LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 25 DE Junio. Job 4, 5, 6
Elifaz reprende a Job
4
1Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 Si probáremos a hablarte, te será molesto;
Pero ¿quién podrá detener las palabras?
3 He aquí, tú enseñabas a muchos,
Y fortalecías las manos débiles;
4 Al que tropezaba enderezaban tus palabras,
Y esforzabas las rodillas que decaían.
5 Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas;
Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
6 ¿No es tu temor a Dios tu confianza?
¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?
7 Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido?
Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?
8 Como yo he visto, los que aran iniquidad
Y siembran injuria, la siegan.
9 Perecen por el aliento de Dios,
Y por el soplo de su ira son consumidos.
10 Los rugidos del león, y los bramidos del rugiente,
Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
11 El león viejo perece por falta de presa,
Y los hijos de la leona se dispersan.
12 El asunto también me era a mí oculto;
Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13 En imaginaciones de visiones nocturnas,
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
14 Me sobrevino un espanto y un temblor,
Que estremeció todos mis huesos;
15 Y al pasar un espíritu por delante de mí,
Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo.
16 Paróse delante de mis ojos un fantasma,
Cuyo rostro yo no conocí,
Y quedo, oí que decía:
17 ¿Será el hombre más justo que Dios?
¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
18 He aquí, en sus siervos no confía,
Y notó necedad en sus ángeles;
19 ¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!
20 De la mañana a la tarde son destruidos,
Y se pierden para siempre, sin haber quien repare en ello.
21 Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos?
Y mueren sin haber adquirido sabiduría.
5
1 Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda?
¿Y a cuál de los santos te volverás?
2 Es cierto que al necio lo mata la ira,
Y al codicioso lo consume la envidia.
3 Yo he visto al necio que echaba raíces,
Y en la misma hora maldije su habitación.
4 Sus hijos estarán lejos de la seguridad;
En la puerta serán quebrantados,
Y no habrá quien los libre.
5 Su mies comerán los hambrientos,
Y la sacarán de entre los espinos,
Y los sedientos beberán su hacienda.
6 Porque la aflicción no sale del polvo,
Ni la molestia brota de la tierra.
7 Pero como las chispas se levantan para volar por el aire,
Así el hombre nace para la aflicción.
8 Ciertamente yo buscaría a Dios,
Y encomendaría a él mi causa;
9 El cual hace cosas grandes e inescrutables,
Y maravillas sin número;
10 Que da la lluvia sobre la faz de la tierra,
Y envía las aguas sobre los campos;
11 Que pone a los humildes en altura,
Y a los enlutados levanta a seguridad;
12 Que frustra los pensamientos de los astutos,
Para que sus manos no hagan nada;
13 Que prende a los sabios en la astucia de ellos,
Y frustra los designios de los perversos.
14 De día tropiezan con tinieblas,
Y a mediodía andan a tientas como de noche.
15 Así libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos,
Y de la mano violenta;
16 Pues es esperanza al menesteroso,
Y la iniquidad cerrará su boca.
17 He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga;
Por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
18 Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará;
El hiere, y sus manos curan.
19 En seis tribulaciones te librará,
Y en la séptima no te tocará el mal.
20 En el hambre te salvará de la muerte,
Y del poder de la espada en la guerra.
21 Del azote de la lengua serás encubierto;
No temerás la destrucción cuando viniere.
22 De la destrucción y del hambre te reirás,
Y no temerás de las fieras del campo;
23 Pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto,
Y las fieras del campo estarán en paz contigo.
24 Sabrás que hay paz en tu tienda;
Visitarás tu morada, y nada te faltará.
25 Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha,
Y tu prole como la hierba de la tierra.
26 Vendrás en la vejez a la sepultura,
Como la gavilla de trigo que se recoge a su tiempo.
27 He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así;
Oyelo, y conócelo tú para tu provecho.
Job reprocha la actitud de sus amigos
6
1Respondió entonces Job, y dijo:
2 ¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento,
Y se alzasen igualmente en balanza!
3 Porque pesarían ahora más que la arena del mar;
Por eso mis palabras han sido precipitadas.
4 Porque las saetas del Todopoderoso están en mí,
Cuyo veneno bebe mi espíritu;
Y terrores de Dios me combaten.
5 ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba?
¿Muge el buey junto a su pasto?
6 ¿Se comerá lo desabrido sin sal?
¿Habrá gusto en la clara del huevo?
7 Las cosas que mi alma no quería tocar,
Son ahora mi alimento.
8 ¡Quién me diera que viniese mi petición,
Y que me otorgase Dios lo que anhelo,
9 Y que agradara a Dios quebrantarme;
Que soltara su mano, y acabara conmigo!
10 Sería aún mi consuelo,
Si me asaltase con dolor sin dar más tregua,
Que yo no he escondido las palabras del Santo.
11 ¿Cuál es mi fuerza para esperar aún?
¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?
12 ¿Es mi fuerza la de las piedras,
O es mi carne de bronce?
13 ¿No es así que ni aun a mí mismo me puedo valer,
Y que todo auxilio me ha faltado?
14 El atribulado es consolado por su compañero;
Aun aquel que abandona el temor del Omnipotente.
15 Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente;
Pasan como corrientes impetuosas
16 Que están escondidas por la helada,
Y encubiertas por la nieve;
17 Que al tiempo del calor son deshechas,
Y al calentarse, desaparecen de su lugar;
18 Se apartan de la senda de su rumbo,
Van menguando, y se pierden.
19 Miraron los caminantes de Temán,
Los caminantes de Sabá esperaron en ellas;
20 Pero fueron avergonzados por su esperanza;
Porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.
21 Ahora ciertamente como ellas sois vosotros;
Pues habéis visto el tormento, y teméis.
22 ¿Os he dicho yo: Traedme,
Y pagad por mí de vuestra hacienda;
23 Libradme de la mano del opresor,
Y redimidme del poder de los violentos?
24 Enseñadme, y yo callaré;
Hacedme entender en qué he errado.
25 ¡Cuán eficaces son las palabras rectas!
Pero ¿qué reprende la censura vuestra?
26 ¿Pensáis censurar palabras,
Y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
27 También os arrojáis sobre el huérfano,
Y caváis un hoyo para vuestro amigo.
28 Ahora, pues, si queréis, miradme,
Y ved si digo mentira delante de vosotros.
29 Volved ahora, y no haya iniquidad;
Volved aún a considerar mi justicia en esto.
30 ¿Hay iniquidad en mi lengua?
¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas? Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 25 DE Junio, Hechos 7: 20 – 43.
20En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. 21Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo. 22Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.
23Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. 24Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. 25Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. 26Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? 27Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? 29Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
30Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. 31Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: 32Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar. 33Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.
35A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. 36Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años. 37Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. 38Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; 39al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, 40cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 41Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. 42Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas:
¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios
En el desierto por cuarenta años, casa de Israel?
43 Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc,
Y la estrella de vuestro dios Renfán,
Figuras que os hicisteis para adorarlas.
Os transportaré, pues, más allá de Babilonia. Amen. RVR 1960.
COMENTARIOS A.T.
4.1ss Elifaz afirmó que le había sido dado conocimiento secreto por una revelación especial de Dios (4.12–16), y que había aprendido mucho de su experiencia personal (4.8). Argumentó que el sufrimiento era un resultado directo del pecado, y que si tan solo Job confesara el suyo, su sufrimiento terminaría. Elifaz veía el sufrimiento como un castigo de Dios que debe ser bien recibido para poder conducir a una persona de regreso a Dios. En algunos casos, por supuesto, esto puede ser cierto (Gálatas 6.7, 8), pero no era así con Job. Aun cuando Elifaz hizo muchos comentarios buenos y acertados, hizo tres conjeturas equivocadas: (1) Una persona buena e inocente nunca sufre. (2) Aquellos que sufren están siendo castigados por sus pecados pasados. (3) Debido a que estaba sufriendo, Job habría hecho algo malo ante los ojos de Dios.
5.17 Elifaz estaba en lo correcto: es una bendición ser disciplinado por Dios cuando hacemos algo malo. Su consejo, sin embargo, no se aplicaba a Job. Como sabemos desde el principio del libro, el sufrimiento de Job no era el resultado de algún gran pecado. En ocasiones damos a la gente consejos excelentes sólo para darnos cuenta que no se aplican a ellos y que, por lo tanto, no son útiles. Todos aquellos que dan consejos a partir de la Palabra de Dios deben tener cuidado de comprender totalmente la situación de una persona antes de dar su consejo.
5.17–26 Las palabras de Elifaz en 5.17, 18 muestran un punto de vista de disciplina que casi ha sido olvidado en la actualidad: el dolor puede ayudarnos a crecer. Estas son palabras adecuadas para recordar cuando nos enfrentemos a alguna pérdida o a tiempos difíciles. Debido a que Job no comprendía el porqué de su sufrimiento, su fe en Dios tuvo la oportunidad de crecer. Por otro lado, no debemos cometer el error de Elifaz. Dios no elimina todas las dificultades cuando lo seguimos muy de cerca, y el buen comportamiento no siempre es recompensado con la prosperidad. Recompensas por hacer el bien y castigos por hacer lo malo están en las manos de Dios y son dados de acuerdo con su tiempo. El complot de Satanás es hacernos dudar de la buena voluntad de Dios hacia nosotros.
6.29, 30 Job se refirió a su propia integridad, no porque estuviera libre de pecado, sino porque tenía una relación correcta con Dios. No era culpable de los pecados que lo acusaban sus amigos (véase en Job 31 el resumen de la clase de vida que llevaba). Esto también se podría traducir «mi rectitud sigue en pie». Rectitud no es lo mismo que sin pecados (Romanos 3.23). Nadie, a excepción de Jesucristo, ha estado sin pecados, libre de todo mal pensamiento o acción. Incluso Job necesitó hacer algunos cambios en su actitud hacia Dios, como lo veremos al final del libro. No obstante, fue recto (1.8). Obedeció cuidadosamente a Dios lo mejor que pudo en todos los aspectos de su vida.
COMENTARIO EN EL N.T.
7.38 Esteban usó la palabra «ecclesia» (traducido «asamblea») para describir la congregación o pueblo de Dios en el desierto. Esta palabra significa «los llamados» y la usaban los cristianos del primer siglo para describir su propia comunidad o «asamblea». El punto de Esteban era que la Ley dada a través de Moisés a los judíos era la señal del pacto. Por obediencia, continuarían siendo el pueblo del pacto de Dios. Pero como desobedecieron (7.39), rompieron el pacto y perdieron el derecho a ser el pueblo escogido. Comentario de la biblia del diario vivir. Rv 1960.

No hay comentarios:
Publicar un comentario