Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Mayo 1 Reyes 19, 20 

Elías huye a Horeb

19

1Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.

4Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

9Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 16A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. 17Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. 18Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

 Llamamiento de Eliseo

19Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. 20Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? 21Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

 Acab derrota a los sirios

20

1Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a Samaria, y la combatió. 2Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo: 3Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos. 4Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo. 5Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás. 6Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.

7Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado. 8Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide. 9Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y le dieron la respuesta. 10Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue. 11Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe.

12Y cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron contra la ciudad. 13Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová. 14Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los siervos de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú. 15Entonces él pasó revista a los siervos de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete mil.

16Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda. 17Y los siervos de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria. 18El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.

19Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército. 20Y mató cada uno al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería. 21Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.

22Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.

23Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos. 24Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos. 25Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así.

26Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel. 27Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios llenaban la tierra. 28Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová. 29Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie. 30Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento.

31Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida. 32Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es. 33Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro. 34Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.

35Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. 36El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. 37Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. 38Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. 39Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. 40Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado. 41Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas. 42Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo. 43Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Mayo, Juan 2.

Las bodas de Caná

2

1Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. 3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. 4Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. 5Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. 6Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. 7Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. 8Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. 9Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, 10y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. 11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

12Después de esto descendieron a Capernaum, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

 Jesús purifica el templo

(Mt. 21.12–13; Mr. 11.15–18; Lc. 19.45–46)

13Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, 14y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. 15Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; 16y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. 17Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. 18Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? 19Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 20Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? 21Mas él hablaba del templo de su cuerpo. 22Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.

 Jesús conoce a todos los hombres

23Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. 24Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, 25y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Mayo 1 Reyes 19, 20 

Capítulo 19

19.2 Jezabel estaba furiosa por la muerte de sus profetas porque le habían dicho todo lo que ella quería escuchar, profetizando su futuro de poder y gloria. El trabajo de ellos era deificar al rey y a la reina, y ayudar a perpetuar su reino. Jezabel también estaba enojada porque la gente que la apoyaba había sido eliminada, y su orgullo y autoridad habían sido dañados. El dinero que había invertido en estos profetas estaba ahora perdido.

Elías, el que causó la muerte de los profetas, era una espina clavada en Jezabel porque siempre estaba prediciendo oscuridad y fatalidad. Debido a que no pudo controlar sus acciones, hizo un voto para matarlo. Mientras el profeta de Dios estuvo ahí, ella no pudo llevar a cabo todo el mal que quería.

19.3ss Elías experimentó la intensidad de la fatiga y del desaliento después de sus dos grandiosas victorias espirituales: la derrota de los profetas de Baal y la respuesta a su oración por lluvia. A menudo, después de grandes victorias espirituales, llega el desaliento, especialmente aquellas que requieren esfuerzo físico o que producen una gran emoción. Para sacarlo de la depresión, Dios permitió primero que Elías comiera y descansara. Luego, lo confrontó con la necesidad de regresar a su misión en la vida: hablarle de parte de Dios a Israel. Las batallas de Elías no se habían terminado, todavía había trabajo que realizar. Cuando se sienta deprimido después de una gran experiencia espiritual, recuerde que el propósito de Dios para su vida todavía no se ha terminado.

19.8 Cuando Elías huyó al monte Horeb, estaba regresando al lugar sagrado donde Dios le dio a Moisés sus leyes para la humanidad. Obviamente, Dios le dio a Elías una fuerza especial para viajar esta gran distancia (casi 320 km) sin comida adicional. Como Moisés antes que él y como Jesús después de él, Elías ayunó cuarenta días y cuarenta noches (Deuteronomio 9.9; Mateo 4.1, 2). Siglos más tarde, Moisés, Elías y Jesús estarían juntos en la cima de una montaña (Lucas 9.28–36).

19.10 Elías pensó que era la única persona que todavía seguía leal a Dios. Después de experimentar una gran victoria en el monte Carmelo, tuvo que huir para salvar su vida. En su soledad y desaliento, se olvidó de que había otros que permanecieron fieles a Dios en medio de la maldad de la nación. Cuando se vea tentado a sentir que es el único que permanece fiel a una tarea, no se detenga para sentir lástima por usted mismo. La autocompasión diluirá lo bueno que está haciendo. Esté seguro que, aunque no sepa quiénes son, hay otros que están obedeciendo fielmente a Dios y llevando a cabo sus deberes.

19.11-13 Elías conocía el susurro gentil de la voz de Dios. Se dio cuenta de que Dios no se revela a sí mismo solamente en formas milagrosas y poderosas. Buscar a Dios sólo en cosas grandes (reuniones populares, iglesias, conferencias, líderes muy reconocidos) puede significar perderlo, porque a menudo se encuentra en un susurro, en la tranquilidad de un corazón humilde. ¿Escucha usted a Dios? Retírese del ruido y de la actividad de su vida ocupada, y escuche humilde y tranquilamente la dirección de Él. Puede llegar cuando menos la espere.

19.15,16 Dios le pidió a Elías que ungiera a tres personas diferentes. El primero fue Hazael, como rey de Siria. Elías tenía que ungir a un rey enemigo porque Dios iba a usar a Siria como instrumento para castigar a Israel por sus pecados. Siria fue el castigo externo.

El castigo interno provino de Jehú, el siguiente hombre que Elías ungió. Como rey de Israel, Jehú destruiría a aquellos que adoraran al dios falso Baal (2 Reyes 9, 10).

La tercera persona que Elías ungió fue Eliseo, el profeta que lo sucedería. La tarea de Eliseo fue trabajar en Israel, el reino del norte, y ayudar a dirigir al pueblo de regreso a Dios. El reino del sur estaba gobernado en este tiempo por Josafat, un rey dedicado a Dios.


19.18 Besar a Baal significaba besar a algún objeto que lo representaba para mostrarle lealtad.

19.19 La túnica era el artículo más importante que una persona podía poseer. Se usaba para protegerse del clima, como lecho, para sentarse y como maleta. Podía darse como garantía por una deuda o podía ser hecha tiras para mostrar pesar. Elías puso su manto en los hombros de Eliseo para mostrar que él sería su sucesor. Más tarde, cuando hubo terminado la transmisión de poder. Elías dejó su manto para Eliseo (2 Reyes 2.11–14).

19.21 Al matar a sus bueyes, Eliseo hizo un compromiso fuerte de seguir a Elías. Sin ellos, no podría regresar a su vida de rico granjero. Esta comida fue algo más que una fiesta típica entre granjeros. Era una ofrenda de agradecimiento a Dios, el que había elegido a Elías como profeta suyo.

Capítulo 20

20.1ss Con dos reyes malos y dos buenos hasta este punto, el reino del sur, Judá, oscilaba entre la vida correcta y la perversa. Pero el reino del norte, Israel, tenía una sucesión de ocho reyes malos. Para castigar a ambos reinos por vivir de acuerdo a sus propias normas, en vez de seguir a Dios, Él permitió que las otras naciones se fortalecieran y llegaran a ser sus enemigos. Tres enemigos principales amenazaron a Israel y a Judá durante los siguientes dos siglos: Siria, Asiria y Babilonia. Siria, la primera en aumentar su poder, representó una amenaza inmediata para el rey Acab y para Israel.

20.23 Desde los días de Josué, los soldados israelitas tenían la reputación de ser mejores guerreros en las colinas, pero ineficaces en los valles y mesetas porque no usaban carros en la batalla. Los carros tirados por caballos, inútiles en terrenos escabrosos y en bosques densos, podían fácilmente atropellar grandes números de soldados de a pie en los valles. Lo que no entendieron los soldados de Ben-adad fue que era Dios el que hizo la diferencia en la batalla, no los carros.

20.31 Cilicio era una tela tosca hecha por lo general con pelo de cabra y era usada como símbolo de duelo por los muertos o por desastres naturales. Colocarse sogas alrededor de la cabeza pudo haber sido un símbolo de ponerse uno mismo a disposición de una persona. En otras palabras, Acab, de haberlo deseado, los habría colgado. Usar sogas alrededor de la cabeza, por lo tanto, era una señal de sumisión.

20.35,36 El profeta necesitaba una herida para poder verse como un soldado herido y poder así entregar su profecía al rey Acab. El primer hombre fue muerto por un león porque se negó a obedecer las instrucciones que le dio Dios por medio del profeta.

20.41, 42 Es difícil explicar por qué Acab dejó ir a Ben-adad, especialmente después de todos los problemas que los sirios le habían causado. Dios ayudó a Acab a destruir al ejército sirio para probar a Acab y a Siria que era el único Dios. Pero Acab no pudo destruir al rey, su más grande enemigo. Ben-adad estaba bajo el juicio de muerte de Dios, y Acab no tenía ninguna autoridad para dejarlo vivo. Por esto, Dios dijo a Acab que ahora él moriría en su lugar. Este mensaje del profeta pronto se cumplió cuando Acab fue muerto en el campo de batalla (22.35).


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Mayo. Juan 2.

Capítulo 2

2.1,2 Jesús tenía como misión salvar al mundo, la más grande misión en la historia de la humanidad. A pesar de esto empleó tiempo para asistir a una boda y participar en las festividades. Quizás nos sintamos tentados a pensar que no debiéramos ocupar tiempo de nuestro trabajo «importante» en asuntos sociales. Pero a lo mejor esas actividades sociales pueden ser parte de nuestra misión. Jesús dio importancia a estas festividades nupciales porque asistían personas y Él vino para estar con ellas. A menudo nuestra misión puede llevarse a cabo en momentos agradables de celebración con otros. Incluya a Jesús lo mismo en sus momentos de placer que en su tiempo de trabajo.

2.1-3 Las bodas en los días de Jesús eran fiestas de una semana de duración. Los banquetes se preparaban para muchos invitados y la semana se la pasaban celebrando la nueva vida de la pareja. Muchas veces se invitaba a todo el pueblo y la gente iba, ya que se consideraba un insulto rehusar la invitación a una boda. Para atender a tanta gente, se necesitaba una planificación cuidadosa. Era una vergüenza que se acabara el vino, pues rompía las leyes tácitas de la hospitalidad. Jesús quiso resolver un verdadero problema.

2.4 María tal vez no pedía que Jesús hiciera un milagro, sino que le ayudara a resolver este problema tan importante hallando un poco de vino. La tradición dice que José, esposo de María, ya había fallecido, de modo que acudió a su hijo para que le ayudara a salir del problema. La respuesta de Jesús a María no es fácil de entender y quizás ese es el punto. A lo mejor María no logró entender lo que Jesús pensaba hacer, pero confió en lo que Él haría. Los que creen en Jesús y se hallen en situaciones que no entienden deben seguir confiando en que Él hará lo que es mejor.

2.5 María se sometió a la forma de actuar de Jesús. Reconoció que Él era más que su hijo humano: era el Hijo de Dios. Cuando presentamos a Cristo nuestros problemas, quizás pensamos que sabemos cómo Él los resolverá. Pero Él quizás tenga un plan diferente. Como María, debemos someternos y permitirle que resuelva los problemas a su manera.

2.6 Las seis tinajas de piedra casi siempre se usaban para el lavado ceremonial. Su capacidad era de setenta y cinco a ciento diez litros. De acuerdo a las leyes ceremoniales judías, la gente se ensuciaba, en forma simbólica, al entrar en contacto con diferentes objetos cada día. Antes de comer, derramaban agua sobre sus manos para limpiarse de cualquier influencia perniciosa relacionada con lo que tocaban.

2.10 La gente siempre anda en busca de emociones y sentido en todo menos en Dios. Quizás temen que Dios sea aburrido, muerto. Así como el vino que Jesús hizo era el mejor, también la vida en Él es mejor que la nuestra. ¿Por qué esperar hasta que se agote todo para acudir a Dios? ¿Por qué reservar lo mejor para el final?

2.11 Cuando los discípulos vieron los milagros de Jesús, creyeron. El milagro demostró su poder sobrenatural. La forma de realizarlo reveló la manera en que cumpliría su ministerio: ayudando a otros, relacionándose con autoridades y estando en contacto con la gente.

2.11 Los milagros no son simples actos sobrehumanos, sino actos que demuestran el poder de Dios. Casi cada milagro que Jesús hizo fue una renovación de la criatura caída: restaurar la vista, hacer que el paralítico camine, rescatar la vida de la muerte. Crea en Cristo, no porque es un superhombre sino porque es Dios que continúa con su creación, aun en los que somos pobres, débiles, cojos, huérfanos, ciegos, sordos, o con alguna otra necesidad desesperante de restauración.

2.12 Capernaum se convirtió en sede de su ministerio en Galilea. Localizada en una importante ruta comercial, era una ciudad importante en la región que contaba con una guarnición romana y un puesto aduanero. En Capernaum, Mateo recibió el llamado a ser un discípulo (Mateo 9.9). En esta ciudad vivieron también muchos otros discípulos (Mateo 4.13–19) y un oficial del rey (4.46). Tuvo al menos una sinagoga principal. A pesar de que Jesús hizo de esta ciudad su base de operaciones en Galilea, la atacó por su gente incrédula (Mateo 11.23; Lucas 10.15).

2.13 La Pascua se celebraba todos los años en el templo de Jerusalén. Cada judío debía hacer un peregrinaje a Jerusalén durante esta época (Deuteronomio 16.16). Era una fiesta que duraba una semana (la Pascua se realizaba un día y la Fiesta de los Panes sin Levadura duraba el resto de la semana). Toda la semana conmemoraba la liberación de los judíos de la esclavitud de Egipto (Éxodo 12.1–13).
2.13 Jerusalén fue sede política y religiosa de Palestina y el lugar donde se esperaba que el Mesías apareciera. Allí se encontraba el templo y muchas familias judías de todo el mundo viajaban a Jerusalén durante las fiestas importantes. El templo se construyó en un lugar majestuoso, un monte desde donde se dominaba la ciudad. Salomón construyó el primer templo casi en ese mismo lugar, unos mil años antes (949 a.C.), pero los babilonios lo destruyeron (2 Reyes 25). El templo se reconstruyó en 515 a.C. y Herodes el Grande lo engrandeció y remodeló.

2.14 El templo era un lugar muy concurrido durante la Pascua con miles de visitantes de todas partes. Los líderes religiosos permitían que se congestionara mucho más al dejar entrar a los cambistas y mercaderes para establecer sus puestos en el atrio de los gentiles. Aceptaron esta práctica como una manera de ayudar a los adoradores y una forma de obtener dinero para el mantenimiento del templo. Pero los líderes religiosos parecían no dar importancia al hecho de que el atrio de los gentiles estaba lleno de mercaderes y los extranjeros tenían dificultad para adorar. Y el motivo principal de visitar el templo era la adoración. ¡Con razón Jesús se puso molesto!
2.14 Los impuestos del templo tenían que pagarse con moneda local, de manera que los extranjeros tenían que cambiar su dinero con los cambistas, los que a menudo eran deshonestos e imponían tarifas altas. A la gente también se le demandaba ofrecer sacrificios por el pecado. Debido a los viajes tan largos, muchos no llevaban sus animales. Muchas veces, los animales que llevaban se los rechazaban por imperfectos. Los vendedores de animales tenían un negocio floreciente en el patio del templo. El precio de los animales para el sacrificio en el templo era más alto que en cualquier otro lugar. Jesús se molestó por la deshonestidad y voracidad practicada por cambistas y mercaderes. No debían trabajar en el templo mismo. Su presencia denigraba el templo, el lugar de adoración a Dios.
2.14ss Juan narra la primera limpieza del templo. La segunda limpieza, ocurrida al final del ministerio de Jesús cerca de tres años más tarde, se relata en Mateo 21.12–17; Marcos 11.12–19; Lucas 19.45–48.
2.14–16 Usaban mal el templo al convertirlo en un mercado. Olvidaban, o no les importaba, que la casa de Dios es un lugar de adoración, no un mercado para obtener ganancias. Nuestra actitud hacia la iglesia es errada si la vemos solo como un medio para establecer relaciones personales o para ventajas comerciales. Procure que su asistencia a la iglesia sea solo para adorar a Dios.

2.15,16 Era obvio que Jesús estaba molesto con los mercaderes que explotaban a quienes iban a la casa de Dios para adorar. Hay una diferencia entre la ira sin control y la ira santa; sin embargo, a ambas se les llama ira. Debemos tener mucho cuidado en cómo usamos la poderosa emoción de la ira. Es bueno sentirla ante injusticia y pecado, pero es malo sentirla por asuntos personales triviales.

2.15,16 Jesús hizo un látigo y echó fuera a los cambistas. ¿Debemos usar la violencia contra los que obran mal? A algunas autoridades se les permite, pero no a todos. Por ejemplo, la autorización para usar armas y reprimir a la gente la tiene la policía, no el público en general. La facultad de encarcelar la tienen los jueces, no los ciudadanos. Jesús tenía la autoridad de Dios para aquello, algo que no se nos ha otorgado a nosotros. Mientras procuramos vivir como Cristo, nunca debiéramos apropiarnos de su autoridad donde no se nos ha dado.

2.17 Jesús interpretó la maldad en el templo como un insulto a Dios y fue enérgico. La ira santa en contra del pecado y la falta de respeto a Dios le consumía.

2.19, 20 Los judíos interpretaron que Jesús se refería al templo del cual expulsó a los mercaderes y cambistas. Aquel era el templo de Zorobabel construido unos quinientos años antes y que Herodes comenzó a remodelar, haciéndolo más espacioso y mucho más hermoso. Aunque habían transcurridos unos cuarenta y seis años desde iniciada la remodelación (20 a.C.), todavía no se había concluido el trabajo, por lo que las palabras de Jesús de que podría destruirse y reedificarse en tres días fueron desconcertantes.
2.21, 22 Jesús no hablaba del templo hecho de piedras, sino de su cuerpo. Sus oyentes no podían darse cuenta, pero Jesús es más grande que el templo (Mateo 12.6). Sus palabras cobraron significado en los discípulos luego de la resurrección. Aquel Cristo cumplió a la perfección lo predicho y eso fue una prueba contundente de que era Dios.

2.23–25 El Hijo de Dios conoce todo lo relacionado con la naturaleza humana. Estaba al tanto de la verdad expresada en Jeremías 17.9: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» Nadie es capaz de conocer a fondo la maldad. Jesús discernía y conocía que la fe de algunos seguidores era superficial. Algunos de los mismos que proclamaron creer en Jesús, más tarde gritarían: «Crucifícalo». Es fácil creer cuando todo es emocionante y todos creen en la misma forma. Pero la fe firme permanece cuando no es popular seguir a Cristo. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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