LECTURA DE LA PALABRA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Jeremías 33,34,35,
Restauración de la prosperidad de Jerusalén
33
1Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. 4Porque así ha dicho Jehová Dios de Israel acerca de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas con arietes y con hachas 5(porque vinieron para pelear contra los caldeos, para llenarlas de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo con mi furor y con mi ira, pues escondí mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad): 6He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. 7Y haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio. 8Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron. 9Y me será a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las naciones de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré.
10Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que están asoladas, sin hombre y sin morador y sin animal, 11ha de oírse aún voz de gozo y de alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que traigan ofrendas de acción de gracias a la casa de Jehová. Porque volveré a traer los cautivos de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.
12Así dice Jehová de los ejércitos: En este lugar desierto, sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aún habrá cabañas de pastores que hagan pastar sus ganados. 13En las ciudades de las montañas, en las ciudades de la Sefela, en las ciudades del Neguev, en la tierra de Benjamín, y alrededor de Jerusalén y en las ciudades de Judá, aún pasarán ganados por las manos del que los cuente, ha dicho Jehová.
14He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. 15En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. 16En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra.
17Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. 18Ni a los sacerdotes y levitas faltará varón que delante de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda, y que haga sacrificio todos los días.
19Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 20Así ha dicho Jehová: Si pudiereis invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, 21podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas y sacerdotes, mis ministros. 22Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la arena del mar se puede medir, así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y los levitas que me sirven.
23Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 24¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que Jehová escogiera ha desechado? Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación. 25Así ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, 26también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.
Jeremías amonesta a Sedequías
34
1Palabra de Jehová que vino a Jeremías cuando Nabucodonosor rey de Babilonia y todo su ejército, y todos los reinos de la tierra bajo el señorío de su mano, y todos los pueblos, peleaban contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, la cual dijo: 2Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Ve y habla a Sedequías rey de Judá, y dile: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entregaré esta ciudad al rey de Babilonia, y la quemará con fuego; 3y no escaparás tú de su mano, sino que ciertamente serás apresado, y en su mano serás entregado; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y en Babilonia entrarás. 4Con todo eso, oye palabra de Jehová, Sedequías rey de Judá: Así ha dicho Jehová acerca de ti: No morirás a espada. 5En paz morirás, y así como quemaron especias por tus padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, las quemarán por ti, y te endecharán, diciendo, ¡Ay, señor! Porque yo he hablado la palabra, dice Jehová.
6Y habló el profeta Jeremías a Sedequías rey de Judá todas estas palabras en Jerusalén. 7Y el ejército del rey de Babilonia peleaba contra Jerusalén, y contra todas las ciudades de Judá que habían quedado, contra Laquis y contra Azeca; porque de las ciudades fortificadas de Judá éstas habían quedado.
Violación del pacto de libertar a los siervos hebreos
8Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que Sedequías hizo pacto con todo el pueblo en Jerusalén para promulgarles libertad; 9que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo y hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos. 10Y cuando oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que había convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que ninguno los usase más como siervos, obedecieron, y los dejaron. 11Pero después se arrepintieron, e hicieron volver a los siervos y a las siervas que habían dejado libres, y los sujetaron como siervos y siervas. 12Vino, pues, palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 13Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre, diciendo: 14Al cabo de siete años dejará cada uno a su hermano hebreo que le fuere vendido; le servirá seis años, y lo enviará libre; pero vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído. 15Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo; y habíais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la cual es invocado mi nombre. 16Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis vuelto a tomar cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado para que os sean siervos y siervas. 17Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído para promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero; he aquí que yo promulgo libertad, dice Jehová, a la espada y a la pestilencia y al hambre; y os pondré por afrenta ante todos los reinos de la tierra. 18Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia, dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas; 19a los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén, a los oficiales y a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro, 20los entregaré en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su vida; y sus cuerpos muertos serán comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra. 21Y a Sedequías rey de Judá y a sus príncipes los entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se ha ido de vosotros. 22He aquí, mandaré yo, dice Jehová, y los haré volver a esta ciudad, y pelearán contra ella y la tomarán, y la quemarán con fuego; y reduciré a soledad las ciudades de Judá, hasta no quedar morador.
Obediencia de los recabitas
35
1Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: 2Ve a casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a beber vino. 3Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la familia de los recabitas; 4y los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba junto al aposento de los príncipes, que estaba sobre el aposento de Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta. 5Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino. 6Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos; 7ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros habitáis. 8Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas; 9y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera. 10Moramos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre. 11Sucedió, no obstante, que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió a la tierra, dijimos: Venid, y ocultémonos en Jerusalén, de la presencia del ejército de los caldeos y de la presencia del ejército de los de Siria; y en Jerusalén nos quedamos.
12Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 13Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los varones de Judá, y a los moradores de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? dice Jehová. 14Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído. 15Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis. 16Ciertamente los hijos de Jonadab hijo de Recab tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre; pero este pueblo no me ha obedecido. 17Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalén todo el mal que contra ellos he hablado; porque les hablé, y no oyeron; los llamé, y no han respondido.
18Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; 19por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab un varón que esté en mi presencia todos los días.
LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Tito 3
Justificados por gracia
3
1Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. 2Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. 3Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. 4Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.
8Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. 9Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. 10Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, 11sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.
Instrucciones personales
12Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno. 13A Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con solicitud, de modo que nada les falte. 14Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto.
Salutaciones y bendición final
15Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe.La gracia sea con todos vosotros. Amén. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Jeremías 33,34,35,
Capítulo 33
33.1ss Dios restauraría Jerusalén, no porque el pueblo clamara, sino porque era parte de su plan final. El desastre de Babilonia no cambió los propósitos que Dios tenía para su pueblo. Si bien destruirían a Jerusalén, sería restaurada (después de los setenta años de cautiverio y al final de los tiempos cuando el Mesías venga a gobernar). A la justicia de Dios siempre la acompaña su misericordia.
33.15,16 Estos versículos se refieren tanto a la primera venida como a la segunda venida de Cristo. En su primera venida establecería su Reino en los corazones de los creyentes. En la segunda ejecutará justicia y rectitud en toda la tierra. Cristo es «el Renuevo de justicia» que brotará de David, el hombre conforme al corazón de Dios.
33.18 Cuando Cristo cumpla con el rol de Rey, también cumplirá con el rol de Sacerdote, manteniendo una relación constante con Dios e intercediendo por su pueblo. Este versículo no quiere decir que los sacerdotes actuales vayan a realizar sacrificios, debido a que ya no serán necesarios (Hebreos 7.24, 25). Ahora que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, todos los creyentes somos sacerdotes de Dios y podemos ir a Él en forma personal.
Capítulo 34
34.1ss Este capítulo describe el cumplimiento de muchas de las predicciones de Jeremías. En el libro de Jeremías, muchas profecías se dieron y cumplieron rápidamente.
34.8, 9 Babilonia sitió a Jerusalén y la ciudad estaba a punto de caer. Sedequías decidió finalmente escuchar a Jeremías y trató de apaciguar a Dios, por lo tanto, liberó a los esclavos. Pensó que podía ganarse el favor de Dios con un acto bondadoso, pero lo que necesitaba era un cambio de corazón. El pueblo desobedeció las leyes de Dios desde el principio (Éxodo 21.2–11; Levítico 25.39–55; Deuteronomio 15.12–18). Cuando se levantó temporalmente el sitio, el pueblo se volvió descarado y siguió pecando (34.11–17; 37.5, 11).
34.15,16 A Israel le fue difícil mantener sus promesas a Dios. En el templo, le hacían promesas solemnemente, pero al regresar a sus casas y trabajos, no las cumplían. Dios expresó su gran desagrado. Si usted quiere agradarlo, asegúrese de cumplir sus promesas. Dios quiere promesas cumplidas no solo hechas de manera piadosa.
34.18–20 Partir un becerro en dos y caminar entre las dos mitades era una costumbre para ratificar un pacto (Génesis 15.9, 10). Esta acción simbolizaba el juicio sobre cualquiera que quebrantara el pacto. Dios decía: «Han roto el pacto que han hecho conmigo, ¡así que ya saben el juicio que les espera!»
Capítulo 35
35.1ss El código de conducta de los recabitas se parecía al de los nazareos, quienes hacían votos especiales de dedicación a Dios (Números 6). Durante doscientos años, obedecieron el voto de sus antepasados de abstenerse del vino. Mientras que el resto de la nación quebrantaba su pacto con Dios, esta gente permanecía leal a su compromiso. Dios quería que los demás se mantuvieran firmes en el compromiso que hicieron con Él, así como los recabitas se mantuvieron firmes con su voto. Dios le dijo a Jeremías que tentara a los recabitas con vino para mostrar su entrega y consagración. Dios sabía que no romperían su voto.
35.6 Jonadab, hijo de Recab, se unió a Jehú en la erradicación de la adoración de Baal en el reino del norte (2 Reyes 10.15–28).
35.13–17 Existe un contraste vívido entre los recabitas y los demás israelitas: (1) Los recabitas mantuvieron los votos hechos a un líder humano falible. Israel quebrantó su pacto con el Líder divino infalible. (2) Jonadab dijo a su familia en una ocasión que no bebieran y ellos obedecieron. Dios ordenó constantemente a Israel que se volviera de su pecado y ellos se negaron a hacerlo. (3) Los recabitas obedecieron leyes relacionadas con asuntos temporales. Israel se negó a obedecer las leyes de Dios relacionadas con asuntos eternos. (4) Los recabitas obedecieron durante cientos de años. Israel desobedeció durante cientos de años. (5) Los recabitas serían recompensados. Israel sería castigado. A menudo estamos dispuestos a observar costumbres solo en nombre de la tradición, cuánto más debemos obedecer a la Palabra de Dios ya que es eterna.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 2 DE NOVIEMBRE. Tito 3
Capítulo 3
3.1, 2 Como cristianos, nuestra primera fidelidad es a Jesús como Señor, pero también debemos obedecer a nuestros gobernantes y líderes. Los cristianos no están sobre la ley, obedecer la ley civil es sólo el comienzo de nuestra responsabilidad cristiana; debemos hacer lo que podamos para ser buenos ciudadanos. En una democracia esto significa participación y voluntad de servicio. (Véanse Hechos 5.29 y Romanos 13.1ss para más sobre la actitud cristiana hacia el gobierno.)
3.3 Seguir una vida de placer y ceder ante cada deseo sensual nos lleva a la esclavitud. Muchos piensan que la libertad consiste en hacer todo lo que deseen. Pero este camino lleva a la adicción servil de gratificación sensual. La persona deja de ser libre si se deja dominar de lo que su cuerpo le pide (2 Pedro 2.19). Cristo nos libera de los deseos y del control del pecado. ¿Ha sido usted liberado?
3.3–8 Pablo resume lo que Cristo hace cuando nos salva. Nos trasladamos de una vida llena de pecado a una que es guiada por el Espíritu Santo. Fuimos lavados de todos nuestros pecados, no sólo de algunos. Lavamiento se refiere a las aguas del bautismo, lo cual es señal de salvación. Al hacerse cristiano, el creyente reconoce a Cristo como el Señor y su obra de salvación. Ganamos la vida eterna con todos sus tesoros. Tenemos la renovación del Espíritu Santo y Él continuamente renueva nuestros corazones. Nada de esto tiene lugar por haberlo ganado o merecido, todo es un regalo de Dios.
3.4-6 Las tres personas de la Trinidad se mencionan en este versículo porque participan en la obra de salvación. Basándose en la obra de redención de su Hijo, el Padre perdona y envía al Espíritu Santo para limpiar y renovarnos continuamente.
3.9 Pablo advierte a Tito, tal como lo hizo con Timoteo, que no se involucre en argumentos necios y sin provecho con preguntas (2 Timoteo 2.14). Esto no significa que debamos rehusar estudiar, discutir y examinar diferentes interpretaciones de pasajes bíblicos que tienen cierta dificultad. Pablo advierte en contra de cuestionamientos sin importancia y no en contra de discusiones honestas que no conducen a la sabiduría. Cuando se desarrollan argumentos necios, lo mejor es reencaminar la discusión en una dirección provechosa o amablemente excusarse para no participar en la polémica.
3.9 Los falsos maestros basaban sus herejías en genealogías y especulaciones acerca de la ley (véase 1 Timoteo 1.3, 4). Similar a los métodos usados por los falsos maestros en Éfeso y Colosas, ellos construían su caso en genealogías de ángeles. Debemos evitar a los falsos maestros, ni siquiera molestarnos a responder a sus posiciones pretenciosas. Reaccionar en exceso puede algunas veces darle más atención a sus puntos de vista.
3.9–11 Una persona debe ser amonestada cuando está causando división que amenaza la unidad de la iglesia. Esta amonestación no debiera ser una acción dura sino que debe tender a corregir la naturaleza divisiva del individuo y buscar su restauración a la comunión. Una persona que rechaza la corrección debería ser apartada de la comunión. Como dice Pablo: ese hombre es «condenado por su propio juicio», está pecando y lo sabe. (Véanse también Mateo 18.15–18 y 2 Tesalonicenses 3.14, 15 para tener una ayuda al enfrentar este tipo de problemas en la iglesia).
3.12 Nicópolis se hallaba en la costa oeste de Grecia. Artemas o Tíquico reemplazarían a Tito en su trabajo en la isla de Creta, para que él pudiera encontrarse con Pablo en Nicópolis. Tíquico era uno de los compañeros de confianza de Pablo (Hechos 20.4; Efesios 6.21; Colosenses 4.7). Tito tendría que salir lo antes posible porque el viaje por mar era peligroso en los meses de invierno.
3.13 Apolos era un predicador cristiano famoso. Un nativo de Alejandría en el Norte de África, llegó a ser cristiano en Éfeso y fue entrenado por Aquila y Priscila (Hechos 18.24–28; 1 Corintios 1.12).
3.15 Las cartas de Pablo a Tito y a Timoteo marcan el final de los escritos de Pablo y el final de su vida y ministerio. Estas cartas son verdaderos tesoros para nosotros hoy porque nos dan información vital para el liderazgo en la iglesia. Proveen un modelo sólido para los ancianos, pastores y para otros líderes cristianos a medida que ellos preparan líderes jóvenes para continuar su labor, siguiendo el ejemplo que Pablo dejó al preparar a Timoteo y Tito para que cumplan su ministerio. Estudie cuidadosamente los principios encontrados en estas cartas para tener una guía práctica del liderazgo de la iglesia y de cómo solucionar problemas. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960
