LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 26 DE Junio. Job 7,8,9
Job 7
Job argumenta contra Dios
1 ¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra, Y sus días como los días del jornalero?
2 Como el siervo suspira por la sombra, Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo,
3 Así he recibido meses de calamidad, Y noches de trabajo me dieron por cuenta.
4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.
5 Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; Mi piel hendida y abominable.
6 Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, Y fenecieron sin esperanza.
7 Acuérdate que mi vida es un soplo, Y que mis ojos no volverán a ver el bien.
8 Los ojos de los que me ven, no me verán más; Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.
9 Como la nube se desvanece y se va, Así el que desciende al Seol no subirá;
10 No volverá más a su casa, Ni su lugar le conocerá más.
11 Por tanto, no refrenaré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu, Y me quejaré con la amargura de mi alma.
12 ¿Soy yo el mar, o un monstruo marino, Para que me pongas guarda?
13 Cuando digo: Me consolará mi lecho, Mi cama atenuará mis quejas;
14 Entonces me asustas con sueños, Y me aterras con visiones.
15 Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación, Y quiso la muerte más que mis huesos.
16 Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre; Déjame, pues, porque mis días son vanidad.
17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón,
18 Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?
19 ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, Y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?
20 Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me pones por blanco tuyo, Hasta convertirme en una carga para mí mismo?
21 ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no existiré.
Capítulo 08
Bildad proclama la justicia de Dios
1 Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, Y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso?
3 ¿Acaso torcerá Dios el derecho, O pervertirá el Todopoderoso la justicia?
4 Si tus hijos pecaron contra él, Él los echó en el lugar de su pecado.
5 Si tú de mañana buscares a Dios, Y rogares al Todopoderoso;
6 Si fueres limpio y recto, Ciertamente luego se despertará por ti, Y hará próspera la morada de tu justicia.
7 Y aunque tu principio haya sido pequeño, Tu postrer estado será muy grande.
8 Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, Y disponte para inquirir a los padres de ellas;
9 Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, Siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.
10 ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, Y de su corazón sacarán palabras?
11 ¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?
12 Aun en su verdor, y sin haber sido cortado, Con todo, se seca primero que toda hierba.
13 Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; Y la esperanza del impío perecerá;
14 Porque su esperanza será cortada, Y su confianza es tela de araña.
15 Se apoyará él en su casa, mas no permanecerá ella en pie; Se asirá de ella, mas no resistirá.
16 A manera de un árbol está verde delante del sol, Y sus renuevos salen sobre su huerto;
17 Se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente, Y enlazándose hasta un lugar pedregoso.
18 Si le arrancaren de su lugar, Este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.
19 Ciertamente este será el gozo de su camino; Y del polvo mismo nacerán otros.
20 He aquí, Dios no aborrece al perfecto, Ni apoya la mano de los malignos.
21 Aún llenará tu boca de risa, Y tus labios de júbilo.
22 Los que te aborrecen serán vestidos de confusión; Y la habitación de los impíos perecerá.
Capítulo 09
9:1 Respondió Job, y dijo:
9:2 Ciertamente yo sé que es así;
¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?
9:3 Si quisiere contender con él,
No le podrá responder a una cosa entre mil.
9:4 El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas;
¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?
9:5 El arranca los montes con su furor,
Y no saben quién los trastornó;
9:6 El remueve la tierra de su lugar,
Y hace temblar sus columnas;
9:7 El manda al sol, y no sale;
Y sella las estrellas;
9:8 El solo extendió los cielos,
Y anda sobre las olas del mar;
9:9 El hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y los lugares secretos del sur;
9:10 El hace cosas grandes e incomprensibles,
Y maravillosas, sin número.
9:11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré;
Pasará, y no lo entenderé.
9:12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir?
¿Quién le dirá: ¿Qué haces?
9:13 Dios no volverá atrás su ira,
Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.
9:14 ¿Cuánto menos le responderé yo,
Y hablaré con él palabras escogidas?
9:15 Aunque fuese yo justo, no respondería;
Antes habría de rogar a mi juez.
9:16 Si yo le invocara, y él me respondiese,
Aún no creeré que haya escuchado mi voz.
9:17 Porque me ha quebrantado con tempestad,
Y ha aumentado mis heridas sin causa.
9:18 No me ha concedido que tome aliento,
Sino que me ha llenado de amarguras.
9:19 Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte;
Si de juicio, ¿quién me emplazará?
9:20 Si yo me justificare, me condenaría mi boca;
Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.
9:21 Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo;
Despreciaría mi vida.
9:22 Una cosa resta que yo diga:
Al perfecto y al impío él los consume.
9:23 Si azote mata de repente,
Se ríe del sufrimiento de los inocentes.
9:24 La tierra es entregada en manos de los impíos,
Y él cubre el rostro de sus jueces.
Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?
9:25 Mis días han sido más ligeros que un correo;
Huyeron, y no vieron el bien.
9:26 Pasaron cual naves veloces;
Como el águila que se arroja sobre la presa.
9:27 Si yo dijere: Olvidaré mi queja,
Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,
9:28 Me turban todos mis dolores;
Sé que no me tendrás por inocente.
9:29 Yo soy impío;
¿Para qué trabajaré en vano?
9:30 Aunque me lave con aguas de nieve,
Y limpie mis manos con la limpieza misma,
9:31 Aún me hundirás en el hoyo,
Y mis propios vestidos me abominarán.
9:32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda,
Y vengamos juntamente a juicio.
9:33 No hay entre nosotros árbitro
Que ponga su mano sobre nosotros dos.
9:34 Quite de sobre mí su vara,
Y su terror no me espante.
9:35 Entonces hablaré, y no le temeré;
Porque en este estado no estoy en mí. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 26 DE Junio, Hechos 7: 44 – 60.
7:44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.
7:45 El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David.
7:46 Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob.
7:47 Mas Salomón le edificó casa;
7:48 si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:
7:49 El cielo es mi trono,
Y la tierra el estrado de mis pies.
¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor;
¿O cuál es el lugar de mi reposo?
7:50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
7:51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.
7:52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores;
7:53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.
7:54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.
7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios,
7:56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.
7:57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él.
7:58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.
7:59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.
7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. Ame. RVR 1960.

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