LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 19 DE Mayo 2 Reyes 23, 24, 25
23
1Entonces el rey mandó reunir con él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 2Y subió el rey a la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalén, con los sacerdotes y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. 3Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto.
Reformas de Josías
(2 Cr. 34.3–7)
4Entonces mandó el rey al sumo sacerdote Hilcías, a los sacerdotes de segundo orden, y a los guardianes de la puerta, que sacasen del templo de Jehová todos los utensilios que habían sido hechos para Baal, para Asera y para todo el ejército de los cielos; y los quemó fuera de Jerusalén en el campo del Cedrón, e hizo llevar las cenizas de ellos a Bet-el. 5Y quitó a los sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen incienso en los lugares altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalén; y asimismo a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a la luna, y a los signos del zodíaco, y a todo el ejército de los cielos. 6Hizo también sacar la imagen de Asera fuera de la casa de Jehová, fuera de Jerusalén, al valle del Cedrón, y la quemó en el valle del Cedrón, y la convirtió en polvo, y echó el polvo sobre los sepulcros de los hijos del pueblo. 7Además derribó los lugares de prostitución idolátrica que estaban en la casa de Jehová, en los cuales tejían las mujeres tiendas para Asera. 8E hizo venir todos los sacerdotes de las ciudades de Judá, y profanó los lugares altos donde los sacerdotes quemaban incienso, desde Geba hasta Beerseba; y derribó los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, que estaban a la mano izquierda, a la puerta de la ciudad. 9Pero los sacerdotes de los lugares altos no subían al altar de Jehová en Jerusalén, sino que comían panes sin levadura entre sus hermanos. 10Asimismo profanó a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para que ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloc. 11Quitó también los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol a la entrada del templo de Jehová, junto a la cámara de Natán-melec eunuco, el cual tenía a su cargo los ejidos; y quemó al fuego los carros del sol. 12Derribó además el rey los altares que estaban sobre la azotea de la sala de Acaz, que los reyes de Judá habían hecho, y los altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la casa de Jehová; y de allí corrió y arrojó el polvo al arroyo del Cedrón. 13Asimismo profanó el rey los lugares altos que estaban delante de Jerusalén, a la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado a Astoret ídolo abominable de los sidonios, a Quemos ídolo abominable de Moab, y a Milcom ídolo abominable de los hijos de Amón. 14Y quebró las estatuas, y derribó las imágenes de Asera, y llenó el lugar de ellos de huesos de hombres.
15Igualmente el altar que estaba en Bet-el, y el lugar alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; aquel altar y el lugar alto destruyó, y lo quemó, y lo hizo polvo, y puso fuego a la imagen de Asera. 16Y se volvió Josías, y viendo los sepulcros que estaban allí en el monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y los quemó sobre el altar para contaminarlo, conforme a la palabra de Jehová que había profetizado el varón de Dios, el cual había anunciado esto. 17Después dijo: ¿Qué monumento es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Bet-el. 18Y él dijo: Dejadlo; ninguno mueva sus huesos; y así fueron preservados sus huesos, y los huesos del profeta que había venido de Samaria. 19Y todas las casas de los lugares altos que estaban en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel para provocar a ira, las quitó también Josías, e hizo de ellas como había hecho en Bet-el. 20Mató además sobre los altares a todos los sacerdotes de los lugares altos que allí estaban, y quemó sobre ellos huesos de hombres, y volvió a Jerusalén.
Josías celebra la pascua
(2 Cr. 35.1–19)
21Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro de este pacto. 22No había sido hecha tal pascua desde los tiempos en que los jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel y de los reyes de Judá. 23A los dieciocho años del rey Josías fue hecha aquella pascua a Jehová en Jerusalén.
Persiste la ira de Jehová contra Judá
24Asimismo barrió Josías a los encantadores, adivinos y terafines, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová. 25No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual. 26Con todo eso, Jehová no desistió del ardor con que su gran ira se había encendido contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado. 27Y dijo Jehová: También quitaré de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y desecharé a esta ciudad que había escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre estará allí.
Muerte de Josías
(2 Cr. 35.20–27)
28Los demás hechos de Josías, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 29En aquellos días Faraón Necao rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél, así que le vio, lo mató en Meguido. 30Y sus siervos lo pusieron en un carro, y lo trajeron muerto de Meguido a Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y lo ungieron y lo pusieron por rey en lugar de su padre.
Reinado y destronamiento de Joacaz
(2 Cr. 36.1–4)
31De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamutal hija de Jeremías, de Libna. 32Y él hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho. 33Y lo puso preso Faraón Necao en Ribla en la provincia de Hamat, para que no reinase en Jerusalén; e impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro. 34Entonces Faraón Necao puso por rey a Eliaquim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y le cambió el nombre por el de Joacim; y tomó a Joacaz y lo llevó a Egipto, y murió allí. 35Y Joacim pagó a Faraón la plata y el oro; mas hizo avaluar la tierra para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón, sacando la plata y el oro del pueblo de la tierra, de cada uno según la estimación de su hacienda, para darlo a Faraón Necao.
Reinado de Joacim
(2 Cr. 36.5–8)
36De veinticinco años era Joacim cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Zebuda hija de Pedaías, de Ruma. 37E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.
24
1En su tiempo subió en campaña Nabucodonosor rey de Babilonia. Joacim vino a ser su siervo por tres años, pero luego volvió y se rebeló contra él. 2Pero Jehová envió contra Joacim tropas de caldeos, tropas de sirios, tropas de moabitas y tropas de amonitas, los cuales envió contra Judá para que la destruyesen, conforme a la palabra de Jehová que había hablado por sus siervos los profetas. 3Ciertamente vino esto contra Judá por mandato de Jehová, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, y por todo lo que él hizo; 4asimismo por la sangre inocente que derramó, pues llenó a Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no quiso perdonar. 5Los demás hechos de Joacim, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 6Y durmió Joacim con sus padres, y reinó en su lugar Joaquín su hijo. 7Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra; porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo desde el río de Egipto hasta el río Eufrates.
Joaquín y los nobles son llevados cautivos a Babilonia
(2 Cr. 36.9–10)
8De dieciocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén tres meses. El nombre de su madre fue Nehusta hija de Elnatán, de Jerusalén. 9E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho su padre.
10En aquel tiempo subieron contra Jerusalén los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada. 11Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando sus siervos la tenían sitiada. 12Entonces salió Joaquín rey de Judá al rey de Babilonia, él y su madre, sus siervos, sus príncipes y sus oficiales; y lo prendió el rey de Babilonia en el octavo año de su reinado. 13Y sacó de allí todos los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y rompió en pedazos todos los utensilios de oro que había hecho Salomón rey de Israel en la casa de Jehová, como Jehová había dicho. 14Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra. 15Asimismo llevó cautivos a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey, a las mujeres del rey, a sus oficiales y a los poderosos de la tierra; cautivos los llevó de Jerusalén a Babilonia. 16A todos los hombres de guerra, que fueron siete mil, y a los artesanos y herreros, que fueron mil, y a todos los valientes para hacer la guerra, llevó cautivos el rey de Babilonia. 17Y el rey de Babilonia puso por rey en lugar de Joaquín a Matanías su tío, y le cambió el nombre por el de Sedequías.
Reinado de Sedequías
(2 Cr. 36.11–16; Jer. 52.1–3)
18De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén once años. El nombre de su madre fue Hamutal hija de Jeremías, de Libna. 19E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho Joacim. 20Vino, pues, la ira de Jehová contra Jerusalén y Judá, hasta que los echó de su presencia. Y Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.
Caída de Jerusalén
(Jer. 39.1–7; 52.3–11)
25
1Aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitió, y levantó torres contra ella alrededor. 2Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías. 3A los nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la tierra. 4Abierta ya una brecha en el muro de la ciudad, huyeron de noche todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto a los huertos del rey, estando los caldeos alrededor de la ciudad; y el rey se fue por el camino del Arabá. 5Y el ejército de los caldeos siguió al rey, y lo apresó en las llanuras de Jericó, habiendo sido dispersado todo su ejército. 6Preso, pues, el rey, le trajeron al rey de Babilonia en Ribla, y pronunciaron contra él sentencia. 7Degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya, y a Sedequías le sacaron los ojos, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia.
Cautividad de Judá
(2 Cr. 36.17–21; Jer. 39.8–10; 52.12–30)
8En el mes quinto, a los siete días del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey de Babilonia. 9Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y todas las casas de los príncipes quemó a fuego. 10Y todo el ejército de los caldeos que estaba con el capitán de la guardia, derribó los muros alrededor de Jerusalén. 11Y a los del pueblo que habían quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia, y a los que habían quedado de la gente común, los llevó cautivos Nabuzaradán, capitán de la guardia. 12Mas de los pobres de la tierra dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para que labrasen las viñas y la tierra.
13Y quebraron los caldeos las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron el bronce a Babilonia. 14Llevaron también los calderos, las paletas, las despabiladeras, los cucharones, y todos los utensilios de bronce con que ministraban; 15incensarios, cuencos, los que de oro, en oro, y los que de plata, en plata; todo lo llevó el capitán de la guardia. 16Las dos columnas, un mar, y las basas que Salomón había hecho para la casa de Jehová; no fue posible pesar todo esto. 17La altura de una columna era de dieciocho codos, y tenía encima un capitel de bronce; la altura del capitel era de tres codos, y sobre el capitel había una red y granadas alrededor, todo de bronce; e igual labor había en la otra columna con su red.
18Tomó entonces el capitán de la guardia al primer sacerdote Seraías, al segundo sacerdote Sofonías, y tres guardas de la vajilla; 19y de la ciudad tomó un oficial que tenía a su cargo los hombres de guerra, y cinco varones de los consejeros del rey, que estaban en la ciudad, el principal escriba del ejército, que llevaba el registro de la gente del país, y sesenta varones del pueblo de la tierra, que estaban en la ciudad. 20Estos tomó Nabuzaradán, capitán de la guardia, y los llevó a Ribla al rey de Babilonia. 21Y el rey de Babilonia los hirió y mató en Ribla, en tierra de Hamat. Así fue llevado cautivo Judá de sobre su tierra.
El remanente huye a Egipto
22Y al pueblo que Nabucodonosor rey de Babilonia dejó en tierra de Judá, puso por gobernador a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán. 23Y oyendo todos los príncipes del ejército, ellos y su gente, que el rey de Babilonia había puesto por gobernador a Gedalías, vinieron a él en Mizpa; Ismael hijo de Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de Tanhumet netofatita, y Jaazanías hijo de un maacateo, ellos con los suyos. 24Entonces Gedalías les hizo juramento a ellos y a los suyos, y les dijo: No temáis de ser siervos de los caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien. 25Mas en el mes séptimo vino Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de la estirpe real, y con él diez varones, e hirieron a Gedalías, y murió; y también a los de Judá y a los caldeos que estaban con él en Mizpa. 26Y levantándose todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor, con los capitanes del ejército, se fueron a Egipto, por temor de los caldeos.
Joaquín es libertado y recibe honores en Babilonia
(Jer. 52.31–34)
27Aconteció a los treinta y siete años del cautiverio de Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veintisiete días del mes, que Evil-merodac rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, libertó a Joaquín rey de Judá, sacándolo de la cárcel; 28y le habló con benevolencia, y puso su trono más alto que los tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia. 29Y le cambió los vestidos de prisionero, y comió siempre delante de él todos los días de su vida. 30Y diariamente le fue dada su comida de parte del rey, de continuo, todos los días de su vida. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 19 DE Mayo, Juan 7: 1 - 31.
Incredulidad de los hermanos de Jesús
7
1Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. 2Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; 3y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5Porque ni aun sus hermanos creían en él. 6Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. 7No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. 8Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. 9Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
Jesús en la fiesta de los tabernáculos
10Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto. 11Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? 12Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo. 13Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos.
14Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. 15Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? 16Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. 17El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. 18El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. 19¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? 20Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte? 21Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis. 22Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo* circuncidáis al hombre. 23Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo,* para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo* sané completamente a un hombre? 24No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.
¿Es éste el Cristo?
25Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan para matarle? 26Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo? 27Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. 28Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. 29Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió. 30Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora. 31Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace? Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 19 DE Mayo 2 Reyes 23, 24, 25
Capítulo 23
23.1, 2 Para mayor información acerca de la importancia y operación del templo, véanse 1 Reyes 5–8 y 2 Crónicas 2–7.
23.4–8 Cuando Josías se dio cuenta del terrible estado de la vida espiritual de Judá, tomó medidas al respecto. No basta con decir que creemos en lo que es correcto, debemos responder con hechos y hacer lo que la fe requiere. Esto es lo que Santiago estaba enfatizando cuando escribió «la fe sin obras es muerta» (Santiago 2.20). Esto significa que actuemos en casa, en la escuela, en el trabajo y en la iglesia de acuerdo a nuestra fe. Hablar simplemente de la obediencia no es suficiente.
23.6 El abominable ídolo de Asera, era un ídolo que el malvado rey Manasés había instalado en el templo de Dios (21.7). Muy a menudo Asera es identificada como la diosa del mar y la amante de Baal. Era la diosa principal de los cananeos. En su culto se glorificaba el sexo y la guerra, y era acompañado de prostitución masculina.
23.11 Estos caballos eran usados en procesiones en honor al sol.
23.13 El monte de la destrucción es también llamado el monte de los Olivos. Se le llamó «de la destrucción» porque se había vuelto un punto favorito para construir santuarios paganos. Salomón construyó un templo pagano y otros reyes construyeron lugares de idolatría allí. Pero reyes buenos como Ezequías y Josías destruyeron esos centros de adoración pagana. En los tiempos del Nuevo Testamento, Jesús a menudo se sentó en el monte de los Olivos y enseñó a sus discípulos acerca de servir sólo a Dios (Mateo 24.3). Para mayor información sobre Astoret, Quemos y Moloc, véase la nota a 1 Reyes 11.5–8.
23.16–18 Las profecías mencionadas en este pasaje aparecen en 1 Reyes 13.20–32.
23.21–23 Cuando Josías volvió a descubrir la Pascua en el libro del pacto, ordenó a todo el mundo que observara las ceremonias exactamente como estaban escritas. Esta festividad de la Pascua debió haberse celebrado todos los años como recordatorio de la liberación de toda nación de su esclavitud en Egipto (Éxodo 12), pero no se observó durante muchos años. Como consecuencia, «no había sido hecha tal Pascua desde los tiempos en que los jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel y de los reyes de Judá». Es un malentendido común que Dios está en contra de la celebración, y que quiere quitarnos toda la diversión de nuestra vida. En realidad, Dios quiere que tengamos vida en abundancia (Juan 10.10) y aquellos que lo aman tienen todo para celebrarlo.
23.25 Josías es recordado como el rey más obediente de Judá. Su obediencia siguió este patrón: (1) reconoció el pecado, (2) eliminó las prácticas pecaminosas y (3) atacó las causas del pecado. Este enfoque para tratar el pecado sigue siendo efectivo en la actualidad. No sólo debemos quitar las acciones pecaminosas, debemos eliminar sus causas: aquellas situaciones, relaciones, rutinas y patrones de vida que nos llevan a la puerta de la tentación.
23.25 Tanto Josías como Ezequías (18.5) son alabados por su reverencia a Dios. Se dice que Ezequías fue el que más confió en Dios (fe), mientras que se dice que Josías fue el que más siguió la ley de Dios (obediencia). Podemos seguir sus ejemplos a través de nuestra confianza en Dios y nuestras acciones de obediencia.
23.29 El Faraón Necao de Egipto estaba marchando a través de Judá para ir a Asiria. Egipto y Asiria se habían aliado para luchar contra Babilonia, que representaba la amenaza de convertirse en la potencia mundial dominante. Josías pudo haber pensado que ambas naciones se volverían en contra de él después de luchar con Babilonia, así que trató de detener al ejército egipcio para que no marchara por su tierra. Pero Josías fue muerto, su ejército derrotado y la nación de Judá llegó a ser vasalla de Egipto (609 a.C.). Un relato más detallado de esta historia se encuentra en 2 Crónicas 35.20–25.
23.31–34 El pueblo designó a Joacaz, uno de los hijos de Josías, para ser el siguiente rey de Judá. Pero Necao no estuvo contento con esa elección, y desterró a Joacaz a Egipto, donde murió. Necao entonces designó a Eliaquim, otro hijo de Josías, rey de Judá, cambiando su nombre a Joacim. Este no fue más que un gobernador títere. En 605 a.C. Egipto fue derrotado por Babilonia. Judá entonces se convirtió en vasallo de Babilonia (24.1).
23.36, 37 Si bien Josías siguió a Dios, Joacim, su hijo, fue malvado. Mató al profeta Urías (Jeremías 26.20–23) y fue deshonesto, ambicioso e injusto con el pueblo (Jeremías 22.13–19). Joacim también se rebeló contra Babilonia, cambiando su alianza a Egipto. Esto demostró ser un error crucial. Nabucodonosor aplastó la rebelión de Joacim y lo llevó a Babilonia (2 Crónicas 36.6), pero a la larga se le permitió regresar a Jerusalén, donde murió. La Biblia no registra la causa de su muerte.
23.37 Muchos buenos reyes tuvieron hijos que no siguieron a Dios. Quizás fue por negligencia, preocupación por asuntos políticos y militares, o porque estos reyes delegaron la educación religiosa de sus hijos a otros. Sin duda, muchos de los hijos simplemente se rebelaron a la forma en que fueron criados. Ser un padre de creencias firmes no garantiza que sus hijos aprenderán sus convicciones. Se debe enseñar a los hijos acerca de la fe y los padres no deben atreverse a dejar esta tarea en manos de otros. Asegúrese de que usted practica, explica y enseña lo que predica.
Capítulo 24
24.1 Babilonia se convirtió en la nueva potencia mundial después de haber vencido a Asiria en 612 a.C. y derrotado a Egipto en la batalla de Carquemis en 605 a.C. Después de derrotar a Egipto, los babilonios invadieron Judá y la pusieron bajo su dominio. Esta fue la primera de las tres invasiones babilónicas a Judá durante los siguientes veinte años. Las otras dos ocurrieron en 597 y 586 a.C. Con cada invasión, se llevaban cautivos a Babilonia. Daniel, el que escribió el libro que lleva su nombre, fue uno de los cautivos que se llevaron en esta primera invasión (605 a.C.; Daniel 1.1–6).
24.1 Para mayor información sobre Nabucodonosor, véase su perfil en Daniel 3.
24.1–4 Nabucodonosor tomó control como rey de Babilonia en el 605 a.C. Anteriormente, el mismo año, Nabucodonosor había vencido a los egipcios guiados por el Faraón Necao en Carquemis. Por lo tanto, Babilonia tomó control de todos los vasallos egipcios (inclusive Judá). Nabucodonosor invadió el territorio luego para establecer su gobierno por la fuerza.
24.10 Las tropas babilonias ya estaban en marcha para sofocar la rebelión de Joacim cuando murió. Después de la muerte de Joacim, su hijo Joaquín llegó a ser rey de Judá, sólo para enfrentar al ejército más poderoso de la tierra algunas semanas después de su coronación (597 a.C.). Durante esta segunda invasión, de tres, los babilonios saquearon el templo y se llevaron cautivos a la mayoría de los líderes, incluyendo al rey. Luego, Nabucodonosor colocó en el trono a Sedequías, otro hijo de Josías. Los judíos, sin embargo, no lo reconocieron como su verdadero rey mientras Joaquín seguía con vida, aun cuando estaba cautivo en Babilonia.
24.14 La política babilonica de tomar cautivos era diferente a la de los asirios, quienes sacaron a la mayor parte del pueblo y repoblaron la tierra con extranjeros (véase la nota a 17.24). Los babilonios sólo se llevaban a los fuertes y hábiles, dejando a los pobres y a los débiles para que gobernaran la tierra. Al elevarlos a posiciones de autoridad se ganaban su lealtad. Los líderes eran llevados a las ciudades de Babilonia donde se les permitía que vivieran juntos, buscaran trabajo y se volvieran una parte importante de la sociedad. Esta política mantuvo unidos a los judíos y fieles a Dios a lo largo de su cautiverio e hizo posible su regreso en los días de Zorobabel y Esdras como está registrado en el libro de Esdras.
Capítulo 25
25.1 Judá fue invadida por los babilonios tres veces (24.1; 24.10; 25.1), al igual que Israel fue invadido por los asirios en tres ocasiones. Una vez más, Dios mostró su misericordia frente al castigo merecido al dar al pueblo repetidas oportunidades para que se arrepintiera.
25.13 El mar de bronce era usado para contener el enorme depósito de agua para el lavamiento ritual de los sacerdotes. El mar de bronce, las columnas de bronce y las basas eran de tanto valor que fueron rotas y llevadas a Babilonia.
25.21 Judá, al igual que Israel, fue infiel a Dios. Dios, como lo había advertido, permitió que Judá fuera destruida y llevada en cautiverio (Deuteronomio 28). El libro de Lamentaciones registra el sufrimiento del profeta Jeremías al ver a Jerusalén destruida.
25.22 En lugar del rey (Sedequías), que había sido deportado a Babilonia, Nabucodonosor designó un gobernador (Gedalías) el que administraría fielmente las políticas babilónicas.
25.22-30 Esta historia ilustra cómo se fue la última esperanza que tenía Israel de recuperar su tierra, aun sus oficiales del ejército (que ahora eran guerrilleros rebeldes) habían huido. El reino terrenal de Judá fue totalmente demolido, pero a través de los profetas Ezequiel y Daniel, que también estaban cautivos, Dios pudo mantener su reino espiritual en los corazones de muchos de los exilados.
25.27 El rey Evil-merodac, hijo de Nabucodonosor, llegó a ser rey del Imperio Babilónico en 562 a.C., veinticuatro años después del comienzo del cautiverio, y treinta y siete años después de que Joaquín había sido sacado de Jerusalén. El nuevo rey trató a Joaquín con bondad, hasta le permitió comer en su mesa (25.29). Más tarde, Evil-merodac fue muerto en un complot planeado hecho por su cuñado, Nergal-sarezer, que lo sucedió en el trono.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 19 DE Mayo. Juan 7: 1 - 31.
Capítulo 7
7.2 La Fiesta de los Tabernáculos se describe en Levítico 23.33ss. Este acontecimiento tenía lugar en octubre, alrededor de seis meses después de la celebración de la Pascua mencionada en Juan 6.2–5. La fiesta conmemoraba los días en que los israelitas peregrinaban por el desierto y vivían en tabernáculos (Levítico 23.43).
7.3-5 A los hermanos de Jesús les resultaba difícil creer en Él. A la larga, algunos de estos hermanos llegarían a convertirse en líderes de la iglesia (Santiago, por ejemplo), pero durante varios años se avergonzaron de Jesús. Después de la muerte y resurrección de Jesús, por fin creyeron. Hoy en día tenemos toda razón de creer porque contamos con la narración completa de los milagros, la muerte y la resurrección de Jesús. También contamos con la evidencia de lo que el evangelio ha obrado en la vida de las personas a través de los siglos. No se pierda esta oportunidad de creer en el Hijo de Dios.
7.7 Como el mundo odiaba a Jesús, quienes lo seguimos podemos esperar que la gente también nos odie. Si las circunstancias marchan demasiado bien, pregúntese si sigue a Cristo como debiera. Podemos estar agradecidos cuando la vida transcurre sin dificultad, pero debemos asegurarnos de que no sea a costa de seguir a Cristo a medias o de no seguirlo.
7.10 Jesús vino con el regalo más grande ofrecido jamás, ¿por qué entonces a menudo actuaba en secreto? Los líderes religiosos lo odiaban y muchos rechazaban su regalo de salvación no importaba lo que dijera o hiciera. Cuanto más enseñaba y obraba Jesús en público, más problemas causaban dichos líderes a Jesús y a sus seguidores. De modo que era necesario que Jesús enseñase y obrase con la mayor discreción posible. Muchas personas hoy en día cuentan con el privilegio de enseñar, predicar y adorar públicamente enfrentándose a muy poca persecución. Estos creyentes debieran estar agradecidos y aprovechar al máximo sus oportunidades de proclamar el evangelio.
7.13 Los líderes religiosos tenían gran influencia sobre la gente común. Al parecer no pudieron hacerle gran cosa a Jesús durante este tiempo, pero amenazaban a cualquiera que pudiera apoyarlo públicamente. La expulsión de la sinagoga era una de las represalias por creer en Cristo (9.22). Para un judío, esto constituía un castigo severo.
7.13 ¡Todos hablaban de Jesús! Pero cuando llegó el momento de hablar a su favor en público, callaron. Tuvieron temor. El temor puede ahogar nuestro testimonio. Aunque muchos hablan de Cristo en la iglesia, cuando llega el momento de hacer una declaración pública de fe, a menudo sienten vergüenza. Jesús dice que nos reconocerá delante de Dios si lo reconocemos delante de los hombres (Mateo 10.32). ¡Tenga valor! ¡Hable de Cristo!
7.16–18 Los que procuran conocer la voluntad de Dios y cumplirla sabrán en forma intuitiva que Jesús dijo la verdad con respecto a su persona. ¿Ha escuchado alguna vez a oradores religiosos y se ha preguntado si decían la verdad? Debe probarlos: (1) sus palabras deben estar de acuerdo con la Biblia, no contradecirla; (2) sus palabras deben señalar a Dios y a su voluntad, no a ellos mismos.
7.19 Los fariseos pasaban sus días tratando de alcanzar la santidad mediante la observación de las reglas meticulosas que habían agregado a la Ley de Dios. La acusación de Jesús de que no guardaban la Ley de Moisés los hirió profundamente. A pesar del pomposo orgullo propio y del que sentían por sus reglas, ni siquiera llegaban a cumplir con su religión legalista, pues vivían muy por debajo de lo que requería la Ley de Moisés. El homicidio sin duda iba en contra de la Ley. Los seguidores de Jesús debieran hacer más de lo que demanda la ley moral y esto no se logra con añadiduras a sus requisitos, sino yendo por encima y por debajo de los simples permisos y prohibiciones de la ley para llegar al espíritu de la misma.
7.20 La mayoría de las personas tal vez no estaban al tanto de la conspiración para matar a Jesús (5.18). Había un pequeño grupo que buscaba el momento oportuno para matarlo, pero casi todos aún no habían llegado a una conclusión en cuanto a qué era lo que creían con respecto a Él.
7.21–23 De acuerdo con la Ley de Moisés, la circuncisión debía efectuarse ocho días después del nacimiento de un bebé (Génesis 17.9–14; Levítico 12.3). Este rito se cumplía en todos los varones judíos para demostrar su identidad como parte del pueblo del pacto con Dios. Si el octavo día después del nacimiento era de reposo, la circuncisión se hacía de todos modos (a pesar de considerarse trabajo). Aun cuando los líderes religiosos permitían ciertas excepciones a las leyes del día de reposo, no le permitieron ninguna a Jesús, que sencillamente mostraba misericordia a los que necesitaban sanidad.
7.26 Este capítulo muestra muchas de las formas en que la gente reacciona ante Jesús. Lo llamaron bueno (7.12), engañador (7.12), endemoniado (7.20), el Cristo (7.26) y el profeta (7.40). Debemos determinar en nuestras mentes quién era Jesús, sabiendo que cualquier cosa que decidamos tendrá consecuencias eternas.
7.27 Una tradición popular decía que el Mesías sencillamente aparecería. Pero los que creían esta tradición pasaban por alto las Escrituras que anunciaban con claridad el lugar de nacimiento del Mesías (Miqueas 5.2). Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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