LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 16 DE Marzo. Deuteronomio 28
Bendiciones de la obediencia
(Lv. 26.3–13; Dt. 7.12–24)
28
1Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. 2Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. 3Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. 4Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 5Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. 6Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.
7Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. 8Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. 9Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. 10Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. 11Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. 12Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. 13Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, 14y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.
Consecuencias de la desobediencia
(Lv. 26.14–46)
15Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. 16Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. 17Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. 18Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. 19Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.
20Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. 21Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 22Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. 23Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. 24Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.
25Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra. 26Y tus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante. 27Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. 28Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu; 29y palparás a mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. 30Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la disfrutarás. 31Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate. 32Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano. 33El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y no serás sino oprimido y quebrantado todos los días. 34Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. 35Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado.
36Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37Y serás motivo de horror, y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos a los cuales te llevará Jehová. 38Sacarás mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta lo consumirá. 39Plantarás viñas y labrarás, pero no beberás vino, ni recogerás uvas, porque el gusano se las comerá. 40Tendrás olivos en todo tu territorio, mas no te ungirás con el aceite, porque tu aceituna se caerá. 41Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio. 42Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra serán consumidos por la langosta. 43El extranjero que estará en medio de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú descenderás muy abajo. 44El te prestará a ti, y tú no le prestarás a él; él será por cabeza, y tú serás por cola. 45Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó; 46y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre.
47Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, 48servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte. 49Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas; 50gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño; 51y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. 52Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra; sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehová tu Dios te hubiere dado. 53Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo. 54El hombre tierno en medio de ti, y el muy delicado, mirará con malos ojos a su hermano, y a la mujer de su seno, y al resto de sus hijos que le quedaren; 55para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comiere, por no haberle quedado nada, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades. 56La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie intentaría sentar sobre la tierra, de pura delicadeza y ternura, mirará con malos ojos al marido de su seno, a su hijo, a su hija, 57al recién nacido que sale de entre sus pies, y a sus hijos que diere a luz; pues los comerá ocultamente, por la carencia de todo, en el asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.
58Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS, 59entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas; 60y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. 61Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido. 62Y quedaréis pocos en número, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud, por cuanto no obedecisteis a la voz de Jehová tu Dios. 63Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella. 64Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. 65Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma; 66y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 67Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos. 68Y Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás; y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre. Amen
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 16 DE Marzo. Marcos 15: 21 – 47
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32–56; Lc. 23.26–49; Jn. 19.17–30)
21Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. 23Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. 25Era la hora tercera cuando le crucificaron. 26Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. 29Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban.
33Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
40También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57–61; Lc. 23.50–56; Jn. 19.38–42)
42Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo,* 43José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 16 DE Marzo. Deuteronomio 28
Capítulo 28
28.23, 24 Esta maldición hace referencia a una sequía.
28.34 Una de las maldiciones para quienes rechazaran a Dios sería que se volverían locos al ver toda la tragedia alrededor de ellos. ¿Ha sentido en alguna ocasión que se volvería loco si escuchara una vez más que hubo otra violación, otro secuestro, otro asesinato u otra guerra? Mucha de la maldad del mundo es el resultado del fracaso de la gente en conocer y servir a Dios. Cuando escuche malas noticias, no se queje inútilmente como lo hacen los no creyentes que carecen de esperanza para el futuro. Recuerde que a pesar de todo eso, Dios tiene el control máximo y que regresará algún día para poner las cosas en orden.
28.36 Esto sucedió cuando Asiria y Babilonia se llevaron cautivos a los israelitas a sus tierras (2 Reyes 17.23; 25.11).
28.64 Esta advertencia severa llegó a ser realidad trágicamente cuando Israel fue derrotado y llevado cautivo por Asiria (722 a.C.) y Judá a Babilonia (586 a.C.). Más tarde, en el año setenta de la era cristiana, la opresión romana forzó a muchos judíos a huir de su tierra natal. Así, el pueblo fue dispersado a varias naciones.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 16 DE Marzo. Marcos 15: 21 – 47
15.21 Fuera de Judea había colonias de judíos, Simón vino de Cirene, al norte de África, en un peregrinaje con motivo de la Pascua. Sus hijos, Alejandro y Rufo, se mencionan aquí porque evidentemente llegaron a ser muy bien conocidos en la iglesia primitiva (Romanos 16.13).
15.24 Los soldados echaron suerte para decidir con cuál ropa de Jesús se quedaría cada uno. Los soldados romanos tenían el derecho de conservar la ropa de los crucificados. Este acto hizo que se cumpliera la profecía del Salmo 22.18.
15.25 La crucifixión era una temible y vergonzosa forma de morir. Obligaban a la víctima a cargar su cruz a través de la ruta más larga al sitio de la crucifixión, como una forma de advertencia para el pueblo. Hay cruces de diversas formas, así como diferentes métodos de crucifixión. A Jesús lo clavaron en la cruz. A veces, a algunos condenados a morir crucificados se les ataban a sus cruces con cuerdas. En cualquier caso, la muerte venía por asfixia porque el peso del cuerpo hacía más y más difícil la respiración a medida que el reo perdía las fuerzas.
15.26 A menudo se ponía en la cruz un letrero en el que se declaraba el crimen por el que se crucificaba a la persona. La idea era que sirviera de advertencia al pueblo. Como a Jesús no pudieron culparlo de nada, la única acusación que figuró sobre su cabeza fue el «crimen» de haber dicho ser el Rey de los judíos.
15.27 Lucas narra que uno de los ladrones se arrepintió antes de morir y que Jesús le prometió que estaría con Él en el paraíso (Lucas 23.39–43).
15.31 Jesús se pudo haber salvado, pero prefirió sufrir por amor a nosotros. Pudo haber elegido no sufrir ni ser humillado en la forma que lo fue; pudo haber dado muerte a todos los que se mofaban de Él, pero soportó el sufrimiento porque ama aun a sus enemigos. Nosotros también tuvimos una parte importante en el drama de esa tarde, porque nuestros pecados también estaban sobre la cruz. Jesús murió por nosotros y el castigo de nuestros pecados los pagó con su muerte. La única respuesta adecuada que podemos realizar es confesar nuestros pecados y aceptar que Jesús pagó por los pecados para que nosotros no tuviéramos que hacerlo. No insultemos a Dios al ser indiferentes ante el más grande acto de amor en la historia.
15.32 Cuando Jacobo y Juan pidieron lugares de honor próximos a Jesús en su Reino, Él les contestó: «No sabéis lo que pedís» (10.35–39). Aquí, como Jesús preparaba la inauguración de su Reino a través de su muerte, los lugares a la derecha y a la izquierda lo tomaron criminales moribundos. Como Jesús les explicó a sus dos discípulos deseosos de poder, alguien que quiere estar cerca de Jesús debe estar preparado a sufrir y morir como Él. El camino del Reino es el de la cruz. Si queremos la gloria del Reino, debemos tener la voluntad de permanecer unidos al Cristo crucificado.
15.34 Jesús no hizo esta pregunta sorprendido ni desesperado. Citaba la primera estrofa del Salmo 22. Este salmo es una profecía acerca de la profunda agonía del Mesías al morir por el pecado del mundo. Jesús sabía que esta separación temporal de Dios llegaría en el momento en que echara sobre sí los pecados del mundo. Esta separación fue lo que lo aterrorizó, según oró en Getsemaní. La agonía física fue horrible, pero la separación espiritual de Dios fue la tortura mayor.
15.37 Con esta exclamación Jesús tal vez pronunció sus últimas palabras: «Consumado es» (Juan 19.30).
15.38 Un velo pesado colgaba ante la parte del templo llamada Lugar Santísimo. Era un lugar que Dios reservó para Él. Simbólicamente, el velo separaba al Dios santo de la humanidad pecadora. Una vez al año, en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba a ese lugar y presentaba sacrificio por el perdón de los pecados de todo el pueblo. Cuando Jesús murió, el velo se rasgó en dos, mostrando así que su muerte por nuestros pecados dejaba abierta la entrada hasta la presencia del Dios santo. Esto fue de arriba hacia abajo, lo que muestra que Dios abrió el camino. En Hebreos 9 se encuentra una más completa explicación de estos hechos.
15.42ss El sábado comenzaba con la caída del sol del viernes y finalizaba con la caída el sol del sábado. Jesús murió unas pocas horas antes que el sol del viernes se pusiera. Iba en contra de la Ley judía hacer cualquier trabajo físico o viajar el día de reposo. También iba en contra de la Ley dejar que un cuerpo permaneciera colgado durante toda la noche (Deuteronomio 21.23). José vino para sepultar el cuerpo de Jesús antes que comenzara el sábado. Si Jesús hubiera muerto en sábado, cuando José no podía hacer nada, los romanos habrían bajado su cuerpo de la cruz. Si los romanos hubieran hecho tal cosa, los judíos no hubieran tenido confirmación de su muerte, por lo que hubieran podido negar su resurrección.
15.42,43 Después de la muerte de Jesús en la cruz, José de Arimatea pidió el cuerpo, lo puso en una tumba nueva y la selló. Aunque era un miembro honorable del concilio judío, José era un discípulo secreto de Jesús. No todos los líderes religiosos odiaban a Jesús. José arriesgó su reputación para dar sepultura adecuada a su Señor. Asusta arriesgar la reputación aun por lo que es bueno. Si su testimonio cristiano pone en peligro su reputación, acuérdese de José. Hoy en día, la iglesia cristiana lo recuerda con admiración. ¿Cuántos de los demás miembros del concilio judío podemos nombrar?
15.44 Pilato se sorprendió que Jesús hubiera muerto tan pronto, por lo que ordenó a un soldado que lo comprobara a fin de estar absolutamente seguro que el informe era veraz. En la actualidad, en un esfuerzo por negar la resurrección, algunos sostienen que Jesús no murió. Su muerte, sin embargo, la confirmó el soldado, Pilato, José de Arimatea, los líderes religiosos y las mujeres que presenciaron el sepelio. Jesús experimentó una verdadera muerte física en la cruz.
15.46 Sin duda, esta tumba era una cavidad hecha a mano en el cerro y lo bastante grande como para caminar dentro. José envolvió el cuerpo de Jesús, lo colocó en la tumba y puso una piedra pesada en la entrada. Los líderes religiosos también vieron donde se colocó el cuerpo de Jesús. Después pusieron guardas ante la tumba y sellaron la piedra para asegurarse que nadie robara el cuerpo para decir luego que había resucitado (Mateo 27.62–66).
15.47 Fue muy poco lo que estas mujeres pudieron hacer. No hablaron ante el Sanedrín en defensa de Jesús, no apelaron ante Pilato, no se enfrentaron a la multitud, no vencieron a los soldados romanos. Pero hicieron lo que pudieron. Se mantuvieron cerca de la cruz cuando los discípulos huyeron, siguieron tras el cuerpo de Jesús cuando lo llevaron a la tumba y prepararon especias aromáticas para su cuerpo. Debido a que aprovecharon la oportunidad que tuvieron, fueron las primeras testigos de la resurrección. Dios bendijo su entrega y diligencia. Como creyentes, debemos aprovechar las oportunidades que tenemos y hacer todo lo que podamos por Cristo, en lugar de apesadumbrarnos por lo que no podemos hacer. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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