LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 6 DE Marzo. Deuteronomio 1, 2
LIBRO QUINTO DE MOISÉS
DEUTERONOMIO
Moisés recuerda a Israel las promesas de Jehová en Horeb
brot-hataava
1
1Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. 2Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea. 3Y aconteció que a los cuarenta años, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos, 4después que derrotó a Sehón rey de los amorreos, el cual habitaba en Hesbón, y a Og rey de Basán que habitaba en Astarot en Edrei. 5De este lado del Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo: 6Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante tiempo en este monte. 7Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas, en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev, y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates. 8Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos.
Nombramiento de jueces
(Ex. 18.13–27)
9En aquel tiempo yo os hablé diciendo: Yo solo no puedo llevaros. 10Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud. 11¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido! 12¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y vuestros pleitos? 13Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 14Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho. 15Y tomé a los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y los puse por jefes sobre vosotros, jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez, y gobernadores de vuestras tribus. 16Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el extranjero. 17No hagáis distinción de persona en el juicio; así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios; y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré. 18Os mandé, pues, en aquel tiempo, todo lo que habíais de hacer.
Misión de los doce espías
(Nm. 13.1–33)
19Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea. 20Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos da. 21Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes. 22Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. 23Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones de entre vosotros, un varón por cada tribu. 24Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra. 25Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. 26Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios; 27y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos. 28¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac. 29Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. 30Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. 31Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. 32Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, 33quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.
Dios castiga a Israel
(Nm. 14.20–35)
34Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo: 35No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, 36excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová. 37También contra mí se airó Jehová por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá. 38Josué hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará allá; anímale, porque él la hará heredar a Israel. 39Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, y vuestros hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán. 40Pero vosotros volveos e id al desierto, camino del Mar Rojo.
La derrota en Horma
(Nm. 14.39–45)
41Entonces respondisteis y me dijisteis: Hemos pecado contra Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno con sus armas de guerra, y os preparasteis para subir al monte. 42Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos. 43Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová, y persistiendo con altivez subisteis al monte. 44Pero salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba en aquel monte, y os persiguieron como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma. 45Y volvisteis y llorasteis delante de Jehová, pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído. 46Y estuvisteis en Cades por muchos días, los días que habéis estado allí.
Los años en el desierto
2
1Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo. 2Y Jehová me habló, diciendo: 3Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte. 4Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho. 5No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir. 6Compraréis de ellos por dinero los alimentos, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis; 7pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado. 8Y nos alejamos del territorio de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino del Arabá desde Elat y Ezión-geber; y volvimos, y tomamos el camino del desierto de Moab.
9Y Jehová me dijo: No molestes a Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, porque no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot. 10(Los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac. 11Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman emitas. 12Y en Seir habitaron antes los horeos, a los cuales echaron los hijos de Esaú; y los arrojaron de su presencia, y habitaron en lugar de ellos, como hizo Israel en la tierra que les dio Jehová por posesión.) 13Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered. 14Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehová les había jurado. 15Y también la mano de Jehová vino sobre ellos para destruirlos de en medio del campamento, hasta acabarlos.
16Y aconteció que después que murieron todos los hombres de guerra de entre el pueblo, 17Jehová me habló, diciendo: 18Tú pasarás hoy el territorio de Moab, a Ar. 19Y cuando te acerques a los hijos de Amón, no los molestes, ni contiendas con ellos; porque no te daré posesión de la tierra de los hijos de Amón, pues a los hijos de Lot la he dado por heredad. 20(Por tierra de gigantes fue también ella tenida; habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos; 21pueblo grande y numeroso, y alto, como los hijos de Anac; a los cuales Jehová destruyó delante de los amonitas. Estos sucedieron a aquéllos, y habitaron en su lugar, 22como hizo Jehová con los hijos de Esaú que habitaban en Seir, delante de los cuales destruyó a los horeos; y ellos sucedieron a éstos, y habitaron en su lugar hasta hoy. 23Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.) 24Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él. 25Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti.
Israel derrota a Sehón
(Nm. 21.21–30)
26Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo: 27Pasaré por tu tierra por el camino; por el camino iré, sin apartarme ni a diestra ni a siniestra. 28La comida me venderás por dinero, y comeré; el agua también me darás por dinero, y beberé; solamente pasaré a pie, 29como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar; hasta que cruce el Jordán a la tierra que nos da Jehová nuestro Dios. 30Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hasta hoy. 31Y me dijo Jehová: He aquí yo he comenzado a entregar delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella para que la heredes. 32Y nos salió Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para pelear en Jahaza. 33Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo. 34Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno. 35Solamente tomamos para nosotros los ganados, y los despojos de las ciudades que habíamos tomado. 36Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros; todas las entregó Jehová nuestro Dios en nuestro poder. 37Solamente a la tierra de los hijos de Amón no llegamos; ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jaboc ni a las ciudades del monte, ni a lugar alguno que Jehová nuestro Dios había prohibido. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 6 DE Marzo.. Marcos 11: 1 - 19
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mt. 21.1–11; Lc. 19.28–40; Jn. 12.12–19)
11
1Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, 2y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. 3Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. 4Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. 5Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? 6Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. 7Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. 8También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. 9Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 10¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
11Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.
Maldición de la higuera estéril
(Mt. 21.18–19)
12Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. 13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. 14Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
Purificación del templo
(Mt. 21.12–17; Lc. 19.45–48; Jn. 2.13–22)
15Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 18Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. 19Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 6 DE Marzo. Deuteronomio 1, 2
DEUTERONOMIO
Capítulo 1
1.1, 2 Los israelitas pasaron cuarenta años en un viaje que debió haber durado once días. No fue la distancia lo que se interpuso entre ellos y la tierra prometida. Fue la condición de sus corazones. El propósito de Dios era más profundo que simplemente trasladar a un gran grupo de personas a una nueva tierra. Él los estaba preparando para que vivieran en obediencia a Él una vez que llegaran. ¿Qué de bueno tendría la tierra prometida si los israelitas eran tan malos como las naciones que ya vivían ahí? El viaje fue una parte dolorosa pero necesaria en su preparación. Por medio de él Dios enseñó a los israelitas quién era Él: el Dios viviente, el Líder de la nación. También les enseñó quiénes eran ellos: una raza caída, pecadora, pronta para la rebelión y la duda. Dio a su pueblo rebelde la Ley para ayudarlos a comprender cómo relacionarse con Dios y con otros pueblos. Quizá su peregrinaje espiritual sea largo y quizás tenga que enfrentar dolor, desaliento y dificultades. Pero recuerde que Dios no está simplemente tratando de mantenerlo vivo. Quiere prepararlo para que viva una vida de servicio y devoción a Él.
1.1–5 El peregrinaje de cuarenta años en el desierto llega a su fin en este libro. Los sucesos en Deuteronomio cubren sólo una semana o dos del decimoprimer mes del año cuadragésimo (1.3). El decimosegundo y último mes fue dedicado al luto por la muerte de Moisés (34.8). Los israelitas entonces entraron a la tierra prometida el primer mes del año cuadragesimoprimero después del éxodo (Josué 4.19).
1.6, 7 Nótese que el resumen de Moisés del peregrinaje de cuarenta años de Israel comienza en el monte Horeb (Sinaí), no en Egipto. ¿Por qué omitió Moisés la primera parte del éxodo? Moisés no estaba dando un itinerario del viaje, sino resumiendo el desarrollo de la nación. En la mente de Moisés la nación de Israel comenzó al pie del monte Sinaí, no en Egipto, ya que fue en el monte Sinaí donde Dios hizo su pacto con el pueblo (Éxodo 19, 20). Junto con este pacto vino el conocimiento y la responsabilidad. Después que el pueblo decidió seguir a Dios (y fue su decisión), tenían que saber cómo seguirlo. Por lo tanto, Dios les dio un amplio conjunto de leyes y principios que les indicaba cómo quería Él que vivieran (estas leyes se encuentran en los libros de Éxodo, Levítico y Números). El pueblo ya no podía decir que no conocía la diferencia entre lo bueno y lo malo. Ahora que habían prometido seguir a Dios y sabían cómo hacerlo, tenía la responsabilidad de hacerlo. Cuando Dios le diga que levante campamento y que salga para enfrentar un desafío que Él le presenta, ¿estará usted listo para obedecer?
1.9-13 Para Moisés representaba una carga tremenda el guiar solo a una nación como Israel. No podría llevar a cabo su tarea sin ayuda. Como las naciones, las familias y las iglesias se vuelven más complejas a medida que crecen. Surgen necesidades y disputas. Ya no puede un solo líder tomar todas las decisiones. Como Moisés, quizás usted tenga también la tendencia natural de tratar de hacer solo todo el trabajo. Quizá tenga miedo o pena de pedir ayuda. Moisés tomó una decisión muy sabia: compartir el liderazgo con otros. En lugar de tratar de manejar solo las grandes responsabilidades, buscó la manera de distribuir la carga para que otros pudieran ejercitar los dones y habilidades que Dios les había dado.
1.13–18 Moisés identificó algunas de las cualidades interiores de los buenos líderes: (1) sabiduría, (2) compasión, y (3) respeto. Estas características difieren notablemente de aquellas por las que se eligen a los líderes actuales: buena apariencia, riqueza, popularidad, disposición para hacer cualquier cosa con tal de llegar a la cima. Las cualidades que Moisés identificó deben ser evidentes en nuestra vida cuando llegue el momento de ser líderes y debemos buscarlas en las vida de aquellos que elegimos para ejercer el liderazgo.
1.22 Los espías fueron enviados a la tierra prometida no para determinar si debían entrar, sino por dónde debían entrar. Sin embargo, al regresar la mayoría de los espías dijo que la tierra no valía la pena el sacrificio. Dios iba a dar a los israelitas el poder de conquistar la tierra, pero ellos tuvieron miedo de los riesgos y decidieron no entrar. Dios nos da el poder de vencer nuestros obstáculos, pero así como los israelitas se llenaron de temor y escepticismo, a menudo dejamos que los obstáculos controlen nuestra vida. Seguir a Dios a pesar de las dificultades es la forma de obtener valor y triunfar en fe.
1.23–40 Moisés volvió a contar la historia de la misión de los espías a la tierra prometida (Números 13, 14). Cuando los espías regresaron con informes de gigantes y ciudades amuralladas, el pueblo se acobardó y comenzó a quejarse de su situación. Pero el informe de la minoría formada por Josué y Caleb señalaba que la tierra era fértil, el enemigo era vulnerable y Dios estaba de su lado. Nos atemorizamos y no hacemos nada cuando nos concentramos en los aspectos negativos de una situación. Cuánto mejor es concentrarse en lo positivo: la dirección y las promesas de Dios. Cuando tenga que enfrentar una decisión importante y sepa lo que tiene que hacer, avance por fe. Concéntrese en lo positivo y confíe en Dios para derrotar lo negativo. Los problemas no tienen que privarlo de la victoria.
1.28 Canaán era una tierra de gigantes y fortalezas imponentes. Los «anaceos» podrían haber medido entre 2.10 y 2.70 m de altura. Muchas de las ciudades fortificadas de la tierra tenían murallas de casi 9 m de altura. El miedo de los israelitas era comprensible, pero no justificable, pues el todopoderoso Dios les había prometido la victoria.
Capítulo 2
2.4-6 Cuando los israelitas pasaron por Edom, Dios les advirtió que tuvieran cuidado. Los israelitas eran reconocidos como guerreros y los hijos de Esaú, los edomitas, estarían con razón nerviosos de que una gran multitud pasara a través de su tierra. Dios advirtió a los israelitas que no dieran pie a una guerra sino que respetaran el territorio de los edomitas y que pagaran por cualquier cosa que utilizaran. Dios quería que los israelitas trataran con justicia a sus vecinos. También nosotros debemos actuar con justicia al tratar a los demás. Reconozca los derechos de los demás, aun de sus oponentes. Al comportarse sabia y justamente podrá establecer buenas relaciones o restaurar cualquier relación deteriorada.
2.11 Tanto Moab como Amón habían desplazado a un pueblo alto como los hijos de Anac que generalmente se conocía con el nombre de refaítas, pero llamados emitas por los moabitas y zomzomeos por los amonitas (2.20). Si nuestros enemigos parecen ser invencibles, debemos recordar que Dios puede librarnos como lo hizo con los israelitas.
2.14, 15 Israel no tenía que pasar cuarenta años en camino a la tierra prometida. Dios lo sentenció a peregrinar por el desierto debido a que rechazaron su amor, se rebelaron contra su autoridad, no obedecieron sus mandamientos en cuanto a un recto vivir y no cumplieron su parte del acuerdo de Éxodo 19.8 y 24.3–8. En resumen, desobedecieron a Dios. A menudo por la desobediencia hacemos nuestro peregrinaje por la vida más difícil de lo necesario. Acepte el amor de Dios, lea y siga sus mandamientos en la Biblia y propóngase permanecer con Dios cualquiera sea su situación. Encontrará que la vida será menos complicada y más reconfortante.
2.25 Dios dijo a Moisés que haría que las naciones enemigas tuvieran miedo de los israelitas. Para los estándares del mundo, el ejército de Israel no intimidaba a nadie, pero Israel tenía a Dios de su lado. Moisés no tendría que preocuparse más por sus enemigos porque sus enemigos estaban preocupados por él. A menudo, Dios va delante de nosotros en nuestras batallas diarias, allanando el camino y destruyendo barreras. Necesitamos seguir a Dios de todo corazón y estar alerta a lo que quiera que hagamos.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 6 DE Marzo. Marcos 11: 1 - 19
Capítulo 11
11.1, 2 Esto ocurrió el domingo de la semana cuando crucificaron a Cristo y la gran Fiesta de la Pascua iba a comenzar. Desde todos los rincones del mundo romano, los judíos iban a Jerusalén durante esta larga semana de celebración para recordar la salida de Egipto (véase Éxodo 12.37–51). Muchos habían oído de Jesús o lo habían visto y esperaban que Él fuera al templo (Juan 11.55–57).
Jesús llegó, no como un rey, sino montado en un asno en el que nunca antes nadie había montado. A menudo los reyes acudían a la guerra montados en caballos o en carros, pero Zacarías (9.9) profetizó que el Mesías vendría en paz sobre un humilde asno, sobre un pollino hijo de asna. Jesús sabía que quienes lo oyeran enseñar en el templo volverían a sus casas en cualquier parte del mundo anunciando la venida del Mesías.
11.9, 10 La gente exclamaba: «¡Hosanna!» (que significa «¡salva ahora!»). Así daban cumplimiento total a la profecía de Zacarías 9.9. (Véanse Salmos 24.7–10; 118.26.) Hablaron del regreso del reino de David basándose en las palabras de Dios al salmista en 2 Samuel 7.12–14. Veían muy bien en Jesús el cumplimiento de esas profecías, pero no entendían la proyección que tendría el Reino de Cristo. Cuando solo algunos días más tarde llevaron a Jesús al tribunal, esa misma multitud gritó: «¡Crucifícale!». Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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