Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 18 DE FEBRERO. Levítico 26, 27,

Bendiciones de la obediencia

(Dt. 7.12–24; 28.1–14)

26

1No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios. 2Guardad mis días de reposo,* y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová.

3Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, 4yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto. 5Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra. 6Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país. 7Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros. 8Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros. 9Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros. 10Comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo. 11Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; 12y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. 13Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro erguido.

 Consecuencias de la desobediencia

(Dt. 28.15–68)

14Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, 15y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, 16yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán. 17Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga. 18Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. 19Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce. 20Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto.

21Si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados. 22Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número, y vuestros caminos sean desiertos.

23Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que anduviereis conmigo en oposición, 24yo también procederé en contra de vosotros, y os heriré aún siete veces por vuestros pecados. 25Traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y si buscareis refugio en vuestras ciudades, yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo. 26Cuando yo os quebrante el sustento del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, y no os saciaréis.

27Si aun con esto no me oyereis, sino que procediereis conmigo en oposición, 28yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados. 29Y comeréis la carne de vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas. 30Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará. 31Haré desiertas vuestras ciudades, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragancia de vuestro suave perfume. 32Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren; 33y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades.

34Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. 35Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella. 36Y a los que queden de vosotros infundiré en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja que se mueva los perseguirá, y huirán como ante la espada, y caerán sin que nadie los persiga. 37Tropezarán los unos con los otros como si huyeran ante la espada, aunque nadie los persiga; y no podréis resistir delante de vuestros enemigos. 38Y pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá. 39Y los que queden de vosotros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos.

40Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, 41yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado. 42Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra. 43Pero la tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio de mis estatutos. 44Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios. 45Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová.

46Estos son los estatutos, ordenanzas y leyes que estableció Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés.

 Cosas consagradas a Dios

27

1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno hiciere especial voto a Jehová, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, lo estimarás así: 3En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario. 4Y si fuere mujer, la estimarás en treinta siclos. 5Y si fuere de cinco años hasta veinte, al varón lo estimarás en veinte siclos, y a la mujer en diez siclos. 6Y si fuere de un mes hasta cinco años, entonces estimarás al varón en cinco siclos de plata, y a la mujer en tres siclos de plata. 7Mas si fuere de sesenta años o más, al varón lo estimarás en quince siclos, y a la mujer en diez siclos. 8Pero si fuere muy pobre para pagar tu estimación, entonces será llevado ante el sacerdote, quien fijará el precio; conforme a la posibilidad del que hizo el voto, le fijará precio el sacerdote.

9Y si fuere animal de los que se ofrece ofrenda a Jehová, todo lo que de los tales se diere a Jehová será santo. 10No será cambiado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permutare un animal por otro, él y el dado en cambio de él serán sagrados. 11Si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote, 12y el sacerdote lo valorará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será. 13Y si lo quisiere rescatar, añadirá sobre tu valuación la quinta parte.

14Cuando alguno dedicare su casa consagrándola a Jehová, la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala; según la valorare el sacerdote, así quedará. 15Mas si el que dedicó su casa deseare rescatarla, añadirá a tu valuación la quinta parte del valor de ella, y será suya.

16Si alguno dedicare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su siembra; un homer de siembra de cebada se valorará en cincuenta siclos de plata. 17Y si dedicare su tierra desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará. 18Mas si después del jubileo dedicare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del dinero conforme a los años que quedaren hasta el año del jubileo, y se rebajará de tu estimación. 19Y si el que dedicó la tierra quisiere redimirla, añadirá a tu estimación la quinta parte del precio de ella, y se le quedará para él. 20Mas si él no rescatare la tierra, y la tierra se vendiere a otro, no la rescatará más; 21sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será santa para Jehová, como tierra consagrada; la posesión de ella será del sacerdote. 22Y si dedicare alguno a Jehová la tierra que él compró, que no era de la tierra de su herencia, 23entonces el sacerdote calculará con él la suma de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu precio señalado, cosa consagrada a Jehová. 24En el año del jubileo, volverá la tierra a aquél de quien él la compró, cuya es la herencia de la tierra. 25Y todo lo que valorares será conforme al siclo del santuario; el siclo tiene veinte geras.

26Pero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo dedicará; sea buey u oveja, de Jehová es. 27Mas si fuere de los animales inmundos, lo rescatarán conforme a tu estimación, y añadirán sobre ella la quinta parte de su precio; y si no lo rescataren, se venderá conforme a tu estimación.

28Pero no se venderá ni se rescatará ninguna cosa consagrada, que alguno hubiere dedicado a Jehová; de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, todo lo consagrado será cosa santísima para Jehová. 29Ninguna persona separada como anatema podrá ser rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta.

30Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. 31Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. 32Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová. 33No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 18 DE FEBRERO. Marcos 2

Jesús sana a un paralítico

(Mt. 9.1–8; Lc. 5.17–26)

2

1Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. 2E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

 Llamamiento de Leví

(Mt. 9.9–13; Lc. 5.27–32)

13Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. 14Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. 15Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. 16Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? 17Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

 La pregunta sobre el ayuno

(Mt. 9.14–17; Lc. 5.33–39)

18Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? 19Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. 20Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. 21Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. 22Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 18 DE FEBRERO. Levítico 26, 27,

Capítulo 26

26.1ss Este capítulo presenta las dos alternativas de obediencia y desobediencia que Dios presentó a su pueblo (véase también Deuteronomio 28). La gente del Antiguo Testamento fue advertida vez tras vez contra la adoración de ídolos. Nos preguntamos cómo pudieron auto engañarse con estos objetos de madera y piedra. Sin embargo, bien podría Dios hacernos la misma advertencia, ya que tendemos a prestar mayor atención a ídolos que a Dios. Idolatría es dar más importancia a cualquier cosa antes que a Dios, y nuestras vidas están llenas de esa tentación. Dinero, apariencia, éxito, reputación, seguridad... estos son los ídolos de hoy. Al mirar a estos dioses falsos que prometen todo lo que desea pero nada de lo que necesita, ¿le parece que está tan alejada la idolatría de su propia experiencia?

26.13 Imagine el gozo de un esclavo cuando es dejado en libertad. Dios sacó a los hijos de Israel de una amarga esclavitud y les dio libertad y dignidad. También nosotros somos liberados cuando aceptamos el pago que hizo Cristo para redimirnos de la esclavitud del pecado. Ya no necesitamos escondernos de vergüenza por nuestros pecados pasados sino que podemos caminar con dignidad porque Dios nos ha perdonado y se ha olvidado de ellos. Pero así como los israelitas todavía corrían peligro de regresar a una esclavitud mental, necesitamos estar alertas de la tentación de regresar a nuestros patrones pasados de pecado.

26.18 Si los israelitas obedecían, había paz en la tierra. Si desobedecían, habría desastres. Dios usó las consecuencias del pecado para llevarlos al arrepentimiento, no para vengarse de ellos. Hoy, las consecuencias del pecado no son siempre tan evidentes. Cuando nos azota la calamidad quizá ni siquiera sepamos la razón. Puede ser (1) el resultado de nuestra propia desobediencia, (2) el resultado del pecado de otro, (3) el resultado de un desastre natural. Ya que no sabemos, tenemos que buscar en nuestros corazones para ver si estamos en paz con Dios. Su Espíritu, como un gran reflector, revelará aquellas áreas en las que tenemos que trabajar. Debido a que la calamidad no es siempre el resultado de haber hecho algo malo, debemos evitar culparnos por cada tragedia que enfrentemos. Una culpa que no nos corresponde es una de la armas favoritas de Satanás contra los creyentes.

26.33–35 La advertencia hecha en estos versículos se hizo realidad en 2 Reyes 17 y 25. El pueblo persistió en su desobediencia, y a la larga fue conquistado y llevado a las tierras de Asiria y Babilonia. La nación permaneció en cautiverio por setenta años, en compensación por todos los años que los israelitas no observaron la ley del año sabático (2 Crónicas 36.21).

26.40–45 Estos versículos muestran lo que quiso decir Dios cuando dijo que era tardo para la ira (Éxodo 34.6). Aun cuando los israelitas hayan escogido desobedecer y hayan sido esparcidos entre sus enemigos, Dios seguiría dándoles la oportunidad de arrepentirse y volver a Él. Su propósito no era destruirlos sino ayudarlos a crecer. Nuestras experiencias y dificultades diarias en ocasiones resultan abrumadoras; a no ser que podamos ver que el propósito de Dios es producir en nosotros un crecimiento continuo, es posible que se produzca en nosotros desesperanza. La esperanza que necesitamos está bien expresada en Jeremías 29.11, 12: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré». Mantener la esperanza mientras sufrimos muestra que entendemos la manera misericordiosa en que Dios se relaciona con su pueblo.

Capítulo 27

27.1ss A los israelitas se les requirió que dieran o consagraran ciertas cosas al Señor y a su servicio: los primeros frutos de sus cosechas, los animales primogénitos, los hijos primogénitos, el diezmo de su ganancia. Muchos deseaban ir más allá y consagrarse ellos mismos o consagrar a otro miembro de la familia, animales adicionales, una casa o un campo a Dios. En estos casos, era posible donar dinero en lugar de una persona real, un animal o una propiedad. Algunas personas hacían votos impulsivos o poco realistas. A fin de instarlos a reflexionar antes de hacerlo, se imponía una penalidad del veinte por ciento a aquellas cosas que eran vueltas a comprar con dinero. Este capítulo explica cómo fijar valores y qué hacer si un donante luego deseaba volver a comprar aquello que había donado a Dios.

27.9, 10 Dios enseñó a los israelitas que cuando hacían un voto a Él, no debían retractarse de su promesa aun si resultaba más costosa de lo que esperaban. (Esto aplicaba a los animales; los humanos podían ser redimidos o comprados de nuevo.) Dios toma seriamente nuestras promesas. Si usted hizo un voto de dar el diez por ciento de su ingreso y repentinamente surgen algunas cuentas inesperadas, su fiel mayordomía será costosa. Sin embargo, Dios espera que usted cumpla con su promesa, aun cuando le sea difícil.

27.14-25 La propiedad inmobiliaria podía ser donada como ofrenda voluntaria de un modo que se asemeja a la forma en que hoy en día las personas dan propiedades por medio de un testamento o donan lo obtenido en la venta de una propiedad a la iglesia o a organizaciones cristianas.

27.29 Cosas dedicadas a ser destruidas se refieren a propiedades personales o a personas que estaban bajo la prohibición de Dios, tales como un botín capturado de adoradores de ídolos o de los ídolos mismos. Estas cosas debían ser destruidas y no podían ser rescatadas.

27.33 Muchos de los principios acerca de los sacrificios y de los diezmos tenían el propósito de motivar actitudes internas así como acciones externas. Si una persona daba de mala gana, mostraba que tenía un corazón mezquino. Dios quiere que seamos dadores alegres (2 Corintios 9.7) que demos con gratitud a Él.

27.34 El libro de Levítico está repleto de mandamientos que Dios dio a su pueblo al pie del monte Sinaí. De estos mandamientos podemos aprender mucho acerca de la naturaleza y el carácter de Dios. A primera vista, Levítico parece irrelevante para nuestro mundo altamente tecnificado. Pero si profundizamos un poco, nos damos cuenta que este libro nos sigue hablando hoy porque Dios no ha cambiado y sus principios son para todos los tiempos. Como la gente y la sociedad cambian, necesitamos buscar continuamente formas de aplicar los principios de la ley de Dios a nuestras circunstancias presentes. Dios era el mismo en Levítico como lo es hoy y lo será por siempre (Hebreos 13.8).


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 18 DE FEBRERO. Marcos 2

Capítulo 2

2.3 La necesidad del paralítico movió a sus amigos a la acción y lo llevaron a Jesús. ¿Actúa cuando reconoce la necesidad de alguien? Muchas personas tienen necesidades físicas y espirituales que usted puede suplir por usted mismo o junto con otros que también tienen compasión o interés en el caso. La necesidad humana movió a estos cuatro hombres. Deje que otras necesidades también le conduzcan a usted a una acción compasiva.

2.4 Las casas en los tiempos bíblicos se construían de piedra. Tenían techos planos hechos con barro mezclado con paja, y escaleras exteriores que conducían al techo. Estos amigos quizás llevaron al inválido por las escaleras exteriores hasta el techo. Allí, fácilmente, pudieron haber roto el techo de lodo y paja para bajar a su amigo hasta donde estaba Jesús.

2.5–7 En lugar de decirle al paralítico: «Estás sano», Jesús le dijo: «Tus pecados te son perdonados». Para los líderes judíos era una blasfemia pretender hacer algo que solo Dios podía hacer. De acuerdo a la Ley judía, este pecado merecía la muerte (Levítico 24.15, 16).
Los líderes religiosos entendieron muy bien que Jesús afirmaba que era el Mesías, pero el juicio que emitieron fue erróneo. Jesús no blasfemó, porque lo que dijo era cierto. Jesús es Dios y lo demostró sanando al paralítico (2.9–11).

2.10 Esta es la primera vez en Marcos que Jesús se refiere a sí mismo como el «Hijo del Hombre». El título Hijo del Hombre enfatiza que es totalmente hombre, mientras que Hijo de Dios (véase como ejemplo Juan 20.31) enfatiza que es totalmente Dios. Como Hijo de Dios, Jesús tiene la autoridad de perdonar pecados. Como hombre, puede identificarse con nuestras profundas necesidades y sufrimientos y ayudarnos a vencer el pecado.

2.14 Leví es otro nombre con el que se conoce al discípulo Mateo, el que escribió el Evangelio que lleva su nombre. Si desea más información acerca de Mateo, véase su perfil en Mateo 9.
2.14 Capernaum era un centro militar clave para las tropas romanas, así como una floreciente comunidad comercial. Varios caminos de importancia se cruzaban en Capernaum y por ellos pasaban los comerciantes que viajaban a Egipto, en el sur, o a Mesopotamia, en el norte.
Leví (Mateo) era un judío nombrado por los romanos para recolectar impuestos en aquella zona. Recaudaba no solo de los habitantes de la ciudad, sino también de los comerciantes que pasaban por la misma. El sistema establecía que estos funcionarios podían quedarse con un porcentaje de los impuestos que cobraban, pero se quedaban con mucho más, con lo que se enriquecían desmesuradamente. Los judíos odiaban a los cobradores de impuestos por su fama de estafadores y por estar al servicio de Roma. A los judíos les dolía pensar que parte del dinero recolectado era para financiar religiones y templos paganos.

2.14,15 El día que Leví se encontró con Jesús, organizó una reunión en su casa para presentarlo. No desperdició ni un minuto en empezar a testificar. Algunas personas creen que los nuevos creyentes deben esperar, madurar o recibir preparación antes de empezar a hablar de Cristo. Pero como Leví, los nuevos creyentes deben enseguida hablar a otros de su fe, sea cual fuere el conocimiento, los recursos o la experiencia que tengan.

2.16,17 «Esa chusma», decían los fariseos santurrones para describir a la gente con la que Jesús comía. Pero la asociación de Jesús con los pecadores obedecía a que los amaba y a que sabía que necesitaban lo que tenía que decirles. Le dedicó tiempo a quien necesitaba o quería escuchar su mensaje: pobres, ricos, malos, buenos. Nosotros también debemos ser amistosos con quienes necesitan a Cristo, aunque sean personas que no se vean como la mejor compañía. ¿Habrá personas ante cuya reputación usted se comporta con negligencia? Quizás esas personas sean las más necesitadas de ver y oír el mensaje del amor de Cristo en usted y a través de usted.

2.18ss Juan tenía dos propósitos: hacer que la gente se arrepintiera de sus pecados y prepararla para la venida de Cristo. Este fue un tiempo de seria reflexión que incluía ayuno, señal externa de humillación y pena por el pecado. El ayuno despoja al cuerpo de comida; el arrepentimiento despoja nuestra vida de pecado. Los discípulos de Jesús no necesitaban ayunar en preparación para su venida, porque Él estaba con ellos. Jesús, sin embargo, no condena el ayuno. Él mismo ayunó cuarenta días (Mateo 4.2). Pero enfatiza el ayuno con buen propósito. Los fariseos ayunaban dos veces a la semana para mostrar cuán santos eran. Jesús explicó que el que ayuna solamente para impresionar a otros lo hace por gusto.

2.19 Jesús se comparó a sí mismo con un esposo porque en el Antiguo Testamento el término equivalente a esposa se aplica a menudo a Israel y esposo a Dios que ama a Israel (Isaías 62.5; Mateo 25.1–14; Apocalipsis 21.2).

2.22 Un odre era una piel de cabra cocida por los bordes para formar una bolsa hermética. El vino nuevo, al fermentar con el tiempo, hace que el odre se estire. El vino nuevo, sin embargo, no puede ponerse en un odre estirado porque la piel demasiado rígida se rompe.
Los fariseos eran tan rígidos como aquellos viejos odres. No podían aceptar que la fe en Jesús no fuera restringida ni limitada a ideas o reglas de hombres. Nuestro corazón, al igual que un odre, se puede endurecer e impedir que aceptemos la nueva vida que Cristo nos ofrece. Mantengamos nuestros corazones abiertos y dóciles para aceptar la verdad del mensaje transformador de Jesús.

2.23 Jesús y sus discípulos no robaban cuando recogieron granos de trigo en aquel sembrado. Levítico 19.9, 10 y Deuteronomio 23.25 dicen que los agricultores judíos tenían que dejar sin segar las esquinas y los lados de las porciones de tierra que sembraron para que los viajeros y los pobres lo tomaran y comieran. Jesús, al caminar junto al sembrado, no violaba la propiedad privada, pues comía del trigo dejado para ese propósito.

2.24 La Ley de Dios decía que las cosechas no podían recogerse en el día de reposo (Éxodo 34.21). Esta Ley prevenía a los agricultores de codicia y les exigía no olvidarse de Dios en el día de reposo. También protegía a los cosechadores de que los sometieran a un exceso de trabajo.
Los fariseos creían que Jesús y sus discípulos, al arrancar las espigas y frotarlas en sus manos para limpiar el trigo, cosechaban. De ahí que acusaron a Jesús de quebrantar la Ley. Pero era evidente que Jesús y sus discípulos no arrancaban el trigo por lucro, sino que buscaban algo de comer. Los fariseos interpretaron tan obcecadamente la Ley, que pasaron por alto su verdadera intención.
2.24 Los dirigentes religiosos judíos estaban tan enredados en sus leyes que perdieron de vista lo que era bueno y correcto. En Marcos 3.4 Jesús enmarca que el día de reposo es para descansar y adorar, pero que eso no significa que no movamos un dedo para ayudar a otros. No dejemos que nuestro día de reposo llegue a ser un tiempo de egoísta indulgencia.

2.25,28 Jesús usó el ejemplo del rey David para señalar lo ridículas que eran las acusaciones de los fariseos. Jesús dijo que Dios estableció el día de reposo para nuestro beneficio, no para el suyo. Dios no se beneficia con que descansemos el día de reposo, pero al descansar y concentrarnos en Dios, nos recuperamos física y espiritualmente. Para los fariseos, las leyes sabáticas llegaron a ser más importantes que el propósito mismo del día de reposo. David y Jesús entendieron que la verdadera intención de la Ley de Dios es promover el amor a Dios y a los demás. No guardamos ciegamente una ley sin mirar con cuidado la razón de ser de tal ley. El espíritu de la ley es por lo general más importante que la letra.

2.26 Los «panes de la proposición» eran los que se ponían delante de Dios en el tabernáculo. Cada sábado, doce panes cocidos se colocaban sobre la mesa en el Lugar Santo. Después los sacerdotes comían los panes viejos. Si desea más información sobre los panes de la proposición, véanse Éxodo 25.30 y Levítico 24.5–9. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.


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