LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 7 DE Abril. Jueces 20, 21
La guerra contra Benjamín
20
1Entonces salieron todos los hijos de Israel, y se reunió la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa. 2Y los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaron presentes en la reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada. 3Y los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de Israel: Decid cómo fue esta maldad. 4Entonces el varón levita, marido de la mujer muerta, respondió y dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina, para pasar allí la noche. 5Y levantándose contra mí los de Gabaa, rodearon contra mí la casa por la noche, con idea de matarme, y a mi concubina la humillaron de tal manera que murió. 6Entonces tomando yo mi concubina, la corté en pedazos, y la envié por todo el territorio de la posesión de Israel, por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel. 7He aquí todos vosotros sois hijos de Israel; dad aquí vuestro parecer y consejo.
8Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni volverá ninguno de nosotros a su casa. 9Mas esto es ahora lo que haremos a Gabaa: contra ella subiremos por sorteo. 10Tomaremos diez hombres de cada ciento por todas las tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada diez mil, que lleven víveres para el pueblo, para que yendo a Gabaa de Benjamín le hagan conforme a toda la abominación que ha cometido en Israel. 11Y se juntaron todos los hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre.
12Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros? 13Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos que están en Gabaa, para que los matemos, y quitemos el mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de sus hermanos los hijos de Israel, 14sino que los de Benjamín se juntaron de las ciudades en Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel. 15Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, que fueron por cuenta setecientos hombres escogidos. 16De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban. 17Y fueron contados los varones de Israel, fuera de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos estos hombres de guerra.
18Luego se levantaron los hijos de Israel, y subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió: Judá será el primero.
19Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la mañana, contra Gabaa. 20Y salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín, y los varones de Israel ordenaron la batalla contra ellos junto a Gabaa. 21Saliendo entonces de Gabaa los hijos de Benjamín, derribaron por tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de Israel. 22Mas reanimándose el pueblo, los varones de Israel volvieron a ordenar la batalla en el mismo lugar donde la habían ordenado el primer día. 23Porque los hijos de Israel subieron y lloraron delante de Jehová hasta la noche, y consultaron a Jehová, diciendo: ¿Volveremos a pelear con los hijos de Benjamín nuestros hermanos? Y Jehová les respondió: Subid contra ellos.
24Por lo cual se acercaron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el segundo día. 25Y aquel segundo día, saliendo Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron por tierra otros dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada. 26Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y ayunaron aquel día hasta la noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová. 27Y los hijos de Israel preguntaron a Jehová (pues el arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días, 28y Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón, ministraba delante de ella en aquellos días), y dijeron: ¿Volveremos aún a salir contra los hijos de Benjamín nuestros hermanos, para pelear, o desistiremos? Y Jehová dijo: Subid, porque mañana yo os los entregaré.
29Y puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa. 30Subiendo entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el tercer día, ordenaron la batalla delante de Gabaa, como las otras veces. 31Y salieron los hijos de Benjamín al encuentro del pueblo, alejándose de la ciudad; y comenzaron a herir a algunos del pueblo, matándolos como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el, y el otro a Gabaa en el campo; y mataron unos treinta hombres de Israel. 32Y los hijos de Benjamín decían: Vencidos son delante de nosotros, como antes. Mas los hijos de Israel decían: Huiremos, y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos. 33Entonces se levantaron todos los de Israel de su lugar, y se pusieron en orden de batalla en Baal-tamar; y también las emboscadas de Israel salieron de su lugar, de la pradera de Gabaa. 34Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, y la batalla arreciaba; mas ellos no sabían que ya el desastre se acercaba a ellos. 35Y derrotó Jehová a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día a veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada.
36Y vieron los hijos de Benjamín que eran derrotados; y los hijos de Israel cedieron campo a Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa. 37Y los hombres de las emboscadas acometieron prontamente a Gabaa, y avanzaron e hirieron a filo de espada a toda la ciudad. 38Y era la señal concertada entre los hombres de Israel y las emboscadas, que hiciesen subir una gran humareda de la ciudad. 39Luego, pues, que los de Israel retrocedieron en la batalla, los de Benjamín comenzaron a herir y matar a la gente de Israel como treinta hombres, y ya decían: Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera batalla. 40Mas cuando la columna de humo comenzó a subir de la ciudad, los de Benjamín miraron hacia atrás; y he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo. 41Entonces se volvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor, porque vieron que el desastre había venido sobre ellos. 42Volvieron, por tanto, la espalda delante de Israel hacia el camino del desierto; pero la batalla los alcanzó, y los que salían de las ciudades los destruían en medio de ellos. 43Así cercaron a los de Benjamín, y los acosaron y hollaron desde Menúha hasta enfrente de Gabaa hacia donde nace el sol. 44Y cayeron de Benjamín dieciocho mil hombres, todos ellos hombres de guerra. 45Volviéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón, y de ellos fueron abatidos cinco mil hombres en los caminos; y fueron persiguiéndolos aun hasta Gidom, y mataron de ellos a dos mil hombres. 46Fueron todos los que de Benjamín murieron aquel día, veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 47Pero se volvieron y huyeron al desierto a la peña de Rimón seiscientos hombres, los cuales estuvieron en la peña de Rimón cuatro meses. 48Y los hombres de Israel volvieron sobre los hijos de Benjamín, y los hirieron a filo de espada, así a los hombres de cada ciudad como a las bestias y todo lo que fue hallado; asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que hallaban.
Mujeres para los benjamitas
21
1Los varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer. 2Y vino el pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron allí hasta la noche en presencia de Dios; y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron: 3Oh Jehová Dios de Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu? 4Y al día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí altar, y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz. 5Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió a la reunión delante de Jehová? Porque se había hecho gran juramento contra el que no subiese a Jehová en Mizpa, diciendo: Sufrirá la muerte. 6Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Cortada es hoy de Israel una tribu. 7¿Qué haremos en cuanto a mujeres para los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les daremos nuestras hijas por mujeres.
8Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehová en Mizpa? Y hallaron que ninguno de Jabes-galaad había venido al campamento, a la reunión. 9Porque fue contado el pueblo, y no hubo allí varón de los moradores de Jabes-galaad. 10Entonces la congregación envió allá a doce mil hombres de los más valientes, y les mandaron, diciendo: Id y herid a filo de espada a los moradores de Jabes-galaad, con las mujeres y niños. 11Pero haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varón. 12Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no habían conocido ayuntamiento de varón, y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán.
13Toda la congregación envió luego a hablar a los hijos de Benjamín que estaban en la peña de Rimón, y los llamaron en paz. 14Y volvieron entonces los de Benjamín, y les dieron por mujeres las que habían guardado vivas de las mujeres de Jabes-galaad; mas no les bastaron éstas. 15Y el pueblo tuvo compasión de Benjamín, porque Jehová había abierto una brecha entre las tribus de Israel.
16Entonces los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué haremos respecto de mujeres para los que han quedado? Porque fueron muertas las mujeres de Benjamín. 17Y dijeron: Tenga Benjamín herencia en los que han escapado, y no sea exterminada una tribu de Israel. 18Pero nosotros no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: Maldito el que diere mujer a los benjamitas. 19Ahora bien, dijeron, he aquí cada año hay fiesta solemne de Jehová en Silo, que está al norte de Bet-el, y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona. 20Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned emboscadas en las viñas, 21y estad atentos; y cuando veáis salir a las hijas de Silo a bailar en corros, salid de las viñas, y arrebatad cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, e idos a tierra de Benjamín. 22Y si vinieren los padres de ellas o sus hermanos a demandárnoslas, nosotros les diremos: Hacednos la merced de concedérnoslas, pues que nosotros en la guerra no tomamos mujeres para todos; además, no sois vosotros los que se las disteis, para que ahora seáis culpados. 23Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; y tomaron mujeres conforme a su número, robándolas de entre las que danzaban; y se fueron, y volvieron a su heredad, y reedificaron las ciudades, y habitaron en ellas. 24Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada uno a su heredad. 25En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 7 DE Abril. Lucas 11: 1 – 28.
Jesús y la oración
(Mt. 6.9–15; 7.7–11)
11
1Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
5Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, 6porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; 7y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; ¿no puedo levantarme, y dártelos? 8Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. 9Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
Una casa dividida contra sí misma
(Mt. 12.22–30; Mr. 3.20–27)
14Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. 15Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. 16Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo. 17Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. 18Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios. 19Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 20Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. 22Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín. 23El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
El espíritu inmundo que vuelve
(Mt. 12.43–45)
24Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. 25Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 26Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
Los que en verdad son bienaventurados
27Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. 28Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 7 DE Abril. Jueces 20, 21
Capítulo 20
20.1 Dan era la ciudad que quedaba más al norte en Israel y Beerseba la que quedaba más al sur. A menudo se mencionaban juntas como referencia a toda la nación.
20.13 Quizás a los jefes benjamitas se les dieron hechos distorsionados acerca del grave crimen en su territorio, o a lo mejor eran demasiado orgullosos para admitir que algunos de su pueblo habían caído tan bajo. En cualquier caso, no habrían escuchado al resto de Israel ni entregado a los criminales. Eran más leales a su tribu que a la Ley de Dios.
Al protegerse de sus compatriotas, la tribu de Benjamín se hundió en un nivel de inmoralidad tan bajo como el de los criminales. A través de este hecho, vislumbramos hasta qué punto la calidad moral de la nación se había arruinado. El libro de Jueces termina con una sangrienta guerra civil que establece el escenario para la renovación espiritual que vendría bajo Samuel (véase 1 Samuel).
20.27,28 Este es el único lugar en Jueces donde se menciona el arca del pacto. Tal vez esto nos habla de las pocas veces en las que el pueblo consultaba a Dios.
Finees, el sumo sacerdote, fue también el sumo sacerdote bajo Josué (Josué 22.13). La referencia de Finees como sumo sacerdote y la ubicación del tabernáculo en Bet-el en lugar de Silo quizás indiquen que los sucesos de esta historia ocurrieron durante los primeros años de los jueces.
20.46-48 Los efectos de la horrible violación y del asesinato nunca debieron traspasar la comunidad donde ocurrió el crimen. La gente del lugar debió haber entregado a los criminales a la justicia y corregido la negligencia que en un principio permitió el crimen. En vez de eso, primero el pueblo y luego toda la tribu defendió esta maldad hasta el punto de ir a la guerra por esta causa.
Para evitar que los problemas que no tienen solución se conviertan en conflictos mayores, se debe actuar de inmediato, con sabiduría y firmeza antes de que la situación escape de nuestro control.
20.48 A la larga la tribu de Benjamín se recobró de esta matanza. Saúl, el primer rey de Israel, provenía de esta tribu (1 Samuel 9.21), así también la reina Ester (Ester 2.5–7) y el apóstol Pablo (Romanos 11.1). Pero la tribu siempre se conoció por ser más pequeña que las demás (Salmo 68.27).
Capítulo 21
21.8–12 Los israelitas iban de un caos a otro. Debido a un voto precipitado hecho en el calor de la emoción (21.5), destruyeron a otro pueblo. Quizás Israel justificó su acción con los siguientes argumentos: (1) Un voto no se podía romper, e Israel había hecho el voto de que matarían a cualquiera que no los ayudara a pelear contra los benjamitas. (2) Ya que murieron todas las mujeres de la tribu de Benjamín, los pocos hombres que quedaban necesitaban esposas para evitar que la tribu desapareciera. Perdonar a las mujeres solteras de Jabes-galaad parecía ser una buena solución.
Desconocemos todas las circunstancias que hay detrás de la brutal masacre que hubo en Jabes-galaad, pero parece que el resto de Israel siguió el mismo patrón que la tribu de Benjamín. Pusieron su lealtad a la tribu por encima de los mandamientos de Dios y justificaron sus malas acciones para corregir los errores pasados.
21.25 Durante la época de los jueces, el pueblo de Israel experimentó problemas ya que todos llegaron a ser su propia autoridad y actuaron bajo sus opiniones sobre lo bueno y lo malo. Esto produjo horrendos resultados. Nuestro mundo es similar. Los individuos, grupos y sociedades se autodeclaran la suprema autoridad sin tener en cuenta a Dios. Cuando con egoísmo la gente busca satisfacer sus deseos personales, todos pagan el precio.
Es un verdadero acto heroico someter todos nuestros planes, deseos y motivos a Dios. A Gedeón, Jefté y Sansón se les conocen por su heroísmo en la batalla. Pero sus vidas personales distaron mucho de ser heroicas. Para ser héroes de verdad, debemos entrar en la batalla cada día en nuestra casa, trabajo, iglesia y sociedad para hacer realidad el Reino de Dios. Nuestras armas son las normas, la moral, las verdades y las convicciones que recibimos de la Palabra de Dios. Perderemos la batalla si reunimos los despojos de los tesoros terrenales en lugar de buscar los tesoros celestiales.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 7 DE Abril. Lucas 11: 1 – 28.
Capítulo 11
11.1-4 Note el orden en esta oración. Primero, Jesús alaba a Dios; luego, presenta sus peticiones. Alabar primero a Dios nos ubica en el marco adecuado para pedir por nuestras necesidades. Por lo general, nuestras necesidades se parecen a una lista de compras antes que a un diálogo con Dios.
11.2–13 Estos versículos enfocan tres aspectos de la oración: su contenido (11.2–4), nuestra persistencia (11.5–10) y la fidelidad de Dios (11.11–13).
11.3 La provisión de Dios es diaria, no es una sola vez y para siempre. No podemos almacenarla y cortar la comunicación con Dios, ni nos arriesgaremos a sentirnos autosatisfechos. Si usted corre con pocas energías, pregúntese: ¿Cuán lejos estoy de la Fuente?
11.4 Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, estableció el perdón como piedra angular en su relación con Dios. Dios ha perdonado nuestros pecados, por lo tanto, debemos ahora perdonar a quienes nos ofendieron. Seguir sin perdonar muestra que no se ha entendido que nosotros mismos, junto con todos los demás seres humanos, necesitamos ser perdonados. Piense en algunas personas que le han faltado en cierta manera. ¿Las ha perdonado de verdad? ¿Cómo actuaría Dios si lo tratara en la forma que usted lo hace con los demás?
11.8 La persistencia en la oración supera nuestra insensibilidad, no la de Dios. Practicar la persistencia es más que cambiar nuestro corazón que el de Él, nos permite comprender y expresar la intensidad de nuestra necesidad. La oración persistente nos ayuda a reconocer la obra de Dios.
11.13 Buenos padres cometen errores y aun así tratan bien a sus hijos. ¡Cuánto mejor nuestro perfecto Padre celestial trata a sus hijos! El don más perfecto que ha dado es el Espíritu Santo (Hechos 2.1–4), que prometió dar a todos los creyentes después de su muerte, resurrección y ascensión (Juan 15.26).
11.14–23 Un acontecimiento similar, pero aislado, se da a conocer en Mateo 12.22–45 y en Marcos 3.20–30. El hecho descrito por Lucas sucedió en Judea mientras que el otro ocurrió en Galilea. Según Lucas, Jesús habló a las multitudes; en Mateo y Marcos acusó a los fariseos.
11.15–20 Hay dos interpretaciones comunes a estos versículos: (1) Algunos de los seguidores de los fariseos echaron fuera demonios. Si así fue, las acusaciones de los fariseos eran más desesperadas que antes. Acusar a Jesús de que Beelzebú, el príncipe de los demonios (o Satanás mismo), le dio poder porque echaba fuera demonios, era decir a su pueblo que ellos también realizaban una obra de Satanás. Jesús replicó la acusación de los líderes con duras palabras. (2) Otra posibilidad es que los seguidores de los fariseos no echaban fuera demonios; e incluso si lo intentaron, no tuvieron éxito. Jesús primero rechaza la afirmación de ellos como absurda (¿cómo podría el demonio echar fuera a sus demonios?). Luego incluye una pequeña ironía («¿vuestros hijos por quién los echan?»). Al final, declara que su labor de echar fuera demonios confirma que el Reino de Dios había llegado.
Ahora Jesús y el reino de los cielos dominaban y superaban en poder a Satanás, quien controló el reino de este mundo por miles de años. El reino de Jesús empieza a tener poder, crece al resistir las tentaciones en el desierto, se establece mediante sus enseñanzas y sanidades, florece en victoria en su resurrección y en el Pentecostés, y vendrá a ser permanente y universal en su Segunda Venida. Aunque estas dos interpretaciones difieren, llegan a la misma conclusión: el Reino de Dios llegó con el advenimiento de Jesucristo.
11.21, 22 Quizás Jesús hizo referencia a Isaías 49.24–26. A pesar del poder de Satanás, Jesús es mucho más poderoso y lo atará y lo eliminará para siempre (véase Apocalipsis 20.2, 10).
11.23 ¿Cómo se relaciona este pasaje con 9.50: «El que no es contra nosotros, por nosotros es»? En otro pasaje anterior, Jesús habló acerca de una persona que echaba fuera demonios en su nombre. Los que luchan contra el mal, Él decía, están del mismo lado que uno que echa fuera demonios en el nombre de Jesús. Aquí por contraste se refería al conflicto entre Dios y el diablo. Si en esta batalla una persona no está del lado de Dios, está a favor de Satanás. No hay terreno neutral. Ya que Dios ganó la batalla, ¿por qué escoger el bando perdedor? Si usted no está activamente a favor de Cristo, está en su contra.
11.24–26 Jesús ilustró una funesta tendencia humana: nuestro deseo de reformas, a menudo, no permanece. En la historia de Israel, en cuanto un buen rey derribaba ídolos, uno malo los volvía a levantar. No es suficiente con despojarse de lo malo, debemos llenarnos con poder del Espíritu Santo para lograr el propósito de Dios en nuestra vida (véanse Mateo 12.43–45; Gálatas 5.22).
11.27,28 Jesús se dirigía a gente que valoraba grandemente la relación familiar. Sus genealogías eran garantías importantes de que eran parte del pueblo escogido de Dios. El valor de un hombre provenía de sus ancestros y el de una mujer de los hijos que engendraba. La respuesta de Jesús a la mujer significa que la obediencia a Dios es más importante que su lugar en el árbol genealógico. El trabajo paciente de constante obediencia es incluso más importante que el abolengo de un hijo respetado. Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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