Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 16 DE Mayo 2 Reyes 15, 16, 17 

Reinado de Azarías

(2 Cr. 26.3–5, 16–23)

15

1En el año veintisiete de Jeroboam rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías, rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de dieciséis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue Jecolías, de Jerusalén. 3E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho. 4Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo sacrificaba aún y quemaba incienso en los lugares altos. 5Mas Jehová hirió al rey con lepra, y estuvo leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotam hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo. 6Los demás hechos de Azarías, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 7Y durmió Azarías con sus padres, y lo sepultaron con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar Jotam su hijo.

 Reinado de Zacarías

8En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zacarías hijo de Jeroboam sobre Israel seis meses. 9E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como habían hecho sus padres; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 10Contra él conspiró Salum hijo de Jabes, y lo hirió en presencia de su pueblo, y lo mató, y reinó en su lugar. 11Los demás hechos de Zacarías, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 12Y esta fue la palabra de Jehová que había hablado a Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán en el trono de Israel. Y fue así.

 Reinado de Salum

13Salum hijo de Jabes comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías rey de Judá, y reinó un mes en Samaria; 14porque Manahem hijo de Gadi subió de Tirsa y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en Samaria y lo mató, y reinó en su lugar. 15Los demás hechos de Salum, y la conspiración que tramó, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 16Entonces Manahem saqueó a Tifsa, y a todos los que estaban en ella, y también sus alrededores desde Tirsa; la saqueó porque no le habían abierto las puertas, y abrió el vientre a todas sus mujeres que estaban encintas.

 Reinado de Manahem

17En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manahem hijo de Gadi sobre Israel diez años, en Samaria. 18E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; en todo su tiempo no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 19Y vino Pul rey de Asiria a atacar la tierra; y Manahem dio a Pul mil talentos de plata para que le ayudara a confirmarse en el reino. 20E impuso Manahem este dinero sobre Israel, sobre todos los poderosos y opulentos; de cada uno cincuenta siclos de plata, para dar al rey de Asiria; y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en el país. 21Los demás hechos de Manahem, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 22Y durmió Manahem con sus padres, y reinó en su lugar Pekaía su hijo.

 Reinado de Pekaía

23En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó Pekaía hijo de Manahem sobre Israel en Samaria, dos años. 24E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 25Y conspiró contra él Peka hijo de Remalías, capitán suyo, y lo hirió en Samaria, en el palacio de la casa real, en compañía de Argob y de Arie, y de cincuenta hombres de los hijos de los galaaditas; y lo mató, y reinó en su lugar. 26Los demás hechos de Pekaía, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

 Reinado de Peka

27En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años. 28E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.

29En los días de Peka rey de Israel, vino Tiglat-pileser rey de los asirios, y tomó a Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de Neftalí; y los llevó cautivos a Asiria. 30Y Oseas hijo de Ela conspiró contra Peka hijo de Remalías, y lo hirió y lo mató, y reinó en su lugar, a los veinte años de Jotam hijo de Uzías. 31Los demás hechos de Peka, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

 Reinado de Jotam

(2 Cr. 27.1–9)

32En el segundo año de Peka hijo de Remalías rey de Israel, comenzó a reinar Jotam hijo de Uzías rey de Judá. 33Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó dieciséis años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jerusa hija de Sadoc. 34Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová; hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías. 35Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en los lugares altos. Edificó él la puerta más alta de la casa de Jehová. 36Los demás hechos de Jotam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 37En aquel tiempo comenzó Jehová a enviar contra Judá a Rezín rey de Siria, y a Peka hijo de Remalías. 38Y durmió Jotam con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre, y reinó en su lugar Acaz su hijo.

 Reinado de Acaz

(2 Cr. 28.1–27)

16

1En el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de Jotam rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar Acaz era de veinte años, y reinó en Jerusalén dieciséis años; y no hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre. 3Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel. 4Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso.

5Entonces Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para hacer guerra y sitiar a Acaz; mas no pudieron tomarla. 6En aquel tiempo el rey de Edom recobró Elat para Edom, y echó de Elat a los hombres de Judá; y los de Edom vinieron a Elat y habitaron allí hasta hoy. 7Entonces Acaz envió embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí. 8Y tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente. 9Y le atendió el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y la tomó, y llevó cautivos a los moradores a Kir, y mató a Rezín.

10Después fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser rey de Asiria en Damasco; y cuando vio el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. 11Y el sacerdote Urías edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco. 12Y luego que el rey vino de Damasco, y vio el altar, se acercó el rey a él, y ofreció sacrificios en él; 13y encendió su holocausto y su ofrenda, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus sacrificios de paz junto al altar. 14E hizo acercar el altar de bronce que estaba delante de Jehová, en la parte delantera de la casa, entre el altar y el templo de Jehová, y lo puso al lado del altar hacia el norte. 15Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar encenderás el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, y el holocausto del rey y su ofrenda, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su ofrenda y sus libaciones; y esparcirás sobre él toda la sangre del holocausto, y toda la sangre del sacrificio. El altar de bronce será mío para consultar en él. 16E hizo el sacerdote Urías conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mandó.

17Y cortó el rey Acaz los tableros de las basas, y les quitó las fuentes; y quitó también el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él, y lo puso sobre el suelo de piedra. 18Asimismo el pórtico para los días de reposo,* que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera, el del rey, los quitó del templo de Jehová, por causa del rey de Asiria. 19Los demás hechos que puso por obra Acaz, ¿no están todos escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Y durmió el rey Acaz con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar su hijo Ezequías.

 Caída de Samaria y cautiverio de Israel

17

1En el año duodécimo de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años. 2E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que habían sido antes de él. 3Contra éste subió Salmanasar rey de los asirios; y Oseas fue hecho su siervo, y le pagaba tributo. 4Mas el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba; porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como lo hacía cada año; por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel. 5Y el rey de Asiria invadió todo el país, y sitió a Samaria, y estuvo sobre ella tres años. 6En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos.

7Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos, 8y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los estatutos que hicieron los reyes de Israel. 9Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas, 10y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso, 11y quemaron allí incienso en todos los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. 12Y servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto. 13Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. 14Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. 15Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas. 16Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; 17e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira. 18Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá.

19Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios, sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho. 20Y desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, y los afligió, y los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.

21Porque separó a Israel de la casa de David, y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel de en pos de Jehová, y les hizo cometer gran pecado. 22Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos, 23hasta que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy.

 Asiria puebla de nuevo a Samaria

24Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. 25Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová contra ellos leones que los mataban. 26Dijeron, pues, al rey de Asiria: Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades de Samaria, no conocen la ley del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en medio de ellos, y he aquí que los leones los matan, porque no conocen la ley del Dios de la tierra. 27Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vaya y habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país. 28Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová.

29Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba. 30Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima. 31Los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim. 32Temían a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. 33Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.

34Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel; 35con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios. 36Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste haréis sacrificio. 37Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos. 38No olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a dioses ajenos; 39mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. 40Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua.

41Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 16 DE Mayo, Juan 6: 1 - 21.

Alimentación de los cinco mil

(Mt. 14.13–21; Mr. 6.30–44; Lc. 9.10–17)

6

1Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. 3Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? 10Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. 11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. 12Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. 13Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. 14Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

15Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

 Jesús anda sobre el mar

(Mt. 14.22–27; Mr. 6.45–52)

16Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 17y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. 19Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 21Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra a donde iban. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 16 DE Mayo 2 Reyes 15, 16, 17

Capítulo 15

15.1 Azarías también era conocido como Uzías. Su historia se relata con todo detalle en 2 Crónicas 26. Además, también se le menciona en Isaías 1.1 y 6.1. Antes del comienzo del reinado de Azarías, Israel destruyó ciento ochenta metros del muro de Jerusalén después de derrotar a Judá y llevarse a su rey, Amasías (14.13; 2 Crónicas 25.23, 24). Pero durante el reinado de cincuenta y dos años de Azarías, Judá reconstruyó el muro, volvió a fortificar la ciudad con armas en contra del bloqueo, y obtuvo su independencia de Israel. La devoción a Dios de Azarías ayudó a Judá a disfrutar de paz y prosperidad como no las había experimentado desde los días de Salomón. Durante este tiempo, sin embargo, Israel decayó drásticamente. Muy pronto sería vencido.

15.4 A pesar de que Azarías tuvo muchos logros, no destruyó los lugares altos, donde se encontraban los santuarios de Judá, de la misma manera que tampoco lo hicieron su padre Amasías y su abuelo Joás. Azarías imitó a los reyes de los cuales había escuchado historias y que había observado mientras crecía. Aun cuando el padre y el abuelo de Azarías fueron básicamente reyes buenos, eran modelos deficientes en ciertas áreas importantes. Para levantarnos por encima de la influencia de modelos deficientes, debemos buscar modelos mejores. Cristo nos provee un modelo perfecto. Sin importar cómo fue criado, ni quién influyó en su vida, usted puede avanzar más allá de esas limitaciones al tomar como ejemplo a Cristo y al tratar conscientemente de vivir como Él lo hizo.

15.5 Durante diez años Jotam cogobernó con su padre, Azarías. Padre e hijo gobernaban juntos por cualquiera de la siguientes razones: (1) el padre era ya muy anciano y necesitaba ayuda; (2) el padre deseaba entrenar al hijo para dirigir la nación; (3) el padre estaba enfermo o en el exilio. Hubo muchos corregentes durante el período de los reyes: Asa/Josafat, Josafat/Joram, Azarías/Jotam, Joacaz/Jeroboam II, Ezequías/Manasés.

15.8 Zacarías fue un rey malvado debido a que alentó a Israel para que pecara al adorar ídolos. El pecado en nuestra vida es algo grave, pero más grave aun que pecar nosotros mismos es el alentar a otros a desobedecer a Dios. Somos responsables por la manera en la que influimos a otros. Tenga cuidado con los pecados dobles: los que no sólo nos hieren a nosotros, sino que también hieren a los demás al alentarlos a pecar.

15.10 Zacarías fue advertido por el profeta Amós de su muerte inminente y el fin subsecuente de la dinastía del rey Jeroboam (Amós 7.9).

15.14 Los documentos históricos antiguos dicen que Manahem fue el comandante en jefe del ejército de Jeroboam (véase 14.23–29 para información sobre el reinado de Jeroboam II). Después de que el hijo de Jeroboam fue asesinado (15.8–10), probablemente Manahem se vio a sí mismo y no a Salum, como el sucesor legítimo al trono de Israel.

15.18 Manahem, al igual que los reyes anteriores a él, guió a su pueblo al pecado: «E hizo lo malo ante los ojos de Jehová». ¡Qué horrible epitafio para un líder! Los líderes afectan profundamente a la gente a la que sirven. Pueden alentar o desalentar la devoción a Dios por medio de sus ejemplos y por las estructuras que dan a sus organizaciones. Los buenos líderes no ponen ningún obstáculo para la fe en Dios ni para una manera correcta de vivir.

15.19, 20 Cuando el rey Pul de Asiria (también llamado Tiglat-pileser en 15.29) tomó el trono, el Imperio Asirio se estaba convirtiendo en una potencia mundial, y las naciones de Siria, Israel y Judá estaban en decadencia. Esta es la primera mención de Asiria en 2 Reyes. La invasión del rey Pul ocurrió en 743 a.C. Asiria hizo vasallo a Israel y Manahem se vio forzado a pagar tributo a Asiria. Esta fue la primera de las tres invasiones de Asiria (15.29 y 17.6 hablan de las otras dos).

15.30 Oseas fue el último rey de Israel.

15.32 Un año después de que Peka se convirtió en rey, Uzías (también llamado Azarías) de Judá murió, e Isaías el profeta tuvo una visión de la santidad de Dios y la futura destrucción de Israel. Véase Isaías 6 para mayores detalles acerca de lo que contempló Isaías.

15.34, 35 Se pueden decir muchas cosas buenas acerca de Jotam y de su reinado como rey de Judá, pero falló en un área muy crítica: no destruyó los santuarios de los dioses falsos, aun cuando el dejarlos así era una violación al primer mandamiento (Éxodo 20.3). Al igual que Jotam, podemos vivir básicamente una buena vida y aun así fallar al no hacer lo que es más importante. Toda una vida de hacer el bien no es suficiente si cometemos el error crucial de no seguir a Dios con todo nuestro corazón. Un verdadero seguidor de Dios debe colocarlo a Él en primer lugar en todas las áreas de la vida.

Capítulo 16

16.5 Tanto Israel como Siria estaban bajo el control de Asiria. Unieron fuerzas contra Judá con la esperanza de forzar al reino del sur a unírseles en su revuelta contra Asiria, y fortalecer así su alianza occidental. Pero el plan se volvió en su contra cuando el rey Acaz de Judá inesperadamente le pidió a Asiria que viniera en su ayuda (16.8, 9).

16.10 Acaz fue a Damasco para expresar su gratitud y lealtad a Tiglat-pileser. Debido a que los asirios habían capturado a Damasco, la capital de Siria (732 a.C.), Acaz tenía miedo de una incursión por el sur. Pero estaba confiando más en el dinero que en Dios para mantener al poderoso rey alejado de su tierra, y su plan fracasó. A pesar de que Tiglat-pileser no conquistó Judá, les causó muchos problemas y Acaz se arrepintió de haberle pedido ayuda (2 Crónicas 28.20, 21).

16.10-16 El malvado rey Acaz copió las costumbres religiosas paganas, cambió los servicios del templo y utilizó el altar del mismo para su beneficio personal. Al hacerlo, demostró una clara falta de respeto por los mandatos de Dios. Condenamos a Acaz por sus acciones, pero nosotros hacemos lo mismo cuando tratamos de adaptar el mensaje de Dios para que encuadre dentro de nuestras preferencias personales. Debemos adorar a Dios por lo que Él es y no por lo que nosotros egoístamente quisiéramos que fuera.

16.14–18 Acaz sustituyó el altar de los holocaustos con una réplica del altar pagano que vio en Damasco. (El altar de bronce original no fue tirado fuera, sino conservado para usarlo en adivinación. Las fuentes eran el lugar donde se lavaban los sacrificios. El mar era un enorme depósito de agua para el uso del templo.) Esto fue sumamente grave ya que Dios había dado instrucciones específicas acerca de cómo debía verse el altar y cómo debía ser usado (Éxodo 27.1–8). El construir este nuevo altar era como instalar un ídolo. Pero debido a que Judá era vasallo de Asiria, Acaz estaba deseoso de complacer al rey asirio. Tristemente, Acaz permitió que el rey asirio reemplazara a Dios como líder de Judá. Nadie, sin importar cuán atractivo o poderoso sea, debe sustituir el liderazgo de Dios en nuestra vida.

16.18 Acaz se convirtió en un rey débil con un sumo sacerdote débil y transigente. El sistema religioso de Judá se hallaba en ruinas. Ahora estaba edificado sobre costumbres paganas y su meta principal era complacer a los que estaban en el poder. Si somos muy rápidos en copiar a otros a fin de poder complacerlos, nos arriesgamos a que se vuelvan más importantes que Dios en nuestra vida.

Capítulo 17

17.3 El rey Salmanasar era probablemente Salmanasar V, el que llegó a ser rey de Asiria después de Tiglat-pileser (727–722 a.C.). Continuó demandando grandes tributos de Israel. Oseas, el rey de Israel, decidió rebelarse en contra de Asiria y unir fuerzas con el rey So de Egipto (17.4). Esto no sólo fue una acción muy tonta, sino que además iba en contra de los mandatos de Dios. Para destruir esta conspiración, Salmanasar atacó y sitió a Samaria durante tres años. Pero antes de que Samaria cayera, Salmanasar murió. Su sucesor, Sargón II, se acreditó el triunfo por la captura de la ciudad, destruyendo la nación de Israel y llevando cautiva a su gente.

17.5, 6 Esta fue la tercera y última invasión de Asiria a Israel. (Las primeras dos invasiones están registradas en 15.19 y 15.29.) La primera oleada fue sólo una advertencia para Israel: para evitar ataques posteriores, paga y no te rebeles. El pueblo debió haber aprendido la lección y vuelto a Dios. Al no hacerlo, Dios permitió que Asiria los invadiera otra vez, esta vez llevándose algunos cautivos de la frontera norte. Pero el pueblo continuó sin tomar conciencia de que ellos habían causado sus propios problemas. Así, Asiria invadió por tercera y última vez, destruyendo a Israel completamente, llevándose a la mayor parte de su gente y repoblando la tierra con extranjeros.

Dios estaba cumpliendo lo que había prometido (Deuteronomio 28). Había advertido a Israel lo suficiente, ellos sabían lo que vendría, pero aun así ignoraron a Dios. Ahora Israel no era mejor que las naciones paganas que había destruido en los días de Josué. La nación se había vuelto amargada y rechazó su propósito original: honrar a Dios y ser una luz para el mundo.

17.7–17 Dios juzgó al pueblo de Israel porque imitó las costumbres malvadas de las naciones vecinas, adoró dioses falsos, adaptó costumbres paganas y siguió sus propios deseos. No es bueno imitar las costumbres del mundo porque la gente que no tiene a Dios tiende a vivir egoístamente. Vivir para uno mismo, como lo aprendió Israel, acarrea graves consecuencias de parte de Dios. En ocasiones es difícil y doloroso seguir a Dios, pero considere la opción. Usted puede vivir para Dios, o morir para usted. Tome la determinación de ser una persona de Dios y de hacer lo que Él dice sin pensar en el costo. Lo que Dios piensa de usted es infinitamente más importante que lo que piensan los de su alrededor. (Véanse Romanos 12.1, 2; 1 Juan 2.15–17.)

17.9 La ruina llegó a Israel tanto por los pecados públicos como por los pecados secretos. No sólo toleraron la maldad y la idolatría en público, sino que cometieron pecados aun peores en privado. Los pecados secretos son aquellos que no queremos que otros conozcan, porque son vergonzosos o incriminatorios. Los pecados que se cometen en privado no son secretos para Dios. Desafiar a Dios en secreto es tan dañino como la rebelión declarada.

17.13-15 El pueblo tomó las características de los ídolos e imitó a las naciones impías que lo rodeaban. Israel había olvidado la importancia de los beneficios de obedecer la Palabra de Dios. El rey y el pueblo estaban atascados en la maldad. Muchas veces, Dios había enviado profetas para advertirles lo lejos que estaban de Él y para llamarlos al arrepentimiento.

La paciencia y la misericordia de Dios están más allá de nuestra habilidad de comprensión. Nos buscará con afán hasta que le respondamos o, por decisión propia y dureza de corazón, nos hagamos inalcanzables. Entonces el juicio de Dios es rápido y firme. El único camino seguro es volvernos a Él antes que nuestra necedad nos ponga fuera de su alcance.

17.16 «Todo el ejército de los cielos» se refiere a la práctica cananea de adorar al sol, la luna y las constelaciones. Estos eran dioses asirios que estaban siendo añadidos a su religión. (Véanse también 21.1–6; 23.4, 5.)

17.17 Adivinación significa brujería y agüeros es consultar a espíritus malvados. Formas de brujería, adivinación del futuro y magia negra estaban prohibidas por Dios (Deuteronomio 18.9–14). Estaban mal porque buscaban poder y guía totalmente apartados de Dios, su ley y su Palabra. Isaías repitió esta ley y profetizó la destrucción completa que esta práctica oculta traería a aquellos que participaran en ellas (Isaías 8.19–22).

17.23 Israel fue llevado al exilio de la manera que los profetas de Dios lo habían advertido. Cualquier cosa que Dios prediga sucederá. Esto, por supuesto, son buenas nuevas para aquellos que confían en Él y lo obedecen ya que pueden estar confiados en sus promesas. Pero son malas noticias para aquellos que ignoran y desobedecen a Dios. Tanto las promesas como las advertencias que Dios nos ha dado en su Palabra con seguridad se harán realidad.

17.24 El sacar a los israelitas e introducir extranjeros era la política de restablecimiento de Asiria para prevenir revueltas. El esparcir a los cautivos a lo largo de Asiria evitaba que se unieran, y al repoblar Israel con cautivos extranjeros hacía difícil que los israelitas restantes se unieran también. A esta mezcla de gente establecida en Israel se la llamó «samaritanos». Fueron despreciados por los judíos, aún durante los días de Jesús (Juan 4.9).

17.27-29 Los nuevos pobladores de Israel adoraban a Dios sin dejar sus costumbres paganas. Adoraban a Dios para apaciguarlo en vez de hacerlo para agradarle, tratándolo como si fuera un amuleto de buena suerte o como otro ídolo para añadir a su colección. Una actitud similar es común en la actualidad. Mucha gente dice creer en Dios mientras que se niega a dejar las actitudes y acciones que Dios denuncia. Dios no puede ser sumado a los valores que ya tenemos. Él debe estar en primer lugar, y su Palabra debe moldear todas nuestras acciones y actitudes.

17.29-31 Israel fue conquistado debido a que perdió la visión del único Dios verdadero y del porqué era importante seguirlo. Cuando conquistaban una tierra, se les había dicho que destruyeran todas las influencias paganas que pudieran alejarlos de Dios. El no haber hecho eso trajo su ruina. Ahora enfrentaban una mayor afluencia de dioses de los muchos pueblos paganos que se habían mudado a la tierra.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 16 DE Mayo. Juan 6: 1 - 21.

Capítulo 6

6.5 De saber alguno dónde conseguir comida, ese hubiese sido Felipe, porque era de Betsaida, una aldea a unos catorce kilómetros y medio de distancia (1.44). Jesús probaba a Felipe a fin de fortalecer su fe. Al pedir una solución humana (sabiendo que no existía tal cosa), destacó el acto poderoso y milagroso que estaba a punto de realizar.

6.5-7 Cuando Jesús preguntó a Felipe dónde comprar una enorme cantidad de pan, este empezó a calcular el costo probable. Jesús quería enseñarle que los recursos financieros no son los más importantes. Es posible que limitemos la obra de Dios en nosotros por suponer de antemano lo que es posible y lo que no. ¿Existe alguna tarea imposible que cree que Dios desea que haga? No permita que su evaluación de lo irrealizable le impida aceptar la tarea. Dios puede hacer algo milagroso; confíe en Él en cuanto a la provisión de recursos.

6.8,9 Se hace un contraste entre los discípulos y el niño que brindó lo que tenía. Contaban con más medios que el niño, pero como sabían que lo que tenían no era suficiente, no dieron nada. El niño entregó lo poco que tenía y eso fue lo que lo cambió todo. Si no ofrecemos nada a Dios, Él no tendrá nada para usar. Pero puede tomar lo poco que tenemos y convertirlo en algo grande.

6.8,9 Al efectuar sus milagros, Jesús por lo general prefería obrar a través de la gente. Aquí tomó lo que le ofrecía un niño y lo usó para llevar a cabo uno de los milagros más espectaculares narrados en los Evangelios. La edad no representa una barrera para Cristo. Nunca piense que es demasiado joven ni demasiado viejo para serle útil.

6.13 Existe una lección en las sobras. Dios da en abundancia. Toma lo que podemos ofrecerle en cuanto a tiempo, habilidad o recursos y multiplica su eficacia más allá de nuestras expectativas más alocadas. Si da el primer paso poniéndose a la disposición de Dios, este le mostrará cuán grandemente puede utilizarlo para extender su reino.

6.14 «El profeta» es aquel que profetizó Moisés (Deuteronomio 18.15).

6.18 El mar de Galilea está 195 m por debajo del nivel del mar, tiene una profundidad de 45 m y está rodeado de colinas. Estas características físicas hacen que quede expuesto a tormentas repentinas con vientos que causan olas muy altas. Tales tormentas se esperaban en este lago, pero también eran atemorizantes. Cuando Jesús fue a sus discípulos durante una tormenta andando sobre el agua (a más de 5 km de la costa), les dijo que no temiesen. A menudo nos enfrentamos a tormentas espirituales y emocionales y nos sentimos sacudidos como un pequeño bote en un gran lago. A pesar de las circunstancias aterradoras, si confiamos nuestras vidas a Cristo para que las proteja, Él nos dará paz en cualquier tormenta.

6.18, 19 Los discípulos, atemorizados, quizás pensaron que veían un fantasma (Marcos 6.49). Pero si hubiesen recordado las cosas que habían visto hacer a Jesús, podrían haber aceptado este milagro. Tuvieron miedo. No esperaban que Jesús se apareciese y no estaban preparados para recibir su ayuda. La fe es una actitud mental que nos hace esperar que Dios actúe. Cuando actuamos de acuerdo con esta expectativa, podemos vencer los temores. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 15 DE Mayo 2 Reyes 12, 13, 14

Reinado de Joás de Judá

(2 Cr. 24.1–27)

12

1En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba. 2Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada. 3Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.

4Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de cada persona según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová, 5recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen grietas. 6Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del templo. 7Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo. 8Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de reparar las grietas del templo.

9Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa de Jehová. 10Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban. 11Y daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová, 12y a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las grietas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla. 13Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová; 14porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová. 15Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente. 16El dinero por el pecado, y el dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.

17Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén; 18por lo cual tomó Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.

19Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a Sila; 21pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.

 Reinado de Joacaz

13

1En el año veintitrés de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó diecisiete años. 2E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y siguió en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos. 3Y se encendió el furor de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo. 4Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía. 5(Y dio Jehová salvador a Israel, y salieron del poder de los sirios; y habitaron los hijos de Israel en sus tiendas, como antes. 6Con todo eso, no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y también la imagen de Asera permaneció en Samaria.) 7Porque no le había quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, diez carros, y diez mil hombres de a pie; pues el rey de Siria los había destruido, y los había puesto como el polvo para hollar. 8El resto de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 9Y durmió Joacaz con sus padres, y lo sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joás su hijos fue escrito. Reinado de Joás de Israel

10El año treinta y siete de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años. 11E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvo. 12Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el esfuerzo con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 13Y durmió Joás con sus padres, y se sentó Jeroboam sobre su trono; y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.

 Profecía final y muerte de Eliseo

14Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! 15Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas. 16Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, 17y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. 18Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. 19Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria.

20Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. 21Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies.

22Hazael, pues, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de Joacaz. 23Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y se compadeció de ellos y los miró, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de su presencia hasta hoy.

24Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo. 25Y volvió Joás hijo de Joacaz y tomó de mano de Ben-adad hijo de Hazael las ciudades que éste había tomado en guerra de mano de Joacaz su padre. Tres veces lo derrotó Joás, y restituyó las ciudades a Israel.

 Reinado de Amasías

(2 Cr. 25.1–28)

14

1En el año segundo de Joás hijo de Joacaz rey de Israel, comenzó a reinar Amasías hijo de Joás rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y veintinueve años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue Joadán, de Jerusalén. 3Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como David su padre; hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joás su padre. 4Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos. 5Y cuando hubo afirmado en sus manos el reino, mató a los siervos que habían dado muerte al rey su padre. 6Pero no mató a los hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado.

7Este mató asimismo a diez mil edomitas en el Valle de la Sal, y tomó a Sela en batalla, y la llamó Jocteel, hasta hoy.

8Entonces Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, para que nos veamos las caras. 9Y Joás rey de Israel envió a Amasías rey de Judá esta respuesta: El cardo que está en el Líbano envió a decir al cedro que está en el Líbano: Da tu hija por mujer a mi hijo. Y pasaron las fieras que están en el Líbano, y hollaron el cardo. 10Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?

11Pero Amasías no escuchó; por lo cual subió Joás rey de Israel, y se vieron las caras él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que es de Judá. 12Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron, cada uno a su tienda. 13Además Joás rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joás hijo de Ocozías, en Bet-semes; y vino a Jerusalén, y rompió el muro de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos. 14Y tomó todo el oro, y la plata, y todos los utensilios que fueron hallados en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y a los hijos tomó en rehenes, y volvió a Samaria.

15Los demás hechos que ejecutó Joás, y sus hazañas, y cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 16Y durmió Joás con sus padres, y fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su hijo.

17Y Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, quince años. 18Los demás hechos de Amasías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 19Conspiraron contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero le persiguieron hasta Laquis, y allá lo mataron. 20Lo trajeron luego sobre caballos, y lo sepultaron en Jerusalén con sus padres, en la ciudad de David. 21Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de dieciséis años, y lo hicieron rey en lugar de Amasías su padre. 22Reedificó él a Elat, y la restituyó a Judá, después que el rey durmió con sus padres.

 Reinado de Jeroboam II

23El año quince de Amasías hijo de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joás sobre Israel en Samaria; y reinó cuarenta y un años. 24E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 25El restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer. 26Porque Jehová miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diese ayuda a Israel; 27y Jehová no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joás.

28Los demás hechos de Jeroboam, y todo lo que hizo, y su valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restituyó al dominio de Israel a Damasco y Hamat, que habían pertenecido a Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 29Y durmió Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zacarías su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 15 DE Mayo, Juan 5: 30 - 47.

Testigos de Cristo

30No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. 31Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. 33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. 35El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. 36Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. 37También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, 38ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. 39Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40y no queréis venir a mí para que tengáis vida. 41Gloria de los hombres no recibo. 42Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. 43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis. 44¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? 45No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. 46Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras? Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 15 DE Mayo 2 Reyes 12, 13, 14

Capítulo 12

12.2ss Joás no hizo suficiente para quitar el pecado de la nación, pero realizó muchas cosas correctas y buenas. Cuando no estemos seguros de que hayamos hecho lo suficiente para corregir nuestras acciones, podemos preguntarnos: (1) ¿La Biblia prohíbe expresamente esta acción? (2) ¿Esta acción me aleja de amar, adorar o servir a Dios? (3) ¿Me convierte en su esclavo? (4) ¿Hace que salga de mí lo mejor, lógicamente con el propósito de Dios? (5) ¿Beneficia a otros creyentes?

12.3 Los israelitas sólo podían ofrecer sacrificios a Dios en áreas designadas bajo la supervisión de los sacerdotes y no en cualquier parte (Deuteronomio 12.13, 14). El ofrecer sacrificios en los lugares altos era copiar las costumbres paganas y alentar a que otras prácticas paganas entraran en su culto. Al combinar estas prácticas, el pueblo estaba diseñando su propia religión, y esto lo alejaría de Dios. (Para más información acerca de estos santuarios en los lugares altos, véase la nota a 1 Reyes 22.43.)

12.4, 5 El templo necesitaba reparación porque había sido dañado y olvidado por los malvados líderes anteriores, especialmente por la reina Atalía (2 Crónicas 24.7). El templo tenía que ser un lugar santo, apartado para la adoración a Dios. Gracias al programa de recaudación de fondos de Joás, el templo pudo ser restaurado. Se limpió el polvo y la mugre que se habían acumulado dentro del templo a través de los años, las juntas fueron reparadas usando mortero, se retiraron los ídolos paganos y otras huellas de idolatría, y se pulió el oro y el bronce. La condición de abandono en que se encontraba el templo revela cuán lejos se apartó el pueblo de Dios.

12.15 Qué contraste entre los trabajadores del edificio que no necesitaban que se les rindiera cuenta del dinero utilizado, y los sacerdotes a los que no se les podía confiar el dinero para manejar esos fondos lo suficientemente bien como para separar algo para el templo (12.8). Como hombres entrenados de Dios, los levitas debían ser responsables y atentos. Después de todo, el templo era su trabajo y responsabilidad. Aun cuando los sacerdotes no eran deshonestos, no tuvieron el compromiso ni la energía necesarios para terminar la obra. Algunas veces la gente secular devota lleva a cabo mejor la obra de Dios. No permita que su falta de entrenamiento o posición lo detengan para contribuir al Reino de Dios. Se requiere la energía de todos para llevar a cabo la obra de Dios.

12.16 Para leer más acerca de la culpabilidad y de las ofrendas por el pecado, 

12.20 Las razones del complot de los oficiales en contra de Joás se enumeran en 2 Crónicas 24.17–26. Joás había comenzado a adorar ídolos, había matado al profeta Zacarías, y había sido conquistado por los sirios. Cuando Joás se alejó de Dios, su vida comenzó a desmoronarse. Los oficiales de Joás no lo mataron porque se habría alejado de Dios, lo mataron porque su reino ahora estaba fuera de control. Al final se convirtió en un hombre malvado y los malvados lo mataron.

Capítulo 13

13.4-6 Dios escuchó la oración de Joacaz en la que le pedía ayuda. Dios pospuso su juicio sobre Israel cuando se volvió a Él para pedirle ayuda, pero no mantuvieron su dependencia en Dios por mucho tiempo. Aun cuando hubo interrupciones periódicas en su idolatría, hubo muy poca evidencia de fe genuina. No basta con decir «no» al pecado, además debemos decir «sí» a una vida de compromiso con Dios. Un pedido ocasional de ayuda no sustituye una vida diaria de confianza en Dios.

13.5 Siria, que estaba ubicada al norte de Israel, siempre fue su enemiga. Esto era en parte causado por el bloqueo de Israel a la mayor parte del comercio de Siria con el sur, y Siria cortó la mayor parte del comercio de Israel con el norte. Si una nación podía conquistar a la otra, todas sus rutas de comercio serían abiertas y florecería su economía. Israel y Siria estaban tan ocupadas peleando entre sí que no notaron el rápido fortalecimiento creciente de los asirios en el lejano norte. Muy pronto ambas naciones serían sorprendidas (16.9; 17.6).

13.9, 10 Joás asumió el trono de Israel en 798 a.C. En aquel tiempo el rey de Judá, Joás, estaba cerca del fin de su reinado. Dos reyes, ambos llamados Joás, uno en el sur y otro en el norte, reinaron casi el mismo tiempo. Si bien Joás de Judá comenzó como un rey bueno, Joás de Israel fue un rey malvado.

13.14 Eliseo era muy respetado por su poder profético y sus milagros en favor de Israel. Joás lo llamaba, «Carro de Israel y su gente de a caballo». Esto recuerda el título que Eliseo le dio a Elías en 2.12. Joás temía la muerte de Eliseo porque le atribuía a él el bienestar de la nación, y no a Dios. El temor de Joás revela su falta de conocimiento espiritual. Al menos habían pasado cuarenta y tres años desde que Eliseo se mencionó por última vez en las Escrituras (9.1), donde ungió a Jehú como rey (841 a.C.). El reinado de Joás comenzó en 798 a.C.

13.15-19 Cuando se le dijo a Eliseo que golpeara el suelo con las flechas, lo hizo a la ligera. Como consecuencia, Eliseo dijo al rey que su victoria sobre Siria no sería completa. Para recibir los plenos beneficios del plan de Dios para nuestras vidas se requiere la plena receptividad y obediencia a los mandatos de Dios. Si no seguimos por completo las instrucciones de Dios, no debemos sorprendernos si no se presentan sus plenos beneficios y bendiciones.

13.20,21 Eliseo estaba muerto, pero permaneció su buena influencia, incluso haciendo milagros. Esto demostró que realmente Eliseo era un profeta de Dios. Además era un testimonio del poder de Dios, ningún ídolo pagano resucitó a nadie de la muerte. Este milagro sirvió como un recordatorio más para Israel de que había rechazado la Palabra de Dios dada a través de Eliseo.

Capítulo 14

14.7 Sela era la antigua fortaleza de Petra, una ciudad edificada en un acantilado. No sólo era una fortaleza para Edom, sino un rico puesto fronterizo para el comercio con India.

14.9,10 En esta parábola, se compara a Judá con un pequeño cardo. El rey Ocozías de Judá llegó a sentirse orgulloso después de derrotar a los edomitas. Pero trataba de ir a la guerra con Israel porque estaba seguro de que su ejército era más fuerte. Joás trató de advertir a Ocozías para que no atacara a Israel. (Ocozías comparaba a su ejército con un cardo y al ejército de Israel con un cedro.) Ocozías sobreestimó su fuerza; su ambición fue mayor que su habilidad. No escuchó a Joás y fue derrotado estrepitosamente.

14.13 La destrucción del muro de una ciudad implicaba una deshonra para sus habitantes y los dejaba indefensos y a merced de futuras invasiones.

14.25 Durante este período de la historia, muchos profetas -tales como Oseas, Amós, Jonás, Miqueas e Isaías—comenzaron a recopilar sus profecías y escribirlas bajo la dirección de Dios. Ellos continuaron predicando acerca de la importancia mundial de la obra de Dios mientras esperaban ansiosos el futuro reino espiritual. Dios utilizaría la decadencia moral y espiritual de Israel para preparar la llegada del Mesías. Ya que el poder militar del reino de Israel estaba desecho, mucha gente estaría lista para volverse a las buenas nuevas que Jesús traería.

14.25 Para una mayor información acerca del profeta Jonás, véase el libro de Jonás

14.28 Jeroboam no tenía ninguna devoción por Dios, aun así, bajo sus políticas guerreras y su hábil administración Israel disfrutó del más grande poder nacional y de una prosperidad material que no se había tenido desde los días de Salomón. Los profetas Amós y Oseas, sin embargo, nos dicen lo que en realidad estaba sucediendo en el reino (Oseas 13.4–8; Amós 6.11–14). La administración de Jeroboam ignoró las políticas de justicia y equidad. Como resultado, el rico se volvió aun más rico y el pobre más pobre. El pueblo se volvió egocéntrico, confiaba más en su poder, seguridad y posesiones que en Dios. Los pobres estaban tan oprimidos que era difícil para ellos poder creer que Dios se daba cuenta de su condición. La prosperidad material no siempre es indicio de la bendición de Dios. También puede ser el resultado del egocentrismo. Si usted está experimentando prosperidad, recuerde que Dios nos hace responsables de la manera en la que obtenemos el éxito y cómo usamos nuestra riqueza. En realidad, todo lo que tenemos le pertenece a Él. Debemos usar los dones de Dios teniendo en mente sus intereses.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 15 DE Mayo. Juan 5: 30 - 47.

5.31ss Jesús declaraba que era igual a Dios (5.18), daba vida eterna (5.24), era la fuente de la vida (5.26) y juzgaba al pecado (5.27). Estas declaraciones demuestran que Jesús decía ser divino; era una afirmación casi increíble, pero la apoyaba el testimonio de otro: Juan el Bautista.

5.39,40 Los líderes religiosos sabían lo que decía la Biblia, pero no aplicaban sus palabras a la vida. Conocían las enseñanzas de las Escrituras, pero no reconocieron al Mesías que las Escrituras señalaban. Conocían las leyes, pero no vieron al Salvador. Atrincherados en su sistema religioso, se negaron a permitir que el Hijo de Dios cambiase sus vidas. No se enrede tanto en la «religión» que se pierda a Cristo.

5.41 ¿De quién busca la alabanza? Los líderes religiosos gozaban de prestigio en Israel, pero su sello de aprobación no tenía significado alguno para Jesús. A Él le interesaba la aprobación de Dios. Este es un buen principio para nosotros. Aun cuando nuestras acciones reciban la aprobación de los más altos dignatarios del mundo, si Dios no las aprueba, debiéramos preocuparnos. Pero si las aprueba, aun cuando otros no lo hagan, debiéramos estar conformes.
5.45 Los fariseos se jactaban de ser los verdaderos seguidores de su antepasado Moisés. Intentaban guardar cada una de sus leyes al pie de la letra, incluso agregaron algunas propias. La advertencia de Jesús de que Moisés los acusaría los enfureció. Moisés escribió acerca de Jesús (Génesis 3.15; Números 21.9; 24.17; Deuteronomio 18.15) y aun así los líderes religiosos no quisieron creer en Jesús cuando vino. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.