LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 10 DE Abril. 1 Samuel 4,5,6,
Los filisteos capturan el arca
4
1Y Samuel habló a todo Israel.
Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben-ezer, y los filisteos acamparon en Afec. 2Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres. 3Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos. 4Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.
5Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló. 6Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento. 7Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así. 8¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto. 9Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.
10Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie. 11Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.
12Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza; 13y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó. 14Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino aprisa y dio las nuevas a Elí. 15Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían oscurecido, de modo que no podía ver. 16Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? 17Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. 18Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.
19Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. 20Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. 21Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. 22Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.
El arca en tierra de los filisteos
5
1Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. 2Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. 3Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar. 4Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente. 5Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.
6Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio. 7Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón. 8Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel. 9Y aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron de tumores. 10Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo. 11Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí. 12Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la ciudad subía al cielo.
Los filisteos devuelven el arca
6
1Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete meses. 2Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos saber de qué manera la hemos de volver a enviar a su lugar. 3Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano. 4Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Ellos respondieron: Conforme al número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros príncipes. 5Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra. 6¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron? 7Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa. 8Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis que se vaya. 9Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.
10Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus becerros. 11Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los ratones de oro y las figuras de sus tumores. 12Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet-semes. 13Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron. 14Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová. 15Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día. 16Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día.
17Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en expiación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón uno. 18Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes, así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en el campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.
19Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad. 20Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros? 21Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 10 DE Abril. Lucas 12: 35 – 59.
El siervo vigilante
35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; 36y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 39Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.
El siervo infiel
(Mt. 24.45–51)
41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? 42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? 43Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 44En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. 45Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, 46vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. 47Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. 48Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.
Jesús, causa de división
(Mt. 10.34–36)
49Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? 50De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! 51¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. 52Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
¿Cómo no reconocéis este tiempo?
(Mt. 16.1–4; Mr. 8.11–13)
54Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede. 55Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace. 56¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?
Arréglate con tu adversario
(Mt. 5.25–26)
57¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? 58Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 10 DE Abril. 1 Samuel 4,5,6,
Capítulo 4
4.1 Los filisteos, descendientes de Cam, hijo de Noé, se establecieron a lo largo del sureste de la costa del Mediterráneo entre Egipto y Gaza. Ellos eran originalmente, uno de los «pueblos del mar», que habían emigrado al Oriente Medio en barcos desde Grecia y Creta. En la época de Samuel, este pueblo belicoso estaba muy bien establecido en cinco de las ciudades de Gaza en la parte sudoeste de Canaán y constantemente presionaban tierra adentro en contra de los israelitas. En todo este tiempo, los filisteos fueron los mayores enemigos de Israel.
4.3 El arca del pacto contenía los Diez Mandamientos dados por Dios a Moisés. Se suponía que el arca debía ser guardada en el Lugar Santísimo, un lugar sagrado del tabernáculo donde exclusivamente el sumo sacerdote podía entrar una vez al año. Ofni y Finees profanaron el lugar al entrar ilegalmente y sacar el arca.
Los israelitas reconocieron debidamente la gran santidad del arca, pero pensaron que el arca por sí misma, la caja de madera y metal, era su fuente de poder. Comenzaron a usarla como un amuleto de buena suerte, con la esperanza de que los protegiera de sus enemigos. Un símbolo de Dios no garantiza su presencia y poder. Su actitud hacia el arca llegó a asemejarse peligrosamente a la idolatría. Cuando el arca fue capturada por sus enemigos, pensaron que la gloria de Israel estaba perdida (4.19–22) y que Dios los había abandonado (7.1, 2). Dios usa su poder de acuerdo con su propia sabiduría y voluntad. Él responde a la fe de aquellos que lo buscan.
4.4 «Jehová de los ejércitos, quien moraba entre los querubines» sugiere que la presencia de Dios descansaba en el arca del pacto entre los dos querubines de oro (o ángeles) adheridos a su tapa. El pueblo creía que el arca les daría la victoria cuando Ofni y Finees la llevaron a la batalla.
4.5-8 Los filisteos tenían miedo debido a la colección de historias del pasado acerca de la manera en la que Dios intervino por Israel cuando salieron de Egipto. Pero Israel se había apartado de Dios y ahora sólo se mantenían fieles a una forma de devoción, un símbolo de victorias anteriores.
A menudo, la gente (e iglesias) trata de vivir de los recuerdos de las bendiciones de Dios. Israel pensó equivocadamente, que si Dios les había dado la victoria en el pasado, lo haría otra vez, aun cuando se hubiera desviado lejos de Él. Hoy en día, como en épocas bíblicas, las victorias espirituales llegan a través de una renovación continua de nuestra relación con Dios. No viva en el pasado. Mantenga su relación con Dios nueva y fresca.
4.11 Este suceso es un cumplimiento de la profecía en 2.34 que establecía que los hijos de Elí, Ofni y Finees, morirían el mismo día.
4.12 En este tiempo, la ciudad de Silo era el centro religioso de Israel (Josué 18.1; 1 Samuel 4.3). El tabernáculo estaba establecido permanentemente allí. Ya que Israel no tenía una capital civil, un centro para el gobierno nacional, Silo era el lugar natural para que un mensajero fuera a entregar las noticias tristes de la batalla. Muchos eruditos creen que fue durante esta batalla que Silo fue destruida (Jeremías 7.12; 26.2–6).
4.18 Elí era el juez y el sumo sacerdote de Israel. Su muerte marca el fin del período oscuro de los jueces cuando la mayoría de la nación ignoró a Dios. Aunque Samuel fue también un juez, su carrera vio la transición de la nación de Israel gobernada por jueces hacia la monarquía. Él comenzó el gran avivamiento que Israel experimentaría en el siguiente siglo. La Biblia no dice quién fue el siguiente sumo sacerdote (no podía ser Samuel porque no era un descendiente directo de Aarón), pero Samuel actuó como sumo sacerdote en esa época al ofrecer los importantes sacrificios por todo Israel.
4.19-22 Este incidente ilustra la oscuridad y decadencia espiritual de Israel. Se suponía que este joven Icabod sucedería a su padre Finees en el sacerdocio, pero su padre había muerto por ser un hombre malo que había profanado el tabernáculo. El terror de que Dios abandonara a su pueblo ensombreció el gozo del nacimiento. Cuando el pecado domina nuestra vida, aun las alegrías y placeres dados por Dios parecen vacíos.
Capítulo 5
5.1ss Dagón era el dios más importante de los filisteos. Ellos creían que este dios enviaba la lluvia y aseguraba una cosecha abundante. Pero los filisteos, como la mayoría de sus vecinos paganos, adoraban muchos dioses. Mientras más dioses pudieran tener de su lado, más seguros se sentían. Esta era la razón por la cual deseaban el arca. Pensaban que si había ayudado a los israelitas, también los podría ayudar a ellos. Sin embargo, cuando la gente que vivía cerca comenzó a enfermar y a morir, los filisteos se dieron cuenta de que para ellos el arca no era un buen augurio. Era una fuente de poder mayor de lo que ellos jamás habían visto, poder que no podían controlar.
5.6,7 A pesar de que los filisteos acababan de presenciar una gran victoria del Dios de Israel sobre su dios Dagón, no actuaron a raíz de ese indicio hasta que fueron personalmente afligidos con tumores (posible plaga bubónica). De manera similar, mucha gente no responde a la verdad bíblica hasta que no experimenta el dolor personal. ¿Está dispuesto a escuchar a Dios en bien de la verdad, o sólo se vuelve a Él cuando se encuentra afligido en forma personal?
5.8 Los filisteos eran gobernados por cinco dirigentes o señores. Cada uno de ellos vivía en una ciudad diferente: Gat, Ecrón, Asdod, Ascalón y Gaza. El arca fue llevada a tres de estas ciudades capitales, y en cada caso trajo grandes problemas y caos a los ciudadanos.
Capítulo 6
6.3 ¿Qué se pretendía lograr con esta ofrenda de culpa? Esta era una reacción normal a los problemas en la religión cananea. Los filisteos pensaban que los problemas se debían a que sus dioses estaban enojados. Reconocieron su culpa al tomar el arca y ahora estaban intentando cualquier cosa para aplacar al Dios de Israel. Los adivinos (6.2) probablemente ayudaron a elegir el presente que creían que aplacaría a Jehová. Pero la ofrenda constaba de imágenes de tumores y de ratas, no la clase de ofrendas prescritas por las leyes de Dios (Levítico 5.14–6.7; 7.1–10). Cuán fácil es diseñar nuestros propios métodos para hacer un reconocimiento a Dios en lugar de comprometernos a servirle en la forma que Él nos pide.
6.7-12 Los sacerdotes filisteos y los adivinos idearon una prueba para comprobar si Dios era el que había causado todos sus problemas recientes. Dos vacas que acababan de parir fueron atadas a un carro y enviadas hacia la frontera de Israel llevando el arca del pacto. Para que una vaca dejara a su becerro, debía ir en contra de todos sus instintos maternos. Sólo Dios, que tiene poder sobre todo el orden natural, pudo hacer que esto sucediera. Dios envió las vacas a Israel, no para pasar la prueba de los filisteos, sino para demostrarles su grandioso poder.
6.9 Los filisteos reconocieron la existencia del Dios hebreo, pero tan sólo como una de las muchas deidades de las cuales buscaban su favor. El pensar en Dios de esta manera les facilitó ignorar su mandamiento de que debían adorarlo solamente a Él. Mucha gente «adora» a Dios de esta manera. Lo ven sólo como un ingrediente de una vida exitosa. Pero Dios es mucho más que un ingrediente, Él es la fuente de la vida misma. ¿Es usted un «filisteo» que ve el favor de Dios sólo como un ingrediente de una buena vida?
6.19 ¿Por qué murió la gente que miró dentro del arca? Los israelitas habían hecho del arca un ídolo. Habían tratado de aprovechar el poder de Dios, para usarlo para sus propios propósitos (victoria en la batalla). Pero el Señor del universo no puede ser controlado por los humanos. Para proteger a los israelitas de su poder, Él les había advertido que ni siquiera miraran los objetos sagrados del santuario que estaban en el Lugar Santísimo o morirían (Números 4.20). Debido a su desobediencia, Dios llevó a cabo su juicio prometido.
Dios no puede permitir que la gente piense que puede utilizar su poder para sus propios fines. No puede permitir que pasen por alto sus advertencias y vayan ante su presencia a la ligera. Él no quiere que el ciclo de desacato, desobediencia y derrota comience una vez más. Dios no mató a los hombres de Bet-semes sólo por ser cruel, los mató porque si pasaba por alto su pecado de presunción, estaría empujando a la nación entera de Israel a que pasara por alto a Dios.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 10 DE Abril. Lucas 12: 35 – 59.
12.35–40 Jesús decía a menudo que dejaría este mundo, pero que volvería (véanse Mateo 24, 25; Juan 14.1–3). También expresa que se prepara un reino para sus seguidores. Muchos griegos lo percibieron como un reino celestial, no corporal. Los judíos, como Isaías y Juan el escritor de Apocalipsis, vieron esto como un reino terrenal restaurado.
12.40 La venida de Cristo en un tiempo inesperado no es una trampa ni un truco mediante el que Dios espera sorprendernos. Es más, Dios retarda su venida de manera que tengamos una mejor oportunidad para seguirle (véase 2 Pedro 3.9). Durante este tiempo, antes de su regreso, tenemos la oportunidad de vivir mostrando nuestras creencias y reflejando el amor de Jesús a medida que nos relacionamos con otros.
Las personas preparadas para la venida de su Señor: (1) no son hipócritas, sino sinceras (12.1); (2) no son temerosas, sino dispuestas a testificar (12.4–9); (3) no viven ansiosas, sino confían (12.25, 26); (4) no son ambiciosas, sino generosas (12.34); (5) no son haraganas, sino diligentes (12.37). Haga que su vida se parezca más a la de Cristo, de manera que cuando Él venga esté preparado para recibirle con gozo.
12.42–44 Jesús promete recompensar a quienes son fieles al Maestro. Algunas veces experimentamos premios inmediatos y materiales por nuestra obediencia a Dios, pero esto no siempre es así. Si las recompensas materiales vinieran luego de cada obra fiel, estaríamos tentados a alardear de nuestros logros y hacer lo bueno solo por lo que ganaremos. Jesús dice que si buscamos recompensas ahora, las perderemos después (véase Marcos 8.36). Nuestro galardón celestial será causa de la más cuidadosa reflexión de lo que hayamos hecho en la tierra y será mucho más grande de lo que podríamos imaginar.
12.48 Jesús nos dijo cómo vivir hasta que Él venga. Debemos esperarlo y trabajar con diligencia, obedeciendo sus mandamientos. Estas actitudes son muy necesarias en los líderes alertas y fieles. Estos recibirán oportunidades y muchas responsabilidades que irán en aumento. A mayores recursos, talentos y conocimientos, mayor responsabilidad para usarlos con eficiencia. Dios no nos reponsabilizará por dones que no nos ha dado, pero todos tenemos suficientes dones y capacidades como para mantenernos ocupados hasta que Él vuelva.
12.50 El «bautismo» al que Jesús se refiere es su futura crucifixión. Hablaba del dolor físico y también del espiritual que implicaba una separación completa de Dios a fin de morir por los pecados del mundo.
12.51-53 En estas confusas y extrañas palabras, Jesús reveló que su venida muchas veces acarrea conflicto. Él demanda una respuesta, de modo que grupos íntimos quizás se separen cuando algunos decidan seguirle y otros se nieguen a hacerlo. Con Jesús no hay términos medios. La lealtad debe declararse y la entrega llevarse a cabo aunque algunas veces se afecten otras relaciones. ¿Ha arriesgado la aprobación de su familia a fin de ganar la vida eterna?
12.54-57 Según gran parte de la historia, aseguramos que la ocupación principal en aquel tiempo era la agricultura. Para su supervivencia, el agricultor dependía directamente del clima. Necesitaba la debida cantidad de sol y lluvia, ni mucha ni poca, para sobrevivir, y aprendió de forma especial la técnica de interpretar las señales de la naturaleza. Jesús predicaba acerca de un hecho que conmovería toda la tierra y que sería aún más importante que el año de cosecha, la venida del Reino de Dios. El Reino, como una tormenta o un día soleado, anunciaba su inminente aparición mediante señales. Pero los oyentes de Jesús pensaban que eran lo bastante capaces para interpretar el clima obviando con toda intención las señales de los tiempos. Sus valores estaban confundidos. Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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