LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE AGOSTO. Salmo 78.
SALMO 78
Fidelidad de Dios hacia su pueblo infiel
Masquil de Asaf.
1 Escucha, pueblo mío, mi ley;
Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
2 Abriré mi boca en proverbios;
Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,
3 Las cuales hemos oído y entendido;
Que nuestros padres nos las contaron.
4 No las encubriremos a sus hijos,
Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová,
Y su potencia, y las maravillas que hizo.
5 El estableció testimonio en Jacob,
Y puso ley en Israel,
La cual mandó a nuestros padres
Que la notificasen a sus hijos;
6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;
Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,
7 A fin de que pongan en Dios su confianza,
Y no se olviden de las obras de Dios;
Que guarden sus mandamientos,
8 Y no sean como sus padres,
Generación contumaz y rebelde;
Generación que no dispuso su corazón,
Ni fue fiel para con Dios su espíritu.
9 Los hijos de Efraín, arqueros armados,
Volvieron las espaldas en el día de la batalla.
10 No guardaron el pacto de Dios,
Ni quisieron andar en su ley;
11 Sino que se olvidaron de sus obras,
Y de sus maravillas que les había mostrado.
12 Delante de sus padres hizo maravillas
En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.
13 Dividió el mar y los hizo pasar;
Detuvo las aguas como en un montón.
14 Les guió de día con nube,
Y toda la noche con resplandor de fuego.
15 Hendió las peñas en el desierto,
Y les dio a beber como de grandes abismos,
16 Pues sacó de la peña corrientes,
E hizo descender aguas como ríos.
17 Pero aún volvieron a pecar contra él,
Rebelándose contra el Altísimo en el desierto;
18 Pues tentaron a Dios en su corazón,
Pidiendo comida a su gusto.
19 Y hablaron contra Dios,
Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?
20 He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas,
Y torrentes inundaron la tierra;
¿Podrá dar también pan?
¿Dispondrá carne para su pueblo?
21 Por tanto, oyó Jehová, y se indignó;
Se encendió el fuego contra Jacob,
Y el furor subió también contra Israel,
22 Por cuanto no habían creído a Dios,
Ni habían confiado en su salvación.
23 Sin embargo, mandó a las nubes de arriba,
Y abrió las puertas de los cielos,
24 E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen,
Y les dio trigo de los cielos.
25 Pan de nobles comió el hombre;
Les envió comida hasta saciarles.
26 Movió el solano en el cielo,
Y trajo con su poder el viento sur,
27 E hizo llover sobre ellos carne como polvo,
Como arena del mar, aves que vuelan.
28 Las hizo caer en medio del campamento,
Alrededor de sus tiendas.
29 Comieron, y se saciaron;
Les cumplió, pues, su deseo.
30 No habían quitado de sí su anhelo,
Aún estaba la comida en su boca,
31 Cuando vino sobre ellos el furor de Dios,
E hizo morir a los más robustos de ellos,
Y derribó a los escogidos de Israel.
32 Con todo esto, pecaron aún,
Y no dieron crédito a sus maravillas.
33 Por tanto, consumió sus días en vanidad,
Y sus años en tribulación.
34 Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios;
Entonces se volvían solícitos en busca suya,
35 Y se acordaban de que Dios era su refugio,
Y el Dios Altísimo su redentor.
36 Pero le lisonjeaban con su boca,
Y con su lengua le mentían;
37 Pues sus corazones no eran rectos con él,
Ni estuvieron firmes en su pacto.
38 Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía;
Y apartó muchas veces su ira,
Y no despertó todo su enojo.
39 Se acordó de que eran carne,
Soplo que va y no vuelve.
40 ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto,
Lo enojaron en el yermo!
41 Y volvían, y tentaban a Dios,
Y provocaban al Santo de Israel.
42 No se acordaron de su mano,
Del día que los redimió de la angustia;
43 Cuando puso en Egipto sus señales,
Y sus maravillas en el campo de Zoán;
44 Y volvió sus ríos en sangre,
Y sus corrientes, para que no bebiesen.
45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban,
Y ranas que los destruían.
46 Dio también a la oruga sus frutos,
Y sus labores a la langosta.
47 Sus viñas destruyó con granizo,
Y sus higuerales con escarcha;
48 Entregó al pedrisco sus bestias,
Y sus ganados a los rayos.
49 Envió sobre ellos el ardor de su ira;
Enojo, indignación y angustia,
Un ejército de ángeles destructores.
50 Dispuso camino a su furor;
No eximió la vida de ellos de la muerte,
Sino que entregó su vida a la mortandad.
51 Hizo morir a todo primogénito en Egipto,
Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.
52 Hizo salir a su pueblo como ovejas,
Y los llevó por el desierto como un rebaño.
53 Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor;
Y el mar cubrió a sus enemigos.
54 Los trajo después a las fronteras de su tierra santa,
A este monte que ganó su mano derecha.
55 Echó las naciones de delante de ellos;
Con cuerdas repartió sus tierras en heredad,
E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel.
56 Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo,
Y no guardaron sus testimonios;
57 Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres;
Se volvieron como arco engañoso.
58 Le enojaron con sus lugares altos,
Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla.
59 Lo oyó Dios y se enojó,
Y en gran manera aborreció a Israel.
60 Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo,
La tienda en que habitó entre los hombres,
61 Y entregó a cautiverio su poderío,
Y su gloria en mano del enemigo.
62 Entregó también su pueblo a la espada,
Y se irritó contra su heredad.
63 El fuego devoró a sus jóvenes,
Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.
64 Sus sacerdotes cayeron a espada,
Y sus viudas no hicieron lamentación.
65 Entonces despertó el Señor como quien duerme,
Como un valiente que grita excitado del vino,
66 E hirió a sus enemigos por detrás;
Les dio perpetua afrenta.
67 Desechó la tienda de José,
Y no escogió la tribu de Efraín,
68 Sino que escogió la tribu de Judá,
El monte de Sion, al cual amó.
69 Edificó su santuario a manera de eminencia,
Como la tierra que cimentó para siempre.
70 Eligió a David su siervo,
Y lo tomó de las majadas de las ovejas;
71 De tras las paridas lo trajo,
Para que apacentase a Jacob su pueblo,
Y a Israel su heredad.
72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón,
Los pastoreó con la pericia de sus manos. Amén
LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE AGOSTO. Romanos 7
Analogía tomada del matrimonio
Capítulo 7
1¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? 2Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. 3Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.
4Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.
El pecado que mora en mí
7¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. 9Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. 10Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; 11porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. 12De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
13¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. 14Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? 25Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. Amén. Rv 1960.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE AGOSTO. Salmo 78,
Capítulo 78
78.5 Dios ordenó que sus leyes y estos hechos poderosos en la historia de Israel se trasmitieran de padres a hijos. Esto muestra el propósito y la importancia de la educación religiosa: ayudar a cada generación a obedecer a Dios y a depositar su esperanza en Él. Es importante evitar que los niños repitan los mismos errores que sus antepasados. ¿Qué hace usted para trasmitir a la próxima generación la historia de la obra de Dios en el mundo?
78.9, 10 Efraín era la tribu más prominente de Israel desde los días de Moisés hasta la época de Saúl. El tabernáculo se colocó en su territorio. No existe otra narración bíblica que diga que los soldados de Efraín salieron huyendo de la batalla, así que tal vez sea una metáfora referente al fracaso de Efraín al no poder proveer un liderazgo firme en esos días. Cuando David subió al trono, la tribu de Judá ganó prominencia. Debido a la fe y la obediencia de David, Dios escogió a Jerusalén en Judá para ser el lugar del nuevo templo y rechazó a Efraín (78.67) ocasionando tensiones entre las dos tribus. Tal vez este salmo se escribió debido a esa tensión a fin de demostrar una vez más el porqué Dios eligió a Judá. Dios obra mediante aquellos que le son más fieles.
78.36,37 Una y otra vez los hijos de Israel decían que seguirían a Dios, pero después se apartaban de Él. El problema era que seguían a Dios con palabras y no de corazón, así su arrepentimiento estaba vacío. Las palabras son huecas. Dios quiere que nuestras vidas apoyen nuestras afirmaciones espirituales y promesas.
78.51 Esta era la Pascua descrita en Éxodo 12.29, 30 cuando murieron todos los primogénitos de Egipto. Con las tiendas de Cam se hace referencia al segundo hijo de Noé, quien fue ancestro de los egipcios. Algunas veces se menciona a Cam como sinónimo de Egipto.
78.71, 72 A pesar de que David reinaba cuando se escribió este salmo, se le llama pastor y no rey. Ser pastor, una profesión común en los tiempos bíblicos, era un trabajo de mucha responsabilidad. Los rebaños dependían completamente de la guía, protección y provisión de los pastores. David pasó sus primeros años como pastor (1 Samuel 16.10, 11). Esto fue una especie de preparación para las responsabilidades futuras que Dios le tenía preparadas. Cuando estuvo listo, Dios lo sacó de cuidar ovejas para cuidar a Israel, el pueblo de Dios. No tome a la ligera ni con insensatez su situación actual. Quizás sea el campo de entrenamiento en el que lo puso Dios para su futuro.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 6 DE AGOSTO. Romanos 7
Capítulo 7
7.2-6 Pablo toma el matrimonio para ilustrar nuestra relación con la Ley. Cuando un esposo muere, la ley del matrimonio queda sin vigencia. Debido a que hemos muerto con Cristo, la Ley ya no puede condenarnos. Resucitamos también cuando Cristo resucitó y, como nuevas criaturas, pertenecemos a Él. Su Espíritu nos capacita para producir buenos frutos para Dios. Ahora servimos no porque queremos obedecer ciertas reglas, sino porque nuestro renovado corazón rebosa de amor a Dios.
7.4 Cuando una persona muere a la vieja vida y pasa a ser de Cristo, nace a una nueva vida. La mentalidad del incrédulo se centra en la autocomplacencia. Su fuente de poder es su autodeterminación. Por contraste, Dios es el centro de la vida del cristiano. Él suple el poder que necesita el cristiano para el diario vivir. Los creyentes descubren que su manera de ver al mundo cambia cuando aceptan a Cristo.
7.6 Algunas personas tratan de ganar su camino a Dios cumpliendo con ciertas normas (obedecer los Diez Mandamientos, asistir fielmente a la iglesia o hacer buenas obras). Como es lógico, todo lo que consiguen mediante su esfuerzo es frustración y desaliento. Sin embargo, gracias al sacrificio de Cristo, el camino hacia Dios ya está abierto y podemos ser hijos suyos si depositamos nuestra fe en Él. Ya no tratamos de llegar a Dios cumpliendo normas, sino que somos cada vez más semejantes a Cristo al vivir con Él día tras día. Dejemos que el Espíritu Santo aparte nuestros ojos de los logros propios y los dirija a Jesús. Él nos libertará para servirle en amor y gratitud. Eso es vivir «bajo el régimen nuevo del Espíritu». Señor Jesucristo Hoy abro las puertas de mi corazón y te recibo como mi único Salvado de mi Alma, perdona mis pecados, escribe mi nombre en el libro de la vida y has de mi la persona que tu quieres que yo sea.
7.9-11 Donde no hay ley, no hay pecado, porque la gente desconoce que sus acciones son pecaminosas a menos que la ley las prohíba. La Ley de Dios logra que la gente descubra que es pecadora y que está condenada a morir, pero no ofrece ayuda. El pecado es real y peligroso. Imagínese un día soleado en la playa, usted acaba de zambullirse en el agua y de pronto descubre un cartel en la orilla que dice: «Prohibido nadar. Hay tiburones». Su día se arruina. ¿Es por culpa del cartel? ¿Se molesta con la persona que lo puso? La Ley es como ese cartel. Es esencial y la agradecemos, pero no nos libra de los tiburones.
7.11, 12 La Ley engaña la gente por usarla mal. La Ley era santa, y expresaba la naturaleza y voluntad de Dios. Eva se encontró con la serpiente en el huerto del Edén (Génesis 3), la serpiente se burló de ella, logrando que apartara su vista de la libertad que Dios le dio y la pusiera en la restricción que le había puesto. Desde entonces somos rebeldes. El pecado nos atrae precisamente porque Dios nos dice que es malo. En lugar de prestar atención a sus advertencias, las usamos como una lista de «mandados». Cuando nos sintamos tentados a rebelarnos, necesitamos contemplar la Ley desde una perspectiva amplia, a la luz de la gracia y la misericordia de Dios. Si nos concentramos en su gran amor por nosotros, comprenderemos que nos restringe en acciones y actitudes que al final causan daño.
7.14 «Yo soy carnal, vendido al pecado» quizás sea una referencia a la vieja naturaleza que busca rebelarse e independizarse de Dios. Si como cristiano trato de luchar contra el pecado con mis fuerzas, me deslizo hacia las garras del pecado.
7.15 Pablo menciona tres lecciones que aprendió al enfrentar sus antiguos deseos pecaminosos. (1) El conocimiento no es la respuesta (7.9). Pablo se sentía bien mientras no entendía lo que la Ley demandaba. Cuando aprendió la verdad, supo que estaba condenado. (2) La autodeterminación (luchar con nuestras fuerzas) no da resultado (7.15). Pablo descubrió que pecaba en formas que ni aun le eran atractivas. (3) Con ser cristiano no se logra desarraigar todos los pecados en la vida de creyente (7.22–25).
Nacer de nuevo requiere un momento de fe, pero llegar a ser como Cristo es un proceso de toda la vida. Pablo compara el crecimiento cristiano a una buena carrera o pelea (1 Corintios 9.24–27; 2 Timoteo 4.7). Tal como Pablo viene enfatizando desde el comienzo de su carta a los Romanos, nadie en el mundo es inocente, nadie merece ser salvo, ni el pagano que desconoce las leyes de Dios, ni el cristiano ni el judío que sí las conoce y procura guardarlas. Todos debemos depender por completo de la obra de Cristo en cuanto a nuestra salvación. No la podemos ganar con buena conducta.
7.17-20 «El diablo me obligó a hacerlo». «Yo no lo hice, fue el pecado que está en mí». Parece una buena excusa, pero tenemos que dar cuenta de nuestras acciones. Nunca debemos mencionar el poder del pecado ni a Satanás como excusa, por que son enemigos vencidos. Sin la ayuda de Cristo, el pecado es más fuerte que nosotros y algunas veces somos incapaces de defendernos de sus ataques. De ahí que nunca debiéramos enfrentarnos al pecado solos. Jesucristo, quien venció el pecado de una vez y por todas, ha prometido pelear a nuestro lado. Si buscamos su ayuda, no caeremos en pecado.
7.23-25 La lucha interna contra el pecado es tan real para nosotros como lo fue para Pablo. De él aprendemos qué hacer al respecto. Siempre que se sentía perdido, se remontaba a los inicios de su vida espiritual y recordaba que Jesucristo ya lo había liberado. Cuando usted se halle confundido y abrumado por la atracción del pecado, siga el ejemplo de Pablo: dé gracias a Dios por haberle dado libertad a través de Jesucristo. Permita que la realidad del poder de Cristo le conceda una victoria verdadera sobre el pecado. Comentarios de la Biblia del diario vivir Rv 1960.

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