LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 24 DE FEBRERO. Números 14, 15,
Los israelitas se rebelan contra Jehová
14
1Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. 2Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! 3¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?
4Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. 5Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel. 6Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, 7y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. 8Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. 9Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. 10Entonces toda la multitud habló de apedrearlos.
Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, 11y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? 12Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.
13Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; 14y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; 15y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: 16Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto. 17Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: 18Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. 19Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
Jehová castiga a Israel
(Dt. 1.34–40)
20Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. 21Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, 22todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, 23no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá. 24Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión. 25Ahora bien, el amalecita y el cananeo habitan en el valle; volveos mañana y salid al desierto, camino del Mar Rojo.
26Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 27¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? 28Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. 29En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. 30Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. 31Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. 32En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. 33Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. 34Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. 35Yo Jehová he hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán.
Muerte de los diez espías malvados
36Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país, 37aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová. 38Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a reconocer la tierra.
La derrota en Horma
(Dt. 1.41–46)
39Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho. 40Y se levantaron por la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado. 41Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. 42No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos. 43Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros. 44Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento. 45Y descendieron el amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, y los hirieron y los derrotaron, persiguiéndolos hasta Horma.
Leyes sobre las ofrendas
15
1Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación que yo os doy, 3y hagáis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio, por especial voto, o de vuestra voluntad, o para ofrecer en vuestras fiestas solemnes olor grato a Jehová, de vacas o de ovejas; 4entonces el que presente su ofrenda a Jehová traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite. 5De vino para la libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del holocausto o del sacrificio, por cada cordero. 6Por cada carnero harás ofrenda de dos décimas de flor de harina, amasada con la tercera parte de un hin de aceite; 7y de vino para la libación ofrecerás la tercera parte de un hin, en olor grato a Jehová. 8Cuando ofrecieres novillo en holocausto o sacrificio, por especial voto, o de paz a Jehová, 9ofrecerás con el novillo una ofrenda de tres décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite; 10y de vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
11Así se hará con cada buey, o carnero, o cordero de las ovejas, o cabrito. 12Conforme al número así haréis con cada uno, según el número de ellos. 13Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor grato a Jehová. 14Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras generaciones, si hiciere ofrenda encendida de olor grato a Jehová, como vosotros hiciereis, así hará él. 15Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de Jehová. 16Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora.
17También habló Jehová a Moisés, diciendo: 18Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra a la cual yo os llevo, 19cuando comencéis a comer del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda a Jehová. 20De lo primero que amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis. 21De las primicias de vuestra masa daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones. 22Y cuando errareis, y no hiciereis todos estos mandamientos que Jehová ha dicho a Moisés, 23todas las cosas que Jehová os ha mandado por medio de Moisés, desde el día que Jehová lo mandó, y en adelante por vuestras edades, 24si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto en olor grato a Jehová, con su ofrenda y su libación conforme a la ley, y un macho cabrío en expiación. 25Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque yerro es; y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová por sus yerros. 26Y será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que mora entre ellos, por cuanto es yerro de todo el pueblo.
27Si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de un año para expiación. 28Y el sacerdote hará expiación por la persona que haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de Jehová, la reconciliará, y le será perdonado. 29El nacido entre los hijos de Israel, y el extranjero que habitare entre ellos, una misma ley tendréis para el que hiciere algo por yerro. 30Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo. 31Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y menospreció su mandamiento, enteramente será cortada esa persona; su iniquidad caerá sobre ella.
Lapidación de un violador del día de reposo
32Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo.* 33Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; 34y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. 35Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. 36Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.
Franjas en los vestidos
37Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 38Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. 39Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis. 40Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. 41Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 24 DE FEBRERO. Marcos 6: 1 - 44
Jesús en Nazaret
(Mt. 13.53–58; Lc. 4.16–30)
6
1Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. 2Y llegado el día de reposo,* comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? 3¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. 4Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.
Misión de los doce discípulos
(Mt. 10.5–15; Lc. 9.1–6)
7Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. 8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, 9sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 10Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. 11Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. 12Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.
Muerte de Juan el Bautista
(Mt. 14.1–12; Lc. 9.7–9)
14Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. 15Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas. 16Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos. 17Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. 18Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; 20porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana. 21Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea, 22entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré. 23Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino. 24Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista. 25Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista. 26Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla. 27Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Juan. 28El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. 29Cuando oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.
Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13–21; Lc. 9.10–17; Jn. 6.1–14)
30Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. 32Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. 33Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. 34Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 35Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. 36Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. 37Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 38El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. 40Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. 42Y comieron todos, y se saciaron. 43Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. 44Y los que comieron eran cinco mil hombres. Amen. Feliz día.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 24 DE FEBRERO. Números 14, 15,
Capítulo 14
14.1-4 Cuando se levantó el coro de desesperación, todo el mundo se le unió. El mayor temor de ellos se estaba haciendo realidad. Al perder su perspectiva, el pueblo se vio atrapado en la emoción del momento, y se olvidó de lo que conocían acerca del carácter de Dios. ¿Qué hubiera pasado si el pueblo hubiera gastado la misma energía para marchar hacia adelante que la que usaron para retirarse? Hubieran conquistado la tierra prometida en mucho menos tiempo y con menos esfuerzo. Cuando un grito de desesperación surge a su alrededor, tome en cuenta el panorama total antes de unírsele. Quizá haya cosas mejores en las que pueda utilizar su energía en lugar de quejarse.
14.5-9 Con grandes milagros, liberó de la esclavitud a los israelitas, a través del desierto desolado y hasta el mismo límite de la tierra prometida. Él los protegió, los alimentó, y cumplió todas sus promesas. Y así cuando los alentó para que dieran el último paso de fe y entraran en la tierra, el pueblo rehusó. Después de ser testigos de grandes milagros, ¿por qué dejaron de confiar en Dios? ¿Por qué se negaron a entrar en recordamos todo lo que Él ha hecho por nosotros.
14.6 El romperse las vestiduras era un modo habitual de demostrar profunda congoja, pena o desesperanza. Josué y Caleb estaban sumamente afligidos ante la negativa del pueblo a entrar a la tierra.
14.6-10 Dos hombres sabios, Josué y Caleb, alentaron al pueblo a actuar de acuerdo con la promesa de Dios y seguir adelante y entrar a la tierra. El pueblo rechazó su consejo e incluso habló de matarlos. No sea demasiado apresurado en rechazar el consejo que no le agrada. Haga una cuidadosa evaluación y compárelo con las enseñanzas contenidas en la Palabra de Dios. El consejo podría ser un mensaje de Dios.
14.17–20 Moisés clamó a Dios, pidiéndole que perdonara a su pueblo. Su oración revela muchas características de Dios: (1) Dios es inmensamente paciente; (2) El amor de Dios es algo con lo que siempre podemos contar; (3) Dios perdona una y otra vez; y (4) Dios es misericordioso, escucha y contesta nuestras peticiones. Dios no ha cambiado desde los días de Moisés. Al igual que Moisés, podemos confiar en el amor, la paciencia, el perdón y la misericordia de Dios.
14.20–23 El pueblo de Israel tenía una visión más clara de Dios que cualquier otro pueblo antes de él, ya que tenían tanto sus leyes como su presencia física. Su negativa a seguir a Dios después de haber presenciado sus hechos milagrosos y haber escuchado su Palabra hizo que el juicio en contra de ellos fuera más severo. Una oportunidad mayor, acarrea una responsabilidad mayor. Como dijo Jesús: «A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá» (Lucas 12.48). Cuánto mayor será nuestra responsabilidad de obedecer y servir a Dios, por tener toda la Biblia y conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios.
14.22 Dios no estaba exagerando cuando dijo que los israelitas habían dejado de confiar en Él y no lo obedecieron. Aquí tenemos una lista de diez ocasiones: (1) falta de fe al cruzar el Mar Rojo (Éxodo 14.11, 12); (2) al quejarse por el agua amarga en Mara (Éxodo 15.24); (3) al quejarse en el desierto de Sin (Éxodo 16.3); (4) al recolectar más de la cuota diaria de maná (Éxodo 16.20); (5) al recolectar maná en el día de reposo (Éxodo 16.27–29); (6) al quejarse por la falta de agua en Refidim (Éxodo 17.2, 3); (7) al cometer idolatría con el becerro de oro (Éxodo 32.7–10); (8) al quejarse en Tabera (Números 11.1, 2); (9) al seguirse quejando por la falta de comida deliciosa (Números 11.4); (10) al no confiar en Dios y entrar en la tierra prometida (Números 14.1–4).
14.24 El cumplimiento de este versículo se encuentra registrado en Josué 14.6–15, cuando Caleb recibe su herencia en la tierra prometida. Caleb siguió al Señor con todo su corazón y fue recompensado por su obediencia. ¿Es usted sincero en el cumplimiento de su compromiso con Dios?
14.34 El juicio de Dios llegó en la forma que más temía el pueblo. El pueblo tenía miedo de morir en el desierto, así que Dios lo castigó al hacerlo vagar en el desierto hasta que muriera. Ahora deseaban tener el problema de enfrentarse con los gigantes y con las ciudades fortificadas de la tierra prometida. Cuando no confiamos en Dios acarreamos problemas aún mayores que los que teníamos al principio. Cuando nos escapamos de Dios, inevitablemente nos metemos en problemas.
14.35 ¿Acaso fue este castigo —vagar en el desierto durante cuarenta años— demasiado duro? No tiene comparación con la muerte instantánea con la que Dios los había amenazado (14.12). En lugar de ello, Dios permitió que el pueblo viviera. Dios había traído a su pueblo a los límites con la tierra prometida, tal y como Él dijo que lo haría. Él estaba listo para darles la magnífica tierra, pero el pueblo no la quería (14.1, 2). Para este tiempo, Dios había tolerado mucho. Por lo menos diez veces el pueblo se había negado a confiar en Él y a obedecerlo (14.22). La nación entera (excepto Josué, Caleb, Moisés y Aarón) mostró desprecio y desconfianza en Dios. Pero el castigo de Dios no fue permanente. En cuarenta años, una nueva generación tendría la oportunidad de entrar (Josué 1–3).
14.40-44 Cuando los israelitas se percataron de su tonto error, estuvieron listos repentinamente a regresar a Dios. Pero Dios no confundió la aceptación de su culpabilidad con un verdadero arrepentimiento, ya que Él conocía sus corazones. De seguro, pronto volverían a su propio camino otra vez. Algunas veces las buenas acciones o intenciones llegan demasiado tarde. Debemos no sólo hacer las cosas bien; las debemos hacer en el momento correcto. La clase de obediencia que Dios desea es completa e instantánea.
Capítulo 15
15.30, 31 Dios estaba dispuesto a perdonar a aquellos que hubieran cometido errores no intencionales si se daban cuenta de sus errores rápidamente y los corregían. Sin embargo, los que pecaban deliberadamente recibían un juicio más severo. El pecado intencional surge de una actitud impropia hacia Dios. Un niño que conscientemente desobedece a sus padres está retando su autoridad y los obliga a responder. En este caso se tiene que trabajar tanto con la actitud como con la acción.
15.32-36 El apedreamiento de un hombre por recoger leña en el día de reposo parece un castigo severo, y lo fue. Este acto fue un pecado deliberado, desafiando la ley de Dios que prohibía trabajar en el día de reposo. Quizás el hombre intentaba adelantarse a todos los demás, además de quebrantar el día de reposo.
15.39 La idolatría está enfocada en uno mismo, concentrándose en lo que una persona puede obtener al servir a un ídolo. Se esperaba que los dioses proporcionaran buena suerte, prosperidad, larga vida y éxito en la batalla. Así también como el poder y el prestigio. La adoración a Dios es lo opuesto. Los creyentes deberán ser desprendidos y no egocéntricos. En lugar de esperar que Dios nos sirva, tenemos que servirlo a Él, y no esperar algo en recompensa. Servimos a Dios por lo que Él es, no por lo que podamos obtener.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 24 DE FEBRERO. Marcos 6: 1 - 32
Capítulo 6
6.2,3 Aunque Jesús enseñaba con eficiencia y sabiduría, la gente de su pueblo lo veía simplemente como un carpintero. «Él no es mejor que nosotros; solo es un humilde obrero», decían. Se ofendían al ver que impresionaba a los demás y lo seguían. Rechazaban su autoridad porque era uno de ellos. Creían conocerlo, pero sus nociones preconcebidas no les permitían aceptar su mensaje. No permita que los prejuicios le cieguen ante la verdad. Trate de ver, en Jesús, lo que es.
6.4 Jesús dijo que un profeta (o sea, un siervo de Dios) nunca recibe honra en su propia tierra. Pero eso no hace su trabajo menos importante. Una persona no necesita que le reconozcan ni honren para ser útil a Dios. Si sus amigos, vecinos o familiares no aprecian su trabajo cristiano, no deje que su actitud afecte su servicio a Dios.
6.5 Jesús pudo haber hecho grandes milagros en Nazaret, pero no quiso hacerlos por el orgullo y la incredulidad del pueblo. Los milagros que hizo tuvo muy poco efecto en la gente porque no quería aceptar su mensaje ni creer que vino de Dios. De ahí que buscó en otra parte personas que respondieran a sus milagros y a su mensaje.
6.7 Los discípulos se enviaron en parejas. De haberlo hecho en forma individual, habrían llegado a más lugares, pero ese no era el plan de Cristo. Una ventaja en ir de dos en dos era que podían darse ánimo y apoyo, sobre todo al enfrentar el rechazo. Nuestras fuerzas vienen de Dios, pero Él suple muchas de nuestras necesidades a través del trabajo colectivo. Como servidor suyo, no trate de caminar solo.
6.8,9 Marcos destaca que a los discípulos se les instruyó de no llevar nada, excepto bordón, mientras que Mateo y Lucas relatan que Jesús les dijo que no llevaran bordón. Quizás Mateo y Lucas se referían a un garrote que podían usar como arma de defensa, en tanto que Marcos hablaba de una vara de pastor. En cualquier caso, el punto en los tres relatos es el mismo: los discípulos iban a salir al mismo tiempo, sin mucha preparación, confiando en el cuidado de Dios en vez de sus propios recursos.
6.11 Los judíos piadosos sacudían el polvo de sus pies después de pasar por ciudades o territorios gentiles, en señal de rechazo a las influencias y prácticas gentiles. Cuando los discípulos sacudían el polvo de sus pies al salir de una ciudad judía, daban una vívida señal de que el pueblo rechazaba a Jesús y su mensaje. Jesús aclaró que el pueblo era responsable de la forma en que respondía al evangelio. Los discípulos no serían culpados si la gente rechazaba el mensaje, siempre que lo presentaran con fidelidad y esmero. Nosotros no tenemos la culpa de que alguien rechace el mensaje de salvación de Cristo, pero tenemos el deber de proclamarlo con fidelidad.
6.14, 15 Herodes, como muchos otros, deseaba saber quién era Jesús. Incapaces de aceptar la declaración de Jesús de que era el Hijo de Dios, muchas personas elaboraban explicaciones de su poder y autoridad. Herodes pensaba que Jesús era Juan el Bautista resucitado, en tanto que los que conocían el Antiguo Testamento creían que se trataba de Elías (Malaquías 4.5). Otros incluso creían que era un profeta, maestro en la tradición de Moisés, Isaías o Jeremías. Todavía hoy la gente tiene que definirse en cuanto a Jesús. Algunos piensan que si pueden decir lo que Él es: profeta, maestro, buen hombre, logran disminuir el poder de su demanda sobre sus vidas. Pero lo que piensen no cambia lo que Jesús es.
6.17-19 Palestina estaba dividida en cuatro regiones, cada una gobernada por un «tetrarca». Herodes Antipas, llamado rey Herodes en los Evangelios, era gobernador de Galilea; su hermano Felipe gobernaba en Traconite e Idumea. La esposa de Felipe era Herodías, pero lo dejó para casarse con Herodes Antipas. Cuando Juan los confrontó a los dos por cometer adulterio, Herodías planeó matarlo. En lugar de dejar su pecado, trató de desembarazarse de aquel que sacó aquello a la luz pública. Era exactamente lo que los líderes religiosos trataban de hacer con Jesús.
6.20 Herodes arrestó a Juan el Bautista bajo presión de su esposa ilegítima y sus asesores. Aunque admiraba la integridad de Juan, al final terminó ordenando su muerte. Sus amigos y familiares pudieron más. Lo que hacemos bajo presión a menudo demuestra lo que somos.
6.22,23 En su condición de tetrarca bajo la autoridad romana, Herodes no tenía reino que dar. Su oferta de la mitad de su reino fue su manera de decir que daría a la hija de Herodías casi cualquier cosa que pidiera. Cuando frente a sus invitados Herodías pidió la cabeza de Juan el Bautista, hubiera sido muy vergonzoso para Herodes no complacerla. Las palabras comprometen. Como las palabras nos pueden conducir a cometer grandes pecados, debemos ser muy cuidadosos al usarlas.
6.30 Marcos usa la palabra apóstoles una sola vez (3.14). Apóstol significa «enviado» como mensajero o misionero. La palabra llegó a ser título oficial de los discípulos después de la muerte y resurrección de Jesús (Hechos 1.25, 26; Efesios 2.20).
6.31 Cuando los discípulos regresaron de su misión, Jesús se fue a descansar. Llevar a cabo la obra del Señor es muy importante, pero Jesús reconocía que hacer una obra eficaz para Dios requiere descanso y recuperación de las fuerzas. ¡Pero a Jesús y sus discípulos no siempre les fue fácil descansar cuando lo necesitaban!
6.34 La multitud se veía muy desvalida, como ovejas sin pastor. Es muy fácil dispersar las ovejas; sin un pastor las ovejas están en serio peligro. Jesús sabía que Él era el Pastor que debía enseñarles todo lo que necesitaban saber y cuidarlas para que no se extraviaran de Dios. Véanse Salmo 23; Isaías 40.11 y Ezequiel 34.5ss, donde se hacen descripciones del Buen Pastor.
6.37 En este capítulo vemos cómo muchas personas examinan la vida y el ministerio de Jesús: sus vecinos y su familia, el rey Herodes y los discípulos. Pero ninguno lo aprecia por lo que Él realmente es. Los discípulos siguen ponderándolo, aún turbados, aún incrédulos. No se dan cuenta que Jesús puede darles el sustento. Están tan preocupados con la imposibilidad de la tarea, que no pueden ver lo posible. ¿Permite que lo que parece imposible en el cristianismo le impida creer en lo posible?
6.37-42 Jesús pidió a sus discípulos que buscaran comida para más de cinco mil personas. Ellos preguntaron asombrados si iban y buscaban doscientos denarios de pan. ¿Cómo reaccionamos cuando se nos encomienda una tarea imposible? Una situación imposible para los humanos es simplemente una oportunidad para Dios. Los discípulos hicieron lo que pudieron: recolectaron la comida disponible y organizaron a la gente en grupos. Luego, en respuesta a la oración, Dios hizo lo imposible. Cuando enfrente una tarea igualmente difícil, haga lo que está en sus posibilidades y pida a Dios que haga lo demás. Él puede hacer que suceda lo imposible. Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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