Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 10 DE Abril. 1 Samuel 4,5,6,

Los filisteos capturan el arca

4

1Y Samuel habló a todo Israel.

Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben-ezer, y los filisteos acamparon en Afec. 2Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres. 3Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos. 4Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.

5Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló. 6Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento. 7Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así. 8¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto. 9Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.

10Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie. 11Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.

12Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza; 13y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó. 14Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino aprisa y dio las nuevas a Elí. 15Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían oscurecido, de modo que no podía ver. 16Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? 17Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. 18Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.

19Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. 20Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. 21Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. 22Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.

 El arca en tierra de los filisteos

5

1Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. 2Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. 3Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar. 4Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente. 5Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.

6Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio. 7Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón. 8Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel. 9Y aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron de tumores. 10Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo. 11Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí. 12Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la ciudad subía al cielo.

Los filisteos devuelven el arca

6

1Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete meses. 2Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos saber de qué manera la hemos de volver a enviar a su lugar. 3Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano. 4Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Ellos respondieron: Conforme al número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros príncipes. 5Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra. 6¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron? 7Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa. 8Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis que se vaya. 9Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.

10Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus becerros. 11Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los ratones de oro y las figuras de sus tumores. 12Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet-semes. 13Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron. 14Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová. 15Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día. 16Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día.

17Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en expiación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón uno. 18Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes, así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en el campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.

19Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad. 20Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros? 21Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 10 DE Abril. Lucas 12: 35 – 59.

El siervo vigilante

35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; 36y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 39Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.

 El siervo infiel

(Mt. 24.45–51)

41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? 42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? 43Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 44En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. 45Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, 46vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. 47Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. 48Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

 Jesús, causa de división

(Mt. 10.34–36)

49Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? 50De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! 51¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. 52Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

 ¿Cómo no reconocéis este tiempo?

(Mt. 16.1–4; Mr. 8.11–13)

54Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede. 55Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace. 56¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?

 Arréglate con tu adversario

(Mt. 5.25–26)

57¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? 58Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 10 DE Abril. 1 Samuel 4,5,6,

Capítulo 4

4.1 Los filisteos, descendientes de Cam, hijo de Noé, se establecieron a lo largo del sureste de la costa del Mediterráneo entre Egipto y Gaza. Ellos eran originalmente, uno de los «pueblos del mar», que habían emigrado al Oriente Medio en barcos desde Grecia y Creta. En la época de Samuel, este pueblo belicoso estaba muy bien establecido en cinco de las ciudades de Gaza en la parte sudoeste de Canaán y constantemente presionaban tierra adentro en contra de los israelitas. En todo este tiempo, los filisteos fueron los mayores enemigos de Israel.

4.3 El arca del pacto contenía los Diez Mandamientos dados por Dios a Moisés. Se suponía que el arca debía ser guardada en el Lugar Santísimo, un lugar sagrado del tabernáculo donde exclusivamente el sumo sacerdote podía entrar una vez al año. Ofni y Finees profanaron el lugar al entrar ilegalmente y sacar el arca.

Los israelitas reconocieron debidamente la gran santidad del arca, pero pensaron que el arca por sí misma, la caja de madera y metal, era su fuente de poder. Comenzaron a usarla como un amuleto de buena suerte, con la esperanza de que los protegiera de sus enemigos. Un símbolo de Dios no garantiza su presencia y poder. Su actitud hacia el arca llegó a asemejarse peligrosamente a la idolatría. Cuando el arca fue capturada por sus enemigos, pensaron que la gloria de Israel estaba perdida (4.19–22) y que Dios los había abandonado (7.1, 2). Dios usa su poder de acuerdo con su propia sabiduría y voluntad. Él responde a la fe de aquellos que lo buscan.

4.4 «Jehová de los ejércitos, quien moraba entre los querubines» sugiere que la presencia de Dios descansaba en el arca del pacto entre los dos querubines de oro (o ángeles) adheridos a su tapa. El pueblo creía que el arca les daría la victoria cuando Ofni y Finees la llevaron a la batalla.

4.5-8 Los filisteos tenían miedo debido a la colección de historias del pasado acerca de la manera en la que Dios intervino por Israel cuando salieron de Egipto. Pero Israel se había apartado de Dios y ahora sólo se mantenían fieles a una forma de devoción, un símbolo de victorias anteriores.

A menudo, la gente (e iglesias) trata de vivir de los recuerdos de las bendiciones de Dios. Israel pensó equivocadamente, que si Dios les había dado la victoria en el pasado, lo haría otra vez, aun cuando se hubiera desviado lejos de Él. Hoy en día, como en épocas bíblicas, las victorias espirituales llegan a través de una renovación continua de nuestra relación con Dios. No viva en el pasado. Mantenga su relación con Dios nueva y fresca.

4.11 Este suceso es un cumplimiento de la profecía en 2.34 que establecía que los hijos de Elí, Ofni y Finees, morirían el mismo día.

4.12 En este tiempo, la ciudad de Silo era el centro religioso de Israel (Josué 18.1; 1 Samuel 4.3). El tabernáculo estaba establecido permanentemente allí. Ya que Israel no tenía una capital civil, un centro para el gobierno nacional, Silo era el lugar natural para que un mensajero fuera a entregar las noticias tristes de la batalla. Muchos eruditos creen que fue durante esta batalla que Silo fue destruida (Jeremías 7.12; 26.2–6).

4.18 Elí era el juez y el sumo sacerdote de Israel. Su muerte marca el fin del período oscuro de los jueces cuando la mayoría de la nación ignoró a Dios. Aunque Samuel fue también un juez, su carrera vio la transición de la nación de Israel gobernada por jueces hacia la monarquía. Él comenzó el gran avivamiento que Israel experimentaría en el siguiente siglo. La Biblia no dice quién fue el siguiente sumo sacerdote (no podía ser Samuel porque no era un descendiente directo de Aarón), pero Samuel actuó como sumo sacerdote en esa época al ofrecer los importantes sacrificios por todo Israel.

4.19-22 Este incidente ilustra la oscuridad y decadencia espiritual de Israel. Se suponía que este joven Icabod sucedería a su padre Finees en el sacerdocio, pero su padre había muerto por ser un hombre malo que había profanado el tabernáculo. El terror de que Dios abandonara a su pueblo ensombreció el gozo del nacimiento. Cuando el pecado domina nuestra vida, aun las alegrías y placeres dados por Dios parecen vacíos.

Capítulo 5

5.1ss Dagón era el dios más importante de los filisteos. Ellos creían que este dios enviaba la lluvia y aseguraba una cosecha abundante. Pero los filisteos, como la mayoría de sus vecinos paganos, adoraban muchos dioses. Mientras más dioses pudieran tener de su lado, más seguros se sentían. Esta era la razón por la cual deseaban el arca. Pensaban que si había ayudado a los israelitas, también los podría ayudar a ellos. Sin embargo, cuando la gente que vivía cerca comenzó a enfermar y a morir, los filisteos se dieron cuenta de que para ellos el arca no era un buen augurio. Era una fuente de poder mayor de lo que ellos jamás habían visto, poder que no podían controlar.

5.6,7 A pesar de que los filisteos acababan de presenciar una gran victoria del Dios de Israel sobre su dios Dagón, no actuaron a raíz de ese indicio hasta que fueron personalmente afligidos con tumores (posible plaga bubónica). De manera similar, mucha gente no responde a la verdad bíblica hasta que no experimenta el dolor personal. ¿Está dispuesto a escuchar a Dios en bien de la verdad, o sólo se vuelve a Él cuando se encuentra afligido en forma personal?

5.8 Los filisteos eran gobernados por cinco dirigentes o señores. Cada uno de ellos vivía en una ciudad diferente: Gat, Ecrón, Asdod, Ascalón y Gaza. El arca fue llevada a tres de estas ciudades capitales, y en cada caso trajo grandes problemas y caos a los ciudadanos.

Capítulo 6

6.3 ¿Qué se pretendía lograr con esta ofrenda de culpa? Esta era una reacción normal a los problemas en la religión cananea. Los filisteos pensaban que los problemas se debían a que sus dioses estaban enojados. Reconocieron su culpa al tomar el arca y ahora estaban intentando cualquier cosa para aplacar al Dios de Israel. Los adivinos (6.2) probablemente ayudaron a elegir el presente que creían que aplacaría a Jehová. Pero la ofrenda constaba de imágenes de tumores y de ratas, no la clase de ofrendas prescritas por las leyes de Dios (Levítico 5.14–6.7; 7.1–10). Cuán fácil es diseñar nuestros propios métodos para hacer un reconocimiento a Dios en lugar de comprometernos a servirle en la forma que Él nos pide.

6.7-12 Los sacerdotes filisteos y los adivinos idearon una prueba para comprobar si Dios era el que había causado todos sus problemas recientes. Dos vacas que acababan de parir fueron atadas a un carro y enviadas hacia la frontera de Israel llevando el arca del pacto. Para que una vaca dejara a su becerro, debía ir en contra de todos sus instintos maternos. Sólo Dios, que tiene poder sobre todo el orden natural, pudo hacer que esto sucediera. Dios envió las vacas a Israel, no para pasar la prueba de los filisteos, sino para demostrarles su grandioso poder.

6.9 Los filisteos reconocieron la existencia del Dios hebreo, pero tan sólo como una de las muchas deidades de las cuales buscaban su favor. El pensar en Dios de esta manera les facilitó ignorar su mandamiento de que debían adorarlo solamente a Él. Mucha gente «adora» a Dios de esta manera. Lo ven sólo como un ingrediente de una vida exitosa. Pero Dios es mucho más que un ingrediente, Él es la fuente de la vida misma. ¿Es usted un «filisteo» que ve el favor de Dios sólo como un ingrediente de una buena vida?

6.19 ¿Por qué murió la gente que miró dentro del arca? Los israelitas habían hecho del arca un ídolo. Habían tratado de aprovechar el poder de Dios, para usarlo para sus propios propósitos (victoria en la batalla). Pero el Señor del universo no puede ser controlado por los humanos. Para proteger a los israelitas de su poder, Él les había advertido que ni siquiera miraran los objetos sagrados del santuario que estaban en el Lugar Santísimo o morirían (Números 4.20). Debido a su desobediencia, Dios llevó a cabo su juicio prometido.

Dios no puede permitir que la gente piense que puede utilizar su poder para sus propios fines. No puede permitir que pasen por alto sus advertencias y vayan ante su presencia a la ligera. Él no quiere que el ciclo de desacato, desobediencia y derrota comience una vez más. Dios no mató a los hombres de Bet-semes sólo por ser cruel, los mató porque si pasaba por alto su pecado de presunción, estaría empujando a la nación entera de Israel a que pasara por alto a Dios.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 10 DE Abril. Lucas 12: 35 – 59.

12.35–40 Jesús decía a menudo que dejaría este mundo, pero que volvería (véanse Mateo 24, 25; Juan 14.1–3). También expresa que se prepara un reino para sus seguidores. Muchos griegos lo percibieron como un reino celestial, no corporal. Los judíos, como Isaías y Juan el escritor de Apocalipsis, vieron esto como un reino terrenal restaurado.

12.40 La venida de Cristo en un tiempo inesperado no es una trampa ni un truco mediante el que Dios espera sorprendernos. Es más, Dios retarda su venida de manera que tengamos una mejor oportunidad para seguirle (véase 2 Pedro 3.9). Durante este tiempo, antes de su regreso, tenemos la oportunidad de vivir mostrando nuestras creencias y reflejando el amor de Jesús a medida que nos relacionamos con otros.
Las personas preparadas para la venida de su Señor: (1) no son hipócritas, sino sinceras (12.1); (2) no son temerosas, sino dispuestas a testificar (12.4–9); (3) no viven ansiosas, sino confían (12.25, 26); (4) no son ambiciosas, sino generosas (12.34); (5) no son haraganas, sino diligentes (12.37). Haga que su vida se parezca más a la de Cristo, de manera que cuando Él venga esté preparado para recibirle con gozo.

12.42–44 Jesús promete recompensar a quienes son fieles al Maestro. Algunas veces experimentamos premios inmediatos y materiales por nuestra obediencia a Dios, pero esto no siempre es así. Si las recompensas materiales vinieran luego de cada obra fiel, estaríamos tentados a alardear de nuestros logros y hacer lo bueno solo por lo que ganaremos. Jesús dice que si buscamos recompensas ahora, las perderemos después (véase Marcos 8.36). Nuestro galardón celestial será causa de la más cuidadosa reflexión de lo que hayamos hecho en la tierra y será mucho más grande de lo que podríamos imaginar.

12.48 Jesús nos dijo cómo vivir hasta que Él venga. Debemos esperarlo y trabajar con diligencia, obedeciendo sus mandamientos. Estas actitudes son muy necesarias en los líderes alertas y fieles. Estos recibirán oportunidades y muchas responsabilidades que irán en aumento. A mayores recursos, talentos y conocimientos, mayor responsabilidad para usarlos con eficiencia. Dios no nos reponsabilizará por dones que no nos ha dado, pero todos tenemos suficientes dones y capacidades como para mantenernos ocupados hasta que Él vuelva.

12.50 El «bautismo» al que Jesús se refiere es su futura crucifixión. Hablaba del dolor físico y también del espiritual que implicaba una separación completa de Dios a fin de morir por los pecados del mundo.

12.51-53 En estas confusas y extrañas palabras, Jesús reveló que su venida muchas veces acarrea conflicto. Él demanda una respuesta, de modo que grupos íntimos quizás se separen cuando algunos decidan seguirle y otros se nieguen a hacerlo. Con Jesús no hay términos medios. La lealtad debe declararse y la entrega llevarse a cabo aunque algunas veces se afecten otras relaciones. ¿Ha arriesgado la aprobación de su familia a fin de ganar la vida eterna?

12.54-57 Según gran parte de la historia, aseguramos que la ocupación principal en aquel tiempo era la agricultura. Para su supervivencia, el agricultor dependía directamente del clima. Necesitaba la debida cantidad de sol y lluvia, ni mucha ni poca, para sobrevivir, y aprendió de forma especial la técnica de interpretar las señales de la naturaleza. Jesús predicaba acerca de un hecho que conmovería toda la tierra y que sería aún más importante que el año de cosecha, la venida del Reino de Dios. El Reino, como una tormenta o un día soleado, anunciaba su inminente aparición mediante señales. Pero los oyentes de Jesús pensaban que eran lo bastante capaces para interpretar el clima obviando con toda intención las señales de los tiempos. Sus valores estaban confundidos. Biblia del diario vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Abril. 1 Samuel 1, 2, 3

PRIMER LIBRO DE

SAMUEL

 Nacimiento de Samuel

1

1Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. 2Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. 3Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. 4Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. 5Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. 6Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. 7Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. 8Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

9Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

12Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. 15Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora. 17Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 18Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.

19Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella. 20Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

21Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. 22Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre. 23Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó. 24Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño. 25Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí. 26Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. 27Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová.

Y adoró allí a Jehová.

Cántico de Ana

2

1Y Ana oró y dijo:

Mi corazón se regocija en Jehová,

Mi poder se exalta en Jehová;

Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,

Por cuanto me alegré en tu salvación.

2 No hay santo como Jehová;

Porque no hay ninguno fuera de ti,

Y no hay refugio como el Dios nuestro.

3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;

Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;

Porque el Dios de todo saber es Jehová,

Y a él toca el pesar las acciones.

4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados,

Y los débiles se ciñeron de poder.

5 Los saciados se alquilaron por pan,

Y los hambrientos dejaron de tener hambre;

Hasta la estéril ha dado a luz siete,

Y la que tenía muchos hijos languidece.

6 Jehová mata, y él da vida;

El hace descender al Seol, y hace subir.

7 Jehová empobrece, y él enriquece;

Abate, y enaltece.

8 El levanta del polvo al pobre,

Y del muladar exalta al menesteroso,

Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.

Porque de Jehová son las columnas de la tierra,

Y él afirmó sobre ellas el mundo.

9 El guarda los pies de sus santos,

Mas los impíos perecen en tinieblas;

Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.

10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,

Y sobre ellos tronará desde los cielos;

Jehová juzgará los confines de la tierra,

Dará poder a su Rey,

Y exaltará el poderío de su Ungido.

11Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.

 El pecado de los hijos de Elí

12Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. 15Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. 17Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.

18Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. 19Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. 20Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.

21Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

22Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. 23Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 24No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. 25Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

26Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.

27Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? 28Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. 29¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? 30Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. 31He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. 32Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. 33El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. 34Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día. 35Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días. 36Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

 Jehová llama a Samuel

3

1El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

2Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, 3Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, 4Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. 5Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó. 6Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. 7Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. 8Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. 9Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

10Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 11Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. 12Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. 14Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.

15Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí. 16Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. 17Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. 18Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.

19Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová. Amen.

LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Abril. Lucas 12: 1 - 34

La levadura de los fariseos

12

1En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 2Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. 3Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.

 A quién se debe temer

(Mt. 10.26–31)

4Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. 5Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed. 6¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. 7Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

 El que me confesare delante de los hombres

8Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. 10A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. 11Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; 12porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

 El rico insensato

13Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. 14Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? 15Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

 El afán y la ansiedad

(Mt. 6.25–34)

22Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. 23La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? 25¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? 26Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? 27Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? 29Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. 30Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. 31Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

 Tesoro en el cielo

(Mt. 6.19–21)

32No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. 33Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Abril. 1 Samuel 1, 2, 3

1 samuel

Capítulo 1

1.1 El primer libro de Samuel comienza en los días cuando los jueces aún gobernaban a Israel, posiblemente durante los años finales de la vida de Sansón. Samuel fue el último juez de Israel, y el primer sacerdote y profeta que sirvió durante la época de un rey. Fue el mejor ejemplo de lo que debe ser un buen juez, al gobernar al pueblo por medio de la Palabra de Dios y no por sus propios impulsos. Samuel fue el hombre que ungió a Saúl como primer rey de Israel.

1.2 Aun cuando muchos grandes líderes del Antiguo Testamento tuvieron más de una esposa (como Abraham, Jacob, y David), esta no fue la intención original de Dios para el matrimonio. Génesis 2.24 establece que en el matrimonio, dos personas llegan a ser una sola carne. ¿Por qué, entonces existió la poligamia en el pueblo de Dios? Primero, fue para producir más prole para ayudar en el trabajo del hombre y para asegurar la continuidad de la línea familiar del hombre. Hijos numerosos era símbolo de posición social y de riqueza. Segundo, en sociedades donde muchos hombres jóvenes morían en batalla, la poligamia fue aceptada como una forma de sostener a las mujeres que de otra manera se hubieran quedado solteras y, muy probablemente, desamparadas. De todas maneras, la poligamia a menudo causaba serios problemas familiares, como lo vemos en esta historia de Ana y Penina.

1.3 El tabernáculo (tabernáculo de reunión) estaba ubicado en Silo, el centro religioso de la nación (véase Josué 18.1). Tres veces al año, todos los hombres israelitas debían asistir a una fiesta religiosa que se celebraba en el tabernáculo: la Pascua con la Fiesta de los panes sin levadura, la Fiesta de los tabernáculos y la Fiesta de las semanas (Deuteronomio 16.16). Elcana hacía este peregrinaje con regularidad para cumplir con los mandatos de Dios (para las regulaciones concernientes a la peregrinación, véase Éxodo 23.14–17 y para más acerca del tabernáculo, véase la nota a Éxodo 40.34).

1.6 Ana no había podido concebir hijos, y en los tiempos del Antiguo Testamento, una mujer estéril era considerada una fracasada. Su esterilidad era una vergüenza social para su esposo. Los hijos eran una parte muy importante de la estructura económica de la sociedad. Eran una fuente de trabajo para la familia y su deber era cuidar a sus padres en su vejez. Si una esposa no podía tener hijos a menudo era obligada, por las costumbres del antiguo Medio Oriente, a entregar a una de sus siervas a su esposo para tener hijos por ella. Aun cuando Elcana pudo haber dejado a Ana (un esposo podía divorciarse de una esposa estéril), permaneció dedicado a ella amorosamente a pesar de la crítica social y de sus derechos bajo la ley civil.

1.7 Parte de los planes de Dios para Ana era el retraso de sus años de fertilidad. Mientras que Penina y Elcana miraban las circunstancias externas de Ana, Dios seguía adelante con su plan. Piense en aquellos a su alrededor que están luchando con el tiempo que Dios toma en contestar sus oraciones y que necesitan su amor y ayuda. Al ayudar a aquellos que están luchando, usted puede estar contribuyendo a que permanezcan firmes en la fe y confiados en que Dios traerá satisfacción a sus vidas en su debido tiempo.

1.8 Ana sabía que su esposo la amaba, pero ni siquiera el ánimo que él trataba de darle la consolaba. No podía dejar de escuchar las burlas de Penina y permitía que sus palabras erosionaran su autoestima. Aunque no podemos evitar que otros nos critiquen injustamente, sí podemos decidir cómo reaccionaremos ante sus palabras hirientes. En vez de enfrascarnos dentro de nuestros problemas, podemos disfrutar de las relaciones afectuosas que Dios ha traído a nuestras vidas. Al hacerlo podremos cambiar la autocompasión por esperanza.

1.10 Ana tenía buenas razones para sentirse desalentada y amargada. No podía tener hijos; compartía su marido con una mujer que la ridiculizaba (1.7); su esposo amoroso no podía resolver su problema (1.8); e incluso el sumo sacerdote interpretó mal sus motivos (1.14). Pero en lugar de vengarse o de perder la esperanza, Ana oró. Llevó su problema a Dios con sinceridad.

Todos nosotros podemos enfrentar momentos de «esterilidad» en nuestra vida cuando nada «damos a luz» en nuestro trabajo, servicio o relaciones. Es difícil orar con fe cuando nos sentimos tan ineficaces. Pero, como descubrió Ana, la oración abre el camino para que Dios obre (1.19, 20).

1.11 Tenga cuidado de lo que promete en oración porque Dios aceptará su promesa. Ana deseaba un hijo tan desesperadamente que estuvo dispuesta a hacer un trato con Dios. Dios aceptó su promesa, y el hecho de que ella cumplió con su parte, a pesar de haber sido muy doloroso, dice mucho a su favor (1.27, 28).

Si bien no estamos en la posición de negociar con Dios, Él todavía puede decidir contestar la oración que lleve adjunta una promesa. Cuando usted ora, pregúntese: «¿Llevaré a cabo las promesas que hice a Dios si Él responde a mi petición?» Es deshonesto y peligroso ignorar una promesa, especialmente a Dios. Dios cumple sus promesas y espera que nosotros cumplamos las nuestras.

1.18 Anteriormente, Ana había estado tan desalentada que había enfermado físicamente y no podía comer. Ahora, regresa a casa sana y feliz. El cambio en su actitud puede ser atribuido a tres factores: (1) su oración sincera a Dios (1.11), (2) el aliento que recibió por parte de Elí, (3) su resolución a dejar su problema con Dios (1.18). Este es el antídoto para el desaliento: Dígale a Dios cómo se siente realmente y deje sus problemas con Él. Luego confíe en el apoyo de buenos amigos y consejeros.

1.26–28 Para cumplir su promesa (1.11), Ana renunció a lo que más quería —su hijo— y lo presentó a Elí para que sirviera en la casa de Dios. Al dedicar su único hijo a Dios, Ana estaba dedicando su vida entera y su futuro a Él. Ya que la vida de Samuel era de Dios, Ana realmente no estaba renunciando a él. Más bien, se lo estaba regresando a Dios, quien se lo había dado a ella en primer lugar. Estos versículos nos muestran la clase de ofrendas que deberíamos dar a Dios. ¿Son ofrendas que nos cuestan poco (las mañanas de los domingos, un diezmo cómodo), o son ofrendas de sacrificio? ¿Se presenta usted ante Dios de manera simbólica o se presenta ante Él con toda su vida?

1.28 Probablemente Samuel tenía tres años, la edad en la que se acostumbraba destetar a los niños, cuando su madre lo dejó en el tabernáculo. Al decir «lo dedico también a Jehová», Ana estaba declarando que entregaba a Samuel a Dios, para un servicio de por vida. Por supuesto que ella no se olvidó de su hijo tan querido. Lo visitaba con regularidad. Y cada año le llevaba una túnica igual a la de Elí (2.19). En los años posteriores, Samuel vivió en Ramá (7.17), el pueblo natal de sus padres (1.19, 20).

Capítulo 2

2.1–10 Ana alabó a Dios por la respuesta a su oración por un hijo. El tema de su oración poética fue su confianza en la soberanía de Dios y su agradecimiento por sus bendiciones. María, la madre de Jesús, utilizó la oración de Ana como modelo de su propia canción de alabanza llamada Magnificat (Lucas 1.46.55). Como Ana y María, debemos confiar en que Dios tiene el control último sobre los hechos de nuestras vidas, y debemos estar agradecidos por la manera en que nos ha bendecido. Al alabarlo por todas las cosas buenas, estamos reconociendo su control definitivo sobre todos los asuntos de la vida.

2.2 Ana alaba a Dios por ser una Roca firme, fuerte e inmutable. En nuestro agitado mundo, los amigos van y vienen y las circunstancias cambian. Es difícil encontrar una base sólida que no cambie. Aquellos que dedican sus vidas a lograr causas o posesiones tengan la seguridad que son cosas finitas y transitorias. Las posesiones por las que trabajamos tan duro perecerán. Pero, Dios siempre está presente. Espere en Él. Él nunca falla.

2.3 Por la forma en que Ana dice estas palabras, no hay duda que se refiere a la arrogancia y los regaños de Penina. Sin embargo, Ana no tenía que pagarle con la misma moneda, ya que ella sabía que Dios lo sabe todo, y que juzgará todo pecado y orgullo. Sabiamente, Ana dejó a Dios el juicio. Resista la tentación de hacer justicia por su propia mano. Dios juzgará sus obras, así como las de aquellos que le han hecho mal.

2.10 Vivir en un mundo donde la amenaza de un holocausto nuclear siempre está presente y donde el mal abunda puede hacernos olvidar que Dios es soberano sobre todas las cosas. Ana vio a Dios (1) sólido como una roca (2.2); (2) como uno que ve lo que hacemos (2.3); (3) soberano sobre todos los asuntos de la gente (2.4–8); y (4) el juez supremo que administra justicia perfecta (2.10). Recuerde que el control soberano de Dios nos ayuda a poner en perspectiva los hechos del mundo y las circunstancias personales.

2.11 Samuel «ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí». En otras palabras, Samuel era el ayudante o asistente de Elí. En ese rol, las responsabilidades de Samuel debieron haber incluido abrir todas las mañanas las puertas del tabernáculo (3.15) y limpiar el mobiliario y barrer los pisos. Cuando creció, Samuel debió haber ayudado a Elí a ofrecer los sacrificios. El hecho de que usara un efod de lino (una vestidura usada por los sacerdotes) significa que era un aprendiz de sacerdote (2.18). Debido a que Samuel era el ayudante de Elí, también era ayudante de Dios. Cuando uno sirve a otros, incluso en tareas ordinarias, está sirviendo a Dios. Ya que en última instancia servimos a Dios, todo trabajo tiene su dignidad.

2.12ss La ley estipulaba que todas las necesidades de los levitas fueran satisfechas por medio de los diezmos del pueblo (Números 18.20–24; Josué 13.14, 33). Ya que los hijos de Elí eran sacerdotes, debían usar este medio para satisfacer sus necesidades. Pero los hijos de Elí se aprovecharon de su posición para satisfacer su lujuria de poder, de posesiones y de control. Su desprecio y arrogancia hacia el pueblo y el culto socavaron la integridad de todo el sacerdocio.

Elí sabía que sus hijos eran malos, pero hizo muy poco para corregirlos o detenerlos, incluso cuando la integridad del santuario de Dios se veía amenazada. Como sumo sacerdote, Elí debió haber ejecutado a sus hijos (Número 15.22–31). Como era de esperar, Elí no quiso enfrentar la situación. Al ignorar sus acciones egoístas, Elí permitió que sus hijos arruinaran sus vidas y las de muchos otros. Hay momentos en los que debemos enfrentar los problemas serios, aun cuando las consecuencias puedan ser dolorosas.

2.13, 14 Este tenedor era un utensilio usado en el tabernáculo para ofrecer los sacrificios. Hecho de bronce (Éxodo 27.3) usualmente tenía tres dientes para engarfiar la carne que sería ofrecida en el altar. Los hijos de Elí usaban el tenedor para sacar más carne del caldero de lo que debían.

2.13–17 ¿Qué era lo que estaban haciendo mal los hijos de Elí? Estaban tomando partes del sacrificio antes de que fueran ofrecidas a Dios en el altar. Además estaban comiendo carne antes de que se quemara la grosura. Esto era contra la ley de Dios (Levítico 3.3–5). En efecto, los hijos de Elí estaban tratando con desprecio las ofrendas de Dios. Las ofrendas se ofrecían para expresar a Dios honor y respeto mientras se buscaba el perdón por los pecados, pero los hijos de Elí estaban pecando mientras hacían las ofrendas, demostrando a Dios una irreverencia descarada. Y como si esos pecados no fueran suficientes, se acostaban con las mujeres que servían allí (2.22).

Como los hijos de Elí, actualmente algunas personas tratan la fe que otros tienen en Dios y sus «ofrendas» con desprecio. Dios juzga severamente a aquellos que descarrían al pueblo o menosprecian lo que se dedica a Él (Números 18.32).

2.18 Samuel usaba un efod de lino. Un efod era un chaleco largo sin mangas hecho de lino puro que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote tenía un significado especial. Estaba bordado con una variedad de colores brillantes. Unido a él estaba el pectoral, una pieza parecida a un babero con hombreras bordadas en oro. Había doce piedras preciosas unidas al pectoral, las que representaban a cada una de las tribus de Israel. Unido al efod había un saquito que contenía el Urim y el Tumim, dos pequeños objetos que se usaban para determinar la voluntad de Dios en ciertos asuntos nacionales.

2.21 Dios honró los deseos de la fiel Ana. Nunca más volvimos a saber de Penina ni de sus hijos, pero Samuel fue utilizado poderosamente por Dios. Además, Dios le dio a Ana otros cinco hijos además de Samuel. A menudo Dios nos bendice en formas que no esperamos. Ana nunca esperó tener un hijo a su edad, ¡mucho menos seis! No se resienta por el tiempo que Dios se toma en contestar. Quizá las bendiciones de Dios no sean inmediatas, pero llegarán si somos fieles a lo que Él dice en su Palabra.

2.23-25 Los hijos de Elí sabían lo que debían hacer, pero continuaron desobedeciendo a Dios deliberadamente al engañar, seducir y robar al pueblo. Por lo tanto, Dios planeó quitarles la vida. Cualquier pecado es malo, pero el pecado realizado deliberada y engañosamente es de la peor clase. Cuando pecamos por ignorancia, merecemos castigo, pero cuando pecamos intencionalmente, las consecuencias serán más severas. No ignore las advertencias de Dios acerca del pecado. Abandone el pecado antes que este se convierta en un estilo de vida.

2.25 ¿Acaso un Dios amoroso hace planes para matar a la gente? Observe la situación que había en el tabernáculo. Una persona ofrecía una ofrenda para el perdón de sus pecados, y los hijos de Elí robaban las ofrenda y hacían una farsa de la actitud de arrepentimiento de esa persona. Dios, en su amor por Israel, no podía tolerar esta situación. Por eso permitió que ellos murieran como resultado de su propia presunción jactanciosa. Llevaron el arca a la batalla, pensando que los protegería. Pero Dios retiró su protección y murieron los malvados hijos de Elí (4.10, 11).

2.29 Elí tuvo muchos problemas al tratar de criar a sus hijos. Cuando se dio cuenta de su maldad, aparentemente no aplicó ninguna acción disciplinaria fuerte a sus hijos. Pero Elí no era solo un padre tratando de vérselas con hijos rebeldes. Era el sumo sacerdote que pasaba por alto el pecado de los sacerdotes que estaban bajo su jurisdicción. Por ello, el Señor tomó las medidas disciplinarias necesarias que Elí evadió.

Elí fue culpable por honrar a sus hijos por encima de Dios al permitirles que continuaran en pecado. ¿Hay algo en su vida, familia o trabajo que usted sigue permitiendo que suceda aun cuando sabe que está mal? Si es así, puede ser tan culpable como aquellos que están involucrados en esa mala acción.

2.31, 35, 36 Para el cumplimiento de esta predicción véase 1 Reyes 2.26, 27. Esta es cuando Salomón quitó a Abiatar de su posición, terminando así con la línea de Elí. Después Dios levantó a Sadoc, un sacerdote bajo el reinado de David y luego sumo sacerdote bajo Salomón. La línea de Sadoc probablemente continuó en su lugar hasta los días de Esdras.

2.35 «Mi ungido» se refiere al rey (véase 2.10). Dios estaba diciendo que su fiel sacerdote serviría a su rey para siempre.

Capítulo 3

3.1-5 Aunque Dios había hablado directa y audiblemente con Moisés y Josué, era rara la vez que lo hizo durante los tres siglos gobernados por los jueces. En los tiempos de Elí, no hubo profetas que dieran a Israel mensajes de parte de Dios. ¿Por qué? Observe la actitud de los hijos de Elí. O se negaban a escuchar a Dios o permitían que la ambición se interpusiera entre ellos y cualquier comunicación con Él.

Escuchar y responder es vital en una relación con Dios. Aunque Dios no siempre usa el sonido de una voz humana, nos habla con igual claridad por medio de su Palabra. Para recibir sus mensajes, debemos estar listos a escuchar y a actuar sobre lo que nos diga. Como Samuel, esté listo para decir «Heme aquí» cuando Dios lo llame para actuar.

3.2,3 El arca de Dios estaba guardada en el Lugar Santísimo, la parte más íntima del tabernáculo, adonde sólo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año. Frente al Lugar Santísimo estaba el Lugar Santo, un pequeño cuarto donde se guardaba el otro mobiliario sagrado del tabernáculo (el altar de incienso, la mesa del pan de la proposición, el candelabro). Exactamente afuera del Lugar Santo había un patio con cuartos pequeños donde debían permanecer los sacerdotes. Probablemente Samuel dormía ahí con los otros sacerdotes, sólo a unos cuantos metros de distancia del arca.

3.8,9 Uno esperaría como algo natural que Dios hubiera dado un mensaje audible al sacerdote Elí y no al niño Samuel. Elí era mayor y más experimentado, y ocupaba la posición adecuada. Pero la cadena de mando de Dios se basa en la fe, no en la edad o en la posición. Para encontrar seguidores fieles, Dios puede utilizar canales inesperados. Prepárese para trabajar para el Señor en cualquier lugar, en cualquier momento y a través de cualquiera persona que Él escoja.

3.13 Elí había pasado su vida entera al servicio de Dios. Su responsabilidad era supervisar toda la adoración en Israel. Pero al dedicarse a esta gran misión descuidó las responsabilidades de su propia casa. No permita que su deseo de llevar a cabo la obra de Dios lo haga descuidar su familia. Si lo hace, su misión puede degenerar en una búsqueda de importancia personal y su familia sufrirá las consecuencias de su descuido.

3.14 Expiada significa «perdonada». Dios estaba diciendo que el pecado de los hijos de Elí no podía ser cubierto por sacrificio y que serían castigados.

3.20 La frase «desde Dan hasta Beerseba» era usada con frecuencia para describir los límites de la tierra prometida. Dan era una de las ciudades que quedaba más al norte del país y Beerseba una de las ciudades más al sur. En este contexto, era una forma de enfatizar que todos en Israel sabían que Samuel había sido llamado para ser profeta.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Abril. Lucas 12: 1 - 34

Capítulo 12

12.1,2 Al contemplar las multitudes que le seguían para oírle, Jesús advirtió a sus discípulos que se cuidaran de la hipocresía, es decir, aparentar bondad cuando sus corazones se hallan lejos de Dios. Los fariseos no podían mantener sus actitudes ocultas para siempre. Su egoísmo crecería como levadura y muy pronto quedarían expuestos a lo que en verdad eran: impostores hambrientos de poder, líderes religiosos sin devoción. Es fácil enojarse ante la evidente hipocresía de los fariseos, pero cada uno debemos resistir la tentación de simular respetabilidad cuando nuestros corazones están lejos de Dios.

12.4,5 El temor a la oposición o al ridículo puede debilitar nuestro testimonio por Cristo. Muchas veces nos adherimos a la tranquilidad y a la comodidad, aun a riesgo de nuestro andar con Dios. Jesús nos recuerda aquí que debemos temer a lo eterno, no a lo temporal ni sus consecuencias. No permita que el temor a una persona o a algún grupo impida que salga en defensa de Cristo.

12.7 Dios estima nuestro verdadero valor, no los que se conocen. Otras personas nos evalúan y categorizan según actuamos, qué logramos y cómo nos vemos. Pero el amor de Dios nos da la base real para nuestra valía, le pertenecemos.

12.8, 9 Negamos a Jesús cuando: (1) esperamos que nadie va a pensar que somos cristianos, (2) decidimos no defender lo bueno, (3) callar en cuanto a nuestra relación con Dios, (4) nos diluimos en la sociedad, (5) aceptamos los valores no cristianos de nuestra cultura. Por contraste, lo reconocemos cuando: (1) llevamos vidas morales, verticales, que honran a Cristo, (2) buscamos oportunidades para testificar de nuestra fe a otros, (3) ayudamos a los necesitados, (4) salimos en defensa de la justicia, (5) amamos a otros, (6) tomamos en cuenta nuestra lealtad a Él, (7) usamos nuestra vida y recursos para llevar a cabo sus deseos antes que los nuestros.

12.10 Jesús dice que el pecado contra el Espíritu Santo es imperdonable. Esto ha motivado preocupación en muchos cristianos sinceros, pero no debería ser así. El pecado contra el Espíritu Santo significa atribuir a Satanás la obra que el Espíritu Santo lleva a cabo (véanse las notas a Mateo 12.31,32 y Marcos 3.28,29). También involucra un rechazo deliberado y terco a su obra y a Dios mismo. Una persona que comete este pecado se automargina de Dios, al grado que pasa por alto todo tipo de pecado. Una persona que teme haber blasfemado al Espíritu demuestra, por su preocupación, que no ha pecado en esta forma.

12.11,12 Los discípulos sabían que no podían dominar una disputa religiosa con los educados líderes judíos. Sin embargo, no los abandonarían sin preparación. Jesús les prometió que el Espíritu Santo enseñaría las palabras necesarias. El testimonio de los discípulos no impresionaría, pero sí mostraría la obra de Dios en el mundo mediante la vida de Jesús. Necesitamos orar para tener oportunidades de hablar en favor de Dios y luego confiar en Él para que nos ayude con nuestras palabras. Esta promesa de valor, sin embargo, no compensa la falta de preparación. Tenga presente que estos discípulos tenían tres años de enseñanza y aplicación práctica. Debemos estudiar la Palabra de Dios. Luego Él nos hará recordar sus verdades cuando más las necesitemos, ayudándonos a presentarlas en la forma más eficaz.

12.13ss Problemas como este se le llevaban a menudo a los rabinos para solucionarlo. La respuesta de Jesús, aunque no va directamente al asunto, no es un cambio de tema. Sin embargo, Jesús se refiere a un asunto de gran importancia, una buena actitud hacia la acumulación de riquezas. La vida es más que bienes materiales, nuestra relación con Dios es mucho más importante. Jesús puso el dedo en la llaga. Cuando le llevamos problemas a Dios en oración, Él hace casi siempre lo mismo, nos muestra cómo necesitamos cambiar y crecer en nuestra actitud hacia los problemas. Muchas veces esta no es la respuesta que buscamos, pero es más eficaz en ayudarnos a encontrar la mano de Dios en nuestras vidas.

12.15 Jesús dice que la buena vida no tiene nada que ver con ser rico. Es exactamente lo opuesto de lo que por lo general dice la sociedad. Los publicistas gastan millones de dólares para hacernos creer que si compramos cada vez más de sus productos, seremos más felices, viviremos más cómodos. ¿Cómo reacciona a la presión constante del consumo? Aprenda a desechar las seducciones costosas y concéntrese en lo que en realidad es bueno en la vida, viva en comunión con Dios y haga su obra.

12.16-21 El hombre de la historia de Jesús murió antes de que pudiera empezar a usar lo almacenado en sus graneros. Planear para nuestra jubilación, preparándonos para vivir antes de morir, es sabio, pero pasar por alto la vida después de la muerte es desastroso. Si acumula tesoros solo para su enriquecimiento, sin preocuparse en ayudar a los demás, irá a la eternidad con las manos vacías.

12.18-20 ¿Por qué ahorra dinero? ¿Para su retiro? ¿Para adquirir automóviles o juguetes más costosos? ¿Por seguridad? Jesús nos desafía a pensar más allá de las metas terrenales y usar lo que tenemos para el Reino de Dios. Fe, servicio y obediencia son el camino para comenzar a ser ricos en Dios.

12.22-34 Jesús nos manda a no preocuparnos. Pero, ¿cómo lo evitamos? Solo nuestra fe puede liberarnos de la ansiedad que causa la codicia y la avaricia. Es bueno trabajar y planificar con responsabilidad, pero no es bueno depender de nuestros métodos, pues nuestra planificación puede fracasar. La preocupación no sirve ya que no puede satisfacer ninguna de nuestras necesidades; la preocupación es una actitud necia porque el Creador del universo nos ama y sabe lo que necesitamos.

12.31 Convertir el Reino de Dios en su preocupación primaria significa dar a Jesús el lugar de Señor y Rey en su vida. Él debe controlar cada aspecto: trabajo, distracciones, planes, relaciones. ¿Es el Reino solo uno de sus muchos intereses o es el centro de todo lo que hace? ¿Oculta algunos asuntos de su vida para evitar que estén bajo el control de Dios? Como su Señor y Creador, a Él le interesa ayudarle, satisfacer sus necesidades, así como también le guía para que sepa cómo usar lo que Él le da.

12.33 El dinero que se usa como fin en sí mismo pronto nos atrapa y nos separa de Dios, así también de los necesitados. La clave para usar el dinero con sabiduría es ver cuánto podemos emplear en los propósitos de Dios y no cuánto podemos acumular para nosotros. ¿Llega el amor de Dios hasta su billetera? ¿Le da su dinero libertad para ayudar a otros? Si es así, almacena tesoros en el cielo. Si sus metas financieras y posesiones estorban su generosidad, amor a otros o servicio a Dios, venda lo que deba para poner en orden su vida.

12.34 Si concentra su dinero en sus negocios, sus pensamientos se centrarán en hacerlo rentable. Si apunta a otras personas, se concentrará en sus necesidades. ¿Dónde invierte su tiempo, dinero y energías? ¿En qué piensa más? ¿Cómo debería cambiar la forma en que usa sus recursos para que reflejen con más claridad los valores del Reino?. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.