LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 26 DE Marzo. Josué 16, 17,18
Territorio de Efraín y de Manasés
16
1Tocó en suerte a los hijos de José desde el Jordán de Jericó hasta las aguas de Jericó hacia el oriente, hacia el desierto que sube de Jericó por las montañas de Bet-el. 2Y de Bet-el sale a Luz, y pasa a lo largo del territorio de los arquitas hasta Atarot, 3y baja hacia el occidente al territorio de los jafletitas, hasta el límite de Bet-horón la de abajo, y hasta Gezer; y sale al mar.
4Recibieron, pues, su heredad los hijos de José, Manasés y Efraín.
5Y en cuanto al territorio de los hijos de Efraín por sus familias, el límite de su heredad al lado del oriente fue desde Atarot-adar hasta Bet-horón la de arriba. 6Continúa el límite hasta el mar, y hasta Micmetat al norte, y da vuelta hacia el oriente hasta Taanat-silo, y de aquí pasa a Janoa. 7De Janoa desciende a Atarot y a Naarat, y toca Jericó y sale al Jordán. 8Y de Tapúa se vuelve hacia el mar, al arroyo de Caná, y sale al mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Efraín por sus familias. 9Hubo también ciudades que se apartaron para los hijos de Efraín en medio de la heredad de los hijos de Manasés, todas ciudades con sus aldeas. 10Pero no arrojaron al cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el cananeo en medio de Efraín, hasta hoy, y fue tributario.
17
1Se echaron también suertes para la tribu de Manasés, porque fue primogénito de José. Maquir, primogénito de Manasés y padre de Galaad, el cual fue hombre de guerra, tuvo Galaad y Basán. 2Se echaron también suertes para los otros hijos de Manasés conforme a sus familias: los hijos de Abiezer, los hijos de Helec, los hijos de Asriel, los hijos de Siquem, los hijos de Hefer y los hijos de Semida; éstos fueron los hijos varones de Manasés hijo de José, por sus familias.
3Pero Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 4Estas vinieron delante del sacerdote Eleazar y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: Jehová mandó a Moisés que nos diese heredad entre nuestros hermanos. Y él les dio heredad entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de Jehová. 5Y le tocaron a Manasés diez partes además de la tierra de Galaad y de Basán que está al otro lado del Jordán, 6porque las hijas de Manasés tuvieron heredad entre sus hijos; y la tierra de Galaad fue de los otros hijos de Manasés.
7Y fue el territorio de Manasés desde Aser hasta Micmetat, que está enfrente de Siquem; y va al sur, hasta los que habitan en Tapúa. 8La tierra de Tapúa fue de Manasés; pero Tapúa misma, que está junto al límite de Manasés, es de los hijos de Efraín. 9Desciende este límite al arroyo de Caná, hacia el sur del arroyo. Estas ciudades de Efraín están entre las ciudades de Manasés; y el límite de Manasés es desde el norte del mismo arroyo, y sus salidas son al mar. 10Efraín al sur, y Manasés al norte, y el mar es su límite; y se encuentra con Aser al norte, y con Isacar al oriente. 11Tuvo también Manasés en Isacar y en Aser a Bet-seán y sus aldeas, a Ibleam y sus aldeas, a los moradores de Dor y sus aldeas, a los moradores de Endor y sus aldeas, a los moradores de Taanac y sus aldeas, y a los moradores de Meguido y sus aldeas; tres provincias. 12Mas los hijos de Manasés no pudieron arrojar a los de aquellas ciudades; y el cananeo persistió en habitar en aquella tierra. 13Pero cuando los hijos de Israel fueron lo suficientemente fuertes, hicieron tributario al cananeo, mas no lo arrojaron.
14Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora? 15Y Josué les respondió: Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros. 16Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros este monte; y todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura, tienen carros herrados; los que están en Bet-seán y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel. 17Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte, 18sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.
Territorios de las demás tribus
18
1Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les fue sometida.
2Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión. 3Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres? 4Señalad tres varones de cada tribu, para que yo los envíe, y que ellos se levanten y recorran la tierra, y la describan conforme a sus heredades, y vuelvan a mí. 5Y la dividirán en siete partes; y Judá quedará en su territorio al sur, y los de la casa de José en el suyo al norte. 6Vosotros, pues, delinearéis la tierra en siete partes, y me traeréis la descripción aquí, y yo os echaré suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios. 7Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros, porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos; Gad también y Rubén, y la media tribu de Manasés, ya han recibido su heredad al otro lado del Jordán al oriente, la cual les dio Moisés siervo de Jehová.
8Levantándose, pues, aquellos varones, fueron; y mandó Josué a los que iban para delinear la tierra, diciéndoles: Id, recorred la tierra y delineadla, y volved a mí, para que yo os eche suertes aquí delante de Jehová en Silo. 9Fueron, pues, aquellos varones y recorrieron la tierra, delineándola por ciudades en siete partes en un libro, y volvieron a Josué al campamento en Silo. 10Y Josué les echó suertes delante de Jehová en Silo; y allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel por sus porciones.
11Y se sacó la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín conforme a sus familias; y el territorio adjudicado a ella quedó entre los hijos de Judá y los hijos de José. 12Fue el límite de ellos al lado del norte desde el Jordán, y sube hacia el lado de Jericó al norte; sube después al monte hacia el occidente, y viene a salir al desierto de Bet-avén. 13De allí pasa en dirección de Luz, al lado sur de Luz (que es Bet-el), y desciende de Atarot-adar al monte que está al sur de Bet-horón la de abajo. 14Y tuerce hacia el oeste por el lado sur del monte que está delante de Bet-horón al sur; y viene a salir a Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim), ciudad de los hijos de Judá. Este es el lado del occidente. 15El lado del sur es desde el extremo de Quiriat-jearim, y sale al occidente, a la fuente de las aguas de Neftoa; 16y desciende este límite al extremo del monte que está delante del valle del hijo de Hinom, que está al norte en el valle de Refaim; desciende luego al valle de Hinom, al lado sur del jebuseo, y de allí desciende a la fuente de Rogel. 17Luego se inclina hacia el norte y sale a En-semes, y de allí a Gelilot, que está delante de la subida de Adumín, y desciende a la piedra de Bohán hijo de Rubén, 18y pasa al lado que está enfrente del Arabá, y desciende al Arabá. 19Y pasa el límite al lado norte de Bet-hogla, y termina en la bahía norte del Mar Salado, a la extremidad sur del Jordán; este es el límite sur. 20Y el Jordán era el límite al lado del oriente. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín por sus límites alrededor, conforme a sus familias.
21Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, por sus familias, fueron Jericó, Bet-hogla, el valle de Casis, 22Bet-arabá, Zemaraim, Bet-el, 23Avim, Pará, Ofra, 24Quefar-haamoni, Ofni y Geba; doce ciudades con sus aldeas; 25Gabaón, Ramá, Beerot, 26Mizpa, Cafira, Mozah, 27Requem, Irpeel, Tarala, 28Zela, Elef, Jebús (que es Jerusalén), Gabaa y Quiriat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín conforme a sus familias. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 26 DE Marzo. Lucas 5: 1 - 16.
La pesca milagrosa
(Mt. 4.18–22; Mr. 1.16–20)
5
1Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 2Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 4Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. 5Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. 6Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. 7Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. 8Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, 10y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
Jesús sana a un leproso
(Mt. 8.1–4; Mr. 1.40–45)
12Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. 14Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. 16Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 26 DE Marzo. Josué 16, 17,18.
Capítulo 16
16.1ss Aunque José fue uno de los doce hijos de Jacob, no había una tribu que llevara su nombre. Esto fue porque José, como el primogénito de Raquel, esposa de Jacob, recibió una porción doble de la herencia. Esta doble porción se le entregó a los dos hijos de José, Efraín y Manasés, a quienes Jacob consideraba como hijos suyos (Génesis 48.5). El territorio más grande y la mayor influencia en la mitad norte de Israel pertenecían a Efraín y a Manasés.
16.10 Ocasionalmente aparece esta breve frase: «no arrojaron» al pueblo de la tierra (véase también 15.63; 17.12). Esto era contrario al deseo explícito de Dios y a sus mandatos (13.1–6). El no haber desalojado por completo al pueblo pagano y sus dioses de la tierra causaría un sinnúmero de problemas a la nación. El libro de Jueces registra muchas de estas luchas.
Capítulo 17
17.3, 4 Aunque tradicionalmente las mujeres no recibían propiedades como herencia en la sociedad israelita, Moisés puso la justicia antes de la tradición y dio a estas cinco mujeres la tierra que merecían (véase Números 27.1–11). Además, Dios le dijo a Moisés que agregara una ley que ayudaría a otras mujeres en circunstancias similares a heredar propiedades también. Josué aquí estaba cumpliendo esta ley. Es fácil no conceder una petición razonable porque «nunca lo hemos hecho así». Pero, al igual que Moisés y Josué, lo mejor es analizar cuidadosamente el propósito de la ley y los méritos de cada caso antes de decidir.
17.14, 15 Note las dos actitudes diferentes al poblar la tierra prometida. Caleb recibió lo que Dios le había dado y siguió adelante para cumplir el plan de Dios para él (14.12). Confiaba en que Dios le ayudaría a echar fuera los habitantes impíos y que pronto podría ocuparla plenamente (15.14, 15). En contraste, las dos tribus de José recibieron muchas tierras ricas, pero tuvieron miedo de echar fuera a los habitantes y tomar plena posesión de ella. Más bien, solicitaron más tierra. Pero Josué les pidió que comprobaran su sinceridad al desmontar las áreas indómitas del bosque (17.15). Ellos dijeron estar de acuerdo, pero no lo hicieron (Jueces 1.27).
Capítulo 18
18.1, 2 Con la mayoría de la conquista ya realizada, Israel trasladó su centro religioso de Gilgal (véase la nota a Josué 5.8, 9) a Silo. Probablemente, este fue el primer lugar donde el tabernáculo se estableció en forma permanente. El tabernáculo de reunión era parte del tabernáculo, y era el lugar donde Dios vivía entre su pueblo (Éxodo 25.8). Su ubicación central en la tierra prometida facilitaba la llegada de todas las personas a los cultos de adoración especiales y a las festividades anuales.
La familia de Samuel, un gran sacerdote y profeta, muchas veces viajó a Silo cuando Samuel era niño (1 Samuel 1.3, 22). El tabernáculo permaneció en Silo durante el período de los jueces (unos trescientos años). Aparentemente los filisteos destruyeron la ciudad cuando capturaron el arca del pacto (1 Samuel 4, 5). Silo nunca dio honor a su nombre como centro religioso de Israel, porque referencias posteriores en la Biblia indican la maldad e idolatría de la ciudad (Salmo 78.56–60; Jeremías 7.12–15).
18.2ss A siete de las tribus aún no se les habían asignado sus tierras. Se reunieron en Silo, en donde Josué echó suertes para determinar el territorio que se daría a las tribus restantes. Mediante el azar, Dios tomaría la decisión, no Josué ni ningún otro líder humano.
Para ese tiempo, los cananeos estaban, en la mayoría de los sitios, tan debilitados que ya no representaban ninguna amenaza. En vez de cumplir el mandato de Dios de destruir a los cananeos, estas siete tribus muchas veces siguieron el camino del menor esfuerzo. Como pueblo nómada, es posible que hayan sido reacios a poblar la tierra, prefiriendo depender económicamente de las personas que debían haber eliminado. Otros quizás tuvieron miedo del alto costo de seguir luchando. Era más fácil y lucrativo comerciar para obtener mercancías que destruir a los proveedores y tener que producir ellos mismos.
18.3-6 Josué preguntó por qué algunas de las tribus estaban demorándose en poseer la tierra. Muchas veces dilatamos un trabajo que parece grande, difícil, aburrido o desagradable. Pero el seguir aplazándolo muestra una falta de disciplina, mala administración de nuestro tiempo y, en algunos casos, desobediencia a Dios. Las tareas que no nos gustan requieren concentración, trabajo de equipo, el doble de tiempo, mucho ánimo y rendir cuentas a alguien. Recuerde esto cuando se vea tentado a aplazar el cumplimiento de su deber.
18.8 Echar suertes era una práctica común que empleaban los hebreos para tomar decisiones. Se sabe poco acerca del método utilizado en los tiempos de Josué. Es posible que hayan usado dados. Otra posibilidad es que hayan usado dos urnas, una con los nombres de las tribus y otra con las divisiones de la tierra. Al sacar un nombre de cada urna asignaba a una tribu una porción de tierra determinada. Quizás usaron el Urim y el Tumim (explicado en la nota a Levítico 8.8). No importa cuál haya sido el método empleado, eliminaba el elemento humano del proceso de selección y permitía que Dios combinara las tribus con las tierras, según lo estimaba conveniente.
18.11 La tribu de Benjamín recibió una faja estrecha de tierra que sirvió como valla entre Judá y Efraín, las dos tribus que llegarían a dominar la tierra.
18.16 El valle de Hinom comenzó a asociarse con la adoración a Moloc (el dios amonita) en los tiempos de Jeremías. Estos terribles ritos incluían el sacrificio de niños. Más tarde, utilizaron este valle para quemar basura y cadáveres de criminales y animales. Por eso su nombre llegó a ser un sinónimo de infierno.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 26 DE Marzo. Lucas 5: 1 - 16.
Capítulo 5
5.1 El lago de Genesaret también se conocía como el mar de Galilea o el mar de Tiberias.
5.2 Los pescadores en el mar de Galilea empleaban redes, a menudo usaban un peso de plomo en forma de campana alrededor de sus bordes. Al lanzarse una red al agua, el peso del plomo hacía que se hundiera y cubriera los bordes. El pescador entonces tiraba una cuerda para cerrar la red alrededor del pez. Las redes debían mantenerse en buenas condiciones, de modo que se lavaban para remover las algas y remendarlas.
5.8 Simón Pedro se atemorizó con el milagro y su primer reacción fue reconocer su pequeñez en comparación con la grandeza de este hombre. Pedro sabía que Jesús sanaba enfermos y echaba fuera demonios, pero se maravillaba de que Él estuviera al tanto de la rutina diaria y comprendiera su necesidad. A Dios no solo le interesa salvarnos, sino también ayudarnos en nuestra vida diaria.
5.11 Hay dos condiciones previas para seguir a Dios. Como Pedro, debemos reconocer nuestra naturaleza humana pecadora. Luego, como estos pescadores debemos reconocer que no podemos salvarnos a nosotros mismos. Dios es el único que puede hacerlo. Si reconocemos que necesitamos ayuda y sabemos que Jesús es el único que nos puede ayudar, estaremos en condiciones de dejarlo todo y seguirle.
5.11 Este es el segundo llamado de los discípulos. Después del primero (Mateo 4.18–22; Marcos 1.16–20), Pedro, Andrés, Jacobo y Juan volvieron a pescar. Observaron cómo Jesús estableció su autoridad en la sinagoga, curó enfermos y echó fuera demonios. Ahora Jesús también establecía su autoridad en sus vidas; los halló en su medio y les ayudó en su trabajo. A partir de ahí, dejaron sus redes y permanecieron con Jesús. Para nosotros, seguir a Jesús es más que reconocerlo como Salvador. Significa dejar nuestro pasado y dedicar nuestro futuro a Él.
5.12 La lepra era un mal temido porque a menudo era altamente contagiosa y no había cura conocida. La lepra tenía un impacto emocional de terror similar al SIDA hoy. (La lepra, también llamada el mal de Hansen, aún existe en una forma menos contagiosa que puede tratarse.) Los sacerdotes se dedicaban a la prevención del mal, desterraban a los leprosos del pueblo a fin de prevenir la infección y readmitían a quienes cuyo mal estaba en remisión. Ya que la lepra destruía los terminales nerviosos, a menudo los leprosos sin darse cuenta se lastimaban los dedos de pies y manos y la nariz. Este leproso era un caso avanzado, de manera que sin duda había perdido gran parte de los tejidos de su cuerpo. Aun así, creía que Jesús podría curarle su mal.
5.13 Los leprosos se consideraban intocables porque las personas temían contraer la enfermedad. A pesar de todo, Jesús se les acercó y los tocó para sanarlos. Quizás consideremos a algunas personas intocables o repulsivas. No debemos temer acercarnos y tocarlos con el amor de Dios. ¿A quién conoce que necesita que el amor de Dios toque su vida?
5.16 La gente ansiaba oír la predicación de Jesús y sanar de sus enfermedades, pero Jesús se retiraba a lugares desiertos para orar. Muchas cosas reclaman nuestra atención y a menudo corremos hacia ellas para concederles nuestro interés. Como Jesús, debemos dedicar tiempo para buscar lugares tranquilos y orar. La fortaleza viene de Dios y la podemos conseguir solo cuando pasamos tiempo con Él. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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