Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE Abril. 1 Samuel 10, 11,12

10

1Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? 2Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín, en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar se han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas, y está afligido por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo? 3Y luego que de allí sigas más adelante, y llegues a la encina de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino; 4los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de mano de ellos. 5Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. 6Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. 7Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo. 8Luego bajarás delante de mí a Gilgal; entonces descenderé yo a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Espera siete días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer.

9Aconteció luego, que al volver él la espalda para apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales acontecieron en aquel día. 10Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos. 11Y aconteció que cuando todos los que le conocían antes vieron que profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas? 12Y alguno de allí respondió diciendo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se hizo proverbio: ¿También Saúl entre los profetas? 13Y cesó de profetizar, y llegó al lugar alto.

14Un tío de Saúl dijo a él y a su criado: ¿A dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no parecían, fuimos a Samuel. 15Dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo Samuel. 16Y Saúl respondió a su tío: Nos declaró expresamente que las asnas habían sido halladas. Mas del asunto del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió nada.

17Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en Mizpa, 18y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron. 19Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares.

20Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín. 21E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado. 22Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje. 23Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo. 24Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!

25Samuel recitó luego al pueblo las leyes del reino, y las escribió en un libro, el cual guardó delante de Jehová. 26Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado. 27Pero algunos perversos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y le tuvieron en poco, y no le trajeron presente; mas él disimuló.

 Saúl derrota a los amonitas

11

1Después subió Nahas amonita, y acampó contra Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Nahas: Haz alianza con nosotros, y te serviremos. 2Y Nahas amonita les respondió: Con esta condición haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel. 3Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: Danos siete días, para que enviemos mensajeros por todo el territorio de Israel; y si no hay nadie que nos defienda, saldremos a ti. 4Llegando los mensajeros a Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo; y todo el pueblo alzó su voz y lloró.

5Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que llora? Y le contaron las palabras de los hombres de Jabes. 6Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder; y él se encendió en ira en gran manera. 7Y tomando un par de bueyes, los cortó en trozos y los envió por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: Así se hará con los bueyes del que no saliere en pos de Saúl y en pos de Samuel. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre. 8Y los contó en Bezec; y fueron los hijos de Israel trescientos mil, y treinta mil los hombres de Judá. 9Y respondieron a los mensajeros que habían venido: Así diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana al calentar el sol, seréis librados. Y vinieron los mensajeros y lo anunciaron a los de Jabes, los cuales se alegraron. 10Y los de Jabes dijeron a los enemigos: Mañana saldremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere. 11Aconteció que al día siguiente dispuso Saúl al pueblo en tres compañías, y entraron en medio del campamento a la vigilia de la mañana, e hirieron a los amonitas hasta que el día calentó; y los que quedaron fueron dispersos, de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos.

12El pueblo entonces dijo a Samuel: ¿Quiénes son los que decían: ¿Ha de reinar Saúl sobre nosotros? Dadnos esos hombres, y los mataremos. 13Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy Jehová ha dado salvación en Israel. 14Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para que renovemos allí el reino. 15Y fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron allí a Saúl por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí ofrendas de paz delante de Jehová, y se alegraron mucho allí Saúl y todos los de Israel.

 Discurso de Samuel al pueblo

12

1Dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey. 2Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día. 3Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. 4Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre. 5Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado cosa alguna en mi mano. Y ellos respondieron: Así es.

6Entonces Samuel dijo al pueblo: Jehová que designó a Moisés y a Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto, es testigo. 7Ahora, pues, aguardad, y contenderé con vosotros delante de Jehová acerca de todos los hechos de salvación que Jehová ha hecho con vosotros y con vuestros padres. 8Cuando Jacob hubo entrado en Egipto, y vuestros padres clamaron a Jehová, Jehová envió a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar. 9Y olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió en mano de Sísara jefe del ejército de Hazor, y en mano de los filisteos, y en mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra. 10Y ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Hemos pecado, porque hemos dejado a Jehová y hemos servido a los baales y a Astarot; líbranos, pues, ahora de mano de nuestros enemigos, y te serviremos. 11Entonces Jehová envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos en derredor, y habitasteis seguros. 12Y habiendo visto que Nahas rey de los hijos de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar sobre nosotros un rey; siendo así que Jehová vuestro Dios era vuestro rey. 13Ahora, pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que Jehová ha puesto rey sobre vosotros. 14Si temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro Dios, haréis bien. 15Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo contra vuestros padres. 16Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jehová hará delante de vuestros ojos. 17¿No es ahora la siega del trigo? Yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de Jehová, pidiendo para vosotros rey. 18Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio truenos y lluvias en aquel día; y todo el pueblo tuvo gran temor de Jehová y de Samuel.

19Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros. 20Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón. 21No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades. 22Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. 23Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. 24Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. 25Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE Abril. Lucas 13: 22 – 35.

La puerta estrecha

(Mt. 7.13–14, 21–23)

22Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. 23Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. 26Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. 29Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.

 Lamento de Jesús sobre Jerusalén

(Mt. 23.37–39)

31Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. 32Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. 33Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. 34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! 35He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 12 DE Abril. 1 Samuel 10, 11,12

Capítulo 10

10.1 Cuando un rey israelita ascendía al trono no era sólo coronado sino ungido. La coronación era el acto político para establecer al rey como gobernante, la unción era el acto religioso para hacerlo representante de Dios ante el pueblo. Un rey siempre era ungido por un sacerdote o un profeta. El aceite especial para la unción era una mezcla de aceite de oliva, mirra y de otras especias caras. Era derramado sobre la cabeza del rey para simbolizar la presencia y el poder del Espíritu Santo de Dios en su vida. Esta ceremonia de unción era para recordarle al rey su gran responsabilidad de guiar a su pueblo por medio de la sabiduría de Dios, y no por cuenta propia.

10.6 ¿Cómo pudo Saúl estar tan lleno del Espíritu y más tarde cometer esos actos tan perversos? A lo largo del Antiguo Testamento, el Espíritu de Dios venía a una persona de manera temporal para que así Dios lo pudiera utilizar para grandes obras. Esto sucedió con frecuencia a los jueces de Israel cuando fueron llamados por Dios para rescatar a la nación (Jueces 3.8–10). No era una influencia constante ni permanente, sino una manifestación temporal del Espíritu Santo. Incluso, en tiempos del Antiguo Testamento, el Espíritu caía sobre personas que no eran creyentes para capacitarlos para realizar tareas inusuales (Números 24; 2 Crónicas 36.22, 23). El Espíritu Santo confería poder a la persona para hacer lo que Dios pedía, pero eso no siempre producía el fruto total del Espíritu, y les faltaba, digamos, dominio propio. En sus primeros años de rey, Saúl fue una persona diferente (10.1–10) como resultado de la obra del Espíritu Santo en él. Pero conforme creció en poder, también creció en arrogancia. Después de un tiempo de que se negó a buscar a Dios, el Espíritu lo abandonó (16.14) y se desvaneció su buena actitud.

10.10, 11 Un profeta es alguien que habla las palabras de Dios. Si bien Dios dijo a muchos profetas que predijeran ciertos acontecimientos, lo que Dios más quería era que instruyeran e inspiraran al pueblo para vivir fieles a Él. Cuando los amigos de Saúl lo escucharon pronunciando palabras inspiradas exclamaron: «¡Cómo! ¿Saúl también entre los profetas?» Esta fue una expresión de sorpresa, de que el mundano Saúl se estuviera volviendo religioso. Es equivalente a «¿Qué? ¿Se ha hecho religioso?»

10.19 El verdadero rey de Israel era Dios, pero la nación demandaba otro. ¡Imagínese querer a un ser humano en lugar de a Dios como su guía y su líder! A lo largo de la historia, hombres y mujeres han rechazado a Dios y lo siguen haciendo en la actualidad. ¿Está usted rechazando a Dios al hacerlo a un lado y al reconocer a otras personas o cosas como su «rey» o su prioridad más alta? Aprenda de estas historias de los reyes de Israel, y no ponga a Dios a un lado.

10.20 Los israelitas eligieron a su primer rey echando suerte, o utilizando el Urim y el Tumim, dos piedras lisas que llevaba el sumo sacerdote. El hecho de que Saúl fuera elegido puede parecer cuestión de suerte, pero realmente era lo contrario. Dios había instruido a los israelitas que hicieran el Urim y el Tumim con el propósito específico de consultarlo en momentos como este (Éxodo 28; 30; Números 27.12–21). Al utilizar el Urim y el Tumim los israelitas estaban retirando la decisión de sus manos y la estaban pasando a Dios.

Sólo el sumo sacerdote podía utilizar el Urim y el Tumim que estaba diseñado para dar exclusivamente sí y no como respuestas.

10.22 Cuando los israelitas se reunieron para elegir a un rey, Saúl ya sabía que era él (10.1). Sin embargo, en lugar de pasar al frente, se escondió entre el bagaje. A menudo nos escondemos de las responsabilidades importantes porque tenemos miedo del fracaso, de lo que otros pensarán o quizá porque nos sentimos inseguros de cómo proceder. Prepare ya el próximo paso de sus futuras responsabilidades. Cuente con la provisión de Dios además de sus sentimientos de suficiencia.

10.25 Los reyes de Israel, a diferencia de los reyes de las demás naciones, tenían deberes específicos establecidos para ellos (Deuteronomio 17.14–20). A los reyes paganos se los consideraba dioses; hacían sus propias leyes y no respondían a nadie. El rey de Israel, por el contrario, tenía que responder ante una autoridad superior: el Dios de la tierra y de los cielos. Ahora los israelitas tenían un rey como todos los demás, exactamente como lo querían. Pero Dios, en su preocupación tanto por el rey como por el pueblo, quería asegurarse de que el rey de Israel gobernara de manera diferente que los equivalentes paganos. «El cual guardó delante de Jehová» significa que Samuel puso el libro como testigo del acuerdo, en un lugar especial de Mizpa.

10.26, 27 Algunos hombres se volvieron los acompañantes de toda ocasión de Saúl, mientras que otros lo despreciaron. La crítica siempre irá dirigida contra aquellos que dirigen, ya que se encuentran en un puesto vulnerable. En este momento, Saúl no prestó atención a aquellos que parecían estar contra él, aun cuando más tarde sería consumido por los celos (19.1–3; 26.17–21). Cuando dirija, escuche la crítica constructiva, pero no desperdicie tiempo valioso y energía preocupándose por aquellos que puedan oponerse a usted. En lugar de eso, centre su atención en aquellos que están listos y dispuestos a ayudarlo.

Capítulo 11

11.1ss Por estos días, Israel era muy susceptible a las invasiones de las tribus saqueadoras tales como estos amonitas del este del río Jordán. El liderazgo que ejerció Saúl en esta batalla contra esta tribu de guerreros sirvió para unir a la nación y demostró que Saúl era un valioso gobernante militar. El reinado de Saúl se vio fortalecido al salvar a la nación de la desgracia y al perdonar la vida de los que lo habían criticado.

11.3 ¿Por qué dio Nahas a la ciudad de Jabes de Galaad siete días para encontrar un ejército para que los ayudara? Ya que Israel estaba todavía desorganizado, Nahas estaba apostando que nadie vendría en ayuda de la ciudad. Esperaba tomar la ciudad sin pelear y así evitar una batalla. Además quizá no estaba preparado para atacar la ciudad ya que un sitio contra sus murallas podría durar semanas o meses.

11.6 La ira es una emoción poderosa. A menudo lleva a las personas a herir a otras con palabras o con violencia física. Pero la ira dirigida al pecado o al maltrato de otros no es mala. Saúl estaba enojado por la amenaza de los amonitas de humillar y maltratar a sus amigos israelitas. El Espíritu Santo utilizó la ira de Saúl para traer justicia y libertad. Cuando la injusticia y el pecado lo hagan enojar, pregunte a Dios cómo puede canalizar esa ira de una manera constructiva para ayudar a un cambio positivo.

11.8 Judá, una de las 12 tribus de Israel, generalmente se menciona en forma separada de las otras 11. Hay varias razones para esto. Judá era la tribu más grande (Números 1.20–46), y era la tribu de la que provendrían la mayoría de los reyes de Israel (Génesis 49.8–12). Más tarde, Judá sería una de las pocas tribus que regresarían a Dios después de un siglo de cautiverio bajo un poder hostil y extraño. Judá además sería la tribu por medio de la cual vendría el Mesías (Miqueas 5.2).

11.15 Cuando coronaron a su primer rey, los israelitas ofrecieron a Dios ofrendas de paz. Las instrucciones para llevar a cabo estas ofrendas se dan en Levítico 3. El sacrificio de paz era una expresión de gratitud y de acción de gracias a Dios, simbolizaba la paz que viene a los que lo conocen y que viven de acuerdo con sus mandamientos. A pesar de que Dios no quería que su pueblo tuviera un rey humano, el pueblo estaba demostrando por medio de sus ofrendas de paz que Él seguía siendo su verdadero rey. Desafortunadamente, esta actitud no perduró, tal y como Dios lo había predicho (8.7–19).

Capítulo 12

12.1ss Samuel siguió sirviendo al pueblo como su sacerdote, profeta y juez, pero Saúl ejercía más y más control político y militar sobre las tribus (véase 7.15).

12.1–3 En su discurso de despedida, Samuel les pidió a los israelitas que señalaran cualquiera equivocación que hubiera cometido durante su período como juez. Con esta actitud, Samuel les estaba recordando que podían confiar en que él diría la verdad. Además les estaba recordando que la idea de tener un rey había sido del pueblo, no de él. Samuel estaba montando el escenario para la milagrosa tormenta registrada en 12.16–19 para que así el pueblo no pudiera culparlo cuando Dios los castigara por sus actitudes egoístas.

12.11 Jerobaal era el nombre que se le puso a Gedeón cuando destruyó el altar de Baal (véase Jueces 6.32).

12.12-15 Dios concedió la petición de la nación por un rey, pero sus mandamientos y requerimientos para sus vidas permanecieron iguales. Dios tendría que ser su verdadero rey, y tanto Saúl como el pueblo tendrían que estar sujetos a su ley. Ninguna persona está exenta jamás de la ley de Dios. Ningún compromiso humano está fuera de la jurisdicción de Dios. Él es el verdadero rey de cada una de las áreas de la vida. Debemos reconocer su reinado y someternos a Él en obediencia.

12.17 La cosecha del trigo llegaba cerca del final de la estación seca, durante los meses de mayo y junio. Debido a que la lluvia caía muy raramente durante este período, una gran tormenta era considerada como un suceso milagroso. Pero la lluvia durante la cosecha del trigo podía dañar las cosechas y hacer que se pudriera rápidamente. Este suceso inusual demostró el descontento de Dios con la petición que hizo Israel de un rey.

12.22 ¿Por qué Dios hizo de Israel «su pueblo»? Dios no los escogió porque se lo merecieran (Deuteronomio 7.7, 8), sino para que pudieran ser el medio por el cual Dios bendijera a todas las personas a través del Mesías (Génesis 12.1–3), Dios nunca abandonaría a su pueblo, pero debido a que era su nación especial, a menudo los castigaría por su desobediencia a fin de traerlos nuevamente a una correcta relación con Él.

12.23 ¿Es pecado el dejar de orar por otros? Las palabras de Samuel parecen indicar que sí. Las acciones de Samuel ilustran dos responsabilidades de las que debía preocuparse el pueblo de Dios: (1) orar de manera constante por otros (Efesios 6.18) y (2) enseñar a otros el camino correcto hacia Dios (2 Timoteo 2.2). Samuel no estaba de acuerdo con la demanda de los israelitas de un rey, pero les aseguró que continuaría orando por ellos y enseñándoles. Podemos estar en desacuerdo con alguien, pero no debemos dejar de orar por esa persona.

12.24 Esta es la segunda vez en el discurso de despedida que Samuel recordaba al pueblo que dedicara un tiempo para considerar cuán grandes cosas había hecho Dios por ellos (véase 12.7). Dedicar tiempo para la reflexión nos permite centrar nuestra atención en la bondad de Dios y fortalece nuestra fe. En ocasiones estamos tan orientados hacia el progreso y el futuro que no nos damos el tiempo para reflexionar sobre todo lo que Dios ya hizo. Haga un hábito el recordar lo que Dios ha hecho por usted para que pueda seguir adelante con agradecimiento.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 12 DE Abril. Lucas 13: 22 – 35.

13.22 Esta es la segunda vez que Lucas nos recuerda que Jesús intencionalmente iba a Jerusalén (la anterior aparece en 9.51). Aun cuando sabía que estaba en camino hacia la muerte, continuó predicando a grandes multitudes y sanando. La perspectiva de la muerte no varió la misión de Jesús.

13.24,25 Hallar la salvación requiere más concentración y esfuerzo de lo que muchas personas esperan invertir. Es obvio que no podemos salvarnos solos ni hay manera en que podamos hacer algo en favor de Dios. Debemos esforzarnos en «entrar por la puerta angosta» en un deseo diligente de conocer a Dios y procurar con fervor establecer una relación sin importar el costo. Debemos cuidar de no pasar por alto esta acción porque la puerta no estará abierta para siempre.

13.26,27 El Reino de Dios no necesariamente lo poblará la gente que esperamos encontrar allí. Muchos líderes religiosos muy respetables que proclaman lealtad a Jesús no estarán allí porque en secreto eran moralmente corruptos.

13.27 La gente deseaba saber quién se salvaría. Jesús explicó que a pesar de que muchos saben algo acerca de Dios, solo algunos han aceptado su perdón. Escuchar sus palabras o admirar sus milagros no es suficiente, es fundamental dar la espalda al pecado y confiar en Dios para recibir su salvación.

13.29 El Reino de Dios incluirá gente de todas partes del mundo. El rechazo de Israel hacia Jesús como el Mesías no detendrá el plan de Dios. El verdadero Israel incluye a todas las personas que creen a Dios. Este es un hecho importante para Lucas al dirigir su mensaje a una audiencia gentil (véanse también Romanos 4.16–25; Gálatas 3.6–9).

13.30 Habrán muchas sorpresas en el Reino de Dios. Algunos que ahora desprecian, se honrarán después; algunos influyentes aquí se quedarán afuera de las puertas del Reino. A muchas personas «sobresalientes» (a los ojos de Dios) de esta tierra, el resto del mundo virtualmente las pasa por alto. Lo que le importa a Dios no es la popularidad terrenal, nivel social, riqueza, herencia ni poder, sino nuestra entrega a Dios. ¿Cómo conjuga sus valores con lo que la Biblia dice que debemos valorar? Ponga a Dios en primer lugar y se unirá a la gente de todo el mundo que estará en la fiesta en el reino de los cielos.

13.31-33 A los fariseos no les interesaba proteger a Jesús de algún peligro. Trataban de atraparlo. Los fariseos urgían a Jesús a que se fuera no porque temían a Herodes, sino porque no querían que se quedara en Jerusalén. Pero ni Herodes ni los fariseos podían determinar la vida, obra y muerte de Jesús. Dios mismo planeó y dirigió la vida de Jesús, y su misión se reveló en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan.

13.33, 34 ¿Por qué Jesús consideró a Jerusalén? Jerusalén, la ciudad de Dios, simbolizaba toda la nación. Era la ciudad más grande de Israel y la capital espiritual y política de la nación. Judíos alrededor del mundo la visitaban a menudo. Pero Jerusalén tenía la fama de rechazar a los profetas que Dios enviaba (1 Reyes 19.10; 2 Crónicas 24.19; Jeremías 2.30; 26.20–23) y rechazaría al Mesías como lo hizo con sus antecesores. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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