Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 14 DE Abril. 1 Samuel 15,16

Saúl desobedece y es desechado

15

1Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. 2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. 3Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.

4Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. 5Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. 6Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec. 7Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. 8Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. 9Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.

10Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 11Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche. 12Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal. 13Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. 14Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? 15Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos. 16Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.

17Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? 18Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. 19¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? 20Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. 21Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal. 22Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 23Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

24Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, 25y vuelve conmigo para que adore a Jehová. 26Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. 27Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó. 28Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú. 29Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta. 30Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. 31Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.

32Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la amargura de la muerte. 33Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.

34Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl. 35Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.

 Samuel unge a David

16

1Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. 2Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido. 3Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere. 4Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? 5El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.

6Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. 7Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 8Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová. 9Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová. 10E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos. 11Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. 12Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. 13Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.

 David toca para Saúl

14El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. 15Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. 16Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. 17Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. 18Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él. 19Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas. 20Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo. 21Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas. 22Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos. 23Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 14 DE Abril. Lucas 14: 25 – 35

Lo que cuesta seguir a Cristo

25Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

 Cuando la sal pierde su sabor

(Mt. 5.13; Mr. 9.50)

34Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? 35Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 14 DE Abril. 1 Samuel 15, 16

Capítulo 15

15.2-3 ¿Por qué ordenó Dios tan tremenda destrucción? Los amalecitas eran una banda de terroristas guerrilleros. Vivían de atacar a otras naciones para apoderarse de sus riquezas y sus familias. Fueron los primeros en atacar a los israelitas cuando estos entraron en la tierra prometida, y siguieron atacando los campos israelitas cada vez que tenían la oportunidad. Dios sabía que los israelitas nunca podrían vivir pacíficamente en la tierra prometida mientras existieran los amalecitas. También sabía que sus prácticas corruptas e idólatras amenazaban la relación de los israelitas con Él. La única forma de proteger el alma y el cuerpo de los israelitas era destruir completamente a esa nación guerrera y todas sus posesiones, incluyendo sus ídolos.

15.9 Saúl y sus hombres no destruyeron todo el botín de guerra como lo ordenó Dios (15.3). La ley de dedicar algo —apartarlo— enteramente para la destrucción era bien conocida para los israelitas. Cualquier cosa que estuviera bajo la «prohibición» de Dios debía ser completamente destruido (Deuteronomio 20.16–18). Dios quería evitar que la idolatría invadiera a Israel, porque muchas de sus cosas de valor eran ídolos. El violar esta ley era castigado con la muerte (Josué 7). Mostraba falta de respeto y total desacato a Dios porque violaba directamente su mandamiento.

Cuando encubrimos el pecado para proteger lo que tenemos o para beneficiarnos materialmente, no estamos siendo listos, sino desobedeciendo la ley de Dios. La obediencia selectiva no es más que otra clase de desobediencia.

15.11 Cuando Dios dijo que se lamentaba por haber hecho rey a Saúl, ¿estaba diciendo que había cometido un error? El comentario de Dios fue una expresión de tristeza, no el reconocimiento de un error (Génesis 6.5–7). Un Dios omnisciente no puede cometer errores; por lo tanto, Dios no cambió de parecer. Sin embargo, sí cambió de actitud hacia Saúl cuando Saúl cambió. El corazón de Saúl ya no pertenecía más a Dios, sino a sus propios intereses.

15.12 Saúl construyó un monumento a sí mismo. Qué contraste con Moisés y Josué, quienes le dieron el reconocimiento a Dios.

15.13, 14 Saúl pensó que había ganado una gran victoria sobre los amalecitas, pero Dios lo vio todo como un gran fracaso. Saúl lo había desobedecido y luego había mentido a Samuel acerca de los resultados de la batalla. Quizás Saúl pensó que su mentira no sería detectada, o que lo que había hecho no era malo. Saúl se engañaba a sí mismo.

La gente que no es veraz llega a creer las mentiras que lanza a su derredor. Después deja de ver la diferencia entre lo que es verdad y lo que es mentira. Al creer sus propias mentiras, se engaña a sí misma, se aísla de Dios y pierde credibilidad frente a los demás. A la larga, la verdad triunfa.

15.22, 23 Este es el primero de los numerosos lugares en la Biblia donde se repite el tema «obedecer es mejor que los sacrificios» (Salmos 40.6–8; 51.16, 17; Proverbios 21.3; Isaías 1.11–17; Jeremías 7.21–23; Oseas 6.6; Miqueas 6.6–8; Mateo 12.7; Marcos 12.33; Hebreos 10.8, 9). ¿Estaba diciendo Samuel que el sacrificio no tenía importancia? No, estaba exhortando a Saúl a que analizara las razones por las que hacía el sacrificio y no el sacrificio mismo. Un sacrificio era una transacción ritual entre el hombre y Dios que demostraba físicamente una relación entre ambos. Pero si el corazón de la persona no estaba completamente arrepentido o si no amaba verdaderamente a Dios, el sacrificio era un ritual vacío. Las ceremonias religiosas o los rituales son vacíos a menos que se lleven a cabo con una actitud de amor y obediencia. «Ser religioso» (ir a la iglesia, servir en una actividad, dar limosna) no basta si no practicamos nuestra devoción ni la obediencia a Dios.

15.23 La rebeldía y la obstinación son pecados graves. Son algo más que ser independientes y de carácter fuerte. Las Escrituras las compara con la adivinación (hechicería) y la idolatría, pecados que merecen la muerte (Éxodo 22.18; Levítico 20.6; Deuteronomio 13.12–15; 18–10; Miqueas 5.10–14).

Saúl se volvió rebelde y obstinado, y por lo tanto no nos sorprende que Dios finalmente lo haya rechazado y destituido de su trono. La rebeldía contra Dios es quizá el más serio de todos los pecados, porque en la medida que una persona se rebela, cierra la puerta al perdón y a la restauración ante Dios.

15.26 Las excusas de Saúl habían llegado al final. Era el momento de ajustar cuentas. Dios no estaba rechazando a Saúl como persona. El rey todavía podía buscar el perdón y restaurar su relación con Dios, pero ya era demasiado tarde para devolverle su reino. Si usted no es responsable con lo que Dios le ha confiado, a la larga se le agotarán las excusas. Todos nosotros algún día daremos cuenta de nuestros actos (Romanos 14.12; Apocalipsis 22.12).

15.30 Saúl estaba más preocupado por el qué dirán que por el estado de sus relaciones con Dios (15.24). Le rogó a Samuel que lo acompañara a adorar como una demostración pública de que el profeta todavía lo apoyaba. Si Samuel le hubiera dicho que no, probablemente el pueblo hubiera perdido toda confianza en Saúl.

Capítulo 16

16.5 Samuel santificó a Isaí y a sus hijos para prepararlos para presentarse ante Dios en adoración o para ofrecer un sacrificio. Si desea más información acerca de la ceremonia de purificación, véanse Génesis 35.2; Éxodo 19.10, 14.

16.7 Saúl era alto y atractivo. Era un hombre que impresionaba por su buena apariencia. Samuel pudo haber estado buscando alguien que se pareciera a Saúl para ser el siguiente rey de Israel, pero Dios le advirtió que no juzgara sólo por las apariencias. Cuando la gente juzga sólo por las apariencias externas, pueden pasar por alto a individuos que carecen de cualidades físicas particulares que la sociedad admira en ese momento. Pero la apariencia no revela lo que la gente es en realidad, ni sus verdaderos valores.

Afortunadamente, Dios juzga por la fe y el carácter, no por las apariencias. Y debido a que sólo Dios puede ver el interior, sólo Él puede juzgar a las personas con precisión. La mayoría de las personas invierten horas cada semana en mantener su apariencia externa. Deberían hacer aún más para desarrollar su carácter interior. Mientras todo el mundo puede ver su cara, sólo usted y Dios saben como es por dentro. ¿Qué pasos está tomando para mejorar la actitud de su corazón?

16.13 David fue ungido rey, pero se hizo en secreto. No fue coronado sino hasta mucho tiempo después (2 Samuel 2.4; 5.3). Saúl seguía siendo legalmente el rey, pero Dios estaba preparando a David para sus responsabilidades futuras. El aceite de la unción que fue derramado sobre la cabeza de David simbolizaba santidad. Era utilizado para apartar personas u objetos para el servicio a Dios. Cada rey y sumo sacerdote de Israel era ungido con aceite. Esto los comisionaba como representantes de Dios ante la nación. A pesar de que Dios rechazó el reinado de Saúl al no permitir que ninguno de sus descendientes se sentaran en el trono de Israel, Saúl mismo permaneció en su puesto hasta su muerte.

16.14 ¿Qué era este espíritu malo que lo atormentaba de parte de Jehová? Quizá Saúl estuviera simplemente deprimido. O quizá, el Espíritu Santo había dejado a Saúl y Dios permitió que un espíritu inicuo (un demonio) lo atormentara como castigo por su desobediencia (esto demostraría el poder de Dios sobre el mundo espiritual: 1 Reyes 22.19–23). De todos modos Saúl se estaba enloqueciendo, por lo cual intentó matar a David.

16.15, 16 Las arpas eran instrumentos musicales populares en los días de Saúl, y su música sigue siendo conocida por sus cualidades sedantes. Las arpas más sencillas eran de sólo dos piezas de madera atadas entre sí en ángulos. Las cuerdas se extendían entre las maderas para dar al arpa una forma triangular. Las cuerdas simples podían hacerse con hojas de hierbas retorcidas, sin embargo las mejores cuerdas se hacían de intestinos secos de animales. Las arpas podían tener hasta cuarenta cuerdas y sonaban más fuerte que los pequeños instrumentos de tres o cuatro cuerdas llamados liras. David, conocido por sus habilidades como pastor y su valentía, era además un talentoso arpista y músico que a la larga escribiría muchos de los salmos encontrados en la Biblia.

16.19–21 Cuando Saúl pidió a David que se uniera a su servicio, obviamente no sabía que David había sido ungido rey en secreto (16.12). La invitación de Saúl representó una oportunidad excelente para que el joven, futuro rey, obtuviera información de primera mano acerca de la manera en la que se guiaba una nación (David iba y venía delante de Saúl, 17.15).

Algunas veces nuestros planes, aun aquellos que creemos que Dios ha aprobado, tienen que esperar por tiempo indefinido. Al igual que David, podemos aprovechar este tiempo de espera. Podemos elegir aprender y crecer en nuestras circunstancias presentes, cualquiera que estas sean.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 14 DE Abril. Lucas 14: 25 – 35

14.27 La audiencia de Jesús estaba bien enterada de lo que significaba llevar la cruz. Cuando los romanos iban a ejecutar a un criminal, este tenía la obligación de llevar la cruz en que iban a colgarlo. Esto mostraba sumisión a Roma y además advertía a los observadores de que les era mejor someterse. Jesús enseñó para que las multitudes evaluaran su entusiasmo por Él. Instó a convertir lo superficial en algo profundo, de lo contrario retroceder. Seguir a Cristo significa sumisión total a Él, quizás hasta morir por Él.

14.28-30 Cuando un constructor no considera el costo o no hace un presupuesto en detalles de su obra, tal vez la abandone sin terminar. ¿Edificará su vida cristiana solo en parte y luego la abandonará por no tener en cuenta el costo de lo que es una entrega a Jesús? ¿Cuáles son esos costos? Un cristiano puede enfrentar la pérdida de jerarquía social o riqueza. Puede perder el control sobre dinero, tiempo o profesión. Pueden odiarlo, separarlo de su familia o aun sentenciarlo a muerte. Seguir a Cristo no significa una vida exenta de problemas. Con verdadero interés debemos considerar el costo de ser un discípulo de Cristo, al grado de saber a qué nos comprometimos y que más tarde no sintamos la tentación de volvernos atrás.

14.34 La sal puede perder su sabor. Cuando se humedece y luego se seca, no queda sino un residuo insípido. Muchos cristianos se mezclan con el mundo y evaden el costo de ponerse a favor de Cristo, pero Él ha dicho que si los cristianos pierden su distintivo sabor a sal, dejan de tener valor. Así como la sal da sabor y preserva los alimentos, debemos preservar lo bueno en el mundo, ayudar a que no se eche a perder y que más bien traiga un nuevo sabor a la vida. Esto requiere planificación, disposición para el sacrificio y entrega tenaz al Reino de Dios. No es fácil llegar a ser «sal», pero si la fe cristiana falla en esta función, falla al representar a Cristo en el mundo. ¿Cuánta sabor cristiano puede dar usted? Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 13 DE Abril. 1 Samuel 13, 14

Guerra contra los filisteos

13

1Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, 2escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. 3Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. 4Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.

5Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. 6Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho(porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. 7Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.

8Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. 9Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. 10Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. 11Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, 12me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. 13Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. 15Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín.

Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres. 16Saúl, pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los filisteos habían acampado en Micmas. 17Y salieron merodeadores del campamento de los filisteos en tres escuadrones; un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual, 18otro escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Zeboim, hacia el desierto.

19Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. 20Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz. 21Y el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas. 22Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían. 23Y la guarnición de los filisteos avanzó hasta el paso de Micmas.

14

1Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre. 2Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres. 3Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido. 4Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene. 5Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.

6Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos. 7Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad. 8Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos. 9Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. 10Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal. 11Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido. 12Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel. 13Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba. 14Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra. 15Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.

16Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha. 17Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas. 18Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel. 19Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano. 20Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión. 21Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. 22Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla. 23Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.

24Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan. 25Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo. 26Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento. 27Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos. 28Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía. 29Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel. 30¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?

31E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado. 32Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre. 33Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande. 34Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí. 35Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.

36Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios. 37Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día. 38Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy; 39porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese. 40Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere. 41Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre. 42Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.

43Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir? 44Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán. 45Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán. 46Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.

47Después de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor. 48Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.

49Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical. 50Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl. 51Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.

52Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 13 DE Abril. Lucas 14: 1 - 24

Jesús sana a un hidrópico

14

1Aconteció un día de reposo,* que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban. 2Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico. 3Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?* 4Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió. 5Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?* 6Y no le podían replicar a estas cosas.

 Los convidados a las bodas

7Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: 8Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 10Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 11Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

12Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

 Parábola de la gran cena

15Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. 16Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 13 DE Abril. 1 Samuel 13, 14

Capítulo 13

13.3, 4 Jonatán atacó y destruyó la guarnición de los filisteos, pero la victoria se la adjudicó Saúl. Aunque esto era normal en esa cultura, no por eso fue una acción correcta. La creciente arrogancia de Saúl comenzó pequeña, acreditándose el triunfo de una batalla que había ganado su hijo. Al no recibir corrección, su arrogancia creció hasta llegar a ser una horrible obsesión. Lo destruyó a él y a su familia, y puso en peligro el bienestar de la nación. Adjudicarnos los logros de otros indica que hay arrogancia en nuestra vida. Cuando note que la soberbia está anidándose en usted, tome medidas inmediatas para eliminarla, atribuyéndole el honor a quien corresponde.

13.6 Cuando olvidamos al que está de nuestro lado, o vemos sólo nuestros propios recursos, tendemos a atemorizarnos cuando nos enfrentamos a la oposición. Los israelitas tuvieron pánico y se escondieron cuando vieron el poderoso ejército filisteo. Se olvidaron de que Dios estaba de su lado y que es invencible. Cuando se enfrente a problemas o tentaciones, centre su atención en Dios y en sus recursos, confiando en que Él lo ayudará (Romanos 8.31–37).

13.9 En vez de esperar a un sacerdote, Saúl mismo ofreció el sacrificio. Esto iba contra las leyes de Dios (Deuteronomio 12.5–14) y contra las precisas instrucciones de Samuel (10.8). Bajo la presión de los filisteos que se acercaban, tomó el asunto en sus manos y desobedeció a Dios. Estaba haciendo algo bueno (ofrecía un sacrificio a Dios antes de una batalla crucial), pero lo hizo de la manera equivocada. Nuestro verdadero carácter espiritual se revela bajo presión, como lo fue el de Saúl. Los métodos que usamos para alcanzar nuestras metas son tan importantes como la obtención de las mismas.

13.11, 12 Es difícil confiar en Dios cuando usted siente que sus recursos se le agotan. Cuando Saúl sintió que se le estaba acabando el tiempo, se volvió impaciente con el tiempo de Dios. Al pensar que todo lo que necesitaba era el ritual, puso al ritual en lugar de la fe en Dios.

Cuando usted enfrente una decisión difícil, asegúrese de que la impaciencia no lo impulse a hacer algo que vaya en contra de la voluntad de Dios. Cuando sepa lo que Dios quiere, siga el plan a pesar de las circunstancias. A menudo, Dios utiliza demoras para probar nuestra obediencia y paciencia.

13.12, 13 Saúl tenía miles de excusas para su desobediencia, pero Samuel dio en el blanco del verdadero asunto: «No guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios» (13.13). Al igual que Saúl, a menudo damos excusas por nuestros pecados y errores, tratando de justificar y espiritualizar nuestras acciones debido a nuestras circunstancias «especiales». Sin embargo, nuestras excusas no son más que desobediencia. Dios conoce nuestros verdaderos motivos. Él perdona, restaura y bendice sólo cuando somos sinceros acerca de nuestros pecados. Al tratar de esconder sus pecados detrás de las excusas, Saúl perdió su reinado (13.14).

13.19-22 Israel no estaba en posición de conquistar a nadie. El ejército no tenía armas de hierro y no había instalaciones donde pudieran transformar sus herramientas en armas. Es más, si un israelita quería afilar su herramienta, tenía que pagar un precio muy alto a un herrero filisteo para que lo hiciera, ya que estos tenían el monopolio sobre el hierro y la herrería. Su control estricto sobre la tecnología, junto con sus ataques sorpresivos, desmoralizaban a los israelitas y los mantenía dominados.

Contra tal superioridad, los israelitas se encontraban en una seria desventaja. ¿Cómo podían esperar derrotar a sus opresores? Sólo con la ayuda de Dios. Dios quería dar la victoria a Israel sin espadas, para que ellos tomaran conciencia de su verdadera fuente de poder.

Capítulo 14

14.1ss En este capítulo leemos acerca del pobre trabajo que hizo Saúl como líder: no tuvo comunicación con Jonatán (14.1, 17), pronunció una maldición insensata (14.24) e ignoró el bienestar de sus propios soldados (14.31). El liderazgo deficiente de Saúl no fue el resultado de rasgos de personalidad, sino de un carácter espiritual en decadencia. Lo que hacemos es a menudo resultado directo de nuestra condición espiritual. No podemos ignorar la importancia del carácter espiritual en un liderazgo efectivo.

14.1 ¿Por qué iría Jonatán sólo a atacar a los filisteos? Jonatán pudo haber estado cansado del largo y desesperanzado empate en la batalla. Confiaba en que Dios daría la victoria y quiso actuar con base en esa confianza. Además sabía que el número de filisteos no era problema para Dios. Quizá no dijo a su padre nada acerca de su misión porque pensó que Saúl no lo hubiera dejado ir.

14.6 Jonatán y su escudero no representaban una fuerza que pudiera atacar al inmenso ejército filisteo. Pero mientras todos los demás tenían miedo, ellos confiaron en Dios, sabiendo que el tamaño del ejército enemigo no restringiría la capacidad de Dios para ayudarlos. Dios honró la fe y la acción valerosa de estos dos hombres con una victoria tremenda.

¿Se ha sentido alguna vez rodeado por el «enemigo» o ha enfrentado circunstancias abrumadoras? Dios no se intimida nunca por el tamaño del enemigo o por la complejidad de un problema. Con Él, siempre hay suficientes recursos para resistir las presiones y ganar las batallas. Si Dios lo ha llamado a actuar, comprometa valientemente con Dios los recursos que posea y deposite su confianza en Él para que le dé la victoria.

14.12 Jonatán no tenía la autoridad para guiar todas las tropas a la batalla, pero pudo comenzar una pequeña escaramuza en una esquina del campo enemigo. Cuando lo hizo, el pánico se apoderó de los filisteos. Los hebreos que habían sido reclutados en el ejército filisteo hicieron una revuelta y los hombres que se escondieron en las montañas recobraron su valor y regresaron para pelear.

Cuando se enfrente a un obstáculo que está más allá de su control, pregúntese: «¿Qué pasos puedo dar ahora para encontrar una solución?» Quizá unos pocos sean justamente lo que se necesita para echar a rodar la cadena de acciones que lo llevarán a la victoria final.

14.19 La expresión «Detén tu mano» se refiere al uso del Urim y el Tumim, que eran sacado del efod de lino (chaleco) como una manera de determinar la voluntad de Dios. Saúl apresuraba las formalidades de recibir una respuesta de Dios para poder adelantarse y entrar en batalla aprovechando la confusión de los filisteos. 

14.24 Saúl hizo un voto sin pensar las implicaciones. ¿Los resultados? (1) Sus hombres estaban demasiado cansados para pelear; (2) estaban tan hambrientos que comieron carne cruda que todavía chorreaba sangre, que era contra las leyes de Dios (14.32); (3) Saúl casi mata a su propio hijo (14.42–44).

El voto impulsivo de Saúl sonaba heroico, pero tenía sus efectos colaterales desastrosos. Si está en medio de un conflicto, evite hacer declaraciones impulsivas que luego pueda verse forzado a seguir.

14.32–34 Una de las más antiguas y firmes leyes hebreas acerca del alimento era la prohibición de comer carne cruda que contenía sangre del animal (Levítico 7.26, 27). Esta ley comenzó en los días de Noé (Génesis 9.4) y todavía era observada por los primeros cristianos (Hechos 15.27–29). Era pecado comer la sangre porque esta representaba la vida y la vida pertenece a Dios. (Si desea una explicación más amplia, véase Levítico 17.10–14.)

14.35, 36 Después de ser rey por varios años, Saúl finalmente construye su primer altar a Dios, pero sólo como último recurso. A lo largo de su reinado, Saúl siempre se acercaba a Dios después de haber intentado todo lo demás. Esto era bien contrario a la opinión del sacerdote, quien sugirió que Dios debía ser consultado primero (14.36). Todo hubiera resultado mucho mejor si Saúl hubiera ido ante Dios primero, y hubiera construido un altar como su primer acto oficial como rey. Dios es demasiado grande para quedar para después. Si nos volvemos a Él en primer lugar, nunca tendremos que recurrir a Él como último recurso.

14.39 Esta es la segunda maldición necia de Saúl. La primera de ellas (14.24–26) fue porque estaba sumamente ansioso de derrotar a los filisteos y quería dar a los soldados un incentivo para terminar la batalla rápidamente. En la Biblia, Dios nunca pidió a la gente que hiciera juramentos o votos, pero si los hacían, esperaba que los cumplieran (Levítico 5.4; Números 30).

El voto de Saúl fue algo que Dios no hubiera aprobado, pero seguía siendo un voto. Y sin embargo, Jonatán, a pesar de que no sabía acerca del voto de Saúl, fue encontrado culpable de romperlo. Al igual que Jefté (Jueces 11), Saúl hizo un voto que ponía en peligro la vida de su propio hijo. Afortunadamente, el pueblo intervino y salvó la vida de Jonatán.

14.39 Saúl había dado una orden tonta y había hecho que sus hombres pecaran, pero no quería retractarse ni aunque tuviera que matar a su propio hijo. Cuando hacemos declaraciones tontas, es difícil reconocer que estamos equivocados. Nos aferramos a lo que hemos dicho para salvar las apariencias, lo que suele agravar el problema. Sin embargo, se requiere más valor para reconocer un error que para aferrarnos a lo que hayamos hecho.

14.43 El carácter espiritual de Jonatán era diametralmente opuesto al de Saúl. Jonatán reconoció lo que había hecho y no trató de presentar excusas. Aun cuando no sabía de la orden de Saúl, Jonatán estuvo dispuesto a aceptar las consecuencias de sus acciones. Cuando haga algo equivocado, incluso sin quererlo, actúe como Jonatán, no como Saúl.

14.44, 45 Saúl hizo otra declaración necia, esta vez porque estaba más preocupado por salvar las apariencias que por tener la razón. Perdonar la vida a Jonatán era reconocer que había actuado neciamente, lo que era una vergüenza para un rey. Saúl estaba más interesado en proteger su imagen que en cumplir su voto. Afortunadamente, el pueblo acudió en rescate de Jonatán. No sea como Saúl. Reconozca sus errores y muestre que está más interesado en lo que es correcto que en mostrar una buena imagen de sí mismo.

14.47 ¿Por qué tuvo tanto éxito Saúl exactamente después de que había desobedecido a Dios y que se le había dicho que su reino acabaría (13.13, 14)? Muchas veces las batallas la ganan gente impía. El éxito no está garantizado, ni se limita a los justos. Dios actuó de acuerdo a su voluntad. Dios quizás le dio el triunfo a Saúl por el bienestar de la nación, no porque el rey lo mereciera. Quizás dejó a Saúl en el trono por un tiempo para aprovechar sus talentos militares, y para que David, el siguiente rey de Israel, pudiera pasar más tiempo enfocado en las batallas espirituales de la nación. Cualesquiera que hayan sido las razones que tuvo Dios para retrasar la muerte de Saúl, su reinado terminó exactamente en la forma que Dios lo había predicho. El momento oportuno en los planes de Dios y sus promesas solo lo conoce Él. Nuestra tarea es encomendar nuestros caminos a Dios y esperar en Él.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 13 DE Abril. Lucas 14: 1 - 24

Capítulo 14

14.1–6 En otra ocasión, invitaron a Jesús a la casa de un fariseo para discutir (7.36). Esta vez, uno de los más prominentes lo invitó con el propósito específico de atraparlo en algo que dijera o hiciera para arrestarlo. Quizás sorprenda ver a Jesús en los medios de los fariseos después que los denunciara muchas veces, pero Él no temía enfrentarlos, aun sabiendo que tenían como propósito sorprenderlo en el quebrantamiento de las leyes.

14.2 Lucas, el médico, identifica la enfermedad de este hombre: sufría hidropesía. Esta enfermedad se debe a una acumulación anormal de líquido en tejidos y cavidades.

14.7–11 Jesús aconsejó a las personas que no se apresuraran a escoger asientos en las fiestas. La gente hoy actúa con igual ansiedad para mejorar su nivel social, ya sea por relacionarse con cierta clase de personas, usar un tipo de ropa que le dé nivel o por manejar un automóvil costoso. ¿A quién quiere impresionar? Antes que buscar prestigio, busque un lugar en el que pueda servir. Si Dios quiere que sirva en altas esferas, Él lo invitará a ocupar un lugar de importancia.

14.7–14 Jesús enseñó dos lecciones aquí. Primera, habló a los invitados diciéndoles que no ocuparan los lugares de honor. El servicio es más importante en el Reino de Dios que el nivel social. Segunda, se dirigió al anfitrión indicándole que no fuera elitista al invitar. Dios brinda su Reino a todos.

14.11 ¿Cómo podemos humillarnos? Algunas personas procuran aparentar humildad a fin de manipular a los demás. Otros piensan que la humildad significa dejarse aplastar. Pero la gente humilde de verdad se compara solo con Cristo, reconoce su pecado, comprende sus limitaciones en habilidades, moral, logros y conocimientos. La humildad no es una autodegradación, es una afirmación realista y enfocada al servicio.

14.15-24 El hombre que estaba con Jesús vio la gloria del Reino de Dios, pero falló en su visión para ser parte de él. La parábola de Jesús muestra cómo a menudo rechazamos la invitación de Dios a su banquete poniendo excusas. Los negocios, el matrimonio, la riqueza u otra cosa, pueden ser la causa para resistir o postergar la respuesta a la invitación de Dios. La invitación de Dios es lo más importante, no importa qué inconveniente tengamos. ¿Se excusa para evitar responder al llamado de Dios? Jesús nos recuerda que el día vendrá en que Dios dejará de invitarlo y lo hará a otros, entonces será demasiado tarde para entrar al banquete.

14.16ss Para una fiesta, se acostumbraba enviar dos invitaciones: la primera la anunciaba, la segunda indicaba que todo estaba listo. Los invitados en la parábola de Jesús ofendieron al anfitrión al excusarse cuando se les envió la segunda invitación. En la historia de Israel, la primera invitación de Dios vino a través de Moisés y los profetas; la segunda vino mediante su Hijo. Los líderes religiosos aceptaron la primera invitación. Creyeron en los profetas, pero desecharon a Dios al no creer en su Hijo. De la manera en que el amo de la historia envió su siervo a las calles para que invitara a los necesitados a participar en el banquete, asimismo Dios envió a su Hijo al mundo de gente necesitada para anunciar que el Reino de Dios había llegado y estaba a su disposición.

14.16ss En este capítulo leemos palabras de Jesús en contra de los que buscan rango social y favor del trabajo arduo y aun sufrido. No perdamos de vista el propósito de nuestra humildad y autosacrificio, ¡un banquete lleno de gozo con nuestro Señor! Dios nunca nos pide padecer por amor al sufrimiento. Nunca nos pide dejar algo bueno a menos que planee reemplazarlo con algo mucho mejor. No nos llama a unirnos a Él para trabajar en el campo, sino para una fiesta, una fiesta de bodas, la cena del Cordero (Apocalipsis 19.6-9), cuando Dios y su amada Iglesia se unirán para siempre. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.