LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 12 DE Junio. Esdras 1, 2
ESDRAS
El decreto de Ciro
(2 Cr. 36.22–23)
1
1En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo:
2Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. 3Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. 4Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén.
El regreso a Jerusalén
5Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén. 6Y todos los que estaban en sus alrededores les ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas, además de todo lo que se ofreció voluntariamente. 7Y el rey Ciro sacó los utensilios de la casa de Jehová, que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén, y los había puesto en la casa de sus dioses. 8Los sacó, pues, Ciro rey de Persia, por mano de Mitrídates tesorero, el cual los dio por cuenta a Sesbasar príncipe de Judá. 9Y esta es la cuenta de ellos: treinta tazones de oro, mil tazones de plata, veintinueve cuchillos, 10treinta tazas de oro, otras cuatrocientas diez tazas de plata, y otros mil utensilios. 11Todos los utensilios de oro y de plata eran cinco mil cuatrocientos. Todos los hizo llevar Sesbasar con los que subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén.
Los que volvieron con Zorobabel
(Neh. 7.5–73)
2
1Estos son los hijos de la provincia que subieron del cautiverio, de aquellos que Nabucodonosor rey de Babilonia había llevado cautivos a Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad; 2los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana.
El número de los varones del pueblo de Israel:3Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. 4Los hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos. 5Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco. 6Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, dos mil ochocientos doce. 7Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 8Los hijos de Zatu, novecientos cuarenta y cinco. 9Los hijos de Zacai, setecientos sesenta. 10Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos. 11Los hijos de Bebai, seiscientos veintitrés. 12Los hijos de Azgad, mil doscientos veintidós. 13Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis. 14Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis. 15Los hijos de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro. 16Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. 17Los hijos de Bezai, trescientos veintitrés. 18Los hijos de Jora, ciento doce. 19Los hijos de Hasum, doscientos veintitrés. 20Los hijos de Gibar, noventa y cinco. 21Los hijos de Belén, ciento veintitrés. 22Los varones de Netofa, cincuenta y seis. 23Los varones de Anatot, ciento veintiocho. 24Los hijos de Azmavet, cuarenta y dos. 25Los hijos de Quiriat-jearim, Cafira y Beerot, setecientos cuarenta y tres. 26Los hijos de Ramá y Geba, seiscientos veintiuno. 27Los varones de Micmas, ciento veintidós. 28Los varones de Bet-el y Hai, doscientos veintitrés. 29Los hijos de Nebo, cincuenta y dos. 30Los hijos de Magbis, ciento cincuenta y seis. 31Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 32Los hijos de Harim, trescientos veinte. 33Los hijos de Lod, Hadid y Ono, setecientos veinticinco. 34Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco. 35Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta.
36Los sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres. 37Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos. 38Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete. 39Los hijos de Harim, mil diecisiete.
40Los levitas: los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Hodavías, setenta y cuatro. 41Los cantores: los hijos de Asaf, ciento veintiocho. 42Los hijos de los porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; por todos, ciento treinta y nueve.
43Los sirvientes del templo: los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, 44los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padón, 45los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub, 46los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán, 47los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, los hijos de Reaía, 48los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, 49los hijos de Uza, los hijos de Paseah, los hijos de Besai, 50los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim, 51los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur, 52los hijos de Bazlut, los hijos de Mehída, los hijos de Harsa, 53los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, 54los hijos de Nezía, los hijos de Hatifa.
55Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda, 56los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel, 57los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Ami.
58Todos los sirvientes del templo, e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos.
59Estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addán e Imer que no pudieron demostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel: 60los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos. 61Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y fue llamado por el nombre de ellas. 62Estos buscaron su registro de genealogías, y no fue hallado; y fueron excluidos del sacerdocio, 63y el gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote para consultar con Urim y Tumim.
64Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos sesenta, 65sin contar sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete; y tenían doscientos cantores y cantoras. 66Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulas, doscientas cuarenta y cinco; 67sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos veinte.
68Y algunos de los jefes de casas paternas, cuando vinieron a la casa de Jehová que estaba en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias para la casa de Dios, para reedificarla en su sitio. 69Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales.
70Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 12 DE Junio, Juan 19: 31 - 42
El costado de Jesús traspasado
31Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo* (pues aquel día de reposo* era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 35Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. 36Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. 37Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57–61; Mr. 15.42–47; Lc. 23.50–56)
38Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. RVR 1960.
COMENTARIO ANTIGUO TESTAMENTO.
1.1 El libro de Esdras se inicia en el 538 a.C., 48 años después que Nabucodonosor destruyera Jerusalén, derrotara al reino del sur de Judá y llevara cautivos a los judíos a Babilonia (2 Reyes 25; 2 Crónicas 36). Nabucodonosor murió en el 562 y debido a que su sucesor no fue fuerte, Babilonia fue destruida por Persia en 539, antes de los sucesos registrados en este libro. Tanto los babilonios como los persas tenían una política de condescendencia hacia sus cautivos, permitiéndoles poseer tierras y casas y tener trabajos corrientes. Muchos de los judíos como Daniel, Mardoqueo y Ester subieron a posiciones prominentes en la nación. El rey Ciro de Persia fue más allá: permitió que muchos grupos de cautivos, incluyendo a los judíos, regresaran a sus tierras. Al hacerlo, esperaba ganarse su lealtad y así conseguir zonas que sirvieran de valla en las fronteras de su imperio. Para los judíos este era un día de esperanza, un nuevo comienzo.
Ciro, rey de Persia (559–530 a.C.), ya había comenzado su incremento de poder en el Cercano Oriente al unificar en un imperio fuerte a medos y persas. Cuando conquistaba ciudades, trataba a los habitantes con misericordia. A pesar de que no era siervo de Jehová, Ciro fue utilizado por Dios para regresar a los judíos a su tierra. Quizás se le haya dado a conocer la profecía de Isaías 44.28–45.6, escrita aproximadamente un siglo antes, y que predecía que el mismo Ciro ayudaría a los judíos a regresar a Jerusalén. Daniel, un prominente funcionario del gobierno (Daniel 5.29; 6.28), estaría familiarizado con la profecía. El libro de Daniel tiene más que decir sobre Ciro. Jeremías profetizó que los judíos permanecerían en cautividad durante 70 años (Jeremías 25.11; 29.10). El período de 70 años ha sido calculado de dos maneras diferentes: (1) Desde el primer cautiverio en el 605 a.C. (2 Reyes 24.1) hasta que el altar fue reconstruido por los cautivos que regresaron en el 536 (Esdras 3.1–6), o, (2) desde la destrucción del templo en el 586 hasta que los cautivos terminaron la reconstrucción en el 516. Muchos eruditos prefieren el segundo enfoque debido a que el templo era el punto central y el corazón mismo de la nación. Sin el templo, los judíos no se consideraban restablecidos como nación.
2.17 Dios puso a Ester en el trono aun antes de que los judíos se enfrentaran a la posibilidad de la destrucción completa (3.5ss), así que cuando surgió el problema ya había una persona en una posición clave para ayudarlos. Ningún esfuerzo humano podía frustrar el plan de Dios de enviar el Mesías a la tierra como judío. Si usted está cambiando de trabajo, de puesto o de ubicación y no puede ver el propósito de Dios en su situación, comprenda que Dios controla todo. Puede que lo esté colocando en una posición donde puede ser de ayuda cuando surja la necesidad.
COMENTARIO EN EL NUEVO TESTAMENTO.
19.38, 39 Cuatro personas cambiaron en el proceso de la muerte de Jesús. El malhechor, que agonizaba en la cruz próxima a Jesús, pidió que se acordara de él en su reino (Lucas 23.39–43). El centurión romano proclamó que Jesús verdaderamente era el Hijo de Dios (Marcos 15.39). José y Nicodemo, miembros del concilio judío y seguidores secretos de Jesús (7.50–52), dejaron de encubrirse. Estos hombres cambiaron más por la muerte de Jesús que por su vida. Descubrieron quién era y ese descubrimiento hizo aflorar en ellos fe, proclamación y acción. Al meditar en Jesús y su muerte, debemos llegar a lo mismo: creer, proclamar y actuar.
19.38–42 José de Arimatea y Nicodemo eran seguidores de Jesús a escondidas. Temían darse a conocer por la posición que ocupaban en la comunidad judía. José era un líder y miembro de honor del Sanedrín. Nicodemo, también era un miembro del concilio, fue a Jesús de noche (3.1) y más tarde intentó defenderlo delante de otros líderes religiosos (7.50–52). Sin embargo, arriesgaron su reputación para dar sepultura a Jesús. ¿Es usted un creyente a escondidas? ¿Se oculta de sus amigos y compañeros de trabajo? Este es el momento de salir de su encierro y proclamar su fe. Comentario de la Biblia del diario vivir, Rv

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