Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 3 DE Junio 2 Crónicas 10,11, 12

Rebelión de Israel

(1 R. 12.1–24)

10

1Roboam fue a Siquem, porque en Siquem se había reunido todo Israel para hacerlo rey. 2Y cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, adonde había huido a causa del rey Salomón, volvió de Egipto. 3Y enviaron y le llamaron. Vino, pues, Jeroboam, y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 4Tu padre agravó nuestro yugo; ahora alivia algo de la dura servidumbre y del pesado yugo con que tu padre nos apremió, y te serviremos. 5Y él les dijo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el pueblo se fue.

6Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? 7Y ellos le contestaron diciendo: Si te condujeres humanamente con este pueblo, y les agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán siempre. 8Mas él, dejando el consejo que le dieron los ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que estaban a su servicio. 9Y les dijo: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? 10Entonces los jóvenes que se habían criado con él, le contestaron: Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminuye nuestra carga. Así les dirás: Mi dedo más pequeño es más grueso que los lomos de mi padre. 11Así que, si mi padre os cargó de yugo pesado, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.

12Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día, según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días. 13Y el rey les respondió ásperamente; pues dejó el rey Roboam el consejo de los ancianos, 14y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo con escorpiones. 15Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para que Jehová cumpliera la palabra que había hablado por Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.

16Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Israel, cada uno a sus tiendas! ¡David, mira ahora por tu casa! Así se fue todo Israel a sus tiendas. 17Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá. 18Envió luego el rey Roboam a Adoram, que tenía cargo de los tributos; pero le apedrearon los hijos de Israel, y murió. Entonces se apresuró el rey Roboam, y subiendo en su carro huyó a Jerusalén. 19Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.

11

1Cuando vino Roboam a Jerusalén, reunió de la casa de Judá y de Benjamín a ciento ochenta mil hombres escogidos de guerra, para pelear contra Israel y hacer volver el reino a Roboam. 2Mas vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo: 3Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas en Judá y Benjamín, diciéndoles: 4Así ha dicho Jehová: No subáis, ni peleéis contra vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho esto. Y ellos oyeron la palabra de Jehová y se volvieron, y no fueron contra Jeroboam.

 Prosperidad de Roboam

5Y habitó Roboam en Jerusalén, y edificó ciudades para fortificar a Judá. 6Edificó Belén, Etam, Tecoa, 7Bet-sur, Soco, Adulam, 8Gat, Maresa, Zif, 9Adoraim, Laquis, Azeca, 10Zora, Ajalón y Hebrón, que eran ciudades fortificadas de Judá y Benjamín. 11Reforzó también las fortalezas, y puso en ellas capitanes, y provisiones, vino y aceite; 12y en todas las ciudades puso escudos y lanzas. Las fortificó, pues, en gran manera; y Judá y Benjamín le estaban sujetos.

13Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel, se juntaron a él desde todos los lugares donde vivían. 14Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de Jehová. 15Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho. 16Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres. 17Así fortalecieron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón.

18Y tomó Roboam por mujer a Mahalat hija de Jerimot, hijo de David y de Abihail hija de Eliab, hijo de Isaí, 19la cual le dio a luz estos hijos: Jeús, Semarías y Zaham. 20Después de ella tomó a Maaca hija de Absalón, la cual le dio a luz Abías, Atai, Ziza y Selomit. 21Pero Roboam amó a Maaca hija de Absalón sobre todas sus mujeres y concubinas; porque tomó dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas. 22Y puso Roboam a Abías hijo de Maaca por jefe y príncipe de sus hermanos, porque quería hacerle rey. 23Obró sagazmente, y esparció a todos sus hijos por todas las tierras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades fortificadas, y les dio provisiones en abundancia, y muchas mujeres.

 Sisac invade Judá

(1 R. 14.21–31)

12

1Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley de Jehová, y todo Israel con él. 2Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén, 3con mil doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo; mas el pueblo que venía con él de Egipto, esto es, de libios, suquienos y etíopes, no tenía número. 4Y tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta Jerusalén. 5Entonces vino el profeta Semaías a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac. 6Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová. 7Y cuando Jehová vio que se habían humillado, vino palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac. 8Pero serán sus siervos, para que sepan lo que es servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones.

9Subió, pues, Sisac rey de Egipto a Jerusalén, y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó, y tomó los escudos de oro que Salomón había hecho. 10Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los entregó a los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey. 11Cuando el rey iba a la casa de Jehová, venían los de la guardia y los llevaban, y después los volvían a la cámara de la guardia. 12Y cuando él se humilló, la ira de Jehová se apartó de él, para no destruirlo del todo; y también en Judá las cosas fueron bien.

13Fortalecido, pues, Roboam, reinó en Jerusalén; y era Roboam de cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que escogió Jehová de todas las tribus de Israel para poner en ella su nombre. Y el nombre de la madre de Roboam fue Naama amonita. 14E hizo lo malo, porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová.

15Las cosas de Roboam, primeras y postreras, ¿no están escritas en los libros del profeta Semaías y del vidente Iddo, en el registro de las familias? Y entre Roboam y Jeroboam hubo guerra constante. 16Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David; y reinó en su lugar Abías su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 3 DE Junio, Juan 13: 21 - 38

Jesús anuncia la traición de Judas

(Mt. 26.20–25; Mr. 14.17–21; Lc. 22.21–23)

21Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. 23Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. 24A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? 26Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. 28Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. 30Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.

 El nuevo mandamiento

31Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. 32Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará. 33Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. 34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

 Jesús anuncia la negación de Pedro

(Mt. 26.31–35; Mr. 14.27–31; Lc. 22.31–34)

36Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 3 DE Junio 2 Crónicas 10,11, 12

Capítulo 10

10.1 Normalmente la coronación de un rey israelita se habría llevado a cabo en Jerusalén, la ciudad capital. Pero Roboam vio que existía la posibilidad de que surgieran problemas en el norte. Por lo tanto, para mantener su control sobre el país, escogió Siquem, una ciudad ubicada aproximadamente a 56 km al norte de Jerusalén. Siquem era un lugar donde, desde mucho tiempo atrás, se llevaban a cabo los pactos (Josué 21.1).

10.1–15 El seguir un mal consejo puede causar desastres. Roboam perdió la oportunidad de gobernar un reino unido y en paz debido a que rechazó el consejo de los asesores ancianos de Salomón, y prefirió el de sus amigos. Roboam cometió dos errores al buscar consejo: (1) No consideró las sugerencias de aquellos que conocían la situación mejor que él, y (2) no pidió a Dios sabiduría para discernir cuál era la mejor opción.

Es fácil seguir el consejo de los amigos porque a menudo sienten lo mismo que nosotros, pero su visión puede estar limitada. Es importante escuchar cuidadosamente a aquellos que tienen mayor experiencia que nosotros. Ellos pueden ver el panorama completo.

10.2, 3 ¿Por qué estaba Jeroboam en Egipto? El profeta Ahías predijo que Israel se dividiría en dos y que Jeroboam sería rey del norte. Cuando Salomón supo de esta profecía, trató de matar a Jeroboam, y este se vio forzado a huir a Egipto (1 Reyes 11.26–40).

10.14 Roboam debió haber tenido un modelo de liderazgo deficiente de su padre Salomón. Aparentemente Roboam vio exclusivamente la dificultad de gobernar al país, no las oportunidades. Mencionó solo los aspectos más ásperos del gobierno de Salomón, y decidió ser más duro con el pueblo. Cuando discuta sus responsabilidades con sus hijos, asegúrese de mitigar sus palabras de queja con palabras de regocijo. De otra manera, puede amargar las actitudes de sus hijos hacia el trabajo que realiza y hacia las personas que sirve.

10.16-19 Al tratar de tenerlo todo, Roboam perdió casi todo. Motivado por el hambre de poder y la avaricia, ejerció demasiada presión y dividió su reino. No necesitaba más dinero ni poder ya que había heredado el reino más rico del mundo. No necesitaba más control porque él era el rey. Sus demandas estaban basadas en el egoísmo más que en la razón o en el discernimiento espiritual. Aquellos que insisten en tenerlo todo a la larga terminan con poco o nada.

10.16-19 Aquí comienza la división del reino. La paz y la unidad que caracterizaron al gobierno de Salomón, ahora se veían arruinadas al dividirse el reino en dos. Diez tribus siguieron a Jeroboam y llamaron a su nación Israel o el reino del norte. Las otras dos, Judá y Benjamín, permanecieron leales a la línea de David y aceptaron el gobierno de Roboam. Llamaron a su nación Judá o el reino del sur.

Capítulo 11

11.1 La necedad de Roboam dividió su reino, y trató de reunirlo por la fuerza. Sin embargo, la verdadera unidad no se puede forzar, debe ser la respuesta libre de corazones dispuestos. Si usted quiere la lealtad de sus empleados, de sus hijos o de cualquier otra persona que tenga a su cargo, gánese su respeto por medio del amor y no trate de ganar su sumisión por medio de la fuerza.

11.4 ¿Por qué apoyó Dios esta rebelión? Era parte del castigo a la nación por haberse apartado de Él (1 Reyes 11.11). También pudo ser la forma en la que Dios evitó que fuera derrotado el pequeño reino de Roboam. Al hacer esto, Dios preservó la línea de David y mantuvo intacto su plan de que el Mesías sería descendiente de David (véase 2 Samuel 7.16). Cuando vemos división, especialmente en una iglesia, nos preguntamos qué es lo que Dios desearía que hiciéramos. Dios desea unidad, y si bien siempre tenemos que buscar la reconciliación, debemos admitir que sólo Dios conoce el futuro. Quizá utilice una división para cumplir sus propósitos mayores. 11.13,14 Antes de que se dividiera la nación, el centro de adoración estaba en Jerusalén, y el pueblo se reunía ahí para las tres grandes fiestas religiosas anuales. Durante el resto del año, los sacerdotes y los levitas, que vivían a lo largo de la tierra, realizaban otros servicios de adoración y rituales en los territorios de las tribus. Ofrecían sacrificios, enseñaban las leyes de Dios y alentaban al pueblo a continuar con Él y a evitar las influencias paganas.

Después de que la nación se dividió, Jeroboam, el nuevo rey de Israel, vio que estos sacerdotes y levitas representaban una amenaza a su nuevo gobierno porque permanecían leales a Jerusalén, ahora capital de Judá. Así que designó sus propios sacerdotes, proscribiendo efectivamente a los levitas de sus deberes y forzándolos a ir al reino del sur. Los sacerdotes paganos de Jeroboam impulsaron la idolatría. Con la ausencia de líderes espirituales, el nuevo reino del norte estaba en peligro de abandonar a Dios.

11.16 Esta gente obedeció a Dios y no al rey Jeroboam. Por esta acción, preservaron su integridad y fortalecieron al reino del sur. En el futuro, la mayor parte de la gente del reino del norte cooperaría con los designios malvados de los reyes, con la esperanza de verse beneficiados por sus servicios. No siga su ejemplo ni deseche las enseñanzas de Dios para obtener así una recompensa terrenal.

Capítulo 12

12.1,2 Aquí «Israel» se refiere a Judá. el reino del sur. Durante sus primeros tres años en el trono, Roboam hizo un intento por obedecer a Dios, y como resultado Judá prosperó. Pero más tarde, en la cima de su popularidad y poder, abandonó a Dios y llegó la destrucción porque Dios permitió que Judá fuera conquistada por Egipto. ¿Cómo pudo suceder esto? A menudo es mucho más difícil ser un creyente en los momentos buenos que en los momentos malos. Los tiempos difíciles nos empujan hacia Dios, pero los momentos buenos nos pueden hacer sentir autosuficientes y satisfechos. Cuando todo marche bien, vigile su fe de cerca.

12.2 Se encontró un registro de esta invasión en una piedra egipcia en la que está escrito que el ejército del rey Sisac de Egipto penetró hacia el norte hasta llegar al mar de Galilea, en el reino del norte. Egipto ya no era la potencia mundial que había sido alguna vez, y Sisac quería restaurar la anterior grandeza de su nación. No fue lo suficientemente fuerte para conquistar a Israel y a Judá, pero en un esfuerzo por volver a obtener el control de las rutas de comercio y crear disensión entre la gente, se las arregló para destruir las ciudades clave de Judá.

12.6-8 Dios suavizó su juicio cuando los líderes de Israel confesaron sus pecados, se humillaron y reconocieron la justicia de Dios al castigarlos. Nunca es tarde para arrepentirse, incluso en medio del castigo. A pesar de todo lo que nos haya sucedido, Dios desea recibirnos de nuevo a la comunión. ¿Está luchando solo debido a que el pecado ha afectado su relación con Dios? La confesión y la humildad abrirán la puerta para recibir la misericordia de Dios.

12.8 «Servir a los reinos de las naciones» era el precio que Judá tenía que pagar por desobedecer a Dios. Los líderes de la nación pensaron que podrían tener éxito con sus propias fuerzas, pero estaban equivocados. Cuando nos rebelamos contra Dios, siempre pagamos por ello. Cuando sacamos a Dios de nuestra vida, perdemos más en lo espiritual de lo que ganamos alguna vez en bienes terrenales.

12.10,11 Cuán irónico resulta el hecho de que el oro puro que había en el templo de Salomón fue sustituido por bronce barato. Roboam trató de mantener los adornos y la apariencia de la gloria anterior, pero no pudo. Cuando Dios deja de ser el centro de nuestra vida, el mantener la apariencia de una vida cristiana se vuelve superficial. La belleza externa debe provenir de una fuerza interna.

12.14 La vida de Roboam fue una tragedia debido a que «no dispuso su corazón para buscar a Jehová». Es peligroso aplazar nuestra respuesta a Dios. Él nos pide un compromiso firme, y a menos que le respondamos con plena confianza, nos encontraremos apartados de Él.

COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 3 DE Junio, Juan 13: 21 - 38

13.22 Judas no era un traidor obvio. Al fin y al cabo, era a quien los discípulos le confiaban el dinero (12.6; 13.29).

13.26 A menudo se señalaba de esta manera al que era el invitado de honor en una comida.

13.27 La parte que le tocó a Satanás en la traición a Jesús no elimina la responsabilidad de Judas. Desilusionado porque Jesús hablaba de morir y no de establecer su Reino, es posible que Judas haya tenido la intención de obligar a Jesús a usar su poder para probar que era el Mesías. O quizás Judas, al no entender la misión de Jesús, ya no creía que este fuese el escogido de Dios. Sea cual fuere el pensamiento de Judas, Satanás imaginó que la muerte de Jesús acabaría con su misión y obstaculizaría el plan de Dios. Al igual que Judas, no sabía que la muerte de Jesús, desde un principio, era la parte más importante del plan de Dios.

13.27-38 Juan describe estos pocos momentos de manera clara y detallada. Vemos que Jesús sabía con exactitud lo que acontecería. Sabía lo que pasaría con Judas y con Pedro, pero no cambió la situación, ni dejó de amarlos. Asimismo, Jesús sabe muy bien lo que hará usted con el fin de lastimarlo. Pero aun así lo ama incondicionalmente y le perdonará cuando usted se lo pida. Judas no entendió esto y su vida acabó de manera trágica. Pedro lo comprendió y, a pesar de sus faltas, su vida acabó de manera victoriosa porque nunca disminuyó su fe en Aquel que lo amaba.

13.34,35 Jesús dice que si nuestro amor es semejante al suyo será una demostración de que somos sus discípulos. ¿Ve la gente disputar por pequeñeces, celos y división en su iglesia? ¿O sabe que son seguidores de Jesús al ver el amor que se tienen?

13.34 Amar a otros no era un mandamiento nuevo (véase Levítico 19.18), pero amar a otros de la misma manera que Cristo amó a otros era revolucionario. Ahora debemos amar a otros basándonos en el amor sacrificial de Jesús por nosotros. Tal amor no solo llevará a los inconversos a Cristo, sino también mantendrá a los creyentes fuertes y unidos en un mundo hostil a Dios. Jesús fue un ejemplo viviente del amor de Dios, del mismo modo que debemos nosotros ser ejemplos del amor de Jesús.

13.35 El amor es más que una simple sensación de afecto: es una actitud que se revela en nuestras acciones. ¿Cómo podemos amar a otros de la manera que Jesús nos ama a nosotros? Ayudando cuando no resulta conveniente, sacrificándonos cuando duele, dedicando energía al bienestar de otros en lugar del propio, recibiendo heridas de otros sin quejarnos ni contraatacar. Es difícil amar así. De ahí que la gente nota cuando usted lo hace y sabe que ha recibido poder de una fuente sobrenatural. La Biblia ofrece una hermosa descripción del amor en 1 Corintios 13.

13.37, 38 Pedro dijo con orgullo a Jesús que estaba dispuesto a morir por Él. Pero Jesús le rectificó. Sabía que esa misma noche Pedro negaría conocer a Jesús a fin de protegerse (18.25–27). En nuestro entusiasmo, es fácil hacer promesas, pero Dios sabe hasta dónde llega nuestro compromiso. Pablo nos dice que no tengamos un concepto más elevado de nosotros que el que debemos tener (Romanos 12.3). En lugar de jactarse, demuestre su compromiso paso a paso al crecer en conocimiento de la Palabra de Dios y en su fe. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 2 DE Junio 2 Crónicas 7,8,9

7

1Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. 2Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. 3Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre.

4Entonces el rey y todo el pueblo sacrificaron víctimas delante de Jehová. 5Y ofreció el rey Salomón en sacrificio veintidós mil bueyes, y ciento veinte mil ovejas; y así dedicaron la casa de Dios el rey y todo el pueblo. 6Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; también los levitas, con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová porque su misericordia es para siempre, cuando David alababa por medio de ellos. Asimismo los sacerdotes tocaban trompetas delante de ellos, y todo Israel estaba en pie.

7También Salomón consagró la parte central del atrio que estaba delante de la casa de Jehová, por cuanto había ofrecido allí los holocaustos, y la grosura de las ofrendas de paz; porque en el altar de bronce que Salomón había hecho no podían caber los holocaustos, las ofrendas y las grosuras.

8Entonces hizo Salomón fiesta siete días, y con él todo Israel, una gran congregación, desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de Egipto. 9Al octavo día hicieron solemne asamblea, porque habían hecho la dedicación del altar en siete días, y habían celebrado la fiesta solemne por siete días. 10Y a los veintitrés días del mes séptimo envió al pueblo a sus hogares, alegres y gozosos de corazón por los beneficios que Jehová había hecho a David y a Salomón, y a su pueblo Israel.

 Pacto de Dios con Salomón

(1 R. 9.1–9)

11Terminó, pues, Salomón la casa de Jehová, y la casa del rey; y todo lo que Salomón se propuso hacer en la casa de Jehová, y en su propia casa, fue prosperado. 12Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. 13Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; 14si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 15Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; 16porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre. 17Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis decretos, 18yo confirmaré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne en Israel.

19Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis, 20yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la arrojaré de mi presencia, y la pondré por burla y escarnio de todos los pueblos. 21Y esta casa que es tan excelsa, será espanto a todo el que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? 22Y se responderá: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron; por eso él ha traído todo este mal sobre ellos.

 Otras actividades de Salomón

(1 R. 9.10–28)

8

1Después de veinte años, durante los cuales Salomón había edificado la casa de Jehová y su propia casa, 2reedificó Salomón las ciudades que Hiram le había dado, y estableció en ellas a los hijos de Israel.

3Después vino Salomón a Hamat de Soba, y la tomó. 4Y edificó a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de aprovisionamiento que edificó en Hamat. 5Asimismo reedificó a Bet-horón la de arriba y a Bet-horón la de abajo, ciudades fortificadas, con muros, puertas y barras; 6y a Baalat, y a todas las ciudades de provisiones que Salomón tenía; también todas las ciudades de los carros y las de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de su dominio. 7Y a todo el pueblo que había quedado de los heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de Israel, 8los hijos de los que habían quedado en la tierra después de ellos, a los cuales los hijos de Israel no destruyeron del todo, hizo Salomón tributarios hasta hoy. 9Pero de los hijos de Israel no puso Salomón siervos en su obra; porque eran hombres de guerra, y sus oficiales y sus capitanes, y comandantes de sus carros, y su gente de a caballo. 10Y tenía Salomón doscientos cincuenta gobernadores principales, los cuales mandaban sobre aquella gente.

11Y pasó Salomón a la hija de Faraón, de la ciudad de David a la casa que él había edificado para ella; porque dijo: Mi mujer no morará en la casa de David rey de Israel, porque aquellas habitaciones donde ha entrado el arca de Jehová, son sagradas.

12Entonces ofreció Salomón holocaustos a Jehová sobre el altar de Jehová que él había edificado delante del pórtico, 13para que ofreciesen cada cosa en su día, conforme al mandamiento de Moisés, en los días de reposo,* en las nuevas lunas, y en las fiestas solemnes tres veces en el año, esto es, en la fiesta de los panes sin levadura, en la fiesta de las semanas y en la fiesta de los tabernáculos. 14Y constituyó los turnos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a lo ordenado por David su padre, y los levitas en sus cargos, para que alabasen y ministrasen delante de los sacerdotes, cada cosa en su día; asimismo los porteros por su orden a cada puerta; porque así lo había mandado David, varón de Dios. 15Y no se apartaron del mandamiento del rey, en cuanto a los sacerdotes y los levitas, y los tesoros, y todo negocio; 16porque toda la obra de Salomón estaba preparada desde el día en que se pusieron los cimientos de la casa de Jehová hasta que fue terminada, hasta que la casa de Jehová fue acabada totalmente.

17Entonces Salomón fue a Ezión-geber y a Elot, a la costa del mar en la tierra de Edom. 18Porque Hiram le había enviado naves por mano de sus siervos, y marineros diestros en el mar, los cuales fueron con los siervos de Salomón a Ofir, y tomaron de allá cuatrocientos cincuenta talentos de oro, y los trajeron al rey Salomón.

 La reina de Sabá visita a Salomón

(1 R. 10.1–13)

9

1Oyendo la reina de Sabá la fama de Salomón, vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias aromáticas, oro en abundancia, y piedras preciosas, para probar a Salomón con preguntas difíciles. Y luego que vino a Salomón, habló con él todo lo que en su corazón tenía. 2Pero Salomón le respondió a todas sus preguntas, y nada hubo que Salomón no le contestase. 3Y viendo la reina de Sabá la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, 4y las viandas de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado de sus criados y los vestidos de ellos, sus maestresalas y sus vestidos, y la escalinata por donde subía a la casa de Jehová, se quedó asombrada.

5Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra acerca de tus cosas y de tu sabiduría; 6pero yo no creía las palabras de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto; y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha; porque tú superas la fama que yo había oído. 7Bienaventurados tus hombres, y dichosos estos siervos tuyos que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría. 8Bendito sea Jehová tu Dios, el cual se ha agradado de ti para ponerte sobre su trono como rey para Jehová tu Dios; por cuanto tu Dios amó a Israel para afirmarlo perpetuamente, por eso te ha puesto por rey sobre ellos, para que hagas juicio y justicia. 9Y dio al rey ciento veinte talentos de oro, y gran cantidad de especias aromáticas, y piedras preciosas; nunca hubo tales especias aromáticas como las que dio la reina de Sabá al rey Salomón.

10También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón, que habían traído el oro de Ofir, trajeron madera de sándalo, y piedras preciosas. 11Y de la madera de sándalo el rey hizo gradas en la casa de Jehová y en las casas reales, y arpas y salterios para los cantores; nunca en la tierra de Judá se había visto madera semejante.

12Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y le pidió, más de lo que ella había traído al rey. Después ella se volvió y se fue a su tierra con sus siervos.

 Riquezas y fama de Salomón

(1 R. 10.14–29; 2 Cr. 1.14–17)

13El peso del oro que venía a Salomón cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro, 14sin lo que traían los mercaderes y negociantes; también todos los reyes de Arabia y los gobernadores de la tierra traían oro y plata a Salomón. 15Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro batido, cada uno de los cuales tenía seiscientos siclos de oro labrado; 16asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo cada escudo trescientos siclos de oro; y los puso el rey en la casa del bosque del Líbano. 17Hizo además el rey un gran trono de marfil, y lo cubrió de oro puro. 18El trono tenía seis gradas, y un estrado de oro fijado al trono, y brazos a uno y otro lado del asiento, y dos leones que estaban junto a los brazos. 19Había también allí doce leones sobre las seis gradas, a uno y otro lado. Jamás fue hecho trono semejante en reino alguno. 20Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano, de oro puro. En los días de Salomón la plata no era apreciada. 21Porque la flota del rey iba a Tarsis con los siervos de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Tarsis, y traían oro, plata, marfil, monos y pavos reales.

22Y excedió el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría. 23Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomón, para oír la sabiduría que Dios le había dado. 24Cada uno de éstos traía su presente, alhajas de plata, alhajas de oro, vestidos, armas, perfumes, caballos y mulos, todos los años. 25Tuvo también Salomón cuatro mil caballerizas para sus caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalén. 26Y tuvo dominio sobre todos los reyes desde el Eufrates hasta la tierra de los filisteos, y hasta la frontera de Egipto. 27Y acumuló el rey plata en Jerusalén como piedras, y cedros como los cabrahigos de la Sefela en abundancia. 28Traían también caballos para Salomón, de Egipto y de todos los países.

 Muerte de Salomón

(1 R. 11.41–43)

29Los demás hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no están todos escritos en los libros del profeta Natán, en la profecía de Ahías silonita, y en la profecía del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat? 30Reinó Salomón en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta años. 31Y durmió Salomón con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Roboam su hijo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 2 DE Junio, Juan 13: 1 – 20.

Jesús lava los pies de sus discípulos

13

1Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

12Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 18No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. 20De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 2 DE Junio 2 Crónicas 7,8,9

Capítulo 7

7.1, 2 Dios envió fuego del cielo para que consumiera la ofrenda y para comenzar el fuego que debía permanecer encendido bajo el altar del holocausto (véase Levítico 6.8–13). Este fuego continuo simbolizaba la presencia de Dios. Dios hizo lo mismo en la inauguración del tabernáculo (Levítico 9.22–24). Esta era la dedicación verdadera del templo, porque sólo el poder purificador de Dios puede hacer que algo sea santo.

7.4, 5 El templo estaba dedicado a Dios, y Salomón y el pueblo se prepararon para adorarle. Dedicación significa separar un lugar, objeto o persona para un propósito exclusivo. El propósito de esta dedicación era apartar el templo como un lugar para adorar a Dios. Actualmente, nuestros cuerpos son el templo de Dios (2 Corintios 6.16). La dedicación que Salomón hizo del templo, es una ilustración de la forma en la que cada uno de nosotros debemos dedicar nuestra vida a llevar a cabo el propósito especial que Dios tiene para nosotros (Efesios 1.11, 12).

7.8 Arroyo se puede referir también al lecho seco de un riachuelo.

7.12 Había pasado meses, quizá años, desde la oración de dedicación de Salomón (capítulo 6). Se habían terminado algunos otros proyectos de construcción después del templo (7.11; 8.1). Después de todo ese tiempo, Dios le dijo a Salomón que había escuchado su oración. ¿Cuán a menudo buscamos las respuestas inmediatas a nuestras oraciones y, cuando no sucede nada, nos preguntamos si Dios nos ha escuchado? Dios sí escucha, y debemos confiar en que nos responderá en el momento adecuado.

7.14 En el capítulo 6, Salomón pidió a Dios que tomara provisiones para el pueblo cuando este pecara. Dios contestó con cuatro condiciones para el perdón: (1) humillarse y admitir los pecados, (2) orar a Dios pidiendo perdón, (3) buscar a Dios continuamente y (4) volverse de los malos hábitos. El verdadero arrepentimiento es algo más que palabras, es un cambio de conducta. Ya sea que pequemos individualmente, como grupo, o como nación, el seguir estos pasos nos llevará al perdón. Dios responderá sus oraciones sinceras.

7.17–22 Dios estableció ciertas condiciones que Salomón tenía que cumplir si quería que su reino continuara. Si seguía a Dios, Salomón y sus descendientes prosperarían; si no, él y la nación serían destruidos. En Deuteronomio 27 y 28, estas condiciones fueron subrayadas ante todo el pueblo.

Pero el pecado es engañosamente atractivo, y Salomón a la larga se apartó de Dios y sus descendientes perdieron la mayor parte del reino. El seguir a Dios trae consigo beneficios y recompensas (no necesariamente material). El apartarse de Dios acarrea sufrimiento, castigo y al final destrucción. Hoy en día, las condiciones de Dios son tan claras como lo fueron en los días de Salomón. ¿Decidirá obedecer a Dios y vivir?

7.21, 22 Muy poco tiempo después del reinado de Salomón, el templo fue saqueado (12.9). Es difícil para nosotros imaginar que ese rey tan sabio y grandioso pudiera verse corrompido por la idolatría: símbolos de poder, prosperidad y sexualidad. Pero aún hoy, estos ídolos nos hacen caer en sus trampas. Cuando permitimos en nuestra vida que cualquier cosa ocupe el lugar de Dios, hemos dado el primer paso hacia la decadencia moral y espiritual.

Capítulo 8

8.11 Salomón se casó con la hija de Faraón para asegurar la alianza militar con Egipto. Sin embargo, no permitió que la mujer viviera en el palacio de David, donde alguna vez se había guardado el arca. Esto implica que Salomón sabía que su matrimonio pagano no agradaría a Dios. Salomón se casó con muchas mujeres extranjeras, y esto iba en contra de la ley de Dios (Deuteronomio 7.3, 4). Estas mujeres adoraban a dioses falsos y sin duda contaminaban a Israel con sus creencias y prácticas. A la larga la caída de Salomón se debíó a sus esposas paganas (1 Reyes 11.1–11).

8.15 A pesar de que Salomón siguió cuidadosamente las instrucciones de Dios para la construcción del templo y para los sacrificios y ofrendas (8.13), no prestó atención a lo que Dios decía acerca del matrimonio con mujeres paganas. El pecado de haberse casado con una mujer extranjera (8.11) fue el comienzo de su alejamiento de Dios. No importa cuán buenos o espirituales seamos en la mayoría de las áreas de nuestra vida, un área desatendida puede originar una caída. Guarde cuidadosamente todas las áreas de su vida, en especial sus relaciones. No le dé al pecado ningún punto de apoyo.

Capítulo 9

9.1-8 La reina de Sabá había escuchado acerca de la sabiduría de Salomón, pero se vio abrumada cuando vio por sí misma los frutos de esa sabiduría. A pesar de que Salomón se había casado con la hija de Faraón, trató de seguir a Dios sinceramente en esa etapa de su vida. Cuando la gente lo conoce y comienza a hacer preguntas difíciles ¿reflejan a Dios sus respuestas? Su vida es su testigo más poderoso, permita que los demás vean a Dios obrando en usted.

9.8 La reina de Sabá se maravilló de Salomón y proclamó que Dios debía amar mucho a su pueblo para darles un rey así. Los buenos tiempos son un testigo del amor y la fidelidad de Dios. Pero también llegan momentos difíciles a los creyentes, y nuestra perseverancia y oración continua durante esos momentos demostrarán nuestro amor y fidelidad a Dios. Nuestra manera de vivir ayudará a otros a ver nuestro amor por Dios.

9.11 El sándalo es una madera suave y rojiza que permite ser pulida con facilidad. Esta hermosa madera era extremadamente cara.

9.29 Para más información sobre el resto de la historia de Salomón, véase 1 Reyes 10.26–11.43. Salomón, en sus últimos años, se apartó de Dios y llevó a la nación a la idolatría.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 2 DE Junio, Juan 13: 1 – 20.

Capítulo 13

13.1 Jesús sabía que uno de sus discípulos lo traicionaría, otro le negaría y todos lo abandonarían durante un tiempo. Aun así, «a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin». Dios nos conoce completamente, así como Jesús conocía a sus discípulos (2.24, 25; 6.64). Conoce los pecados que hemos cometido y los que nos faltan por cometer. A pesar de eso, nos ama. ¿Cómo responde usted ante esta clase de amor?

13.1ss Los capítulos 13–17 nos cuentan lo que dijo Jesús a sus discípulos la noche antes de su muerte. Todas estas palabras las expresó una noche en la que, contando únicamente con la presencia de los discípulos, les dio las últimas instrucciones a fin de prepararlos para su muerte y resurrección, sucesos que cambiarían sus vidas para siempre.

13.1–3 Si desea más información acerca de Judas Iscariote, véase su perfil en Marcos 14.

13.1–17 Jesús fue el siervo modelo y mostró su disposición de servicio a sus discípulos. Lavar los pies de los huéspedes era una tarea que debía llevar a cabo un sirviente de la casa cuando llegaban los invitados. Pero Jesús se colocó una toalla a la cintura, del modo que lo haría el más humilde de los esclavos, para luego lavar y secar los pies de sus discípulos. Si incluso Él, Dios hecho carne, está dispuesto a servir, nosotros sus seguidores también debemos ser siervos, dispuestos a servir de cualquier modo que glorifique a Dios. ¿Está usted dispuesto a seguir el ejemplo de servicio de Cristo? ¿A quién puede servir hoy? Hay una bendición especial para los que no solo están de acuerdo en que el servicio humilde es característico de Cristo, sino que también van más allá y lo cumplen (13.17).

13.6,7 Imagínese que usted es Pedro que observa a Jesús lavar los pies de los demás, y que este va acercándosele cada vez más. A Pedro debe haberle confundido que su Maestro estuviera realizando tareas de esclavo. Todavía no comprendía la enseñanza de Jesús de que para ser un líder, debía ser un siervo. Este no es un pasaje agradable para los líderes a los que les cuesta servir a los que están bajo su dirección. ¿Cómo trata a los que trabajan bajo sus órdenes, sean estos hijos, empleados o voluntarios?

13.12ss Jesús no lavó los pies de sus discípulos con el único fin de promover la amabilidad entre ellos. Tenía una meta mucho mayor que era extender su misión sobre la tierra después que Él se marchara. Estos hombres tendrían a su cargo la tarea de ir por el mundo sirviendo a Dios, sirviéndose los unos a los otros y a todas las personas a las que llevasen el mensaje de salvación. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.