Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 14 DE Mayo 2 Reyes 9, 10,11

Jehú es ungido rey de Israel

9

1Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad. 2Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a la cámara. 3Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.

4Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad. 5Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe. 6Y él se levantó, y entró en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová. 7Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel. 8Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo varón, así al siervo como al libre en Israel. 9Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías. 10Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir.

11Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras. 12Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. 13Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey.

 Jehú mata a Joram

14Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria; 15pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel. 16Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram.

17Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz? 18Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve. 19Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. 20El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.

21Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel. 22Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías? 23Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías: ¡Traición, Ocozías! 24Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro. 25Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo: 26Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová.

 Jehú mata a Ocozías

(2 Cr. 22.7–9)

27Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí. 28Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.

29En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá.

 Muerte de Jezabel

30Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana. 31Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor? 32Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o tres eunucos. 33Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la atropelló. 34Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey. 35Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos. 36Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel, 37y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.

 Jehú extermina la casa de Acab

10

1Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos de Acab, diciendo: 2Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros los que tenéis a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas, 3escoged al mejor y al más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor. 4Pero ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros? 5Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo que bien te parezca. 6El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a esta hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban. 7Cuando las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastas, y se las enviaron a Jezreel. 8Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana. 9Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra mi señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a todos éstos? 10Sabed ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías. 11Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no quedó ninguno.

12Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en el camino llegó a una casa de esquileo de pastores. 13Y halló allí a los hermanos de Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina. 14Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.

15Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro, 16y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues, en su carro. 17Y luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.

 Jehú extermina el culto de Baal

18Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá mucho. 19Llamadme, pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que faltare no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal. 20Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos convocaron. 21Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo. 22Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras. 23Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los siervos de Baal.

24Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que dejare vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro. 25Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron tendidos los de la guardia y los capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del templo de Baal, 26y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron. 27Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.

28Así exterminó Jehú a Baal de Israel. 29Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan. 30Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación. 31Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.

32En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras, 33desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y Basán. 34Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 35Y durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria; y reinó en su lugar Joacaz su hijo. 36El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de veintiocho años.

 Atalía usurpa el trono

(2 Cr. 22.10—23.21)

11

1Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real. 2Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron. 3Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue reina sobre el país.

4Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey. 5Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey el día de reposo.* 6Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así guardaréis la casa, para que no sea allanada. 7Mas las dos partes de vosotros que salen el día de reposo* tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey. 8Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando entre.

9Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los que entraban el día de reposo* y los que salían el día de reposo,* vinieron al sacerdote Joiada. 10Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová. 11Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey. 12Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: ¡Viva el rey!

13Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová. 14Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: ¡Traición, traición! 15Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas que gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.) 16Le abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.

17Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo. 18Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová. 19Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la guardia a la casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes. 20Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada junto a la casa del rey.

21Era Joás de siete años cuando comenzó a reinar. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 14 DE Mayo, Juan 5: 1 - 29.

El paralítico de Betesda

5

1Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

2Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 8Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo* aquel día.

10Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo;* no te es lícito llevar tu lecho. 11El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. 15El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.* 17Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo,* sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

 La autoridad del Hijo

19Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. 20Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. 21Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. 22Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

24De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. 25De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. 26Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; 27y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. 28No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 14 DE Mayo 2 Reyes 9, 10,11

Capítulo 9

9.1 Ceñirse los lomos hacía más fácil el correr.

9.3 Elías había profetizado que mucha gente sería asesinada cuando Jehú llegara a ser rey (1 Reyes 19.16, L). Por lo tanto, Eliseo aconsejó al joven profeta que saliera del área tan pronto como entregara su mensaje, antes de que comenzara la masacre. Las acciones de Jehú parecen terribles al matar a los parientes y amigos de Acab (2 Crónicas 22.8, 9), pero el culto, fuera de control, a Baal estaba destruyendo a la nación. Si Israel debía sobrevivir, los seguidores de Baal tenían que ser eliminados. Jehú tomó las medidas necesarias del momento: justicia.

9.7 La declaración de Eliseo cumplió la profecía de Elías hecha veinte años antes: toda la familia de Acab sería destruida (1 Reyes 21.17–24). La muerte de Jezabel, predicha por Elías, está descrita en 9.30–37.

9.9 La dinastía de Acab terminaría como la de Jeroboam y Baasa. Ahías había profetizado el fin de la dinastía de Jeroboam (1 Reyes 14.1–11), y esto se cumplió por medio del rey Baasa (1 Reyes 15.29). El profeta Jehú—no el rey Jehú—habló luego del fin de la familia de Baasa (1 Reyes 16.1–7), y esto también se cumplió (1 Reyes 16.11, 12). El fin de la familia de Acab, por lo tanto, era seguro, Elías lo había predicho (1 Reyes 21.17–24) y Dios lo haría realidad.

9.18,19 Los jinetes encontraron a Jehú y le preguntaron si venía en son de paz. Pero Jehú respondió: «¿Qué tienes tú que ver con la paz?» Esta cualidad, propiamente entendida, viene de Dios. No es genuina a menos que tenga su fundamento en la creencia en Dios y el amor por Él. Jehú sabía que los hombres representaban a un rey desobediente y malvado. No busque paz y amistad con aquellos que son enemigos del bien y de la verdad. La paz duradera sólo pueden llegar cuando se conoce al Dios que la otorga.

9.26 El rey Joram de Israel fue tan malvado como su padre y madre, Acab y Jezabel. Por lo tanto, su cuerpo fue lanzado al campo que sus padres obtuvieron ilegalmente. La reina Jezabel arregló el asesinato de Nabot, el dueño anterior porque no quiso vender su viña, la que Acab quería como jardín (1 Reyes 21.1–24). Acab ni siquiera se imaginó que ese campo sería la tumba de su hijo malvado.

Capítulo 10

10.7 Esto cumple la profecía de Elías de que ningún descendiente varón de Acab sobreviviría (1 Reyes 21.17–24).

10.11 En su celo, Jehú fue más allá del mandato de Dios en este baño de sangre. El profeta Oseas anunció más tarde el castigo sobre la dinastía de Jehú por esta matanza sin sentido (Oseas 1.4, 5). Muchas veces en la historia, personas «religiosas» han mezclado fe con ambición personal, poder o crueldad, sin el consentimiento ni la bendición de Dios. Es un error usar a Dios o la Biblia para permitir que continúe la opresión. Cuando la gente ataca el cristianismo debido a las atrocidades que los «cristianos» han realizado, ayúdeles a ver que estos hombres y mujeres estaban usando la fe para sus propios fines políticos, y no para seguir a Cristo.

10.15 Jonadab fue un hombre que, como Jehú, fue celoso para seguir a Dios. Jonadab, sin embargo, demostró su celo al alejarse él y su familia de la cultura idólatra y materialista. Fundó a un grupo llamado Recabitas (nombrado así por su padre Recab), que luchó para mantener sus vidas puras al vivir apartados de las presiones y tentaciones de la sociedad. Jeremías 35 nos da un ejemplo de su dedicación a Dios. Por eso Dios le prometió que siempre tendrían descendientes que lo adorarían.

10.24 Se suponía que Israel fuera intolerante hacia cualquier religión que no adorara al verdadero Dios. Las religiones de las naciones vecinas eran malvadas y corruptas. Estaban diseñadas para destruir la vida, no para sustentarla. Israel era la nación especial de Dios, elegida para ser un ejemplo de lo que era correcto. Pero los reyes, sacerdotes y ancianos de Israel, contaminados por las creencias paganas que la rodeaban, se volvieron tolerantes y apáticos. Debemos ser completamente intolerantes hacia el pecado y erradicarlo de nuestras vidas. Debemos ser tolerantes a los puntos de vista de los demás, pero no debemos tolerar acciones que aparten a la gente de las normas de vida instituidas por Dios.

10.28–29 ¿Por qué Jehú destruyó los ídolos de Baal, pero no los becerros que adoraban en Bet-el y Dan? Los motivos de Jehú podían haber sido más políticos que espirituales. (1) Si Jehú hubiera destruido los becerros, su pueblo habría viajado al templo en Jerusalén en el rival reino del sur, y habrían rendido culto ahí (esta es la razón por la que Jeroboam los instaló ahí en primer lugar, véase 1 Reyes 12.25–33). (2) La adoración a Baal se asociaba con la dinastía de Acab, por lo tanto era políticamente ventajoso destruir a Baal. Los becerros de oro, por otro lado, tenían una larga historia en el reino del norte, y todas las facciones políticas los valoraban. (3) La adoración a Baal estaba contra Dios, pero los becerros de oro, según pensaban muchos, eran representaciones visibles de Dios mismo, aun cuando la Ley de Dios establecía claramente que tal culto era idolatría (Éxodo 20.3–6). Al igual que Jehú, es fácil denunciar los pecados de los demás mientras que toleramos el pecado en nuestra propia vida.

10.30,31 Jehú hizo mucho de lo que Dios le dijo, pero no lo obedeció con todo el corazón. Se convirtió en un instrumento de Dios para ejercer justicia, pero no llegó a ser su siervo. Como resultado de eso, sólo sirvió a Dios de forma hipócrita porque permitió la adoración de los becerros de oro. Analice la condición de su corazón hacia Dios. Podemos estar activos en nuestro trabajo para Dios y aun así no obedecerlo plenamente como Él desea.

Capítulo 11

11.1 Esta historia es la continuación de 9.27, donde Ocozías, el hijo de Atalía, fue muerto por Jehú. El intento de Atalía de matar a todos los hijos de Ocozías fue fútil, porque Dios había prometido que el Mesías nacería a través de la descendencia de David (2 Samuel 7).

11.2,3 Josaba fue la esposa de Joiada, el sumo sacerdote, así que el templo era un lugar práctico y natural para esconder al bebé Joás. Atalía, que amaba la idolatría, no tendría ningún interés en el templo.

11.4 Parte de esta gente eran de las tropas mercenarias y posiblemente asociadas con los filisteos. Algunos eruditos piensan que ellos se establecieron en el sur de Palestina desde Creta.

11.17 El nuevo pacto era en sí una nueva constitución del viejo. Estaba establecido en el libro de Deuteronomio para el correcto gobierno de la nación. Esto significaba que funcionaba como una constitución para el pueblo. Sin embargo, este pacto había sido virtualmente ignorado por más de cien años. Desafortunadamente, con la muerte de Joiada, las reformas se detuvieron.

11.21 Si Joás comenzó a reinar a los siete años de edad, entonces, ¿quién fue el que en realidad dirigió la nación? A pesar de que la respuesta no está detallada en la Biblia, es posible que Judá haya sido administrada por la madre del rey, el sumo sacerdote Joiada y otros consejeros durante los primeros siete años del reinado de Joás.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 14 DE Mayo. Juan 5: 1 - 24.

Capítulo 5

5.1 Había tres fiestas que requerían la presencia de los judíos varones en Jerusalén. Estas eran (1) la Fiesta de la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura, (2) la Fiesta de las Semanas (llamada también Pentecostés), y (3) la Fiesta de los Tabernáculos.

5.6 Después de treinta y ocho años, ya este hombre se había resignado. Nadie podía ayudarle. Había perdido la esperanza de sanarse y no podía hacer nada solo. Su caso parecía ser definitivo. No importa cuán atrapado se sienta en sus achaques, Dios puede ayudarle en sus necesidades más profundas. No permita que un problema o una causa molesta motive la pérdida de su esperanza. Dios puede hacer una obra especial en su favor a pesar de su condición o aun debido a ella. Muchos han tenido un ministerio eficaz entre las personas que sufren porque lograron triunfar sobre sus propios sufrimientos.

5.10 Según los fariseos, llevar una cama en el día de reposo era trabajo, y por lo tanto era ilegal. No quebrantaba una Ley del Antiguo Testamento, sino la interpretación que los fariseos daban al mandamiento de Dios: «Acuérdate del día de reposo para santificarlo» (Éxodo 20.8). Esta era una de las muchas leyes que agregaron a la Ley del Antiguo Testamento.

5.10 Un hombre que hacía treinta y ocho años no caminaba sanó, pero a los fariseos les interesaban más sus leyes mezquinas que la vida y la salud de un ser humano. Es fácil obsesionarse uno con las estructuras que fabrica el hombre y olvidarnos de la gente afectada. ¿Se rige por normas hechas por Dios o por el hombre? ¿Son de ayuda a la gente o son de tropiezo?

5.14 Este hombre había sido lisiado o paralítico, pero ya podía caminar. Era un milagro sorprendente. Sin embargo, todavía necesitaba un milagro mayor: el perdón de sus pecados. Se encontraba muy feliz por la salud recobrada, pero tenía que apartarse de sus pecados y buscar el perdón de Dios para lograr la salud espiritual. El don más grande que uno puede recibir de Dios es el perdón.

5.16 Los líderes judíos presenciaron a la vez un poderoso milagro y una regla quebrantada. Desecharon el milagro para enfocar la atención en la regla quebrantada, porque para ellos era más importante la regla que el milagro. Dios está dispuesto a obrar en nuestras vidas, pero es posible que cerremos el paso a sus milagros por limitar nuestras ideas con respecto a su forma de obrar.

5.17 Si Dios detuviese todo tipo de trabajo en el día de reposo, la naturaleza caería en el caos y el pecado se apoderaría del mundo. Génesis 2.2 dice que Dios descansó el séptimo día, pero esto no puede querer decir que dejó de hacer el bien. Jesús quería enseñar que cuando se presenta la oportunidad de hacer el bien, no debe pasarse por alto, ni siquiera en el día de reposo.

5.17ss Jesús se identificaba con Dios, su Padre. No cabe duda de que afirmaba ser Dios. Jesús no da lugar a la alternativa de creer en Dios mientras se hace caso omiso del Hijo de Dios (5.23). Los fariseos también llamaban Padre a Dios, pero se dieron cuenta de que Jesús declaraba tener con Él una relación singular. Como respuesta a la declaración de Jesús, a los fariseos les quedaban dos alternativas: creerle o acusarlo de blasfemia. Escogieron la segunda.

5.19-23 Como resultado de su unidad con Dios, Jesús vivía como Dios deseaba que viviese. Debido a nuestra identificación con Jesús, debemos honrarlo y vivir como Él desea que vivamos. Las preguntas «¿Qué haría Jesús?» y «¿Qué desearía Jesús que hiciese?» tal vez nos ayuden a tomar decisiones correctas.

5.24 La «vida eterna» (vivir para siempre con Dios) comienza cuando uno acepta a Jesucristo como Salvador. En ese momento, se inicia la nueva vida dentro de uno (2 Corintios 5.17). Constituye una obra total. Todavía uno ha de enfrentarse a la muerte física, pero cuando Cristo vuelva, nuestro cuerpo resucitará para vivir por siempre (1 Corintios 15).

5.25 Al decir que los muertos oirán su voz, Jesús se refería a los espiritualmente muertos que oyen, entienden y lo aceptan. Los que aceptan a Jesús, el Verbo, tendrán vida eterna. Jesús se refería también a los que están físicamente muertos. Cuando estuvo en la tierra, resucitó a varias personas, y en su Segunda Venida todos los «muertos en Cristo» se levantarán para encontrarse con Él (1 Tesalonicenses 4.16).

5.26 Dios es la fuente y el Creador de la vida, pues no hay vida separados de Él, ni aquí ni en el más allá. La vida en nosotros es un don que viene de Dios (véanse Deuteronomio 30.20; Salmo 36.9). Como Jesús existe eternamente con Dios, el Creador, Él también es «la vida» (14.6) por la cual podemos vivir para siempre (véase 1 Juan 5.11).

5.27 El Antiguo Testamento había mencionado tres señales del Mesías que habría de venir. En este capítulo, Juan muestra que Jesús ha cumplido las tres señales. Todo poder y autoridad le son dados por ser el Hijo del Hombre (cf. 5.27 con Daniel 7.13, 14). Los cojos y los enfermos son sanados (cf. 5.20, 26 con Isaías 35.6; Jeremías 31.8, 9). Los muertos son levantados (cf. 5.21, 28 con Deuteronomio 32.39; 1 Samuel 2.6; 2 Reyes 5.7).

5.29 Los que se han rebelado contra Cristo también resucitarán, pero para escuchar el veredicto de Dios en su contra y para recibir la sentencia de una eternidad separados de Él. Hay quienes desean vivir bien sobre la tierra, olvidarse de Dios y luego alcanzar con la muerte el descanso final. Las palabras de Jesús no dan lugar a que se perciba la muerte como el fin de todo. Hay un juicio que los incrédulos deberán enfrentar. Biblia del Diario Vivir. RVR 1960. 


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