Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 14 DE FEBRERO. Levítico 18, 19, 

Actos de inmoralidad prohibidos

18

1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. 3No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. 4Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios. 5Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová.

6Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová. 7La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez. 8La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre. 9La desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera, su desnudez no descubrirás. 10La desnudez de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, su desnudez no descubrirás, porque es la desnudez tuya. 11La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, tu hermana es; su desnudez no descubrirás. 12La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás; es parienta de tu padre. 13La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás, porque parienta de tu madre es. 14La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás; no llegarás a su mujer; es mujer del hermano de tu padre. 15La desnudez de tu nuera no descubrirás; mujer es de tu hijo, no descubrirás su desnudez. 16La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás; es la desnudez de tu hermano. 17La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás; no tomarás la hija de su hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez; son parientas, es maldad. 18No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.

19Y no llegarás a la mujer para descubrir su desnudez mientras esté en su impureza menstrual. 20Además, no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella. 21Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. 22No te echarás con varón como con mujer; es abominación. 23Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él, ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él; es perversión.

24En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, 25y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. 26Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros 27(porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); 28no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros. 29Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo. 30Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios.

 Leyes de santidad y de justicia

19

1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. 3Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo* guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios. 4No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios.

5Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz a Jehová, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos. 6Será comido el día que lo ofreciereis, y el día siguiente; y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego. 7Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto, 8y el que lo comiere llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de su pueblo.

9Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. 10Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

11No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. 12Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

13No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana. 14No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová.

15No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. 16No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.

17No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. 18No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.

19Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos.

20Si un hombre yaciere con una mujer que fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados; no morirán, por cuanto ella no es libre. 21Y él traerá a Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión, un carnero en expiación por su culpa. 22Y con el carnero de la expiación lo reconciliará el sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió; y se le perdonará su pecado que ha cometido.

23Y cuando entréis en la tierra, y plantéis toda clase de árboles frutales, consideraréis como incircunciso lo primero de su fruto; tres años os será incircunciso; su fruto no se comerá. 24Y el cuarto año todo su fruto será consagrado en alabanzas a Jehová. 25Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga crecer su fruto. Yo Jehová vuestro Dios.

26No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinos. 27No haréis tonsura en vuestras cabezas, ni dañaréis la punta de vuestra barba. 28Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová.

29No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad. 30Mis días de reposo* guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová.

31No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.

32Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.

33Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. 34Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

35No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. 36Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. 37Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra. Yo Jehová. Amen.

 

LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 14 DE FEBRERO. Mateo 27: 32 – 66.

Crucifixión y muerte de Jesús

(Mr. 15.21–41; Lc. 23.26–49; Jn. 19.17–30)

32Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. 33Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, 34le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. 35Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36Y sentados le guardaban allí. 37Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 

38Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 39Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, 40y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: 42A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.

45Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. 48Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

51Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

55Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

 Jesús es sepultado

(Mr. 15.42–47; Lc. 23.50–56; Jn. 19.38–42)

57Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. 59Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 61Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

 La guardia ante la tumba

62Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, 63diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. 64Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. 66Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. Amen.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 14 DE FEBRERO. Levítico 18, 19

Capítulo 18

18.3 Los israelitas pasaron de una nación infestada de idolatría a otra. Como Dios los estaba ayudando a formar una nueva cultura, les advirtió que dejaran atrás todos los aspectos de su trasfondo pagano. También les advirtió cuán fácil era caer en la cultura pagana de Canaán, adonde se dirigían. La sociedad y las religiones de Canaán apelaban a los deseos mundanos, especialmente la inmoralidad sexual y la embriaguez. Los israelitas tenían que mantenerse puros y apartados para Dios. Dios no quería que su pueblo fuera absorbido por esta cultura y ambiente que los rodeaba. La sociedad puede presionarnos para que nos amoldemos a su estilo de vida y de pensamiento, pero el ceder ante tal presión nos (1) crearía confusión al no saber hacia qué lado inclinarnos y (2) eliminaría nuestra efectividad en servir a Dios. Siga a Dios, y no deje que la cultura que lo rodea moldee sus pensamientos y actos.

18.6-18 El casamiento entre parientes estaba prohibido por Dios por razones físicas, sociales y morales. Los niños que nacen de parientes cercanos pueden experimentar serios problemas de salud. Sin estas leyes específicas, la promiscuidad sexual hubiera sido muy común, primero en las familias, después afuera. Las relaciones sexuales impropias destruyen la vida de la familia.

18.6–27 Aquí se hace una lista de algunas abominaciones, o acciones malas: (1) las relaciones sexuales entre parientes cercanos, (2) cometer adulterio, (3) ofrecer a los hijos como sacrificio a los ídolos, (4) tener relaciones homosexuales, (5) tener relaciones sexuales con animales. Estas prácticas eran comunes en las religiones y culturas paganas y es fácil ver por qué Dios trató severamente a aquellos que comenzaron a seguirlas. Tales prácticas conducen a enfermedad, deformación y muerte. Destruyen la vida de la familia y de la sociedad y revelan una baja estima de los valores de uno y de los demás. Hoy día, la sociedad toma algunas de estas prácticas muy a la ligera, tratando incluso de hacerlas aceptables. Pero siguen siendo pecado ante los ojos de Dios. Si usted las considera aceptables, no las está juzgando por las normas de Dios.

Capítulo 19

19.9, 10 Esta ley era una protección para el pobre y el extranjero y un recordatorio de que la tierra pertenecía a Dios; las personas sólo la cuidaban. Leyes como estas mostraban la generosidad y liberalidad de Dios. Como pueblo de Dios, los israelitas tenían que reflejar su naturaleza y características en sus actitudes y acciones. Rut y Noemí fueron dos personas que se beneficiaron de esta ley misericordiosa (Rut 2.2).

19.9, 10 Dios instruyó a los hebreos para que proveyeran para los necesitados. Les exigió que dejaran los bordes de sus campos sin cosechar, para proporcionar comida a los viajeros y a los pobres. Es muy fácil ignorar al pobre u olvidar a aquellos que tienen menos que nosotros. Pero Dios desea la generosidad. ¿En qué manera puede usted dejar los «bordes de sus campos» para aquellos que padecen necesidad?

19.10–35 «No...» Algunas personas creen que la Biblia no es más que eso, el libro de los «no». Pero Jesús resumió hábilmente todas estas reglas cuando dijo que amara a Dios con todo su corazón y a su prójimo como a usted mismo. A estos los llamó los más grandes mandamientos o reglas de todos (Mateo 22.34–40). Si cumplimos el simple mandato de Jesús, nos encontraremos cumpliendo todas las otras leyes.

19.32 A menudo la gente encuentra muy fácil descartar las opiniones de los ancianos y evitar visitarlos. Pero el que Dios haya ordenado a los israelitas que respetaran y honraran a los ancianos muestra la seriedad con la que debemos tomar la responsabilidad de respetar a las personas más viejas que nosotros. Su sabiduría obtenida por su experiencia puede librarnos de muchas caídas.

19.33, 34 ¿Cómo se siente cuando se encuentra con extranjeros, especialmente aquellos que no hablan su idioma? ¿Se impacienta? ¿Piensa o actúa como si debieran regresarse por donde vinieron? ¿Se ve tentado a aprovecharse de ellos? Dios dice que trate a los extranjeros como trataría a sus conciudadanos, que los ame como se ama a sí mismo. En realidad, todos somos extranjeros en este mundo, ya que sólo es nuestro hogar temporal. Vea a los extraños, extranjeros y recién llegados como oportunidades para demostrar el amor de Dios.

 

COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 14 DE FEBRERO. Mateo 27: 32 - 66.

27.32 Los condenados tenían que llevar sus propias cruces al sitio de la ejecución. Jesús, debilitado por los golpes que había recibido, se hallaba físicamente imposibilitado de dar un paso más con su cruz. Por eso obligaron a Simón a que lo hiciera. Simón era de Cirene, al norte de África, y tal vez era uno de los tantos judíos que visitaban Jerusalén durante las Pascuas.

27.33 El Gólgota era un lugar de ejecución en un sitio público prominente en las afueras de la ciudad. Las ejecuciones efectuadas allí tenían como finalidad disuadir a los criminales en potencia.

27.34 A Jesús se le ofreció vinagre mezclado con hiel para amortiguar su dolor. Pero lo rechazó. Se entendía que la hiel actuaba como narcótico y se usaba para calmar el dolor de los moribundos. Jesús habría de sufrir totalmente consciente y con mente lúcida.

27.35 La costumbre era que los soldados tomaran las vestimentas de los que eran crucificados. Estos soldados echaron suerte y se repartieron las vestimentas de Jesús, cumpliendo así la profecía de David. Mucho del Salmo 22 es un paralelo de la crucifixión.

27.44 Más tarde uno de los ladrones se arrepintió. Jesús le prometió que se le uniría en el paraíso (Lucas 23.39–43).

27.45 No sabemos cómo tuvo lugar esta oscuridad, pero es claro que provino de Dios. La naturaleza testificaba de la gravedad de la muerte de Jesús, mientras los amigos y los enemigos de Jesús por igual permanecían en silencio en la oscuridad. Las tinieblas ese viernes por la tarde fueron físicas y espirituales.

27.46 Jesús no estaba cuestionando a Dios; estaba recitando la primera línea del Salmo 22, que expresaba la profunda angustia que sintió cuando tomó sobre sí los pecados del mundo y el Padre lo tuvo que abandonar. Esto fue lo que temió Jesús cuando oró a Dios en el jardín diciendo que se apartara de Él esa copa (26.39). La agonía física fue horrible pero fue mucho más el período de separación espiritual de Dios. Jesús sufrió esta muerte doble de modo que nosotros nunca tuviéramos que experimentar la separación eterna de Dios.

27.47 Los espectadores no entendieron las palabras de Jesús y pensaron que llamaba a Elías. Como Elías ascendió al cielo sin morir (2 Reyes 2.11), pensaban que regresaría para rescatarlos de gran tribulación (Malaquías 4.5). En su cena anual de Pascua, cada familia dejaba un lugar extra para Elías en señal de que esperaban su regreso.

27.51 El templo tenía tres lugares principales: los atrios, el Lugar Santo (donde sólo los sacerdotes podían entrar) y el Lugar Santísimo (donde sólo el sumo sacerdote podía entrar, y una sola vez al año, para expiar los pecados de la nación; Levítico 16.1–35). La cortina que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo se rompió en dos en el momento en que Cristo murió, simbolizando que la barrera entre Dios y el hombre había sido quitada. Ahora todos tenemos la libertad de acercarnos a Dios, gracias al sacrificio de Cristo por nuestros pecados en la cruz (véanse Hebreos 9.1–14; 10.19–22).

27.52,53 La muerte de Cristo estuvo acompañada de por lo menos cuatro acontecimientos milagrosos: la oscuridad, la división de la cortina en el templo, el terremoto y la resurrección de varias personas. La muerte de Jesús no pasó desapercibida. Todos notaron que algo significativo estaba teniendo lugar.

27.57, 58 José de Arimatea era un seguidor secreto de Jesús. Era dirigente religioso, miembro distinguido del Sanedrín (Marcos 15.43). En el pasado, José había temido hablar contra los líderes religiosos que se oponían a Jesús; ahora con valentía e intrepidez pedía tomar de la cruz el cuerpo de Jesús para darle sepultura. Los discípulos que lo habían seguido públicamente habían huido, pero este líder judío, que siguiera a Jesús en secreto, pasó al frente e hizo lo que era correcto.

27.60 La tumba en que pusieron a Jesús probablemente fue una cueva labrada en una de las muchas colinas del área. En estas cuevas por lo general se podía caminar.

27.64 Los líderes religiosos tomaron la resurrección de Jesús con mayor seriedad que los discípulos. Los discípulos no recordaban las enseñanzas de Jesús acerca de su resurrección (20.17–19), pero los líderes religiosos sí. Por eso casi temían más a Jesús después de muerto que cuando vivía, y tomaron todas las precauciones para que su cuerpo permaneciera en la tumba.

27.66 Los fariseos estaban tan temerosos de las predicciones de Jesús relacionadas con su resurrección que se aseguraron de que sellaran la tumba y la custodiaran. Debido a que la tumba estaba labrada en la roca en un lado de la colina, había una sola entrada. Para sellarla, pasaron una cuerda sobre la piedra que cerraba la entrada, y sellaron con arcilla los extremos de la cuerda. Pero los líderes religiosos tomaron una precaución mayor: solicitaron que hubiera guardias en la entrada de la tumba. Con estas precauciones, la única forma en que la tumba podía quedar vacía era que Jesús resucitara. Lo que los fariseos no entendían era que ni la roca, ni el sello, ni los guardias, ni todo el ejército romano podrían impedir que el Hijo de Dios resucitara. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.


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