Jaime Anacona Cuellar

LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE FEBRERO. Levítico 24, 25,

Aceite para las lámparas

(Ex. 27.20–21)

24

1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente. 3Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo de reunión, las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová; es estatuto perpetuo por vuestras generaciones. 4Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová.

 El pan de la proposición

5Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa. 6Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová. 7Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda encendida a Jehová. 8Cada día de reposo* lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo. 9Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo.

 Castigo del blasfemo

10En aquel tiempo el hijo de una mujer israelita, el cual era hijo de un egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento. 11Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Moisés. Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan. 12Y lo pusieron en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová.

13Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 14Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. 15Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. 16Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera. 17Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte. 18El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal. 19Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho: 20rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él. 21El que hiere algún animal ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre, que muera. 22Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios. 23Y habló Moisés a los hijos de Israel, y ellos sacaron del campamento al blasfemo y lo apedrearon. Y los hijos de Israel hicieron según Jehová había mandado a Moisés.

 El año de reposo de la tierra y el año del jubileo

25

1Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. 3Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. 4Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. 5Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. 6Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; 7y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.

8Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años. 9Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra. 10Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia. 11El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos, 12porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.

13En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión. 14Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, o comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano. 15Conforme al número de los años después del jubileo comprarás de tu prójimo; conforme al número de los años de los frutos te venderá él a ti. 16Cuanto mayor fuere el número de los años, aumentarás el precio, y cuanto menor fuere el número, disminuirás el precio; porque según el número de las cosechas te venderá él. 17Y no engañe ninguno a su prójimo, sino temed a vuestro Dios; porque yo soy Jehová vuestro Dios.

18Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis ordenanzas, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros; 19y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con seguridad. 20Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí no hemos de sembrar, ni hemos de recoger nuestros frutos; 21entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres _____ 22Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo. 23La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo. 24Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión otorgaréis rescate a la tierra.

25Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido. 26Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y consiguiere lo suficiente para el rescate, 27entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión. 28Mas si no consiguiere lo suficiente para que se la devuelvan, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo saldrá, y él volverá a su posesión.

29El varón que vendiere casa de habitación en ciudad amurallada, tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la venta; un año será el término de poderse redimir. 30Y si no fuere rescatada dentro de un año entero, la casa que estuviere en la ciudad amurallada quedará para siempre en poder de aquel que la compró, y para sus descendientes; no saldrá en el jubileo. 31Mas las casas de las aldeas que no tienen muro alrededor serán estimadas como los terrenos del campo; podrán ser rescatadas, y saldrán en el jubileo. 32Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, éstos podrán rescatar en cualquier tiempo las casas en las ciudades de su posesión. 33Y el que comprare de los levitas saldrá de la casa vendida, o de la ciudad de su posesión, en el jubileo, por cuanto las casas de las ciudades de los levitas son la posesión de ellos entre los hijos de Israel. 34Mas la tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque es perpetua posesión de ellos.

35Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. 36No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. 37No le darás tu dinero a usura, ni tus víveres a ganancia. 38Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán, para ser vuestro Dios.

39Y cuando tu hermano empobreciere, estando contigo, y se vendiere a ti, no le harás servir como esclavo. 40Como criado, como extranjero estará contigo; hasta el año del jubileo te servirá. 41Entonces saldrá libre de tu casa; él y sus hijos consigo, y volverá a su familia, y a la posesión de sus padres se restituirá. 42Porque son mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto; no serán vendidos a manera de esclavos. 43No te enseñorearás de él con dureza, sino tendrás temor de tu Dios. 44Así tu esclavo como tu esclava que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. 45También podréis comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los cuales podréis tener por posesión. 46Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza.

47Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; 48después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará. 49O su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o un pariente cercano de su familia lo rescatará; o si sus medios alcanzaren, él mismo se rescatará. 50Hará la cuenta con el que lo compró, desde el año que se vendió a él hasta el año del jubileo; y ha de apreciarse el precio de su venta conforme al número de los años, y se contará el tiempo que estuvo con él conforme al tiempo de un criado asalariado. 51Si aún fueren muchos años, conforme a ellos devolverá para su rescate, del dinero por el cual se vendió. 52Y si quedare poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces hará un cálculo con él, y devolverá su rescate conforme a sus años. 53Como con el tomado a salario anualmente hará con él; no se enseñoreará en él con rigor delante de tus ojos. 54Y si no se rescatare en esos años, en el año del jubileo saldrá, él y sus hijos con él. 55Porque mis siervos son los hijos de Israel; son siervos míos, a los cuales saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE FEBRERO. Marcos 1: 23 – 45. 

23Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, 24diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 25Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! 26Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. 27Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? 28Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

 Jesús sana a la suegra de Pedro

(Mt. 8.14–15; Lc. 4.38–39)

29Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. 30Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. 31Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía.

 Muchos sanados al ponerse el sol

(Mt. 8.16–17; Lc. 4.40–41)

32Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; 33y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 34Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.

 Jesús recorre Galilea predicando

(Lc. 4.42–44)

35Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 36Y le buscó Simón, y los que con él estaban; 37y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. 38El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. 39Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

 Jesús sana a un leproso

(Mt. 8.1–4; Lc. 5.12–16)

40Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. 42Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. 43Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, 44y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes. Amen.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 17 DE FEBRERO. Levítico 24, 25,

Capítulo 24

24.13 El castigo de la blasfemia (maldecir a Dios) parece extremadamente severo según los parámetros modernos. Pero muestra cuán seriamente espera Dios que tomemos nuestra relación con Él. A menudo usamos su nombre en una maldición, o actuamos como si Él no existiese. Debemos cuidar nuestro modo de hablar y de actuar, tratando a Dios con reverencia. Finalmente, será Él quien tenga la última palabra.

24.17-22 Este era un código para jueces, no una ratificación de una venganza personal. En efecto, lo que decía era que el castigo debía ser acorde al delito, pero no debía ir más allá.

Capítulo 25

25.1-7 El año sabático brindaba un año de cada siete para descanso de la tierra (no se araba). Esto constituía una buena administración de los recursos naturales y recordaba al pueblo el control de Dios y su provisión para ellos.

25.8-17 El año del jubileo tenía que celebrarse cada cincuenta años. Incluía la cancelación de todas las deudas, la liberación de todos los esclavos y la devolución a sus dueños originales de todas las tierras que habían sido vendidas. No existe ningún indicio en la Biblia de que alguna vez se haya llevado a cabo el año del jubileo. Si Israel hubiera seguido esta práctica fielmente, habrían tenido una sociedad sin pobreza permanente.

25.23 Algún día, el pueblo poseería la tierra de Canaán, pero en el plan de Dios, sólo Dios era dueño absoluto. Quería que su pueblo evitara la avaricia y el materialismo. Si usted tiene la actitud de que su vida es propiedad de Dios y que únicamente está al cuidado de ella, entonces se hará más disponible a los demás. Pero será difícil si mantiene una actitud de dueño de su vida. Piense en sí mismo como un administrador de todo lo que está bajo su cuidado, no como un dueño.

25.35ss La Biblia hace mucho énfasis en la ayuda a los pobres y desamparados, especialmente a huérfanos, viudas e incapacitados. En la sociedad israelita, a las mujeres no se les pagaba por trabajar; así, una viuda y sus hijos no tenían cómo vivir. Tampoco había trabajo para los seriamente incapacitados en esta nación de granjeros y pastores. Se debía ayudar al pobre sin aplicarle ningún interés. La responsabilidad individual y de la familia por los pobre era crucial ya que no había ayuda por parte del gobierno.

25.35-37 Dios dijo que abandonar al pobre era pecado. En Israel no se permitía la pobreza permanente. Las familias financieramente solventes eran responsables de ayudar y amparar a los que estaban en necesidad. Muchas veces no hacemos nada, no por falta de compasión, sino porque nos encontramos abrumados por el tamaño del problema y no sabemos por dónde comenzar. Dios no espera que usted elimine la pobreza, ni tampoco que descuide a su familia para proveer para otros. Él espera, sin embargo, que cuando usted vea a alguien con necesidad lo ayude de la manera que pueda, incluyendo la hospitalidad.

25.44 ¿Por qué permitió Dios que los israelitas compraran esclavos? Bajo las leyes hebreas, los esclavos eran tratados de una forma diferente que en las otras naciones. Eran vistos como seres humanos con dignidad y no como animales. Los esclavos hebreos, por ejemplo, participaban en las fiestas religiosas y descansaban el sábado. En ninguna parte la Biblia condona la esclavitud, pero reconoce su existencia. Las leyes de Dios ofrecían muchas instrucciones sobre cómo tratar a los esclavos.

 

COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 17 DE FEBRERO. Marcos 1: 23 – 45.

1.23 Los demonios son espíritus de maldad bajo las órdenes de Satanás. Su trabajo es hacer pecar a la gente. Satanás no los creó, porque Dios es el Creador de todo; son ángeles caídos que se unieron a Satanás en su rebelión. En su estado de degeneración pueden hacer que una persona quede muda, sorda, ciega o demente. Pero siempre que se enfrentaron a Jesús, perdieron su poder. Dios pone límites a lo que hacen; no pueden hacer nada sin su permiso. Durante el tiempo en que Jesús vivió en la tierra, a los demonios se les permitió estar muy activos para demostrar de una vez y para siempre que Cristo tiene poder y autoridad sobre ellos.
1.23ss Para muchos sicólogos la posesión demoníaca es una forma primitiva de describir las enfermedades mentales. Sin embargo, está claro que un demonio era el que controlaba a este hombre. Marcos enfatiza las luchas contra el poder demoníaco para demostrar la superioridad de Jesús. Narra muchos relatos que muestran a Jesús echando fuera demonios. Jesús no tenía que realizar un elaborado ritual de exorcismo. Su palabra era suficiente para expulsar a los demonios.

1.23,24 Los demonios supieron enseguida que Jesús era el Hijo de Dios. Al incluir este hecho en su Evangelio, Marcos estableció las credenciales de Jesús, mostrando que hasta el mundo de las tinieblas lo reconocía como el Mesías.

1.29-31 Cada escritor de los Evangelios escribió desde una perspectiva un tanto diferente; por eso los relatos tienen detalles diferentes en cada Evangelio. En Mateo, Jesús tocó a la mujer. En Marcos, la ayudó a incorporarse. En Lucas, le habló a la fiebre que al instante la dejó. Pero no hay conflicto en los relatos. Cada escritor escogió enfatizar detalles diferentes del mismo caso con el propósito de resaltar ciertas características de Jesús.

1.32, 33 La gente se acercó a Jesús al atardecer cuando el sol se ponía. Era el día de reposo (1.21) que comenzaba con la puesta del sol del viernes y terminaba con la puesta del sol del sábado. Los líderes judíos decían que era contra la Ley sanar en el día de reposo (Mateo 12.10; Lucas 13.14). La gente no quería quebrantar esta Ley, ni la que prohibía viajar en el día de reposo. Por eso esperaron hasta el atardecer. Después de la puesta del sol, las multitudes se sintieron en libertad de buscar a Jesús para que los sanara.

1.34 ¿Por qué Jesús no quería que los demonios revelaran quién era? (1) Al mandar a los demonios que guardaran silencio, demostraba su autoridad y poder sobre ellos. (2) Jesús quería que la gente creyera en Él por sus palabras y hechos, no por lo que pudieran decir los demonios. (3) Jesús quería revelar su identidad como el Mesías según su propio programa y no conforme al de Satanás. Este quería que la gente siguiera a Jesús por su popularidad y no porque era el Hijo de Dios, el que podía liberarlos del pecado y su poder.

1.35 Jesús dedicaba tiempo a la oración. Buscar tiempo para orar no es fácil, aunque la oración es el vínculo vital entre nosotros y Dios. Como Jesús, debemos buscar tiempo para hablar con Dios, aunque eso signifique que tengamos que levantarnos antes que el día aclare.

1.39 Los romanos dividieron el territorio de Israel en tres regiones: Galilea, Samaria y Judea. Galilea estaba en la región más septentrional y tenía alrededor de 100 km de largo por unos 50 de ancho. Jesús pasó mucho tiempo de su ministerio en esta región, un lugar ideal para enseñar, sobre todo porque había más de 250 poblaciones y aldeas concentradas en esta pequeña región, con muchas sinagogas.

1.40, 41 Con relación a Levítico 13 y 14 los líderes judíos declararon que la lepra era inmunda. Esto quería decir que a los leprosos se les prohibía participar en toda actividad religiosa o social. Debido a que la Ley decía que cualquier persona se hacía inmunda por el contacto con un inmundo, algunos tiraban piedras a los leprosos para mantenerlos a distancia. Pero Jesús tocó a los leprosos.

El verdadero valor de una persona no es externo, sino interno. Aunque una persona esté enferma o deformada, en su interior no es menos valiosa ante Dios. Nadie es tan repugnante como para que Él no lo toque. En un sentido, todos somos leprosos porque nos ha deformado la fealdad del pecado. Pero Dios, al enviar a su Hijo Jesús, nos ha tocado para darnos la sanidad.

Cuando se sienta rechazado por alguien, deténgase y piense qué siente Dios por esa persona y por usted.

1.43, 44 Aunque la lepra era incurable, diversas clases de enfermedades de piel se clasificaron como «lepra». Según las leyes del Antiguo Testamento (Levítico 13; 14), cuando un leproso se curaba debía presentarse ante un sacerdote para ser examinado. Luego el leproso debía dar una ofrenda de gratitud en el templo. Jesús se ajustó a estas leyes al enviar al hombre al sacerdote, demostrando el total respeto que tenía por la Ley de Dios. Enviar el leproso sanado al sacerdote constituía una forma de verificar el gran milagro ante la comunidad. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.


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