Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 15 DE Marzo. Deuteronomio 26, 27

Primicias y diezmos

26

1Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, 2entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. 3Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría. 4Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.

5Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; 6y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. 7Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; 8y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; 9y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. 10Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios. 11Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti.

12Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán. 13Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos. 14No he comido de ello en mi luto, ni he gastado de ello estando yo inmundo, ni de ello he ofrecido a los muertos; he obedecido a la voz de Jehová mi Dios, he hecho conforme a todo lo que me has mandado. 15Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.

16Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma. 17Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz. 18Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos; 19a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.

 Orden de escribir la ley en piedras sobre el Monte Ebal

27

1Ordenó Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. 2Y el día que pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás piedras grandes, y las revocarás con cal; 3y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho. 4Cuando, pues, hayas pasado el Jordán, levantarás estas piedras que yo os mando hoy, en el monte Ebal, y las revocarás con cal; 5y edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellas instrumento de hierro. 6De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios, y ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios; 7y sacrificarás ofrendas de paz, y comerás allí, y te alegrarás delante de Jehová tu Dios. 8Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley.

9Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo Israel, diciendo: Guarda silencio y escucha, oh Israel; hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios. 10Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.

 Las maldiciones en el monte Ebal

11Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo: 12Cuando hayas pasado el Jordán, éstos estarán sobre el monte Gerizim para bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. 13Y éstos estarán sobre el monte Ebal para pronunciar la maldición: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí. 14Y hablarán los levitas, y dirán a todo varón de Israel en alta voz:

15Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

16Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

17Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén.

18Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Y dirá todo el pueblo: Amén.

19Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén.

20Maldito el que se acostare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

21Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia. Y dirá todo el pueblo: Amén.

22Maldito el que se acostare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

23Maldito el que se acostare con su suegra. Y dirá todo el pueblo: Amén.

24Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y dirá todo el pueblo: Amén.

25Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén.

26Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 15 DE Marzo. Marcos 15: 1 – 20

Jesús ante Pilato

(Mt. 27.1–2, 11–14; Lc. 23.1–5; Jn. 18.28–38)

15

1Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. 4Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. 5Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.

 Jesús sentenciado a muerte

(Mt. 27.15–31; Lc. 23.13–25; Jn. 18.38—19.16)

6Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. 8Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. 9Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? 10Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. 11Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. 12Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! 14Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! 15Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

16Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, 18comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. 20Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. Amen. Rv.

 

COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 15 DE Marzo. Deuteronomio 26, 27

Capítulo 26

26.5–10 Esta recitación de los tratos de Dios con su pueblo ayudó al pueblo a recordar lo que Dios había hecho por ellos. ¿Cuál es la historia de la relación que tiene con Dios? ¿Puede expresar con palabras claras y concisas lo que Dios ha hecho por usted? Encuentre un amigo a quien poder relatar su travesía espiritual y que pueda relatarle la suya. El hecho de contarse sus historias será de ayuda para que entiendan claramente su historia espiritual personal, a la vez que servirá de aliento e inspiración a ambos. Nota: «arameo a punto de perecer» puede significar peregrino o perdido. También, los arameos eran el pueblo del norte de Siria y eran de los antepasados de Abraham. Esto se usa también como referencia a Jacob, que pasó muchos años allí (Génesis 29–31) y consiguió a sus dos esposas en Aram.

26.18 Moisés dijo que como los israelitas eran ahora pueblo de Dios, era necesario que empezaran a obedecer los mandamientos de Dios.

Capítulo 27

27.5, 6 El Señor había especificado que se edificara un altar de piedras sin cortar (piedras del campo) de modo que el pueblo no empezara a adorar los altares como si fueran ídolos. El uso del cincel para cortar una piedra del altar equivaldría a profanarlo (Éxodo 20.24–26). Además, como en esa época los israelitas todavía no estaban capacitados para trabajar con hierro, la utilización de herramientas de hierro podría indicar que hacían uso de la cooperación y la pericia de otras naciones.

27.9, 10 Moisés estaba revisando la ley con la nueva generación del pueblo. Cuando decidimos creer en Dios, debemos también decidir seguir sus caminos. Lo que hacemos muestra lo que realmente creemos. Examínese a sí mismo y pregúntese si la gente puede discernir que usted es un miembro de la familia de Dios.

27.15–26 Estas maldiciones eran una serie de juramentos, dichos por los sacerdotes y afirmados por el pueblo, por lo que este prometía mantenerse alejado de las malas acciones. Al decir Amén, «Así sea», el pueblo se responsabilizó de sus actos. Algunas veces cuando miramos una lista de maldiciones como esta, pensamos que Dios tiene mal carácter y que está listo para aplastar a cualquiera que se salga de la línea. Pero debemos ver estas restricciones no como amenazas, sino como advertencias amorosas acerca de los hechos mismos de la vida. De la misma manera que advertimos a los niños que se alejen de las estufas calientes y de las calles de mucho tránsito, Dios quiere que nos alejemos de los actos peligrosos. La ley natural de su universo nos dice claramente que cuando hacemos algo malo en contra del hombre o de Dios surgen consecuencias trágicas. Dios es lo suficientemente misericordioso con el hombre para decirle esta verdad llanamente. Motivadas por el amor y no por la ira, sus palabras severas nos ayudan a evitar las consecuencias graves que resultan de rechazar a Dios o de hacer mal a otros. Pero Dios no nos deja solamente con maldiciones y consecuencias. Inmediatamente después de estas maldiciones, descubrimos las grandes bendiciones (consecuencias positivas) que surgen cuando vivimos para Dios (28.1–14). Esto nos proporciona un incentivo adicional para obedecer las leyes de Dios. Ya que todas estas bendiciones no vendrán en nuestra vida terrenal, los que obedezcan a Dios experimentarán la plenitud de su bendición cuando establezca los nuevos cielos y la nueva tierra.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 15 DE Marzo. Marcos 15: 1 – 20

Capítulo 15

15.1 ¿Por qué los judíos enviaron a Jesús a Pilato, el gobernador romano? Los romanos le quitaron a los judíos el derecho de aplicar la pena de muerte, por lo cual tenían que sentenciarlo los romanos. Más importante aún, los judíos querían que crucificaran a Jesús, forma de ajusticiar que creían que incluía la maldición de Dios (véase Deuteronomio 21.23). Esperaban persuadir al pueblo de que Jesús estaba bajo maldición, no bajo la bendición de Dios.

15.3, 4 Los judíos tuvieron que inventar nuevas acusaciones contra Jesús para llevarlo ante Pilato. Como para el gobernador romano el cargo de blasfemia no tendría ninguna importancia, lo acusaron de otros tres delitos: (1) soliviantar al pueblo para que no pagara impuestos a Roma, (2) afirmar que era «el Rey de los judíos», (3) provocar disturbios en todo el país. La evasión de impuestos, la traición y el terrorismo sí eran motivos de preocupación para Pilato (véase también Lucas 23.2).

15.5 ¿Por qué Jesús no contestó a las preguntas que le hizo Pilato? Habría sido inútil contestarlas, además, el tiempo llegó para dar su vida a fin de salvar al mundo. No tenía motivos para prolongar el juicio ni intentar salvarse. Él fue el supremo ejemplo de paz y confianza en sí mismo. En esto ningún criminal ordinario podría imitarlo. Nadie podría detenerlo en su plan de consumar la obra que vino a realizar en la tierra (Isaías 53.7).

15.7 A Barrabás lo arrestaron por participar en una rebelión en contra del gobierno romano y, aunque cometió asesinato, los judíos lo consideraban un héroe. Los judíos independentistas acérrimos detestaban que los gobernaran los paganos de Roma. Aborrecían pagar impuestos que financiaran a tan despreciable gobierno y sus dioses. La mayoría de las autoridades romanas, que tenían que resolver las disputas entre judíos, odiaban a su vez a estos. Este período de la historia era propicio para la rebelión.

15.8 Tal vez esta multitud era de judíos leales a sus líderes. Pero, ¿dónde estaban los discípulos y las multitudes que días antes gritaron: «¡Hosanna en las alturas!» (11.10)? Los seguidores de Jesús temían a los líderes judíos por lo cual se escondieron. Otra posibilidad es que entre la multitud había mucha gente que participó en el desfile del Domingo de Ramos, pero que se volvieron en contra de Jesús cuando vieron que no iba a ser un conquistador terrenal.

15.10 Los judíos odiaban a Pilato, pero acudieron a él para que les hiciera el favor de condenar a Jesús a la crucifixión. Es obvio que Pilato se dio cuenta de que todo era un teatro. ¿Por qué otra cosa esta gente que lo odiaba a él y al Imperio Romano que representaba le iba a pedir que declarara convicto de traición y condenara a la pena de muerte a uno de sus paisanos judíos?

15.13 La crucifixión era la pena que los romanos aplicaban por el delito de rebelión. Solamente los esclavos y los que no eran ciudadanos romanos podían crucificarse. Si crucificaban a Jesús, moría como un rebelde o un esclavo, no como el Rey que proclamaba ser. Esto es, precisamente, lo que los líderes religiosos judíos querían al incitar a la multitud hasta el frenesí. Además, la crucifixión lo haría aparecer como que los romanos lo mataban y por lo tanto la multitud no culparía a los líderes religiosos.

15.14,15 ¿Quién fue el culpable de la muerte de Jesús? En realidad, todos. Los discípulos lo abandonaron aterrorizados. Pedro negó conocer a Jesús. Judas lo traicionó. La multitud que lo siguió se quedó estática sin hacer nada. Pilato trató de agradar al pueblo. Los líderes religiosos promovieron activamente la muerte de Jesús. Los soldados romanos lo torturaron. Si usted hubiera estado allí, ¿cuál hubiera sido su reacción?

15.15 La calurosa y polvorienta región de Judea, donde Pilato era gobernador, no era mucho más que una avanzada del Imperio Romano. Debido a que estaba muy lejos de Roma, a Pilato se le asignó un pequeño ejército. Su principal deber era mantener la paz. Por los recuentos históricos sabemos que a Pilato ya se había advertido de otros alzamientos en la región. Aunque no vio ninguna culpa en Jesús, ni razón alguna para condenarlo a muerte, se asustó cuando oyó a la multitud decir que lo se lo comunicarían al César (Juan 19.12). Un informe así, acompañado de una rebelión, podría costarle su posición y sus esperanzas de ascenso.
15.15 Aunque de acuerdo con la ley romana Jesús era inocente, Pilato cedió ante la presión política. Echó a un lado todo cuanto sabía que era bueno. Trató de congraciarse con los líderes judíos dictando una sentencia que agradaría a todos y lo protegería a él. Cuando hacemos caso omiso de las declaraciones de Dios sobre lo bueno y lo malo, y tomamos decisiones basadas en el qué dirán, caemos en componendas e ilegalidades. Dios promete honrar a quienes actúan rectamente, no a quienes tratan de complacer a todos.

15.19 Los soldados «le hacían reverencias»; en otras palabras, se burlaban de Jesús simulando adoración. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960


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