Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 26 DE Junio. Job 7,8,9

Job 7

Job argumenta contra Dios

1 ¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra, Y sus días como los días del jornalero?

2 Como el siervo suspira por la sombra, Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo,

3 Así he recibido meses de calamidad, Y noches de trabajo me dieron por cuenta.

4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.

5 Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; Mi piel hendida y abominable.

6 Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, Y fenecieron sin esperanza.

7 Acuérdate que mi vida es un soplo, Y que mis ojos no volverán a ver el bien.

8 Los ojos de los que me ven, no me verán más; Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.

9 Como la nube se desvanece y se va, Así el que desciende al Seol no subirá;

10 No volverá más a su casa, Ni su lugar le conocerá más.

11 Por tanto, no refrenaré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu, Y me quejaré con la amargura de mi alma.

12 ¿Soy yo el mar, o un monstruo marino, Para que me pongas guarda?

13 Cuando digo: Me consolará mi lecho, Mi cama atenuará mis quejas;

14 Entonces me asustas con sueños, Y me aterras con visiones.

15 Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación, Y quiso la muerte más que mis huesos.

16 Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre; Déjame, pues, porque mis días son vanidad.

17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón, 

18 Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?

19 ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, Y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?

20 Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me pones por blanco tuyo, Hasta convertirme en una carga para mí mismo?

21 ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no existiré.

Capítulo 08

Bildad proclama la justicia de Dios

1 Respondió Bildad suhita, y dijo:

2 ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, Y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso?

3 ¿Acaso torcerá Dios el derecho, O pervertirá el Todopoderoso la justicia?

4 Si tus hijos pecaron contra él, Él los echó en el lugar de su pecado.

5 Si tú de mañana buscares a Dios, Y rogares al Todopoderoso;

6 Si fueres limpio y recto, Ciertamente luego se despertará por ti, Y hará próspera la morada de tu justicia.

7 Y aunque tu principio haya sido pequeño, Tu postrer estado será muy grande.

8 Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, Y disponte para inquirir a los padres de ellas;

9 Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, Siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.

10 ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, Y de su corazón sacarán palabras?

11 ¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?

12 Aun en su verdor, y sin haber sido cortado, Con todo, se seca primero que toda hierba.

13 Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; Y la esperanza del impío perecerá;

14 Porque su esperanza será cortada, Y su confianza es tela de araña.

15 Se apoyará él en su casa, mas no permanecerá ella en pie; Se asirá de ella, mas no resistirá.

16 A manera de un árbol está verde delante del sol, Y sus renuevos salen sobre su huerto;

17 Se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente, Y enlazándose hasta un lugar pedregoso.

18 Si le arrancaren de su lugar, Este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.

19 Ciertamente este será el gozo de su camino; Y del polvo mismo nacerán otros.

20 He aquí, Dios no aborrece al perfecto, Ni apoya la mano de los malignos.


21 Aún llenará tu boca de risa, Y tus labios de júbilo.

22 Los que te aborrecen serán vestidos de confusión; Y la habitación de los impíos perecerá.

Capítulo 09

9:1 Respondió Job, y dijo: 
9:2 Ciertamente yo sé que es así; 
¿Y cómo se justificará el hombre con Dios? 
9:3 Si quisiere contender con él, 
No le podrá responder a una cosa entre mil. 
9:4 El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; 
¿Quién se endureció contra él, y le fue bien? 
9:5 El arranca los montes con su furor, 
Y no saben quién los trastornó; 
9:6 El remueve la tierra de su lugar, 
Y hace temblar sus columnas; 
9:7 El manda al sol, y no sale; 
Y sella las estrellas; 
9:8 El solo extendió los cielos, 
Y anda sobre las olas del mar; 
9:9 El hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y los lugares secretos del sur;
9:10 El hace cosas grandes e incomprensibles, 
Y maravillosas, sin número. 
9:11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; 
Pasará, y no lo entenderé. 
9:12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? 
¿Quién le dirá: ¿Qué haces? 
9:13 Dios no volverá atrás su ira, 
Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios. 
9:14 ¿Cuánto menos le responderé yo, 
Y hablaré con él palabras escogidas? 
9:15 Aunque fuese yo justo, no respondería; 
Antes habría de rogar a mi juez. 
9:16 Si yo le invocara, y él me respondiese, 
Aún no creeré que haya escuchado mi voz. 
9:17 Porque me ha quebrantado con tempestad, 
Y ha aumentado mis heridas sin causa.
9:18 No me ha concedido que tome aliento, 
Sino que me ha llenado de amarguras. 
9:19 Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte; 
Si de juicio, ¿quién me emplazará? 
9:20 Si yo me justificare, me condenaría mi boca; 
Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo. 
9:21 Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo; 
Despreciaría mi vida. 
9:22 Una cosa resta que yo diga:
Al perfecto y al impío él los consume. 
9:23 Si azote mata de repente, 
Se ríe del sufrimiento de los inocentes. 
9:24 La tierra es entregada en manos de los impíos, 
Y él cubre el rostro de sus jueces. 
Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está? 
9:25 Mis días han sido más ligeros que un correo; 
Huyeron, y no vieron el bien. 
9:26 Pasaron cual naves veloces; 
Como el águila que se arroja sobre la presa. 
9:27 Si yo dijere: Olvidaré mi queja, 
Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,
9:28 Me turban todos mis dolores; 
Sé que no me tendrás por inocente. 
9:29 Yo soy impío; 
¿Para qué trabajaré en vano? 
9:30 Aunque me lave con aguas de nieve, 
Y limpie mis manos con la limpieza misma, 
9:31 Aún me hundirás en el hoyo, 
Y mis propios vestidos me abominarán. 
9:32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, 
Y vengamos juntamente a juicio. 
9:33 No hay entre nosotros árbitro 
Que ponga su mano sobre nosotros dos.
9:34 Quite de sobre mí su vara, 
Y su terror no me espante. 
9:35 Entonces hablaré, y no le temeré; 
Porque en este estado no estoy en mí. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 26 DE Junio, Hechos 7: 44 – 60.

7:44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.

7:45 El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. 

7:46 Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob.

7:47 Mas Salomón le edificó casa;

7:48 si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: 

7:49   El cielo es mi trono,

Y la tierra el estrado de mis pies. 

¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; 

¿O cuál es el lugar de mi reposo? 

7:50   ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

7:51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

7:52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 

7:53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. 

7:54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. 

7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 

7:56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. 

7:57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 

7:58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 

7:59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 

7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. Ame. RVR 1960.


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