Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 28 DE Marzo. Josué 21, 22

Ciudades de los levitas

(1 Cr. 6.54–81)

21

1Los jefes de los padres de los levitas vinieron al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun y a los cabezas de los padres de las tribus de los hijos de Israel, 2y les hablaron en Silo en la tierra de Canaán, diciendo: Jehová mandó por medio de Moisés que nos fuesen dadas ciudades donde habitar, con sus ejidos para nuestros ganados. 3Entonces los hijos de Israel dieron de su propia herencia a los levitas, conforme al mandato de Jehová, estas ciudades con sus ejidos.

4Y la suerte cayó sobre las familias de los coatitas; y los hijos de Aarón el sacerdote, que eran de los levitas, obtuvieron por suerte de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín, trece ciudades.

5Y los otros hijos de Coat obtuvieron por suerte diez ciudades de las familias de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés.

6Los hijos de Gersón obtuvieron por suerte, de las familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manasés en Basán, trece ciudades.

7Los hijos de Merari según sus familias obtuvieron de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón, doce ciudades.

8Dieron, pues, los hijos de Israel a los levitas estas ciudades con sus ejidos, por suertes, como había mandado Jehová por conducto de Moisés.

9De la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón, dieron estas ciudades que fueron nombradas, 10las cuales obtuvieron los hijos de Aarón de las familias de Coat, de los hijos de Leví; porque para ellos fue la suerte en primer lugar. 11Les dieron Quiriat-arba del padre de Anac, la cual es Hebrón, en el monte de Judá, con sus ejidos en sus contornos. 12Mas el campo de la ciudad y sus aldeas dieron a Caleb hijo de Jefone, por posesión suya.

13Y a los hijos del sacerdote Aarón dieron Hebrón con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas; además, Libna con sus ejidos, 14Jatir con sus ejidos, Estemoa con sus ejidos, 15Holón con sus ejidos, Debir con sus ejidos, 16Aín con sus ejidos, Juta con sus ejidos y Bet-semes con sus ejidos; nueve ciudades de estas dos tribus; 17y de la tribu de Benjamín, Gabaón con sus ejidos, Geba con sus ejidos, 18Anatot con sus ejidos, Almón con sus ejidos; cuatro ciudades. 19Todas las ciudades de los sacerdotes hijos de Aarón son trece con sus ejidos.

20Mas las familias de los hijos de Coat, levitas, los que quedaban de los hijos de Coat, recibieron por suerte ciudades de la tribu de Efraín. 21Les dieron Siquem con sus ejidos, en el monte de Efraín, como ciudad de refugio para los homicidas; además, Gezer con su ejidos, 22Kibsaim con sus ejidos y Bet-horón con sus ejidos; cuatro ciudades. 23De la tribu de Dan, Elteque con sus ejidos, Gibetón con sus ejidos, 24Ajalón con sus ejidos y Gat-rimón con sus ejidos; cuatro ciudades. 25Y de la media tribu de Manasés, Taanac con sus ejidos y Gat-rimón con sus ejidos; dos ciudades. 26Todas las ciudades para el resto de las familias de los hijos de Coat fueron diez con sus ejidos.

27A los hijos de Gersón de las familias de los levitas, dieron de la media tribu de Manasés a Golán en Basán con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas, y además, Beestera con sus ejidos; dos ciudades. 28De la tribu de Isacar, Cisón con sus ejidos, Daberat con sus ejidos, 29Jarmut con sus ejidos y En-ganim con sus ejidos; cuatro ciudades. 30De la tribu de Aser, Miseal con sus ejidos, Abdón con sus ejidos, 31Helcat con sus ejidos y Rehob con sus ejidos; cuatro ciudades. 32Y de la tribu de Neftalí, Cedes en Galilea con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas, y además, Hamot-dor con sus ejidos y Cartán con sus ejidos; tres ciudades. 33Todas las ciudades de los gersonitas por sus familias fueron trece ciudades con sus ejidos.

34Y a las familias de los hijos de Merari, levitas que quedaban, se les dio de la tribu de Zabulón, Jocneam con sus ejidos, Carta con sus ejidos, 35Dimna con sus ejidos y Naalal con sus ejidos; cuatro ciudades. 36Y de la tribu de Rubén, Beser con sus ejidos, Jahaza con sus ejidos, 37Cademot con sus ejidos y Mefaat con sus ejidos; cuatro ciudades. 38De la tribu de Gad, Ramot de Galaad con sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas; además, Mahanaim con sus ejidos, 39Hesbón con sus ejidos y Jazer con sus ejidos; cuatro ciudades. 40Todas las ciudades de los hijos de Merari por sus familias, que restaban de las familias de los levitas, fueron por sus suertes doce ciudades.

41Y todas las ciudades de los levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos. 42Y estas ciudades estaban apartadas la una de la otra, cada cual con sus ejidos alrededor de ella; así fue con todas estas ciudades.

 Israel ocupa la tierra

43De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. 45No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.

 El altar junto al Jordán

22

1Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas, y a la media tribu de Manasés, 2y les dijo: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado. 3No habéis dejado a vuestros hermanos en este largo tiempo hasta el día de hoy, sino que os habéis cuidado de guardar los mandamientos de Jehová vuestro Dios. 4Ahora, pues, que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como lo había prometido, volved, regresad a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os dio al otro lado del Jordán. 5Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma. 6Y bendiciéndolos, Josué los despidió, y se fueron a sus tiendas.

7También a la media tribu de Manasés había dado Moisés posesión en Basán; mas a la otra mitad dio Josué heredad entre sus hermanos a este lado del Jordán, al occidente; y también a éstos envió Josué a sus tiendas, después de haberlos bendecido. 8Y les habló diciendo: Volved a vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, con oro, y bronce, y muchos vestidos; compartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos. 9Así los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, se volvieron, separándose de los hijos de Israel, desde Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus posesiones, de la cual se habían posesionado conforme al mandato de Jehová por conducto de Moisés.

10Y llegando a los límites del Jordán que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia. 11Y los hijos de Israel oyeron decir que los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés habían edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en los límites del Jordán, del lado de los hijos de Israel. 12Cuando oyeron esto los hijos de Israel, se juntó toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos.

13Y enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés en tierra de Galaad, a Finees hijo del sacerdote Eleazar, 14y a diez príncipes con él: un príncipe por cada casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era jefe de la casa de sus padres entre los millares de Israel. 15Los cuales fueron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, y les hablaron diciendo: 16Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes contra Jehová? 17¿No ha sido bastante la maldad de Peor, de la que no estamos aún limpios hasta este día, por la cual vino la mortandad en la congregación de Jehová, 18para que vosotros os apartéis hoy de seguir a Jehová? Vosotros os rebeláis hoy contra Jehová, y mañana se airará él contra toda la congregación de Israel. 19Si os parece que la tierra de vuestra posesión es inmunda, pasaos a la tierra de la posesión de Jehová, en la cual está el tabernáculo de Jehová, y tomad posesión entre nosotros; pero no os rebeléis contra Jehová, ni os rebeléis contra nosotros, edificándoos altar además del altar de Jehová nuestro Dios. 20¿No cometió Acán hijo de Zera prevaricación en el anatema, y vino ira sobre toda la congregación de Israel? Y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad.

21Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron y dijeron a los cabezas de los millares de Israel: 22Jehová Dios de los dioses, Jehová Dios de los dioses, él sabe, y hace saber a Israel: si fue por rebelión o por prevaricación contra Jehová, no nos salves hoy. 23Si nos hemos edificado altar para volvernos de en pos de Jehová, o para sacrificar holocausto u ofrenda, o para ofrecer sobre él ofrendas de paz, el mismo Jehová nos lo demande. 24Lo hicimos más bien por temor de que mañana vuestros hijos digan a nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros con Jehová Dios de Israel? 25Jehová ha puesto por lindero el Jordán entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en Jehová; y así vuestros hijos harían que nuestros hijos dejasen de temer a Jehová. 26Por esto dijimos: Edifiquemos ahora un altar, no para holocausto ni para sacrificio, 27sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová. 28Nosotros, pues, dijimos: Si aconteciere que tal digan a nosotros, o a nuestras generaciones en lo por venir, entonces responderemos: Mirad el símil del altar de Jehová, el cual hicieron nuestros padres, no para holocaustos o sacrificios, sino para que fuese testimonio entre nosotros y vosotros. 29Nunca tal acontezca que nos rebelemos contra Jehová, o que nos apartemos hoy de seguir a Jehová, edificando altar para holocaustos, para ofrenda o para sacrificio, además del altar de Jehová nuestro Dios que está delante de su tabernáculo.

30Oyendo Finees el sacerdote y los príncipes de la congregación, y los jefes de los millares de Israel que con él estaban, las palabras que hablaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y los hijos de Manasés, les pareció bien todo ello. 31Y dijo Finees hijo del sacerdote Eleazar a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: Hoy hemos entendido que Jehová está entre nosotros, pues que no habéis intentado esta traición contra Jehová. Ahora habéis librado a los hijos de Israel de la mano de Jehová.

32Y Finees hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes, dejaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad, y regresaron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, a los cuales dieron la respuesta. 33Y el asunto pareció bien a los hijos de Israel, y bendijeron a Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra, para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad. 34Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad pusieron por nombre al altar Ed; porque testimonio es entre nosotros que Jehová es Dios. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 28 DE Marzo. Lucas 6: 1 - 26.

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

(Mt. 12.1–8; Mr. 2.23–28)

6

1Aconteció en un día de reposo,* que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. 2Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo?* 3Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; 4cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? 5Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.*

 El hombre de la mano seca

(Mt. 12.9–14; Mr. 3.1–6)

6Aconteció también en otro día de reposo,* que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo* lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. 8Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. 9Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo* hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? 10Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

 Elección de los doce apóstoles

(Mt. 10.1–4; Mr. 3.13–19)

12En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 14a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.

 Jesús atiende a una multitud

(Mt. 4.23–25)

17Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados. 19Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.

 Bienaventuranzas y ayes

(Mt. 5.1–12)

20Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. 23Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.

24Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.

25¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.

26¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 28 DE Marzo. Josué 21, 22

Capítulo 21

21.2 Los levitas debían ministrar delante de Dios de parte de todo el pueblo. Por eso recibieron ciudades esparcidas en toda la nación. Aunque Jerusalén estaba lejos de las casas de muchos israelitas, casi nadie tenía que viajar por más de un día para llegar a una ciudad levítica.

21.43-45 Dios se mostró fiel al cumplir todas las promesas que le había dado a Israel. El cumplimiento de algunas de ellas tomó varios años, pero «todo se cumplió». Sus promesas serán cumplidas según su calendario, no el nuestro. Pero sabemos que su Palabra es segura. Mientras más aprendamos de las promesas que Dios ha cumplido, y sigue cumpliendo, será más fácil esperar por aquellas que han de venir. Algunas veces nos volvemos impacientes, y queremos que Dios actúe de una determinada manera ahora. En cambio, debemos cumplir con fidelidad aquello que sabemos que Dios quiere que hagamos y confiar en Él en lo que respecta al futuro.

Capítulo 22

22.2–4 Antes de comenzar la conquista, estas tribus habían recibido tierras al este del Jordán. Pero antes de poder quedarse allí, primero tuvieron que prometer que ayudarían a las demás tribus a conquistar la tierra del lado occidental (Números 32.20–22). Habían cumplido con sus deberes prometidos de manera paciente y diligente. Josué los elogió por haber hecho precisamente eso. Por fin se les permitió regresar a sus familias y construir sus ciudades. Seguir hasta el final es vital en la obra de Dios. Cuidado con la tentación de dejar de trabajar demasiado pronto y dejar sin terminar la obra de Dios.

22.5 Aquí Josué vuelve a declarar brevemente el mensaje central que Moisés le dio al pueblo en Deuteronomio: la obediencia debe ser basada en el amor hacia Dios. Aunque los israelitas habían cumplido con su responsabilidad militar, Josué les recordó de su responsabilidad espiritual. A veces pensamos tanto en lo que debemos hacer que nos olvidamos de pensar en quiénes debemos ser. Si sabemos que somos hijos de Dios, le amaremos y serviremos con alegría. No debemos dejar que el servicio diario nos robe nuestro amor por Dios.

22.11–34 Cuando las tribus de Rubén, Gad, y la media tribu de Manasés edificaron un altar junto al Jordán, el resto de Israel tenía miedo de que estas tribus estuvieran iniciando su propia religión y rebelándose contra Dios. Pero antes de comenzar toda una guerra, Finees llevó a una delegación para saber la verdad, siguiendo el principio enseñado en Deuteronomio 13.12–19. Estaba dispuesto a negociar en lugar de luchar. Cuando supo que el altar servía de testimonio y no para sacrificios paganos, se evitó una guerra y se restauró la unidad.

Como naciones y como individuos, nos podría servir un método similar de resolución de conflictos. Suponer lo peor acerca de las intenciones de los demás sólo trae problemas. Israel evitó la amenaza de una guerra civil al preguntar antes de atacar. Cuidado con reaccionar antes de conocer todos los hechos.

22.17 Para conocer la historia de cómo Israel se apartó de Dios y comenzó a adorar a Baal en Peor véase Números 25.1–18

22.20 Para leer la historia de Acán, un hombre que permitió que la codicia se apoderara de él, véase el capítulo 7.

22.26-28 Las tribus estaban preocupadas ya que sin ninguna señal visible de unidad entre el pueblo a los dos lados del Jordán, generaciones futuras podrían percibir algún conflicto entre ellas. El altar, modelado según el altar de Jehová, debía servir para recordar a las personas que todos adoraban al mismo Dios. Muchas veces nos tienen que hacer recordar la fe de nuestros padres. ¿Cuáles acciones demuestran a sus hijos su confianza en Dios y les recuerdan lo que Él ha hecho? Tome tiempo para establecer tradiciones familiares que ayuden a sus hijos a recordar.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 28 DE Marzo. Lucas 6: 1 - 26.

Capítulo 6

6.1, 2 En las leyes tradicionales judías había treinta y nueve categorías de actividades prohibidas en el día de reposo, cosechar era una de ellas. Los maestros de la Ley iban aun un poco más lejos hasta describir diferentes métodos de cosechar, uno de ellos era restregar los granos con las manos, como los discípulos lo hicieron en esta oportunidad. La Ley de Dios decía que los agricultores no debían segar hasta el último rincón de sus campos, a fin de que viajeros y pobres comieran de su generosidad (Deuteronomio 23.25), de modo que los discípulos no eran culpables de robar granos. Es más, aunque violaron reglas de los fariseos, no quebrantaron ninguna Ley divina.

6.2 Los fariseos pensaban que su sistema religioso tenía todas las respuestas. No aceptaban a Jesús porque no encajaba en su sistema. Por esa misma razón podemos marginar a Jesús. Cuidado con pensar que usted o su iglesia tienen la respuesta a todas las preguntas. No hay sistema religioso lo bastante completo como para contener a Cristo ni describir a la perfección su actividad en el mundo.

6.3–5 Cada semana se ponían doce hogazas de pan consagradas que representaban las doce tribus de Israel en una mesa del templo. Este pan se le llamaba de la proposición o pan de la presencia. Después de permanecer una semana en el templo, solo los sacerdotes lo comían. Jesús, acusado de quebrantar el día de reposo, apeló a la bien conocida historia de David (1 Samuel 21.1–6). En cierta ocasión en que huyó del rey Saúl, él y sus hombres comieron este pan consagrado. Su necesidad era más importante que las reglas ceremoniales. Jesús apelaba al mismo principio: la necesidad humana es más importante que las leyes relacionadas con la observancia del día de reposo. Al compararse Él mismo y sus discípulos con David y sus acompañantes, lo que Jesús en verdad decía era: «Si me condenan, también deben condenar al rey David».

6.5 Cuando Jesús dijo que es «Señor aun del día de reposo», reveló a los fariseos que tenía autoridad para denegar sus tradiciones y regulaciones porque Él creó el día de reposo. El Creador siempre es más grande que la creación.

6.6,7 Según la tradición de los líderes religiosos, ninguna sanidad se podía hacer en Sabat. La sanidad, argumentaban, era practicar la medicina y el sábado no se podía practicar esta profesión. Era más importante para los líderes religiosos proteger sus leyes que liberar a una persona de su sufrimiento.

6.11 Los enemigos de Jesús estaban furiosos. No solo leyó sus mentes, sino que se burló de sus leyes y descubrió la ira de sus corazones. Es irónico que su odio combinado con su celo por la Ley los condujo a un complot homicida, en contra de la Ley.

6.12 Los escritores de los Evangelios destacan que antes de cada hecho importante en su vida, Jesús dedicaba tiempo para apartarse y orar. En ese tiempo se preparó para escoger a los integrantes de su círculo íntimo, los doce discípulos. Asegúrese de que toda decisión importante en su vida se base en la oración.

6.13 Jesús tuvo muchos discípulos (aprendices), pero solo escogió doce apóstoles (mensajeros). Los apóstoles formaron parte de su círculo íntimo a los que preparó especialmente y los envió con su propia autoridad. Fueron los hombres que iniciaron la iglesia cristiana. En los Evangelios, a los doce hombres casi siempre se les llama discípulos, pero en el libro de Hechos se les llama apóstoles.

6.13-16 Jesús seleccionó hombres «comunes» para que fueran sus discípulos y eran una mezcla de procedencias y personalidades. Hoy, Dios llama a gente «común» para edificar su Iglesia, enseñar el mensaje de salvación y servir a otros por amor. A lo mejor nos sentimos inútiles para servir a Cristo con eficacia, pero juntos podemos formar un grupo fuerte, capaz de servir a Dios a pesar de todo. Sea paciente para aceptar las diferencias entre la gente de su iglesia y construya sobre la diversidad de capacidades presentes en su grupo.

6.14–16 Los discípulos no siempre se les nombra de la misma manera. Por ejemplo, Pedro a veces se le llama Simón o Cefas. A Mateo también se le conoce como Leví. Jesús dio a varios de sus discípulos nombres nuevos. Bartolomé, se piensa que puede ser Natanael (Juan 1.45) y Judas, hermano de Jacobo, se cree que sería Tadeo.

6.19 Una vez conocido el poder sanador de Jesús, las multitudes se reunían solo para tocarlo. Para muchos, llegó a ser un símbolo de buena fortuna, un amuleto de suerte o un mago. En lugar de desear el perdón de Dios y su amor, buscaban sanidad física o un cambio para que se vieran acciones espectaculares. Algunas personas todavía ven en Dios a un mago cósmico y oran solo para mitigar su dolor o lograr que manifieste sus trucos. Pero Dios no es un mago, es el Maestro. La oración no es una forma para controlarlo, sino un medio para ponernos bajo su control.

6.20ss Este sería el extracto de Lucas del sermón que Mateo plasma en su Evangelio en los capítulos 5 al 7, o podría ser que Jesús dio un sermón similar en diferentes ocasiones. Están quienes creen que no fue un sermón, sino una combinación basada en las enseñanzas de costumbre de Jesús.

6.20-23 Estos versículos se conocen como las Bienaventuranzas, palabra derivada del latín que significa «bendecido». Describen lo que significa ser un seguidor de Cristo. Vienen a ser normas de conducta. Contrastan los valores del Reino con los mundanos al mostrar lo que los seguidores de Cristo pueden esperar del mundo y lo que Dios va a darles. Contrastan la piedad engañosa con la verdadera humildad. Y por último, muestran cómo el Antiguo Testamento y sus expectativas se cumplirán en el Reino de Dios.

6.21 Algunos creen que el hambre que señala Jesús es de justicia (Mateo 5.6). Otros dicen que se trata de hambre física. En una nación en que los ricos se veían como una señal del favor de Dios, Jesús alarmó a sus oyentes anunciando bendiciones para el hambriento. Al hacerlo, sin embargo, se ajustaba a la tradición antigua. El Antiguo Testamento habla del interés de Dios por el pobre. Véanse, como ejemplos, 1 Samuel 2.5; Salmo 146.7; Isaías 58.6, 7; y la misma oración de la madre de Jesús en Lucas 1.53.

6.24 Si trata de hallar satisfacción en las riquezas, la única recompensa que obtendrá es riqueza que no dura para siempre. No debemos buscar ahora bienestar a expensas de la vida eterna.

6.26 Hubo muchos falsos profetas en el Antiguo Testamento. Reyes y multitudes los alabaron porque sus predicciones de prosperidad y victoria en la guerra eran las que querían oír. La popularidad es inconstante. Tristeza les espera a quienes dependen de la alabanza de las multitudes antes que de la aprobación de Dios. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


No hay comentarios:

Publicar un comentario