Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 13 DE SEPTIEMBRE, PROVERBIOS 23,24 

23

1 Cuando te sientes a comer con algún señor,

Considera bien lo que está delante de ti,

2 Y pon cuchillo a tu garganta,

Si tienes gran apetito.

3 No codicies sus manjares delicados,

Porque es pan engañoso.

4 No te afanes por hacerte rico;

Sé prudente, y desiste.

5 ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas?

Porque se harán alas

Como alas de águila, y volarán al cielo.

6 No comas pan con el avaro,

Ni codicies sus manjares;

7 Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.

Come y bebe, te dirá;

Mas su corazón no está contigo.

8 Vomitarás la parte que comiste,

Y perderás tus suaves palabras.

9 No hables a oídos del necio,

Porque menospreciará la prudencia de tus razones.

10 No traspases el lindero antiguo,

Ni entres en la heredad de los huérfanos;

11 Porque el defensor de ellos es el Fuerte,

El cual juzgará la causa de ellos contra ti.

12 Aplica tu corazón a la enseñanza,

Y tus oídos a las palabras de sabiduría.

13 No rehúses corregir al muchacho;

Porque si lo castigas con vara, no morirá.

14 Lo castigarás con vara,

Y librarás su alma del Seol.

15 Hijo mío, si tu corazón fuere sabio,

También a mí se me alegrará el corazón;

16 Mis entrañas también se alegrarán

Cuando tus labios hablaren cosas rectas.

17 No tenga tu corazón envidia de los pecadores,

Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo;

18 Porque ciertamente hay fin,

Y tu esperanza no será cortada.

19 Oye, hijo mío, y sé sabio,

Y endereza tu corazón al camino.

20 No estés con los bebedores de vino,

Ni con los comedores de carne;

21 Porque el bebedor y el comilón empobrecerán,

Y el sueño hará vestir vestidos rotos.

22 Oye a tu padre, a aquel que te engendró;

Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.

23 Compra la verdad, y no la vendas;

La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.

24 Mucho se alegrará el padre del justo,

Y el que engendra sabio se gozará con él.

25 Alégrense tu padre y tu madre,

Y gócese la que te dio a luz.

26 Dame, hijo mío, tu corazón,

Y miren tus ojos por mis caminos.

27 Porque abismo profundo es la ramera,

Y pozo angosto la extraña.

28 También ella, como robador, acecha,

Y multiplica entre los hombres los prevaricadores.

29 ¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas?

¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde?

¿Para quién lo amoratado de los ojos?

30 Para los que se detienen mucho en el vino,

Para los que van buscando la mistura.

31 No mires al vino cuando rojea,

Cuando resplandece su color en la copa.

Se entra suavemente;

32 Mas al fin como serpiente morderá,

Y como áspid dará dolor.

33 Tus ojos mirarán cosas extrañas,

Y tu corazón hablará perversidades.

34 Serás como el que yace en medio del mar,

O como el que está en la punta de un mastelero.

35 Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió;

Me azotaron, mas no lo sentí;

Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.

24

1 No tengas envidia de los hombres malos,

Ni desees estar con ellos;

2 Porque su corazón piensa en robar,

E iniquidad hablan sus labios.

3 Con sabiduría se edificará la casa,

Y con prudencia se afirmará;

4 Y con ciencia se llenarán las cámaras

De todo bien preciado y agradable.

5 El hombre sabio es fuerte,

Y de pujante vigor el hombre docto.

6 Porque con ingenio harás la guerra,

Y en la multitud de consejeros está la victoria.

7 Alta está para el insensato la sabiduría;

En la puerta no abrirá él su boca.

8 Al que piensa hacer el mal,

Le llamarán hombre de malos pensamientos.

9 El pensamiento del necio es pecado,

Y abominación a los hombres el escarnecedor.

10 Si fueres flojo en el día de trabajo,

Tu fuerza será reducida.

11 Libra a los que son llevados a la muerte;

Salva a los que están en peligro de muerte.

12 Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos,

¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?

El que mira por tu alma, él lo conocerá,

Y dará al hombre según sus obras.

13 Come, hijo mío, de la miel, porque es buena,

Y el panal es dulce a tu paladar.

14 Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría;

Si la hallares tendrás recompensa,

Y al fin tu esperanza no será cortada.

15 Oh impío, no aceches la tienda del justo,

No saquees su cámara;

16 Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse;

Mas los impíos caerán en el mal.

17 Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes,

Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón;

18 No sea que Jehová lo mire, y le desagrade,

Y aparte de sobre él su enojo.

19 No te entremetas con los malignos,

Ni tengas envidia de los impíos;

20 Porque para el malo no habrá buen fin,

Y la lámpara de los impíos será apagada.

21 Teme a Jehová, hijo mío, y al rey;

No te entremetas con los veleidosos;

22 Porque su quebrantamiento vendrá de repente;

Y el quebrantamiento de ambos,

¿quién lo comprende?

23También estos son dichos de los sabios:

Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno.

24 El que dijere al malo: Justo eres,

Los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones;

25 Mas los que lo reprendieren tendrán felicidad,

Y sobre ellos vendrá gran bendición.

26 Besados serán los labios

Del que responde palabras rectas.

27 Prepara tus labores fuera,

Y disponlas en tus campos,

Y después edificarás tu casa.

28 No seas sin causa testigo contra tu prójimo,

Y no lisonjees con tus labios.

29 No digas: Como me hizo, así le haré;

Daré el pago al hombre según su obra.

30 Pasé junto al campo del hombre perezoso,

Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento;

31 Y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos,

Ortigas habían ya cubierto su faz,

Y su cerca de piedra estaba ya destruida.

32 Miré, y lo puse en mi corazón;

Lo vi, y tomé consejo.

33 Un poco de sueño, cabeceando otro poco,

Poniendo mano sobre mano otro poco para dormir;

34 Así vendrá como caminante tu necesidad,

Y tu pobreza como hombre armado. Amen.

 

LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 13 DE SEPTIEMBRE, 2°Corintios 5 

5

1Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7(porque por fe andamos, no por vista); 8pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. 9Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. 10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

 El ministerio de la reconciliación

11Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. 12No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. 13Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. 14Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Amen. Rv.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 13 DE SEPTIEMBRE, PROVERBIOS 23,24 

Capítulo 23

23.1-3 El punto central de este proverbio es que debemos tener cuidado cuando comamos con una persona importante o influyente porque esta puede tratar de sobornarnos. Nada bueno saldrá de esa comida.

23.4, 5 Todos hemos escuchado de gente que ha ganado millones de dólares y luego lo ha perdido todo. Hasta la persona promedio puede gastar una herencia, o un cheque, a la velocidad de un relámpago y tener muy poco que mostrar por ello. No desperdicie su tiempo persiguiendo tesoros terrenales efímeros. Por el contrario, acumule tesoros en el cielo, ya que los tales nunca se perderán. (Véase en Lucas 12.33, 34 la enseñanza de Jesús.)

23.6-8 En un lenguaje gráfico, el escritor nos advierte que no debemos envidiar el estilo de vida de los que se han enriquecido mediante tacañería y miseria, ni ganar su favor adulándolos. Su amistad es falsa. Solo lo usarán para su propio beneficio.

23.10, 11 El término defensor o redentor se refiere a alguien que tiene que volver a comprar a un pariente que ha caído en la esclavitud o aceptar la obligación de casarse con la viuda de un miembro de la familia (Rut 4.3–10). También a Dios se le llama Redentor (Éxodo 6.6; Job 19.25), pues libera a su pueblo de la esclavitud del pecado. (Si desea más información sobre los límites de la propiedad, véase la nota a 22.28.)

23.12 La mayoría de los que desean obtener la sabiduría son los que están dispuestos a oír. Escuchar a otros es señal de sabiduría, no de debilidad. La gente dispuesta a escuchar sigue aprendiendo y creciendo a través de su vida. Si rechazamos encerrarnos en nuestros esquemas, siempre lograremos expandir los límites de nuestro conocimiento.

23.13, 14 El tono sombrío de la disciplina aquí se compensa por el afecto expresado en el versículo 15. Sin embargo, muchos padres son totalmente reacios a disciplinar a sus hijos. Algunos temen dañar la relación, que sus hijos se resientan con ellos o que frenen el desarrollo de los mismos. Sin embargo, la corrección no matará a sus hijos, sino los previene de imprudencias que sí los pueden matar.

23.17,18 Cuán fácil es envidiar a los que nos aventajan libres de toda responsabilidad cristiana o de las leyes de Dios. A veces pareciera que llevan la delantera sin prestar atención a lo que Dios quiere. Pero a los que le siguen, Dios les promete esperanza y un maravilloso futuro aunque no lo obtengamos en esta vida.

23.29–35 Israel era un país productor de vino. En el Antiguo Testamento, los lagares desbordando de vino nuevo se les consideraba una señal de bendición (3.10). Hasta de la sabiduría se ha dicho que ha puesto vino sobre su mesa (9.2, 5). Pero los escritores del Antiguo Testamento estaban alertados acerca de los peligros del vino. Deteriora los sentidos, limita el juicio cabal (31.1–9), disminuye la capacidad de control (4.17), destruye la eficiencia de una persona (21.17). Hacer del vino un fin en sí mismo, un medio de autoindulgencia o un escape de la vida es usarlo mal y promover las consecuencias de la borrachera.

Capítulo 24

24.5 El atleta que piensa las cosas, quien evalúa la situación y planea las estrategias, aventaja a su oponente físicamente más fuerte pero que no piensa. Y la sabiduría, no los músculos, es lo que sin dudas colocó al hombre a cargo del reino animal. Para tener un cuerpo fuerte hacemos ejercicios con regularidad y comemos bien. ¿Sufrimos lo mismo para desarrollar la sabiduría? Debido a que la sabiduría es parte vital de la fuerza, vale la pena alcanzarla.

24.6 En cualquier decisión fundamental relacionada con los estudios, el matrimonio, la profesión, los hijos, etc., no es un signo de debilidad pedir consejo. Se muestra necedad al no pedirlo. Busque buenos consejeros antes de tomar una gran decisión. Ellos les podrán ayudar a ver otras posibilidades y evaluar su elección.

24.8 Pensar hacer el mal puede ser tan perverso como hacerlo, ya que lo que piense determinará su acción. Si no se supervisan, los malos deseos nos conducirán a pecar. Dios quiere vidas puras, libres de pecado y pensar en el mal destruye la pureza aun cuando no se efectúe la mala acción. Quizás diga: «Entonces, ¿mejor continúo y lo hago porque ya lo pensé?» No. Usted ha pecado con su actitud, pero aún no ha dañado a otros. Deténgase en su camino y pida a Dios que lo perdone y le cambie el rumbo.

24.17, 18 El rey David, padre de Salomón, se negó a mirar con satisfacción maligna la muerte de Saúl, su enemigo de toda la vida (véase 2 Samuel 1). Por otro lado, la nación de Edom se regocijó cuando derrotaron a Israel y Dios la castigó (Abdías 12). Sentir satisfacción con la desdicha de otros es vengarse y colocarse en el papel de Dios, quien es el único Juez verdadero de toda la tierra (véase Deuteronomio 32.35).

24.26 Un beso en los labios era muestra de verdadera amistad. La gente a menudo piensa que su deber es torcer la verdad para no herir a un amigo. Pero el que da una respuesta sincera es un verdadero amigo.

24.27 Debemos hacer las cosas en el orden apropiado. Si un agricultor construye su casa en la primavera, pierde la temporada de plantar y se pasa un año sin alimentos. Si un hombre de negocios invierte su dinero en una casa mientras su negocio lucha por crecer, puede perder ambos. Es posible trabajar duro y aun así perderlo todo si el tiempo es inapropiado o si los recursos para llevarlo a cabo no están en su debido lugar.

24.29 Esta es la versión al revés de la Regla de Oro (véase Lucas 6.31). La venganza es la forma de actuar del mundo, pero no es la de Dios.


COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 13 DE SEPTIEMBRE, 2°Corintios 5 

Capítulo 5

5.1-10 Pablo contrasta nuestro cuerpos terrenales («morada terrestre») y nuestra resurrección futura del cuerpo («un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos»). Pablo afirma con claridad que nuestros cuerpos mortales nos hacen gemir, pero cuando muramos no seremos espíritus sin cuerpo («seremos hallados vestidos, no desnudos»). Tendremos nuevos cuerpos que serán perfectos para nuestra vida eterna.

Pablo escribió esto porque la iglesia de Corinto estaba en el corazón de la cultura griega y muchos creyentes tenían dificultad con el concepto de la resurrección del cuerpo. Los griegos no creían en la resurrección corporal. La mayoría consideraba la vida venidera como algo relacionado sólo con el alma, la persona real, presa en un cuerpo físico. Creían que al morir el alma quedaba libre, no había inmortalidad para el cuerpo, en cambio el alma entraba en un estado eterno. Pero la Biblia enseña que el cuerpo y el alma finalmente son inseparables.

Pablo describe nuestros cuerpos resucitados con mayores detalles en 1 Corintios 15.46–58. Tendremos todavía nuestras personalidades e individualidades en nuestros cuerpos resucitados, pero serán mejoradas mucho más de lo que podemos imaginar, por medio de Cristo y su obra. Las Escrituras no dan muchos detalles en relación de cómo serán nuestros cuerpos resucitados, pero lo que sí sabemos es que serán perfectos, sin enfermedades, epidemias o dolor (véanse Filipenses 3.21; Apocalipsis 21.4).

5.5 El Espíritu Santo en nosotros es nuestra garantía de lo que Dios nos tiene reservado, un cuerpo revestido y eterno, que nos dará al resucitar (1.22). ¡Tenemos eternidad en nosotros mismos ahora! Esta esperanza debiera darnos un gran estímulo y paciencia para enfrentar todo lo que debamos experimentar.

5.6-8 Pablo no temía morir porque estaba seguro de que pasaría la eternidad con Cristo. Naturalmente, enfrentar lo desconocido origina ansiedad y dejar partir a los seres queridos duele profundamente, pero si creemos en Jesucristo podemos poseer la misma esperanza de Pablo de que tenemos vida eterna con Cristo.

5.8 Para aquellos que creen en Cristo, la muerte sólo es el preludio a una vida eterna con Dios. Nuestras vidas continuarán. Deje que esta esperanza le dé confianza y lo inspire para cumplir un servicio fiel.

5.9, 10 Si bien la vida eterna es un don gratuito basado en la gracia de Dios (Efesios 2.8, 9), cada uno de nosotros será juzgado por Cristo. Este juicio nos recompensará por la forma en que hayamos vivido. El don de la gracia de Dios en la salvación no nos libra de la fiel obediencia. Todos los cristianos deben rendir cuentas por la forma en que vivieron (véanse Mateo 16.27; Romanos 14.10–12; 1 Corintios 3.10–15).

5.12 «Los que se glorían en las apariencias y no en el corazón» son los falsos maestros (véase 2.17), los que se preocupaban sólo por salir airosos en este mundo. Predicaban el evangelio por dinero y popularidad, mientras que Pablo y sus colaboradores predicaban preocupados en la eternidad. Usted puede deducir quién es un falso maestro, al descubrir sus verdaderas motivaciones. Si están más preocupados en sí mismos que en Cristo, evítelos y evite su mensaje.

5.13-15 Todo lo que Pablo y sus colaboradores hicieron fue para honrar a Dios. El amor de Cristo controlaba sus vidas. Y como Cristo murió por nosotros, nosotros también debemos morir a nuestra vieja vida. Como Pablo, no debemos vivir más para agradarnos a nosotros mismos, debemos usar nuestra vida agradando a Cristo, el que murió por nosotros y resucitó del sepulcro.

5.17 Los cristianos son nuevas criaturas desde su interior. El Espíritu Santo les da vida nueva y ya no serán los mismos jamás. No hemos sido reformados, rehabilitados o reeducados; somos una nueva creación, viviendo en unión vital con Cristo (Colosenses 2.6, 7). Convertirnos no es meramente dar la vuelta a una hoja nueva, sino empezar una vida nueva bajo un nuevo Maestro.

5.18, 19 Dios nos atrae hacia sí mismo (nos reconcilia), borra nuestros pecados (véase también Efesios 2.13–18) y nos hace justos. Dejamos de ser enemigos, extraños o extranjeros para Dios, cuando confiamos en Cristo. Al reconciliados con Dios, tenemos el privilegio de animar a otros para que hagan lo mismo, y de esa manera somos aquellos que tienen «el ministerio de la reconciliación».

5.20 Un embajador es un representante oficial de un país en otro. Como creyentes, somos embajadores de Cristo, enviados con su mensaje de reconciliación al mundo. El embajador de reconciliación tiene una responsabilidad muy importante. No debemos cumplir esta responsabilidad en forma liviana. ¿Cuán bien está cumpliendo su responsabilidad como embajador de Cristo?

5.21 Cuando confiamos en Cristo, hacemos un trato: nuestros pecados por su justificación. Nuestro pecado fue vertido en Cristo cuando fue crucificado. A esto se refieren los cristianos cuando hablan del sacrificio de Cristo por el pecado. En el mundo se negocia cuando dos personas intercambian bienes de valor equivalente o relativamente iguales. Pero Dios ofrece cambiar su justicia por nuestro pecado, algo de valor inmensurable por algo que no vale nada. Cuán agradecidos debiéramos estar por su benevolencia y amor con nosotros.Comentarios de la Biblia del Diario Vivir. Rv 1960.


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