Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 7 DE Mayo 1 Reyes 14, 15 

Profecía de Ahías contra Jeroboam

14

1En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo. 2Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo. 3Y toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te declare lo que ha de ser de este niño.

4Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez. 5Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá disfrazada.

6Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura. 7Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel, 8y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos, 9sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas; 10por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada. 11El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho. 12Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño. 13Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam. 14Y Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora mismo. 15Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová. 16Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.

17Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió. 18Y lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías. 19Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel. 20El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.

 Reinado de Roboam

(2 Cr. 12.1–16)

21Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita. 22Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron. 23Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. 24Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.

25Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén, 26y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho. 27Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los dio a los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la puerta de la casa real. 28Cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la guardia.

29Los demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en las crónicas de los reyes de Judá? 30Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días. 31Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.

 Reinado de Abiam

(2 Cr. 13.1–22)

15

1En el año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre Judá, 2y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom. 3Y anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre. 4Mas por amor a David, Jehová su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y sosteniendo a Jerusalén; 5por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo. 6Y hubo guerra entre Roboam, y Jeroboam todos los días de su vida. 7Los demás hechos de Abiam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. 8Y durmió Abiam con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de David; y reinó Asa su hijo en su lugar.

 Reinado de Asa

(2 Cr. 14.1–5; 15.16–19)

9En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá. 10Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom. 11Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre. 12Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho. 13También privó a su madre Maaca de ser reina madre, porque había hecho un ídolo de Asera. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y lo quemó junto al torrente de Cedrón. 14Sin embargo, los lugares altos no se quitaron. Con todo, el corazón de Asa fue perfecto para con Jehová toda su vida. 15También metió en la casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, plata y alhajas.

 Alianza de Asa con Ben-adad

(2 Cr. 16.1–10)

16Hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos. 17Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Ramá, para no dejar a ninguno salir ni entrar a Asa rey de Judá. 18Entonces tomando Asa toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, los entregó a sus siervos, y los envió el rey Asa a Ben-adad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cual residía en Damasco, diciendo: 19Haya alianza entre nosotros, como entre mi padre y el tuyo. He aquí yo te envío un presente de plata y de oro; ve, y rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que se aparte de mí. 20Y Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los príncipes de los ejércitos que tenía contra las ciudades de Israel, y conquistó Ijón, Dan, Abel-bet-maaca, y toda Cineret, con toda la tierra de Neftalí. 21Oyendo esto Baasa, dejó de edificar a Ramá, y se quedó en Tirsa. 22Entonces el rey Asa convocó a todo Judá, sin exceptuar a ninguno; y quitaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y edificó el rey Asa con ello a Geba de Benjamín, y a Mizpa.

 Muerte de Asa

(2 Cr. 16.11–14)

23Los demás hechos de Asa, y todo su poderío, y todo lo que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Mas en los días de su vejez enfermó de los pies. 24Y durmió Asa con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Josafat su hijo.

 Reinado de Nadab

25Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años. 26E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en los pecados con que hizo pecar a Israel.

27Y Baasa hijo de Ahías, el cual era de la casa de Isacar, conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era de los filisteos; porque Nadab y todo Israel tenían sitiado a Gibetón. 28Lo mató, pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo. 29Y cuando él vino al reino, mató a toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a la palabra que Jehová habló por su siervo Ahías silonita; 30por los pecados que Jeroboam había cometido, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo a Jehová Dios de Israel.

31Los demás hechos de Nadab, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 32Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.

 Reinado de Baasa

33En el tercer año de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ahías sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinticuatro años. 34E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 7 DE Mayo Juan 1: 1 – 28.

EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN JUAN

 El Verbo hecho carne

1

1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Este era en el principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

6Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

9Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

14Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

 Testimonio de Juan el Bautista

(Mt. 3.11–12; Mr. 1.7–8; Lc. 3.15–17)

19Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. 21Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

24Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. 25Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. 27Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. 28Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 7 DE Mayo 1 Reyes 14, 15 

Capítulo 14

14.10, 11 Estos desastres fueron aplicaciones prácticas para Israel de las enseñanzas específicas de Deuteronomio (véase Deuteronomio 28.15–19, 36–68; 30.15–20). Ahías está profetizando la caída de Israel por su flagrante violación de los mandamientos de Dios.

14.14 ¿Quién era este rey que destruiría la casa de Jeroboam? Su nombre era Baasa y mataría a todos los descendientes de Jeroboam (15.27–30).

14.15 «Imágenes de Asera» se refiere a adoración de ídolos. Se hacían imágenes de madera para la adoración de Asera, una diosa de los cananeos.

14.19 En 1 y 2 Reyes se mencionan tres libros: el libro de las historias de los reyes de Israel (14.19), las crónicas de los reyes de Judá (14.29), y el libro de los hechos de Salomón (11.41). Estos libros eran registros históricos de Israel y Judá y eran las principales fuentes de material con el que Dios dirigió al autor para escribir 1 y 2 Reyes. No se han encontrado copias de estos libros.

14.23 «Estatuas» eran pilares de piedra colocados al lado de un altar pagano. Se suponía que estos pilares representaban una deidad.

14.25 Cuando Roboam subió al poder, heredó un reino poderoso. Todo lo que había querido alguna vez lo tenía a la mano. Pero aparentemente no reconoció el porqué tenía tanto o cómo había sido obtenido. Para enseñarle una lección a Roboam, Dios permitió que el rey Sisac de Egipto invadiera Judá e Israel. Egipto ya no era la potencia mundial que fuera alguna vez, y Sisac, posiblemente resentido con el enorme éxito de Salomón, estaba determinado a cambiar eso. El ejército de Sisac no era lo suficientemente fuerte para destruir Judá e Israel, pero los debilitó tanto que nunca volvieron a ser los mismos.

14.25, 26 Sólo cinco años después de la muerte de Salomón, el templo y el palacio fueron saqueados por invasores extranjeros. ¡Cuán rápido desaparecieron la gloria, el poder y el dinero! Cuando el pueblo llegó a ser espiritualmente corrupto e inmoral (14.24), sólo pasó muy poco tiempo hasta que lo perdieron todo. Sus riquezas, idolatría e inmoralidad habían llegado a ser más importantes para ellos que Dios. Cuando retiramos a Dios de nuestras vidas, todo lo demás se vuelve inútil, sin importar cuán valioso parezca.

Capítulo 15

15.15 Estos regalos para el templo eran artículos dedicados a Dios como ofrendas sagradas que Abiam había llevado a la guerra contra Jeroboam (2 Crónicas 13.16, 17) y Asa habían tomado cuando él derrotó a los cusitas (2 Crónicas 14.12, 13).

15.16 Baasa se apoderó del trono de Nadab (15.27, 28), que como rey había reemplazado a su padre, Jeroboam.

15.29 Véase 1 Reyes 14.12–14 para la predicción de Ahías acerca de este acontecimiento.

15.30 Todos los descendientes de Jeroboam fueron muertos debido a que él instó al pueblo a pecar. Siempre se juzga el pecado con dureza, pero los peores pecadores son aquellos que llevan a otros a pecar. Jesús dijo que sería mejor que los echaran al mar con una piedra de molino atada a sus cuellos (Marcos 9.42). Si usted ha tomado la responsabilidad de guiar a otros, recuerde las consecuencias que acarrearía si los desviara. El enseñar la verdad es una responsabilidad que va de la mano con el privilegio del liderazgo.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 7 DE Mayo. Juan 1: 1 – 28.

 JUAN

Capítulo 1

1.1 Lo que Jesús enseñó y lo que hizo están ligados en forma inseparable con lo que Él es. Juan muestra a Jesús como totalmente humano y totalmente divino. A pesar de que Jesús tomó por completo nuestra humanidad y vivió como un hombre, nunca dejó de ser el Dios eterno que siempre existió, el creador y sustentador de todas las cosas, la fuerza que une la creación y la fuente de la vida eterna. Esta es la verdad acerca de Jesús y el fundamento de la verdad. Si no podemos o no creemos esta verdad básica, no tendremos la fe suficiente para confiarle nuestro destino eterno. Por eso Juan escribió su Evangelio: para edificar la fe y la confianza en Jesucristo, al grado que creamos que Él en realidad era y es el Hijo de Dios (20.30, 31).
1.1 Juan escribió a los creyentes en todo lugar, sean o no judíos (gentiles). Como uno de los doce discípulos, Juan fue un testigo presencial, de manera que su historia es confiable. Su libro no es una biografía (como el libro de Lucas), sino una presentación temática de la vida de Jesús. Muchos de los oyentes originales tenían un trasfondo griego. La cultura griega estimulaba la adoración de muchos dioses mitológicos cuyas características sobrenaturales eran tan importantes para los griegos como las genealogías para los judíos. Juan mostró que Jesús no solo era diferente de sus dioses mitológicos, sino superior a ellos.
1.1ss ¿Qué quiere decir Juan con el Verbo? El Verbo era una expresión usada por teólogos y filósofos, judíos y griegos por igual, de muchas maneras diferentes. En las Escrituras hebreas, el Verbo era un agente de creación (Salmo 33.6), la fuente del mensaje de Dios a su pueblo por medio de sus profetas (Oseas 1.2) y la ley de Dios, su norma de santidad (Salmo 119.11). En la filosofía griega, el Verbo era el principio de la razón que gobernaba al mundo o el pensamiento que estaba aún en la mente, mientras que en el pensamiento hebreo el Verbo era otra forma de decir Dios. La descripción de Juan muestra claramente que se refiere a Jesús (véase especialmente 1.14); un ser humano que conocía y amaba, pero que era a la vez el Creador del universo, la suprema revelación de Dios, la imagen viviente de la santidad de Dios, y «todas las cosas en Él subsisten» (Colosenses 1.17). Para los lectores judíos, «el Verbo era Dios» era una blasfemia. Para los lectores griegos, «aquel Verbo fue hecho carne» (1.14) era impensable. Para Juan, este nuevo entendimiento del Verbo era el evangelio, las buenas nuevas de Jesucristo.

1.3 Cuando Dios creó, hizo algo de la nada. Debido a que somos seres creados, no hay razón para ser orgullosos. Recuerde que usted existe solo porque Dios lo hizo y tiene dones especiales únicamente porque Dios se los ha dado. Con Dios usted es algo especial; separado de Dios no es nada, y si intenta vivir sin Él, abandonará el propósito por el cual fue hecho.

1.3-5 ¿Piensa a menudo que Dios nunca logrará entenderlo porque su vida es demasiada compleja? Recuerde: Dios creó todo el universo y nada es demasiado complejo para Él. Lo ha creado a usted, vive hoy y su amor es más grande que cualquier problema que usted pueda enfrentar.

1.4,5 «Las tinieblas no prevalecieron contra ella» significa que las tinieblas de maldad nunca han triunfado ni triunfarán ni apagarán la luz de Dios. Jesucristo es el creador de la vida y su vida ofrece luz a la humanidad. En su luz, nos vemos tal como somos: pecadores en necesidad de un Salvador. Cuando seguimos a Jesús, la luz verdadera, evitamos andar como ciegos y caer en el pecado. Él ilumina la senda que tenemos delante a fin de que sepamos cómo vivir. Él disipa la oscuridad del pecado de nuestras vidas. ¿Ha permitido que la luz de Cristo brille en su vida? Permita que Cristo guíe su vida y nunca tropezará en la oscuridad.

1.6-8 En este libro, el nombre Juan se refiere a Juan el Bautista. Si desea más información sobre Juan el Bautista, véase su perfil en este capítulo.

1.8 Nosotros, como Juan el Bautista, no somos la fuente de la luz de Dios; simplemente reflejamos esa luz. Jesucristo, que es la luz verdadera, nos ayuda a ver nuestro camino a Dios y nos muestra cómo transitar a lo largo de ese camino. Pero Cristo quiere reflejar su luz a través de sus seguidores a un mundo incrédulo, quizás porque los incrédulos no son capaces de soportar la poderosa gloria resplandeciente de su luz pura. La palabra testimonio se refiere a nuestro papel de reflejar la luz de Cristo. Nunca debemos presentarnos ante otros como la luz, sino indicarles que miren a Cristo, la Luz.

1.10, 11 A pesar de que Cristo creó el mundo, la gente que creó no lo reconoció (1.10). Aun la que Dios escogió para preparar al resto del mundo para la venida del Mesías lo rechazó (1.11), pese a que todo el Antiguo Testamento hablaba de su venida.

1.12, 13 Todos los que aceptan a Cristo como Señor de sus vidas renacen espiritualmente y reciben nueva vida de Dios. A través de la fe en Cristo, este nuevo nacimiento nos cambia desde adentro, reacondicionando nuestras actitudes, deseos y motivos. El nacimiento hace que uno esté vivo físicamente y permite ser parte de la familia. Al nacer de Dios, formamos parte de su familia (1.12). ¿Ha pedido que Cristo le haga una nueva persona? Este nuevo comienzo está a disposición de todo aquel que cree en Cristo.

1.14 El «Verbo fue hecho carne», significa: se convirtió en humano. Cristo vino a ser (1) el Maestro perfecto: en la vida de Jesús vemos cómo Dios piensa y por lo tanto cómo debiéramos pensar (Filipenses 2.5–11); (2) el ejemplo perfecto: Él es el modelo de lo que debemos ser, nos muestra cómo vivir y nos da poder para vivir de esa manera (1 Pedro 2.21); (3) el sacrificio perfecto: Jesús vino como un sacrificio por todos los pecados y su muerte satisface las demandas de Dios para la cancelación del pecado (Colosenses 1.15–23).

1.14 El «unigénito del Padre» significa que Jesús es el único y singular Hijo de Dios. El énfasis está puesto en lo singular. Jesús es único y disfruta de una relación con Dios que es diferente de la de los creyentes llamados «hijos» que afirman ser «engendrados de Dios».

1.14 Cuando Jesús nació, Dios se hizo hombre. No era mitad hombre ni mitad Dios, era todo Dios y todo hombre (Colosenses 2.9). Antes de que Cristo viniera, la gente podía conocer a Dios en parte. Luego de su venida, lo conoció en su totalidad porque vino visible y tangible en Jesús. Cristo es la expresión perfecta de Dios en forma humana. Los dos errores más comunes son minimizar su humanidad o minimizar su divinidad. Jesús es tanto Dios como hombre.

1.17 El amor y la justicia forman parte de la naturaleza divina que Dios usa para lidiar con nosotros. Moisés enfatizó la justicia y la Ley de Dios, mientras que Cristo vino para resaltar la misericordia, el amor y el perdón de Dios. Moisés solo pudo ser el vehículo de la Ley, mientras que Cristo vino para cumplirla (Mateo 5.17). La naturaleza y la voluntad de Dios se revelaron en la Ley; ahora la naturaleza y la voluntad de Dios se revelan en Jesucristo. En lugar de venir en tablas frías de piedra, la revelación de Dios («su verdad») viene a la vida de la persona. En la medida que conocemos mejor a Cristo, nuestro entendimiento de Dios se incrementa.

1.18 Dios se comunicó mediante varias personas en el Antiguo Testamento, por lo general profetas que recibían mensajes específicos. Pero nadie vio a Dios. En Cristo, Dios reveló su naturaleza y esencia de una forma que podía verse y tocarse. En Cristo, Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

1.19 En Jerusalén, los sacerdotes y levitas eran líderes religiosos de respeto. Los sacerdotes servían en el templo y los levitas los ayudaban. Los líderes que iban a ver a Juan eran fariseos (1.24), un grupo que Juan el Bautista y Jesús criticaban con frecuencia. Muchos obedecían superficialmente las leyes de Dios para parecer piadosos mientras que, en lo profundo de sus corazones, estaban llenos de orgullo y avaricia. Los fariseos creían que sus tradiciones orales eran tan importantes como la Palabra inspirada de Dios. Si desea más información acerca de los fariseos, véase los datos que se ofrecen en Mateo 3 y Marcos 2.
Estos líderes vinieron a ver a Juan el Bautista por varias razones: (1) Su tarea como guardianes de la fe los motivó a investigar cualquier mensaje nuevo (Deuteronomio 13.1–5; 18.20–22). (2) Trataban de averiguar si tenía las credenciales de un profeta. (3) Juan tenía un grupo considerable de seguidores y su número crecía. Tal vez estaban celosos y querían ver por qué este hombre era tan popular.

1.21–23 En la mente de aquellos fariseos había solo cuatro posibilidades en lo que respecta a la identidad de Juan el Bautista. Era (1) el profeta anunciado por Moisés (Deuteronomio 18.15), (2) Elías (Malaquías 4.5), (3) el Mesías, o (4) un falso profeta. Juan negó ser estos personajes, en cambio se proclamó, en palabras del profeta Isaías en el Antiguo Testamento, como la «voz que clama en el desierto; preparad camino para Jehová» (Isaías 40.3). Los líderes siguieron apremiándolo para que dijera quién era, porque la gente esperaba la venida del Mesías (Lucas 3.15). Pero Juan enfatizó solo la razón por la que vino: a preparar el camino para el Mesías. Los fariseos no entendían lo más importante. Querían saber quién era Juan, pero este quería que ellos supieran quién era Jesús.

1.25,26 Juan estaba bautizando judíos. Los esenios (una estricta secta monástica de judíos) practicaban el bautismo para purificación, pero por lo general solo los que no eran judíos (gentiles) se bautizaban al convertirse al judaísmo. Cuando los fariseos preguntaron con qué autoridad bautizaba, estaban diciendo: «¿Por qué tratas al pueblo escogido de Dios como si fueran gentiles?» Juan contestó: «Yo bautizo con agua». Simplemente ayudaba a la gente a cumplir con un acto simbólico de arrepentimiento. Pero muy pronto vendría uno que en verdad perdonaría pecados, algo que solo el Hijo de Dios, el Mesías, podría hacer.

1.27 Juan el Bautista manifestó que no era digno ni de ser esclavo de Cristo. Sin embargo, en Lucas 7.28 Jesús dijo que Juan fue el más grande de los profetas. Si una persona como Juan se siente indigno de ser esclavo de Cristo, ¡cuánto más nosotros debiéramos deponer nuestro orgullo para servir a Cristo! Cuando entendemos de veras quién es Cristo, nuestro orgullo y prestigio desaparecen. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.




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