él conoce a los hombres vanos;

Ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso?

12 El hombre vano se hará entendido,

Cuando un pollino de asno montés nazca hombre.

13 Si tú dispusieres tu corazón,

Y extendieres a él tus manos;

14 Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti,

Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,

15 Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,

Y serás fuerte, y nada temerás;

16 Y olvidarás tu miseria,

O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.

17 La vida te será más clara que el mediodía;

Aunque oscureciere, será como la mañana.

18 Tendrás confianza, porque hay esperanza;

Mirarás alrededor, y dormirás seguro.

19 Te acostarás, y no habrá quien te espante;

Y muchos suplicarán tu favor.

20 Pero los ojos de los malos se consumirán,

Y no tendrán refugio;

Y su esperanza será dar su último suspiro.

 Job proclama el poder y la sabiduría de Dios

12

1Respondió entonces Job, diciendo:

2 Ciertamente vosotros sois el pueblo,

Y con vosotros morirá la sabiduría.

3 También tengo yo entendimiento como vosotros;

No soy yo menos que vosotros;

¿Y quién habrá que no pueda decir otro tanto?

4 Yo soy uno de quien su amigo se mofa,

Que invoca a Dios, y él le responde;

Con todo, el justo y perfecto es escarnecido.

5 Aquel cuyos pies van a resbalar

Es como una lámpara despreciada de aquel que está a sus anchas.

6 Prosperan las tiendas de los ladrones,

Y los que provocan a Dios viven seguros,

En cuyas manos él ha puesto cuanto tienen.

7 Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán;

A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán;

8 O habla a la tierra, y ella te enseñará;

Los peces del mar te lo declararán también.

9 ¿Qué cosa de todas estas no entiende

Que la mano de Jehová la hizo?

10 En su mano está el alma de todo viviente,

Y el hálito de todo el género humano.

11 Ciertamente el oído distingue las palabras,

Y el paladar gusta las viandas.

12 En los ancianos está la ciencia,

Y en la larga edad la inteligencia.

13 Con Dios está la sabiduría y el poder;

Suyo es el consejo y la inteligencia.

14 Si él derriba, no hay quien edifique;

Encerrará al hombre, y no habrá quien le abra.

15 Si él detiene las aguas, todo se seca;

Si las envía, destruyen la tierra.

16 Con él está el poder y la sabiduría;

Suyo es el que yerra, y el que hace errar.

17 El hace andar despojados de consejo a los consejeros,

Y entontece a los jueces.

18 El rompe las cadenas de los tiranos,

Y les ata una soga a sus lomos.

19 El lleva despojados a los príncipes,

Y trastorna a los poderosos.

20 Priva del habla a los que dicen verdad,

Y quita a los ancianos el consejo.

21 El derrama menosprecio sobre los príncipes,

Y desata el cinto de los fuertes.

22 El descubre las profundidades de las tinieblas,

Y saca a luz la sombra de muerte.

23 El multiplica las naciones, y él las destruye;

Esparce a las naciones, y las vuelve a reunir.

24 El quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra,

Y los hace vagar como por un yermo sin camino.

25 Van a tientas, como en tinieblas y sin luz,

Y los hace errar como borrachos. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 27 DE Junio, Hechos 8: 1 - 25

Saulo persigue a la iglesia

8

1Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. 3Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.

 Predicación del evangelio en Samaria

4Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. 5Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. 7Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8así que había gran gozo en aquella ciudad.

9Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 10A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. 11Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. 12Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.

14Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 24Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.

25Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio. Amen. RVR 1960.


COMENTARIO A.T.

10.13, 14 En su frustración, Job llegó a la falsa conclusión que Dios buscaba atraparlo. Las conjeturas erróneas nos llevan a conclusiones erróneas. No deberíamos usar nuestras experiencias limitadas para llegar a conclusiones acerca de la vida en general. Si se encuentra dudando de Dios, recuerde que usted no tiene acceso a todos los hechos. La verdad es que Dios sólo quiere lo mejor para su vida. Mucha gente soporta gran sufrimiento, para encontrar que al final, trajo consigo un gran beneficio. Cuando estés sufriendo, no asuma lo peor.

11.11 Al tratarlo de «mentiroso» Zofar estaba acusando a Job de estar ocultando faltas y pecados. Aunque su conjetura estaba equivocada, explicó con mucha precisión que Dios lo ve y lo sabe todo. A menudo nos vemos tentados a pensar, «¡nadie se enterará!» Quizá podamos ocultar ante los demás algunos pecados, pero no podemos hacer nada sin que Dios lo sepa. Debido a que nuestros mismos pensamientos son conocidos por Dios, por supuesto que se dará cuenta de nuestros pecados. Job entendía esto al igual que Zofar, pero no se aplicaba al dilema de ese momento.

12.24,25 Job afirma que ningún líder tiene sabiduría real, a excepción de Dios. Ninguna investigación o informe puede valer más que la opinión de Dios. Ningún descubrimiento científico o avance médico lo toma por sorpresa. Cuando buscamos dirección en nuestra vida, debemos reconocer que la sabiduría de Dios es superior a cualquiera que el mundo nos pueda ofrecer. No permita que sus consejeros terrenales apaguen su deseo de conocer mejor a Dios. Amen. RVR.


COMENTARIO N.T.

8.15-17 Este era un momento crucial en la extensión del evangelio y el crecimiento de la Iglesia. Los apóstoles, Pedro y Juan, tuvieron que ir a Samaria para evitar que este nuevo grupo de creyentes se separara de otros creyentes. Cuando Pedro y Juan vieron al Espíritu Santo obrando en esta gente, tuvieron la certeza de que el Espíritu Santo obraba a través de todos los creyentes: gentiles, razas mixtas y también judíos «puros».

Muchos eruditos creen que Dios decidió que la plenitud de su Espíritu viniera de forma dramática y en señal de este momento particular de la historia: la difusión del evangelio en Samaria por la poderosa y eficaz predicación de los creyentes. Por lo general, el Espíritu Santo entra en la vida de una persona en el momento de la conversión. Este fue un acontecimiento especial. El derramamiento del Espíritu sucedería de nuevo con Cornelio y su familia (10.44–47), una demostración que los gentiles incircuncisos podían recibir el evangelio y que de esta forma nos llegara hasta el dia de hoy y continue por la eternidad. AMÉN, ALELUYA. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.