Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 6 DE Abril. Jueces 17, 18, 19.

Jueces 17

1 Hubo un hombre del monte de Efraín, que se llamaba Micaía, 2 el cual dijo a su madre: Los mil cien siclos de plata que te fueron hurtados, acerca de los cuales maldijiste, y de los cuales me hablaste, he aquí el dinero está en mi poder; yo lo tomé. Entonces la madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío. 3 Y él devolvió los mil cien siclos de plata a su madre; y su madre dijo: En verdad he dedicado el dinero a Jehová por mi hijo, para hacer una imagen de talla y una de fundición; ahora, pues, yo te lo devuelvo. 4 Mas él devolvió el dinero a su madre, y tomó su madre doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo de ellos una imagen de talla y una de fundición, la cual fue puesta en la casa de Micaía. 5 Y este hombre Micaía tuvo casa de dioses, e hizo efod y terafines, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía. 7 Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el cual era levita, y forastero allí. 8 Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar lugar; y llegando en su camino al monte de Efraín, vino a casa de Micaía. 9 Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde pueda encontrar lugar. 10 Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, vestidos y comida. Y el levita se quedó. 11 Agradó, pues, al levita morar con aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos. 12 Y Micaía consagró al levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y permaneció en casa de Micaía. 13 Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.

18

1En aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar, porque hasta entonces no había tenido posesión entre las tribus de Israel. 2Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de entre ellos, hombres valientes, de Zora y Estaol, para que reconociesen y explorasen bien la tierra; y les dijeron: Id y reconoced la tierra. Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron. 3Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y llegando allá, le dijeron: ¿Quién te ha traído acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí? 4El les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote. 5Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos. 6Y el sacerdote les respondió: Id en paz; delante de Jehová está vuestro camino en que andáis.

7Entonces aquellos cinco hombres salieron, y vinieron a Lais; y vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región les perturbase en cosa alguna, ni había quien poseyese el reino. Y estaban lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie. 8Volviendo, pues, ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? Y ellos respondieron: 9Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena; ¿y vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión de la tierra. 10Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa alguna que haya en la tierra.

11Entonces salieron de allí, de Zora y de Estaol, seiscientos hombres de la familia de Dan, armados de armas de guerra. 12Fueron y acamparon en Quiriat-jearim en Judá, por lo cual llamaron a aquel lugar el campamento de Dan, hasta hoy; está al occidente de Quiriat-jearim. 13Y de allí pasaron al monte de Efraín, y vinieron hasta la casa de Micaía.

14Entonces aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: ¿No sabéis que en estas casas hay efod y terafines, y una imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo que habéis de hacer. 15Cuando llegaron allá, vinieron a la casa del joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la entrada de la puerta. 17Y subiendo los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de armas de guerra. 18Entrando, pues, aquéllos en la casa de Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros? 19Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de Israel? 20Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo.

21Y ellos se volvieron y partieron, y pusieron los niños, el ganado y el bagaje por delante. 22Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la casa de Micaía se juntaron y siguieron a los hijos de Dan. 23Y dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes, que has juntado gente? 24El respondió: Tomasteis mis dioses que yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué tienes? 25Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos. 26Y prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, volvió y regresó a su casa.

27Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de espada, y quemaron la ciudad. 28Y no hubo quien los defendiese, porque estaban lejos de Sidón, y no tenían negocios con nadie. Y la ciudad estaba en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella. 29Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais. 30Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del cautiverio de la tierra. 31Así tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.

 El levita y su concubina

19

1En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un levita que moraba como forastero en la parte más remota del monte de Efraín, el cual había tomado para sí mujer concubina de Belén de Judá. 2Y su concubina le fue infiel, y se fue de él a casa de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro meses. 3Y se levantó su marido y la siguió, para hablarle amorosamente y hacerla volver; y llevaba consigo un criado, y un par de asnos; y ella le hizo entrar en la casa de su padre. 4Y viéndole el padre de la joven, salió a recibirle gozoso; y le detuvo su suegro, el padre de la joven, y quedó en su casa tres días, comiendo y bebiendo y alojándose allí. 5Al cuarto día, cuando se levantaron de mañana, se levantó también el levita para irse; y el padre de la joven dijo a su yerno: Conforta tu corazón con un bocado de pan, y después os iréis. 6Y se sentaron ellos dos juntos, y comieron y bebieron. Y el padre de la joven dijo al varón: Yo te ruego que quieras pasar aquí la noche, y se alegrará tu corazón. 7Y se levantó el varón para irse, pero insistió su suegro, y volvió a pasar allí la noche. 8Al quinto día, levantándose de mañana para irse, le dijo el padre de la joven: Conforta ahora tu corazón, y aguarda hasta que decline el día. Y comieron ambos juntos. 9Luego se levantó el varón para irse, él y su concubina y su criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: He aquí ya el día declina para anochecer, te ruego que paséis aquí la noche; he aquí que el día se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu corazón; y mañana os levantaréis temprano a vuestro camino y te irás a tu casa.

10Mas el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que se levantó y se fue, y llegó hasta enfrente de Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos ensillados, y su concubina. 11Y estando ya junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos a esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche. 12Y su señor le respondió: No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel, sino que pasaremos hasta Gabaa. Y dijo a su criado: 13Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en Gabaa o en Ramá. 14Pasando, pues, caminaron, y se les puso el sol junto a Gabaa que era de Benjamín. 15Y se apartaron del camino para entrar a pasar allí la noche en Gabaa; y entrando, se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiese en casa para pasar la noche.

16Y he aquí un hombre viejo que venía de su trabajo del campo al anochecer, el cual era del monte de Efraín, y moraba como forastero en Gabaa; pero los moradores de aquel lugar eran hijos de Benjamín. 17Y alzando el viejo los ojos, vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: ¿A dónde vas, y de dónde vienes? 18Y él respondió: Pasamos de Belén de Judá a la parte más remota del monte de Efraín, de donde soy; y había ido a Belén de Judá; mas ahora voy a la casa de Jehová, y no hay quien me reciba en casa. 19Nosotros tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo; no nos hace falta nada. 20Y el hombre anciano dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza. 21Y los trajo a su casa, y dio de comer a sus asnos; y se lavaron los pies, y comieron y bebieron.

22Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos. 23Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. 24He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba. 26Y cuando ya amanecía, vino la mujer, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día.

27Y se levantó por la mañana su señor, y abrió las puertas de la casa, y salió para seguir su camino; y he aquí la mujer su concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral. 28El le dijo: Levántate, y vámonos; pero ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se levantó y se fue a su lugar. 29Y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina, y la partió por sus huesos en doce partes, y la envió por todo el territorio de Israel. 30Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo, y hablad. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 6 DE Abril. Lucas 10: 25 – 42

El buen samaritano

25Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

29Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

 Jesús visita a Marta y a María

38Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Amen. Rv Feliz día, para todos mis hermanos del devocional y la Lectura diaria.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 6 DE Abril. Jueces 18,19

Capítulo 18

18.1 A la tribu de Dan se le asignó una tierra que era suficiente para satisfacer sus necesidades (Josué 19.40–48). Sin embargo, debido a que no confiaron en Dios para que los ayudara a conquistar su territorio, los amonitas los forzaron a vivir en las colinas y no los dejaron establecerse en las llanuras (1.34). En vez de luchar por el territorio que les correspondía, prefirieron buscar una tierra nueva en el norte donde la resistencia enemiga no fuera tan fuerte. Fue durante este viaje hacia el norte cuando algunos de sus hombres pasaron por la casa de Micaía y robaron algunos de sus ídolos.

18.4–6 Los sacerdotes y sus ayudantes eran todos de la tribu de Leví (Números 3.5–13). Tenían que servir al pueblo, enseñarle cómo adorar a Dios y llevar a cabo los rituales de los servicios de adoración en el tabernáculo en Silo y en las ciudades designadas. Pero este sacerdote desobediente mostró falta de respeto hacia Dios porque: (1) Llevaba a cabo sus deberes en una casa. Los deberes sacerdotales debían realizarse exclusivamente en el tabernáculo o en una ciudad designada. Esta exigencia era para evitar cambios en las leyes de Dios. (2) Llevaba ídolos con él (18.20). (3) Decía que hablaba en nombre de Dios cuando esto no era cierto (18.6).

18.11-26 En todo este incidente, nadie deseaba adorar a Dios; en cambio, todos querían usar a Dios con fines egoístas. En la actualidad, algunas personas asisten a la iglesia para sentirse mejor, ser aceptadas, aliviarse de culpa y relacionarse para sus negocios o amistades. Cuídese de seguir a Dios con propósitos egoístas en lugar de un servicio desinteresado.

18.14 Un efod era una vestidura ceremonial que usaba el sacerdote.

18.24 Micaía hizo ídolos y contrató a un sacerdote para que practicara su religión personal. Cuando los hombres de Dan se llevaron sus ídolos y al sacerdote, no quedó nada. ¡Qué condición espiritual más vacía! Un ídolo es cualquier cosa que ocupa el lugar de Dios en la vida de una persona. Algunos invierten todas sus energías en buscar dinero, éxito, posesiones o una carrera. Si se les quitan estos ídolos, solo queda un caparazón vacío. Como único puede protegerse contra tal vacuidad es invirtiendo su vida en el Dios viviente al que nunca puede perder.

18.27 ¿Tenía la tribu de Dan el derecho de matar a los ciudadanos de Lais? No. Dios ordenó que limpiaran y destruyeran ciertas ciudades debido a su idolatría y maldad. Pero Lais no entraba en ese juicio. No estaba dentro de los límites asignados a Dan y su gente era pacífica en contraste con los cananeos guerreros. Pero la tribu de Dan no respetaba la Ley de Dios. La Ley de Dios decía que una ciudad idólatra debía destruirse (Deuteronomio 13.12–15). Los mismos de Dan eran culpables de este pecado. Esta historia muestra cuán lejos se apartaron de la Ley de Dios algunas de las tribus.

18.27 Solo porque los hombres de la tribu de Dan derrotaron a Lais no significa que sus acciones fueran buenas. Su idolatría mostró que Dios no los dirigía. Hoy día, muchos justifican sus malas acciones por las muestras externas de éxito. Piensan que la riqueza, la popularidad o la falta de sufrimiento indican la bendición de Dios. Pero muchas historias en la Biblia advierten que maldad y éxito terrenal pueden ir tomados de la mano (2 Reyes 14.23–29). El éxito no muestra la aprobación de Dios. No permita que el éxito personal se convierta en una vara de medir para saber si complace o no a Dios.

18.30, 31 La tribu de Dan robó los ídolos de Micaía y ahora los situó en Lais. Aunque los danitas realmente negaban a Dios al adorar estas imágenes (Éxodo 20.1–5), tal vez imaginaron que adoraban a Dios mediante ellos (véase la nota a Éxodo 32.4, 5). Adorar imágenes de Dios no es adorar a Dios, aun cuando se asemeje en alguna manera a la verdadera adoración. Hoy muchas personas cometen el mismo error cuando dicen ser cristianos sin creer en verdad en el poder de Dios o cambiar su conducta de acuerdo con sus expectativas. Al decir que seguían a Dios, no cambiaban sus vidas para estar de acuerdo con sus expectativas. La santidad no puede solo enunciarse, debe ser una realidad en nuestras motivaciones y acciones.

18.31 Tal vez la destrucción de Silo fue durante los sucesos que narra 1 Samuel 4 y 5, no mucho tiempo después de los momentos descritos aquí. Debido a que Silo era el centro religioso de Israel, se requería que todos los varones adultos viajaran allí para ciertas fiestas religiosas. La tribu de Dan, sin embargo, estableció sus ídolos y sacerdotes en el nuevo territorio que conquistó. Debido a que estaba aproximadamente a ciento treinta kilómetros de Silo, quizás fue su excusa para no cumplir los requerimientos de la Ley. Este acto era una demostración más de la falta de respeto que había hacia Dios.

18.31 La verdadera adoración a Dios debió haberse mantenido mediante el sacerdocio levítico en toda la tierra y la influencia del tabernáculo en Silo. Esta historia muestra cómo las influencias paganas y la depravación moral llegaron a todos los rincones de la cultura israelita. A pesar de que habían pasado trescientos años desde que entraron en la tierra prometida, seguían sin destruir la idolatría y las prácticas pecaminosas que incluía.

Quizás en su vida existe la tendencia de permitir que hábitos «inofensivos» ocupen sus pequeños rincones, pero pueden convertirse en fuerzas dominantes. Los valores, las actitudes y las prácticas que ha adoptado del sistema del mundo pueden quedar a la vista al aplicarles la luz de la verdad de Dios. Una vez que los vea por lo que son, podrá empezar a desarraigarlos.

Capítulo 19

19.1–21.25 ¿Cuál es la importancia de esta trágica historia? Cuando se arruinó la fe en Dios de los israelitas, también se arruinó su unidad como nación. Si hubieran obedecido a Dios y confiado en que cumpliría sus promesas, habrían poseído toda la tierra. Pero cuando olvidaron incluirlo a Él en sus vidas, perdieron su propósito y muy pronto «cada uno hacía lo que bien le parecía» (21.25). Cuando dejaron de tener la dirección de Dios, no se volvieron mejores que los malvados que los rodeaban. Cuando hicieron sus leyes para su beneficio, establecieron normas por debajo de las normas de Dios. Cuando usted deja a Dios fuera de su vida, se sorprenderá al ver lo que es capaz de hacer (19.30).

19.1 La sociedad israelita aceptaba que se tuviera concubinas, aun cuando esto no era lo que Dios quería (Génesis 2.24). Una concubina tenía los deberes pero no los privilegios de una esposa. A pesar de que estaba legalmente atada a un hombre, por lo general ella y sus hijos no tenían los derechos de herencia que tenían la esposa y los hijos legítimos. Su propósito principal era darle al hombre placer sexual, traer hijos adicionales y contribuir con más ayuda para la casa y el estado. Las concubinas eran casi siempre prisioneras de guerras con otras naciones. Pero también podían ser israelitas, como quizás fue el caso de esta historia.

19.24 En ningún lado es tan fuerte la ley no escrita de la hospitalidad como en el Medio Oriente. La protección a un huésped a cualquier precio estaba en el primer lugar del código de honor de un hombre. Pero aquí el código de hospitalidad se convirtió en fanatismo. La violación y el abuso de una hija y de su acompañante era preferible a la posibilidad de un conflicto entre un huésped y su vecino. Los dos hombres eran egoístas (no querían resultar heridos), les faltó valor (no querían enfrentar un conflicto aunque peligraran otras vidas) y desobedecieron la Ley de Dios (permitiendo el abuso y el asesinato deliberado). ¡Qué consecuencias tan funestas obtenemos cuando un protocolo social tiene más autoridad que las convicciones morales!

19.29, 30 Aun cuando este hecho fue terrible, comunicó con eficacia el horror del crimen y llamó al pueblo a la acción. Saúl utilizó un método similar en 1 Samuel 11.7. Es irónico, pero el hombre que alertó a Israel sobre el asesinato de su concubina era tan culpable de su muerte como los hombres que realmente la mataron.

19.30 El horrible crimen descrito en este capítulo no fue la peor ofensa de Israel. Peor fue el fracaso de la nación en establecer un gobierno basado en los principios morales de Dios, donde su Ley fuera la ley de la tierra. Por consiguiente, las leyes no se cumplieron y el crimen se pasó por alto. La perversión moral y el desorden fueron el producto de la desobediencia a Dios. Los israelitas no estaban dispuestos a hablar hasta que los hechos iban demasiado lejos.

Cada vez que nos alejamos de Dios o de su Palabra pueden ocurrir toda clase de cosas malas. Nuestro aislamiento de Dios puede ser lento y casi imperceptible, con resultados finales que afectan una generación futura. Continuamente debemos llamar a nuestra nación a que se vuelva a Dios y trabajar para el establecimiento de la moral y el reino espiritual de Dios en el corazón de cada persona.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 6 DE Abril. Lucas 10: 25 – 42

10.27 Este experto en la Ley de Moisés se refería a Deuteronomio 6.5 y Levítico 19.18. Entendía muy bien que la Ley demandaba total devoción a Dios y amor al prójimo. Jesús habló más acerca de estas leyes en otras ocasiones (véanse Mateo 19.16–22 y Marcos 10.17–22).

10.27–37 Los expertos en la Ley trataron al herido como un tema de discusión; los ladrones, como un objeto de explotación; los sacerdotes, como un problema a evitar; y el levita como un objeto de curiosidad. Solo el samaritano lo trató como una persona a la que se debía amar.

10.27–37 De la parábola aprendemos tres principios acerca de lo que significa el amor al prójimo: (1) la carencia de amor es a menudo fácil de justificar a pesar de que nunca es buena; (2) nuestro prójimo es cualquiera que esté en necesidad, sin importar raza, credo ni procedencia social; y (3) amor significa hacer algo para suplir la necesidad de alguien. No importa dónde viva, hay gente necesitada a su alrededor. No hay razón justificada para negarse a brindar ayuda.

10.33 Existía un odio profundo entre judíos y samaritanos. Los judíos se veían como descendientes puros de Abraham, mientras que los samaritanos eran una raza mezclada cuyo origen se debió al casamiento de judíos del norte con gente de otros pueblos después del exilio de Israel. Para este experto en leyes judías, la persona que parecía actuar como se debía era el samaritano. En realidad, no podía ni siquiera pronunciar la palabra samaritano cuando contestaba la pregunta de Jesús. Su actitud de experto traicionó su falta de amor, lo que antes manifestó que la Ley mandaba.

10.38-42 Marta y María amaban a Jesús. En esta ocasión ambas le servían. Pero Marta pensó que el estilo de servicio de María era inferior al de ella. No dedujo que en su deseo de servir descuidaba a su visita. ¿Está tan ocupado haciendo cosas para Jesús al grado que no tiene tiempo para estar con Él? No permita que su servicio llegue a ser un autoservicio.

10.41,42 Jesús no condenó a Marta por preocuparse de los quehaceres de la casa. Solo le pidió fijar prioridades. Es posible que el servicio a Cristo degenere en un simple ajetreo que deja de ser una entrega total a Dios. Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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