LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 21 DE AGOSTO. Salmo 119: 1 – 48.
SALMO 119
Excelencias de la ley de Dios
Alef
1 Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová.
2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y con todo el corazón le buscan;
3 Pues no hacen iniquidad
Los que andan en sus caminos.
4 Tú encargaste
Que sean muy guardados tus mandamientos.
5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos
Para guardar tus estatutos!
6 Entonces no sería yo avergonzado,
Cuando atendiese a todos tus mandamientos.
7 Te alabaré con rectitud de corazón
Cuando aprendiere tus justos juicios.
8 Tus estatutos guardaré;
No me dejes enteramente.
Bet
9 ¿Con qué limpiará el joven su camino?
Con guardar tu palabra.
10 Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes desviarme de tus mandamientos.
11 En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
12 Bendito tú, oh Jehová;
Enséñame tus estatutos.
13 Con mis labios he contado
Todos los juicios de tu boca.
14 Me he gozado en el camino de tus testimonios
Más que de toda riqueza.
15 En tus mandamientos meditaré;
Consideraré tus caminos.
16 Me regocijaré en tus estatutos;
No me olvidaré de tus palabras.
Guímel
17 Haz bien a tu siervo; que viva,
Y guarde tu palabra.
18 Abre mis ojos, y miraré
Las maravillas de tu ley.
19 Forastero soy yo en la tierra;
No encubras de mí tus mandamientos.
20 Quebrantada está mi alma de desear
Tus juicios en todo tiempo.
21 Reprendiste a los soberbios, los malditos,
Que se desvían de tus mandamientos.
22 Aparta de mí el oprobio y el menosprecio,
Porque tus testimonios he guardado.
23 Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí;
Mas tu siervo meditaba en tus estatutos,
24 Pues tus testimonios son mis delicias
Y mis consejeros.
Dálet
25 Abatida hasta el polvo está mi alma;
Vivifícame según tu palabra.
26 Te he manifestado mis caminos, y me has respondido;
Enséñame tus estatutos.
27 Hazme entender el camino de tus mandamientos,
Para que medite en tus maravillas.
28 Se deshace mi alma de ansiedad;
Susténtame según tu palabra.
29 Aparta de mí el camino de la mentira,
Y en tu misericordia concédeme tu ley.
30 Escogí el camino de la verdad;
He puesto tus juicios delante de mí.
31 Me he apegado a tus testimonios;
Oh Jehová, no me avergüences.
32 Por el camino de tus mandamientos correré,
Cuando ensanches mi corazón.
He
33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley,
Y la cumpliré de todo corazón.
35 Guíame por la senda de tus mandamientos,
Porque en ella tengo mi voluntad.
36 Inclina mi corazón a tus testimonios,
Y no a la avaricia.
37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad;
Avívame en tu camino.
38 Confirma tu palabra a tu siervo,
Que te teme.
39 Quita de mí el oprobio que he temido,
Porque buenos son tus juicios.
40 He aquí yo he anhelado tus mandamientos;
Vivifícame en tu justicia.
Vau
41 Venga a mí tu misericordia, oh Jehová;
Tu salvación, conforme a tu dicho.
42 Y daré por respuesta a mi avergonzador,
Que en tu palabra he confiado.
43 No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad,
Porque en tus juicios espero.
44 Guardaré tu ley siempre,
Para siempre y eternamente.
45 Y andaré en libertad,
Porque busqué tus mandamientos.
46 Hablaré de tus testimonios delante de los reyes,
Y no me avergonzaré;
47 Y me regocijaré en tus mandamientos,
Los cuales he amado.
48 Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé,
Y meditaré en tus estatutos. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA PARA HOY 21 DE AGOSTO. 1Corintios 3
Colaboradores de Dios
3
1De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, 3porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 4Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?
5¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. 6Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. 7Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 8Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. 9Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
10Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
16¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
18Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. 19Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. 20Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. 21Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: 22sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, 23y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 21 DE AGOSTO. Salmo 119: 1 – 48.
Capítulo 119
119.1ss Este es el salmo y el capítulo más largo de la Biblia. Quizás Esdras lo escribió después de la reconstrucción del templo (Esdras 6.14, 15) como una meditación repetitiva acerca de la belleza de la Palabra de Dios y de la forma en que nos ayuda a permanecer puros y a crecer en la fe. Este salmo tiene veintidós secciones estructuradas con esmero. Cada una corresponde a una letra diferente del alfabeto hebreo y cada versículo comienza con la letra que corresponde a su sección. Casi todos los versículos mencionan el término Palabra de Dios o un sinónimo. Tal repetición era común en la cultura hebrea. La gente no tenía copias particulares de las Escrituras para leerlas como lo hacemos nosotros, así que entre la gente común, la Palabra de Dios se memorizaba y trasmitía en forma oral. La disposición de este salmo permitió la fácil memorización. Recuerde, la Palabra de Dios, la Biblia, es la única guía segura para una vida pura.
119.9 Nos ahogamos en un mar de impureza. A cualquier parte donde miremos, descubriremos que la tentación conduce a la vida impura. El salmista hizo una pregunta que nos preocupa a todos: ¿Cómo podemos permanecer puros en un ambiente impuro? No podemos hacerlo por nuestra propia cuenta, sino que debemos tener consejos y fortaleza mucho más dinámicos que las influencias tentadoras que nos rodean. ¿Dónde encontramos esa medida de fortaleza y sabiduría? Al leer la Palabra de Dios y al practicar lo que ella dice.
119.11 Guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones es una fuerza de disuasión contra el pecado. Esto únicamente nos debe inspirar a querer memorizar las Escrituras. Pero la memorización por sí sola no nos impedirá pecar, debemos también poner en práctica la Palabra de Dios en nuestras vidas, haciendo de ella una guía vital para todo lo que hagamos.
119.12-24 La mayoría nos irritamos con las reglas, ya que pensamos que nos limitan para hacer lo que queremos. A primera vista, entonces, parece raro escuchar al salmista hablar de que se regocija en las leyes de Dios más que en las riquezas. Sin embargo, las leyes de Dios se dieron para librarnos, poder ser todo lo que Él quiere que seamos. Nos limitan para no hacer cosas que nos incapacitarían e impedirían sacar de nosotros lo mejor. Las leyes de Dios son principios que nos ayudan a seguir en su camino y a no vagar en caminos que nos conduzcan a la destrucción.
119.19 El salmista dice: «Forastero soy yo en la tierra», por lo tanto, necesita dirección. Casi cualquier viaje requiere de un mapa o un guía. Cuando viajemos por la vida, la Biblia debe ser nuestro mapa de carreteras, señalándonos las rutas seguras, los obstáculos que debemos evitar y nuestro destino final. Debemos reconocer que somos peregrinos aquí en la tierra y que necesitamos estudiar el mapa de Dios para conocer el camino. Si pasamos por alto el mapa, vagaremos indefensos por la vida y nos arriesgaremos a perder nuestro verdadero destino.
119.27,28 Nuestras vidas están llenas de libros de reglas, pero los autores nunca vienen a ayudarnos a seguirlas. Dios sí. Esta es la singularidad de nuestra Biblia. Dios no solo proporciona las reglas y los principios, sino que viene personalmente todos los días a donde estamos para ayudarnos a vivir de acuerdo con esas leyes. Por supuesto, tenemos que invitarlo a hacerlo y responder a su dirección.
119.36 En nuestro mundo actual, la gente muy a menudo codicia las ganancias económicas. El dinero representa poder, influencia y éxito. Para muchos el dinero es un dios. No piensan demasiado en otra cosa. En verdad, puede comprar ciertas comodidades y ofrecer alguna seguridad. El dinero se ha vuelto tan importante para algunos, que harían casi cualquier cosa para obtenerlo. Pero mucho más valiosa que la riqueza es la obediencia a Dios, debido a que es más un tesoro celestial que uno terrenal (Lucas 12.33). Debemos hacer lo que Dios quiere a pesar de las implicaciones financieras. Haga suya la oración del salmista, pídale a Dios que lo ayude a preferir la obediencia antes que el dinero, a la larga será para su propio beneficio.
119.44-46 El salmista habla acerca de guardar las leyes y aun así ser libre. Contrario a lo que muchas veces esperamos, obedecer las leyes de Dios no nos inhibe ni restringe. Por el contrario, nos libera para ser lo que Él quiere que seamos. Al buscar la salvación y el perdón de Dios, somos libres del pecado y de su consiguiente culpabilidad opresora. Al vivir en el camino de Dios, tenemos libertad para cumplir el plan que Él tiene para nosotros.
COMENTARIO DE LA PALABRA PARA HOY 21 DE AGOSTO.1Corintios 3
Capítulo 3
3.1-3 Pablo llama a los corintios niños en la vida cristiana, porque aún no eran espiritualmente saludables y maduros. La prueba era que se peleaban como niños, permitiendo que las divisiones los distrajeran. Los cristianos inmaduros son «carnales», controlados por sus propios deseos; los creyentes maduros están a tono con los deseos de Dios. ¿Cuánta influencia ejercen sus propios deseos en su vida? Nuestra meta es permitir que los deseos de Dios sean los nuestros. Ser controlado por sus propios deseos impedirá su crecimiento.
3.6 Pablo plantó la semilla del mensaje del evangelio en los corazones de las personas. Fue pionero en la misión, trajo el mensaje de salvación. El papel de Apolos fue regar: ayudar a los creyentes a crecer más fuertes en la fe. Pablo fundó la iglesia en Corinto y Apolos la construyó sobre dicho fundamento. Trágicamente, los creyentes en Corinto se habían divido en grupos, ofreciendo lealtad a diferentes maestros (véase 1.11–13). Después que el trabajo de los predicadores ha sido completado, Dios continúa haciendo crecer a los cristianos. Nuestros líderes, ciertamente, deben ser respetados, pero nunca debemos colocarlos en pedestales que creen barreras entre las personas o levantarlos como sustitutos de Cristo.
3.7-9 La obra de Dios involucra a muchos individuos con una variedad de dones y habilidades. No hay superestrellas en esta tarea, sólo miembros de equipo que desarrollan sus funciones específicas. Nos convertimos en miembros útiles del equipo de Dios al poner a un lado el deseo de recibir gloria por lo que hacemos. La alabanza que viene de la gente es comparativamente sin valor, la aprobación de Dios es la que cuenta.
3.10, 11 El fundamento de la Iglesia —de todos los creyentes— es Jesucristo, y este es el fundamento que Pablo estableció (al predicar a Cristo) cuando empezó la iglesia en Corinto. Cualquiera que edifica la iglesia —maestros, predicadores, padres y otros— debe construir con materiales de alta calidad (sana doctrina y testimonio 3.12ss) que encaje en las normas de Dios. Pablo no está criticando a Apolos, sino desafiando a los futuros líderes de la iglesia a tener una predicación, así como una enseñanza, sana y sólida.
3.10–17 En la iglesia basada en Jesucristo, cada miembro debería ser maduro, espiritualmente sensible y sano en lo doctrinal. La iglesia en Corinto estaba construida con «madera, heno y hojarasca», con miembros que eran inmaduros, insensibles a los demás, y receptivos a las doctrinas erróneas (3.1–4). No nos extrañe que tuvieran tantos problemas. Las iglesias locales deben estar edificadas en Cristo. ¿Puede su carácter cristiano pasar la prueba?
3.16, 17 Así como nuestro cuerpo es «templo del Espíritu Santo» (6.19), la iglesia local o la comunidad cristiana es el templo de Dios. Así como el templo de los judíos en Jerusalén no debía ser destruido, de igual manera la iglesia no debía ser estropeada y arruinada por las divisiones, controversias u otros pecados cuando los miembros se reunían para adorar a Dios.
3.18–21 Pablo no dice que los corintios debían despreciar la búsqueda del conocimiento, sino que les advierte que deben escoger la sabiduría de lo alto que es de mucho más valor, aunque sea considerado necio por el mundo (1.27). Los corintios estaban empleando la llamada sabiduría de este mundo para evaluar a sus líderes y maestros. Su orgullo hizo que dieran mayor valor a la presentación del mensaje que a su contenido.
3.22 Pablo dice que tanto la vida como la muerte son nuestras. ¿Cómo puede ser posible esto? Mientras los incrédulos son víctimas de la vida, arrastrados por su corriente y preguntándose si hay sentido en ella, los creyentes usan la vida bien porque comprenden su verdadero propósito. Los incrédulos sólo pueden temer a la muerte. Para los creyentes, sin embargo, la muerte no es motivo de temor porque Cristo la ha derrotado (véase 1 Juan 4.18). La muerte es sólo el comienzo de la vida eterna con Dios. Comentarios de la Biblia del Diario Vivir.

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