Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 10 DE Mayo 1 Reyes 21, 22

Acab y la viña de Nabot

21

1Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria. 2Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero. 3Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres. 4Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.

5Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes? 6El respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña. 7Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.

8Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot. 9Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo; 10y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera. 11Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado. 12Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo. 13Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió. 14Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha muerto.

15Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto. 16Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.

17Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: 18Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella. 19Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.

20Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. 21He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel. 22Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel. 23De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel. 24El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.

25(A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. 26El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)

27Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado. 28Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: 29¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.

 Micaías profetiza la derrota de Acab

(2 Cr. 18.1–34)

22

1Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. 2Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. 3Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria? 4Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.

5Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. 6Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. 7Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? 8El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. 9Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. 10Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. 11Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta acabarlos. 12Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey.

13Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. 14Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré. 15Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey. 16Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová? 17Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. 18Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal. 19Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. 20Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. 21Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? 22El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así. 23Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.

24Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti? 25Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte. 26Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey; 27y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz. 28Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.

29Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad. 30Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla. 31Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel. 32Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó. 33Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él. 34Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido. 35Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro. 36Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!

37Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria. 38Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado. 39El resto de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 40Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.

 Reinado de Josafat

(2 Cr. 20.31–37)

41Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel. 42Era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silhi. 43Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos. 44Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.

45Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 46Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa.

47No había entonces rey en Edom; había gobernador en lugar de rey. 48Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber. 49Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso. 50Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.

 Reinado de Ocozías de Israel

51Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel. 52E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; 53porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre. 


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 10 DE Mayo, Juan 3: 1 - 21.

Jesús y Nicodemo

3

1Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 De tal manera amó Dios al mundo

16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 10 DE Mayo 1 Reyes 21, 22

Capítulo 21

21.4 Después de escuchar el juicio de Dios (20.42), Acab fue a su casa con mala cara. Llevado por la indignación y la rebelión contra Dios, tuvo un ataque de ira cuando Nabot se negó a vender su viña. Los mismos sentimientos que lo llevaron a su carrera de hambre de poder lo llevaron a resentirse con Nabot. La ira se convirtió en odio y esto lo llevó al asesinato. Nabot, por el contrario, quería cumplir las leyes de Dios: se consideraba como un deber el mantener la tierra ancestral en la familia. Este incidente muestra la interacción cruel entre Acab y Jezabel, dos de los líderes más malvados de Israel.

21.13 Jezabel urdió una estratagema, que aparentaba ser legal, para apropiarse de la tierra para su esposo. Se requerían dos testigos para establecer culpabilidad, y el castigo por blasfemia era muerte por apedreamiento. Hoy día, aquellos que tuercen la ley y los procedimientos legales para conseguir lo que desean, pueden ser más sofisticados al hacerlo, pero aun así son culpables del mismo pecado.

21.19, 23 Para el cumplimiento de estos versículos, véase 22.38 donde los perros lamieron la sangre de Acab, y 2 Reyes 9.30–10.28 donde Jezabel y el resto de la familia de Acab fue destruida.

21.20 Acab continuaba negándose a admitir su pecado contra Dios. En cambio, acusó a Elías de ser su enemigo. Cuando nos cegamos por la envidia y el odio, es casi imposible ver nuestro propio pecado.

21.29 Acab fue el rey más perverso que ningún otro rey en Israel (16.30; 21.25), pero cuando se arrepintió con profunda humildad, Dios lo tomó en cuenta y redujo su castigo. El mismo Dios que fue misericordioso con Acab quiere ser misericordioso con usted. Sin importar cuán malvado haya sido, nunca es demasiado tarde para humillarse, volverse a Dios y pedir su perdón.


Capítulo 22


22.6 Estos cuatrocientos profetas pudieron haber sido los cuatrocientos sacerdotes de Asera que Elías dejó con vida en el monte Carmelo, a pesar de que cuatrocientos cincuenta profetas de Baal fueron muertos (véase 18.19–40).

22.7 Josafat sabía que había una diferencia entre estos profetas paganos y el «profeta de Jehová», de modo que preguntó si había alguno disponible. Era evidente que Josafat quería hacer lo correcto, a pesar de Acab. Sin embargo, ambos reyes menospreciaron el mensaje de Dios y escucharon solo a los profetas paganos.

22.15, 16 ¿Por qué dijo Micaías a Acab que atacara cuando previamente había hecho un voto de hablar sólo lo que Dios le dijera? Quizá estaba hablando sarcásticamente, burlándose de los mensajes de los profetas paganos al mostrar que estaban diciéndole al rey sólo lo que él quería escuchar. De alguna manera, el tono de voz de Micaías dejó saber a todos que se estaba burlando de los profetas paganos. Cuando el rey lo confrontó, predijo que el rey moriría y que se perdería la batalla. Aun cuando Acab se arrepintió temporalmente (21.27), siguió manteniendo su sistema de falsos profetas, los cuales instrumentarían el camino hacia su propia ruina.

ban tan ocupadas peleando uvo Micaías pudo haber sido una imagen de un incidente verdadero en los cielos, o bien una parábola de lo que estaba ocurriendo en la tierra, ilustrando que la influencia seductora de los falsos profetas sería parte del juicio de Dios sobre Acab (22.23). Ya sea que Dios enviara un ángel disfrazado o no, utilizó el sistema de los falsos profetas para tender una trampa a Acab en su pecado. El espíritu mentiroso (22.22) simbolizaba la forma de vida de esos profetas, quienes dijeron al rey sólo lo que él quiso escuchar.


22.20–22 ¿Acaso permite Dios que los ángeles seduzcan a las personas para hacer el mal? Para entender el mal, primero debemos entender a Dios. (1) Dios mismo es bueno (Salmo 11.7). (2) Dios creó un mundo bueno que cayó debido al pecado del hombre (Romanos 5.12). (3) Algún día Dios volverá a crear el mundo y este será bueno otra vez (Apocalipsis 21.1). (4) Dios es más fuerte que el mal (Mateo 13.41–43; Apocalipsis 19.11–21). (5) Dios permite el mal, y por lo tanto tiene control sobre él. Si bien Dios no creó el mal, ofrece ayuda a aquellos que desean superarlo. (Mateo 11.28–30). (6) Dios utiliza todo, tanto bueno como malo, para sus buenos propósitos (Génesis 5.20; Romanos 8.28).

La Biblia nos muestra un Dios que odia todo mal y que algún día acabará con él completamente y para siempre (Apocalipsis 20.10–15). Dios no induce a ninguno para volverse malo. Aquellos que se comprometen con el mal, sin embargo, pueden ser usados por Dios para que pequen aun más para poder apresurar el juicio que se merecen (Éxodo 11.10). No necesitamos entender cada detalle de cómo obra Dios para poder tener una confianza perfecta en su poder absoluto sobre el mal y su total bondad hacia nosotros.

22.34 Acab no pudo escapar del juicio de Dios. El rey de siria envió a treinta y dos de sus mejores capitanes de carros con el único propósito de matar a Acab. Pensando en que podía escapar, Acab trató de disfrazarse, pero una flecha perdida le pegó mientras los carros perseguían al rey equivocado, Josafat. Fue muy tonto por parte de Acab pensar que podría escapar con un disfraz. A veces la gente trata de escapar de la realidad disfrazándose: cambian de trabajo, se mudan a una nueva ciudad, hasta cambian de cónyuge. Sin embargo, Dios ve y evalúa los motivos de cada persona. Cualquier intento de disfrazarse es fútil.


22.35 Tal y como lo había predicho el profeta (20.42), Acab fue muerto. Véase el perfil de Acab en el capítulo 19 para mayor información sobre su triste historia.

22.41–50 Para mayores detalles acerca de Josafat, véase el otro registro de su reinado en 2 Crónicas 17–20.

22.43 Del mismo modo que sus antepasados Salomón y Asa, Josafat siguió a Dios, pero no eliminó los lugares altos: los santuarios paganos de las colinas (2 Crónicas 20.33). Era contra la ley de Dios adorar ídolos en los santuarios (Números 33.52), y al principio Josafat intentó quitarlos (2 Crónicas 17.6). Eran tan populares, sin embargo, que fue muy difícil hacerlo. A pesar de las muchas contribuciones a la salud espiritual, moral y material de su país, Josafat no tuvo éxito en la erradicación de los santuarios de las colinas.

22.52,53 El primer libro de Reyes comienza con una nación unida bajo David, el rey más devoto en la historia de Israel. El libro termina con un reino dividido y con la muerte de Acab, el rey más perverso de todos. ¿Qué sucedió? El pueblo olvidó reconocer a Dios como su líder máximo, designó líderes humanos que ignoraron a Dios, y luego se conformó al estilo de vida de esos líderes perversos. Una mala acción ocasional gradualmente se volvió en un estilo de vida. Su maldad flagrante sólo podría enfrentarse con el gran juicio de Dios, que permitió que las naciones enemigas se levantaran y derrotaran a Israel y Judá en batalla como castigo por sus pecados. Fracasar en reconocer a Dios como el máximo líder de nuestra vida es el primer paso hacia la ruina.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 10 DE Mayo. Juan 3: 1 - 21.

Capítulo 3

3.1 Nicodemo era fariseo y miembro del concilio (llamado Sanedrín), un grupo de líderes religiosos que Jesús y Juan el Bautista criticaron a menudo por su hipocresía. (Si desea más información sobre los fariseos, véase la nota a Mateo 3.7.) Muchos fariseos estaban celosos de Jesús porque socavaba su autoridad y rebatía sus puntos de vista. Pero Nicodemo indagaba y creía que Jesús tenía respuestas. Aunque era un erudito, fue a Jesús para instruirse. No importa cuán inteligente o educado uno sea, debe acercarse a Cristo con un corazón abierto y dispuesto a fin de que le enseñe la verdad acerca de Dios.

3.1ss Nicodemo fue a Jesús pese a que pudo haber enviado a uno de sus asistentes. Quiso examinar a Jesús personalmente para distinguir entre hecho y rumor. Quizás temía que sus colegas, los fariseos, criticaran su visita, y por eso fue cuando ya era de noche. Más tarde, cuando entendió que Jesús era en realidad el Mesías, habló abiertamente en su defensa (7.50, 51). Como Nicodemo, debemos examinar a Jesús personalmente; otros no lo pueden hacer en nuestro lugar. Luego, si creemos que es lo que Él dice ser, querremos hablar en público a su favor.

3.3 ¿Qué sabía Nicodemo acerca del Reino? Por las Escrituras sabía que Dios lo regiría, que lo restauraría en la tierra y que pertenecería al pueblo de Dios. Jesús reveló a su devoto fariseo que el Reino sería para todo el mundo (3.16), no solo para los judíos, y que Nicodemo podía pertenecer a él si personalmente nacía de nuevo (3.5). Este era un concepto revolucionario: el Reino es algo personal, no nacional ni étnico, y para entrar en él se requiere arrepentimiento y renacimiento espiritual. Jesús más tarde anunció que el reino de Dios está en el corazón de los creyentes mediante la presencia del Espíritu Santo (Lucas 17.21). Su pleno cumplimiento será cuando Jesús regrese a juzgar al mundo y destruya para siempre al maligno. (véase Apocalipsis 21; 22).

3.5, 6 «De agua y del Espíritu» quizás se refiera (1) al contraste entre el nacimiento físico (agua) y el nacimiento espiritual (Espíritu), o (2) a ser regenerados por el Espíritu y renacidos por el bautismo. El agua también podría representar la acción limpiadora del Espíritu Santo de Dios (Tito 3.5). Sin duda, Nicodemo debe haber estado familiarizado con las promesas de Dios en Ezequiel 36.25, 26. Jesús explica la importancia del nuevo nacimiento espiritual, manifestando que no entraremos al Reino por ser buenos, sino por experimentar ese nuevo nacimiento.

3.6 ¿Quién es el Espíritu Santo? Dios es tres personas en una: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios se hizo hombre en Jesús a fin de morir por nuestros pecados. Resucitó de la muerte para ofrecer salvación a todos mediante la renovación espiritual y el nuevo nacimiento. Cuando Jesús ascendió al cielo, su presencia física dejó la tierra, pero prometió enviar al Espíritu Santo al grado que su presencia espiritual continuaría entre los seres humanos (véase Lucas 24.49). El Espíritu Santo por primera vez vino para estar a disposición de todos los creyentes en el Pentecostés (Hechos 2). En los tiempos del Antiguo Testamento el Espíritu Santo dotaba de poder a ciertas personas y solo por asuntos determinados, pero ahora todos los creyentes tienen el poder del Espíritu Santo a su disposición. Si desea más información acerca del Espíritu Santo, léanse 14.16–28; Romanos 8.9; 1 Corintios 12.13 y 2 Corintios 1.22.

3.8 Jesús explicó que no podemos controlar la obra del Espíritu Santo. Él obra de maneras imprevisibles o incomprensibles. Así como uno no pudo controlar su nacimiento físico, tampoco podrá controlar su nacimiento espiritual. Es un regalo de Dios, dado por el Espíritu Santo (Romanos 8.16; 1 Corintios 2.10–12; 1 Tesalonicenses 1.5, 6).

3.10,11 Este maestro judío conocía muy bien el Antiguo Testamento, pero no había entendido lo que decía del Mesías. Conocimiento no es salvación. Debiera usted conocer la Biblia, pero algo mucho más importante es entender al Dios que revela y la salvación que ofrece.

3.14, 15 Cuando los israelitas vagaban por el desierto, Dios envió una plaga de serpientes para castigarlos por su actitud rebelde. Los sentenciados a muerte por causa de la mordedura de serpientes podían curarse al obedecer a Dios y mirar a la serpiente de bronce que se levantó, creyendo que Él podría sanarlos si lo hacían (véase Números 21.8, 9). Mirar a Jesús en busca de salvación tiene los mismos efectos. Dios nos preparó este modo de ser salvos de los efectos mortíferos de la «mordedura» del pecado.

3.16 Todo el evangelio se centra en este versículo. El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y atrae a otros a sí. Dios establece aquí el verdadero molde del amor, la base de toda relación de amor. Si uno ama a alguien profundamente, está dispuesto a darle amor a cualquier precio. Dios pagó, con la vida de su Hijo, el más alto precio que se puede pagar. Jesús aceptó nuestro castigo, pagó el precio de nuestros pecados, y luego nos ofreció una nueva vida que nos compró con su muerte. Cuando predicamos el evangelio a otros, nuestro amor debe de ser como el suyo, y estar dispuestos a renunciar a nuestra comodidad y seguridad para que otros reciban el amor de Dios como nosotros.

3.16 Todo el evangelio se centra en este versículo. El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y atrae a otros a sí. Dios establece aquí el verdadero molde del amor, la base de toda relación de amor. Si uno ama a alguien profundamente, está dispuesto a darle amor a cualquier precio. Dios pagó, con la vida de su Hijo, el más alto precio que se puede pagar. Jesús aceptó nuestro castigo, pagó el precio de nuestros pecados, y luego nos ofreció una nueva vida que nos compró con su muerte. Cuando predicamos el evangelio a otros, nuestro amor debe de ser como el suyo, y estar dispuestos a renunciar a nuestra comodidad y seguridad para que otros reciban el amor de Dios como nosotros.

3.16 Muchas personas rechazan la idea de vivir para siempre porque viven vidas tristes. Pero la vida eterna no es la extensión de la miserable vida mortal del hombre; vida eterna es la vida de Dios encarnada en Cristo que se da a todos los que creen como garantía de que vivirán para siempre. En esa vida no hay muerte, enfermedad, enemigo, demonios ni pecado. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones pensando que esta vida es todo lo que tenemos. En realidad, esta vida es solo el comienzo de la eternidad. Empiece, por lo tanto, a evaluar todo lo que le sucede desde una perspectiva eterna.

3.16 «Creer» es más que una reflexión intelectual de que Jesús es Dios. Significa depositar nuestra confianza en Él, que es el único que nos puede salvar. Es poner a Cristo al frente de nuestros planes presentes y nuestro destino eterno. Creer es confiar en su palabra y depender de Él para cambiar. Si nunca ha confiado en Cristo, haga suya esta promesa de vida eterna y crea.

3.18 Muchas veces la gente trata de salvarse de lo que teme poniendo su fe en cosas que tienen o hacen: buenas obras, capacidad o inteligencia, dinero o posesiones. Pero solo Dios puede salvarnos de lo que en verdad debemos temer: la condenación eterna. Confiamos en Dios reconociendo la insuficiencia de nuestros esfuerzos por alcanzar la salvación y pidiéndole que haga su obra en nuestro favor. Cuando Jesús habla acerca del «que no cree», se refiere a quien le rechaza por completo o hace caso omiso de Él, no al que tiene dudas momentáneas.

3.19-21 Muchas personas no quieren que sus vidas queden expuestas a la luz de Dios porque temen lo que esta pueda revelar. No quieren cambiar. No se sorprenda de que personas así se sientan amenazadas por el deseo suyo de obedecer a Dios y hacer lo que es bueno. Temen que la luz que hay en usted ponga al descubierto algo oscuro en sus vidas. No se desanime. Manténgase en oración por ellas para que comprendan que es mejor vivir en la luz que en la oscuridad.

3.25ss Algunas personas buscan puntos discrepantes para sembrar semillas de discordia, descontento y duda. Juan el Bautista terminó esta discusión teológica hablando de su devoción a Cristo. Es contraproducente forzar a otros a que crean como nosotros. Es mejor hablarles de nuestra entrega personal a Cristo y lo que Él ha hecho por nosotros. Después de todo, ¿quién puede refutarnos eso?

3.26 Los discípulos de Juan el Bautista estaban confundidos porque la gente seguía a Jesús y no a Juan. Es fácil que nuestros celos germinen cuando aumenta la popularidad del ministerio de otra persona. Sin embargo, debemos recordar que nuestra verdadera misión es lograr que las personas sigan a Cristo y no a nosotros.

3.27 ¿Por qué Juan el Bautista siguió bautizando después que Jesús entró en escena? ¿Por qué no se convirtió también en discípulo? Juan explicó que como Dios fue el que le dio este trabajo, debía continuarlo hasta que lo llamara a hacer otra cosa. El propósito principal de Juan era conducir la gente a Cristo. Aunque Jesús ya había comenzado su ministerio, Juan podía seguir guiando la gente a Jesús.

3.30 La disposición de Juan a menguar en importancia muestra su humildad. Los pastores y otros cristianos pueden sentirse tentados a enfatizar más el éxito de su ministerio que a Cristo. Cuídese de los que ponen más énfasis en sus logros que en el Reino de Dios.

3.31-35 El testimonio de Jesús era confiable porque vino del cielo y hablaba de lo que vio allí. Sus palabras eran las mismas de Dios. Toda su vida espiritual depende de cómo responde a una sola pregunta: «¿Quién es Jesucristo?» Si acepta a Jesús únicamente como un profeta o un maestro, tendrá que rechazar su enseñanza, puesto que Él declaró que era el Hijo de Dios, incluso que era Dios mismo. La esencia del Evangelio de Juan es la verdad dinámica de que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, el que fue desde el principio y seguirá viviendo para siempre. Este mismo Jesús nos ha invitado a aceptarlo y vivir con Él eternamente. Cuando entendemos quién es Jesús, nos sentimos compelidos a creer lo que dijo.

3.34 El Espíritu de Dios estaba sobre Jesús sin límite y sin medida. Por lo tanto, Jesús fue la suprema revelación de Dios a la humanidad (Hebreos 1.2).

3.36 Jesús dice que todo el que cree en Él tiene (no dice que tendrá) vida eterna. La vida eterna se recibe cuando uno se une a la vida de Dios, la cual por naturaleza es eterna. Así que la vida eterna comienza en el momento del nacimiento espiritual.
3.36 Juan, el escritor de este Evangelio, demostró que Jesús es el verdadero Hijo de Dios. Establece ante nosotros la gran alternativa en la vida. A nosotros nos toca elegir hoy a quién obedeceremos (Josué 24.15) y Dios quiere que lo elijamos a Él (Deuteronomio 30.15–20). Postergar nuestra elección es decidir no seguir a Cristo. La indecisión es una decisión fatal. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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