Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 11 DE Abril. 1 Samuel 7,8, 9

7

1Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová. 2Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.

 Samuel, juez de Israel

3Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos. 4Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.

5Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová. 6Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa. 7Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos. 8Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos. 9Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó. 10Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel. 11Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.

12Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová. 13Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel. 14Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.

15Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió. 16Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares. 17Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.

 Israel pide rey

8

1Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel. 2Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. 3Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.

4Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, 5y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. 6Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. 8Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo. 9Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos.

10Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey. 11Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro; 12y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. 13Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras. 14Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. 15Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. 16Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. 17Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. 18Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día.

19Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; 20y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. 21Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió en oídos de Jehová. 22Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a vuestra ciudad.

 Saúl es elegido rey

9

1Había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un benjamita. 2Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.

3Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas. 4Y él pasó el monte de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron.

5Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros. 6El le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino. 7Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos? 8Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino. 9(Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba vidente.) 10Dijo entonces Saúl a su criado: Dices bien; anda, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios.

11Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente? 12Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti; date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. 13Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio; después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le hallaréis. 14Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacía ellos para subir al lugar alto. 15Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo:

16Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí. 17Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi pueblo. 18Acercándose, pues, Saúl a Samuel en medio de la puerta, le dijo: Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente. 19Y Samuel respondió a Saúl, diciendo: Yo soy el vidente; sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón. 20Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre? 21Saúl respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?

22Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo a la sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres. 23Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardases aparte. 24Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl comió aquel día con Samuel.

25Y cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad, él habló con Saúl en el terrado. 26Al otro día madrugaron; y al despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo: Levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y Samuel.

27Y descendiendo ellos al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: Di al criado que se adelante (y se adelantó el criado), mas espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 11 DE Abril. Lucas 13: 1 - 21

Arrepentíos o pereceréis

13

1En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. 2Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? 3Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. 4O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? 5Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

 Parábola de la higuera estéril

6Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.

 Jesús sana a una mujer en el día de reposo

10Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo;* 11y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. 12Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. 14Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo,* dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo.* 15Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo* su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?* 17Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.

 Parábode espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; f0(Mt. 13.31–32; Mr. 4.30–32)

18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? 19Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.

 Parábola de la levadura

(Mt. 13.33)

20Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? 21Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 11 DE Abril. 1 Samuel 7,8,9

Capítulo 7

7.1 El arca fue llevada a Quiriat-jearim, una ciudad cercana al campo de batalla, para custodiarla, y a Eleazar se le dio la responsabilidad de cuidarla. ¿Por qué no fue regresada al tabernáculo en Silo? Probablemente debido a las acciones perversas de los sacerdotes (2.12–17), Silo había sido capturada y destruida por los filisteos en una batalla anterior (4.1–18; Jeremías 26.2–6). El tabernáculo y su mobiliario estaban aparentemente a salvo, porque leemos que durante el reinado de Saúl fue establecido en Nob (21.1–6) y en Gabaón durante los reinados de David y Salomón (1 Crónicas 16.39; 21.29, 30; 2 Crónicas 1). Sin embargo, Silo no se vuelve a mencionar en los libros históricos del Antiguo Testamento. La nueva casa de Samuel fue Ramá (7.15–17; 8.4), su lugar de nacimiento (más evidencia de la destrucción de Silo).

7.2, 3 Israel lloró y se afligió durante veinte años. El arca fue guardada como se pone una caja sin valor en un ático, y parecía como si el Señor hubiera abandonado a su pueblo. Samuel, ahora adulto, los estimuló para que actuaran diciéndoles que si realmente estaban avergonzados, debían hacer algo al respecto. Cuán fácil es para nosotros quejarnos por nuestros problemas, hasta con Dios, mientras que nos negamos a actuar, a cambiar, y a hacer lo que debemos hacer. Ni siquiera seguimos el consejo que Dios nos ha dado. ¿Ha sentido alguna vez como si Dios lo hubiera abandonado? Revise para ver si hay algo que Él ya le haya dicho que haga. Quizá no reciba nuevas instrucciones hasta que haya actuado conforme a sus instrucciones previas.

7.3 Samuel urgió a los israelitas para que se deshicieran de sus dioses extraños. Hoy día, los ídolos son mucho más sutiles que los dioses de madera y de piedra, pero son igualmente peligrosos. Cualquier cosa que tenga el primer lugar en nuestra vida o que nos controle se convierte en nuestro dios. Dinero, éxito, bienes materiales, orgullo o cualquiera otra cosa puede ser un ídolo si toma el lugar de Dios en nuestras vidas. Sólo Dios merece nuestro culto y adoración, y no debemos permitir que tenga rivales. Si tenemos «dioses extraños» en nuestra vida, necesitamos pedir a Dios que nos ayude a destronarlos, haciendo del verdadero Dios nuestra primera prioridad.

7.4 Se creía que Baal era el hijo de El, deidad principal de los cananeos. Baal era considerado dios del trueno y de la lluvia, por lo tanto controlaba la vegetación y la agricultura. Astarot era una diosa de amor y guerra (en Babilonia recibía el nombre de Istar y Astarte o Afrodita en Grecia). Representaba la fertilidad. Los cananeos creían que mediante la unión sexual de Baal y Astarot, la tierra mágicamente se rejuvenecería y se haría fértil.

7.5 Mizpa tenía un significado especial para la nación israelita. Fue en Mizpa donde se reunieron los israelitas para movilizarse contra la tribu de Benjamín (Jueces 20.1). Fue allí donde Samuel fue designado para ser juez (7.6), y Saúl, el primer rey de Israel, fue identificado y presentado al pueblo (10.17ss).

7.6 El derramar agua en la tierra «delante de Jehová» era una señal de arrepentimiento por el pecado, volver de la idolatría y decidir obedecer exclusivamente a Dios.

7.6 Samuel llegó a ser el último de una larga línea de jueces (líderes) de Israel que comenzó en los días cuando Israel conquistó la tierra prometida. Para ver una lista de estos jueces refiérase al cuadro de Jueces 2. Un juez era tanto un líder político como religioso. Dios era el líder de Israel, mientras que el juez era el vocero de Dios para el pueblo y el administrador de justicia a través del país. Mientras algunos de los jueces de Israel confiaron más en su propio juicio que en el de Dios, la obediencia de Samuel y su dedicación a Dios lo hizo ser uno de los más grandes jueces en la historia de Israel. (Para más información sobre Samuel como juez, véase la nota a 4.18.)

7.12 Los israelitas tuvieron grandes dificultades con los filisteos, pero Dios los rescató. En respuesta, el pueblo puso una piedra como recordatorio de la gran ayuda y liberación de Dios. Durante los momentos difíciles, debemos recordar los momentos cruciales de nuestro pasado para que nos ayuden en el presente. Al recordar las victorias pasadas de Dios podemos ganar confianza y fortaleza para el presente.

7.14 En los tiempos de Josué, los amorreos eran una tribu poderosa desparramada a lo largo de la zona de colinas a ambos lados del Jordán, con una fuerte concentración en la margen derecha de este río, frente al Mar Muerto. En el contexto de este versículo, sin embargo, amorreos es otro nombre general para todos los habitantes de Canaán que no eran israelitas.


Capítulo 8

8.1–3 Siendo ya anciano, Samuel designó a sus hijos para ser jueces sobre Israel en su lugar, pero resultaron ser corruptos, muy parecidos a los hijos de Elí (2.12). No sabemos por qué los hijos de Samuel tomaron el camino malo, pero sí sabemos que a Elí se le responsabilizó por la corrupción de sus propios hijos (2.29–34).

Es imposible saber si Samuel fue un mal padre. Sus hijos eran lo suficientemente grandes como para arreglárselas por sí mismos. Debemos tener cuidado de no culparnos por los pecados de nuestros hijos. Por otro lado, la paternidad es una responsabilidad tremenda y nada es más importante que moldear y forjar las vidas de nuestros hijos.

Si sus hijos ya grandes no están siguiendo el camino de Dios, dése cuenta de que ya no puede controlarlos más. No se culpe a sí mismo por lo que ya no es su responsabilidad. Pero si sus hijos todavía están bajo su cuidado, sepa que lo que usted haga o enseñe tendrá un profundo efecto en ellos que durará el resto de sus vidas.

8.4–9 Israel quería un rey por varias razones: (1) los hijos de Samuel no eran los adecuados para guiar a Israel. (2) Las doce tribus de Israel continuamente tenían problemas al trabajar juntas porque cada una de ellas tenía su propio líder y territorio. Se esperaba que un rey uniría las tribus en una nación y en un ejército. (3) El pueblo quería ser como las naciones vecinas. Esto es exactamente lo que Dios no quería. El tener un rey facilitaría que se olvidaran de que Dios era su verdadero líder. No estaba mal que Israel pidiera un rey. Dios había mencionado la posibilidad en Deuteronomio 17.14–20. Pero, en realidad el pueblo estaba rechazando a Dios como su líder. Los israelitas querían leyes, un ejército y un monarca humano en el lugar de Dios. Querían administrar la nación con los recursos humanos, aun cuando sólo la fuerza de Dios podía hacerlos florecer en la hostil tierra de Canaán.

8.5, 6 El pueblo clamó por un rey, pensando que un nuevo sistema de gobierno traería consigo un cambio en la nación. Pero ya que su problema básico era la desobediencia a Dios, sus otros problemas continuarían bajo la nueva administración. Lo que necesitaban era una fe unificada y no un gobierno unificado.

Si los israelitas se hubieran sometido al liderazgo de Dios, habrían prosperado más allá de sus expectativas (Deuteronomio 28.1). Nuestra obediencia se debilita si pedimos a Dios que guíe a nuestra familia o vida personal, pero continuamos viviendo con los valores y normas del mundo. La fe en Dios debe tocar todas las áreas prácticas de nuestra vida.

8.19, 20 Samuel explicó cuidadosamente todas las consecuencias negativas de tener un rey, pero los israelitas se negaron a escuchar. Cuando usted tenga que tomar una decisión importante, evalúe cuidadosamente lo positivo y lo negativo, considerando a todos los que pueden resultar afectados por su decisión. Cuando con vehemencia desea algo, es difícil ver los problemas que pueden surgir. Pero no descarte lo negativo. A menos que tenga un plan para manejar cada uno de ellos, más tarde le darán muchos problemas.

8.19, 20 Israel fue llamada para ser una nación santa, separada y única entre todas las demás (Levítico 20.26). Los motivos que tenían los israelitas al pedir un rey era ser iguales a las naciones que los rodeaban. Esto estaba totalmente en oposición con el plan original de Dios. No era malo su deseo de tener un rey, sino que lo malo eran las razones por las que lo querían.

A menudo permitimos que los valores y acciones de otros determinen nuestras actitudes y comportamiento. ¿Ha tomado alguna vez una decisión equivocada debido a que quería parecerse a alguien? Tenga cuidado de que los valores de sus amigos o «héroes» no lo desvíen de lo que Dios dice que es correcto. Cuando el pueblo de Dios quiere ser como los incrédulos, se está encaminando hacia una decadencia espiritual.

Capítulo 9

9.3 Saúl fue enviado por su padre en una misión importante: encontrar sus asnas extraviadas. En los tiempos bíblicos, las asnas eran animales multiusos; eran los «camiones de carga». Usadas como transporte, arrastre y para tareas agrícolas, eran consideradas como de primera necesidad. Incluso la familia más pobre poseía una asna. Ser dueño de varias era señal de riqueza y perderlas era un desastre. El padre de Saúl era rico (9.1). Sus numerosas asnas eran evidencia de esa riqueza.

9.3ss Por lo general, pensamos que las cosas nos suceden a nosotros, pero como aprendemos de la historia de Saúl, Dios a menudo utiliza los sucesos comunes para guiarnos a donde Él quiere. Es muy importante que evaluemos todas las situaciones como potenciales «encuentros divinos» diseñados para forjar nuestras vidas. Piense en todas las circunstancias buenas y malas que lo han afectado en los últimos días. ¿Puede ver en ellas el propósito de Dios? Quizá está construyendo una cierta cualidad en su vida o guiándolo para que lo sirva en una nueva área.

9.6 La ciudad donde dijo el sirviente que vivía el profeta era probablemente Ramá, porque Samuel se trasladó hacia allá después de la batalla de los filisteos cerca de Silo (7.17). La falta de conocimiento de Saúl acerca de Samuel mostraba su ignorancia sobre los asuntos espirituales. Saúl y Samuel incluso vivían en el mismo territorio, Benjamín.

9.21 «¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?» El arrebato de Saúl revela un problema al cual se enfrentaría en repetidas oportunidades: su complejo de inferioridad. Como una hoja sacudida por el viento, Saúl vacilaba entre sus sentimientos y sus convicciones. Todo lo que decía y hacía era por motivos egoístas, porque vivía para sí mismo. Por ejemplo, dijo que su familia era la menos importante de la tribu «más pequeña» en Israel, pero en 9.1 dijo exactamente lo opuesto. No quería enfrentarse a la responsabilidad a la que Dios lo llamaba. Más tarde, conservó algunas cosas del botín de guerra que no debía y luego trató de culpar a sus soldados (15.21) mientras afirmaba que realmente lo había tomado para sacrificarlo a Dios (15.15).

A pesar de que fue llamado por Dios y que tenía una misión en la vida, Saúl luchó constantemente con la envidia, la inseguridad, la arrogancia, la impulsividad y la traición. Debido a que no podía permitir que el amor de Dios le diera descanso a su corazón, nunca llegó a ser el hombre de Dios.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 11 DE Abril. Lucas 13: 1 - 21

Capítulo 13

13.1-5 Quizás Pilato dio muerte a los galileos porque pensó que se rebelaron en contra de Roma; a lo mejor los que murieron al caer la torre de Siloé trabajaban para los romanos en un acueducto. Los fariseos, que se oponían a usar la fuerza para enfrentar a Roma, dirían que los galileos buscaron la muerte por rebelarse. Los zelotes, un grupo revolucionario antirromano, manifestarían que los obreros del acueducto merecían morir por su cooperación. Jesús aclaró que ni los galileos ni los obreros debieran culparse por su calamidad. En cambio, cada cual debiera preocuparse por su día de juicio.

13.5 Cuando una persona muere en un trágico accidente o sobrevive a él milagrosamente, no es una medida disciplinaria. Todos moriremos, es parte de la vida. Pero Jesús ha prometido al que cree en Él que no perecerá, sino que tendrá vida eterna (Juan 3.16).

13.6–9 A menudo en el Antiguo Testamento, un árbol con fruto simboliza la vida piadosa (véanse, por ejemplo, Salmo 1.3 y Jeremías 17.7, 8). Jesús subrayó lo que le sucedería a la otra clase de árbol, aquel que ocupó tiempo y espacio y no produjo nada para el paciente agricultor.

Esta era una manera de advertir a sus oyentes de que Dios no iba a tolerar para siempre esta infecundidad. Lucas 3.9 incluye la versión de Juan el Bautista sobre el mismo tema. ¿Disfruta usted del trato especial de Dios sin dar nada a cambio? Si no, responda a la paciencia del agricultor y prepárese a dar fruto para Dios.

13.10-17 ¿Por qué sanar se consideraba trabajo? Los líderes religiosos lo veían como parte de la profesión de un médico y estaba prohibido practicar la medicina en el día de reposo. El principal de la sinagoga no vio más allá de la Ley a la compasión de Jesús para sanar a esta mujer encorvada. Jesús lo avergonzó junto con los demás líderes al señalar su hipocresía. Podían desatar su ganado y cuidar de él, pero no querían regocijarse cuando se liberaba una vida del poder de Satanás.

13.15,16 Los fariseos ocultaron tras su juego de leyes evitar las obligaciones del amor. Nosotros también podemos usar la letra de la Ley para evadir nuestra obligación de cuidar a otros (por ejemplo, dar nuestro diezmo con regularidad, pero luego no ayudar a un vecino necesitado). La necesidad de la gente es más importante que las leyes. Dedique tiempo para ayudar a las personas con amor, aunque comprometa su imagen pública.

13.16 En nuestro mundo caído, la enfermedad es común. Sus causas son variadas: nutrición inadecuada, contacto con la fuente de infección, falta de defensas e, incluso, ataque directo de Satanás. Sin importar la causa inmediata de nuestra enfermedad, podemos ubicar su fuente original en el diablo, autor de todo lo malo en nuestro mundo. La buena nueva es que Jesús es más poderoso que cualquier demonio o enfermedad. Muchas veces Él nos da sanidad física y cuando vuelva pondrá fin a toda enfermedad, lesión e impedimento físico.

13.18-21 La expectación general en los oyentes de Jesús era que el Mesías vendría como un gran rey y líder para liberarlos de Roma y restaurar la gloria inicial de Israel. Pero Jesús dijo que su reino empezaba sin alborotos, como la pequeña semilla de mostaza que crece y se convierte en un árbol inmenso, o como la levadura que se agrega a la masa para convertirla en pan. El Reino de Dios avanza poco a poco hacia el exterior hasta que todo el mundo se transforme. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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