LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 3 DE Junio 2 Crónicas 10,11, 12
Rebelión de Israel
(1 R. 12.1–24)
10
1Roboam fue a Siquem, porque en Siquem se había reunido todo Israel para hacerlo rey. 2Y cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, adonde había huido a causa del rey Salomón, volvió de Egipto. 3Y enviaron y le llamaron. Vino, pues, Jeroboam, y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 4Tu padre agravó nuestro yugo; ahora alivia algo de la dura servidumbre y del pesado yugo con que tu padre nos apremió, y te serviremos. 5Y él les dijo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el pueblo se fue.
6Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? 7Y ellos le contestaron diciendo: Si te condujeres humanamente con este pueblo, y les agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán siempre. 8Mas él, dejando el consejo que le dieron los ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que estaban a su servicio. 9Y les dijo: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? 10Entonces los jóvenes que se habían criado con él, le contestaron: Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminuye nuestra carga. Así les dirás: Mi dedo más pequeño es más grueso que los lomos de mi padre. 11Así que, si mi padre os cargó de yugo pesado, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.
12Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día, según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días. 13Y el rey les respondió ásperamente; pues dejó el rey Roboam el consejo de los ancianos, 14y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo con escorpiones. 15Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para que Jehová cumpliera la palabra que había hablado por Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
16Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Israel, cada uno a sus tiendas! ¡David, mira ahora por tu casa! Así se fue todo Israel a sus tiendas. 17Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá. 18Envió luego el rey Roboam a Adoram, que tenía cargo de los tributos; pero le apedrearon los hijos de Israel, y murió. Entonces se apresuró el rey Roboam, y subiendo en su carro huyó a Jerusalén. 19Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
11
1Cuando vino Roboam a Jerusalén, reunió de la casa de Judá y de Benjamín a ciento ochenta mil hombres escogidos de guerra, para pelear contra Israel y hacer volver el reino a Roboam. 2Mas vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo: 3Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas en Judá y Benjamín, diciéndoles: 4Así ha dicho Jehová: No subáis, ni peleéis contra vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho esto. Y ellos oyeron la palabra de Jehová y se volvieron, y no fueron contra Jeroboam.
Prosperidad de Roboam
5Y habitó Roboam en Jerusalén, y edificó ciudades para fortificar a Judá. 6Edificó Belén, Etam, Tecoa, 7Bet-sur, Soco, Adulam, 8Gat, Maresa, Zif, 9Adoraim, Laquis, Azeca, 10Zora, Ajalón y Hebrón, que eran ciudades fortificadas de Judá y Benjamín. 11Reforzó también las fortalezas, y puso en ellas capitanes, y provisiones, vino y aceite; 12y en todas las ciudades puso escudos y lanzas. Las fortificó, pues, en gran manera; y Judá y Benjamín le estaban sujetos.
13Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel, se juntaron a él desde todos los lugares donde vivían. 14Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de Jehová. 15Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho. 16Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres. 17Así fortalecieron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón.
18Y tomó Roboam por mujer a Mahalat hija de Jerimot, hijo de David y de Abihail hija de Eliab, hijo de Isaí, 19la cual le dio a luz estos hijos: Jeús, Semarías y Zaham. 20Después de ella tomó a Maaca hija de Absalón, la cual le dio a luz Abías, Atai, Ziza y Selomit. 21Pero Roboam amó a Maaca hija de Absalón sobre todas sus mujeres y concubinas; porque tomó dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas. 22Y puso Roboam a Abías hijo de Maaca por jefe y príncipe de sus hermanos, porque quería hacerle rey. 23Obró sagazmente, y esparció a todos sus hijos por todas las tierras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades fortificadas, y les dio provisiones en abundancia, y muchas mujeres.
Sisac invade Judá
(1 R. 14.21–31)
12
1Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley de Jehová, y todo Israel con él. 2Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén, 3con mil doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo; mas el pueblo que venía con él de Egipto, esto es, de libios, suquienos y etíopes, no tenía número. 4Y tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta Jerusalén. 5Entonces vino el profeta Semaías a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac. 6Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová. 7Y cuando Jehová vio que se habían humillado, vino palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac. 8Pero serán sus siervos, para que sepan lo que es servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones.
9Subió, pues, Sisac rey de Egipto a Jerusalén, y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó, y tomó los escudos de oro que Salomón había hecho. 10Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los entregó a los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey. 11Cuando el rey iba a la casa de Jehová, venían los de la guardia y los llevaban, y después los volvían a la cámara de la guardia. 12Y cuando él se humilló, la ira de Jehová se apartó de él, para no destruirlo del todo; y también en Judá las cosas fueron bien.
13Fortalecido, pues, Roboam, reinó en Jerusalén; y era Roboam de cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que escogió Jehová de todas las tribus de Israel para poner en ella su nombre. Y el nombre de la madre de Roboam fue Naama amonita. 14E hizo lo malo, porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová.
15Las cosas de Roboam, primeras y postreras, ¿no están escritas en los libros del profeta Semaías y del vidente Iddo, en el registro de las familias? Y entre Roboam y Jeroboam hubo guerra constante. 16Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David; y reinó en su lugar Abías su hijo. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 3 DE Junio, Juan 13: 21 - 38
Jesús anuncia la traición de Judas
(Mt. 26.20–25; Mr. 14.17–21; Lc. 22.21–23)
21Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. 23Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. 24A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? 26Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. 28Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. 30Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.
El nuevo mandamiento
31Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. 32Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará. 33Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. 34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.31–35; Mr. 14.27–31; Lc. 22.31–34)
36Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 3 DE Junio 2 Crónicas 10,11, 12
Capítulo 10
10.1 Normalmente la coronación de un rey israelita se habría llevado a cabo en Jerusalén, la ciudad capital. Pero Roboam vio que existía la posibilidad de que surgieran problemas en el norte. Por lo tanto, para mantener su control sobre el país, escogió Siquem, una ciudad ubicada aproximadamente a 56 km al norte de Jerusalén. Siquem era un lugar donde, desde mucho tiempo atrás, se llevaban a cabo los pactos (Josué 21.1).
10.1–15 El seguir un mal consejo puede causar desastres. Roboam perdió la oportunidad de gobernar un reino unido y en paz debido a que rechazó el consejo de los asesores ancianos de Salomón, y prefirió el de sus amigos. Roboam cometió dos errores al buscar consejo: (1) No consideró las sugerencias de aquellos que conocían la situación mejor que él, y (2) no pidió a Dios sabiduría para discernir cuál era la mejor opción.
Es fácil seguir el consejo de los amigos porque a menudo sienten lo mismo que nosotros, pero su visión puede estar limitada. Es importante escuchar cuidadosamente a aquellos que tienen mayor experiencia que nosotros. Ellos pueden ver el panorama completo.
10.2, 3 ¿Por qué estaba Jeroboam en Egipto? El profeta Ahías predijo que Israel se dividiría en dos y que Jeroboam sería rey del norte. Cuando Salomón supo de esta profecía, trató de matar a Jeroboam, y este se vio forzado a huir a Egipto (1 Reyes 11.26–40).
10.14 Roboam debió haber tenido un modelo de liderazgo deficiente de su padre Salomón. Aparentemente Roboam vio exclusivamente la dificultad de gobernar al país, no las oportunidades. Mencionó solo los aspectos más ásperos del gobierno de Salomón, y decidió ser más duro con el pueblo. Cuando discuta sus responsabilidades con sus hijos, asegúrese de mitigar sus palabras de queja con palabras de regocijo. De otra manera, puede amargar las actitudes de sus hijos hacia el trabajo que realiza y hacia las personas que sirve.
10.16-19 Al tratar de tenerlo todo, Roboam perdió casi todo. Motivado por el hambre de poder y la avaricia, ejerció demasiada presión y dividió su reino. No necesitaba más dinero ni poder ya que había heredado el reino más rico del mundo. No necesitaba más control porque él era el rey. Sus demandas estaban basadas en el egoísmo más que en la razón o en el discernimiento espiritual. Aquellos que insisten en tenerlo todo a la larga terminan con poco o nada.
10.16-19 Aquí comienza la división del reino. La paz y la unidad que caracterizaron al gobierno de Salomón, ahora se veían arruinadas al dividirse el reino en dos. Diez tribus siguieron a Jeroboam y llamaron a su nación Israel o el reino del norte. Las otras dos, Judá y Benjamín, permanecieron leales a la línea de David y aceptaron el gobierno de Roboam. Llamaron a su nación Judá o el reino del sur.
Capítulo 11
11.1 La necedad de Roboam dividió su reino, y trató de reunirlo por la fuerza. Sin embargo, la verdadera unidad no se puede forzar, debe ser la respuesta libre de corazones dispuestos. Si usted quiere la lealtad de sus empleados, de sus hijos o de cualquier otra persona que tenga a su cargo, gánese su respeto por medio del amor y no trate de ganar su sumisión por medio de la fuerza.
11.4 ¿Por qué apoyó Dios esta rebelión? Era parte del castigo a la nación por haberse apartado de Él (1 Reyes 11.11). También pudo ser la forma en la que Dios evitó que fuera derrotado el pequeño reino de Roboam. Al hacer esto, Dios preservó la línea de David y mantuvo intacto su plan de que el Mesías sería descendiente de David (véase 2 Samuel 7.16). Cuando vemos división, especialmente en una iglesia, nos preguntamos qué es lo que Dios desearía que hiciéramos. Dios desea unidad, y si bien siempre tenemos que buscar la reconciliación, debemos admitir que sólo Dios conoce el futuro. Quizá utilice una división para cumplir sus propósitos mayores. 11.13,14 Antes de que se dividiera la nación, el centro de adoración estaba en Jerusalén, y el pueblo se reunía ahí para las tres grandes fiestas religiosas anuales. Durante el resto del año, los sacerdotes y los levitas, que vivían a lo largo de la tierra, realizaban otros servicios de adoración y rituales en los territorios de las tribus. Ofrecían sacrificios, enseñaban las leyes de Dios y alentaban al pueblo a continuar con Él y a evitar las influencias paganas.
Después de que la nación se dividió, Jeroboam, el nuevo rey de Israel, vio que estos sacerdotes y levitas representaban una amenaza a su nuevo gobierno porque permanecían leales a Jerusalén, ahora capital de Judá. Así que designó sus propios sacerdotes, proscribiendo efectivamente a los levitas de sus deberes y forzándolos a ir al reino del sur. Los sacerdotes paganos de Jeroboam impulsaron la idolatría. Con la ausencia de líderes espirituales, el nuevo reino del norte estaba en peligro de abandonar a Dios.
11.16 Esta gente obedeció a Dios y no al rey Jeroboam. Por esta acción, preservaron su integridad y fortalecieron al reino del sur. En el futuro, la mayor parte de la gente del reino del norte cooperaría con los designios malvados de los reyes, con la esperanza de verse beneficiados por sus servicios. No siga su ejemplo ni deseche las enseñanzas de Dios para obtener así una recompensa terrenal.
Capítulo 12
12.1,2 Aquí «Israel» se refiere a Judá. el reino del sur. Durante sus primeros tres años en el trono, Roboam hizo un intento por obedecer a Dios, y como resultado Judá prosperó. Pero más tarde, en la cima de su popularidad y poder, abandonó a Dios y llegó la destrucción porque Dios permitió que Judá fuera conquistada por Egipto. ¿Cómo pudo suceder esto? A menudo es mucho más difícil ser un creyente en los momentos buenos que en los momentos malos. Los tiempos difíciles nos empujan hacia Dios, pero los momentos buenos nos pueden hacer sentir autosuficientes y satisfechos. Cuando todo marche bien, vigile su fe de cerca.
12.2 Se encontró un registro de esta invasión en una piedra egipcia en la que está escrito que el ejército del rey Sisac de Egipto penetró hacia el norte hasta llegar al mar de Galilea, en el reino del norte. Egipto ya no era la potencia mundial que había sido alguna vez, y Sisac quería restaurar la anterior grandeza de su nación. No fue lo suficientemente fuerte para conquistar a Israel y a Judá, pero en un esfuerzo por volver a obtener el control de las rutas de comercio y crear disensión entre la gente, se las arregló para destruir las ciudades clave de Judá.
12.6-8 Dios suavizó su juicio cuando los líderes de Israel confesaron sus pecados, se humillaron y reconocieron la justicia de Dios al castigarlos. Nunca es tarde para arrepentirse, incluso en medio del castigo. A pesar de todo lo que nos haya sucedido, Dios desea recibirnos de nuevo a la comunión. ¿Está luchando solo debido a que el pecado ha afectado su relación con Dios? La confesión y la humildad abrirán la puerta para recibir la misericordia de Dios.
12.8 «Servir a los reinos de las naciones» era el precio que Judá tenía que pagar por desobedecer a Dios. Los líderes de la nación pensaron que podrían tener éxito con sus propias fuerzas, pero estaban equivocados. Cuando nos rebelamos contra Dios, siempre pagamos por ello. Cuando sacamos a Dios de nuestra vida, perdemos más en lo espiritual de lo que ganamos alguna vez en bienes terrenales.
12.10,11 Cuán irónico resulta el hecho de que el oro puro que había en el templo de Salomón fue sustituido por bronce barato. Roboam trató de mantener los adornos y la apariencia de la gloria anterior, pero no pudo. Cuando Dios deja de ser el centro de nuestra vida, el mantener la apariencia de una vida cristiana se vuelve superficial. La belleza externa debe provenir de una fuerza interna.
12.14 La vida de Roboam fue una tragedia debido a que «no dispuso su corazón para buscar a Jehová». Es peligroso aplazar nuestra respuesta a Dios. Él nos pide un compromiso firme, y a menos que le respondamos con plena confianza, nos encontraremos apartados de Él.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 3 DE Junio, Juan 13: 21 - 38
13.22 Judas no era un traidor obvio. Al fin y al cabo, era a quien los discípulos le confiaban el dinero (12.6; 13.29).
13.26 A menudo se señalaba de esta manera al que era el invitado de honor en una comida.
13.27 La parte que le tocó a Satanás en la traición a Jesús no elimina la responsabilidad de Judas. Desilusionado porque Jesús hablaba de morir y no de establecer su Reino, es posible que Judas haya tenido la intención de obligar a Jesús a usar su poder para probar que era el Mesías. O quizás Judas, al no entender la misión de Jesús, ya no creía que este fuese el escogido de Dios. Sea cual fuere el pensamiento de Judas, Satanás imaginó que la muerte de Jesús acabaría con su misión y obstaculizaría el plan de Dios. Al igual que Judas, no sabía que la muerte de Jesús, desde un principio, era la parte más importante del plan de Dios.
13.27-38 Juan describe estos pocos momentos de manera clara y detallada. Vemos que Jesús sabía con exactitud lo que acontecería. Sabía lo que pasaría con Judas y con Pedro, pero no cambió la situación, ni dejó de amarlos. Asimismo, Jesús sabe muy bien lo que hará usted con el fin de lastimarlo. Pero aun así lo ama incondicionalmente y le perdonará cuando usted se lo pida. Judas no entendió esto y su vida acabó de manera trágica. Pedro lo comprendió y, a pesar de sus faltas, su vida acabó de manera victoriosa porque nunca disminuyó su fe en Aquel que lo amaba.
13.34,35 Jesús dice que si nuestro amor es semejante al suyo será una demostración de que somos sus discípulos. ¿Ve la gente disputar por pequeñeces, celos y división en su iglesia? ¿O sabe que son seguidores de Jesús al ver el amor que se tienen?
13.34 Amar a otros no era un mandamiento nuevo (véase Levítico 19.18), pero amar a otros de la misma manera que Cristo amó a otros era revolucionario. Ahora debemos amar a otros basándonos en el amor sacrificial de Jesús por nosotros. Tal amor no solo llevará a los inconversos a Cristo, sino también mantendrá a los creyentes fuertes y unidos en un mundo hostil a Dios. Jesús fue un ejemplo viviente del amor de Dios, del mismo modo que debemos nosotros ser ejemplos del amor de Jesús.
13.35 El amor es más que una simple sensación de afecto: es una actitud que se revela en nuestras acciones. ¿Cómo podemos amar a otros de la manera que Jesús nos ama a nosotros? Ayudando cuando no resulta conveniente, sacrificándonos cuando duele, dedicando energía al bienestar de otros en lugar del propio, recibiendo heridas de otros sin quejarnos ni contraatacar. Es difícil amar así. De ahí que la gente nota cuando usted lo hace y sabe que ha recibido poder de una fuente sobrenatural. La Biblia ofrece una hermosa descripción del amor en 1 Corintios 13.
13.37, 38 Pedro dijo con orgullo a Jesús que estaba dispuesto a morir por Él. Pero Jesús le rectificó. Sabía que esa misma noche Pedro negaría conocer a Jesús a fin de protegerse (18.25–27). En nuestro entusiasmo, es fácil hacer promesas, pero Dios sabe hasta dónde llega nuestro compromiso. Pablo nos dice que no tengamos un concepto más elevado de nosotros que el que debemos tener (Romanos 12.3). En lugar de jactarse, demuestre su compromiso paso a paso al crecer en conocimiento de la Palabra de Dios y en su fe. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.
