LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 5 DE Marzo. Números 34, 35, 36
34
1Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Manda a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, esto es, la tierra que os ha de caer en herencia, la tierra de Canaán según sus límites, 3tendréis el lado del sur desde el desierto de Zin hasta la frontera de Edom; y será el límite del sur al extremo del Mar Salado hacia el oriente. 4Este límite os irá rodeando desde el sur hasta la subida de Acrabim, y pasará hasta Zin; y se extenderá del sur a Cades-barnea; y continuará a Hasar-adar, y pasará hasta Asmón. 5Rodeará este límite desde Asmón hasta el torrente de Egipto, y sus remates serán al occidente.
6Y el límite occidental será el Mar Grande; este límite será el límite occidental.
7El límite del norte será este: desde el Mar Grande trazaréis al monte de Hor. 8Del monte de Hor trazaréis a la entrada de Hamat, y seguirá aquel límite hasta Zedad; 9y seguirá este límite hasta Zifrón, y terminará en Hazar-enán; este será el límite del norte.
10Por límite al oriente trazaréis desde Hazar-enán hasta Sefam; 11y bajará este límite desde Sefam a Ribla, al oriente de Aín; y descenderá el límite, y llegará a la costa del mar de Cineret, al oriente. 12Después descenderá este límite al Jordán, y terminará en el Mar Salado: esta será vuestra tierra por sus límites alrededor.
13Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que se os repartirá en heredades por sorteo, que mandó Jehová que diese a las nueve tribus, y a la media tribu; 14porque la tribu de los hijos de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su heredad. 15Dos tribus y media tomaron su heredad a este lado del Jordán frente a Jericó al oriente, al nacimiento del sol.
16Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 17Estos son los nombres de los varones que os repartirán la tierra: El sacerdote Eleazar, y Josué hijo de Nun. 18Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la posesión de la tierra. 19Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone. 20De la tribu de los hijos de Simeón, Semuel hijo de Amiud. 21De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Quislón. 22De la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buqui hijo de Jogli. 23De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Efod, 24y de la tribu de los hijos de Efraín, el príncipe Kemuel hijo de Siftán. 25De la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elizafán hijo de Parnac. 26De la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel hijo de Azán. 27De la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi. 28Y de la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael hijo de Amiud. 29A éstos mandó Jehová que hiciesen la repartición de las heredades a los hijos de Israel en la tierra de Canaán.
Herencia de los levitas
35
1Habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 2Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten; también daréis a los levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas. 3Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, para sus ganados y para todas sus bestias. 4Y los ejidos de las ciudades que daréis a los levitas serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera. 5Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto tendrán por los ejidos de las ciudades. 6___Y de las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allá; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades. 7Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos. 8Y en cuanto a las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que tiene mucho tomaréis mucho, y del que tiene poco tomaréis poco; cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la posesión que heredará.
Ciudades de refugio
(Dt. 19.1–13)
9Habló Jehová a Moisés, diciendo: 10Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra de Canaán, 11os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención. 12Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación. 13De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio. 14Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio. 15Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.
16Si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 17Y si con piedra en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 18Y si con instrumento de palo en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 19El vengador de la sangre, él dará muerte al homicida; cuando lo encontrare, él lo matará. 20Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere; 21o por enemistad lo hirió con su mano, y murió, el heridor morirá; es homicida; el vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encontrare.
22Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas, 23o bien, sin verlo hizo caer sobre él alguna piedra que pudo matarlo, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal; 24entonces la congregación juzgará entre el que causó la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes; 25y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo. 26Mas si el homicida saliere fuera de los límites de su ciudad de refugio, en la cual se refugió, 27y el vengador de la sangre le hallare fuera del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no se le culpará por ello; 28pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote; y después que haya muerto el sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.
Ley sobre los testigos y sobre el rescate
29Estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones. 30Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera. 31Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá. 32Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote. 33Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó. 34No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.
Ley del casamiento de las herederas
36
1Llegaron los príncipes de los padres de la familia de Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José; y hablaron delante de Moisés y de los príncipes, jefes de las casas paternas de los hijos de Israel, 2y dijeron: Jehová mandó a mi señor que por sorteo diese la tierra a los hijos de Israel en posesión; también ha mandado Jehová a mi señor, que dé la posesión de Zelofehad nuestro hermano a sus hijas. 3Y si ellas se casaren con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de Israel, la herencia de ellas será así quitada de la herencia de nuestros padres, y será añadida a la herencia de la tribu a que se unan; y será quitada de la porción de nuestra heredad. 4Y cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus maridos; así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres.
5Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel por mandato de Jehová, diciendo: La tribu de los hijos de José habla rectamente. 6Esto es lo que ha mandado Jehová acerca de las hijas de Zelofehad, diciendo: Cásense como a ellas les plazca, pero en la familia de la tribu de su padre se casarán, 7para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres. 8Y cualquiera hija que tenga heredad en las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres, 9y no ande la heredad rodando de una tribu a otra, sino que cada una de las tribus de los hijos de Israel estará ligada a su heredad.
10Como Jehová mandó a Moisés, así hicieron las hijas de Zelofehad. 11Y así Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, hijas de Zelofehad, se casaron con hijos de sus tíos paternos. 12Se casaron en la familia de los hijos de Manasés, hijo de José; y la heredad de ellas quedó en la tribu de la familia de su padre.
13Estos son los mandamientos y los estatutos que mandó Jehová por medio de Moisés a los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 5 DE Marzo. Marcos 10: 32 - 52
Nuevamente Jesús anuncia su muerte
(Mt. 20.17–19; Lc. 18.31–34)
32Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 33He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; 34y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.
Petición de Santiago y de Juan
(Mt. 20.20–28)
35Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 38Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? 39Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; 40pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. 41Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. 42Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
El ciego Bartimeo recibe la vista
(Mt. 20.29–34; Lc. 18.35–43)
46Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 48Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 49Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 50El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. 52Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 5 DE Marzo. Números 34, 35, 36.
Capítulo 34
34.1ss La tierra fue dada por Dios como herencia; ninguna tribu debía reclamar su propia tierra. Los límites declarados por Dios son más amplios que el área que en realidad ocupan los hebreos. Los límites se corresponden más con la tierra conquistada por David y con el territorio ideal descrito por Ezequiel (Ezequiel 47, 48). El tamaño de la tierra ilustra la generosidad de Dios. Él siempre nos da más de lo que podríamos pedir o pensar.
34.16–29 En el plan de Dios para organizar la tierra, Él (1) explicó qué hacer, (2) lo comunicó claramente a Moisés, y (3) designó a la gente específica para estudiar la distribución de la tierra. Ningún plan estará completo hasta que cada trabajo sea asignado y cada uno comprenda sus responsabilidades. Cuando usted tenga un trabajo por delante, determine lo que debe hacerse, dé instrucciones claras y designe gente a cargo de cada una de las partes.
Capítulo 35
35.2, 3 Los levitas eran ministros. Se sostenían de los diezmos del pueblo que, además, les proveía de casas, rebaños y pastizales. Hoy en día, tenemos la responsabilidad de proveer para las necesidades de nuestros ministros y misioneros para que ellos tengan libertad de abocarse a la tarea que Dios les encomendó.
35.6 De las cuarenta y ocho ciudades dadas a los levitas por el pueblo, seis de ellas eran ciudades de refugio. Estas probablemente estaban bajo la supervisión de los levitas, ya que serían los jueces más imparciales. Estas ciudades eran necesarias debido a que la costumbre antigua de justicia clamaba por venganza en la ocasión de la muerte de un pariente o ser amado (2 Samuel 14.7). Los levitas sostenían una audiencia preliminar afuera de las puertas mientras el acusado era retenido en la ciudad hasta el momento de su juicio. Si el asesinato había sido accidental, la persona permanecía en la ciudad hasta la muerte del sumo sacerdote. Para ese entonces, se le daría la libertad, y podría comenzar una nueva vida sin preocuparse por los vengadores. Si no hubiera sido accidental, la persona era enviada a los vengadores de la persona asesinada. Este sistema de justicia muestra cómo la ley de Dios y su misericordia van tomadas de la mano.
35.11-28 Si cualquiera moría por un acto de violencia, por lo general se asumía que la persona había sido asesinada, pero el sospechoso del crimen no era acusado automáticamente como culpable. Las ciudades de refugio aseguraban al acusado que se haría justicia. Pero si él o ella dejaban la ciudad, entonces serían considerados culpables y podrían ser matados por la parte vengadora. El pueblo no debía tolerar el pecado, sin embargo, debía ser imparcial hacia el acusado para que él o ella pudiera tener un juicio justo. Las ciudades de refugio representaban la preocupación y provisión de Dios de justicia en una cultura que no siempre protegía al inocente. Es tan injusto pasar por alto malas acciones como concluir precipitadamente acerca de la culpabilidad de una persona. Cuando alguien es acusado de haber hecho algo incorrecto, tome partido por la justicia, proteja a los que no han sido hallados culpables y escuche con cuidado toda las versiones de la historia.
Capítulo 36
36.1–9 Zelofehad tuvo cinco hijas y ningún hijo. Después de su muerte, sus hijas apelaron a Moisés. Como la herencia normalmente pasaba únicamente por la línea masculina, la línea familiar de Zelofehad hubiese desaparecido. Dios dijo a Moisés que si un hombre moría sin haber tenido hijos, entonces la herencia pasaría a sus hijas (27.8). Pero surgió el tema del matrimonio. Si las hijas se casaban con alguien que no pertenecía a su tribu, la tierra pertenecería a otra tribu en el año del jubileo. De modo que Moisés ordenó que en tales casos las mujeres deberían casarse con hombres de sus propios clanes y tribus de modo que cada tribu retuviese su herencia original. Más tarde, cuando las tribus recibieron su tierra bajo Josué, las hijas de Zelofehad recibieron su herencia tal como había instruido Dios (Josué 17.3–6).
No es necesario buscar demasiado para encontrar aquellos que quieren ser considerados «casos especiales» y «excepciones a la regla», pero los dirigentes sabios sabrán diferenciar a los que tengan preocupaciones legítimas y se asegurarán de que se haga justicia en estas situaciones especiales.
36.13 El libro de Números cubre treinta y nueve años y cierra con los israelitas establecidos cerca de las márgenes del río Jordán con la tierra prometida a la vista. Los peregrinajes en el desierto habían llegado a su fin, y el pueblo se preparaba para su próximo gran paso: la conquista de la tierra. El apóstol Pablo dice que los acontecimientos registrados en Números son ejemplos que previenen a los cristianos y los ayudan a evitar cometer los mismos errores que los israelitas (1 Corintios 10.1–12). De sus experiencias podemos aprender que la incredulidad es desastrosa. También aprendemos a no desear los placeres pecaminosos del pasado, a evitar las quejas, y a permanecer alejados de toda forma de liviandad. Si decidimos permitir que Dios guíe nuestras vidas, no debemos pasar por alto el libro de Números.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 5 DE Marzo. Marcos 10: 32 – 52
10.32 Los discípulos temían lo que les esperaba en Jerusalén, porque Jesús les habló de enfrentar persecuciones.
10.33,34 La muerte y resurrección de Jesús no debió sorprender a los discípulos. Aquí les explicó con toda claridad lo que le ocurriría. Es lamentable, pero no entendieron bien lo que les dijo. Jesús afirmó que Él era el Mesías, pero ellos creían que el Mesías era un rey conquistador. Les habló de la resurrección, pero no entendían cómo una persona podía volver a la vida después de estar muerta. Debido a que Jesús a menudo hablaba por parábolas, es posible que los discípulos pensaran que sus referencias a la muerte y a la resurrección eran otra parábola que no entendían. Los Evangelios incluyen las profecías de Jesús acerca de su muerte y resurrección para demostrar que ello estaba en el plan de Dios desde el principio y no se trataba de un accidente.
10.35 Marcos narra que Juan y Jacobo fueron a Jesús con una petición; en Mateo, también la madre hizo la petición. No hay contradicción en los relatos: madre e hijos estaban de acuerdo en hacer la petición de permitirlos ocupar lugares de honor en el Reino de Cristo.
10.37 Los discípulos, como muchos judíos de hoy en día, tenían una idea errada del reino mesiánico predicho por los profetas del Antiguo Testamento. Creían que Jesús establecería un reino terrenal que liberaría a Israel de la opresión romana y Jacobo y Juan querían lugares de honor en él. Pero el Reino de Jesús no es de este mundo; no se centra en palacios ni tronos, sino en los corazones y en las vidas de los creyentes. Los discípulos no lo entendieron sino hasta después de la resurrección de Jesús.
10.38, 39 Jacobo y Juan dijeron que estaban dispuestos a sufrir toda prueba por Cristo. Ambos la sufrieron: Jacobo murió como un mártir (Hechos 12.2) y a Juan lo forzaron a vivir en el destierro (Apocalipsis 1.9). Es fácil decir que estamos dispuestos a sufrir por Cristo, pero la mayoría nos quejamos cada día cuando cosas insignificantes nos irritan. Si decimos que estamos dispuestos a sufrir en gran escala por Cristo, debemos estar listos a sufrir la irritación que se origina al servir a otros.
10.38-40 Jesús no ridiculizó a Jacobo ni a Juan por su petición, pero la denegó. Sintámonos libres de pedir a Dios cualquier cosa, pero es muy posible que la respuesta sea negativa. Dios quiere darnos lo mejor, no simplemente lo que deseamos tener. Algunas de las cosas que pedimos se nos niegan precisamente para nuestro bien.
10.42–45 Jacobo y Juan apetecían la más alta posición en el Reino de Jesús. Pero Él les dijo que la verdadera grandeza estaba en servir a otros. Pedro, uno de los discípulos que oyó el mensaje, desarrolló este pensamiento en 1 Pedro 5.1–4.
La mayoría de los negocios, organizaciones e instituciones en nuestro mundo miden la grandeza por los altos logros de la persona. En el Reino de Cristo, sin embargo, el servicio es la forma de tomar la delantera. El deseo de estar en la cima puede ser un estorbo y no una ayuda. En vez de buscar la satisfacción de sus necesidades, procure maneras de ministrar las necesidades de otros.
10.45 Este versículo no solo revela el motivo del ministerio de Jesús, sino también el fundamento de nuestra salvación. Rescate era el precio a pagar por la libertad de un esclavo. Jesús pagó el rescate por nosotros, ya que no podíamos pagarlo. Su muerte nos liberó de la esclavitud del pecado. Los discípulos creían que la vida y el poder de Jesús los salvaría de Roma; Jesús dijo que su muerte los salvaría del pecado, una esclavitud mayor que la de Roma. En 1 Pedro 1.18, 19 se habla más acerca del recate que Jesús pagó por nosotros.
10.46 Jericó era una ciudad importante, un balneario popular que Herodes el Grande reconstruyó en el desierto de Judea, no lejos del cruce del Jordán. Jesús iba camino a Jerusalén (10.32) y, después de pasar por Perea, entró en Jericó.
10.46 Los mendigos eran un espectáculo común en muchas ciudades. Debido a que la mayoría de las ocupaciones de esos días requerían trabajo físico, cualquier paralítico o impedido estaba en severa desventaja y era obligado a pedir limosna, aunque la Ley de Dios mandaba cuidar a los necesitados (Levítico 25.35–38). La ceguera se consideraba un castigo de Dios por el pecado (Juan 9.2); pero Jesús rechazó la idea cuando se mostró dispuesto a sanar a los ciegos.
10.47 «Hijo de David» era una manera popular de referirse al Mesías, ya que se sabía que este sería descendiente del rey David (Isaías 9.7). El hecho de que Bartimeo llamara a Jesús «Hijo de David» demuestra que lo reconoció como Mesías. Su fe en Dios como Mesías logró su sanidad. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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