LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 13 DE FEBRERO. Levítico 15, 16, 17.
Impurezas físicas
15
1Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando tuviere flujo de semen, será inmundo. 3Y esta será su inmundicia en su flujo: sea que su cuerpo destiló a causa de su flujo, o que deje de destilar a causa de su flujo, él será inmundo. 4Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo, será inmunda; y toda cosa sobre que se sentare, inmunda será. 5Y cualquiera que tocare su cama lavará sus vestidos; se lavará también a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la noche. 6Y el que se sentare sobre aquello en que se hubiere sentado el que tiene flujo, lavará sus vestidos, se lavará también a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la noche. 7Asimismo el que tocare el cuerpo del que tiene flujo, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche. 8Y si el que tiene flujo escupiere sobre el limpio, éste lavará sus vestidos, y después de haberse lavado con agua, será inmundo hasta la noche. 9Y toda montura sobre que cabalgare el que tuviere flujo será inmunda. 10Cualquiera que tocare cualquiera cosa que haya estado debajo de él, será inmundo hasta la noche; y el que la llevare, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la noche. 11Y todo aquel a quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche. 12La vasija de barro que tocare el que tiene flujo será quebrada, y toda vasija de madera será lavada con agua.
13Cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, contará siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en aguas corrientes, y será limpio. 14Y el octavo día tomará dos tórtolas o dos palominos, y vendrá delante de Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión, y los dará al sacerdote; 15y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y el sacerdote le purificará de su flujo delante de Jehová.
16Cuando el hombre tuviere emisión de semen, lavará en agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche. 17Y toda vestidura, o toda piel sobre la cual cayere la emisión del semen, se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche. 18Y cuando un hombre yaciere con una mujer y tuviere emisión de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la noche.
19Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche. 20Todo aquello sobre que ella se acostare mientras estuviere separada, será inmundo; también todo aquello sobre que se sentare será inmundo. 21Y cualquiera que tocare su cama, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la noche. 22También cualquiera que tocare cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado, lavará sus vestidos; se lavará luego a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la noche. 23Y lo que estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se hubiere sentado, el que lo tocare será inmundo hasta la noche. 24Si alguno durmiere con ella, y su menstruo fuere sobre él, será inmundo por siete días; y toda cama sobre que durmiere, será inmunda.
25Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre, todo el tiempo de su flujo será inmunda como en los días de su costumbre. 26Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será inmundo, como la impureza de su costumbre. 27Cualquiera que tocare esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche. 28Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia. 29Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión; 30y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su impureza.
31Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin de que no mueran por sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos.
32Esta es la ley para el que tiene flujo, y para el que tiene emisión de semen, viniendo a ser inmundo a causa de ello; 33y para la que padece su costumbre, y para el que tuviere flujo, sea varón o mujer, y para el hombre que durmiere con mujer inmunda.
El día de la expiación
16
1Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron. 2Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. 3Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto. 4Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua. 5Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.
6Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. 7Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. 8Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. 9Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. 10Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.
11Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo. 12Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. 13Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera. 14Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. 15Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. 16Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas. 17Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel. 18Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor. 19Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.
20Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; 21y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
23Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí. 24Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo. 25Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado. 26El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento. 27Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol. 28El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.
29Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. 31Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. 32Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. 33Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. 34Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.
El santuario único
17
1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová: 3Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o cabra, en el campamento o fuera de él, 4y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado el tal varón de entre su pueblo, 5a fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, para que los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paz a Jehová. 6Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión, y quemará la grosura en olor grato a Jehová. 7Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado; tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades.
8Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre vosotros, que ofreciere holocausto o sacrificio, 9y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para hacerlo a Jehová, el tal varón será igualmente cortado de su pueblo.
Prohibición de comer la sangre
10Si cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo. 11Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona. 12Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre. 13Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra.
14Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. 15Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia. 16Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 13 DE FEBRERO. Mateo 27: 1 – 31
27
1Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. 2Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
Muerte de Judas
3Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, 4diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! 5Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. 6Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. 7Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. 8Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. 9Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; 10y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.
Pilato interroga a Jesús
(Mr. 15.2–5; Lc. 23.3–5; Jn. 18.33–38)
11Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
Jesús sentenciado a muerte
(Mr. 15.6–20; Lc. 23.13–25; Jn. 18.38—19.16)
15Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
24Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
27Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 13 DE FEBRERO. Levítico 15, 16, 17.
Capítulo 15
15.18 Este versículo no implica que el sexo sea sucio o repugnante. Dios creó el sexo, tanto para el placer de las parejas casadas, como para la continuación de la raza y del pacto. Todo debe verse y hacerse con los ojos puestos en el amor y control de Dios. El sexo no está separado de la espiritualidad ni del cuidado de Dios. Dios está interesado en nuestros hábitos sexuales. Tendemos a separar nuestras vidas físicas y espirituales, pero existe un entrelazamiento inseparable. Dios debe ser el Señor de todo nuestro ser, incluyendo nuestras vidas privadas.
15.32, 33 Dios está preocupado por la salud, la dignidad de la persona, la dignidad del cuerpo y la dignidad de la experiencia sexual. Sus mandamientos hacen un llamado a la gente para que evite las prácticas insanas y fomente las sanas. El baño era la respuesta física de salud; ser purificado o limpiado era la respuesta espiritual de dignidad. Esto muestra el gran interés de Dios en el sexo y en la sexualidad. En nuestros días, el sexo ha sido degradado por la publicidad; se ha convertido en algo de dominio público, no en una celebración privada. Se nos pide que tengamos el sexo en alta estima, tanto para la buena salud como para la pureza.
Capítulo 16
16.1ss Para Israel, el Día de la Expiación era el día más grande del año. La palabra hebrea para expiación significaba «cubrir». Los sacrificios del Antiguo Testamento realmente no podían quitar los pecados, sólo los cubrían. En este día, el pueblo confesaba sus pecados como nación y el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo para hacer expiación por ellos. Se realizaban sacrificios y se derramaba sangre para que así pudieran ser «cubiertos» los pecados del pueblo. El sacrificio de Cristo en la cruz daría a toda persona la oportunidad de librarse para siempre del pecado en su vida.
16.1–25 Aarón tenía que pasar horas preparándose para estar delante de Dios. Pero nosotros nos podemos acercar a Dios en cualquier momento (Hebreos 4.16). ¡Qué privilegio! ¡Se nos ha ofrecido un acceso más fácil a Dios que el que se daba a los sumos sacerdotes de los tiempos del Antiguo Testamento! Aun así, nunca debemos olvidar que Dios es santo ni permitir que este privilegio nos haga acercarnos a Dios descuidadamente. El camino a Dios fue abierto para nosotros por medio de Cristo. Pero el fácil acceso a Dios no elimina nuestra necesidad de preparar nuestros corazones cuando nos acercamos a Él en oración.
16.5–28 Este suceso con los dos machos cabríos ocurría el Día de la Expiación. Los dos chivos representaban las dos formas en las que Dios estaba tratando con el pecado de los israelitas: (1) a través del primer chivo, el que era sacrificado, estaba perdonando su pecado, y (2) a través del segundo chivo, el expiatorio, que era enviado al desierto, estaba quitando su culpa. Este mismo ritual tenía que repetirse cada año. La muerte de Jesucristo reemplazó a este sistema de una vez y para siempre. Nuestros pecados pueden ser perdonados y nuestra culpa quitada si ponemos nuestra confianza en Cristo (Hebreos 10.1–18).
16.12 Un incensario era un plato o un tazón plano que colgaba de una cadena o era sujetado de unas tenazas. Dentro del incensario se colocaba el incienso (una combinación de especies de olor dulce) y carbón encendido del altar. En el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo llevando un incensario humeante. El humo lo protegía del arca del pacto y de la presencia de Dios, de otra manera hubiera muerto. Es posible que, además, el incienso haya tenido un propósito muy práctico. El aroma dulce atraía la atención del pueblo a los sacrificios matutinos y vespertinos y ayudaba a cubrir los olores desagradables que a veces había.
Capítulo 17
17.1ss A veces, a los capítulos 17 al 26 se les llama «el código de santidad» porque se centra en lo que significa vivir una vida santa. El versículo central es 19.2: «Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios».
17.3–9 ¿Por qué se les prohibía a los israelitas sacrificar fuera del área del tabernáculo? Dios había establecido horas y lugares específicos para los sacrificios, y cada ocasión estaba impregnada de simbolismo. Si el pueblo sacrificaba por su cuenta, podría muy fácilmente añadir o quitar cosas de las leyes de Dios para que el sacrificio concordara con su propio estilo de vida. Muchas religiones paganas permitían que cada sacerdote en particular estableciera sus propias reglas; la orden de Dios ayudaba a los israelitas a resistir la tentación de seguir el patrón pagano. Cuando los israelitas cayeron en la idolatría, fue porque «cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jueces 17.6).
17.7 En la antigüedad, particularmente en Egipto, de donde los israelitas acababan de escapar, los ídolos de machos cabríos (llamados también demonios) eran objeto de adoración y sacrificio. Dios no quería que el pueblo hiciera este tipo de sacrificio ni en el desierto ni en la tierra prometida hacia donde se dirigía.
17.11-14 ¿Cómo actúa la sangre en la expiación por el pecado? Cuando se ofrecía el sacrificio con la actitud correcta, este y la sangre que derramaba hacían posible el perdón del pecado. Por una parte, la sangre representaba la vida del pecador, infectada por su pecado y encaminada a la muerte. Por otro lado, la sangre representaba la vida inocente del animal que era sacrificado en lugar del culpable que hacía la ofrenda. La muerte del animal (de la que era prueba la sangre) satisfacía la pena de muerte. Entonces Dios concedía el perdón al pecador. Es Dios el que perdona, basado en la fe de la persona que ofrece el sacrificio.
17.14 ¿Por qué estaba prohibido comer o beber la sangre? La prohibición de comer sangre nos lleva hasta Noé (Génesis 9.4). Dios prohibió beber o comer sangre por varias razones: (1) Para desalentar las prácticas paganas. Israel tenía que ser separado y distinto de las naciones paganas que lo rodeaban. Comer sangre era una práctica común entre los paganos. A menudo se hacía con la esperanza de obtener las características del animal muerto (fuerza, velocidad, etc.). Para tener fuerzas, el pueblo de Dios debía confiar en Él, no en el consumo de sangre. (2) Preservar el simbolismo del sacrificio. La sangre simbolizaba la vida del animal que era sacrificado en lugar del pecador. Beberla cambiaría el simbolismo del castigo sacrificial y destruiría la evidencia del sacrificio. (3) Proteger al pueblo de infecciones, ya que muchas enfermedades mortales se transmiten a través de la sangre. Los judíos tomaban seriamente esta prohibición, por eso fue que se sintieron tan incómodos cuando Jesús les habló de beber su sangre (véase Juan 6.53–56). Jesús, sin embargo, como Dios mismo y como el último sacrificio requerido jamás por los pecados, les estaba pidiendo a los creyentes que se identificaran con Él completamente. Dios quiere que tomemos su vida dentro de nosotros y quiere también participar en nuestras vidas.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 13 DE FEBRERO. Mateo 27: 1 – 31.
Capítulo 27
27.1,2 Los líderes religiosos tenían que persuadir a los gobernantes romanos a que sentenciaran a Jesús a muerte porque ellos no tenían la autoridad para hacerlo. Los romanos habían quitado a los líderes religiosos la autoridad para aplicar la pena capital. Políticamente, esto les parecía mejor a los líderes religiosos a pesar de todo, más aún tratándose de responsabilizarse de la muerte de Jesús. Querían que la responsabilidad recayera sobre los romanos de manera que la gente no les echara la culpa a ellos. Habían arrestado a Jesús basándose en el terreno teológico: blasfemia; pero tomando en cuenta que este cargo no tendría validez en el tribunal romano, tenían que buscar una razón política para dar muerte a Jesús. Su estrategia tendría que consistir en presentar a Jesús como rebelde, aquel que pretendía ser Dios y más importante que el César.
27.2 Pilato era el gobernante romano para la región de Samaria y Judea a partir del 26–36 d.C. Jerusalén estaba localizada en Judea. Pilato halló sumo placer al demostrar a los judíos su autoridad al hacer cosas como tomar el dinero del templo para construir un acueducto. No era popular pero los líderes religiosos no tenían otro camino para quitarse a Jesús de encima, tenían que ir necesariamente a Pilato. Qué ironía, cuando Jesús, un judío, vino ante Pilato para ser enjuiciado, este lo halló inocente. No pudo hallar ni una falta en Jesús, tampoco pudo inventarla.
27.3, 4 El acusador formal de Jesús quiso retirar los cargos, pero los líderes religiosos no quisieron detener el juicio. Cuando traicionó a Jesús, Judas quizá estaba tratando de forzarlo a encabezar una revuelta contra Roma. Esto, por supuesto no resultó. Cualquiera que haya sido la razón, Judas cambió de opinión, pero muy tarde. Los planes que ponemos en acción muchas veces no podemos detenerlos. Es mejor pensar primero en las consecuencias potenciales que después tener que lamentarse.
27.4 La tarea de los sacerdotes era enseñar acerca de Dios y servir de intercesores, ayudando con los sacrificios que se ofrecían para cubrir los pecados. Judas se enfrentó a los sacerdotes y exclamó que había pecado. En lugar de ayudarlo a que hallara perdón, los sacerdotes le dijeron: «Eso es problema tuyo». No sólo habían rechazado al Mesías, sino que también habían rechazado su función como sacerdotes.
27.5 En este pasaje dice que Judas «fue y se ahorcó». Hechos 1.18, sin embargo, dice que «cayendo de cabeza, se reventó por la mitad y todas sus entrañas se derramaron». La mejor explicación es que la rama del árbol de la que colgaba se rompió y como resultado cayó y se reventó.
27.6 A los principales sacerdotes no les daba nada el haber dado dinero a Judas para que traicionara a un inocente, pero cuando Judas devolvió el dinero no quisieron aceptarlo porque estaba prohibido recibir dinero de manos de un homicida. Su odio por Jesús les había hecho perder todo sentido de justicia.
27.9, 10 Esta profecía se halla en Zacarías 11.12, 13, pero pudo también haberse tomado de Jeremías 17.2, 3; 18.1–4; 19.1–11 ó 32.6–15. Jeremías se consideró, en los tiempos del Antiguo Testamento, un compilador de algunas de las profecías escritas, tal vez por eso su nombre se cita más que el de Zacarías.
27.12 Delante de Pilato, los líderes religiosos acusaron a Jesús de delitos diferentes. Lo habían arrestado por blasfemia (afirmar ser Dios), pero para los romanos esa acusación no hubiera significado nada. Los líderes religiosos tuvieron que acusarlo de delitos que afectaran a los romanos, como instar a la gente a no pagar los impuestos, proclamarse rey y dar lugar a motines. Eran acusaciones falsas, pero aquellos religiosos se habían propuesto que mataran a Jesús, y para lograrlo quebrantaron varios mandamientos.
27.14 El silencio de Jesús cumplía una profecía (Isaías 53.7). Pilato estaba sorprendido de que Jesús no tratara de defenderse. Se daba cuenta de que obviamente había una conjura contra Jesús y quiso soltarlo, pero estaba bajo presión de Roma en cuanto a mantener la paz en su territorio. Lo menos que le hacía falta era una rebelión originada por aquel hombre callado y aparentemente insignificante.
27.15, 16 Barrabás había tomado parte en una rebelión contra el gobierno romano (Marcos 15.7). Era enemigo de Roma, pero para los judíos era como un héroe. Es interesante que Barrabás sí había cometido el delito por el que acusaban a Jesús. Barrabás quiere decir «hijo del padre», lo que era Jesús en relación con Dios.
27.19 Aunque tenía el deber de hacer justicia, Pilato demostró estar más interesado en la política que en la justicia. Tuvo varias oportunidades de tomar la decisión correcta. La conciencia le decía que Jesús era inocente; la ley romana decía que un inocente no debía morir; y su esposa había tenido un sueño perturbador. Pilato no tenía excusa para condenar a Jesús, pero temía a la turba.
27.21 Las multitudes son volubles. Si aclamaron a Jesús el domingo fue porque pensaban que iba a establecer su Reino y sin pestañear lo despreciaron el viernes cuando su poder pareció desmoronarse. Frente al levantamiento de las masas contra Jesús, sus amigos temieron darse a conocer.
27.21 La gente prefirió a Barrabás, un homicida y revolucionario, antes que a Jesús, el Hijo de Dios. La gente de hoy día sigue escogiendo a Barrabás. Prefieren la fuerza tangible del poder humano antes que la salvación que ofrece el Hijo de Dios.
27.24 Al comienzo Pilato dudó en dar permiso a los líderes religiosos para que crucificaran a Jesús. Comprendió que estaban celosos de un maestro que era más popular que ellos. Pero cuando los judíos amenazaron con informar al César de su actitud (Juan 19.12), se atemorizó. Los anales indican que los judíos ya habían amenazado con presentar una queja contra Pilato por su terco desprecio de sus tradiciones, y dicha queja podría originar que Roma lo despidiera. Su puesto estaba en peligro. Los gobernantes romanos no estaban en condiciones de desplegar un gran número de tropas en todas las regiones que estaban bajo su dominio, de modo que una de las tareas principales de Pilato era hacer lo necesario por mantener la paz.
27.24 Al no tomar una decisión, Pilato estaba tomando la decisión de dejar que la turba crucificara a Jesús. A pesar de haberse lavado las manos, es culpable. El que nos lavemos las manos en una situación difícil no nos libra de culpa, aunque ofrezca una falsa sensación de paz. No busque excusas. Acepte la responsabilidad de las decisiones que tome.
27.27 Una compañía romana la componían unos doscientos hombres.
27.29 La gente todavía se burla de los cristianos por su fe. Pero los cristianos deben animarse porque Cristo mismo fue objeto de mofa y aún en mayor grado que cualquiera. La mofa puede herir nuestros sentimientos, pero debemos evitar que afecte nuestra fe. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.

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