Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 21 DE Marzo. Josué 4, 5. 6

Las doce piedras tomadas del Jordán

4

1Cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Jehová habló a Josué, diciendo: 2Tomad del pueblo doce hombres, uno de cada tribu, 3y mandadles, diciendo: Tomad de aquí de en medio del Jordán, del lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales pasaréis con vosotros, y levantadlas en el lugar donde habéis de pasar la noche. 4Entonces Josué llamó a los doce hombres a los cuales él había designado de entre los hijos de Israel, uno de cada tribu. 5Y les dijo Josué: Pasad delante del arca de Jehová vuestro Dios a la mitad del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, 6para que esto sea señal entre vosotros; y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres mañana, diciendo: ¿Qué significan estas piedras? 7les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron divididas delante del arca del pacto de Jehová; cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se dividieron; y estas piedras servirán de monumento conmemorativo a los hijos de Israel para siempre.

8Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué les mandó: tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehová lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y las pasaron al lugar donde acamparon, y las levantaron allí. 9Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto; y han estado allí hasta hoy. 10Y los sacerdotes que llevaban el arca se pararon en medio del Jordán hasta que se hizo todo lo que Jehová había mandado a Josué que dijese al pueblo, conforme a todas las cosas que Moisés había mandado a Josué; y el pueblo se dio prisa y pasó.

11Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, también pasó el arca de Jehová, y los sacerdotes, en presencia del pueblo. 12También los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron armados delante de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho; 13como cuarenta mil hombres armados, listos para la guerra, pasaron hacia la llanura de Jericó delante de Jehová. 14En aquel día Jehová engrandeció a Josué a los ojos de todo Israel; y le temieron, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida.

15Luego Jehová habló a Josué, diciendo: 16Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que suban del Jordán. 17Y Josué mandó a los sacerdotes, diciendo: Subid del Jordán. 18Y aconteció que cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová subieron de en medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en lugar seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre todos sus bordes.

19Y el pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero, y acamparon en Gilgal, al lado oriental de Jericó. 20Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán. 21Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana preguntaren vuestros hijos a sus padres, y dijeren: ¿Qué significan estas piedras? 22declararéis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán. 23Porque Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que habíais pasado, a la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el Mar Rojo, el cual secó delante de nosotros hasta que pasamos; 24para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los días.

 La circuncisión y la pascua en Gilgal

5

1Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel.

2En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado. 6Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. 7A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino.

8Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron. 9Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.

10Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó. 11Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas. 12Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.

 Josué y el varón con la espada desenvainada

13Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? 14El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? 15Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.

 La toma de Jericó

6

1Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 2Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. 3Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. 4Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. 5Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante. 6Llamando, pues, Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del arca de Jehová. 7Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.

8Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía. 9Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente. 10Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis. 11Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y allí pasaron la noche.

12Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová. 13Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamente. 14Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis días.

15Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces. 16Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad. 17Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. 18Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. 19Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová. 20Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron. 21Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.

22Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis. 23Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel. 24Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro. 25Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.

26En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.

27Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 21 DE Marzo. Lucas 2: 1 – 24.

Nacimiento de Jesús

(Mt. 1.18–25)

2

1Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 3E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 4Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

 Los ángeles y los pastores

8Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:

14 ¡Gloria a Dios en las alturas,

Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

 15Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

 Presentación de Jesús en el templo

21Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.

22Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor 23(como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), 24y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 21 DE Marzo. Josué 4, 5. 6

Capítulo 4

4.1ss Después que los israelitas pasaron el río sanos y salvos, ¿qué? ¿Conquistar la tierra? Todavía no. Primero, Dios les mandó construir un monumento con doce piedras sacadas del río por doce hombres, uno de cada tribu. Esto puede parecer un paso insignificante en su misión de conquistar la tierra, pero Dios no quería que su pueblo emprendiera nada sin prepararse. Debían concentrarse en Dios y recordar quién los estaba guiando. Cuando esté ocupado haciendo las tareas que Dios le ha dado, aparte unos momentos de quietud, ratos para levantar su monumento al poder de Dios. El exceso de actividad puede hacerle perder su concentración en Dios.

4.14 Los israelitas respetaron a Josué por su papel de líder en el cruce del Jordán. Él, como Moisés, recibiría las alabanzas de Israel en generaciones venideras. Aunque Israel no llegó a ser una potencia mundial en tiempos de Josué, la fama de este por haber seguido a Dios fielmente le trajo mayor gloria que si hubiera sido el héroe de una «superpotencia». Hacer lo correcto es más importante que ser famoso.

4.21-24 El monumento de doce piedras iba a ser un recuerdo constante del momento en que los israelitas pasaron el Jordán en seco. Sus hijos verían las piedras, escucharían la historia y aprenderían acerca de Dios. ¿Tiene usted tradiciones (fechas o lugares especiales) que ayuden a sus hijos a aprender acerca de la obra de Dios en su vida? ¿Toma tiempo para decirles lo que Dios ha hecho por usted: perdonándolo y salvándolo, contestando sus oraciones, supliendo sus necesidades? Volver a contarles la historia ayuda a mantener vivos los recuerdos de la fidelidad de Dios en su familia.

Capítulo 5

5.1 Los amorreos y cananeos eran los dos grupos principales que vivían en Canaán al momento de la invasión de Israel. Los cananeos adoraban numerosos dioses, pero Baal era su predilecto. La cultura cananea era materialista y su religión, sensual. Los israelitas continuamente se estuvieron volviendo a Baal después de entrar en Canaán. Los dioses de los amorreos también corrompieron la adoración de Israel y distrajeron a la gente de su adoración al Dios verdadero. La adoración de estos dioses falsos con el tiempo dio como resultado la caída de Israel.

5.1 Los israelitas pasaron innecesariamente treinta y nueve años en el desierto porque les tenían pavor a los cananeos. Subestimaron el poder de Dios. Su primer intento de entrar en la tierra prometida había fallado (Números 13, 14). Israel vio que los cananeos estaban aterrorizados de su ejército. Habían oído de las grandes victorias de Israel por medio de su Dios (Josué 2.9–11). Su última esperanza consistía en que el Jordán retrasara el paso de Israel o les quitara el ánimo de entrar a la tierra. Pero la noticia de que los israelitas habían pasado el Jordán en seco eliminó cualquier vestigio de valor que todavía les quedaba a los cananeos.

No subestime el poder de Dios. Si somos fieles a Dios, Él puede ahuyentar cualquier gran oposición. Puede cambiar las actitudes de los que se oponen a Él.

5.2, 3 El rito de la circuncisión señalaba a Israel como el pueblo del pacto de Dios. Cuando Dios pactó con Abraham, exigió que todos los varones fueran circuncidados como señal de que ponían fin a la vida antigua y comenzaban una nueva vida con Dios (Génesis 17.13). Otras culturas en este tiempo utilizaban la circuncisión como señal de comienzo de la adultez, pero sólo Israel lo usaba como señal de seguir a Dios. Un hombre solo puede ser circuncidado una vez. Volver a circuncidar «la segunda vez» aquí se refiere a circuncidar a los muchos jóvenes que aún no habían sido circuncidados (véase 5.5).

5.8, 9 Localizado a unos tres kilómetros de Jericó, Gilgal fue el campamento permanente de Israel y el centro temporal de gobierno y adoración durante su conquista de Canaán. Aquí el pueblo renovó su compromiso y pacto con Dios antes de intentar conquistar la nueva tierra. En Gilgal el ángel comandante del ejército de Dios se le apareció a Josué con instrucciones adicionales para la batalla y ánimo para la conquista. Después de la conquista, Gilgal continuó siendo un sitio importante en Israel. Fue allí donde coronaron al primer rey de Israel, Saúl (1 Samuel 11.14, 15).

5.10 Esta Pascua gozosa fue la primera celebrada en la tierra prometida y sólo la tercera celebrada por Israel desde el éxodo de Egipto. La última vez había sido treinta y nueve años antes, al pie del monte Sinaí. Esta celebración hizo que Israel recordara los grandes milagros que hizo Dios al sacarlos de Egipto. Allí tuvieron que comer con temor y prisa. Ahora comían en celebración de las bendiciones y promesas de Dios. (Véase en Éxodo 12 una descripción de la noche en que el ángel de la muerte pasó sin tocar a Israel.)

5.11, 12 Dios había provisto maná de manera milagrosa a los israelitas hambrientos durante sus cuarenta años en el desierto (Éxodo 16.14–31). En la generosa tierra prometida ya no necesitaban esa provisión diaria de alimentos porque la tierra estaba lista para la siembra y la siega. Dios les había dado alimentos milagrosamente mientras estaban en el desierto. En Canaán les dio alimentos de la misma tierra. La oración no es una alternativa a la preparación, y la fe no reemplaza el trabajo arduo. Dios puede y hace provisión milagrosa para su pueblo cuando se necesita, pero también espera que este utilice los talentos y recursos que Él les ha dado para autoabastecerse. Si sus oraciones no han sido contestadas, tal vez lo que usted necesita está a su alcance. Ore, entonces, y pida sabiduría para ver lo que está a su alcance y energía y motivación para tomarlo.

5.14,15 Este fue un ángel de rango superior, Príncipe del ejército de Jehová. Algunos dicen que fue una aparición de Dios en forma humana. Como señal de respeto, Josué se quitó el calzado. Aunque Josué era el líder de Israel, todavía estaba sometido a Dios, el Líder absoluto. El temor reverente y el respeto son reacciones propias ante un Dios santo. ¿Cómo podemos demostrar respeto hacia Dios? Con nuestras actitudes y acciones. Debemos reconocer el poder, la autoridad y el amor profundo de Dios. Nuestras acciones deben demostrar nuestras actitudes delante de los demás. El respeto a Dios es tan importante hoy como lo fue en los tiempos de Josué, aunque ahora no se acostumbre a quitarse uno el zapato para demostrarlo.

Capítulo 6

6.1 La ciudad de Jericó, construida miles de años antes de que naciera Josué, era una de las ciudades más antiguas del mundo. En algunas partes tenía muros fortificados que medían hasta 7.50 m de alto y 6 m de ancho. Los soldados que montaban guardia encima de los muros podían observar muchos kilómetros a la redonda. Jericó era un símbolo de poder y fuerza militar, y los cananeos la consideraban invencible.

Israel atacaría esta ciudad primero, y su destrucción haría que cundiera el pánico en Canaán. Los cananeos vieron al Dios de Israel como un dios de la naturaleza porque dividió el Jordán y como un dios de la guerra porque derrotó a Sehón y a Og. Pero los cananeos no lo consideraban un «dios de fortaleza» que podía conquistar una ciudad amurallada. La derrota de Jericó demostró que el Dios de Israel no sólo era superior a los dioses de los cananeos, sino que también era invencible.

6.3–5 ¿Por qué le dio el Señor a Josué todas estas instrucciones complicadas para la batalla? Hay varias respuestas posibles: (1) Dios quería asegurar que fuera claro e innegable que la batalla dependería de Él, y no de las armas o destrezas de Israel. Por eso los sacerdotes que llevaban el arca iban delante de los israelitas a la batalla, y no los soldados. (2) El método de Dios de tomar la ciudad aumentó el terror que ya se sentía en Jericó (2.9). (3) Esta extraña maniobra militar fue una prueba de la fe de los israelitas y su disposición a seguir a Dios plenamente. El sonar de las trompetas tenía un significado especial. Ellos habían recibido instrucciones de usar en la batalla las mismas trompetas que usaban en sus festividades religiosas. Esto era para recordarles que su victoria vendría del Señor, no de su poderío militar (Números 10.9).

6.21 ¿Por qué exigió Dios que los israelitas destruyeran a casi todos y todas las cosas en Jericó? Dios estaba aplicando un severo castigo a los cananeos por su maldad. Este juicio, o proscripción, regularmente requería que todo se destruyera (Deuteronomio 12.2, 3; 13.12–18). A causa de sus costumbres perversas y su gran idolatría, los cananeos constituían una fortaleza de rebelión contra Dios. Era necesario arrancar aquella amenaza a la vida recta que Dios requería. Si no, afectaría a todo Israel como un cáncer (como lo fue en la triste historia del libro de Jueces). Sólo se salvaron unas cuantas personas y algunos artículos en Jericó, pero esto fue un caso especial. Rahab y su casa se salvaron porque tuvo fe en Dios y ayudó a los espías israelitas. Se conservaron la plata, el oro y los artículos de bronce y hierro, no para enriquecer a la gente, sino para embellecer el tabernáculo y los servicios del mismo.

El propósito de Dios en todo esto fue mantener sin contaminación la fe y religión del pueblo. No quería que el botín recordara a Israel las costumbres de los cananeos.

Dios desea la pureza en todos nosotros de igual manera. Quiere que arreglemos nuestra conducta cuando comenzamos una nueva vida con Él. No debemos permitir que el deseo de ganancias personales nos distraiga de nuestro propósito espiritual. También debemos rechazar cualquier objeto que nos recuerde una vida de rebelión contra Dios. 

6.26 Esta maldición se cumplió en 1 Reyes 16.34 cuando un hombre llamado Hiel reedificó a Jericó y por lo tanto murieron su primogénito y su hijo menor.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 21 DE Marzo. Lucas 2: 1 – 24.

Capítulo 2

2.1 Lucas es el único escritor de los Evangelios que relaciona los acontecimientos que narra con la historia mundial. Su obra se dirigía especialmente a una audiencia griega, la que estaba interesada y familiarizada con la situación política. Palestina vivía bajo el gobierno del Imperio Romano; Augusto César, el primer emperador romano, estaba a su cargo. Las autoridades romanas consideradas dioses, se erguían en contraste rígido con el bebé del pesebre, que en realidad era Dios hecho carne.

2.1 El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo.

2.3-6 El gobierno forzó a José a recorrer una larga distancia solo para pagar su impuesto. Su prometida, que tenía que ir con él, iba a tener su bebé en cualquier momento. Pero cuando llegaron a Belén, no hallaron lugar donde hospedarse. Cuando hacemos la voluntad de Dios, no tenemos la garantía de que llevaremos una vida cómoda; se nos ha prometido que aun lo incómodo tiene significado en el plan de Dios.

2.4 Dios controla toda la historia. Por el decreto de Augusto César, Jesús nació en el pueblo profetizado (Miqueas 5.2) a pesar de que sus padres no vivían allí.

2.4 José y María eran descendientes del rey David. El Antiguo Testamento está lleno de profecías que anuncian que el Mesías nacería de la línea real de David (véanse, por ejemplo, Isaías 11.1; Jeremías 33.15; Ezequiel 37.24; Oseas 3.5).

2.7 Esta mención del pesebre es la base de la creencia tradicional de que Jesús nació en un establo. A menudo, los establos eran cuevas con depósitos cavados en las paredes rocosas (pesebres) para dar de comer a los animales. A pesar de lo que se dibuja en las tarjetas populares de Navidad, los alrededores eran oscuros y sucios. Esta no era la atmósfera que los judíos esperaban para el nacimiento del Rey Mesías. Pensaban que el Mesías prometido nacería en un ambiente real. No debemos limitar a Dios con nuestras expectativas. Él obra donde se necesita, en la oscuridad del pecado y en lo sucio del mundo.

2.7 Los pañales mantenían a la criatura abrigada y le daban un sentido de seguridad. Creían que debían proteger sus órganos internos. La costumbre de poner pañales a los bebés sigue vigente en algunos países del Medio Oriente.

2.7 Aunque nuestra primera impresión de Jesús es la de un bebé en un pesebre, no debe ser la final. El niño Cristo en el pesebre ofrece una hermosa escena de Navidad, pero no debemos dejarlo allí. Esta pequeña e indefensa criatura tuvo una vida maravillosa, murió por nosotros, ascendió a los cielos y volverá a la tierra como el Rey de reyes. Gobernará el mundo y juzgará a todas las personas de acuerdo a la decisión que hayan tomado acerca de Él. ¿Qué imagen tiene usted de Jesús, la de un bebé en el pesebre o la de su Señor? Asegúrese de no subestimar a Jesús. Permítale crecer en su vida.

2.8 Dios continúa revelando a su Hijo, pero no a los que esperaríamos. Lucas narra que el nacimiento de Jesús se les anunció a los pastores de la región. Estos quizás eran los abastecedores de ovejas para los sacrificios en el templo, ofrecidos para el perdón de los pecados. Los ángeles invitaron a estos pastores a recibir al Cordero de Dios (Juan 1.36) que quitaría los pecados de todo el mundo para siempre.

2.8-15 ¡Qué anuncio de nacimiento! Los pastores se aterrorizaron, pero su temor se convirtió en gozo al recibir de los ángeles el anuncio del nacimiento del Mesías. Primero corrieron a ver a la criatura; luego divulgaron la noticia. Jesús es su Mesías, su Salvador. ¿Procura reunirse con Él cada día mediante la oración y la Palabra? ¿Ha descubierto usted a un Dios tan maravilloso que no puede dejar de testificar de su gozo a sus amigos?

2.9,10 ¡Ya ocurrió el hecho más grande de la historia! ¡El Mesías nació! Por siglos los judíos lo esperaron y cuando al fin sucedió, el anuncio vino a los humildes pastores. Las buenas nuevas acerca de Jesús es que Él va a todos, tanto al rico como al pobre. Llega a cualquiera que tenga corazón humilde y desee aceptarlo. No importa quién sea, ni lo que haga, usted puede tener a Jesús en su vida. No piense que necesita cualidades extraordinarias, Él lo acepta tal como es.

2.11-14 Algunos de los judíos esperaban al Mesías para que los librara del poder romano, otros esperaban que los librara de limitaciones físicas. Pero Jesús, al mismo tiempo que curaba enfermedades y establecía su reino espiritual, los libraba del pecado. Dejó atrás todas sus expectativas. Pagó el precio del pecado y abrió el camino hacia Dios. Él nos ofrece más que cambios superficiales, políticos o físicos. Nos ofrece nuevos corazones que serán nuestros por la eternidad.

2.14 La historia del nacimiento de Jesús resuena con música que ha servido de inspiración a los compositores durante dos mil años. El cántico de los ángeles aún es favorito. A menudo llamado Gloria, es la primera palabra usada en la traducción latina de este verso, la base de obras corales modernas, villancicos tradicionales de Navidad y melodías litúrgicas antiguas.

2.21–24 Las familias judías acostumbraban llevar a cabo ceremonias luego del nacimiento de una criatura. (1) Circuncisión. A cada niño se le circuncidaba y se le ponía nombre después del octavo día de su nacimiento (Levítico 12.3; Lucas 1.59, 60). La circuncisión simbolizaba la separación de judíos y gentiles y su relación especial con Dios (véase nota a 1.59). (2) Redención del primogénito. El hijo primogénito se presentaba un mes después de su nacimiento (Éxodo 13.2, 11–16; Números 18.15, 16). La ceremonia incluía volver a comprar «redimir», el niño de Dios mediante una ofrenda. Además, los padres tenían en mente que el niño pertenecía a Dios, quien es el único que tiene poder para dar vida. (3) Purificación de la madre. Cuarenta días después del nacimiento de un hijo y ochenta días después del nacimiento de una hija, la madre permanecía impura ceremonialmente y no podía entrar al templo. Al final del tiempo de separación, los padres iban y traían un cordero para ofrecerlo y una paloma en ofrenda por el pecado. El sacerdote podía sacrificar estos animales y declarar su pureza. Si un cordero era caro, los padres podían traer una segunda paloma en su lugar. Esto es lo que María y José hicieron.
Jesús era el Hijo de Dios y su familia llevó a cabo estas ceremonias de acuerdo a las leyes de Dios. Él no nació bajo la Ley, en cambio y a pesar de esto, la cumplió a la perfección. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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