Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 8 DE Mayo 1 Reyes 16,17,18 

16

1Y vino palabra de Jehová a Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo: 2Por cuanto yo te levanté del polvo y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel, y has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con tus pecados; 3he aquí yo barreré la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa; y pondré su casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat. 4El que de Baasa fuere muerto en la ciudad, lo comerán los perros; y el que de él fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.

5Los demás hechos de Baasa, y las cosas que hizo, y su poderío, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 6Y durmió Baasa con sus padres, y fue sepultado en Tirsa, y reinó en su lugar Ela su hijo. 7Pero la palabra de Jehová por el profeta Jehú hijo de Hanani había sido contra Baasa y también contra su casa, con motivo de todo lo malo que hizo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira con las obras de sus manos, para que fuese hecha como la casa de Jeroboam; y porque la había destruido.

 Reinados de Ela y de Zimri

8En el año veintiséis de Asa rey de Judá comenzó a reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa; y reinó dos años. 9Y conspiró contra él su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando él en Tirsa, bebiendo y embriagado en casa de Arsa su mayordomo en Tirsa, 10vino Zimri y lo hirió y lo mató, en el año veintisiete de Asa rey de Judá; y reinó en lugar suyo.

11Y luego que llegó a reinar y estuvo sentado en su trono, mató a toda la casa de Baasa, sin dejar en ella varón, ni parientes ni amigos. 12Así exterminó Zimri a toda la casa de Baasa, conforme a la palabra que Jehová había proferido contra Baasa por medio del profeta Jehú, 13por todos los pecados de Baasa y los pecados de Ela su hijo, con los cuales ellos pecaron e hicieron pecar a Israel, provocando a enojo con sus vanidades a Jehová Dios de Israel. 14Los demás hechos de Ela, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

15En el año veintisiete de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Zimri, y reinó siete días en Tirsa; y el pueblo había acampado contra Gibetón, ciudad de los filisteos. 16Y el pueblo que estaba en el campamento oyó decir: Zimri ha conspirado, y ha dado muerte al rey. Entonces todo Israel puso aquel mismo día por rey sobre Israel a Omri, general del ejército, en el campo de batalla. 17Y subió Omri de Gibetón, y con él todo Israel, y sitiaron a Tirsa. 18Mas viendo Zimri tomada la ciudad, se metió en el palacio de la casa real, y prendió fuego a la casa consigo; y así murió, 19por los pecados que había cometido, haciendo lo malo ante los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel. 20El resto de los hechos de Zimri, y la conspiración que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

 Reinado de Omri

21Entonces el pueblo de Israel fue dividido en dos partes: la mitad del pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, y la otra mitad seguía a Omri. 22Mas el pueblo que seguía a Omri pudo más que el que seguía a Tibni hijo de Ginat; y Tibni murió, y Omri fue rey. 23En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años; en Tirsa reinó seis años. 24Y Omri compró a Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte; y llamó el nombre de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, que fue dueño de aquel monte.

25Y Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él; 26pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos. 27Los demás hechos de Omri, y todo lo que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 28Y Omri durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y reinó en lugar suyo Acab su hijo.

 Reinado de Acab

29Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. 30Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. 31Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de  Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de  los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. 32E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. 33Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel. 34En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun.

 Elías predice la sequía

17

1Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. 2Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: 3Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 4Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. 5Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 6Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. 7Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

 Elías y la viuda de Sarepta

8Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: 9Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. 10Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir. 13Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. 15Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. 16Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

17Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento. 18Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo? 19El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama. 20Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo? 21Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 22Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió. 23Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive. 24Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.

 Elías regresa a ver a Acab

18

1Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra. 2Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria. 3Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso de Jehová. 4Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua. 5Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las mulas, para que no nos quedemos sin bestias. 6Y dividieron entre sí el país para recorrerlo; Acab fue por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.

7Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías? 8Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está Elías. 9Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu siervo en mano de Acab para que me mate? 10Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho jurar que no te han hallado. 11¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías? 12Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su juventud. 13¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua? 14¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías; para que él me mate? 15Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy me mostraré a él. 16Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.

17Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? 18Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales. 19Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.

 Elías y los profetas de Baal

20Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 25Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 28Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.

30Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. 31Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, 32edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. 33Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.

36Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! 40Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.

 Elías ora por lluvia

41Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. 42Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. 43Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. 44A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. 45Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. 46Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 8 DE Mayo Juan 1:29 – 51.

El Cordero de Dios

29El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. 31Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. 32También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

 Los primeros discípulos

35El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. 40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). 42Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).

 Jesús llama a Felipe y a Natanael

43El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 8 DE Mayo 1 Reyes 16,17,18 

Capítulo 16

16.1-7 Dios destruyó a los descendientes de Jeroboam por sus grandes pecados y aun así Baasa repitió los mismos errores. No aprendió del ejemplo de aquellos que estuvieron antes que él. No se detuvo a pensar que su pecado sería castigado. Asegúrese de que aprenda de su pasado, de las experiencias de otros y de las vidas de aquellos cuyas historias se relatan en la Biblia. No repita errores.

16.21, 22 Omri comenzó su reinado cuando se gestaban disensiones políticas en Israel. Después de que se suicidó el rey Zimri, el ejército israelita eligió a Omri, su general, como el siguiente rey. Tibni, el principal rival al trono de Omri, murió. Omri luego comenzó su malvado reinado. Durante sus doce años de gobierno sobre Israel, fue un líder astuto y capaz. Organizó la construcción de su nueva ciudad capital, Samaria, mientras que fortaleció a la nación de manera política y militar. Pero no le interesó la condición espiritual de la nación (Miqueas 6.16), y a propósito llevó a Israel a alejarse de Dios para poder tener en sus manos mucho más poder.

16.24 La nueva capital de Omri, Samaria, ofrecía algunas ventajas políticas. La ciudad era su propiedad personal, por lo tanto tenía un control total sobre ella. Samaria estaba ubicada en la cima de una colina, lo que hacía más fácil su defensa. Omri murió antes de terminar la ciudad. Por lo tanto su hijo, Acab, la terminó, construyendo no sólo el hermoso palacio de marfil (1 Reyes 22.39; Amós 3.13–15), sino además un templo para el dios Baal. Samaria sirvió como ciudad capital durante el resto de las dinastías de Israel hasta que cayó delante de los asirios en 722 a.C. (2 Reyes 17.5).

16.31 La malvada esposa de Acab, Jezabel, provenía de la ciudad fenicia de Tiro donde su padre había sido sumo sacerdote y a la larga rey. Jezabel adoraba al dios Baal. Para complacerla, Acab edificó un templo y un altar para Baal (16.32), promoviendo así la idolatría y guiando a la nación entera al pecado. (Para mayor información sobre Baal, véase la nota a 18.18).

Capítulo 17

17.1 Elías fue uno de los primeros de una larga línea de profetas importantes que Dios envió tanto a Israel como a Judá. Israel, el reino del norte, no tuvo reyes fieles a lo largo de su historia. Cada uno de los reyes fue malvado, y llevaron al pueblo a la adoración de dioses paganos. Quedaban ya muy pocos sacerdotes de la tribu de Leví, la mayoría se habían ido a Judá, y los sacerdotes designados por los reyes de Israel eran corruptos e ineficaces. Debido a que no había algún rey o sacerdote que llevara la Palabra de Dios al pueblo, Dios llamó profetas para que trataran de rescatar a Israel de su decadencia moral y espiritual. Durante los siguientes trescientos años, estos hombres y mujeres jugarían un papel vital en ambas naciones, al alentar al pueblo y a los líderes a que regresaran a Dios.

17.1 Aquellos que adoraban a Baal creían que era el dios que traía las lluvias y las cosechas abundantes. Así que, cuando Elías entró a la presencia de este rey que adoraba a Baal, y le dijo que no habría lluvia durante varios años, Acab se quedó consternado. Acab había construido una fuerte defensa militar, pero esta no ayudaría en nada durante la sequía. Tenía muchos sacerdotes de Baal, pero no podían hacer llover. Elías confrontó con valor al hombre que había llevado el pueblo al mal, y le habló de un poder mayor que cualquier dios pagano: el Señor, Dios de Israel. Cuando la rebelión y la herejía estaban en pleno apogeo en Israel, Dios respondió no solo con palabras sino con acciones.

17.10ss En una nación en la que la ley requería que se cuidara a sus profetas, es irónico que Dios se valió de cuervos (pájaros inmundos) y de una viuda (una extranjera del territorio natal de Jezabel) para cuidar de Elías. Dios tiene ayuda donde menos la esperamos. Nos bendice de formas que van más allá de nuestras pobres definiciones o expectativas. No importa cuán amargas puedan ser nuestras pruebas o cuán desesperanzada parezca nuestra situación, debemos buscar la mano generosa de Dios. ¡Podremos encontrar su providencia en algunos lugares extraños!

17.13-16 Cuando la viuda de Sarepta se encontró con Elías, ella pensó que estaba preparando su última comida. Pero un simple acto de fe produjo un milagro. Ella confió en Elías y le dio todo lo que le quedaba para comer. La fe es el paso entre la promesa y la seguridad. Los milagros parecen tan fuera de nuestro alcance debido a nuestra fe débil. Pero todo milagro, pequeño o grande, comienza con un acto de obediencia. Quizá no veamos la solución hasta que demos el primer paso de fe.

17.17 Aun cuando Dios ha obrado un milagro en nuestras vidas, nuestros problemas pueden no haberse acabado. El hambre es una experiencia terrible, pero lo peor estaba por venir. La provisión de Dios nunca se nos da para que podamos descansar en ella. Debemos depender de Él tan pronto como surja una nueva prueba.

Capítulo 18

18.3,4 A pesar de que Elías estaba solo en su confrontación con Acab y Jezabel, no era el único en Israel que creía en Dios. Abdías había sido fiel al esconder a cien profetas que todavía seguían leales a Dios.

18.18 En vez de adorar al Dios verdadero, Acab y su esposa Jezabel adoraban a Baal, el dios más popular de los cananeos. Por lo general, los ídolos de Baal eran moldeados en forma de toro, representando la fortaleza y la fertilidad, y reflejando hambre de poder y de placer sexual.

18.19 Acab convocó a ochocientos cincuenta profetas paganos en monte Carmelo para comparar la inteligencia y el poder con Elías. Los reyes malvados odiaban a los profetas de Dios porque hablaban en contra del pecado y de la idolatría, y minaban su control sobre el pueblo. Con la ayuda de los reyes malvados, muchos profetas paganos se levantaron para combatir las palabras de los profetas de Dios. Pero Elías mostró al pueblo que el hablar una profecía no era suficiente. Se necesitaba el poder de un Dios viviente para cumplirla.

18.21 Elías desafió al pueblo a tomar una decisión: seguir a quienquiera que fuera el verdadero Dios. ¿Por qué osciló tanta gente entre las dos alternativas? Quizá algunos no estaban seguros. Muchos de ellos, sin embargo, sabían que Dios era Jehová, pero disfrutaban de los placeres pecaminosos y de otros beneficios que obtenían al seguir a Acab y su adoración idólatra. Es importante tomar partido por Dios. Si sólo nos dejamos llevar por cualquier cosa que sea placentera y fácil, algún día descubriremos que hemos estado adorando a un dios falso: nosotros mismos.

18.29 A pesar de que los profetas de Baal se deshicieron en alabanzas durante toda la tarde, ninguno les contestó. Su dios estaba en silencio porque no era real. Los dioses a los que nos vemos tentados a seguir no son ídolos de piedra o de madera, pero son igualmente falsos y peligrosos porque nos hacen depender de otras cosas y no de Dios. El poder, la posición, la apariencia o las posesiones materiales pueden llegar a convertirse en nuestros dioses si les dedicamos nuestras vidas. Pero cuando llegue el tiempo de crisis y desesperadamente clamemos a esos dioses, solo habrá silencio. No pueden ofrecer respuestas verdaderas, ni guía, ni sabiduría.

18.31 Usar doce piedras para construir el altar requirió valentía. Esto podría haber ocasionado que algunas personas se enojaran porque era un recordatorio silencioso de la división entre las tribus. Mientras las diez tribus del norte se llamaron a sí mismas Israel, este era el nombre que originalmente habían recibido las doce tribus en conjunto.

18.36-38 Dios envió fuego desde los cielos para Elías, y Él nos ayudará a completar lo que nos ha mandado a realizar. La prueba puede no ser tan dramática en nuestra vida como lo fue en la de Elías, pero Dios nos hará accesibles los recursos de maneras creativas para lograr sus propósitos. Nos dará la sabiduría para educar a nuestra familia, el valor para levantarnos en favor de la verdad, o los medios para ayudar a alguien en necesidad. Como Elías, podemos tener fe en que, sea lo que Dios nos mande hacer, Él proveerá lo que necesitamos para llevarlo a cabo.

18.46 Elías corrió casi 10 km de regreso a la ciudad para poder dar a Acab la última oportunidad para volverse de su pecado antes de reunirse con Jezabel en Jezreel. Su carrera aseguró, además, que llegara a Jezreel la historia correcta de lo que había sucedido.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 8 DE Mayo. Juan 1:29 – 51.

1.29 Cada mañana y tarde, se sacrificaba un cordero en el templo por los pecados del pueblo (Éxodo 29.38–42). Isaías 53.7 profetizó que el Mesías, el Siervo de Dios, sería ofrecido como un cordero. Para pagar la culpa por el pecado, tenía que entregarse una vida; y Dios quiso darse a sí mismo en sacrificio. Los pecados del mundo fueron quitados cuando Jesús murió como el sacrificio perfecto. De esta manera se perdonan nuestros pecados (1 Corintios 5.7). «Pecado del mundo» significa el pecado de todos, el de cada individuo. Jesús pagó el precio de nuestro pecado con la muerte. Usted puede recibir perdón al confesarle su pecado y pedirle su perdón.

1.30 A pesar de que Juan el Bautista había sido un predicador muy conocido y atrajo grandes multitudes, se sintió muy feliz de que Jesús ocupara el lugar más importante. Esta es la verdadera humildad, la base de la grandeza en la predicación, enseñanza o cualquier otra labor que hagamos por Cristo. Cuando usted se sienta feliz de hacer las cosas que Dios quiere que haga y permita que Cristo reciba la honra por ello, Dios hará grandes cosas a través de usted.

1.31–34 En el bautismo de Jesús, Juan el Bautista lo declaró como el Mesías. En ese momento Dios le dio una señal a Juan de que en verdad Él había enviado a Jesús (1.33). Juan y Jesús eran parientes (véase Lucas 1.36), de modo que Juan sabía quién era. Pero no fue sino hasta su bautismo que Juan comprendió que Jesús era el Mesías. El bautismo de Jesús se relata en Mateo 3.13–17; Marcos 1.9–11 y Lucas 3.21, 22.

1.33 El bautismo de Juan el Bautista en agua fue preparatorio, porque era para arrepentimiento y simbolizaba el lavado de los pecados. Jesús, en contraste, bautizaría con el Espíritu Santo. Enviaría al Espíritu Santo sobre los creyentes para que les impartiera poder para vivir y enseñar el mensaje de salvación. Esto ocurrió después de que Jesús resucitó y ascendió al cielo (véase 20.22; Hechos 2).

1.34 La tarea de Juan el Bautista era la de guiar a la gente hacia Cristo, el Mesías que esperaban. Hoy muchas personas andan en busca de alguien que les dé seguridad en un mundo inseguro. Nuestra tarea es guiarlos a Cristo y mostrarles que Él es el que buscan.

1.35ss Estos nuevos discípulos llamaron de varias formas a Jesús: Cordero de Dios (1.36), Señor (literalmente, Rabí o Maestro) (1.38), Mesías (1.41, 45), Hijo de Dios (1.49), Rey de Israel (1.49). A medida que lo conocieron, su aprecio por Él creció. Cuanto más tiempo pasemos con Cristo conociéndolo, más comprenderemos y apreciaremos lo que Él es. Sus enseñanzas nos atraerán, pero llegaremos a conocerlo como el Hijo de Dios. A pesar de que estos discípulos estuvieron hablando en esos términos en pocos días, no lo entenderían del todo hasta tres años más tarde (Hechos 2). Lo que consideraron como una profesión fácil tuvieron que convertirlo en experiencia. Vemos que las palabras de fe brotan con facilidad, pero la apreciación profunda por Cristo viene como producto de vivir por fe.

1.37 Uno de los dos discípulos fue Andrés (1.40). El otro quizás fue Juan, el escritor de este libro, o Felipe, al que se menciona a menudo. ¿Por qué estos discípulos dejaron a Juan el Bautista? Porque eso es lo que Juan quiso que hicieran; los guió a Cristo, los preparó para que lo siguieran. Estos fueron los primeros discípulos de Jesús, junto con Simón Pedro (1.42) y Natanael (1.45).

1.38 Cuando los dos discípulos empezaron a seguirle, Jesús les preguntó: «¿Qué desean?» Seguir a Jesús no es suficiente: debemos seguirle por las razones debidas. Seguirle por nuestros fines es pedir a Cristo que nos siga, que se ajuste a nosotros para edificar nuestra causa, no la suya. Debemos examinar nuestros motivos para servirle. ¿Buscamos su gloria o la nuestra?

1.40–42 Andrés aceptó el testimonio de Juan el Bautista acerca de Jesús y de inmediato fue a decirlo a su hermano, Simón Pedro. No había dudas en su mente: para él Jesús era el Mesías. No solamente se lo dijo a Pedro; a través de los Evangelios hallamos a Andrés deseoso de llevar a otros a Jesús (véanse 6.8, 9; 12.22).

1.42 Jesús no solo vio quién era Pedro, sino quién llegaría a ser. Por eso le asignó un nuevo nombre: Cefas en arameo, Pedro en griego (el nombre significa «una roca»). A través de los Evangelios, no se presenta a Pedro como «piedra sólida», pero llegó a ser una «roca» en los días de la iglesia primitiva, como nos lo relata el libro de los Hechos. Al dar a Pedro un nuevo nombre, Jesús presenta un cambio en su carácter. Si desea más información sobre Simón Pedro, véase su perfil en Mateo 27.

1.46 Los judíos menospreciaban a Nazaret porque una guarnición romana estaba localizada allí. Algunos han especulado que una actitud fría o una baja reputación moral y religiosa del pueblo de Nazaret condujo al comentario duro de Natanael. La ciudad natal de Natanael fue Caná, situada a un poco más de seis kilómetros de Nazaret.

1.46 Cuando Natanael oyó que el Mesías procedía de Nazaret, se sorprendió. Felipe le respondió: «Ven y ve». Por fortuna, Natanael fue a ver a Jesús y llegó a ser su discípulo. ¡Si hubiera actuado en base a sus prejuicios, sin una investigación mayor, hubiera perdido su encuentro con el Mesías! No permita que los estereotipos de la gente acerca de Cristo sean causa de que pierdan poder y amor. Invítelos a que se acerquen a Él y comprueben quién es Jesús.

1.47-49 Jesús conocía todo lo referente a Natanael antes de que se encontrasen cara a cara. Jesús también nos conoce bien. Una persona honesta se sentirá a gusto sabiendo que Jesús la conoce tal cual es. Una deshonesta se sentirá molesta. No puede fingir ser algo que no es. Dios sabe cómo es usted verdaderamente y desea que lo siga.

1.51 Esta es una referencia al sueño de Jacob que aparece en Génesis 28.12. En su condición singular de Dios-Hombre, Jesús sería la escalera entre el cielo y la tierra. Jesús no dice aquí que iba a ser una experiencia física (es decir que verían la escalera con sus ojos), como en el caso de la transfiguración, sino que tendrían una percepción espiritual de la verdadera naturaleza de Jesús y del propósito de su venida. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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