Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 1 DE Marzo. Números 26, 27, 

Censo del pueblo en Moab

26

1Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo: 2Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel. 3Y Moisés y el sacerdote Eleazar hablaron con ellos en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 4Contaréis el pueblo de veinte años arriba, como mandó Jehová a Moisés y a los hijos de Israel que habían salido de tierra de Egipto.

5Rubén, primogénito de Israel; los hijos de Rubén: de Enoc, la familia de los enoquitas; de Falú, la familia de los faluitas; 6de Hezrón, la familia de los hezronitas; de Carmi, la familia de los carmitas. 7Estas son las familias de los rubenitas; y fueron contados de ellas cuarenta y tres mil setecientos treinta. 8Los hijos de Falú: Eliab. 9Y los hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abiram. Estos Datán y Abiram fueron los del consejo de la congregación, que se rebelaron contra Moisés y Aarón con el grupo de Coré, cuando se rebelaron contra Jehová; 10y la tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a Coré, cuando aquel grupo murió, cuando consumió el fuego a doscientos cincuenta varones, para servir de escarmiento. 11Mas los hijos de Coré no murieron.

12Los hijos de Simeón por sus familias: de Nemuel, la familia de los nemuelitas; de Jamín, la familia de los jaminitas; de Jaquín, la familia de los jaquinitas; 13de Zera, la familia de los zeraítas; de Saúl, la familia de los saulitas. 14Estas son las familias de los simeonitas, veintidós mil doscientos.

15Los hijos de Gad por sus familias: de Zefón, la familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la familia de los sunitas; 16de Ozni, la familia de los oznitas; de Eri, la familia de los eritas; 17de Arod, la familia de los aroditas; de Areli, la familia de los arelitas. 18Estas son las familias de Gad; y fueron contados de ellas cuarenta mil quinientos.

19Los hijos de Judá: Er y Onán; y Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. 20Y fueron los hijos de Judá por sus familias: de Sela, la familia de los selaítas; de Fares, la familia de los faresitas; de Zera, la familia de los zeraítas. 21Y fueron los hijos de Fares: de Hezrón, la familia de los hezronitas; de Hamul, la familia de los hamulitas. 22Estas son las familias de Judá, y fueron contados de ellas setenta y seis mil quinientos.

23Los hijos de Isacar por sus familias; de Tola, la familia de los tolaítas; de Fúa, la familia de los funitas; 24de Jasub, la familia de los jasubitas; de Simrón, la familia de los simronitas. 25Estas son las familias de Isacar, y fueron contados de ellas sesenta y cuatro mil trescientos.

26Los hijos de Zabulón por sus familias: de Sered, la familia de los sereditas; de Elón, la familia de los elonitas; de Jahleel, la familia de los jahleelitas. 27Estas son las familias de los zabulonitas, y fueron contados de ellas sesenta mil quinientos.

28Los hijos de José por sus familias: Manasés y Efraín. 29Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas. 30Estos son los hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los jezeritas; de Helec, la familia de los helequitas; 31de Asriel, la familia de los asrielitas; de Siquem, la familia de los siquemitas; 32de Semida, la familia de los semidaítas; de Hefer, la familia de los heferitas. 33Y Zelofehad hijo de Hefer no tuvo hijos sino hijas; y los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 34Estas son las familias de Manasés; y fueron contados de ellas cincuenta y dos mil setecientos.

35Estos son los hijos de Efraín por sus familias: de Sutela, la familia de los sutelaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tahán, la familia de los tahanitas. 36Y estos son los hijos de Sutela: de Erán, la familia de los eranitas. 37Estas son las familias de los hijos de Efraín; y fueron contados de ellas treinta y dos mil quinientos. Estos son los hijos de José por sus familias.

38Los hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la familia de los belaítas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ahiram, la familia de los ahiramitas; 39de Sufam, la familia de los sufamitas; de Hufam, la familia de los hufamitas. 40Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamán: de Ard, la familia de los arditas; de Naamán, la familia de los naamitas. 41Estos son los hijos de Benjamín por sus familias; y fueron contados de ellos cuarenta y cinco mil seiscientos.

42Estos son los hijos de Dan por sus familias: de Súham, la familia de los suhamitas. Estas son las familias de Dan por sus familias. 43De las familias de los suhamitas fueron contados sesenta y cuatro mil cuatrocientos.

44Los hijos de Aser por sus familias: de Imna, la familia de los imnitas; de Isúi, la familia de los isuitas; de Bería, la familia de los beriaítas. 45Los hijos de Bería: de Heber, la familia de los heberitas; de Malquiel, la familia de los malquielitas. 46Y el nombre de la hija de Aser fue Sera. 47Estas son las familias de los hijos de Aser; y fueron contados de ellas cincuenta y tres mil cuatrocientos.

48Los hijos de Neftalí, por sus familias: de Jahzeel, la familia de los jahzeelitas; de Guni, la familia de los gunitas; 49de Jezer, la familia de los jezeritas; de Silem, la familia de los silemitas. 50Estas son las familias de Neftalí por sus familias; y fueron contados de ellas cuarenta y cinco mil cuatrocientos.

51Estos son los contados de los hijos de Israel, seiscientos un mil setecientos treinta.

 Orden para la repartición de la tierra

52Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 53A éstos se repartirá la tierra en heredad, por la cuenta de los nombres. 54A los más darás mayor heredad, y a los menos menor; y a cada uno se le dará su heredad conforme a sus contados. 55Pero la tierra será repartida por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán. 56Conforme a la suerte será repartida su heredad entre el grande y el pequeño.

 Censo de la tribu de Leví

57Los contados de los levitas por sus familias son estos: de Gersón, la familia de los gersonitas; de Coat, la familia de los coatitas; de Merari, la familia de los meraritas. 58Estas son las familias de los levitas: la familia de los libnitas, la familia de los hebronitas, la familia de los mahlitas, la familia de los musitas, la familia de los coreítas. Y Coat engendró a Amram. 59La mujer de Amram se llamó Jocabed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto; ésta dio a luz de Amram a Aarón y a Moisés, y a María su hermana. 60Y a Aarón le nacieron Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 61Pero Nadab y Abiú murieron cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová. 62De los levitas fueron contados veintitrés mil, todos varones de un mes arriba; porque no fueron contados entre los hijos de Israel, por cuanto no les había de ser dada heredad entre los hijos de Israel.

 Caleb y Josué sobreviven

63Estos son los contados por Moisés y el sacerdote Eleazar, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó. 64Y entre éstos ninguno hubo de los contados por Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. 65Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun.

 Petición de las hijas de Zelofehad

27

1Vinieron las hijas de Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa; 2y se presentaron delante de Moisés y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo de reunión, y dijeron: 3Nuestro padre murió en el desierto; y él no estuvo en la compañía de los que se juntaron contra Jehová en el grupo de Coré, sino que en su propio pecado murió, y no tuvo hijos. 4¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.

5Y Moisés llevó su causa delante de Jehová. 6Y Jehová respondió a Moisés, diciendo: 7Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas. 8Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija. 9Si no tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos; 10y si no tuviere hermanos, daréis su herencia a los hermanos de su padre. 11Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia a su pariente más cercano de su linaje, y de éste será; y para los hijos de Israel esto será por estatuto de derecho, como Jehová mandó a Moisés.

 Josué es designado como sucesor de Moisés

12Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. 13Y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. 14Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin. 15Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: 16Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, 17que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. 18Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; 19y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. 20Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. 21El se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación. 22Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; 23y puso sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 1 DE Marzo. Marcos 8: 22 – 38. 

8

 Un ciego sanado en Betsaida

22Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. 23Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. 24El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. 25Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. 26Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

 La confesión de Pedro

(Mt. 16.13–20; Lc. 9.18–21)

27Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. 30Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.

 Jesús anuncia su muerte

(Mt. 16.21–28; Lc. 9.22–27)

31Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. 32Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. 33Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

34Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 35Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

38Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 1 DE Marzo Números 26, 27,

Capítulo 26

26.64 Un nuevo censo para una nueva generación. Ya habían pasado treinta y ocho años desde el primer gran censo en el capítulo uno de Números (véase 1.1–2.33). Durante ese tiempo, cada hombre o mujer israelita mayor de veinte años (excepto Caleb, Josué y Moisés) habían muerto, y todavía las leyes de Dios y el carácter espiritual de la nación permanecían intactos. Números registra algunos milagros dramáticos. Este es un milagro tranquilo pero poderoso que por lo general se pasa por alto: una nación entera se traslada de una tierra a otra, pierde completamente su población adulta, y aún así se las arregla para mantenerse en la senda espiritual correcta. A veces nos preguntamos por qué Dios no realiza milagros dramáticos en nuestras vidas. Pero Dios por lo común trabaja tranquilamente para llevar a cabo sus propósitos a largo plazo.

Capítulo 27

27.3 «En su propio pecado murió» significa que murió de manera natural. Su muerte se produjo a consecuencia del castigo contra toda la nación por haber creído a los espías sin fe.

27.3, 4 Hasta este punto, la Ley hebrea otorgaba exclusivamente a los hijos varones el derecho de heredar. Las hijas de Zelofehad, al no tener hermanos, acudieron a Moisés a reclamar las posesiones de su padre. Dios dijo a Moisés que si un hombre moría sin dejar hijos varones, su herencia pasaría a sus hijas (27.8). Pero las hijas la podrían conservar mientras permanecieran casadas con varones de su propia tribu. Probablemente este era el motivo por el cual las líneas territoriales permanecían intactas (36.5–12).

27.15-17 Moisés pidió a Dios que señalara a un líder que fuera capaz de dirigir los asuntos internos y externos, uno que además de guiarlos en la batalla, pudiera estar al tanto de sus necesidades. Dios respondió designando a Josué. Muchas personas desean ser líderes. Algunas tienen gran capacidad para alcanzar su meta, mientras que otras se interesan profundamente en la gente que tienen a su cargo. Un buen líder tiene que estar orientado tanto a sus metas como a su gente.

27.15-21 Moisés no deseaba dejar su obra sin estar seguro de que un nuevo líder estaba listo para reemplazarlo. Primeramente le pidió a Dios que lo ayudase a encontrar un reemplazante. Luego, cuando Josué fue seleccionado, Moisés le asignó diversas tareas para facilitar la transición a su nueva posición. Moisés también dijo claramente al pueblo que Josué tenía la autoridad y la capacidad para conducir a la nación. Su despliegue de confianza en Josué fue bueno para Josué y para el pueblo. A fin de minimizar las brechas en la conducción, cualquiera que esté en una posición de liderazgo debiera entrenar a otros a fin de que puedan hacerse cargo de los deberes en el caso de que se viera en la necesidad de partir repentinamente o cuando llegue el momento. Mientras tenga la posibilidad de hacerlo, siga el modelo de Moisés: ore, seleccione, desarrolle y asigne responsabilidades.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 1 DE Marzo. Marcos 8: 22 – 38.

Capítulo 8

8.25 ¿Por qué Jesús tocó al hombre dos veces antes que pudiera ver? Este milagro no era difícil para Jesús, pero quiso hacerlo por etapas, quizás para mostrar a los discípulos que algunas sanidades serían graduales y no instantáneas, o para demostrar que la verdad espiritual no siempre se percibe con claridad desde el principio. Sin embargo, antes que Jesús se fuera, el hombre se sanó por completo.

8.27 Cesarea de Filipo era una ciudad bien pagana, conocida porque adoraban dioses griegos y tenían templos dedicados a la adoración del antiguo dios Baal. Herodes Felipe, mencionado en Marcos 6.17, cambió el nombre de la ciudad de Cesarea a Cesarea de Filipo, para que no la confundieran con la costera ciudad de Cesarea (Hechos 8.40), capital del territorio gobernado por su hermano, Herodes Antipas. Esta ciudad pagana, donde reconocían a muchos dioses, fue un lugar apropiado para que Jesús pidiera a los discípulos que reconocieran su identidad como Hijo de Dios.

8.28 Para leer la historia de Juan el Bautista, véase Marcos 1.1–11 y 6.14–29. Para leer la historia de Elías, véase 1 Reyes 17–20 y 2 Reyes 1–2.

8.29 Jesús consultó a los discípulos sobre quién creía la gente que era Él; luego les preguntó: «¿Quién decís que soy?» No es suficiente saber lo que otros piensan de Jesús. Usted debe saber, entender y aceptar que Jesús es el Mesías. Debe pasar de la simple curiosidad al compromiso, de la admiración a la adoración.
8.29–31 El nombre Hijo del Hombre es el que Jesús utiliza más para referirse a Él mismo. Proviene de Daniel 7.13 donde hijo de hombre es una figura celestial, la que al final de los tiempos tiene autoridad y poder. El nombre se refiere a Jesús el Mesías, el hombre representativo, el agente humano de origen divino vindicado por Dios. En este pasaje, Hijo del Hombre está estrechamente vinculado a la confesión de Pedro sobre Jesús como Cristo y confirma su significado mesiánico.
A partir de este momento, Jesús habló claramente acerca de su muerte y resurrección. Comenzó a prepararlos para lo que le acontecería diciéndoles en tres oportunidades que pronto moriría (8.31; 9.31; 10.33, 34).

8.30 ¿Por qué Jesús pidió a sus discípulos que no dijeran a nadie la verdad acerca de Él? Jesús sabía que necesitaban más instrucción acerca de la obra que realizaría con su muerte y resurrección. Sin más enseñanza, los discípulos solo tendrían el cuadro a medias. Cuando confesaron que Jesús era el Cristo, aún no sabían todo lo que significaba.

8.31 De ahí en adelante, Jesús habló clara y directamente a sus discípulos acerca de su muerte y resurrección. A fin de empezar a prepararlos para lo que le sucedería, les dijo en tres oportunidades que pronto moriría (8.31; 9.31; 10.33, 34).

8.32, 33 En ese momento, Pedro no consideraba los propósitos de Dios, sino solo sus deseos y sentimientos naturales. Quería que Cristo fuera el Rey y no el siervo sufriente profetizado en Isaías 53. Estaba listo para recibir la gloria de ser seguidor del Mesías, pero no la persecución.
La vida cristiana no es un camino pavimentado hacia las riquezas y el ocio. A menudo significa duro trabajo, persecución, privaciones y sufrimiento profundo. Pedro vio solo una parte del cuadro. No repitamos el mismo error; en cambio, fijémonos en lo bueno que Dios puede producir de lo aparentemente malo y en la resurrección que sigue a la crucifixión.

8.33 A menudo Pedro era el que hablaba a nombre de los discípulos. Al dirigirse a él, Jesús sin duda hablaba a todos en forma indirecta. Es extraño, pero los discípulos trataban de evitar que Jesús fuera a la cruz, su verdadera misión sobre la tierra. Satanás tentó a Jesús en el mismo sentido (Mateo 4). Mientras que los motivos de Satanás eran diabólicos, a los discípulos los motivaba el amor y la admiración que sentían por Jesús. Sin embargo, la tarea de los discípulos no era guiar y protegerlo, sino seguirle. Solo después de su muerte y resurrección llegarían a entender cabalmente por qué Jesús tenía que morir.

8.34 Los romanos, la audiencia original de Marcos, sabían lo que significa cargar con una cruz. La crucifixión era una forma de ejecución usada por los romanos en los casos de criminales peligrosos. El prisionero cargaba su cruz hasta el lugar de la ejecución, con lo cual demostraba sumisión al poder de Roma.
Al hablar de llevar la cruz, Jesús quiso ilustrar el sentido de lo que se requiere para seguirle. No está en contra del placer; tampoco quiere decir que debemos buscar dolor innecesariamente. Lo que quiso decir fue que seguirle, momento tras momento, requiere de esfuerzo heroico y de hacer su voluntad aun en los momentos difíciles, cuando el futuro se presenta incierto.

8.35 Gastarnos por la causa de las buenas nuevas no significa en manera alguna que nuestras vidas carezcan de valor. Significa que nada, ni siquiera la vida misma, es comparable con lo que podemos ganar con Cristo. Jesús quiere que decidamos seguirle en lugar de llevar una vida de pecado y autosatisfacción. Quiere que dejemos de tratar de controlar nuestras vidas y dejar que Él las controle. Esto tiene sentido porque solo Él, como Creador, sabe lo que es vivir en verdad. Nos pide sumisión, no autodesprecio; nos pide despojarnos del egocentrismo que nos dice que sabemos mejor que Dios cómo conducir nuestras vidas.

8.36,37 Muchas personas se pasan la vida buscando placer. Jesús dijo, sin embargo, que el placer centrado en las posesiones, la posición o el poder, al fin y al cabo no valen nada. Todo lo que posea en la tierra es temporal; no debe obtenerse a cambio de su alma. Si trabaja arduamente para conseguir lo que quiere, es posible que llegue a tener una vida «placentera», pero al final verá que es hueca y vacía. ¿Está dispuesto a hacer de la búsqueda de Dios algo más importante que la egoísta búsqueda del placer? Siga a Jesús y sabrá lo que significa realmente disfrutar la vida y a la vez tener vida eterna.

8.38 Jesús constantemente invierte la perspectiva del mundo al hablar de salvación y perdición, de pérdida y hallazgo. Aquí nos confronta con una elección. Quienes se avergüencen de Jesús y lo rechacen en esta vida, lo verán con claridad en el día del juicio, pero ya será demasiado tarde. Quienes lo vean así ahora y lo acepten, escaparán de la vergüenza del rechazo en el juicio final. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960-


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