LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 22 DE Marzo. Josué 7, 8
El pecado de Acán
7
1Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.
2Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai. 3Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos. 4Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. 5Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.
6Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. 7Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! 8¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? 9Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?
10Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? 11Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. 12Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. 13Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. 14Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones; 15y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.
16Josué, pues, levantándose de mañana, hizo acercar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá. 17Y haciendo acercar a la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; y haciendo luego acercar a la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi. 18Hizo acercar su casa por los varones, y fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá. 19Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. 20Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho. 21Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.
22Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello. 23Y tomándolo de en medio de la tienda, lo trajeron a Josué y a todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehová. 24Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor. 25Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos. 26Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy.
Toma y destrucción de Hai
8
1Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra. 2Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella.
3Entonces se levantaron Josué y toda la gente de guerra, para subir contra Hai; y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales envió de noche. 4Y les mandó, diciendo: Atended, pondréis emboscada a la ciudad detrás de ella; no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos dispuestos. 5Y yo y todo el pueblo que está conmigo nos acercaremos a la ciudad; y cuando salgan ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos. 6Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los alejemos de la ciudad; porque dirán: Huyen de nosotros como la primera vez. Huiremos, pues, delante de ellos. 7Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada y tomaréis la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos. 8Y cuando la hayáis tomado, le prenderéis fuego. Haréis conforme a la palabra de Jehová; mirad que os lo he mandado. 9Entonces Josué los envió; y ellos se fueron a la emboscada, y se pusieron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai; y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo.
10Levantándose Josué muy de mañana, pasó revista al pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai. 11Y toda la gente de guerra que con él estaba, subió y se acercó, y llegaron delante de la ciudad, y acamparon al norte de Hai; y el valle estaba entre él y Hai. 12Y tomó como cinco mil hombres, y los puso en emboscada entre Bet-el y Hai, al occidente de la ciudad. 13Así dispusieron al pueblo: todo el campamento al norte de la ciudad, y su emboscada al occidente de la ciudad, y Josué avanzó aquella noche hasta la mitad del valle. 14Y aconteció que viéndolo el rey de Hai, él y su pueblo se apresuraron y madrugaron; y al tiempo señalado, los hombres de la ciudad salieron al encuentro de Israel para combatir, frente al Arabá, no sabiendo que estaba puesta emboscada a espaldas de la ciudad. 15Entonces Josué y todo Israel se fingieron vencidos y huyeron delante de ellos por el camino del desierto. 16Y todo el pueblo que estaba en Hai se juntó para seguirles; y siguieron a Josué, siendo así alejados de la ciudad. 17Y no quedó hombre en Hai ni en Bet-el, que no saliera tras de Israel; y por seguir a Israel dejaron la ciudad abierta.
18Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía. 19Y levantándose prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prenderle fuego. 20Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que les seguían. 21Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y atacaron a los de Hai. 22Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado, y los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase. 23Pero tomaron vivo al rey de Hai, y lo trajeron a Josué.
24Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada. 25Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai. 26Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai. 27Pero los israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la palabra de Jehová que le había mandado a Josué. 28Y Josué quemó a Hai y la redujo a un montón de escombros, asolada para siempre hasta hoy. 29Y al rey de Hai lo colgó de un madero hasta caer la noche; y cuando el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen a la puerta de la ciudad; y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy.
Lectura de la ley en el monte Ebal
30Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal, 31como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz. 32También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel. 33Y todo Israel, con sus ancianos, oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los extranjeros como los naturales. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel. 34Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. 35No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 22 DE Marzo. Lucas 2: 25 - 52
25Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz,
Conforme a tu palabra;
30 Porque han visto mis ojos tu salvación,
31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
32 Luz para revelación a los gentiles,
Y gloria de tu pueblo Israel.
33Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. 34Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha 35(y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
36Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
El regreso a Nazaret
39Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
El niño Jesús en el templo
41Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; 42y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. 43Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. 44Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; 45pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. 46Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. 47Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. 48Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. 49Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? 50Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. 51Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 22 DE Marzo. Josué 7, 8
Capítulo 7
7.1 «El anatema» se refiere a todas las vestiduras, ganado y otro botín que Dios dijo a Israel que debiera destruir cuando conquistara Jericó (véase 6.16–19). El problema no era que ellos hubieran encontrado un buen uso para algo que de todos modos sería desechado. Se trataba de una seria ofensa dado que habían desafiado una orden explícita del Señor (véase Deuteronomio 20.16–18).
7.1ss Note los resultados del pecado de Acán: (1) muchos hombres murieron (7.5). (2) El ejército de Israel se paralizó de temor (7.5). (3) Josué cuestionó a Dios (7.7–9). (4) Dios amenazó con retirar su presencia del pueblo (7.12). (5) Acán y su familia tenían que ser destruidos (7.24–26).
Cuando Israel eliminó el pecado de su comunidad, estos fueron los resultados: (1) palabras alentadoras de Dios (8.1). (2) La presencia de Dios en la batalla (8.1). (3) La dirección y promesa de victoria por parte de Dios (8.2). (4) El permiso de Dios para guardar el botín y el ganado de la batalla para ellos mismos (8.2). A través de la historia de Israel, hubo bendiciones cuando el pueblo eliminó el pecado. Uno experimenta victoria cuando elimina el pecado de su vida y sigue, de todo corazón, el plan de Dios.
7.6 Josué y los ancianos rompieron sus vestidos y echaron polvo sobre sus cabezas como señales de un luto profundo delante de Dios. Estaban confundidos por la derrota en la pequeña ciudad de Hai después de la victoria espectacular de Jericó. Por lo tanto se presentaron delante de Dios en gran humildad y tristeza para recibir sus instrucciones. Cuando nuestras vidas se desmoronan, nosotros también debemos volvernos a Dios en busca de ayuda y dirección. Como Josué y los ancianos, debemos humillarnos delante de Dios para que podamos oír su Palabra.
7.7 Cuando Josué primero salió contra Hai (7.3), no consultó a Dios sino que dependió de la fuerza de su ejército para derrotar la pequeña ciudad. Sólo después de la derrota de Israel decidió buscar a Dios y preguntarle qué había pasado.
Muchas veces dependemos de nuestras propias habilidades y fuerza, sobre todo cuando la tarea que tenemos parece fácil. Buscamos a Dios sólo cuando los obstáculos parecen demasiado grandes. Sin embargo, sólo Dios sabe lo que tenemos por delante. Una consulta con Él, aun cuando todo nos vaya bien, puede salvarnos de graves errores o malas decisiones. Puede que Dios quiera que aprendamos ciertas lecciones, nos despojemos de cierto orgullo o consultemos a otros antes de trabajar a través nuestro.
7.7-9 Imagínese orar a Dios de esta manera. Esta no es una oración formal de iglesia. Es la oración de un hombre que tiene miedo y está confundido por lo que está sucediendo a su alrededor. Josué le expresó sus verdaderos sentimientos a Dios. Si esconde sus necesidades de Dios, está ignorando al único que realmente le puede ayudar. Dios recibe sus oraciones sinceras y desea que le exprese sus verdaderos sentimientos. Cualquier creyente puede volverse más sincero en la oración al recordar que tenemos un Dios que es omnisciente (todo lo sabe) y omnipotente (todo lo puede) y que su amor dura para siempre.
7.10-12 ¿Por qué trajo castigo sobre toda la nación el pecado de Acán? Aunque fue la falla de un hombre, Dios lo vio como una desobediencia nacional a una ley nacional. Dios exigía que toda la nación se comprometiera a la tarea que había prometido cumplir: conquistar la tierra. Por eso, cuando una persona falló, todos fallaron. Si el pecado de Acán no hubiera sido castigado, se habría desatado un saqueo ilimitado. La nación como entidad colectiva tenía que prevenir esa desobediencia.
El pecado de Acán no fue el simple acto de guardar algo del botín (que Dios permitía en algunos casos), sino la desobediencia al mandato explícito de Dios de destruir todo lo relacionado con Jericó. Su pecado fue la indiferencia a la maldad e idolatría de la ciudad, no simplemente el deseo de tener más dinero. Dios no volvería a proteger al ejército de Israel hasta que se eliminara el pecado y este volviera a obedecerle sin reservas.
Dios no se conforma con que hagamos lo bueno algunas veces. Él desea que todos nosotros hagamos lo bueno siempre. Estamos bajo sus órdenes para eliminar todo pensamiento, práctica o posesión que entorpezca nuestra devoción a Dios.
7.13 «Santificaos» significaba que los israelitas tenían que realizar los ritos de purificación que se mencionan en 3.5, cuando se preparaban para cruzar el Jordán. Tales ritos preparaban al pueblo para acercarse a Dios y les hacían recordar constantemente el pecado de ellos y la santidad de Él.
7.24, 25 Acán subestimó a Dios y no tomó sus mandatos en serio (6.18). Puede haberle parecido insignificante a Acán, pero los efectos de su pecado fueron sentidos por toda la nación, sobre todo su familia. Como Acán, nuestras acciones afectan a más personas, además de nosotros mismos. Cuidado con la tentación de racionalizar sus pecados, con decir que son demasiado pequeños o demasiado personales para afectar a alguien más que a usted.
7.24-26 ¿Por qué pagó toda la familia de Acán por su pecado? La narración bíblica no nos dice si fueron cómplices en el delito. Pero en la antigüedad, se trataba a la familia como una unidad. Acán, como cabeza de la familia, era como un jefe tribal. Si prosperaba, la familia prosperaba con él. Si sufría, ellos también. Muchos israelitas ya habían muerto en la batalla como resultado del pecado de Acán. Este tenía que ser totalmente eliminado del pueblo de Israel.
Toda su familia tenía que ser apedreada junto con él, para que no quedara ninguna huella del pecado en Israel. En nuestra cultura individualista, nos cuesta trabajo entender tal decreto, pero en las culturas antiguas era un castigo usual. El castigo encajaba con el delito: Acán desobedeció el mandato de Dios de destruirlo todo en Jericó, por lo tanto todo lo que le pertenecía a Acán sería destruido. El pecado tiene consecuencias drásticas, así que debemos tomar medidas drásticas para evitarlo.
Capítulo 8
8.1 Ya que Israel había quedado limpio del pecado de Acán, Josué se preparó para volver a atacar a Hai, esta vez para ganar. Josué había aprendido algunas lecciones que podemos seguir en nuestra vida diaria: (1) confiese sus pecados cuando Dios se los revela (7.19–21); (2) cuando caiga en pecado, vuelva a concentrarse en Dios, resuelva el problema y siga adelante (7.22–25; 8.1). Dios desea que el ciclo de pecado, arrepentimiento y perdón nos fortalezca, y no que nos debilite. Las lecciones que aprendemos de nuestros fracasos deben ayudarnos a dominar la misma situación la próxima vez que se presente. Ya que Dios está ansioso de darnos limpieza, perdón y fortaleza, la única manera de perder es darnos por vencidos. Podemos demostrar la clase de persona que somos por la manera en que respondemos la segunda y tercera vez que nos sucede lo mismo.
8.2 ¿Por qué permitió Dios que los israelitas se quedaran esta vez con el botín? Las leyes de Israel para disponer del botín de la guerra cubrían dos situaciones. (1) Las ciudades como Jericó que estaban bajo la proscripción de Dios (juicio por idolatría) no podían ser saqueadas (véase Deuteronomio 20.16–18). El pueblo de Dios tenía que mantenerse santo y separado de toda influencia de idolatría. (2) La distribución del botín de ciudades que no estaban bajo proscripción (anatema) era una costumbre normal en la guerra. Proveía al ejército y a la nación de los alimentos, ganados y armas necesarios para sostenerse en tiempos de guerra. Hai no estaba bajo el «anatema». El ejército conquistador necesitaba los alimentos y el equipo. Ya que no se les pagaba a los soldados, el botín era parte de su incentivo y recompensa por ir a la guerra.
8.3 La conquista de Hai fue muy importante para los israelitas. A sólo casi 18 km de Jericó, Hai era un baluarte clave para los cananeos y una fortaleza para Bet-el (8.12). Si los reyes cananeos recobraban el aliento con una derrota de Israel en Hai, podrían unirse en un ataque coordinado. Ellos no sabían que Dios había restaurado su poder y protección sobre las tropas de Josué. Debemos depender de Dios con total obediencia para estar seguros de la victoria que nos ha prometido.
8.18,19 El Señor entregó la ciudad a Josué. La derrota de ayer se convirtió en la victoria de hoy. Una vez que resolvemos el problema del pecado, nos esperan perdón y victoria más adelante. Con la guía de Dios podemos evitar desanimarnos y ser consumidos por la culpa. No importa cuán difícil parezca recuperarse de un traspié ocasionado por un pecado, debemos renovar nuestros esfuerzos por llevar a cabo la voluntad de Dios.
8.30, 31 El altar debía ser construido de piedras enteras para que no fuera profanado (véase Éxodo 20.25). Esto impediría que la gente adorara al altar como si fuera un ídolo o a la habilidad de los artesanos en lugar de las grandes obras de Dios.
8.32 Lo más probable es que hayan sido los Diez Mandamientos (registrados en Éxodo 20) los que Josué copió en las piedras. Estos eran el fundamento de todas las leyes de Dios, y siguen siendo de relevancia hoy.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 22 DE Lucas 2: 25 – 52
2.28-32 Cuando María y José llevaron a Jesús al templo para dedicarlo a Dios, se encontraron con un anciano que les dijo lo que este niño sería. El cántico de Simeón se le llama a menudo Nunc Dimitis, expresión que viene de las primeras palabras de la traducción latina de este mensaje. Simeón pudo morir en paz porque vio al Mesías.
2.32 Los judíos estaban al tanto de las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de las bendiciones del Mesías a su nación. No siempre daban igual atención a las profecías que anunciaban que no solo salvaría a los judíos, sino a todo el mundo. (véase, por ejemplo, Isaías 49.6). Muchos pensaban que Él vino a salvar solamente a su pueblo. Lucas aseguró a su audiencia judía que Jesús vino a salvar a todo aquel que creyera.
2.33 José y María se maravillaron por tres razones: Simeón dijo que Jesús era un don de Dios; lo reconoció como el Mesías; y agregó que Jesús sería la luz para todo el mundo. Esta era, al menos, la segunda vez que recibían a María con una profecía relacionada con su Hijo; la primera fue cuando Elisabet la recibió como la madre de su Señor (1.42–45).
2.34, 35 Simeón profetizó que Jesús sería una señal paradójica. Algunos caerían por causa de Él (véase Isaías 8.14, 15), mientras que otros se levantarían (véase Malaquías 4.2). Con Jesús no habría una posición neutral, la gente lo aceptaría con alegría o lo rechazaría por completo. Como la madre de Jesús, sufriría debido al rechazo generalizado que Él enfrentaría. Esta es la primera nota triste en el Evangelio de Lucas.
2.36 A pesar de que Simeón y Ana eran muy ancianos, tenían la esperanza de que verían al Mesías. Guiados por el Espíritu Santo, fueron los primeros en testificar de Jesús. En la cultura judía, los ancianos eran muy respetados y las profecías de Simeón y Ana tenían un peso mayor debido a la edad avanzada. Nuestra sociedad, sin embargo, valora más la juventud que la sabiduría y las contribuciones potenciales que provengan de mayores ni se toman en cuenta. Como cristianos, debiéramos invertir dichos valores cuando sea posible. Estimule a los ancianos para que trasmitan su sabiduría y experiencia. Escuche atentamente cuando hablen. Ofrézcales su amistad y ayuda para encontrar vías a fin de que continúen el servicio a Dios.
2.36,37 Ana era llamada profetisa, lo que significa que tuvo un acercamiento a Dios poco común. Los profetas y profetisas no necesariamente predecían el futuro. Su papel principal era hablar de parte de Dios y proclamar su verdad.
2.39 ¿Regresaron María y José de inmediato a Nazaret o permanecieron en Belén por un tiempo (como deja implícito Mateo 2)? Al parecer, hay un vacío de varios años entre los versículos 38 y 39, suficiente para que encontraran casa en Belén, escaparan a Egipto de la ira de Herodes y regresaran a Nazaret cuando la situación fuera segura.
2.40 No sorprende que Jesús demostró más sabiduría de la acostumbrada con su edad, puesto que permaneció en contacto con su Padre celestial. Dios dice, en Santiago 1.5, que está dispuesto a conceder sabiduría en abundancia a los que la piden. Como Jesús, podemos crecer en sabiduría caminando con Dios.
2.41, 42 De acuerdo a las leyes de Dios, a cada hombre se le requería que fuera a Jerusalén tres veces al año para las grandes fiestas (Deuteronomio 16.16). La Pascua se celebraba en la primavera, le seguía de inmediato toda una semana, la Fiesta de los Panes sin Levadura. La Pascua conmemora la noche de la huida de los judíos de Egipto, cuando el ángel del Señor dio muerte a los primogénitos de Egipto y pasó por alto los hogares de los israelitas (Éxodo 12.21–36). La Pascua era la más importante de las tres fiestas anuales.
2.43-45 A los doce años de edad, a Jesús lo consideraron casi un adulto, de ahí que no pasó mucho tiempo con sus padres en la fiesta. Los que asistían a estas festividades, a menudo viajaban en caravanas para protegerse de los asaltos en los caminos de Palestina. Se acostumbraba que mujeres y niños viajaran al frente de la caravana y que los hombres cerraran la marcha. A los doce años, un niño podía participar en cualquiera de los dos grupos y María y José pensaron que Jesús estaba en el grupo del otro. Pero cuando la caravana dejaba Jerusalén, Jesús se quedó cautivado en su discusión con los líderes religiosos.
2.46, 47 La escuela del templo, una clase de seminario, fue famosa a través de Judea. El apóstol Pablo estudió allí bajo la enseñanza de Gamaliel, uno de los maestros más famosos (Hechos 22.3). Durante la Pascua, los más destacados rabinos de la tierra se reunían para enseñar y discutir las grandes verdades. La venida del Mesías, sin duda, era un tópico de discusión popular para todo el mundo que esperaba su pronta aparición. Jesús era lo suficiente maduro como para escuchar y responder preguntas. No era su juventud, sino la profundidad de sus pensamientos lo que asombraba a estos maestros.
2.48 María tuvo que dejar ir a su hijo y permitirle que se convirtiera en un hombre, el Hijo de Dios, el Mesías. Temerosa de no ser lo bastante cuidadosa con el niño que Dios le dio, lo buscó desesperada. Pero ella buscaba a un niño, no al joven que sorprendía a los líderes religiosos con sus preguntas. Es difícil dejar ir a personas o proyectos que hemos forjado. Es tierno y doloroso a la vez ver a nuestros hijos convertidos en adultos, nuestros alumnos en profesores, nuestros subordinados en jefes, nuestras inspiraciones en instituciones. Pero cuando llega el tiempo en que debemos dejar ir, hay que hacerlo a pesar de nuestro dolor. Luego nuestros protegidos pueden ejercitar sus alas, y alzar el vuelo y elevarse al Dios altísimo destinado para ellos.
2.49,50 Esta es la primera insinuación de que Jesús era el Hijo de Dios. Sin embargo, a pesar de dar a entender que conocía a su verdadero Padre, Jesús no rechazaba sus padres terrenales. Volvió a Nazaret con María y José y vivió bajo su autoridad por otros dieciocho años. El pueblo de Dios no desprecia las relaciones humanas ni las responsabilidades familiares. Si el Hijo de Dios, Jesucristo, obedeció a sus padres humanos, ¡cuánto más nosotros debiéramos honrar a los miembros de nuestra familia! El ser enviado para trabajar en la obra de Dios no justifica la negligencia con la familia.
2.50 Los padres de Jesús no entendieron lo que quiso decir cuando hablaba de la casa de su Padre. No dedujeron que hacía una distinción entre su padre terrenal y su Padre celestial. A pesar de que sabían que Él era Hijo de Dios, no entendían qué involucraba su misión. La otra parte es que lo debían criar junto con sus hermanos (Mateo 13.55, 56) como un niño normal. Sabían que era especial, pero desconocían qué tenía Él en mente.
2.52 La Biblia no narra ningún acontecimiento en los próximos dieciocho años en la vida de Jesús, pero Él aprendía y maduraba. Como el mayor en una familia numerosa, ayudó a José en la carpintería. Tal vez José murió en este lapso; dejando en manos de Jesús la responsabilidad de cuidar a la familia. Las rutinas normales de su vida cotidiana le dieron una comprensión sólida de la gente de Judea.
2.52 El segundo capítulo de Lucas nos muestra que aunque Jesús era especial, tuvo una niñez y una juventud normales. En términos de desarrollo, era como nosotros. Creció física y mentalmente, se relacionó con otros y Dios le amó. Una vida humana íntegra no está desequilibrada. Fue importante para Jesús, y debiera serlo para todos los creyentes, desarrollar armoniosamente cada uno de estos campos básicos: físico, mental, social y espiritual. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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