LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 4 DE Marzo.. Números: 32, 33
Rubén y Gad se establecen al oriente del Jordán
(Dt. 3.12–22)
32
1Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy inmensa muchedumbre de ganado; y vieron la tierra de Jazer y de Galaad, y les pareció el país lugar de ganado. 2Vinieron, pues, los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a los príncipes de la congregación, diciendo: 3Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale, Sebam, Nebo y Beón, 4la tierra que Jehová hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado. 5Por tanto, dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el Jordán.
6Y respondió Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: ¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí? 7¿Y por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado Jehová? 8Así hicieron vuestros padres, cuando los envié desde Cades-barnea para que viesen la tierra. 9Subieron hasta el torrente de Escol, y después que vieron la tierra, desalentaron a los hijos de Israel para que no viniesen a la tierra que Jehová les había dado. 10Y la ira de Jehová se encendió entonces, y juró diciendo: 11No verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí; 12excepto Caleb hijo de Jefone cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Jehová. 13Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Jehová. 14Y he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún a la ira de Jehová contra Israel. 15Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
16Entonces ellos vinieron a Moisés y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños; 17y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en ciudades fortificadas a causa de los moradores del país. 18No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad. 19Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad a este otro lado del Jordán al oriente. 20Entonces les respondió Moisés: Si lo hacéis así, si os disponéis para ir delante de Jehová a la guerra, 21y todos vosotros pasáis armados el Jordán delante de Jehová, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí, 22y sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Jehová, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová. 23Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará. 24Edificaos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha declarado vuestra boca. 25Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Rubén a Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado. 26Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros ganados y todas nuestras bestias, estarán ahí en las ciudades de Galaad; 27y tus siervos, armados todos para la guerra, pasarán delante de Jehová a la guerra, de la manera que mi señor dice.
28Entonces les encomendó Moisés al sacerdote Eleazar, y a Josué hijo de Nun, y a los príncipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel. 29Y les dijo Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén pasan con vosotros el Jordán, armados todos para la guerra delante de Jehová, luego que el país sea sojuzgado delante de vosotros, les daréis la tierra de Galaad en posesión; 30mas si no pasan armados con vosotros, entonces tendrán posesión entre vosotros, en la tierra de Canaán. 31Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron diciendo: Haremos lo que Jehová ha dicho a tus siervos. 32Nosotros pasaremos armados delante de Jehová a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será a este lado del Jordán.
33Así Moisés dio a los hijos de Gad, a los hijos de Rubén, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sehón rey amorreo y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciudades y sus territorios, las ciudades del país alrededor. 34Y los hijos de Gad edificaron Dibón, Atarot, Aroer, 35Atarot-sofán, Jazer, Jogbeha, 36Bet-nimra y Bet-arán, ciudades fortificadas; hicieron también majadas para ovejas. 37Y los hijos de Rubén edificaron Hesbón, Eleale, Quiriataim, 38Nebo, Baal-meón (mudados los nombres) y Sibma; y pusieron nombres a las ciudades que edificaron. 39Y los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad, y la tomaron, y echaron al amorreo que estaba en ella. 40Y Moisés dio Galaad a Maquir hijo de Manasés, el cual habitó en ella. 41También Jair hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, y les puso por nombre Havot-jair. 42Asimismo Noba fue y tomó Kenat y sus aldeas, y lo llamó Noba, conforme a su nombre.
Jornadas de Israel desde Egipto hasta el Jordán
33
1Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón. 2Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Jehová. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo a sus salidas. 3De Ramesés salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios, 4mientras enterraban los egipcios a los que Jehová había herido de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Jehová juicios contra sus dioses.
5Salieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés, y acamparon en Sucot. 6Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al confín del desierto. 7Salieron de Etam y volvieron sobre Pi-hahirot, que está delante de Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol. 8Salieron de Pi-hahirot y pasaron por en medio del mar al desierto, y anduvieron tres días de camino por el desierto de Etam, y acamparon en Mara. 9Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí. 10Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo. 11Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin. 12Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca. 13Salieron de Dofca y acamparon en Alús. 14Salieron de Alús y acamparon en Refidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber. 15Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí. 16Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot-hataava. 17Salieron de Kibrot-hataava y acamparon en Hazerot. 18Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma. 19Salieron de Ritma y acamparon en Rimón-peres. 20Salieron de Rimón-peres y acamparon en Libna. 21Salieron de Libna y acamparon en Rissa. 22Salieron de Rissa y acamparon en Ceelata. 23Salieron de Ceelata y acamparon en el monte de Sefer. 24Salieron del monte de Sefer y acamparon en Harada. 25Salieron de Harada y acamparon en Macelot. 26Salieron de Macelot y acamparon en Tahat. 27Salieron de Tahat y acamparon en Tara. 28Salieron de Tara y acamparon en Mitca. 29Salieron de Mitca y acamparon en Hasmona. 30Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot. 31Salieron de Moserot y acamparon en Bene-jaacán. 32Salieron de Bene-jaacán y acamparon en el monte de Gidgad. 33Salieron del monte de Gidgad y acamparon en Jotbata. 34Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona. 35Salieron de Abrona y acamparon en Ezión-geber. 36Salieron de Ezión-geber y acamparon en el desierto de Zin, que es Cades. 37Y salieron de Cades y acamparon en el monte de Hor, en la extremidad del país de Edom.
38Y subió el sacerdote Aarón al monte de Hor, conforme al dicho de Jehová, y allí murió a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes. 39Era Aarón de edad de ciento veintitrés años, cuando murió en el monte de Hor.
40Y el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Neguev en la tierra de Canaán, oyó que habían venido los hijos de Israel.
41Y salieron del monte de Hor y acamparon en Zalmona. 42Salieron de Zalmona y acamparon en Punón. 43Salieron de Punón y acamparon en Obot. 44Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab. 45Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibón-gad. 46Salieron de Dibón-gad y acamparon en Almón-diblataim. 47Salieron de Almón-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, delante de Nebo. 48Salieron de los montes de Abarim y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 49Finalmente acamparon junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.
Límites y repartición de Canaán
50Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 51Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, 52echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos; 53y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad. 54Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; a los muchos daréis mucho por herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le cayere la suerte, allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis. 55Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis. 56Además, haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 4 DE Marzo.. Marcos: 10: 1 – 31.
Jesús enseña sobre el divorcio
(Mt. 19.1–12; Lc. 16.18)
10
1Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.
2Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. 3El, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? 4Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. 5Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. 7Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, 8y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. 9Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
10En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, 11y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 12y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.
Jesús bendice a los niños
(Mt. 19.13–15; Lc. 18.15–17)
13Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
El joven rico
(Mt. 19.16–30; Lc. 18.18–30)
17Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. 28Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. 29Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 4 DE Marzo. Números: 32, 33
Capítulo 32
32.1ss Tres tribus (Rubén, Gad, y la mitad de la tribu de Manasés) querían vivir al este del río Jordán (área al oriente del Jordán) en la tierra que ya habían conquistado. Moisés asumió de inmediato que tenían motivos egoístas y trataban de evitar ayudar a los demás a pelear por la tierra que estaba del otro lado del río. Pero Moisés sacó una conclusión equivocada. Al tratar con la gente, debemos indagar en todos los detalles antes de arribar a una conclusión. No debemos suponer automáticamente que sus motivos son equivocados, aun si sus planes suenan sospechosos.
32.16 Un redil sencillo constaba de cuatro paredes de piedra construidas toscamente, lo suficientemente altas para mantener alejados a los animales salvajes. Algunas veces la parte superior de la pared tenía espinas para desalentar a los depredadores o a los ladrones. La única entrada del redil servía para que el pastor guardara su rebaño con facilidad. A menudo varios pastores utilizaban el mismo redil y se turnaban para montar guardia en la entrada. El mezclar los animales no representaba ningún problema ya que cada rebaño respondía prontamente a la voz de su propio pastor. Las tres tribus que decidieron quedarse del lado este del Jordán querían construir rediles para proteger a sus rebaños y ciudades para proteger a sus familias antes de que los hombres cruzaran el río para ayudar al resto de las tribus a conquistar la tierra prometida.
32.16-19 La tierra que quedaba del lado este del Jordán había sido conquistada. Este arduo trabajo había sido realizado por todas las tribus juntas. Pero las tribus de Rubén y Gad y la mitad de la tribu de Manasés no se detuvieron después de que la tierra fue despejada. Prometieron continuar trabajando con los demás hasta que fuera conquistada la tierra de todos. Después que los demás lo han ayudado, ¿encuentra usted pretextos para no ayudarlos? Termine completamente el trabajo, aun cuando esas partes no lo beneficien a usted directamente.
Capítulo 33
33.1ss Observe el mapa que está en la introducción del libro de Números para ver los viajes de los israelitas.
33.2 Moisés registra los desplazamientos de los israelitas conforme Dios los instruyó. Pero quizá su intención fue la de registrar su progreso espiritual más que su avance geográfico. ¿Ha tenido usted algún progreso espiritual últimamente? Una ayuda valiosa para el progreso espiritual puede ser el registrar sus pensamientos acerca de Dios y algunas lecciones que haya aprendido durante algún tiempo especial. Un registro de su peregrinaje espiritual que lo llevará a verificar su progreso y a evitar repetir los errores cometidos.
33.4 Dios «había hecho juicios contra sus dioses» al enviarles las plagas.
33.50–53 Dios le dijo a Moisés que antes de que los israelitas se establecieran en la tierra prometida, tendrían que expulsar a toda la gente malvada y destruir sus ídolos. En Colosenses 3, Pablo nos alienta para que vivamos una vida cristiana de la misma manera, despojándonos de nuestro viejo estilo de vida y avanzando a nuestro nuevo estilo de vida de obediencia a Dios y fe en Jesucristo. Al igual que los israelitas cuando marcharon a la tierra prometida, podemos destruir la maldad que hay en nuestras vidas o podemos establecernos y vivir con ella. Para marchar y poseer la nueva vida debemos expulsar todos nuestros hábitos pecaminosos que nos impedirían entrar a ella.
33.50–56 ¿Por qué se les dijo a los israelitas que destruyeran al pueblo que vivía en Canaán? Dios tenía algunas razones para dar este mandamiento: (1) Dios estaba erradicando la maldad de una nación extremadamente pecaminosa. Los cananeos acarrearon su propio castigo. La idolatría era la práctica exterior de los más profundos y malvados deseos, puesto que finalmente los llevó a la adoración de Satanás y el rechazo total a Dios. (2) Dios estaba utilizando a Moisés y a Israel para juzgar a Canaán por sus pecados como cumplimiento de la profecía en Génesis 9.25. (3) Dios quería quitar toda huella de las creencias y prácticas paganas en la tierra. No quería que su pueblo se mezclara o se comprometiera de ninguna manera con la idolatría. Tenemos que obedecer la Palabra de Dios sin cuestionar porque sabemos que es justa, aun cuando no podamos entender completamente sus propósitos generales. Los israelitas no entendieron del todo las razones de Dios y no cumplieron su mandamiento. Esto a la larga los comprometió y se corrompieron. Debemos obedecer la Palabra de Dios en todas las áreas de la vida, sin cuestionarla, pues sabemos que Él es justo, aunque no comprendamos del todo sus propósitos.
33.55 Si usted no hace el trabajo correctamente la primera vez, a menudo será más difícil conseguirlo. Dios prometió que si los israelitas no expulsaban a los residentes malvados de la tierra prometida, más tarde llegarían a ser una fuente de gran irritación. Esto fue exactamente lo que sucedió. Del mismo modo que los israelitas dudaron de expulsar a la gente malvada, a veces dudamos de limpiar todo el pecado de nuestra vida, ya sea porque tenemos miedo de él (al igual que los israelitas temían a los gigantes), o porque parece ser inofensivo y atractivo (como parecía ser para los israelitas el pecado sexual). Pero Hebreos 12.1, 2 nos dice que expulsemos aquellos pecados que se nos enredan en los pies y nos hacen caer. Todos tenemos un «ídolo» que no queremos abandonar (un mal hábito, relaciones malsanas, cierto estilo de vida). Si permitimos que estos ídolos permanezcan en nuestra vida, más tarde nos causarán serios problemas.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 4 DE Marzo. Marcos 10: 1 – 31.
Capítulo 10
10.2 Los fariseos intentaban atrapar a Jesús con sus preguntas. Si Jesús decía que defendía el divorcio, apoyaba la conducta de los fariseos y estos dudaban que hiciera tal cosa. Si hablaba en contra del divorcio, las multitudes no estarían de acuerdo con esa posición. Y lo que es más importante, provocaría la cólera del rey Herodes, quien dio muerte a Juan el Bautista por hablar en contra del divorcio y del adulterio (6.17–28). Esto era lo que los fariseos querían.
Los fariseos veían el divorcio como un asunto legal más que espiritual. Jesús aprovechó la oportunidad para hablar del propósito de Dios en cuanto al matrimonio y exponer los motivos egoístas de los fariseos. No les interesaba lo que Dios quería que fuera el matrimonio, sino que se casaban por conveniencia. Además, citaban a Moisés de mala fe y fuera de contexto. Jesús mostró cuán superficial era el conocimiento de esos legalistas.
10.5–9 Dios permitió el divorcio como una concesión ante la pecaminosidad de la gente. No aprobaba, pero lo instituyó para proteger al inocente en medio de una mala situación. Es lamentable que los fariseos usaran Deuteronomio 24.1 como una excusa para el divorcio. Jesús explicó que esta no fue la intención de Dios; por el contrario, Dios quería que la gente que se casaba considerara su matrimonio como algo permanente. No vayamos al matrimonio pensando que siempre está la opción del divorcio, sino comprometidos a permanecer.
Tendremos una mejor posibilidad de que nuestro matrimonio resulte. No seamos duros de corazón como los fariseos, hagámonos el firme propósito, con la ayuda de Dios, de permanecer juntos.
10.6, 9 Las mujeres se trataban como objetos. El matrimonio y el divorcio se consideraban como una transacción similar a comprar o vender tierra. Pero Jesús condenó esta práctica y aclaró la intención original de Dios: que el matrimonio produjera unidad (Génesis 2.24). Jesús dignificó el ideal de Dios en cuanto al matrimonio y dijo a sus seguidores que vivieran de acuerdo con él.
10.13–16 A menudo se criticaba mucho a Jesús por pasar demasiado tiempo con cierto tipo de personas: niños, recaudadores de impuestos, pecadores (Mateo 9.11; Lucas 15.1, 2; 19.7). Algunos, incluso los discípulos, pensaban que Jesús debía pasar más tiempo con los líderes importantes y con la gente devota, porque era la mejor manera de mejorar su posición y evitar críticas. Pero Jesús no necesitaba mejorar su posición. Era Dios y anhelaba hablar con los más necesitados.
10.14 Los adultos no son tan confiados como los niños. Todo lo que los niños necesitan para sentirse seguros es una mirada de amor y un toque afectuoso de alguien que se ocupe de ellos. No requieren una completa comprensión intelectual. Nos creerán si confían en nosotros. Jesús dijo que todos debemos creer en Él con esta clase de fe infantil. No necesitamos entender todos los misterios del universo; será suficiente saber que Dios nos ama y nos ha perdonado de nuestros pecados. Esto no significa que debemos ser niños inmaduros, sino que debemos confiar en Dios con la sencillez y pureza de un niño.
10.17–23 Este joven quería estar seguro de poseer la vida eterna y por eso preguntó cómo lograrla. Dijo que jamás quebrantó ni siquiera una de las leyes que Jesús le mencionó (10.19), y tal vez guardaba hasta la versión llena de pretextos de los fariseos. Pero Jesús, lleno de amor, irrumpió a través del orgullo del joven con un desafío a que expusiera sus verdaderos motivos: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres». Aquí estaba la barrera que podía mantener a aquel joven fuera del Reino: su amor al dinero. El dinero representaba su orgullo, el éxito logrado y la autosuficiencia. Es irónico, pero su actitud lo incapacitaba para guardar el primer mandamiento de no permitir que nada llegara a ser más importante que Dios (Éxodo 20.3). No pudo cumplir el requerimiento que Jesús le hizo: entregar corazón y vida a Dios. El joven se acercó a Jesús deseando saber qué hacer; y se fue viendo lo que era incapaz de hacer. ¿Qué barreras le impiden entregar su vida a Cristo?
10.18 Cuando Jesús le hizo esta pregunta, en realidad le decía: «¿Sabes con quién hablas?» Como solo Dios es en verdad bueno, el joven llamaba a Jesús «Dios». Por supuesto, esto era correcto, pero él no se dio cuenta de ello.
10.21 ¿Qué significa para usted su dinero? Aunque Jesús le dijo a este joven que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres, no denota que Jesús pide a todos los creyentes que vendan sus posesiones. La mayoría de sus seguidores no lo vendieron todo, pero usaron sus posesiones para bendición de otros. En cambio, esta historia nos muestra que no debemos permitir que haya algo que nos frene a seguir a Jesús. Debemos quitar toda barrera que nos impida servir a Dios en forma plena. Si Jesús le pidiera su casa, ¿se la daría? ¿Y el automóvil? ¿Y su nivel de ingresos? ¿Su posición en la escalera de la promoción? Su reacción mostrará su actitud hacia el dinero, si es su servidor o su amo.
10.21 Jesús manifestó un amor verdadero hacia este hombre, aun sabiendo que no le seguiría. El amor verdadero es capaz de dar una clara advertencia; no se anda por las ramas respecto a la verdad. Cristo nos amó tanto que murió por nosotros, pero sigue dando claras advertencias. Si su amor fuera superficial, nos aprobaría en todo; pero como su amor es completo, nos presenta retos de cambios en nuestra vida.
10.23 Jesús dijo que era muy difícil para un rico entrar en el Reino de Dios, porque el rico tiene todas sus necesidades básicas resueltas y llega a confiar demasiado en sí mismo. Cuando se sienten vacíos, compran cualquier cosa para suavizar el dolor que pudo haberles llevado hacia Dios. Su abundancia llega a ser su pobreza. La persona que tiene todo lo que quiere en esta tierra puede carecer de lo más importante: la vida eterna.
10.26 Los discípulos estaban asombrados. ¿No son las riquezas bendiciones de Dios, recompensas por ser uno bueno? Aun hoy en día este falso concepto es muy común. Aunque muchos creyentes gozan de gran prosperidad material, otros tantos viven en dura necesidad. Las riquezas no prueban que uno tiene fe, ni parcialidad de Dios.
10.29,30 Jesús aseguró a sus discípulos que cualquiera que diera algo de valor por su causa sería recompensado cien veces más en esta vida, aunque no necesariamente de la misma forma. Por ejemplo, si la familia de alguien lo rechaza por aceptar a Cristo, ganará una familia de creyentes más grande. Junto con estas recompensas, sin embargo, recibimos persecución porque el mundo odia a Dios. Jesús enfatizó la persecución para asegurarse que no lo siguiéramos por egoísmo, solo pensando en las recompensas.
10.31 Jesús dijo que en el mundo venidero, los valores serán a la inversa. Los que buscan posiciones e importancia aquí en la tierra, no la tendrán en el cielo. Los que son humildes serán grandes en el cielo. La condición corrupta de nuestra sociedad alienta la confusión en los valores. Nos bombardean mensajes que nos dicen cómo ser importantes y sentirnos bien, y las enseñanzas de Jesús en cuanto a servir a otros parecen extrañas. Sin embargo, los que sirven a los demás están mejor calificados para ser grandes en el reino de los cielos. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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