LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 3 DE Marzo.. Números 30, 31
Ley de los votos
30
1Habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado. 2Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca. 3Mas la mujer, cuando hiciere voto a Jehová, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su juventud; 4si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare a ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. 5Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y Jehová la perdonará, por cuanto su padre se lo vedó. 6Pero si fuere casada e hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma; 7si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será. 8Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y Jehová la perdonará. 9Pero todo voto de viuda o repudiada, con que ligare su alma, será firme. 10Y si hubiere hecho voto en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de juramento, 11si su marido oyó, y calló a ello y no le vedó, entonces todos sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. 12Mas si su marido los anuló el día que los oyó, todo lo que salió de sus labios cuanto a sus votos, y cuanto a la obligación de su alma, será nulo; su marido los anuló, y Jehová la perdonará. 13Todo voto, y todo juramento obligándose a afligir el alma, su marido lo confirmará, o su marido lo anulará. 14Pero si su marido callare a ello de día en día, entonces confirmó todos sus votos, y todas las obligaciones que están sobre ella; los confirmó, por cuanto calló a ello el día que lo oyó. 15Mas si los anulare después de haberlos oído, entonces él llevará el pecado de ella.
16Estas son las ordenanzas que Jehová mandó a Moisés entre el varón y su mujer, y entre el padre y su hija durante su juventud en casa de su padre.
Venganza de Israel contra Madián
31
1Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas; después serás recogido a tu pueblo. 3Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová en Madián. 4Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel, enviaréis a la guerra. 5Así fueron dados de los millares de Israel, mil por cada tribu, doce mil en pie de guerra. 6Y Moisés los envió a la guerra; mil de cada tribu envió; y Finees hijo del sacerdote Eleazar fue a la guerra con los vasos del santuario, y con las trompetas en su mano para tocar. 7Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. 8Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también a Balaam hijo de Beor mataron a espada. 9Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes, 10e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones. 11Y tomaron todo el despojo, y todo el botín, así de hombres como de bestias. 12Y trajeron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a la congregación de los hijos de Israel, los cautivos y el botín y los despojos al campamento, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán frente a Jericó.
13Y salieron Moisés y el sacerdote Eleazar, y todos los príncipes de la congregación, a recibirlos fuera del campamento. 14Y se enojó Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra, 15y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres? 16He aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová. 17Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. 18Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida. 19Y vosotros, cualquiera que haya dado muerte a persona, y cualquiera que haya tocado muerto, permaneced fuera del campamento siete días, y os purificaréis al tercer día y al séptimo, vosotros y vuestros cautivos. 20Asimismo purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelo de cabra, y todo utensilio de madera.
Repartición del botín
21Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha mandado a Moisés: 22Ciertamente el oro y la plata, el bronce, hierro, estaño y plomo, 23todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse; y haréis pasar por agua todo lo que no resiste el fuego. 24Además lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campamento.
25Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 26Toma la cuenta del botín que se ha hecho, así de las personas como de las bestias, tú y el sacerdote Eleazar, y los jefes de los padres de la congregación; 27y partirás por mitades el botín entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y toda la congregación. 28Y apartarás para Jehová el tributo de los hombres de guerra que salieron a la guerra; de quinientos, uno, así de las personas como de los bueyes, de los asnos y de las ovejas. 29De la mitad de ellos lo tomarás; y darás al sacerdote Eleazar la ofrenda de Jehová. 30Y de la mitad perteneciente a los hijos de Israel tomarás uno de cada cincuenta de las personas, de los bueyes, de los asnos, de las ovejas y de todo animal, y los darás a los levitas, que tienen la guarda del tabernáculo de Jehová. 31E hicieron Moisés y el sacerdote Eleazar como Jehová mandó a Moisés.
32Y fue el botín, el resto del botín que tomaron los hombres de guerra, seiscientas setenta y cinco mil ovejas, 33setenta y dos mil bueyes, 34y sesenta y un mil asnos. 35En cuanto a personas, de mujeres que no habían conocido varón, eran por todas treinta y dos mil. 36Y la mitad, la parte de los que habían salido a la guerra, fue el número de trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas; 37y el tributo de las ovejas para Jehová fue seiscientas setenta y cinco. 38De los bueyes, treinta y seis mil; y de ellos el tributo para Jehová, setenta y dos. 39De los asnos, treinta mil quinientos; y de ellos el tributo para Jehová, sesenta y uno. 40Y de las personas, dieciséis mil; y de ellas el tributo para Jehová, treinta y dos personas. 41Y dio Moisés el tributo, para ofrenda elevada a Jehová, al sacerdote Eleazar, como Jehová lo mandó a Moisés.
42Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó Moisés de los hombres que habían ido a la guerra 43(la mitad para la congregación fue: de las ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas; 44de los bueyes, treinta y seis mil; 45de los asnos, treinta mil quinientos; 46y de las personas, dieciséis mil); 47de la mitad, pues, para los hijos de Israel, tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las personas como de los animales, y los dio a los levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés.
48Vinieron a Moisés los jefes de los millares de aquel ejército, los jefes de millares y de centenas, 49y dijeron a Moisés: Tus siervos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha faltado de nosotros. 50Por lo cual hemos ofrecido a Jehová ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, alhajas de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos y cadenas, para hacer expiación por nuestras almas delante de Jehová. 51Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos, alhajas, todas elaboradas. 52Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron a Jehová los jefes de millares y de centenas fue dieciséis mil setecientos cincuenta siclos. 53Los hombres del ejército habían tomado botín cada uno para sí. 54Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar el oro de los jefes de millares y de centenas, y lo trajeron al tabernáculo de reunión, por memoria de los hijos de Israel delante de Jehová. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 3 DE Marzo.. Marcos 9: 30 – 50
Jesús anuncia otra vez su muerte
(Mt. 17.22–23; Lc. 9.43–45)
30Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 31Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. 32Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.
¿Quién es el mayor?
(Mt. 18.1–5; Lc. 9.46–48)
33Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. 35Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: 37El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.
El que no es contra nosotros, por nosotros es
(Lc. 9.49–50)
38Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. 39Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. 40Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
Ocasiones de caer
(Mt. 18.6–9; Lc. 17.1–2)
42Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. 43Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 49Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros. Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 3 DE Marzo. Números 30, 31
Capítulo 30
30.1, 2 Moisés recordó al pueblo que las promesas hechas a Dios y a otros tenían que mantenerse. En los tiempos antiguos, la gente no firmaba contratos por escrito. La palabra de una persona era tan valiosa como una firma. Para hacer que un voto fuera más obligatorio, se daba una ofrenda junto con él. Nadie era forzado por ley a hacer un voto; pero una vez que se hacía, se tenía que cumplir. El romper un voto significaba una confianza perdida y una relación rota. La confianza todavía sigue siendo la base de nuestras relaciones con Dios y con los demás. Así que una promesa rota en la actualidad, es igualmente dañina como lo era en los días de Moisés.
30.3-8 Bajo la ley israelita, los padres podían invalidar el voto de los hijos. Esto beneficiaba a los jóvenes ya que evitaba que hicieran promesas necias o compromisos costosos. De esta ley se desprende un principio importante tanto para los padres como para los hijos: los jóvenes que aún viven en casa con sus padres deben buscar su ayuda al tomar decisiones. La experiencia de un padre puede salvar a un hijo de cometer un error grave. Sin embargo, los padres deben ejercer su autoridad y responsabilidad espirituales para guiar a sus hijos con cautela y gracia. Ellos también deberían permitir que sus hijos aprendan de sus propios errores mientras lo protegen de situaciones desastrosas.
Capítulo 31
31.1ss Los madianitas eran un pueblo nómada que descendían de Abraham y de su segunda esposa, Cetura. La tierra de Madián quedaba al sur de Canaán, pero grandes grupos de madianitas vagaban a muchas millas de distancia de su tierra natal en busca de pastizales para sus rebaños. Uno de esos grupos estaba cerca de la tierra prometida cuando llegaron los israelitas. Cuando Moisés huyó de Egipto (Éxodo 2), se refugió en la tierra de Madián. Su esposa y su suegro eran madianitas. Pero a pesar de esta alianza, los israelitas y los madianitas fueron siempre grandes enemigos.
31.14–16 Por ser los madianitas los responsables de inducir a Israel a adorar a Baal, Dios ordenó que Israel los destruyese (25.16–18). Pero Israel llevó cautivas a las mujeres, en lugar de matarlas, probablemente porque les resultaba tentador el estilo de vida pecaminoso de los madianitas. Cuando descubrimos pecado en nuestras vidas, debemos tratar con él de manera total. Cuando los israelitas entraron después a la tierra prometida, su actitud de indiferencia ante el pecado fue la que a la larga los llevó a la ruina. Moisés trató con el pecado rápida y completamente. Cuando Dios señala pecado, obre rápidamente para remover el pecado de su vida.
31.16 La historia de Balaam (22.1–24.25), tomada por separado, nos llevaría a creer que Balaam era un hombre honesto y santo. Pero aquí está la primera de muchas evidencias bíblicas que indican que Balaam no era el hombre santo que aparentaba ser. Si desea más información sobre Balaam véanse las notas a 22.9 y 25.1–3 y el perfil de Balaam en el capítulo 22.
31.25-30 Moisés dijo a los israelitas que dieran una porción del botín de la guerra a Dios. Otra porción era para la parte del pueblo que se había quedado atrás. De la misma manera, el dinero que ganamos no es sólo nuestro. Todo lo que poseemos proviene directa o indirectamente de Dios y finalmente le pertenece a Él. Debemos regresar una porción a Él («tributo») y además compartir lo que se nos ha dado con aquellos que lo necesitan.
31.48-50 Después de un conteo de todos sus hombres, los oficiales descubrieron que ni un solo soldado se había perdido en la batalla. Inmediatamente, agradecieron a Dios. Después de pasar por momentos difíciles, debemos estar listos para agradecer a Dios por lo que no se perdió así como por lo que se ganó.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 3 DE Marzo. Marcos 9: 30 – 50
9.30,31 A veces Jesús limitaba su ministerio público en preparar bien a sus discípulos. Reconocía la importancia de equiparlos para que siguieran adelante cuando Él regresara al cielo. Toma tiempo aprender. El crecimiento espiritual profundo no se consigue en un instante, no importa la calidad de la experiencia ni la enseñanza. Si los discípulos necesitaban periódicamente separarse del trabajo para aprender del Maestro, cuánto más nosotros necesitamos alternar el trabajo con el aprendizaje.
9.30,31 Al salir de Cesarea de Filipo, Jesús inició su último recorrido a través de la región de Galilea.
9.32 ¿Por qué los discípulos temían preguntar a Jesús acerca de su muerte? Quizás porque los amonestaron la última vez que reaccionaron ante las palabras de Jesús (8.32, 33). Para ellos, Jesús estaba obsesionado con la muerte. Pero la verdad era que los discípulos estaban mal orientados, pues no hacían más que pensar en el reino que creían que Jesús fundaría y en las posiciones que ocuparían en el mismo. Les preocupaba lo que les ocurriría si Jesús moría y, por consiguiente, preferían no hablar de sus profecías.
9.34 A los discípulos los sorprendieron en sus constantes discusiones acerca de logros personales y los conminaron a contestar la pregunta de Jesús. Es siempre doloroso comparar nuestros motivos con los de Cristo. No es malo que los creyentes tengan aspiraciones ni que sean laboriosos, pero es pecado tener aspiraciones inapropiadas. El orgullo o la inseguridad pueden llevarnos a valorar más la posición o el prestigio que el servicio. En el Reino de Dios, tales motivos son destructivos. Debemos luchar por el Reino de Cristo y no para nuestro beneficio.
9.36,37 Jesús enseñó a sus discípulos a recibir a los niños. Esto fue algo nuevo en una sociedad donde los niños por lo general se trataban como ciudadanos de segunda clase. Es importante no solo tratar bien a los niños, sino enseñarles acerca de Jesús. La Escuela Dominical para niños nunca debe considerarse menos importante que el estudio bíblico de los adultos.
9.38 Más preocupados por la posición en su grupo que por liberar a los atormentados por los demonios, los discípulos sintieron celos de un hombre que sanaba en el nombre de Jesús. Hoy en día, muchas veces hacemos lo mismo al no participar en causas dignas porque: (1) no son miembros de nuestra denominación, (2) no se relacionan con la clase de gente con la que nos sentiríamos bien, (3) no hacen las cosas como nosotros las haríamos, (4) nuestros esfuerzos no reciben suficiente reconocimiento. La buena teología es importante, pero eso nunca será excusa para evitar ayudar a los que padecen necesidad.
9.40 Jesús no dice que ser indiferente o neutral respecto a Él es tan bueno como entregarnos a Él. Como lo explicó en Mateo 12.30: «El que no es conmigo, contra mí es». No obstante, sus seguidores no se parecerían ni pertenecerían al mismo grupo. La gente que está del mismo lado que Jesús posee la misma meta de edificar el Reino de Dios y no debería permitir que sus diferencias interfieran en alcanzar la meta. Jesús enseñó que gente muy diversa le seguiría y haría obras en su nombre. Todos los que tienen fe en Cristo están en condiciones de cooperar. La gente no tiene que ser igual a nosotros para seguir a Jesús.
9.41, 42 Lucas 9.48 enseña que nuestra preocupación por otros es la medida de nuestra grandeza. A los ojos de Jesús, quienquiera que reciba a un niño recibe a Jesús; dar un vaso de agua a alguien en necesidad es lo mismo que dar una ofrenda a Dios. Por contraste, causar daño a otros o no interesarnos en los demás es pecado. Es posible que descuidados y egoístas logren un grado de grandeza a los ojos del mundo, pero la grandeza permanente solo se mide por las normas de Dios. ¿Qué usamos como medida de grandeza: realización personal o servicio desinteresado?
9.42 Esta advertencia contra causar daño a los pequeñitos en la fe se aplica tanto a lo que hacemos personalmente como maestros y ejemplos como a lo que permitimos en nuestro compañerismo cristiano. Nuestros pensamientos y acciones deben motivarlos el amor (1 Corintios 13) y debemos ser cuidadosos cuando de juzgar a otros se trata (Mateo 7.1–5; Romanos 14.1–15.4). Sin embargo, tenemos el deber de enfrentar los pecados flagrantes en la iglesia (1 Corintios 5.12, 13).
9.43ss Jesús usó un lenguaje bastante fuerte para ilustrar la importancia de quitar el pecado de nuestras vidas. La disciplina que duele es necesaria en los verdaderos seguidores. Ceder a una relación, trabajo o hábito contrario a la voluntad de Dios pudiera ser tan doloroso como cortarse una mano. Nuestra meta máxima, sin embargo, vale todo sacrificio, Cristo es más importante que cualquier pérdida. Nada debe interponerse en el camino de la fe. Debemos ser despiadados en remover el pecado de nuestras vidas para evitar sufrir por toda la eternidad. Hagamos nuestra decisión desde una perspectiva eterna.
9.48,49 Con estas extrañas palabras, Jesús quiso señalar las consecuencias serias y eternas del pecado. Para los judíos, gusanos y fuego representaban los dolores internos y externos. ¿Qué sería peor?
9.50 Jesús usó la sal para ilustrar tres cualidades que deben hallarse en la vida de su pueblo: (1) Deberíamos recordar siempre la fidelidad de Dios; la sal se usaba en los sacrificios para recordar el pacto de Dios con su pueblo (Levítico 2.13). (2) Deberíamos ser eficaces en sazonar el mundo en que vivimos, así como la sal lo es en dar sabor a la comida (véase Mateo 5.13). (3) Deberíamos neutralizar la moral decadente de la sociedad, así como la sal preserva los alimentos de la descomposición. Cuando perdemos el deseo de «dar sabor» a la tierra con el amor y el mensaje de Dios, nos volvemos inservibles para Él. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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