Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 13 DE Abril. 1 Samuel 13, 14

Guerra contra los filisteos

13

1Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, 2escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. 3Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. 4Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.

5Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. 6Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho(porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. 7Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.

8Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. 9Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. 10Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. 11Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, 12me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. 13Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. 15Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín.

Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres. 16Saúl, pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los filisteos habían acampado en Micmas. 17Y salieron merodeadores del campamento de los filisteos en tres escuadrones; un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual, 18otro escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Zeboim, hacia el desierto.

19Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. 20Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz. 21Y el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas. 22Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían. 23Y la guarnición de los filisteos avanzó hasta el paso de Micmas.

14

1Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre. 2Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres. 3Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido. 4Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene. 5Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.

6Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos. 7Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad. 8Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos. 9Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. 10Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal. 11Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido. 12Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel. 13Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba. 14Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra. 15Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.

16Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha. 17Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas. 18Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel. 19Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano. 20Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión. 21Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. 22Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla. 23Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.

24Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan. 25Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo. 26Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento. 27Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos. 28Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía. 29Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel. 30¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?

31E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado. 32Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre. 33Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande. 34Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí. 35Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.

36Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios. 37Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día. 38Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy; 39porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese. 40Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere. 41Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre. 42Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.

43Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir? 44Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán. 45Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán. 46Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.

47Después de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor. 48Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.

49Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical. 50Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl. 51Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.

52Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 13 DE Abril. Lucas 14: 1 - 24

Jesús sana a un hidrópico

14

1Aconteció un día de reposo,* que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban. 2Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico. 3Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?* 4Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió. 5Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?* 6Y no le podían replicar a estas cosas.

 Los convidados a las bodas

7Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: 8Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 10Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 11Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

12Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

 Parábola de la gran cena

15Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. 16Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 13 DE Abril. 1 Samuel 13, 14

Capítulo 13

13.3, 4 Jonatán atacó y destruyó la guarnición de los filisteos, pero la victoria se la adjudicó Saúl. Aunque esto era normal en esa cultura, no por eso fue una acción correcta. La creciente arrogancia de Saúl comenzó pequeña, acreditándose el triunfo de una batalla que había ganado su hijo. Al no recibir corrección, su arrogancia creció hasta llegar a ser una horrible obsesión. Lo destruyó a él y a su familia, y puso en peligro el bienestar de la nación. Adjudicarnos los logros de otros indica que hay arrogancia en nuestra vida. Cuando note que la soberbia está anidándose en usted, tome medidas inmediatas para eliminarla, atribuyéndole el honor a quien corresponde.

13.6 Cuando olvidamos al que está de nuestro lado, o vemos sólo nuestros propios recursos, tendemos a atemorizarnos cuando nos enfrentamos a la oposición. Los israelitas tuvieron pánico y se escondieron cuando vieron el poderoso ejército filisteo. Se olvidaron de que Dios estaba de su lado y que es invencible. Cuando se enfrente a problemas o tentaciones, centre su atención en Dios y en sus recursos, confiando en que Él lo ayudará (Romanos 8.31–37).

13.9 En vez de esperar a un sacerdote, Saúl mismo ofreció el sacrificio. Esto iba contra las leyes de Dios (Deuteronomio 12.5–14) y contra las precisas instrucciones de Samuel (10.8). Bajo la presión de los filisteos que se acercaban, tomó el asunto en sus manos y desobedeció a Dios. Estaba haciendo algo bueno (ofrecía un sacrificio a Dios antes de una batalla crucial), pero lo hizo de la manera equivocada. Nuestro verdadero carácter espiritual se revela bajo presión, como lo fue el de Saúl. Los métodos que usamos para alcanzar nuestras metas son tan importantes como la obtención de las mismas.

13.11, 12 Es difícil confiar en Dios cuando usted siente que sus recursos se le agotan. Cuando Saúl sintió que se le estaba acabando el tiempo, se volvió impaciente con el tiempo de Dios. Al pensar que todo lo que necesitaba era el ritual, puso al ritual en lugar de la fe en Dios.

Cuando usted enfrente una decisión difícil, asegúrese de que la impaciencia no lo impulse a hacer algo que vaya en contra de la voluntad de Dios. Cuando sepa lo que Dios quiere, siga el plan a pesar de las circunstancias. A menudo, Dios utiliza demoras para probar nuestra obediencia y paciencia.

13.12, 13 Saúl tenía miles de excusas para su desobediencia, pero Samuel dio en el blanco del verdadero asunto: «No guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios» (13.13). Al igual que Saúl, a menudo damos excusas por nuestros pecados y errores, tratando de justificar y espiritualizar nuestras acciones debido a nuestras circunstancias «especiales». Sin embargo, nuestras excusas no son más que desobediencia. Dios conoce nuestros verdaderos motivos. Él perdona, restaura y bendice sólo cuando somos sinceros acerca de nuestros pecados. Al tratar de esconder sus pecados detrás de las excusas, Saúl perdió su reinado (13.14).

13.19-22 Israel no estaba en posición de conquistar a nadie. El ejército no tenía armas de hierro y no había instalaciones donde pudieran transformar sus herramientas en armas. Es más, si un israelita quería afilar su herramienta, tenía que pagar un precio muy alto a un herrero filisteo para que lo hiciera, ya que estos tenían el monopolio sobre el hierro y la herrería. Su control estricto sobre la tecnología, junto con sus ataques sorpresivos, desmoralizaban a los israelitas y los mantenía dominados.

Contra tal superioridad, los israelitas se encontraban en una seria desventaja. ¿Cómo podían esperar derrotar a sus opresores? Sólo con la ayuda de Dios. Dios quería dar la victoria a Israel sin espadas, para que ellos tomaran conciencia de su verdadera fuente de poder.

Capítulo 14

14.1ss En este capítulo leemos acerca del pobre trabajo que hizo Saúl como líder: no tuvo comunicación con Jonatán (14.1, 17), pronunció una maldición insensata (14.24) e ignoró el bienestar de sus propios soldados (14.31). El liderazgo deficiente de Saúl no fue el resultado de rasgos de personalidad, sino de un carácter espiritual en decadencia. Lo que hacemos es a menudo resultado directo de nuestra condición espiritual. No podemos ignorar la importancia del carácter espiritual en un liderazgo efectivo.

14.1 ¿Por qué iría Jonatán sólo a atacar a los filisteos? Jonatán pudo haber estado cansado del largo y desesperanzado empate en la batalla. Confiaba en que Dios daría la victoria y quiso actuar con base en esa confianza. Además sabía que el número de filisteos no era problema para Dios. Quizá no dijo a su padre nada acerca de su misión porque pensó que Saúl no lo hubiera dejado ir.

14.6 Jonatán y su escudero no representaban una fuerza que pudiera atacar al inmenso ejército filisteo. Pero mientras todos los demás tenían miedo, ellos confiaron en Dios, sabiendo que el tamaño del ejército enemigo no restringiría la capacidad de Dios para ayudarlos. Dios honró la fe y la acción valerosa de estos dos hombres con una victoria tremenda.

¿Se ha sentido alguna vez rodeado por el «enemigo» o ha enfrentado circunstancias abrumadoras? Dios no se intimida nunca por el tamaño del enemigo o por la complejidad de un problema. Con Él, siempre hay suficientes recursos para resistir las presiones y ganar las batallas. Si Dios lo ha llamado a actuar, comprometa valientemente con Dios los recursos que posea y deposite su confianza en Él para que le dé la victoria.

14.12 Jonatán no tenía la autoridad para guiar todas las tropas a la batalla, pero pudo comenzar una pequeña escaramuza en una esquina del campo enemigo. Cuando lo hizo, el pánico se apoderó de los filisteos. Los hebreos que habían sido reclutados en el ejército filisteo hicieron una revuelta y los hombres que se escondieron en las montañas recobraron su valor y regresaron para pelear.

Cuando se enfrente a un obstáculo que está más allá de su control, pregúntese: «¿Qué pasos puedo dar ahora para encontrar una solución?» Quizá unos pocos sean justamente lo que se necesita para echar a rodar la cadena de acciones que lo llevarán a la victoria final.

14.19 La expresión «Detén tu mano» se refiere al uso del Urim y el Tumim, que eran sacado del efod de lino (chaleco) como una manera de determinar la voluntad de Dios. Saúl apresuraba las formalidades de recibir una respuesta de Dios para poder adelantarse y entrar en batalla aprovechando la confusión de los filisteos. 

14.24 Saúl hizo un voto sin pensar las implicaciones. ¿Los resultados? (1) Sus hombres estaban demasiado cansados para pelear; (2) estaban tan hambrientos que comieron carne cruda que todavía chorreaba sangre, que era contra las leyes de Dios (14.32); (3) Saúl casi mata a su propio hijo (14.42–44).

El voto impulsivo de Saúl sonaba heroico, pero tenía sus efectos colaterales desastrosos. Si está en medio de un conflicto, evite hacer declaraciones impulsivas que luego pueda verse forzado a seguir.

14.32–34 Una de las más antiguas y firmes leyes hebreas acerca del alimento era la prohibición de comer carne cruda que contenía sangre del animal (Levítico 7.26, 27). Esta ley comenzó en los días de Noé (Génesis 9.4) y todavía era observada por los primeros cristianos (Hechos 15.27–29). Era pecado comer la sangre porque esta representaba la vida y la vida pertenece a Dios. (Si desea una explicación más amplia, véase Levítico 17.10–14.)

14.35, 36 Después de ser rey por varios años, Saúl finalmente construye su primer altar a Dios, pero sólo como último recurso. A lo largo de su reinado, Saúl siempre se acercaba a Dios después de haber intentado todo lo demás. Esto era bien contrario a la opinión del sacerdote, quien sugirió que Dios debía ser consultado primero (14.36). Todo hubiera resultado mucho mejor si Saúl hubiera ido ante Dios primero, y hubiera construido un altar como su primer acto oficial como rey. Dios es demasiado grande para quedar para después. Si nos volvemos a Él en primer lugar, nunca tendremos que recurrir a Él como último recurso.

14.39 Esta es la segunda maldición necia de Saúl. La primera de ellas (14.24–26) fue porque estaba sumamente ansioso de derrotar a los filisteos y quería dar a los soldados un incentivo para terminar la batalla rápidamente. En la Biblia, Dios nunca pidió a la gente que hiciera juramentos o votos, pero si los hacían, esperaba que los cumplieran (Levítico 5.4; Números 30).

El voto de Saúl fue algo que Dios no hubiera aprobado, pero seguía siendo un voto. Y sin embargo, Jonatán, a pesar de que no sabía acerca del voto de Saúl, fue encontrado culpable de romperlo. Al igual que Jefté (Jueces 11), Saúl hizo un voto que ponía en peligro la vida de su propio hijo. Afortunadamente, el pueblo intervino y salvó la vida de Jonatán.

14.39 Saúl había dado una orden tonta y había hecho que sus hombres pecaran, pero no quería retractarse ni aunque tuviera que matar a su propio hijo. Cuando hacemos declaraciones tontas, es difícil reconocer que estamos equivocados. Nos aferramos a lo que hemos dicho para salvar las apariencias, lo que suele agravar el problema. Sin embargo, se requiere más valor para reconocer un error que para aferrarnos a lo que hayamos hecho.

14.43 El carácter espiritual de Jonatán era diametralmente opuesto al de Saúl. Jonatán reconoció lo que había hecho y no trató de presentar excusas. Aun cuando no sabía de la orden de Saúl, Jonatán estuvo dispuesto a aceptar las consecuencias de sus acciones. Cuando haga algo equivocado, incluso sin quererlo, actúe como Jonatán, no como Saúl.

14.44, 45 Saúl hizo otra declaración necia, esta vez porque estaba más preocupado por salvar las apariencias que por tener la razón. Perdonar la vida a Jonatán era reconocer que había actuado neciamente, lo que era una vergüenza para un rey. Saúl estaba más interesado en proteger su imagen que en cumplir su voto. Afortunadamente, el pueblo acudió en rescate de Jonatán. No sea como Saúl. Reconozca sus errores y muestre que está más interesado en lo que es correcto que en mostrar una buena imagen de sí mismo.

14.47 ¿Por qué tuvo tanto éxito Saúl exactamente después de que había desobedecido a Dios y que se le había dicho que su reino acabaría (13.13, 14)? Muchas veces las batallas la ganan gente impía. El éxito no está garantizado, ni se limita a los justos. Dios actuó de acuerdo a su voluntad. Dios quizás le dio el triunfo a Saúl por el bienestar de la nación, no porque el rey lo mereciera. Quizás dejó a Saúl en el trono por un tiempo para aprovechar sus talentos militares, y para que David, el siguiente rey de Israel, pudiera pasar más tiempo enfocado en las batallas espirituales de la nación. Cualesquiera que hayan sido las razones que tuvo Dios para retrasar la muerte de Saúl, su reinado terminó exactamente en la forma que Dios lo había predicho. El momento oportuno en los planes de Dios y sus promesas solo lo conoce Él. Nuestra tarea es encomendar nuestros caminos a Dios y esperar en Él.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 13 DE Abril. Lucas 14: 1 - 24

Capítulo 14

14.1–6 En otra ocasión, invitaron a Jesús a la casa de un fariseo para discutir (7.36). Esta vez, uno de los más prominentes lo invitó con el propósito específico de atraparlo en algo que dijera o hiciera para arrestarlo. Quizás sorprenda ver a Jesús en los medios de los fariseos después que los denunciara muchas veces, pero Él no temía enfrentarlos, aun sabiendo que tenían como propósito sorprenderlo en el quebrantamiento de las leyes.

14.2 Lucas, el médico, identifica la enfermedad de este hombre: sufría hidropesía. Esta enfermedad se debe a una acumulación anormal de líquido en tejidos y cavidades.

14.7–11 Jesús aconsejó a las personas que no se apresuraran a escoger asientos en las fiestas. La gente hoy actúa con igual ansiedad para mejorar su nivel social, ya sea por relacionarse con cierta clase de personas, usar un tipo de ropa que le dé nivel o por manejar un automóvil costoso. ¿A quién quiere impresionar? Antes que buscar prestigio, busque un lugar en el que pueda servir. Si Dios quiere que sirva en altas esferas, Él lo invitará a ocupar un lugar de importancia.

14.7–14 Jesús enseñó dos lecciones aquí. Primera, habló a los invitados diciéndoles que no ocuparan los lugares de honor. El servicio es más importante en el Reino de Dios que el nivel social. Segunda, se dirigió al anfitrión indicándole que no fuera elitista al invitar. Dios brinda su Reino a todos.

14.11 ¿Cómo podemos humillarnos? Algunas personas procuran aparentar humildad a fin de manipular a los demás. Otros piensan que la humildad significa dejarse aplastar. Pero la gente humilde de verdad se compara solo con Cristo, reconoce su pecado, comprende sus limitaciones en habilidades, moral, logros y conocimientos. La humildad no es una autodegradación, es una afirmación realista y enfocada al servicio.

14.15-24 El hombre que estaba con Jesús vio la gloria del Reino de Dios, pero falló en su visión para ser parte de él. La parábola de Jesús muestra cómo a menudo rechazamos la invitación de Dios a su banquete poniendo excusas. Los negocios, el matrimonio, la riqueza u otra cosa, pueden ser la causa para resistir o postergar la respuesta a la invitación de Dios. La invitación de Dios es lo más importante, no importa qué inconveniente tengamos. ¿Se excusa para evitar responder al llamado de Dios? Jesús nos recuerda que el día vendrá en que Dios dejará de invitarlo y lo hará a otros, entonces será demasiado tarde para entrar al banquete.

14.16ss Para una fiesta, se acostumbraba enviar dos invitaciones: la primera la anunciaba, la segunda indicaba que todo estaba listo. Los invitados en la parábola de Jesús ofendieron al anfitrión al excusarse cuando se les envió la segunda invitación. En la historia de Israel, la primera invitación de Dios vino a través de Moisés y los profetas; la segunda vino mediante su Hijo. Los líderes religiosos aceptaron la primera invitación. Creyeron en los profetas, pero desecharon a Dios al no creer en su Hijo. De la manera en que el amo de la historia envió su siervo a las calles para que invitara a los necesitados a participar en el banquete, asimismo Dios envió a su Hijo al mundo de gente necesitada para anunciar que el Reino de Dios había llegado y estaba a su disposición.

14.16ss En este capítulo leemos palabras de Jesús en contra de los que buscan rango social y favor del trabajo arduo y aun sufrido. No perdamos de vista el propósito de nuestra humildad y autosacrificio, ¡un banquete lleno de gozo con nuestro Señor! Dios nunca nos pide padecer por amor al sufrimiento. Nunca nos pide dejar algo bueno a menos que planee reemplazarlo con algo mucho mejor. No nos llama a unirnos a Él para trabajar en el campo, sino para una fiesta, una fiesta de bodas, la cena del Cordero (Apocalipsis 19.6-9), cuando Dios y su amada Iglesia se unirán para siempre. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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