Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 26 DE FEBRERO. Números 18, 19, 20

Sostenimiento de sacerdotes y levitas

18

1Jehová dijo a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. 2Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a ti y se junten contigo, y te servirán; y tú y tus hijos contigo serviréis delante del tabernáculo del testimonio. 3Y guardarán lo que tú ordenes, y el cargo de todo el tabernáculo; mas no se acercarán a los utensilios santos ni al altar, para que no mueran ellos y vosotros. 4Se juntarán, pues, contigo, y tendrán el cargo del tabernáculo de reunión en todo el servicio del tabernáculo; ningún extraño se ha de acercar a vosotros. 5Y tendréis el cuidado del santuario, y el cuidado del altar, para que no venga más la ira sobre los hijos de Israel. 6Porque he aquí, yo he tomado a vuestros hermanos los levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del tabernáculo de reunión. 7Mas tú y tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vuestro sacerdocio; y el extraño que se acercare, morirá.

8Dijo más Jehová a Aarón: He aquí yo te he dado también el cuidado de mis ofrendas; todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo. 9Esto será tuyo de la ofrenda de las cosas santas, reservadas del fuego; toda ofrenda de ellos, todo presente suyo, y toda expiación por el pecado de ellos, y toda expiación por la culpa de ellos, que me han de presentar, será cosa muy santa para ti y para tus hijos. 10En el santuario la comerás; todo varón comerá de ella; cosa santa será para ti. 11Esto también será tuyo: la ofrenda elevada de sus dones, y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel, he dado a ti y a tus hijos y a tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; todo limpio en tu casa comerá de ellas. 12De aceite, de mosto y de trigo, todo lo más escogido, las primicias de ello, que presentarán a Jehová, para ti las he dado. 13Las primicias de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales traerán a Jehová, serán tuyas; todo limpio en tu casa comerá de ellas. 14Todo lo consagrado por voto en Israel será tuyo. 15Todo lo que abre matriz, de toda carne que ofrecerán a Jehová, así de hombres como de animales, será tuyo; pero harás que se redima el primogénito del hombre; también harás redimir el primogénito de animal inmundo. 16De un mes harás efectuar el rescate de ellos, conforme a tu estimación, por el precio de cinco siclos, conforme al siclo del santuario, que es de veinte geras. 17Mas el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová. 18Y la carne de ellos será tuya; como el pecho de la ofrenda mecida y como la espaldilla derecha, será tuya. 19Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren a Jehová, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de Jehová para ti y para tu descendencia contigo. 20Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.

21Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión. 22Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran. 23Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel. 24Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.

25Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 26Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos. 27Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar. 28Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón. 29De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada. 30Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto de la era, y como producto del lagar. 31Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de reunión. 32Y no llevaréis pecado por ello, cuando hubiereis ofrecido la mejor parte de él; y no contaminaréis las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.

La purificación de los inmundos

19

1Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 2Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo; 3y la daréis a Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campamento, y la hará degollar en su presencia. 4Y Eleazar el sacerdote tomará de la sangre con su dedo, y rociará hacia la parte delantera del tabernáculo de reunión con la sangre de ella siete veces; 5y hará quemar la vaca ante sus ojos; su cuero y su carne y su sangre, con su estiércol, hará quemar. 6Luego tomará el sacerdote madera de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca. 7El sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después entrará en el campamento; y será inmundo el sacerdote hasta la noche. 8Asimismo el que la quemó lavará sus vestidos en agua, también lavará en agua su cuerpo, y será inmundo hasta la noche. 9Y un hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca y las pondrá fuera del campamento en lugar limpio, y las guardará la congregación de los hijos de Israel para el agua de purificación; es una expiación. 10Y el que recogió las cenizas de la vaca lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; y será estatuto perpetuo para los hijos de Israel, y para el extranjero que mora entre ellos.

11El que tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete días. 12Al tercer día se purificará con aquella agua, y al séptimo día será limpio; y si al tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día. 13Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel; por cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él, inmundo será, y su inmundicia será sobre él.

14Esta es la ley para cuando alguno muera en la tienda: cualquiera que entre en la tienda, y todo el que esté en ella, será inmundo siete días. 15Y toda vasija abierta, cuya tapa no esté bien ajustada, será inmunda; 16y cualquiera que tocare algún muerto a espada sobre la faz del campo, o algún cadáver, o hueso humano, o sepulcro, siete días será inmundo. 17Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la vaca quemada de la expiación, y echarán sobre ella agua corriente en un recipiente; 18y un hombre limpio tomará hisopo, y lo mojará en el agua, y rociará sobre la tienda, sobre todos los muebles, sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, o el asesinado, o el muerto, o el sepulcro. 19Y el limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día; y cuando lo haya purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será limpio a la noche.

20Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová; no fue rociada sobre él el agua de la purificación; es inmundo. 21Les será estatuto perpetuo; también el que rociare el agua de la purificación lavará sus vestidos; y el que tocare el agua de la purificación será inmundo hasta la noche. 22Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo; y la persona que lo tocare será inmunda hasta la noche.

 Agua de la roca

20

1Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió María, y allí fue sepultada.

2Y porque no había agua para la congregación, se juntaron contra Moisés y Aarón. 3Y habló el pueblo contra Moisés, diciendo: ¡Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová! 4¿Por qué hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? 5¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber. 6Y se fueron Moisés y Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, y se postraron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos. 7Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 8Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias. 9Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.

10Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? 11Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. 12Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado. 13Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos.

 Edom rehúsa dar paso a Israel

14Envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades, diciendo: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido; 15cómo nuestros padres descendieron a Egipto, y estuvimos en Egipto largo tiempo, y los egipcios nos maltrataron, y a nuestros padres; 16y clamamos a Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió un ángel, y nos sacó de Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad cercana a tus fronteras. 17Te rogamos que pasemos por tu tierra. No pasaremos por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozos; por el camino real iremos, sin apartarnos a diestra ni a siniestra, hasta que hayamos pasado tu territorio. 18Edom le respondió: No pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado. 19Y los hijos de Israel dijeron: Por el camino principal iremos; y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas; déjame solamente pasar a pie, nada más. 20Pero él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte. 21No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su territorio, y se desvió Israel de él.

 Aarón muere en el Monte Hor

22Y partiendo de Cades los hijos de Israel, toda aquella congregación, vinieron al monte de Hor. 23Y Jehová habló a Moisés y a Aarón en el monte de Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo: 24Aarón será reunido a su pueblo, pues no entrará en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de la rencilla. 25Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor, 26y desnuda a Aarón de sus vestiduras, y viste con ellas a Eleazar su hijo; porque Aarón será reunido a su pueblo, y allí morirá. 27Y Moisés hizo como Jehová le mandó; y subieron al monte de Hor a la vista de toda la congregación. 28Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a Eleazar su hijo; y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. 29Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas las familias de Israel. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 26 DE FEBRERO. Marcos 7: 1 – 13

Lo que contamina al hombre

(Mt. 15.1–20)

7

1Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. 3Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. 5Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:

Este pueblo de labios me honra,

Mas su corazón está lejos de mí.

7 Pues en vano me honran,

Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.

 8Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.

9Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. Amen.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 26 DE FEBRERO. Números 18, 19, 20

Capítulo 18

18.25,26 Aun los levitas, quienes eran ministros, tenían que diezmar para apoyar la obra del Señor. Nadie estaba exento de regresar a Dios una porción de lo que había recibido de Él. Aun cuando los levitas no tenían tierras y no operaban grandes empresas, tenían que tratar su ingreso de la misma manera que cualquier otro al dar una porción para ayudar a suplir las necesidades de los otros levitas y del tabernáculo. El principio del diezmo es todavía muy importante en nuestros días. Dios espera que todos sus seguidores suplan las necesidades materiales de aquellos que se avocaron a suplir las necesidades espirituales de la comunidad de fe.

Capítulo 19

19.9,10 ¿Cuál es el significado de las cenizas de la vaca? Cuando una persona tocaba un cadáver, era considerado impuro (por ejemplo, no se podía acercar a Dios en adoración). Este ritual purificaba a la persona impura para que una vez más pudiera ofrecer sacrificios y adorar a Dios. La muerte era la más fuerte de las impurezas porque era el resultado final del pecado. Así que se requería un sacrificio especial: una vaca. Tenía que ser ofrecida por alguien que no fuera impuro. Cuando hubiera sido quemada en el altar, sus cenizas se usaban como un filtro a través del cual se vertía el agua para poder ser purificado, no tanto literal como simbólicamente. La persona impura se lavaba y a menudo sus ropas y pertenencias, con esta agua purificada como un acto de nueva purificación.

Capítulo 20

20.1 Habían pasado treinta y siete años desde la primera misión espía de Israel en la tierra prometida (Números 13, 14) y cuarenta años desde el éxodo de Egipto. La Biblia permanece virtualmente en silencio acerca de aquellos treinta y siete años de peregrinaje a la deriva. La generación de aquellos que vivieron en Egipto casi estaba extinguida, y la nueva generación pronto estaría lista para entrar en la tierra prometida. Moisés, Aarón, Josué y Caleb fueron de los pocos que quedaron de los que salieron de Egipto. Una vez más acamparon en Cades, el sitio de la primera misión espía que terminó en desastre. Ahora Moisés esperaba que el pueblo estuviera listo para un comienzo fresco.

20.3-5 Después de treinta y siete años en el desierto, los israelitas olvidaron que sus peregrinajes eran el resultado de su propio pecado. No podían aceptar el hecho de que ellos mismos se habían acarreado los problemas, así que culparon a Moisés por su condición. Por lo general nuestros problemas son el resultado de nuestra propia desobediencia o falta de fe. No podemos culpar a Dios por nuestros pecados. Hasta que nos enfrentemos a este hecho, habrá muy poca paz y ningún crecimiento espiritual en nuestra vida. 

20.12 Dios había dicho a Moisés que hablara a la roca; sin embargo, Moisés la golpeó, no sólo una vez, sino dos. Dios hizo el milagro; pero Moisés se lo atribuyó cuando dijo: «Os hemos de hacer salir agua de esta peña». Debido a esto se le prohibió entrar en la tierra prometida. ¿Acaso fue demasiado severo el castigo de Dios para Moisés? Después de todo, el pueblo lo había irritado, difamado y se había rebelado contra él y contra Dios. Allí estaban otra vez (20.5). Pero Moisés era el líder y el modelo de la nación entera. Como tenía una responsabilidad tan grande ante el pueblo, no podía ser perdonado. Al golpear la roca, Moisés desobedeció el mandamiento directo de Dios y lo deshonró en presencia de su pueblo.

20.14 Dos hermanos llegaron a ser los antecesores de dos naciones. Los edomitas descendieron de Esaú; los israelitas de Jacob. Así que los edomitas eran «hermanos» de los israelitas. Israel envió un mensaje fraternal a Edom para solicitar el paso a través de su tierra en el camino principal, una ruta comercial muy frecuentada. Israel prometió permanecer en el camino, de esta manera pasaría sin dañar los campos, viñedos y pozos de Edom. Sin embargo, Edom no quiso porque no confiaba en la palabra de Israel. Tenían miedo de que esta gran horda de gente los atacara o devorara sus cosechas (Deuteronomio 2.4, 5). Debido a que los «hermanos» no deben pelear, Dios dijo a los israelitas que regresaran y viajaran por una ruta diferente hacia la tierra prometida.

20.17 El camino real era una antigua ruta de caravanas. Desde mucho antes era utilizado como camino público de importancia.

20.21 Moisés trató de negociar y razonar con el rey edomita. Cuando nada dio resultado, le quedaronn dos opciones: entrar en un conflicto o evitarlo. Moisés sabía que habría suficientes barreras en los días y meses por venir. No tenía sentido agregar otra de una manera innecesaria. Algunas veces el conflicto es ineludible. Otras veces, sin embargo, no vale la pena pagar las consecuencias. Una guerra abierta puede parecer heroica, valiente y hasta correcta, pero no siempre es la mejor decisión. Debemos tomar en cuenta el ejemplo de Moisés y buscar otra forma de resolver nuestros problemas, aun cuando nos sea difícil.

20.28 Aarón murió antes de entrar a la tierra prometida, probablemente como castigo por su pecado de rebelión (Éxodo 32; Números 12.1–9). Esta era la primera vez que se designaba un nuevo sumo sacerdote. Aarón fue desvestido de sus ropas sacerdotales y fueron colocadas en su hijo Eleazar, siguiendo los mandamientos del libro de Levítico.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 26 DE FEBRERO. Marcos 7: 1 – 13.

Capítulo 7

7.1ss Los líderes religiosos enviaron investigadores desde su sede en Jerusalén para que observaran a Jesús. No les gustó lo que encontraron, porque Jesús los increpó por guardar la Ley para parecer santos y no para honrar a Dios. El profeta Isaías acusó de lo mismo a los líderes religiosos de sus días (Isaías 29.13). Jesús uso las palabras de Isaías para acusar a esos hombres.

7.3,4 Marcos explicó estos rituales porque escribía a personas que no eran judías. Antes de cada comida, los judíos devotos llevaban a cabo una breve ceremonia, lavándose manos y brazos de cierta manera. Para ellos era un símbolo de que estaban limpios de cualquier contacto que pudieran haber tenido con alguna cosa considerada impura. Jesús dijo que los fariseos estaban equivocados al pensar que serían aceptos a Dios solo porque se lavaban por fuera.

7.6, 7 Hipocresía es pretender ser algo que no se es, sin tener intención de serlo. Jesús llamó a los fariseos hipócritas porque adoraban a Dios no porque lo amaran, sino porque les beneficiaba, los hacía parecer santos y fortalecía su posición social en la comunidad. Somos hipócritas si: (1) damos más importancia a la reputación que al carácter, (2) cumplimos con rigor ciertas prácticas religiosas, pero dejamos que nuestros corazones se mantengan lejos de Dios, y (3) destacamos nuestras virtudes y los pecados de los demás.

7.8,9 Los fariseos agregaron cientos de sus reglas y regulaciones insignificantes a las santas leyes de Dios, y trataban de forzar a la gente a que las obedecieran. Decían que conocían la voluntad de Dios para cada detalle de la vida. Los líderes religiosos de hoy en día también tratan de agregar reglas y reglamentos a la Palabra de Dios, con lo que provocan no poca confusión entre los creyentes. Es idolatría pretender que nuestra interpretación de la Palabra de Dios es tan importante como la Palabra de Dios misma. Es sobre todo peligroso fijar parámetros no bíblicos para que otros los cumplan. En lugar de eso busquemos en Cristo la dirección para nuestra conducta y dejemos que Él guíe a los demás en los detalles de sus vidas.

7.10, 11 Los fariseos usaban a Dios como excusa para no ayudar a sus familiares, sobre todo a sus padres. Creían que era más importante dar dinero al templo que ayudar a los padres necesitados, no obstante que la Ley de Dios dice específicamente que debemos honrar a padre y madre (Éxodo 20.12) y cuidarlos en sus necesidades (Levítico 25.35–43).

Debemos dar dinero y tiempo a Dios, pero nunca debemos usar a Dios como excusa para dejar de cumplir nuestros deberes. Ayudar a quienes lo necesitan es una de las formas más importantes para honrar a Dios. Comentario de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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