Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 4 DE Junio 2 Crónicas 13,14,15,16

Reinado de Abías

(1 R. 15.1–8)

13

1A los dieciocho años del rey Jeroboam, reinó Abías sobre Judá, 2y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Micaías hija de Uriel de Gabaa.

Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam.3Entonces Abías ordenó batalla con un ejército de cuatrocientos mil hombres de guerra, valerosos y escogidos; y Jeroboam ordenó batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos. 4Y se levantó Abías sobre el monte de Zemaraim, que está en los montes de Efraín, y dijo: Oídme, Jeroboam y todo Israel. 5¿No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de sal? 6Pero Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de David, se levantó y rebeló contra su señor. 7Y se juntaron con él hombres vanos y perversos, y pudieron más que Roboam hijo de Salomón, porque Roboam era joven y pusilánime, y no se defendió de ellos.

8Y ahora vosotros tratáis de resistir al reino de Jehová en mano de los hijos de David, porque sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses. 9¿No habéis arrojado vosotros a los sacerdotes de Jehová, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis designado sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga a consagrarse con un becerro y siete carneros, y así sea sacerdote de los que no son dioses? 10Mas en cuanto a nosotros, Jehová es nuestro Dios, y no le hemos dejado; y los sacerdotes que ministran delante de Jehová son los hijos de Aarón, y los que están en la obra son levitas, 11los cuales queman para Jehová los holocaustos cada mañana y cada tarde, y el incienso aromático; y ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus lámparas para que ardan cada tarde; porque nosotros guardamos la ordenanza de Jehová nuestro Dios, mas vosotros le habéis dejado. 12Y he aquí Dios está con nosotros por jefe, y sus sacerdotes con las trompetas del júbilo para que suenen contra vosotros. Oh hijos de Israel, no peleéis contra Jehová el Dios de vuestros padres, porque no prosperaréis.

13Pero Jeroboam hizo tender una emboscada para venir a ellos por la espalda; y estando así delante de ellos, la emboscada estaba a espaldas de Judá. 14Y cuando miró Judá, he aquí que tenía batalla por delante y a las espaldas; por lo que clamaron a Jehová, y los sacerdotes tocaron las trompetas. 15Entonces los de Judá gritaron con fuerza; y así que ellos alzaron el grito, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá; 16y huyeron los hijos de Israel delante de Judá, y Dios los entregó en sus manos. 17Y Abías y su gente hicieron en ellos una gran matanza, y cayeron heridos de Israel quinientos mil hombres escogidos. 18Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo, y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres. 19Y siguió Abías a Jeroboam, y le tomó algunas ciudades, a Bet-el con sus aldeas, a Jesana con sus aldeas, y a Efraín con sus aldeas. 20Y nunca más tuvo Jeroboam poder en los días de Abías; y Jehová lo hirió, y murió. 21Pero Abías se hizo más poderoso. Tomó catorce mujeres, y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas. 22Los demás hechos de Abías, sus caminos y sus dichos, están escritos en la historia de Iddo profeta.

 Reinado de Asa

80  (1 R. 15.9–12)

14

1Durmió Abías con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David; y reinó en su lugar su hijo Asa, en cuyos días tuvo sosiego el país por diez años. 2E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios. 3Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; 4y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. 5Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado. 6Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz. 7Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él nos ha dado paz por todas partes. Edificaron, pues, y fueron prosperados. 8Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros.

9Y salió contra ellos Zera etíope con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros; y vino hasta Maresa. 10Entonces salió Asa contra él, y ordenaron la batalla en el valle de Sefata junto a Maresa. 11Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre. 12Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes. 13Y Asa, y el pueblo que con él estaba, los persiguieron hasta Gerar; y cayeron los etíopes hasta no quedar en ellos aliento, porque fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército. Y les tomaron muy grande botín. 14Atacaron también todas las ciudades alrededor de Gerar, porque el terror de Jehová cayó sobre ellas; y saquearon todas las ciudades, porque había en ellas gran botín. 15Asimismo atacaron las cabañas de los que tenían ganado, y se llevaron muchas ovejas y camellos, y volvieron a Jerusalén.

 Reformas religiosas de Asa

(1 R. 15.13–15)

15

1Vino el Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed, 2y salió al encuentro de Asa, y le dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará. 3Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñara, y sin ley; 4pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos. 5En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habitantes de las tierras. 6Y una gente destruía a otra, y una ciudad a otra ciudad; porque Dios los turbó con toda clase de calamidades. 7Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra.

8Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová. 9Después reunió a todo Judá y Benjamín, y con ellos los forasteros de Efraín, de Manasés y de Simeón; porque muchos de Israel se habían pasado a él, viendo que Jehová su Dios estaba con él. 10Se reunieron, pues, en Jerusalén, en el mes tercero del año decimoquinto del reinado de Asa. 11Y en aquel mismo día sacrificaron para Jehová, del botín que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas. 12Entonces prometieron solemnemente que buscarían a Jehová el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma; 13y que cualquiera que no buscase a Jehová el Dios de Israel, muriese, grande o pequeño, hombre o mujer. 14Y juraron a Jehová con gran voz y júbilo, al son de trompetas y de bocinas. 15Todos los de Judá se alegraron de este juramento; porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban, y fue hallado de ellos; y Jehová les dio paz por todas partes.

16Y aun a Maaca madre del rey Asa, él mismo la depuso de su dignidad, porque había hecho una imagen de Asera; y Asa destruyó la imagen, y la desmenuzó, y la quemó junto al torrente de Cedrón. 17Con todo esto, los lugares altos no eran quitados de Israel, aunque el corazón de Asa fue perfecto en todos sus días. 18Y trajo a la casa de Dios lo que su padre había dedicado, y lo que él había consagrado, plata, oro y utensilios. 19Y no hubo más guerra hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa.

 Alianza de Asa con Ben-adad

(1 R. 15.16–22)

16

1En el año treinta y seis del reinado de Asa, subió Baasa rey de Israel contra Judá, y fortificó a Ramá, para no dejar salir ni entrar a ninguno al rey Asa, rey de Judá. 2Entonces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa de Jehová y de la casa real, y envió a Ben-adad rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo: 3Haya alianza entre tú y yo, como la hubo entre tu padre y mi padre; he aquí yo te he enviado plata y oro, para que vengas y deshagas la alianza que tienes con Baasa rey de Israel, a fin de que se retire de mí. 4Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los capitanes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel; y conquistaron Ijón, Dan, Abel-maim y las ciudades de aprovisionamiento de Neftalí. 5Oyendo esto Baasa, cesó de edificar a Ramá, y abandonó su obra. 6Entonces el rey Asa tomó a todo Judá, y se llevaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y con ellas edificó a Geba y a Mizpa.

7En aquel tiempo vino el vidente Hanani a Asa rey de Judá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te apoyaste en Jehová tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos. 8Los etíopes y los libios, ¿no eran un ejército numerosísimo, con carros y mucha gente de a caballo? Con todo, porque te apoyaste en Jehová, él los entregó en tus manos. 9Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti. 10Entonces se enojó Asa contra el vidente y lo echó en la cárcel, porque se encolerizó grandemente a causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo a algunos del pueblo.

 Muerte de Asa

(1 R. 15.23–24)

11Mas he aquí los hechos de Asa, primeros y postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 12En el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó gravemente de los pies, y en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos. 13Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado. 14Y lo sepultaron en los sepulcros que él había hecho para sí en la ciudad de David; y lo pusieron en un ataúd, el cual llenaron de perfumes y diversas especias aromáticas, preparadas por expertos perfumistas; e hicieron un gran fuego en su honor. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 4 DE Junio, Juan 14

Jesús, el camino al Padre

14

1No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. 5Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

8Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

12De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

 La promesa del Espíritu Santo

15Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

18No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 19Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. 20En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. 22Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? 23Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 24El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

25Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 27La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 28Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. 29Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. 30No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. 31Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí. Amen. Rv 1960.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 4 DE Junio 2 Crónicas 13,14,15,16

Capítulo 13

13.1ss En 1 Reyes 15.3, se menciona que Abiam era un gran pecador, pero en Crónicas sólo se registran comentarios positivos acerca de él. Durante la mayor parte del tiempo, Abías fue sin duda un rey malvado. El escritor de Crónicas decidió subrayar las pocas cosas buenas que hizo para poder mostrar que todavía seguía bajo la promesa del pacto que Dios hizo con David. Debido al violento discurso que Abías dijo a Jeroboam (13.5–12) le fueron perdonadas las consecuencias inmediatas de su pecado.

13.8 El ejército de Jeroboam fue maldecido por los becerros de oro que llevaba consigo. Era como si hubiera colocado el pecado en una forma física para así poder acarrearlo por todas partes. Considere con cuidado las cosas que aprecia. Si valora algo más que a Dios, se convierte en su becerro de oro y algún día lo hundirá. Deshágase de cualquier cosa que interfiera en su relación con Dios.

13.9 Abías criticó los bajos estándares de Jeroboam al designar a los sacerdotes. Cualquier persona se encuentra calificada para representar un dios que no vale nada. Sin embargo, para poder representar al Dios todopoderoso, una persona debe vivir bajo sus estándares, y no bajo los del hombre. Aquellos designados en puestos de responsabilidad en su iglesia no deben ser seleccionados por el hecho de que se ofrecieron como voluntarios, tienen influencia o tienen un nivel alto de educación. Sino que deben demostrar una doctrina sana, dedicación a Dios y madurez espiritual (véase 2 Timoteo 3).

13.18,19 A pesar que eran superados en número por Israel, Judá ganó este conflicto al depender de la ayuda de Dios. Algunos reyes en la historia de Judá pusieron a Dios en primer lugar, pero ningún rey israelita siguió con firmeza a Dios. Todos siguieron la idolatría de Jeroboam o sirvieron a Baal. Como resultado de ello, Israel experimentó el juicio de Dios años antes de que lo hiciera Judá.

Judá tenía una ventaja: el templo, con sus sacerdotes y profetas leales y los sacrificios, permanecía en el reino del sur. Muchos de los reyes de Judá fueron buenos, al menos en alguna parte de su reinado. Cada vez que reinaba un rey idólatra, su gobierno era seguido por el de un rey que honraba a Dios, el cual reformaba la vida religiosa. Además, los reyes idólatras, por lo general, se mantuvieron en el poder por menos tiempo que los buenos. La consecuencia fue que la verdadera fe en Dios se hizo más fuerte y más profunda en Judá que en Israel, pero aun así no cumplía con las reglas de Dios.


Capítulo 14

14.1-6 El reinado de Asa se vio marcado por la paz debido a que «hizo lo bueno y recto ante los ojos de Jehová su Dios». Este refrán se repitió a menudo en Crónicas: la obediencia a Dios lleva a la paz con Dios y con los demás. En el caso de los reyes de Judá, la obediencia a Dios llevó a una paz nacional, tal como Él lo había prometido siglos atrás. En nuestro caso, la obediencia no siempre traerá paz con nuestros enemigos, sino que traerá paz con Dios y una paz completa en su reino futuro. Los primeros pasos para la paz son los pasos de obediencia a Dios.

14.3-5 El asistir simplemente a los servicios de adoración no basta para asegurar la paz de Dios. Al igual que Asa, además debemos retirar con diligencia cualquier cosa que ofenda a Dios. Debemos continuamente pedirle a Dios que nos ayude a eliminar de nuestra vida toda fuente de tentación.

14.7 «Paz por todas partes» significa que Judá gozaba de paz con todos sus vecinos. Los momentos de paz no son para descansar. Nos permiten prepararnos para los momentos de problemas. El rey Asa reconoció que el período de paz era el momento adecuado para construir sus defensas. Prepararlas en el momento del ataque sería demasiado tarde. También es difícil soportar el ataque espiritual a menos que hayamos preparado nuestras defensas de antemano. Debemos decidir acerca de cómo enfrentaremos las tentaciones con tranquilidad, mucho antes de que el calor de la tentación esté sobre nosotros. Construya sus defensas ahora antes de que la tentación lo ataque.

14.11 Si se está enfrentando a batallas en las que siente que no puede ganar, no se rinda. Frente a grandes hordas de soldados enemigos, Asa pidió ayuda a Dios, reconociendo su impotencia contra tan poderoso ejército. El secreto de la victoria es primero, reconocer la futilidad del esfuerzo humano sin ayuda de Dios y luego, tener la confianza de que Dios lo salvará. Su poder obra mejor a través de aquellos que reconocen sus limitaciones (2 Corintios 12.9). Los que piensan que lo pueden hacer todo son los que están en más grave peligro.


Capítulo 15

15.1,2 Sabiamente, Asa dio la bienvenida a la gente que tenía una relación íntima con Dios, y escuchó sus mensajes. Azarías pronunció una advertencia importante a los ejércitos y los alentó a permanecer cerca de Dios. Mantenga el contacto con gente que esté llena del Espíritu de Dios, y conocerá el consejo de Dios. Con regularidad, pase tiempo comentando y orando con aquellos que pueden ayudarle a explicar y aplicar el mensaje de Dios.

 15.3 Azarías dijo que Israel, el reino del norte, estuvo «sin verdadero Dios». Ocho reyes reinaron en Israel durante los cuarenta y un años que gobernó Asa en Judá, y los ocho fueron malvados. Jeroboam, el primer rey de Israel, comenzó su senda malvada al establecer ídolos y al expulsar a los sacerdotes de Dios (11.13–15). Azarías utilizó los problemas de Israel como un ejemplo del mal que vendría a Judá si se apartaba de Dios como lo habían hecho sus hermanos del norte.

15.7 Azarías alentó a los hombres de Judá a mantenerse en el cumplimiento del deber «pues hay recompensa para vuestra obra». También para nosotros esta es una inspiración. El reconocimiento y la recompensa son grandes motivaciones que tienen dos dimensiones: (1) La dimensión temporal. Una vida acorde con las pautas de Dios puede provocar una ovación aquí en la tierra. (2) La dimensión eterna. Pero el reconocimiento y la recompensa permanentes se otorgarán en la eternidad. No se desaliente cuando sienta que su fe en Dios no va a ser recompensada aquí en la tierra. Las mejores recompensas no son en esta vida, sino en la eternidad.

15.14,15 A muchas personas se les hace muy difícil comprometerse con algo. Son vacilantes, indecisos y temen a la responsabilidad. Asa y su pueblo fueron diferentes: tenían corazones fieles y se declararon abiertamente seguidores de Dios. ¡Su juramento fue acentuado con aclamación de júbilo y son de trompetas! Este compromiso decisivo y total agradó a Dios y trajo paz a la nación. Si usted desea paz en su vida, revise si hay algo en su vida donde falte un compromiso total con Dios. La paz surge como un producto de la entrega de nuestra vida entera a Dios.

15.16 Los Diez Mandamientos nos dicen que honremos a nuestro padre y madre, y aun así Asa retiró a su madre del trono. Si bien el honrar a nuestros padres es un mandamiento de Dios, el mantener la lealtad a Dios es una prioridad mucho mayor. Jesús advirtió que el respeto a los padres nunca debe ser un obstáculo para que lo sigamos (Lucas 14.26). Si usted tiene padres no creyentes, debe respetarlos y honrarlos, pero la devoción a Dios debe ser su prioridad mayor.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 4 DE Junio, Juan 14

Capítulo 14

14.1-3 Las palabras de Jesús muestran que el camino a la vida eterna, a pesar de ser invisible, es seguro. Es tan seguro como lo es su confianza en Jesús. Él ya ha preparado el camino a la vida eterna. El único asunto que tal vez quede sin resolver es su voluntad de creer.

14.2,3 Hay unos pocos versículos en las Escrituras que describen la vida eterna, pero estos pocos están llenos de promesas. Aquí Jesús dice: «Voy, pues, a preparar lugar para vosotros», y «vendré otra vez». Podemos aguardar con expectativa la vida eterna porque Jesús la ha prometido a todo aquel que cree en Él. Aunque los detalles de la eternidad se desconozcan, no es necesario que temamos porque Jesús está haciendo los preparativos y pasará la eternidad con nosotros.

14.5,6 Este es uno de los pasajes más básicos e importantes de las Escrituras. ¿Cómo conoceremos el camino hacia Dios? Únicamente a través de Jesús. Él es el camino porque es a la vez Dios y Hombre. Al unir nuestras vidas a la de Él, nos unimos con Dios. Confíe que Jesús lo llevará al Padre y que todos los beneficios de ser hijo de Dios serán suyos.

14.6 Por ser el camino, Jesús es nuestra senda al Padre. Por ser la verdad, es la realidad de todas las promesas de Dios. Por ser la vida, une su vida divina a la nuestra, tanto ahora como eternamente.

14.9 Jesús es la imagen visible, tangible, del Dios invisible. Es la revelación completa de lo que es Dios. Jesús explicó a Felipe, el que deseaba ver al Padre, que conocerlo a Él equivalía a conocer a Dios. La búsqueda de Dios, de la verdad y de la realidad, conducen a Cristo. (Véanse también Colosenses 1.15; Hebreos 1.1–4.)

14.12,13 Jesús no dice que sus discípulos harían milagros más asombrosos. ¿Qué milagro puede ser más asombroso que la resurrección? Más bien significaba que los discípulos, obrando mediante el poder del Espíritu Santo, llevarían el evangelio del Reino de Dios desde Palestina hasta todo el mundo.

14.14 Cuando Jesús dice que podemos pedir lo que sea, debemos recordar que nuestra petición debe ser en su nombre; es decir, de acuerdo con el carácter y la voluntad de Dios. Dios no concederá peticiones contrarias a su naturaleza o a su voluntad, y no podemos usar su nombre como fórmula mágica para satisfacer nuestros deseos egoístas. Si seguimos a Dios con sinceridad y procuramos hacer su voluntad, nuestras peticiones estarán en línea con lo que Él desea y las concederá. (Véanse también 15.16; 16.23.)

14.15, 16 Jesús pronto iba a dejar a sus discípulos, pero seguiría con ellos. ¿Cómo podía ser esto? El Consolador, el Espíritu mismo de Dios, vendría después que Jesús se marchase para cuidar y guiar a los discípulos. El poder regenerador del Espíritu vino sobre los discípulos antes de la ascensión de Jesús (20.22) y se derramó sobre los creyentes en Pentecostés (Hechos 2), poco después que Jesús ascendiese al cielo. El Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en nosotros y en todos los creyentes, que nos ayuda a vivir como Dios quiere y a edificar la Iglesia de Cristo sobre la tierra. Por fe podemos apropiarnos del poder del Espíritu cada día.

14.16 La palabra que se traduce Consolador combina las ideas de consuelo y consejo. El Espíritu Santo es una persona poderosa que está de nuestra parte, obrando por nosotros y con nosotros.

14.17ss Los siguientes capítulos enseñan estas verdades acerca del Espíritu Santo: estará con nosotros para siempre (14.16); el mundo en general no puede recibirlo (14.17); mora con nosotros y está en nosotros (14.17); nos enseña (14.26); nos recuerda las palabras de Jesús (14.26; 15.26); nos convence de pecado, nos muestra la justicia de Dios y anuncia que Dios juzgará la maldad (16.8); nos guía a la verdad y nos comunica las cosas que vendrán (16.13); glorifica a Cristo (16.14). El Espíritu Santo se ha mantenido activo entre las personas desde el principio de los tiempos, pero después de Pentecostés (Hechos 2) vino a vivir en todos los creyentes. Hay muchas personas que no se percatan de las actividades del Espíritu Santo; pero a quienes oyen las palabras de Cristo y entienden el poder del Espíritu, Él les da una manera totalmente nueva de ver la vida.

14.18 Cuando Jesús dijo: «vendré a vosotros», lo decía de verdad. Aunque Jesús ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo a vivir en los creyentes, y tener al Espíritu Santo equivale a tener a Jesús mismo.

14.19-21 A veces la gente quisiera conocer el futuro a fin de prepararse para lo que ha de ser. Dios no ha querido darnos este conocimiento. Solo Él sabe lo que sucederá, pero nos dice todo lo que tenemos que saber para prepararnos para el futuro. Cuando vivimos según sus normas, Él no nos abandonará; vendrá a nosotros, estará en nosotros y se nos manifestará. Dios sabe lo que sucederá y, como Él estará con nosotros en todo momento, no debemos temer. No es necesario que conozcamos el futuro para tener fe en Dios: debemos tener fe en Él para estar seguros acerca del futuro.

14.21 Jesús dijo que sus seguidores demuestran amor por Él al obedecerlo. El amor no es solo bellas palabras; es compromiso y conducta. Si ama a Cristo, demuéstreselo obedeciendo lo que dice en su Palabra.

14.22,23 Como los discípulos seguían esperando que Jesús estableciese un reino terrenal y derrocase a Roma, les resultaba difícil entender por qué no le decía al mundo en general que Él era el Mesías. Sin embargo, no todos podían entender el mensaje de Jesús. Desde Pentecostés, el evangelio del Reino se ha proclamado en el mundo entero y aun así no todos son receptivos al mismo. Jesús guarda las revelaciones más profundas de su persona para quienes lo aman y le obedecen.

14.26 Jesús prometió a los discípulos que el Espíritu Santo los ayudaría a recordar lo que Él les enseñó. Esta promesa asegura la validez del Nuevo Testamento. Los discípulos fueron testigos de la vida y las enseñanzas de Jesús, y el Espíritu Santo los ayudó a recordar sin omitir sus perspectivas individuales. Podemos confiar en que los Evangelios narran muy bien lo que Jesús enseñó e hizo (véase 1 Corintios 2.10–14). El Espíritu Santo puede ayudarnos de la misma manera. Al estudiar la Biblia, podemos confiar que Él plantará la verdad en nuestra mente, nos convencerá de la voluntad de Dios y nos la recordará cuando nos apartemos de ella.

14.27 El resultado final de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas es una paz profunda y duradera. A diferencia de la paz del mundo, cuya definición suele ser ausencia de conflicto, esta paz es una confiada seguridad en cualquier circunstancia; con la paz de Cristo, no tenemos por qué temer al presente ni al futuro. Si su vida está cargada de tensión, permita que el Espíritu Santo lo llene de la paz de Cristo (véase Filipenses 4.6, 7 para saber más respecto a experimentar la paz de Dios).

14.27–29 El pecado, el temor, la inseguridad, la duda y muchas otras fuerzas están en guerra en nosotros. La paz de Dios entra a nuestros corazones a fin de frenar estas fuerzas hostiles y ofrecer consuelo en lugar de conflicto. Jesús dice que nos dará esa paz si estamos dispuestos a aceptarla.
14.28 En su condición de Dios el Hijo, Jesús se somete voluntariamente a Dios el Padre. En la tierra, Jesús también se sometió a muchas de las limitaciones físicas de su humanidad (Filipenses 2.6).

14.30, 31 A pesar de que Satanás, el príncipe de este mundo, no pudo vencer a Jesús (Mateo 4), muchas veces tuvo la arrogancia de intentarlo. El poder de Satanás solo existe porque Dios le permite actuar. Pero como Jesús está libre de pecado, Satanás no tiene autoridad sobre Él. Si obedecemos a Jesús y nos alineamos bien con los propósitos de Dios, Satanás no puede ejercer autoridad sobre nosotros.

14.31 «Levantaos, vamos de aquí» sugiere que los hechos de los capítulos 15–17 tal vez sucedieron camino al huerto de Getsemaní. Otro punto de vista es que Jesús pedía a sus discípulos que se preparasen para dejar el aposento alto, pero en realidad no lo hicieron hasta 18.1. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.


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