Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 1 DE Mayo 1 Reyes 1,2 

PRIMER LIBRO DE LOS REYES

 Abisag sirve a David

1

1Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba. 2Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey. 3Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey. 4Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.

 Adonías usurpa el trono

5Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él. 6Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había nacido después de Absalón. 7Y se había puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías. 8Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.

9Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey; 10pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.

11Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor? 12Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón. 13Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías? 14Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.

15Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía. 16Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes? 17Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono. 18Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes. 19Ha matado bueyes, y animales gordos, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado. 20Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él. 21De otra manera sucederá que cuando mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.

22Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el profeta Natán. 23Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán; el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a tierra. 24Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? 25Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías! 26Pero ni a mí tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado. 27¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?

 David proclama rey a Salomón

28Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey. 29Y el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia, 30que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy. 31Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.

32Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey. 33Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón; 34y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón! 35Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá. 36Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey. 37De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.

38Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón. 39Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón! 40Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.

41Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo? 42Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas. 43Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón; 44y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey; 45y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído. 46También Salomón se ha sentado en el trono del reino, 47y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama. 48Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.

49Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino. 50Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar. 51Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo. 52Y Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá. 53Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.

 Mandato de David a Salomón

2

1Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: 2Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. 3Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; 4para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.

5Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz la sangre de guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies. 6Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz. 7Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano. 8También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová diciendo: Yo no te mataré a espada. 9Pero ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con sangre al Seol.

 Muerte de David

(1 Cr. 29.26–30)

10Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad. 11Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén. 12Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera.

 Salomón afirma su reino

13Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz. 14En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di. 15El dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo. 16Ahora yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla. 17El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón(porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer. 18Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.

19Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra. 20Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré. 21Y ella dijo: Dése Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías. 22El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia. 23Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras. 24Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy. 25Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió.

26Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre. 27Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.

28Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar. 29Y se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y arremete contra él. 30Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió. 31Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente. 32Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá. 33La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová. 34Entonces Benaía hijo de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto. 35Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.

36Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni a otra; 37porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza. 38Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.

39Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat. 40Entonces Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat. 41Luego fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto. 42Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco. 43¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse? 44Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza. 45Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová. 46Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió.

Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 1 DE Mayo Lucas 22: 54 – 71.

Pedro niega a Jesús

(Mt. 26.57–58, 69–75; Mt. 26.57–58, 69–75, Mr. 14.53–54, 66–72; Mt. 26.57–58, 69–75, Mr. 14.53–54, 66–72, Jn. 18.12–18, 25–27)

54Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos. 55Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. 56Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él. 57Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. 58Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy. 59Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo. 60Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. 61Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

 Jesús escarnecido y azotado

(Mt. 26.67–68; Mr. 14.65)

63Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; 64y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? 65Y decían otras muchas cosas injuriándole.

 Jesús ante el concilio

(Mt. 26.59–66; Mr. 14.55–64; Jn. 18.19–24)

66Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo: 67¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; 68y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. 69Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. 70Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy. 71Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 1 DE Mayo 1 Reyes 1,2

Capítulo 1

1.1 Israel estaba al final de los años dorados del reinado de David. El primer libro de Reyes comienza con un reino unido, glorioso y centrado en Dios. Termina con un reino dividido, degradado e idólatra. La razón de la caída de Israel nos parece simple: no obedecieron a Dios. Pero nosotros también somos vulnerables a las mismas fuerzas que llevaron a Israel a la decadencia: ambición, celos, hambre de poder, poco respeto de los votos matrimoniales y superficialidad en nuestra devoción a Dios. Cuando leemos acerca de estos trágicos sucesos en la historia de Israel, debemos vernos en el espejo de sus experiencias.

1.4 David tenía unos setenta años de edad. Su salud se había deteriorado por los años de dificultades. Abisag sirvió como su enfermera y para mantenerlo abrigado. En tiempos en que la poligamia era aceptada y los reyes tenían harenes, esta acción no fue considerada ofensiva.

1.5 Adonías fue el cuarto hijo de David y era la elección lógica para sucederlo como rey. El primer hijo de David, Amnón, había sido asesinado por Absalón por haber violado a su hermana (2 Samuel 13.20–33). Su segundo hijo, Daniel, sólo se menciona en la genealogía de 1 Crónicas 3.1 y probablemente haya muerto en ese tiempo. El tercer hijo de David, Absalón, murió en una rebelión anterior (2 Samuel 18.1–18). A pesar de que mucha gente esperaba que Adonías fuera el siguiente rey (2.13–25), David (y Dios) tenían otros planes (1.29, 30).

1.5 Adonías decidió apoderarse del trono sin el conocimiento de David. Él sabía que Salomón, y no él, era la elección primera de David para ser próximo rey (1.17). Esta es la razón por la cual no invitó a Salomón ni a los consejeros reales de David cuando se proclamó rey (1.9, 10). Pero sus planes fraudulentos para ganar el trono no tuvieron éxito. El soberbio Adonías se exaltó a sí mismo y con esto logró su propia derrota.

1.6 Personas temerosas de Dios, como David y Samuel, fueron usadas por Él para guiar a las naciones, pero sin embargo tuvieron problemas en sus relaciones familiares. Los líderes temerosos de Dios no pueden dar por hecho el bienestar espiritual de sus hijos. Están acostumbrados a que otros sigan sus órdenes, pero no pueden esperar que sus hijos fabriquen su fe a petición. El carácter moral y espiritual lleva años para formarse, y requiere también de una atención continua y una disciplina paciente.

David sirvió bien a Dios como rey, pero como padre a menudo le falló tanto a Dios como a sus hijos. No permita que ni siquiera su servicio a Dios en los puestos de liderazgo le quiten tanto de su tiempo y energía que lo hagan descuidar las otras responsabilidades que Dios le dio.

1.6 Debido a que David nunca había intervenido oponiéndose o cuestionando a su hijo, Adonías no sabía cómo desenvolverse dentro de los límites. El resultado fue que siempre quiso hacerlo todo a su modo, sin importarle cómo afectaría a los demás. Adonías hizo lo que quiso y no respetó los deseos de Dios. Un niño indisciplinado puede verse lindo para sus padres, pero un adulto indisciplinado se destruye a sí mismo y a los demás. Cuando establezca límites para sus hijos, deje la posibilidad de que puedan desarrollar el dominio propio que necesitarán para poder controlarse más tarde. Discipline a sus hijos con cuidado mientras son jóvenes, para que lleguen a ser adultos autodisciplinados.

1.9 Cuando Saúl fue ungido rey, se sacrificaron ofrendas de comunión como recordatorio del pacto de la nación con Dios que había sido dado en el monte Sinaí. Adonías quiso que se ofrecieran sacrificios, quizás con la esperanza de legitimizar su toma del poder. Pero Adonías no era la elección de Dios para suceder a David. Sellar una acción con una ceremonia religiosa no la convierte en la voluntad de Dios.

1.11 Para más información acerca de Betsabé, esposa de David, léase 2 Samuel 11, 12. Como madre del rey, Betsabé tuvo mucha influencia en su palacio real.

1.11-14 Cuando Natán supo de la conspiración de Adonías, rápidamente trató de detenerla. Era un hombre de fe y acción. Sabía que Salomón debía ser rey, y se movió con rapidez cuando vio a alguien tratando de usurparle el trono. A menudo sabemos lo que es correcto pero no actuamos así. Quizá no queremos vernos involucrados, o quizá somos flojos. No trate de detener las cosas solamente con oración, buenas intenciones o sentimientos de ira. Actúe como se requiera para corregir la situación.

1.13 La Biblia no registra la promesa de David  que Salomón sería el siguiente rey de Israel, pero está claro que Salomón era la elección tanto de David (1.17, 30) como de Dios (1 Crónicas 22.9, 10).

1.39 El aceite sagrado era usado para ungir a los reyes y sumos sacerdotes, así como también para dedicar ciertos objetos a Dios. El tabernáculo donde se guardaba el aceite era probablemente la tienda que David estableció para guardar el arca del pacto (2 Samuel 6.17). No era el tabernáculo que llevaba Moisés en el desierto, ese tabernáculo todavía estaba en Gabaón (véase la nota a 1 Samuel 7.1 para más detalles). La receta y los usos del aceite sagrado se encuentran en Éxodo 30.22–33. 

1.49,50 Algunas veces necesita verse atrapado para estar dispuesto a rendirse. Cuando Adonías supo que sus planes habían sido descubiertos, huyó lleno de pánico hacia el altar sagrado, el símbolo más alto de la misericordia y del perdón de Dios. Sin embargo, fue allí después que se descubrieron sus planes. Si Adonías hubiera considerado primero lo que Dios quería, podía haberse evitado los problemas. No espere hasta que ya haya hecho un desastre para correr a Dios, es mucho mejor buscar la guía de Dios antes de actuar.

1.49–51 Tanto Adonías como su general, Joab, pensaron que estarían a salvo al asirse de los cuernos (o postes de esquina) del altar del holocausto del tabernáculo. Esperaban ponerse bajo la protección de Dios. Salomón garantizó a Adonías una tregua, pero más tarde lo mandó ejecutar en el mismo altar (2.28–34). Este castigo fue justo y apropiado para un asesino a sangre fría como Joab (Éxodo 21.14).

1.52, 53 Cuando Adonías temió por su vida y esperaba el peor castigo, Salomón simplemente hizo que se retirara su hermano y lo mandó a su casa. Como nuevo rey, Salomón tenía el poder de matar a sus rivales, algo que Adonías habría hecho si su conspiración hubiera triunfado. Pero Salomón actuó como si no tuviera nada que probar, así demostró su autoridad y poder. En algunas ocasiones se muestra más fortaleza al perdonar al que atacó nuestra persona que al reprenderlo a latigazos por mera venganza. El tratar de probar nuestro poder y autoridad a menudo demuestra sólo nuestro miedo y duda. Sólo después de que Adonías hizo otro intento para asegurar el poder real fue cuando Salomón se vio forzado a ejecutarlo (2.13–25).


Capítulo 2

2.3, 4 David le enfatizó a Salomón la necesidad de hacer que Dios y sus leyes fueran el centro de su vida personal y gobierno para poder preservar el reino, como Dios había prometido hacerlo (2 Samuel 7). Esta promesa de Dios constaba de dos partes: una parte era condicional y dependía de las acciones del rey actual. La otra parte era incondicional.

La promesa condicional de Dios era que David y sus descendientes permanecerían como reyes solamente si lo honraban y lo obedecían. Cuando los descendientes de David no hicieron esto, perdieron el trono (2 Reyes 25). La promesa incondicional de Dios era que la línea ancestral de David continuaría para siempre. Esto se cumplió con el nacimiento de Jesucristo, un descendiente de David que además fue el Hijo eterno de Dios (Romanos 1.3, 4). David, cuya vida fue un ejemplo de obediencia, dio un buen consejo a su hijo, el siguiente rey. Dependía de Salomón seguirlo.

2.5-7 Joab resume a aquellos que son crueles para alcanzar sus metas. Su fuerza era su único código y el ganar la batalla su única ley. Quería obtener poder de sí mismo y protegerlo. En contraste Barzilai se levanta por aquellos que son leales a Dios y viven por medio de sus normas. Cuando se le ofreció la gloria, por ejemplo, desinteresadamente pidió que se le fuera otorgada a su hijo. ¿Acaso utiliza su puesto de liderazgo para servirse para servir a Dios?

2.5–9 David le dio a Salomón un consejo muy severo respecto de sus enemigos. Este consejo estaba designado a ayudar al joven rey a asegurar su trono, y solo estaba dirigido hacia enemigos flagrantes, hacia aquellos que se oponían a Dios oponiéndose al rey designado por Él. Legalmente, David le estaba pidiendo a Salomón que otorgara a sus enemigos el castigo que se merecían. Estaba en contra tanto de la ley civil como de la ley de Dios que Simei maldijera al rey (Éxodo 22.28).

2.10 David murió aproximadamente a la edad de setenta años (2 Samuel 5.4, 5). 

2.15–22 Este no fue un caso de amor frustrado, aun cuando Adonías probablemente esperaba que Betsabé pensara eso. Adonías quería a Abisag porque ella había sido la última concubina de David. El dormir con la concubina del rey era equivalente a reclamar el trono. Absalón hizo lo mismo cuando se rebeló en contra de David (2 Samuel 16.20–23). Salomón entendió muy bien lo que Adonías estaba tratando de hacer.

2.26, 27 Cuando era joven, Abiatar fue el único que escapó cuando el rey Saúl masacró a todos los sacerdotes en la ciudad de Nob (1 Samuel 22.11–23). Entonces, Abiatar llegó a ser el sumo sacerdote bajo el gobierno de David y permaneció leal a él a lo largo de su reinado. Cuando apoyó el erróneo reclamo de Adonías al trono después de la muerte de David (1.7), Salomón lo forzó a dejar el sacerdocio, cumpliendo así la profecía de 1 Samuel 2.27–36  que los descendientes de Elí no continuarían sirviendo como sacerdotes.

2.31 Joab había pasado su vida tratando de defender su puesto como general del ejército de David. En dos ocasiones David trató de reemplazarlo, y en ambas ocasiones Joab mató a traición a sus rivales antes de que asumieran el mando (2 Samuel 3.17–30; 19.13; 20.4–10). Debido a que Joab estaba a su servicio, David era el responsable de estas muertes sin sentido. Pero por razones políticas y militares (véase la nota a 2 Samuel 3.39), David decidió no castigar públicamente a Joab. En vez de eso, maldijo personalmente a Joab y a su familia (2 Samuel 3.29). Salomón, al castigar a Joab, estaba declarando públicamente que David no fue parte de los crímenes de Joab, y así retiraba la culpa de David y la colocaba en Joab, a quien pertenecía.

2.35 Abiatar el sumo sacerdote y Joab el comandante del ejército fueron hombres clave para el reinado de David. Pero cuando conspiraron en contra de Salomón, fueron reemplazados por Sadoc y Benaía. Sadoc, descendiente de Aarón, había sido un sacerdote prominente durante el reinado de David y también fue leal a Salomón después de la muerte de David. Se le puso a cargo del arca del pacto (2 Samuel 15.24ss). Sus descendientes estuvieron a cargo del templo hasta su destrucción. En un momento, Benaía fue uno de los hombres poderosos de David (2 Samuel (23.20–23) y capitán de la guardia personal de David.

2.46 Salomón ordenó las ejecuciones de Adonías, Joab y Simei, forzó a Abiatar a renunciar al sacerdocio, y luego designó hombres nuevos para que tomaran sus lugares. Llevó a cabo estas cosas rápidamente y aseguró su dominio sobre el reino. Al ejercer la justicia y al atar los cabos sueltos que podrían afectar la estabilidad futura de su reino, Salomón estaba promoviendo la paz y no el derramamiento de sangre. Fue un hombre de paz en dos sentidos: no fue a la guerra, y puso fin a la rebelión interna.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 1 DE Mayo. Lucas 22: 54 – 71. 

22.54 A pesar de que era la media noche, llevaron a Jesús de inmediato a la residencia del sumo sacerdote. Los líderes religiosos ansiaban y querían que se cumpliera la ejecución antes del día de reposo y seguir con la celebración de la Pascua. Esta residencia era un palacio con muros exteriores que daban a un patio donde siervos y soldados buscaban calentarse alrededor del fuego.

22.55 Las experiencias de Pedro en las próximas horas cambiarían su vida. Se convertiría de un seguidor poco entusiasta a un discípulo arrepentido y finalmente a la clase de persona que Cristo podría utilizar para edificar su Iglesia. Si desea más información, véase su perfil en Mateo 27.

22.62 Pedro lloró amargamente, no solo por aceptar que negó a su Señor, el Mesías, sino también porque dio las espaldas a un amigo muy querido, alguien que lo amó y enseñó durante tres años. Sin tomar en cuenta la advertencia de Jesús (Marcos 14.29–31; Lucas 22.33, 34), Pedro manifestó que nunca lo negaría. Sin embargo, cuando sintió temor, actuó en contra de su intrépida promesa. Incapaz de mantenerse a favor de su Señor durante doce horas, falló como discípulo y como amigo. Debemos estar atentos a nuestros lados débiles y no ser autosuficientes ni presumidos. Si fallamos, recordemos que Cristo puede usar a quienes reconocen su falta. Pedro aprendió mucho de esta experiencia humillante y le fue de ayuda en las responsabilidades de líder que muy pronto asumiría.

22.70 Jesús no manifestó en este momento que Él era Dios, simplemente respondió con un sí la pregunta del sumo sacerdote, diciendo: «Vosotros decís que lo soy». Pero Jesús se identificó con Dios al usar un título familiar que se halla en el Antiguo Testamento: «Yo soy» (Éxodo 3.14). El sumo sacerdote reconoció la declaración de Jesús y lo acusó de blasfemo. Para cualquier otro ser humano decir que era Dios era una blasfemia, pero en este caso era verdad. La blasfemia, el pecado de pretender ser Dios o atacar de cualquier forma su autoridad y majestad, se castigaba con la muerte. Los líderes judíos tenían la evidencia que necesitaban. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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