LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE NOVIEMBRE. Jeremías 38,39,
Jeremías en la cisterna
38
1Oyeron Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur, Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo: 2Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá. 3Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en manos del ejército del rey de Babilonia, y la tomará. 4Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal. 5Y dijo el rey Sedequías: He aquí que él está en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. 6Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.
7Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín, 8Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey, diciendo: 9Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. 10Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera. 11Y tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la casa del rey debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, y los echó a Jeremías con sogas en la cisterna. 12Y dijo el etíope Ebed-melec a Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los sobacos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías. 13De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y lo subieron de la cisterna; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Sedequías consulta secretamente a Jeremías
14Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. 15Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás. 16Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.
17Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa. 18Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos. 19Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan. 20Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás. 21Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová: 22He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies, se volvieron atrás. 23Sacarán, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a fuego.
24Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás. 25Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey; 26les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a casa de Jonatán para que no me muriese allí. 27Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no se había oído. 28Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue tomada.
Caída de Jerusalén
39
1En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron. 2Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad. 3Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a la puerta de en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los demás príncipes del rey de Babilonia. 4Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá. 5Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y le tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. 6Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia. 8Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén. 9Y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que se habían adherido a él, con todo el resto del pueblo que había quedado, Nabuzaradán capitán de la guardia los transportó a Babilonia. 10Pero Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio viñas y heredades.
Nabucodonosor cuida de Jeremías
11Y Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán capitán de la guardia acerca de Jeremías, diciendo: 12Tómale y vela por él, y no le hagas mal alguno, sino que harás con él como él te dijere. 13Envió, por tanto, Nabuzaradán capitán de la guardia, y Nabusazbán el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los príncipes del rey de Babilonia; 14enviaron entonces y tomaron a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa; y vivió entre el pueblo.
Dios promete librar a Ebed-melec
15Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo; 16Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya. 17Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE NOVIEMBRER. Hebreos 1
LA EPÍSTOLA A LOS
HEBREOS
Dios ha hablado por su Hijo
1
1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
El Hijo, superior a los ángeles
5Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Mi Hijo eres tú,
Yo te he engendrado hoy,
y otra vez:
Yo seré a él Padre,
Y él me será a mí hijo?
6Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:
Adórenle todos los ángeles de Dios.
7Ciertamente de los ángeles dice:
El que hace a sus ángeles espíritus,
Y a sus ministros llama de fuego.
8Mas del Hijo dice:
Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;
Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,
Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,
Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
10Y:
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,
Y los cielos son obra de tus manos.
11 Ellos perecerán, mas tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,
12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;
Pero tú eres el mismo,
Y tus años no acabarán.
13Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
14¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 4 DE NOVIEMBRE. Jeremías 38, 39.
Capítulo 38
38.4, 5 No sorprende que Judá estaba revuelta: el rey estaba de acuerdo con todos. Escuchó a Jeremías (37.21); luego estuvo de acuerdo en matar a Jeremías (38.5); y finalmente lo rescató (38.10). Jeremías no era popular, sus palabras socavaron la moral del ejército y del pueblo. Sedequías no pudo decidirse entre la opinión pública y la Palabra de Dios. ¿Qué influye más en su vida: lo que otros dicen y piensan o lo que Dios quiere?
38.6 Los funcionarios pusieron a Jeremías en una cisterna para matarlo. Una cisterna era un gran hoyo en la tierra revestido de piedras para recolectar el agua de lluvia. El fondo debe haber sido oscuro, húmedo y, en este caso, lleno de lodo. Jeremías pudo haberse ahogado, morir por abandono o de hambre dentro de ella.
38.6 Los líderes de Judá persiguieron a Jeremías en repetidas ocasiones por proclamar fielmente los mensajes de Dios. Durante cuarenta años de ministerio fiel, no recibió aclamación alguna, ni amor, ni el pueblo lo siguió. Lo golpearon, encarcelaron, amenazaron y hasta forzaron a dejar su pueblo natal. Solo los babilonios paganos le mostraron algo de respeto (39.11, 12). Dios no garantiza que sus siervos escapen de la persecución, incluso cuando son fieles. Pero Él sí promete estar con ellos y darles la fortaleza para soportar (2 Corintios 1.3–7). Cuando ministre a otros, reconozca que su servicio es para Dios y no solo para la aprobación humana. Las recompensas de Dios son fieles, pero no siempre durante nuestro transitar en esta tierra.
38.7,8 La puerta de Benjamín era una de las entradas de la ciudad de Jerusalén donde se trataban los asuntos legales. Un funcionario del palacio, Ebed-melec, tuvo acceso al rey. Cuando escuchó de la situación de Jeremías, fue inmediatamente a lidiar con esta injusticia.
38.9–13 Ebed-melec temía más a Dios que al hombre. De entre todos los funcionarios del palacio fue el único que se levantó en contra de esta confabulación para asesinar a Jeremías. Su obediencia le pudo haber costado la vida. Debido a que obedeció, sin embargo, le perdonaron la vida cuando Jerusalén cayó (39.15–18). Usted puede ir junto con la multitud o hablar a favor de Dios. Por ejemplo, cuando traten a alguien con desdén o injusticia, acérquese a esa persona con el amor de Dios. Quizás sea el único que lo haga. Y, cuando a usted mismo lo traten con injusticia, asegúrese de agradecer a Dios cuando envíe a un «Ebed-melec» en su camino.
38.27 Los funcionarios querían información precisa, pero no la verdad de Dios. Querían utilizar esta información en contra de Dios, de su profeta y del rey. Sin embargo, Jeremías dijo a los príncipes solo lo que el rey le ordenó que dijera. No debemos callar la verdad de Dios a los demás, pero debemos ocultar la que se usará para dañar al pueblo de Dios.
Capítulo 39
39.1ss Sedequías, hijo del rey Josías y último rey de Judá, gobernó once años, desde el año 597 hasta 586 a.C. Los dos hermanos mayores de Sedequías, Joacaz y Joacim, y su sobrino Joaquín gobernaron antes que él. Cuando llevaron a Joaquín al cautiverio en Babilonia, Nabucodonosor puso a Matanías, de veintiún años de edad, como rey, cambiando su nombre a Sedequías. Este se rebeló en contra de Nabucodonosor, quien lo capturó, mató a sus hijos delante de él y luego lo dejó ciego y lo llevó de regreso a Babilonia donde más tarde murió (véanse 2 Reyes 24; 2 Crónicas 36; Jeremías 52).
39.5 Ribla estaba a 320 km al norte de Jerusalén. Era el centro de operaciones babilónico para gobernar la región.
39.10 Babilonia tenía una astuta política externa hacia las tierras conquistadas. Deportaba a los ricos y poderosos, dejando solo a los muy pobres al mando, por lo que estaban agradecidos con sus conquistadores. Este método aseguraba que las poblaciones conquistadas fueran demasiado leales y débiles para rebelarse.
39.11, 12 Dios prometió librar a Jeremías de este problema (1.8). Los supersticiosos babilonios, que respetaban en gran manera a los magos y a los que adivinaban la suerte, trataron a Jeremías como un vidente. Debido a que su mismo pueblo lo encarceló, creyeron que era un traidor y que estaba de su parte. Sin duda alguna sabían que aconsejó a Judá que cooperara con Babilonia y predijo la victoria babilónica. Por lo tanto, los babilonios liberaron a Jeremías y lo protegieron.
39.13,14 ¡Qué diferencia hubo entre el destino de Jeremías y el de Sedequías! A Jeremías lo liberaron, a Sedequías lo encarcelaron. A Jeremías lo salvó su fe, a Sedequías lo destruyó su temor. A Jeremías lo trataron con respeto, a Sedequías lo trataron con desprecio. Jeremías se preocupaba por su pueblo, Sedequías se preocupaba por él mismo.
39.17, 18 Ebed-melec arriesgó su vida para salvar a Jeremías, el profeta de Dios (38.7–13). Cuando Babilonia conquistó a Jerusalén, Dios protegió a Ebed-melec de los babilonios. Dios tiene recompensas especiales para su gente fiel, pero no todos las recibirán en esta vida
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 31 DE OCTUBRE. Hebreos 1
Capítulo 1
1.1 La Epístola a los Hebreos describe en detalle cómo Jesucristo no solo cumple las promesas y las profecías del Antiguo Testamento, sino también cómo Jesucristo es mejor que todo el sistema de pensamiento judío. Los judíos aceptaron el Antiguo Testamento, pero muchos de ellos rechazaron a Jesús como el Mesías por tanto tiempo anhelado. Los destinatarios de esta carta dan la impresión de haber sido judíos cristianos. Tenían un buen conocimiento de las Escrituras y habían profesado su fe en Cristo. Ya sea debido a la duda, a la persecución o a la falsa enseñanza, pudieron haber estado en peligro de abandonar su fe cristiana y regresar al judaísmo.
Se desconoce la paternidad literaria de este libro. Se han sugerido varios nombres, como Lucas, Bernabé, Apolos, Priscila y Pablo. La mayoría de los estudiosos no creen que Pablo haya sido el autor, ya que el estilo de redacción empleado en Hebreos es algo diferente del de las epístolas de Pablo. Además, Pablo se identifica en sus cartas y apela a su autoridad como apóstol, mientras que el escritor de Hebreos nunca da su nombre y, en busca de autoridad, apela a los testigos presenciales del ministerio de Jesús. Sin embargo, el autor de Hebreos evidentemente conocía bien a Pablo. Es probable que Hebreos fuera escrito por uno de los colaboradores de Pablo, que con frecuencia oyó su prédica.
1.1, 2 Dios usó muchos medios para enviar sus mensajes a las personas de la época del Antiguo Testamento. Le habló a Isaías en visiones (Isaías 6) a Jacob en un sueño (Génesis 28.10–22) y a Abraham y a Moisés personalmente (Génesis 18; Éxodo 31.18). Los judíos familiarizados con esas historias no tenían dificultad para creer que Dios todavía seguía revelando su voluntad, pero les resultó asombroso pensar que Dios se había revelado por medio de su Hijo, Jesucristo. Él es el cumplimiento y la culminación de las revelaciones de Dios a través de los siglos. Cuando lo conocemos, tenemos todo lo que necesitamos para ser salvos de nuestro pecado y tener una perfecta comunión con Dios.
1.2, 3 No solo Jesucristo es la imagen misma de Dios, sino también es Dios mismo; el Dios que habló en la época del Antiguo Testamento. Es eterno; tuvo parte con el Padre en la creación del mundo (Juan 1.3; Colosenses 1.16). Es la plena revelación de Dios. No es posible tener una visión clara de Dios sin mirar a Cristo. Él es la manifestación perfecta de Dios en un cuerpo humano.
1.3 El libro de Hebreos relaciona el poder salvador de Dios con su poder creador. En otras palabras, el poder que le dio existencia al universo e hizo que se mantuviera funcionando es el mismo poder que quita (provee purificación para) nuestros pecados. Cuán erróneo es pensar que Dios no pueda perdonarnos. No hay pecado demasiado grande que el Rey del universo no pueda quitar. Dios puede perdonar y nos perdonará cuando nos acercamos a Él por medio de su Hijo. La frase se sentó significa que se terminó la obra. El sacrificio de Cristo fue terminante.
1.4 El nombre más excelente que heredó Jesucristo es «Hijo de Dios». Ese nombre otorgado por el Padre es superior a los nombres y títulos de los ángeles.
1.4ss Los falsos maestros en muchas de las primeras iglesias enseñaban que solo era posible comunicarse con Dios por medio de los ángeles. En lugar de adorar a Dios directamente, los seguidores de esas herejías reverenciaban a los ángeles. Hebreos denuncia con claridad tales enseñanzas como falsas. Algunos enseñaban que Jesucristo era el ángel de mayor rango de Dios. Pero Jesucristo no es un ángel superior; y de todos modos, no se debe adorar a los ángeles (véanse Colosenses 2.18, Apocalipsis 19.1–10). Jesucristo es Dios. Solo Él es digno de nuestra adoración.
1.5,6 Jesucristo es el primogénito de Dios. En las familias judías el hijo primogénito mantenía el lugar de más alto privilegio como también de responsabilidad. Los cristianos judíos al leer este pasaje comprendían que, como primogénito de Dios, Jesucristo era superior a cualquier ser creado.
1.10–12 El autor de Hebreos cita el Salmo 102.25–27. Allí considera a Dios como el que habla y aplica sus palabras al Hijo Jesucristo. El que los cielos y la tierra «perecerán» revela que la tierra no es permanente ni indestructible (una opinión de muchas filosofías griegas y romanas). La autoridad de Cristo se establece sobre toda la creación, de modo que no nos atrevamos a considerar ningún objeto o recurso terrenal más importante de lo que Él es.
1.11,12 Como los lectores de Hebreos experimentaron el rechazo de sus hermanos judíos, con frecuencia se sintieron aislados. Muchos se sintieron tentados a cambiar al inmutable Cristo por su conocida y antigua fe. El escritor de Hebreos les exhorta a no hacerlo; Cristo es la única seguridad en un mundo cambiante. Sin que importe lo que pueda suceder en este mundo, Cristo jamás cambia. Si confiamos en Él estaremos absolutamente seguros, porque nos hallamos sobre el fundamento más firme que hay en el universo: Jesucristo. Un himno famoso resume esta verdad: «Jesús será mi protección, la roca de mi salvación».
1.12 ¿Qué significa que Cristo es inmutable («tú eres el mismo»)? Quiere decir que jamás cambiará su carácter. Él es invariable en su amor a nosotros, dedicado a la equidad y a la justicia y absolutamente decidido a ser misericordioso con nosotros a pesar de que no lo merecemos. Regocíjese de que Cristo es invariable. Él siempre lo ayudará cuando usted lo requiera y le ofrece perdón cuando cae.
1.14 Los ángeles, seres espirituales creados por Dios, son mensajeros de Dios y están bajo su autoridad (Colosenses 1.16). Cumplen varias funciones: sirven a los creyentes (1.14), protegen a los débiles (Mateo 18.10), proclaman el mensaje de Dios (Apocalipsis 14.6–12) y ejecutan el juicio de Dios (Hechos 12.1–23; Apocalipsis 20.1–3). Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.
