Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 30 DE Marzo. Jueces 1, 2

JUECES

 Judá y Simeón capturan a Adoni-bezec

1

1Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? 2Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos. 3Y Judá dijo a Simeón su hermano: Sube conmigo al territorio que se me ha adjudicado, y peleemos contra el cananeo, y yo también iré contigo al tuyo. Y Simeón fue con él. 4Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres. 5Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él; y derrotaron al cananeo y al ferezeo. 6Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies. 7Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió.

 Judá conquista Jerusalén y Hebrón

8Y combatieron los hijos de Judá a Jerusalén y la tomaron, y pasaron a sus habitantes a filo de espada y pusieron fuego a la ciudad. 9Después los hijos de Judá descendieron para pelear contra el cananeo que habitaba en las montañas, en el Neguev, y en los llanos. 10Y marchó Judá contra el cananeo que habitaba en Hebrón, la cual se llamaba antes Quiriat-arba; e hirieron a Sesai, a Ahimán y a Talmai.

 Otoniel conquista Debir y recibe a Acsa

(Jos. 15.15–19)

11De allí fue a los que habitaban en Debir, que antes se llamaba Quiriat-sefer. 12Y dijo Caleb: El que atacare a Quiriat-sefer y la tomare, yo le daré Acsa mi hija por mujer. 13Y la tomó Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb; y él le dio Acsa su hija por mujer. 14Y cuando ella se iba con él, la persuadió que pidiese a su padre un campo. Y ella se bajó del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? 15Ella entonces le respondió: Concédeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev, dame también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.

 Extensión de las conquistas de Judá y de Benjamín

16Y los hijos del ceneo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmeras con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está en el Neguev cerca de Arad; y fueron y habitaron con el pueblo. 17Y fue Judá con su hermano Simeón, y derrotaron al cananeo que habitaba en Sefat, y la asolaron; y pusieron por nombre a la ciudad, Horma. 18Tomó también Judá a Gaza con su territorio, Ascalón con su territorio y Ecrón con su territorio. 19Y Jehová estaba con Judá, quien arrojó a los de las montañas; mas no pudo arrojar a los que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros herrados. 20Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho; y él arrojó de allí a los tres hijos de Anac. 21Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.

 José conquista Bet-el

22También la casa de José subió contra Bet-el; y Jehová estaba con ellos. 23Y la casa de José puso espías en Bet-el, ciudad que antes se llamaba Luz. 24Y los que espiaban vieron a un hombre que salía de la ciudad, y le dijeron: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos contigo misericordia. 25Y él les mostró la entrada a la ciudad, y la hirieron a filo de espada; pero dejaron ir a aquel hombre con toda su familia. 26Y se fue el hombre a la tierra de los heteos, y edificó una ciudad a la cual llamó Luz; y este es su nombre hasta hoy.

 Extensión de las conquistas de Manasés y de Efraín

27Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra. 28Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo tributario, mas no lo arrojó.

29Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer.

 Extensión de las conquistas de las demás tribus

30Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.

31Tampoco Aser arrojó a los que habitaban en Aco, ni a los que habitaban en Sidón, en Ahlab, en Aczib, en Helba, en Afec y en Rehob. 32Y moró Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra; pues no los arrojó.

33Tampoco Neftalí arrojó a los que habitaban en Bet-semes, ni a los que habitaban en Bet-anat, sino que moró entre los cananeos que habitaban en la tierra; mas le fueron tributarios los moradores de Bet-semes y los moradores de Bet-anat.

34Los amorreos acosaron a los hijos de Dan hasta el monte, y no los dejaron descender a los llanos. 35Y el amorreo persistió en habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando la casa de José cobró fuerzas, lo hizo tributario. 36Y el límite del amorreo fue desde la subida de Acrabim, desde Sela hacia arriba.

 El ángel de Jehová en Boquim

2

1El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, 2con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? 3Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero. 4Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró. 5Y llamaron el nombre de aquel lugar Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a Jehová.

 Muerte de Josué

(Jos. 24.29–31)

6Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla. 7Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. 8Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. 9Y lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas. 10Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.

 Apostasía de Israel, y la obra de los jueces

11Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales. 12Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. 13Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot. 14Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos. 15Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción.

16Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban; 17pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová; ellos no hicieron así. 18Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían. 19Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino. 20Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz, 21tampoco yo volveré más a arrojar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió; 22para probar con ellas a Israel, si procurarían o no seguir el camino de Jehová, andando en él, como lo siguieron sus padres. 23Por esto dejó Jehová a aquellas naciones, sin arrojarlas de una vez, y no las entregó en mano de Josué. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 30 DE Marzo. Lucas 7:1 – 35.

Jesús sana al siervo de un centurión

(Mt. 8.5–13)

7

1Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum. 2Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. 6Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano. 8Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 9Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

 Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín

11Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. 17Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.

 Los mensajeros de Juan el Bautista

(Mt. 11.2–19)

18Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, 19y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? 20Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? 21En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. 22Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; 23y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

24Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están. 26Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 27Este es de quien está escrito:

He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz,

El cual preparará tu camino delante de ti.

 28Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. 29Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.

31Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? 32Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis. 33Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. 34Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. 35Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 30 DE Marzo. Jueces 1, 2

JUECES

Capítulo 1

1.1 Finalmente, el pueblo de Israel había entrado y tomado control de la tierra prometida a sus antepasados (Génesis 12.7; Éxodo 3.16, 17). El libro de Jueces continua la historia de esta conquista que comenzó en el libro de Josué. Por el poder de Dios, los israelitas habían conquistado a muchos enemigos y superado muchas dificultades, pero su trabajo todavía no había terminado. Habían enfrentado con éxito retos políticos y militares, pero enfrentar los retos espirituales era aún más difícil. El estilo de vida de los cananeos, inicuo pero atractivo, mostró ser más peligroso que su fuerza militar. Los israelitas cedieron ante la presión y comprometieron su fe. Si intentamos enfrentar los retos de la vida solo con esfuerzo humano, encontraremos que las tentaciones y las presiones que nos rodean son demasiado fuertes para resistirlas.

1.1 Luego después de la muerte de Josué, Israel comenzó a perder su firme control de la tierra. Aún cuando Josué fue un gran líder, el pueblo olvidó su liderazgo espiritual más que su habilidad militar, ya que él había mantenido al pueblo enfocado en Dios y en sus propósitos. Josué había sido el sucesor obvio de Moisés, pero no había un sucesor obvio para Josué. Durante esta crisis de liderazgo, Israel tuvo que aprender que sin importar cuán poderoso y sabio fuera el líder actual, su líder real era Dios. A menudo ponemos nuestra esperanza y confianza en algún líder influyente, olvidando que en realidad es Dios el que está al mando. Reconozca a Dios como su comandante en jefe, y evite caer en la tentación de descansar demasiado en los líderes humanos, sin importar lo sabio que sean espiritualmente.

1.1 Cananeos eran todos los pueblos que vivían en Canaán, la tierra prometida. Vivían en ciudades-estados donde cada ciudad tenía su propio gobierno, ejército y leyes. Una razón por la que Canaán fue tan difícil de conquistar era porque cada ciudad tenía que ser derrotada individualmente. No había un único rey que pudiera rendir al país entero en manos de los israelitas.

La mayor amenaza de Canaán para Israel no era su ejército, sino su religión. La religión cananea idealizaba cualidades inicuas: crueldad en la guerra, inmoralidad sexual, avaricia egoísta y materialismo. Era una sociedad que pensaba «yo primero, después lo que sea». Obviamente, las religiones de Israel y de Canaán no podían coexistir.

1.2 El libro de Josué nos relata una conquista rápida y total de los ejércitos y ciudades enemigas, mientras que el libro de Jueces parece sugerir una conquista más gradual y prolongada. Cuando los israelitas entraron por primera vez a la tierra prometida (Josué 1–12), se unieron como un solo ejército para aplastar a los habitantes hasta que fueron demasiado débiles para vengarse; entonces, después que la tierra fue dividida entre las 12 tribus (Josué 13–24), cada tribu fue responsable de expulsar al enemigo de su propio territorio. El libro de Jueces nos habla del fracaso en hacerlo.

Algunas tribus tuvieron más éxito que otras. Bajo Josué todas comenzaron fuertes, pero pronto la mayoría se desvió por miedo, cansancio, falta de disciplina o por ir tras de sus propios intereses. Como resultado, su fe comenzó a desvanecerse, y «cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jueces 17.6). Para que nuestra fe sobreviva, debemos practicarla día a día. Debe permear cada aspecto de nuestras vidas. Cuídese de no comenzar con mucha fuerza para luego desviarse de su propósito real: amar a Dios y vivir para Él.

1.6 Los israelitas cortaron los pulgares y los dedos gordos de los pies de Adoni-bezec para humillarlo e inutilizarlo para pelear. Pero según las instrucciones de Dios para conquistar la tierra prometida, a él se lo debió haber matado.

1.8 Aun cuando los israelitas conquistaron Jerusalén, no ocuparon la ciudad sino hasta los días de David (2 Samuel 5.6–10).

1.12–15 Este mismo suceso está registrado en Josué 15.16–19. Caleb fue uno de los espías originales que exploraron la tierra prometida (Números 13–14) y, con Josué, alentaron al pueblo para conquistarla. Por su fidelidad, se le dio la tierra que escogió.

1.17 ¿Por qué ordenó Dios a los israelitas que expulsaran a los cananeos de su tierra? Aunque la orden parece cruel, los israelitas estaban bajo la orden de Dios para ejecutar juicio sobre estos pueblos malos que vivían en esa tierra. Las otras naciones serían juzgadas por su pecado, así como Israel fue forzada a vagar durante cuarenta años antes que se le permitiera entrar en la tierra. Más de setecientos años antes Dios había dicho a Abraham que cuando los israelitas entraran en la tierra prometida, la enorme maldad de los pueblos nativos estaría lista para ser juzgada (Génesis 15.16). Pero Dios no estaba ejerciendo favoritismo con los israelitas, ya que finalmente ellos también serían severamente castigados por llegar a ser tan malos como la gente a las que se les ordenó expulsar (2 Reyes 17; 25; Jeremías 6.18, 19; Ezequiel 8). Dios no es parcial, todas las personas pueden recibir el perdón gratuito de Dios tanto como su firme justicia.

1.19 Los carros cananeos tirados por caballos estaban entre las armas más sofisticadas de esos días. Los soldados israelitas que peleaban a pie eran absolutamente impotentes cuando un veloz carro de hierro los embestía. Por eso Israel prefería pelear en las colinas donde no podían subir los carros.

1.21ss Tribu tras tribu fracasaron en expulsar a los malvados cananeos de su tierra. ¿Por qué no siguieron y obedecieron completamente las órdenes de Dios? (1) Habían estado peleando durante mucho tiempo y estaban cansados. Aunque la meta estaba a la vista, les faltó disciplina y energía para alcanzarla. (2) Temieron que el enemigo fuera demasiado fuerte, los carros de hierro parecían invencibles. (3) Desde la muerte de Josué el poder y la autoridad se había descentralizado a los líderes tribales, y las tribus ya no estaban unidas en propósito. (4) La decadencia espiritual los había infectado desde el interior. Pensaron que podían manejar la tentación y ser más prósperos haciendo negocios con los cananeos.

A menudo también nosotros fracasamos al tratar de sacar el pecado de nuestras vidas. A menudo sabemos lo que debemos hacer, pero no lo hacemos. Y esto tiene como resultado un deterioro gradual de nuestra relación con Dios. En nuestras batallas, podemos cansarnos y querer descansar, pero necesitamos más que un descanso en el trabajo. Necesitamos saber que Dios nos ama y nos ha dado un propósito en la vida. La victoria viene cuando vivimos de acuerdo con su propósito.

Capítulo 2

2.1–3 Este suceso marca un cambio significativo en la relación de Israel con Dios. En el monte Sinaí, Dios llevó a cabo un acuerdo sagrado y obligatorio con los israelitas llamado pacto (Éxodo 19.5–8). La parte de Dios era hacer de Israel una nación especial (véase la nota a Génesis 12.1–3), protegerlos y darles bendiciones únicas por seguirlo. La parte de Israel era amar a Dios y obedecer sus leyes. Pero debido a que Israel rechazó y desobedeció a Dios, el acuerdo de protegerlo quedó sin efecto. Pero Dios no iba a abandonar a su pueblo. Recibiría bendiciones maravillosas si pedía perdón a Dios y lo seguía nuevamente con sinceridad.

Aunque el pacto de Dios de ayudar a Israel a conquistar la tierra ya no estaba vigente, su promesa de hacer de Israel una nación a través de la cual el mundo entero sería bendecido (cumplida con la llegada del Mesías) permaneció vigente. Dios todavía quería que los israelitas fueran un pueblo santo (de la misma manera que quiere que nosotros seamos santos), y a menudo utilizó la opresión para traerlos de regreso a Él, tal y como dijo que lo haría (Levítico 26; Deuteronomio 28). El libro de Jueces registra un número de instancias donde Dios permitió que su pueblo fuera oprimido para que así se arrepintiera de sus pecados y regresara a Él.

Demasiado a menudo la gente quiere que Dios cumpla sus promesas mientras se excusa de sus propias responsabilidades. Antes de reclamar las promesas de Dios, pregúntese: «¿He hecho mi parte?»

2.4 El pueblo de Israel sabía que había pecado, y lloraron en alta voz, reaccionando con profundo dolor. Porque tenemos la tendencia a pecar, el arrepentimiento es la justa medida de nuestra sensibilidad espiritual. Arrepentirse es pedirle a Dios que nos perdone y luego abandonar nuestros caminos pecaminosos. Pero no podemos hacer esto de una manera sincera a menos que realmente estemos arrepentidos de nuestros pecados. Cuando estemos conscientes del pecado que hay en nuestra vida, debemos admitirlo plenamente ante Dios en lugar de tratar de cubrirlo o de esperar salirnos con la nuestra.

2.7–9 El relato de la muerte de Josué se encuentra aquí y al final de libro de Josué (24.29). O este relato es un resumen de lo que sucedió anteriormente, o el relato del libro de Josué omitió los acontecimientos del primer capítulo del libro de Jueces. (Si desea más información sobre Josué véase su perfil en Josué 2.)

2.10ss Una generación murió, y la siguiente no siguió a Dios. Jueces 2.10–3.7 es un breve vistazo previo del ciclo de pecado, juicio y arrepentimiento que Israel experimentó vez tras vez. Cada generación fracasó al intentar enseñar a la siguiente generación a amar y a seguir a Dios. Pero esto estaba en el mero centro de la ley de Dios (Deuteronomio 6.4–9). Es tentador dejar la tarea de enseñar la fe cristiana a la iglesia o a la escuela cristiana. Sin embargo, Dios dice que esta responsabilidad pertenece básicamente a la familia. Debido a que los niños aprenden mucho con el ejemplo, la fe debe ser una cuestión familiar.

2.11-15 Baal era el dios de la tormenta y de las lluvias; por lo tanto se creía que controlaba la vegetación y la agricultura. Astarot era la diosa madre del amor, la guerra y la fertilidad (también se le llamaba Astarte, Astoret, Istar). La prostitución en el templo y el sacrificio de niños eran parte del culto a estos ídolos cananeos. Esta generación de israelitas abandonó la fe de sus padres y comenzó a adorar los dioses de sus vecinos. Muchas cosas nos pueden tentar a abandonar lo que sabemos que es correcto. El deseo de ser aceptados por nuestros vecinos puede hacer que nos comportemos de una manera que resulte inaceptable a Dios. No permita que la presión lo lleve a la desobediencia.

2.12–15 A menudo Dios reservaba su dura crítica y castigo para aquellos que adoraban ídolos. ¿Por qué eran tan malos los ídolos ante los ojos de Dios? El adorar a un ídolo violaba los primeros dos de los Diez Mandamientos (Éxodo 20.3–6). Los cananeos tenían dioses para casi cada estación, actividad o lugar. Para ellos, Jehová era tan sólo otro dios que añadirían a su colección de dioses. Israel, por su parte, tenía que adorar exclusivamente a Jehová. Para ellos no era posible creer que Dios fuera el único Dios verdadero y al mismo tiempo inclinarse a un ídolo. Los idólatras no podían ver a su dios como su creador porque ellos lo habían creado. Los ídolos representan aspectos sensuales, carnales e inmorales de la naturaleza humana. Sin embargo, la naturaleza de Dios es espiritual y moral. Era intolerable que se añadiera la idolatría a la adoración de Dios.

2.15,16 A pesar de la desobediencia de Israel, Dios mostró su gran misericordia al levantar jueces para salvar al pueblo de sus opresores. Misericordia se ha definido como «no darle a una persona lo que merece». Esto es exactamente lo que hizo Dios por Israel y lo que hace por nosotros. ¡Nuestra desobediencia exige juicio! Pero Dios nos muestra su misericordia al darnos un escape del castigo del pecado por medio de Jesucristo, quien es el único que nos salva del pecado. Cuando oramos por perdón, estamos pidiendo lo que no merecemos. Pero cuando damos este paso y confiamos en la obra salvadora de Cristo a nuestro favor, podemos experimentar el perdón de Dios.

2.16–19 A través de este período de la historia, Israel pasó por siete ciclos de (1) rebelión contra Dios, (2) ser invadido por naciones enemigas, (3) ser liberado por un juez temeroso de Dios, (4) permanecer fiel a Dios bajo ese juez y (5) nuevamente olvidarse de Dios cuando el juez muere. Nosotros tendemos a seguir ese mismo ciclo, permanecemos leales a Dios mientras estamos cerca de los que lo siguen. Pero cuando quedamos solos, aumenta la presión para alejarnos de Él. Decídase a permanecer fiel a Dios a pesar de las situaciones difíciles que encuentre.

2.17 ¿Por qué el pueblo de Israel abandonaría tan rápidamente su fe en Dios? Para explicarlo de una manera simple, la religión cananea parecía más atractiva a la naturaleza sensual y ofrecía más beneficios inmediatos (permisividad sexual e incremento de fertilidad en embarazos y cosechas). Una de sus características más atractivas era que la gente podía seguir siendo egoísta y cumplir con los requerimientos religiosos. Podían hacer casi lo que quisieran y aún así seguir siendo obedientes por lo menos a uno de los muchos dioses cananeos. La prostitución masculina y femenina no sólo era permitida, sino alentada como forma de adoración.

Sin embargo, la fe en el único Dios verdadero no ofrece beneficios inmediatos que apelen a nuestra naturaleza humana pecaminosa. La esencia del pecado es el egoísmo; la esencia del estilo de vida de Dios es el desprendimiento. Debemos buscar la ayuda de Cristo para vivir el estilo de Dios.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 30 DE Marzo. Lucas 7:1 - 35.

Capítulo 7

7.2 Un centurión era el encargado de cien hombres en el ejército romano. Vino a Jesús no como último recurso ni amuleto mágico, sino porque creía que Dios envió a Jesús. Al parecer, reconoció que los judíos tenían un mensaje de Dios para la humanidad. Se narra que amaba a la nación y que construyó una sinagoga. De manera que le resultó natural recurrir a Jesús en su necesidad.

7.3 ¿Por qué el centurión envió a Jesús unos ancianos de los judíos en vez de ir él mismo? Enterado del odio de los judíos a los soldados romanos, quizás no quiso interrumpir la reunión judía. Como un capitán del ejército, cada día delegaba tareas y enviaba grupos en misión, de ahí que escogió esta manera de enviar su mensaje a Jesús.

7.3 Mateo 8.5 dice que el centurión romano visitó personalmente a Jesús, mientras que Lucas 7.3 dice que envió a unos ancianos de los judíos para presentar su petición a Jesús. En el trato con los mensajeros, Jesús trataba con el mismo centurión. Para su audiencia judía, Mateo enfatizó la fe del hombre. Para su audiencia gentil, Lucas destaca las buenas relaciones entre los ancianos judíos y el centurión romano.

7.9 El centurión no fue a Jesús ni tampoco esperaba que Jesús fuera a él. Así como no necesitaba estar presente para que sus órdenes se llevaran a cabo, tampoco Jesús necesitó estar presente para sanarlo. La fe del centurión fue en especial sorprendente, porque era un gentil que aún no conocía el amor de Dios.

7.11-15 La situación de la viuda era seria. Perdió a su esposo y ahora a su hijo único, su medio de sustento. El grupo de dolientes volvería a su hogar y ella quedaría abandonada sin dinero ni amigos. Tal vez había pasado la edad de procrear y no volvería a casarse de nuevo. A menos que algún familiar viniera para ayudarle, su futuro carecía de esperanzas. Sería una presa fácil de estafadores y podría terminar pidiendo limosna para alimentarse. Más aún, como Lucas enfatiza, era el tipo de persona que Jesús vino para ayudar y fue lo que hizo. Jesús tenía poder para dar esperanza en medio de cualquier tragedia.

7.11–17 Esta historia ilustra la salvación. El mundo entero estaba muerto en pecado (Efesios 2.1), así como el hijo de la viuda lo estuvo. Al estar muertos, nada pudimos hacer por nosotros mismos, ni siquiera pudimos pedir ayuda. Pero el corazón de Dios sobreabundó en compasión y envió a Jesús para darnos vida con Él (Efesios 2.4–7). El hijo muerto no ganó su segunda oportunidad a la vida, nosotros tampoco ganamos la nueva vida en Cristo. Pero podemos aceptar el regalo de Dios, alabarlo por esto y usar nuestra vidas para cumplir su voluntad.

7.12 Honrar al difunto era importante en la tradición judía. Una procesión fúnebre, los familiares del fallecido seguían el cuerpo que se había envuelto y llevado en una especie de camilla, atravesaba el pueblo y se esperaba que los espectadores se unieran al grupo. Además, las plañideras (que recibían dinero por esto) lloraban en voz alta y atraían la atención. El luto familiar continuaba durante treinta días.

7.16 La gente pensaba que Jesús era un profeta porque, como los profetas del Antiguo Testamento, proclamó con audacia el mensaje de Dios y algunas veces resucitó muertos. Tanto Elías como Eliseo resucitaron niños (1 Reyes 17.17–24; 2 Reyes 4.18–37). La gente no se equivocó al pensar que Jesús era profeta, pero Él es más que eso: es Dios mismo.

7.18-23 Juan estaba confundido porque los informes recibidos relacionados con Jesús eran inesperados e incompletos. Sus dudas eran naturales y Jesús no lo reprendió por esto; en cambio, contestó de manera que Juan comprendiera, al explicarle que Él cumplía las cosas que se esperaba que hiciera el Mesías. Dios también puede resolver nuestras dudas y no rechaza nuestras preguntas. ¿Tiene preguntas acerca de Jesús, acerca de quién es Él o qué espera de usted? Admítalas ante sí y ante Dios, y comience a buscar respuestas. Solo en la medida que enfrente sus dudas de una manera sincera podrá comenzar a resolverlas.

7.20–22 Las pruebas enumeradas aquí para demostrar que Jesús es el Mesías son importantes. Consisten de hechos palpables, no teorías, acciones que los contemporáneos de Jesús vieron y anotaron para que las leamos hoy. Los profetas manifestaron que el Mesías sería capaz de hacer estas cosas (véanse Isaías 35.5, 6; 61.1). Estas pruebas físicas ayudaron a Juan y nos ayudarán a nosotros para saber quién es Jesús.

7.28 De todas las personas, nadie cumplió mejor el propósito dado por Dios que Juan. Más aún, en el Reino de Dios todo el que viniera después de él tendría una mayor herencia espiritual porque sabe más del propósito de la muerte y resurrección de Jesús. Juan fue el último profeta del Antiguo Testamento, el último en preparar a la gente para la era mesiánica. Jesús no hacía un contraste entre Juan hombre con cristianos particulares, sino la oposición entre la vida antes de Cristo con la vida en la plenitud de su Reino.

7.29,30 Los recaudadores de impuestos (quienes encarnaban la maldad en las mentes de muchos) y las personas comunes oyeron el mensaje de Juan y se arrepintieron. En contraste, los líderes religiosos rechazaron sus palabras. Querían vivir a su manera, se negaron a prestar atención a otras ideas. Antes de intentar imponer sus planes a Dios, procure descubrir su plan para usted.

7.31-35 Los líderes religiosos odiaban a cualquiera que hablara la verdad y desenmascarara la hipocresía, y no se molestaron en ser lógicos en sus críticas. Criticaron a Juan el Bautista porque ayunaba y no tomaba vino, criticaron a Jesús porque comía en abundancia y tomaba vino con los recaudadores de impuestos y «pecadores». Su objeción real hacia ambos, por supuesto, no tenía nada que ver con sus hábitos de dieta. Lo que fariseos y expertos en la Ley no soportaban era que les descubrieran su hipocresía.

7.33,34 A los fariseos no les preocupaba su actitud ilógica con Juan el Bautista y Jesús. Eran muy buenos para justificar su «sabiduría». La mayoría podemos encontrar razones muy válidas para hacer o creer cualquier cosa que encaje con nuestros propósitos. Sin embargo, si no examinamos nuestras ideas a la luz de Dios, llegaremos a ser tan autosuficientes como los fariseos.

7.35 Los hijos de la sabiduría seguían a Jesús y Juan. Tenían vidas cambiadas. Su estilo de vida recto demostraba la sabiduría que Jesús y Juan enseñaban. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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