Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 2 DE Abril. Jueces 8, 9

Gedeón captura a los reyes de Madián

8

1Pero los hombres de Efraín le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián? Y le reconvinieron fuertemente. 2A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora comparado con vosotros? ¿No es el rebusco de Efraín mejor que la vendimia de Abiezer? 3Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb, príncipes de Madián; ¿y qué he podido yo hacer comparado con vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta palabra.

4Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados, mas todavía persiguiendo. 5Y dijo a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me sigue algunos bocados de pan; porque están cansados, y yo persigo a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián. 6Y los principales de Sucot respondieron: ¿Están ya Zeba y Zalmuna en tu mano, para que demos pan a tu ejército? 7Y Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en mi mano a Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con espinos y abrojos del desierto. 8De allí subió a Peniel, y les dijo las mismas palabras. Y los de Peniel le respondieron como habían respondido los de Sucot. 9Y él habló también a los de Peniel, diciendo: Cuando yo vuelva en paz, derribaré esta torre.

10Y Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su ejército como de quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo el ejército de los hijos del oriente; pues habían caído ciento veinte mil hombres que sacaban espada. 11Subiendo, pues, Gedeón por el camino de los que habitaban en tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha, atacó el campamento, porque el ejército no estaba en guardia. 12Y huyendo Zeba y Zalmuna, él los siguió; y prendió a los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmuna, y llenó de espanto a todo el ejército.

13Entonces Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla antes que el sol subiese, 14y tomó a un joven de los hombres de Sucot, y le preguntó; y él le dio por escrito los nombres de los principales y de los ancianos de Sucot, setenta y siete varones. 15Y entrando a los hombres de Sucot, dijo: He aquí a Zeba y a Zalmuna, acerca de los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Están ya en tu mano Zeba y Zalmuna, para que demos nosotros pan a tus hombres cansados? 16Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de Sucot. 17Asimismo derribó la torre de Peniel, y mató a los de la ciudad.

18Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué aspecto tenían aquellos hombres que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron: Como tú, así eran ellos; cada uno parecía hijo de rey. 19Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre. ¡Vive Jehová, que si les hubierais conservado la vida, yo no os mataría! 20Y dijo a Jeter su primogénito: Levántate, y mátalos. Pero el joven no desenvainó su espada, porque tenía temor, pues era aún muchacho. 21Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y mátanos; porque como es el varón, tal es su valentía. Y Gedeón se levantó, y mató a Zeba y a Zalmuna; y tomó los adornos de lunetas que sus camellos traían al cuello.

22Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor, tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de Madián. 23Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros. 24Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas). 25Ellos respondieron: De buena gana te los daremos. Y tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su botín. 26Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. 27Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su casa. 28Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.

29Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa. 30Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque tuvo muchas mujeres. 31También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y le puso por nombre Abimelec. 32Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas.

33Pero aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos de Israel volvieron a prostituirse yendo tras los baales, y escogieron por dios a Baal-berit. 34Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos en derredor; 35ni se mostraron agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual es Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.

 Reinado de Abimelec

9

1Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo: 2Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem: ¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra. 3Y hablaron por él los hermanos de su madre en oídos de todos los de Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos se inclinó a favor de Abimelec, porque decían: Nuestro hermano es. 4Y le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron. 5Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una misma piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de Jerobaal, que se escondió. 6Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem.

7Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y les dijo: Oídme, varones de Siquem, y así os oiga Dios. 8Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. 9Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? 10Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. 11Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? 12Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. 13Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? 14Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. 15Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.

16Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos 17(porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro para libraros de mano de Madián, 18y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano); 19si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros. 20Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec. 21Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se estuvo por miedo de Abimelec su hermano.

22Después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años, 23envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los de Siquem se levantaron contra Abimelec; 24para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos. 25Y los de Siquem pusieron en las cumbres de los montes asechadores que robaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino; de lo cual fue dado aviso a Abimelec.

26Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se pasaron a Siquem, y los de Siquem pusieron en él su confianza. 27Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y pisaron la uva e hicieron fiesta; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. 28Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec, y qué es Siquem, para que nosotros le sirvamos? ¿No es hijo de Jerobaal, y no es Zebul ayudante suyo? Servid a los varones de Hamor padre de Siquem; pero ¿por qué le hemos de servir a él? 29Ojalá estuviera este pueblo bajo mi mano, pues yo arrojaría luego a Abimelec, y diría a Abimelec: Aumenta tus ejércitos, y sal.

30Cuando Zebul gobernador de la ciudad oyó las palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira, 31y envió secretamente mensajeros a Abimelec, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y he aquí que están sublevando la ciudad contra ti. 32Levántate, pues, ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscadas en el campo. 33Y por la mañana al salir el sol madruga y cae sobre la ciudad; y cuando él y el pueblo que está con él salgan contra ti, tú harás con él según se presente la ocasión.

34Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compañías. 35Y Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada de la puerta de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada. 36Y viendo Gaal al pueblo, dijo a Zebul: He allí gente que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: Tú ves la sombra de los montes como si fueran hombres. 37Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que desciende de en medio de la tierra, y una tropa viene por el camino de la encina de los adivinos. 38Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu boca con que decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues, ahora, y pelea con él. 39Y Gaal salió delante de los de Siquem, y peleó contra Abimelec. 40Mas lo persiguió Abimelec, y Gaal huyó delante de él; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta. 41Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no morasen en Siquem.

42Aconteció el siguiente día, que el pueblo salió al campo; y fue dado aviso a Abimelec, 43el cual, tomando gente, la repartió en tres compañías, y puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos y los atacó. 44Porque Abimelec y la compañía que estaba con él acometieron con ímpetu, y se detuvieron a la entrada de la puerta de la ciudad, y las otras dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, y los mataron. 45Y Abimelec peleó contra la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad, y mató al pueblo que en ella estaba; y asoló la ciudad, y la sembró de sal.

46Cuando oyeron esto todos los que estaban en la torre de Siquem, se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit. 47Y fue dado aviso a Abimelec, de que estaban reunidos todos los hombres de la torre de Siquem. 48Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y levantándola se la puso sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me habéis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo. 49Y todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza, de modo que todos los de la torre de Siquem murieron, como unos mil hombres y mujeres.

50Después Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a Tebes, y la tomó. 51En medio de aquella ciudad había una torre fortificada, a la cual se retiraron todos los hombres y las mujeres, y todos los señores de la ciudad; y cerrando tras sí las puertas, se subieron al techo de la torre. 52Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó hasta la puerta de la torre para prenderle fuego. 53Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el cráneo. 54Entonces llamó apresuradamente a su escudero, y le dijo: Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió. 55Y cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec, se fueron cada uno a su casa. 56Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus setenta hermanos. 57Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de Jotam hijo de Jerobaal. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 2 DE Abril. Lucas 8: 22 – 56.

Jesús calma la tempestad

(Mt. 8.23–27; Mr. 4.35–41)

22Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. 23Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. 24Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. 25Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

 El endemoniado gadareno

(Mt. 8.28–34; Mr. 5.1–20)

26Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 27Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. 28Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. 29(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) 30Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 31Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. 32Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. 33Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.

34Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. 35Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 37Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. 38Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo: 39Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.

 La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús

(Mt. 9.18–26; Mr. 5.21–43)

40Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. 41Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; 42porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo.

Y mientras iba, la multitud le oprimía.43Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, 44se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. 47Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.

49Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 50Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva. 51Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. 52Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme. 53Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. 54Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. 55Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer. 56Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido. Amen. Rv 


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 2 DE Abril. Jueces 8, 9

Capítulo 8

8.1-3 Los líderes de la tribu de Efraín se sintieron despreciados porque Gedeón no les había pedido que se unieran a la batalla, sino que los había dejado en el lugar para que «limpiaran» a los madianitas que escaparan («el rebusco») así es que lo confrontaron con ira. Gedeón aseguró a los líderes de Efraín que sus logros habían sido más grandes que los de su propio clan (Abiezer). Su diplomática explicación señaló que esta fuerza de retaguardia había logrado capturar a los generales de los enemigos, aislando a los líderes de sus soldados. No todos los trabajos necesarios están en los puestos de liderazgo altamente visibles. Mucho del trabajo necesario de cualquiera empresa exitosa es considerado por muchos como trabajo sucio. Pero dicho trabajo es vital para que una gran tarea quede hecha. Los ingenieros y los millonarios pueden diseñar y financiar un elegante edificio, pero son los albañiles los que ejecutan el trabajo. El orgullo hace que busquemos reconocimiento. ¿Está usted contento con ser el albañil de Dios, o se siente resentido por el trabajo que Dios le ha dado?

8.5, 9 Los líderes de Sucot y Peniel se negaron a ayudar a Gedeón, probablemente por temor a la venganza de Madián si él fallaba (el ejército de Gedeón era de 300 hombres persiguiendo a 15,000). Debieron haberse dado cuenta que la victoria era segura porque Dios estaba con Gedeón. Pero estaban tan preocupados por salvarse a sí mismos que nunca pensaron en el poder que Dios tiene para salvar.

Debido al temor o a la preocupación por nosotros mismos, quizá no podamos reconocer la presencia de Dios en otras personas y por lo tanto nos perdemos la victoria de Dios. Luego, tenemos que enfrentarnos a las amargas consecuencias por no habernos unido a las fuerzas de aquellos que Dios eligió para realizar su obra. Ya que la obra de Dios prevalecerá con o sin usted, únase rápidamente a los que están involucrados en una tarea divina, prestando ayuda con su tiempo, dinero, talentos y oración.

8.11 Los madianitas estaban escapando hacia el desierto, donde vivían los nómadas moradores de tiendas. No esperaban que Gedeón los siguiera hasta tan lejos.

8.15–17 Gedeón cumplió la advertencia que había hecho en 8.7. Es muy difícil determinar si este acto de venganza estaba justificado o si debía haber dejado a Dios el castigo. Gedeón era el líder que Dios había designado, pero los jefes de Sucot y Peniel se negaron a ayudarlo por temor al enemigo. Demostraron no tener ni fe ni respeto hacia Dios y hacia el hombre que Él había elegido para salvarlos. Debemos ayudar a los demás porque es lo correcto, sea que por ello obtengamos o no algún beneficio personal.

8.20, 21 Era humillante para un rey ser matado por un niño porque se vería la desigualdad entre ambos («como es el varón, tal es su valentía»). Los dos hombres querían evitar tal desgracia, así como la muerte lenta y dolorosa que un espadachín inexperto podría infligir.

8.23 El pueblo quería hacer rey a Gedeón, pero él señaló que Dios gobernaría sobre ellos. A pesar de sus contradicciones, Gedeón nunca perdió de vista la importancia, tanto para la nación como para el individuo, de poner a Dios en primer lugar. ¿Es Dios el primero en su vida? Si lo es, debe afectar cada dimensión de su quehacer, no sólo su participación en la iglesia.                 

8.26, 27 Los que eran muy adinerados ponían ornamentos en sus camellos como una manera de exhibir sus riquezas. Las mujeres, asimismo, usaban cantidades exorbitantes de joyas, a menudo hasta quince pares de aretes. También se usaban las joyas para la buena suerte. Después que Gedeón llegó al poder, pareciera que se dejó llevar por la acumulación de riqueza. A la larga, esto condujo a los israelitas a la idolatría.

8.27 Un efod era una prenda de vestir hecha de lino que llevaban los sacerdotes sobre su pecho. Era considerado santo (Éxodo 28.5–35; 39.2–24; Levítico 8.7, 8). Gedeón probablemente tenía buenos motivos para hacer un efod (un recuerdo visible que conmemoraba la victoria). Desafortunadamente, el pueblo comenzó a adorar el efod como si fuera un ídolo. Es triste que muchas decisiones que provienen de buenos motivos tienen resultados negativos. Quizá nadie se detiene a preguntar «¿Qué puede salir mal?» o «¿Hay alguna posibilidad de una consecuencia negativa?» En sus planes y decisiones, tómese un tiempo para anticipar cómo una buena idea puede convertirse en un problema potencial.

8.31 Esta relación de Gedeón con una concubina dio como resultado un hijo que destrozó la familia de Gedeón y provocó una tragedia a la nación. La historia de Gedeón ilustra el hecho de que los héroes en batalla no siempre son héroes en la vida diaria. Gedeón dirigió a la nación pero no pudo dirigir a su familia. Sin importar quién sea usted, el relajamiento moral le causará problemas. Que haya ganado una batalla contra la tentación no significa que automáticamente vaya a superar la siguiente. Debemos ser constantemente cuidadosos con las tentaciones. Algunas veces, luego de una victoria, Satanás ataca más fuerte.

8.33 Baal-berit significa «Baal (señor) del pacto». La adoración de este ídolo quizás haya combinado elementos tanto de la religión israelitas como de la cananea.

Capítulo 9

9.1–3 Con la muerte de Gedeón, Abimelec quiso ocupar el lugar de su padre. (Jerobaal es otro nombre de Gedeón; véase 6.32.) Para poner en práctica su plan, fue a la ciudad de Siquem, la tierra natal de su madre, para solicitar apoyo. Aquí sintió un parentesco cercano con los residentes. Estos parientes eran cananeos y estarían contentos de unírsele contra Israel. Siquem era una ciudad importante, un cruce en las rutas de comercio y un eslabón natural entre la planicie costera y el Valle del Jordán. Quienquiera que dominara Siquem tendría también dominio sobre el campo.

9.2-5 El rey de Israel debía ser Jehová y no un hombre. Pero Abimelec quería usurpar la posición que estaba reservada exclusivamente para Dios. En su búsqueda egoísta, mató a todos menos uno de sus setenta medio hermanos. Las personas que tienen deseos egoístas a menudo buscan cumplirlos mediante métodos despiadados. Analice sus ambiciones para ver si están centradas en usted mismo o en Dios. Asegúrese de buscar siempre el cumplimiento de sus deseos de una manera que Dios aprobaría.

9.4 La política jugaba una parte importante tanto en las religiones paganas como en la adoración de Baal-berit. A menudo los gobiernos llegaban hasta el punto de contratar prostitutas del templo para obtener dinero adicional. En muchos casos un sistema religioso era establecido y apoyado por el gobierno para que así las ofrendas pudieran financiar los proyectos de la comunidad. La religión se convirtió en un negocio de beneficios económicos. En la religión de Israel, esto estaba estrictamente prohibido. El sistema religioso de Dios estaba diseñado para que saliera de una actitud del corazón, no de planes calculados y oportunidades para negociar. Además también estaba diseñado para servir al pueblo y para ayudar a aquellos que estaban en necesidad, no para oprimir al necesitado. ¿Es su fe genuina y sincera, o está apoyada en la conveniencia, la comodidad y la disponibilidad?

9.6 Abimelec fue declarado gobernador de Israel en Siquem, el sitio de otros sucesos clave en la Biblia. Fue una de las paradas de Abraham antes de llegar a Canaán (Génesis 12.6, 7). Cuando Jacob vivió ahí, dos de sus hijos mataron a todos los hombres de Siquem porque el príncipe del reino había violado a su hermana (Génesis 34). Los huesos de José fueron enterrados en Siquem (Josué 24.32). Israel renovó su pacto con Dios en Siquem (Josué 24) y el reino de Israel se dividió en esta misma ciudad (1 Reyes 12).

9.7–15 En la parábola de Jotam los árboles representaban a los setenta hijos de Gedeón, y la zarza representaba a Abimelec. El punto de Jotam era este: una persona productiva estaría demasiado ocupada haciendo el bien para perder tiempo con poderes políticos. Por otro lado, una persona inútil estaría contenta de recibir el honor, pero destruiría a la gente a la que gobernaba. Abimelec, como una zarza, no pudo ofrecer a Israel protección real ni seguridad. La parábola de Jotam se hizo realidad cuando Abimelec destruyó la ciudad de Siquem (9.45), quemó la «torre de Siquem» (la ciudad de Milo 9.46–49), y finalmente murió en Tebes (9.53, 54).

9.16 Jotam contó la historia de los árboles para ayudar al pueblo a establecer buenas prioridades. No quería que designaran a un líder de poco carácter. Cuando servimos en posiciones de liderazgo, debemos examinar nuestros motivos. ¿Queremos sólo la alabanza, el prestigio o el poder? En la parábola, los árboles buenos decidieron ser productivos y proporcionar beneficios a la gente. Asegúrese de que estas sean sus prioridades cuando aspire a ser líder.

9.22-24 Abimelec era todo lo opuesto a lo que Dios quería en un juez, pero pasaron tres años antes de que Dios se volviera contra él, cumpliendo la parábola de Jotam. A Jotam, esos tres años debieron de haberle parecido interminables. ¿Por qué no fue castigado Abimelec más rápidamente por su maldad?

No somos los únicos que nos preguntamos por qué el mal parece prevalecer (Job 10.3; 21.1–18; Jeremías 12.1; Habacuc 1.2–4, 12–17). Dios promete enfrentar el pecado, pero en su tiempo, no en el nuestro. En realidad es buena noticia que Dios no nos castigue inmediatamente, porque todos hemos pecado y merecemos el castigo de Dios. Dios, en su misericordia, a menudo nos perdona de un castigo inmediato y nos da tiempo para que nos volvamos de nuestros pecados y regresemos a Él arrepentidos. Confiar en la justicia de Dios significa que (1) primero debemos reconocer nuestros propios pecados y arrepentirnos, y (2) quizá debamos enfrentar un tiempo difícil de espera para que el malvado sea castigado. Pero en el tiempo de Dios, todo malo será destruido.

9.23 Este espíritu malo no era sólo una actitud de contienda, era un demonio. No era Satanás mismo, sino uno de los ángeles caídos bajo la influencia de Satanás. Dios usó este espíritu malo para traer juicio sobre Siquem. 1 Samuel 16.14 registra cómo juzgó Dios a Saúl de manera similar.

9.45 El acto de esparcir sal sobre una ciudad conquistada constituía un rito que simbolizaba la desolación perpetua de la ciudad. No sería reconstruida por ciento cincuenta años.

9.53 En tiempos de batalla, a veces se les pedía a las mujeres que se unieran a los hombres en el muro de la ciudad y dejaran caer objetos pesados sobre los soldados que estaban abajo. Una piedra de molino sería un objeto ideal para este propósito. Era una piedra redonda de unos 45 cm de diámetro con un hoyo en el centro. Las piedras de molino se utilizaban para moler el grano y transformarlo en harina. El grano se colocaba entre dos piedras. La piedra superior se hacía girar, moliendo el grano.

La muerte de Abimelec fue especialmente humillante: murió a manos de una mujer, no en combate; y fue muerto con una herramienta de granja en lugar de un arma. Por lo tanto, Abimelec pidió a su escudero que lo atravesara con su espada antes de morir por el golpe de la piedra de molino.

9.56, 57 Gedeón, el padre de Abimelec, tuvo éxito en las batallas militares, pero en ocasiones fracasó en sus luchas personales. Gedeón no fue condenado por tomar una concubina (8.31), pero los problemas familiares que surgieron a raíz de esa relación son obvios.

Al final, Abimelec mató a sesenta y nueve de sus setenta medio hermanos, desgarró a la nación y luego fue asesinado. Aprendemos de la vida de Gedeón que no importa cuánto bien hagamos por el Reino de Dios, el pecado en nuestras vidas seguirá produciendo consecuencias poderosas y peligrosas.

9.56, 57 La maldición de Jotam aparece en 9.16–20.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 2 DE Abril. Lucas 8: 22 – 56.

8.23 El mar de Galilea (hoy en día un gran lago) es aún el escenario de tormentas considerables, algunas veces con olas que alcanzan una altura de seis metros. Los discípulos de Jesús no lucharon sin causa. A pesar de que varios eran expertos pescadores y sabían cómo controlar una embarcación, el peligro era real.

8.25 Cuando estamos en medio de la tormenta de la vida, es fácil pensar que Dios ha perdido el control y que estamos a merced de los vientos del destino. En realidad, Dios es soberano. Controla la historia del mundo y nuestro destino personal. Así como Jesús calmó las olas, puede también calmar cualquier tormenta que enfrentemos.

8.26 La tierra de los gadarenos estaba en territorio gentil al sudeste del mar de Galilea, en la región de Decápolis o de las diez ciudades. Esas eran ciudades griegas que no pertenecieron a ningún país y se autogobernaban. Aunque los judíos no poseían cerdos, ya que la religión judía los consideraba inmundos, los gentiles sí.

8.27, 28 Esos demonios reconocieron a Jesús y su autoridad inmediatamente. Sabían quién era y lo que su gran poder podía hacerles. Los demonios, mensajeros de Satanás, son poderosos y destructores. Hoy en día siguen activos, atentan y destruyen la comunión y relación del hombre con Dios. Los demonios y la posesión demoníaca son reales. Es vital que los creyentes reconozcan la potestad de Satanás y sus demonios, pero no debemos permitir que la curiosidad nos conduzca a mezclarnos con fuerzas demoníacas (Deuteronomio 18.10–12). Los demonios no tienen poder sobre quienes confían en Dios. Si resistimos al demonio, huirá de nosotros (Santiago 4.7).

8.29–31 Los demonios le suplicaron que no los enviara al abismo, que en Apocalipsis 9.1 y 20.1–3 también lo mencionan como el lugar de confinamiento para Satanás y sus mensajeros. Ellos, por supuesto, sabían del lugar y no deseaban que los enviaran allá.

8.30 El nombre del demonio era Legión. Una legión era una división principal del ejército romano, tenía entre tres mil y seis mil soldados. El hombre estaba poseído por muchos demonios.

8.33 ¿Por qué Jesús no destruyó estos demonios ni los envió al abismo? Porque el tiempo para ello no había llegado. Jesús libera a muchas personas de la obra destructiva de la posesión demoníaca, pero aún no ha destruido a los demonios. La misma pregunta puede plantearse hoy: ¿Por qué Jesús no destruye ni detiene el pecado del mundo? El tiempo para esto aún no ha llegado. Pero llegará. El libro de Apocalipsis anuncia la victoria futura de Jesús sobre Satanás, sus demonios y toda maldad.
8.33–37 Los demonios ahogaron a los cerdos y causaron un daño económico a sus dueños. Pero, ¿pueden los cerdos y el dinero compararse con la vida humana? Un hombre se liberó del poder demoníaco, sin embargo los pobladores pensaron solamente en el dinero. La gente siempre tiende a valorar más las ganancias que a las mismas personas. A través de la historia han surgido muchas guerras para proteger los intereses económicos. Mucha injusticia y opresión, interna y externa, se debe a que algunos individuos o compañías buscan enriquecerse. Se sacrifican de continuo a las personas a causa del dinero. No dé mayor importancia a los «cerdos» que a las personas. Piense en cómo sus decisiones afectarán a otros seres humanos y esté dispuesto a adoptar un estilo de vida más simple si es que eso evita el sufrimiento en otros.

8.38, 39 Jesús a menudo pidió a los que sanó que no divulgaran su sanidad, en cambio le urgió a este hombre que volviera al seno de la familia y dijera lo que Dios hizo con él. ¿Por qué? (1) Sabía que el hombre sería un testigo eficaz entre quienes le conocían en su estado anterior y que podrían atestiguar su sanidad milagrosa. (2) Quiso expandir su ministerio, al presentar su mensaje en este territorio gentil. (3) Sabía que los gentiles, que no esperaban un Mesías, no desviarían su ministerio tratando de coronarlo rey. Cuando Dios toque su vida, no tema testificar de sus maravillas.

8.41 La sinagoga era el centro local de adoración. El principal de la sinagoga era responsable de la administración, el mantenimiento del edificio y la supervisión de la adoración. Debió haber sido poco usual que un respetable líder de una sinagoga cayera a los pies de un predicador itinerante y suplicara la sanidad de su hija. Jesús honró la confianza y humildad de este hombre (8.50, 54–56).

8.43-48 Mucha gente rodeaba a Jesús cuando iba camino a la casa de Jairo. Virtualmente era imposible lograr pasar entre la gente, pero una mujer desesperada halló la forma de hacerlo a fin de tocar a Jesús. En cuanto lo hizo, sanó. ¡Qué diferencia entre la multitud que rodeaba a Jesús y los pocos que se acercaron para tocarle! Muchas personas poseen una débil familiaridad con Él y no hay ningún tipo de cambio ni mejora en sus vidas debido a este conocimiento superficial. Solo el toque de la fe es lo que libera el poder sanador de Dios. ¿Se relaciona apenas con Dios o se acerca a Él en fe sabiendo que al tocarlo su alma recibirá sanidad?

8.45 No era que Jesús desconociera quién lo tocó, sino que quiso que la mujer se diera a conocer y se identificara. Quiso enseñarle que su manto no contenía alguna propiedad mágica, sino que su fe la sanó. También quiso dar una lección a la multitud. De acuerdo a la Ley judía, un hombre que tocaba a una mujer que menstruaba se contaminaba (Levítico 15.19–28). Siempre era así ya sea que el flujo fuera normal o, como en el caso de esta mujer, se debiera a una enfermedad. Para protegerse de esta contaminación, los hombres judíos evitaban tocarlas, hablarles y aun mirarlas. Por contraste, Jesús proclamó a cientos de personas que esta mujer «inmunda» lo tocó y luego la sanó. En la mente de Jesús, las mujeres no eran fuentes potenciales de contaminación. Eran seres humanos que merecían respeto y reconocimiento.

8.56 ¿Por qué Jesús pidió a los padres que no hablaran de la sanidad de su hija? Sabía que los hechos hablarían por sí solos. Además, estaba consciente de su ministerio. No quería que le conocieran como uno que hacía milagros, quería que la gente escuchara su mensaje que aún hoy posee la virtud de sanar las vidas espirituales quebrantadas. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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