LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 30 DE Abril. 2 Samuel 23, 24
Ultimas palabras de David
23
1 Estas son las palabras postreras de David.
Dijo David hijo de Isaí,
Dijo aquel varón que fue levantado en alto,
El ungido del Dios de Jacob,
El dulce cantor de Israel:
2 El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,
Y su palabra ha estado en mi lengua.
3 El Dios de Israel ha dicho,
Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres,
Que gobierne en el temor de Dios.
4 Será como la luz de la mañana,
Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.
5 No es así mi casa para con Dios;
Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo,
Ordenado en todas las cosas, y será guardado,
Aunque todavía no haga él florecer
Toda mi salvación y mi deseo.
6 Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados,
Los cuales nadie toma con la mano;
7 Sino que el que quiere tocarlos
Se arma de hierro y de asta de lanza,
Y son del todo quemados en su lugar.
Los valientes de David
(1 Cr. 11.10–47)
8Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: Joseb-basebet el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el eznita, que mató a ochocientos hombres en una ocasión.
9Después de éste, Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla, y se habían alejado los hombres de Israel. 10Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín.
11Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria. 13Y tres de los treinta jefes descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David en la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim. 14David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos. 15Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta! 16Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo: 17Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.
18Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de los treinta. Este alzó su lanza contra trescientos, a quienes mató, y ganó renombre con los tres. 19El era el más renombrado de los treinta, y llegó a ser su jefe; mas no igualó a los tres primeros.
20Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en proezas, de Cabseel. Este mató a dos leones de Moab; y él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando. 21También mató él a un egipcio, hombre de gran estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano, pero descendió contra él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su propia lanza. 22Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y ganó renombre con los tres valientes. 23Fue renombrado entre los treinta, pero no igualó a los tres primeros. Y lo puso David como jefe de su guardia personal.
24Asael hermano de Joab fue de los treinta; Elhanán hijo de Dodo de Belén, 25Sama harodita, Elica harodita, 26Heles paltita, Ira hijo de Iques, tecoíta, 27Abiezer anatotita, Mebunai husatita, 28Salmón ahohíta, Maharai netofatita, 29Heleb hijo de Baana, netofatita, Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos de Benjamín, 30Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas, 31Abi-albón arbatita, Azmavet barhumita, 32Eliaba saalbonita, Jonatán de los hijos de Jasén, 33Sama ararita, Ahíam hijo de Sarar, ararita, 34Elifelet hijo de Ahasbai, hijo de Maaca, Eliam hijo de Ahitofel, gilonita, 35Hezrai carmelita, Paarai arbita, 36Igal hijo de Natán, de Soba, Bani gadita, 37Selec amonita, Naharai beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia, 38Ira itrita, Gareb itrita, 39Urías heteo; treinta y siete por todos.
David censa al pueblo
(1 Cr. 21.1–27)
24
1Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá. 2Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente. 3Joab respondió al rey: Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿por qué se complace en esto mi señor el rey? 4Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército. Salió, pues, Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel. 5Y pasando el Jordán acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está en medio del valle de Gad y junto a Jazer. 6Después fueron a Galaad y a la tierra baja de Hodsi; y de allí a Danjaán y a los alrededores de Sidón. 7Fueron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos, y salieron al Neguev de Judá en Beerseba. 8Después que hubieron recorrido toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. 9Y Joab dio el censo del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Judá quinientos mil hombres.
10Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente. 11Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra de Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo: 12Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga. 13Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado. 14Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.
15Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres. 16Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo. 17Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre.
18Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. 19Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová; 20y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra. 21Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. 22Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. 23Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. 24Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 30 DE Abril. Lucas 22: 31 - 53
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.31–35; Mr. 14.27–31; Jn. 13.36–38)
31Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. 34Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.
Bolsa, alforja y espada
35Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. 36Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. 37Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. 38Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.
Jesús ora en Getsemaní
(Mt. 26.36–46; Mr. 14.32–42)
39Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. 40Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. 44Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 45Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; 46y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
Arresto de Jesús
(Mt. 26.47–56; Mr. 14.43–50; Jn. 18.2–11)
47Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. 48Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? 49Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? 50Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. 51Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó. 52Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? 53Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 30 DE Abril. 2 Samuel 23, 24
Capítulo 23
23.3 Al estilo de un profeta, David habló de un gobernante justo que habría de venir. Esto se cumplirá en Jesucristo, cuando regrese a gobernar en perfecta justicia y paz. Para profecías similares véanse Isaías 11.1–10; Jeremías 23.5, 6; 33.15–18; Zacarías 9.9, 10. Para el cumplimiento de algunas de esas profecías véanse Mateo 4.14–16; Lucas 24.25–27, 44–49; Juan 5.45–47; 8.28, 29.
23.8–39 Estos versículos hablan acerca de algunas de las hazañas que los cuerpos especiales del ejército de David llevaron a cabo. Existieron dos grupos selectos de hombres: «los treinta» y «los tres» (23.18, 23; 1 Crónicas 11.11–25). Para llegar a ser miembro de un grupo como este, un hombre debía mostrar un valor sin paralelo en batalla así como sabiduría en el liderazgo. «Los tres» era el grupo más selecto. La lista de «los treinta» contiene en realidad treinta y siete nombres, pero menciona algunos guerreros que ya se sabían muertos (Urías, por ejemplo, en 23.39). Aparentemente se señalaban nuevos miembros para sustituir a aquellos que habían caído en batalla.
23.16 David derramó el agua como una ofrenda a Dios debido a que estaba plenamente conmovido por el sacrificio que representaba. Cuando los hebreos ofrecían sacrificios, nunca consumían la sangre. Representaba la vida, y la derramaban ante Dios. David no bebería esta agua que representaba las vidas de sus soldados. En su lugar, se la ofreció a Dios.
Capítulo 24
24.1 ¿Provocó Dios que David pecara? Dios no provoca a la gente a pecar, pero sí permite que los pecadores revelen la pecaminosidad de sus corazones por medio de sus acciones. Dios presentó a David la oportunidad con el fin de tratar con una desastrosa tendencia nacional, y quería que este deseo se hiciese evidente. 1 Crónicas 21.1 dice que Satanás incitó a David a que lo hiciese. Los escritores hebreos no siempre diferencian las causas primarias de las secundarias. De modo que si Dios permitió que Satanás tentase a David, para ellos era como si Dios lo hubiese hecho.
24.1–3 ¿Qué había de malo en hacer un censo? Se llevó a cabo un censo en Números para preparar al ejército para conquistar la tierra prometida (Números 1.2; 26.2). Un censo sumaba los conscriptos para el ejército. La tierra ahora estaba en paz, así que no había necesidad de alistar las tropas. Israel había extendido sus fronteras y se había convertido en un poder reconocido. El pecado de David estuvo en contar a la gente para así poder vanagloriarse del tamaño de su nación y de su ejército: su poder y su defensa. Al hacer esto, puso su fe en el tamaño de su ejército, y no en la habilidad de Dios para protegerlos sin importar su número. Hasta Joab sabía que llevar a cabo el censo no era correcto, pero David no escuchó su consejo. Pecamos de una manera similar cuando depositamos nuestra seguridad en el dinero, en las posesiones o hasta en el poder de nuestra nación.
24.12–14 Tanto David como los israelitas fueron culpables de pecado (24.1). El pecado de David fue de soberbia, pero la Biblia no dice por qué Dios estaba enojado con el pueblo de Israel. Pudo haber sido por el apoyo que le dieron a las rebeliones de Absalón (capítulos 15–18) y Seba (capítulo 20), o quizá depositaron su seguridad en lo militar y en la prosperidad financiera, y no en Dios, como lo hizo David. Dios trató con la nación entera de Israel a través de David que dio un ejemplo del pecado de orgullo de la nación.
Dios le dio a David tres alternativas. Cada una era una forma del castigo que Dios les había dicho que podían esperar si desobedecían sus leyes (enfermedad, Deuteronomio 28.20–22; hambre, 28.23, 24; guerra, 28.25, 26). David escogió sabiamente la forma de castigo que provenía más directamente de Dios. Sabía cuán brutales y crueles podían ser los hombres en la guerra, y además conocía la gran misericordia de Dios. Cuando usted caiga en un gran pecado, vuélvase a Dios. El ser castigado por Él es mucho mejor que arriesgarse sin Él.
24.18 Muchos creen que este piso para trillar es el lugar donde por poco mata Abraham a su hijo Isaac (Génesis 22.1–18). Después de la muerte de David, Salomón construyó el templo en este punto. Muchos siglos después, Jesús enseñaría y predicaría allí.
24.25 El segundo libro de Samuel describe el reinado de David. Desde que los israelitas entraron por vez primera a la tierra prometida bajo el gobierno de Josué, habían estado luchando por unir a la nación y terminar con sus malvados habitantes. Ahora, después de más de cuatrocientos años, Israel por fin estaba en paz. David había logrado lo que ningún otro líder, juez o rey anterior. Su administración se basó en el principio de la dedicación a Dios, y en el bienestar del pueblo. Aun así, David también pecó. Sin embargo, a pesar de sus pecados, la Biblia llama a David un hombre conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13.14; Hechos 13.22) porque cuando pecó, lo reconoció y lo confesó ante Él. David dedicó su vida a Dios y permaneció leal a Él a lo largo de su vida. Al leer el libro de Salmos adquirimos una visión más profunda del amor que David sentía por Dios.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 30 DE Abril. Lucas 22: 31 - 53
22.31,32 Satanás quiso zarandear a Pedro como si fuera trigo. Esperaba hallar solo paja, fácil de soplar. Pero Jesús aseguró a Pedro que su fe, a pesar de flaquear, no se destruiría, sino que se renovaría hasta convertirse en un líder poderoso.
22.33, 34 Jesús profetizó que Judas lo traicionaría y dice que le espera gran aflicción al traidor (22.22). Luego anuncia que Pedro lo negaría y que después se arrepentiría y recibiría una misión para apacentar a los corderos de Jesús (Juan 21.15). Traicionar es tan malo como negar. Pero los dos hombres tuvieron destinos totalmente diferentes porque uno se arrepintió.
22.35–38 Ahora Jesús cambia su consejo inicial relacionado con los viajes (9.3). Los discípulos debían llevar alforja, dinero y espada. Podrían enfrentar ataques y persecución y tendrían que estar preparados. Cuando Jesús dice: «¡Basta!», quizás daba a entender que dos espadas eran suficientes o que habló demasiado. En uno u otro caso, su necesidad por una espada comunica en forma intensa las dificultades que muy pronto enfrentarían.
22.39 El Monte de los Olivos estaba localizado al este de Jerusalén. Jesús fue a un monte que se hallaba al suroeste, un olivar llamado Getsemaní, que significa «lagar de aceite».
22.40 Jesús pidió a los discípulos que oraran para que no entraran en tentación porque Él sabía que muy pronto los iba a dejar. También sabía que necesitarían más fortaleza para enfrentar la tentación que se avecinaba: la de huir o la de negar su relación con Él. Además, estaban a punto de verlo morir. ¿Seguirían creyendo que era el Mesías? La tentación más fuerte sería creer que los engañaron.
22.41,42 ¿Trataba Jesús de abandonar su misión? Nunca es malo expresar nuestros verdaderos sentimientos a Dios. Jesús expuso su temor frente a las aflicciones venideras, pero a la vez reafirmó su decisión de hacer la voluntad de Dios. La copa a la que se refiere significa la agonía terrible que tendría que enfrentar; no solo el horror de la crucifixión, sino peor aun, la separación total de Dios que experimentaría a fin de morir por los pecados del mundo.
22.44 Solo Lucas menciona que Jesús parecía sudar gotas de sangre. Jesús estaba en extrema agonía, pero Él no cedió ni renunció. Siguió adelante con la misión a la que había venido.
22.46 Estos discípulos estaban dormidos. Qué trágico es cuando muchos cristianos actúan como si estuvieran profundamente dormidos cuando llega el momento de entrega y servicio a Cristo. No permita que le encuentre insensible ni sin preparación para el trabajo de Cristo.
22.47 Un beso era, y aún lo es, un saludo tradicional entre los hombres en ciertas partes del mundo. En este caso fue la señal para arrestar a Jesús (Mateo 26.48). Resulta irónico que un gesto de saludo se traduzca en traición. Fue un falso gesto debido a la traición de Judas. ¿Se han convertido algunas de sus prácticas religiosas en gestos vacíos? Traicionamos a Cristo cuando nuestros actos de servicio o entrega no son sinceros o cuando lo hacemos como espectáculo.
22.50 Por el Evangelio de Juan sabemos que Pedro fue el hombre que cortó la oreja al siervo (Juan 18.10).
22.53 Los líderes religiosos no arrestaron a Jesús en el templo por temor a una revuelta. En cambio, vinieron en secreto durante la noche, bajo la influencia del príncipe de las tinieblas, Satanás mismo. No debe interpretarse como si Satanás ganara ventaja, cada cosa ocurrió de acuerdo al plan de Dios. Había llegado el momento en que Jesús tendría que morir. Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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