Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 23 DE Marzo. Josué 9,10

Astucia de los gabaonitas

9

1Cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del Mar Grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, 2se concertaron para pelear contra Josué e Israel.

3Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, 4usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados, 5y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso. 6Y vinieron a Josué al campamento en Gilgal, y le dijeron a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora alianza con nosotros. 7Y los de Israel respondieron a los heveos: Quizá habitáis en medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros? 8Ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quiénes sois vosotros, y de dónde venís? 9Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto, 10y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot. 11Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros. 12Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora ya seco y mohoso. 13Estos cueros de vino también los llenamos nuevos; helos aquí ya rotos; también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino. 14Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová. 15Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación.

16Pasados tres días después que hicieron alianza con ellos, oyeron que eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos. 17Y salieron los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a las ciudades de ellos; y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim. 18Y no los mataron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes. 19Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar. 20Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les hemos hecho. 21Dijeron, pues, de ellos los príncipes: Dejadlos vivir; y fueron constituidos leñadores y aguadores para toda la congregación, concediéndoles la vida, según les habían prometido los príncipes.

22Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que moráis en medio de nosotros? 23Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios. 24Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto. 25Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo. 26Y él lo hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron. 27Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo que son hasta hoy.

 Derrota de los amorreos

10

1Cuando Adonisedec rey de Jerusalén oyó que Josué había tomado a Hai, y que la había asolado (como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey), y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los israelitas, y que estaban entre ellos, 2tuvo gran temor; porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus hombres eran fuertes. 3Por lo cual Adonisedec rey de Jerusalén envió a Hoham rey de Hebrón, a Piream rey de Jarmut, a Jafía rey de Laquis y a Debir rey de Eglón, diciendo: 4Subid a mí y ayudadme, y combatamos a Gabaón; porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel. 5Y cinco reyes de los amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, y pelearon contra ella.

6Entonces los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campamento en Gilgal: No niegues ayuda a tus siervos; sube prontamente a nosotros para defendernos y ayudarnos; porque todos los reyes de los amorreos que habitan en las montañas se han unido contra nosotros. 7Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes. 8Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti. 9Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal. 10Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda. 11Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.

12Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas:

Sol, detente en Gabaón;

Y tú, luna, en el valle de Ajalón.

13 Y el sol se detuvo y la luna se paró,

Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.

¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. 14Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.

15Y Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en Gilgal.

16Y los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda. 17Y fue dado aviso a Josué que los cinco reyes habían sido hallados escondidos en una cueva en Maceda. 18Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la entrada de la cueva, y poned hombres junto a ella para que los guarden; 19y vosotros no os detengáis, sino seguid a vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades; porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano. 20Y aconteció que cuando Josué y los hijos de Israel acabaron de herirlos con gran mortandad hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fortificadas. 21Todo el pueblo volvió sano y salvo a Josué, al campamento en Maceda; no hubo quien moviese su lengua contra ninguno de los hijos de Israel.

22Entonces dijo Josué: Abrid la entrada de la cueva, y sacad de ella a esos cinco reyes. 23Y lo hicieron así, y sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón. 24Y cuando los hubieron llevado a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos. 25Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis. 26Y después de esto Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche. 27Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido; y pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva, las cuales permanecen hasta hoy.

28En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la hirió a filo de espada, y mató a su rey; por completo los destruyó, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo al rey de Maceda como había hecho al rey de Jericó.

29Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna; 30y Jehová la entregó también a ella y a su rey en manos de Israel; y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo a su rey de la manera como había hecho al rey de Jericó.

31Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y acampó cerca de ella, y la combatió; 32y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, así como había hecho en Libna.

33Entonces Horam rey de Gezer subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo destruyó Josué, hasta no dejar a ninguno de ellos.

34De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón; y acamparon cerca de ella, y la combatieron; 35y la tomaron el mismo día, y la hirieron a filo de espada; y aquel día mató a todo lo que en ella tenía vida, como había hecho en Laquis.

36Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y la combatieron. 37Y tomándola, la hirieron a filo de espada, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella tenía vida.

38Después volvió Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, y combatió contra ella; 39y la tomó, y a su rey, y a todas sus ciudades; y las hirieron a filo de espada, y destruyeron todo lo que allí dentro tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Hebrón, y como había hecho a Libna y a su rey, así hizo a Debir y a su rey.

40Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había mandado. 41Y los hirió Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón. 42Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. 43Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 23 DE Marzo. Lucas 3.

Predicación de Juan el Bautista

(Mt. 3.1–12; Mr. 1.1–8; Jn. 1.19–28)

3

1En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, 4como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice:

Voz del que clama en el desierto:

Preparad el camino del Señor;

Enderezad sus sendas.

5 Todo valle se rellenará,

Y se bajará todo monte y collado;

Los caminos torcidos serán enderezados,

Y los caminos ásperos allanados;

6 Y verá toda carne la salvación de Dios.

7Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 9Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.

10Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? 11Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. 14También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

15Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, 16respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

18Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo. 19Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho, 20sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.

 El bautismo de Jesús

(Mt. 3.13–17; Mr. 1.9–11)

21Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, 22y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

 Genealogía de Jesús

(Mt. 1.1–17)

23Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí, 24hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José, 25hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai, 26hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá, 27hijo de Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, 28hijo de Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er, 29hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, 30hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, 31hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, 32hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón, 33hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, 34hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, 35hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala, 36hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, 37hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán, 38hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 23 DE Marzo. Josué 9,10

Capítulo 9

9.1-6 Cuando las noticias de su victoria llegaron a todas partes, los israelitas sufrieron oposición en dos formas: directa (los reyes de la región comenzaron a unirse en contra de ellos), e indirecta (los gabaonitas recurrieron al engaño).

Cuando obedecemos los mandatos de Dios podemos esperar la misma clase de oposición. Para guardarnos de estas presiones, debemos depender de Dios y comunicarnos diariamente con Él. Él nos dará fortaleza para soportar las presiones directas y sabiduría para reconocer el engaño indirecto.

9.14–17 Cuando los líderes probaron las provisiones de estos hombres, vieron que el pan estaba seco y mohoso, que los odres de vino estaban rotos y sus ropas y sandalias gastadas. Pero no pudieron advertir el engaño. Después de efectuar la alianza y ratificarla por juramento, se supo la verdad: los líderes de Israel habían sido engañados. Dios les había dicho específicamente que no celebraran ningún tratado con los habitantes de Canaán (Éxodo 23.32; 34; 12; Números 33.55; Deuteronomio 7.2; 20.17, 18). Como estratega, Josué sabía lo suficiente para consultar con Dios antes de llevar a sus tropas a la batalla. Pero el tratado de paz parecía muy inocente, y Josué y los líderes tomaron la decisión por sí solos. Al dejar de buscar la dirección de Dios y avanzar rápidamente con sus propios planes, tuvieron que enfrentarse con gente enojada y una alianza incómoda.

9.19, 20 Josué y sus consejeros habían cometido un error. Pero debido a que habían prometido proteger a los gabaonitas, iban a cumplir su palabra. El juramento no se anuló a causa del engaño de los gabaonitas. Dios les había mandado cumplir con los juramentos (Levítico 5.4; 27.9, 10) y faltar a uno de ellos era algo grave. Esto nos anima a no tomar nuestras promesas a la ligera

Capítulo 10

10.5-8 Esta coalición de reyes enemigos del sur en realidad ayudó a Josué y a su ejército. Ya que los enemigos estaban unidos y atacando a Gabaón, Josué no tenía que gastar el tiempo y los recursos requeridos para llevar a cabo campañas individuales en contra de cada ciudad fortificada representada en aquella coalición. Josué enfrentó a esta coalición de ejércitos con confianza y la derrotó en una sola batalla porque confiaba en que Dios le daría la victoria a Israel.

10.6,7 La respuesta de Josué pone de manifiesto su integridad. Después de haber sido engañado por los gabaonitas, Josué y los líderes podrían haber sido lentos en su intento de rescatarlos. En su lugar, respondieron inmediatamente a su pedido de ayuda. ¿Cuán deseoso estaría usted de ayudar a alguien que lo hubiera engañado, aun cuando ya lo hubiese perdonado? Deberíamos tomar nuestra palabra con la misma seriedad que Josué.

10.12–14 ¿Cómo se detuvo el sol? Por supuesto, en relación con la tierra, el sol siempre está en un solo lugar, es la tierra la que gira alrededor del sol. Pero la terminología usada en Josué no debe hacernos dudar del milagro. Después de todo, no nos confunde cuando alguien nos dice que el sol sale o se pone. Lo importante es que el día fue prolongado, no que Dios haya usado un método determinado para hacerlo. Se han dado dos explicaciones de la manera en que ocurrió este evento: (1) Una disminución de velocidad de la rotación normal de la tierra le dio a Josué más tiempo, según parece indicar el lenguaje hebreo original. (2) Una refracción poco común de los rayos del sol dio horas adicionales de luz. Sea cual haya sido el método que escogió Dios, la Biblia dice claramente que el día se prolongó gracias a un milagro, y que la intervención de Dios cambió la suerte de la batalla a favor de su pueblo.

10.13 El libro de Jaser (también mencionados en 2 Samuel 1.18) posiblemente haya sido una colección de sucesos históricos musicalizados. Muchas partes de la Biblia contienen citas de libros anteriores, canciones, poemas u otros materiales orales y escritos. Debido a que Dios dirigió al escritor de este libro a escoger este material, su mensaje llega con autoridad divina.

10.24 El poner el pie sobre el cuello del cautivo era una costumbre militar común en el antiguo Cercano Oriente. Simbolizaba el dominio del victorioso sobre sus cautivos. Estos reyes soberbios habían fanfarroneado acerca de su poder. Ahora todo Israel podía ver que Dios era superior a cualquier ejército terrenal.

10.25 Con la ayuda de Dios, Israel ganó la batalla contra cinco ejércitos amorreos. Tal triunfo era parte de la rutina diaria de Dios al trabajar con su pueblo para ganar la victoria. Josué dijo a sus hombres que nunca tuvieran miedo, porque Dios les daría victorias similares sobre todos sus enemigos. Dios nos ha protegido muchas veces y ha ganado victorias para nosotros. El mismo Dios que le dio poder a Josué y que nos ha guiado en el pasado nos ayudará con nuestras necesidades presentes y futuras. Acordarnos de su ayuda en el pasado nos dará esperanza para las luchas que nos esperan.

10.32 Note que en cada victoria israelita, el texto le da el mérito a Dios. Todas las victorias israelitas venían del Señor. Cuando tenemos éxito somos tentados a apropiarnos del mérito y la gloria, como si lo hubiéramos logrado por nuestra propia cuenta, en nuestras propias fuerzas. En realidad, Dios nos da las victorias, y sólo Él nos libra de nuestros enemigos. Deberíamos darle el mérito a Él y alabarle por su bondad.

10.40-43 Dios había mandado a Josué que eliminara el pecado de la tierra para que el pueblo de Dios pudiera ocuparla. Josué llevó a cabo este trabajo a la perfección, guiando al ejército unido para debilitar a los habitantes. Cuando Dios nos ordena eliminar el pecado de nuestras vidas, no debemos detenernos para discutir, considerar opciones, negociar un arreglo, ni racionalizar. Más bien, como Josué, nuestra respuesta debe ser pronta y completa. Debemos ser firmes en evitar relaciones y actividades que nos pueden conducir al pecado.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 23 DE Marzo. Lucas 3.

Capítulo 3

3.1 Tiberio, emperador romano, gobernó del 14 al 37 d.C. Pilato fue el gobernador romano de la provincia de Judea. Herodes Antipas y Felipe eran medio hermanos e hijos del cruel Herodes el Grande, que ya llevaba más de veinte años de fallecido. Antipas, Felipe, Pilato y Lisanias al parecer tenían el mismo poder en el gobierno de sus territorios. Todos estaban sujetos a Roma y tenían la responsabilidad de mantener la paz en sus respectivas regiones.

3.2 Bajo la Ley judía había un solo sumo sacerdote. Dios lo eligió de la descendencia de Aarón y retuvo su posición para siempre. En este tiempo, sin embargo, el sistema religioso estaba corrompido y los gobernantes romanos eligieron sus propios líderes religiosos manteniendo así un gran control sobre los judíos. Al parecer, las autoridades romanas depusieron a Anás, judío elegido, y lo reemplazaron con su hijo político, Caifás. Está demás decir que Anás retuvo su título (véase Hechos 4.6) y quizás también asumió mucho del poder. Esto porque los judíos creían que la posición del sumo sacerdote era para toda la vida. Por lo tanto, seguirían llamando a Anás su sumo sacerdote.

3.2 Este es Juan el Bautista, cuya historia de nacimiento se relata en el capítulo 1.

3.2 Pilato, Herodes y Caifás fueron los líderes más poderosos en Palestina, pero los desafió un profeta solitario de la Judea rural. Dios decidió hablar a través de Juan el Bautista, que entraba en la historia como el más grande en comparación con los que gobernaron en su día. ¡Con cuánta frecuencia juzgamos a la gente por nuestras reglas culturales: poder, riqueza, belleza, y pasamos por alto a los que en realidad son importantes y mediante los cuales Dios obra! La grandeza no se mide por lo que se tiene, sino por lo que se hace para Dios. Como Juan, debe darse por entero a Dios para que su poder obre a través de usted.

3.3 El arrepentimiento tiene dos lados: alejarse del pecado y acercarse a Dios. Para recibir perdón, se necesita de ambas actitudes. No podemos simplemente decir que creemos y vivir como mejor nos parezca (véase 3.7, 8), ni siquiera tener una buena conducta moral sin relación con Dios, porque ella por sí sola no puede ofrecernos el perdón de pecados. Decida librarse de todo pecado que Dios ha señalado y ponga su confianza solo en Él, para que lo guíe.

3.4,5 En los tiempos de Juan, antes de que un rey emprendiera un viaje los mensajeros se encargaban de planear la visita y preparar el camino. Asimismo, Juan indicó a sus oyentes que alistaran sus vidas para la venida del Señor. Al prepararnos para recibir al Señor, debemos centralizarnos en Él, escuchar sus palabras y responder obedientes sus mandatos.

3.6 Este libro se escribió para una audiencia gentil. Lucas se refiere a Isaías para mostrar que la salvación es para todas las personas, no solo para los judíos (Isaías 40.3–5; 52.10). Juan el Bautista hizo un llamado a todas las personas a que se prepararan para su encuentro con Jesús. Lo incluye a usted, sin importar la relación que tenga con organizaciones religiosas ni con autoridades. No deje que sus sentimientos lo mantengan fuera de la causa. Nadie que quiera seguir a Jesús es un forastero en el Reino de Dios.

3.7 ¿Qué motiva su fe: temor al futuro o el deseo de ser mejor en un mundo superior? Algunas personas querían que Juan las bautizara a fin de escapar del castigo eterno, pero no buscaban a Dios para salvación. Juan tuvo palabras duras para dichas personas. Sabía que Dios valora más el cambio que el rito. ¿Está su vida enraizada en el deseo de una vida nueva y transformada o es el simple deseo de recibir una vacuna o una póliza de seguro en contra de un posible desastre?

3.8 Muchos de los oyentes se estremecieron cuando Juan dijo que ser descendientes de Abraham no era suficiente para Dios. Para estar ante Dios, los líderes religiosos dependían más de su genealogía que de su fe. Para ellos, la religión era una herencia. Pero una relación con Dios no es posible trasmitirse de padres a hijos. Cada uno la debe hallar solo. No confíe en nadie más para su salvación. Ponga su fe en Jesús y luego ejercítela al ponerla en acción cada día.

3.8, 9 Confesión de pecados y cambio de vida son inseparables. La fe sin obras es muerta (Santiago 2.14–26). Las duras palabras de Jesús las dirigió a los respetables líderes religiosos que se cerraron a un verdadero cambio. Buscaban reconocimiento como autoridades religiosas, pero no deseaban cambiar sus corazones ni sus mentes. De ahí la improductividad de sus vidas. El arrepentimiento es falso si no está ligado a la acción. Seguir a Jesús significa más que expresar buenas palabras. Significa hacer lo que Él manda.

3.11–14 El mensaje de Juan demandaba al menos dos respuestas específicas: (1) comparta con los que están en necesidad, (2) cualquiera que sea su trabajo, hágalo bien y con imparcialidad, y (3) conténtese con su salario. Juan no tenía tiempo para dirigir un mensaje de consuelo a los que vivían con indiferencia o egoísmo, hizo un llamamiento para que la gente viviera con justicia. ¿Qué cambios puede lograr al compartir lo que tiene, cumplir con su trabajo honestamente y contentarse con lo que posee?

3.12 Los cobradores de impuestos eran muy conocidos por su deshonestidad. Los romanos reunían dinero para su gobierno explotando los privilegios de la recaudación. Los cobradores de impuestos obtenían su sustento agregando una considerable suma al total, todo lo que pudieran quitar, y se quedaban con ella. A menos que la gente se rebelara y se arriesgara a la represalia romana, tenían que pagar lo pedido. Es obvio que odiaban a los cobradores de impuestos, que eran deshonestos, avaros y dispuestos a traicionar a sus compatriotas por dinero. Aun así, dice Juan, Dios puede aceptar a estos hombres si se arrepienten y cambian en verdad sus caminos.

3.12-14 El mensaje de Juan echó raíz donde menos se esperaba: los pobres, los criminales, aun el odiado ejército de ocupación. Eran personas terriblemente conscientes de su necesidad. A menudo confundimos respetabilidad con buena manera de vivir. No es igual. La respetabilidad puede aun impedir la buena forma de vivir si nos frena en ver la necesidad de Dios. Si tuviera que escoger, ¿protegería su carácter aunque arruine su reputación?

3.14 Estos soldados eran parte de las tropas romanas enviadas a esta distante provincia para mantener la paz. Oprimían a los pobres y usaban su poder para sacar ventaja de todas las personas. Juan los llamó al arrepentimiento y a cambiar sus caminos.

3.15 Hacía más de cuatrocientos años que no había profeta en Israel. Existía la creencia general que cuando el Mesías viniera, la profecía reaparecería (Joel 2.28, 29; Malaquías 3.1; 4.5). Cuando Juan irrumpió en escena, la gente se emocionó. Obviamente era un gran profeta y estaban seguros de que llegó el año tan esperado del Mesías. Es más, algunos pensaban que Juan sería el Mesías. Juan hablaba como los profetas de antaño al decir que el pueblo debía volverse de sus pecados a Dios para experimentar su misericordia y aprobación. Este es un mensaje para todos los tiempos y lugares, pero Juan lo presentó con una urgencia particular, preparaba a la gente para la venida del Mesías.

3.16 El bautismo de Juan con agua simbolizaba el lavamiento de los pecados. Su bautismo se ajustaba a su mensaje de arrepentimiento y cambio. El bautismo de Jesús con fuego incluye el poder necesario para hacer la voluntad de Dios. Empezó en el día de Pentecostés (Hechos 2), cuando el Espíritu Santo vino a los creyentes en forma de lenguas de fuego, dándoles poder para proclamar en muchos idiomas la resurrección de Jesús. El bautismo por fuego también simboliza la obra del Espíritu Santo que trae el juicio de Dios sobre quienes rechazan el arrepentimiento.

3.17 Juan advierte del juicio venidero comparando a los que rechazan vivir para Dios con la paja, lo inservible del grano. En contraste, compara a los que se arrepienten y arreglan sus vidas con el grano que se nutre a sí mismo. El aventador era un instrumento de madera en forma de tenedor usado para limpiar el grano en la trilla. Quienes se nieguen a que Dios los use, serán desechados porque son inútiles al desarrollo de la obra de Dios. Los que se arrepienten y creen, sin embargo, poseen un gran valor ante los ojos de Dios porque comienzan una nueva vida de servicio productivo para Él.

3.19,20 En estos dos versículos Lucas salta al futuro para continuar su explicación acerca de Juan el Bautista. Para el orden cronológico de los acontecimientos, véase la armonía de los Evangelios.

3.19, 20 Este es Herodes Antipas (véase Marcos 6 para su perfil). Herodías era su sobrina y también la esposa de su hermano. Planeó la traición de la muerte de Juan el Bautista (Mateo 14.1–12). Los Herodes fueron incestuosos, criminales y de familia fraudulenta. Contradecir a un oficial romano, tirano, que tenía la autoridad para poner a alguien en prisión y ejecutarlo, era en extremo peligroso y eso fue lo que precisamente hizo Juan. Al parecer, Herodes tuvo la última palabra, pero la historia no ha terminado aún. En el juicio final, Herodes, no Juan, será uno de los que estarán en peligro.

3.21 Lucas enfatiza el lado humano de Jesús. Vino de padres humildes, lo anunciaron a pastores y extranjeros. El bautismo fue la primera declaración pública de su ministerio. En lugar de ir a Jerusalén e identificarse con los líderes religiosos establecidos, Jesús fue al río y se identificó con los que se arrepentían del pecado. A los doce años de edad, visitó el templo, entendió su misión (2.49). Dieciocho años más tarde, en su bautismo, empezó a llevarla a cabo. A través de la oración Dios le habló y le confirmó su decisión de actuar. Dios se abrió paso en la historia humana a través de Jesucristo.

3.21, 22 Si el bautismo era una señal de arrepentimiento de pecados, ¿por qué Jesús pidió el bautismo? A menudo, se brindan varias explicaciones: (1) la misión de Jesús sobre la tierra fue identificarse con nuestra humanidad y pecado; (2) Él también nos dio ejemplo a seguir por el acto del bautismo; (3) el bautismo de Jesús fue el comienzo de su ministerio público; y (4) se bautizó por los pecados de la nación. La venida del Espíritu Santo en forma de paloma mostró que Dios aprobó lo que Jesús hacía. Era un hombre perfecto que no necesitaba el bautismo por el pecado, pero de todas maneras lo hizo en favor nuestro.

3.21,22 Este es uno de los muchos lugares en las Escrituras donde se mencionan todos los miembros de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En las palabras tradicionales de la Iglesia, el único Dios que existe en tres personas, pero con una sola sustancia, coeterna y coigual. No hay una explicación adecuada que describa el poder y lo intrincado de esta relación única. No hay analogías perfectas en la naturaleza porque no existe otra relación como la Trinidad.

3.23 ¡Imagine al Salvador del mundo trabajando en una carpintería de un pueblo pequeño hasta los treinta años de edad! Parece increíble que Jesús haya estado contento al permanecer en Nazaret todo ese lapso, sin embargo, con paciencia dependió del tiempo del Padre para su vida y ministerio. Treinta años era la edad prescrita por los sacerdotes para empezar su ministerio (Números 4.3). José tenía treinta años cuando comenzó a servir al rey de Egipto (Génesis 41.46) y David tenía esa edad cuando empezó a reinar sobre Judá (2 Samuel 5.4). Los treinta años era entonces una buena edad para empezar una importante misión en la cultura judía. Como Jesús, necesitamos trabajar en el tiempo de Dios y resistir la tentación de saltar hacia adelante antes de recibir la dirección del Espíritu. ¿Espera y se pregunta cuál será su próximo paso? No salte etapas, confíe en el tiempo de Dios.

3.23 Quizás Elí era el suegro de José. De esta manera la genealogía viene a ser de María, la que Lucas recibió personalmente de ella. Es pertinente que Lucas muestre la genealogía de María por la importancia que le otorga a la mujer en su Evangelio.

3.23-38 La genealogía de Mateo retrocede hasta Abraham y muestra que Jesús estaba emparentado con todos los judíos. La genealogía de Lucas retrocede hasta Adán mostrando su relación con todos los seres humanos. Esto es lógico con la descripción de Lucas de que Jesús es el Salvador de todo el mundo. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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