Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 27 DE FEBRERO. Números 21, 22

El rey de Arad ataca a Israel

21

1Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y tomó de él prisioneros. 2Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si en efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. 3Y Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos y a sus ciudades; y llamó el nombre de aquel lugar Horma.

 La serpiente de bronce

4Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. 5Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. 7Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. 8Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. 9Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente

 Los israelitas rodean la tierra de Moab

10Después partieron los hijos de Israel y acamparon en Obot. 11Y partiendo de Obot, acamparon en Ije-abarim, en el desierto que está enfrente de Moab, al nacimiento del sol. 12Partieron de allí, y acamparon en el valle de Zered. 13De allí partieron, y acamparon al otro lado de Arnón, que está en el desierto, y que sale del territorio del amorreo; porque Arnón es límite de Moab, entre Moab y el amorreo. 14Por tanto se dice en el libro de las batallas de Jehová:

Lo que hizo en el Mar Rojo,

Y en los arroyos de Arnón;

15 Y a la corriente de los arroyos

Que va a parar en Ar,

Y descansa en el límite de Moab.

16De allí vinieron a Beer: este es el pozo del cual Jehová dijo a Moisés: Reúne al pueblo, y les daré agua. 17Entonces, cantó Israel este cántico:

Sube, oh pozo; a él cantad;

18 Pozo, el cual cavaron los señores.

Lo cavaron los príncipes del pueblo,

Y el legislador, con sus báculos.

Del desierto vinieron a Matana, 19y de Matana a Nahaliel, y de Nahaliel a Bamot; 20y de Bamot al valle que está en los campos de Moab, y a la cumbre de Pisga, que mira hacia el desierto.

 Israel derrota a Sehón

(Dt. 2.26–37)

21Entonces envió Israel embajadores a Sehón rey de los amorreos, diciendo: 22Pasaré por tu tierra; no nos iremos por los sembrados, ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos; por el camino real iremos, hasta que pasemos tu territorio. 23Mas Sehón no dejó pasar a Israel por su territorio, sino que juntó Sehón todo su pueblo y salió contra Israel en el desierto, y vino a Jahaza y peleó contra Israel. 24Y lo hirió Israel a filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de Amón; porque la frontera de los hijos de Amón era fuerte. 25Y tomó Israel todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo, en Hesbón y en todas sus aldeas. 26Porque Hesbón era la ciudad de Sehón rey de los amorreos, el cual había tenido guerra antes con el rey de Moab, y tomado de su poder toda su tierra hasta Arnón. 27Por tanto dicen los proverbistas:

Venid a Hesbón,

Edifíquese y repárese la ciudad de Sehón.

28 Porque fuego salió de Hesbón,

Y llama de la ciudad de Sehón,

Y consumió a Ar de Moab,

A los señores de las alturas de Arnón.

29 ¡Ay de ti, Moab!

Pereciste, pueblo de Quemos.

Fueron puestos sus hijos en huida,

Y sus hijas en cautividad,

Por Sehón rey de los amorreos.

30 Mas devastamos el reino de ellos;

Pereció Hesbón hasta Dibón,

Y destruimos hasta Nofa y Medeba.

 Israel derrota a Og de Basán

(Dt. 3.1–11)

31Así habitó Israel en la tierra del amorreo. 32También envió Moisés a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas, y echaron al amorreo que estaba allí. 33Y volvieron, y subieron camino de Basán; y salió contra ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei. 34Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. 35E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra.

 Balac manda llamar a Balaam

22

1Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. 2Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. 3Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. 4Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab. 5Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.

7Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac. 8El les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré respuesta según Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam. 9Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? 10Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: 11He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear contra él y echarlo. 12Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es. 13Así Balaam se levantó por la mañana y dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. 14Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.

15Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros; 16los cuales vinieron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí; 17porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora, maldíceme a este pueblo. 18Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. 19Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová. 20Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.

 El ángel y el asna de Balaam

21Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. 22Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. 23Y el asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino. 24Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. 25Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. 26Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. 27Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó al asna con un palo. 28Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces? 29Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. ¡Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! 30Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No.

31Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. 32Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 33El asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva. 34Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. 35Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, esa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de Balac.

36Oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab, que está junto al límite de Arnón, que está al extremo de su territorio. 37Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a llamarte? ¿Por qué no has venido a mí? ¿No puedo yo honrarte? 38Balaam respondió a Balac: He aquí yo he venido a ti; mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré. 39Y fue Balaam con Balac, y vinieron a Quiriat-huzot. 40Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam, y a los príncipes que estaban con él.

 Balaam bendice a Israel

41El día siguiente, Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a Bamot-baal, y desde allí vio a los más cercanos del pueblo. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 27 DE FEBRERO. Marcos 7: 14 – 37

14Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 17Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18El les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

 La fe de la mujer sirofenicia

(Mt. 15.21–28)

24Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. 25Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. 26La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.

 Jesús sana a un sordomudo

31Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. 32Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. 33Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. 35Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar. Amen.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 27 DE FEBRERO. Números 21, 22

Capítulo 21

21.5 El Salmo 78 nos dice por qué se quejaba Israel: (1) sus espíritus no eran fieles a Dios (Salmo 78.8); (2) no quisieron obedecer la ley de Dios (Salmo 78.10); (3) olvidaban los milagros que Dios les hacía (Salmo 78.11). Nuestras quejas a menudo tienen sus raíces en algunas de estas acciones y actitudes necias. Si podemos erradicar la fuente de nuestra queja, no se anidará ni crecerá en nuestra vida.

21.6 Dios utilizó serpientes venenosas para castigar al pueblo por su incredulidad y sus quejas. El desierto de Sinaí cuenta con una gran variedad de serpientes. Algunas se esconden bajo la arena y atacan sin previo aviso. Los israelitas y los egipcios las temían mucho. La mordida de una serpiente venenosa significaba, por lo general, una muerte lenta con un sufrimiento intenso.

21.8, 9 Cuando colgaron en el asta la serpiente de bronce, los israelitas no conocían el significado total que Jesucristo le daría a aquel hecho (véase Juan 3.14, 15). Jesús explicó que así como los israelitas habían sanado al mirar la serpiente del asta, los creyentes podían ser salvos de la enfermedad del pecado al mirar a Jesús en la cruz. No era la serpiente lo que curaba a aquella gente, sino la fe en que Dios podía curarlos. Demostraban esa fe al seguir las instrucciones de Dios. De la misma manera, nosotros debemos continuar mirando a Cristo (véase Hebreos 12.2).

21.14 No existe registro alguno del libro de las batallas de Jehová. Lo más probable es que fuese una colección de cantos o poemas de victoria.

21.27-30 Quemos, el dios nacional de Moab, era adorado como dios de la guerra. Sin embargo, este dios falso no fue de ninguna ayuda a esta nación cuando peleó contra Israel. El Dios de Israel era más fuerte que cualquiera de los dioses de guerra de Canaán.

21.34 Dios aseguró a Israel que su enemigo ya estaba conquistado ¡aún desde antes que comenzara la batalla! Dios quiere darnos la victoria sobre nuestros enemigos (que, por lo general, son problemas relacionados con el pecado y no soldados armados). Pero primero, tenemos que creer que Él nos puede ayudar. En segundo lugar, debemos tener la confianza que Él nos ayudará. Por último, debemos seguir los pasos que nos indica.

Capítulo 22

22.4-6 Balaam era un hechicero, o sea, alguien que se llamaba para maldecir a otros. En los tiempos del Antiguo Testamento era común creer en maldiciones y bendiciones. Se creía que los hechiceros tenían influencia con los dioses. Así es que el rey de Moab quiso que Balaam usara su influencia ante el Dios de Israel para proferir una maldición contra los israelitas, con la esperanza de que, por medio de la magia, Jehová se volviera en contra de su pueblo. ¡Ni Balaam ni Balac tenían la menor idea de con quién estaban tratando!

22.9 ¿Por qué hablaría Dios por medio de un hechicero como Balaam? Dios quería dar un mensaje a los moabitas y ellos ya habían elegido a Balaam. Así que este estaba disponible para ser utilizado por Dios, al igual que utilizó al Faraón malvado para realizar su voluntad en Egipto (Éxodo 10.1). Balaam entró en su rol profético de una manera seria, pero su corazón estaba confundido. Tenía algún conocimiento de Dios, pero no el suficiente para dejar su magia y volverse de todo corazón a Dios. Aun cuando su historia nos lleva a pensar que se volvió completamente a Dios, en pasajes posteriores de la Biblia se muestra que Balaam no pudo resistir la tentación del dinero y de la idolatría (31.16; 2 Pedro 2.15; Judas 11).

22.20-23 Dios permitió que Balaam fuera con los mensajeros del rey Balac, pero estaba enojado por la actitud codiciosa de Balaam. Balaam había dicho que no podía ir contra Dios sólo por dinero, pero su resolución no parecía muy firme. Su codicia por la riqueza que le ofrecía el rey lo cegó tanto que no pudo ver que Dios estaba tratando de detenerlo. Aun cuando sepamos lo que Dios quiere que hagamos, nuestra ambición de dinero, posesiones o prestigio también puede cegarnos. Podemos evitar el error de Balaam si miramos más allá de lo atractivo de la fama o de la fortuna a los beneficios a largo plazo que nos trae el seguir a Dios.

22.27 Las asnas se utilizaban para transporte, carga, moler el grano y arar los campos. Eran, por lo general, muy confiables, lo que explica por qué Balaam se enojó tanto cuando su asna no quiso caminar.

22.29 El asna le salvó la vida a Balaam, pero lo hizo quedar como un tonto. Por eso Balaam azotó al animal. En ocasiones herimos a gente inocente que se cruza en nuestro camino porque nos sentimos humillados o nuestro orgullo está herido. Estallar en ira contra otros puede ser señal de que hay algo que no está bien en nuestro corazón. No permita que su orgullo herido lo lleve a herir a otros.

22.41 El nombre Bamot-baal quiere decir «lugares altos de Baal» y estaba próximo a Hesbón y Dibón. Era la primer parada en el camino hacia las altas planicies de Moab. Desde este punto panorámico se podía ver el campamento israelita en su totalidad.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 27 DE FEBRERO. Marcos 7: 14 – 37

7.18, 19 ¿Nos preocupa más la dieta que el alma? Según interpretaban las leyes sobre la comida (Levítico 11), los judíos creían que podían ser puros delante de Dios por lo que dejaban de comer. Pero Jesús dijo que el pecado comienza en las actitudes y en las intenciones de la persona. No abrogó la ley, sino que pavimentó el camino para el cambio aclarado en Hechos 10.9–29 cuando Dios quitó las restricciones culturales respecto a la comida. Los hechos externos no nos purifican, sino que llegamos a ser puros en lo interior cuando Cristo renueva nuestras mentes y nos conforma a su imagen.

7.20–23 Una mala acción comienza con un simple pensamiento. Nuestros pensamientos pueden contaminarnos, llevándonos al pecado. Si damos cabida a pensamientos de lujuria, envidia, odio y revancha, nos guiarán a cometer malas acciones. Dios permita que no nos vuelvan indignos ante Él. Por eso Pablo aconseja en Filipenses 4.8: «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad».

7.24 Jesús viajó unos 45 km hasta Tiro y de ahí fue a Sidón. Eran dos ciudades portuarias del Mediterráneo, al norte de Israel. Ambas poseían un floreciente comercio y eran prósperas. En los días de David, Tiro mantenía relaciones amistosas con Israel (2 Samuel 5.11), pero tiempo después la ciudad llegó a ser famosa por su maldad. Su rey afirmaba ser Dios (Ezequiel 28.1ss). Tiro se regocijó con la destrucción de Jerusalén en 586 a.C. porque sin su competencia, el comercio y las utilidades de Tiro aumentarían. Fue en medio de esta cultura materialista y pecaminosa que Jesús llevó su mensaje. Es interesante que enfatizara la importancia de la pureza interna, precisamente antes de visitar Tiro.

7.26 Marcos la llama sirofenicia y Mateo la llama cananea. La designación de Marcos hace referencia a su trasfondo político. Su audiencia romana podría identificarla con facilidad por la parte del imperio de donde procedía. La descripción de Mateo se creó para su audiencia judía, los que recordaban a los cananitas como acérrimos enemigos cuando Israel se estableció en la tierra prometida.

7.27,28 Perrillo se refiere a una pequeña mascota, no a un animal que anda suelto comiendo carroña. Jesús simplemente quería explicar que su prioridad era alimentar a los hijos (enseñar a sus discípulos), no permitir a las mascotas interrumpir la comida familiar.

La mujer no discutió. Usando los términos que Jesús escogió, declaró que estaba dispuesta a que la consideraran una interrupción mientras recibiera la bendición de Dios para su hija. Es irónico, pero muchos judíos perdieron la bendición y la salvación de Dios porque rechazaron a Jesús, mientras que muchos gentiles encontrarían la salvación reconociendo a Jesús.

7.29 Este milagro muestra que el poder de Jesús sobre los demonios es tan grande que Él no necesita estar presente físicamente para liberar a alguien. Su poder trasciende las distancias.

7.36 Jesús le pidió a la gente que no divulgara la noticia de su sanidad porque Él no quería que lo vieran simplemente como alguien que hacía milagros. No quería que la gente perdiera su verdadero mensaje. Si enfatizamos lo que Cristo puede hacer por nosotros, olvidaremos escuchar su mensaje. Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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