Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 18 DE Mayo 2 Reyes 20, 21, 22

Enfermedad de Ezequías

(2 Cr. 32.24–26; Is. 38.1–22)

20

1En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: 3Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. 6Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. 7Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, la pusieron sobre la llaga, y sanó.

8Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? 9Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? 10Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados. 11Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás.

 Ezequías recibe a los enviados de Babilonia

(2 Cr. 32.27–31; Is. 39.1–8)

12En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió mensajeros con cartas y presentes a Ezequías, porque había oído que Ezequías había caído enfermo. 13Y Ezequías los oyó, y les mostró toda la casa de sus tesoros, plata, oro, y especias, y ungüentos preciosos, y la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros; ninguna cosa quedó que Ezequías no les mostrase, así en su casa como en todos sus dominios. 14Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? Y Ezequías le respondió: De lejanas tierras han venido, de Babilonia. 15Y él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros que no les mostrase.

16Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová: 17He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. 18Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 19Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y seguridad en mis días.

 Muerte de Ezequías

(2 Cr. 32.32–33)

20Los demás hechos de Ezequías, y todo su poderío, y cómo hizo el estanque y el conducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 21Y durmió Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo.


Reinado de Manasés

(2 Cr. 33.1–20)

21

1De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén cincuenta y cinco años; el nombre de su madre fue Hepsiba. 2E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, según las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3Porque volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, como había hecho Acab rey de Israel; y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas cosas. 4Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén. 5Y edificó altares para todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. 6Y pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira. 7Y puso una imagen de Asera que él había hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual escogí de todas las tribus de Israel; 8y no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó. 9Mas ellos no escucharon; y Manasés los indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.

10Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas, diciendo: 11Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con sus ídolos; 12por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oyere le retiñirán ambos oídos. 13Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab; y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se vuelve boca abajo. 14Y desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en manos de sus enemigos; y serán para presa y despojo de todos sus adversarios; 15por cuanto han hecho lo malo ante mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy.

16Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová.

17Los demás hechos de Manasés, y todo lo que hizo, y el pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 18Y durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Uza, y reinó en su lugar Amón su hijo.

 Reinado de Amón

(2 Cr. 33.21–25)

19De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Mesulemet hija de Haruz, de Jotba. 20E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre. 21Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre, y los adoró; 22y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová. 23Y los siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al rey en su casa. 24Entonces el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar a Josías su hijo. 25Los demás hechos de Amón, ¿no están todos escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 26Y fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uza, y reinó en su lugar Josías su hijo.

 Reinado de Josías

(2 Cr. 34.1–2)

22

1Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalén treinta y un años. El nombre de su madre fue Jedida hija de Adaía, de Boscat. 2E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.

 Hallazgo del libro de la ley

(2 Cr. 34.8–33)

3A los dieciocho años del rey Josías, envió el rey a Safán hijo de Azalía, hijo de Mesulam, escriba, a la casa de Jehová, diciendo: 4Ve al sumo sacerdote Hilcías, y dile que recoja el dinero que han traído a la casa de Jehová, que han recogido del pueblo los guardianes de la puerta, 5y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová, y que lo entreguen a los que hacen la obra de la casa de Jehová, para reparar las grietas de la casa; 6a los carpinteros, maestros y albañiles, para comprar madera y piedra de cantería para reparar la casa; 7y que no se les tome cuenta del dinero cuyo manejo se les confiare, porque ellos proceden con honradez.

8Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el libro a Safán, y lo leyó. 9Viniendo luego el escriba Safán al rey, dio cuenta al rey y dijo: Tus siervos han recogido el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová. 10Asimismo el escriba Safán declaró al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro. Y lo leyó Safán delante del rey.

11Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos. 12Luego el rey dio orden al sacerdote Hilcías, a Ahicam hijo de Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías siervo del rey, diciendo: 13Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito.

14Entonces fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor, Safán y Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la segunda parte de la ciudad, y hablaron con ella. 15Y ella les dijo: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Decid al varón que os envió a mí: 16Así dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y sobre los que en él moran, todo el mal de que habla este libro que ha leído el rey de Judá; 17por cuanto me dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses ajenos, provocándome a ira con toda la obra de sus manos; mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se apagará. 18Mas al rey de Judá que os ha enviado para que preguntaseis a Jehová, diréis así: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Por cuanto oíste las palabras del libro, 19y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrán a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová. 20Por tanto, he aquí yo te recogeré con tus padres, y serás llevado a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la respuesta. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 18 DE Mayo, Juan 6: 45 – 71.

45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

 Palabras de vida eterna

60Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 61Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 62¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 63El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

66Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 68Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 70Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? 71Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 18 DE Mayo 2 Reyes 20, 21, 22

Capítulo 20

20.5, 6 Durante un período de cien años de la historia de Judá (732–640 a.C.), Ezequías fue el único rey fiel; ¡qué diferencia hizo! Debido a la fe y a las oraciones de Ezequías, Dios lo sanó, y salvó su ciudad de los asirios. Usted también puede hacer una gran diferencia, incluso si su fe lo coloca en la minoría. La fe y la oración, si son sinceras y dirigidas hacia el único Dios verdadero, pueden hacer que una situación cambie.

20.11 El reloj de sol de Acaz también es traducido como «los escalones de Acaz». Los relojes de sol egipcios de este período eran construidos en forma de escaleras en miniatura para que así las sombras se movieran hacia arriba y hacia abajo en los escalones.

20.12–19 Ezequías había sido un rey bueno y fiel. Pero cuando Isaías le preguntó qué les había enseñado a los embajadores de Babilonia, él contestó: «Vieron todo lo que había en mi casa». Por el relato hecho en 2 Crónicas 32.24–31, parece ser que la prosperidad, el éxito y la salvación de la enfermedad de Ezequías lo hicieron soberbio. En lugar de haberle dado la gloria a Dios por todas sus bendiciones, trató de impresionar a los extranjeros. Cuando Dios nos ayuda, no debemos utilizar sus bendiciones para impresionar a los demás. Un testimonio de victoria puede degenerar rápidamente en vanidad y alabanzas propias.

20.14 Babilonia, una ciudad que se había rebelado en contra del Imperio Asirio, fue destruida por Senaquerib en 689 a.C. Esta historia probablemente ocurrió muy poco antes de esta fecha. Cuando Senaquerib murió en 681 a.C., su hijo, Esar-hadón, neciamente reconstruyó la ciudad de Babilonia. Asiria, cuyos gobernantes en ese tiempo estaban debilitados, permitió que Babilonia se fortaleciera. Mientras que el ejército asirio marchaba para conquistar y oprimir tierras lejanas, la ciudad de Babilonia crecía y se convertía en una pequeña nación. Después de varios años, Babilonia se había fortalecido lo suficiente como para rebelarse una vez más. A la larga oprimió a Asiria (612 a.C.) y llegó a ser la siguiente potencia mundial.

20.19 Ezequías estaba diciendo que era bueno que estos terribles sucesos predichos por Isaías no sucederían durante su vida. La declaración de Ezequías parece egoísta, carente de visión y soberbia. Sin embargo, sabía que su nación sería castigada por sus pecados, así que pudo haber estado reconociendo y agradeciendo a Dios por decidir no destruir a Judá durante su vida.

20.20 El estanque y el conducto se refieren a los casi 600 m de túnel construidos desde los manantiales de Gihón hasta el estanque de Siloé (véase 2 Crónicas 32.30). Venía desde una fuente de agua fuera de los muros de Jerusalén a un depósito seguro dentro de la ciudad. Esto se hizo para que el ejército asirio no pudiera cortar el suministro de agua de la ciudad.

Capítulo 21

21.1ss Manasés siguió el ejemplo de su abuelo Acaz más que el de su padre. Adoptó las prácticas malvadas de los babilonios y cananeos incluyendo el sacrificio de su propio hijo (21.6). No escuchó las palabras de los profetas de Dios, sino que, gustosamente llevó a su pueblo al pecado. (Véase su perfil en 2 Crónicas 33 para una mayor información acerca de su vida. Los «lugares altos» eran santuarios en las colinas que se utilizaban en la adoración de los ídolos.)

21.6 Manasés fue un rey malvado, y provocó la ira de Dios con sus pecados. Entre sus pecados registrados están las prácticas de ocultismo: brujería, adivinación y consulta a médiums y espiritistas. Dios prohíbe específicamente estas prácticas (Levítico 19.31, Deuteronomio 18.9–13) ya que demuestra falta de fe en Él, incluye acciones pecaminosas y en ocasiones abre la puerta para influencias demoníacas. Actualmente, muchos libros, programas de televisión y juegos hacen énfasis en la predicción del futuro, sesiones espiritistas y otras prácticas de ocultismo. No permita que el deseo de conocer el futuro o la creencia de que la superstición es inocua lo conduzca a estas prácticas ocultas.

21.16 La tradición dice que durante la masacre de Manasés, Isaías fue cortado en dos cuando trataba de esconderse en un tronco hueco (véase Hebreos 11.37, 38). Quizá otros profetas murieron durante esta época.

Capítulo 22

22.1,2 Al leer la lista bíblica de reyes, es raro encontrar a uno que haya obedecido a Dios completamente. Josías fue uno de los obedientes, y sólo tenía ocho años cuando comenzó a reinar. Durante dieciocho años reinó con obediencia. A los veintiséis años, comenzó las reformas basadas en las leyes de Dios. Los niños son los futuros líderes de nuestras iglesias y del mundo. Quizá el trabajo más grande de una persona para Dios es tener que esperar hasta ser adulto, pero nunca se es demasiado joven para tomar a Dios con seriedad y obedecerlo. Los primeros años de Josías establecieron la base de su tarea posterior de reformar a Judá.

22.4 Los guardianes de la puerta controlaban a los que entraban al templo y supervisaban la recolección del dinero.

22.8 El libro de la ley pudo haber sido el Pentateuco completo (Génesis a Deuteronomio) o sólo el libro de Deuteronomio. Debido a la larga lista de reyes malvados, el registro de las leyes de Dios se había perdido. Josías, que tenía aproximadamente veintiséis años en ese momento, deseó una reforma religiosa a lo largo de la nación. Cuando se encontró la Palabra de Dios, se tuvieron que tomar medidas drásticas para acercar el reino a los mandatos de Dios. Hoy usted tiene la Palabra de Dios en sus manos. ¿Cuántos cambios tiene que hacer para que su vida esté de acuerdo con la Palabra de Dios?

22.11ss Cuando Josías escuchó la ley, rasgó sus ropas con terror. Inmediatamente instituyó reformas. Con tan sólo una lectura de la ley de Dios, cambió el curso de la nación. En la actualidad muchas personas poseen la Biblia, pero son pocos los que son afectados por las verdades encontradas en ella. La Palabra de Dios debe hacernos, como a Josías, tomar las medidas inmediatas para reformar nuestra vida y llevarla a una armonía con la voluntad de Dios.

22.14 Hulda era una profetisa, como lo fue María (Éxodo 15.20) y Débora (Jueces 4.4). Dios selecciona libremente a sus siervos para llevar a cabo su voluntad: ricos o pobres, hombres o mujeres, reyes o esclavos (Joel 2.28–30). Obviamente, Hulda era muy reconocida por la gente de su tiempo.

22.19 Cuando Josías se percató de lo corrupta que se había vuelto su nación, rasgó sus ropas y lloró ante Dios. Entonces, Dios tuvo misericordia de él. Josías usó la costumbre de su época para mostrar su arrepentimiento. Cuando hoy día nos arrepentimos, probablemente no nos rasgamos la ropa, pero el llorar, ayunar, restituir o disculparse (si nuestro pecado ha involucrado a otros) son actos de arrepentimiento que demuestran nuestra sinceridad. La parte más difícil del arrepentimiento es el cambiar la conducta que originalmente produjo el pecado.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 18 DE Mayo. Juan 6: 45 - 71.

6.45 Jesús hacía alusión a una idea del Antiguo Testamento sobre el reino mesiánico según la cual todas las personas reciben enseñanza directa de Dios (Isaías 54.13; Jeremías 31.31–34). Enfatizaba la importancia de no oír solamente, sino de aprender. Dios nos enseña mediante la Biblia, nuestras experiencias, los pensamientos que nos da el Espíritu Santo y las relaciones con otros cristianos. ¿Es usted receptivo a la enseñanza de Dios?

6.47 Cree, según se usa aquí, significa «sigue creyendo». No creemos una sola vez, sino que seguimos creyendo y confiando en Jesús.

6.47ss A menudo, los líderes religiosos le pedían a Jesús que les probara por qué era mejor que los profetas que habían tenido. Aquí Jesús se refiere al maná que Moisés dio a sus antepasados en el desierto (véase Éxodo 16). Este pan era físico y temporal. El pueblo lo comía y les daba el sustento de un día. Pero era necesario obtener más pan cada día y este no impedía que muriesen. Jesús, que es mucho más grande que Moisés, se ofrece como pan espiritual del cielo que satisface plenamente y conduce a la vida eterna.

6.51 ¿Cómo puede Jesús darnos su carne como pan para que comamos? Comer pan de vida significa aceptar a Cristo y unirnos a Él. Nos unimos a Cristo de dos formas: (1) al creer en su muerte (el sacrificio de su carne) y resurrección, y (2) al dedicarnos a vivir como Él manda, dependiendo de sus enseñanzas para guiarnos y confiando en el Espíritu Santo para recibir poder.

6.56 Este mensaje resultaba chocante: comer carne y beber sangre sonaba a canibalismo. La idea de beber cualquier sangre, con más razón la humana, resultaba repugnante para los líderes religiosos porque la Ley lo prohibía (Levítico 17.10, 11). Por supuesto que Jesús no se refería a la sangre en forma literal. Lo que decía era que su vida debía convertirse en la de ellos. Pero ellos no podían aceptar este concepto. El apóstol Pablo más tarde usó la imagen del cuerpo y de la sangre al hablar de la cena del Señor (véase 1 Corintios 11.23–26).

6.63, 65 El Espíritu Santo da vida espiritual; sin la obra del Espíritu Santo ni siquiera podemos ver nuestra necesidad de vida nueva (14.17). Toda renovación espiritual empieza y acaba en Dios. Él nos revela verdad, vive en nosotros y luego nos capacita para responder a esa verdad.

6.66 ¿Por qué las palabras de Jesús hicieron que muchos de sus seguidores lo abandonasen? (1) Es posible que se hayan dado cuenta de que no sería el Mesías-Rey conquistador que esperaban. (2) Rehusó ceder ante sus exigencias egocéntricas. (3) Enfatizó la fe, no los hechos. (4) Sus enseñanzas eran difíciles de entender y algunas de sus palabras eran ofensivas. Al crecer en nuestra fe, es posible que nos sintamos tentados a apartarnos porque las lecciones de Jesús son difíciles. ¿Reaccionará usted dándose por vencido, pasando por alto ciertas enseñanzas o rechazando a Cristo? En lugar de eso, pida a Dios que le muestre el significado de sus enseñanzas y le diga cómo se aplican a su vida. Luego tenga el valor de actuar en base a la verdad de Dios.

6.67 Para Jesús no existen términos medios. Cuando preguntó a sus discípulos si también se irían, les mostraba que podían tanto aceptarlo como rechazarlo. Jesús no intentaba rechazar a la gente con sus enseñanzas. Sencillamente decía la verdad. Cuanto más escuchaban las personas el verdadero mensaje de Jesús, más se dividían en dos bandos: los que buscaban con sinceridad porque deseaban entender más, y los que rechazaban a Jesús porque no les gustaba lo que oían.

6.67,68 Después que muchos de los seguidores lo abandonaron, Jesús preguntó a los doce discípulos si también lo dejarían. Pedro respondió: «¿A quién iremos?» En su estilo directo, Pedro respondió por todos nosotros: no hay otro camino. A pesar de que existen muchas filosofías y autoridades autoproclamadas, únicamente Jesús tiene palabras de vida eterna. La gente busca la vida eterna por todas partes y no ven a Cristo, la única fuente. Permanezca con Jesús, sobre todo cuando esté confundido o se sienta solo.

6.70 Como respuesta al mensaje de Jesús, algunas personas se fueron; otros se quedaron y creyeron de verdad; y algunos, como Judas, se quedaron pero intentaron usar a Jesús para ganancia personal. Muchas personas hoy en día se alejan de Cristo. Otros fingen seguir, asistiendo a la iglesia por una cuestión social, para recibir aprobación de familia y amigos, o relaciones de negocio. Pero en realidad solo hay dos respuestas posibles a Jesús: lo acepta o lo rechaza. ¿Cómo ha respondido a Cristo? Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE Mayo 2 Reyes 18, 19

Reinado de Ezequías

(2 Cr. 29.1–2)

18

1En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años. El nombre de su madre fue Abi hija de Zacarías. 3Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. 4El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. 5En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. 6Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 7Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió. 8Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.

 Caída de Samaria

9En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los asirios contra Samaria, y la sitió, 10y la tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas rey de Israel, fue tomada Samaria. 11Y el rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos; 12por cuanto no habían atendido a la voz de Jehová su Dios, sino que habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, no las habían escuchado, ni puesto por obra.

 Senaquerib invade a Judá

(2 Cr. 32.1–19; Is. 36.1–22)

13A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 14Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de Asiria que estaba en Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y haré todo lo que me impongas. Y el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro. 15Dio, por tanto, Ezequías toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real. 16Entonces Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de los quiciales que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria. 17Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y subieron y vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido, vinieron y acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 18Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller.

19Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 20Dices (pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí? 21He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían. 22Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios, ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis en Jerusalén? 23Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos. 24¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? 25¿Acaso he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela.

26Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro. 27Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros?

28Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. 30Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. 31No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, 32hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. 33¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? 34¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano? 35¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?

36Pero el pueblo calló, y no le respondió palabra; porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. 37Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.

                                                                                                       2 Reyes

 Judá es librado de Senaquerib

(2 Cr. 32.20–23; Is. 37.1–38)

19

1Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. 2Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, 3para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. 4Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda. 5Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías. 6E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. 7He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada.

8Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis. 9Y oyó decir que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a Ezequías, diciendo: 10Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. 11He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 12¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?

14Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. 15Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. 16Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. 17Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; 18y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. 19Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios. 20Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído. 21Esta es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén. 22¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel. 23Por mano de tus mensajeros has vituperado a Jehová, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las alturas de los montes, a lo más inaccesible del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en sus más remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos. 24Yo he cavado y bebido las aguas extrañas, he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de Egipto. 25¿Nunca has oído que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para hacer desolaciones, para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros. 26Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, y como hortaliza verde, como heno de los terrados, marchitado antes de su madurez. 27He conocido tu situación, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. 28Por cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu arrogancia ha subido a mis oídos, yo pondré mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.

29Y esto te daré por señal, oh Ezequías: Este año comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el tercer año sembraréis, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas. 30Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa de Judá, volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba. 31Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

32Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. 33Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 34Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.

35Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. 36Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. 37Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE Mayo, Juan 6: 22 - 44.

La gente busca a Jesús

22El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 23Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

 Jesús, el pan de vida

25Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 28Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

41Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE Mayo 2 Reyes 18, 19

Capítulo 18

18.4 La serpiente de bronce se había hecho para curar a los israelitas de la mordida de serpientes venenosas (Número 21.4–9). Demostraba la presencia y el poder de Dios y era un recordatorio para el pueblo de su misericordia y su perdón. Pero se había convertido en un objeto de adoración en lugar de un recordatorio de a quién tenían que adorar, así que Ezequías se vio forzado a destruirla. Debemos tener cuidado de que las cosas que usamos para ayudarnos a adorar a Dios no se vuelvan objetos de adoración por sí mismos. La mayoría de los objetos no son creados para ser ídolos, se vuelven ídolos por la forma en la que la gente los usa.

18.5 «Ni después ni antes hubo otro como él entre todos los reyes de Judá». En un dramático contraste con su padre Acaz, Ezequías siguió a Dios más de cerca y con mayor sinceridad que cualquier otro rey de Judá o Israel. Esta frase se refiere a los reyes que sucedieron después de la división del reino y por lo tanto no incluye a David, considerado como el rey más devoto a Dios.

18.7 La nación de Judá fue oprimida por dos potencias mundiales, Egipto y Asiria. Ambas naciones querían controlar a Judá y a Israel porque estaban localizadas en el cruce de caminos vitales para todo el comercio del antiguo Cercano Oriente. La nación que controlara a Judá tendría ventajas económicas y militares sobre sus rivales. Cuando Ezequías llegó a ser rey, Asiria controlaba a Judá. Al actuar con gran valor, Ezequías se rebeló en contra del poderoso imperio al que su padre se había sometido. Puso su fe en la fuerza de Dios y no en la suya propia, y obedeció los mandamientos de Dios a pesar de los obstáculos y peligros que, desde un punto de vista puramente humano, parecían insuperables.

18.9–12 Estos versículos se remontan a los días muy cercanos a la destrucción de Israel. Ezequías reinó con su padre Acaz durante catorce años (729–715 a.C.), él solo durante dieciocho años (715–697 a.C.) y con su hijo Manasés durante once años (697–686 a.C), un total de cuarenta y tres años. Los veinte nueve años registrados en 18.2 indican sólo aquellos años en los que Ezequías tuvo el control completo del reino. Mientras Ezequías estaba en el trono, la parte norte de la nación de Israel fue destruida (722 a.C.). El conocer el destino de Israel probablemente hizo que Ezequías reformara su propia nación. (Para mayor información acerca de Ezequías, véanse 2 Crónicas 29–32 e Isaías 36–39).

18.13 Este suceso ocurrió en 701 a.C., cuatro años después de que Senaquerib había llegado a ser rey de Asiria. Senaquerib era el hijo de Sargón II, el rey que había deportado en cautiverio al pueblo de Israel (véase la nota a 17.3). Para evitar que Asiria atacara, el reino del sur pagó tributo anualmente. Pero cuando Senaquerib fue rey, Ezequías dejó de pagar este dinero, esperando que Asiria lo ignorara. Cuando Senaquerib y su ejército tomó represalias, Ezequías se dio cuenta de su error y pagó el dinero del tributo (18.14), pero Senaquerib lo atacó de todas formas (18.19ss). A pesar de ello, no tenía tanta hambre de guerra como los anteriores reyes de Asiria, prefiriendo emplear mucho de su tiempo en la edificación y embellecimiento de su ciudad capital, Nínive. Con menos invasiones frecuentes, Ezequías pudo instituir muchas de sus reformas y fortalecer a la nación.

18.17 El enviar al comandante supremo (Tartar), al oficial en jefe (Rabsaris) y al comandante de batalla (Rabsaces) era como enviar al vicepresidente, al secretario de estado y al general del ejército para hablar al enemigo previo a la batalla. Todos estos hombres fueron enviados en un esfuerzo de impresionar y desalentar a los israelitas.

Capítulo 19

19.1-7 Senaquerib, cuyos ejércitos habían capturado todas las ciudades fortificadas de Judá, envió un mensaje a Ezequías para que se rindiera ya que la resistencia era inútil. Dándose cuenta de que la situación era desesperada, Ezequías fue al templo y oró. Dios contestó la oración de Ezequías y liberó a Judá al enviar un ejército para atacar la capital asiria, forzando así a Senaquerib para que saliera de una vez. La oración debe ser nuestra primera respuesta en cualquier crisis. No espere hasta que se pierda toda esperanza en la situación. Ore diariamente por su dirección. Nuestros problemas son oportunidades para Dios.

19.2 Isaías el profeta había estado trabajando para Dios desde los días de Uzías, cuarenta años (Isaías 6.1). A pesar de que Asiria era una potencia mundial, no pudo conquistar a Judá mientras Isaías fue consejero de los reyes. Isaías profetizó durante los reinados de Uzías (Azarías), Jotam, Acaz y Ezequías. Acaz ignoró a Isaías, pero Ezequías escuchó su consejo. Para leer las profecías, véase el libro de Isaías.

19.15 Los querubines son ángeles poderosos.

19.15-19 A pesar de que Ezequías fue valiente ante Dios, no lo tomó a la ligera ni se acercó a Él imprudentemente. Por el contrario, reconoció la soberanía de Dios y la total dependencia de Judá en Él. La oración de Ezequías nos proporciona un buen modelo. No debemos temer acercarnos a Dios con nuestras oraciones, sino que debemos ir a Él con respeto por lo que Él es y por lo que puede hacer.

19.21–34 Dios contestó a las palabras burlonas de Senaquerib (18.19–25), enjuiciándolo por su arrogancia. Senaquerib creía que su reino había crecido por sus propios esfuerzos y fortaleza. En realidad, dijo Dios, tuvo éxito sólo por lo que Dios permitió y causó. Es arrogante pensar que nosotros solos somos responsables por nuestros logros. Dios, como Creador, gobierna sobre las naciones y las personas.

19.28 Los asirios trataban a los cautivos con crueldad. Los torturaban como entretenimiento al cegarlos, cortarlos o al arrancarles tiras de piel hasta que morían. Si deseaban que un cautivo fuera un esclavo, a menudo ponían una argolla en su nariz. Dios estaba diciendo que los asirios serían tratados como ellos habían tratado a los demás.

19.31 Mientras se mantenga una pequeña chispa, puede volverse a encender un fuego y avivarlo hasta que llegue a ser un incendio colosal. De la misma manera, si tan sólo un pequeño remanente de verdaderos creyentes retiene la chispa de la fe, Dios puede reconstruirla y volverla una nación fuerte. Y si sólo una pizca de fe permanece en un corazón, Dios puede utilizarlo para restaurar una fe abrasadora en ese creyente. Si siente que sólo le queda una chispa de fe, pida a Dios que la use para reavivar un fuego abrasador de compromiso hacia Él.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE Mayo. Juan 6: 22 - 44.

6.26 Jesús criticaba a las personas que lo seguían únicamente por los beneficios físicos y temporales en lugar de hacerlo para saciar su hambre espiritual. Muchas personas utilizan la religión para obtener prestigio, consuelo, incluso votos políticos. Pero esos motivos son egoístas. Los verdaderos creyentes siguen a Jesús porque saben que Él tiene la verdad y que su verdad es camino de vida.
6.28, 29 Muchos que buscan sinceramente a Dios quedan perplejos en cuanto a lo que Él desea que hagan. Las religiones del mundo representan los intentos de la humanidad en responder a esta pregunta. Pero la respuesta de Jesús es breve y sencilla: debemos creer en el que Dios ha enviado. Lo que agrada a Dios no surge del trabajo que hacemos, sino de ver en quién creemos. El primer paso es aceptar que Jesús es el que dice ser. Todo desarrollo espiritual se edifica sobre esta aseveración. Declare a Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16.16), y embárquese en una vida de fe que agrade a su Creador.

6.35 La gente come pan para saciar su hambre física y para mantener su vida física. Podemos saciar el hambre y mantener la vida espirituales únicamente mediante una adecuada relación con Jesucristo. Con razón decía que era el pan de vida. Pero el pan debe comerse para mantener la vida y a Cristo debe invitarse a entrar a nuestro diario andar para mantener la vida espiritual.

6.37,38 Jesús no obraba independientemente de Dios el Padre, sino con Él. Esto debiera darnos mayor seguridad de ser aceptos en la presencia de Dios y protegidos por Él. El propósito de Jesús era hacer la voluntad de Dios, no satisfacer sus deseos humanos. Debiéramos tener el mismo propósito.

6.39 Jesús dijo que no perdería una persona siquiera de las que el Padre le había dado. Así que cualquiera que se comprometa sinceramente a creer en Jesucristo como Salvador está seguro en la promesa de vida eterna que da Dios. Cristo no permitirá que Satanás venza a su pueblo y este pierda la salvación (véanse también 17.12; Filipenses 1.6).

6.40 Los que ponen su fe en Cristo resucitarán de la muerte física a la vida eterna con Dios cuando Cristo vuelva otra vez (véanse 1 Corintios 15.52; 1 Tesalonicenses 4.16).

6.41 Cuando Juan dice judíos, se refiere a los líderes que eran hostiles a Jesús, no a los judíos en general. Juan mismo era judío, y también Jesús.

6.41 Los líderes religiosos murmuraban porque no podían aceptar la declaración de divinidad de Jesús. Solo lo veían como el carpintero de Nazaret. Se negaron a creer que Jesús era el Hijo divino de Dios y no toleraban su mensaje. Muchas personas rechazan a Cristo porque dicen que no creen que sea el Hijo de Dios. En realidad, lo que no pueden aceptar son las exigencias de lealtad y obediencia que les hace Cristo. De modo que para protegerse del mensaje, rechazan al mensajero.

6.44 Dios, no el hombre, juega el papel más activo en la salvación. Cuando alguien decide creer en Jesucristo como Salvador, lo hace únicamente respondiendo al mover del Espíritu Santo de Dios. Él pone en nosotros la inquietud, nosotros decidimos si creer o no. Nadie puede creer en Jesús sin la ayuda de Dios. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.