Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 22 DE Abril. 2 Samuel 4, 5, 6

Is-boset es asesinado

4

1Luego que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido muerto en Hebrón, las manos se le debilitaron, y fue atemorizado todo Israel. 2Y el hijo de Saúl tenía dos hombres, capitanes de bandas de merodeadores; el nombre de uno era Baana, y el del otro, Recab, hijos de Rimón beerotita, de los hijos de Benjamín (porque Beerot era también contado con Benjamín, 3pues los beerotitas habían huido a Gitaim, y moran allí como forasteros hasta hoy).

4Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset.

5Los hijos, pues, de Rimón beerotita, Recab y Baana, fueron y entraron en el mayor calor del día en casa de Is-boset, el cual estaba durmiendo la siesta en su cámara. 6Y he aquí la portera de la casa había estado limpiando trigo, pero se durmió; y fue así como Recab y Baana su hermano se introdujeron en la casa. 7Cuando entraron en la casa, Is-boset dormía sobre su lecho en su cámara; y lo hirieron y lo mataron, y le cortaron la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por el camino del Arabá. 8Y trajeron la cabeza de Is-boset a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boset hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte; y Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su linaje. 9Y David respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón beerotita, y les dijo: Vive Jehová que ha redimido mi alma de toda angustia, 10que cuando uno me dio nuevas, diciendo: He aquí Saúl ha muerto, imaginándose que traía buenas nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva. 11¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra? 12Entonces David ordenó a sus servidores, y ellos los mataron, y les cortaron las manos y los pies, y los colgaron sobre el estanque en Hebrón. Luego tomaron la cabeza de Is-boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón.

 David es proclamado rey de Israel

(1 Cr. 11.1–3)

5

1Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. 2Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. 3Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. 4Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.

 David toma la fortaleza de Sion

(1 Cr. 11.4–9)

6Entonces marchó el rey con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: Tú no entrarás acá, pues aun los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá). 7Pero David tomó la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David. 8Y dijo David aquel día: Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en la casa. 9Y David moró en la fortaleza, y le puso por nombre la Ciudad de David; y edificó alrededor desde Milo hacia adentro. 10Y David iba adelantando y engrandeciéndose, y Jehová Dios de los ejércitos estaba con él.

 Hiram envía embajadores a David

(1 Cr. 14.1–2)

11También Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David. 12Y entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había engrandecido su reino por amor de su pueblo Israel.

 Hijos de David nacidos en Jerusalén

(1 Cr. 3.5–9; 14.3–7)

13Y tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalén, después que vino de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. 14Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15Ibhar, Elisúa, Nefeg, Jafía, 16Elisama, Eliada y Elifelet.

 David derrota a los filisteos

(1 Cr. 14.8–17)

17Oyendo los filisteos que David había sido ungido por rey sobre Israel, subieron todos los filisteos para buscar a David; y cuando David lo oyó, descendió a la fortaleza. 18Y vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Refaim. 19Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano. 20Y vino David a Baal-perazim, y allí los venció David, y dijo: Quebrantó Jehová a mis enemigos delante de mí, como corriente impetuosa. Por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim. 21Y dejaron allí sus ídolos, y David y sus hombres los quemaron.

22Y los filisteos volvieron a venir, y se extendieron en el valle de Refaim. 23Y consultando David a Jehová, él le respondió: No subas, sino rodéalos, y vendrás a ellos enfrente de las balsameras. 24Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces te moverás; porque Jehová saldrá delante de ti a herir el campamento de los filisteos. 25Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado; e hirió a los filisteos desde Geba hasta llegar a Gezer.

 David intenta llevar el arca a Jerusalén

(1 Cr. 13.5–14)

6

1David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, treinta mil. 2Y se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines. 3Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo. 4Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca. 5Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos.

6Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. 7Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. 8Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy. 9Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová? 10De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo. 11Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa.

 David trae el arca a Jerusalén

(1 Cr. 15.1—16.6)

12Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David. 13Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado. 14Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino. 15Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.

16Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón. 17Metieron, pues, el arca de Jehová, y la pusieron en su lugar en medio de una tienda que David le había levantado; y sacrificó David holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová. 18Y cuando David había acabado de ofrecer los holocaustos y ofrendas de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos. 19Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno un pan, y un pedazo de carne y una torta de pasas. Y se fue todo el pueblo, cada uno a su casa.

20Volvió luego David para bendecir su casa; y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera! 21Entonces David respondió a Mical: Fue delante de Jehová, quien me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Por tanto, danzaré delante de Jehová. 22Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado. 23Y Mical hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 22 DE Abril. Lucas 18: 18 -  43

El joven rico

(Mt. 19.16–30; Mr. 10.17–31)

18Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. 20Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. 21Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. 24Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. 28Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

 Nuevamente Jesús anuncia su muerte

(Mt. 20.17–19; Mr. 10.32–34)

31Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. 32Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. 33Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. 34Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.

 Un ciego de Jericó recibe la vista

(Mt. 20.29–34; Mr. 10.46–52)

35Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; 36y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. 37Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. 38Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 39Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 40Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, 41diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. 42Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. 43Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 22 DE Abril. 2 Samuel 4, 5, 6

Capítulo 4

4.1 Is-boset fue un hombre que obtenía valor de otro hombre (Abner) en vez de obtenerlo de Dios. Cuando Abner murió, Is-boset se quedó sin nada. En crisis y bajo presión, se derrumbó en temor. El miedo puede paralizarnos, pero la fe y la confianza en Dios pueden superar el temor (2 Timoteo 1.6–8; Hebreos 13.6). Si confiamos en Dios, seremos libres para responder con valentía a los sucesos que ocurran a nuestro alrededor.

4.4 El resto de la historia de Mefi-boset se relata en 2 Samuel 9; 16.1–4; y 19.24–30.

4.11 David llamó a Is-boset «justo». Como hijo de Saúl, Is-boset tenía razón para pensar que estaba en la línea directa para subir al trono. No era malvado al querer ser rey; por el contrario, simplemente fue muy débil para oponerse a la injusticia. Aun cuando David sabía que Is-boset no era el líder que se necesitaba para unir a Israel, no tenía ninguna intención de matarlo. Dios le había prometido el reino a David y él sabía que Dios cumpliría su promesa.

Cuando David se enteró de la muerte de Is-boset se puso furioso. Nunca había hecho ningún daño a Saúl, y pensó que el método del asesino era cobarde. David quería unir a Israel, no quería abrir un abismo entre él y los seguidores de Is-boset. Para demostrar que no tenía nada que ver con el exterminio del hijo real de Saúl, ordenó que los asesinos fueran ejecutados. Is-boset recibió una honrosa sepultura. Todas las tribus de Israel, reconocieron en David al líder fuerte que necesitaban, y le prodigaron su lealtad. Sin duda alguna, la amenaza filistea y la reputación militar de David (1 Samuel 18.7) ayudaron, además, a unificar el pueblo.

Capítulo 5

5.3–5 Esta fue la tercera vez que David fue ungido rey. Primero fue ungido en privado por Samuel (1 Samuel 16.13). Luego, fue coronado rey de la tribu de Judá (2.4). Finalmente, fue coronado rey de todo Israel. Cuando vivió fuera de la ley, la vida le pareció hostil; sin embargo, la promesa de Dios de que lo haría rey de todo Israel se cumplía. Aun cuando el reino sería dividido otra vez en menos de setenta y cinco años, la dinastía de David reinaría sobre Judá, el reino del sur, por más de cuatrocientos años.

5.4, 5 David no llegó a ser rey de Israel hasta que tuvo treinta y siete años, a pesar de que se le había prometido el reino muchos años antes (1 Samuel 16.13). Durante aquellos años, David tuvo que esperar pacientemente para que se cumpliera la promesa de Dios. Si usted se siente presionado para obtener resultados y éxitos inmediatos, recuerde la paciencia de David. De la misma manera que ese tiempo lo preparó para su importante tarea, un período de espera debe ayudarlo a prepararse para fortalecer su carácter.

5.6 La ciudad amurallada de Jerusalén estaba localizada en una alta colina cerca del centro del reino unido de Israel. Era considerada territorio neutral porque se localizaba en la frontera del territorio de las tribus de Benjamín y Judá y todavía seguía ocupada por los jebuseos, una tribu cananea que nunca fue expulsada de la tierra (Jueces 1.21). Por sus ventajas estratégicas David hizo de Jerusalén su capital.

5.6,7 Los jebuseos tenían una clara ventaja militar y se vanagloriaban de su seguridad detrás de los impenetrables muros de Jerusalén, también llamada Sion. Pero pronto descubrirían que sus paredes no los ayudarían. David los tomó por sorpresa al entrar a la ciudad a través de un canal de agua.

Sólo en Dios estamos completamente sanos y salvos. Cualquier otra cosa es falsa seguridad. Ya sea que esté rodeado por impresionantes paredes de piedra, una casa confortable o un trabajo seguro, no dé por hecho que estarán ahí mañana. Nuestra relación con Dios es la única seguridad que no puede ser quitada.

5.12 «Y entendió David que Jehová le había confirmado[...]» Aun cuando los reinos paganos basaban su grandeza en la conquista, poder, ejércitos y riqueza, David sabía que su grandeza provenía exclusivamente de Dios. Ser grande significa mantener una relación cercana con Dios de manera personal y nacional. Para hacer esto, David tuvo que mantener su ambición bajo control. A pesar de que era famoso, exitoso y admirado, le dio a Dios el primer lugar en su vida y sirvió al pueblo de acuerdo con el propósito de Dios. ¿Busca la grandeza proveniente de Dios o del hombre? En el camino al éxito, recuerde mantener su ambición bajo el control de Dios.

5.17 «La fortaleza» es una montaña en el desierto de Judá que usó David cuando se defendía de Saúl (véanse 23.14 y 1 Crónicas 12.8).

5.17 La opresión filistea para Israel comenzó en los días de Sansón (Jueces 13–16). Los filisteos eran todavía los enemigos más poderosos de Israel, a pesar que David fue considerado en una oportunidad un amigo y aliado (1 Samuel 27; 29). Debido a que ocupaban mucha parte del norte del territorio de Israel, aparentemente no molestaron a David cuando fue rey de Judá, hacia el sur. Pero cuando se enteraron que David estaba tratando de unir todo Israel, trataron de detenerlo.

5.19 ¿Cómo pudo obtener David un mensaje de Dios tan claro? Probablemente había orado y el Espíritu Santo lo había urgido a actuar. Pudo haber preguntado a Dios a través de un profeta. Muy probablemente, sin embargo, fue ante el sumo sacerdote, que consultaba a Dios a través del Urim y Tumim, piedras que Dios les había dicho a los israelitas que utilizaran para un propósito igual a este. 5.19–25 David luchó sus batallas siguiendo las instrucciones de Dios. En cada instancia él (1) preguntó si debía pelear o no, (2) siguió las instrucciones cuidadosamente y (3) le dio a Dios la gloria. Podemos errar en nuestras «batallas» al ignorar estos pasos y por el contrario: (1) hacer lo que queramos sin considerar la voluntad de Dios, (2) hacer las cosas a nuestra manera e ignorar el consejo de la Biblia o de otras personas sabias y (3) darnos la gloria a nosotros mismos o a otra persona sin reconocer la ayuda que recibimos de Dios. Todas estas respuestas son pecado.

5.25 Después que David llegó a ser rey, su primer asunto fue someter a sus enemigos, una tarea en la que había fallado la nación cuando entró por primera vez en la tierra (Jueces 2.1–4). David sabía que esto se tenía que hacer para: (1) proteger a la nación, (2) unificar el reino, y (3) prepararla para la edificación del templo (que unificaría la religión bajo el mando de Dios y ayudaría a abolir las influencias idólatras).

Capítulo 6

6.3 El arca del pacto era el tesoro nacional de Israel. Este objeto sumamente sagrado en la tierra se guardaba por lo general en el tabernáculo. Cuando el arca fue regresada a Israel después de un breve cautiverio en Filistea (1 Samuel 4.1–7.2), fue guardada en la casa de Abinadab durante veinte años. David vio cuánto fue bendecido Abinadab, y quiso traer el arca a Jerusalén para que la nación entera fuera bendecida. 

6.6, 7 Uza sólo estaba tratando de proteger el arca. ¿Acaso fue justa la ira de Dios en contra de Uza? De acuerdo con Números 4.5–15, el arca sólo la podían mover los levitas, los cuales debían usar las varas para transportarla, nunca debían tocar el arca. Tocarla era una ofensa capital bajo la ley hebrea (Números 4.15). La acción de Dios iba dirigida tanto para David como para Uza. David colocó el arca en un carro, siguiendo el ejemplo filisteo (1 Samuel 6.7, 8) en lugar de seguir las órdenes de Dios. Uza, aun cuando fue sincero en su deseo de proteger el arca, tuvo que enfrentarse a las consecuencias de su pecado al tocarla. Además, Uza pudo no haber sido levita. Mientras que David buscó traer de nuevo a Israel a una relación con Dios, Él tuvo que recordarle a la nación de una forma dramática que el entusiasmo debe ser acompañado por la obediencia a las leyes de Dios. La siguiente vez que David trató de llevar el arca a Jerusalén, fue muy cuidadoso y lo hizo correctamente (1 Crónicas 15.1–15).

6.8–12 David estaba enojado porque un hombre con buenas intenciones había muerto, y porque sus planes de un regreso gozoso del arca se habían visto frustrados (6.8). Sin duda sabía que la falta era suya por haber transportado el arca sin el debido cuidado. Después de que se calmó, hizo que el arca fuera colocada en un refugio temporal mientras él esperaba ver si Jehová le permitiría llevarla a Jerusalén. Esto además le dio tiempo a David para considerar la forma correcta en la que debía transportar el arca. El hecho de que Dios bendijera la casa de Obed-edom era una señal de que David podría tratar una vez más de mover el arca a Jerusalén.

6.14 David usó un efod de lino, un delantal sacerdotal, tal vez porque se trataba de una celebración religiosa.

6.16ss Mical fue la primera esposa de David, pero aquí simplemente se le llama la hija de Saúl, posiblemente para mostrar cuán similar era su actitud a la de su padre. Su desdén por David probablemente no comenzó con la gran entrada que hizo David a la ciudad. Quizá pensó que era indigno preocuparse tanto con un culto público en un momento que no tenía importancia en el reino. O quizá pensó que no era digno de un rey mostrar tal emoción. Ella pudo haberse resentido con David por haber tenido que regresar con él, y dejar a Palti. Sea cual fuere la razón, este desdén que sintió hacia su esposo se convirtió en una difícil confrontación, y Mical acabó siendo estéril por el resto de su vida. Los sentimientos de amargura y resentimiento si no se los controla destruirán una relación. Deben ser tratados antes de que se conviertan en una guerra abierta.

6.17 Sólo un sacerdote podía colocar los sacrificios en el altar. Levítico 1.2–13 parece indicar que cualquiera que estuviera ceremonialmente limpio podría asistir a un sacerdote al ofrecer un sacrificio. Por lo tanto David posiblemente ofreció estos sacrificios a Dios con la ayuda de un sacerdote. Salomón hizo lo mismo (1 Reyes 8.62–65).


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 22 DE Abril. Lucas 18: 18 -  43

18.18ss Este hombre principal buscaba aliento, alguna forma de saber que tenía vida eterna. Quería que Jesús midiera y evaluara sus cualidades o que le diera alguna tarea a fin de asegurar su inmortalidad. De ahí que Jesús le diera una tarea, la única cosa que este hombre sintió que no podría cumplir. «¿Quién, pues, podrá ser salvo?», se preguntaron los presentes. «Nadie puede por sus medios», respondió Jesús. «Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios». La salvación no se puede ganar, es un don de Dios (véase Efesios 2.8–10).

18.18,19 En esencia, la pregunta de Jesús al hombre principal, el que lo llamó «Maestro bueno», fue: «¿Sabes quién soy?» Sin dudas este hombre, que con razón le llamaba bueno, no captó las implicaciones de la declaración de Jesús porque Él es Dios mismo.

18.22,23 La riqueza de este hombre trajo cierta clase de paz a su vida y le dio poder y prestigio. Cuando Jesús le dijo que vendiera todo lo que poseía, tocaba su seguridad e identidad. El hombre no entendió que estaría mucho más seguro si seguía a Jesús, más que la estabilidad que le daba sus riquezas. Jesús no pide a todos los creyentes que vendan las cosas que tienen, más bien esta puede ser su voluntad para algunos. Sin embargo, nos pide todo para que no nos atrape algo que quizás consideremos más importante que Dios. Si la base de su seguridad ha cambiado de Dios a lo que usted posee, sería mejor deshacerse de esas posesiones.

18.24-27 Debido a que el dinero representa poder, autoridad y éxito, a menudo es difícil para la gente adinerada concientizarse de su necesidad y de su incapacidad para salvarse. Los ricos en talento o inteligencia sufren la misma dificultad. A menos que Dios penetre en sus vidas, estas por sí solas no irán a Él. Jesús sorprendió a algunos de sus oyentes al ofrecer salvación al pobre. Hoy en día quizás sorprenda a algunos ofrecérsela a los ricos. Es difícil para una persona autosuficiente aceptar su necesidad e ir a Jesús, pero «lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios».

18.26-30 Pedro y los otros discípulos tuvieron que pagar un alto precio al dejar sus hogares y trabajos para seguir al Señor. No obstante, Jesús le recordó a Pedro que seguirle tiene sus beneficios y también sacrificios. Cualquier creyente que haya tenido que dejar algo para seguir a Cristo tendrá recompensa en esta vida y en la venidera. Por ejemplo, si usted debe dejar un trabajo seguro, descubrirá que Dios le ofrece una relación más segura con Él ahora y siempre. Si sufre el rechazo de su familia, ganará el amor de la familia de Dios. Los discípulos comenzaron a pagar el precio de seguir a Cristo y Él les dijo que serían recompensados. No se fije en lo que ya dejó; piense en lo que ganó y dé gracias por ello. Nunca daremos más que Dios.

18.31–34 Algunas profecías de lo que le sucedería a Jesús se hallan en el Salmo 41.9 (traición); Salmo 22.16–18 e Isaías 53.4–7 (crucifixión); Salmo 16.10 (resurrección). Los discípulos no entendieron lo que Jesús dijo. Tal parece que concentraron su atención en la parte de su muerte e hicieron caso omiso de lo que mencionó en cuanto a su resurrección. A pesar de que Jesús les habló con claridad, no lograron captar el significado de sus palabras hasta que lo vieron resucitado, cara a cara.

18.35 A menudo, los mendigos esperaban junto a los caminos cerca de las ciudades, porque eran los lugares más apropiados para entrar en contacto con la gente. Por lo general, los impedidos en alguna manera no estaban en condiciones de trabajar para vivir. No existía tratamiento médico para estos problemas y la gente tendía a pasar por alto su obligación de ayudar al necesitado (Levítico 25.35–38). Esos mendigos tenían muy poca esperanza de salir de esta degradante forma de vivir. Sin embargo, este ciego en particular puso su esperanza en el Mesías. Sin vergüenza clamó procurando ganar la atención de Jesús y este le dijo que su fe le permitió ver. No importa cuán desesperante sea su situación, si clama a Jesús con fe, Él lo ayudará.

18.38 El ciego llamó a Jesús «Hijo de David», un título para el Mesías (Isaías 11.1–3). Esto significa que entendió que Jesús era el Mesías tan esperado, mientras que los líderes religiosos que vieron sus milagros permanecieron ciegos a su identidad y se negaron a reconocerlo como tal.  Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960. 


 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 21 DE Abril. 2 Samuel 1, 2, 3

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL

 David oye de la muerte de Saúl

1

1Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag. 2Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia. 3Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del campamento de Israel. 4David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron. 5Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo? 6El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. 7Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí. 8Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita. 9El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí. 10Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.

11Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada. 13Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. 14Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? 15Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió. 16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

 David endecha a Saúl y a Jonatán

17Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, 18y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.

19 ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas!

¡Cómo han caído los valientes!

20 No lo anunciéis en Gat,

Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón;

Para que no se alegren las hijas de los filisteos,

Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.

21 Montes de Gilboa,

Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas;

Porque allí fue desechado el escudo de los valientes,

El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.

22 Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes,

El arco de Jonatán no volvía atrás,

Ni la espada de Saúl volvió vacía.

23 Saúl y Jonatán, amados y queridos;

Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados;

Más ligeros eran que águilas,

Más fuertes que leones.

24 Hijas de Israel, llorad por Saúl,

Quien os vestía de escarlata con deleites,

Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.

25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!

¡Jonatán, muerto en tus alturas!

26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,

Que me fuiste muy dulce.

Más maravilloso me fue tu amor

Que el amor de las mujeres.

27 ¡Cómo han caído los valientes,

Han perecido las armas de guerra!

 David es proclamado rey de Judá

2

1Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón. 2David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal el de Carmel. 3Llevó también David consigo a los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón. 4Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá.

Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl. 5Entonces envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura. 6Ahora, pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho. 7Esfuércense, pues, ahora vuestras manos, y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.

 Guerra entre David y la casa de Saúl

8Pero Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl, tomó a Is-boset hijo de Saúl, y lo llevó a Mahanaim, 9y lo hizo rey sobre Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel. 10De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Solamente los de la casa de Judá siguieron a David. 11Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses.

12Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los siervos de Is-boset hijo de Saúl, 13y Joab hijo de Sarvia y los siervos de David salieron y los encontraron junto al estanque de Gabaón; y se pararon los unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado. 14Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense. 15Entonces se levantaron, y pasaron en número igual, doce de Benjamín por parte de Is-boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de David. 16Y cada uno echó mano de la cabeza de su adversario, y metió su espada en el costado de su adversario, y cayeron a una; por lo que fue llamado aquel lugar, Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón. 17La batalla fue muy reñida aquel día, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los siervos de David. 18Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Este Asael era ligero de pies como una gacela del campo.

19Y siguió Asael tras de Abner, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda. 20Y miró atrás Abner, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí. 21Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él. 22Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano? 23Y no queriendo él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la quinta costilla, y le salió la lanza por la espalda, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se detenían.

24Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se puso el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón. 25Y se juntaron los hijos de Benjamín en pos de Abner, formando un solo ejército; e hicieron alto en la cumbre del collado. 26Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No sabes tú que el final será amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos? 27Y Joab respondió: Vive Dios, que si no hubieses hablado, el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos desde esta mañana. 28Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no persiguió más a los de Israel, ni peleó más.

29Y Abner y los suyos caminaron por el Arabá toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón y llegaron a Mahanaim. 30Joab también volvió de perseguir a Abner, y juntando a todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres y Asael. 31Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, a trescientos sesenta hombres, los cuales murieron. 32Tomaron luego a Asael, y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Y caminaron toda aquella noche Joab y sus hombres, y les amaneció en Hebrón.

3

1Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.

 Hijos de David nacidos en Hebrón

(1 Cr. 3.1–4)

2Y nacieron hijos a David en Hebrón; su primogénito fue Amnón, de Ahinoam jezreelita; 3su segundo Quileab, de Abigail la mujer de Nabal el de Carmel; el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; 4el cuarto, Adonías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías hijo de Abital; 5el sexto, Itream, de Egla mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrón.

 Abner pacta con David en Hebrón

6Como había guerra entre la casa de Saúl y la de David, aconteció que Abner se esforzaba por la casa de Saúl. 7Y había tenido Saúl una concubina que se llamaba Rizpa, hija de Aja; y dijo Is-boset a Abner: ¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre? 8Y se enojó Abner en gran manera por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perro que pertenezca a Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saúl tu padre, con sus hermanos y con sus amigos, y no te he entregado en mano de David; ¿y tú me haces hoy cargo del pecado de esta mujer? 9Así haga Dios a Abner y aun le añada, si como ha jurado Jehová a David, no haga yo así con él, 10trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba. 11Y él no pudo responder palabra a Abner, porque le temía.

12Entonces envió Abner mensajeros a David de su parte, diciendo: ¿De quién es la tierra? Y que le dijesen: Haz pacto conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo para volver a ti todo Israel. 13Y David dijo: Bien; haré pacto contigo, mas una cosa te pido: No me vengas a ver sin que primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vengas a verme. 14Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos. 15Entonces Is-boset envió y se la quitó a su marido Paltiel hijo de Lais. 16Y su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner: Anda, vuélvete. Entonces él se volvió.

17Y habló Abner con los ancianos de Israel, diciendo: Hace ya tiempo procurabais que David fuese rey sobre vosotros. 18Ahora, pues, hacedlo; porque Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos. 19Habló también Abner a los de Benjamín; y fue también Abner a Hebrón a decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamín.

20Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido. 21Y dijo Abner a David: Yo me levantaré e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan contigo pacto, y tú reines como lo desea tu corazón. David despidió luego a Abner, y él se fue en paz.

 Joab mata a Abner

22Y he aquí que los siervos de David y Joab venían del campo, y traían consigo gran botín. Mas Abner no estaba con David en Hebrón, pues ya lo había despedido, y él se había ido en paz. 23Y luego que llegó Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso a Joab, diciendo: Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le ha despedido, y se fue en paz. 24Entonces Joab vino al rey, y le dijo: ¿Qué has hecho? He aquí Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le dejaste que se fuese? 25Tú conoces a Abner hijo de Ner. No ha venido sino para engañarte, y para enterarse de tu salida y de tu entrada, y para saber todo lo que tú haces.

26Y saliendo Joab de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera. 27Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y murió. 28Cuando David supo después esto, dijo: Inocente soy yo y mi reino, delante de Jehová, para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner. 29Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni quien muera a espada, ni quien tenga falta de pan. 30Joab, pues, y Abisai su hermano, mataron a Abner, porque él había dado muerte a Asael hermano de ellos en la batalla de Gabaón.

31Entonces dijo David a Joab, y a todo el pueblo que con él estaba: Rasgad vuestros vestidos, y ceñíos de cilicio, y haced duelo delante de Abner. Y el rey David iba detrás del féretro. 32Y sepultaron a Abner en Hebrón; y alzando el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y lloró también todo el pueblo. 33Y endechando el rey al mismo Abner, decía:

¿Había de morir Abner como muere un villano?

34 Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos;

Caíste como los que caen delante de malos hombres.

Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él. 35Entonces todo el pueblo vino para persuadir a David que comiera, antes que acabara el día. Mas David juró diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se ponga el sol gustare yo pan, o cualquiera otra cosa. 36Todo el pueblo supo esto, y le agradó; pues todo lo que el rey hacía agradaba a todo el pueblo. 37Y todo el pueblo y todo Israel entendió aquel día, que no había procedido del rey el matar a Abner hijo de Ner. 38También dijo el rey a sus siervos: ¿No sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel? 39Y yo soy débil hoy, aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son muy duros para mí; Jehová dé el pago al que mal hace, conforme a su maldad. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 21 DE Abril. Lucas 18: 1 -  17

Parábola de la viuda y el juez injusto

18

1También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, 2diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. 6Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. 7¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

 Parábola del fariseo y el publicano

9A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

 Jesús bendice a los niños

(Mt. 19.13–15; Mr. 10.13–16)

15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 21 DE Abril. 2 Samuel 1, 2, 3

2 SAMUEL 

Capítulo 1

1.1 David fue un hombre que tenía una gran fe en Dios. Esperaba que Dios cumpliera sus promesas. El primer libro de Samuel nos relata las luchas de David mientras esperaba ser rey de Israel (Samuel lo había ungido como rey de Israel muchos años antes). El rey Saúl comenzó a sentir celos de David debido a que el pueblo le estaba prodigando grandes alabanzas por sus hazañas. A la larga, los celos de Saúl llegaron a ser tan intensos que intentó matarlo. Como consecuencia, David tuvo que huir y esconderse. Por muchos años, David se escondió de Saúl en territorio enemigo, y en el árido desierto que estaba al sureste de Jerusalén. Quizá David se preguntó si la promesa de Dios de ser rey alguna vez se haría realidad, pero sus luchas lo prepararon para las grandes responsabilidades a las que se enfrentaría más tarde. El segundo libro de Samuel nos habla de cómo David fue finalmente recompensado por su paciencia, y su firme fe en Dios.

1.1 Cuando Saúl murió, David y sus hombres todavía seguían viviendo en Siclag, una ciudad filistea. Ya que Saúl lo había expulsado de Israel, David fingió lealtad a Aquis, un gobernante filisteo (1 Samuel 27). Ahí se encontraba a salvo de Saúl.

1.11, 12 David y sus hombres estaban visiblemente conmocionados por la muerte de Saúl, «Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche». David y sus hombres estaban visiblemente conmocionados por la muerte de Saúl. Esto muestra su genuino dolor por la pérdida de su rey, de su amigo Jonatán y de los otros soldados de Israel que murieron ese día. No estaban avergonzados por sentir dolor. En la actualidad, algunos consideran que el expresar nuestras emociones es signo de debilidad. Aquellos que desean parecer fuertes tratan de ocultar su dolor. Pero el duelo nos puede ayudar a manejar la gran pena cuando un ser querido muere.

1.13 El hombre se identificó a sí mismo como amalecita del ejército de Saúl (1.2). Él bien pudo haber sido un amalecita bajo jurisdicción israelita, pero lo más probable era que se tratara de un recogedor que se alimentaba de la carroña del campo de batalla.

Es obvio que estaba mintiendo tanto acerca de su identidad como de lo que había ocurrido en el campo de batalla (compare su historia con la narración en 1 Samuel 31.3, 4). Debido a que traía consigo la corona de Saúl, algo que los filisteos no hubieran olvidado, podemos inferir que encontró muerto a Saúl en el campo de batalla antes de que llegaran los filisteos (1 Samuel 31.8).

Una vida de engaños lleva al desastre. El hombre mintió para obtener alguna recompensa personal por haber matado al rival de David, pero interpretó mal el carácter de David. Si este lo hubiera recompensado por matar al rey, hubiera sido también culpable. En lugar de recompensarlo, David mandó ejecutar al mensajero. Mentir puede traer desastre sobre el mentiroso, aun por algo que no haya cometido.

1.13 Los amalecitas eran una tribu nómada cruel que frecuentemente llevaban a cabo incursiones sorpresivas en los pueblos de Canaán. Habían sido enemigos de Israel desde los tiempos de Moisés. David acababa de destruir un grupo de soldados amalecitas que habían quemado la ciudad y secuestrado a sus mujeres y niños (1 Samuel 30.1–20). Probablemente este hombre no estaba consciente de las confrontaciones recientes que había tenido David con los amalecitas. Así provocó la ira de David al hacerse pasar por enemigo de Israel y al haber declarado que mató al rey elegido por Dios.

1.15, 16 ¿Por qué consideró David que había sido un crimen matar al rey, aun cuando Saúl era su enemigo? David creía que sólo Dios podría quitar de su puesto al que Él había ungido. Si asesinar al rey se convertía en algo común o usual, entonces toda la sociedad sería un caos. De esta manera, era cuestión de Dios, no suya, juzgar los pecados de Saúl (Levítico 19.18). Debemos darnos cuenta que Dios ha colocado a los gobernantes como autoridades sobre nosotros. Debemos respetar sus funciones (Romanos 13.1–5).

1.17, 18 David fue un músico talentoso. Tocaba el arpa (1 Samuel 16.23), incorporó la música a los servicios de adoración del templo (1 Crónicas 25), y escribió muchos de los salmos. Aquí se nos dice que escribió un poema en memoria del rey Saúl y de su hijo Jonatán, el mejor amigo de David. La música jugó un papel muy importante en la historia de Israel. (Para otras canciones famosas de la Biblia véase el cuadro en Éxodo 15.)

1.17-27 Saúl había causado muchos problemas a David, pero cuando murió, David compuso un poema para el rey y su hijo. David tenía muchas razones para odiar a Saúl, pero aun así prefirió no hacerlo. Decidió ver lo que había hecho de bueno Saúl y olvidar los momentos cuando este lo había atacado. Se necesita valor para dejar a un lado las heridas y el odio y mostrar respeto por otra persona, especialmente un enemigo.

1.26 Al expresar «Más maravilloso fue tu amor que el amor de las mujeres», David no estaba diciendo que tuvo una relación sexual con Jonatán. Los actos homosexuales quedaban absolutamente prohibidos en Israel. Levítico 18.22 se refiere a la homosexualidad como «abominación», y Levítico 20.13 decreta la pena de muerte para aquellos que practican la homosexualidad. David simplemente estaba diciendo de nuevo la profunda hermandad y la relación constante que tuvo con Jonatán. 

Capítulo 2

2.1 Aun cuando David sabía que él llegaría a ser rey (1 Samuel 16.13; 23.17; 24.20), y a pesar de que el momento parecía el adecuado (ahora que Saúl estaba muerto), aun así David preguntó a Dios si debía regresar a Judá, el territorio de su tribu natal. Antes de que avancemos a lo que nos parece obvio, primero lleve el asunto ante Dios, que es el único que conoce el mejor momento.

2.1 Dios dijo a David que regresara a Hebrón, donde pronto sería coronado rey de Judá. David hizo de Hebrón su capital porque: (1) era la ciudad más grande de Judá en ese tiempo, (2) era segura contra los ataques, (3) estaba localizada cerca del centro del territorio de Judá, y (4) muchas rutas principales de comercio convergían en Hebrón, haciendo de esta manera difícil el corte de las líneas de suministro.

2.4 La tribu de Judá coronó públicamente a David como su rey. Samuel había ungido rey a David muchos años antes (1 Samuel 16.13), pero la unción había sido llevada a cabo en privado. Esta coronación fue como una toma de posesión de un funcionario público que ya había sido elegido para ese puesto. Sin embargo, el resto de Israel, no aceptó el reinado de David durante siete años y medio (2.10, 11).

2.4–7 David envió un mensaje para agradecer a los hombres de Jabes de Galaad que habían arriesgado su vida para sepultar el cuerpo de Saúl (1 Samuel 31.11–13). Saúl había rescatado A Jabes de Galaad de cierta derrota cuando Nahas amonita había rodeado la ciudad (1 Samuel 11), de esta manera los ciudadanos demostraron su gratitud y generosidad. En su mensaje, sugirió además que siguieran el ejemplo de Judá y lo reconocieran como su rey. Jabes de Galaad se localizaba al norte de la tierra de Galaad, y David buscaba con esto obtener el apoyo de las diez tribus restantes que no lo habían reconocido todavía como rey.

2.10, 11 David gobernó Judá durante siete años y medio, mientras Is-boset reinó en Israel por solo dos años. La brecha de cinco años puede haberse dado debido a que Is-boset no tomó posesión del trono inmediatamente después de la muerte de Saúl. Como consecuencia del constante peligro que representaban los filisteos en la parte norte de Israel, pudieron haber pasado cinco años antes de que Is-boset comenzara a reinar. En el transcurso de ese tiempo, Abner, comandante de su ejército, probablemente jugó un papel principal en la división de los filisteos que dio origen a la confederación del norte. Sin tener en cuenta el inicio de su reinado, su dominio fue débil y limitado. Los filisteos aún dominaban el área e Is-boset fue intimidado por Abner (3.11).

2.12ss Con Israel dividido, hubo una tensión constante entre el norte y el sur. No obstante, el verdadero rival de David en el norte no fue Is-boset sino Abner. En este incidente, Abner sugirió un «peligroso torneo» entre los campeones de su ejército y los campeones del ejército de David, guiados por Joab. El hecho de que esta confrontación sucediera en el estanque de Gabaón (localizado en el territorio natal de Saúl, Benjamín) nos indica que los hombres de Joab estaban presionando por el norte, obteniendo más territorio. Abner pudo haber sugerido esta confrontación con la esperanza de detener el avance de Joab.

Se suponía que doce hombres de cada lado pelearían entre sí y el lado que presentara más sobrevivientes sería declarado vencedor. El enfrentamiento entre David y Goliat (1 Samuel 17) fue una estrategia militar similar, una manera de evitar un terrible derramamiento de sangre en una guerra sin cuartel. En este caso, sin embargo, la totalidad de los veinticuatro campeones murieron antes de que algún bando pudiera reclamar la victoria. No se logró nada, y la guerra civil continuó.

2.21–23 Abner advirtió en repetidas ocasiones a Asael que regresara para no perder su vida, pero Asael se negó por el deber que se impuso a sí mismo. La persistencia es una cualidad buena si se usa para una buena causa. Pero si la meta es exclusivamente el honor personal o de algún beneficio, la persistencia puede no ser más que mera terquedad. La terquedad de Abner no solo le costó la vida, sino que además aceleró una desunión infortunada en el ejército de David en los años siguientes (3.26, 27; 1 Reyes 2.28–35). Antes de que decida alcanzar una meta, asegúrese de que la misma valga su devoción.

2.28 Esta batalla terminó con la victoria de las tropas de Joab (2.17), pero la guerra continuó en la nación dividida hasta que David fue finalmente coronado rey de Israel (5.1–5).

Capítulo 3

3.1 Los sucesos del capítulo 2 llevaron a una guerra prolongada entre los seguidores de David y las tropas leales a Abner y a Is-boset. La guerra civil estremeció al país y ambos bandos pagaron un precio muy alto. Esta guerra surgió debido a que Israel y Judá perdieron de vista lo que era el propósito y la visión de Dios: establecerse en la tierra (Génesis 12.7), sacar a los cananeos (Deuteronomio 7.1–4), y obedecer las leyes de Dios (Deuteronomio 8.1). En vez de unirse para alcanzar estas metas, pelearon entre sí. Cuando enfrente un conflicto, dé un paso atrás en las hostilidades y considere si usted y su enemigo tienen metas en común que son más grandes que sus diferencias. Apele a estos intereses para poder llegar a un acuerdo.

3.2–5 David sufrió mucha angustia debido a la gran cantidad de esposas que tuvo. La poligamia era una práctica socialmente aceptada para los reyes en esos tiempos, a pesar de que Dios lo prohibía específicamente (Deuteronomio 17.14–17). Con gran tristeza, los numerosos hijos que nacieron de las esposas de David, le causaron a este grandes problemas: violación (13.14), asesinato (13.28), rebelión (15.13) y codicia (1 Reyes 1.5, 6). Todas estas cosas fueron producto de los celos y rivalidades que existían entre los medio hermanos. Salomón, uno de los hijos de David y su sucesor al trono, también tuvo muchas esposas, y estas a la larga, lo alejaron de Dios (1 Reyes 11.3, 4).

3.6, 7 El dormir con cualquiera de las esposas o concubinas del rey era reclamar el trono para sí, y era considerado como traición. Debido a que Is-boset era un gobernante débil, Abner estaba a cargo del país. Por lo tanto, pudo haber considerado justificable su acción de dormir con la concubina de Saúl. Is-boset, de cualquier modo, vio que el poder de Abner se acrecentaba demasiado.

3.7 Is-boset tuvo razón al hablar en contra del comportamiento de Abner, pero no tuvo la fuerza moral para mantener su autoridad (3.11). La falta de firmeza moral llegó a ser la raíz de los problemas que Israel tuvo durante los próximos cuatro siglos. Sólo cuatro de los siguientes cuarenta reyes de Israel fueron llamados «buenos». Se necesita valor y fortaleza para mantenerse firme ante nuestras convicciones para enfrentar las malas acciones frente a la oposición. Cuando crea que algo está mal, no permita que lo disuadan de su posición. Ataque con firmeza el mal y levántese en favor del bien.

3.8 Al preguntar: «¿Soy yo cabeza de perro?» Abner estaba realmente diciendo, «¿Soy yo un traidor a Judá?» Quizá pudo haber estado refutando la acusación de que él estaba tratando de tomar el trono. O bien pudo haberse disgustado de que Is-boset lo reprendiera después de que, en un primer momento, lo había ayudado a ocupar el trono. Previo a esta conversación, Abner pudo haberse dado cuenta de que no podía detener a David para que a la larga tomara Israel. Debido a que estaba enojado con Is-boset, Abner elaboró un plan para darle el reino de Israel a David.

3.13, 14 Mical había estado casada con David. El rey Saúl había arreglado el matrimonio como recompensa por las hazañas de valor de David (1 Samuel 17.25; 18.24–27). Más tarde, sin embargo, en uno de sus arranques de celos, Saúl le quitó a Mical y la forzó a casarse con Palti (1 Samuel 25.44). Ahora David quería que le devolvieran la esposa antes de comenzar a negociar la paz con las tribus del norte. Quizá David todavía la amaba (pero véase 6.20–23 acerca de la tensión en su relación). Muy probablemente, pensó que el matrimonio con una hija de Saúl fortalecería su reclamo para gobernar todo Israel y demostrar que no guardaba animosidad hacia la casa de Saúl. Palti fue la víctima infortunada atrapada en la telaraña de los celos de Saúl.

3.19 Debido a que Saúl, Is-boset y Abner eran todos de la tribu de Benjamín, el apoyo de los ancianos de esa tribu significaba que Abner hablaba en serio acerca de su oferta. Existía una fuerte posibilidad de superar las rivalidades entre las tribus y unir el reino.

3.26–29 Joab tomó venganza por la muerte de su hermano en lugar de dejar que Dios hiciera justicia. Sin embargo, esa venganza obró en su contra (1 Reyes 2.31–34). Dios castigará a aquellos que se lo merezcan (Romanos 12.19). No se regocije cuando sus enemigos sufren, y no busque venganza. Buscar venganza arruinará su propia tranquilidad mental e incrementará las oportunidades de posteriores represalias.

3.27 Abner mató a Asael, hermano de Joab, en defensa propia. Luego Joab mató a Abner para vengar la muerte de su hermano y además para salvar su posición como líder militar. Se suponía que los hombres que mataban en defensa propia estarían a salvo en ciudades de refugio (Números 35.22–25). Joab mostró su falta de respeto a las leyes de Dios al matar por venganza a Abner en Hebrón, una ciudad de refugio (Josué 20.7).

3.29 David dijo que los descendientes de Joab serían impuros, enfermos y que pasarían necesidad. ¿Por qué dijo David cosas tan duras acerca de Joab? David estaba enojado por la muerte de Abner por muchas razones. (1) Estaba sufriendo por la pérdida de un oficial militar calificado. (2) Quería estar seguro de que la culpa por la muerte de Abner cayera en Joab y no en él mismo. (3) Estaba a punto de convertirse en rey de la nación entera, y utilizar a Abner era la clave para ganarse a las tribus del norte. La muerte de Abner pudo haber revivido la guerra civil. (4) Joab violó el acuerdo que había hecho David de que protegería a Abner. El acto asesino de Joab arruinó los planes de David y este estaba molesto en especial porque su propio general había cometido el crimen.

3.31 Al caminar detrás del féretro, David estaba liderando el duelo.

3.31ss David ordenó a Joab que llevara luto, posiblemente porque pocas personas se habían dado cuenta de que Joab había cometido el crimen y porque David no quería ningún otro problema. Si esto fue así, David estaba pensando más en fortalecer su reino que en impartir justicia.

3.39 Joab y Abisai fueron los dos hijos de Sarvia que David mencionó. David pasó momentos muy difíciles tratando de controlar a Joab porque, a pesar de que era intensamente leal, tenía una voluntad férrea prefiriendo hacer las cosas a su manera. A cambio de su lealtad, sin embargo, David le dio la flexibilidad que tanto deseaba.

El asesinato que cometió Joab contra Abner es un ejemplo de su independencia intensa. A pesar de que David se opuso al asesinato, permitió que no fuera castigado porque (1) el castigar a Joab podría haber hecho que las tropas se rebelaran; (2) Joab era sobrino de David, y cualquier trato fuerte podría haber causado problemas familiares; (3) Joab era de la tribu de Judá, y David no quería una rebelión de su propia tribu; (4) el haberse deshecho de Joab había significado la pérdida de un general hábil y competente que fue invalorable para fortalecer su ejército.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 21 DE Abril. Lucas 18: 1 -  17

Capítulo 18

18.1 Insistir en nuestras oraciones hasta obtener respuesta no significa una repetición sin fin, ni estar en reuniones de oración prolongadas y tediosas. La oración perseverante implica ser constantes en nuestras peticiones delante de Dios, como si viviéramos por Él de día en día, con la certeza de que responderá. Cuando vivimos por fe, no debemos rendirnos. Dios puede demorar su respuesta, pero siempre tendrá buenas razones y no debemos confundirlas con negligencia de su parte. Al persistir en la oración, crecemos en carácter, fe y esperanza.

18.3 Las viudas y los huérfanos formaban la parte más vulnerable del pueblo de Dios y tanto los profetas del Antiguo Testamento como los apóstoles del Nuevo Testamento insistieron que debían atenderse como era debido. Véanse, por ejemplo, Éxodo 22.22–24; Isaías 1.17; 1 Timoteo 5.3; Santiago 1.27.

18.6,7 Si los jueces malos ceden ante las presiones constantes, cuánto más un Dios grande y amoroso nos responderá. Si hemos sentido su amor, podemos creer que Él responderá nuestros ruegos.

18.10 A menudo, las personas que vivían cerca de Jerusalén iban al templo a orar. El templo era el centro de adoración.

18.11-14 El fariseo no fue al templo a orar a Dios, sino para anunciar a todo aquel que podía oírle cuán bueno era. El publicano reconoció su pecado y pidió misericordia. Creerse justo por mérito propio es peligroso pues conduce al orgullo, motiva desprecio a otros e impide aprender más de Dios. Debiéramos hacer nuestra la oración del publicano porque necesitamos la misericordia de Dios todos los días. No permita que el orgullo le impida reconocer su necesidad de Dios.

18.15-17 Las madres acostumbraban llevar sus hijos al rabino para que les bendijeran y por eso estas madres se reunieron alrededor de Jesús. Los discípulos, sin embargo, pensaron que los niños no eran importantes para ocupar el tiempo del Maestro, eran lo menos importantes de todo lo que Él hacía en esos momentos. Pero Jesús los recibió porque los niños tienen la clase de fe y confianza necesarias para entrar en el Reino de Dios. Es importante presentar nuestros niños a Jesús y que nosotros mismos nos acerquemos a Él con las actitudes de aceptación y confianza de un niño. Biblia del diario vivir. RVR 1960.