LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 12 DE FEBRERO. Levítico 14.
14
1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, 3y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, 4el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo. 5Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. 6Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; 7y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo. 8Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días. 9Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en agua, y será limpio.
10El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. 11Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; 12y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. 13Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada. 14Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 15Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, 16y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová. 17Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa. 18Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová. 19Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto, 20y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio.
21Mas si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para ofrenda, y un log de aceite, 22y dos tórtolas o dos palominos, según pueda; uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto. 23Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová. 24Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de Jehová. 25Luego degollará el cordero de la culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 26Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda; 27y con su dedo derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehová. 28También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa. 29Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehová. 30Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según pueda. 31Uno en sacrificio de expiación por el pecado, y el otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová. 32Esta es la ley para el que hubiere tenido plaga de lepra, y no tuviere más para su purificación.
33Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 34Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, 35vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. 36Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla. 37Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que la superficie de la pared, 38el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días. 39Y al séptimo día volverá el sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes de la casa, 40entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. 41Y hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que rasparen. 42Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa.
43Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta, 44entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda es. 45Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. 46Y cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche. 47Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos.
48Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. 49Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo; 50y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes. 51Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. 52Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana. 53Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.
54Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de tiña, 55y de la lepra del vestido, y de la casa, 56y acerca de la hinchazón, y de la erupción, y de la mancha blanca, 57para enseñar cuándo es inmundo, y cuándo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 12 DE FEBRERO. Mateo 26: 55 – 75.
55En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
Jesús ante el concilio
(Mr. 14.53–65; Lc. 22.54, 63–71; Lc. 22.54, 63–71, Jn. 18.12–14, 19–24)
57Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 59Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 60y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 62Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! 67Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.
Pedro niega a Jesús
(Mr. 14.66–72; Lc. 22.55–62; Jn. 18.15–18, 25–27)
69Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 70Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 71Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. 72Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. 74Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. 75Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.
Capítulo 14
14.34, 35 Esta plaga de lepra era podredumbre seca o cristales minerales que afectaban las paredes de piedra. Había procedimientos específicos para la limpieza de ropas y edificios afectados por esta plaga de lepra. La ley lo exigía absolutamente (vv. 44–57). ¿Por qué era tan peligroso este tipo de lepra? Porque este hongo podía extenderse rápidamente y promover enfermedades. Por lo tanto era importante comprobar su crecimiento a la mayor brevedad. En casos extremos, si el hongo había causado suficiente daño, las ropas eran quemadas o la casa destruida.
14.54-57 Dios dijo a los israelitas cómo diagnosticar la lepra y la plaga de la lepra para prevenirla o tratarla. Se dictaron estas leyes para la salud y la protección del pueblo. Y ayudaron a los israelitas a evitar enfermedades que eran serias amenazas en aquellos tiempos y lugar. Aun cuando no comprendían las razones médicas para tales leyes, su obediencia a ellas los hizo más saludables. Muchas de las leyes de Dios pudieron haber parecido extrañas a los israelitas. Sin embargo, los ayudaron no sólo a evitar la contaminación física, sino también la infección moral y espiritual.
La Palabra de Dios nos sigue proporcionando un patrón para vivir una vida física, espiritual y moralmente saludable. Quizá no siempre entendamos la sabiduría de las leyes de Dios, pero si las obedecemos, prosperaremos. ¿Significa esto que tenemos que seguir las restricciones alimenticias y de salud del Antiguo Testamento? En general, los principios básicos de salud y de higiene siguen siendo prácticas saludables, pero sería legalista, si no equivocado, adherir hoy a cada una de estas restricciones específicas. Algunas de estas regulaciones tenían el propósito de diferenciar a los israelitas de la gente mala que los rodeaba. Otras se dieron para evitar que el pueblo de Dios se viera envuelto en prácticas paganas, uno de los problemas más serios de aquellos días. Incluso otras se refieren a las cuarentenas en una cultura donde los diagnósticos médicos exactos eran imposibles. Hoy día, por ejemplo, los médicos pueden diagnosticar las diferentes formas de lepra e identificar las que son contagiosas. Los métodos de tratamiento han mejorado notablemente, y la cuarentena por lepra es raramente necesaria.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 12 DE FEBRERO. Mateo 26: 55 - 75.
26.55 A pesar de que los líderes religiosos pudieron haber arrestado a Jesús en cualquier momento, fueron de noche porque temían a la gente que le seguía cada día (véase 26.5).
26.56 Pocas horas antes, aquellos hombres habían declarado que preferían morir antes que abandonar a su Señor
26.57 Al anochecer, Anás (sumo sacerdote anterior y suegro de Caifás) interrogó a Jesús. Luego lo envió al hogar de Caifás para ser interrogado (Juan 18.12–24). Debido a su prisa por completar el juicio y ver a Jesús morir antes del sábado, menos de veinticuatro horas, los líderes religiosos se reunieron de noche en la casa de Caifás, para no esperar la luz del día y reunirse en el templo.
26.59 Este concilio, también llamado Sanedrín, era el cuerpo político y religioso más poderoso del pueblo judío. A pesar de que los romanos gobernaban a Israel, daban poder a la gente para tratar disputas religiosas y civiles, de modo que el Sanedrín tomaba muchas decisiones locales que afectaban la vida diaria. Pero la pena de muerte tenía que ser aprobada por los romanos (Juan 18.31).
26.60, 61 El Sanedrín procuró conseguir testigos que distorsionaran algunas de las enseñanzas de Jesús. Al fin encontraron a dos que lo hicieron en relación a las palabras de Jesús sobre el templo (véase Juan 2.19). Estos afirmaron que Jesús había dicho que destruiría el templo, lo que era una jactancia blasfema. Lo que en realidad Jesús dijo fue: «Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré». Jesús, por supuesto, estaba hablando de su cuerpo, no del edificio. Y lo cierto era que los líderes religiosos estaban a punto de destruir el cuerpo de Jesús tal, como Él lo había manifestado, y que luego de tres días resucitaría. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960,
26.64 Jesús dio a conocer su realeza abiertamente. Al decir que era el Hijo del Hombre, estaba afirmando que era el Mesias, como todos los presentes se dieron cuenta. Él sabía que su declaración sería motivo de conflicto, pero no se atemorizó. Estaba tranquilo, decidido y firme.
26.65, 66 El sumo sacerdote acusó a Jesús de blasfemo: ¡estaba diciendo que era Dios! Para los judíos, era un delito que se pagaba con la vida (Levítico 24.16). Los líderes religiosos ni se detuvieron a pensar que las palabras de Jesús pudieran ser ciertas. Habían decidido oponerse a Jesús, y al hacerlo sellaron su suerte y la de ellos. Al igual que el tribunal judío, usted debe juzgar si las palabras de Jesús son blasfemias o verdad. Las consecuencias del juicio que emita son eternas.
26.69ss Hubo tres etapas en la negación de Pedro. Primero actuó como confuso y trató de desviar el tema. Segundo, negó a Jesús con juramento. Tercero, se puso a maldecir y a jurar. Los creyentes que niegan a Cristo a veces empiezan negándolo sutilmente o fingiendo no conocerle. Cuando se presenta la oportunidad de hablar de religión, se retiran o fingen que no saben lo que preguntan. Si los presionan un poco más, puede que se sientan empujados a negar de plano la relación que tienen con Cristo. Si te sorprendes cambiando de conversación para no hablar de Cristo, cuidado. Puedes estar a punto de negarlo.
26.72-74 Que Pedro haya negado a Cristo con un juramento y maldición no significa que haya empleado palabras injuriosas. Esta era la clase de juramento que uno hacía en el tribunal. Pedro juraba no conocer a Jesús y estaba invocando que se le aplicara un castigo en caso de que sus palabras fueran falsas. En otras palabras estaba diciendo: «Que Dios me mate si no estoy diciendo la verdad». Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.

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