Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE Marzo. Deuteronomio 17, 18, 19

17

1No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala, pues es abominación a Jehová tu Dios.

2Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, 3que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; 4y te fuere dado aviso, y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; 5entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán. 6Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo. 7La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti.

8Cuando alguna cosa te fuere difícil en el juicio, entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de derecho legal y otra, y entre una clase de herida y otra, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantarás y recurrirás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; 9y vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y preguntarás; y ellos te enseñarán la sentencia del juicio. 10Y harás según la sentencia que te indiquen los del lugar que Jehová escogiere, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifiesten. 11Según la ley que te enseñen, y según el juicio que te digan, harás; no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te declaren. 12Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel. 13Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerá.

 Instrucciones acerca de un rey

14Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; 15ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. 16Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. 17Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. 18Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; 19y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; 20para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

 Las porciones de los levitas

18

1Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán. 2No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; Jehová es su heredad, como él les ha dicho. 3Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey o cordero: darán al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar. 4Las primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás; 5porque le ha escogido Jehová tu Dios de entre todas tus tribus, para que esté para administrar en el nombre de Jehová, él y sus hijos para siempre.

6Y cuando saliere un levita de alguna de tus ciudades de entre todo Israel, donde hubiere vivido, y viniere con todo el deseo de su alma al lugar que Jehová escogiere, 7ministrará en el nombre de Jehová su Dios como todos sus hermanos los levitas que estuvieren allí delante de Jehová. 8Igual ración a la de los otros comerá, además de sus patrimonios.

 Amonestación contra costumbres paganas

9Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. 10No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 11ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. 12Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. 13Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. 14Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.

 Dios promete un profeta como Moisés

15Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; 16conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. 17Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. 18Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 19Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. 20El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. 21Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; 22si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.

 Las ciudades de refugio

(Nm. 35.9–28)

19

1Cuando Jehová tu Dios destruya a las naciones cuya tierra Jehová tu Dios te da a ti, y tú las heredes, y habites en sus ciudades, y en sus casas; 2te apartarás tres ciudades en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas. 3Arreglarás los caminos, y dividirás en tres partes la tierra que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida huya allí.

4Y este es el caso del homicida que huirá allí, y vivirá: aquel que hiriere a su prójimo sin intención y sin haber tenido enemistad con él anteriormente; 5como el que fuere con su prójimo al monte a cortar leña, y al dar su mano el golpe con el hacha para cortar algún leño, saltare el hierro del cabo, y diere contra su prójimo y éste muriere; aquél huirá a una de estas ciudades, y vivirá; 6no sea que el vengador de la sangre, enfurecido, persiga al homicida, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado a muerte por cuanto no tenía enemistad con su prójimo anteriormente. 7Por tanto yo te mando, diciendo: Separarás tres ciudades. 8Y si Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres, 9siempre y cuando guardares todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra; que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los días; entonces añadirás tres ciudades más a estas tres, 10para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y no seas culpado de derramamiento de sangre.

11Pero si hubiere alguno que aborreciere a su prójimo y lo acechare, y se levantare contra él y lo hiriere de muerte, y muriere; si huyere a alguna de estas ciudades, 12entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera. 13No le compadecerás; y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien.

14En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu Dios te da, no reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo, que fijaron los antiguos.

 Leyes sobre el testimonio

15No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación. 16Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él, 17entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. 18Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, 19entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. 20Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti. 21Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE Marzo.. Marcos 14: 1 – 25

El complot para prender a Jesús

(Mt. 26.1–5; Lc. 22.1–2; Jn. 11.45–53)

14

1Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. 2Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto del pueblo.

 Jesús es ungido en Betania

(Mt. 26.6–13; Jn. 12.1–8)

3Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. 4Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? 5Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. 6Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. 7Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. 8Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. 9De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

 Judas ofrece entregar a Jesús

(Mt. 26.14–16; Lc. 22.3–6)

10Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. 11Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.

 Institución de la Cena del Señor

(Mt. 26.17–29; Lc. 22.7–23; Jn. 13.21–30; 1 Co. 11.23–26)

12El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? 13Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, 14y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 15Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. 16Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.

17Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. 18Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. 19Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? 20El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. 21A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, más ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

22Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. 23Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. 24Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. 25De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE Marzo. Deuteronomio 17, 18, 19

Capítulo 17

17.1 El hecho de que se haya incluido este mandato indica que algunos israelitas estaban sacrificando a Dios animales imperfectos o deformes. En ese entonces, como ahora, es difícil y caro ofrecer a Dios lo mejor (por ejemplo, la primera parte de lo que ganamos). Siempre resulta tentador engañar a Dios, porque creemos que no seremos sorprendidos. Pero nuestras ofrendas muestran nuestras verdaderas prioridades. Cuando damos a Dios las sobras, obviamente Él no está en el centro de nuestra vida. Dé a Dios el honor de ser el primero en recibir su ofrenda, su tiempo y sus talentos.

17.6, 7 No se condenaría a muerte a nadie con el testimonio de un solo testigo. Por el testimonio de dos o tres, una persona podía ser condenada y luego sentenciada a muerte por apedreamiento. El condenado era llevado a las afueras de las puertas de la ciudad y los testigos eran los primeros en lanzarle piedras pesadas. Luego los espectadores apedrearían a la persona agonizante. Este sistema quitaría el mal al llevar a la muerte al idólatra. Al mismo tiempo, protegía de dos maneras los derechos de la persona denunciada. Primero, la necesidad de que existieran varios testigos evitaba que un individuo enojado diera «falso testimonio». Segundo, al requerir que el acusador lanzara las primeras piedras, lo hacía pensar dos veces en la acusación injustificada. Eran responsables de terminar lo que habían comenzado.

17.14–20 Dios no estaba alentando a Israel para que designara un rey que gobernara la nación. En realidad, Dios estaba en contra de esta idea ya que Él era su rey y el pueblo tenía que obedecerlo y seguirlo. Pero Dios sabía que por razones egoístas, algún día el pueblo le pediría un rey. Querrían ser como las naciones vecinas (1 Samuel 8). Si insistían en tener un rey, Él quería asegurarse de que escogieran a la persona correcta para ese puesto. Esta es la razón de que incluyera estas instrucciones tanto para el beneficio del pueblo cuando eligiera un rey, como para el propio rey cuando procurara guiar a la nación de acuerdo con las leyes de Dios.

17.16, 17 Los reyes de Israel no hicieron caso de esta advertencia y su conducta los llevó a su caída. El rey Salomón lo tenía todo para sí, pero cuando se volvió rico, cuando levantó un gran ejército y cuando se casó con muchas esposas, su corazón le dio la espalda a Dios. Por el pecado de Salomón sobrevinieron la desobediencia, la división y el cautiverio de Israel.

17.18–20 El rey tenía que ser un hombre apegado a la Palabra de Dios. Tenía que (1) hacer una copia de la ley para su uso personal, (2) mantenerla a la mano todo el tiempo, (3) leerla todos los días y (4) obedecerla completamente. Por medio de este proceso aprendería el respeto a Dios, evitaría sentirse más importante que los demás y prevendría un rechazo a Dios una vez que estuviera en tiempos de prosperidad. No podemos saber lo que Dios quiere a menos que leamos su Palabra, y su Palabra no impactará nuestras vidas a menos que la leamos y reflexionemos en ella con regularidad. Actualmente, con la gran disponibilidad de Escrituras, no es difícil tener acceso a la fuente de la sabiduría del rey. Lo que sí representa un reto es seguir lo que Dios demandó del rey.

Capítulo 18

18.1–8 Los sacerdotes y los levitas tenían muy parecida función a la de nuestros ministros hoy día. Sus deberes incluían (1) enseñar acerca de Dios al pueblo, (2) ser un ejemplo de una vida santa, (3) cuidar el santuario y sus obreros y (4) distribuir las ofrendas. Ya que los sacerdotes no podían ser dueños de una propiedad ni aspirar siquiera a mantener negocios fuera de su función sacerdotal, Dios hizo un arreglo especial para que la gente no se aprovechara de ellos. A menudo las iglesias se aprovechan de los hombres y mujeres que Dios ha enviado para que los guíen. Por ejemplo, quizá a los pastores no se les pague de acuerdo con sus habilidades o por el tiempo que dedican. O a lo mejor se espera que asistan a cada reunión nocturna, aun cuando esta ausencia continua pueda dañar a sus familias. Cuando usted observa su propia iglesia a la luz de la Palabra de Dios, ¿de qué forma puede honrar a los líderes que Dios le ha dado?

18.10 El sacrificio de niños y el ocultismo estaban completamente prohibidos por Dios. Estas prácticas eran comunes en las religiones paganas. Los propios vecinos de Israel sacrificaban a sus hijos al dios Moloc (Levítico 20.2–5). Otras religiones vecinas empleaban los medios sobrenaturales, tales como magia y la comunicación con el mundo de los espíritus, para predecir el futuro y obtener dirección. Debido a estas prácticas inicuas Dios habría de expulsar a las naciones paganas (18.12). Los israelitas iban a sustituir esas prácticas inicuas con la adoración al único Dios verdadero.

18.10-13 Los israelitas tenían curiosidad por las prácticas ocultas de las religiones cananeas. Pero Satanás está detrás de lo oculto, y Dios claramente prohibió a Israel que tuvieran algo que ver con él. Actualmente, los horóscopos, los agoreros, la brujería y los cultos extraños siguen fascinando a la gente. Por lo general su interés viene de un deseo de conocer y controlar el futuro. Pero Satanás no es menos peligroso ahora que en los días de Moisés. En la Biblia, Dios nos dice todo lo que tenemos que saber acerca de lo que va a suceder. La información que Satanás ofrece probablemente está distorsionada o es completamente falsa. Con la guía confiable del Espíritu Santo por medio de las Escrituras y la iglesia, no necesitamos acudir a fuentes ocultas para obtener información equivocada acerca de nuestro futuro.

18.15 ¿Quién es este profeta? Esteban empleó este versículo para apoyar su afirmación de que Jesucristo es realmente el Hijo de Dios, el Mesías (Hechos 7.37). La venida de Jesucristo a la tierra no fue una idea de último momento, sino parte del plan original de Dios.

18.21, 22 Como en los días del antiguo Israel, actualmente muchas personas aseveran que tienen mensajes de Dios. Dios todavía sigue hablando a su pueblo, pero debemos ser cautelosos antes de decir que Dios ha hablado por medio de un profeta. ¿Cómo podemos saber que un profeta está hablando por Dios? (1) Podemos observar si sus profecías se cumplen o no; la prueba antigua para juzgar a los profetas. (2) Podemos confrontar sus palabras con las Escrituras. Dios nunca se contradice, así que si alguien dice algo contrario a la Biblia, podemos saber que esa no es Palabra de Dios.

Capítulo 19

19.2, 3 Las ciudades de refugio hubieran sido ineficaces si los caminos que llevaban a ellas hubieran estado en mal estado. Por eso a los israelitas se les ordenó que construyeran buenos caminos. Muchos de los que venían a las ciudades literalmente corrían para salvar sus vidas. Un camino en buen estado hacía toda la diferencia entre la vida y la muerte. Requería mantenimiento continuo, ya que eran caminos de tierra que fácilmente podían ser arrastrados por el agua, cubiertos de arena, o atravesados por surcos profundos. No sólo era importante iniciar este sistema de justicia, sino también proporcionar los medios necesarios para mantenerlo.

19.2–7 Cada sociedad debe lidiar con el problema de homicidio. Pero ¿cómo debiera tratar la sociedad a aquellos que inocente o accidentalmente hayan matado a alguno? Dios tenía una respuesta para los israelitas. Como la venganza era común y rápida en los días de Moisés, Dios hizo que los israelitas apartasen varias «ciudades de refugio». Cualquiera que declarase haber dado muerte accidental a alguna persona podía huir a una de estas ciudades hasta poder tener un juicio justo. Si era hallado inocente de muerte intencional, podía permanecer en dicha ciudad y estar a salvo de los que buscaban venganza. Este es un bello ejemplo de cómo Dios combinaba su justicia y misericordia para con su pueblo. 

19.12 El «vengador de la sangre» era el pariente varón más cercano de la persona asesinada. Actuaba como protector de la familia (véase Números 35.19).

19.21 Estos principios eran para uso de los jueces, no para ejecutar un plan de venganza personal. Esta actitud hacia el castigo puede parecer primitiva, pero realmente era un punto de penetración para la justicia y la imparcialidad en estos tiempos antiguos cuando la mayoría de las naciones empleaba métodos arbitrarios para castigar a los criminales. Estas guías reflejan un interés por la imparcialidad y la justicia, asegurando que aquellos que violaban la ley no fueran castigados con mayor severidad de lo que merecía su crimen en particular. Del mismo modo, un testigo falso recibía el mismo castigo que hubiera recibido el acusado. El principio de que el castigo debe ser proporcional al crimen debe seguir observándose en la actualidad.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE Marzo. Marcos 14: 1 – 25

Capítulo 14

14.1 La Pascua conmemoraba la noche en que los israelitas fueron liberados de Egipto (Éxodo 12), cuando Dios «pasó por encima de las casas» donde había marcas de sangre del cordero y en cambio mató a todos los primogénitos de las casas donde no poseían la señal. Al día de la Pascua le seguía una celebración de siete días llamada Fiesta de los Panes sin Levadura. También recordaba la salida apresurada de los israelitas de Egipto, cuando ni siquiera tuvieron tiempo de dejar que el pan leudara y tuvieron que hornearlo sin levadura. Durante estas fiestas judías la gente se reunía para comer cordero, vino, hierbas amargas y pan sin levadura. Con el tiempo toda la semana llegó a llamarse Pascua, por la cercanía de ambas fiestas.
14.1 Los líderes judíos planearon matar a Jesús. Su muerte se ideó con cuidado. La opinión popular no se había vuelto en contra de Jesús. Al contrario, los líderes temían su popularidad.

14.3 Betania está localizada en la ladera este del Monte de los Olivos (Jerusalén está en el lado oeste). Era la aldea donde vivían Lázaro, María y Marta, los amigos de Jesús, también presentes en la comida (Juan 11.2). La mujer que ungió los pies de Jesús fue María, la hermana de Lázaro y Marta (Juan 12.1–3). El alabastro era una vasija hermosa y cara. El nardo era un perfume costoso.
14.3–9 Mateo y Marcos ubican estos acontecimientos un poco antes de la institución de la Santa Cena, mientras que Juan los pone en la semana anterior, antes de la Entrada Triunfal. Debe recordarse que el propósito principal de los escritores de los Evangelios no fue presentar un relato cronológico exacto de la vida de Cristo, sino hacer un recuento confiable de sus mensajes. Mateo y Marcos parece que eligieron este lugar para ubicar el hecho a fin de contrastar la devoción de María con la traición de Judas, suceso que sigue en ambos Evangelios.

14.4, 5 Donde Marcos dice «algunos que se enojaron», Juan específicamente menciona a Judas (Juan 12.4). La indignación de Judas por el acto de adoración de María no la motivó el interés en los pobres, sino la avaricia. Como era el tesorero del ministerio de Jesús y robaba de los fondos (Juan 12.6), es evidente que lo que quería era que ese perfume se hubiera vendido y el producto se hubiera puesto bajo su cuidado.

14.6, 7 Jesús no dijo que no debíamos ocuparnos de los pobres, ni justificó la indiferencia hacia ellos. (Si desea más información de las enseñanzas de Jesús acerca de la pobreza, véanse Mateo 6.2–4; Lucas 6.20, 21; 14.13, 21; 18.22.) Alabó a María por su acto de adoración exento de todo egoísmo. La esencia de la adoración a Cristo es presentarle nuestro más grande amor, respeto y devoción y estar dispuestos a sacrificar ante Él lo que nos sea más preciado.

14.10 ¿Por qué Judas traicionó a Jesús? Judas, como los demás discípulos, esperaba que Jesús iniciara una rebelión política contra Roma. Como tesorero, Judas sin dudas imaginó (como lo hicieron los otros discípulos, véase 10.35–37) que se le daría una importante posición en el nuevo gobierno de Jesús. Pero cuando Jesús alabó a María por ungirlo con el perfume, pensó que aquello era como el salario de un año, se dio cuenta que el reino de Jesús no era ni físico ni político, sino espiritual. La ambición de Judas por el dinero y por las posiciones no podrían lograrse siguiendo a Jesús, y por eso lo traicionó por dinero y por conseguir el favor de los líderes religiosos.

14.13 Los dos enviados fueron Pedro y Juan (Lucas 22.8).

14.14,15 Muchas casas tenían habitaciones espaciosas en el piso superior, a veces con escaleras interiores y exteriores. La preparación para la Pascua sin duda comprendió el arreglo de la mesa, comprar y preparar el cordero pascual, los panes sin levadura, las especias aromáticas y otra comida y bebida ceremonial.

14.19 Judas, el que traicionaría a Jesús, estaba sentado a la mesa con los otros. Ya había decidido traicionar a Jesús, pero con increíble e hipócrita sangre fría participó de la camaradería de esta cena. Es fácil sentirse ofendido y furioso por lo que Judas hizo, pero cuando nos comprometemos con Jesús y después lo negamos con nuestras vidas, también lo traicionamos. Negamos la verdad de Cristo cuando llevamos una vida distinta a la que Él nos enseñó a vivir. Negamos el amor de Cristo cuando no lo obedecemos. Y también negamos su Deidad al rechazar su autoridad. ¿Concuerdan nuestras palabras con nuestros hechos? Si no, procuremos un cambio de actitud que nos libre de cometer errores lamentables.

14.20 La práctica de comer de un mismo plato era frecuente. La carne, el pan y las especias, que por lo general provenían de frutas, se tomaban de un mismo plato.

14.22–25 Marcos narra el origen de la Cena del Señor, también llamada Comunión o Eucaristía (Acción de gracias), la cual todavía se celebra en cultos de adoración. Jesús y sus discípulos comieron la cena, cantaron salmos, leyeron las Escrituras y oraron. Luego, Jesús tomó dos partes de la cena de Pascua tradicional, partir el pan y beber el vino, y les dio un nuevo significado: estos simbolizarían su cuerpo y su sangre. Se valió del pan y del vino para explicar la importancia de lo que haría en la cruz. Si desea más información acerca de la importancia de la Última Cena, véase 1 Corintios 11.23–29.

14.24 La muerte de Jesús por nosotros en la cruz selló un nuevo pacto entre Dios y la humanidad. El antiguo pacto comprendía perdón de pecados a través de la sangre de un animal sacrificado (Éxodo 24.6–8). Pero, en lugar del cordero sin defecto que se ponía en el altar, Jesús el Cordero de Dios se ofreció en sacrificio para perdonar los pecados de una vez y para siempre. Jesús fue el sacrificio final por los pecados y su sangre selló el nuevo pacto entre Dios y nosotros. Ahora, todos podemos acercarnos a Dios mediante Jesús, con la más absoluta confianza de que Él nos oirá y nos salvará de nuestros pecados. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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