Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE Marzo. Deuteronomio 29, 30

Pacto de Jehová con Israel en Moab

29

1Estas son las palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés que celebrase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que concertó con ellos en Horeb.

2Moisés, pues, llamó a todo Israel, y les dijo: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra, 3las grandes pruebas que vieron vuestros ojos, las señales y las grandes maravillas. 4Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. 5Y yo os he traído cuarenta años en el desierto; vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni vuestro calzado se ha envejecido sobre vuestro pie. 6No habéis comido pan, ni bebisteis vino ni sidra; para que supierais que yo soy Jehová vuestro Dios. 7Y llegasteis a este lugar, y salieron Sehón rey de Hesbón y Og rey de Basán delante de nosotros para pelear, y los derrotamos; 8y tomamos su tierra, y la dimos por heredad a Rubén y a Gad y a la media tribu de Manasés. 9Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis.

10Vosotros todos estáis hoy en presencia de Jehová vuestro Dios; los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los varones de Israel; 11vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua; 12para que entres en el pacto de Jehová tu Dios, y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo, 13para confirmarte hoy como su pueblo, y para que él te sea a ti por Dios, de la manera que él te ha dicho, y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. 14Y no solamente con vosotros hago yo este pacto y este juramento, 15sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante de Jehová nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros.

16Porque vosotros sabéis cómo habitamos en la tierra de Egipto, y cómo hemos pasado por en medio de las naciones por las cuales habéis pasado; 17y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos de madera y piedra, de plata y oro, que tienen consigo. 18No sea que haya entre vosotros varón o mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo, 19y suceda que al oír las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Tendré paz, aunque ande en la dureza de mi corazón, a fin de que con la embriaguez quite la sed. 20No querrá Jehová perdonarlo, sino que entonces humeará la ira de Jehová y su celo sobre el tal hombre, y se asentará sobre él toda maldición escrita en este libro, y Jehová borrará su nombre de debajo del cielo; 21y lo apartará Jehová de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las maldiciones del pacto escrito en este libro de la ley. 22Y dirán las generaciones venideras, vuestros hijos que se levanten después de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de aquella tierra, y sus enfermedades de que Jehová la habrá hecho enfermar 23(azufre y sal, abrasada toda su tierra; no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella hierba alguna, como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehová destruyó en su furor y en su ira); 24más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? 25Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto, 26y fueron y sirvieron a dioses ajenos, y se inclinaron a ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa les habían dado. 27Por tanto, se encendió la ira de Jehová contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro; 28y Jehová los desarraigó de su tierra con ira, con furor y con grande indignación, y los arrojó a otra tierra, como hoy se ve.

29Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

 Condiciones para la restauración y la bendición

30

1Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, 2y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 3entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios. 4Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará; 5y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. 6Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. 7Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. 8Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy. 9Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, 10cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

11Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. 12No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? 13Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? 14Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

15Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; 16porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 17Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, 18yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella. 19A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE Marzo. Marcos 16

La resurrección

(Mt. 28.1–10; Lc. 24.1–12; Jn. 20.1–10)

16

1Cuando pasó el día de reposo,* María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.

 Jesús se aparece a María Magdalena

(Jn. 20.11–18)

9Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

 Jesús se aparece a dos de sus discípulos

(Lc. 24.13–35)

12Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. 13Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.

 Jesús comisiona a los apóstoles

(Mt. 28.16–20; Lc. 24.36–49; Jn. 20.19–23)

14Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 15Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

 La ascensión

(Lc. 24.50–53)

19Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.  Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE Marzo. Deuteronomio 29, 30

Capítulo 29

29.1ss En el monte Sinaí, cuarenta años antes, Dios e Israel hicieron un pacto (Éxodo 19, 20). Aun cuando el pacto constaba de varias partes (léanse los libros de Éxodo, Levítico y Números), su propósito podía resumirse en una sola frase: Dios prometió que bendeciría a los israelitas al hacerlos una nación a través de la cual el resto del mundo podría conocer a Dios. Los israelitas prometieron amar y obedecer a Dios para poder recibir las bendiciones físicas y espirituales. Aquí Moisés repasa este pacto. Dios todavía estaba sosteniendo su parte del trato (y siempre lo haría), pero los israelitas eran negligentes con su parte. Moisés volvió a pronunciar el pacto para advertir al pueblo que experimentarían una disciplina severa si no mantenían su parte del acuerdo.

29.5 De la misma manera que el pueblo de Israel no notó el cuidado que les dispensaba Dios a lo largo de su travesía, en ocasiones nosotros no notamos todas las maneras que tiene Dios de cuidarnos: que todas nuestras necesidades diarias han sido suplidas y que hemos sido bien alimentados y vestidos. Peor aun, erróneamente nos atribuimos el crédito de ser buenos proveedores en lugar de reconocer la mano de Dios en el proceso.

29.9 ¿Cuál es la mejor manera de prosperar en la vida? Para los israelitas, su primer paso era guardar su parte del pacto. Debían amar a Dios de todo su corazón, de toda su alma y con todas sus fuerzas (6.4, 5). Nosotros, también, hemos de buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia (Mateo 6.33); entonces vendrá el verdadero éxito en la vida como bendición proveniente de la mano de Dios.

29.18 Moisés previno que el día que los hebreos decidieran dar la espalda a Dios, se plantaría una raíz que produciría fruto amargo (véase Hebreos 12.15). Cuando decidimos hacer algo que de antemano sabemos que está mal, plantamos una semilla de maldad que comienza a crecer fuera de control, y a la larga produce una cosecha de arrepentimiento y dolor. Pero podemos prevenir que esas semillas de pecado echen raíces. Si usted ha hecho algo malo, confiéselo inmediatamente a Dios y a los demás. Si la semilla no encuentra suelo fértil, su fruto amargo nunca madurará.

29.29 Hay ciertas cosas que Dios decidió no revelarnos, posiblemente por las siguientes razones: (1) nuestras mentes finitas no pueden entender los aspectos infinitos del universo de Dios y su naturaleza (Eclesiastés 3.11); (2) algunas cosas no necesitamos conocerlas hasta que seamos más maduros; y (3) como Dios es infinito y omnisciente, es simplemente imposible para nosotros saber todo lo que Él hace. Este versículo muestra que a pesar de que Dios no nos ha dicho todo lo que hay sobre la obediencia a Él, nos ha dicho bastante. Así, la desobediencia proviene de un acto de la voluntad, no por una falta de conocimiento. A través de la Palabra de Dios sabemos lo suficiente para ser salvos por fe y servirle. No debemos usar las limitaciones de nuestro conocimiento como una excusa para rechazar sus reclamos en nuestra vida.

Capítulo 30

30.1-6 Moisés dijo a los hebreos que cuando estuvieran listos para regresar a Dios, Él estaría listo para recibirlos. La misericordia de Dios es increíble. Esto va más allá de lo que nos podemos imaginar. Aun si los judíos deliberadamente se apartaron de Él y arruinaron sus vidas, Dios de todas maneras los haría volver. Dios les daría un espíritu renovado (circuncidaría sus corazones). Dios quiere perdonarnos y también traernos de regreso a Él. Algunas personas no aprenderán hasta que su mundo se haya derrumbado alrededor de ellas. Entonces el arrepentimiento y el dolor parecen abrir sus ojos a lo que Dios ha estado diciendo desde el principio. ¿Lo ha separado el pecado de Dios? No importa cuán lejos nos hayamos ido, Dios nos promete un principio nuevo si tan sólo nos volvemos a Él.

30.11–14 Dios nos ha llamado para que obedezcamos sus mandamientos, mientras nos recuerda que sus leyes no están escondidas para nosotros ni fuera de nuestro alcance. ¿Ha dicho usted alguna vez que obedecería a Dios si sólo supiera lo que Él quiere? ¿Se ha quejado alguna vez de que la obediencia es demasiado difícil para un simple humano? Estas son excusas inaceptables. Las leyes de Dios están escritas en la Biblia y son claramente evidentes en el mundo que nos rodea. Es razonable, sensato y benéfico obedecerlas. La parte más difícil cuando obedecemos las leyes de Dios es simplemente decidir empezar ahora. Pablo se refiere a este pasaje en Romanos 10.5–8.

30.19, 20 Moisés desafió a los israelitas a escoger la vida, obedecer a Dios y por lo tanto continuar experimentando sus bendiciones. Dios no fuerza su voluntad sobre nadie. Él nos deja decidir por nosotros mismos si lo seguimos o si lo rechazamos. Sin embargo, esta decisión es una cuestión de vida o muerte. Dios quiere que nos demos cuenta de esto, ya que Él quiere que todos nosotros escojamos la vida. Día a día, en cada nueva circunstancia, debemos afirmar y reforzar este compromiso.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE Marzo. Marcos 16

Capítulo 16

16.1,2 Las mujeres compraron las especias el sábado en la tarde y fueron a la tumba a la mañana siguiente. No llevaban especias para embalsamar el cuerpo de Jesús, sino para ungirlo como una prueba de amor, devoción y respeto. Llevar especias a la tumba era como llevar hoy en día flores a las sepulturas.

16.4 Los ángeles no movieron la piedra para que Jesús saliera, sino para que la gente entrara y viera que Jesús había resucitado como lo prometió.

16.5 Marcos habla de un ángel con el cual las mujeres se encontraron en la tumba, en tanto que Lucas habla de dos. Estos relatos no son contradictorios. Cada autor de los Evangelios decidió resaltar diferentes detalles al referirse a la misma historia, al igual que los testigos presenciales de un hecho noticioso pueden destacar aspectos diferentes del suceso. Tal vez Marcos destacó al ángel que habló. El énfasis diferente de cada Evangelio muestra que los autores escribieron en forma independiente y que los relatos de los cuatro son verdaderos y confiables.

16.6 La resurrección es de vital importancia por varias razones: (1) Jesús cumplió su promesa de levantarse de entre los muertos, por lo cual podemos creer que Él cumplirá todas sus otras promesas. (2) La resurrección nos asegura que el gobernador del eterno Reino de Dios será el Cristo viviente, no una idea, ni una esperanza, ni un sueño. (3) Al levantarse de la muerte, Cristo nos asegura que también resucitaremos. (4) El poder de Dios que levantó el cuerpo de Cristo de la muerte está vigente para traer de nuevo a la vida nuestra moralidad y nuestra espiritualidad que están muertas, cambiándonos y haciéndonos crecer (1 Corintios 15.12–19). (5) La resurrección es parte esencial del testimonio de la Iglesia ante el mundo. Nosotros no solo contamos lecciones de la vida de un buen profesor, sino que proclamamos la realidad de la resurrección de Cristo Jesús.

16.7 El ángel hizo mención especial de Pedro para mostrar que, a pesar de la negación de este, Jesús no lo había negado. Él seguía teniendo reservadas para Pedro grandes responsabilidades en la Iglesia que aún no había nacido.
16.7 El ángel dijo a los discípulos que se reunieran con Jesús en Galilea, tal como Él mismo se los dijo antes (Marcos 14.28). Allí fue donde llamó a varios de ellos para que fueran «pescadores de hombres» (Mateo 4.19) y allí sería donde esta misión se reestablecería (Juan 21). Pero los discípulos, llenos de temor, se mantuvieron tras puertas fuertemente cerradas en Jerusalén (Juan 20.19). Jesús se reunió con ellos primero en Jerusalén (Lucas 24.36) y más tarde en Galilea (Juan 21). Luego regresó a Jerusalén desde donde ascendió a los cielos desde el Monte de los Olivos (Hechos 1.12).

16.13 Cuando los dos hombres por fin se dieron cuenta que era Jesús, volvieron prestos a Jerusalén. No es suficiente leer acerca de Cristo como un personaje ni estudiar sus enseñanzas. Al creer que Él es Dios, debemos confiar que nos salvará y debemos aceptarle como el Señor de nuestras vidas. Esta es la diferencia entre conocer a Jesús y saber acerca de Él. Solo cuando le conocemos nos sentiremos motivados a testificar a otros de lo que Él ha hecho por nosotros.

16.15 Jesús dijo a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio». Que todos sepan que Él ya pagó el castigo por el pecado y que todos los que creen en Él recibirán perdón y vida eterna junto a Dios. Hoy en día, los discípulos cristianos se encuentran en todas partes del mundo hablando de estas buenas nuevas a los pueblos que no las han oído. El poder que dirige y lleva a los misioneros alrededor del mundo y pone a la Iglesia de Cristo en acción es la fe que viene de la resurrección. ¿Ha sentido alguna vez que no posee las habilidades ni la osadía para ser un testigo de Cristo? Debe darse cuenta que Jesús se levantó de entre los muertos y vive para nosotros. En la medida que crezca en su relación con Dios, Él le dará las oportunidades y la fuerza interna para proclamar su mensaje.

16.16 No es el agua del bautismo lo que salva, sino la gracia de Dios aceptada por la fe en Cristo. El bautismo es una señal externa de una fe interna. Por la respuesta de Jesús al ladrón en la cruz entendemos que se salvó sin el bautismo (Lucas 23.43). El bautismo solo sin fe no lleva automáticamente a la persona al cielo. Los que rechazan creer serán condenados, no importa que estén o no bautizados.

16.18 Hay ocasiones cuando Dios interviene milagrosamente para proteger a sus seguidores. A veces, Él les da un poder especial. Pablo tuvo serpientes en sus manos (Hechos 28.5) y los discípulos sanaron a los enfermos (Mateo 10.1; Hechos 3.7, 8). Esto no significa, sin embargo, que podemos probar a Dios poniéndonos a propósito en situaciones peligrosas.

16.19 Cuando Jesús ascendió al cielo, dejó de estar físicamente con los discípulos (Hechos 1.9). El hecho de que Jesús se sentara a la diestra de Dios significa la consumación de su obra, su autoridad como Dios y su coronación como Rey.

16.20 El Evangelio de Marcos enfatiza el poder de Cristo y su condición de siervo. La vida y las enseñanzas de Jesús ponen las cosas del mundo al revés. El mundo entiende el poder como el control que se tiene sobre los demás para subyugarlos. Pero Jesús, con todo su poder y autoridad tanto en el cielo como en la tierra, opta por servir a los demás. Tuvo a los niños en brazos, sanó a los enfermos, lavó los pies a sus discípulos y murió por los pecados del mundo. Seguir a Cristo significa recibir este mismo poder de servicio. Como creyentes, tenemos el llamamiento a ser servidores de Cristo. En la misma forma en que Cristo sirvió, debemos servir nosotros. Comentarios de la Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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