Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 18 DE Mayo 2 Reyes 20, 21, 22

Enfermedad de Ezequías

(2 Cr. 32.24–26; Is. 38.1–22)

20

1En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: 3Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. 6Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. 7Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, la pusieron sobre la llaga, y sanó.

8Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? 9Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? 10Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados. 11Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás.

 Ezequías recibe a los enviados de Babilonia

(2 Cr. 32.27–31; Is. 39.1–8)

12En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió mensajeros con cartas y presentes a Ezequías, porque había oído que Ezequías había caído enfermo. 13Y Ezequías los oyó, y les mostró toda la casa de sus tesoros, plata, oro, y especias, y ungüentos preciosos, y la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros; ninguna cosa quedó que Ezequías no les mostrase, así en su casa como en todos sus dominios. 14Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? Y Ezequías le respondió: De lejanas tierras han venido, de Babilonia. 15Y él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros que no les mostrase.

16Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová: 17He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. 18Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 19Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y seguridad en mis días.

 Muerte de Ezequías

(2 Cr. 32.32–33)

20Los demás hechos de Ezequías, y todo su poderío, y cómo hizo el estanque y el conducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 21Y durmió Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo.


Reinado de Manasés

(2 Cr. 33.1–20)

21

1De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén cincuenta y cinco años; el nombre de su madre fue Hepsiba. 2E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, según las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3Porque volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, como había hecho Acab rey de Israel; y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas cosas. 4Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén. 5Y edificó altares para todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. 6Y pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira. 7Y puso una imagen de Asera que él había hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual escogí de todas las tribus de Israel; 8y no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó. 9Mas ellos no escucharon; y Manasés los indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.

10Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas, diciendo: 11Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con sus ídolos; 12por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oyere le retiñirán ambos oídos. 13Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab; y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se vuelve boca abajo. 14Y desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en manos de sus enemigos; y serán para presa y despojo de todos sus adversarios; 15por cuanto han hecho lo malo ante mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy.

16Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová.

17Los demás hechos de Manasés, y todo lo que hizo, y el pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 18Y durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Uza, y reinó en su lugar Amón su hijo.

 Reinado de Amón

(2 Cr. 33.21–25)

19De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Mesulemet hija de Haruz, de Jotba. 20E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre. 21Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre, y los adoró; 22y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová. 23Y los siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al rey en su casa. 24Entonces el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar a Josías su hijo. 25Los demás hechos de Amón, ¿no están todos escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 26Y fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uza, y reinó en su lugar Josías su hijo.

 Reinado de Josías

(2 Cr. 34.1–2)

22

1Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalén treinta y un años. El nombre de su madre fue Jedida hija de Adaía, de Boscat. 2E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.

 Hallazgo del libro de la ley

(2 Cr. 34.8–33)

3A los dieciocho años del rey Josías, envió el rey a Safán hijo de Azalía, hijo de Mesulam, escriba, a la casa de Jehová, diciendo: 4Ve al sumo sacerdote Hilcías, y dile que recoja el dinero que han traído a la casa de Jehová, que han recogido del pueblo los guardianes de la puerta, 5y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová, y que lo entreguen a los que hacen la obra de la casa de Jehová, para reparar las grietas de la casa; 6a los carpinteros, maestros y albañiles, para comprar madera y piedra de cantería para reparar la casa; 7y que no se les tome cuenta del dinero cuyo manejo se les confiare, porque ellos proceden con honradez.

8Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el libro a Safán, y lo leyó. 9Viniendo luego el escriba Safán al rey, dio cuenta al rey y dijo: Tus siervos han recogido el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová. 10Asimismo el escriba Safán declaró al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro. Y lo leyó Safán delante del rey.

11Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos. 12Luego el rey dio orden al sacerdote Hilcías, a Ahicam hijo de Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías siervo del rey, diciendo: 13Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito.

14Entonces fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor, Safán y Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la segunda parte de la ciudad, y hablaron con ella. 15Y ella les dijo: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Decid al varón que os envió a mí: 16Así dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y sobre los que en él moran, todo el mal de que habla este libro que ha leído el rey de Judá; 17por cuanto me dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses ajenos, provocándome a ira con toda la obra de sus manos; mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se apagará. 18Mas al rey de Judá que os ha enviado para que preguntaseis a Jehová, diréis así: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Por cuanto oíste las palabras del libro, 19y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrán a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová. 20Por tanto, he aquí yo te recogeré con tus padres, y serás llevado a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la respuesta. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 18 DE Mayo, Juan 6: 45 – 71.

45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

 Palabras de vida eterna

60Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 61Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 62¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 63El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

66Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 68Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 70Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? 71Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 18 DE Mayo 2 Reyes 20, 21, 22

Capítulo 20

20.5, 6 Durante un período de cien años de la historia de Judá (732–640 a.C.), Ezequías fue el único rey fiel; ¡qué diferencia hizo! Debido a la fe y a las oraciones de Ezequías, Dios lo sanó, y salvó su ciudad de los asirios. Usted también puede hacer una gran diferencia, incluso si su fe lo coloca en la minoría. La fe y la oración, si son sinceras y dirigidas hacia el único Dios verdadero, pueden hacer que una situación cambie.

20.11 El reloj de sol de Acaz también es traducido como «los escalones de Acaz». Los relojes de sol egipcios de este período eran construidos en forma de escaleras en miniatura para que así las sombras se movieran hacia arriba y hacia abajo en los escalones.

20.12–19 Ezequías había sido un rey bueno y fiel. Pero cuando Isaías le preguntó qué les había enseñado a los embajadores de Babilonia, él contestó: «Vieron todo lo que había en mi casa». Por el relato hecho en 2 Crónicas 32.24–31, parece ser que la prosperidad, el éxito y la salvación de la enfermedad de Ezequías lo hicieron soberbio. En lugar de haberle dado la gloria a Dios por todas sus bendiciones, trató de impresionar a los extranjeros. Cuando Dios nos ayuda, no debemos utilizar sus bendiciones para impresionar a los demás. Un testimonio de victoria puede degenerar rápidamente en vanidad y alabanzas propias.

20.14 Babilonia, una ciudad que se había rebelado en contra del Imperio Asirio, fue destruida por Senaquerib en 689 a.C. Esta historia probablemente ocurrió muy poco antes de esta fecha. Cuando Senaquerib murió en 681 a.C., su hijo, Esar-hadón, neciamente reconstruyó la ciudad de Babilonia. Asiria, cuyos gobernantes en ese tiempo estaban debilitados, permitió que Babilonia se fortaleciera. Mientras que el ejército asirio marchaba para conquistar y oprimir tierras lejanas, la ciudad de Babilonia crecía y se convertía en una pequeña nación. Después de varios años, Babilonia se había fortalecido lo suficiente como para rebelarse una vez más. A la larga oprimió a Asiria (612 a.C.) y llegó a ser la siguiente potencia mundial.

20.19 Ezequías estaba diciendo que era bueno que estos terribles sucesos predichos por Isaías no sucederían durante su vida. La declaración de Ezequías parece egoísta, carente de visión y soberbia. Sin embargo, sabía que su nación sería castigada por sus pecados, así que pudo haber estado reconociendo y agradeciendo a Dios por decidir no destruir a Judá durante su vida.

20.20 El estanque y el conducto se refieren a los casi 600 m de túnel construidos desde los manantiales de Gihón hasta el estanque de Siloé (véase 2 Crónicas 32.30). Venía desde una fuente de agua fuera de los muros de Jerusalén a un depósito seguro dentro de la ciudad. Esto se hizo para que el ejército asirio no pudiera cortar el suministro de agua de la ciudad.

Capítulo 21

21.1ss Manasés siguió el ejemplo de su abuelo Acaz más que el de su padre. Adoptó las prácticas malvadas de los babilonios y cananeos incluyendo el sacrificio de su propio hijo (21.6). No escuchó las palabras de los profetas de Dios, sino que, gustosamente llevó a su pueblo al pecado. (Véase su perfil en 2 Crónicas 33 para una mayor información acerca de su vida. Los «lugares altos» eran santuarios en las colinas que se utilizaban en la adoración de los ídolos.)

21.6 Manasés fue un rey malvado, y provocó la ira de Dios con sus pecados. Entre sus pecados registrados están las prácticas de ocultismo: brujería, adivinación y consulta a médiums y espiritistas. Dios prohíbe específicamente estas prácticas (Levítico 19.31, Deuteronomio 18.9–13) ya que demuestra falta de fe en Él, incluye acciones pecaminosas y en ocasiones abre la puerta para influencias demoníacas. Actualmente, muchos libros, programas de televisión y juegos hacen énfasis en la predicción del futuro, sesiones espiritistas y otras prácticas de ocultismo. No permita que el deseo de conocer el futuro o la creencia de que la superstición es inocua lo conduzca a estas prácticas ocultas.

21.16 La tradición dice que durante la masacre de Manasés, Isaías fue cortado en dos cuando trataba de esconderse en un tronco hueco (véase Hebreos 11.37, 38). Quizá otros profetas murieron durante esta época.

Capítulo 22

22.1,2 Al leer la lista bíblica de reyes, es raro encontrar a uno que haya obedecido a Dios completamente. Josías fue uno de los obedientes, y sólo tenía ocho años cuando comenzó a reinar. Durante dieciocho años reinó con obediencia. A los veintiséis años, comenzó las reformas basadas en las leyes de Dios. Los niños son los futuros líderes de nuestras iglesias y del mundo. Quizá el trabajo más grande de una persona para Dios es tener que esperar hasta ser adulto, pero nunca se es demasiado joven para tomar a Dios con seriedad y obedecerlo. Los primeros años de Josías establecieron la base de su tarea posterior de reformar a Judá.

22.4 Los guardianes de la puerta controlaban a los que entraban al templo y supervisaban la recolección del dinero.

22.8 El libro de la ley pudo haber sido el Pentateuco completo (Génesis a Deuteronomio) o sólo el libro de Deuteronomio. Debido a la larga lista de reyes malvados, el registro de las leyes de Dios se había perdido. Josías, que tenía aproximadamente veintiséis años en ese momento, deseó una reforma religiosa a lo largo de la nación. Cuando se encontró la Palabra de Dios, se tuvieron que tomar medidas drásticas para acercar el reino a los mandatos de Dios. Hoy usted tiene la Palabra de Dios en sus manos. ¿Cuántos cambios tiene que hacer para que su vida esté de acuerdo con la Palabra de Dios?

22.11ss Cuando Josías escuchó la ley, rasgó sus ropas con terror. Inmediatamente instituyó reformas. Con tan sólo una lectura de la ley de Dios, cambió el curso de la nación. En la actualidad muchas personas poseen la Biblia, pero son pocos los que son afectados por las verdades encontradas en ella. La Palabra de Dios debe hacernos, como a Josías, tomar las medidas inmediatas para reformar nuestra vida y llevarla a una armonía con la voluntad de Dios.

22.14 Hulda era una profetisa, como lo fue María (Éxodo 15.20) y Débora (Jueces 4.4). Dios selecciona libremente a sus siervos para llevar a cabo su voluntad: ricos o pobres, hombres o mujeres, reyes o esclavos (Joel 2.28–30). Obviamente, Hulda era muy reconocida por la gente de su tiempo.

22.19 Cuando Josías se percató de lo corrupta que se había vuelto su nación, rasgó sus ropas y lloró ante Dios. Entonces, Dios tuvo misericordia de él. Josías usó la costumbre de su época para mostrar su arrepentimiento. Cuando hoy día nos arrepentimos, probablemente no nos rasgamos la ropa, pero el llorar, ayunar, restituir o disculparse (si nuestro pecado ha involucrado a otros) son actos de arrepentimiento que demuestran nuestra sinceridad. La parte más difícil del arrepentimiento es el cambiar la conducta que originalmente produjo el pecado.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 18 DE Mayo. Juan 6: 45 - 71.

6.45 Jesús hacía alusión a una idea del Antiguo Testamento sobre el reino mesiánico según la cual todas las personas reciben enseñanza directa de Dios (Isaías 54.13; Jeremías 31.31–34). Enfatizaba la importancia de no oír solamente, sino de aprender. Dios nos enseña mediante la Biblia, nuestras experiencias, los pensamientos que nos da el Espíritu Santo y las relaciones con otros cristianos. ¿Es usted receptivo a la enseñanza de Dios?

6.47 Cree, según se usa aquí, significa «sigue creyendo». No creemos una sola vez, sino que seguimos creyendo y confiando en Jesús.

6.47ss A menudo, los líderes religiosos le pedían a Jesús que les probara por qué era mejor que los profetas que habían tenido. Aquí Jesús se refiere al maná que Moisés dio a sus antepasados en el desierto (véase Éxodo 16). Este pan era físico y temporal. El pueblo lo comía y les daba el sustento de un día. Pero era necesario obtener más pan cada día y este no impedía que muriesen. Jesús, que es mucho más grande que Moisés, se ofrece como pan espiritual del cielo que satisface plenamente y conduce a la vida eterna.

6.51 ¿Cómo puede Jesús darnos su carne como pan para que comamos? Comer pan de vida significa aceptar a Cristo y unirnos a Él. Nos unimos a Cristo de dos formas: (1) al creer en su muerte (el sacrificio de su carne) y resurrección, y (2) al dedicarnos a vivir como Él manda, dependiendo de sus enseñanzas para guiarnos y confiando en el Espíritu Santo para recibir poder.

6.56 Este mensaje resultaba chocante: comer carne y beber sangre sonaba a canibalismo. La idea de beber cualquier sangre, con más razón la humana, resultaba repugnante para los líderes religiosos porque la Ley lo prohibía (Levítico 17.10, 11). Por supuesto que Jesús no se refería a la sangre en forma literal. Lo que decía era que su vida debía convertirse en la de ellos. Pero ellos no podían aceptar este concepto. El apóstol Pablo más tarde usó la imagen del cuerpo y de la sangre al hablar de la cena del Señor (véase 1 Corintios 11.23–26).

6.63, 65 El Espíritu Santo da vida espiritual; sin la obra del Espíritu Santo ni siquiera podemos ver nuestra necesidad de vida nueva (14.17). Toda renovación espiritual empieza y acaba en Dios. Él nos revela verdad, vive en nosotros y luego nos capacita para responder a esa verdad.

6.66 ¿Por qué las palabras de Jesús hicieron que muchos de sus seguidores lo abandonasen? (1) Es posible que se hayan dado cuenta de que no sería el Mesías-Rey conquistador que esperaban. (2) Rehusó ceder ante sus exigencias egocéntricas. (3) Enfatizó la fe, no los hechos. (4) Sus enseñanzas eran difíciles de entender y algunas de sus palabras eran ofensivas. Al crecer en nuestra fe, es posible que nos sintamos tentados a apartarnos porque las lecciones de Jesús son difíciles. ¿Reaccionará usted dándose por vencido, pasando por alto ciertas enseñanzas o rechazando a Cristo? En lugar de eso, pida a Dios que le muestre el significado de sus enseñanzas y le diga cómo se aplican a su vida. Luego tenga el valor de actuar en base a la verdad de Dios.

6.67 Para Jesús no existen términos medios. Cuando preguntó a sus discípulos si también se irían, les mostraba que podían tanto aceptarlo como rechazarlo. Jesús no intentaba rechazar a la gente con sus enseñanzas. Sencillamente decía la verdad. Cuanto más escuchaban las personas el verdadero mensaje de Jesús, más se dividían en dos bandos: los que buscaban con sinceridad porque deseaban entender más, y los que rechazaban a Jesús porque no les gustaba lo que oían.

6.67,68 Después que muchos de los seguidores lo abandonaron, Jesús preguntó a los doce discípulos si también lo dejarían. Pedro respondió: «¿A quién iremos?» En su estilo directo, Pedro respondió por todos nosotros: no hay otro camino. A pesar de que existen muchas filosofías y autoridades autoproclamadas, únicamente Jesús tiene palabras de vida eterna. La gente busca la vida eterna por todas partes y no ven a Cristo, la única fuente. Permanezca con Jesús, sobre todo cuando esté confundido o se sienta solo.

6.70 Como respuesta al mensaje de Jesús, algunas personas se fueron; otros se quedaron y creyeron de verdad; y algunos, como Judas, se quedaron pero intentaron usar a Jesús para ganancia personal. Muchas personas hoy en día se alejan de Cristo. Otros fingen seguir, asistiendo a la iglesia por una cuestión social, para recibir aprobación de familia y amigos, o relaciones de negocio. Pero en realidad solo hay dos respuestas posibles a Jesús: lo acepta o lo rechaza. ¿Cómo ha respondido a Cristo? Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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